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■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 21 de octubre de 2012 ■ Núm. 920 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver

Bachelard

filosofía de agua y sueños

Textos de X abier F. C oronado y A ntonio V alle


bazar de asombros ITALO SVEVO Y TRIESTE El pasado martes 16 se cumplieron cincuenta años de la muerte de Gaston Bachelard, un hijo de artesanos que alguna vez fue telegrafista y que años más tarde dio clases de física, se doctoró en filosofía en la Sorbona, ahí mismo dictó cátedra sobre historia y filosofía de las ciencias, fue miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, y un año antes de su deceso obtuvo el Gran Premio francés de las Letras. Entre la veintena de títulos que publicó, destacan El nuevo espíritu científico (1934) y La formación del espíritu científico (1938), El agua y los sueños (1942), El materialismo racional (1953), La poética del espacio (1957) y La llama de una vela (1961). Los textos de Xabier Coronado y Antonio Valle celebran la fuerza del pensamiento y la obra de este filósofo contemporáneo para quien la ciencia y la poesía eran vertientes de similar importancia para acceder al verdadero conocimiento del mundo. Publicamos además una entrevista con el narrador colombiano Luis Miguel Rivas, un artículo de Juan Ramón Iborra en torno a Cataluña y la actual crisis española, así como dos textos a la memoria del poeta peruano Antonio Cisneros, recientemente fallecido.

Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

Italo Svevo (cuyo verdadero nombre era Ettore Schmitz) nació en Trieste en 1861. En ese tiempo la ciudad pertenecía al imperio austrohúngaro y era, por muchos aspectos, un centro comercial y cul­ tural de primer orden y una encrucijada en la que se encontraban múltiples nacionalidades: italia­ nos, alemanes austríacos, eslavos, judíos... Ettore Schmitz, hijo de un comerciante judío y de madre italiana, se acercó, en sus primeros años escolares, a la cultura alemana, pero más tarde, al igual que muchos miembros de su generación, buscó en la lengua y en la cultura de Italia los rasgos esenciales de la visión del mundo. La mejor prue­ ba de su voluntad de asumir la pertenencia a esa cultura fue el seudónimo con el que firmó sus obras principales: Italo Svevo. Lector de los románti­ cos alemanes, los realistas franceses y los nove­­listas rusos, su cultura tenía, por una parte, un marcado carácter cosmopolita y, por la otra, la urgencia de afirmar la “italianidad” de Trieste. Su mejor amigo y consejero literario fue James Joyce, quien pasó unos años en Trieste dando cla­ ses de inglés para sobrevivir. Las conversaciones con el irlandés y las lecturas de Freud fueron las mejores in­ fluencias sobre el trabajo lite­ rario del triestino. La crítica italiana guardó un inexplicable silencio respecto a las novelas de Svevo: Una vida, Senectud y La conciencia de Zeno. Tuvo que esperar muchos años para que se le otorgara un reconocimiento que se vio enturbiado por la vi­ rulencia de los ataques de sus enemigos. Tenía sesenta y cua­ tro años cuando Montale, en Milán, y Valéry Larbaud en Pa­ rís, convocados por Joyce, ini­ ciaron el estudio a profundidad de la obra del escritor que, a de­ cir de Montale, era “el más im­

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Hugo Gutiérrez Vega portante novelista italiano de su tiempo”. Frente a una declaración tan tajante palidecieron las críti­ cas mezquinas que hablaban de su italiano defec­ tuoso, de la gratuita complejidad de su estilo y del carácter estrambótico de sus personajes y tramas. Tullio Kezich habla ampliamente, en sus Pala­ bras preliminares, de las dudas y vacilaciones que tuvo antes de decidirse a hacer la adaptación tea­ tral de La conciencia de Zeno. Afortunadamente las superó y realizó un trabajo respetuoso e inteli­ gente para llevar a la escena a los personajes sve­ vianos. Creo que el resultado es notable y que el público teatral podrá aumentar su conocimien­ to de ese ser contradictorio, apático, bondadoso, inde­ciso, débil, fuerte, generoso y cobarde que es Zeno Cosini, comerciante triestino que busca en el matrimonio y en el psicoanálisis su tabla de salva­ ción. En ese náufrago de la vida encontraremos muchos rasgos y momentos de nuestra propia exis­ tencia, una carga de humanidad tan rica y comple­ ja que, en ocasiones, resulta irritante y angustiosa. Tal vez el aspecto más impresionante de la obra de Svevo es el monólogo final de Zeno. En él se anuncia la catástrofe nuclear: “Cuando los gases venenosos de la guerra que ahora se com­ ba­t e no sean ya suficientes, un hombre hecho como todos los hombres, en el secreto de una habitación de este mundo, in­ ventará un explosivo incompa­ rable. Y otro hombre, hecho también como todos los demás aunque un poco más enfermo, robará ese explosivo y lo colo­ cará en el centro de la tierra. Ha­ brá una explosión gigantesca y la tierra, vuelta a la forma de nebulosa, errará por los cielos libre ya de parásitos y de enfer­ medades.” jornadasem@jornada.com.mx

Directora General: C a r m e n L i r a S a a d e , Director: H u g o G u t i é r r e z V e g a , Jefe de Redacción: L u i s T o va r , E d i c i ó n : F rancisco T orres C órdova , Corrección: A leyda A guirre , Coordinador de arte y diseño: F rancisco G arcía N oriega , Diseño Original: M arga P eña , Diseño: J uan G abriel P uga , Iconografía: A rturo F uerte , Relaciones públicas: V erónica S ilva ; Tel. 5604 5520. Retoque Digital: A lejandro P avón , Publicidad: E va V argas y R ubén H inojosa , 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. Correo electrónico: jsemanal@jornada.com.mx, Página web: www.jornada.unam.mx

Portada: Entre el aire y los sueños Collage de Marga Peña

La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauh­t émoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cui­ tláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jor­n ada Semanal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/ SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

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entrevista con Luis Miguel Rivas Laura García

Luis Miguel Rivas vive desde hace

dos años en Buenos Aires. Cuando los

argentinos le preguntan: “¿A qué te

viniste acá?”, él les responde: “A no

estar allá.” Si bien es cierto que nació

en Cartago, hace cuarenta y dos años, la

mayor parte de su vida transcurrió en

Medellín. En 2007 publicó en el Fondo

Editorial de la Universidad eafit un

libro de relatos titulado Los amigos

míos se viven muriendo. Más

cuentos han aparecido en las revistas El Malpensante y SoHo y los está

reuniendo en un libro que saldrá pronto

y se titulará t . q . m . La edición online de

El Espectador alberga su blog Tareas

no hechas, y en la entrada más reciente del mismo, Rivas escribe desde México

sobre la muerte, la Virgen de Guadalu­ pe y sus primeras impresiones de la Feria Internacional del Libro de

Guadalajara, a la que fue invitado como

uno de los “veinticinco secretos mejor guardados de la literatura latinoame­

ricana”. En ese mismo blog, además,

registra la experiencia con su más

reciente proyecto: un documental sobre Dunav Kuzmanich, cineasta chileno

que se radicó en Colombia poco después del golpe militar y estuvo detrás de

series tan exitosas como Don Chinche.

Además del documental, Rivas también

espera que de la búsqueda de las huellas

de Kuzmanich quede una ficción.

-¿Q

ué es para usted esto de ser un “secreto mejor guardado de la literatura”?

–Es un evento que lleva ese nombre. Como nombre de evento tiene algo de rimbombante, pero es muy bonito y más si uno es de las personas a las que le adjudicaron el epíteto. Quiere decir que no sabían dónde estábamos. Para nuestros respectivos países no somos tan secretos del todo, pero en el contexto internacional y lati­ noamericano sí es como si nos sacaran de un baúl. Como en los reinados de belleza: no quiere decir que seamos los mejores escritores nuevos, pero tal vez somos representantes. Somos los más visibles de los invisibles. Primero teníamos que haber pu­ blicado antes (y eso ya no nos hace tan secretos) y, segundo, tenían que conocernos en cada país las personas a quienes los organizadores de la Feria les pidieron proponer candidatos. –Alguna vez dijiste que “ser colombiano no es una nacionalidad sino una enfermedad mental”. Si eso es Colombia ¿qué vendría siendo Medellín?

–Yo me siento enfermo del modo de ser. Y mi modo de ser es colombiano. Yo lo veo en mis ami­ gos, en mí, en las prácticas cotidianas inconscien­ tes que parecen normales: la sumisión de los pea­ tones ante los automóviles, el machismo de las mujeres, la mitificación a ultranza del sentido práctico, la retórica de la acción. “Hablan mucho y no hacen nada” es una frase paisa con la que fui educado. Yo ya le tengo mucho miedo a la gente que hace mucho y no habla nada. Todo eso sería sano si no matara moral y físicamente. Y si mata es una enfermedad. Nadie se muere de sanidad. El miedo de todo el mundo. El miedo del que ni si­ quiera nos damos cuenta que lo tenemos. –Cuéntanos un poco sobre el proyecto que llevas a cabo actualmente. ¿Quién es Dunav Kuzmanich? y, sobre todo, ¿qué tiene ese personaje que te atrae tanto su biografía?

–Dunav Kuzmanich es un cineasta chileno que llegó a Colombia a comienzos de los años setenta. Trabajó junto con Pepe Sánchez en Don Chinche y

dirigió cinco largometrajes en nuestro país. Fue un enamorado de Colombia; la conocía y conocía nuestra historia más que nosotros mismos. Fue un espíritu crítico y un tipo consecuente con lo que pensaba hasta límites radicales. Y vivió en Antio­ quia los últimos años, queriendo esa tierra y esa sociedad que paradójicamente encarnaba todos los valores contra los que su sentido de humanidad y justicia siempre peleó. De sus películas, sólo Ca­ naguaro pasó por los cines y fue retirada a los pocos

Para nuestros respectivos países no somos tan secretos del todo, pero en el contexto internacional y latinoamericano sí es como si nos sacaran de un baúl.

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Entre y n í l l e d Me s e r i A s o n e Bu

días. Si ves hoy en día esas cintas notarás que nada ha cambiado y que su pensamiento es actual. Es uno de los tipos más grandes y valiosos que yo he conocido en persona, más allá de la cosa política. En Medellín se ha creado una corporación para recuperar su memoria y difundir su obra en la me­ dida de lo posible. Con ellos estamos en el proyec­ to de un documental y ese material de la investi­ gación va siendo también la materia prima de una ficción que voy a escribir. Pero la investigación es larga porque fue una persona que viajó mucho, vivió en muchos lugares e hizo muchas cosas dis­ tintas. A veces me pregunto ¿cómo le puede rendir tanto la vida a alguien? •


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Cataluña Cata y

Juan Ramón Iborra

E

l martes 11 de septiembre, un millón de catala­n es tomó en paz las calles de Barcelona, clamando independencia durante el día festivo en que este pueblo celebra su Diada nacional. Esa tarde, ser y parecer quedaban tan ligados en apa­ riencia que ese aluvión, interpretado según el interés político, podía hacer creer a ojos extraños y poco in­ formados que este bello país mediterráneo padece la opresión de un Estado que impide sus libertades bá­ sicas. De eso se trataba. O no. Cierto que desde la llegada de Mariano Rajoy a la presidencia del gobierno español (como ya hizo su Partido Popular durante el tránsito de su taimada oposición), hace más por aventar nacionalismos que los propios patriarcas vascos, catalanes, andaluces o gallegos. El presidente naufraga en una crisis que sólo sabe atajar con cirugía y tijeras para los más dé­ biles, y alimenta utopías de independencia con su dis­ curso devastador, grotesco y añejo, acusador de cul­ pas propias a las periferias, de menosprecio a las identidades, mientras la grave tensión económica las abona. Por ejemplo: el Estado central adeuda a Cataluña cerca de mil millones de dólares desde los presupuestos generales de 2011. Ese es el grano que provoca esta herida. En paralelo, Mariano Rajoy infla su mensaje de un optimismo trasnochado. Posa en la galería de los es­ pejos deformantes. Sus ecuaciones se recrean en la presión sobre las clases medias, los funcionarios, los

ancianos. Sobre el pequeño empresario y el trabaja­ dor autónomo. Sobre millones de parados. Sobre la salud, la enseñanza y la cultura públicas. Rajoy in­ siste en mirar hacia Alemania, en cocinar recetas al dictado de Ángela Merkel, en salvar a la hundida y corrupta banca pública española y a otros usureros privados, mientras se aplica en apretar el cinturón más apretado, frena el consumo y convierte en una isla desolada de pobreza su península de Barataria. Donde las vacas flacas ya están en los puros huesos. Por cuyas fronteras huye a sacos el capital de las grandes fortunas patrias, razón verdadera de la caja sin fondos y de una crisis que llegó de lejos, salpican­ do a un país de políticos orgullosos e ignorantes que se creían que administraban Jauja, el país de la bur­ buja inmobiliaria. Un caldo de cultivo ideal para el oportunismo político de una partidocracia timorata y burguesa, posibilista y existencial, que antepone su propio condumio a la noble razón de Estado. Ca­ bezas de alcornoque que flotan como el corcho en las etapas en que se toca fondo. En Barcelona, de la montaña al mar, desde el lujoso paseo de Gracia a los barrios viejos que bajan hasta el puerto, grupos familiares con bebés y pacíficas ju­ ventudes patrióticas alzaron una siembra de banderas barradas con una estrella, que ondeaban por su auto­ gestión. Esa colosal demostración de fuerza, de iden­ tidad, de hartazgo, hacía innecesario el maquillaje de cifras, aunque los gobiernos autónomo y central usa­

ran la cosmética. Los mensajes engañosos restan cre­ dibilidad a los movimientos espontáneos, si es que éste lo ha sido. Sólo una ingenuidad beatífica per­­ mi­t e creer aún que el marketing político es ajeno al mango­neo de la psicología de las masas. Los repre­ sentantes de la Asamblea de Municipios por la In­ dependencia y la Asamblea Nacional Catalana, con­ vocantes de esa multitud, llegaron al parlamento de Cataluña para exigir a su presidenta la traducción po­ lítica de esa muchedumbre que avanzaba ante un úni­ co lema: “Cataluña nuevo estado de Europa.” Tras él, tremolaba una espesa marea de enseñas del tinte de un durazno ensangrentado. Ese día fue bautizado de inmediato como “el primer día de una nueva épo­ ca”. Se movilizaron transportes colectivos gratui­ tos desde ayuntamientos gobernados por coaliciones nacionalistas. No se escatimaron esfuerzos y ayuda para la gran riada humana, y hasta las miles de ban­ deras al viento eran de medida y tono tan iguales, que se dirían salidas del mismo sastre. Pero el caso es que allí estaban. Quienes las alzaban, cumplían tam­ bién la novedad de una generación nueva, más escép­ tica, menos creyente, poco folclórica. La gran mayoría, juventud y madurez, salió a tomar las calles hastiada de sus propios líderes. Los del Estado nacional y los que piden que una nación se convierta en Estado. Esta creciente pulsión hacia la independencia tie­ ne una renta: el desacuerdo entre el pp y el último es­ tatuto de autonomía catalán, puesto en marcha por


