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■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 6 de enero de 2013 ■ Núm. 931 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver

m i s í v o N e t as po s o n a b cu

Entrevista con F rancesco T aboada L a C umbre I beroamericana y los muros


bazar de asombros

6 de enero de 2013 • Número 931 • Jornada Semanal

Un retrato de Efraín González Luna: el final de un ideario ( iii de viii ) La extensa y rica poesía cubana, llena de nombres y obras conocidas tanto en Latinoamérica como más allá del mundo de habla hispana, prolonga sus largas rutas en la escritura de autores jóvenes que, como los seis poetas aquí presentados, conservan en la suya la voz de sus antecesores y, al mismo tiempo, dan cuerpo al presente y prefiguran un futuro literario personal e intransferible. Además de esta breve muestra de novísimos poetas cubanos, publicamos un ensayo del español José Ramón Iborra sobre la más reciente Cumbre Iberoamericana, un artículo sobre el politólogo mexicano Jorge Veraza, que en 2011 recibiera el Premio Libertador al Pensamiento Crítico, así como una entrevista con el documentalista Francesco Taboada.

Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

Un discurso parecido, tal vez porque se basa en la misma síntesis de neoplatonismo agustiniano y de aristotelismo neotomista, se encuentra en algunos trabajos de don Sturzo, el brillante fundador del pensamiento democristiano que llegó al poder en Italia de la mano de un notable político doctrinario, Alcide de Gasperi, y muchos años más tarde lo perdió por los malos manejos y la corrupción de un político supuestamente pragmático, el señor Andreotti. González Luna, como intelectual católico defensor de la tolerancia que es indispensable para garantizar el funcionamiento de la convivencia social, se vio obli­ gado, en muchas ocasiones, a enfrentar la furia de los fundamentalistas cegados por sus obsesiones. Prac­ ticaba el respeto a las libertades individuales y sabía que ejercer esas libertades conllevaba riesgos y res­ ponsabilidades. No era, como una buena parte de los moralistas católicos, un inquisidor frenético. Era demasiado elegante como para incurrir en los anate­ mas y condenaciones, y lo suficientemente madu­ ro como para sostener la urgencia de evitar cualquier tipo de injerencia en las conciencias individuales. Su noción de cultura muestra en algunos aspectos la influencia de Max Scheler, pues la concibe como el entorno histórico genético en el que se da la vida del hombre. Un párrafo magistral resume su idea am­ plia y democrática de la cultura. “En el concepto de cultura deberíamos incluir toda labor deliberada y todo resultado permanentemente obtenido.” De esta manera incluye en ese concepto todo lo que está mar­ cado por el sello de la cultura: “la casa, el ínfimo ins­ trumento de trabajo, la utilización de la piedra y el acceso a las técnicas primitivas del hierro”, hasta llegar a los más excelsos bienes del espíritu en los que brillan las artes y el pensamiento filosófico. Su re­ flexión desemboca, de manera impecablemente lógi­ ca, en un concepto que engloba la ampliación de los horizontes del espíritu humano que sólo puede lograr­ se si se dan los aspectos básicos del bienestar ma­ terial. Con toda razón, León xiii advertía que “no se puede hablar a los obreros del cielo mientras tengan el estómago vacío”. Uno de sus grandes amores fue Francia, y a través de su conocimiento se acercó a la historia europea y,

Hugo Gutiérrez Vega en especial, al mundo medieval. Su traducción de La Anunciación a María, de Paul Claudel, supo plasmar la intensa aventura espiritual de los constructores de catedrales. Por otra parte, escritores como Rolland, Romains, Martin du Gard, Du Bos, Duhamel, Giono, Bernanos y Mauriac, formaron su contrastada biblio­ teca básica, mientras que Chesterton, Belloc, Baring y Graham Greene le entregaron las llaves del catoli­ cismo británico que encontró en el cardenal Newman sus mejores peculiaridades dentro del dogma general. La historia, el derecho, la sociología y la ciencia po­ lítica eran sus materiales principales, y amaba la mú­ sica, la pintura y la arquitectura (su casa, construida por Luis Barragán, nuestro miglior fabbro en la ma­ teria, es un reflejo de la actitud espiritual de su due­ ño). Su círculo de amigos íntimos estaba formado, entre otros, por José Arriola Adame, el inteligentí­ simo autor de un bello estudio sobre Mozart, traduc­ tor de Du Bos y de Malegue, comentarista de las obras de Vitoria y Mariana; el elocuente orador sacro Ruiz Medrano y el diplomático, filósofo, ensayista y tra­ ductor de los grandes griegos y de Dante, Antonio Gómez Robledo. Por otra parte, colaboró con Alfonso Gutiérrez Her­ mosillo y Agustín Yáñez en la redacción de la mag­ nífica revista Bandera de Provincias, publicación de corta y brillante vida. En ella publicó un estudio sobre literatura mexicana y, en su número 9, tradujo un ca­ pítulo del Ulises, de James Joyce, autor conocido en esos tiempos por unas cuantas personas en nues­ tro país. Agustín Yáñez, el gran novelista de Al filo del agua, recibió la benéfica influencia joyceana, paten­ te en su capítulo sobre los ejercicios espirituales que recuerda el Retrato del artista adolescente, gracias a las recomendaciones y comentarios de su maestro y amigo Efraín González Luna, a quien respetaba y ad­ miraba profundamente al margen de los avatares de la política. Recuerdo una larga conversación que sobre don Efraín sostuve con Yáñez y Rafael f . Muñoz una tarde tranquila y memoriosa en la ciudad de Teherán. (Continuará.) jornadasem@jornada.com.mx

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Portada: Por el mar de las Antillas Ilustración de Gabriela Podestá

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bitácora creación bifronte

Jornada Semanal • Número 931 • 6 de enero de 2013

Jair Cortés

LOS CADETES DE LINARES Y SAN JUAN DE LA CRUZ

jair_cm@hotmail.com twitter: @jaircortes

Para mi mamá, Reina de reinas, en su cumpleaños.

