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F ABRIZIO A NDREELLA

• El medio milenio de G IORGIO V ASARI

• Entrevista con T EDI L ÓPEZ M ILLS

Senilidad y postmodernidad

■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 15 de enero de 2012 ■ Núm. 880 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver


bazar de asombros PALABRAS PARA UN DOCTORADO ( I DE II )

15 de enero de 2012 • Número 880 • Jornada Semanal

Hugo Gutiérrez Vega

“Ensamblado con los instru-

No para cumplir las viejas formas protocolarias sino

estado de nuestro país y sobre los problemas que

mentos de la medicina, la

porque así lo siento, debo empezar diciendo que este

agobian a las universidades públicas y, en general,

nombramiento es para mí un honor y una responsa-

a la educación pública, laica y gratuita. Me preocu-

bilidad, pues me lo otorga la Universidad Autónoma

pa, en primer lugar, las persistencia de los gobier-

Metropolitana, una universidad crítica que, desde su

nos, tanto priístas como panistas, en mantener el

es hoy, tristemente, mero esce-

fundación, ha estado abierta a su tiempo histórico,

modelo neoliberal y en erosionar lo poco que queda

nario para efectuar el show de

ha fomentado los proyectos humanísticos y ha ana-

del Estado de bienestar en el que creyó y echó a an-

la modernidad occidental,

lizado todas las corrientes del pensamiento. Lo agra-

dar, en varios aspectos, nuestro estadista mayor en

dezco profundamente y lo tomo como un estímulo

el siglo xx, el presidente Lázaro Cárdenas. El neo-

para seguir cumpliendo, en los años que me queden,

liberalismo gestiona el beneficio del pequeño grupo

mis obligaciones para con la poesía, el ensayo y el

de miembros del que Gramsci llamaba el aparato de

oficio del periodismo que, en los tiempos trágicos

coherencia interna del sistema capitalista: los gran-

a la recuperación de la hermo-

que vive nuestra nación, es una tarea peligrosa y, a

des empresarios que han destrozado al capitalismo

sa imagen que Victor Hugo

la vez, indispensable para hacer que resplandezca la

competitivo para entronizar al monopolístico, los

tenía de la vejez –“la adoles-

verdad en un país asfixiado por la mentira, la mani-

medios de comunicación de masas que actúan como

pulación, la violencia patológicamente cruel, la po-

manipuladores de la cada vez más debilitada opinión

breza de las mayorías y el crecimiento, propiciado

pública, los grandes banqueros (hay momentos, es-

por el modelo neoliberal, de la extrema miseria, ésa

pecialmente cuando nos enteramos de las desor-

que tiene como panorama futuro la propia miseria.

bitadas ganancias de los bancos, que nos hacen re-

cirugía, el maquillaje y la moda”, el cuerpo humano

como lo nombra Fabrizio Andreella en el agudo y lúcido ensayo donde, también, apela

cencia del infinito”, la llamó el autor de Los miserables–, lejos de ese juvenilismo contemporáneo mercantilizado, pueril y

Vivimos momentos de zozobra y desasosiego. La

cordar lo dicho por Bertolt Brecht: “es más delito

empobrecedor del espíritu

falta de credibilidad en el gobierno y sus propagan-

fundar un banco que robarlo”) la jerarquía eclesiás-

colectivo. Publicamos también

distas tiene un fundamento indiscutible en el hecho

tica (con la excepción de algunos obispos y de mu-

de que la mentira ha sido entronizada en la vida pú-

chos sacerdotes seguidores de la opción por los po-

blica como una forma natural y cotidiana de comu-

bres, y defensores de los derechos humanos); el

nicación. El hombre actual está saturado de infor-

gobierno y las fuerzas del orden público. Los cau-

quinientos años de su natali-

mación y, al mismo tiempo, la falta de calidad moral

santes cautivos sostenemos al país pagando impues-

cio, así como una entrevista

de esas informaciones le impide normar sus crite-

tos, los empresarios medios y pequeños cumplen

con la poeta mexicana Tedi

rios y lo entrega inerme y perplejo en las manos su-

generalmente sus obligaciones, aunque con frecuen-

cias de la desinformación y de las instancias ma-

cia y debido a la voracidad tentacular de los grandes

nipuladoras. De esta manera, nuestra libertad se ve

consorcios y a las dificultades para conseguir cré-

nulificada, pues ahora más que nunca debería ser

dito barato, suficiente y oportuno, se hunden en el

una realidad el apotegma que puede abrir la puerta

fracaso o, con tenacidad heroica, intentan sobrevivir

a la esperanza en la regeneración de la raza humana:

en medio de la barbarie monopolística.

un texto sobre el escritor italiano Giorgio Vasari, a

López Mills, ganadora en 2009 del prestigioso Premio de Literatura Xavier Villaurrutia.

“La verdad os hará libres.” Al recibir este honor que me otorga la UniverComentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

(Continuará.)

sidad Autónoma Metropolitana, tengo el deber de entregar el sincero fruto de mis reflexiones sobre el

jornadasem@jornada.com.mx

Directora General: C A R M E N L I R A S A A D E , Director: H U G O G U T I É R R E Z V E G A , Jefe de Redacción: L U I S T O VA R , E d i c i ó n : F RANCISCO T ORRES C ÓRDOVA , Corrección: A LEYDA A GUIRRE , Coordinador de arte y diseño: F RANCISCO G ARCÍA N ORIEGA , Diseño Original: M ARGA P EÑA , Diseño: J UAN G ABRIEL P UGA , Iconografía: A RTURO F UERTE , Relaciones públicas: V ERÓNICA S ILVA ; Tel. 5604 5520. Retoque Digital: A LEJANDRO P AVÓN , Publicidad: E VA V ARGAS y R UBÉN H INOJOSA , 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. Correo electrónico: jsemanal@jornada.com.mx, Página web: www.jornada.unam.mx La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauh témoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cuitláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jor nada Semanal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/ SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. Portada: El reino de la sabiduría perdida La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de Collage de Marga Peña su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

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Ricardo Bada 3

Reseña de un emigrante

H

Respiro por la herida, porque yo he sido emigrante, y es sabido y está demostrado que fueron el turismo y nuestras remesas desde Alemania y Suiza, el Benelux y Francia, los pilares básicos de la economía española.

aciendo limpieza de fondos ha vuelto a aparecer en mi pantalla lo que reflexioné acerca de Una luna, de Martín Caparrós, un libro que podría (y hasta debería) reseñarse de dos maneras: una ortodoxa y otra heterodoxa. La más interesante es la segunda. Este libro es el fruto de un viaje del ciudadano argentino Martín Caparrós, comisionado por un departamento de Naciones Unidas (su Fondo de Población, sea ello lo que fuere), para “contar historias de jóvenes migrantes –o de jóvenes cuyas vidas han sido atravesadas [sic] por la migración de alguna forma”. MC confiesa sin rebozo que le atrajo la propuesta al ver que iría “a lugares a los que no habría ido de otro modo porque ni siquiera se me habría ocurrido”. Este libro incluye las transcripciones de los relatos autobiográficos de jóvenes migrantes de Moldavia, Liberia, Marruecos, El Salvador, Argelia, Costa de Marfil, Burkina Faso, Zambia y Kenia, así como también el diario y las anotaciones homologables que Caparrós pergeñara durante su viaje, y fue publicado por una editorial española, para su venta comercial urbi et orbi, lo cual me mueve a plantear un par de preguntas. Este libro es un subproducto de tal viaje: Caparrós jamás lo hubiese escrito de no haber sido comisionado por Naciones Unidas y enviado a recorrer el mundo, en clase preferente en todos los vuelos, y en hoteles con un respetable número de estrellas en su pedigrí, amén de como es lógico unas dietas y, con seguridad, determinados honorarios cuya cuantía no hace al caso. Porque lo que sí hace al caso es que vuelos, hoteles, dietas y honorarios han sido pagados con mi dinero. Quiero decir con ello que el presupuesto de Naciones Unidas se financia con las cuotas que aportan los países miembros, y esos países pagan sus cuotas con dinero fiscal. Ergo: yo, con mis impuestos, financio a la ONU . Y entonces me asiste todo el derecho de preguntar por qué debería pagar por un libro que ha sido financiado con plata que salió de nuestros bolsillos, ni yo, ni ninguno de sus lectores. A muchos podrá parecerles una broma, o una boutade, que formule estas reflexiones, pero el mismo Caparrós cita en este libro, varias veces, algunas cifras que documentan cómo las remesas de los emigrantes africanos son uno de los principales sostenes económicos de sus países de origen. Y aquí respiro por la herida, porque yo he sido emigrante, y es sabido y está demostrado que fueron el turismo y nuestras remesas desde Alemania y Suiza, el Benelux y Francia, los pilares básicos de la economía española hasta el final biológico, lamentablemente biológico por tantos conceptos, de la dictadura franquista.

Dicho de otro modo: si el ministerio de Trabajo español hubiese enviado alguna vez a un cronista aborigen para contar los destinos de sus compatriotas emigrantes en el Mercado Común Europeo, y el tal escritor, luego de un viaje en las mismas condiciones que éste de Caparrós, nos hubiese infligido al final un libro que se financió con nuestras remesas pero tendríamos que comprar para poder leerlo, eso, la verdad, me parecería sencillamente obsceno. In dubio, pro reo: Hasta la propia ONU tiene que haber partido de la base de que invitando a un renombrado cronista a realizar una misión como ésa, el resultado fatal iba a ser algo así como lo que ha terminado siendo. Pero igual me queda la resaca de saber que el dinero de mis impuestos se emplea, entre otras cosas, para financiar unos viajes cuyo testimonio, si quiero leerlo, tengo que pagar al comprarlo en forma de libro. Y estoy hablando muy en serio. La reseña ortodoxa, en comparación, sería algo más fácil de redactar. Basta con decir que para semejante hiperviaje (por utilizar su propia definición) no se necesitaban tales hipoalforjas. Porque Una luna no le añade un adarme a la justificada fama de Martín Caparrós como cronista, más bien se lo resta. Es repetitivo de sobra en su mecanismo, y usa y abusa del recurso retórico del “digo” corrector, por lo general en la forma: “O si no, digo”: que termina hastiando al lector. Amén de ello desbarra a veces en los datos, desliz imperdonable en un cronista. Dos ejemplos del

Foto: Infobae

capítulo Ámsterdam, a la que describe diciendo: “Bellísima Amsterdam [sic], que creció y se ornó gracias a la pobreza de mineros africanos tabacaleros javaneses cañeros antillanos”, siendo así que Ámsterdam no fue beneficiaria de la fiebre del oro sudafricana; Kimberley estaba en manos de don Cecil Rhodes, un imperialista británico que ni mandado hacer de encargo. Y diez páginas más allá: “Un holando-marroquí baleó y degolló a Theo Van Gogh, un descendiente del pintor que había hecho declaraciones y documentales antiislámicos”, siendo así que el pobre Vincent no dejó más descendencia que sus cuadros. Los relatos de los inmigrantes entrevistados tienen entidad per se, son valiosos sin excepción alguna, varios de ellos ponen a prueba nuestra capacidad de contemplar cruzados de brazos la injusticia y el despotismo. Pero summa summarum el libro decepciona. El cronista filosofante, con cierto sentimiento de culpa por blanco bien comido y bien vestido, se entretiene demasiadas veces ante el espejo de Narciso y padece un inocultable afán de hacer literatura: “Los verbos son enredaderas, sus flores van cayendo.” O alguna pendejada seudointeligente: “Recuerdo que, cuando llegué [por primera vez a Madrid], nada me sorprendió más que descubrir que los madrileños no eran todos poetas de la Generación del 27 –sino albañiles y tenderos y abogados y estudiantes, levemente atrasados con relación al mundo, o vaya a saber qué que yo llamaba el mundo.” Además, en ocasiones, por hacer una frase, se autoinstala sin darse cuenta tanto en el ridículo como en el libelo: “Si el sida no hubiese existido, algún Papa habría tenido que inventarlo. A veces pienso que sí que lo inventaron: cosas peores han hecho –y unos siglos más tarde se disculpan.” Y conste que no soy para nada vaticanista, ni siquiera cristiano •


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Jornada Semanal • Número 880 • 15 de enero de 2012

El medio milenio de

Vasari

Alejandra Ortiz

E

n este recién concluido 2011 se celebró el quinientos aniversario del natalicio del artista italiano Giorgio Va sari (1511-1574), mejor conocido por su monumental obra literaria Las vidas de los más exce lentes pintores, escultores y arquitectos desde Cimabue hasta nuestros días, abreviada como Le vite (Las vidas), obra que marca el inicio de la moderna his toriografía artística, cuyo modelo por biografías tendrá seguimiento hasta nuestros días. Además de esta gran obra, Vasari gozó de fama, riqueza y títulos nobiliarios como pocos artistas de su tiempo, por sus dotes de pintor y arquitecto al servicio del duque de Toscana desde 1554 hasta su

muerte, dejando una imponente producción artística hoy poco conocida por el gran público. Los festejos a él dedicados en Italia y en el extranjero, a través de conferencias, restauración de obra e importantes exposiciones son una ocasión para descubrir a este “artista total” renacentista.

