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Letras

adolescentes

■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 3 de junio de 2012 ■ Núm. 900 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver

Textos desde la Comunidad de Diagnóstico Integral para Adolescentes del DF


bazar de asombros Notas sobre la novela de la Revolución (ii de vi)

La exclusión social se manifiesta de muchas formas, y una de las más lacerantes es la que desemboca en la conducta delictiva en la que incurren algunos adolescentes, desprovistos de servicios educativos y culturales, perspectivas económicas y, en general, un entorno propicio para un desarrollo integral. En el Distrito Federal hay seis Comunidades a cargo del gdf donde se atiende a poco más de 5 mil jóvenes, setecientos de ellos internos, en las cuales se busca una verdadera reinserción. Ellos son la otra cara de la moneda de los jóvenes que forman parte de movimientos reivindicatorios como YoSoy132; como éstos, los excluidos también tienen historias por contar, derechos por disfrutar y un sitio propio en nuestra sociedad. Los textos que ofrecemos en este número surgieron de un concurso literario convocado en 2011 entre los miembros de estas Comunidades. Los textos no han sido corregidos ni alterados y se presentan tal cual fueron escritos, con el propósito de que sean leídas, en toda su pureza, estas otras letras adolescentes. Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

González León ganó en 1903 la flor natural en los pri­ meros Juegos Florales de su ciudad natal. En su obra poética se cuentan Megalomanías (1908), Maquetas (1908), Campanas de la tarde (1922)–su creación cumbre–, Las cuatros rosas (1936), De mi libro de horas (1937) y Agenda (1946), póstumo. El Fondo de Cultura Económica publicó sus Poesías en 1990, compiladas por el escritor Ernesto Flores Flores. Vuelvo a Azuela que era un lector asiduo de los franceses, especialmente de Zola, de quien adquirió gran influencia, pero también de Balzac y había co­ menzado a leer a los rusos. Cuando se inicia el movi­ miento revolucionario después de la caída del gobier­ no de Francisco i . Madero, por el golpe de Victoriano Huerta, de inmediato ingresa al ejército de Villa en la división de Pánfilo Natera, como médico militar. El episodio que más le conmueve es la toma de Zaca­ tecas, que viene a ser el triunfo de la Revolución, el final del Porfirismo y el camino hacia la Constitución de 1917. Este episodio fue el que lo inspiró para es­ cribir Los de abajo, en 1915, novela que, en ese sen­ tido, es un impresionante fresco, más por los hechos narrados que por la técnica empleada, sobre la Revo­ lución mexicana. La obra está plasmada en una gran prosa y Azuela revela en ella los rasgos de la primera revolución agraria del siglo xx . Su prosa, que fue cre­ ciendo en belleza y en eficiencia, es una de las más claras de la literatura mexicana; y ésta no es virtud menor. Al lado de la confusión de algunos novelis­ tas contemporáneos, uno agradece enormemente la eficiencia. Vivo eternamente agradecido a los nove­ listas que entiendo. En su obra, don Mariano no fue maniqueo. Así como exclama lleno de entusiasmo juvenil “¡Qué her­ mosa es la revolución, aún en su misma barbarie!”, en otra parte lamenta desolado: “¡Lástima de sangre!” Por estas razones, y ya con la distancia necesaria, po­ demos apreciar la crítica del doctor Azuela. En ese sentido, Jalisco ha dado dos grandes artistas revolucionarios, capaces de hacer la crítica a las des­ viaciones, traiciones y crímenes de los usurpado­ res del movimiento popular: Orozco y Azuela. Recor­ demos los murales del abajeño, en los que aparecen los falsos líderes, caciques y bandidos que se pega­ ron a los blasones revolucionarios. Recordemos, igualmente, los trazos narrativos del alteño, en donde describe a los usurpadores. En los dos hay una lucidez que los obliga a describir los rasgos esenciales del conflicto revolucionario. Sin concesiones de ningu­ na especie, con un optimismo que la realidad negaba constantemente o con un pesimismo atenuado por la presencia candorosa y trágica de los de abajo, esos

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Hugo Gutiérrez Vega seres humanos, demasiado humanos, marchando hacia Zacatecas con sus precarias armas, su espe­ ranza puesta en el porvenir y unidos en la trilogía revolucionaria pintada por Orozco en San Ildefonso, en el momento en que los falsos líderes comenza­ ban a apoderarse del movimiento. Ambos usaban grandes trazos, formas caricatu­ rescas para expresar y describir sus vivencias. Tal vez uno de los mejores regalos de Orozco sea su con­junto de caricaturas; y en el caso de Azuela hay mo­ mentos de sátira y humorismo que enriquecen su proyecto narrativo. En el relato Domitilo quiere ser diputado traza con detalles goyescos el retrato de la ambición. Desde entonces hay muchos “domitilos”. El magnífico trabajo de Luis Leal, quien acaba de morir a los 104 años, nos permite encontrar las es­ trechas relaciones que se dan entre la vida, la obra y la vocación médica de Azuela. Hasta sus últimos días, en esa colonia jalisciense que se llama Santa María en la Ciudad de México, vivió Mariano Azue­ la, ahí también vivíeron Carlos González Peña, otro notable laguense, y don Enrique González Martínez, el poeta tapatío. Como la de todos los laguenses, su niñez y su ado­ lescencia fueron presididas por el capricho geológi­ co de la Mesa Redonda, por las torres de la parroquia, por los ritos cotidianos de la agricultura. Es el paisa­ je de María Luisa, Mala yerba y Andres Pérez maderista, esa novela satírica. En medio de su obra se le­ vantó el remolino en el que giraban Los de abajo, Los caciques y Las moscas, la gran trilogía revoluciona­ ria. En aquella pequeña ciudad que era Lagos se pen­ saba y se escribía, y la sombra tutelar y protectora era la del presbítero juarista y gran historiador don Agus­ tín Rivera y Sanromán. De él se ocupa don Mariano en un magnífico ensayo biográfico, como también se ocupa de don Pedro Moreno, el caudillo insurgente. Vino después Guadalajara, la medicina, México; el continuo camino de ascenso entre María Luisa y La Luciérnaga. Era tan humilde y discreto don Maria­ no que, alguna vez que fui a verlo a su casa, me dijo; “Yo no había leído a Proust ni a Joyce, estaba por lo tanto manco.” Le dije entonces: “Pero había leí­ do usted a Zola y a Balzac”, y él me respondió: “Proust y Joyce me hacían una falta enorme.” Y se puso a leer­ los a los sesenta y seis años. Producto de estas lectu­ ras es la última de sus novelas, La luciérnaga, que es una obra ya totalmente moderna. (Continuará.) jornadasem@jornada.com.mx

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Portada: Plumas en exclusión Foto de Roberto García Ortiz/ archivo La Jornada

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acia septiembre del año pasado, a un grupo de compañeros de la Dirección General de Tratamiento para Adolescentes del df se nos ocurrió hacer un concurso de cuentos en las Comunidades para Adolescentes en Conflicto con la ley del df , aún conocidas popularmente como tutelares o correccional para menores. La convocatoria duró un mes y llegaron unos 360 cuentos escritos por nuestros jóvenes. Conviene recordar que ellos, antes que cualquier otra cosa, son excluidos sociales. Al final del proceso, las escritoras Ana Clavel y Francesca Gargallo, juradas de lujo, hicieron una selección de los cuentos ganadores, escritos por chicos a los que como reconocimiento se les obsequiaron libros. El concurso es parte de las acciones que se promueven en las seis Comunidades que hay en Ciudad de México para propiciar que los poco más de 5 mil jóvenes (setecientos de ellos internos) en el sistema de justicia, lean, mediante talleres de Bunkos, de Paralibros, con la presencia de cuentacuentos, la impartición de clases de literatura, así como la asistencia de connotados miembros del gremio, como estrategias docentes en el proceso para la regularización escolar y formación sociocultural. He aquí, pues, una muestra de los cuentos, que son publicados sin correcciones sintácticas, de redacción o “estilo”, es decir, tal cual fueron concebidos por sus jóvenes autores.

Letras adolescentes

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R aquel O lvera R odríguez Directora General de Tratamiento para Adolescentes del df (www.detm.df.gob.mx).

Niña limpia vidrios en Reforma. Foto: José Carlo González/ archivo La Jornada

La creación de la violencia M artínez C ruz R icardo , C uajis

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odo esto empezó el 28 de septiembre de 1992, en una familia pequeña, integrada por papá, mamá, tres varones y una niña, la más peque­ ña de la familia. El piloto de esta familia era Mario, el papá. Él era el que decía la última palabra, pero no antes de con­ sultar a mamá e hijos. Todo marchaba muy bien. Claro, siempre ha­ bía problemas, pero nada que no resolvieran papá o mamá. Un día viernes por la noche como a eso de las 9:45. Mario llegó del trabajo muy agotado, ape­ nas podía mantenerse de pie, se tiró al sillón como desmayado. Claudia, la mamá de la familia pen­ só: pobre de mi querido esposo, está muy cansado; Claudia le quitó los zapatos y los acomodó abajo en un rincón de su cama de Mario y Claudia. Claudia agarró el último billete que les queda­ ba, que era uno de doscientos, se queda pensativa y dice en voz alta, ¡aunque se enoje Mario y me moje, tengo que ir a la panadería de Macario!

Jóvenes contra el vih , durante el Dance 4 Life en el Zócalo. Foto: José Carlo González/ archivo La Jornada

Quedó pensativa otra vez. ¡A poco porque Ma­ cario no quiere que salga ni a la esquina no van a cenar mis hijos, pues no, ahora voy a ir antes de que sean las diez y cierre don Macario. Apenas Claudia llegó cuando Macario ya iba a la mitad de su gran cortina. Gritó: ¡voy a comprar pan blanco! Qué a tiempo llegaste, Clau, y no es necesario que me grites, te escucho a la perfec­ ción, estás a un metro de mí. Claudia tratando de respirar tranquilamente, pidió 30 pesos de pan blanco, 20 pesos de dulce y dos litros de leche. Claro, hija, nada más que ya no voy a abrir mi cortina, está muy pesada, pero te aga­ chas tantito y así te despacho. Con la tormenta, truenos y relámpagos, Mario se despertó y comenzó a preguntarles a sus hijos: ¿Mamá dónde está? Ellos no respondieron. Mario ya muy enojado, desesperado empieza a buscarla en baño, recámara, azotando las puertas, aventado las cosas. Maldiciéndola, ¡hay qué mujer con la que me vine a casar!, ¡es una hija de su mamacita linda! Ahora que llegue va a ver, le va a ir como en feria. ¡Pinche Clau, cómo deja a mis hijos solos! Segu­ ro que cuando yo estoy partiéndome la espalda, ella ha de andar de loca, pero ahorita mismo la voy a ir a buscar. Mario sale muy enojado, enciende su auto y em­ pieza a darle tales acelerones que sale disparado por la calle, al dar la vuelta en la esquina ve que va sa­ liendo Claudia de la panadería de Macario, sintió tantos celos que en ese momento hubiera deseado tener dos pistolas, la primera para descargarla en la cabeza de Macario, la segunda para vaciarla en el corazón de ella; lo peor, pensó Mario, es que quieran verme la cara con la pinche cortina a la mitad, con razón me escondió mis zapatos, pero ahorita llegan­ do a la casa no sabe lo que le espera a la condenada.

Mario se dirige hacia donde se encuentran Clau­ dia y Macario, abre la puerta del copiloto, diciendo muy tranquilo, súbete, mi amor, para que no te mo­ jes más. Llegando a la casa cambia de actitud, y di­ ce, ya sé todo, ¿te crees muy inteligente? ¡Ya sé por qué escondiste mis zapatos! ¡Te querías ir con ese panadero! ¿Acaso es mejor en la cama que yo? ¡Ah, como últimamente no hemos tenido relaciones por­ que he llegado muy cansado preferiste meterte con el panadero!... Y de seguro también con el leche­ ro, ¿verdad? Claudia muy enojada le contesta, estás malinter­ pretando las cosas, Mario. No, Claudia, dice Mario, ya me di cuenta de la mujerzuela que eres, mañana tomas tus cosas y te vas, no quiero ni verte. Claudia llorando toma sus cosas. Sus hijos le dicen, ¡no te vayas mamá! Ella les dijo, yo voy a estar bien, sólo quiero que su papá se dé cuenta del error que ha cometido. Yo vendré a verlos todos los días. Luego de tres meses, llegando Mario del trabajo, encontró a Macario y le dijo, te pasas, compadrito. Macario le responde: no, mejor te invito a comer y platicamos. Llegaron a casa y charlaron de lo que había pasado ese día. A Mario le cruzó por la cabeza una sola pregunta: ¿Qué hice? ¡Malditos celos! En este momento tendré que pedir ayuda a un especia­ lista. No puedo desconfiar de la mujer de mi vida, la mamá de mis hijos. Iré a hablar con mi esposa, le diré que tuve un gran error, que los celos me hicie­ ron pensar de otra manera, que tengo un problema y necesito ayuda. Así también ella me guiará a con­ fiar nuevamente. Claudia regresó, apoyó a Mario y salieron ade­ lante con sus hijos. Todo vuelve a ser como antes. Ahora hay confianza en ese núcleo familiar, que es lo más importante •


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Las consecuencias con violencia L a diablita de la comunidad

