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CELAC en La Habana: perspectivas

A 20 a帽os del TLC: de la adopci贸n a la adaptaci贸n


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CORREO del SUR

CELAC en La Habana:

Aram Ahoronian

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a próxima cumbre de presidentes plantea la interrogante de si la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), tendrá la capacidad de combinar todas las energías superpuestas en la región, dándoles un sentido homogéneo, considerando sus similitudes y diferencias, sus cambios y adaptaciones, en un escenario donde conviven procesos con medio siglo de vida como la Comunidad Andina (CAN), y otros como la propia CELAC, con apenas dos años de vida. Si bien en el comienzo de la segunda década del siglo 21, América Latina y el Caribe se presentan ante el mundo con una intensidad de relaciones entre sus estados superior a la alcanzada en cualquier momento de sus 200 años de vida independiente, la muerte del líder bolivariano Hugo Chávez (sumada a la anterior desaparición del expresidente argentino Néstor Kirchner), parece haber dejado al proceso integrador regional sin su principal locomotora. Más allá (o más acá) de la declamación sobre el legado de los Libertadores, el sistema integrador regional no pasa por su mejor momento, con el desmantelamiento de la CAN, el éxito de la derecha paraguaya en frustrar las esperanzas de que la presidencia pro témpore en manos –por primera vez- de Venezuela marcara los caminos de un renovación del Mercado Común del Sur (Mercosur), las enormes dificultades de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en consensuar la designación de un secretario general, y la ofensiva conservadora con formatos de integración dependientes como la Alianza del Pacífico, como ejemplos. Lo cierto es que el lanzamiento de la CELAC da cuenta de un profundo cambio en la región, que se permite buscar su propia agenda y orientar su destino, sin copiar otros modelos de integración. La economía de los 33 países de la CELAC constituye la tercera más grande y potente a nivel mundial con 6,06 billones de dólares y su producto interno bruto (PIB) en 2012 creció en un 3,1%. En la última década se concretó en la región una ampliación de los objetivos de lo meramente comercial a propuestas de orden cultural, productivo, social y ambiental. Mercosur, ALADI, CAN y SICA dan

cuenta de esta nueva realidad, mientras que UNASUR y CELAC se muestran como una propuesta en otro nivel, que incluye a las anteriores. Sólo la ALBA plantea un modelo distinto de comercio, basado en la solidaridad, reciprocidad y transferencia, pero se trata también de un esquema lanzado con la idea de ser combinado con otros procesos de integración de la región. Si bien en los procesos regionales de integración se observa una fuerte y constante presencia del componente intergubernamental y del peso decisivo de las figuras presidenciales a la hora de definir las políticas, con la regla (no siempre efectiva) del consenso, débiles institucionalidades que no parecen afectadas por las diferencias ideológicas sino por trabas burocráticas, alejadas de las necesidades, parecen trabar la potencialidades de los procesos. Para estos proyectos que trascienden las posibilidades nacionales y subregionales es imprescindible afirmar el proyecto de la CELAC, buscando coincidencias, coordinando los esfuerzos de los diferentes organismos subregionales y actualizando y renovando la arquitectura institucional –un poco errática– que se viene construyendo en América Latina y el Caribe hace ya más de 50 años. Se trata de espacios vigentes, que compiten en un permanente juego de diferenciación y complementación, pero

cultural de la región, acorde con su tiempo. Durante el último año, bajo la presidencia cubana, han tenido lugar varias reuniones sectoriales a nivel ministerial con agendas centradas en las prioridades de la región, además del acercamiento a estados y bloques regionales de otros continentes como Rusia, China, Japón, Corea del Sur y el Consejo de Cooperación de los Países Árabes del Golfo.

los mandatarios ahora en La Habana, con medidas orientadas a prevenir los efectos de la crisis económica y financiera internacional sobre las economías de la región, e ideas sobre una arquitectura regional acorde a las particularidades y necesidades de América Latina y el Caribe. Asimismo, se desarrollaron reuniones sectoriales en materia de erradicación de la pobreza, salud, cultura, reducción del analfabetismo, desarme nuclear, migración, cooperación, ciencia y tecnología, gestión de riesgos y desastres naturales, energía, agricultura familiar, empleo juvenil y preferencias arancelarias Concertar posiciones comunes para impulsar planes sociales contra el hambre y la pobreza, teniendo como norte la soberanía alimentaria y una integración con piso social de justicia, igualdad y equidad, figuran entre los temas más importantes de la Cumbre habanera. Otros temas previstos son los de la descolonización y la defensa de la región, además de la superación de conflictos que subsisten entre varios países. Además, los Estados presentarán sus planes de acción para paliar y solucionar las deudas sociales del continente. Hace un año en la Cumbre de Santiago de Chile los mandatarios se comprometieron a promover la seguridad alimentaria y apoyar iniciativas internacionales como el Desafío Mundial Hambre Cero y América Latina y el Caribe sin Hambre 2025.