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Fotos: es.paperblog.com

la crisis española presidentes de una Generalitat socialista, el olím­ pico Pascual Maragall y el andaluz José Montilla, y que el propio Rajoy llevó ante Tribunal Constitucio­ nal. Hace mella ese disparate, porque cuando algo no constitucional suena a razonable, hay que reformar la Constitución. Como si ésta se hubiera grabado a fuego y piedra como los mandamientos de Moisés y resultara imposible su modificación. Como ya se hi­ zo hace bien poco, en un visto y no visto que socialis­ tas y derechones sacaron de una chistera para calmar el ánimo de la señora Merkel. Como si el pueblo ca­ talán no tuviera derecho a un referéndum, consen­ suado con el Congreso español –como ocurrió en Québec y ocurrirá en Escocia. Hace daño la crisis y los incumplimientos en la devolución de sus tributos a los catalanes. La subida

ción que en política cultural es mutua. Los dos úl­ timos premios Cervantes de literatura españoles han sido escritores catalanes en lengua castellana. Pero ni Juan Marsé ni Ana María Matute gozaron de repre­ sentación de la Generalitat en el solemne acto de en­ trega en Alcalá de Henares, Madrid. Hace daño la sordera crónica y cerril del gobierno central, una izquierda en horas abisales y desunida interiormente (exteriormente nunca volvió a estar unida desde aquel Frente Popular de 1936), desnor­ tada, blanda y mediocre. Todo suma y llena la ban­ deja que se brinda al honorable presidente Artur Mas, quien esa misma mañana de fiesta y banderolas declaraba a la bbc : “es el momento de dotar a Cata­ luña de estructuras de Estado”, y que si el gobierno central no acepta un pacto fiscal (que no es ir más allá

de las tasas universitarias en más de un 60% y el re­ corte en las becas, para que sólo estudien quienes se lo pueden permitir. El cierre de plantas en hospitales públicos. La huida de Cataluña de cerca de 250 mil emigrantes en un año. El secano cultural en que se consume el Estado y sus autonomías, incomunica­ das y sin complicidad. José Montilla ya advirtió en su mandato sobre la “desafección” de los catalanes hacia el centralismo jacobino (cuando se trata de go­ biernos ilustrados, que no es ahora el caso). Desafec­

de lo que sus fueros permiten navarros y vascos) Ca­ taluña elegirá “el camino de la libertad”. Luego, cundió el pánico. A los pocos días de esa manifestación, dimite por sorpresa Esperanza Agui­ rre, peso pesado del sector neolítico del pp y pre­ sidenta de la Comunidad de Madrid. Los noticieros comienzan a preocuparse: ¿el Barça jugará la Liga española si Cataluña logra su independencia? José Manuel Lara, el editor más poderoso del país, asegu­ ra que en tal caso el Grupo Planeta abandonará Bar­

celona. Sigue el sainete. La Casa Real cuelga opinio­ nes inoportunas en su web, del tipo Santiago y cierra España, en medio de la propia crisis que arrastra la Corona: sonoras pitadas televisadas al monarca y a su himno cada vez que equipos de Barcelona y de Bilbao se enfrentan en la final de la Copa del Rey; su yerno procesado por mangante; su incógnita y des­ velada cacería de elefantes en África, al pairo de las penalidades del pueblo raso y acompañado por su amante, de quien se descubre que hasta esa fecha vi­ vía en el propio Palacio… El seísmo se traslada a una reunión en Madrid en­ tre el presidente del gobierno central y el autonómi­ co. Mariano Rajoy se enroca. Ni hay fiscalidad propia para Cataluña ni la habrá. Días más tarde, en el pri­ mer gran debate del curso parlamentario, Artur Mas cierra la legislatura y convoca elecciones anticipa­ das, con aspiraciones de plebiscito, dos años antes de lo que toca. En realidad, para gobernar, Artur Mas ne­c esita el apoyo del pp catalán, y al quedarse sin su socio de la derecha tramontana, opta por el órdago, esperando lograr una mayoría absoluta gracias a los últimos acontecimientos. Se podrá argumentar que no es el mo­mento, tal y como está este país (Cataluña) y aquel (España), de paralizar nuestra angustio­ sa crisis para volver a las lindezas de una larga cam­ paña electoral. Pero también se han adelantado en el País Vasco, al romperse el pacto entre socialis­ tas y populares (¿alguien puede entender el com­ padreo de las coaliciones del poder, basado en el cruce antina­t ura de churras con merinas?), que de­ jarán el nuevo gobierno en manos de los nacionalis­ mos (el jesuita y el radical). Si hasta el propio Rajoy ordenó adelantarlas en Galicia para no perder su feudo, teniendo en cuenta las medidas de recesión salvaje que aún están por venir y por sufrir. Que Cataluña es un país con una identidad propia es una realidad fuera de toda duda. Que el camino para solucionar los problemas de Cataluña con Espa­ ña sea denunciar la falta de libertad, suena a frase de Mandela en otros tiempos y eso es teatral, falaz e in­ justo. Las mejores relaciones de España con sus pue­ blos podrían encontrarse en un federalismo contun­ dente, eficaz y solidario, ese que la izquierda siempre reivindica con la boca pequeña, pero que nunca ha tenido la valentía de poner en práctica cuando ha po­ dido hacerlo. Una regla de honor de la política de­ bería decir que no hace falta embaucar al ciudadano para alcanzar resultados de provecho. Tras la pancarta unificadora de la manifestación del 11 de septiembre, asomaban otras muchas leyen­ das, curiosamente dirigidas en su mayor parte al observador anglosajón: “Catalonia is not Spain, Ca­ talonia: bye, bye, Spain.” Con la intención quizá puesta en los mercados, que son los que ahora man­ dan sobre de los gobiernos, o en la cnn , o como cas­ tigo, al buscar un idioma universal que no es el caste­ llano, en cuya lengua no vi una sola leyenda. Y es una lástima. Desde el año 1978 suena una canción de Serrat que habla en español de la identidad de Cata­ luña. Una certera y bella oda que recuerda la misma mezcla de raíces del cantautor, quien ironiza sobre el victimismo de un país que toma la fecha de su última derrota como día de su fiesta nacional, y que acaba cantando, pidiendo “que no trafique el mercader con lo que un pueblo quiere ser” •

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A la memoria de

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Antonio Cisneros Marco Antonio Campos A Rafael Vargas, Juan Manuel Roca, Hugo Gutiérrez Vega

y Juan Gelman, buenos amigos de Antonio Cisneros

Cisneros era muy diferente cuando se conversaba sólo con él o cuando estaba en grupo. En lo primero, era serio, pero si encontraba un grupo que supiera oírlo, podía ser por horas divertidísimo, brillantísimo.

V

alió la pena ver y oír pasar ese ventarrón. Era un magnífico niño irreverente, iconoclasta, que tenía asimismo un corazón compasivo y solidario. Él se sabía –lo era– uno de los es­ casos grandes poetas que aún quedaban en nuestra lengua. Todo lo que tocaba, aun las cosas más nimias y dispares, las volvía novedosa poesía. Nacido en Lima, el 27 de diciembre de 1942, murió el pasado 6 de octubre. Permítaseme en este breve espacio de­ jar de él algunos recuerdos. Lo vi en muchas partes y leímos juntos en algunas: en Santiago de Chile, Morelia, Querétaro, Zacatecas, Monterrey, y sobre todo Lima y Ciudad de México. Es curioso o paradójico: según mi experiencia, Cis­ neros era muy diferente cuando se conversaba sólo con él o cuando estaba en grupo. En lo primero, era serio, pero si encontraba un grupo que supiera oírlo, podía ser por horas divertidísimo, brillantísimo. En noviembre de 2004, invitado por el poeta Rafael Vargas, agregado cultural de México en Chile, asistí a la Feria del Libro y a un encuentro de poetas en la Universidad Finis Terrae. Volví a encontrar a Cisneros después de muchos años. Bebiendo whisky, Toño (así le decíamos todos) era de carrera larga. La noche de su arribo, luego de estar bebiendo con otros poetas en el hotel nh, de calle Condell, nos invitó casi obligán­ donos a William Ospina y a mí “a seguirla”. Salimos a caminar, y como estaba casi todo cerrado, acaba­ mos en un restaurante de medio pelo en la Plaza Italia. Cisneros la traía gratuitamente contra los dependien­ tes y bromeando les machacaba que Perú acababa de vencer en futbol a Chile. “¿A qué horas le pegan?”, me preguntaba. En la rockola del sitio no dejaban de so­ nar, para horror y tormento, canciones de Thalía, de Luis Miguel y Juan Gabriel. Al salir del changarro, mientras caminábamos hacia avenida Providencia, Ospina se puso a cantar canciones rancheras y yo lo acompañaba con algo que eran preferentemente au­ llidos. Nos detuvieron un joven y una joven carabi­ neros: la joven era bonita. Toño de inmediato entró a explicarles: “Miren, somos unos poetas que venimos del Perú, de Colombia y de México. Estamos aquí en el hotel nh . Como ustedes ven, el poeta colombiano se sabe mejor las rancheras que el mexicano.” Los ca­ rabineros sonreían. Le pregunté a la carabinera: “Por el demérito patriótico que me hizo el poeta peruano, ¿me permite que le dé un beso de despedida?” En los siguientes días Cisneros relataba los hechos, pero co­ mo pegó mucho entre los chilenos la anécdota con la carabinera, modificó la versión, y contaba en plural: “Entonces, luego de decirles que William Ospina sabía mejor las rancheras, Marco Antonio y yo nos despe­ dimos de beso de la carabinera.” En las dos últimas semanas de octubre de 2009, cuando se le dedicó el Encuentro de Poetas del Mun­

do Latino en Morelia y se le dio, junto con Hugo Gu­ tiérrez Vega, el Premio de Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval en Aguascalientes, nunca lo vi tan feliz, tan cordial, tan afable con la gente, luciendo a diario impecables trajes. En Morelia su foto cubría calles y plazas. En junio de 2010, la entonces gobernadora Amalia García y el director del Instituto Zacatecano de Cul­ tura, David Eduardo Rivera, me otorgaron el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde. Pedí si podía in­v itarse a las jornadas correspondientes a Juan Ma­ nuel Roca y a Toño Cis­n eros. “Los dos son grandes poetas y los dos son muy divertidos.” Y los invitaron. Y todos la pasaron bien. Leímos los tres juntos en la ciudad de Zacatecas y en el Teatro Hinojosa de Jerez. Luego de la entrega del premio cenamos en grupo en la casa de la calle de la Parroquia donde vivió López Velarde. El poeta José de Jesús Sampedro apareció de improviso y le puso a Cisneros en la mesa tres bote­ llas de whisky. Jalé a Sampedro: “¿Nos quieres llevar al suicidio…?” Luego de media de whisky, mientras tocaban los mariachis, Cisneros estaba encantado conversando con Amalia García: “Oiga mi reina, fí­ jese mi reina, le quiero contar esto mi reina, en el Pe­ rú mi reina...” Con todas las tablas que da la política, Amalia conversaba como si se conocieran de toda la vida. Le sugerí en voz baja: “Toño, dile o Amalia o

licenciada o gobernadora”. Me respondió molesto: “¿Tú me vas a enseñar a mi edad, yo que trabajo en la cancillería peruana, cómo tratar políticos?” Lo vi la última vez en abril en Lima. Le llevé a su trabajo, en el Centro Cultural Inca Garcilaso, diez ejemplares de la edición que le publicamos en la unam de su excepcional antología personal Propios como ajenos. Le encantó como objeto. Luego nos diri­ gimos a comer con varios amigos (José Ángel Leyva, Jotamario Arbeláez, Fernando Herrera y su mujer) al histórico Bar Cordano, a un costado de la catedral. Durante la tarde en el Cordano y durante la cena que hizo en su casa luego de la sesión inaugural, pocas veces lo vi tan cordial y tan centellante. En la sesión inaugural del Festival de Poetas de Lima en un gran parque, ante dos mil gentes, fue impresionante el aplauso que le dieron los peruanos a su mejor poeta [aún] vivo. A Toño se le salieron las lágrimas. Hace cosa de mes y medio me habló por teléfono. Tenía un cáncer durísimo en el pulmón y una severa fibrosis pulmonar. Lo hacían pedazos las quimiote­ rapias. Una semana más tarde me pidió un medica­ mento (Permefidona) que se vendía en México pero no en Perú. Mi hermana lo buscó por todas partes y acabó encontrándolo en Canadá. Iba a enviárselo, pero Antonio le contestó en un correo muy cariñoso diciéndole que eran mayores las contraindicaciones y la mayoría de los neumólogos españoles y france­ ses lo desaconsejaban. Cisneros tenía una bella fami­ lia. Fueron meses muy difíciles para su esposa (Nora) e hijos (Diego, Soledad y Alejandra). Él, muy apega­ do a la familia, creía ser buen hijo, buen esposo, buen padre, buen abuelo. Tardará en América Latina en surgir otro poeta de sus múltiples dimensiones. Yo lo recordaré siem­ pre como el poeta que sólo escribió libros inimita­ bles, inmarchitables, y como un entrañable amigo al que será muy difícil no extrañar •


