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■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 27 de enero de 2013 ■ Núm. 934 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver

Feminicidio y barbarie contemporánea F abrizio L orusso y M arilú O liva

El cantar errante de las letras dominicanas R amón G ómez de la S erna , greguero ¡Maldita negrofobia!, L uis R afael S ánchez


bazar de asombros UN RETRATO DE EFRAÍN GONZÁLEZ LUNA: EL FINAL DE UN IDEARIO ( vi de viii )

“El feminicidio no es una simple

“No queremos ser la rata del naufragio, el burgués

acción, un gesto, una palabra que

despavorido que al crujir la estructura de la patria

hay que censurar socialmente o

no tiene pensamiento ni emoción más que para el

comprobar jurídicamente: es

problema de su seguridad material”, dice con espe-

primero que nada una cultura, una forma de pensar e interpretar la realidad”: claro y directo, en su ensayo Fabrizio Lorusso aborda esta variante de la descomposición contemporánea del

cial vigor a los sectores medios tan pusilánimes y egoístas, tan incapaces de mover su conciencia, tan negados a un esfuerzo que, en última instancia, propiciaría las reformas necesarias para asegurar a todos una vida digna y los bienes materiales indispensables para el desarrollo armónico de los valores esenciales de la persona.

tejido social, y analiza tanto las

Era González Luna un hombre justo y equilibra-

causas profundas que hacen

do. Practicaba la tolerancia con genuina convicción.

posible esta subcultura, como su carácter globalizado –toma los casos de México e Italia– y la manera errónea con la que se le ha querido hacer frente. Publicamos además un ensayo del puer-

Sus juicios sobre el sistema político mexicano y las luchas revolucionarias contaban con una mesura capaz de reconocer los matices y contrastes y, por lo tanto, de evitar los extremos del maniqueísmo. Así decía: “Claro que hubo y hay quienes fueron limpios en la Revolución y, sirviéndola, se han conservado honrados. Son ciertamente muy pocos. El caso se

torriqueño Luis Rafael Sánchez

explica, respecto a unos, por rectitud congénita, y

sobre la negrofobia, un artículo

de otros, por verdadera devoción al programa social

del español Ricardo Bada por los

que sinceramente abrazaron... aun en las peores de-

cincuenta años de la muerte de Ramón Gómez de la Serna, así como una breve muestra de poetas jóvenes de República Dominicana, acompañados de un

gradaciones colectivas sobrenadan las excepciones que nos salvan de la muerte por náusea. Hay que hacerles justicia...” Hace poco un desaprensivo comentarista político aseguró que Gómez Morín y González Luna siempre sostuvieron un programa de corte neoliberal

27 de enero de 2013 • Número 934 • Jornada Semanal

Hugo Gutiérrez Vega

relaciones interhumanas.” Y en otra parte: “Nadie, como el Estado, tiene los medios, la autoridad para movilizar las fuerzas nacionales hacia el cumplimiento de la reforma social.” Por supuesto que hablaba de “una autoridad válida, justa, éticamente fundada”. Esto se aleja por completo de los postulados del “Estado gendarme”, de la teoría del “dejar hacer, dejar pasar”, y establece la necesidad de que la sociedad haga un esfuerzo para mantener una actitud equilibrada y para evitar las siempre infecundas maneras del autoritarismo centralista y de los movimientos políticos y sociales que giraban en torno a un caudillo o a una facción. Algunos de los pensadores españoles e iberoamericanos que reflexionaron abundante e inteligentemente sobre los datos concretos de la realidad y sus reflejos en las conciencias individuales y en el ambiente espiritual de un momento histórico caracterizado por los desastres militares y las crisis de identidad de las naciones de la comunidad lingüística, recibieron en España el nombre de “regeneracionistas”. Con uno de ellos, el genial, arbitrario e insobornable, don Miguel de Unamuno, coincide don Efraín en sus críticas al crecimiento del materialismo, sacralización de un burdo economicismo, y el deterioro de la religiosidad auténtica. “Sólo una catastrófica subversión de valores ha podido exaltar a niveles excelsos la economía, considerándola como un fin en sí, al mismo tiempo que se le sometía, disminuido y negado, el hombre medio subordinado y víctima”, decía

artículo a cargo de Néstor E.

totalmen­t e carente de sentido social. Esta es una

Rodríguez.

gruesa mentira. Eran, sin duda, partidarios de la libre

en un memorable trabajo que tituló La economía

empresa, pero respecto a funciones sociales del Es-

contra el hombre.

Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

tado eran, también, muy claros y precisos. Decía don Efraín: “El Estado tiene como misión esencial la

(Continuará.)

realización de la justicia en la vida social y en las jornadasem@jornada.com.mx

Directora General: C a r m e n L i r a S a a d e , Director: H u g o G u t i é r r e z V e g a , Jefe de Redacción: L u i s T o va r , E d i c i ó n : F rancisco T orres C órdova , Corrección: A leyda A guirre , Coordinador de arte y diseño: F rancisco G arcía N oriega , Diseño Original: M arga P eña , Diseño: J uan G abriel P uga , Iconografía: A rturo F uerte , Relaciones públicas: V erónica S ilva ; Tel. 5604 5520. Retoque Digital: A lejandro P avón , Publicidad: E va V argas y R ubén H inojosa , 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. Correo electrónico: jsemanal@jornada.com.mx, Página web: www.jornada.unam.mx

Portada: Cruz y (no) ficción Ilustración de Mariana Villanueva Segovia

La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauh­t émoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cui­ tláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jor­n ada Semanal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/ SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

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creación

Jornada Semanal • Número 934 • 27 de enero de 2013

Ricardo Bada

E

n una de sus greguerías, Ramón dejó dicho que “un centenario consiste en limpiar con un plumero el busto en yeso del centenariado”. Como en este caso se trata sólo del cincuente­ nario de su muerte, me limitaré a soplar un poco el polvo acumulado desde 1910 sobre el mayor y más universal de sus inventos: la greguería. Efectivamente, fue aquel año, en las páginas de la revista Prometeo, donde primero aparecieron las greguerías; así lo cuenta el propio Ramón en el pró­ logo a la Selección 1940–1952 hecha por él mismo para la Colección Austral y a la que califica como la mejor existente... pero tiene que haberlo escrito an­ tes de ver el libro editado. Si entre mis lectores hay alguno que lo posea, quede sabiendo que se trata de un ejemplar impagable. El desastre editorial comienza por la numera­ ción, que es un puro despelote a partir de la página 49, a la que continúan, por este orden, las páginas 54, 55, 52, 53, 50, 51, 56, 57, 62, 63, 60, 61, 58, 59, 64, 65, 70, 71, 68, 69, 66, 67, 72, 73, 78, 79, 76, 77, 74, 75, 80, 81... y a partir de aquí ya sigue la numeración correcta hasta el final. Hay también un par de casos donde van dos greguerías juntas teniendo que ir separa­ das, e incluso una impresa en dos frag­ mentos separados, ninguno de los cuales tiene sentido sin el otro, y last but not least, hay algunas erratas que claman al cielo: Hedbel por Hebbel, pastizar por pastizal, baho por vaho, sino por si no, etcétera. La temprana vocación literaria de Ramón se había anunciado cuando a los diecisiete años escribe la que será su primera obra, titulada Entrando en fuego (1905), donde le faltó añadir que tal fuego sería de artificio. Sea como fuere, ya en esas greguerías de 1910 pueden atisbarse los principales ras­ gos de su taxonomía: el surrealismo, la referencia a lo cotidiano y el hu­ mor. Por ejemplo en ésta de la pri­ mera hornada: “Qué hermosa la­ gartija espera el silencio en mi ombligo para tomar el sol.” Ramón fue uno de los tres miem­ bros extranjeros de la Academia Francesa del Humor, junto a Charles Chaplin y Pitigrilli, gra­ cias a que Valéry Larbaud intro­ dujo la greguería (échantillons) en Francia. Y si bien puede criticarse el exceso de su producción greguerística, no ol­ videmos la observación de Jorge Guillén (recogi­ da por el propio Ramón en Automoribundia): “Cier­ to, en cuanto abre la boca, se le cae una greguería; prueba de que esto constituye, más que un género literario, la manera espontánea y elemental de su­ cederse la actividad normal e ininterrumpida de su humor.” El 23 de enero de 1963 sus restos mortales llegaron a Madrid procedentes de Buenos Aires, donde había fallecido, y en Madrid sigue enterrado en el Panteón de hombres ilustres de la Sacramental de San Justo, junto a la tumba de Mariano José de Larra. Pero su auténtico mausoleo es el monumento imperecedero de sus greguerías, “gregues, como yo las llamo en la intimidad”, según confesó en ese prólogo a la men­

Ramón Gómez de la Serna,

“Los túneles nos embalan en algodones de humo caliente.” “En los fuelles que unen los vagones del tren se oye el tango del viaje.” “El teléfono tiene cordones de ayudante o ede­ cán de la compañía de teléfonos.” “Los barcos llevan la chimenea ladeada como si se hubieran puesto la chistera a lo chulo.” “La mariposa, posándose en todas las flores, es la mecanógrafa del jardín.” “Prefiero las máquinas de escribir usadas por­ que ya tienen experiencia y ortografía.” “Esas dos letras de la máquina de escribir que se enlazan y se montan en el aire, revelan que se aman.” Hay otras, en cambio, que hoy día, en plena cri­ sis, son más actuales que nunca: “La pregunta más inquietante de los Bancos: ‘¿Llegó ya el cajero?ʼ” Y sigamos con las políticamente incorrectas, bien sea por prejuicios o hasta por racismo: “En Turquía todos van con gorros de cotillón.” “El ananá es una fruta disfrazada de piel roja.” “Ni en el Japón hay catástrofe parecida a cuando el budín se desmorona.” “Los japoneses con gafas tie­ nen algo de ranas.” “Las madres chinas no saben si han dado a luz una muñeca o una niña.” “Las ciruelas moradas son ne­ gritos con la cara sucia.” “Me molestan las películas de negros porque no se sabe si es el pa­ dre o la madre el que da de mamar al niño.” “Los negros, que son hombres que nacen con guantes, no viven si no se ponen los guantes más amari­ llos del mundo.” “Los negros tienen voz de túnel.” “Los negros son negros porque só­ lo así logran estar a la sombra bajo el sol de África.” “Los negros tienen tanto miedo a las tormentas porque ya se carbonizaron una vez.” Hay en Twitter, de cuyas mejores cuentas Ramón es el precursor indu­ bitable, una signada por @GmezDeLa­ Serna donde suelen aparecer conti­ nuamente sus greguerías, pero su titular también nos propina algunas de la pro­ pia cosecha, y una de las últimas podría Retrato de Ramón Gómez de la aplicarse a las que acabo de reseñar: “Si tada antología Serna, Rúben Alonso/ flickr eres nuevo en Twitter, tienes que aprender para la Colección Austral. a medir tus palabras.” Como acerca de ellas casi todo ha sido dicho, Una que otra greguería recuerda al mejor Ches­ pues no hay tratadista de la literatura en lengua terton: “Hay un momento en que el astrónomo castellana que no le haya dedicado su atención, cen­ debajo del gran telescopio se convierte en micro­ tremos la nuestra en aquellas que devinieron ob­ bio del microscopio de la luna que se asoma a ob­ soletas debido al progreso de la técnica y aquellas servarle.” Y la preferida de Joyce, Ramón dixit!, otras que hoy jamás hubieran encontrado un redac­ era: “Los únicos paraguas que tapan son los de tor dispuesto a publicarlas en su diario o revista, los niños.” por ser políticamente incorrectas. Comencemos con Entre mis favoritas reseño dos en las que inter­ las obsoletas: vienen Eva y el jardín del Edén: “La mujer que baja “Las últimas lágrimas de despedida al tren que por una escalera de caracol parece haber sido des­ parte, chorrean de la manga del depósito de agua pa­ pedida del Paraíso.” Y: “Cuando una mujer pide ra llenar locomotoras.” ensalada de fruta para dos, perfecciona el pecado “El que no entrega su billete a la salida de la es­ original.” tación, salva sus recuerdos de viaje.” •

greguero


ensayo

27 de enero de 2013 • Número 934 • Jornada Semanal

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Elcantarerrantedelasletras Néstor E. Rodríguez