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uando estaba muy chiquita, mi mamá peleaba mucho con mi padrastro, él siempre le pegaba sin que ella dijera algo. Una vez, cuando estaba con mi mamá en la calle, mi padrastro le pidió dinero, mi mamá no quiso darle por­ que lo iba a ocupar para cosas mas importantes para la casa, de repente le dijo: dame dinero o si no te voy a golpear, de repente sacó el cuchillo y la pico en la mano, mi mamá empezó a chillar, rápidamente fuimos a la casa, le dije: se pasa mucho de pendejo, ya demándalo… ¿cómo lo puedes aguantar? Al siguiente día vi por la ventana a mi padrastro peleando con mi tío porque vio cómo le había pegado a mi mamá y se desquitó con un desarmador, le pegó en su nariz, se la rompió, como habían muchas patrullas, se acercó a un patrullero, rápido se fue a la agencia a demandarlo, lo subieron a la patrulla, mi mamá lo metió a la cárcel, como a los tres años salió y fue a mi casa a romper los vidrios, a tirar todo lo de la cocina, a parte de eso a robar todo lo que se encontró, mi mamá salió y le pegó otra vez y la estaba ahorcando, su misma hija sacó un arma, le dijo, suéltala o te dis­ paro aunque seas mi papá, ya estuvo que te pases con ella, la retó y sí le disparó, su pa­pá tuvo que soltarla, cuando de repente llegó una patrulla, vio lo que estaba pasando en la cuadra, se acercó hacia mi mama y hacia mi padrastro, le dijo que está pasando señora, mi mama le contesta al patrullero me estaba pegando, le dijo al señor “otra vez usted… ya fue mucho”, lo subieron a la patrulla y otra vez cayó a la cárcel, así era siempre, parecía que su casa era la cárcel, pero él quiso su destino así, como si nunca quisiera tener una familia, yo creo que todo mal tiene su consecuencia. Cuando salió quiso regresar con mi mamá, pero ella lo odiaba mucho, le dijo “¿Qué haces tú aquí? Tú no tienes nada que hacer aquí, deberías estar muerto por todo lo que me hiciste.” Viera que a parte de eso ya estaba casada mi mamá con otro que no le pegaba ni la trataba mal, ni le quitaba el dinero, mi mamá hasta la fecha sigue casada por el civil, me gusta verla feliz. End (¿????) •

Niños en situación de calle inhalando cemento. Foto: José Antonio López/ archivo La Jornada Festejo del primer aniversario del programa Jóvenes en Impulso del Instituto de la Juventud, Zócalo de Ciudad de México. Foto: Cristina Rodríguez/ archivo La Jornada

Las cosas como son L una C ampeche

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algunas las detienen siendo inocentes, que son pocas. Hay muchas que sufren agre­ siones f í s i c a s , e m o c i o n a l e s y v e r b a l e s ¿Creen que tienen derecho los policías de agredir­ nos tan sólo por ser delincuentes? Yo digo que no, porque somos seres humanos y todos hemos come­ tido un error, aunque sean poderosos, ellos no saben por qué robamos, matamos, secuestramos o ven­ demos drogas, existen muchas razones por las que actuamos así. Pero la cuestión aquí es que ellos no son nadie para humillarnos, ni despreciarnos o juzgarnos, por­ que algunos son iguales o peores, pero lo peor es que ellos ya saben lo que quieren y nosotros los jóvenes apenas estamos creando nuestra propia identidad, pero en fin, les voy a contar una historia sobre estas cuestiones. Yo tenía catorce años y empecé a juntarme con chavos y chavas de mi colonia, la gente decía que no me juntara con ellos porque vendían droga, roba­ ban y me iban a meter en problemas, yo no le creí a la gente. Un día, estábamos todos moneando, fumando mota y algunos con la piedra y el pase, ese día fue la primera vez que “monié” y sentí chido. En ese mo­ mento mis amigos se echaron a correr, yo no sabía por qué y me quedé como si nada, en ese momento vi de cerca tres patrullas, en una de ellas venía una señora

que me acusó de que había matado a su hija, yo no sabía de que hablaba y le dije que estaba equivocada, contestó que yo era, que no me hiciera tonta, que me había visto, yo le dije que no, que ella estaba inven­ tando, los policías le creyeron más a ella y me subie­ ron a la patrulla, yo iba llorando, me empezaron a insultar a diciéndome “pinche viciosa puta” ahora te vas a chingar por asesina y se rieron de mí, yo sen­ tí feo porque no lo había hecho. Cuando llegué al Ministerio Publico me explica­ ron que iba a pasar unos días detenida porque había cometido un delito, luego me pasaron a servicio mé­ dico para ver que drogas había ingerido, también me llevaron a una celda, era helada, como si nunca hu­ biera estado alguien ahí, recuerdo que había una ca­ ma hecha de piedra y al lado una taza de baño, su olor era desagradable, me sentía horrorizada, como si estuviera en un laberinto sin salida, al otro día me trasladaron a un lugar ubicado en Obrero Mundial, un lugar especializado en adolescentes, ahí me ex­ plicaron lo que estaba sucediendo, primero me pre­ guntaron mi nombre, yo les contesté Utiel Ramírez Salas, después me preguntaron cuantos años tenía, yo le contesté que tenía catorce años, después me di­ jeron que me acusaba Josefina Martínez Contreras de homicidio en contra de su hija Michel Martínez Reyes de quince años y que fue con arma blanca, en

ese momento quedé pasmada y no supe qué decir, y dije que había sido yo, no sé por qué dije eso, me di­ jeron que me que me iban a trasladar a una comu­ nidad de mujeres y ahí iba a llevar mi proceso, en la noche me trasladaron, me recibió una guía y me ex­ plicó que tenía que respetar a las guías, pedir las co­ sas por favor y dar las gracias, después me llevaron a servicio médico, a jurídico y al último a un cuarto llamado observación, me despojaron de mis perte­ nencias y me dieron uniformes, playera, zacate, ja­ bón ropa interior, etcétera. Me puse a pensar que me iban a dar comida echada a perder o me iban a pe­ gar, pero no pasó eso. Al otro día me despertaron a las 6:00 am para bañarme, hacer el aseo y después nos dieron de comer, me sorprendí porque la comida es­ taba muy rica. Pasó todo el día y no me pegaron, no era como contaban allá afuera, era todo diferente. Pasaron cuatro días y me trasladaron a diagnós­ tico, ahí conocí a muchas chavas que me pregunta­ ban por qué venía, yo nunca les conté, pasó un mes y me dieron mi sentencia de tres años ocho meses, sentí feo pero dije que de esto debería aprender y cuando saliera iba a ser diferente y no quise apelar, cinco días después me bajaron a tratamiento y me dieron un programa. Cuando me bajaron me aísle de mis compañeras, me gustaba estar siempre sola, a veces me ponía a


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Adolescentes de secundaria, bailan y se divierten en la Fiesta de fin de Curso sin Alcohol, realizada en la explanada de la delegación Iztacalco. 8 de julio de 2011. Foto: Roberto García Ortiz/ archivo La Jornada

Marcas que no se olvidan M eneses T ovar J ordan O mar , V iper

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sta historia es la historia de un joven, o más bien de un chavo de diecinueve años, empleado de medio tiempo y también estudiante de prepa. Hasta este momento suena muy bien, pero su verda­ dera identidad la daba a conocer en las calles, pues hay más cosas en una persona que la de estudiante o trabajador; él era un adicto al alcohol y a las drogas, todos se preguntarán ¿por qué era adicto si estudiaba y tenía trabajo? Pero más allá de eso, él sentía que las drogas serían su refugio ante sus problemas familia­ res, puesto que toda su niñez y parte de su adolescen­ cia vivió con su mamá y su padrastro. Desde muy pequeño se dio cuenta de que la vida era muy corta y fácil de perder, con la experiencia que tuvo al perder a su papá, cuando tan sólo tenía cinco años. Con el paso del tiempo, su mamá tuvo otro esposo, y él un padrastro, pues no era tierno, lindo y responsable como aparentaba, el chavo se dio cuenta de su verdadera identidad: un señor enojón, que disfrutaba molestarlo sin motivo alguno, siempre que algo no le salía bien se desquitaba con su mamá, la golpeaba hasta sangrar, el chavo siempre trató de defenderla, pero por ser pequeño y débil, siempre lo hacía a un lado. Con el paso de los años acabó la primaria y la secundaria, pero los problemas eran cosa de rutina diaria, hasta que el chavo se hartó un día en que su mamá y el padrastro discu­ tieron muy fuerte de la economía de la casa, y como de costumbre, él no sabía escuchar, lo único que hacía era arreglar todo a golpes. Ese día el hijo se llenó de todo el odio y rencor que le tenía y sin dudarlo ni por un segundo se lanzó a los golpes y noqueó a su padrastro. Cuando recobró el conocimiento, la furia del padrastro fue tal que lo corrió de la casa, el chavo se fue preguntándole a su mamá si lo seguiría, pero ella no quiso irse. El chavo pensó que su madre lo traicionaba. Entonces se fue a hacer una nueva vida, aunque lo anterior lo marcó. Ahora él toma y se droga, según “para olvidar” • Niños en situación de calle se dan un relax en el albergue instalado en la delegación Cuauhtémoc. Foto: J. Guadalupe Pérez/ archivo La Jornada

Jóvenes de diferentes grupos de las llamadas tribus urbanas, se dieron cita en la glorieta del Metro Insurgentes, para participar en el evento convocado por el Instituto de la Juventud del DF denominado Vive y Deja Vivir, el 26 de marzo de 2008. Foto: Roberto García Ortiz/ archivo La Jornada

pensar yo sola de lo que me había pasado, a la vez yo decía, por no tener mamá ni papá, y me puse a estudiar belleza y mi secundaria y acabé mi pre­ pa, esos tres años ocho meses que me habían dado no los cumplí, salí a los tres años, por mi buen compor­ tamiento, esos tres años se me fueron rápido. Cuando salí vi la calle de nuevo después de tres años, me pu­ se contenta por todo lo que aprendí adentro, afuera me fui a casa de mi prima, ella me recibió encanta­ da, a tres días me conseguí trabajo con una amiga de ella que tenía un restaurante, ganaba bien, con el dinero que ganaba estaba juntando para poner mi estética, pero me encontré con unos chavos que me hicieron la plática y se las seguí. Después de un rato de plática me invitaron a una fiesta y me dijeron que no faltara. Yo fui, me puse a bailar con ellos, tomamos y todo mi plan de vida se vino abajo, porque empecé a salir más seguido y tomaba. Un día me invitaron a robar y fui con ellos, robamos y sentí chido, emocio­ nante, desde entonces empecé a robar y no me impor­ taba nada, después me entró la idea de vender droga y si lo logré, era la “mera mera”, todos me respe­ taban, sentía bonito empecé a ganar mucho dinero, después le entré al secuestro, ganaba bien, empecé a hacerme de mis cosas. Un día fui a una fiesta y conocí a un chavo me hizo la plática y como a mi me gustó, se la seguí, ese mis­

mo día tuve relaciones sexuales y nos hicimos novios, duró solamente un mes, después de ahí no lo volví a ver, desde ahí prometí no volverme a enamorar porque sí me enamore de él. Pasó el tiempo y cada vez me respetaban más y más, un día me encontré con la señora que me había acusado de homicidio, se me quedo viendo y yo a ella y recordé de lo que pasé por ella, y le dije se acuerda de mí, yo con lágrimas en mis ojos y ella me contestó perdóname, me equi­ voqué, perdóname, y le dije que no, que me las iba a pagar y le solté un balazo en la cabeza, fue la prime­ ra vez que había hecho eso y sentí una satisfacción y perdí el miedo. Un día conocí a otro chavo, fue mi segunda rela­ ción sentimental, pero duré un año con él y termine con él. Pasó un mes y hubo una balacera por mi co­ lonia, donde yo también participé y me dieron tres balazos seguidos, el primero fue en mi pierna, el se­ gundo en el estomago y el último, el que acabó con mi vida fue en mi cabeza. Ahí se acabó mi vida y la del bebé que tenía en el vientre. Si hubiera aprendido de mi experiencia que me encerraron siendo inocente, no hubiera pasado esto, morí muy joven y con una bendición. Me arre­ piento, hubiera formado una familia y no hubiera causado tanta violencia en mi vida y no hay que se­ guir a los demás •


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Una historia sin fin… F er

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abía una vez una niña bonita que vivía en un reino muy lejano en la ciudad de México, esa niña tenía una hermana, eran las hijas de un buen matrimonio muy trabajador, porque el padre tenía mucho en mente y decía que quería un buen futuro para sus hijas, pero cuando ellas empezaron a crecer y se daban cuenta de que ese matrimonio ya no iba tan bien, sucedieron muchas cosas, un día la madre se fue de la casa, su hija la más pequeña se dio cuenta de que su madre se había ido, ella llora­ ba mucho por ella, la extrañaba y lo único que que­ ría la niña era que su madre regresara pero cuando

ella veía a su madre le decía: mami regresa, me haces falta, nada es como cuando tú estabas, pero la madre le decía que no podía regresar porque las cosas en­ tre su padre y ella ya no funcionaban. Cuando el pa­ dre estuvo a cargo de sus hijos, les decía que nunca las iba a dejar solas ‒siempre voy a estar con uste­ des… El padre se preocupaba por sus hijas, a la más pequeña la quería mucho, la llevaba al kínder, la pei­ naba, y a su otra hija la apoyaba en todo lo que él podía, pero pasaban los meses y la madre no regre­ saba. Pero un día menos esperado, la madre llegó al cumpleaños de la hija pequeña y para esa niña fue el