LE VITE La tan esperada primera edición denominada también torrentina por el nombre del editor, fue publicada en 1550 tras diez años dedicados a investigar, clasificando a 160 artistas en tres “edades” his tóricas distintas y evolutivas: Medioevo, Renacimiento y maniera (o estilo) moderna que correspondía a la contemporaneidad, o sea, al Renacimiento maduro.

La segunda edición de 1568, editada por Giunti , y por lo tanto, llamada giuntina, es más meditada y completa: aparecen los retratos que hace de los artistas, agrega una veintena de nombres además de una preciada información sobre sus contemporáneos, entre otras novedades, lo que aumenta el texto de dos tomos de la edición original, a tres. Le vite refleja la erudición de su autor, así como su vida en contacto con los mayores intelectuales de la época (entre ellos Pietro Aretino y Paolo Giovio), así como los viajes que realizó en busca de trabajo al servicio de las mayores cortes principescas y órdenes eclesiásticas; pero también los debates de la época en

nal de los historiadores florentinos que consideraban a la Toscana el lugar en donde habían “renacido” las artes, tras la decadencia medieval: una evolución iniciada con Cimabue y continuada por su discípulo Giotto, siguiendo hasta Masaccio, y Brunelleschi (en arquitectura). Vasari aumenta la lista con nuevos nombres hasta concluir con el admiradísimo Miguel Ángel, que alcanza la suma perfección. Le vite ha formado nuestro gusto: gozamos o reprobamos a ciertos artistas siguiendo su modelo. Los juicios de Vasari hicieron famosos a algunos artistas pero también denigraron a otros, como Co rreggio, que serán rescatados siglos más tarde. Vasari no fue sólo historiógrafo sino también pintor, arquitecto, escenógrafo y coleccionista. Una ocasión para palpar la magnitud de su obra es visitar la muestra en el Museo de los Uffizi en Florencia ‒edificio por él construido, tal como el corredor vasariano‒ que focaliza la obra de Vasari, en específico la fábrica de los Uffizi, en relación con el Gran duque Cosme I de Medici (1519-1574), con el cual mantuvo un vínculo de camaradería (significativamente, murieron el mismo año). A esta muestra se integran tres óptimas más en su ciudad natal Arezzo, tituladas Giorgio Vasari Santo es bello; Giorgio Vasari dibujante y pintor. Estudio, diligencia y adorable fatiga y por último La primacía de los toscanos en la “Vite” de Vasari. Tocan todas un aspecto distinto del artista. Para profundizar la visita vale la pena adentrarse en el tejido urbano de la vieja ciudad Toscana que conserva innumerables huellas de su ilustre ciudadano. como sucede ‒en proporción más áulica y solemne‒ en Florencia. Varios edificios de Arezzo guardan su memoria, empezando por la casa que construyera y decorara al fresco (1542-1568), que resguarda su preciado archivo, además de ser museo y uno de los más bellos ejemplos de demora renacentista italiana. Infinidad de lugares vibran de energía dejando prueba de su habilidad y erudición, con obras exquisitas que continúan ennobleciendo la vida cotidiana de sus ciudadanos, como sucede al caminar bajo el resguardo de los portales que lleGiorgio Va sari, fragmento de un fresco van su firma en la Plaza Grande, o cuando los fieles le rezan a sus santos creyendo que los retael seno de la Academia Florentina, empezando por blos o estandartes religiosos son “producto de mano la famosa disputa que buscaba definir la superioridivina”, como se lee en un antiguo documento. Lo dad entre las artes mayores desatada por el humaextraordinario es que su obra ha rebasado las paredes nista Benedetto Varchi y resumidas en su texto Due de los museos, filtrándose por siglos en la vida de la lezzioni (Dos lecciones, 1547). Para Vasari, la arquitecgente común sin que la mayoría lo sepa siquiera. tura era superior respecto de la pintura y escul tura, La obra de Vasari encarna plenamente el ideal esno sólo porque ambas dependían de ella, sino por su tético de la bella maniera por él teorizado en Le vite, utilidad en la vida del ser humano, como se lee en el en donde la espiritualidad y la rigurosidad perseguiproemio de Le vite. da por los artistas del Renacimiento abría paso a una El valor de su obra consiste en la recuperación y pintura nueva, hiperrefinada, que no pretendía iguaanálisis histórico ‒no siempre correcto‒ de los arlar a la naturaleza sino superarla, estudiándola con tistas analizados, incluyendo noticias biográficas, rigor hasta alcanzar la destreza técnica necesaria anécdotas, pero sobre todo descripción, contextuapara poder pintar de memoria, sin el modelo en vivo, lización y ubicación de la obra, manteniendo cierta con fluidez y rapidez. Era ésta una de sus grandes objetividad de juicio a pesar de reputar a los artistas dotes: hacer ciclos pictóricos inmensos en poquísitoscanos como superiores. Como teórico, Vasari es mo tiempo, gracias a un equipo de ayudantes que él menos trascendental: recupera el concepto tradiciocoordinaba con destreza •


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Luis Enrique Flores

pesar de que la soberbia del también director de Titanic lo haya llevado a afirmar que la historia de Avatar es una obra original, cuyo guión escribió en sólo dos semanas, lo cierto es que no se trata, en lo más mínimo, de un trabajo innovador; existen al menos una decena de obras muy parecidas en su argumento: Danza con lobos, Dunas, Pocahontas y la mexicana Cabeza de Vaca son sólo algunos ejemplos.

HISTORIA DE UN NAUFRAGIO No sólo en la ficción se puede parangonar el filme de Cameron: la vida del español Gonzalo Guerrero es un ejemplo más de coincidencias entre la trama de su película y, en este caso, un hecho histórico. Guerrero nació en el puerto de Palos alrededor de 1470. En su juventud fungió como arcabucero en la conquista de Granada. Partió para América en la primera década del siglo XVI a buscar fortuna, como la mayoría de los españoles que emigraron al continente recién descubierto. En agosto de 1511, en un viaje entre el Darién y la isla La Española, la embarcación en la que iba Guerrero naufragó frente a la isla de Jamaica. Lograron salvar la vida unas dieciocho personas en un pequeño batel que estuvo a la deriva por ocho días. Cuando llegaron a tierra en las hoy costas de Yucatán, fueron atacados y la mayoría fue sacrificada por una tribu maya de la etnia de los Cocomes; sólo cinco sobrevivieron, entre ellos Gonzalo Guerrero y el religioso Jerónimo de Aguilar quien, a la postre, se convertiría en pieza fundamental de la conquista de México al ser uno de los traductores de Hernán Cortés. Estos españoles lograron escapar para, después, ser capturados como esclavos por otra tribu, los xiúes de Xamanhá. Debido a los rudos trabajos que realizaban mueren tres de los cinco. El cacique Taxmar se compadece de Guerrero y Aguilar reasignándoles tareas menos pesadas, incluso llegan a participar como guerreros y es a partir de allí que la vida del arcabucero sufre un cambio radical: su aculturación maya.

EL NUEVO MUNDO

Avatar

A

o el regreso de

Gonzalo Guerrero

Esto significó la América para los europeos de finales del siglo XV y gran parte del XVI . Imaginemos la impresión que les causaron las cosas nunca antes vistas de estas nuevas tierras. Recordemos las palabras de Bernal Díaz del Castillo: “Nos quedamos admirados y decíamos que parecía a las cosas y encantamiento que cuentan en el libro de Amadís.” Así, Gonzalo Guerrero y Jake Sully llegan a un mundo nuevo en el que viven seres muy distintos a ellos, con otras costumbres, pensamiento y lengua; con armas poco desarrolladas, arcos y flechas como las principales.

LA PRUEBA DE VALOR COMO RITO INICIÁTICO En el camino del héroe, el ritual de iniciación cumple un papel fundamental en tanto le otorga a éste la pertenencia a la colectividad. En los casos que nos atañen, Sully y Guerrero primero son aceptados por la tribu. Conforme conviven con sus culturas adoptivas se les permite una mayor interacción y en consecuencia participan en los ritos iniciáticos. Es claro que en el caso de Avatar el proceso de aceptación culmina cuando logra dominar al Toruk, el ave guerrera que sólo los más valientes han podido domar. En el caso del español, la prueba fue haber derrotado a un lagarto, salvándole la vida a su amo indígena. Con esta hazaña logró su libertad, la aceptación como uno de los de la tribu maya y su respectivo ascenso en la escala social.

EL AMOR COMO ELEMENTO DE ARRAIGO En algún momento de sus vidas, enmarcadas en una inevitable guerra entre los dos mundos, los protagonistas tendrán que elegir en qué bando pelear. Tanto en la historia de Gonzalo Guerrero como en la ficción de Cameron, el amor es el elemento que determina la elección y el arraigo definitivo de los hombres para con su nueva cultura. Jake Sully se enamora de Ney tiri y se une a ella. Gonzalo

Izquierda: personaje de Jake Sully en Avatar. Derecha: estatua de Gonzalo Guerrero en Mérida, Yucatán

se casa con Ix Chel Can, hija del cacique Na Chan Can y tiene tres hijos. Respecto de la elección de bando, Bernal Díaz del Castillo cuenta que cuando Hernán Cortés supo que entre los mayas vivían dos españoles, les envió una carta y sus famosas cuentas de vidrio como rescate. Pero sólo acudió el religioso Jerónimo de Aguilar y contó las razones que le dio Gonzalo por las que no regresaría: “‘Hermano Aguilar: Yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras; íos vos con Dios, que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¡Qué dirán de mi desque me vean esos españoles ir de esta manera! E ya veis estos mis hijitos cuan bonicos son.’ Y el Aguilar tornó a hablar al Gonzalo que mirase que era cristiano, que por una india no se perdiese el ánima, y si por mujer e hijos lo hacía, que las llevase consigo si no los quería dejar. Y por más que le dijo y lo amonestó, no quiso venir.”

LA GUERRA DE LOS MUNDOS Los dos hombres, en sus lugares de origen, han sido soldados y ambos son tachados de traidores por combatir a los suyos. Durante la conquista de Yucatán, Gonzalo Guerrero lucha en contra de Francisco de Montejo. Tanto en Avatar como en la historia de la conquista de América, la superioridad armamentista del ejército invasor es indiscutible y en el caso de los indios mesoamericanos este fue uno de los factores principales de su derrota; el otro fue que, a diferencia de las tribus pandorianas, las de América no se unieron en contra del enemigo común. En los dos casos, uno de los principales motivos de las hostilidades es la ambición: los gringos en Avatar son los que codician un mineral muy costoso llamado unobtainium; en el caso de los europeos es el oro. La guerra desigual se lleva a cabo y los dos guerreros lideran los combates, pues sus conocimientos acerca del otro implican cierta ventaja. Guerrero muere en 1536 combatiendo a sus otrora compatriotas; Sully queda a la espera de la continuación de la saga •

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entrevista con Tedi López Mills Ricardo Venegas

La fe perversa Foto: Jesús Villaseca/ archivo La Jornada

Universidad Nacional Autónoma de México y tiene una maestría en letras por La Sorbona de París. Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde el año 2000, así como Jefa de Redacción en la Gaceta del Fondo de Cultura Económica de 1994 a 1999; fue asistente editorial de Poesía y Poética, traductora del inglés y francés en el FCE y Ediciones El Equilibrista. Ha publicado los poemarios Cinco estaciones (Toledo, 1989), Un lugar ajeno (El Equilibrista, 1991) y Glosas (Taller Martín Pescador, 1998). En 2009 obtuvo el Premio de Literatura Xavier Villaurrutia.

-D

ices certeramente en un poema titulado “Nieve”: “Lo más extraño de la nieve/ es no haberla visto/ pero convocarla como un hábito del asombro.” ¿Cómo se escribe un poema desde tu experiencia?

‒Tengo la impresión de que la experiencia no me ocurre o me ocurre sólo cuando hago trampa. La veo pasar, le hago una seña, pero no suele detenerse conmigo; como si no hubiera suficiente densidad para colocarse y encender la maquinaria. Supongo que esa es la parte, rara, incómoda, que me toca: el sucedáneo, la aventura mínima por interpósita persona. Igual que la nieve o el concepto de la nieve: primero vive en la cabeza y luego sale para extinguirse en un hecho que atestiguo demasiado tarde. No sé si esto sea una limitación, una característica o una metáfora. La experiencia, en todo caso, no es posesiva conmigo y cuando aparece ya es un recuer-

–Perteneces a un grupo importante de escritores (los poetas de los cincuenta) que hoy definen gran parte del mapa poético de México. ¿Cómo has convivido con tu generación?