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Un peruano en Europa Antonio Cisneros con Rafael Alberti

Ricardo Bada

P

erú ha sido siempre cuna de grandes poetas, e incluso del que quizá sea el mayor poeta de nuestra lengua en el lado americano del gran charco: César Vallejo (“lo digo y no me corro”, para expresarlo con sus propias palabras). De entre quienes lo siguieron en el Perú, sólo dos, a mi juicio, no quedan empequeñecidos por la sombra de aquel a quien respetuosa y cariñosamente llaman “el cho­ lo”: Jorge Eielson (1924-2006) y Antonio Cisneros, que se nos murió el sábado 6 de octubre, en Lima, sin haber alcanzado los setenta años de edad. La noticia de su muerte nos abrumó porque ni si­ quiera sabíamos que estaba tan enfermo. Y nos afec­ tó porque Toño, siempre Toño en el recuerdo, fue una persona a quien queríamos mucho y que siempre que se parachutaba en Colonia era nuestro huésped. No precisamente de trato fácil, y menos con un par de tragos intus, pero sabiéndolo de antemano se le aguantaban carros y carretas gracias a su plática, una de las más creativas y sugerentes que hayamos dis­ frutado quienes tuvimos el privilegio y el placer de haber sido sus interlocutores. Cuando Toño hablaba, se sentía en el aire el chisporroteo de las ideas y las imágenes. Y no eran fuegos de artificio, sino fuego del que deja rescoldos. Toño nació en Lima en 1942 y publicó sus primeros poemas a los diecinueve años, una plaquette titula­ da Destierro, a la que un año después seguiría David. Y estudió Literatura en dos Universidades limeñas, la de San Marcos y la Católica, de la primera de las cuales fue luego docente, así como también, en cali­ dad de profesor invitado, de las de Southampton, Niza, Budapest y Berkeley. En 1967 obtuvo el Premio Nacional de Poesía del Perú, con Comentarios reales de Antonio Cisneros, para que no se confundiesen con los del Inca Garcilaso, y es simpático reseñar el gazapo de sus meritorios tra­ ductores ingleses, empecinados en traducir “reales” como “royal”, en vez de referir esos Comentarios a la realidad, igual que el Inca, y ese inca ucrónico y utó­ pico que fue Cisneros. Un año después, en 1968, clave por tantos con­ ceptos, le llega la consagración definitiva ganando el Premio Casa de las Américas (cuando ese Premio era marchamo de calidad) por su Canto ceremonial con­ tra un oso hormiguero, donde centellean algunos de los

poemas más hermosos compuestos en español en el siglo xx . Pienso especialmente en el famoso “KARL MARX DIED 1883 AGED 65”, inspirado por la tumba de Marx en Londres, y que concluye con unos versos que justifican estas líneas escritas en honor de mi ami­ go, su autor: “y la cosa no iba y después/ sí y enton­ ces/ vino lo de Plaza Vendôme y eso de Lenin y el montón/ de revueltas y entonces/ las damas temieron algo más que una mano en las nalgas/ y los caballe­ ros pudieron sospechar/ que la locomotora a vapor ya no era más el rostro/ de la felicidad universal.// ‘Así fue, y estoy en deuda contigo, viejo aguafiestas’”. En la primera mitad de la década de los ochenta le concedieron una beca de creación, durante un año, en Berlín occidental, donde lo conocí e iniciamos una amistad entrañable que ha terminado de manera cruel e inesperada ese luctuoso sábado. Y fue du­ rante una larga charla en Berlín, en junio 1982, cuan­ do me resumió sus preferencias autorales: Brecht (pero no el dramaturgo sino el poeta), Pound, Eliot, Lowell, Ferlinghetti, Ginsberg, Octavio Paz hasta el ‘60, Ernesto Cardenal hasta poco después, y el más grande de toda la generación española del ‘27, Luis Cernuda, siempre. Una influencia de la que no habló, tal vez por lo evidente, es la Biblia. Otra no tan evidente, excepto en el “Tercer movimiento (affetuoso) contra la flor de la canela”, es la de John Donne. Y una tercera, Que­ vedo, se le trasvelaba en la adoración con que solía recitarlo. No quiero que se me quede en el tintero su obra de prosista (El arte de envolver pescado), ni sus traduccio­ nes de una antología del brasileño Ferreira Gullar y otra de la poesía inglesa contemporánea –cuya lec­ tura tanto le rentó en su descastellanización del dis­ curso poético–; y last but not least su desempeño co­ mo creador y animador cultural a través de El Caballo

Rojo, un suplemento cultural de los más recordables en la historia del periodismo latinoamericano. Además de Berlín, otros escenarios de nuestros encuentros fueron París, Madrid, Colonia y Hambur­ go, aquí en junio 1986, un recital deveras inolvidable, con Gonzalo Rojas, Álvaro Mutis, Zoe Valdés y Pedro Shimose, panel de lujo donde los haya. Una manera oblicua de acercarse a la poesía de An­ tonio Cisneros es hacer un corte transversal a sus de­ claraciones públicas (entrevistas) en diversas épocas de su vida. Elijo dos. Una de 1971: “No ha sido por el Canto general que triunfó la Unidad Popular en Chile. Al exigir a la poesía un poder que no tiene, la gente delira pretenciosamente. Y eso sí que es contrarrevo­ lucionario.” Y otra de 1982: “Me fui apartando de Lor­ ca cuando sentí que era pura emotividad. Constaté en su poesía una ausencia de humor que me fue alejan­ do de é1. Empezó en cambio a interesarme Brecht. Su ironía que destroza la lógica burguesa. Me interesa su idea de contar el otro lado de la Historia.” Y en esa misma entrevista explica, de un modo increíblemente revelador de su propia poesía, cómo se fue a Londres con una beca que la Universidad de San Marcos le ha­ bía concedido para ir a Madrid: “El argumento que utilicé ante el Decano fue muy simple: ‘Doctor, en In­ glaterra están los Beatles.’ Y el Decano comprendió.” Tengo a la vista constantemente, cuando escribo, una serie de fotos que cuelgan en las paredes de esta casa. Una de ellas documenta la fiesta de despedi­ da de Toño en Berlín, cuando terminó su beca de crea­ ción, que le sirvió para escribir un nuevo libro, Monó­ logo de la casta Susana y otros poemas. Y contemplando esa foto ahora, entiendo mucho mejor lo que me co­ mentó Julio Mendívil, el etnomusicólogo peruano de la Uni de Colonia, que fue quien me dio la noticia de la muerte de Toño: “Él era un icono de mi juventud, casi como John Lennon, imagínate”. Y sí, Imagine •


Bachela filoso

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Antonio Valle

E

A Francisco Valle Courtois

n esta temporada de tsunamis y tormen­ tas volví a pensar en Gastón Bachelard. Entre su vasta bibliografía encontré El agua y los sueños, que forma parte de un cuarteto de ensayos en los que explora la imagi­ nación poética en relación con los elementos. Esas fuerzas imaginantes, dice Bachelard, “ahondan en el fondo del ser, quieren encontrar en el ser a la vez lo primitivo y lo eterno.” Para probar el paso del tiem­ po en este ensayo, reflexioné en algunas de sus tesis que indagan en las obras de algunos narradores y poetas, a los que me permití incorporar nueva biblio­ grafía y algunas experiencias desde el self. Ya en las sagas griegas se observa la fusión de las aguas reales con las aguas imaginarias, provocando que algu­ nos fabulistas de mitologías ‒precursores de Bache­ lard y de Roland Barthes, entre otros‒ elaboraran bellísimas cartografías literarias y marítimas. Tal vez por eso algunos lectores de este “soñador de pala­ bras” aseguran sentir una sensación oceánica cuando leen ese memorable ensayo. Como Freud empleó el concepto “oceánico” para describir un estado mental sumamente placentero producido por el yoga, pen­ sé que no puede haber lectura más afortunada que la que reconoce los beneficios que un libro le lleva a su lector. Esto no es nuevo: en su pequeño libro De cómo se salvó Wuan-Fo, Margueritte Yourcenar describe algunos de los milagros que puede hacer el arte fu­ sionado con el mar. Así, El agua y los sueños me ha provocado sensaciones semejantes aunque paradó­ jicas; por ejemplo, cuando Bachelard aborda las Na­ rraciones extraordinarias, de e . a . Poe, ese libro con el que miles de jóvenes se han iniciado en el culto que funde la belleza con el horror; fenómeno histórico que sólo se explica por una eficacia literaria que, co­ mo dice Bachelard, reúne lo

primitivo y lo eterno. En el fondo de la fascinación que siento por Poe subyacen algunas similitudes en­ tre su historia real con algunos pasajes de mi vida. Como parte de esa oscura coincidencia ‒génesis de un antiguo mal marino‒ existe un sueño que w . h . Auden consigna en su precioso libro Iconografía ro­ mántica del mar, que al paso de los años “se me ha ido mezclando” con un sueño recurrente de tsunamis. Luego, estimulado por el “método mixto” de Bache­ lard, encontré el poema “Lluvias”, de Saint-John Perse, y no menos refrescante fue volver a Moby Dick, de Melville, y a El Leviatán, de Roth –ambas obras maes­ tras forman parte del patrimonio de las mentes más plásticas que he tenido en suerte conocer. Por otra parte, un amigo muy apreciado me dio a leer la anto­ logía Sin perdón ni olvido, de Paul Celan, en la versión al español de José María Pérez Gay. Una de sus com­ posiciones más conmovedoras dice: “Madre, he es­ crito cartas, Madre, no llegó ninguna respuesta.” Abatido por los tristísimos versos del poeta rumano que se suicidó en el Sena, busqué una desdicha más atemperada por la literatura y recordé La leyenda del santo bebedor que Joseph Roth escribió con tintes de ironía antes de morir. Desde luego en el mapa bache­ lardiano no pueden faltar Las olas y Al faro de Virginia Wolf, cuya muerte (ilustrada por el título de una no­ vela de Julieta Campos) se define como una muerte por agua. Debido a situaciones como ésta, me ha re­ sultado difícil separar las aguas trágicas del Sena de Paul Celan, de las aguas festivas de Henry Miller o de las aguas metafísicas de Julio Cortázar; cuyos afluentes poéticos se comunican con el Río de la Pla­ ta de Oliveira y con el de Santa María de Onetti. Co­ mo parte de esta navegación en distintos tiempos, geografías y espejos, es ineludible mencionar al mag­ nífico poeta Nezahualcóyotl que nació y vivió en la región lacustre de Tenochtitlan y Texcoco. En esta nueva cartografía que, preciso recordarlo, es un homenaje a Bachelard, hallé de nuevo la felicidad en Novalis, quien escribió esta maravilla: “el agua es una llama mojada”. Curiosamente, los poemas que Novalis escribe en Les hymnes á la nuit me llevaron a reflexionar en los temas de la pureza y la purifi­ cación del agua propuestos por Bachelard. Desde esas aguas espejeantes llegué a La invención de Morel y, navegando en esa novela, a las artes cinemato­ gráficas. No es difícil imaginar el proceso de recep­ ción de una película como una inmersión en el agua y los sueños, además, si como dice Bachelard que hoy padecemos “más que nunca la acción de la

imagen”, con el procedimiento propuesto por Bioy Casares es posible “ver” con las palabras algunas de las cintas que no se filmaron en el Danubio, el Mississi­p pi o el Tajo, por lo que proponemos para este mapa del lenguaje las novelas río de Faulkner, de Magris y de Saramago. Mención especial mere­ ce el poema “Mar de fondo”, de Francisco Hernán­ dez, quien a propósito de Paura (heroína; especie de femme fatale creada por el poeta veracruzano cuyo nombre latino se vincula al pavor que la humani­ dad siente ante los peligros reales o ficticios) dijo: “Ella es el premio con que sueñan arponeros muti­ lados, buzos dementes y gavieros incógnitos.” Se cumple así una de las ideas geniales de Bachelard: “La primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar.” Los siguientes son los títulos de los capítulos de El agua y los sueños: i . Las aguas claras, las aguas primaverales y las co­