Emos en la glorieta de Insurgentes. Foto: Yazmín Ortega Cortés/ archivo La Jornada

regalo más preciado del mundo el volver a estar y tener el cariño de su mamá, pero ella y su hermana pensaron que todo iba a cambiar, que ya nada iba a ser como antes, hasta que un día el padre se sale di­ ciéndoles a sus hijas que se iría a trabajar, pero pa­ saron las horas y el padre no regresaba… De repen­ te la abuela les avisa que habían detenido a su padre, las hijas pensaron que se les había acabado el mundo, pero como las hijas eran pequeñas, la madre les de­ cía que su abuela no sabía lo que decía y que su pa­ dre regresaría cuando ellas durmieran ‒cuando despierten él estará aquí. El padre no regresó, pasaron meses y meses, la madre se va de la casa y se lleva a sus dos hijas, las tres vivían en un departamento lejos de la familia de su mamá y de su papá. Con el tiempo la madre veía que sus hijas crecían y cuando una de ellas, la más grande, cumplió dieciocho años, le dijo a su madre que se iría de la casa porque quería formar una fa­ milia, pero la madre le decía que no, que todavía no tenía la edad suficiente, pero ella decía que no, tenía todo lo que necesitaba… Un día llegó un hombre a su vida del cual se embarazó, se fueron a vivir juntos y tuvieron una niña. La madre y la hermana pequeña vivían solas en un departamento hasta cuando se metieron en mu­ chas cosas de las cuales tuvieron un grave proble­ ma… Detuvieron a la hija y a la madre un 12 de no­ viembre como a las 5 de la tarde, las tuvieron en una delegación, después a la menor la trasladaron a un centro de readaptación, lugar donde está aprendien­ do muchas cosas buenas, de su madre lo único que supo es que también está en un centro de readapta­ ción y la menor aún sigue en el centro de readap­ tación aprendiendo muchas cosas, en un largo tiem­ po saldrá de ese lugar. Y como esta historia no tiene fin, aquí termina… •

La ñerita L a solitaria

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i bandita y yo somos desmadrosos, nos gusta salir todas las noches a cotorrear un rato y a veces salimos en pleito por el novio o por la novia, deberían de ver la madriza que nos metíamos unos a otros, pero al final de todo nos encontentábamos, nuestro barrio es en la Guerrero, donde todo es violencia y no puede haber ningún día que esté bien, somos muchas pandillas y cada que nos encontramos por las calles se arma el des­ madre. Zara y yo salimos bien golpeadas de las tocadas por las viejas de los güeyes de las fiestas, porque según andamos de zorras con ellos, pero eso no es cierto, la verdad nosotras no tenemos la culpa de estar tan buenas y de que esos me­ quetrefes se nos avienten como perros hambrientos… puff creo que se escuchó un poco vulgar eso, jaja, creo que me es­ toy pasando un poco, pero a Zara y a mí todavía nos gustaba salir aunque pasara lo que pasara y nos gustaba ir de cábulas a todos los reggaetones y to­ cadas, aunque salíamos bien golpeadas por las rucas y pues es cuando se veían todas las pandi­ llas y pues se armaba el fuego con todos y al fin de cuentas todos caíamos en la Delegación por andar de desmadrosos, peleándonos unos con otros, así terminábamos todos dados a la

chingada, y al otro día estábamos todos adoloridos y también todos crudos, y cuando nos volvíamos a salir nos encontrábamos en el parque de los Ángeles para reunirnos y contar lo sucedido en las tocadas y reggaetones, cuando llegá­ bamos al parque toda mi bandita y yo nos encontrábamos con las otras pandillas y es cuando nos agredíamos contra ellos, y pues por el parque, porque era el lugar en donde siempre nos la pasábamos todos, por eso es la violencia contra las pandillas, y porque Zara y yo no nos dejamos de nadie, por eso salíamos en conflictos con las viejas de otros, de las viejas porque decían que éramos bien golfas y pues rompíamos vidrios por todos lados, y nos decían “las ñeritas” porque éramos bien desmadrosas, éramos más cuando nos encontrábamos en las tocadas. Pero en todo eso que vivimos, también hay momen­ tos en que todos convivimos y nos la pasamos muy bien, y nos olvidamos de la violencia, es cuando las pandillas estamos reunidas y se nos olvidan un poco los problemas o sea hay mucha risa, estamos todos contentos y Zara y yo platicamos de nuestras bron­ cas en la casa, somos unas chicas que pasamos por la misma situación y por eso nos llevamos bien y con todos hacemos las fiestas y pues todo es dife­ rente y así nos alejamos de la violencia • Foto: Cristina Rodríguez/ archivo La Jornada


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Jornada Semanal • Número 900 • 3 de junio de 2012

XVI Mundialito Deportivo organizado por el Instituto de Asistencia e Integración Social. Deportivo Oceanía. 13 de julio de 2009. Foto: María Luisa Severiano/ archivo La Jornada

Mi vida en la comunidad L upita

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abía una vez una niña llamada Lupita que vivía en la comunidad para mujeres. Una mañana, al abrir los ojos, se sintió triste, co­ menzó a reflexionar sobre todo lo que ha pasado du­ rante su corta vida. Hoy amaneció nublado, pero el clima no me afec­ tó, pensó tampoco tengo dinero en la bolsa, pero al igual que el clima, no me afecta. Cierro los ojos y res­ piro profundamente para abrirlos y continuar otro día más, o tal vez debo decir, otro menos. Es cuestión de enfoques. Miro a mi alrededor, todo es igual que ayer y mu­ chos ayeres. He visto sombras danzantes por la noche y caras tristes por el día, yo al despertar, lo que hago es seguir adelante y no caer más, aquí he aprendido el valor de mi misma, yo que no me valoraba, me agredía a mi misma, era esa niña que se lastimaba drogándose, andando de noche, danzando por las calles, sola, llorando.

En este lugar he aprendido a valorarme y amar­ me a mí misma, nunca pensé en llegar aquí. Aho­ ra me veo, lloro, rio, grito, etc. El estar aquí ha sido bueno para mí, el amar a mi familia, el seguir apren­ diendo más y más cosas cada día para saber cómo salir adelante. Antes no reía, no jugaba como los demás niños, yo quería una familia y sí la tenía, pero cada día se caía más el encanto, terminaba brotando lágrimas. Ahora río, porque quiero ser alguien en la vida, que la gen­ te me mire pero no por delincuente, por fuerte. Me he dado cuenta que en este lugar inimaginable, la

niña de las malas experiencias ha aprendido mucho en la comunidad para mujeres, acerca de amarse a sí misma y a los que le rodean. Me he dado cuenta que estar encerrada no me hace menos, me ha ayudado a dejar de ser débil, a no violentarme a mí misma… Cuando pensaba en esto, el sol salió, empezó a brillar. Lupita asomó por la ventana y pudo ver el cielo alumbrado por el sol, se olvidó de todo el mal que se había hecho, salió al patio y mirando al cielo se dijo –Ya estoy harta de ser la misma, es tiempo de madurar‒. Cerró sus ojos y tristemente regresó a la realidad que pronto está por cambiar •

Vejez y juventud E l escritorcito

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sta es una historia que no sólo pasa en la gran selva que es muy grande y salvaje… En un rincón de la selva se encontraba un león muy fuerte, algo lento porque ya estaba un poco viejo. Se encontraba muy desesperado, subía y baja­ ba montañas buscando comida pues tenía varios días sin comer; León: ¿Cómo es que soy el rey de la selva y no tengo nada que comer? No puedo ni atrapar un ve­ nado, ¿será que ya estoy muy viejo? El león subió a un árbol para descansar, cuando se estaba acomodando entre las ramas para poder dor­ mirse escuchó unos pasos detrás de unos arbustos, levantó la mirada y observó que era un leopardo, el cual iba muy rápido y con un conejo entre sus garras. El león bajo lentamente del árbol y sin hacer ruido, se pregunta a sí mismo: ¿Cómo es posible que ese leopardo pueda cazar conejos y yo no? Le diré que me entregue al conejo, él debe saber que soy el rey de la selva. El león observó cómo el leopardo iba entrando a una cueva y decidió seguirlo, iba oyendo lo que decía el leopardo. Leopardo: Te ves muy sabroso conejo. Conejo: Las apariencias engañan tengo un sabor horrible además no me he bañado en varios días, te prometo que si me dejas ir te daré a mis hermanas, ellas sí están sabrosas, El leopardo que era muy desconfiado le dijo: Leopardo: A mí no me engañas orejón. De pronto se escuchó un ruido y grito: Leopardo: ¡Quien anda ahí!, ahhh eres tú viejo, ¿Qué quieres?. León: Sé lo que escondes detrás de tus sucias garras. Leopardo: No escondo nada.

León: Entonces enséñame tus garras. El leopardo supo que lo había descubierto el león y le dijo entono retador: Leopardo: Sí es un conejo y ¿qué?, ni creas que te voy a dar de él. El león dice: veo que te niegas a convidarme leo­ pardo envidioso,¡ tendré que robártelo! El leopardo comenzó a reír y en un tono burlón le dijo al león: Leopardo: Tú no eres más que un viejo hablador que no puede atrapar ni a un pobre venado, ya es­ tás “ruco”. León: ¿Viejo?, tengo más sabiduría y más expe­ riencia que tú. Leopardo: Pero yo soy más rápido y astuto que tú. El león se enfureció tanto que se lanzó sobre el leopardo, en eso momento el conejo aprovechó para escapar diciendo. Conejo: Son unos idiotas prefieren pelear a co­ merme. Los dos felinos pelearon hasta terminar cansados y arañados, en ese momento el leopardo comenzó a llorar y el león le pregunto: León ¿Por qué lloras si no te pude derrotar leo­ pardo? Leopardo: No lloro por eso sino porque se me escapó el conejo y tengo mucha hambre, debí con­ vidarte, comería menos pero ahora ni siquiera lo probé León: Tú deberías perdonarme porque te quería quitar el alimento que te pertenecía. Leopardo: Dejémonos de arrepentimientos, tengo una idea, trabajemos juntos para atrapar a ese cone­ jo. Tu sabiduría y fuerza más mi agilidad y serán pa­ ra atraparlo •

Frente al Hemiciclo a Juárez. 16 de octubre de 2011. Foto: María Meléndrez Parada/ archivo La Jornada


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Niño duerme bajo un puente vehicular, 26 de abril de 2002 Foto: archivo La Jornada

Mi vida loca E ditora lokita

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o les voy a relatar un poco de mi vida que ha sido de fracasos, encierros, soledad y desmadre. Cuando tenía seis años, mi madre no vivía con nosotros porque ella se había ido a trabajar a Ve­ racruz y nos dejó con mis tíos y mi abuela, los cuales se hicieron cargo de nosotros, pero de una manera muy fea: con golpes, humillaciones y burlas porque no queríamos aprendernos las tablas o a leer, pero eso no nos importaba, entre más y más nos pegaran, nos daba mucha risa y eso nos fue curtiendo, pero eso sí, nos herían más sus palabras y las compara­ ciones, fuimos creciendo, mi madre regresó con nosotros, pero entró a trabajar y conoció amigas y le gustó cotorrear, nunca estaba con nosotros, prefería

Negros pensamientos D ocken

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a sus amigas, tomar y no llegar a la casa. Mi padre jamás se hizo cargo de nosotros, él ya había hecho su vida por otro lado, mi hermano empezó a agarrar las drogas muy chico, se drogaba diario, ya no entraba a la escuela y eso… A mi familia no le importaba lo que él hacía como andar en la calle cotorreando con la bandita que se juntaba en la esquina de mi casa, entonces como nadie le llamaba la atención yo em­ pecé a ser igual, lo que más me ha dolido es empezar a drogarme con mi hermano, porque según nosotros olvidábamos el dolor que nos hacían, pero sin saber que el daño no los hacíamos nosotros. A mí me latía cotorrear con mis amigas, y la mejor de mis amigas era Dana, a ella y a mí nos gustaba tener un chingo de amigos, no llegar a la casa, dro­ garnos, pero cuando se empezó a dar cuenta mi ma­ dre de lo que yo hacía ella trataba de darme un con­ sejo y yo la ignoraba y le reprochaba todo lo que ella había hecho y por más que me regañaba y ya no quería que me juntara con Dana, a mí no me impor­ taba, lo seguía haciendo más y más; y cuando me drogaba me sentía grande, mejor que las demás, y lo máximo para mí era pegarle a las chavas o chavos, robarles o andar con uno y con otro, por muchas cosas o nada más los quería para cotorrear. Entré a la secundaria, empecé a enfocarme cada vez más y más en las drogas y yo me sentía “aque­