que trabajan todos en la construcción de nuevas relaciones e identidades –andina, centroamericana, caribeña, suramericana-, todas ellas superiores a las identidades nacionales y englobadas en el planteo de un subcontinente unido, en democracia, paz e igualdad. América Latina y el Caribe, el tercer mayor productor de energía eléctrica y el entorno de mayor diversidad biológica del planeta, alberga casi la mitad de los bosques tropicales del mundo, el 23% de las áreas forestadas, más del 30% de toda el agua dulce disponible y aproximadamente, el 40% del total de recursos hídricos renovables. Allí, estados de la región como Ecuador, Venezuela y Bolivia han recupe-

Entre los importantes encuentros de 2013 figuran uno de los ministros de Cultura, realizado en Paramaribo, Surinam, en marzo último, y el primer foro de ministros de Educación, que tuvo por sede a La Habana en abril. La lucha contra el analfabetismo, la formación de personal docente, la calidad de la educación básica, la atención a la primera infancia, los indígenas y los afrodescendientes ocuparon importantes espacios en los debates. La capital ecuatoriana, Quito, también fue ese mes escenario de un encuentro sobre medio ambiente y desarrollo sostenible, y recientemente acogió a los ministros de Finanzas, quienes conciliaron las propuestas que en esa materia presentarán

La dura tarea de la construcción Construir la CELAC como una comunidad que integra a distintas subregiones y países -México, Centroamérica, el Caribe y Sudamérica- y como un actor imprescindible en un mundo configurado por bloques, haciendo compatibles y asociables los distintos proyectos y la diversidad de enfoques tanto en lo que se refiere al modelo interno de las naciones como a su grado y forma de inserción en la economía Internacional, es una labor histórica que está y estará plagada de vallas, y donde será necesario apelar a altas dosis de voluntad política, pero también de creatividad, imaginación y perseverancia. La decisión de conformar un espacio

rado el control de sectores estratégicos, y destinan esos ingresos a áreas como la educación, la salud y la alimentación. Lo previsto para La Habana El documento central a firmar en la cumbre que se celebrará en el edificio Pabexpo, recinto ferial del Palacio de Convenciones de La Habana, el 28 y 29 de enero, sucederá al de 73 puntos suscrito en Santiago de Chile en enero de 2013, el cual fijó el rumbo para la integración política, económica, social y


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perspectivas común latinoamericano-caribeño para catapultar un sustantivo aumento de los intercambios y el comercio entre sus integrantes, delinear políticas comunes que lleven a mejores infraestructuras, incentivar políticas productivas -industriales y tecnológicas- compartidas y complementarias, así como planes educativos, sociales, ambientales y culturales comunes, sería la demostración necesaria de que no se trata sólo de utopía, sino el trazado de una ruta que confirme que es posible comenzar a desarrollar políticas públicas regionales. El paisaje de esta reinvención latinoamericano-caribeña está marcado por la declinación de una Europa sumida en una persistente crisis, la abrupta caída de la credibilidad de Estados Unidos, los sorprendentes cambios político-económicos chinos y la supervivencia de un sistema económico mundial generador de desigualdades e inequidades. Esta reinvención implica obligadamente una nueva redefinición de su lugar en el mundo, en el que abandone su lugar como “patio trasero” de Estados Unidos. Un nuevo rol internacional en el que tiene como herramientas medulares, la construcción de foros y entidades regionales sin presencia de Washington –Mercosur, Unasur, Alba y CELAC– y la diversificación de las relaciones económicas, comerciales y tecnológicas con naciones que, en otras zonas del planeta, hacen contrapeso geopolítico a Washington, como China, Rusia e Irán. En estos años, el destino de Améri-