rrientes. Fue una sustancia, no el “tiempo perdido”, lo que salí a buscar aquella mañana en la cartografía de El agua y los sueños. Con esa mixtura bachelardiana de poesía y psicoanálisis recuperé la atmósfera de un oasis al que mi padre me llevó siendo muy pequeño. Era una colina llamada Las Fuentes Brotantes; aquel lugar estaba cubierto de ojos de agua donde con­ vivían el oro y la turquesa. En ese edén acuático de Tláloc tuve la certeza de que siempre recordaría la gloria que sólo poseían las aguas claras de la inicia­ ción en Mesoamérica. ii . Las aguas profundas, las aguas durmientes, las

aguas muertas, “el agua pesada” en la ensoñación de Edgard Poe. Todo el horror que viví cuando era adolescente, y que todavía hoy me provoca La caída de la casa de Usher, se azoga en el tenebroso espejo de agua don­ de se refleja la diabólica mansión. Poe inicia su re­ lato frente a esa fosa común de aguas muertas y en ella termina la historia del siniestro. Todo lo que representa el incestuoso deseo de Roderick Usher (por otro lado satisfecho durante el mismo proce­ so de escritura) se abre y se cierra en el inconscien­ te del lector. Para que mi espíritu infantil aceptara como posibles algu­


ard ofía de agua y sueños

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nas experiencias de este tipo, recurrí a una buena cantidad de bebidas “espirituosas” hasta que un día experimenté como propia esta sentencia autobio­ gráfica de Allan Poe: “Desde tiempos de mi niñez... no pude llevar mis pasiones desde una común pri­ mavera.” Pronto me di cuenta de que no había mejor manera de fluir con mi compleja situación anímica que “insistiendo en el agua”; por algo Baudelaire, el gran crítico de Poe, había sentenciado: “Hombre libre buscarás el mar.” Esa “sustancia madre”, como la define Bachelard, era algo que yo sin saber bus­ caba. La sensación final que me dejaban aquellas celebraciones dionisiacas era como la de mi sueño recurrente con el tsunami. Auden describe un sue­ ño de Wordsworth donde Don Quijote se aleja del sitio donde un tsunami (símbolo del inconsciente que desea hacerse consciente) está a punto de irrumpir en el desierto donde el poeta está soñando. Una riada de profundis vuelve arremetiendo con su carga. iii . El complejo de Caronte

Dice Bachelard que el “imperio de la muerte en el alma de Poe es el recuerdo de su madre moribun­ da”, y agrega que “para algunos soñadores profundos el viaje en ataúd sería el primer viaje verdadero”. Jung dice que “el muerto es devuelto a la madre para que lo vuelva a parir”. Pensé en el funeral es­ pléndido que Lord Byron le ofreció al poeta Shelley frente al mar; que dicho sea de paso, es análogo al réquiem de Quetzalcóatl, quien a bordo de una em­ barcación se incineró en el Tillan Tlapallan (el que­ madero) para convertirse en Venus, planeta cuyo sínodo irregular fundamenta la cosmovisión de Mesoamérica. Como en la cinta El barón de Munchau­ sen, donde también el romance de Vulcano con Ve­ nus se nutre de dos corrientes: de agua y fuego. A este respecto es impresionante la claridad de Bache­ lard: “Un psicoanálisis completo de la bebida […] debería presentar la dialéctica del alcohol y de la leche, del fuego y del agua: Dionisos contra Ci­ beles.” Agregaría Apolo- Afrodita y un estudio completo del enigmático Espejo humeante. iv . El complejo de Ofelia.

He visto una docena de litografías y pinturas de suicidas amorosas. En esta cartografía, esas jóvenes muertas van a la deriva y son representa­ das por el personaje de Ofelia, cuyo nombre significa “la que socorre a otros”. Ella, a la que Shakes­ peare hizo representar el

papel de una mujer desequilibrada ‒y sospechosa de pecado‒, ofrece una coartada inmejorable a un prín­ cipe Hamlet asexuado y paradigma del hombre con­ temporáneo para eximirlo de la culpa. v . Las aguas compuestas se ligan con la supremacía

del agua dulce. Dicha fusión la viví en un litoral salvaje del Istmo de Tehuantepec. Una noche, después de navegar en las aguas del Mar Muerto, encontré refugio en una islita. Enfrente de mí, como si reventaran en el más allá, escuchaba las olas del mar abierto. Al amanecer su­ peré una barra dorada que divide al Mar Muerto del Océano Pacífico, azul y vivo de Tehuantepec. Luego caminé muerto de sed por una playa, hasta que encon­ tré un pozo de agua dulce. Como dice Bachelard, “es­ taba viviendo el largo sueño del enlace”. vi . El agua maternal y el agua femenina.

En el fondo del mar, muy cerca de Acapulco, ha­ bita una Virgen de Guadalupe. Hace medio siglo mi padre me llevó a conocerla en una lancha con fondo de cristal. En la película Inteligencia artificial un an­ droide –construido con el mismo control de calidad de los “replicantes” de Blade Runner‒, es decir dotado de sentimientos superiores a los del promedio huma­ no, aguarda durante siglos bajo el mar a que reviva una escultura que ha confundido con su madre. El santo bebedor muere intentando pagar un préstamo que no pidió, mientras contempla con la mente su­ mergida en alcohol a Santa Teresita de Lisieux.

vii . Pureza y purificación. La moral del agua.

Sueño. Dentro de una gruta mi padre me invita a bañarme en una poza de aguas termales ambarinas. De la bóveda se desprenden siete esqueletos como los que aparecen en la película Jasón y los argonautas. Una energía, a la que sólo puedo definir como la di­ vinidad, mata a las muertes que estaban empotra­ das en la “bóveda craneal”. Mi padre y yo navegamos sobre unas aguas azul marino en una fragata que transporta botellitas de Old Spice. viii . El agua violenta.

La naturaleza de este vehículo puede referirse al Maelstrom, que en su expresión de mayor octanaje es producido por el agua ardiente. De estas aguas conviene explicar algunos mitos y el comporta­ miento de tres héroes civilizatorios. En Mesoamé­ rica encontramos a Quetzalcóatl bebiendo pulque y teniendo relaciones sexuales con su hermana, la encantadora Quetzalpetlatl. Atravesando el océa­ no, llegamos a la patria de Arturo que vive una his­ toria parecida con Morgana. Dionisos, cuya icono­ grafía en su viaje de regreso a India lo muestra navegando viento en popa impulsado por una rama de vid, a diferencia de Alejandro Magno, quien fi­ nalmente fue derrotado por los místicos guerreros de India, no tuvo que luchar para conquistarlos. La historia de la humanidad enseña que los devotos de Dionisos suelen ser proscritos y deseados. Algunos de sus avatares trágicos son Rimbaud, Nijinsky y Jim Morrison, quienes forman parte de un grupo de artistas superiores. viii . La palabra del agua

Con este tema Bachelard cierra su ensayo. Es el agua que viene de las fuentes y la lluvia, es el agua del “lenguaje fluido”, como dice este ver­ so del Martín Fierro: “Las coplas me van brotan­ do como agua de manantial”, o también esta balada de Saint John Perse: “Vosotras, las que limpian a los muertos, en las aguas madres de la mañana… lavad también la faz de los vivos; la­ vad, ¡oh lluvias! la faz triste de los violentos…” lo cual significa, casi sin que me dé cuenta, de que he regresado a la gloria de Las Fuentes Brotantes •

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leer El nuevo malestar en la cultura, Hugo José Suárez et al., Instituto de Investigaciones Sociales de la unam/unam, México, 2012.

EL SUJETO Y SU LIBERTAD RICARDO GUZMÁN WOLFFER

Establecer que en toda sociedad actual y en cada persona hay un manto de inseguridad y malestar no es novedoso, el tratamiento sí. Cada individuo tiene sus preocupaciones. Muchos sufren por ello: no obtienen la felicidad. Para quienes tienen resueltos los insumos básicos (comida, techo, salud, etcétera), esa dificultad existencial deriva del desajuste con la sociedad y sus requerimientos, lo mismo representados por la familia que por los políticos o por esa red invisible que “lo social” nos coloca encima. Durante siglos, el individuo podía encajar en los sistemas institucionales de

Hugo Gutiérrez Vega, David Olguín, Ediciones El Milagro, México, 2012.

DE TEATRO Y MUCHO MÁS ANTONIO SORIA

En el número 919 de este suplemento –14 de octubre–, en su columna “La otra escena”, el crítico de teatro Miguel Ángel Quemain dio cuenta de la aparición en librerías de este volumen, preparado y editado por el dramaturgo David Olguín, pero en realidad escrito por la voz de Hugo Gutiérrez Vega; es decir, lo que el lector encontrará es el trasvase de una rica y amplia conversación sostenida entre Gutiérrez Vega y Olguín. Que haya sido Quemain, en su espacio dedicado a las artes escénicas, quien se ocupara primero de noticiar la publicación del libro, es un hecho de absoluta lógica: el hilo conductor o corriente principal del río de palabras aquí vertido es el teatro y todos sus avatares, en el entendido de que el director de este suplemento ha sido y, aunque ya sus pies han dejado de pisar el escenario, en más de un modo sigue siendo gente de teatro. Lo demuestran todas y cada una de las páginas, los párrafos y las frases, pero sobre todo las evocaciones, los recuerdos, la valoración general y particular, el registro puntual que Gutiérrez Vega realiza, de la etapa que le tocó vivir, como protagonista y testigo involucrado, del ámbito teatral mexicano.

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control (iglesia, familia, escuela), pero ha dejado de funcionar; peor cuando el sentido de pertenencia a una Patria es obscuro e insuficiente. ¿Qué debe hacer el individuo ante esta sociedad insaciable? Incluso en situaciones extremas (la voracidad delincuencial y la ineptitud-complicidad oficial): comprenderse para situarse ante las posibilidades de su individualidad. Este notable texto colectivo se plantea tres preguntas: ¿qué es y de dónde viene el malestar cultural?, ¿qué consecuencias tiene?, y ¿qué hacen los individuos para enfrentar ese malestar que se refleja en cada uno? Con herramientas basadas en el uso de la filosofía y otras disciplinas, iniciamos este indispensable viaje a la interioridad para ir comprendiendo las causas y los efectos de aquello que nos hace sufrir, donde la causa esencial es la falta de comprensión sobre el tiempo y el lugar que habitamos, sobre los requerimientos sociales hacia el individuo de la era digitalizada y subjetivista, y la forma de vivir esa promesa, fallida por genérica, de que todos seremos felices y tendremos ac-

ceso a los medios (los derechos culturales: educación, salud, información, alimentación, distracción y muchos etcéteras) que suponemos nos darán el Estado y todos los que nos rodean para estar en posibilidad de lograr ese bienestar personal. En una secuencia didáctica, cada uno de los textos resulta revelador y reafirma a los anteriores para establecer al entendimiento de sí mismo como base para iniciar ese verdadero camino a la felicidad interior y social. Cada capítulo-ensayo da pauta para mucho análisis, pero tienen la virtud de obligarnos a vernos como individuos que, de muchos modos, no somos los mismos conforme la sociedad cambia, y que esto de sentirse mal no necesariamente significa que, como individuos, estemos mal. Sin duda habrá herramientas útiles para combatir esos mensajes que la cultura nos manda (destaca lo relativo al “garantizado” futuro bienestar; y la sensación de que ni dominamos el presente, ni llegamos a ese futuro), pero es necesario comprender nuestras circunstancias (exteriores e interiores) para empezar un trabajo interior que puede durar toda la vida: tener la felicidad prometida. Una indispensable recopilación para vislumbrar la ruta interior •

En materia teatral remítase el lector, entonces, a la citada columna –y sobre todo, claro es, al libro mismo–, pero complemente aquella visión, de suyo intensa y vasta, con la que quiere proponerse en estas líneas: tratándose, como se trata, de la voz de uno de los principales protagonistas del ámbito literario e intelectual mexicano, necesariamente sucede que el recuento de sus theater days es, al mismo tiempo, una instantánea o, quizá mejor dicho, un paisaje, pintado al fresco, de dicho ámbito. A la manera de un proceso deductivo, puede afirmarse que si bien las palabras de Gutiérrez Vega pormenorizan los quién, los qué, los cuándo y los cómo de un flanco luminoso y memorable de la vida escénica mexicana, esas mismas palabras sirven igual de bien para calibrar el espíritu, las rutas y el ritmo seguidos por quienes, abarcando lo mismo al teatro que a las letras, la música, la pintura, etcétera, han tenido a cuestas el quehacer del arte y el pensamiento mexicanos de las décadas más recientes. Apuntala esta afirmación un dato consignado también en el volumen: desde mediados de la década de los sesenta hasta entrados los noventa, Gutiérrez Vega es, en sucesión o todo a un tiempo, diplomático en funciones –consejero cultural, cónsul, embajador–, director y actor teatral, funcionario cultural de la unam , catedrático universitario y siempre, fuera y dentro de México, poeta en funciones, por así decirlo. Tal multiplicidad de perspectivas reunidas en una sola mirada le ha conferido a Gutiérrez Vega la capacidad de ver, como un conjunto y no como una colección de pedacería suelta, el Todo Cultural mexicano del cual, preciso es reiterar, él mismo

es actor y testigo privilegiado. Esa es la visión que, paralela o adyacente a la del teatrero, compartirá el lector mientras avanza entre citas, nombres y recuerdos: la visión panorámica de una época o, en términos más eficaces, de un estado de ánimo intelectual, ni más ni menos que ese de donde procede nuestro presente más vivo. Al mismo tiempo, inevitable y gozosamente, el volumen funciona también a manera de biografía, a la que no ajusta del todo el prefijo “auto” por una sencilla razón: para que le ajustara por completo deberían estar aquí los datos, los detalles, la evocación del propio Gutiérrez Vega, de todo lo otro que no sea teatro, y que es mucho, como es obvio concluir de la ya mencionada multiplicidad de intereses, actividades, responsabilidades y cargos ocupados por este intelectual. Comenzando por el lugar que le corresponde en términos literarios –la lista de sus reconocimientos, larga, se ofrece a manera de apéndice en este libro y es obligado mencionar que ahí destaca la ausencia del Premio Nacional de Literatura, ausencia sólo explicable por ajena ceguera o mezquindad–, siguiendo con sus quehaceres en calidad de diplomático y funcionario cultural, y prosiguiendo con los que corresponden a su faceta de periodista de larga data. A propósito de lo último, vaya desde estas líneas una felicitación por el reciente ingreso de Gutiérrez Vega como miembro de número a la Academia Mexicana de la Lengua, así como por el Premio Nacional de Periodismo Carlos Septién García 2012, que sumado al Premio de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2010 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, así como al Premio Nacional de Periodismo 1999, acaso lo vuelve el único poseedor de los tres reconocimientos periodísticos más importantes de cuantos se conceden por estos lares •


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leer

Jornada Semanal • Número 920 • 21 de octubre de 2012

Teoría de las catástrofes, Tryno Maldonado, Alfaguara, México, 2012.