Rey Andújar

E

n su poema más memorable: “Hay un país en el mundo”, Pedro Mir trazó, en un lenguaje agónico y de marcada melancolía, su condi­ ción de exiliado a finales de la década de los años cuarenta. La primera parte de este dilatado canto al desarraigo da la medida de su continuidad en el tiempo: “Hay un país en el mundo/ colocado/ en el mismo trayecto del sol./ Oriundo de la noche./ Colocado/ en un inverosímil archipiélago/ de azú­ car y de alcohol./ Sencillamente/ liviano,/ como un ala de murciélago/ apoyado en la brisa./ Sencilla­ mente/ claro,/ como el rastro del beso en las sol­ teras/ antiguas/ o el día en los tejados./ Sencilla­ mente/ frutal. Fluvial. Y material. Y sin embargo/ sencillamente tórrido y pateado/ como una adoles­ cente en las caderas./ Sencillamente triste y oprimi­ do./ Sinceramente agreste y despoblado.” De esta magistral elegía cabe destacar una línea que parece perderse entre la dureza que rezuma el resto del poema. Se trata del verso en que la voz poé­ tica se describe como el resultado de un proceso de desplazamiento: “Natural de la noche soy produc­ to de un viaje.” Esa imagen traslaticia que determina la constitu­ ción del sujeto en el poema puede entenderse a diver­ sos niveles. Por un lado está el ángulo biográfico (la ascendencia caribeña de Mir como dominicano hijo de cubano y puertorriqueña), pero lo que activa la cu­ riosidad al leer este verso no es precisamente esa di­ mensión genealógica del viaje, sino su lectura como circunstancia sine qua non de toda intención especula­ tiva en torno a lo cultural en el contexto antillano. En efecto, la percepción del viaje como metáfora fundamental a la hora de afirmar un proceso de co­ nocimiento de tipo teórico sobre la cultura en la re­ gión se halla presente en la literatura de las Antillas de manera casi obsesiva en las últimas décadas. Aludo específicamente a una serie de textos que no se acomodan con facilidad al contexto sociocul­ tural del cual provienen, textos que afincan su estra­

En el contexto de la República Dominicana actual, ha sido Silvio Torres-Saillant el principal responsable de la legitimación de un pensamiento dominicano producido desde la marginalidad discursiva del afuera insular.

Rita Indiana Hernández

tegia de subversión justamente en la metáfora del desplazamiento. Aunque se puede rastrear desde la primera mitad del siglo pasado, este gesto inconformista, que bien puede ser llamado “poética de la errancia”, se ha ma­ nifestado con particular agudeza en la literatura de los últimos treinta años en la República Dominicana. Édouard Glissant confiere al concepto de la erran­ cia un marcado sentido positivo. Para este pensador martiniqueño fundamental, la errancia no se vincu­ la con la idea de un escape o renuncia a un estado de cosas, más bien se entiende como una opción ética que implica la afirmación de un lugar de enunciación alternativo. Esta particular posición enunciativa privilegia el desplazamiento por encima de cualquier tentativa de consolidación de verdades absolutas. Para Glis­ sant, la idea de la errancia sólo puede entenderse a cabalidad si se parte del siguiente supuesto: “Al ha­ cer propios los problemas del Otro, es posible encon­ trarse a uno mismo.” José Luis González, admirable narrador puerto­ rriqueño e hijo adoptivo de México, entendió mejor que la mayoría de los intelectuales de su momento la potencialidad creativa de la errancia en cuanto a la teorización de lo nacional se refiere. González vio en el exilio un lugar de enunciación privilegiado en el sentido de que esa ubicación mar­ ginal permite hacer visibles zonas de lo cultural y lo político que escapan a la mirada del intelectual in­ sular: “El escritor que desde el exilio aprende, favo­ recido por la distancia, a contemplar el bosque de [l]

Aurora Arias

a realidad [nacional], tropieza inevitablemente, a su regreso, con la visión de los árboles que llenan las retinas de muchos de sus compatriotas.” En el contexto de la República Dominicana actual, ha sido Silvio Torres-Saillant el principal responsable de la legitimación de un pensamiento dominica­ no producido desde la marginalidad discursiva del afuera insular. Tanto González como Torres-Saillant, al defender la ética del pensador que labora desde una ubicación periférica, se adosan a la idea de intelectual que el influyente pensador palestino Edward Said sugie­ re como paradigma de toda actividad analítica: “El exilio es un modelo para los intelectuales que se sien­ ten tentados, e incluso acosados y presionados, por las gratificaciones de la acomodación, del decir ‘sí’, de la instalación. Aunque uno no sea emigrante o expatriado en sentido estricto, podrá de todos mo­ dos pensar como si lo fuese, imaginarse e investigar a pesar de las barreras, y siempre estará en condicio­ nes de apartarse de las autoridades centralizadoras en dirección de los márgenes, donde se pueden ver cosas que habitualmente les pasan por alto a los es­ píritus que nunca han viajado más allá de lo conven­ cional y lo confortable.” Son muchos los textos dominicanos recientes que se desplazan por los linderos de la marginalidad y evidencian un claro desfase en relación con el para­ digma de cultura que los engloba como artefactos simbólicos. De este creciente archivo sobresale la obra de Aurora Arias, Josefina Báez, Homero Puma­ rol, Ariadna Vásquez Germán, Rita Indiana Hernán­ dez y Rey Andújar. Desde sus respectivos proyectos, estos autores representan ese impulso especulativo surgido desde el ámbito literario por describir un modelo de cultu­ ra dominicana más inclusivo de cara a cualquier in­ terpretación de la realidad social de las Antillas •


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Jornada Semanal • Número 934 • 27 de enero de 2013

dominicanas Ariadna Vásquez Germán

Homero Pumarol

Tres novísimos de la poesía dominicana Miles Away

Breve historia de enanos silvestres naciendo ( i )

Homero Pumarol (1971)

Ariadna Vásquez Germán (1977)

Una trompeta negra vuela

Ha regresado el amante. Trae la lengua de serpiente en la

a través de las paredes

boca. La sacude

de un edificio vacío.

vigoroso como un látigo y su veneno nos salpica. Muerde como los tábanos

Va más rápido y más lejos

nocturnos. Nos brotan velas encendidas en toda la piel y

que esta pobre noche de concreto

los vestidos empiezan

con todas sus ventanas rotas y bombillos.

a incendiarse. Parimos doce luciérnagas cada noche.

El polvo en el suelo es renovado, letras saltan de los libros viejos

Barca de papel que flota como un zapato

y ahora cada objeto habla del dulce

y dorado olor del maravilloso sonido.

Alejandro González (1983)

¿Qué haremos cuando pare?

la noche entra por las escotillas y luego sale. los faroles cortan la

Yo no sé, yo no sé, dice el martillo.

como los barcos. lento el vapor de las aguas, sobre el poema

¿Qué haremos cuando pare?

sopla el aire que lava las sombras. la brisa gira y barre las calles

llenando los pasillos y las escaleras.

ojos. la noche entra, la noche sale. el silencio zumba como una

pregunta el clavo a la pared.

repiten las botellas, yo no sé,

tela y abren dos, tres agujeros y revelan aquí una ciudad que flota crecen árboles de concreto, flores de betún y de huesos. sopla,

ávidas y pesadas. los pájaros recorren sus curvas y no cierran los navaja. las lámparas cortan y abren dos, tres agujeros y dibujan su forma: la ciudad en la costa se desprende del mar y se aleja /      

barca de papel que flota como un zapato.

Josefina Báez


poesía

27 de enero de 2013 • Número 934 • Jornada Semanal

Dos poetas Balada sobre la muerte

La canción de Maribel

Arturo Corcuera

Ricardo Yáñez

Me contaba de su abuelo andaluz. Me venía a la mente Antoñito el Camborio y yo tarareaba: voces de muerte sonaron/ cerca del Guadalquivir. Se nos dio por leer poemas extraños, de maravilla y de rencor. Toño Cisneros hablaba de ver un perro negro sobre un gran prado verde. Yo de ver a una forastera de faz borrosa/ que mira sin ojos/ y sin labios besa. Y él a menudo otra vez: Un perro. Un prado. Yo repetía: pálida sombra/ va por la arena; de sus andares/ no queda huella. Y Antonio dale con un perro negro común y corriente… Hasta que un día de malos augurios nos despedimos. Yo lo vi alejarse con un perro negro y él duerme ahora sobre un gran prado verde. Yo, en el corto trecho que me queda, desolado y solo, oigo su silencio y sigo esperando a la forastera.

Ya bájate Maribel del árbol que más te gusta que tu entusiasmo me asusta quieres acabar con él? Sé de sus flores la miel sé de su fruto el aroma y en aqueste daca y toma no somos la misma piel? Pero piensa Maribel que no todo es miel en rama el sol que en ti se derrama no siempre se da a granel Aquí no hay esta ni aquel estando todo juntito se da gusto el apetito yo al apetito soy fiel Mas recuerda Maribel que no todo es miel en penca si hoy corre el agua en la cuenca luego la sequía es cruel Hoy somos rosa y clavel no es que me haga el remilgoso pero pa que dure el gozo ya descansa Maribel

Dibujo de Ricardo Yáñez

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ensayo

Jornada Semanal • Número 934 • 27 de enero de 2013

¡Malditanegrofobia! Luis Rafael Sánchez

¿F

echa del primer hecho a relatarse? Año mil no­ vecientos cincuenta. Un grito sobrevuela las gradas y aterriza en el terreno beisbolero: “Jue­ ga limpio, negro sucio”. ¿Fecha del segundo hecho a relatarse? Año dos mil doce. Un “hacker”, o pirata cibernético, irrumpe en la computadora de la antigua presidenta de la Cámara de Represen­ tantes, manipula una fotografía de Rafael Cox Alo­ mar y desliza tras la misma una imagen del legen­ dario mono “Yuyo”. El doctor Cox Alomar, candidato a la oficina del comisionado en Washington por el Partido Popular De­mocrá­ tico, es un puertorriqueño negro. Ambos hechos, cuya negrofobia aterrori­ za, dado que se manifiesta al margen de la decencia, contienen significados tan explí­ citos como miserables: negro y sociedad son una misma cosa, negro y primitivismo son una misma cosa, negro e inferioridad son una misma cosa. Las fechas de ocurrencia de tales hechos, expresión y obra de intelectos retorcidos, me­ recen subrayarse: mitad del siglo veinte y prin­ cipios del siglo veintiuno. El hecho que pro­ tagoniza el malandrín del estadio beisbolero ocurre cuando apenas se gestan los sueños libertarios de Martin Luther King y un Nelson Mandela. Todavía la palabra negrofobia no circulaba. Por otro lado, el hecho que protagoniza el pirata cibernético ocurre durante los años cuan­ do la raza negra ha conseguido doblegar a los supremacistas blancos, haciéndolos morder el polvo, recular, rectificar y renegociar sus agen­ das esclavistas. Pues, siglos y siglos de explota­ ción, menoscabo y desdicha, jamás consiguieron robarle a la raza negra su certeza de que la his­ toria acabaría cerrando filas con sus razones. La palabra negrofobia ya circula. Subráyese asimismo, que los hechos citados ocurren en Puerto Rico, isla en su esencia, pre­ sencia y conciencia, por numerosa población afrodescendiente. Aquí escasean el ario y el teutón y el blanco básico. Aquí abundan el cuarterón, el jabao, el mulato y el negro básico. Lástima que no lo supieran el malandrín del estadio beisbolero y el pirata cibernético. O, a lo mejor, lo sabían y el saber­ lo los violentaba. Desde luego, la numerosa población boricua afrodescendiente, como cualesquiera otra en cual­ quier otra parte, no tiene un patrón fijo de compor­ tamiento social. De ahí que sean notables los sec­ tores de dicha población que optan por redefinirse como “indios” o “trigueños”. Y hasta como “puer­ toriqueños”, equiparando así nacionalidad y etnia en el afán secreto de cesar de darse a conocer como negros. ¿Intentan desanudar los lazos ancestrales con la remota Madre África, por medio de la tan arbitraria

mudanza de raíces? ¿Intentan el abandono de Madre África en un “home” ubicado por las sínsoras, pa­ ra entonces atreverse a vivir como “indios” o “tri­ gueños”? ¿Intentan proseguir la vida en una piel de cuño nuevo, por ejemplo la piel “puertorriqueña” que ellos inventan? Ellos lo sabrán. Yo sí sé que en la negrofobia se concreta, a volun­ tad, una burla heridora. Lo prueba que la

los estereotipos y se disciplina, hasta sobresalir a costa de su talento y competencia excepcionales: el presidente Obama, pongamos por caso. Habla­ mos de intransigencia enfermiza cuando hablamos de negrofobia. Y es que todavía fobia, empezando por la que nos ocupa y terminando por otras,