‒Convivo exactamente como vivo: con cierta aprensión y una dosis moderada de sentimentalismo. Una generación es, a fin de cuentas, una lista que uno no escoge. Pienso en los muchos poetas que aprecio, admiro y quiero: están en los cincuenta, en los sesenta, en los setenta y hasta en los ochenta. Mi convivencia aspira a ser simultaneísta.

–Se ha dicho que la poesía se desliga de la realidad; sin embargo, hay libros como Muerte en la rúa Augusta, por el cual recibiste el Premio de Literatura Xavier Villaurrutia 2009, que se originó de la experiencia vital. ¿Qué opinas de ello?

‒Ignoro si uno pueda determinar la realidad por cantidades. En México hay un excedente y es casi todo negativo. Abundan los reclamos: ¿por qué no se ocupa la poesía mexicana de la barbarie circundante? Al menos para apaciguar la propia conciencia y recibir el aplauso de las multitudes allá afuera; al menos para sentirse menos culpable. El peligro que acecha es el de crear una retórica que empiece a funcionar en piloto automático; que uno se convenza de que habla en nombre de los otros y que detrás del desastre se halla la euforia de expresarlo poéticamente. Y, al cabo, de hacerse famoso. Vi a alguien morir en la rúa Augusta y eso me llevó de vuelta a mi estancia hace muchos años en Fullerton, California, con mi abuela y mi tío. Y entonces le inventé una vida al cadáver de ese viejo turista que cayó en una calle de Lisboa. ¿Equivaldrá eso a la realidad? –Estudiaste filosofía y eres poeta. ¿Cómo ha sido construir el puente entre ambas disciplinas?

‒Estudié filosofía, pero nunca ejercí. Ahora ya es un punto de vista que castiga ortodoxamente a la poesía por sus aspavientos. La filosofía procede dudando, tumba todo para volver a empezar; la poesía, en cambio, está repleta de certezas acerca de sus poderes, se adjudica una relación privilegiada con las esencias y se otorga funciones extraordinarias. Lo suyo, nos dice, es la verdad. Si es así, ¿por qué todavía no sabemos cuál es? –En “Los pasos de Arcadia” dices: “resucitar a un costado del signo muerto/ para que hubiera desenlace/ y no sólo esta señal del mundo/ que convive con su retrato/ porque hubo un testigo/ del lugar a la vista/ y su voz aún narra”. ¿Hay en tu poesía la percepción de un más allá y de una trascendencia?

Cuando termino un poema me resulta difícil imaginar que habrá un

Tedi López Mills estudió Filosofía en la

do. Los poemas –o un solo poema– pueden surgir en ese tramo, donde no reina la necesidad sino el miedo a que la vivencia retrospectiva se prolongue y entonces de veras no suceda nada en el tiempo modesto de uno. Pero la discusión misma, o la impresión, es barroca o pobremente psicológica, pues la experiencia, aun escasa, suele ser inevitable. El problema, si lo hay, atañe al género literario y quizá también a la tradición. A la poesía le da por abstraer, por atildar, por trascender; a veces la constriñen sus muletillas sublimes, su costumbre de instalar formas o fórmulas. De repente no hay verso o estrofa donde quepa la experiencia porque las palabras hermosas o luminosas o sonoras la cancelan o le dejan un espacio mínimo. Nuestra tradición tiende a transcurrir muy poéticamente; por algo se inventó esa escuela singular: la de la poesía de la experiencia. Como si meramente vivir fuera el fundamento de una vanguardia. Mi cálculo de experiencias es paranoico y mi percepción de la poesía, precaria. Cuando termino un poema me resulta difícil imaginar que habrá un siguiente. Hay mucho mundo afuera todos los días y eso distrae.

siguiente. Hay mucho

mundo afuera todos los días y eso distrae.

‒Si hay esa percepción de un más allá o de una trascendencia, debo entonces pedir una disculpa. Soy agnóstica y sospecho que muy pronto me declararé atea. Estoy consciente, sin embargo, de que no creer significa practicar una fe perversa. Las palabras ya vienen cargadas, como dados. Muchas veces el lenguaje de la poesía cree por uno y su oscuridad, sus laberintos, pueden fabricar rutinas introspectivas que se asemejan a los ritos de una religión. Quizá por llenar hoyos he metido dioses muertos sin rodearlos de la ironía que les corresponde. En cuanto al ser humano: a juzgar por la popularidad de los líderes religiosos, el asunto va muy bien •


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Ricardo Guzmán Wolffer

T

que a cambio de favores sexuales insinuados, y no recibidos, termina por despachar a Roderick para mostrarle que en la alta burocracia y la realeza, el que no paga, de una u otra forma, no puede escalar. Divertidos por exagerados, pero no por ello menos irreales ni caducos, los comentarios sobre cómo hay que pagar y cuánto para siquiera ser considerados para un trabajo, no dejan de sonarnos cercanos. En uno de varios intentos de vivir a costa de una mujer rica, al estafar a un sastre Random termina en la cárcel, y vemos las condiciones terribles de los presos. El autor aprovechó tener parientes abogados para informarse de diversos trámites legales y policíacos descritos en la novela que, por su corrupción franca, también suenan conocidos. Aunque no por ello Random, cuando puede, se beneficia de situaciones opinables: en algún momento, feliz para él, se dedica a la venta de esclavos. En un final que se parece más a las novelas de misterio, por forzado, que luego haría famosas Wilkie Collins, Random encuentra a su padre y, por vía del pago de deudas múltiples (al final es como los demás: usa el dinero para obtener sus fines), se casa con su enamorada y vuelve al lugar donde nació para hacerse terrateniente muy querido. Lo que le hace llorar ni modo. Aunque no por ello deja de señalar los fogosos encuentros con la esposa. Leer a Smollet es divertido por muchos factores. Quienes gusten de las novelas de aventuras encontrarán a un personaje lleno de peripecias y muchas bufas que no dejan de mostrarlo como un hombre de su tiempo y que dan nota de cómo el autor gustaba de medir a las personas fanfarronas (hay muchos militares que vociferan su hombría, pero que a la hora de la acción la evitan, alguno haciéndose el dormido a medio pleito o asalto); a las mujeres taimadas (se embarazan y desembarazan según el pretendiente o el provecho para terceros); a los corruptos (desde marinos hasta nobles, muy pocos se salvan), y muchos otros. La percepción general del texto es que los países que recorre Random son muy parecidos porque en todos la gente es mala, abusiva y conformista. Además, para más diversión, varios personajes citan en latín a los clásicos para hacer más entretenidos sus diálogos, donde el doble sentido y la alusión a lo corporal no decae. Habrá a quien le resulten chocantes las descripciones grotescas de algunos pasajes, pero pueden ser muy amenos, como la pestilencia en los navíos. Más que un crítico de sus circunstancias, el

Smollett

obias Smollett (Esscoscia, 1721- Livorno, 1771), escribió varias novelas en el siglo XVIII , en las que mostraba ser médico, traductor e historiador. Su título más conocido es Las aventuras de Roderick Random, donde filtra aspectos autobiográficos. Escrita en 1748, Las aventuras... le permitió a Smollet salir de penurias eco nómicas, pues sus vivencias como marino y abogado no le habían servido para iniciar con éxito el camino literario. Incluso tradujo el Quijote. A veces exasperante, pero siempre divertido, Random y sus aventuras, por alegría o por tristeza, lo llevan al llanto. La novela cumple con el requisito de la picaresca: el anticaballero que ama a la dama y muestra una realidad sórdida y real. En Las aventuras... podemos ver al cronista involuntario, pues mientras transcurren los episodios, casi todos en contra de Roderick, lugares y batallas son descritos puntualmente. Desde la cuna la mala suerte acompaña a Random: es repudiado por el abuelo terrateniente debido a la unión del padre con una mujer de clase baja. Los padres de Roderick salen de escena, ella por muerte, y eso deja al infortunado niño en manos de un tutor abusivo que indirectamente lo lleva a partir acompañado de su amigo Strap, quien termina siendo una suerte de Sancho Panza que le aguanta mil majaderías a Random y siempre le trata como superior, a pesar de los irregulares maltratos del propio Roderick, quien a ratos resulta un berrinchudo, cuyas rabietas o sustos lo llevan, de nuevo, al llanto. Las peripecias de Roderick, tanto como tropa, como cirujano o ayudante de boticario, llegan a ser muy divertidas, pero no por ello irreales. En un navío, donde varios enfermos son tratados, el nuevo capitán decide cambiarles el tratamiento (lo que acaba matándolos) para desocupar el espacio. Roderick debe partir de casa del boticario al ser involucrado en el embarazo de una criada, que en realidad fue obra del patrón. Irremediablemente, a Roderick todo le sale mal, incluso cuando conoce a la mujer amada. En me dio de muchas peripecias, Roderick también participa como soldado en batallas a pie. Tarde o temprano el personaje advierte que todo en la sociedad es sucio, feo y malo, pero es donde tiene que sobrevivir, así que en algún momento juega con las mismas armas y busca suerte como cazafortunas, tratando de emparejarse con alguna ricachona. Por supuesto le va mal y más bien son ellas las que lo tratan de cazar. Por lo mismo tiene que acudir con gente de la nobleza, todos abusivos, donde aparece un homosexual

autor las describe y, por la forma de hacerlo divierte, pero no va más allá: incluso el personaje, de no ser por el inesperado padre adinerado que le resuelve todo, terminaría penando: no hay evolución moral, apenas circunstancial. Los personajes son planos en tanto resultan estereotipos de la clase representada, pero eso permite al autor un juego mayor, incluso en temas sexuales, pues no duda en señalar cómo hombres y mujeres se valen de ese medio para mejorar económica y socialmente. Como personaje, Random se mantiene fiel a su concepción de víctima social, aunque luche para me-

el llorón Tobias Smollett. Foto: Louisstott

jorar. No deja de considerar el sufrir ‒con lloriqueos, por supuesto‒, como medio para resolver el predicamento. Y prácticamente no critica a los embusteros en las cartas o en el comercio, pero sí los describe con sus defectos para mostrarlos risibles. Sorprende ver cómo en aquellas época el cuchilleo y su aceptación eran fuente de opinión y llevaban a los personajes a evitar la maledicencia, pues de ésta derivaban muchos malos tragos. Una obra de largo aliento que debe ser revisitada •


Senilidad y Fabrizio Andreella fabrizio108@yahoo.com

I onte de pie ante las canas y honra el rostro del anciano.” Con el lenguaje tajante de quien no admite derogaciones, así prescribe Dios a su pueblo a través de Moisés, según se lee en el Levítico (19,32). Hoy, en los países más ricos del planeta, una conducta social conforme o cercana a esa ley parecería una forma vacía y fastidiosa de tradicionalismo. Frente al espejo, despertando en la mañana con el cuerpo adolorido, el anciano ve su rostro como una delación. Cada arruga lo acusa de no profesar la religión de la modernidad –la juventud– y sus valores sagrados de belleza y performance. Un culto que los regímenes totalitarios del siglo XX siempre han alimentado con la exaltación de cuerpos fuertes y disciplinados, aptos para exhibir la sumisión de la voluntad individual a la gloria colectiva. Para sobrevivir a su senescencia, el mundo occidental hiperdesarrollado, que concibe la libertad como derecho de acceso a la visibilidad en el escaparate mediático, ha enmendado ligeramente ese culto de manera astuta: todo mundo, a cualquier edad, puede considerarse joven y actuar como tal. Con este juvenilismo, la tijera entre natura y cultura, entre realidad e imaginación, entre deseo y goce, se abre implacablemente. Aquí es donde la experiencia concreta de la vejez sufre, púdicamente escondida a los demás, las heridas psicológicas de la ineptitud y de la insuficiencia. Porque la vejez, en un mundo senil que sueña y simula la juventud, puede llegar a ser un dolor ocultado.

“P

II Antes de fallecer, Alicia Montoya dijo: “Quiero que la muerte me agarre viva.” Creo que bien habría aprobado y aplaudido a Amélie Van Elsbeen, que hace dos años, en Bélgica, luchó para conquistar el derecho a morir con la eutanasia. No tenía ningún problema de salud, ninguna discapacidad o dolor físico. ¿Cuál era entonces el motivo de su súplica? El problema era su edad: tenía noventa y tres años y se sentía cansada de vivir. Su vejez era para ella incurable e insoportable.