Cuando me acerqué al inmenso mun­ do del corrido mexicano, gracias a mi mamá (quien heredó el gusto de mi abuelo), hubo uno que llamó mi atención de manera especial: “El pa­ lomito” (escrito por Lupe Tijerina), quizá una de las canciones más famo­ sas del legendario grupo mexicano de música norteña Los Cadetes de Linares. Este corrido me remite al también famoso Cántico espiritual Marc Chagall, El cantar de los cantares, 1958 del español San Juan de la Cruz (Juan de cantares, que se incluye en la Biblia. Sin em­ Yepes Álvarez, nacido en 1542 y fallecido en bargo su esencia parece provenir del mismo 1591), extenso poema cuyo tema central es la manantial: “Vuélvete, paloma,/ que el ciervo búsqueda que realiza el alma o “la Esposa” para vulnerado/ por el otero asoma,/ al aire de tu encontrar a su “Esposo” (que es Dios). No deja de vuelo, y fresco toma”, dice el Esposo en el Cántisorprenderme el punto en el que se cruzan am­ co espiritual de San Juan, mientras Los Cadetes bas obras, una perteneciente a la poesía popu­ de Linares entonan: “Blanca palomita vuela/ lar y la segunda a un ámbito menos frecuenta­ vuela por esa pradera/ aquí te estaré esperan­ do: la poesía mística. do/ aunque de dolor me muera.” El corrido es heredero de la forma poética Pero mientras en el Cántico espiritual la palo­ española conocida como romance, cuyos versos ma es la mensajera entre los esposos, en “El pa­ octosílabos nos cuentan historias en las que ac­ lomito” la pareja de palomos representa a los ciones y personajes se mezclan para darle al amantes que, separados, añoran su amor y cuyo poema un tono narrativo. El poema de San Juan canto es una conmovedora expresión nostálgi­ de la Cruz proviene de otra veta: el Cantar de los

ca: “Una palomita blanca/ de piquito colorado/ ayer yo la vi llorando/ por las cumbres de un guayabo”; seguida del estribillo que se nutre de una ati­ nada onomatopeya: “Currucú, cu­ rrucú,/ le cantaba al palomito,/ currucú currucú,/ que volviera a su nidito.” Can­ to melancólico que también encontra­ mos en el Cántico espiritual cuando habla la Esposa: “Buscando mis amores,/ iré por esos montes y riberas;/ ni cogeré las flores,/ ni temeré las fieras,/ y pasaré los fuertes y fronteras.” La eterna búsqueda del ser amado, del otro (que nos da sentido), es el tema central de am­ bas obras, distanciadas por el tiempo y la geo­ grafía pero hermanadas por la lengua y su expresión poética. Obras que, sólo de manera aparente, podrían estar dirigidas a públicos distintos, dan muestra de una coincidencia que alimenta y engruesa la amplia tradición de la poesía escrita en español que se des­ b o rd a para llegar a nuestro corazón, ya sea desde la solitar ia estancia en el templo o acompañado de un caballito de tequila en la escandalosa cantina •

Dos poemas Thanasis Kostavaras*

Los perdidos

Me salvé. Para irme un viejo miserable lleno de arrugas desilusiones y errores

Gasté mi vida en detalles. Sopesando ademanes y palabras. Comprando caro con sangre y al final vendiendo barato. Somos una generación que no tiene ya más que recuerdos Vivimos el fuego y el miedo la soberbia y la amargura la decisión y la negación. Ahora acabados nos sentamos las noches y hacemos las cuentas y siempre salimos perdiendo (aunque aún no sepamos dónde debería estar la ganancia) y sin embargo hallamos los golpes parciales sobre todo eso: interminable en nosotros la última herida.

Autobiografía Viví como una fiera. Atento siempre el oído. Cambiando de rostro y de nombre entre fusiles, hierros y cuerdas En pozos echaron mi sueño. Perros y alambres desgarraron mi cuerpo. Nada me dejaron, Sólo salvé mi silencio. Viví mi vida como una fiera.

Véase La Jornada Semanal núm. 764, 25/xi/2009

V ersiones de F rancisco T orres C órdova


Juan Ramón Iborra

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Desaires en la Cumbre

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rrinconados en las Cortes de Cádiz por el invasor francés, los políticos españoles se­ llaron hace dos siglos una elocuente Constitución liberal, tan popular que acuñó una expresión de euforia: “¡Viva la Pepa!” Era cuando en España había estadistas y se tenía algo que celebrar, aunque sufriéramos en carne propia la experiencia de ser te­ rritorio ocupado. Algo tenemos pues que agradecer a Napoleón. Pasados doscientos años, la ciudad re­ cuerda aquella gesta legislativa y con tal motivo ha sido anfitriona de la xxii Cumbre Iberoamericana, celebrada en las costas que vieron partir a Colón, el navegante en barcos cargados de ambición, agallas y falta de piedad, hacia la ilusión de descubrir la ga­ llina de los huevos de oro en un mundo nuevo. Con