Dorothy Counts, la primera estudiante negra admitida en una escuela pública americana de blancos en su primer día en la Universidad de Harry Harding, Carolina del Norte, USA , 1957

distinguida actriz negra Carmen Belén Richardson, fallecida recientemente, se viera obligada a interpretar un personaje nombrado “Lirio Blanco”. Lo prueba la resistencia sin declarar, pero efectiva, a cualquier líder político cuya nariz convi­ de a la duda, por ser una nariz incorrecta: ¿ha sido un sendero de rosas el empeño de Cox Alomar por integrar la papeleta de su partido? Lo prueba la ma­ ledicencia de los versículos negrófobos en suelo patrio: “A ese negro puestú hay que bajarle los hu­ mos, a las buenas o a las malas”. Pero, a fin de cuentas, ¿de qué hablamos cuando hablamos de negrofobia? Hablamos de ansiedad, el miedo o la incomodidad que produce la cerca­ nía de los cuerpos negros. Hablamos de la molestia causada por los negros indóciles que se niegan a estarse en “su sitio”. Hablamos de suspicacia y odio y rabia sorda cuando la criatura negra desafía

como la lesbofobia, la homofobia y la xeno­ fobia, brotan del desprecio a la saludable disimilitud y pluralidad humana. ¡Gracias, Naturaleza, porque nadie es igual a nadie! La negrofobia supone el fracaso estrepitoso de la inteligencia. Si el color de la piel o el origen afro, los rizos del pelo o el grosor de los labios, sirven de cri­ terio para desmerecer a persona alguna, entonces el universo detuvo su marcha en el grado cero de la estupidez. Por eso resulta obligatorio atajar la negrofobia, denunciar su bruticie esencial, señalarla como ene­ miga de la civilización. Sobre todo resulta obligato­ rio impugnar la negrofobia de quienes viven y me­ dran del presupuesto gubernamental. Un presupuesto acumulado a partir de las contri­ buciones de la gente negra, la gente mulata, la gente blanca. Incluso de la gente que acaricia la fantasma­ goría infeliz de llegar a ser blanca, o parecerlo •


Feminicidio y barbari

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Fabrizio Lorusso y Marilú Oliva

C

ada año en Italia hay más de cien mujeres asesinadas y el delito es cometido, en la ma­ yoría de los casos, por un hombre que tiene o tuvo una relación afectiva o de amistad con la mujer. El feminicidio no es una sim­ ple acción, un gesto, una palabra que hay que censurar socialmente o comprobar ju­ rídicamente: es primariamente una cultu­ ra, una forma de pensar y de interpretar la realidad, que se refiere a distintos niveles. Todo está conectado: los códigos publicitarios, la mentalidad común, las actitudes de los adultos, los sue­ ños de algunos chicos, y hasta los juegos de los niños. Y también los libros, los mensajes y, sobre todo, la televisión. En el transcurso de 2011, una investiga­ ción de la organización italiana Casa delle Donne (Casa de las Mujeres) registró 120 casos de femini­ cidio y esta cifra no es exacta, porque los datos re­ colectados se basan exclusivamente en los medios

informativos. Se trata de asesinatos de mujeres per­ petrados por maridos, parejas (o exmaridos y ex­ parejas), concubinos, padres, hermanos, conocidos, amigos, o por extraños o clientes, como en el caso de crímenes contra sexoservidoras. En este 2013, Italia se despierta aún en crisis, su­ mergida en un estancamiento económico difícil que ya se llama recesión, producto de años de inercias, de imaginarias “vacas gordas” hoy desaparecidas. Finalmente, sigue sujeta a los ajustes estructurales que pretendieron curarla. A la crisis económica se suma una crisis social y de valores: sopla un viento de misoginia y un moralismo regresivo propiciados por los medios, cómplices de una cultura machista y patriarcal que no ha sido erradicada ni combatida con ahínco. Después de un lustro de gobiernos derechistas y tecnócratas y casi veinte años de dominación “cultu­ ral”, sin hegemonía verdadera, por parte de las hues­

tes televisivas y periodísticas del Cavaliere Silvio Berlusconi, exjefe de gobierno e impulsor nacional del bunga-bunga, Italia se mira a sí misma y se des­ cubre cada vez más misógina. Detecta, en su pro­ pio cuerpo, un fenómeno enfermizo que de México a Estados Unidos, de Ciudad Juárez a Europa y el mundo, se ha conocido tristemente como femini­ cidio. Algo que parecía, hace unos años, un horror lejano, fruto del machismo latinoamericano o del rezago de algunas áreas del globo, o bien, como in­ cluso se decía hace una década en Chihuahua, resul­ tado de la violencia de unos cuantos serial killers de película gringa o del crimen organizado. Confusiones, menosprecio y ocultaciones eran, y a veces todavía son, moneda común para tratar el tema, para solapar las graves responsabilidades políticas, las connivencias y los engaños mediáticos que durante años banalizaron sentidos y consecuen­ cias de una grave llaga social, cultural, económica y humana. Un cáncer que se nutre de delitos y aberra­ ciones fundadas en la discriminación de género. Crimines de Estado y de jueces, de comunidades enteras, pasivas y silentes, de patrones, de maridos, parientes, de malos hábitos, de costumbres y, en fin, de “hombres que odian a las mujeres” y que, cada vez con mayor frecuencia, las matan.

LA GLOBALIZACIÓN DEL HORROR México está dolido pero fue despertando. Acuñó y exportó la palabra que define ese odio, que rompe el silencio y, aun cuando la violencia no ha cesado ni en Juárez ni en otras ciudades, la lucha de sus mujeres es un baluarte global. Por fin, la tipificación jurídica y la concienciación sociocultural sobre el feminici­ dio se están haciendo realidad. La mentalidad gene­ ral poco a poco va cambiando, así como lo hacen las culturas, la educación y la sensibilidad jurídica y popular. El cambio es lento, pero seguro, si es que se mantiene viva la memoria de todos los aciertos y los desaciertos, de las mujeres en lucha y de las que nos dejaron en el camino. Prácticas religiosas, severas tradiciones, denigrantes condiciones socioeconómicas o simple crueldad de género, son algunos de los fac­ tores que determinan la inseguridad para las mujeres en un país. Considerando también la violencia en su contra, sus niveles de pobreza o la carencia de un sistema de salud, la Thomas Reuters Foundation y su organización TrustLaw Woman, en el ranking 2011 difundido en la página pijamasurf.com, señalan los países más peligrosos para la integridad de las mu­ jeres: Somalia, India, Pakistán, Congo, Afganistán. México e Italia no están entre los “peores”, pero hay poco de qué regocijarse, ya que en escalas y pro­ fundidades diferentes, también en ellos y en muchos países más se reproducen los distintos tipos de vio­ lencia, pues hay situaciones, culturas y prácticas discriminatorias semejantes. ¿Qué queda de las ejecuciones? Es interesante ob­ servar cómo se habla de ellas en Italia. Se privilegia la modalidad sensacionalista, haciendo énfasis en el victimario también en un nivel iconográfico, por lo


ie contemporánea

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cual las víctimas muchas veces no aparecen siquiera en las fotografías o, de cualquier modo, no reciben –a nivel de imagen– tanta visibilidad como la que tiene el asesino. Con frecuencia, la cantidad de espa­ cio que se les da es directamente proporcional a su belleza. Es curioso también destacar en qué contex­ tos o lugares son tratadas y el tipo de reacciones que provocan. Recordamos el caso reciente de María Anastasi, quien se encontraba en el noveno mes de embarazo y estaba consciente de la relación extraconyugal de su esposo: quizás los procesos demuestren si su ma­ rido le rompió la cabeza o la quemó, como afirman los fiscales del caso. Sea como sea, en aquellos días se leían algunos comentarios espeluznantes en los blogs ‒escritos incluso por mujeres– como éstos: “Así aprendió la lección, ¿cómo vivió a lado de la amante del marido?” O también: “¿Cómo pudo María aceptar una situación de ese tipo?” (blog de la revista Donna moderna). Los reflectores se encienden sobre las pre­ suntas faltas de la mártir, más que sobre las concretas responsabilidades de los criminales. En este sentido, los acontecimientos están relacionados.

NUEVOS MEDIOS, VIEJOS VICIOS Persisten las oleadas de misoginia, velada o explíci­ ta, y los anatemas reaccionarios en los blogs y hasta en medios impresos nacionales “serios”. Hace falta se­ ñalarlos, entenderlos y criticarlos en los dos lados del océano, ya que la lucha es global y local a la vez, y también es de mentalidades y palabras, de culturas, educación y reflexión, pues rebasa las leyes, las ins­ tituciones y las intenciones políticas cambiantes. Más allá de las condenas casi universales, escasea la solidaridad por parte de muchos destinatarios de la noticia. Los feminicidas se sienten justificados por la condescendencia afable que impregna –en los ojos de madres, hermanas, espectadoras– sus ges­ tos. “Es un buen chico”: eso afirma, a veces, el co­ mentario materno para glosar el gesto feroz del hijo. Y es un triste eco de otros coros que exaltan la docilidad femenil, la maleabilidad, un presunto pudor empapado de prohibicionismo y moraleja

México está dolido pero fue despertando. Acuñó y exportó la palabra que define ese odio, que rompe el silencio y, aun cuando la violencia no ha cesado ni en Juárez ni en otras ciudades, la lucha de sus mujeres es un baluarte global.

también católica, un papel que es definido por mo­ delos patriarcales y castigos ejemplares (“si fue vio­ lada, es porque se lo buscó”). En contraste con los grupos que se interesan en el tema de la disparidad entre géneros, hay una masa informe de personas, incluso de mujeres, que niegan las evidencias y sólo refuerzan lugares comunes y estereotipos: “Pero, ¿cómo no ven que conquistaron la paridad? Antes, las mujeres no podían ser docto­ ras, ahora sí. ¿No lograron bastante igualdad?” El asunto parece casi un tabú: si una mujer habla de ello, siente el miedo de pasar por molesta o de que la acu­ sen de autoconmiseración. Sin embargo, el desnivel existe en todos los sectores: en los oficios gerenciales, políticos, artísticos e intelectuales. Veamos los datos generales sobre el empleo. Como explicó el periodista italiano Paolo Bernocco en el diario La Stampa del 7 de marzo de 2012, “en Italia la di­ ferencia en la tasa de acceso al trabajo entre hombres y mujeres es del 23.6%, es decir, el 73% de los hom­ bres trabaja, contra el 49.4% de las mujeres”. ¿Qué decir de la diferencia entre salarios para cubrir el mismo cargo? El gobierno italiano difundió datos que confirman que una gerente mujer gana 26.4% menos que un colega hombre. Se denomina “diferen­ cial retributivo de género” y, en general, es del 23.3%: una mujer recibe, para la misma prestación profesio­ nal, tres cuartas partes del salario de un hombre. Eso es en el sector público. En la empresa privada es peor. Fuentes gubernamentales destacan que “en el 63.1% de las compañías que cotizan en la bolsa de valores, excluyendo bancos y seguros, no hay ni una mujer en el consejo directivo”. De 2 mil 217 conseje­ ros totales, solamente 110 (el 5%) son mujeres. ¿Y en los bancos? El 72.2% de los consejos de administra­ ción de los 133 bancos considerados no cuenta con la presencia de mujeres.