Fácil sería “clinicalizar” la experiencia de Amélie tachándola de demencia depresiva senil. Pero su muerte (sí, su triste victoria llegó) revela mucho más si damos un paso atrás y nos preguntamos cuál es el contexto social en el cual puede nacer la aspiración a acabar con la vida por añeja. Abraham o cualquier campesino de antaño moría “viejo y saciado de la vida” porque estaba dentro del ciclo natural de la vida; porque ya había recibido de su vida, al final de sus días, todo lo que la existencia le podía ofrecer; porque no le quedaba ningún enigma que resolver y podía así sentirse “satisfecho”. Por el contrario, un hombre civilizado, inmerso en un mundo que se enriquece continuamente con saberes, diferentes ideas y nuevos problemas, puede llegar a estar “cansado de la vida”, pero no “saciado”. Son palabras de Max Weber, que ya en 1919, en La ciencia como vocación, nos indicaba los peligros psicológicos de una sociedad que cultiva el “progreso sin límites”, los peligros que llevaron Amélie, cansada y no saciada de vivir, a preferir la muerte. En la relación entre progreso y soledad se encuentra una de las claves de la condición psicológica senil en el así llamado Primer Mundo. La tecnología ofrece muchas prótesis para vigorizar los sentidos y los órganos ablandados por la edad. Pero esta aséptica compasión material no puede narcotizar la soledad y el confort médico, técnico y mediático no puede neutralizar la necesidad afectiva de intercambio. Ser atendido no es lo mismo que ser amado. Ser confortado no es lo mismo que ser apreciado. Ser respetado no es lo mismo que ser importante para los demás. III La brecha digital, ese concepto que ilustra la desigualdad geográfica y socioeconómica en el acceso a las tecnologías, es una realidad también generacional. Claro, hay muchos ancianos que usan con placer celulares e internet, pero no es lo nuevo el problema, sino lo rápido de la evolución tecnológica que nunca permite la sensación de “saciedad”. En la historia del hombre, la incesante y apresurada innovación de los instrumentos que nos ayudan a vivir es algo peculiar de los últimos treinta años. Esa especie de “síndrome de las piernas inquietas” de la tecnología siempre es declamada como una de sus mayores virtudes, y una reflexión sobre el desequilibrio psicológico provocado por un ambiente que nunca se detiene es indudablemente marginal. Pero ese trastorno bien lo conocen los ancianos, que no se entusiasman con una vida ritmada por el tambor obsesivo de la última novedad. En efecto, la vejez se apoya en el bastón de actos, palabras y pensamientos semejantes entre sí. Un hábito que es al mismo tiempo timón y brújula para alojarse en el mundo. La etimología nos sugiere que “hábito” es palabra que tiene que ver con la protección ofrecida por la habitación y el vestido. ¿Y qué tiene de malo lo habitual? Dicen que la costumbre es

enemiga de la inteligencia, pero ¿por qué lo que en la juventud se valora como obsesión apasionada en la vejez se desdeña como boba rutina? ¿Y por qué uno no puede escoger por sí mismo los aspectos de la vida que quiere lanzar en el viento del cambio y aquellos que prefiere abandonar a las aguas tibias de los hábitos ya adquiridos? IV La vejez ya no es, como en el pasado, el reino de la sabiduría conquistada gracias a la cantidad de experiencias y conocimientos adquiridos. Victor Hugo veía la vejez como “la adolescencia del infinito”. Pero el anciano hoy no ama el futuro. Descansa mirando hacia donde sus ojos pueden llegar más lejos, o sea en el pasado. Allá es donde no sufre marginación y su autoestima no se desmorona. Allá es donde no hay lifting, botox o cosméticos que oculten la obscenidad social de su figura moldeada por los años. El cuerpo es hoy un figurante en el show de la modernidad, el instrumento para mantener el poder de la visibilidad; por eso es un cuerpo ensamblado con los instrumentos de la medicina, la cirugía, el maquillaje y la moda. La verdad exhibida y declarada por el cuerpo viejo es escondida por la falsificación estética socialmente aceptada. Hoy la vejez es el territorio desolado donde una mente que preferiría las certidumbres de una rutina y de los recuerdos sufre el cansancio psicológico de los cambios continuos; donde un corazón que quisiera sentir su función familiar y social vislumbra en los rituales del amor calendarizado toda su inutilidad; donde un cuerpo que demandaría discreción, pudor y dignidad, se enfrenta con el reto grotesco del performance.

Hay muchos ancianos que usan con placer celulares e internet, pero no es lo nuevo el problema, sino lo rápido de la evolución tecnológica que nunca permite la sensación de “saciedad”.

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postmodernidad Entonces, ¿qué cuerpo vive el anciano en un mundo juvenilista que cultiva fantasías vendidas como partes de una actitud moderna, valiente, al paso de los tiempos? ¿Qué instrumentos tiene para enfrentar el desesperado afán colectivo de enmendar los cuerpos de los signos del tiempo? El sildenafilo, que todos conocemos con su nombre de batalla, Viagra, es un fármaco que tiene una historia emblemática. Originariamente diseñado para disfunciones del miocardio como la angina de pecho, acabó con no resultar tan efectivo con el tejido muscular del corazón, pero sí con el tejido eréctil de otro órgano muy hinchado, y por eso castigado por la naturaleza con un declive que antecede la caída del deseo que lo fomenta. Hoy la pastilla azul ofrece a la tercera edad el privilegio de un cuerpo que alcanza las metas sugeridas o impuestas por los impulsos sexuales. Es un cuerpo que rechaza la inteligencia biológica, esa sabiduría de la especie que pretende que las pasiones se aflojen para preparar el organismo al último tránsito. De hecho, un cuerpo desapasionado es filosófica y fisiológicamente más apto para despedirse. Y entonces, ¿qué antropología promueve ese remedio que ha revolucionado, no sólo la vida sexual, sino también la categoría de lo posible a nivel psíquico y el concepto de límite a nivel corporal? Patentado hace quince años, el Viagra es el símbolo de una sociedad que envejece viviendo en una cultura donde reinan todos los mitos, deseos, conductas y formas de pensar del mundo juvenil. Su utilización es consecuente con una visión economicista del anciano como persona que debe ser autónomo, sin estorbar el ritmo industrial que la vida impone a sus familiares. Por eso se le otorgan instrumentos como el Viagra, para aparentar públicamente que el curso del tiempo es reformable por la ciencia, y para vivir la acedia y la pesadumbre del crepúsculo solamente en la vergüenza privada. VI Con esta emulación obligada de la juventud, el anciano no tiene ninguna característica propia, nada de admirable y original que pueda ofrecer a los demás. Es un joven de segunda categoría, una chabacana imitación made in China de la juventud. Esto es posible porque la biología ya no es un río donde navegar serenamente en espera del piélago final; más bien es el campo de batalla de la voluntad, que va contra el flujo del agua y confía en un placer pírrico, como el salmón que se consigna a las fauces del oso. La juventud artificial prometida por la ciencia médica no alimenta solamente los apetitos sexuales, porque favorece también la dependencia mental de

una cultura que oculta y rehúsa la muerte y que sustenta el consumo como condición esencial de una existencia digna. Aquí se puede entender por qué el deseo, en sus infinitas variantes, es constantemente venerado, promovido y servido por la publicidad: es la gasolina del consumo. Consumir es la contribución del ciudadano al crecimiento económico de su país, así nos dicen los sacerdotes del capitalismo. Desde un punto de vista ideológico, los consumos de productos, dinero, ideas, artes, creencias, instintos o afectos, todos tienen la misma importancia y el mismo efecto: someter el sujeto a la cadena del deseo. Y la vejez, que en su desarrollo natural llega a eximir el individuo del deseo, no es culturalmente “orgánica”, diría Antonio Gramsci, a la sociedad consumista del capitalismo moderno. VII Impotencia del cuerpo, incontinencia del deseo: esta es la fractura entre natura y cultura que genera la laceración psicológica de la vejez postmoderna. Un viejo que a nivel pulsional no envejece, sufre la excesiva abundancia de pasiones como un viejo que, atrapado por la depresión senil, sufre el desierto emocional de su aislamiento. A esta huida del presente a través de las alas del deseo artificial es reservado el mismo destino del vuelo de Ícaro: al acercarse al sol ardiente del placer, la cera de esas alas se derriten. Al contrario, un cuerpo que relaja los músculos, que cede los cabellos y los dientes, que se despide de las pasiones, que desnuda el alma de su decoración corporal, ¿no es acaso una maravillosa confesión de haber vivido intensamente, sin esconderse a los ojos de los hombres y a la mano del destino? Hoy, en aquellas partes del mundo donde los estándares de vida son más altos, a menudo el acercamiento a la muerte con las prácticas de la dignidad laica o de la fe religiosa es desplazado por el alejamiento de la muerte con el hipnotizado recital consumista de una identidad “último modelo”. Mucho más viril y sabia a la vez es la melancólica visión barroca de Góngora, con la cual quiero homenajear la blancura del pelo, la cartografía de las arrugas, los archivos en los ojos de todos aquellos rostros viejos escarbados por los versos del tiempo: “Si quiero por las estrellas/ saber, tiempo, donde estás,/ miro que con ellas vas,/ pero no vuelves con ellas./ ¿Adónde imprimes tus huellas/ que con tu curso no doy?/ Mas, ay, qué engañado estoy,/ que vuelas, corres y ruedas;/ tú eres, tiempo, el que te quedas,/ y yo soy el que me voy.” • Ilustraciones de Marga Peña

La vejez ya no es, como en el pasado, el reino de la sabiduría conquistada gracias a la cantidad de experiencias y conocimientos adquiridos.

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le eer El bailarín de tap. Retrato de Truman Capote con Herman Melville al fondo, José María Espinasa, Ediciones Sin Nombre, México, 2011.

DE PRIVILEGIADOS E ICONOCLASTAS ANTONIO SORIA

Haciendo gala de su conocida capacidad de análisis literario, así como de su reconocidamente amplio dominio del ámbito letrístico mundial, Espinasa reúne aquí un par de ensayos cuyo contenido explicita el título mismo del volumen. Glosados, estudiados e interpretados diríase que exhaustivamente, los corpus creativos tanto de Melville como de Capote presentan la dificultad extra, para quien decide abordarlos una vez más, de hacerlo tomando algún punto de partida ora novedoso, ora inesperado o poco atendido pero, en cualquier caso, capaz de enriquecer el entendimiento y el criterio del lector, bien sea que éste conozca con anterioridad las piezas literarias aludidas, o que sea éste su primer contacto, para el caso, con la magnificencia, entre otras obras, de Moby Dick y Chaqueta blanca, tratándose de Melville, y A sangre fría, Música para camaleones, Otras voces, otros ámbitos y Desayuno en Tiffanys, hablando de Capote. En el primer ensayo, “La ballena blanca, el capitán Ahab y la inspiración narrativa”, el autor propone un triple modelo de lectura para la obra cumbre de Melville. A grandes rasgos podría decirse que dicho ejercicio tripartita consistiría en la integración de la lectura originaria o fundacional, es decir una al estilo de la que se realiza “en la adolescencia y se va sedimentando en la memoria con infinidad de variantes”, acompañada por aquella que identifica los “momentos privilegiados” narrativos, cuyo conjunto “es más que la suma de sus partes”, y finalmente por una lectura cuyo propósito consiste en “entender la conexión tanto estructural como simbólica de cada fragmento”. En el segundo ensayo, “El bailarín de tap”, dividido en ocho apartados, Espinasa acomete el análisis de diversos tópicos decididamente capoteanos, verbigracia la insatisfacción creativa, la persistencia de la tristeza, el manejo literario del concepto de verdad, el cosmopolitismo y la celebridad, la provocación y la iconoclasia, el rencor y la sordidez, más un amplio etcétera. Descendiente literario directo de gigantes como Marcel Proust, Henry James y, desde luego, el propio Herman Melville, a su vez Capote ha sido el modelo incuestionable para subsecuentes generaciones no sólo de narradores sino también de periodistas, realidad que, como bien se sabe, no se circunscribe a Estados Unidos, patria del autor de El arpa de hierba, sino que se extiende a nivel mundial. Al respecto, acierta Espinasa cuando afirma que “el periodismo de Capote es, y vale la pe-

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na insistir, literatura de gran altura, de una brillantez evidente”. Lo mismo puede sostenerse respecto del rico material que Capote aportó a la cinematografía y, finalmente, también en cuanto a la vida misma de este cronista/ guionista/ periodista/ narrador cuya biografía pareciera, sin paradoja, escrita por el propio Capote. El octavo apartado de “El bailarín…” hace concluir el volumen con una mirada a ese “peso completo” narrativo que es Norman Mailer, de quien Espinasa identifica con precisión la proximidad estilística y, en suma, la deuda conceptual que con Capote tiene el autor, entre tantos otros títulos, de Los desnudos y los muertos •

El poder de la música

Broadway express, Iván Ríos Gascón, Cal y Arena, México, 2011.