con el franquismo. Y tres, el derroche de falta de estra­ tegia geopolítica de España desde que pasó a ser joven democracia, al desperdiciar su lugar en el planeta. Esos manidos lazos verbales con Latinoamérica y con el norte de África podrían haberle supuesto, des­ de 1977, una verdadera situación de privilegio ante nuevas estrategias de economía global. Pero co­ mo nuevos ricos con urnas nuevas, elegimos ser cola de ratón de la vieja Europa que cabeza de león de los posibles progresos y alianzas entre antiguas colonias ahora emergentes. La cumbre ocurre en la provincia que sufre el ma­ yor porcentaje de parados del país, cerca del sesen­ ta por ciento de su población. Muchos ciudadanos de a pie recibieron la cita con protestas y una concen­

vine a turistear”, dijo, y se dio baños de multitudes con su comunidad a un año vista de su posible reelección. Alejado de los salones gaditanos, Rafael Correa criti­ có la ejecución masiva de desahucios. Los mismos bancos que el gobierno español trata de salvar en esta crisis, persiguen a 350 mil familias, emigrantes mu­ chas de ellas. Este furor del desalojo a quien no paga su hipoteca ha provocado cuatro suicidios en las últi­ mas semanas, ante la inminente llegada de jueces y policías al domicilio para echar a quien no paga.

Muros de agua Así pues, esa hiperbólica cumbre no merece siquie­ ra un artículo completo. Por ello y, como tributo al

La Cumbre Iberoame

Protesta migrante en la frontera de Tijuana. Foto: Guillermo Arias

su neologismo a cuestas, los colonizadores busca­ ban la utopía de su propia reencarnación. La Cuna de la Hispanidad sigue padeciendo ofi­ cialmente su patología de amnesia crónica en memo­ ria histórica. La resuelve con terapias de choque, a sobredosis de clichés y de melaza. Recetas añejas que repiten hasta el eructo la música celestial del hermano americano, los Lazos Inquebrantables y ese órdago que engendró una atrevida definición: la Madre Pa­ tria. Así que en esos días de encuentros versallescos, entre discursos perifrásticos de empalagosa correc­ ción política, se han olvidado reseñar algunas cosas. Una, la verdadera trascendencia, si es que la tuviere, de esa reunión de jefes de Estado con un rey cada vez más ajeno y lejano. Dos, la dimensión de las ausencias. El segundo rango del emisario cubano. La autoexclu­ sión de Venezuela, cuyo compadreo con España nun­ ca volvió a ser el mismo desde la cumbre de aquel célebre “¿¡Por qué no te callas!?”, un reproche que bajo su aparente campechanía iba cargado de furia patriarcal e imperativa soberbia. La ausencia de Cris­ tina Fernández no tiene mayor secreto, enrocada en su cruzada populista que expulsó de Argentina a la compañía petrolera española Repsol. Al fin y al cabo los peronistas visionarios siempre se llevaron mejor

tración disuelta a golpes de porra. Cercanas al problema, las primeras damas asis­ tieron con la reina Sofía a un espectáculo de doma de caballos jerezanos de alta escuela, mientras el rey Juan Carlos aparecía envejecido y escorado a babor por cau­ sa de su cadera y de su mala cabeza. Quiso ir sin mule­ tas y se apoyaba en su jefe de gobierno y en su ministro de Exteriores, en una imagen que reflejaba todo el ac­ tual patetismo en que nos encontramos. Mientras los dirigentes se adormecían por el jet lag en las sesiones, el monarca dijo que España tiene con Latinoamérica “una relación renovada”. Más allá de eso, no hay cons­ tancia de que se tomaran decisiones importantes. Al menos no lo reflejaron los medios, aunque la televisión pública inflase a bombo y platillo esas jornadas. No se habló de los millones de emigrantes que malviven en esta segunda patria freudiana. No se habló de que al entrar en la página web del Ministerio de Asuntos Ex­ teriores, hace tiempo que se encuentra una ventana que pone puente de plata a cuanto emigrante quiera regre­ sar a su país. No se habló de que, en ese ciberespacio, los miles de cantos de sirenas del sexo muestran que noventa por ciento de las mujeres que ejercen la pros­ titución en España son inmigrantes, casi todas latinas. Fuera de guión y tras la clausura, el presidente de Ecua­ dor tomó su avión y voló a Murcia y Barcelona. “No

Muro en Palestina, 2008

inútil acontecimiento, señalaré el hecho de que si Cádiz mira hacia su oeste atlántico americano, tam­ bién se gira hacia el este mediterráneo del estrecho de Gibraltar, foco de otros importantes problemas migratorios. Contaré el éxodo de Ibrahim y Cheikh, aunque no existan. Se conocieron hace meses en las faldas del monte Gurugú, un peñón marroquí que roza los mil metros, a poca distancia del territorio español que es la ciudad de Melilla. Su cresta ofrece el panorama de todo el estrecho. Al fondo España, el litoral de Europa, la tierra prometida. Los dos mu­ sulmanes se encontraron en la penúltima etapa de su viaje. Negro como el tizón, ojos compasivos y gran­ des como lunas, Cheikh llegó desde una aldea inte­ rior de Somalia en un largo tránsito lleno de pena­ lidades. Se proponía saltar, uniéndose a un grupo de clandestinos subsaharianos, la gran alambrada que rodea Melilla. Pero se encontró con Ibrahim, del color de la canela, mirada astuta y afilada barba de visir. Venía de un asentamiento bereber cercano a Marrakesch, ciudad del cuento oral en cuya plaza de Jamaa el Fna su madre le solía dejar de chaval junto a sus hermanos, para que se entretuvieran es­ cuchando relatos, mientras ella trabajaba de criada