BANALIZAR EL CRIMEN: OTRO CRIMEN En las últimas décadas, las estadísticas nos indican un aumento de los feminicidios en Europa, especial­ mente en Italia. La onu, en distintos foros y reunio­ nes, criticó repetidamente al Estado italiano por su escaso e ineficaz compromiso contra este tipo de violencia. En el verano de 2011, el Comité para la Elimina­ ción de la Discriminación contra la Mujer y la Rela­ tora Especial sobre la Violencia contra las Mujeres de las Naciones Unidas emitieron unas recomendacio­ nes contra el Estado italiano, expresando su preocu­ pación por la alta incidencia de la violencia contra mujeres y niñas, italianas, migrantes, de etnia Rom y Sinta; el alarmante número de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas; la persistencia de ten­ dencias socioculturales que minimizan o justifican la violencia doméstica; la ausencia de recolección de datos sobre el fenómeno; la falta de acción sistemá­ tica de grupos competentes de la sociedad civil; las posturas sexistas y prejuiciosas que los medios y los comerciales hacen de hombres y mujeres. Mientras que se pierde tiempo en decidir sobre asuntos que en otros países ya son normales, como por ejemplo el uso del término feminicidio o su in­

Ilustraciones de Mariana Villanueva Segovia

troducción en el código penal, lo cual debió haberse realizado hace tiempo, hoy en día Italia no respeta siquiera los estándares y compromisos internacio­ nales mínimos. El mundo de la cultura, a su vez, parece desubica­ do. Las iniciativas de sensibilización se multiplican, pero no son suficientes y lo que manda es el desinte­ rés. Una superficialidad crónica lleva a los medios y a chusmas de seudoperiodistas a hablar de “delitos pasionales” o de “ataques de celos”, ocultando las causas más profundas de los feminicidios y de la cul­ tura subyacente que los justifica. El año pasado, la misma torpeza profesional indujo al semanario Cronaca Vera a sostener que las mujeres son asesinadas por culpa del calor: “Caen en error y provocan si se quitan la ropa.” Una estupidez que hemos escucha­ do, ya demasiadas veces, también en México. En agosto de 2012, Camilo Langone, periodista y bloguero del diario derechista Il Foglio, protagoni­ zó una polémica al comentar un feminicidio de esta manera: Para Daniele Ughetto Piampaschet [el presunto femi­ nicida, detenido por la policía y en espera del proceso penal], quien tal vez mató a una mujer nigeriana por amor. Su oficio: puta. Espero no haya sido él, pero si, en cambio, sí fue él, espero se le dé una pena moderada porque claramente había perdido la cabeza. Una ora­ ción por Daniele y por todos nosotros los machos que en la oscuridad ya no entendemos nada. Que siempre se siga la regla siguiente: nunca pasar la noche con al­ guien con quien te daría pena pasar el día. Las negras son bellísimas. Después del ocaso, también los tran­ sexuales son fabulosos y así es lo mismo para otras putas, prostis y teiboleras. Pero ¿de verdad tienes ga­ nas de despertarte con ellas por la mañana? ¿Las invi­ tarías a comer en tu restaurante habitual? ¿O con tu mamá? La vergüenza y el control social no tienen nada bonito pero algo útil eso sí.

Esta es la cultura del feminicidio en Italia. Hay que tomarla en serio para que no pase desapercibida e induzca una reflexión de todos y todas. Es menester preguntarse qué podemos hacer para cambiar la forma de pensar común. Empezar desde arriba: de la educación, del abatimiento de los estereotipos, de la difusión de noticias y experiencias. Pero tal vez podríamos pensar en qué comportamientos evitar y cuán frágil es el límite entre la vulgaridad y la agresión. Pensemos en cómo el menosprecio generalizado hacia la mujer, su trabajo, su papel y su ser físico incitan, incluso en un nivel inconscien­ te, a considerar menos grave cualquier atropello contra su persona •

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leer Pantalla de cartón, José Hernández, cuec-unam, México, 2012. Esta es la segunda edición –la primera apareció en 2008– del volumen que recopila los monos o cartones que Hernández, monero de cabecera de este diario, ha realizado dentro del ámbito cinematográfico, es decir, fuera del habitual político en el que suele –para decirlo con ese verbo lustroso que solía usarse– fustigar a quienes pertenecen a esa infinita partida de impresentables. Muy otra, la galería de esta Pantalla de cartón se forma con los retratos de actrices, actores y directores cinematográficos tanto mexicanos como extranjeros, todos pertenecientes al menos a dos conjuntos: primero al imaginario colectivo de cualquier cinéfilo medianamente conocedor; segundo, al universo de las querencias y referencias de Hernández, quien por cierto y para desconocimiento general, es egresado del cuec pero, en sus propias palabras, “al graduarse como director de cine, se jubila con todo éxito. Desde entonces no ha vuelto a filmar nada, cosa que la industria cinematográfica del país agradece enormemente.” Es imposible saber si el más que prematuro retiro cinematográfico del monero es cosa que debe agradecerse o lamentarse; lo cierto es que Hernández nunca ha abandonado el cine –ni éste a él–, y la prueba, si falta hiciere alguna, es este libro. Incluye, como en la primera edición, un texto introductorio de Armando Casas, hasta hace poco director del cuec, así como un prólogo a cargo del también monero Rafael Barajas, el Fisgón. La Revolución traicionada. Dos ensayos sobre literatura, cine y censura, Eduardo de la Vega Alfaro, cuec-unam, México, 2012. El compadre Mendoza, de 1933, y La sombra del caudillo, de 1960, son con seguridad los filmes más emblemáticos de la historia, desafortunadamente amplia, de casos de censura cinematográfica en México. Incómodos para el poder en turno, fueron obstaculizados en términos de exhibición de manera tan obcecada que dicha censura sólo sirvió, a final de cuentas, para pintar de cuerpo entero a los censores. De la Vega Alfaro, investigador acucioso y puntual, revisa ambos casos en esta “mezcla de biografía, análisis fílmico, revisión histórica y documento sobre los mecanismos de censura”. El volumen, afirma el autor, “no pretende otra cosa que aportar algunos nuevos datos y enfoques al incesante debate en torno a la historia de nuestra cinematografía”. Ciertamente consigue tan modesto cometido pero, por fortuna, no se queda en eso sino que llega bastante más lejos.

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Antología general de la poesía mexicana. De la época prehispánica a nuestros días, Juan Domingo Argüelles (selección, prólogo y notas), Editorial Océano, México, 2012.

Justicia, Gerardo Laveaga, Alfaguara, México, 2012.

JUSTICIA QUE SE NEGOCIA NO ES JUSTICIA

DE LA ANTOLOGÍA COMO ARTE ANTONIO SORIA

NADIA CONTRERAS

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ncontrarnos hoy en día libros que no hablen sobre la situación que enfrenta el país es casi imposible. La mayoría de los escritores en México han abordado, de una u otra manera, la realidad que nos sobrepasa, nos abruma, nos aniquila. Esta novela de Gerardo Laveaga, abogado y también escritor, toma un suceso en particular: “Mientras el jefe de gobierno dirige un discurso en un parque de la Ciudad de México, alguien descubre el cadáver de una estudiante de secundaria. Le han torcido el cuello y, sobre su uniforme, han escrito la palabra puta. Por el momento en que ocurre, la noticia adquiere un cariz nacional y las autoridades prometen dar con el responsable…así sea fabricándolo.” Lucero Reyes (o Jessica como se hará llamar) es asesinada y encontrada en la Alameda Santa María. Eric Duarte, originalmente acusado de la muerte de su madre (argumentará que fue por defenderla) es chivo expiatorio de la faramalla. Él deberá asumir el asesinato de la joven (el caso debe resolverse lo más rápido posible) a cambio de la anulación de su primera condena. Del Reclusorio Sur es llevado al Reclusorio Norte, donde tiene que ejercer de enfermero y, por encargo de La Santa Muerte, asesinar (no importa cómo, siempre y cuando todo ocurra dentro de la enfermería) al El hocicón. Él debe elegir: quince mil pesos o su vida. El final es ya esperado. Al encontrar al verdadero culpable, a unas cuantas horas de encarcelar definitivamente al taxista, todo es nuevamente revirado. Si se procede, caerán muchas cabezas y caerá el telón que cubre los verdaderos rostros: las preferencias sexuales, las depravaciones, las maquinaciones que han vuelto ricos a esa minoría; ricos, poderosos y, a la vez, vulnerables. Emilia Maija, principiante de abogado, es quien ayudará a que el telón que cubre a las verdaderas personas se desplome. Todos, incluso la misma Lucero Reyes, son personajes que surgen de la mentira. Emilia Maija se mantendrá firme y Rosario, amiga de ésta e hija del taxista. Rosario, sin embargo, sucumbirá más adelante. La escena es espeluznante: “Luego esperé a que estuvieran juntos mi vieja y sus hijos y los encerré en el clóset de la recámara. Lo hice para que no fueran quemados sino asfixiados. Luego regué gasolina y prendí el cerillo...” En Emilia (hablamos de la mayoría de los mexicanos), se rompe la fe y la esperanza. Se le acaban las fuerzas ante este mundo contaminado, hediondo. ¿Qué puede hacer? Aquí la sentencia: nada. Absolutamente nada. El final de la novela la sitúa frente a las partituras de una melodía mientras el arco (enamorado como ella) seduce las cuerdas del chelo. Efectivamente, la realidad burda, torcida, absurda, angustiante, es inevitable. Emilia no es cobarde al renunciar a la corte y a su carrera, plantea la solución: apoyados en Dios o la muerte, el corazón del hombre deberá mantenerse (como en el poema de Jaime Sabines) equilibrado y bueno. Esta es la verdadera lucha •

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n el prólogo a su vasta selección, el propio Argüelles responde a los cuestionamientos que suelen hacérsele a quien, como él, prepara una antología literaria de cualquier índole, comenzando por la intención de la misma: “El propósito de esta Antología es que cualquier lector que acceda a ella obtenga el panorama más o menos completo de la mejor poesía que se ha escrito en México.” Poco más adelante abunda: “Es una obra planteada desde la objetividad y el rigor, a fin de que el lector no eche de menos a ninguno de los grandes poetas mexicanos que, por su calidad y trascendencia, deban estar en un volumen así.” Como no podía ser de otro modo tratándose de alguien que, como Argüelles, ha manifestado siempre el altísimo interés que le provocan la lectura y los lectores –el testimonio más evidente son los numerosos libros que ha publicado sobre este tema–, las citas arriba referidas coinciden precisamente en destacar una intencionalidad clara: la de dirigirse al lector, es decir al lector llano, “común y corriente” para decirlo con la consabida fórmula coloquial, antes y mucho más que a los autores –en el caso de los aún vivos y activos– y, de paso, antes también que a los especialistas, estudiosos, académicos, investigadores e, inevitablemente, subsecuentes y potenciales nuevos antologadores. Poeta él mismo, además de crítico literario, divulgador cultural y autor previo de otra antología también de corte poético, Argüelles tiene clara conciencia de la doble faz –extrínseca e intrínseca–, lo mismo que de la relevancia de este trabajo suyo. Con “extrínseca” quiere identificarse aquí a la ya aludida búsqueda del lector en general, de a pie, más que a la del especializado. Con “intrínseca”, en el otro extremo, quiere hablarse de la inserción de este trabajo en un punto –circunstancialmente el más próximo, en términos cronológicos– de algo que si no es una tradición, sí es una constante: la confección de antologías propiamente dicha, usualmente a cargo de un autor o autores que, a su vez, pertenecen a la misma República de las Letras a la que están diseccionando para mostrarle al improbable lector el corte que, a su criterio, es bueno y, habiendo interés en estos temas, hasta imprescindible que conozca. Refiere entonces, y de manera inevitable, al menos tres antologías de poesía mexicana que le anteceden, que el tiempo volvió canónicas y con las que comparte, igual inevitablemente, el hecho de ser objeto de escrutinio de los lectores, que hacen o deshacen la vigencia de tales propuestas, pero también objeto del juicio de los pares. A La poesía mexicana del siglo xx , la bien conocida selección preparada y antologada por Carlos Monsiváis, así como a la hoy más recordada y frecuentada Poesía en movimiento, de Paz, Chumacero, Pacheco y Aridjis, lo mismo que al Ómnibus de poesía mexicana, de Gabriel Zaid, les ha correspondido una suerte lectora dispar que, bien mirado, resulta ser tan inescrutable como los designios del más hermético de los dioses, al mismo tiempo que les tocó enfrentar, en su momento, las infinitas reacciones de los antologados pero, sobre todo, de los no antologados.