CUANDO TODO ESTÁ EN CONTRA JORGE ALBERTO GUDIÑO HERNÁNDEZ

La importancia del contexto dentro del discurso narrativo está sujeta a la voluntad del autor. Tan es así que no resulta extraño toparse con novelas que se desarrollan en un sitio pero bien podrían discurrir en otro lugar. En ellas, la época y dónde suceden los acontecimientos no tiene mayor relevancia. Existen otras narraciones que, por el contrario, incorporan de forma prominente el cronotopo en el que se desarrollan. Así, el ambiente se vuelve un elemento tan importante como los mismos personajes. Ya serán éstos los encargados de transitar las calles, de observar el color del

Señales debidas, Guillermo Sheridan, fce ,

México, 2011.

ARROJAR LA PRIMERA PIEDRA RAÚL OLVERA MIJARES

Ecos de otros libros, fruto de una larga y provechosa carrera como investigador, alternada con la tarea en revistas como fiel y agudo cronista de su tiempo, vuelven la selección de textos, anclada alrededor del eje temático de Contemporáneos (1924-1933), de interés para el estudioso de las letras mexicanas. El volumen que reúne textos sobre José Juan Tablada, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Julio Torri, Jorge Cuesta, José Bergamín, Pedro Salinas, Federico García Lorca, Bernardo Ortiz de Montellano, Gilberto Owen, José Go-

cielo o de dejarse llevar por las pasiones del resto de los habitantes. Dentro de este particular, cada uno de los elementos externos se va sumando a la carga vital de los protagonistas, de forma tal que la independencia entre ambos se vuelve imposible, de tan enraizados que están los unos con el medio en el que habitan. Tryno Maldonado (Zacatecas, 1977) siembra a sus personajes en un contexto al que han llegado casi sin querer: el conflicto magisterial de Oaxaca en 2006. Mariana y Anselmo llevan casi tres años viviendo juntos cuando las catástrofes llaman a sus puertas. Ellos nada pueden hacer para evitar los movimientos de los líderes sindicales, sus peticiones absurdas, la violencia del Estado o los grupos de acarreados que se suman al conflicto. Aunque son profesores, viven fuera de los privilegios de los sindicatos. Tanto, que él pronto pierde su trabajo y ella se dedica a dar clases esporádicas. Es un ambiente difícil, propicio para las catástrofes. Mismas que irán mermando su relación. Más allá de las convicciones de Anselmo que sabe que

el amor no dura más de tres años, lo cierto es que tampoco hace mucho para mantenerlo. Primero, porque deja en Mariana la responsabilidad de su sustento. Segundo, porque se integra a un extraño grupo de choque donde se topa con Julia, una muchacha de la que terminará enamorándose. Tercero, porque parece tener una extraña habilidad para meterse en problemas. El contrapunto está en la casa de Roberto y Phailin, un matrimonio extranjero asentado en Etla que les pide clases para Devendra, su pequeño con alguna disfunción cognitiva. Ahí encontrarán la luminosidad, pero iniciarán una odisea que no será sino una prolongada caída al abismo. Tryno Maldonado sabe sumar catástrofes para integrarlas en una sola línea narrativa. Con ello nos permitirá acercarnos al desgaste que existe entre dos personas que estuvieron enamoradas pero no supieron sobrellevar la cotidianeidad, sobre todo cuando se nutrió de problemas. Además, sumará niveles de lectura entre los que se encuentra una visión crítica del conflicto magisterial, el dibujo de un escenario habitable, un rápido curso de papiroflexia y el diseño de un personaje tan entrañable como inasible. Tryno se confirma, pues, como un sólido narrador que conoce bien el oficio de contar historias •

rostiza, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Enrique González Rojo y Jaime Torres Bodet. El estilo de los textos es solvente aunque de variada extensión, desde dilatados ensayos de tono académico con las consabidas notas a pie de página y demás referencias bibliográficas, hasta artículos relativamente breves y ágiles pero cuajados de frases candentes y sesudas a un tiempo. Editor entre otras encomiendas honrosas e incluso redituables del epistolario de José Gorostiza, más tarde también editor de su Poesía completa (1996), Sheridan se detendrá en el carácter taciturno, de profunda melancolía, casi neurótico por parte de Gorostiza; este detalle más la digresión acerca de los “Poemas inconclusos”, descubiertos originalmente e incluso estudiados a fondo por Mónica Mansour, dicen mucho del carácter de Sheridan: por una parte, la consonancia con las ideas de Paz sobre Gorostiza, cuyo tenor fue cambiando con el tiempo, culminando en cierta descalificación, comprensible envidia de cofrade y, por otra parte, el celo profesional respecto de una colega. Célebre por sus juicios lapidarios, formu-

lados en frases subidas de tono, el autor vapulea a Salvador Novo e incluso al editor de sus inacabadas memorias a manera de novela, La estatua de sal (1998), Carlos Monsiváis, por sus compromisos políticos y su adhesión al régimen de Díaz Ordaz durante el conflicto estudiantil de 1968. Recordando una entrevista publicada en 1965, Sheridan recoge este pasaje de severa autocrítica que exculparía hasta cierto punto a Novo: “Quiero […] confiarle la desoladora convicción de que mi vida como escritor ha sido un verdadero fracaso. […] creo haber sido dotado por la naturaleza y bendecido por Dios con facultades de imaginación, de sensibilidad y de capacidad creadora que no he sabido aprovechar debidamente en la producción de la Obra Maestra con que todos soñamos y con que todo artista debe tender a justificar su presencia transitoria en el mundo.” La lección moral que pretende impartir el hombre de letras es ejemplar: derrochar con el periodismo las dotes que un escritor ha recibido no lleva a nada. Es evidente que ninguno, dedicado a escrutar y discernir la obra ajena, es decir el trabajo de excepción escrito por otros, se halla exento de caer en el cultivo ancilar –no puro– de las propias capacidades escriturarias. Monsiváis, al menos, fue autor de una obra satírica y burlesca, Nuevo catecismo para indios remisos (1982) •

LUCES Y SOMBRAS de Felisberto Hernández Carina Blixen, Alicia Migdal y Ana L. Valdés

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Entrevista con Ignacio Solares jsemanal@jornada.com.mx


Prolegómenos (ii y última) El documento “Prolegómenos a un manifiesto del realismo mara‑ villoso de los haitianos”, de Jacques Stephen Alexis, presentado en 1956 en el Primer Congreso Internacional de Escritores y Artistas Negros, prefigura algunos de los temas que se discutirían más tarde en el ámbito del marxismo. Lo interesante es que él no cuestionaba a los comunistas ortodoxos ni a la llamada estética marxista, pero la sorteaba para presentar una tesis que siguiendo muchos princi‑ pios y planteamientos del materialismo histórico, señalaba rutas nuevas. Desde luego que desde Marx se había librado la discusión en torno a cuestiones estéticas, y no fueron pocos los que se aven‑ turaron (Lunacharski, Plejanov, Gorki, Lukacs) y hasta normaron la cuestión, pasando del nefasto realismo socialista al realismo crítico; no obstante fue más o menos por el 57 cuando se inician los deba‑ tes más serios al respecto, cuestionando las visiones estrechas y dogmáticas de la llamada “estética marxista”. Alexis era militante comunista desde la juventud, y siguió siéndolo hasta su muerte, ocurrida en 1961, cuando regresó a Haití para encabezar la revolu‑ ción y lo aprehendieron los tonton macoutes duvalieristas, quienes lo torturaron y asesinaron. Por 1957 se acentúa el debate sobre la estética marxista, y au‑ tores como Garaudy, Gisselbrecht, Sartre y muchos otros cuestio‑ naron lo que hasta ese momento se había considerado como tal, por lo mismo, de alguna manera reivindicaron obras tachadas de burguesas o decadentes por los comunistas dogmáticos. El rasero que éstos habían utilizado tenía que ser destruido. De ahí que un comunista militante desde su adolescencia, como Alexis, presen‑ tara planteamientos que se salían de la “línea del partido”. Pero no sólo eso. Presentó su escrito en el Primer Congreso de Escritores y Artistas Negros no obstante puntualizó que esa idea de la negritud era un concepto populista o manejado por la clase gobernante (al menos en Haiti) cuando le convenía, de ahí que demandara eliminar toda connotación racista, rescatar el carácter de clase de la lucha que deberían librar los artistas y escritores, pero sin caer en los esque‑ mas impuestos por los supuestos teóri‑ cos y papas de la estética marxista. Frente a aquellos que privilegiaban “el realismo” en contraposición con lo fantástico, lo mágico, etcétera, argu‑ mentando que esas eran expresiones de sociedades primitivas, o actitudes me‑ tafísicas, Alexis exclama: “¡Maldito sea el realismo analista y razonador que no conmueve a las masas! ¡Bendito sea un realismo vital, ligado a la magia del universo, un realismo que estremezca no sólo el espíritu, sino también el cora‑ zón y los nervios!” Por lo menos las pa‑ labras magia y espíritu seguramente les provocaron un soponcio a muchos comunistas. Ahogados por el dogma no tomaban en cuenta que el realismo de Alexis no era un realismo artificial, falso, sino un realismo verdaderamente realista y de acuerdo a su realidad in‑ mediata, pues “El arte haitiano presen‑ ta… lo real con su cortejo de objetos extraños, fantásticos, de ensoñación, de penumbra, de misterio y de mágico…” Y más adelante agrega: “¿qué es en‑ tonces lo Maravilloso, sino el imaginario en el que un pueblo envuelve su expe‑ riencia, refleja su concepción del mundo y de la vida, su fe, esperanza, su confian‑ za en el hombre, en una gran justicia, y la explicación que le encuentra a las fuerzas antagónicas del progreso? ”Y al ser el pueblo haitiano un crisol en que se mezclan sustratos taínos, africanos, es‑ pañoles, franceses, y de otras culturas occidentales, predominando lo africa‑

no, el vudú es algo arraigado en ellos, por lo tanto es un aspecto de sus más fuer‑ tes creencias y sería absurdo ignorarlo; algo similar ocurre con los zombies. Sey‑ mour Menton afirma que Alexis censu‑ raba (o condenaba, no recuerdo bien qué expresión utiliza) esa creencia, aun‑ que, como veremos en otra ocasión, está presente en sus textos. Creo que Alexis no condena ni niega la cuestión de los zombies, sino que los despoja de su carácter demoniaco, pues para él los zombies son individuos con exiguas facultades mentales, con deficiencias o minusválidos. Toma cierta distancia al jugar con la ambigüedad, pues en‑ tonces no habían avanzado tanto las investigaciones al respecto, pero co‑ mo médico especialista en neurología es posible que intuyera raíces físicas o materiales en este fenómeno y recha‑ zara categóricamente que eran pro‑ ducto de los “poderes” de un santón o brujo, mucho menos, como ya dije, se trataba de una cuestión diabólica. En pocas palabras, estos prolegómenos merecen un buen análisis •