Niño disfrazado de payaso ante la escena en la que fue encontrado el cuerpo de una persona en un tambo Foto: Alfredo Domínguez/ archivo La Jornada

n una vieja y desolada cabaña de un cerro de un humilde pueblo vivía una familia, un señor de estatura baja, barrigón, alcohólico y drogadic­ to, una señora también de estatura baja, tez morena humilde y de buen corazón, y un niño delgado, curio­ so y juguetón, llamado Peto. Todas las tardes le daban permiso de ir al pueblo para que fuera a ver qué había de nuevo. El niño caminaba solo, mientras en casa sus padres discutían: ‒Ya no pienso trabajar más, sólo te gastas el dinero en tu vicio. ‒Yo no tengo la culpa de haber nacido con el maldito defecto de las drogas. –Nadie nace así, eso se hace, y pasa por andar vagando. El niño regresó una hora después de la discusión. –Hijo, ya estás en edad de irte a pedir limosna, al me­ nos para que aportes algo en la casa, tú mamá ya no va a trabajar, entonces ya no habrá comida ‒dijo el señor. La señora indignada le dijo al señor: ‒¿Cómo le puedes decir eso al niño?, solamente tiene diez años, no puede trabajar. –No me importa, además por eso le dije que pidiera limosna. Anda, hijo, ve y no te preocupes. Cuídate ‒dijo el padre. El niño se fue caminando, y después de unas horas lo que consiguió fueron sólo veinte pesos. Regresó a su casa, abrió la puerta y vio a sus padres dormidos en la cama, puso el dinero sobre el buró y se volvió

lla”, la que podía más que las demás y me gustaba pegarles a mis compa­ ñeras, gritarles a mis maestros, y lo que más me gustaba era irme de pinta y drogarme, conocer a chavitos bien guapos y jugar con ellos, ya después de lo que quería me daba igual. Yo y mis amigas éramos bien putas porque luego nos pasábamos a los novios o si nos gustaba algún chavo íbamos atrás de ellos, des­ pués cuando conocí a una persona que me gusta­ ba mucho, él vendía p . v . c (activo) y por una tontería mató, pero eso a mí no me importaba, un día desapareció. La última vez que lo vi, iba a bañarse, pero como a la semana agarra­ ron a mi hermano, lo mandaron al tutelar y ahí lo volví a ver, empezamos a llorar y yo iba a ver a mi hermano, pero también a él, después me em­ pecé a aburrir, me daba flojera, y conocí al papá de mi hijo, el me gustaba por muchos motivos; porque se vestía bien, me complacía en lo que quería y lo que a mí más me gustaba era salir a fiestas con él y drogarnos los dos, todo era de poca madre, me fui metiendo cada vez más y más a las drogas, él fue cambiando conmigo porque yo ya estaba embara­ zada y no quería cambiar, él me decía que ni así que­ ría cambiar, yo seguía en mi desmadre, él me decía que era una puta, que el hijo que estaba esperan­

Grafiteros plasman su arte en pipas, como parte del programa Jóvenes al Rescate del Agua, 28 de noviembre de 2009. Foto: Francisco Olvera/ archivo La Jornada

hacia el reloj a ver la hora. Se acostó en la cama y se durmió al momento, el cansancio lo había vencido. Acostado en su cama, soñaba en lo que había fue­ ra, pero sólo estaba seguro de que existía su recá­mara y no había más que el infinito, la nada, solamente. Soñó cómo viviría si fuera rico, como el personaje de la película que había visto un día antes en la televi­ sión. También soñó cómo sería si su mundo no fuera una maldita sociedad oscura, vacía y sola como él en ese momento, sin nadie, sin un amigo. De repente escuchó a su padre decir: ‒No es posi­ ble, ¡solamente veinte pesos! Cómo fuiste capaz de hacerme esto. ¡Vete ‒dijo el padre con un garrote en la mano. ‒Pero son las 3 de la mañana, papá ‒respon­ dió con una voz tímida el niño. Al decir esto, el señor se le fue encima, lo golpeó por cada centavo que le faltaba para su droga. Lo dejó tirado en un rincón de la sala vieja y se fue a dormir. El chico con las pocas energías que le quedaban se levantó, se lavó, se cam­ bió y salió sin rumbo. Vagó por todo el pueblo hasta las 7 u 8 de la mañana, y siguió haciéndolo hasta que anocheció sin comer, sin fuerzas. Llegó a un callejón desolado, al entrar, un gato negro se le fue encima y un perro le ladró hasta cansarse pero el niño se acu­ rrucó en una caja, en el último rincón del callejón.

Pasó ahí dos días más sin comer pero el tercer día sólo durmió. Jamás pensó lo que le iba a pasar des­ pués, solo, sin rumbo, sin saber quién lo podía ayu­ dar falleció en el mismo callejón. La madre al darse cuenta de lo que pasó con su hijo, decidió enfrentarse a su esposo, no con golpes sino con acciones, porque a golpes nunca lo iba a derrotar. Se fue a vivir sola en el pueblo, lejos, del otro lado del pueblo, donde no la fuera a ver, donde todos y todas la desconocían, donde todo fuera distinto. Decidió rehacer su vida, volver a empezar. Dos años después, cicatrizada la herida por lo que había sucedido con su hijo, conoció a un señor, pero lo que ella no sabía fue que el señor tenía un hijo, de la misma edad que hu­ biera tenido el suyo de haber vivido, doce años. Lo fue conociendo y tratando. Y después de un tiempo intentaron hacer una nueva vida. Se fue a vi­ vir a su casa y los conoció más, a él y a su hijo. Le pa­ recía que eran la familia perfecta, nunca había visto una igual, en la que no le tenían que decir al niño todo lo que estaba mal hecho porque él lo hacía bien, no le decían que recogiera su cuarto, fuese a la escue­ la o hiciera la tarea. En la que el padre de familia es trabajador, atento, responsable, cuidadoso y amoro­ so. Aunque donde todo parece perfecto, siempre hay


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do no era suyo, y aparte de todo se fue metien­ do cada vez con una de todas las zorras que solían ser mis amigas y eso a mí me dolía, hablé con mi suegra y me dijo que iba a apoyarme, también le dije a mi madre y ella cambió to­ talmente, ya estaba conmigo, llegaba temprano y trataba de que yo me em­ pezara a olvidar de las drogas y de todo lo que yo había vivido. Me cum­ plía todo lo que le pedía, pero todavía tenía la sensación por drogarme, me alivié y a los nueve meses y medio dejé a mi hijo, volví de nuevo a recaer, empe­ cé con mi desmadre, de nuevo fiestas, fue cuando más y más me entraban los nervios, la nostalgia y el sufrimiento, porque cuan­ do me drogaba, todo el daño lo volvía a recordar, y lo que más me dolía, era que que­ ría hacer lo mismo que me hicieron mis pa­ dres con mi hijo, entonces me empecé a tirar a la prostitución, a drogarme más, como yo ya no podía vivir pensando en lo que estaba ha­ ciendo y dañando a mi hijo, decidí acercarme a una señora, no la conocía pero me empezó a dar consejos y habló con mi madre, y ésta optó por

anexarme, duré un mes en sobriedad y volví a re­ caer, entonces encontré a mi mejor amiga Dana, con la cual yo me fui a vivir, duré un mes con ella, a ella la anexaron y vivíamos con su padrino, un señor que todo nos daba a cambio de que tuviéramos re­ laciones sexuales con él, nunca entendí el motivo por el que lo hacía, cuando él me dijo eso, yo pre­p aré mis cosas y me fui con un amigo que era de la fami­ lia, también me apoyaba, yo no trabaja y me la pa­ saba drogándome todo el día, conocí a un señor de treinta años que vendía “vicio”, empecé a andar con él porque me daba dinero pero a cambio de que tu­ viera relaciones sexuales con él, así estuve una se­ mana, pero yo ya no me sentía a gusto, me sentía sucia, sin sueños, como mujer ya me había devalua­ do mucho, entonces regresé a mi casa a hablar con mi mamá y por última vez le volví a pedir ayuda, ella me volvió a anexar tres meses y no me iba a ver, conocí a una persona muy especial que hizo que em­ pezara a reflexionar todo el daño y el sufrimiento que le causaba a mi madre e hijo, y que ella ya esta­ ba cansada de verme en las circunstancias que yo me encontraba, él me brindo todo su apoyo y con­ fianza, me motivaba y me hacía sentir segura, por­ que hasta ahora no jugó con mis sentimientos y no me pidió nada a cambio por lo que me daba, a él lo seguía frecuentando, pero le molestaba que yo fue­

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ra a ver al padre de mi hijo, porque ya estaba muy enfermo y lo único que quería era ver a su hijo, des­ pués falleció y yo cada vez frecuentaba más a mi suegra, a él le molestaba y le daba miedo que yo volviera a recaer, no tanto por mí, sino por el niño, porque él no tenía la culpa de mis acciones, enton­ ces, como bien me lo dijo volví a recaer… El día de hoy me encuentro en un proceso jurídi­ co, me acusan por el delito de robo, acepto que sí lo cometí y yo sé que eso no me hace ser menos ni más y estoy dispuesta a pagar las consecuencias de mis actos, pero ojalá y Dios quiera y me dé esa libertad que toda presa busca, para echarle ganas y salir ade­ lante con lo que quiero ser: una estilista profesional, para mí la carrera ya esta empezada, sólo falta llagar a la meta, pero yo sé que puedo, al igual que mis de­ más compañeras, nuestros sueños se pueden lograr; sólo nos queda la voluntad, y gracias a todos por el amor y confianza que me están brindando, el amor de mi madre, de mi familia y de ese hijo al cual quie­ ro y me quiere. A mi madre y padre por todo el apoyo y el amor que me han brindando, espero poder algún día ser feliz con las personas a las que quiero mucho y que a pesar de mis tonterías y errores que he tenido en la vida están apoyándome, ahora quiero vivir solamen­ te el presente y tan sólo por hoy estoy bien •

En Ciudad Universitaria. Foto: Cristina Rodríguez/ archivo La Jornada

Reclusorio Oriente, 10 de julio de 2003. Foto: José Antonio López/ archivo La Jornada

un defecto, en este caso era la madre del señor. Una mujer flaca, con cara de muchos amigos pero hipó­ crita y déspota. Ella los fue separando, pero el amor y el bienestar fue lo que los mantuvo unidos, además de tener algo en común: un hijo, alguien que ellos querían, que los necesitaba, la señora sabía muy bien que un niño es lo más preciado del mundo, algo invaluable, que no se compararía con todo el dinero del mundo. El señor sabe también que es lo más bello que le dejó su esposa, sabe que ella está dentro de ese niño que injustamente está sufriendo por las peleas que ocasionan los comentarios de una suegra impru­ dente y déspota. El día menos esperado llegó cuando el señor de­ fendió a su nueva esposa y a su hijo, pero la señora habló con él, y quedaron en un acuerdo, que ella le iba a decir a la suegra que no se metiera en sus pro­ blemas porque no se vale que por comentarios de ella se habían hecho problemas entre ellos. Todo iba a seguir igual pero que los dejara arreglar sus plei­ tos a ellos. Los demás del pueblo seguían criticándola porque pensaban que ella había sido quien mandó a su hijo a morir, pero las conclusiones por sí solas llegan, ellos siguieron su vida tan normal como siempre •

XVI Mundialito Deportivo, organizado por el Instituto de Asistencia e Integración Social, en el Deportivo Oceanía, 13 de julio de 2009. Foto: María Luisa Severiano/ archivo La Jornada

Durante el Segundo Torneo de Box Guadalupano, en la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla, 11 de diciembre de 2005 Foto: Jesús Villaseca/ archivo La Jornada


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Reflexión Interna A lexander V alencia

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Limpia vidrios, payasitos y vendedores protestan en el Ángel de la Independencia para que se les permita trabajar, ya que fueron retirados de las calles por una de las recomendaciones de Giuliani, 25 de agosto de 2003. Foto: Jesús Villaseca/ archivo La Jornada

abía una vez un chico de dieciséis años que tenía todo. Era medio alto, moreno claro y con buena educación, se llamaba Alejandro. Lo malo de ese chico es que era muy necio, se de­ jaba llevar por los amigos. Él buscaba ser aceptado por los demás y que no lo criticaran, ni se burla­ ran de él por lo que en verdad le gustaba. Eso llevó a que desobedeciera a su madre, abuelos y tíos, y a veces él discutía mucho con su familia. Su mamá, sus abuelos y tíos le dieron todo, lo con­ sintieron mucho. Él y la mayoría de su familia vivían en un barrio donde había mucha delincuencia y dro­ gadicción, pero ellos sobresalían de entre todos los demás por ser muy tranquilos y porque no se metían con nadie. Se le conocía como la familia Pérez, por­ que eran humildes y trabajadores. Alejandro se dejaba llevar mucho por sus amigos y todos los fines de semana se la pasaba con ellos en la calle o de fiesta en fiesta. No pasaba mucho tiem­ po con su familia pues se iba a la prepa en la tarde de 3:00 pm. a 9:00 pm., pero como se metió a un taller su entrada era a la 1:00 pm. A pesar de sus malas amistades, él era muy respon­ sable, llevaba muy buenas calificaciones y trabajaba para ayudarle a su mamá con la renta, la comida y pa­ ra sus estudios, además de lo que le ayudaban sus tíos. Alejandro conoció a un profesor que le daba taller, y el profesor notaba algo en él, que era muy jugue­ tón y simpático, pero que aparentaba ser muy rudo y con corazón de piedra. El profesor habló con Ale­ jandro y le dijo lo que pensaba. Alejandro se quedó pensando mucho aquellas palabras de su profesor. Conoció a chavos de su misma edad, bien educados, muy estudiosos y, al parecer de Alejandro, buena onda. Ahora cada vez que Alejandro se iba a trabajar se despedía de su mamá, sus tíos y sus abuelitos, cosa que antes nunca hacía. Alejandro se llevó bien con un grupito de su salón conformado por seis adolecentes: tres chavos y tres chavas, que se llamaban: Geovani, Pablo, Abisai, Margarita, Karen y Karla. Alejandro iba con Pablo y Geovani a todas partes, como a museos o parques o simplemente a pasear, pues Alejandro los consideraba sus mejores amigos.