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A diferencia de aquellas tres, como es evidente desde el adjetivo “general” y el subtítulo “De la época prehispánica a nuestros días”, la antología de Argüelles no se limita a un siglo –el xx que en ese momento era el tiempo presente–, como claramente sucede en los dos primeros casos, con la de Monsiváis y la tetrapartita que, en palabras del propio Octavio Paz, cita Argüelles en el prólogo, en su momento le pareció en riesgo de ser “una repetición, con pequeñísimas variaciones y sin el principal atractivo del libro de Monsiváis: su estudio crítico sobre la evolución de la poesía mexicana en lo que va del siglo”. Tampoco, refiriéndose al tercer caso, consiste, como lo hace Ómnibus…, en una vía que “lleva carruajes de todas clases y para en todas las estaciones”. Aun a riesgo de apuntar a lo interminable, habría que mencionar, junto a las que refiere Argüelles, al menos algunas otras antologías poéticas mexicanas cuya naturaleza no es compartida por esta Antología general: vienen a la memoria la Asamblea de poetas jóvenes de México, también de Zaid, la Poesía popular mexicana, con selección y prólogo de Luis Miguel Aguilar; más recientemente El oro ensortijado. Poesía viva de México, de Bojórquez, Calderón, Mendoza Romero y Solís, así como, por supuesto, el antecedente autoral en materia antologadora del propio Argüelles, Dos siglos de poesía mexicana. Del x i x al fin del milenio: una antología, en cuyo prólogo habla a propósito de la inagotable discusión en torno a lo antológico y lo antologable, las mil y un potenciales posturas del antologador, etcétera. Se mencionan aquí los anteriores trabajos, como podrían mencionarse muchos otros, por afán de contraste. Así pues, ni “viva”, ni “de jóvenes”, ni “en movimiento”, ni exclusivamente del siglo xx o de los dos siglos recién pasados e incluyendo a autores nacidos hasta 1961. Esta es general y va, en cuanto a nombres y temporalidad, de Tlaltecatzin a mediados del siglo xiv , hasta Efraín Bartolomé, siendo la condición el haber nacido, a más tardar, en 1950. Hay aquí “la obra selecta de 111 autores y contiene más de un millar de poemas” que aspiran, aun sin saberlo e incluso negándolo, llegado el caso, a lo que Octavio Paz deseaba para su propia obra, que Argüelles cita en su lúcido y muy sincero prólogo y que sin dificultad aplica no sólo para quien la escribe sino también para quien la antologa: “La poesía es cruel: siempre nos pide más de lo que podemos darle. También es el gran consuelo: escribir una línea que v a l g a l a p e n a , m á s q u e u n a re c o m p e n s a , e s u n a absolución.” Ya que no repleta, pero eso sí, plagada de líneas que valen la pena, esta Antología general de la poesía mexicana cumple con creces tanto su cometido explícito –acercar la poesía a los lectores, y a la inversa también–, como el involuntario e inevitable de suscitar toda suerte de reacciones que desemboquen, como de seguro habrá de verse, en diferentes criterios antologadores y antologías resultantes •

Ojos llenos de sombra, Raquel Castro, Ediciones sm/Conaculta, México, 2012.

LA INTERIORIDAD COMO REFLEJO ENNEGRECIDO RICARDO GUZMÁN WOLFFER

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a historia de Atari (así la nombró su padre, aficionado a los videojuegos) fácilmente podrá ser confundida con una novela sobre los darketos jóvenes de cierto estrato social, en donde su afición a pintarse y vestirse de negro parece responder a las muchas familias disfuncionales que hay en todos lados del país. Las amistades de Atari parecen situarse en varios clichés sobre la juventud descarrilada por falta de una estructura familiar que responda a sus necesidades contemporáneas. Y no faltará quien etiquete esta novela como la pionera en hablar de las tocadas darketas desde la perspectiva de una joven que tiene que decidir entre seguir el camino de la música “culta” y la underground (¿cómo puede ser underground un músico que vende millones de copias?). Y tendrían razón si tales afirmaciones no conllevaran la aseveración de que la novela no contiene personajes sólidos, situaciones contadas con mucha claridad, pocas palabras y profundidad en la mirada: la realidad es que estamos ante un texto que suena a léxico callejero, pero que no se queda en la anécdota, sino que habla de muchas causas para que esas jovencitas prefieran irse a escuchar música que estar en una iglesia con doble moral o en una casa donde los padres parecen tener menos claridad de la vida que sus propios hijos, y cuya filosofía personal y paterna deriva de la propia interpretación de los videojuegos para encontrar sentido en el quehacer cotidiano y las más profundas complicaciones interiores. La pluma de Castro tiene la eficacia de esconder un análisis que está ahí y que es compartido con la virtud de exponer y no explicar. Sobre todo, la trama central, la decisión de vida que debe tomar Atari, subsiste entre las tramas secundarias que no estorban y aportan para lograr un personaje enriquecido al final. La frescura de la novela no deriva de la edad de los personajes, ni del cuidado lenguaje donde se pueden escuchar las voces de la calle y de las reuniones de esas generaciones, sino de la franqueza con que se presenta la escena dark como un fondo más donde los adolescentes abren los ojos y comprenden que su mundo próximo no contiene un orden como el que les es exigido. Las drogas, el sexo, los tatuajes, los abortos, temas que los adultos tratan como una estadística, son cotidianos en los darks y en todas las demás expresiones existenciales juveniles. Castro no enjuicia la situación, la presenta como es; igual sucede con los personajes. La novela inicial de Castro no sólo resulta una disfrutable novela para quienes gustan de conocer uno de los muchos mundos paralelos habitados por los jóvenes mexicanos, sino también contiene el reto para la autora de repetir el éxito de este Premio Nacional Gran Angular y de aportar de nuevo a esa literatura que, aunque pudiera pensarse como dirigida a los jóvenes, va mucho más allá y llega sobradamente: la buena literatura sin adjetivos •

LA BANALIZACIÓN, epidemia contemporánea Xabier F. Coronado Entrevista con Ricardo Piglia

Montaje cinematográfico, arte de movimiento, Rafael C. Sánchez, cuec-unam, México, 2012. Chileno de nacimiento, Sánchez es profesor, investigador y realizador, además de haberse licenciado en filosofía y tener estudios en musicología, armonía y composición musical. Fundó y un tiempo dirigió el Instituto Fílmico de la Universidad Católica de Chile, y es académico del Instituto de Estética de dicha universidad. Las palabras con las que explica el propósito del libro son inmejorables: “Estas páginas están destinadas a despertar inquietudes y abrir campos de investigación, de estudio y de ejercicio en un aspecto lamentablemente olvidado por gran parte de los que hacen cine, tanto para la pantalla grande como para la pantalla chica de televisión. Es fácil afirmar que el cine es montaje; esto es obvio para cualquiera que haya dado los primeros pasos en la creación cinematográfica. Pero no es tan fácil encontrar personas que estén conscientes de que el montaje es, ante todo, movimiento.”

Albricias Felicitamos a nuestro colaborador y amigo Jaime Labastida ganador del Premio Mazatlán de Literatura 2013.

F e de erratas Por un lamentable error, en el número 931 del 6/I/2013 el artículo “Canas en el copete” aparece firmado por Ilan Stavans, cuando su verdadero autor es Juan Antonio Sánchez. Ofrecemos una disculpa a ambos, así como a nuestros lectores.

próximo número

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Spinoza y la araña, Sigismund Krzyizanowski jsemanal@jornada.com.mx


arte y pensamiento ........

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Naief Yehya

Enrique López Aguilar

ISCUSIONES O DUDAS como las expresadas hace quince días son de las que, en muchas ocasiones, se zanjan con el apoyo de un buen diccionario. Estamos acostumbrados a esos venerables mamotretos y desde siempre hemos visto los del español general (los de la Real Academia Española, o el Pequeño Larousse Ilustrado, por ejemplo), pero ha sido muy infrecuente percatarse de los referidos al español de México, ya fuera por su escasez o por la costumbre de, para cualquier consulta, acudir a los generales. Este no es el lugar para emprender una polémica al respecto, pero ya se sabe que, durante décadas, el de la rae incluyó un número elevadísimo de peninsularismos, con

poca cabida para los americanismos, por adelante, en el Prólogo, Jaime López alulo que, de alguna manera, ese diccionario de a los “Señoras y señores de la Real y mantuvo implícita la idea renacentista Muy Pontificia Academia Española de la de que “la lengua es una de las armas del Lengua y todas sus colonias, digo, embaImperio”, como lo expresó Antonio de Ne- jadas”, en una actitud entre desdeñosa e brija (o de Lebrija). Desde esa perspec- irreverente no muy distante de esa manera tiva, las dudas que llevaran a consultarlo cortazariana de referirse al diccionario concluían con una solución a la manera de la rae como“el cementerio”.Al margen de del español de España, no del español de algunos de esos pequeños excesos, El chiMéxico. langonario es un libro que registra muSiguiendo lo dicho por José g. Moreno chos giros y variantes de una región del de Alba en la Presentación del Diccionario español de México en el inicio del siglo xxi: de mexicanismos publicado por la Acade- seguramente será consultado como una mia Mexicana de la Lengua, algunos an- fuente a la hora de registrar ciertos cortes tecedentes de éste fueron el incompleto sincrónicos del mismo. Vocabulario de mexicanismos (1899), de Como muestra aleatoria de lo que Joaquín García Icazbalceta; el Diccionario ofrecen estos diccionarios se me ocude mejicanismos (1959), de Francisco j . rrió revisar la polémica preposición hasta. Santamaría; el Índice de mexicanismos Siempre he entendido que designa un (2000), preparada por la a m l ; y el Dic- límite final, tanto en el espacio como en cionario breve de mexicanismos (2001), de el tiempo, de donde surge la ambigüedad Guido Gómez de Silva: cinco obras publi- en expresiones como “hasta [en lugar de cadas durante un lapso de poco más de desde] que usé una Mánchester me sentí cien años, lo cual arroja el resultado de una a gusto”. Los resultados fueron los siguiencada veinte años. Es cierto que actual- tes: Santamaría sólo percibe problemas mente, además de los mencionados, tam- en la superabundancia del no junto a la bién se cuenta con el Diccionario del preposición: “no como hasta que no venespañol usual de México (1996), dirigido ga mi amigo”; para el Diccionario de mexipor Luis Fernando Lara y publicado por El canismos,“indica el momento de inicio de Colegio de México. Me parece que el ba- una situación o actividad”; para el Dicciogaje de los diccionarios del español de nario del español de México, en las tres priMéxico hoy es amplio y diversificado, aun- meras acepciones designa un límite inicial que su actualización es trabajo de nunca y en cuarta “indica el momento en que acabar, pero ya no es necesario recurrir a algo comienza a realizarse”; El chilangoobras generales, como el diccionario de nario ni se ocupa del nexo en cuestión. María Moliner, a la hora de resolver dudas ¿Qué hacer si alguien tuviera que deacerca de muchos de los usos lingüísticos cidir, a la luz de los diccionarios consultamexicanos. dos, lo que significa el siguiente anuncio En El chilangonario. Vocabulario de su- en una tienda: “se cierra hasta las ocho de pervivencia para el visitante de la Ciudad la noche”? ¿Acudo a la tienda a las ocho y de México (2012), de Alberto Peralta de cinco de la noche porque la supongo Legarreta, dice Janine Porras en su Pre- abierta desde las ocho? ¿Acudo a las siete sentación: “Este diccionario partió de los de la noche porque entiendo que la tienhablantes –y no al revés, como otros que da queda cerrada a partir de las ocho? no queremos mencionar, pero que los El uso me indica que el de Mexicanisconsultamos de vez en vez–” sin mencio- mos tiene razón: la tendencia mexicana nar directamente a “los otros” ni explicar de hasta prefiere el límite inicial, pero cómo se le hace para construir un diccio- ¿qué ocurre si sólo puedo consultar el del nario “que no parta de los hablantes”; más Español de México? •

Zero Dark Thirty: diez años de tortura y una campaña punitiva criminal (i de iii) El cine de explotación Entre 1919 y 1960 surgió un estilo fílmico que se llama cine de explotación. Básicamente los cineastas independientes, incapaces de competir contra los grandes estudios, los Majors, que dominaban los canales de distribución y exhibición, y contra su star system, optaron por ofrecerle al público lo que Hollywood le negaba: entretenimiento a base de tratar temas tabú y escandalosos, como las relaciones extramatrimoniales, el consumo de drogas, la prostitución, la trata de blancas y las visiones racistas del mundo primitivo como único pretexto para insinuar el retraso endémico de los pueblos no occidentales y, más importante aún, mostrar mujeres “de color” con los pechos desnudos. Sin embargo, la censura no les permitía ofrecer ese tipo de atracción, por lo que crearon un modelo de filme de prevención-denuncia en el que advertían al público que lo que estaban a punto de ver era un tema difícil, quizás vergonzoso y controvertido, pero importante, y así el espectador era invitado a ver, reflexionar y actuar. Obviamente esta era una estrategia hipócrita para mostrar hombres de la alta sociedad a punto de acostarse con prostitutas (jamás se mostraban escenas sexualmente explícitas, bastaba con la insinuación, ya que finalmente eran temas prohibidos) y jóvenes que embarazaban irresponsablemente a sus novias, entre otras calamidades. La transgresión se pagaba siempre con la ruina moral, enfermedades venéreas o adicción y muerte. El público tenía la oportunidad de disfrutar las tramas salaces, ya que finalmente el filme suponía una condena a la perversión.