21 de octubre de 2012 • Número 920 • Jornada Semanal

Ana García Bergua Fronteras Tres escritoras están paradas frente a la orilla del Río Bravo en la ciudad de Matamoros. Es de noche, una luna enorme y llena brilla en el cielo limpísimo. Los márgenes del Bravo, cubiertos de hierbas altas, y las aguas casi imperceptibles, bajas y silenciosas, invitan a cruzarlo. ¿Qué más daría? Se ve tan fácil… unos cuantos pasos y estás ahí, allende la frontera, donde todo es mejor, seguro, libre, di‑ cen, no como en estas calles vacías en las que no deberíamos estar a estas horas. Nuestra gentil anfitriona nos dice: del otro lado espe‑ ran los polleros y los narcos. Te cobran por cruzar. Y más allá, la migra estadunidense cumple con su parte. El cruce es, entonces, un es‑ pejismo. Aquí todo se ve despoblado, pero seguro alguien nos está mirando. Y muchos se encuentran ocultos entre las hierbas de la ribera, esperando la hora oportuna para pasar. Parece inverosímil en este camino tan bello donde una persona se arriesga a correr para hacer deporte, donde nos detenemos a admirar el paisaje tras el río, con las calles vacías a la espalda, her‑ mosas casas abandonadas desde tiempo ha; otras adquiridas, nos dicen, por “los muchachos”. El paisaje idílico está sembrado de ojos, la promesa del cruce a una vida mejor para tantos anhelos, como esos manjares de los cuentos, tan apetitosos, ha sido envenenada. Evoco la frontera de Tijuana que conocí hace algunos años, el muro sembrado de cruces para que nadie olvide la tragedia que para tan‑ tos es y ha sido cruzarla. El momento, aquella vez, cuando el chofer que me llevaba al aeropuerto me dijo: “Tenemos tiempo, ¿quiere pasar al otro lado? ”Y la sensación de aventura que me embargó de sólo pensarlo, pues nunca había cruzado por tierra. Pero no me ani‑ mé, no traía yo pasaporte aquella vez. Ahora todas –es decir, Mónica Lavín, Claudia Hernández de Valle Arizpe y la que escribe estas líneas– traemos los papeles necesarios, pues para ir de Matamoros a Nuevo Laredo con nues‑ tra charla sobre “Apetitos literarios”, tenemos que via‑ jar del lado estadunidense. Y ese lado, también, tiene un aire muy ilusorio: los malls enormes, los restau‑ rantes de hamburguesas y comida mexicana o china, los vistosos anuncios de a b o g a d o s co n a p e l l i d o mexicano (muchos por lo que se ve, con todo y foto), las colonias de trailers que algún día –o nunca– serán casas. Sólo los que vienen de Michoa‑ cán o de Guanajuato construyen sus ca‑ sas de cemento, aquí todo es de madera, me comenta nuestro amable chofer. ¿Y la gente? Aquí tampoco hay gente, aquí también están las calles vacías, pero por otras razones: todo está tan lejos, que los gringos van a todas partes en coche. Y sí, estos son los paisajes largos que hemos visto en tantas películas, el aire lángui‑ do bajo el sol que respira entre construc‑ ción y construcción. La gente hormi‑ guea en el interior de las tiendas, de los malls de McAllen a donde se cruza para comprar trapos a buen precio, de los ne‑ gocios de construcción. Me pregunto dónde hormiguearán los que surcaron anoche la frontera por el linde del río que mirábamos bajo la luna llena; quizá algunos llegaron a los consultorios de los abogados. Quizá otros no llegaron. A esta altura, el lado mexicano en lí‑ nea paralela es tierra de nadie, nos cuentan: “nadie” son los polleros, los narcos, la carretera vacía asaltada por ban‑ didos, como la diligencia que en el siglo xix trataba de llegar a Veracruz. Bandidos nada simpáticos, los autores de un cal‑

PASO A RETIRARME

Orlando Ortiz

PROSA-ISMOS

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vario junto con quienes han agravado las cosas al punto de cederles la potes‑ tad del territorio. Así viajamos, escu‑ chando voces: si ven gente armada, us‑ tedes hagan como que no vieron nada y sigan a sus cosas; en los restaurantes no hablen fuerte de los narcos; uno nunca sabe quién está en la mesa de al lado; en este lugar conozco a los meseros, pero no a los cocineros. El paisaje vacío por el miedo, los convoyes militares con un soldado apuntando al frente y a lo que sea, que recorren la frontera norte, Gue‑ rrero o Veracruz. La gente que a las ocho de la noche está guardada en sus casas y que sin embargo acude, también en Nuevo Laredo, a escucharnos en la be‑ llísima Estación Palabra que inauguró García Márquez y que esperemos no descuiden las autoridades locales, pues es una semilla de paz y civilidad ahí donde la guerra del narco ha arrasa‑ do como la langosta. Una semilla como el Festival Tamaulipas al que fuimos amablemente invitadas. Ya Mónica re‑ lató nuestra experiencia en El Universal, pero yo insisto; en el vacío aparente, lo que más retumba son los ecos •

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Alonso Arreola alarreo@yahoo.com

Beatboxing, la espeleología vocal El llamado beatbox es una actividad sonora tan antigua como el hombre mismo. Es la máxima expresión de la voz humana y una de las más vitales e interesantes formas musicales de nuestro presen‑ te. Se trata de la generación de ritmos y creación de sonidos con innumerables puntos de articulación de la lengua (de la lengua como músculo) que, en simultaneidad con las cuerdas vocales, logra mezclar hasta cuatro diferentes timbres a un mismo tiempo. Algo verdaderamente notable que cada vez más personas están de‑ sarrollando y que ha alcanzado un punto de popularidad nunca antes visto. Así como hay batallas de rap en los clubes under de toda gran ciudad (sí, a la manera de Eminem en su película 8 Mile), también han cobrado fuerza los campeonatos nacionales y mundiales de beatboxers, muchas veces televisados y bien patrocinados, en foros donde los intérpretes se enfrentan uno a uno sobre el escenario para llevar al límite sus capacidades como “cajas de ritmos”. Porque de allí viene el beatboxing, de la suplantación que estos hombres (casi no hay mujeres) hacen con su voz al no contar con máquinas o músicos a su lado. O sea que todo empezó con un puro tum-pa (velar-bilabial, dirían los lingüistas), para luego progresar hasta lo inverosímil, hasta la perfecta imitación de helicópteros, motocicle‑ tas, trompetas, flautas, campanas, bajos y un interminable etcétera. Normalmente involucrados con quienes hacen scratch en tor‑ namesas (ritmos “arañados” sobre vinilos o cd’s), al igual que con hiphoperos y bandas alternativas, hoy por hoy los beatboxers aparecen en programas de televisión matutinos, en foros antes reservados para instrumentistas virtuosos, y reciben millones de visitas en in‑ ternet, su mayor fuente de popularidad. Hay que decir, para explicar el fenómeno que, más allá de la música que hacen, funcionan ejem‑ plarmente como entretenimiento masi‑ vo, pues su oficio apela, como diría Tom Waits, a lo que “tiene la fuerza primaria de la alegría”, asombra a propios y extra‑ ños de todas las edades y nos recuerda que todos tenemos una voz, un cuerpo con las mismas características y que no debemos depender tanto de la tecno‑ logía. Ya lo hemos dicho antes en este mismo espacio: el poder de los límites es inagotable. Y hoy complementamos: la fuerza de la soledad también. Mencionemos entonces algunos ejemplos para que el lector vaya, bus‑ que, se asombre y diga en una próxima conversación: “tienes que ver a estos ti‑ pos” (y sí, dijimos “ver”). Ponemos sobre la mesa los nombres del francés Eklips, el búlgaro Skiller (actual campeón del mundo), el belga Roxorloops, el aus‑ traliano Joel Turner y el británico Dave Crowe. Son algunos de los que encon‑ trará gracias al hipertexto y la enloque‑ cida asociación de internet. Sin embargo, hay alguien especial a quien debemos destacar. Ha‑ blamos del Beardyman (Hom‑ bre Barbudo), el más singular de los beatboxers que hayan existi‑ do y pretexto principal de esta columna. Nacido en Inglaterra hace treinta años, Darren Foreman –su nombre real– ha mezclado tres elementos infalibles: un talento musical sólido, una capacidad histrió‑ nica envidiable y un sentido del humor original. Y el asunto no para allí. Aunque la filosofía de sus colegas ortodoxos exige mantenerse en el tinglado con un solo micrófono, el Beardyman se ha vuelto experto incorporando tecnolo‑ gía a su show. Patrocinado por Korg, echa mano de controladores midi y pe‑

d a l e r a s c o n e fe c t o s, a s í c o m o d e l Kaosspad y el Kaossilator, instrumentos con pantallas táctiles que permiten gra‑ bar sonidos en vivo para repetirlos, afectarlos y superponerlos. Con toda esta parafernalia, Foreman se convier‑ te en un hombre orquesta, pero al cubo, haciendo reír y bailar a miles de perso‑ nas en festivales de electrónica, de rock, de pop y hasta de comedia. Campeón de beatboxing en el Reino Unido en los años 2006 y 2007, jurado en 2008, creador del concepto battlejam para involucrar a la propia audiencia en sus locuras escénicas, lo mejor del Bear‑ dyman se halla en las ocurrencias que ha tenido al interactuar –a través de guiones bien definidos– con los objetos de una cocina, de un supermercado o de una biblioteca. Todo ese material está disponible para verse en la red. Asimis‑ mo, ha sido telonero de Groove Armada, ha presentado un par de shows cómicos

(Beardyman’s Complete and Utter Shambles y Beardyman’s Unplanned Explosion) y dejó con la boca abierta al Royal Albert Hall en 2011. Así que para ponerse de buenas este domingo, si tiene una computadora cer‑ ca, teclee “Beardyman” y deje que su son‑ risa sea el punto de contacto entre los tiempos de las cavernas y el futuro. Coco-co-confíeeeeeen nosotrossssssss •

Luis Tovar cinexcusas@yahoo.com

Dicotomías de un cineasta En abono a la siempre saludable pero no siempre ejercida mesura, es preciso contradecir a Tim Roth, director del jurado que, hace cin‑ co meses en Cannes, concedió el más sonado de los varios galardo‑ nes internacionales que hasta el momento ha recabado Después de Lucía (2012), segundo largometraje del productor, guionista y di‑ rector mexicano Michel Franco. Conviene contradecirlo –evidentemente fascinado, Roth come‑ tió el exceso de afirmar que “descubrimos una obra maestra”– por varias razones, entre las cuales la menor no es el riesgo de que Fran‑ co, así halagado, se la crea –dicho en buen mexicano– y eso acabe perjudicándolo. Si Después de Lucía en efecto fuese una obra maes‑ tra, para su realizador será mucho muy difícil ya no se diga mantener ese nivel en el resto entero de la producción que de aquí en más entregue, sino al menos repetir la proeza, lo que en otros términos querría decir que de hoy en adelante su nivel forzosamente irá en descenso. Obra maestra de ningún modo pero sí un filme bastante bien concebido, escrito, producido, filmado, postproducido y, cabe añadir, difundido, publicitado y promocionado. También, un salto cualitativo notable para su creador, que ha dejado atrás, y sobra‑ damente, las innegables insuficiencias que aquejan a su primer largometraje de ficción, Daniel y Ana (2009). Lineal y directa lo mismo en su planteamiento dramático que en su ejecución formal, la cinta tiene claros el punto de salida y el de llegada tanto de la trama como del sustrato emocional que la deto‑ na, la nutre, la sostiene y la explica: esta es una historia de rupturas y silencios involuntarios, de incomunicaciones fundamentales e imposibilidades –quizá, mejor dicho, impotencias– profundas; de diferencias aparentemente insalvables que se manifiestan en diversos órdenes: el primero y más evidente, generacional, entre un pa‑ dre y su hija adolescente; el siguien‑ te, de importancia equivalente o inclusive quizá mayor, intergenera‑ cional, entre dicha adolescente y sus pares en edad, condición socioeco‑ nómica y, se supondría, intereses, preocupaciones, preferencias, gus‑ tos y demás rasgos de perfil socio‑ demográfico. Otra diferencia o dicotomía de as‑ pecto irresoluble, nudo hecho con los hilos de las dos anteriores, es aquel en donde la película entera desemboca: el modo en el que uno de los protagonis‑ tas vive un gravísimo conflicto, y el modo en el que el otro protagonista pretende “resolver” dicho conflicto, es‑ calado a las elevadísimas cotas que suele prohijar la irracionalidad implíci‑ ta en cualquier conducta agresiva, pre‑ cisamente a consecuencia de la referi‑ da y poliédrica/polisémica disyunción entre iguales que acaban por no ser‑ lo en absoluto. El director resolvió mostrar esas di‑ cotomías en un manejo del espacio cla‑ ramente dividido: los ámbitos, los luga‑ res del padre recién enviudado y la hija en consecuencia reciente huérfana de madre, a pesar de estar no sólo juntos sino, de hecho, ser naturalmente coexis‑ tentes, parecieran no tocarse. Adya‑ centes pero disociados, tales ámbitos no son sólo físicos, como tan evidente lo deja ver un sinnúmero de encuadres, sino también y sobre todo psicológicos, internos. Nueva dicotomía: cada uno de los deudos –ella de su madre, él de su esposa– proviene, emocionalmente hablando, de una pérdida que es una y la misma, pero sus modos de afrontarla son altamente dispares. Más adelante,

CINEXCUSAS

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y para el infortunio de cada uno por su lado, al final del camino sus conductas, sus silencios y sus impotencias termi‑ nan por volver a encontrarse, sólo que bajo la figura de un acto trágico más, que no resuelve, salvo en apariencia, el dolor causado por la pérdida original. En el ínter de esta trama que con tan‑ ta fuerza –y hasta belleza– expone la di‑ ficultad de sobrellevar el duelo por una pérdida fundamental; que plantea con tanta elocuencia lo insalvable que a ve‑ ces puede ser la distancia entre dos dis‑ tintas perspectivas de un mismo acon‑ tecimiento o una misma realidad… en el ínter, pues, se desarrolla eso que Medio‑ mundo, incluso el propio realizador, ha considerado la nuez temática del filme: el bullying padecido por el personaje Alejandra, vengado sin reparar en conse‑ cuencias por el padre. A despecho de una lectura que, de quedarse ahí, pecaría de superficial, menester es decir que el planteamien‑ to del bullying, con todo y ser convin‑ cente, acaso sea el aspecto menos lo‑ grado, tanto a nivel de guión como de realización, de una cinta muy meritoria en conjunto, que es como conviene ver el cine, y no a la manera de Yasonmu‑ chos, que luego salen con sonseras tipo “la historia no me convenció pero qué bien están los actores” •


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Naief Yehya naief.yehya@gmail.com

LA JORNADA VIRTUAL naief.yehya@gmail.com

Festival de Cine de Nueva York: Ang Lee y Michael Haneke Se dice fácil: medio siglo El Festival de Cine de Nueva York (nyff, por sus siglas en in‑ glés) que organiza año con año la Film Society del Lincoln Center, cumple este año su primer cincuentenario de mos‑ trar cine de vanguardia, experimental y una inmensa va‑ riedad de propuestas originales y valientes, así como una muestra de unos cuantos éxitos comerciales relevantes. El festival no es competitivo y tiene un formato compacto, no se extiende por docenas de cines ofreciendo cientos de películas como otros festivales y se limita a mostrar una treintena de filmes. En esta edición han añadido a la selec‑ ción oficial una serie de obras maestras que van desde Las puertas del cielo, de Michael Cimino (1980) hasta Satyricon, de Fellini (1969), así como una sección de documentales y ensayos fílmicos, que incluye Room 237, de Rodney Ascher, en donde se hace una exploración de los presuntos símbo‑ los ocultos en El resplandor, de Kubrick, y cintas sobre ci‑ neastas como Roman Polanski: Odd Man Out, de Marina Zenovich (2012) y sobre la relación entre Liv Ullman e Ing‑ mar Bergman en Liv and Ingmar, de Dheeraj Akolkar (2012).