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en la mansión de un súbdito francés enriquecido por el mundo de la moda, amigo íntimo de Yves Saint Laurent. Cuando Ibrahim se hizo mayor, de tanto escu­ char historias decidió vivirlas. En cafés que cercan la plaza, viendo por televisión partidos del Real Madrid, el Barcelona y el París-Saint Germain, des­ cubrió los anuncios de un mundo mejor y se propu­ so salir de allí. Como Cheikh, su brújula iba en di­ rección de las vallas de Ceuta o de Melilla, donde un disparo podría enviarle al exilio eterno del cielo de Mahoma. En el monte rumió Ibrahim arriesgar el poco dinero con que sus padres pudieron contri­ buir a su hégira y lo invirtió en una plaza en patera, esa embarcación quebradiza en que los emigrantes

escaparate adornado por una cortina de bananos maduros. Ibrahim contaba que su primo Mohamed logró plaza de basurero suplente y en meses alter­ nos limpia de excrementos de perrillos falderos las aceras de los Campos Elíseos, conduciendo una motocicleta con aspirador. Así que España quedaba descartada. Sólo había que atravesarla, de Andalu­ cía a los Pirineos. En las noches del monte Gurugú, entre rocas y bajo plásticos que les protegían del destemple o de la lluvia, se hablaba sobre el muro de Melilla. Doce kilómetros de doble valla de alambre de seis metros de altura difícil de trepar, hacen a la ciudad inexpug­ nable. Les parecía un invento inusual y diabólico. Poco podían saber ellos que el siglo pasado existió

los desplazados, hurtándoles lo poco que entre su pobreza les encuentran. Ante el soplo de una reda­ da, los dos amigos abandonaron su escondite la madrugada del pasado 25 de octubre. Sin saber que al adentrarse en la noche avanzaban hacia el último día de sus vidas, caminaron hasta llegar al puerto de Alhucemas. Ibrahim lo había acordado de ante­ mano. Su humilde capital y un sms le dio derecho a una plaza. Chaikh se había arruinado durante en su travesía, pero el barquero Mohamed Caronte acep­ tó el anillo dorado que brillaba en su mano oscura. La gema era un topacio sin tallar, el talismán de su abuelo jefe de la tribu, que éste pasó a su padre y, siguiendo la tradición familiar, lo ganó Chaikh al nacer su primer hijo.

ericana y los muros

Tijuana, Baja California, 2010

cruzan el estrecho gracias a un entramado de rufia­ nes: mafiosos, funcionarios, pescadores y policías corruptos de una y otra frontera. Cada pasajero pa­ ga entre seiscientos y mil 200 dólares, sean hombres, mujeres o niños. En los campamentos madriguera que se escon­ den en la foresta del Gurugú, Ibrahim convenció a Chaikh. Iniciaban el cultivo de su amistad, fertili­ zada por su complicidad contra la desesperanza. En su orgullo por salir adelante. En su dignidad de pobres esforzados en dejar de serlo. Como eran francófonos, la meta de ambos los llevaba hasta Francia. España sólo representaba tierra hostil de paso donde sabían que no había nada que encon­ trar. Sumido en su grave crisis, el antiguo país de hidalgos, conquistadores, emigrantes y exiliados, ya no tenía sitio para ellos. Aquí había dejado de interesar mano de obra barata y sin papeles, sobre la que los sindicatos obreros poco quisieron saber en tiempos de vacas gordas y burbuja inmobiliaria, que fue el espejismo de nuestra economía. Hasta hace pocos años, el trabajador español rehuía curtir de callos sus manos en la construcción, arañarlas en la vendimia. Chaikh tenía un pariente en el ba­ rrio parisino de Barbès, dueño de una tienda con su

en Berlín un muro llamado Telón de Acero. Que Israel ha levantado más de 720 kilómetros de cemento en sus fronteras con Cisjordania y que Egip­ to lo ha hecho con las de Gaza. Que los espaldas mojadas mexicanos sufren el Muro de la Tortilla en más de 3 mil 200 kilómetros, vigilado por cámaras, pe­ rros adiestrados y francotiradores que lo convierten en el más infranqueable del planeta. Que Arabia Saudí construye otro a lo largo de 9 mil kilómetros de sus fronteras con varios países, y que los islami­ tas radicales de Uzbekistán y Kirguistán se prote­ gen de ese mismo modo contra el extranjero impuro. Que India y Pakistán, eternos enemigos íntimos, también tienen el suyo. Que Marruecos elevó en el sur uno contra sus hermanos saharauís. Que hasta Río de Janeiro quiere proteger sus Juegos Olímpicos de 2016 con el hormigón que ya comienza a rodear sus barrios de favelas. A lo largo de la historia los muros de la vergüenza han sido construidos por Estados poderosos para proteger sus privilegios, su riqueza, su dominación o su casta. Pero hay otros muros que no son de cemento. En los últimos años, algunos asaltos a las vallas de Melilla y Ceuta acabaron con muertos. El monte Gurugú es saqueado a menudo por la policía ma­ rroquí, que apalea y expulsa de sus madrigueras a