De Manhattan a Abbotabad La nueva cinta de Katherine Bigelow, Zero Dark Thirty ( zdt ) busca ser una especie de dramatización de material periodístico, una obra casi documental que comienza en la oscuridad, con el sonido de llamadas telefónicas desesperadas realizadas desde de una de las Torres Gemelas pocos minutos antes del colapso. Inmediatamente después, la cinta nos lleva a una de las prisiones “negras” de la cia , donde un preso (que sabemos que nunca volverá a ser libre) es torturado. Así se presenta la investigación que durará una década y culmina el 2 de mayo de 2011 con el asesinato de Osama bin Laden en su refugio en Abbotabad, Paquistán (no creo estar cometiendo un atropello al contar el final). La mayor parte del filme consiste en tensiones burocráticas, conflictos internos e interrogatorios a prisioneros que están siendo o han sido torturados. El trabajo de una agencia de investigación no es digno de una cinta de acción, las aventuras de la cia no son como las de James Bond, sino más bien se trata de una labor, minuciosa y poco glamorosa, de análisis, chantaje y vigilancia. Para contrarrestar el letargo y la monotonía de un filme semejante, Bigelow y su guionista Mark Boal añaden una trama que funciona como el viejo cliché de la bomba a punto de estallar, el cual es usado por los apologistas de

la tortura: “Si un terrorista tiene información de un atentado y hay una bomba a punto de estallar, el único recurso es torturarlo hasta que revele su plan.” Mientras la cia busca sin éxito cómo desarticular la red terrorista, ésta logra llevar a cabo atentados en Islamabad, en Londres y en una base militar estadunidense en Afganistán. Así parece que hay un duelo o un partido de tenis entre las fuerzas del bien y los villanos, cuando en realidad las acciones terroristas son independientes de la búsqueda de Bin Laden

La explotación del cine En muchos sentidos zdt es una cinta de explotación: una obra que se nos presenta con toda la seriedad y urgencia de un documento vital que debemos ver, ya que a pesar de ser controvertido, desagradable y escandaloso es importante. Es una película que explota miedos patrioteros y prejuicios racistas, y recompensa al espectador con la verdadera atracción: la crueldad de las sesiones de tortura y la matanza orgásmica y revanchista final. De igual manera que los filmes de explotación, zdt no cumple lo que promete y a final de cuentas termina desilusionando, ya que las muy promocionadas secuencias de tortura ni siquiera son tan brutales como las que se llevaban a cabo en Abu Ghraib, de las cuales pudimos ver una selección de fotos maquillada pero repugnante, ni tampoco rebasan el catálogo de atrocidades que mostraba regularmente la serie 24 o, más recientemente, Homeland. Todo mundo sabe que el régimen de Bush autorizó el uso de la tortura en los interrogatorios de los detenidos sospechosos de tener vínculos con el grupo Al Qaeda. Durante el siglo xiv era rutinario que las autoridades torturaran a judíos para obligarlos a confesarse responsables de la peste bubónica. No había duda, estos sujetos reconocían haber envenenado las aguas de varios ríos y manantiales con venenos misteriosos que provocaban la devastadora epidemia. Los confesos eran ejecutados, sus familias asesinadas o, en el mejor de los caso, expulsadas, y obviamente la peste seguía extendiéndose, por lo que buscaban otro chivo expiatorio. La tortura suele obtener resultados, sólo que rara vez da buenos resultados • (Continuará.)

JORNADA VIRTUAL

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naief.yehya@gmail.com

A LÁPIZ

Diccionarios del español de México (ii y última)

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........ arte y pensamiento

Germaine Gómez Haro Pensamiento mágico e intuición en Marta Palau

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A EVOCACIÓN DEL PASADO ancestral y su reinterpretación en el presente son los dos polos indisolubles que conforman el universo plástico de Marta Palau, como se puede apreciar en la exposición titulada Tránsitos de Naualli que se presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes hasta el 17 de marzo. Nacida en Lérida, España, en 1934, Palau llegó de niña con su familia a México, huyendo de la derrota de la Segunda República española. Se formó en La Esmeralda y en los talleres de grabado de La Ciudadela y, por un breve tiempo, fue discípula del renombrado maestro del tapiz Josep Grau Garrida, en Barcelona. Si bien su quehacer artístico tuvo sus orígenes en la pintura y el grabado en los albores de la década de los sesenta, muy pronto comenzó a incursionar en la manufactura del tapiz, terreno muy en boga en nuestro país en esos años y en el que de inmediato destacó como una joven figura que consiguió llevar esta técnica hasta sus últimas consecuencias. Así lo mostró en 1974 en una exposición en este mismo museo titulada con gran acierto Del tapiz a la escultura, en la que mostró su necesidad de rebasar las fronteras de la bidimensionalidad para lanzarse de lleno a la creación de piezas exentas realizadas en muy diversas técnicas del tapiz, y a las que incorporó materiales vegetales como tejido en palma, totomoxtle (las hojas secas de la mazorca de maíz), henequén, entre otros. Desde entonces, su lenguaje escultórico ha tenido como desenlace la creación de ambientaciones e instalaciones de muy diversa índole, y en las que ha logrado dar rienda suelta a su pensamiento mágico e intuitivo con notable brío. Palau ha alternado su vida entre Tijuana y Ciudad de México, espacios para ella complementarios que le han brindado la oportunidad de aguzar su mirada sensible en la cosmogonía y prácticas rituales del México antiguo, y su supervivencia en la actualidad en los pocos grupos étnicos auténticos que perviven aislados en comunidades remotas. Su arte está íntimamente ligado a las raíces de la humanidad y de la cultura desde la profundidad de la tierra y la luz primigenia de los orígenes. En sus piezas permea la fuerza de las Naualli, figuras arquetípicas del universo prehispánico que simbolizan a la chamana, la sacerdotisa y hechicera, espíritus protectores a quienes ha dedicado gran par te de su trabajo desde hace un par de décadas en alusión a todas las mujeres del pasado y del presente. De ahí que se vislumbre en muchas de sus piezas de carácter sintético, casi abstracto y minimalista, la evocación recurrente a la vulva femenina, presencia callada que conjura metafóricamente la fuerza de las Venus de todos los tiempos.

Alonso Arreola @LabAlonso

Harrison, Joplin, Morrison, Zappa y… Yoko HACEN ESTOS APELLIDOS en un mismo título?”, se preguntará nues“ ¿ QUÉ tro lector dominical. Y bueno, curiosamente todos celebrarán aniversarios importantes durante 2013. Tres de sus propietarios nacieron en 1943, por lo que si estuvieran vivos festejarían su cumpleaños setenta (George Harrison, Janis Joplin y Jim Morrison); uno más murió hace dos décadas (Frank Zappa) y la última será octogenaria en febrero (Yoko Ono). Así las cosas, decidimos hacer un mínimo y caprichoso recordatorio de sus personas hoy, cuando sobran tantos “compositores” que no pueden ejecutar un instrumento; tantos “chefs” que no pueden hacer una mayonesa; tantos “pintores” que no pueden elaborar un retrato a lápiz; tantos “poetas” preocupados por ganarse un premio… Y sí, decidimos hacerlo abusando como nunca de los adjetivos, calificativos, epítetos, motes, alias y demás atajos descriptivos. Nomás porque sí. (Se aceptan reclamos.)

George Harrison (1943 – 2001)

Su experiencia vivencial en Tijuana la ha llevado a explorar la historia y costumbres de los escasos grupos étnicos que sobreviven en Baja California dedicados a la caza y la recolección, practicando oficios muy modestos como el tejido en palma y la cestería. De sus visitas a estas comunidades y a las pinturas rupestres de la región, aunadas a su interés por otras culturas ancestrales sobrevivientes en Australia, África, el Amazonas o Nueva Guinea, la artista extrae y se apropia de técnicas milenarias y materiales orgánicos, como las fibras de palma, coco, henequén e ixtle, carrizos, varas, amate, barro, guajes, caparazones de armadillo, entre muchos otros elementos de origen vegetal y animal que dotan a su trabajo de un lenguaje dialéctico en el que conviven el primitivismo y la modernidad, la tradición y la vanguardia, la antigüedad y la postmodernidad. De esta misma vivencia en la frontera se desprende su necesidad de protestar contra las injusticias y abusos que sufren los migrantes y los marginados sociales, el feminicidio en Ciudad Juárez, y las guerras y genocidios del orbe provocados por la crueldad y codicia de las clases dominantes. Al recorrer esta hermosa y sugestiva exposición, percibí que el trabajo multivariado y heterodoxo de Marta Palau está impregnado de la pasión y admiración que profesa por las tradiciones espirituales ancestrales que ha sabido captar y transmitir en un lenguaje plenamente contemporáneo. Por eso sus piezas poseen un alma que irradia un aura poco común en el arte actual. Encuentro en su obra una connotación religiosa en el sentido de la acepción etimológica de re-ligare, o “ligar de nuevo” el pasado con el presente. Es un arte que conjunta misterio, magia, revelación y expectación. Un arte sensorial en toda la extensión del término •

Fundamentalmente bueno, dicen. Buscador de la ataraxia y las bondades de los astros, decimos. Guitarrista elegante que supo tocar lo justo para enaltecer a otros. Creador de pocas pero valiosas joyas con los Beatles (“Here Comes the Sun”,“While My Gui tar Gently Weeps”). Creador de muchas gemas en solitario (“Here Comes the Moon”). Productor de cine (All You Need is Cash). Amante de la Fórmula 1 (“Faster”). Hablar de George Harrison es como recostarse en una hamaca durante una tarde de canícula extrema. No hay engaño.

Janis Joplin (1943 – 1970) Fundamentalmente apasionada, dicen. Perla. Garganta de cristales rotos, decimos. Negra reencarnada. Pizcadora de amor. Lo suyo fue llevar el blues al rock (“Cry Baby”), la psicodelia al blues (“Maybe”); perderse en la apacible soledad de las jeringas dejando inconcluso el mejor cuadro de su carrera (Pearl), uno de los más excepcionales de la historia. Bebedora de bourbon, intérprete extraordinaria. Humilde tributaria del pasado (“Summertime”), escuchar sus actuaciones en vivo nos devuelve la creencia en el alma humana (Monterey Pop Festival), en la fragilidad de los espejos. Oxígeno puro. Hablar de Janis Joplin es como meterse a un bar abandonado en una carretera de Luisiana, y encontrar una moneda de oro en el piso del baño. No hay engaño.

Jim Morrison (1943 – 1971) Fundamentalmente rudo, dicen. Más atrevido que talentoso, decimos. Piedra en el zapato. Epítome de la inmolación rocanrolera. A veces (varias veces), buen intérprete (“Light My Fire”, “The End”). Escritor regular tirando a malo (“No music but the wet grass felt fresh beside the fog./ Two made love in a silent spot”). Lagarto sexual. Provocador, enemigo de la zona de confort (“The Soft Parade”). Pirotecnia volando. Uranio. Humano. Hablar de Jim Morrison es como masticar el vértigo de un avión que cae con nosotros dentro, renunciando. No hay engaño.

Frank Zappa (1940 - 1993) Genio, dicen. Genio, decimos. Guitarrista excepcional (“Black Napkins”).

Cantante dotado con voz de bajo que supo encarnar los muchos personajes de su imaginación enferma (“Torture Never Stops”). Humorista (“Don’t Eat The Yellow Snow”). Amante y líder de conjuntos grandes en donde cultivar lo más arriesgado de la armonía contemporánea con lo mejor de la rítmica progresiva ( The Petit Wazoo Orchestra). Autodidacta. Visionario. Impulsor de virtuosos (Adrian Belew, Vinnie Colaiuta, Terry Bozzio). Prolífico h a c e d o r d e h u e l l a s i m p e r fe c t a s ( The Mothers of Invention). Hablar de Frank Zappa es como sentarse en una silla de piedra, bajo el agua, para beber agua. No hay engaño.