LOS VIAJES INTERNOS RICARDO GUZMÁN WOLFFER

Los cuentos de Ríos Gascón están situados en Nueva York, como se anuncia desde los forros del libro. Empero, la fuerza de sus textos no reside en los lugares que transitan los personajes, sino en la forma en que éstos aterrizan en sus circunstancias. La historia de “Somethin’ stupid”, podría suceder en cualquier ciudad del planeta. Vemos a un galán autoexiliado de su relación anterior quien a fuerza de caminar sin rumbo termina en un bar de mala muerte. La cantinera es gorda, pero bonita. Entre la intoxicación etílica y las ganas de no sentirse solo, el narrador intenta relacionarse con la gorda y resulta que ésta es una mujer con muchas necesidades; además de divagar sobre los sufrimientos propios del sobrepeso. De modo que terminan en otro bar y entonces sucede lo espera-

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do, aunque el narrador se sorprenda. Igual acontece con la historia de “Fabienne”, quien piensa que, si desea fervientemente algo, podrá suceder. ¿Cuántas variantes puede tener esto de las esperanzas materializables a fuerza de pensar en el objeto buscado? Claro, cuando se trata de mujeres, más vale no pensar en voz alta. Y es que Iván Ríos nos recuerda, como decía Capote, que se vierten más lágrimas por las plegarias atendidas. También está el cuento sobre “La chanson de André”, donde el amor encuentra caminos peculiares, incluso con el sexo practicado a medias o en formas alternas. Lo mismo daría que la narradora viviera en algún municipio de Oaxaca, que en el Manhattan planteado por Iván. La situación geográfica no es lo que nos emparenta con los personajes que luchan por salir airosos de los trances amorosos: la escenografía no influye directamente en el logrado tono narrativo. A fuerza de describir lugares y costumbres, uno puede visualizar la acción en ciertas locaciones, pero éstas no influyen directamente en el acontecer interno de los personajes, los que logran ser desarrollados incluso en cuentos no muy extensos. A excepción, quizá, de “La verdad sobre la muerte de Ian Beckam”, donde se reconstruye un asesinato que tiene sus peculiaridades geográficas y donde la figura de la estrella es reflejo de otros famosos con talento de aquellos lares. La trayectoria del autor como periodista cultural constante es paralela a su trabajo como narrador. Es claro que, con independencia de sus filiaciones neoyorquinas, el trabajo se centra en tal ciudad por haber sido en parte el lugar donde fue producido el material de Brodway express, pero el lector acucioso captará que los laberintos de los amorosos son la verdadera ciudad ácida que habitan los seres recreados por Ríos. En forma discreta pero eficaz, Ivan Ríos ha logrado un lugar claro entre los escritores de su generación •


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Una historia de la violencia, Robert Muchembled, Paidós, España, 2010.

DEL FINAL DE LA EDAD MEDIA A LA ACTUALIDAD JUAN GERARDO SAMPEDRO

La historia de la civilización ha sido también la historia de la barbarie. La tesis central de este libro gira en torno a la doble concepción que el hombre ha tenido acerca de la violencia. El concepto como tal, de acuerdo a Robert Muchembled, aparece durante el siglo XVIII y significa “fuerza” y “vigor” (del latín vis): la relación que obliga a uno, al iracundo, a someter u obligar al otro, al débil. Lo anterior podría parecer algo innato al ser humano aunque aún los estudiosos del tema no concluyan con el debate. La violencia es legítima cuando la ejercen las instituciones e ilegítima se vuelve cuando se ejerce de manera individual, al transgredir la norma y la moral. En la Europa del siglo XIII los hechos brutales tuvieron (a iniciativa de los programas ideados por los Estados) una trayectoria descendente. El registro de la delincuencia involucra sólo con un diez por ciento a las mujeres: explicable cuando a la violencia cotidiana se le agrega la noción de la virilidad, definida ésta de manera un tanto distinta por cada sociedad. El tabú, “el mal absoluto”, estaba ligado al parricidio, al asesinato de los abuelos o de los superiores. Fueron los jesuitas, posteriormente, quienes hablaron ya del concepto de lesa humanidad, aplicándolo a los delitos cometidos contra la autoridad monárquica o religiosa. Michel Foucault relacionaba los atentados con el hecho de derramar sangre humana; quizá Foucault visualizó aquello que presenciaron los hombres en 1650: la guerra traía como consecuencia directa una intensa devaluación de la sangre, lo explica bien Muchembled. Autor de un estudio sobre el Diablo en la Edad Media (Historia del Diablo, siglos XII - XX , FCE , 2004), Muchembled explica cómo la pedofilia es el crimen más temido, el que atenta en contra de la perennidad de la civilización. Es como si la autoridad “sintiera la necesidad de proporcionar al cuerpo social la representación del peligro supremo y su erradicación”. En el siglo XXI el crimen se establece en torno a la preservación de la vida y la inocencia sexual de los niños: lo que atente contra ellos es el más “incalificable de los crímenes que pueda cometer el ser humano”.

En síntesis: el homicidio, tal como lo define Muchembled, es una construcción social: las autoridades son las que definen su interpretación ocultando o privilegiando las circunstancias en las que se da el hecho delictivo. Son los Estados quienes se atribuyen el monopolio de la legitimidad de la fuerza. Actualmente la peligrosidad se aplica a quienes se oponen a los reglamentos de las instituciones. ¿Cómo el hombre ha logrado sobrevivir en la cultura de la violencia? Muchembled trata de aclararlo a través de lo que clasifica dentro de “los estremecimientos mortales y la literatura negra y criminal del XVI al XX ” •

Jugar el juego de las formas, Anthony Browne y Joe Browne Fondo de Cultura Económica, México, 2011.

¿QUIÉN NO CONOCE A ANTHONY BROWNE? BARBARA BONARDI

Anthony Browne habita en la imaginación de los jóvenes lectores con las historias de sus carismáticos gorilas y chimpancés y sus ilustraciones absurdas y graciosas. Los libros Willy sueña, Cambios, Mi papá y Voces en el parque son sólo una pequeña muestra de los entrañables títulos de Anthony Browne publicados en castellano por el FCE . Este talentoso autor e ilustrador de fama internacional publica ahora una extraordinaria monografía escrita en primera persona. En una edición elegante y cuidada, Anthony Browne presta su voz a la pluma de su hijo, Joe Browne, para contarnos algunos episodios destacados de su vida y revelarnos los secretos de sus libros. Jugar el juego de las formas se sitúa a mitad camino

entre una confidencia íntima y un catálogo de sus obras. Después de su lectura, tenemos la agradable sensación de conocer al hombre detrás de sus creaciones y vemos de manera distinta sus ilustraciones, que nos asombran una y otra vez con sus detalles ocultos. Con gustosas anécdotas, el texto habla de la infancia feliz del artista, de sus miedos infantiles, pero también de sus inquietudes de adulto y del entusiasmo que tiene por su profesión. Browne sorprende al contar que su excelente formación técnica y su talento para narrar una historia a través de las imágenes los debe más a un trabajo como ilustrador médico que a la escuela de arte a la que atendía sin convicción. De hecho, fue la monotonía de esta labor la que lo empujó a incluir, ocultos, detalles amenos en sus ilustraciones: dibujos que en sus libros cobran sentido en el contexto del relato y despiertan la curiosidad del lector divirtiéndolo. Gracias a las explicaciones del autor, el juego de las formas, actividad lúdica que él descubrió en su infancia y ahora contribuye a la riqueza expresiva de sus libros, se vuelve explícito y sus cautivadoras imágenes adquieren nuevos y fascinantes significados. El artista aborda el tema, controvertido en sus libros, de los valores familiares y habla de su fascinación por los simios, contando con humor su terrible aventura en la jaula de un zoológico. Reitera también su amor por las obras de los grandes pintores, así como su deseo de hacerlas accesibles a los niños a través de copias paródicas, hecho que le ha causado incluso problemas jurídicos de derecho de autor. Hablando de sus viajes, no falta un homenaje a México y a su gente, que Anthony Browne recuerda con cariño y amistad por haber conocido en ocasión de la estupenda exposición que se le dedicó en el museo Tamayo en 1996. Browne se acoge a su talento de narrador para brindarnos una apasionante biografía ilustrada, en la que momentos de hilaridad y otros de conmovedora sinceridad, se alternan con reflexiones acerca de la relación entre texto e imágenes en el libro infantil contemporáneo: una lectura esencial para los adeptos de la literatura para niños, una obra entretenida y emotiva para todos los que no quieren dejar de jugar con su imaginación •

próximo número

EL INCONVENIENTE DE SER CIORAN Augusto Isla

Armando Morales, pintor

Descolonizar la literatura colonial

jsemanal@jornada.com.mx com m. x


De teratología Cuando escribí la cabeza de esta columna, se me ocurrió que se prestaba a ser malinterpretada. No faltaría quien supusiera que el tema sería algunos especímenes tricolores o de la misma laya, celeste, o amarilla, lo mismo da. Además, a sus características anómalas habría que añadirles la de predadores insaciables. La teratología, según María Moliner, es el “tratado de las anomalías o monstruosidades de los organismos animales o vegetales”, y una monstruosidad es “una anormalidad grande y fea en cualquier cosa”. En la actualidad, como puede verse, asociamos lo feo con lo monstruoso, sin que tengan que estar necesariamente ligados. Muestra de ello es que algo enorme lo calificamos, a veces, de monstruo: es un monstruo en las canchas (a algún futbolista excelente), es un monstruo de la pluma (a un escritor de singular calidad), y nunca se nos ocurriría calificar de enano ni al futbolista excelente ni al espléndido escritor, a pesar de que tanto el gigante como el enano serían “anormales”. (No puedo dejar de mencionar, ya que ando por estos rumbos, Los trajes nuevos del emperador, el más reciente poemario de Dana Gelinas, que con versos diáfanos, de una transparencia increíble e ironía eficaz, nos presenta una galería de personajes y caracteres patológicos, que van de Terminator a Godzilla, pasando por George Bush y la alfombra roja de Martita. Hace tiempo no disfrutaba tanto de un poemario... aunque debo confesar que son pocas las ocasiones en las que me aventuro por los caminos de la poesía.) De ese mundo de monstruos estaba llena la Edad Media, e incluso ya entrado el Renacimiento había copia de mundos e islas poblados por seres extraños, con un solo ojo, con cola, sin ano, con un pie, con dos cabezas o varias extremidades, individuos con cabeza de perro, cerdos con rostro humano, en fin, seres raros que algunos viajeros y mercaderes o curiosos geógrafos y naturistas decían haber visto. A los interesados en el asunto les sugiero un paseo (no por Insurgentes, no) por Monstruos, demonios y maravillas a fines de la Edad Media, de Claude Kappler. O también por la Notas de un anatomista, de Francisco González-Crussi, ensayista que acostumbro frecuentar cuando resurge en mí la inquietud por las cuestiones biológicas y reclamo textos sabrosos, como los de este autor, patólogo de profesión pero poseedor de una cultura y de una asombrosa capacidad para escribir con amenidad, y muy bien, de esos temas. Él me recordó que en tiempos remotos la gente creía que el nacimiento de un monstruo anunciaba desgracias para los padres o incluso para el país. Originalmente quería dedicar esta columna a los libros de González-Crussi, pero se me atravesó en el camino una noticia que no puedo dejar de comentar. Me refiero al hecho de que México “creció” económicamente, por arriba de lo que habían calculado nuestros economistas, e incluso superó los índices de muchos países desarrollados. Tendríamos que celebrar si no fuera porque la “corde(ro)al” política económica implicó, también, el crecimiento de la pobreza en el país. Sólo eso podría esperarse de un conductor que piensa y expresa que una familia puede vivir muy bien y hasta tener casa propia y coche con un salario de 6 mil pesos mensuales.Y ya que estamos hablando de crecimiento, podemos mencionar que en sólo un año también se incrementó en 2 millones 359 mil el número de pobres, con lo cual pasó del 34.8 por ciento de la población mexicana, a 36.3 el número de pobres, y obviamente, la cantidad de indigentes se elevó.