Su madre y toda su familia estaban sorprendidos por el cambio que había hecho aquel chavo necio, rezongón y que discutía por cualquier cosita. Ahora, cuando Alejandro salía con sus “amigos” del barrio ya no le llamaba la atención hacer lo que antes hacía, y sus amigos se enojaban con él por­ que había cambiado hasta su forma de hablar. Cada vez que lo veían le decían de cosas para molestarlo pues decían que se creía mucho. Entonces Alejandro dejó de salir con sus amigos del barrio y se la pasaba más con sus amigos del colegio. Pero algo en el fondo de él sentía que le faltaba algo, era más agresividad, robar y la droga. Cuando Alejandro salió de vacaciones, se juntaba en unas maquinitas por su casa, pero ahí se juntaban sus ex-amigos del barrio, así que volvió a caer en el juego de ellos y lo convencieron de ir a robar. Ese día, Alejandro se atrevió a robar un auto, dro­ garse y llegó al siguiente día a su casa. Su mamá lo regañó, lo mismo que sus tíos y sus abuelos, pero él no los quería escuchar y empezó a discutir con ellos. Al otro día, Alejandro salió a una fiesta en el otro barrio con sus amigos, empezó a tomar y a drogarse hasta terminar peleando con otro chavo. Sus amigos pensaban que tenían de vuelta a Ale­ jandro, ya que ellos decían que el barrio era su hábi­ tat, que pueden sacar a un chavo de la calle pero no iban a sacar la calle de un chavo. Alejandro empezó a robar carros. Tenía mucho dinero y se juntaba con gente muy peligrosa; las per­ sonas de su barrio le tenían mucho miedo pero él pensaba que era respeto. Empezó a creerse mucho, para él nadie merecía hablarle y si alguien le faltaba al respeto lo golpeaba hasta dejarlo casi inconsciente. Se volvió muy violento, hizo una pandilla e iba con ella a golpear a los de otros barrios vecinos, se­ gún él, para defender y dar a respetar su barrio. Su mamá y sus familiares le decían que andaba en malos pasos, que dejara de juntarse con esos dizque amigos, que un día de éstos le podía pasar algo, que incluso podían matarlo, pero él jamás quiso es­ cuchar los consejos y pláticas que le daban. Un día, Alejandro se preparaba para ir a la feria y se le hizo fácil agarrar su navaja y se fue con sus ami­

chamacos no entienden, ¿qué haré, qué haré?...ya sé, mojaré la calle para que se resbalen y así dejen de dar lata. Dejó de regarla hasta que quedó completamen­ te mojada y con charcos. Los niños comenzaron a pensar y uno dijo: ‒Si jugamos así nos caeremos y lastimaremos, mejor hay que aventar piedras a la causante de esto. Haciendo esto, la señora se puso como alma que se lleva el demonio. Se dice a sí mis­ ma: ‒Creo que me equivoqué, salió peor, ay, ay, ¿qué haré para que dejen de molestar? Trataré de cambiar mi actitud hacia ellos. Quizás yo no disfruté mi in­ fancia y por eso me molesta, pero debo pensar qué haré para ganarme su confianza y que no me miren feo. Salió a comprar los ingredientes para un pastel de chocolate, y dos o tres horas después ya estaba listo. Salió y les habló a los niños: ‒¡Niños, vengan, les preparé un pastel! Los niños sorprendidos no podían creer en su generosidad, se acercaron a ella y preguntaron si era en serio, ella contestó: ‒¡Claro! tomen un pedazo. Un niño lo tomó y lo dejó caer al piso. ‒Mire, señora, lo que hago con su pastel. La señora muy triste le preguntó: ‒¿Por qué lo haces?­

Los niños le contestaron: ‒Para que sienta lo mismo que nosotros cuando usted mojó la calle. La señora arrepentida por su mala actitud les pidió disculpas queriendo rectificarlo con el pastel que les había preparado, pero se dio cuenta que eso no haría feliz a los niños. ‒Díganme qué puedo hacer para que ya no me vean feo. Los niños no le pedían nada. ‒So­ lamente sea feliz, que su corazón no esté lleno de amargura, que su alma sea pura, sin odio, solamen­ te disfrute de la vida día tras día, los vecinos la querrán y podrá ganarse su confianza, en nosotros puede tener a unos amigos. La señora estaba agra­ decida. ‒Estoy orgullosa de ustedes, gracias por sus palabras. Con el tiempo la señora cambió su actitud y carácter, los niños jugaban y comían pastel. Todo problema se puede arreglar y las personas pueden cambiar, sólo es caso de entenderlas, escu­ charlas y hacerlas reír un rato, tener sentido del hu­ mor, nunca hay que amargarse, una sonrisa cada día y gozar cada minuto de la vida, buscar la paz de cada persona y hacerles entender que todo ser humano tiene sentimiento •

Palabras de niños A laska

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nos días antes de salir de vacaciones todos los niños estaban felices porque ya era fin de curso y otros pasaban a un grado superior, era la emoción de poder seguir desarrollando su co­ nocimiento. El viernes de esa semana, no teniendo nada que hacer un grupo de ocho niños estaban en la calle de sus casas, ésta era muy estrecha, las ban­ quetas muy reducidas que cuando pasabas era casi imposible no pegar con el cuerpo en las puertas. Con tan poco espacio lo único que quedaba era el deseo de los niños de divertirse, así que empezaron a elegir qué deseaban jugar, uno propuso stop, otro las strais, otro los encantados. Así la pasaron diez mi­ nutos hasta que un niño del mismo vecindario llegó con un balón, y dijo: ‒¿Por qué no una cascarita? To­ dos contestaron emocionados que sí, que empezaran a jugar. Comenzaron felices hasta que golpearon la puerta de la casa de una señora odiosa y payasa. Sa­ lió muy enojada amenazándoles: ‒¡Otro golpe a mi puerta y van a ver cómo les va! Los niños siguieron jugando y otra vez por accidente le pegaron a la puerta. La señora pensó y se dijo a sí misma: ‒Estos


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gos. Se subió a los juegos mecánicos, él pagó todo los juegos a que se subieron sus amigos y después de un gran rato se dirigía a su casa cuando escuchó un gri­ to, eran dos de sus amigos a quienes les estaban pe­ gando bola de 14 chavos como de su edad, él al ver eso corrió a verlos y notó que uno estaba gravemen­ te lesionado, lo llevaron al hospital y Alejandro le preguntó al otro chavo, al que también lo estaban golpeando, que quién había sido y él le respondió que habían sido los “Texanos”. Alejandro empezó a buscarlos por toda la feria hasta que encontró a tres de ellos, a uno le puso la navaja en el cuello y lo amenazó. Empezó a buscar a todos y no los encontró en la feria hasta que un chavo le dijo que ya se habían ido, pero que él sabia donde vivían, entonces Alejandro le dijo que lo lle­ vara hasta sus casas; entonces Alejandro llamó a va­ rios de sus amigos para que les ayudara a pegarles. El chavo los llevó a sus casa, pero Alejandro vio que donde vivían era una unidad grande, pero deci­ dió entrar y sus amigos se metieron por los anda­ dores para emboscarlos y cuándo los vieron a todos reunidos les empezaron a pegar, pero algo suce­ dió, Alejandro se quedó paralizado del pánico y ya no hizo nada, al contrario empezó a separarlos y co­ rrió hacia afuera de la unidad porque salieron todos los de la unidad y querían lincharlos. Después del problema ya no se supo nada de los chavos ésos, pero se corría el rumor de que habían picado a un chavo y decían que había sido Alejandro. Pero él como si nada, no le dio importancia y estaba tranquilo porque no lo había hecho.

Al sexto día del problema, se fue a inscribir a la prepa y vio a sus amigos del colegio y él les platicó el problema que hubo y lo que hizo y le dijeron que no estuvo bien, pero tampoco estuvo mal; mal por haberse metido en problemas que no eran de él, pero bien que no lo picó y que los empezó a separar, pero que ellos sentían que ya no lo iban a ver. Al otro día estaba con un mecánico que se pone enfrente de su casa porque estaba arreglando una camioneta perteneciente a su familia, de repente vio que se acercaba un carro a gran velocidad y se esta­ cionó frente a él y vio que se bajaron dos personas del carro y se dirigieron a él, le empezaron a pegar y co­ mo él no se dejó, bajaron dos personas más y le dije­ ron que eran judiciales y lo subieron al carro. Después se lo llevaron a la delegación donde lo interrogaron y le estaban diciendo por qué estaba detenido, y al escuchar que lo acusaban de que se­ gún él había picado a un chavo en el problema que estuvo, se sorprendió, se enojó y lo negó. Después se lo llevaron a la cárcel y quedó interno, y al estar ahí se sintió mal por él, por su mamá y por su familia.

Al estar ahí empezó a recapacitar todo lo que hacía antes afuera y que estaba mal, también aprendió a valorar mas a su familia, que los consejos que le da­ ban jamás escuchó, y lo que pensaba el profesor de él y siempre pasaba por su cabeza aquellas palabras que le decía el profe “Tú Eres Tú. No imites a los De­ más. Vive Libre Y Busca La Felicidad.” Alejandro solo, encerrado, pensando qué sería de él, si seguiría estudiando, hacer el bien, arrepintiéndo­ se de todo el mal que había hecho, empezó a pedirle perdón a toda su familia por su forma de comportarse. Al estar interno Alejandro cambió mucho, em­ pezó a convivir más con los chavos que estaban tam­ bién internos, iba a todas las actividades, aprendió a cocinar, a tejer, y también descubrió que tenia gran facilidad para hacer cuentos y poemas. Él estuvo interno trece meses y cuando salió notó que muchas cosas habían cambiando, cómo sus ami­ gos que ya no le hablaban, la gente al verlo lo señala­ ba mal y le tenían miedo etc. Una vez ya estando fuera, Alejandro volvió a la escuela, se puso a trabajar en el taller de herrería, cada vez que veía a una persona la saludaba, le daba sus buenos días, tardes y noches. Los niños peque­ ños lo querían porque era muy cariñoso, gentil y a demás porque les leía cuentos. Hablo con sus ami­ gos del barrio, les platicó su experiencia estando in­ terno y desde entonces sus amigos se dedicaron tam­ bién a estudiar y trabajar • Arriba: un grupo de niños duermen en la plancha del Zócalo en compañía de su perro, 29 de mayo de 2003. Foto: Carlos Ramos Mamahua/ archivo La Jornada

Una joven practica patineta, durante la celebración del primer aniversario del programa Jóvenes en Impulso del Instituto de la Juventud, en el Zócalo de Ciudad de México, 16 de julio de 2008. Foto: Cristina Rodríguez/ archivo La Jornada

Reclusos en la sección A, primodelincuentes del Reclusorio Oriente, 10 de julio de 2003. Foto: José Antonio López/ archivo La Jornada

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Insisto y añado En la columna anterior hice un llamado al voto útil consecuente o natural, es decir, si partimos del hecho de que hay tres opciones, y que dos de ellas llevaron al país a donde está, lo consecuente es votar por la tercera opción. Ya no hay tiempo para darle vueltas al asunto, México está al borde del precipicio y en un descuido podríamos amanecer no en una dictadura totalitaria ni en una dictadura de partido, sino en una cruenta dictadura del crimen organizado. Hace poco más de cuarenta años ocurrió algo que en un descuido podría quedar sepultado por completo en el olvido. Sí, me refiero a lo que siempre se conoció como el “halconazo”, palabra que ha degenerado al grado de que para muchos jóvenes seguramente significa que es algo relacionado con los jóvenes ligados al narco y la delincuencia organizada, o que éstas utilizan como vigías, espías o bloqueadores de perseguidores. En aquel entonces, un halcón era algo muy distinto. Un halcón era un miembro de un grupo paramilitar adiestrado para reprimir, golpear, torturar y hasta matar impunemente. Al frente de ellos estuvieron varios militares, oficiales ellos que habían recibido adiestramiento en Estados Unidos. Existían cuatro grupos, y el salario que recibían dependía de su conducta en los entrenamientos y misiones: entre más despiadados y temerarios, mejor salario. Sus primeras acciones no los revelaron como un grupo paramilitar organizado por la regencia capitalina, pues fueron actividades que podrían atribuirse a cualquier grupo de golpeadores formado al azar y ocasionalmente. La actividad que puso en evidencia tanto su organización como preparación fue la represión de la manifestación estudiantil del Jueves de Corpus de 1971, el 10 de junio. En fechas recientes no han faltado quienes me digan que ahora, en estos años, casi a diario hay más muertos que los habidos en esa ocasión. A ese grado ha llegado nuestra apatía, conformismo e incapacidad para distinguir diferencias. Se habla de muertos y se meten todos en el mismo costal. Desde luego que la muerte de un ser humano siempre es lamentable, pues no sólo se trata de él, sino también de quienes están cerca de él, padres, hijos, parientes y amigos. No obstante, sí existen diferencias entre la muerte de un delincuente común y la de un joven por motivos políticos. Tengo frente a mí lo escrito por un joven de aquel entonces, estudiante de la Prepa Popular Liverpool cuyo hermano cayó aquel 10 de junio. Hace un recuento de las circunstancias y... transcribiré algunas líneas de ese documento: “ En la tarde del jueves... cuando se preparaba la manifestación para partir y se ordenaban los contingentes, empezó a correr un rumor: era posible que intentaran reprimir, pues había grandes contingentes de granaderos con sus tanques antimotines y camiones de color gris con gente en su interior, en la esquina de la México-Tacuba y Melchor Ocampo, así como en las calles que desembocaban en la Avenida de los Maestros... “Los halcones atacaron la manifestación por las calles de Alzate, Sor Juana Inés de la Cruz, Amado Nervo y por la calzada México-Tacuba. Cuando atacaron los halcones con sus varas de kendo y chacos, varios estudiantes salimos a enfrentarlos. Después de una batalla en la calles mencionadas, con palos, botellas y piedras, los agresores se replegaron para en seguida dar paso a los grupos armados con pistolas y rifles de asalto M1...