La noche de aquel viernes era ingrata. Un fuerte viento presagiaba marejada. El negocio estaba hecho y había que zarpar. La playa comenzó a habitarse por sombras. Más de setenta pasajeros ocuparon la lan­ cha Zodiac de goma en la que se disponían a alcanzar la otra orilla por la parte más ancha del muro del es­ trecho, casi doscientas millas de tormenta. Pero zar­ paron. La oscuridad, el oleaje y el frío hicieron el resto. Apenas desaparecieron las luces de Alhucemas cuando ocurrió el naufragio. Luego vino la estadís­ tica, suma y sigue entre los miles de ahogados en pateras hundidas. Equipos de rescate llevaron al puerto granadino de Motril a diecisiete supervivien­ tes, casi muertos de frío y de pánico. Depositaron catorce cadáveres. En ninguna de las dos listas esta­ ban los nombres de Ibrahim y Chaikh. Hubo cincuen­ ta desaparecidos. ¿Dónde descansa el alma de los muertos sin tumba cuando el mar les acoge? Al día siguiente el gobierno marroquí no quiso saber nada del suceso: “Son extranjeros en un buque de nacio­ nalidad española.” Lo leía del periódico un facine­ roso que sorbía su pipa de agua en una cantina del puerto de Alhucemas. Al llevar la boquilla a sus la­ bios, hacía ostentación de un anillo dorado con una gema turquesa •

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Jorge Veraza: Luis Hernández Navarro

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comienzos de este año la vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia orga­ nizó en La Paz un seminario sobre el Buen Vivir. Jorge Veraza participó allí como con­ ferencista. Entre el público asistente y entre algunos otros ponentes su obra no sólo era conocida, sino una referencia teórica muy relevante, motivo de comen­ tarios, polémicas y preguntas. En sentido estricto, el seminario de La Paz no fue un evento académico sino un acto teórico-político. No se trató de una reunión de for­ mación de una corriente política sino de un acto de análisis y forma­ ción de una instancia del Estado bolivia­ no sobre su propio rumbo.

el regreso de Y en ese momento de reflexión de una revolución sobre sí misma y sobre su lugar en el mundo actual, la obra de Jorge Veraza fue reconocida por un buen número de cuadros políticos encargados de condu­ cir ese proceso como una herramienta teórica sus­ tantiva para su acción. Más aún, muchos de esos dirigentes y funcionarios bolivianos conocían pre­ viamente la producción de Veraza, la valoran y la consideran como parte de su acervo. En octubre de 2011 se publicó en La Paz la pri­ mera edición de Del reencuentro de Marx con América Latina. En la época de la degradación civilizatoria mundial, una voluminosa antología de la obra de Veraza, de 560 páginas, que recientemente fue reedi­ tada en Bolivia por segunda ocasión, y en Venezuela. En la presentación del libro editado en La Paz, los editores señalan: “Deseamos agradecer al compa­ ñero Jorge Veraza por habernos cedido sus obras para hacer posible esta publicación, y principalmen­ te ayudar a este proceso que estamos construyendo en Bolivia. Este aporte teórico ya forma parte de esta revolución.” También en La Paz, Ignacio Ramonet conoció el libro y quedó gratamente impresionado por su con­ tenido. El especialista en temas de comunicación y promotor del Foro Social Mundial encontró en la obra un trabajo serio, riguroso, al punto de consi­ derar a su autor “el principal filósofo marxista de la actualidad”. Meses después, por unanimidad, el jurado Pre­ mio Libertador al Pensamiento Crítico 2011 acordó otorgar al pensador mexicano el vii Premio, “porque constituye una contribución original y vigorosa al análisis del capitalismo contemporáneo y a su forma de acumulación, y postula una crítica teórica y una praxis emancipadora planetaria, que partiendo de la relectura del marxismo enriquece el instrumental teórico para comprender la realidad caribeña, lati­ noamericana y mundial.”

La conspiración del silencio Del reencuentro de Marx con América Latina es un libro publicado en Bolivia y premiado en Venezuela por un jurado internacional. Su reconocimiento por par­ te de dos de las revoluciones en marcha más profun­ das en el continente contrasta con el relativo silencio que la producción de Veraza tiene en México. La en­ trega del Premio Libertador apenas si fue divulgada dentro del país, en parte por el sesgo antichavista de

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La obra de Veraza tiene muchos enemigos. Incomoda a la izquierda estatista de matriz nacionalista revolucionaria.

la mayoría de los medios de comunicación (y el Pre­ mio tiene la marca indeleble de la revolución boliva­ riana), pero también por el sistemático bloqueo que el pensamiento de Jorge ha tenido entre la izquierda académica desde siempre. Eric Hobsbawm, el historiador británico recien­ temente fallecido, describió a los economistas como pontífices modernos que descalifican como blasfe­ mia o herejía todo aquello que contradice su dogma. El autor mexicano ha sido excomulgado por ellos. La obra de Veraza tiene muchos enemigos. Inco­ moda a la izquierda estatista de matriz nacionalista revolucionaria; exaspera a los seguidores del culto neoliberal; es incomprendida por quienes reivin­ dican el marxismo neanderthal y es ignorada por la izquierda antiintelectual y practicista que despre­ cia el trabajo teórico. Acercarse a ella exige del lector una formación previa y un esfuerzo de concentración que pueden resultar incómodos para quienes prefieren los ma­ nuales de divulgación a las obras analíticas pro­ fundas. Desafortunadamente para sus promotores, los manuales son útiles para reafirmar la fe, no para proporcionar las herramientas teóricas para trans­ formar la realidad. Pero algo está cambiando en la receptividad den­ tro de la izquierda nacional hacia la obra de Veraza. Ciertamente, durante años, su pensamiento enfren­ tó el desdén por el marxismo de quienes predica­ ban el fin de la historia, pero hoy, en plena crisis, se ha producido un genuino interés y una revaloración de su trabajo. En un momento en el que Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Mundial de Davos, declara que “el sistema capitalista ya no es apropiado para este mundo”, el pensamiento marxista ha recobrado una actualidad que pareció haber perdido en los años de la expansión neoliberal. Acercarse a quienes, como lo ha hecho Veraza, han mantenido viva la tradición ana­ lítica del materialismo histórico para reencontrarse con el autor de El capital, parece un proceso natural. Pero, además, su pensamiento, al tiempo orto­ doxo y original, permite encontrar simultáneamente preguntas y respuestas a las nuevas circunstancias. En Del reencuentro de Marx con América Latina Jorge sostiene que no estamos ante una “crisis general del capitalismo” pero sí, mientras el capitalismo siga acumulando, ante una crisis para la humanidad. La respuesta –asegura‒ debe provenir no del capital sino de la humanidad, pues es ella quien está amena­ zada de manera integral. Se trata de una reflexión de largo aliento, empren­ dida a partir de los primeros años de la década de los setenta del siglo pasado. Una labor que surge, de acuerdo con Andrés Barreda, marcada por la impron­ ta de Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría. “Si Adolfo Sánchez Vázquez fue quien inauguró en México el trabajo riguroso y crítico de vuelta a la lec­ tura de las fuentes clásicas del marxismo ‒dice Ba­ rreda‒, centrándose para ello en la lectura de las obras del joven Marx y de todo el debate occidental