Se me encuera el chino, perdón, quise decir que se me enchina el cuero cuando pienso que quien está detrás de esa política de generar riqueza y más riqueza, pero para los más ricos, es presunto precandidato para la Presidencia de la República. No quiero pensar en lo que nos espera si llega al poder. Por su empecinamiento en que su política ha sido la correcta, me inclino a pensar que, aun cuando la clase política no es muy afecta a la lectura, es posible que leyera De monstrorum causis, natura et differentiis, de Liceto, que en 1616 afirmaba “haber sido testigo del nacimiento de criaturas monstruosas, sin que ello ocasionara ninguna desgracia notable en el hogar de los padres o en el distrito en que ocurrió el nacimiento.” Y puntualizaba que algunas de esas familias eran miserables antes del nacimiento del monstruo y después se habían hecho ricos, al “cobrar altas cuotas de admisión para ver a su vástago” (González-Crussi). De ahí se sigue la posibilidad de que la idea de Cordero sea acabar con la pobreza mediante una política teratogénica •

15 de enero de 2012 • Número 880 • Jornada Semanal

Ana García Bergua Un año dickensiano Yo sí recuerdo un libro que me marcó, entre muchos: Los papeles póstumos del Club Pickwick, de Charles Dickens, quien el 19 de febrero cumplirá doscientos años de su nacimiento. De los divertidísimos Pickwick Papers pasé a Oliver Twist y David Copperfield, y me zambullí en el Londres siniestro del siglo antepasado, el Londres de chimeneas y sombreros de chimenea, de stevenianos Jekylls y Hydes, de niños y mujeres hacinados; el Londres nebuloso y negro de la revolución industrial en el que empezaba a nacer una burguesía con aspiraciones a la virtud. En aquel Londres victoriano, triste y a la vez divertido y entrañable, campeaban seres malignos, corruptos y pícaros, como el jefe de los ladrones de Oliver Twist, Fagin, y también seres bondadosos y desdichados como el buen Wilkins Micawber, todos los cuales son ampliamente conocidos. Aquel Londres en el que un traspié de la fortuna podía ser fatal, y que para un niño de orígenes humildes debía de ser triste y tremendamente sórdido, fue retratado genialmente por Dickens, en el que ya no pensamos pues su literatura ha sido asimilada y degradada por miles de libros, películas y programas melodramáticos, pero sus libros son otra cosa: en ellos hay muchísimo humor, ironía e inteligencia, además de la agradecible posibilidad de echar alguna lágrima. Si no de origen humilde, Dickens provenía de una familia de clase media de Hampshire establecida en Londres, sujeta como sus personajes a los reveses de la fortuna. La Enciclopedia Británica cuenta que fue un niño desgraciado, pues su padre fue encarcelado por deudas y él tuvo que dejar la escuela para trabajar en una fábrica, cosa que nunca perdonó; algunos libros –su biografía más famosa es la de J. K. Fielding– dicen que fue por esa razón que tantos niños figuraron en sus novelas, en las que se acercó de manera tierna y comprensiva a la escala del corazón y los temores infantiles en una sociedad inhóspita. Sus primeros pasos profesionales tuvieron que ver con el teatro y el periodismo (el Oxford Companion to the Theatre cuenta que hubiera sido un muy buen actor profesional y que en el colmo de su celebridad llegó a poseer un pequeño teatro casero donde él y sus amigos escenificaban obras). En Inglaterra, Dickens fue el primer autor de fama mediática: obligado por la necesidad, publicó simultáneamente por entregas los Pickwick Papers en el Morning Chronicle y Oliver Twist en el Bentley’s Miscellany, editado por él. Los Pickwick... eran originalmente una historieta en imágenes, dibujada por un famoso artista, y terminaron como novela ilustrada debido al éxito arrollador que acompañó a Dickens desde el principio, en una época en que la novela se inventaba a sí misma, a cada número de los diarios. Dickens trabajó muchísimo para mantener a los diez hijos que tuvo con Catherine Hoghart, de quien se separaría para compartir su madurez con la actriz Ellen Ternan. Viajó por todo el mundo como ningún autor de su época y la gente esperaba ansiosa los capítulos de sus novelas, en cuya variedad de ambientes, clases y tipos se reconocía. La suerte de la pequeña Nell en La tienda de antigüedades despertó una verdadera ansiedad en los lectores; las multitudes que esperaban en el muelle de Nueva York a los barcos que llegaban de Inglaterra preguntaban: “¿Murió la pequeña Nell?” Dickens fue una figura pública casi en el sentido de nuestros días; se decía que era divertido y encantador. Practicaba el mesmerismo, de moda en aquel entonces, y al parecer curó afecciones nerviosas.

PASO A RETIRARME

Orlando Ortiz

PROSA-ISMOS

arrte y pensamiento ........

La Navidad tal como la conocemos y vivimos ahora, con la ayuda de las tiendas, fue también un invento de Dickens; su Cuento de Navidad fue, de hecho, el primero de un género que continúa hasta nuestros días. Uno podría decir que le gustan enormemente las novelas policíacas de Wilkie Collins o el Barry Lyndon, de William Thackeray, pero yo pienso que tanto Collins como Thackeray y otros existieron porque existió Dickens, que su literatura complementa o matiza la obra abarcadora de aquel. Dickens fue un genio para describir las angustias de las diferentes clases en medio de los vaivenes sociales y practicó la novela histórica, por ejemplo, en Historia de dos ciudades, que aborda la Revolución Francesa. Quizá no pensamos mucho en Dickens porque forma parte de la cultura de la clase media de todo el mundo; quizá eso sólo habla de la extensión de su genio e influencia. Por eso, pienso yo, hay que leerlo y celebrarlo, ahora que cumplirá doscientos años •

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Alonso Arreola alarreo@yahoo.com

Tania Libertad, cincuenta años cantando En diciembre pasado fuimos al concierto de Morrissey en el auditorio Plaza Condesa. Estuvo bueno pero algo faltó. Fue demasiado corto y su banda, pese a la buena competencia, interpretación y sonido, era demasiado joven. Es una crítica extraña, lo sabemos, pero definitivamente hay letras y acordes que no pueden ser ejecutados de la mejor forma por quienes aún no se hacen ciertas preguntas vitales, por quienes no han pasado una buena cantidad de años recorriendo caminos, conociendo gente, probando nuevas direcciones mentales. ¿Qué tiene que ver eso con Tania Libertad? Mucho. La cantante, nacida en Chiclayo, Perú, cumple este año cinco décadas grabando y girando por el mundo, viviendo la música como pocos lo hacen en la actualidad, con autoridad y experiencia. Lo celebrará con dos conciertos en el Palacio de Bellas Artes, los días lunes 13 y martes 14 de febrero. Para ser más precisos, digamos que de muchas maneras y pese a la globalización y las posibilidades digitales que se ofrecen a tantos jóvenes, Tania sigue trabajando con un espíritu que revela un pasado lleno de sacrificios. Ése de cuando llegó a México sin mucho en las bolsas para luego abrir la boca y comenzar el hechizo. Ése que la llevó por carretera, en una camioneta manejada por alguno de sus músicos, a hacer presencia por todo el país sembrando personalmente lo que hoy tantos hacen a larga distancia. De esas y otras cosas nos enteramos desde la primera vez que nos encontramos con ella, hace más de una década, cuando nos invitó a que trabajáramos en la promoción de dos discos: Costa negra y Arias de ópera. En un principio la idea nos pareció extraña pues nos dedicábamos a difundir eventos de jazz y rock; sin embargo, conforme avanzó la plática y con ella la tarde, varias cosas fueron quedando en evidencia. Estábamos en su hermosa casa de piedra y madera, entre pinturas de Soriano, Galán y Toledo regaladas a su voz. Inicialmente nos llamó la atención su gran memoria, no sólo para recordar canciones y compositores sino viajes, anécdotas, lugares y personalidades del mundo intelectual latinoamericano. Luego, su genuino amor y conocimiento de los ritmos y géneros afroperuanos, y después lo más importante: su capacidad para disfrutar la vida en muy distintos niveles, asumiéndose como testigo y reflejo de fenómenos sociales y artísticos diversos. Amiga de escritores, políticos y empresarios, Tania ha sabido convivir en muy distintos ambientes sin traicionar a la que fue en sus orígenes, a la que sigue siendo pero con kilómetros de sabiduría acumulada. Generosa y activa, ha apoyado a propios y extraños que le presentan proyectos o causas valiosas y, aunque a veces no se sepa, se ha mantenido activa grabando, componiendo y presentándose dentro y fuera de México como ya quisieran otros proyectos del pop y el rock. De España a su natal Perú –adonde ha vuelto recientemente para recuperar su posición de leyenda–, son innumerables las ciudades que en Europa, África u Oceanía la han escuchado interpretar míticas versiones de “Alfonsina y el mar” y “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, por citar ejemplos emblemáticos. A nosotros nos tocó acompañarla hace algunos años en sus presentaciones por Rotterdam, Ámsterdam y París, ciudades que la aplaudieron de pie. Haciendo honores a Chabuca Granda, Mario Benedetti, Nicomedes Santa Cruz, María Greever y, claro está, a su co-

lega y cómplice Armando Manzanero, Tania ha dejado huella con cerca de cuarenta discos, algunos editados en su propio sello Mulata Records, como el magnífico Live at Blue Note de 1996. Artista de la UNESCO por la paz, poseedora de la Orden de Río Branco del gobierno brasileño, Tania Libertad nos representa como pocas artistas, porque en ella confluyen la pasión, el conocimiento, el compromiso y el talento, características que normalmente se niegan a convivir. Nadie lo dijo mejor que José Saramago: “La primera vez que oí cantar a Tania Libertad tuve la revelación de las alturas de la emoción a que puede llevarnos una voz desnuda, sola delante del mundo, sin ningún instrumento que la acompañara. Tania cantaba a capella ‘La paloma’, de Rafael Alberti, y cada nota acariciaba una cuerda de mi sensibilidad hasta el deslumbramiento.” Así pues, felicidades a Tania Libertad por este medio siglo cantando. Verla en Bellas Artes con tal pretexto será un privilegio y una obligación, pues no se nos ocurren muchos nombres que la superen en ese terreno que durante años gobernara Mercedes Sosa. Allí estaremos para escuchar, literal y poéticamente, “Historia de un amor”. Amor por la música. Amor por las palabras. Amor por lo mejor del hombre. Por su futuro •

Luis Tovar cinexcusas@yahoo.com

El cine, las revistas y sus registros (III Y ÚLTIMA) Todavía tan joven como lo indica la carátula de la entrega más reciente que ha llegado a las manos de este sumaverbos –año 3, número 17, julio-agosto de 2011–, la revista Cine Toma, de la que se habló aquí hace ocho días, ya ve cernirse sobre sus páginas la amenaza de la extinción, acontecimiento lamentable que, una vez más, nos dejaría en la inopia de una revista que no le hace ascos a la crítica –más bien todo lo contrario–, al análisis, a la reflexión …en suma, a la inteligencia, y que no vive de aquello que las empresas cinematográficas conocidas como majors buenamente quieran arrojar a la escudilla de la revista-mascota si acaso ésta se “porta bien”. Perdida que tiene uno la candidez hace ya muchos números de revistas presentes y pretéritas, vigentes y extintas, no serán estas líneas espacio para la manifestación inane de un deseo que con absoluta seguridad jamás será cumplido, pues nada podrá impedir que las mascotas sigan complaciendo a sus amos. Paralelamente, tampoco luce plausible la esperanza de que proliferen los Estudios Cinematográficos y las Cine Toma.

CINEXCUSAS

Jornada Semanal • Número 880 • 15 de enero de 2012

BEMOL SOSTENIDO

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T IEMPOS DE HÍBRIDOS Como suele sucederle, tiene razón Jorge Ayala Blanco cuando afirma que la mayoría de los ejercicios –aquí no importa si conscientes o no, con deliberación o sin ella, si bien o mal intencionados– de crítica cinematográfica, con o sin el prefijo “pseudo”, nacen baldados desde el momento en que, respondiendo a un calendario de estrenos en cartelera, se privan a sí mismos de un factor de independencia que se antojaría irrenunciable: el consistente en ser uno –es decir, el que escribe sobre cine– quien elija de qué, sobre qué, en torno a qué ha de escribir, sin que al momento de la elección importe si la película en cuestión está a punto de llegar a salas. Habitualmente, la conocida como “prensa especializada” que forma parte de la redacción de diarios –pero también, y sobre todo en estos tiempos, la que integra equipos de producción radiofónica y televisiva– prepara y luego publica sus notas al más pavloviano posible de los tenores: el mero día del estreno, a manera de colofón luego de uno o más “previos” cuyo número y dimensión obedece al tamaño ($) del sapo. Así, a Harry Potter le tocan muchísimos, a los Transformers un chorro, a X Men un montón, y así y así. Verbigracia: hay una locutora radiofónica matutina que, invitada a Dubai para el lanzamiento de la más reciente entrega de Misión imposible, repitió una y otra vez que “le habían pedido” no hablar mucho del asunto ni transmitir su entrevista con Tom Cruise hasta que la película fuese estrenada. Resultado: publicidad constante disfrazada de “periodismo”, al precio de un viaje si bien oneroso, de costo irrisorio para quien puso el varo. No obstante –y ojalá no sea simple quimera, producto del optimismo de este juntapalabras, que lo hiciera ver lo que no existe–, como haciéndose eco de una rola de Rockdrigo, y más allá de las revistas-mascota de las que se ha hablado hasta este punto, en materia de publicaciones dedicadas a/relativas/alusivas/tocantes a cine, los presentes parecen ser auténticos tiempos de híbridos. Amén de que una nota hecha para