Y… Yoko Ono (1933) Artista sobrevaluada. Seudovillana en la más famosa telenovela del rock, decimos. Cacique de una herencia bien ganada (por amor). Tokiota involucrada en el movimiento fluxus y la vanguardia del experimento escénico. Pionera de la instalación y el objeto sonoro. Muchas veces charlatana (“Voice Piece for Soprano & Wish Tree”, MoMa de Nueva York, 2010). Innegable –¿accidental?– figura de la cultura pop. Pésima cantante (“Kurushi”). Mala compositora de canciones (no, no creemos que muchas de las firmadas por ella sean realmente de ella). Hablar de Ono es como perderse en un laberinto al anochecer, en estado de ebriedad, con una pierna rota y sin lentes de contacto. Sí hay engaño. De todas formas: feliz cumpleaños •

BEMOL SOSTENIDO

Jornada Semanal • Número 934 • 27 de enero de 2013

ARTES VISUALES

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arte y pensamiento ........

27 de enero de 2013 • Número 934 • Jornada Semanal

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Jorge Moch

Ana García Bergua De la televisión como un lienzo

Las ruinas siempre me han parecido extrañas. Su presente tiene algo de monstruoso, como un muñón, y sin embargo las veneramos. Caminamos entre las ruinas un poco jugando, salvando las piedras que el azar ha conservado, sus escollos, los fragmentos distribuidos en el piso que señalan grandes construcciones pretéritas, venerables muchas veces sólo por ser ruinas, por su capacidad de fragmentaria supervivencia. Andamos entre las ruinas como si buscáramos desmoronarnos también y así habitar el pasado a que corresponden, nos arruinamos un poco andando entre ruinas, nos transparentamos en busca del aire pretérito que sus habitantes respiraron. Y en realidad todo lo que pisamos tiene un poco vocación de ruina; decimos que los

Muchos son los artistas visuales que usan una cámara, la tramoya, el monitor o la pantalla para trucar la parafernalia de un foro televisivo en vehículo de la emoción del acto mismo de crear, en lenguaje personalísimo, en proyección de anhelos íntimos. Pero aquellos no son usos artísticos comunes en la televisión mexicana. Es cosa sabida y repetida hasta el cansancio que este aporreateclas no se cansará nunca de repetir que el medio en México es imperio de un nefasto duopolio privado que no puede negar su vocación de lucro vulgar ni la ínfima calidad artística, estética y por ello ética de su programación, empeñado en un antitético empleo de cámara, foro y escenografía para hacer veneno en lugar de arte; modelar un ideario fofo en el público en lugar de proponer una mezcla

viejos están hechos una, como si la ju- tros cinematográficos, como las ruinas ventud fuera un edificio sólido, un mo- de un sueño. La espera a que sucediera numento a venerar en el futuro. Y hay algo con esas ruinas la recuerdo eterna gente que odia caminar entre ruinas: las –quizá no lo fue tanto–, junto con los coencuentran absurdas, estorbosas e in- mentarios, cada día, del olor que se sencomprensibles como un acertijo sem- tía al ponerse cerca de ellas, el acecho de brado entre las selvas y bajo el sol. Por el los perros, las sospechas, los fantasmas contrario, quienes aman las ruinas su- y el deber de la cotidianidad que lo enfren calor y sed a cambio de escalarlas, volvía todo en turbiedad. No sé por qué, visitarlas y estudiarlas, y cada torcedura esa ruina ha quedado en mi memoria de tobillo con las piedras de una pirá- como un extraño adelanto de la ciudad mide les ayuda a sentir que conquistan en ruinas en 1985. Pero las ruinas del o entienden el pasado. Las ruinas suelen temblor permanecieron entre nosotros ser prestigiosas; como en los libros de durante muchísimo tiempo más: ¿cuánIbargüengoitia, a cualquier ruina se le tas veces no caminamos por el centro puede inventar algo para cargarla de sen- frente a los esqueletos de edificios antes tido y volver turístico el lugar más ano- tan conocidos y cotidianos, que provodino del mundo: en esta casa, de la que caban escalofríos de sólo pensar en sus queda sólo la escalera de la entrada, habitantes atrapados entre los escomtuvo lugar el pacto que selló el Plan de bros en aquellos días terribles? Esas son Aguas Turbias, o en esa columna a mitad ruinas transitorias, de las que dan vértigo, del callejón le declaró su amor el poeta cada piedra una historia truncada, y sueFernández a la alcaldesa Ortega, por le buscarse su desaparición, o por lo ejemplo. En lo que llegan los historia- menos algo que borre un poco la huella dores a desmentirlo, el sitio ya se llenó y el dolor: se siembran jardines, se pode puestos de quesadillas y niños gri- nen monumentos, futuras ruinas, o se tones el fin de semana, que se tomarán construye encima. En la romana Pompefotos con la escalera y la columna para ya, donde las cenizas de la erupción del graffitear su prestigio: Toño y Lili estu- Vesubio conservaron las escenas y los vieron aquí. cuerpos petrificados de los habitantes También hay ruinas terribles, que no en el momento de la desgracia, la ruina son nada turísticas. Pienso, por ejemplo, antigua conserva el tono de lo presente: en lo que fue nuestra ciudad luego de los cuesta trabajo ver las fotos de esas figutemblores de 1985 o, en una escala más ras que dormían, mujeres, niños, adultos, modesta pero también impresionante, o que realizaban alguna tarea cotidiana en la ruina de la Cineteca incendiada, cuando la lava los inmovilizó para siemcerca de la cual seguíamos laborando pre. El prestigio de la ruina y el recuerdo algunos de sus empleados durante al- de una tragedia permanecen, como en gún tiempo: los montones de cascajo, un milagro terrible de presente perpetuo. tan frecuentados por perros, rumores y También los edificios en construcfantasmas, eran un recordatorio de la ción tienen algo de ruina adelantada. Se ineficiencia, la corrupción y la ignoran- nos atraviesan en el camino y muchas cia de las autoridades de entonces. En- veces no nos queda otra que sortear vatre sus piedras se mezclaban no sólo rillas, pilas de ladrillos y sacos de arena. las tristes huellas de quienes acudieron Siempre encuentro algo muy inhóspito al cine en esa ocasión, sino también el en el cemento frío; aquellas armazones celuloide del archivo fílmico perdido. grises que algún día nos acogerán son, Eran ruinas con espectros reales y espec- quizá, anticipadamente ruinosas •

PASO A RETIRARME

Ruinas

inteligente de entretenimiento e información que además excite procesos cognitivos. Parecería en cambio que busca la apatía y la sumisión que tan útiles les han resultado por siglos a poderes fácticos como gobierno, clero y la canalla empresarial a la que pertenecen, precisamente, los dueños de esas televisoras. Por eso es de tanto agradecerse cuando alguien se toma la molestia de hacer un programa de televisión diferente, que rescata la creatividad y apuntala las bellas artes en un país aquejado de influencias solamente comerciales y esas nefastas manifestaciones de la tugurización de la cultura popular en que se enseñorean Televisa y tv Azteca, grandes responsables de que la cultura del mexicano en vastos sectores populares sea un lamentable repertorio de escoria. No sería entonces de esperar que fuera alguna de estas dos empresas la responsable de un esfuerzo en ese sentido. Pero los televidentes mexicanos tenemos afortunadamente todavía de nuestra parte unas cuantas opciones más. Y tv unam , la televisora de la Universidad Nacional Autónoma de México, es una de las más importantes. Es gracias a la apertura de t v unam que se privilegia una programación que sea más bien nutricia que encaminada al entretenimiento per se. Y un estupendo ejemplo de ello, y de que la televisión es al mismo tiempo también vehículo y herramienta de creación artística y no solamente un prolífico desagüe de porquerías que persiguen con perversidad el control de las masas, el incentivo banal del consumismo o la manipulación descarada de la conciencia social, es Naturaleza quieta (http://www.youtube. com/watch?v=jBaogSCC0Vs). De factura reciente, Naturaleza quieta lanza en 2013 su segunda temporada. La dinámica del programa es sencilla pero apta para sorprendentes ramificaciones: invitar a un artista plástico para que utilice un foro de te-

Boris Viskin en Naturaleza quieta

levisión como herramienta y laboratorio creativo con el que crear un cuadro viviente. El chiste del asunto está en la varia personalidad de los invitados –Rafael Barajas el Fisgón, Manuel Marín, Mónica Castillo o Gilberto Aceves Navarro, por citar algunos– que van haciendo del programa un proceso distinto. A veces el énfasis está en el efímero cuadro escénico que se presenta al final, pero otras es cautivante el proceso creativo, la recopilación de materiales o las inserciones de escenas de entrevistas a los artistas en su estudio. Idea original de los creadores plásticos Carolina Kerlow y Marcos Límenes, que son, además de codirectores, quienes escriben los guiones, Naturaleza quieta se transmite los domingos a las 20:30 por los siguientes canales y sistemas de televisión cerrada: 411 de Cablevisión, 255 de Sky y 30.5 tv abierta (digital). Es la misma Carolina Kerlow la que describe el meollo de su afortunada criatura televisiva: “La pantalla de la televisión se convierte en el soporte de la obra, en lugar de una tela. Como pintores, Marcos y yo hacemos este trabajo desde una parte muy íntima (las entrañas) tratando de entender en cada caso el espíritu de la obra y de la intención del artista invitado. Aun cuando todos los programas tienen una estructura muy similar (en la que nos acercamos a la obra del artista y a su mundo), cada programa adquiere una personalidad propia gracias a la propuesta del artista en turno. En algunos casos el proceso para llegar a la naturaleza quieta es meramente la discusión, los bocetos o maquetas, en otros lo vamos siguiendo en la recolección de materiales….Como en todo proceso creativo, el azar interviene y la propuesta final resulta sorpresiva tanto para el artista como para el televidente. Por lo tanto, se trata de una obra viva; en un instante congelado.” Y los agradecidos televidentes tenemos así lo invaluable: opción •

CABEZALCUBO

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Jornada Semanal • Número 934 • 27 de enero de 2013

........ arte y pensamiento Juan Domingo Argüelles

JORNADA DE POESÍA

Antologar

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NA VEZ MÁS, y recientemente, publiqué el resultado de antologar. Antologar para mí es apasionante, sobre todo por lo que significa el ejercicio de la relectura. Es también extenuante, pero esto pasa a segundo término cuando se ha conseguido un corpus que se puede leer y releer, es decir, un libro que se puede abrir en cualquier página y encontrar algo que sea digno de detener la mirada ahí. He conjugado el verbo antologar en una decena de ocasiones (ensayo, crónica, crítica literaria y, por supuesto, poesía), y ello me ha llevado a reflexionar hoy sobre ciertos temas que planteo en mi más reciente antologar y que replanteo ahora en estas líneas, pues este muy nuevo antologar es de poesía. Hay asuntos ineludibles y hasta problemáticos. Por ejemplo, aunque parezca un sitio cómodo, el lugar donde está parado el antólogo está lleno de inconvenientes. Por principio de cuentas, primero tiene que sumar para luego restar, podar, “elegir”,“optar”,“cerner”,“separar” y “discriminar”, asunto a todas luces incomodísimo porque, puesto que discrimina, por esta curiosa homofonía de la palabra, el antólogo puede parecer, a los ojos de quienes no están en la antología, un criminal, precisamente por discriminador. Pero, por muy grande que sea o por muy abarcadora que pretenda ser, toda antología es una muestra y no puede equivaler, de ningún modo, a una enciclopedia o a un diccionario, menos aún a un directorio. Hay otros problemas que enfrentar. Por ejemplo, el de los herederos que creen que el antólogo se hará millonario con los poemas seleccionados y, por ello, exigen las perlas de la Virgen, aun tratándose incluso de poetas poco leídos aunque no por ello menos prestigiados. Uno más: el de los autores o herederos que quieren imponer al antólogo su propia selección poética en la que muchas veces incluyen, seguramente por motivos de deformación afectiva, no los mejores textos sino a veces algunos de los peores, es decir los menos antológicos. Y hay que luchar primero cortésmente y luego frontalmente contra

esta desviación del concepto antológico. La verdad es que se antologa para darle gusto a los lectores, no para satisfacer los egos de los autores o sus familiares. Y se antologa desde la perspectiva del antólogo, que es quien, finalmente, asume las responsabilidades de su trabajo. Un problema no menor es el que tiene que ver con los herederos que no aceptan que se incluyan determinados poemas realmente antológicos, pero para los que, por diversos motivos, no dan su autorización, aunque impidan la divulgación del texto. En este punto si no es posi-