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Marx

Imagen tomada de: academie-creativite.unistra.fr

que ellas dispararon, para desde esta plataforma co­ menzar a reconstruir las perspectivas radicales que tuvo el siglo xix en el proyecto teórico político de Marx, a Bolívar Echeverría y a Jorge Juanes les co­ rresponde el mérito de haber llevado esta iniciativa hasta el terreno extraordinariamente más complejo de la crítica a la economía política de Marx, y de toda una miríada de debates que la interpretación de los tres tomos de El capital y de los manuscritos de este texto desatan.” Echeverría encuentra en la teoría de Marx sobre la subsunción formal y real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital la forma más completa con la que el autor de los Manuscritos de 1861-1863 for­ mula su teoría del desarrollo capitalista. Este encuen­ tro marcará las reflexiones de una generación.

El reencuentro En el marco de un clima interdisciplinario se conoce y se debate a Hegel, Nietzche, Sartre, Bataille y Mar­ cuse, por citar a algunos. Jorge Veraza se alimenta de este debate, lo continúa y lo enriquece. Es profesor del seminario de El capital entre 1976 y 1984 y su coor­ dinador entre 1981 y 1984. El capital ‒sostiene‒ es la obra más necesaria para comprender el siglo xxi .

Lo es porque ‒de acuerdo con Veraza‒ hoy nos encontramos con el resultado de todo lo que Marx vislumbró, de cómo el capitalismo se ha mundializa­ do y ocupa toda la geografía del planeta. Lo es por­ que comprender el valor de uso es prioritario para el análisis de la sociedad contemporánea. Del reencuentro de Marx con América Latina es una antología que recupera una parte de la obra de Ve­ raza publicada en la editorial Ítaca, una com­p ilación que invita a repensar nuestro tiempo en diálogo y debate con otros autores, como Giovanni Arrighi, Paul Johnson, Eric Hosbawm y Antonio Negri. Un proyecto que recupera la crítica de la economía po­ lítica como una crítica radical de la tota­l idad de la vida burguesa. Tiene, como hilo conductor, “el capitalismo con­ temporáneo mundial analizado con arreglo a su esencia (desde la perspectiva de la economía polí­ tica)”, o en otras palabras, “observado sobre la base de los conceptos de subsunción formal y real del pro­ ceso de trabajo inmediato bajo el capital, desarrolla­ dos hasta decantar en la subsunción o subordinación real del consumo bajo el capital”, un concepto desa­ rrollado por Jorge como parte de su crítica a Georges Bataille y de caracterización integral del capitalismo mundial contemporáneo.

Subsunción es un término que significa some­ timiento, subordinación. La subsunción formal y real del proceso de trabajo inmediato bajo el capi­ tal es el núcleo de la teoría de Marx sobre el desa­ rrollo capitalista. Con ello se designa a la produc­ ción capitalista como producto del proceso mismo, tomando en cuenta sus contenidos sociales y ma­ teriales. Marx explica cómo la ganancia oculta el plusvalor generado por la explotación de la fuerza de trabajo, esto es su sometimiento por el capital, al tiempo que justifica esa explotación como algo “natural”. El concepto de subsunción real del consumo bajo el capital, elaborado por Veraza, es diferente a los de sociedad de consumo, sociedad postindustrial y ca­ pitalismo de desperdicio. Estas teorías, asegura él, eluden explicar la sociedad contemporánea a par­ tir de la producción. La teoría formulada por Veraza busca explicar cómo el sometimiento de la produc­ ción se extiende hasta incluir orgánicamente la es­ fera de consumo. Con ello se propuso generar una alternativa de explicación al capitalismo contemporáneo, criticar las teorías del imperialismo, retomar la continuidad de la teoría de Marx y explicar epocalmente la con­ tracultura. Es en este contexto en el que analiza el siglo xx como el siglo de la hegemonía de Estados Unidos, una definición polémica e interesante, pues ¿acaso hasta fines de la segunda guerra mundial, la poten­ cia estadunidense no fue arrastrada una y otra vez por los acontecimientos de la historia? Jorge piensa el imperialismo no como fase sino como realidad inherente al modo de producción ca­ pitalista específico, a Estados Unidos como potencia imperial a partir de 1945, y a la globalización del ca­ pitalismo estadunidense después del desmem­ bramiento de la urss , como imperio del dominio del capital industrial, no, como han insistido una y otra vez las teorías del imperialismo, como resultado de la dominación del capital financiero. El concepto de subsunción real del consumo bajo el capital describe cómo el capital somete el valor de uso a nivel planetario a partir del momen­ to en el que madura el proceso de constitución de un capital social mundial, de un mercado y de un capitalismo mundial. Desde allí realiza un suge­ rente y polémico análisis de la contracultura, el rock, el ls d , el automóvil, la biotecnología, los transgénicos (a los que considera valores de uso nocivos en términos sociales, ecológicos y salutí­ feros) y el agua. Del reencuentro de Marx con América Latina es un libro estimulante y rico, en el que se resume un pen­ samiento riguroso e imaginativo que busca dar cuenta de lo que ha sucedido en el mundo los últimos cin­ cuenta años. Su análisis teórico tiene consecuencias políticas prácticas. Dentro de México, está presente tanto en la forma en la que se piensan a sí mismos los afecta­ dos ambientales y en otras luchas de resistencia. He­ mos señalado ya cómo la revolución boliviana ve en esta obra algo propio. La obra es una invitación a debatir y analizar el significado del regreso del viejo Marx, hoy tan joven como hace más de siglo y medio •