dar cuenta de tal o cual estreno clara y definitivamente no es considerada por nadie como ejercicio crítico –salvo ciertos escribidores o locutores–, sucede que cada semana es posible acceder a publicaciones donde se hace cohabitar ambas caras del asunto, es decir la que literalmente o de modo figurado le debe todo al estreno en turno, junto a la que le tiene sin cuidado si lo que se publica le viene bien, mal o le es indiferente al filme del que se hace eco. Es el caso, entre otros pocos, de Primera Fila y, en cierto modo, de este diario. Para finalizar, consígnese un ejemplo de cuánta distorsión puede llegar a instalarse tanto en la factura como en la percepción del discurso múltiple que, inevitablemente, suscita el fenómeno cinematográfico; distorsión que no sólo se manifiesta en el público receptor, como se dijo antes, sino por desgracia en el fragmento del mismo integrado por los cineastas, concretamente de los mexicanos –o, para no generalizar, algunos de ellos–: recientemente, en un programa radiofónico dedicado a cine, Busi Cortés aseveró, palabras más o menos, que existe una “confabulación” o “conspiración” en la crítica, contra el cine mexicano, porque no se le “apoya”; más precisamente, porque no se habla “bien” de él de modo sistemático, es decir acríticamente. Y Uno pensando, con la ingenuidad del caso, que ya habíamos superado esa etapa de puerilismo nacionalista •


arte y pensamiento ....... LA JORNADA VIRTUAL

15 de enero de 2012 • Número 880 • Jornada Semanal

Naief Yehya naief.yehya@gmail.com

De la islamofobia a la chiitafobia ¿EL FINAL DE LA OCUPACIÓN? Las tropas de ocupación estadunidenses están programadas para salir de Irak a finales de 2011. Lo que dejan tras de sí es una nación en ruinas, aunque los invasores argumentarán que las condiciones de seguridad pública son ahora mucho mejores que en 2007 o 2009. Los asesinatos por la violencia colateral de la ocupación, la guerra civil entre chiítas y sunitas, y demás ajustes de cuentas provocados por la destrucción del antiguo régimen ya rara vez rebasan la cifra de mil muertos al mes, como antes. Una imagen de normalidad parece comenzar a surgir; las tiendas permanecen abiertas por más tiempo, hay más productos a la venta, la gente circula con relativa seguridad por las calles y la mayoría de las carreteras. El servicio de luz eléctrica llega a durar en Bagdad alrededor de siete horas al día. Esto no quiere decir que los atentados hayan sido erradicados; diariamente hay incontables actos de violencia y la inestabilidad política es grave. En buena medida la aparente paz se debe a que la mayoría de la población vive ahora en áreas con poca o nula integración o convivencia entre las diferentes etnias religiosas. Incluso Bagdad se ha convertido en una ciudad principalmente chiíta y el gobierno, supuestamente de coalición, realmente está casi por completo en manos chiítas. Este es otro resultado inesperado de la ingeniería social neoconservadora: la limpieza étnica de una nación con gran diversidad. Esto difícilmente podría considerarse una mejora con respecto a los años de la dictadura de Saddam Hussein. Las tropas estadunidenses saldrán, pero dejarán miles de “asesores”, agentes, instructores, contratistas (civiles y mercenarios) y una asfixiante presencia en todos los dominios mientras Irak siga pareciéndole a EU un inmenso botín.

A LÁPIZ

CHIÍTAS AL PODER Quizás el legado más complejo de la nefasta aventura bélica estadunidense, que eliminó a un dictador con un costo cercano a 1 millón 450 mil vidas iraquíes, fue llevar al poder a un régimen chiíta en un país árabe. Lo que podría parecer un acto de justicia –ayudar a los chiítas que son la mayoría de la población iraquí a tomar el poder tras años de marginación y sometimiento– en realidad se convirtió en el detonador de una serie de acciones y una campaña histérica por parte de líderes sunitas de los países vecinos en contra de sus poblaciones chiítas, guiada en gran medida por Arabia Saudita, un reino regido por autócratas paranoicos cuya peor pesadilla es ser decapitados por chiítas al servicio de Irán. Por su parte, el rey jordano Abdulá, otro pequeño tirano con delirios de grandeza fundados en los caprichos imperiales británicos, declaró en 2004 que una “luna creciente chiíta , dominada por Irán, se extendería de Irak a Siria y Líbano”. Así, las revueltas populares que comenzaron con la primavera árabe han sido interpretadas por los oligarcas de la región como una confrontación religiosa, una cruzada sangrienta antisunita que amenaza establecer un califato chiíta en las naciones árabes e incluso en los países musulmanes no árabes como Afganistán. Esta preocupación seguramente está vinculada con los tres ataques suicidas simultáneos del 5 de diciembre de 2010, masacres sin precedente en contra de la población chiíta en Kabul (cincuenta y seis muertos y cientos de heridos), Mazar–i–Sharif y Kandahar.

hija Fátima, no fue nombrado su sucesor, y más tarde cuando el hijo más joven de Alí, Hussein, fue asesinado en Karbala en 680. Para los chiítas los tres primeros sucesores de Mahoma han sido impostores. Durante siglos las principales revueltas en el islam fueron obra de chiítas indignados por el despojo de quienes ellos consideran los auténticos herederos de Mahoma. El ejemplo de Irak pone en evidencia que, de tomar el poder los chiítas, no tendrán compasión por sus antiguos opresores y difícilmente buscarán un diálogo o una reconciliación nacional, por lo menos hasta que sacien sus deseos de venganza. Paralelamente, hay un factor místico que entra en juego en esta dinámica. Los sunitas, especialmente los más radicales y supersticiosos, como la familia Saud y otros fanáticos que financian y tienen en Al Qaeda (y sus variantes) su brazo armado religioso, tienen pavor de que se cumpla la profecía chiíta del retorno del “Imam oculto” que, como Jesús en la tradición cristiana, vendrá a imponer orden, paz y justicia en los últimos días. Este elemento sobrenatural garantiza que el conflicto no tenga solución •

FANATISMO Y MISTICISMO Los sunitas que dominan al mundo árabe temen al poder popular y al resentimiento acumulado de los chiítas, quienes sienten que han sido víctimas desde la muerte de Mahoma en el año 632, cuando Alí, su primo y marido de su

Enrique López Aguilar alapiz@hotmail.com

The Beatles (I DE IV) Eran tiempos rodeados de asuntos ininteligibles para un niño mexicano sesentero: la muerte de Marilyn Monroe, los asesinatos de Kennedy y Oswald (“¡lo mataron, lo mataron!”, decía la vendedora de periódicos ubicada al otro lado de la avenida, frente a casa; mi madre respondió: “Sí, a Kennedy.” “¡No, a Oswald!”). Y en una televisión en blanco y negro, el sepelio del presidente gringo. Tampoco era comprensible el azoro por las muertes de Elvira Quintana, Javier Solís y el Rey Lopitos. Junto a ese no saber quiénes eran los personajes muertos (ni siquiera la contundente Marilyn), la familia iba a merendar a los cafés de chinos de Tacubaya (a veces, a alguno favorito, en Bucareli) y, como la familia no tenía coche, el medio de transporte oscilaba entre el tranvía con ruta hacia Chapultepec, o alguno de los autobuses citadinos que indicaban su ruta con yeso disuelto en agua para pintar el itinerario en el parabrisas: “Escandón-Buena Vista, Colonias Urbanas, Del Valle, Chapultepec, Insurgentes, Mixcoac, San Ángel, CU, Zócalo-Moneda-Mixcalco…” En la rocola del café, junto a “Sombras nada más” y “Barrilito cervecero”, a veces surgía una música que no se parecía a “Ebb tide” ni a otras que asomaban en los consultorios médicos en versiones muy del gusto de casi todos los papás del momento, coros y orquesta edulcorantes con temas cincuenteros: Ray Coniff. La música surgida de la rocola no pudo haber sido escuchada en 1962 y las circunstancias laterales deberían estar más cerca de 1964, pero ya se sabe que la memoria de los niños no guarda relación con las fechas sino con la aglutinación de imágenes, sonidos y referencias que construyen

una atmósfera llamada “infancia” en el recuerdo del adulto. Durante los años transcurridos entre 1960 y 1965 el tiempo corría con distintas velocidades y muchas memorias fueron marcadas por preocupaciones y comentarios de los adultos. Por ejemplo: no tengo ningún recuerdo sobresaliente respecto a la crisis de los misiles rusos en Cuba, salvo compras de mucha comida enlatada, lo cual me hace suponer discreciones para no asustar a los hijos con una guerra atómica que inexistió. Fueron tiempos de “Cristianismo sí, comunismo no”, “En esta casa somos católicos y no aceptamos propaganda protestante”, “Muera la pornografía/ Conavap.” En las ventanas de las casas de algunos vecinos había pegotes con la imagen de un pez, indicadora de la catolicidad de sus habitantes y de su enemistad contra comunistas y protestantes (y judíos, árabes y cuanto no fuera “occidental, blanco y cristiano”, según el posterior dictum de Rafael Videla). Los niños de esos años suponíamos (si lo hubiéramos llegado a pensar) que pornografía eran los dibujos del Ja-já y los bikinis de Emily Kranz y Alejandra Meyer. ¡Qué equivocados! Ciudad de México era más pequeña y se podía caminar de noche en compañía de los padres: entre San Pedro de los Pinos y el Centro existía la recompensa de una merienda y el regreso en tranvía (en el Bucareli). En el café

de chinos, durante la merienda, entre otras músicas, sonaba algo diferente que gustaba, interpretado por dos guitarras, una eléctrica y otra no, o dos eléctricas (¿acaso los niños distinguíamos eso?); era una cosa musical que jalaba las orejas: Santo y Johnny interpretaban sonidos que eran el olvido de sombras nomás y barrilitos cheleros: nada más acercarse a las rocolas y depositarles el correspondiente veinte salía “Y la amo”, es decir,“And I Love Her.” Los niños supusimos que esa canción era de Santo y Johnny, hasta que los padres o los amigos de los padres comenzaron a hablar de un grupo de cuatro jóvenes ingleses y afeminados que tenían el pelo “larguísimo”, se vestían como maricones y tocaban música estridente y desafinada. Eran peores que Lucha Reyes y la música contemporánea, incluido un Stockhausen que los padres ignoraban, pues sus referencias musicales se estacionaban en indefinidos límites borrosos. Eran tiempos. Quizás el ’64. Ya oíamos consejos adultos para dudarlos y se cocinaba eso en lo que, sin ser protagonistas, iba hacia 1968: también éramos hijos de un modelo educativo conservador y represivo (en la versión marista y diazordacista de mi primaria, en Mixcoac, presencié religiosos golpes y violencia desmesurada, notoriamente brutales, ejercidos por los “hermanos” contra niños de escasos recursos, con la inolvidable excepción de Amador Cárdenas Valverde, el joven profe de segundo). Entre escuela y casa, cuatro jóvenes cambiaban la música popular y renovaban actitudes: John, Paul, George y Ringo: The Beatles, autores de “And (Continuará.) I Love Her.” •

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Jornada Semanal • Número 880 • 15 de enero de 2012

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Germaine Gómez Haro

Diego Rivera en Nueva York (I DE II) Por estas fechas (diciembre 23), hace ochenta años, se inauguró en el Museo de Arte Moderno de Nueva York ( MOMA) la exposición retrospectiva de Diego Rivera que lo catapultó a una celebridad sin precedentes en las élites del arte moderno de ese país que comenzaba a forjar su sólida presencia internacional en los circuitos artísticos. Actualmente, y hasta el mes de mayo, el MOMA recuerda ese acontecimiento con la muestra Diego Rivera. Murales para el Museo de Arte Moderno, que reúne siete de los ocho frescos ejecutados ex professo para esa notable ocasión, acompañados de una selección de documentos y obras sobre papel. El MOMA abrió sus puertas en 1929 y la de Rivera sería su segunda exposición individual dedicada a un artista contemporáneo de apenas cuarenta y cinco años, mientras que el primer homenajeado fue ni más ni menos que Henri Matisse, quien ya gozaba de un meteórico prestigio. Para entonces, Diego Rivera había pintado varios de sus murales en Ciudad de México y era considerado la figura clave en el concierto artístico del llamado Renacimiento mexicano. Por esos años, nuestro país estaba en la mira de la sociedad estadunidense, que comenzaba a interesarse por todo lo relativo a la producción artística mexicana, como quedó registrado en la importante exposición organizada por el Museo Metropolitano de Nueva York en 1930 –Mexican Arts– en la que se presentó un popurrí de arte prehispánico, colonial, popular y moderno que tuvo un éxito inusitado. Como es de imaginarse, el trabajo de Orozco, Siqueiros y Rivera formó parte medular de la curaduría y se hizo especial énfasis en la promoción de la epopeya mural mexicana impulsada por Vasconcelos. El éxito derivado de esta exposición dio lugar a la invitación de Rivera al MOMA, y especial-

mente al interés del director de esta novel institución, Alfred J. Barr, por mostrar físicamente ejemplos del arte mural que tanta expectativa estaba causando en Estados Unidos. En 1929, mientras comenzaba los murales del Palacio Nacional, el embajador de Estados Unidos en México, Dwight Morrow, lo comisiona para pintar el Palacio de Cortés en Cuernavaca, como un regalo del pueblo estadunidense al

mexicano, y en el que plasma su Historia del estado de Morelos. Conquista y revolución. De manera vertiginosa se expande en Estados Unidos la popularidad del movimiento muralista mexicano y es noticia constante en los periódicos y revistas de arte. Ese mismo año Ernestine Evans publica Los frescos de Diego Rivera, la primera monografía en inglés dedicada al artista y, con el apoyo del embajador Morrow, obtiene la Medalla de Oro de las Bellas Artes otorgada por el Instituto Americano de Ar-