mayor potencia exportadora del mundo, con gran competitividad, y la segunda mayor potencia importadora del planeta, con una extraordinaria demanda de productos primarios, agrícolas y mineros. Las políticas europeas, chinas y estadounidenses, presionan la desindustrialización de las economías latinoamericanas y caribeñas debido a los precios baratos de las mercancías con valor agregado, y la presión por materias primas han desestimulado las inversiones industriales ligeras y estimulado las inversiones mineras en todos los países de la región. Repensar (los organismos de) la integración La realidad de esta segunda década del siglo XXI es muy diferente a la época de la fundación de la Comunidad Andina de Naciones o del Mercosur. La naturaleza de muchos de los actuales gobiernos de la región es opuesta a los que fundaron aquellos organismos, abriendo nuevas posibilidades para un proyecto de integración no dominado por el dios-mercado y por las trasnacionales de los mega-conglomerados trasnacionales. La zozobra del ALCA en el 2005 confirma ese cambio de proyectos de integración para la región, pero a la vez evidencia que aún falta mucho por recorrer para construir una unión amplia, abarcadora y profunda. Hoy, en los diferentes espacios de integración existe un consenso sobre la necesidad de reinstitucionalizarlos, de acuerdo a las necesidades de los grupos y de la región ha-

tes actores que debe tener el proceso, son una rémora para avanzar en el camino de una integración profunda, amplia y multidimensional. -Hasta ahora se ha garantizado el libre tránsito de las mercancías. ¿Cuáles son los requisitos y plazos para que los derechos sociales, laborales y civiles sean universalizados y cada ciudadano latinoamericano-caribeño pueda vivir, transitar, estudiar, trabajar y domiciliarse en cualquier país del territorio comunitario? -Hay que garantizar nuevos tipos de democracia, como los que se están construyendo, reinventando, en nuestra región, para garantizar la participación democrática en la integración. ¿Cuál puede ser el papel de un parlamento comunitario en el proceso de deliberación pública y cómo puede coexistir la democracia representativa con mecanismos de democracia directa? -Si no se desarrollan estrategias de desarrollo comunitario que combine la complementariedad económica, los sistemas locales de producción, las cadenas productivas donde participe también la economía solidaria, el conocimiento, la innovación científica y tecnológica, estaremos condenados a ser territorios de transacciones comerciales de empresas transnacionales de pocos sectores económicos. Por ejemplo, Mercosur tiene un flujo de comercio básicamente transnacional. De hecho el 67% del comercio del Mercosur es del sector automotriz, siendo un sector de transferencia intensiva de capital hacía

ca Latina se debate entre la decisión de cada gobierno de firmar Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos y Europa o la de privilegiar los procesos de integración regional. Carlos Chacho Álvarez, secretario general de ALADI, advierte que continúan siendo muchos y muy fuertes los intereses de quienes apuestan a la fragmentación, al statu quo, a propagandizar y fomentar proyectos que, en cambio de considerarlos como agregativos, tienden a sectorizar o confrontar debilitando las posibilidades de avanzar en la convergencia y la integración, en clara referencia al remake de la fracasada ALCA, la Alianza del Pacífico. China, por ejemplo, se convirtió en la

cia la integración productiva pero también política. Un documento-encuesta realizado por un grupo de debate sobre el pensamiento estratégico y que ha circulado entre las cancillerías, señala: -Es necesario profundizar la coordinación a nivel presidencial en la definición de parámetros, metas, objetivos, planes, políticas y programas generales para la integración. En muchos de los espacios de integración las decisiones quedan en manos de burócratas y diplomáticos, muchas veces divorciados del pensamiento político de sus presidentes. -Las actuales institucionalidades de los distintos organismos, que impiden una participación amplia de los diferen-

sus casas matrices (en el 2011 transfirió 6,8 millones de dólares a EEUU y Europa). -Es imprescindible la protección de las economías nacionales y la coordinación de políticas regionales antes la realidad insoslayable de la crisis económica mundial. ¿Cuáles son los obstáculos para viabilizar instrumentos económicos y financieros para el desarrollo (la llamada nueva arquitectura financiera), como el Banco del Sur, un banco de desarrollo, un fondo de reservas comunitario, el comercio en monedas locales? -¿Cuáles son los requerimientos y plazos para que la región se erija en un territorio libre de hambre, analfabetismo, indigencia y miseria?