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Jornada Semanal • Número 931 • 6 de enero de 2013

Novísimos po

Paisaje indiscreto

por R.M.R.

Yenys Laura Prieto Velasco

Yunier Riquenes García

(Sancti Spiritus, 1989).

(Jiguaní, Granma, Cuba 12 de diciembre de 1982).

Periodista graduada por la Universidad de La Habana,

Narrador y poeta. Licenciado en Letras, Universidad de Oriente, 2006.

Miembro de la Asociación Hermanos Sáiz.

yo vi a una mujer que no dormía, se asomaba a la azotea, ponía cojines en el sofá por la ausencia de los amigos hablaba de una lista de hijos: biólogo, físico, cibernético, bailarina hijos inteligentes que no escribían. había viajado a nueva york y otras partes del mundo que no recuerdo. había dictado conferencias, publicado poemas en las revistas más desconocidas. yo vi a una mujer que no dormía, filtraba el sol de la habana vieja se mezclaba un aire artificial que llegaba a los huesos. yo vi, oí a una mujer que no dormía hablaba de las partidas, las malas comidas y los tiempos felices. ahora tenía una casa  unos hijos  libros en muchas editoriales y libreros  yo vi, sentí a la mujer que no dormía  y no me la pude sacar de adentro a la hora de hacer mi recorrido.

El dolor por este siglo no entiende de cenas ni de colas. Cabecea por los parques y en cada sucursal canjea sus antiguos bienes por nerones travestidos, y tintes baratos con olor a mefasma. Observa en los cines filmes sucios que comienzan a dolernos. Una bocanada de humo sobre la nariz de un siglo. La Habana resiste sus alergias y decorada a lo garçon hace una hoguera con la historia. Las páginas cada vez dan menos fuego. A través de la puerta se ve al siglo retenerla, con pretensiones caucásicas, lozanas, postmodernas. Un agujero con forma de beso recorta el espacio. La ciudad sonríe mientras cree ver a la luna reflejada sobre un plato vacío. Duele esta ciudad cuarto menguante, pero más este siglo que no sabe besar sin close-up.

Invocación de Artemisia Marcel Benet Salgado

(La Habana, 22 de mayo de 1987)

Bachiller en Ciencias y Letras. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.

Terrible mujer del busto brillante ¿Has dado ya las gracias al Tassi? ¿Qué sería de ti sin su miembro en tu mano? ¿Qué sería de ti sin los sacerdotes que vengaron en tus dedos la afrenta de tu sexo? ¿Terminas nunca de aserrar la cabeza a Holofernes? Yo te amo Porque tú, además, nos odiabas Yo envidio al Tassi que supo perder parte de su carne en tus manos Y dejarte preñada de hambre ¡No haber sido él y ser ya polvo muerto hace siglos! y deber el recuerdo de mi nombre sólo a haberte violado no haber sido yo quien te embarazara de Odio, de Arte, de Vida Me arrepiento más de no ser él que de haberlo sido en otra vida

Yo te amo Artemisia, virgen maldita que Venus maldijo Que has muerto virgen Dime si la peste te atrapó en Nápoles como atrapará a todos los que no se arrojen al fuego impío, Al casto fuego, al higiénico fuego. Pero ambos sabemos que el fuego de los muertos es infecundo. Sólo el fuego de los vivos importa, Solo los Vivos engendran fuego. Quién es la sombra oscura que se copió en tu vientre la segunda vez El audaz que amaste y que su nombre no recogen El único hombre digno de envidia Que tus manos dibujaron en la negrura del cuarto Mientras él dormía en contubernio con los peces Y sus respiraciones eran el efluvio de la laguna ¿tenía quizá una barba negra, largos cabellos oscuros? Cómo era en el amor, sobre la laguna?


oetas cubanos

6 de enero de 2013 • Número 931 • Jornada Semanal

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Desde lo incomprensible de un para siempre Andrés Ballester Marsal (Guantánamo, 1981). Graduado de Ingeniería Informática por la Universidad de Ciencias Informáticas.

Me acercaba a ti en la metáfora. Te escribía un himno de hombres que regresan de la guerra a besar ciudades. De grandilocuencias repletas y nostalgias ajenas. Subí peldaños en un éxtasis de burbujas bajo la panza del YO. Hacía pequeñas mis raíces. Bordaba un solo de poetas que decían: Hoy la extraño para siempre. Manoseé todas las noches con esta noche. Contaba a cada estrella de los hombres enamorados y de los números olvidados. Estuve en el monte y estudié las caricias del viento más sutil y la explosión de la calma. Pasé tantas veces por su voz, por su juventud recostada y su sonrisa en la foto. Cuantas tardes volví a afeitarme en el espejo de sus ojos y la tuve tan pegada a mis horas de siesta, y con esa ansiedad por salir al paso de un sí. Por aferrarme a los sueños desperté lejos, en la noche, y no vi el amor. Fue el faro que me llevó a la ciudad y la ciudad amanecida, y las banderitas que luego de tantos años nadie ha quitado de lo más alto del cordel. ¿Por qué te fuiste así, como si todo hubiera pasado? ¿Por qué me negaste el fin? Hoy se ha ido. Hoy la extraño para siempre.