Jorge Moch

ARTES VISUALES quitectos. En este contexto estelar llega Diego Rivera en noviembre de 1931 a Nueva York a bordo del barco Castillo del Morro, acompañado por su nueva mujer, Frida Kahlo, su fiel asistente Ramón Alva de la Canal y la talentosa Frances Flynn Paine, quien fungió como promotora crucial del artista en los círculos sociales y culturales más elitistas de Estados Unidos y fue una figura clave de su posicionamiento en ese país. Ella fue quien lo introdujo a la que se convertiría en su principal mecenas y coleccionista estadunidense, la entusiasta filántropa Abby Aldrich Rockefeller, por cuyo conducto Rivera financió su viaje a Nueva York. Las siguientes seis semanas a partir de su llegada, Rivera se refugió en un estudio especialmente acondicionado para él en el MOMA para preparar los frescos transportables comisionados por Barr, que habrían de constituir la parte medular de su ambiciosa exhibición en el recién inaugurado museo, integrada por 149 obras y los cinco murales ejecutados ex professo para la muestra. El interés fundamental de Rivera era mostrar al público estadunidense la técnica ancestral al buon fresco, rescatada por los autores mexicanos para llevar a los muros relatos épicos de la historia mexicana que habrían de ser leídos y comprendidos por las masas como libros abiertos al alcance de todos. La elección de temas a mostrar a los estadunidenses se centró en la Revolución mexicana y la abolición de la desigualdad de clases, para los que tomó prestadas escenas de sus murales del Palacio de Cortés y de la SEP. Cinco de los ocho paneles programados estuvieron presentes en la inauguración de la portentosa muestra y los otros tres restantes se incorporaron semanas después. En estos últimos, Rivera hace una crónica de su experiencia visual y vivencial en la fulgurante ciudad de los rascacielos • (Continuará.)

CABEZALCUBO

tumbaburros@yahoo.com

Del Yahoo! que no vemos acá En plenas vísperas, el veinticuatro de diciembre, una mala noticia más se sumó al caudal atroz de las muchas que desde hace demasiado tiempo se generan en México. Un grupo de pistoleros atacó autobuses de pasajeros que cubrían rutas en la región de la Huasteca veracruzana y las colindancias de los estados de Veracruz, Tamaulipas y San Luis Potosí, en el tramo carretero que une las poblaciones de Pánuco y Tantoyuca. En los ataques fallecieron once civiles (algunas autoridades locales mencionaron hasta veinte víctimas) y fueron abatidos cinco agresores por elementos del ejército. Poco después se explicó escuetamente que el motivo de los ataques habría sido el robo. No se supo con certeza si efectivamente eran cinco solamente los asesinos u once las víctimas; suele pasar que en estos convulsos tiempos los detalles, vidas más, vidas menos, cuentan poco, sobre todo cuando suman al desprestigio del régimen. El mismo día 24, Yahoo! Estados Unidos publicó la noticia según un despacho de la agencia Reuters firmado por Patrick Rucker. En la nota se destacaba no el asesinato de once inocente s, s i n o q u e t re s d e e l l o s e ra n estadunidenses. Yahoo! es mucho más que un simple portal de búsqueda e información; un portal interactivo de sus dimensiones es todo un conglomerado. Y en esa afluencia de información que nos llega de Estados Unidos,

parece que no pueden quedar fuera ciertas manifestaciones de odio, intolerancia o burda ignorancia que cualquiera creería superadas en este todavía incipiente siglo XXI. La actitud hacia México –hacia Latinoamérica y de hecho hacia cualquier cosa que no pertenezca al ámbito de lo cotidiano allá– de buena parte de la población estadunidense es de suficiencia, de desprecio, de una resabiosa noción supremacista que enraíza en lamentables estereotipos creados por el cine, la televisión y el racismo histórico imperante en Estados Unidos. La nota de Reuters/Rucker omitió (¿deliberadamente?) las identidades de las víctimas estadunidenses. Una mujer de treinta y nueve años y sus dos hijas, de diecinueve y trece, residentes legales de Estados Unidos, pero originarias de la Huasteca que venían a México a pasar las fiestas con su familia. Al parecer, el simple hecho de presentar a tres de las víctimas como estadunidenses y callar que las tres eran de origen mexicano no fue malintencionado: un modo escueto de dar una noticia. Pero sin tomar en cuenta a las ocho víctimas restantes. Quizá porque eran ocho mexicanos, y a quién en Estados Unidos le pueden interesar ocho mexicanos… La reacción del público estadunidense en los foros de comentarios de Yahoo! a partir de la publicación de la nota fue un nutrido rosario de odio, de desprecio, de atropellados juicios

sobre nuestro país y sobre esa fenomenología del crimen organizado que tiene buena parte de su origen precisamente en los vicios de la sociedad estadunidense, aunque esto desde luego ninguno de los foristas lo trajo a colación. Proliferaron en cambio los patrioteros berrinches, los histéricos pedidos de invasión, las indignadas preguntas de por qué si sus fuerzas armadas son capaces de aprestar cañones en cualquier rincón del mundo, no se decidían a enviar 250 mil marines al sur de la frontera para enseñarnos cómo se hace eso de portarse bien. Qué fácil les resulta a algunos ciudadanos de aquel país pedir una guerra que mate a miles de civiles inermes porque tres de sus connacionales fueron asesinados. 2 mil 530 opiniones en las que el consenso era que México está habitado en su totalidad por delincuentes, haraganes y apáticos enemigos de la decencia. Y para cada mensaje de odio soterrado o descarado, un promedio de diecisiete respuestas de apoyo, sumándose todos, con dos rarezas de excepción (que hablaban, precisamente, de que el origen del narcotráfico está en la demanda y no en la oferta) al discurso de una incursión armada. Alguno más estúpido todavía que el resto afirmaba que el gobierno y el pueblo mexicanos agradeceríamos la invasión. 2 mil 530 individuos es una muestra estadística considerable. Puesto así, es aterradora la facilidad con la que los vecinos bien miran remachar con bombas la masacre que su avidez drogadicta engendra. Y uno no puede dejar de preguntarse si la inflamada reacción de los foristas de Yahoo! (que por cierto no hizo nada para atemperar los mensajes de odio) habría sido de la misma intensidad si desde un principio se hubiera hecho público que las tres ciudadanas estadunidenses eran, de hecho, mexicanas •


galería

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eonardo Da Vinci es considerado uno de los más grandes artistas de todas las épocas y probablemente una de las personas más diversamente talentosas que haya existido. Incursionó en las ciencias y las artes por igual. Su obra La Gioconda (La Mona Lisa) es una de las pinturas más reconocidas de la Tierra. Cuando muere Gian Galeazzo, duque de Milán, lo sucede Ludovico Sforza. No se sabe con exactitud cómo llegó Da Vinci a la corte de Sforza, pero se cree que llegó como músico talentoso, posiblemente para entregar una lira como regalo diplomático a Sforza de parte del gobernante de Florencia. De esta manera Da Vinci llega a Milán aproximadamente en 1482, a la edad de treinta años, e inmediatamente se crea una amistad cercana entre el pintor y el duque de Milán. Da Vinci pinta muchos de sus cuadros más famosos en Milán: entre ellos La dama del armiño. Fue durante su estadía en Milán que Da Vinci comienza sus estudios sobre anatomía y tiene la oportunidad de pintar a Cecilia Gallerani, la amante de dieciséis años del duque. Como Cecilia era una belleza celebrada y famosa, Leonardo usó su retrato para ilustrar su creencia de que al responder a todo lo que es bello y armonioso en el mundo natural, una pintura puede inspirar amor en sus espectadores. En esa época los temas del amor y la belleza eran centrales en los retratos de mujeres. En las negociaciones de matrimonio muchas veces se enviaba un retrato de la novia al futuro esposo para que viera su apariencia, y se idealizaba a la modelo, ya que se creía que la belleza exterior de las mujeres era el reflejo de la virtud interior.

L A DAMA DEL ARMIÑO Se ha dicho desde el Renacimiento que a Leonardo Da Vinci no le atraían las mujeres. Le gustaba rodearse de jóvenes; incluso vivió con varios de sus aprendices, incluyendo a Salai, a quien le dejó La Mona Lisa. Sin embargo, en el cuadro de Cecilia Gallerani se percibe una clara atracción del pintor por la modelo. La Cecilia de Leonardo tiene hombros pequeños y redondeados, el cuello adornado con un collar negro, rostro alargado y una nariz perfecta. Parece mirar a alguien que está junto a ella, tal vez a su amante. Cecilia aparece blanca, suave y hermosa. Los críticos hablan de la obra como una alegoría de la pureza debido a varios elementos retóricos de castidad y abnegación que se pueden apreciar en la pintura. Sin embargo, este retrato de Cecilia Gallerani también habla de la relación que sostuvo con Sforza a los dieciséis años y que de hecho fue consumada. Esto es particularmente evidente en las garras del armiño, que se acerca a la comisura de la manga de su ama, un

15 de enero de 2012 • Número 880 • Jornada Semanal

motivo claramente sexual. La disposición desproporcionada de las manos de Cecilia también enfatizan el contacto físico y tiene una connotación erótica del sentido del tacto. Cecilia Gallerani se convirtió en amante oficial del duque Ludovico gracias a su pasión por la literatura y la música, ambos gustos compartidos por el duque. Nunca se casaron, aunque sí tuvieron un hijo, Cesare Sforza Visconti. Más tarde Cecilia se casa con el conde Ludovico Carminati de Brambilla y se convierte en un referente intelectual de la época; era una cantante dotada, así como también poeta. Gallerani presidió el primer Salón de Arte Europeo, donde se reunirían las mentes más talentosas de la época.

La dama del armiño de Da Vinci Anitzel Díaz

El armiño que porta Cecilia en el retrato tiene doble simbolismo. Por un lado, alude al propio duque, conocido con el sobrenombre de Ermellino (armiño), por haber recibido en 1488 la Orden del Armiño. Y, por el otro, es una representación fálica. En este retrato, el artista abandona la tradicional representación de perfil y muestra a la modelo en una perspectiva de tres cuartos y medio torso, lo que representa la separación de mente y cuerpo, esto es: sensualidad y espíritu. La dama del armiño desapareció tras la muerte de Gallerani, reapareciendo nuevamente en Polonia en 1800, cuando la familia Czartoryski adquiere el cuadro; la familia apenas sabía lo que compraba. Cuando La dama… llegó al castillo al sur de Varsovia, Izabela Czartoryski exclama ante el armiño: “¿Eso qué es? Si es un perro es muy feo.” Después su historia corrió junto con la de los Czartoryski: por un tiempo, para protegerla, la obra estuvo emparedada, incluso llegó a ser confiscada por los nazis. Actualmente se conserva en el Museo Czartoryski de Cracovia (Polonia) donde se exhibe con el título de Dama Z gronostajem. Cuando le preguntaron al príncipe Adan Karol (heredero y actual dueño de la pieza) por el valor del cuadro, respondió: “Si se pierde me muero. Ese es su precio.” Hijo ilegítimo del notario florentino Piero Da Vinci y una campesina de nombre Caterina (a la cual no le permitían ver), desde pequeño Leonardo mostró insaciable curiosidad por varias actividades, aunque sólo mostró un interés constante por el diseño, el dibujo y la pintura. Al darse cuenta de esto, Ser Piero lo llevó al estudio de Andrea del Verrocchio, amigo cercano y conocido pintor de la época. Andrea quedó tan impresionado por su capacidad que desde ese momento lo integró a su estudio. Quizá sólo quince de las pinturas de Da Vinci sobreviven, y de éstas sólo cinco son retratos. Sin embargo, estos pocos trabajos, junto con sus bosquejos, dibujos, diagramas científicos y sus pensam i e n t o s s o b re l a n a t u r a l e z a d e l a p i n t u r a constituyen uno de los legados más significativos para futuras generaciones de artistas. Su agradable conversación le abría muchas puertas en las cortes más importantes de Europa, y aunque no tenía nada y trabajaba poco siempre llevó vida de noble. Sentía que sus manos eran incapaces de realizar las perfectas creaciones de su imaginación. La parte más creativa de su vida la pasó en la corte de Milán, junto al duque Ludovico Sforza. Pero cuando su salud se vio afectada, en 1516, se retiró a Francia bajo la protección de Francisco I y se dedicó más que nada a investigaciones científicas. La mayoría fueron especulaciones teóricas sin consecuencias prácticas •

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