”Cayeron heridos los primeros compañeros. A pesar de lo salvaje y sangriento de la represión, aumentaba la resistencia de los estudiantes para evitar que aumentara el número de heridos y muertos.... Cuando llegué a la Normal, varios compañeros me informaron que una ambulancia de la Cruz Roja acababa de llevarse a mi hermano, que lo habían entregado por la gravedad de las heridas. Había recibido tres balazos: dos en el estómago y uno en el hígado... ”Al salir de nuevo a la calle, en plena refriega, las camionetas grises del ddf , con gente armada iban disparando a todo aquel que se cruzaba en su camino.... Desde el interior de una casa cercana al hospital Rubén Leñero, vimos que los halcones sacaban de él a estudiantes heridos...” Por fortuna el hermano de Enrique no estaba entre esos y permaneció en el hospital, para finalmente fallecer el 10 de julio. La diferencia entre aquellos muertos del 10 de junio y los de ahora, es que los de entonces hicieron un aporte significativo a la lucha por la democracia y contribuyeron decisivamente al cambio; en cambio los de ahora... parece que están sirviendo de pretexto para que regresen los criadores de halcones •

3 de junio de 2012 • Número 900 • Jornada Semanal

Ana García Bergua De amor y suicidios El amor es un globo azul que nos recuerda las ilusiones abandonadas y a veces, sólo a veces, nos pone de nuevo la oportunidad ante los ojos. El amor son las soñadas chicas santaclós que bailan el tubo en el Metro y también proporcionan despertares atroces. El amor es una escapatoria providencial por la que cambiamos nuestra identidad y nuestro destino. El amor tiene la edad de quien se ama y a veces nos deja por alguien totalmente distinto, aunque de nuestra misma edad. El amor es algo aterrador que cruza una zona luminosamente oscura sobre las rodillas temblorosas de un padre. El amor se suicida para matar el alma. El amor es un lugar lleno de texturas, aromas y sueños que sólo nos dura un año. El amor es el vestido vaporoso rojo de mamá sobre mi cuerpo de hombre. El amor es un capítulo de Rayuela. También es una bolsa con una lagartija y una fábrica de puertas que se quedan abiertas. El amor es, tan sólo, una película que siempre evocamos. El dilema del amor es tener al otro de sombra o ser la sombra de otro. El amor es dejar de ser quien eres para suplantar a otro. El amor es el amor que fue y nos roe por dentro para siempre, o una planta que nos devora. El amor es un espejo en el que se refleja alguien más. Es también tener en el vientre un renacuajo asustado. El amor es una sirena y un perpetuo suicidio. La foto de una sirena ilustra la portada de Amor y otros suicidios, de Ana Clavel (Ediciones b); es una imagen muy atinada porque este es un libro de cuentos sirenescos, es decir, que los podrían haber contado las sirenas, pues son cuentos un poco engañosos aunque siempre seductores. Son cuentos en los que el amor es todo menos aquello que siempre nos imaginamos, pero sobre todo es lo que perdemos. Y la maravilla de estos cuentos es que esa cosa profunda, suave, siniestra, aterradora, explosiva, ilusionante, dulce, acuática, animal, vegetal y mineral, sigue siendo, todo el tiempo, el amor. Hablaré de mis cuentos preferidos –y no por ello se vale comenzar el libro por este o aquel, pues están meticulosamente arreglados y dispuestos, como el joyero de una sirena: desde luego está “ Turbias lágrimas de un simple durmiente”, el cuento de un hombre que prolonga el sueño cinematográfico del amor en el camino a casa, negándose a despertar. También me gustó muchísimo “Amoransia”, sobre un hombre que tiene una vida aparentemente dichosa y ordenada, y de repente el recuerdo del amor lo hace perder piso, lo abisma, tal como le pasa al capitán Aguirre, tan lector y tan callado, del cuento “Su verdadero amor”, drama campirano de la época de la Revolución con todo y final chocarrero. Otro cuento inolvidable es “De lagartos y sabandijas”, el que protagonizan una niña y un negociante de puertas llamado James, a quien, como dice el cuento, la vida se le presenta con la figura de un hombre llamado Gerardo Palacios. Las niñas aparecen por todos los cuentos de Ana Clavel: en muchos casos son violentas, seducción que aterra, pero también testigos y también espejos, como la niña del muy conmovedor “Cuando María mire el mar”, en el que la María del cuento tiene que dormir con una niña que la confronta en su condición de embarazada que no quiere estarlo. Así como se siente esta María se sienten muchos de los personajes de Amor y otros suicidios: incómodos, observados, confrontados. Y en ellos el deseo y el amor surgen de los lugares menos pensados, de un cruce de caminos que trae una revelación, de un interior acallado por los años o de otra u otro que de repente los acaricia. El deseo en estos cuentos es una flor, una planta carnívora, una lagartija,

PASO A RETIRARME

Orlando Ortiz

PROSA-ISMOS

arte y pensamiento ........

un centro luminoso e iridiscente que de repente estalla. Las historias de este libro son como el misterioso departamento del señor Múkar en el cuento “En un rincón del infierno”, hecho de líquidos, luces, gasas y árboles que proporcionan una delicia a ratos angustiosa. Cuesta mucho salir de él y no sentirse acariciada y seducida por los personajes de curiosos nombres: Clarimonda, la planta, el señor Múkar, la muchacha que es Eva y Ava, la misteriosa adivina de circo Madama Theljú, la caprichosa prima Dileana, la sirena que sólo se pesca mediante el anzuelo de un peine de carey. En estos cuentos juguetones, a ratos sádicos y siempre sonrientes, Ana Clavel nos vuelve a sorprender con la ejemplar delicadeza de su escritura para revelarnos nuestros propios mundos submar inos de amor y deseo, mundos que nos atrapan como las sirenas a los marineros •

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Alonso Arreola alarreo@yahoo.com

Dylan, Sakamoto, Parker y McCartney Pésimo el concierto de Bob Dylan en el nuevo foro Pepsi Center del World Trade Center. Bueno el de Ryuichi Sakamoto con Alva Noto en el Metropólitan. Magnífico el de Maceo Parker en el Plaza Condesa. Paul McCartney, por supuesto, se cuece aparte. Fue histórico. La presentación del señor Dylan tuvo todo en contra, empezando por él mismo. Es verdad: en este mismo espacio recomendamos asistir a su presentación, conscientes de que su comportamiento nunca responde a las convenciones y de que su pensamiento es políticamente incorrecto. Así, atendiendo a la congruencia y respetando su influencia en la historia de la música popular, nuestra crítica no va más que en sentido estético, contra él y contra nuestra propia audiencia, así como contra quienes pensaron que semejante espacio estaba listo para albergar espectáculos masivos. Dictador inflexible, Dylan impide que la extraordinaria banda que lo acompaña desarrolle su potencial. Tiene una magnífica sección rítmica, dos tremendos guitarristas y un talentoso multiinstrumentista de apoyo; pero no, ha de ser él quien toque cada solo de la noche con cualquier instrumento, y lo hace muy mal. Vaya, sabemos que su voz está rota, que nunca fue un gran cantante, pero esto es otra cosa. Las letras, hoy incomprensibles, lo justificaban todo. Ahora es la estructura, el arreglo y el cobijo mismo de su canto lo que falla. Hablamos de paupérrimas ideas melódicas, de una interpretación descuidada y en decadencia, de muy poca autoridad tímbrica. Repeticiones ad nauseam, silencios incoherentes, escalitas en ascenso o descenso eterno… Una verdadera ofensa a quien tenga un poco de juicio crítico. Así las cosas, mientras él se equivoca una y otra vez pisando cromatismos en la guitarra, la armónica o el teclado, sus músicos lo observan buscando algún eco o indicio, alguna señal que les permita hacer algo más que los trucos de siempre: exagerar dinámicas haciéndose chiquitos durante los versos, creciendo durante los coros y explotando en los “solos”. Pero no. El señor Dylan ha venido por un cheque y lo demás es lo de menos, incluso la gente, ésa que comúnmente aplaude el puro hecho de ver a una leyenda aunque venga a burlarse de todos. Finalmente, el foro Pepsi es un asco. El escenario está a una altura que impide el gozo a quienes pagan boletos de pie. El aire acondicionado funciona mal. El segundo piso está demasiado lejos. El sonido es malo. No hay pantallas. En fin. Parece una obra en proceso que ha sido inaugurada antes de tiempo por un presidente que va de salida. Muy a nuestro estilo. Ojalá que lo mejoren pronto pues hoy parece apenas una buena posibilidad. Sakamoto y Noto, por otro lado, hicieron de las suyas en el marco del Festival de México. Minimalistas y oníricos (igualmente recomendamos su concierto en esta sección), lograron su cometido con un teatro a medio gas, pues los curadores del siempre cambiante fmx no saben medir bien las cosas. Este show era para el Teatro de la Ciudad y el de Antony con la Filarmónica de la Ciudad de México debía suceder, precisamente, en el Metropólitan. Probablemente eso hubiera contribuido a tener precios más justos, pues pese a los múltiples subsidios el festival parece haber abandonado su política de acceso fácil a la cultura (sí, hubo conciertos gratuitos, pero cuando cobraban se excedían). Maceo Parker, contrariamente, estuvo perfecto. Hombre de casi setenta años, fue generoso al brindar una presentación de casi tres horas en la que su

banda (de la que sobresalía Rodney Curtis, bajista de Parliament Funkadelic) pudo lucir su discurso a niveles apoteósicos. Funk, jazz y r & b se combinaron en un despliegue de virtuosismo al servicio del mensaje. Dinámicas imposibles, arreglos de relojería que equilibraban la improvisación constante. Lo más cercano que hoy puede estarse de James Brown o George Clinton. Una maravilla que el lector no debe perderse cuando vuelva, pues es un hecho que así será. Esperamos que entonces el precio no sea tan elevado. Finalmente diremos que los shows de McCartney en México representan el abc de una leyenda, de alguien señero que pese a los años transcurridos no pierde el respeto ante su audiencia, no pierde la capacidad de asombro y, más aún, no pierde su compromiso con la belleza, acaso una de las pocas cosas que podrán salvarnos a la larga, por encima de candidatos insulsos, estudiantes sobredimensionados, líderes sindicales enfermos de poder, narcos enardecidos, maestros mal educados, militares corruptos y periodistas y ciudadanos asesinados •

Luis Tovar cinexcusas@yahoo.com

Algo más grande que Todo No es de ningún modo improbable que Lars von Trier haya visto la mítica, memorabilísima serie de televisión Cosmos, creada por ese científico y humanista entrañable llamado Carl Sagan, como tampoco lo es que recuerde, y bastante bien, un fragmento inolvidable de uno de los capítulos de dicha serie: ahí, mientras el ojo mira una despaciosa, hipnótica, subyugante sucesión de imágenes del planeta Tierra, la voz en off de Sagan estremece cuando se le escucha decir algo que, quizá de tan obvio, suele ser absurda y permanentemente soslayado: la historia, la existencia misma de la humanidad y, con ella, el conjunto de sus invenciones, tanto materiales como conceptuales; las cumbres de su pensamiento y su sensibilidad, los abismos de su ignominia y su capacidad de infligir –o infligirse– dolor; los actos, sean nimios o significativos… absolutamente todo lo que la humanidad ha sido, hecho, pensado, sentido y deseado, tiene lugar en esta menos que mínima, infinitesimal porción del Universo que ocupamos y en donde, por una razón u otra –quizá sin ninguna–, materia y energía lograron alcanzar conciencia de sí mismas. Tierra-Casa que, dependiendo del punto de vista, puede también ser prisión; Mundo-Espacio abierto al infinito, pero que al mismo tiempo es límite definitivo, en tanto no existe aún lugar alguno en el Universo donde los seres humanos puedan seguir aspirando a su perpetuamiento; salvo, claro está, el planeta que habitamos. Empero, el aludido y reiterado soslayar esa nuestra obvia condición suele ser confrontado por el intrínsecamente humano, poderoso, sempiterno y atávico miedo. Ciego, sordo, casi inarticulado de tan irracional; concreto y abstracto al mismo tiempo; asido a causas que pueden ser imaginarias o reales… el miedo de fondo, padre de todos los temores, Miedo de Miedos, es el suscitado por “el fin del mundo”: diluvios mesopotámicos o hebreos, apocalipsis cristianos, finales mayas de la cuenta larga, más la innumerable aparición de seres y colectividades agoreros que, unos menos serios que los otros, garantizan la desaparición d e l Un ive r s o to d o, s o n ex p re siones cabales del terror insuperable que a la materia-energía autoconsciente le produce la idea de la muerte, sí, pero más que eso, de la inexistencia… A la par de razones reales, como las del suicidio ecológico innegablemente vivido en la actualidad –muy concreto motivo para tener miedo–, medran otras intangibles que, tal vez en un colectivo e inconsciente acto de transferencia de culpa, la humanidad suele atribuir a tres fuentes, no necesariamente separadas una de las otras: uno, a su propia historia cultural sólo que torpe o abusivamente interpretada –el 2012 maya, sin ir más lejos–; dos, a “castigos divinos” que nos hemos ganado por desobedientes, religiosamente hablando; y tres, al arribo de “seres extraterrestres” necesariamente “malos”, que no pueden tener, en caso de que existan, más propósito que aniquilar a todos y cada uno de los seres humanos. A contrapelo de tanta puerilidad, para reflexionar en torno a nuestro irrenunciable Miedo, Von Trier propone un muy refinado ejercicio de inteligencia titulado Melancolía. Nada de ridiculeces vestidas de negro matando alienígenas deformes; nada de barquitos atacando maquinotas extraterrestres; nada, en fin, que pueda verse en las muchas, demasiadas películas que llevan demasiado tiempo trivializando, banalizando, abo-