Cómo podía ser contigo ese revoltijo de piel morena y pelos ásperos? Cómo pudo no dejarse domar por tu terrible luz, por tus sienes, por la suave piel detrás de tus orejas? Cómo no ganarse tu desprecio, Mujer? Yo guardo un puñal de antaño que he de clavar en su memoriado vientre Yo he de hacer gotear su sangre negra en la laguna A la vista de los leones dorados Sus ojos de pescado me mirarán la breve sonrisa y juro Que esa será su última vista Cortaré su cabeza y la llevaré en un cesto Bajo tu ventana, Llorarás, como una pescadera cualquiera, Gritarás, te arrancarás los cabellos Me odiarás, sentirás pasión por mí Nunca jamás podrás olvidarme Amarás más que nunca al salvaje mono que yo he matado: De esa forma imposible

Ilustraciones de Gabriela Podestá

Yo te poseeré, Amor mío, terrible mujer mía Artemisia Artemisia, amor mío, esta noche, cuando el ron me turbe el semblante Y yo sienta en la mano mi sexo Cuando me enardezca la sangre caliente y la violencia retorne a mis huesos (Lejos ya el tiempo de la muerte de aquel mono Lejos de Venecia Lejos incluso de la terrible iSal que habitamos Con bonitas grietas en el patio en donde se urden historias de salamancas Tokonomas por los que gotea la eternidad de la iSal) Y los espejos de humo me oculten el tiempo, Tú… ¿te presentarás, vendrás de seda roja? Yo te invoco, Ven a decapitarme.


poesía

6 de enero de 2013 • Número 931 • Jornada Semanal

Ana dice ven

Poema

Mónica Sera Luaces

(fragmento)

(La Habana, 1985).

Taimyr Sánchez Castillo

Estudiante de Filología hispánica de la Universidad de La Habana. Egresada del

(Guantánamo, 1986).

Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.

Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana. Graduada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.

Ya conocí a Ana fue en el jardín, tal como la imaginaba la encontré allí, así la pintaron mis sueños, mis versos, mis manos. La mujer del pelo corto también estaba allí. Al presentarnos los ojos de Ana se detuvieron en mí, en mi frente despejada, en mis cejas oscuras, en mis párpados caídos, en mis ojos felices, en mi nariz levantada, en mi boca joven, en mi cuello límpido y en piel quemada. ¡que atrevimiento el de Ana!, con cada mirada suya decía ven. A la del pelo corto no le gustó ese atrevimiento A mí no me gustaron sus zapatos, tampoco a Ana, lo sé (siempre que la miraba no bajaba la vista, evitaba tener que mirarlos, yo hacía lo mismo). Ahora leo los versos de Roberto, los leo entre la tos de mi madre y los ronquidos de él, La rima de Roberto no es mala, es muy buena, pero tropieza con la tos y con los ronquidos, Debo detener la lectura, Roberto, espera un momento, le digo a los versos y ellos sin responder se tiran sobre la almohada, la almohada que dan ganas de ponerla en la boca de él, en la boca de al lado, en la boca que ronca. Ya no tose mi madre, tampoco ronca él, todo se ha calmado, pero Ana sigue diciendo ven.

Ilustración de Gabriela Podestá

1 Sabores y olores que hubiese aprendido de memoria. Figuras de papel naciendo en los dedos. Letras de imagen peregrina hasta encontrar sentido en la palabra mal pronunciada. Osos de felpa, almohada chica, angelitos en la cabecera, un azaba­ che contra el mal de ojo, un orinal. Aromada de tabaco barato, café dulce, mentol, jarabe para la tos. Embarrada de fango, algodón de azúcar, cascos de guayaba, carmín y lápiz labial. Con tacones, mangas y vuelos que ocultaban las alas en flor. Sin televisión, cargada de dados y barajas. Tren descarrilado pero honesto. Rodeada de espejos hipócritas e hipocondríacos, maestros del oscurantismo, absolutos y obsoletos tal la buena voluntad. Columpiándose de un cordel atado a palmas que atizaban mi inocencia como cocuyos en pomos de cristal las noches de apagón. Cien modos de preparar frijoles negros, sopa de arroz, harina con sal, pan tostado y croquetas rebajadas, en una cafetería donde se usaba de carnada al viejo Lázaro. Cronista de una era de escasez y santería. La fe racionada en nueve vasos de agua, cuando Salve sólo al César que oculta mi cuerpo, y el cuerpo de mi padre tendido sobre la carátula del libro de lectura, mi padre sin camisa con el salmo 24 tatuado en el pecho. Resuelta a atrapar caballitos de San Vicente y orugas, a ladrar junto a un perro negro. Niña que no me deja mentir, apaga las velitas cada cumpleaños y se oculta entre las palabras talladas en una hoja huérfana. Cordón atado al vientre de mamá, que muere en el hueco de mi mano donde se acumula tanta ausen­ cia. Tiempo que alquiló el tiempo a mí, voluta de humo aproxi­ mándome al vértice. MI INFANCIA era cuadrada. Los golpes han roído sus puntas.

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