Luis Tovar

ble convencerlos de lo contrario, la casa pierde, y pierden, por supuesto, los lectores. Hay otro caso curiosísimo: el de los autores que preguntan junto a quiénes estarán en la antología, y cuando se les informa de ciertos nombres, declinan, ofendidos, la invitación: ¡cómo van a estar junto a Fulano si lo odian! Finalmente, el caso de quien no está de acuerdo con la selección poética del antólogo y, después de la segunda llamada telefónica, dice que “mejor no”, que “muchas gracias”, y cuelga. Dicho sea sin rodeos, en general, el antólogo queda como el cohetero: si el cohete truena le chiflan, y si no truena también le chiflan. El problema con las antologías, al menos en México, es que los autores, más que los lectores, las consideran como el juicio final consagratorio. Pero la verdad es que las antologías deberían estar destinadas a los lectores más que a los autores, y además no son el juicio final de nada, sino informadas propuestas de lectura o bien entusiastas lecturas parciales y, hasta cierto punto, personales, que se comparten con otros lectores. Por lo demás, antologar es releer y no nada más recordar. Uno puede recordar a algún autor por algunos muy buenos o excelentes poemas que, en la relectura, ya no parecen tan buenos. La gente se ha acostumbrado a leer en los prestigios, o en los desprestigios, y no en las páginas. Una antología no puede tener como referencia fundamental a la memoria. Y no hay que olvidar que México es país de antólogos como lo es de entrenadores de futbol y mánagers de boxeo. Cada quien está seguro de que hubiera podido hacer una antología mejor, del mismo modo que hubiera plantado un mejor equipo nacional frente a Brasil, Argentina o Alemania (para llegar al quinto partido), y que hubiera aconsejado mucho mejor en la esquina a Julio César Chávez Junior que su mánager que no supo plantear el combate frente al Maravilla Martínez. Hasta los boleros se consideran mejores entrenadores que Aguirre, el Piojo Herrera, Mourinho o Ferguson. Ai nomás •

CINEXCUSAS

cinexcusas@yahoo.com

José Agustín al cine

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N 1969, la entonces mítica Editorial Joaquín Mortiz publicó la obra de teatro Abolición de la propiedad, quinto libro de un muy joven José Agustín, luego de haber dado éste a la imprenta las bien conocidas novelas La tumba en 1964 y De perfil, más una precocísima autobiografía, ambas en 1966, así como el cuentario Inventando que sueño, de 1968 (a sus diecisiete, es decir en 1961, escribió Diario de un brigadista, si bien éste fue publicado en el reciente 2010). Hace cuarenta y seis años, la comedia Cinco de chocolate y uno de fresa, basada en una obra de Fernando Galiana, fue coadaptada por Agustín y Carlos Velo, director del filme. En 1969 hizo el guión de Alguien nos quiere matar, segunda cinta dirigida por Velo. Un año más adelante, el propio autor de Vida con mi viuda escribió y dirigió Ya sé quién eres (te he estado observando). En 1984, interpretando un pequeño papel prácticamente en calidad de sí mismo, fue parte del elenco de la ópera prima de Gerardo Pardo, titulada De veras me atrapaste. Al año siguiente publicó el guión cinematográfico Ahí viene la plaga –hasta el momento no filmado por nadie–, en coautoría con el mismo Gerardo Pardo y el también cineasta José Buil. Amén de guiones para algunos cortometrajes, ha colaborado en la escritura de, al menos, El apando (1975) y El año de la peste (1978), ambas de Felipe Cazals; de Amor a la vuelta de la esquina (1986) y Ciudad de ciegos (1990), ambas de Alberto Cortés; así como de La viuda de Montiel (1979), de Miguel Littín. Esta –de seguro incompleta– biografía fílmica agustiniana cerraría mencionando el deseo, públicamente declarado aunque no llevado a cabo hasta ahora, de Gabriel Retes de llevar a la pantalla la novela de Agustín Dos horas de sol. Pero no cierra gracias al empecinamiento encomiable de Jesús Magaña

por filmar la primera de las obras de José Agustín aquí mencionadas, es decir, Abolición de la propiedad (2011), y si este ponepuntos dedica media columna para hablar de José Agustín y su presencia en la cinematografía mexicana, en vez de hacerlo desde el principio del tercer largometraje dirigido por Magaña –Sobreviviente y Eros una vez María son los anteriores–, lo hace convencido de que a éste no ha de causarle incordio, sino todo lo contrario, que de esta humilde manera escrita se le brinde al querido Pepcock Gin –que así le decía su carnal Parménides García Saldaña– un mínimo reconocimiento por su trayectoria cinematográfica, inevitablemente opacada por su rutilancia literaria. Abúndese entonces, ya encarrerados, diciendo que Agustín pisó alguna vez, en calidad de becario, el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, luego de lo cual comenzó su ya referida labor como guionista, misma que abandonó por razones de las que él mismo dio cuenta en su artículo “De la máquina de escribir a la moviola”, publicado en Excélsior hace treinta y dos años.

Abolición…, la película A la historia que se cuenta concurren una vieja grabadora de cinta y tres personas, una de ellas ausente. No hay contradicción en la frase, pues la tercera persona es, desde tal ausencia, la artífice del encuentro de las otras dos, a las que ha citado en un lugar para ellos desconocido, como de hecho lo son también uno del otro: Norma (Ayslinn Derbez –sí, hija de quien el lector está pensando, pero ella sí capaz de más de un registro actoral) y Everio (un solvente Humberto Busto, a quien Magaña ha recurrido por segunda ocasión para un papel coprotagónico) nada sabían de la existencia del otro hasta antes de esa suerte de cita a ciegas, y la espera se les convierte, prolongada, vacía y con una expectativa más bien difusa de que algo suceda, en un espacio propicio para que, de manera no del todo imaginaria, todo suceda. Hábilmente, Magaña desdobla el espacio cerrado de su cuadro principal –cuadro-madre, podría decirse–, de suyo e intencionalmente monótono, átono y neutro, en múltiples escenarios, y lo hace guiado por el diálogo casi incesante, a cada tanto menos impersonal y generador de más de una sorpresa –cortesía de un texto original debidamente respetado–, de esa pareja que, no siéndolo, se confronta ni más ni menos que como si en efecto lo fuese. Nada se mencionará aquí de la función que tiene la vieja grabadora de cinta –recuérdese que la historia tiene lugar en los años sesenta–; sólo se dirá que su papel es clave y que de ella dependen, casi por completo, tanto el contenido de la trama como el ritmo de este filme que resuelve con eficacia el desafío, nunca menor, de llevar el teatro al cine con buenos resultados •


entrevista

27 de enero de 2013 • Número 934 • Jornada Semanal

con Ángel Parra

El Festival Filmar en América Latina, en Ginebra, se inauguró con Violeta se fue a los cielos, la muy premiada cinta de Andrés Wood basada en el libro del hijo de la extinta cantautora, Ángel Parra, quien explica a La Jornada Semanal, en exclusiva, que volvió a Chile a partir de 1990 porque antes “tenía prohibido ir, ya que estaba en la lista de los más malos”.

–¿Cuándo se dio cuenta de que su madre era la Violeta para muchos?

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‒A las cinco de la mañana mi madre estaba ya componiendo. Tenía una frase: “Anda una nubecita”, y cuando andaba la nubecita había que salir, dejarla en paz, ahí ella escribía. Mi madre agarró un ritmo de crucero cuando venimos a Europa en el ʼ61; no paraba: “Que vivan los estudiantes”, “Arauco tiene una pena”y “La Carta” nacieron en París.

se primer regreso a Chile… ¿fue difícil, le tuvo miedo?

‒Sí, claro. El trauma queda de por vida: después de un año de estar preso, de haber sido maltratado… Porque no es sólo eso, es alejarte de la familia, es salir del país. Es la separación matrimonial, hubo que rehacerse. Me encanta ir a Chile, hay muy buena memoria de mi familia: la Javiera, mi hija, acaba de hacer un disco precioso, pop, con canciones de su abuela. Mi hijo, Ángel, hizo las guitarras de la película. Dieciocho años de exilio obligatorio te marcan. En mi quinta novela el tema recurre: el exiliado vuelve a su tierra después de treinta años y ya no cuadra, descubre que dejó de ser su tierra hace mucho rato. Viene a ocupar un espacio que ya no le pertenece con sus compatriotas. Le preguntan: “¿Hasta cuándo te quedas?” No soy escritor propiamente: soy cronista, político, humorista… –Cantor…

‒Sí, sí. Mis canciones políticas comentaban lo cotidiano. Me puse al servicio de una causa, hablaba de por qué queríamos que Allende fuera presidente, de sus sesenta primeras medidas: el medio litro de leche para los niños, el primer Instituto Nacional de la Cultura, el famoso Tren de la Sanidad y de la Cultura, que iba a todos lados… Las canciones eran una manera más fácil y lúdica, porque los discursos son aburridos. El mismo Fidel Castro un día me dijo: “Una canción de tres minutos vale más que un discurso de tres horas.”

–¿Se traduce su temperamento literario al lenguaje del cine en Violeta se fue a los cielos?

‒Sí, creo que está complementado por el talento cinematográfico de Andrés Wood. Él se identificó con mi libro y yo me identifico con su imagen. Trabajamos en gran armonía. Fue una empresa muy linda, que no repetiría .

‒¡Ah!, muy pronto, porque mi madre tuvo un programa en Radio Chilena. Al director artístico le parecía que lo que venía haciendo la Violeta de ir a buscar canciones al campo, era muy importante. –¿Tenía un método de trabajo Violeta Parra?

–¿París la estimulaba?

‒Claro. París la acogió mejor que Chile, le abrió las puertas del Louvre. Chile estaba a leguas de atraso y la postergaban. Mi mamá necesitaba un vehículo 4×4, una grabadora, una cámara para registrar las canciones: el patrimonio sería mucho más grande si se lo hubieran dado. –Hay un acervo rescatado.

‒Sí, sí. Se llenaba una pieza enorme de sacos del correo, con cartas que le escribían al programa. Le decían: “Por fin escuchamos nuestra música en la radio.” Mi mamá fue amada por su pueblo muy rápidamente.

–No sólo por su pueblo, ¿eh? Viendo la película canté bajito, volví a los diecisiete.

‒¿Ah, sí?. Ella decía: “Tú no sabes la importancia que tiene esto.” Guardamos la obra plástica de nuestra madre cuando ella se suicidó, luego vino el Golpe, después el exilio. Ahora irá al

Violeta Parra al cine Paulina Tercero

museo que se inaugura en unos meses en Santiago, gracias a la señora Michelle Bachelet. La obra de Violeta es del pueblo de Chile y ya tiene su lugar. –¿Proyectos?

‒El año que entra hacemos un concierto en París llamado Tres horas por Chile, para recordar lo que se hacía en los años después del Golpe. –¿Volverá a intentar el cine?

-No. Bueno, quizá sí, porque Andrés Wood está haciendo un documental sobre el 11 de septiembre; el año próximo son cuarenta años. Es sobre el período inmediatamente después del Golpe... Creo que un documental con la mirada de un cineasta joven será algo muy bueno para la sociedad civil chilena. –¿Qué impresión tenía del doctor Allende?

-Del doctor Allende, justamente. Allende pertenece a esa raza de fundadores en la que encontramos a Luis Emilio Recabarren o a Clotario Blest, estos hombres que iban por el desierto armando sindicatos, de las minas, del salitre, organizando un diario con los mismos obreros, un grupo de teatro. Dos días antes del Golpe estuvimos en la casa de Allende. Nos pidieron que por favor fuéramos al cumpleaños de su hija Beatriz. Estaban todos los ministros y todos sabían, el ambiente estaba pesado. Fuimos Los de la Peña y Letelier; el ministro de Relaciones, Orlando, cantaba súper bien, tango, rancheras, de todo; se alegraron un momento, bailaron. Sí, tengo recuerdos muy cercanos. La actriz Francisca Gavilán es como un milagro. En el casting, con Francisca fue ver a la Violeta. El impacto fue tan grande que se me llenaron los ojos de lágrimas. Todo era tan real, la reconstrucción de la carpa de mi madre fue perfecta: las mesas, las sillas, impresionante. Fue como entonces, la gente esperando su turno para cantar y mi mamá al medio, ahí. Hubo momentos muy mágicos. –¿Cómo han recibido la película?

‒El premio grande fue en Chile: quinientas mil entradas. El libro –y más la película– han llenado un espacio enorme; había necesidad de información en Chile sobre Violeta Parra, pese a que está la Fundación. Soy el único hijo hombre y tengo recuerdos muy precisos de la infancia, de mi experiencia personal con mi madre, tenía que contarlo •

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