CINEXCUSAS

Jornada Semanal • Número 900 • 3 de junio de 2012

BEMOL SOSTENIDO

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bando, a ese género cinematográfico hermoso y por sí mismo digno llamado ciencia ficción; pero también trivializando, volviendo mero e imbécil pretexto mercachifle cinemático la que sin duda es una de las inquietudes más insondables y, al mismo tiempo, paradójicamente más fascinantes que la razón se ha planteado: ¿y si el mundo, y necesariamente nosotros con él, en él, dejara de existir tal como lo conocemos? No es poca cosa que un filme, como éste del exdogmático danés Von Trier, tienda evidentes lazos que acaban anudándose con los planteamientos de un científico –uno de tantos– dedicado a entender, así sea embrionariamente, qué somos y por qué somos, comenzando por la comprensión de nuestra colectiva e intrínseca pequeñez, cuando la unidad de medida es el Universo, su tamaño y su edad; comenzando por ser conscientes de que ni una sola cosa o idea pasada, presente o futura puede ser, por más que lo deseemos, únicamente por el hecho simple de desearlo, si acaece la presencia de un Algo capaz de acabar con nuestro Todo. La presencia, por ejemplo, de un planeta llamado Melancolía •


arte y pensamiento ....... LA JORNADA VIRTUAL

3 de junio de 2012 • Número 900 • Jornada Semanal

Naief Yehya naief.yehya@gmail.com

Sexo (virtual), mentiras y guerra: el caso Scott Ritter (i de ii) De inspector a activista Durante la campaña bélica conducida por el régimen de George w . Bush para atacar a Irak, pocas veces los medios estadunidenses expresaron su desconfianza y su escepticismo. Así, mientras los medios ignoraban su deber, uno de los críticos más radicales de la guerra resultó ser un personaje paradójico, Scott Ritter, un exmayor de los Marines que fue inspector (y en algunas misiones inspector en jefe) de la comisión especial de la onu para armas de destrucción masiva. Entre 1991 y 1998, Ritter realizó numerosas inspecciones a los búnkers,“palacios”, bodegas y fábricas donde supuestamente Saddam Hussein producía y almacenaba su arsenal. Ritter era considerado el “perro alfa“ de los inspectores; era una especie de misionero implacable que cuestionaba ferozmente las políticas de Bagdad. Pero también era un hombre decidido y testarudo que llegó a ser acusado de espiar para Israel; una ocasión el general Norman Schwarzkopf ordenó que lo detuvieran. En 1998 Ritter renunció a la onu por varias razones, pero principalmente tras descubrir que la cia estaba utilizando a la comisión para espiar a Irak. Ritter pasó de una posición provocadora e intolerante hacia Bagdad a manifestarse en contra de la inminente guerra y así se convirtió en el villano favorito de los neocones y en un héroe incómodo del muy desarticulado movimiento antibélico. El activismo de Ritter, cargado de retórica promilitar y nacionalismo exacerbado, desencajaba entre los pacifistas, liberales y radicales de izquierda que intentaba detener la marcha hacia la guerra. Sin embargo, era uno de los expertos mejor informado en materia de armas de destrucción masiva y con la mayor experiencia en

el terreno. Ritter tomó tan en serio su campaña antiguerra que viajó en 2002 a Bagdad para hablar frente al Parlamento, como ciudadano, con la intención de advertir lo que estaba fraguándose y para asegurar que no todos los estadunidenses apoyaban ese proyecto criminal. Sus argumentos fueron por supuesto acertados, su análisis del arsenal iraquí fue justo y su predicción de las consecuencias catastróficas de la guerra fue precisa. No fue el único en anticipar el fiasco y la carnicería bestial que Bush y los neocones estaban a punto de lanzar, pero su prestigio y su integridad lo convirtieron en una amenaza potencial para la administración… hasta que Ritter comenzó a autodestruirse.

Crímenes inmorales Al dejar la onu, Ritter comenzó a trabajar como analista, realizó un documental e imaginaba que no tardarían en llegarle contratos para escribir reportajes y ensayos para diarios o revistas e invitaciones para ofrecer conferencias, además de que esperaba ser contratado como especialista en alguna cadena televisiva. Quizás esto hubiera sucedido, pero en 2001 tuvo dos desafortunados encuentros con la policía, uno de los cuales resultó en su arresto. Ritter pasaba mucho tiempo en foros en línea buscando jóvenes a las cuales proponía reunirse para que lo vieran masturbarse. Esas dos ocasiones, en vez de chatear con adolescentes menores de dieciocho años, lo hizo con policías cuarentones. Así que coqueteó, trató de seducir y eventualmente se masturbó frente a su webcam para ofrecerles un show, luego les dio cita en el estacionamiento de un Burger King, donde se encontró con sus verdaderos interlocutores. El juez decidió enviarlo a terapia y no fue condenado. A partir de 2004 reincidió y tuvo numerosos encuentros con mujeres, mayores de edad, en estacionamientos, hoteles y carreteras (según

Enrique López Aguilar

A LÁPIZ

alapiz2000@gmail.com

Sala Margolín (ii y última) A diferencia de las compras realizadas por internet, o en tiendas como Mixup y Gandhi, la conversación, las recomendaciones y la “asesoría” formaban parte del vasto saber musical de Carlos Pablos y Luis Pérez quienes, con sencillez, compartían sus sapiencias musicales y discográficas con sus clientes. Habrá quien diga que ésas ya no son cosas que aprecie la clientela contemporánea, mucho más impuesta a la vertiginosa impersonalidad de la pantalla y el teclado, aunque también me pregunto si no será que esos jóvenes ciberusuarios más bien ignoran las bondades de un trato personalizado, un tanto a la manera de ese viejo compañero de trabajo a quien alguna vez le preguntaron: “¿Te gusta ver pornografía?”, a lo que respondió, sin dudar: “Prefiero hacerla junto con mi pareja.” Referiré una anécdota ocurrida muy a finales del siglo xx, que ilustra lo que vengo diciendo. De camino hacia algún lugar, una amiga mía escuchó una música en la radio de su automóvil; por circunstancias usuales para quien maneja, no pudo escuchar el nombre de la obra ni el del autor, de manera que se quedó picada sin resolver la incógnita de una música que la había fascinado. Algunos días después, de paso por la colonia Roma, le aconsejé detenernos en Margolín para buscar la obra que tanto la había perturbado. Estaba dudosa: “No tengo ningún dato.” “No te preocupes, los señores de la Margolín sabrán aconsejarte.” Entramos a la Sala y nos atendió Luis Pérez. Mi amiga le expuso lo mismo que a mí: “Busco una música que escuché en Radio Universidad, me parece que es una obra breve, emplea una orquesta de cuerdas y se escucha una campana.” Todo un

Luis Pérez y Carlos Pablos

acertijo. Luis fue por un disco y lo puso: “Tal vez sea esto.” La música se dejó escuchar, lenta y envolvente, mientras el rostro de mi amiga se transformaba. “¡Esa es!” Era el Cantus en memoria de Benjamin Britten, de Arvo Pärt: Luis no sólo acertó con la obra ambiguamente descrita, sino que Margolín contaba con una magnífica versión de la misma. Otras personas que se encontraban en el local se acercaron para preguntar por lo que se estaba escuchando, pero ese desenlace es asunto de otras historias: mi amiga salió de Margolín con el disco de Pärt. No insistiré en la resignación con que deben padecerse las ignorancias de muchas de las personas que, en otras tiendas donde se venden discos, dizque ayudan al cliente con ayuda de computadoras, insuficientes a la hora de pedir consejo: no conocen autores, ni intérpretes, ni versiones… ni música. Vayan a un lado estas penurias. La Sala

su propio recuento casi a diario buscaba compañía en foros de chat). Ritter, quien tiene dos hijas gemelas de diecinueve años, asegura que esto se debió a que estaba hundido en una severa depresión. En febrero de 2009, Ritter volvió a caer en la trampa; en un foro de Yahoo se encontró con una supuesta joven que le aseguró que tenía quince años. Se trataba de Ryan Venneman, uno de los cinco policías de la diminuta localidad de Barrett Township, Pennsylvania, quien decidió lanzarse a la cacería de pedófilos. Tras chatear por cerca de una hora, Ritter le ofreció una dirección web donde podía verlo masturbarse. Cuando terminó, el policía le reveló su verdadera identidad y le anunció que se acababa de meter en un lío serio.

Vergüenza Este último incidente sí tuvo consecuencias desastrosas. Perdió su empleo y se convirtió en un paria. El hombre que predijo que Estados Unidos se iría a la ruina y se convertiría en el hazmerreír del mundo por su desquiciada ambición y su ineptitud para juzgar una situación delicada, fue víctima de su propio mal juicio y se colapsó de manera trágica y vergonzosa. Como en la película Shame, de Steve McQueen, Ritter se vio arrastrado por una desesperada urgencia que obviamente no pudo controlar. Ritter señala con tino, en su entrevista con Matt Bai en la revista del New York Times (“Scott Ritter’s Other War”, 22 de febrero de 2012), que nadie murió por culpa de sus crímenes; en cambio, cientos de miles perecieron inútilmente en la guerra de Irak. Sin embargo, es él quien es enviado a la cárcel. Muchos quisieron creer que Ritter había sido víctima de una conspiración, pero es claro que el exinspector es un reincidente de este tipo de “crimen mental”, uno en el que se castiga el deseo aunque nadie salga lastimado • (Continuará.)

Margolín no era sólo un lugar donde podían esperarse consejo y orientación, sino que la buena charla resultaba inevitable cuando la frecuencia de las visitas propiciaba un trato más familiar entre los margolinos y sus clientes. En tal sentido, el concepto de “empresa cultural” superaba la idea pragmática de la escueta relación entre compradores y vendedores, y alcanzaba la de la “comunidad de los espíritus” que, en otro contexto, describió Karl Jaspers. Hace un lustro visité Margolín por última vez. Entre otras cosas, compré un álbum con la versión integral de los cuartetos para cuerdas de Dvorák, interpretados por el Cuarteto Stamitz. Llevé a mi hija pequeña, confiado en que, en su momento, ella sería visitante asidua de un lugar predilecto para su padre. Con la certidumbre de que hay modas que pasan e instituciones que perduran, supuse que pronto regresaría a la calle de Córdoba (con ese “pronto” característico de los viejos amigos, para quienes el adverbio de tiempo puede dilatarse durante años). Muchas cosas ocurrieron en mi vida durante los cinco años referidos, pero nunca imaginé que la siguiente noticia que tendría de Margolín la leería en una especie de obituario, olvidado de que, de manera semejante, un día dejó de estar al aire xela . Es cuando la ausencia irreparable provoca una nostalgia expresada en preguntas y suposiciones que se concretan en expresiones como “debí haber acudido con más frecuencia”. El lugar donde siempre estuvo Sala Margolín me parece una arquitectura de estilo funcionalista, aunque ignoro la fecha en que se edificó ese espacio y el nombre de su arquitecto. Si lo dicho por Carlos y Luis es cierto, si el local debe venderse cuando se disuelva la empresa, no quiero imaginar lo siguiente: su compra y demolición para edificar uno más de los horrendos condominios que proliferan como hongos en Ciudad de México, bajo la benévola mirada de delegados y funcionarios venales, indiferentes ante la crisis urbanística del De Efe. Doble dolor: adiós a Sala Margolín, adiós a su local •

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Germaine Gómez Haro

La Oncena Bienal de la Habana (i de ii) Para Eusebio Leal, artífice de tantos cambios

El pasado 10 de mayo se inauguró la Oncena Bienal de La Habana, magno evento que a lo largo de veintiocho años ha sido tradicionalmente un bastión dedicado al arte latinoamericano y del Tercer Mundo, privilegiando la noción de centro y periferia con un nuevo cariz que va de acuerdo con los cambios que se han dado en la geopolítica actual. Bajo el sugerente título de Prácticas artísticas e imaginarios sociales, el guión conceptual y curatorial ha tenido como objetivo potenciar la interacción entre los espectadores y las obras, así como propiciar la relación que tiene el arte con el espacio público, y la participación de un núcleo de espectadores mucho más amplio e incluyente, en el afán de actualizar y reforzar la idea del trabajo creativo de carácter social. Con un apabullante programa que incluye la participación de alrededor de 180 creadores de cuarenta y tres países que se suman a los más de cuatrocientos de origen cubano, la Bienal de la Habana resulta una vorágine en la que el visitante se interna en un caleidoscopio de exhibiciones, instalaciones, performances, intervenciones, que dan cuenta de la complejidad y multiplicidad del discurso polifónico que representa el arte contemporáneo internacional. El arte en la calle es una de las principales premisas del evento, y su finalidad es destacar el papel de la creación artística en la planificación arquitectónica y el urbanismo, así como la transformación de los espacios urbanos a través de acciones colectivas. Así, más allá de las sedes oficiales de la Bienal, los proyectos se diseminan por toda la ciudad “como un reparto humano”, según escuché por ahí, incluyendo espacios alternativos en el Vedado, Centro Habana, Paseo

Cabezas, performance de Manuel Mmendive

del Prado, la Habana Vieja y el Malecón, entre otros, donde la interdisciplinariedad ha dado lugar a todo tipo de manifestaciones dispersas en ruinas de edificios y construcciones abandonadas. Cuestionar el significado y la repercusión que el arte actual tiene en nuestra interacción con la sociedad es otro de los objetivos que se persigue a través de actividades pedagógicas organizadas en las universidades, encuentros y acciones entre estudiantes de arte y artistas reconocidos, cubanos y extranjeros, como fue el caso de la participación de Gabriel Orozco con los alumnos del isa (Instituto Superior de Arte), donde se llevó a cabo la intervención de una sección de la antigua escuela de ballet que se encuentra actualmente en ruinas, y cuyo resultado ha sido una de las sorpresas más gratas de la Bienal por su fuerza conceptual y por la belleza azarosa e inaprehensible que Orozco y su grupo de discípulos consiguieron imprimir a ese fascinante espacio a través de un trabajo colectivo de carácter efímero.