Un joven, un tigre, un enorme océano En esta ocasión el festival abre con la esperada adaptación de la novela de Yann Martel, Life of Pi, de Ang Lee. Como en otras ocasiones en que se trata de eventos sobrepromocio‑ nados, un aire enrarecido rodea esta propuesta y resulta difícil acercarse sin expectativas exageradas o agudos pre‑ juicios. La cinta está en tercera dimensión y visualmente es espectacular: las tormentas en el mar, los animales, el dise‑ ño sonoro y de producción son memorables; lo que no es

A LÁPIZ

así es la dosis de filosofía desparpajada que fusiona religión (con equitativas dosis de cristianismo, hinduismo, islam y budismo), lecciones extremas de la vida y moralejas edifi‑ cantes. De no ser por su extraordinaria cinematografía po‑ dríamos resumir que este filme es una especie de Como agua para chocolate, en donde el protagonista, Pi, trata de sobrevivir por meses tras un naufragio en el Pacífico a bor‑ do de una barca en compañía de un tigre feroz y frecuente‑ mente hambriento llamado Richard Parker. La cinta está dividida en dos partes. La primera describe la vida de Pi Patel (cuyo nombre, Pi, viene de la palabra francesa piscine, no del número) en la pintoresca ciudad de Pondicherry, en la India francesa, a mediados de los años setenta. Pi se cría en un ambiente liberal, cosmopolita, intelectual, donde crece rodeado de las bestias del zoológico de su padre. Pe‑ ro este universo idílico se colapsa; el padre decide vender el zoológico y emigrar a Canadá. La segunda parte es el via‑ je que habrá de tener un desenlace catastrófico, pero en el que Pi vive experiencias sin precedentes “que podrán hacer que un ateo crea en Dios”. Sin duda, Lee consigue crear momentos de revelación emocional y apabullante tensión dramática, pero cualquier vitalidad queda aplasta‑ da, ya que trata de presentar el relato como una poderosa reflexión existencial disfrazada de anécdota, pero no ocul‑ ta su grandilocuencia, sus epifanías literales y su ominoso mensaje de redención celestial.

Un hombre, una mujer, un departamento parisino En el otro extremo está la cinematografía lapidaria, sin con‑ cesiones ni tregua, del cineasta austríaco que este año

presenta la cinta ganadora de la Palma de Oro en Cannes, Amour, el filme que cuenta la desintegración de una pareja de ancianos, Georges (Jean-Louis Trintignant) y Anne (Em‑ manuelle Riva), a partir de que ella sufre un primer infarto cerebral y comienza un lento deterioro que le va arrancan‑ do poco a poco todos los placeres de vivir y su identidad. Haneke es un cineasta que se ha caracterizado por su habi‑ lidad de mostrar la crueldad, la pasión destructora y el terror de la muerte. En este caso su tema es el amor y, para ponerle su sello, cuenta una historia íntima sin giros ines‑ perados ni salvaciones celestiales. Georges acepta la vo‑ luntad de Anne de nunca ser enviada a un hospital o asilo, por lo que debe cuidarla mientras la ve desaparecer dentro de un cuerpo cada vez más frágil y una mente que parece disolverse. Hay una imagen recurrente en el filme: la viola‑ ción de la intimidad cuando una puerta se abre por la fuer‑ za. La primera vez sucede cuando los bomberos rompen la puerta para encontrar el cadáver de Anne. La segunda es cuando Georges y Anne regresan de un concier to y encuentran que alguien ha tratado de romper la chapa de la puerta de su casa para entrar a robar. Y una vez más sucede en una pesadilla de Georges. El espacio domés‑ tico es el búnker donde se refugia el amor de un embate final que ninguna puerta podrá detener. Ni siquiera el tigre más agresivo ni la tormenta más brutal pueden pro‑ vocar un terror comparable al que Haneke retrata con apabullante simpleza al mostrar a Anne paralizada por unos minutos mientras desayuna. Ese instante miste‑ rioso y atroz pone en evidencia que algo terrible e irre‑ mediable le ha sucedido •

Enrique López Aguilar alapiz2000@gmail.com

Fidelidad y literalidad (i de ii) Recibí una carta de Roberto Ruiz, narrador hispanomexica‑ no que vive en Attleboro, Massachusetts, escrita a la anti‑ güita: magnífica prosa y dos cuartillas escritas a máquina con firma manuscrita… De esos placeres que se van per‑ diendo con el paso del tiempo y los avances tecnológicos. Con motivo de la publicación de unos poemas suyos, par‑ ticularmente por la traducción de una pequeña serie de ellos escrita originalmente en inglés y francés, me escribió: “Me parece muy bien que haya escogido mis versiones, ya que aparte de cualquier consideración de calidad son más fieles, al ser menos literales. Contra lo que se cree, una tra‑ ducción de tipo literal no es fiel: se queda en la superficie y elimina el contexto. Además, yo he conservado cierta estructura (en metro alejandrino, el mejor amigo del traductor).” Le había propuesto algunas traducciones realizadas por otras personas; Ruiz no quedó satisfecho con ellas, así que me envió sus propias versiones. Ofrezco dos versos como muestra de un poema inglés y uno francés para apreciar las diferencias. En primer lugar está la traducción “ajena” y, en segundo, la del autor. Ruiz, lector de su propia poesía, pre‑ fiere sus versiones; otros lectores coincidirán con él… o no. “Angel”: “I pick her up; I kiss her smiling face,/ Apple-red with exertion and with joy…”. “La tomo en brazos, beso su rostro sonriente,/ rojo manzana a causa del esfuerzo y el gozo…”; “La tomo en brazos; beso su rostro sonriente/ ru‑ boroso de frío, de júbilo y de esfuerzo…” “Au large”: “Nous n’avions plus d’espoir dans le brick démâte./ Des mouettes sinistres planaient sur l’horizon…”. “El barco destruido, la esperanza perdida./ Las siniestras

gaviotas planeando el horizonte…”; “Desarbolado el barco, perdimos la esperanza./ Las gaviotas cruzaban el siniestro horizonte….” Soy amigo o colega de traductores muy competentes: Federico Patán, Raúl Torres, Blanca Luz Pulido, Francisco Torres Córdova (no menciono a otros que harían intermina‑ ble esta lista). He admirado traducciones célebres, como las de Borges y Cortázar, y he abominado otras, como mu‑ chas de las que aparecen en la Bibliotheca Scriptorum Græcorum et Romanorum Mexicana. En algunos casos, hasta el lector que desconozca una lengua puede perca‑ tarse de esos momentos que Ruiz describe como fidelidad y literalidad. ¿En el ejercicio de ambos casos podría seguirse hablando de “versiones” y “traducciones”? La poesía es un ejemplo extremoso de lo difícil que es la traducción por recursos como el metro, la rima y las figu‑ ras retóricas utilizadas en ella, pero creo que toda forma de lenguaje traspasada a otra implica confrontarse con la disyuntiva de fidelidad o literalidad, como el aprieto insu‑ perable de verter a otra lengua una sencilla expresión mexi‑

cana como la siguiente: “vamos a coger un ratoncito”. No es poesía ni narrativa, sino una frase del lenguaje común, con dos claros niveles de sentido (en donde radica la dificultad para traducirla). Otro ejemplo lo ofrece la película Young Frankenstein (1974), cuando un personaje, aprovechando una situación ambigua, exclama: what a knockers! Los sub‑ títulos dicen: “¡Qué aldabones!”; las imágenes aluden a los llamadores de una puerta, pero también a las tetas de Inga, la protagonista, de manera que la traducción ilustra un ca‑ so de literalidad en una situación de doble sentido. En una carta cibernética cruzada con Francisco Torres Córdova, analizábamos la manera de traducir del alemán esas palabras que Beethoven antepuso al arranque vocal del cuarto movimiento de su Novena sinfonía, antes del poema de Schiller: “O Freunde, nicht diese Töne!/ Sondern laßt uns angenehmere anstimmen,/ und freudenvollere./ Freude! Freude!”, cuya traducción usual es ‘¡Oh, amigos! ¡Ce‑ semos estos ásperos cantos!/ Entonemos otros más agra‑ dables/ y llenos de alegría./ ¡Alegría! ¡Alegría!” La traduc‑ ción literal debería ser: “¡Oh, amigos, no más estos tonos!”, o bien “¡Oh, amigos, dejemos estos tonos!”, o bien “¡Oh, ami‑ gos, no más en este tono!” El adjetivo “ásperos” no se dedu‑ ce de las palabras beethovenianas, pero la traducción se encamina hacia la búsqueda de un contexto, donde no es inaceptable proponer liberalmente: “¡Oh, amigos, mande‑ mos esto a la chingada y cantemos de otro modo!”, con lo cual se atiende la idea del compositor de abandonar el tono serio de los tres primeros movimientos para pasar al carna‑ valesco conocido como “Oda a la alegría”. Estoy de acuerdo con Roberto Ruiz: en las traducciones, la fidelidad debe prevalecer sobre la literalidad • (Continuará.)

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Marisa Lara y Arturo Guerrero: Freak-A-Dos: crónicas siamesas Dentro del ecléctico ámbito del arte contemporáneo mexi‑ cano, Marisa Lara y Arturo Guerrero conforman una singular pareja de creadores que se ha caracterizado por una obra interdisciplinaria construida a lo lar‑ go de tres décadas a cuatro manos y dos cabezas, es decir, al alimón formal y conceptualmente. Esto significa que su proceso creativo tiene como punto de partida un diálogo ínti‑ mo que se desprende del intercambio de ideas y cavilaciones que la pareja esboza desde una perspectiva siem‑ pre filosófica, para después darle cuerpo e imagen a través de pinturas, esculturas, objetos intervenidos, ins‑ talaciones, fotografías, e incluso performance. En su laboratorio artístico se gestó hace ocho años una curio‑ sa simbiosis que dio lugar a los entra‑ ñables Siameses Maritzin y Arturótl, el alter ego de la pareja surgido de la doble imagen reflejada en el espejo de su alma creativa. Así lo expresan los propios Siameses:“Hemos experimenta‑ do que dos cabezas piensan más que una y si se trata de decisiones artísticas, la acción doble tiene más fuerza que la solitaria: doble locura inoculada propaga con mayor fuerza el virus del arte.” Los Siameses Maritzin y Arturótl han desa‑ rrollado en estos últimos años una vasta obra en la que ellos mismos aparecen como figuras protagónicas, a través de imágenes fotográficas (autorretratos), pinturas y esculturas que dan cuenta de sus tribulaciones existenciales. Ya desde su exposición en la Galería Óscar Román titu‑ lada La tentación de existir (1995) Lara y Guerrero explora‑ ron la relación abismal entre la creación, la destrucción y la muerte. Años más tarde, a raíz del fallecimiento de un familiar cercano, la pareja dirigió sus reflexiones en torno