Jorge Moch

ARTES VISUALES El evento más importante y, desde mi punto de vista, de mayor peso significativo de la Bienal, es la presentación de la Colección Ella Fontanals-Cisneros, que reúne alrededor de unas ochenta y cinco piezas de más de sesenta artistas contemporáneos consagrados a nivel internacional. No solamente es relevante por el hecho de ser la exhibición más ambiciosa que se haya presentado en la Isla desde la llegada de la Revolución, sino porque la creadora de esta impresionante colección es una empresaria y promotora cultural nacida en Cuba, quien abandonó la Isla en 1961, a los catorce años, para residir en Venezuela, en tanto que la colección fue conformada años después en Miami, donde se encuentra la sede de la fundación que la alberga (Cisneros Fontanals Art Foundation, cifo). Divorciada hace unos años de Oswaldo Cisneros, miembro de la familia de magnates de las telecomunicaciones venezolanas y férreos enemigos de Hugo Chávez, Ella Fontanals –contra viento y marea– consigue trasladar de Miami a su ciudad natal su alucinante colección para el goce del pueblo cubano que pocas veces tiene la oportunidad de disfrutar muestras de este calibre. Así, el mismo día que aparecía en el periódico Granma la imagen del presidente Chávez despidiéndose de Raúl Castro, la cubana-venezolana afincada en Miami inauguraba, a bombo y platillo y con una asistencia inconmensurable, su magna exposición en el espléndido Museo de Bellas Artes. Azarosa coincidencia que habla de una esperada apertura. La Oncena Bienal de La Habana representa, a todas luces, un claro ejemplo de los cambios que se están dando en la política cultural, social y económica en la isla, a pesar de quienes sigan reacios a admitir que, aunque lentamente, estos cambios son una realidad. Y lo que se refleja en el espejo de esta controversial Bienal da cuenta de ello • (Continuará.)

CABEZALCUBO

tumbaburros@yahoo.com Twitter: @JorgeMoch

Poderoso tuit Para @mtaibo3 y @corbu000

Aunque he manifestado siempre mi aborrecimiento al colonialismo estadunidense debo admitir que gracias a internet, que es tecnología desarrollada a partir de un proyecto militar gringo de codificación y transmisión de datos, puedo ejercer con mayor agilidad el oficio de aporreateclas y monigotero en periódicos de papel o virtuales. Pero soy un usuario escéptico. Tuve, por ejemplo, una cuenta de Facebook y me pareció excesivamente gregario, una enorme olla de chismes, demasiada gente buscando divulgar banalidades propias y ajenas. Había comentarios hueros por todos lados, de cualquier cosa: las fotos de las vacaciones de cada usuario, las de sus reuniones de familia. Después de dos meses ya había visto todo lo que podía ver allí y cancelé mi cuenta. Abandoné Facebook; no lo he vuelto a usar, ni pienso hacerlo. Por mucho tiempo escuché elogios sobre Twitter. Debo decir que cuando supe que se restringían los mensajes a 140 caracteres me pareció un poco tonto, un mucho arbitrario y sin embargo deseable para evitar tanta verborragia, porque el lado oscuro de las redes sociales es, precisamente, su mayor virtud: cualquiera puede decir lo que se le antoje. O casi. Me llamó mucho la atención el papel protagónico que las redes jugaron en la primavera árabe y en la organización de las protestas en España contra las reformas neoliberales del dogmático Rajoy. Así que hace cosa de un mes, y no sin reservas, abrí mi propia cuenta de Twitter: @JorgeMoch, y me ha cautivado. A diferencia

de Facebook, Twitter, como ya lo sabe mucha gente, tiene la característica de la inmediatez (y también el defecto de ser demasiado efímero). Se “tuitea” (a partir de hoy le quito las comillas al verbo) para ser leído por otros usuarios en el preciso instante en que se hace clic, y lo de los 140 caracteres pues no obliga sino a ejercitarse cada quien en su propia capacidad de síntesis. En medio del proceso electoral, las movilizaciones a partir del encontronazo del candidato del pri con los estudiantes de la Ibero reivindican su pedigrí, su fuerza y autenticidad ciudadanas de movimiento nacido precisamente por las virtudes de multiplicidad con que se replica a sí misma la red social. La velocidad de réplica y diseminación ha rebasado por mucho la unilateralidad de la televisión. No bien un comentarista dice una mentira u omite una mención, ya está contrastado su dicho en las redes. Y el contraste se replica exponencialmente. Me he metido de lleno, pues, a tuitear. Y me asombro cada día con los resultados, con la capacidad de incidencia y de diseminación de la información sobre eventos sociales y políticos de un entorno que hasta hace poco era refractario a las reacciones de indignación o regocijo de la gen-

Ilustración de Juan Gabriel Puga

te; Twitter me parece una estupenda herramienta del activismo democrático, y vaya que lo ha demostrado. Hace unos días policías municipales de Hermosillo recibieron de la alcaldía (habitada por un panista, no podía ser de otro modo) la orden –desproporcionada– de arrestar a unos miembros del Movimiento 5 de Junio, padres de los niños víctimas de la indolencia criminal que mató a cuarenta y nueve pequeños en el incendio de una guardería, por una pinta en la calle. La indignación del hecho dio inmediato paso a la acción. Algunos periodistas conseguimos las cuentas de correo de Javier Gándara, el alcalde panista y de Guillermo Padrés, el gobernador (de extracción priísta) de Sonora y en minutos les cayó una cascada de cientos o miles de mensajes de ciudadanos encabronados que exigíamos la inmediata liberación de los afectados. Creamos el hashtag #LiberenPadresabc y entre la presión ejercida en las redes y su traducción a las calles, teléfonos y medios nacionales, en cuatro horas los padres detenidos fueron liberados. Entonces me di cuenta de la incidencia real de los tuits, de su poder de convocatoria, de su activa preponderancia en la vida nacional y concretamente en la supervisión ciudadana de lo que queremos todos: elecciones limpias, sin Hildebrando metiendo la pezuña en el conteo de votos y sin pifias de 0.56 por ciento ni frases estúpidas como “haiga sido como haiga sido”. Twitter democratiza la vida nacional al grado de que quien no participa se excluye, y los funcionarios lo saben y se ven obligados a abrir esos canales antes impensables de comunicación directa con la ciudadanía. Esto los saca de sus nichos de confort, nos los pone al alcance de un tuit, de nuestro enojo justiciero o de nuestra ocasional solidaridad. Con Twitter, el que se lleva se aguanta •


voz interrogada

3 de junio de 2012 • Número 900 • Jornada Semanal

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La poesía y el poeta en Hidalgo Entrevista con Omar Roldán Rubio Ricardo Yáñez ilustración de Juan G. Puga

Poeta, periodista, tallerista y promotor cultural, Omar Roldán Rubio nació en Tulancingo, Hidalgo, en 1960. Ha publicado los poemarios Sueño de miércoles y mayo, Del viento y la mirada y Para acabar el año; su trabajo se ha incluido en diversas antologías y actualmente es instructor de teatro en el Instituto de Ciencias Agropecuarias de la uaeh .

E

n Hidalgo existe un buen número de ejercitadores de la literatura. Aclarando que no todos los nombrados son hidalguenses de nacimiento, y reconociendo, eso sí, su búsqueda constante, su dedicación y su labor literaria en general, el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo (Cecultah) tiene en sus registros a alrededor de treinta escritores de distintas épocas. La lista, a la que se puede acceder por internet, incluye a Agustín Cadena, Antonia Cuevas Naranjo, Arturo Trejo Villafuerte, Daniel Fragoso Torres, Daniel Olivares Viniegra, Diego Castillo Quintero, Diego José, Efrén Rebolledo (†), Enrique Olmos, Elisa Vargaslugo Rangel, Fernando Rivera Flores, Gonzalo Martré, Guadalupe Ángeles, Ignacio Rodríguez Galván (†), Ignacio Trejo Fuentes, Javier Said, Estrella García, Ilallalí Hernández, Jorge Antonio García Pérez, José Antonio Zambrano, Luis Rubluo Islas, Margarita Michelena (†), Mariano Morales y Nancy Ávila Márquez. No están enlistados Abraham Chinchillas, Jorge Contreras, Venancio Neria, Alfonso Valencia, Alejandra Craules, Ramsés Villanueva, Eduardo Hidalgo, Antonio Hernández, Pilar Cheín, Virgilio Guzmán, Ana María Vázquez, Rafael Tiburcio, Armando Muñoz, Anel Ortega y Ricardo Luqueño, por mencionar algunos.

‒Los mencionados, casi sin excepción, al menos una vez habrán “visitado” un taller literario. Antes del concepto taller ya se practicaba el intercambio de impresiones: en grupo, de manera epistolar o de otras formas, lo que da una idea

sobre la importancia del diálogo y la discusión en la recreación literaria, y de la existencia y permanencia de estos lugares. Para un mejor y mayor acercamiento a lo poético se hace ineludible acudir a un taller, aunque en muchos de ellos existan y persistan equívocos mentores que contagian su ceguera respecto a lo esencial poético, estableciéndose sólo en la construcción del poema. En mi caso he tenido la fortuna de que mis maestros me hayan llevado por intensos derroteros poéticos hasta comprender que la poesía no se enseña ni se aprende: se aprehende, está allí, lista a revelarse a la aguzada mirada. ‒Lo que hace un buen maestro o tallerista literario es enseñar a observar, a observar-nos como parte de un todo: yo y el entorno, yo y el universo, yo el universo. Poeta es aquel que se asienta y habla y escribe desde la poesía, siendo parte, causa y efecto de la misma. Para ello recurre a lo que se conoce como poema, pero también se expresa en otras formas. ‒El arte es una virtud inherente al hombre, cuya tendencia natural, de acuerdo con el viejo Aristóteles, es hacia el bien; el practicante del arte debe producir actos bien hechos que obren el bien común. Este principio debería diferenciar al artista del simple escritor, pues no es suficiente escribir bien o bonito; para lograr un texto sustancialmente literario y poético se debe reflexionar sobre qué se escribe y para qué. ‒La palabra es herramienta que permite entablar un diálogo uno mismo y con los demás a partir de la mirada introspectiva del entorno para revelar la entidad que es, que somos. La poesía habita al hombre, es su médula y contexto. ‒El arte debería irrumpir siempre en la conciencia colectiva, pues el verdadero artista explora y conjura para explicarse lo que de la naturaleza humana reverbera: más maravilloso que encontrar a un unicornio bebiendo en una fuente es ver el paso del hombre yendo hacia la muerte. Aunque la poesía está en todas partes no influye en todos. Núcleo que pervive en el profundo misterio de la vida y la muerte, para entenderlo a

profundidad es necesario adentrarse en un conjunto ilimitado de signos capaces de revelar una realidad cercana a lo inasible, una otra posibilidad de religarse al entorno, a la divinidad y al conocimiento. ‒Aunados a los sustentados por Cecultah, que funcionan según una programación establecida, debe haber en Hidalgo alrededor de veinte talleres sostenidos de manera independiente, de los cuales sólo se conocen quizá tres en la capital, dos en Tulancingo, uno o dos en algún otro punto del estado. Hace falta, por parte de las autoridades culturales y académicas, reconocer su importancia en la formación no sólo de posibles escritores, poetas o artistas en general, sino también de profesionistas. ‒Existen en el estado grupos dedicados a la práctica literaria que, en conjunto, logran una comunidad, aunque distanciada. Internet ayuda a que ese distanciamiento no sea tanto, pero habría que preguntarse qué tan valioso es, qué tan riesgoso para lo literario, pues si bien propicia rápidamente el intercambio de textos, un gran porcentaje de esos escritos son triviales: cualquiera con dos grados de necesidad expresiva y sin la menor reflexión, el menor adiestramiento en la escritura, da a conocer sus “obras”. Y nada como abrir un libro, percibir su olor, su textura y adentrarse en su contenido. ‒Institucionalmente se editan al año alrededor de cuatro libros referentes a lo creativo o recreativo literario; de manera independiente quizá otro tanto. Hace falta mucha promoción de lo que realmente los escritores hidalguenses hacen, lo que es difícil cuando no se cuenta con una universidad que prevea esa formación. El practicante literario en Hidalgo ha tomado siempre la actitud de ser al mismo tiempo escritor y promotor de su obra ‒sin o con apoyo de las instituciones, y a veces, a pesar de ellas. A mi ver la poesía, esencia del hombre, en el estado de Hidalgo y en el país se encuentra confundida, ignorada, maniatada, manipulada, secuestrada y traicionada, pero viva •

próximo número

LOS PERSAS Y SU LENGUA DE AVES Y DE ROSAS Attar, Ferdosí, Hafez, Jayyam, Molaví-Rumi y Saadí

jsemanal@jornada.com.mx


La Jornada Senamal  

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