....... arte y pensamiento Germaine Gómez Haro al tema de la enfermedad y la creación, planteando analogías entre la salud físi‑ ca y la salud del arte, en una dialéctica en‑ tre el poder que ejercen tanto el curador sobre la creación plástica como el médi‑ co sobre el enfermo, tema críptico y sa‑ gaz que dio lugar a la serie reunida bajo el nombre Curaduría (2003). Este tópico permanece candente en el imaginario de la pareja siamesa y, en‑ treverado en su incesante búsqueda de la identidad a través de la otredad, y de su permanente enfrentamiento con sus alter ego, se presenta en el Museo Archivo de la Fotografía en el Centro Histórico (Re‑ pública de Guatemala 34) la exposición titulada Freak-A-Dos: Crónicas Siamesas in‑ tegrada por más de doscientas fotografías intervenidas con dibujo, textos y collage, captadas por ellos mismos a manera de autorretratos, y que conforman el corpus central de la muestra que también reúne pintura, dibujo, arte objeto, escultura e instalación. Lo interesante de sus composiciones fotográficas es que ellos construyen plásticamente los escenarios que aparecen como fondo ambiental, intervienen su propio cuerpo mediante maqui‑ llaje y vestuario y, unidos en su siamesitud, corren al uníso‑ no a hacer clic en el obturador, dando lugar a la vez al azar y a la exactitud en el encuadre. La amplia obra exhibida abarca los tres niveles del soberbio edificio virreinal cono‑ cido como Casa de las Ajaracas en el que, dicen los Siame‑ ses: “Proponemos un recorrido que empieza por los abis‑ mos en la planta baja donde, a pesar de todo, hay luz; en el primer piso, una suerte de purgatorio de lo insólito familiar,

Jorge Moch

ARTES VISUALES y en el segundo, un viaje por un paraíso que nos inventa‑ mos jugando con los alter ego, a partir de los conceptos de Nos-Otros, el espejo y el doble.” En su dimensión de freaks del arte contemporáneo, la pareja apareció la noche de la inauguración a bordo de una ambulancia y con la ayuda de los paramédicos ingresaron al edificio en una camilla. De la camioneta colgaban decenas de hilos rojos que simulaban un río de sangre y los artistas portaban en sus manos las madejas en forma de corazón. Pero en realidad el performance comenzó hace dos meses con la presencia de enormes carteles en los que aparece la imagen de los Siameses, diseminados por toda la ciudad en sus aveni‑ das, y en los andenes, pasillos y vagones del Metro, des‑ pertando una inmensa curiosidad en el público que ha llegado por decenas a visitar la muestra. Asimismo, ante una alucinante y alucinada audiencia, los artistas presen‑ taron un avance de su libro electrónico de próxima apari‑ ción que es una novela, entre ficción y realidad, basada en su autobiografía que está íntimamente ligada a las imá‑ genes que se muestran en esta exhibición. Abiertamente lúdicos y espontáneos, en tanto que críticos agudos y reflexivos, los Siameses reflejados en su es‑ pejo interior se perciben así: “La contradicción, lo disímbolo y lo opuesto suelen vivir en nues‑ tras obras, pero lejos de inco‑ modarnos, les damos solucio‑ nes artísticas. Así, el resultado conjuga dos temperamentos, dos visiones, dos maneras de entender el mundo para trans‑ formarlo entre los dos” •

CABEZALCUBO

tumbaburros@yahoo.com Twitter: @JorgeMoch

Un sexenio de mentiras o Capadocia como excepción En todo este sexenio de locura, muerte, cinismo y estupidez (que ya se acaba para no volver nunca aunque será dema‑ siado pronto cantar victoria, sustituyendo un presidentu‑ cho espurio por otro) no ha habido producción televisiva en México que refleje la realidad nacional. La televisión, brazo propagandístico de la imbecilidad gubernamental, se limita a transmitir basura de derechas con disfraz de campaña de concientización social en producciones como La rosa de Guadalupe (en Televisa) o Cada quién su santo (en tv Azteca, la de Salinas), ficciones de producción mediocre con una absurda e inocultable vocación de catequesis –mantienen la premisa intolerante de que el bien solamen‑ te se puede generar espontáneamente en el seno de la cre‑ dulidad y el fanatismo del cementerio católico– y noticieros mendaces donde los personeros de la propaganda tratan, noche tras noche, de hacerle manita de puerco a la realidad cotidiana y atroz: omiten las balaceras de las noches que se escuchan en las calles de Veracruz, Saltillo, Monterrey o Du‑ rango, subrayan que los soldados, marinos y policías, con‑ vertidos en sicarios, abatieron a este o aquel renombrado delincuente sin aclarar que en su lugar ya están formados otros cuarenta “jefes de jefes”. El gobierno, en contubernio con el imperio Azcárraga, lanzó al aire una patética campaña propagandística con series de ficción mal producidas, mal actuadas y a todas vistas mentirosas, donde no se hablaba del cáncer de la co‑ rrupción que da precisamente lugar a la enrarecida atmós‑ fera de atrocidad y violencia que nos da tan triste fama in‑ ternacional, ni de las deshonrosas fugas de delincuentes, ni

de los miles de desaparecidos o de feminicidios, esa tris‑ te marca de agua hecha en México, ni encaraban de frente lacras sociales, como la inducción al consumo de drogas en nuestros niños o ese lacerante flagelo social que es el co‑ mercio sexual de niños y jovencitas, de mujeres marginadas e ignorantes, de migrantes. Series como El equipo o El Pantera no hicieron más que glorificar instituciones oficiales que en la realidad han permeado a la corrupción y el dinero fácil, pero que ensalzaban al gobierno del tartufo, a sus ale‑ cuijes de Seguridad Pública y fuerzas armadas, tratando de poner en alto el nombre de quienes habrán de habitar des‑ de hoy y para siempre en los húmedos sótanos del ideario colectivo como lo peorcito que puede dar este país en ma‑ teria de impunidad, cinismo, corrupción y estupidez. Pero claro, esas series, esos programas, esos noticieros fueron y son negocio. Y el vergonzoso papel de las televi‑ soras y sus personeros en los medios –afortunadamente no en todos– durante el proceso electoral, tan llenecito de trácalas e irregularidades inmediatamente pasadas por

alto por ellos mismos, los personeros del gobierno y sus lacayunas defensorías televisivas, fue un infamante botón de muestra del papel de la televisión respecto de su res‑ ponsabilidad social frente a una infinita voracidad de po‑ der y de dinero. Si acaso alguna serie de televisión se ha aproximado en últimos años a algo parecido a la realidad nacional es una producción, aunque hecha en Latinoamérica –parte de la producción se hace en México– pero de cuño extranjero, Capadocia, una suerte de refrito de Oz, la emblemática serie carcelaria realizada a fines de la década de 1990 por Tom Fontana y cuyos principales atractivos, en la cabalgata de una tercera temporada auspiciada por la cadena hbo Lati‑ noamérica bajo la batuta –allí la visión crítica, descarnada e incómoda del México que no quieren ver ni el tartufo pre‑ sidentucho saliente ni su alecuije productor de comerciales García Luna– de Epigmenio Ibarra, son el salir del foro para rodar en locación escenas sobrecogedoras de la fracasada guerra contra las drogas, y que sobre todo se atreve a narrar de frente y sin ambages los múltiples entresijos de la co‑ rrupción en México, en sus calles llenas de baches, en los pudrideros de sus cárceles y en sus elegantísimas oficinas gubernamentales. Pero –siempre hay un pero– Capadocia no se ve en tele‑ visión abierta en México, quizá porque para las televisoras y el gobierno resulta demasiado incómodo su tratamiento crítico de la realidad nacional, de la guerra imbécil en la que nos metió el tartufo, de las elecciones marcadas por el co‑ chinero, de la corrupción rampante en todos los ámbitos de la vida nacional. De todos modos, como dice la guapa jarocha Ana de la Reguera, una de las protagonistas de la serie: “es triste ver que las cosas en la realidad son peores” •


ensayo

10 de enero de 2010 • Número 775 • Jornada Semanal

Todo lo más que puede esperar la filosofía es llegar a hacer complementarias la poesía y la ciencia, unirlas como a dos contrarios bien hechos Bachelard

Gaston Bachelard (1884-1962) es un pensador inquietante. Su trayectoria intelectual parte de las ciencias puras y transita desde el racionalismo aplicado, “una filosofía comprometida que ya no es esclava de su primer compromiso”, hasta el irrazonable mundo onírico.

Más allá del racionalismo El conocimiento de lo real es una luz que siempre

proyecta alguna sombra

A

Bachelard

través de más de una veintena de libros, la obra de Bachelard trata dos temas fundamentales: la racionali‑ dad científica y la creación poética. Enlaza ciencia y poesía, que para él representan los dos polos del psiquismo humano, y sigue una ruta intelectual que recorre de la epistemología a la estética, de la física a la poesía. En la primera etapa de su trayectoria académi‑ ca, Bachelard escribió una serie de ensayos (Étude sur l’évolution d’un problème de physique, 1928; El valor de inducción de la relatividad, 1929; El pluralismo coherente de la química moderna, 1932) que se adentran en la filosofía crítica de las ciencias. Su ruptura con el racionalismo se pro‑ duce al plantear un nuevo concepto, el super‑ ra‑ cionalismo (surrationalisme), que se emancipa del razonamiento encorsetado y “devuelve a la razón humana su función turbulenta y agresiva”. Retoma las formas racionalistas para “llenarlas psicológicamente, ponerlas de nuevo en movi‑ miento y devolverles la vida”. El pronunciamien‑ to racionalista del pensador francés rescata para la ciencia fundamentos y métodos que la episte‑ mología relegaba y rompe con los prejuicios de la razón pragmática: “Enseñando una revolución de la razón, se multiplicarían las razones para realizar revoluciones espirituales.” La llama de una vela iluminó la mente de Gas‑ tón Bachelard, alumbrando el camino que une ciencia e imaginación, un territorio inexplorado por la razón científica. Atravesó los senderos del ensueño teniendo a los elementos como guía de una investigación inédita, pasando del fuego a la tierra, del agua al aire. Sus libros despiertan la razón aventurera, sedienta de horizontes menos predecibles, de conocimientos libres de esas imá‑ genes que todos compartimos y que están apri‑ sionadas en la correspondencia unívoca y taxati‑ va. La ciencia dialoga con la experiencia, pasa de ser representación a ser acto; el observador mo‑ difica lo observado y los conocimientos científi‑ cos ya no son absolutos: “Nada es evidente. Nada está dado. Todo es construido.”

Gaston Bachelard: una poética de la razón Xabier F. Coronado La poética de la razón: imagen y ensueño ¡Ah, cómo se instruirían los filósofos si consintieran leer a los poetas!

Bachelard

A partir de entonces, la obra de Bachelard tras‑ ciende el modelo temporal y descubre “la total igualdad del instante presente y de la realidad” (La intuición del instante, 1932); se reconoce en contra de un conocimiento anterior y para poder dar el salto hacia otro planteamiento científico (El nuevo espíritu científico, 1934) y lograr el tránsi‑ to del pensamiento concreto al abstracto, “debe‑ remos probar que la abstracción despeja al espí‑ ritu” (La formación del espíritu científico, 1938). Bachelard analiza la esencia del fuego elemen‑ tal (Psicoanálisis del fuego, 1938), y nos muestra ese “dios tutelar y terrible, bondadoso y malvado que puede contradecirse y por ello es uno de los principios de explicación universal”. En los espa‑ cios profundos coincide con los que transitan por realidades ocultas, la obra del Conde de Lautréa‑ mont le pone en contacto con una poesía de imá‑ genes de oscura luminosidad, donde encuentra “una línea de fuerza de la imaginación”, (Lautréamont, 1939). Desde ese momento, la negación de lo preestablecido se implanta en su filosofía con lucidez visionaria (La filosofía del no, 1940). Bachelard elige el mundo del ensueño, se su‑ merge en el agua elemental e imagina la materia en la fuente presocrática que fluye sin límites (El agua y los sueños, 1947). Para Bachelard, el tér‑ mino que corresponde a la imaginación “no es imagen, es imaginario”, y gracias a lo imaginario la razón es abierta y evasiva. Descubre que la li‑

teratura es el medio donde la imaginación se ha‑ ce más activa, incluso más que en la pintura; “una imagen estable y acabada corta las alas de la ima‑ ginación”, que vuela sin anclajes en la poesía, porque “el poema es un racimo de imágenes” (El aire y los sueños, 1943). Bachelard nos confirma lo que w . Blake ya nos había comunicado: “La imaginación no es un estado, es la propia existen‑ cia humana.” La obra de Bachelard regresa a la tierra sin de‑ jar de ensoñar la razón y la poética del ser huma‑ no (La tierra y las ensoñaciones del reposo, 1946, y La tierra y los ensueños de la voluntad, 1948); y encuen‑ tra las claves para manejar el racionalismo de manera menos racional (El racionalismo aplicado, 1949, La dialéctica de la duración, 1950, y El materialismo racional, 1953).

La llama de una vela Se renueva el sueño de un soñador en la contemplación de una llama solitaria

Bachelard

Después de este intenso recorrido, Gastón Ba‑ chelard se da cuenta de que “imaginar es ausen‑ tarse, es lanzarse hacia una vida nueva”, y que “el soñador entra en el mundo de los poetas”. Esta certeza le lleva a cortar definitivamente con todo lo anterior, porque “un filósofo formado en el racionalismo debe olvidar su saber, romper con todos sus hábitos de investigación filosófica si quiere estudiar los problemas planteados por la imaginación poética”. Entonces desarrolla La poética del espacio (1957) y La poética del ensueño (1960), obras generadoras de ámbitos repletos de imágenes que se transmiten gracias a un latido esencial, que muchas veces se nos extingue en los laberintos de la razón humana. Al final de su largo viaje, Bachelard vuelve al origen, a la fuente de reflexión que supone la luz que proyecta una vela (La llama de una vela, 1961), razón de ser de imágenes que habitan más allá de su luz y de su sombra: “Lo que uno percibe al mi‑ rar la vela no se compara con lo que uno puede imaginar mientras la mira” •

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