Quizá la cumbre de La Habana pueda dar respuestas. El norte sigue insistiendo La Cumbre de la CELAC coincide con el lanzamiento de las negociaciones para la firma de un TLC-Acuerdo de Inversiones, entre EEUU y la Unión Europea, vía la construcción de un Mercado Común Trasatlántico, por lo cual tendremos los dos modelos de desarrollo en despliegue de sus fuerzas. Los objetivos de esta negociación EEUU-UE son los de reactivar las economías de EEUU y UE, frenando su desgaste frente a los países emergentes; contrarrestar el crecimiento global que está teniendo Asia, China y Brasil; convertirse en un aliciente para el impulso del libre comercio mundial, activando negociaciones como el acuerdo entre Mercosur y la UE o las negociaciones para la liberalización del comercio mundial de la Ronda de Doha y que se llevan en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Asimismo, la construcción de este Mercado Común Trasatlántico puede perjudicar las economías de los países latinoamericanos que tienen acuerdos de libre comercio con EEUU y UE, tales como México, Perú, Chile, Panamá, Colombia, CARICOM o SICA. Los sectores que son los responsables por los inmensos retrocesos (recesiones, concentración de renta, exclusión social) se aprovechan de las actuales dificultades en el ritmo de crecimiento y los desequilibrios en las cuentas públicas de algunos países –señala Emir Saderpara tratar que se retroceda a políticas de aquel periodo, cuando de lo que se trata es de hacer las correcciones de ruta y seguir avanzando por el sendero de las políticas que permitieron que países del continente consigan resistir a la más profunda y prolongada recesión del capitalismo en ocho décadas. Lo cierto es que será difícil continuar resistiendo a las presiones recesivas internas y externas, añade, dentro del margen de acción de cada uno de nuestros países aisladamente, aún con las formas de colaboración y apoyo actuales de los procesos de integración. Será preciso dar un salto decisivo en los procesos de integración latinoamericana, para elaborar proyectos de desarrollo económico, tecnológico, financiero, físico y energético, de infraestructura, de cadenas productivas, de formas político institucionales de integración, de medioambiente, culturales, de integración social y laboral, educacional, de salud pública, entre tantas otras esferas de integración. El reto es concreto: este es el momento del reimpulso y profundización de los procesos de integración regional, de coprotagonizar un cambio de paradigma frente a un modelo civilizatorio en decadencia y en crisis. - Aram Aharonian es periodista y docente uruguayo-venezolano, director de la revista Question, fundador de Telesur, director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia (ULAC).


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Jorge

Ballester

Treinta y siete años después de fundar el Grupo Realidad, Jorge Ballester volvió a exponer sus obras en la Universidad de Valencia. Nunca había dejado de pintar ni de considerarse un artista, solo que su espíritu intransigente e irónico lo puso en rebeldía permanente contra la enfermedad del consumo de y en el arte. Para dicha ocasión, sus colegas, amigos y testigos, dieron a la imprenta un libro extraordinario muy bien documentado que recoge la singularidad de Ballester en sus distintas facetas: Ucronies, Autopsies, Vendette, es el gran retrato de un hombre que arranca a la vida baja la estela de la guerra civil y se forja en las vicisitudes del antifranquismo solo para descubrir de nuevo el rango utópico de los sueños. Hoy que Jorge Ballester no está más con nosotros, algunos lo recordamos cuando al final de la adolescencia nos sentimos de verdad ciudadanos del mundo, como pedía el poeta. De ese gran volumen, entresaco algunas líneas que recuerdan sus dos estancias en México… ASR.

Llegada

“Una vez en la Ciudad de México (viaje en tren de Valencia al puerto de Vigo, de Vigo a La Habana en el barco Marqués de Comillas y de La Habana a Ciudad de México en avión) y tras el reencuentro con familiares y amigos exiliados, se inició el proceso de adaptación y normalización de nuestra vida dia­r ia: m¡ padre encontró trabajo de encargo, como siempre en imaginería religiosa, cosa que le persiguió toda su vida. Por lo tanto, puedo decir que vivíamos y comíamos de los pagos que por su trabajo le hacía la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana (paradojas para ambos; para mi padre agnóstico y para la Santa Madre que lo perseguía).

El colegio

“Mi hermano y yo pasamos por varios colegios hasta reca­lar en el Colegio Madrid (una de las tres principales institu­ciones escolares que fundaron los exiliados españoles en el DF al poco de llegar allá). Esto sería en 1948, que fue el año en que nació mi hermana menor Ana Rosa. El Colegio Ma­d rid me tuvo de alumno desde el tercer curso de primaria hasta acabar la Enseñanza Preparatoria para ingresar en la Universidad Nacional


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Autónoma de México, concretamente en la Escuela Superior de Arquitectura. Ingresé en el año 1958 contando con diecisiete años de edad. Fui un mal estu­ diante para todo aquello que no tenía relación con el dibujo, la pintura o la geometría. En aquella escuela saqué notas muy bajas tanto en Física Analítica como en Matemáticas. Sin embargo, lo compensaba bastante bien en las asignatu­ras de Proyectos, Geometría Descriptiva y Dibujo, así como en cualquier otra actividad de naturaleza creativa plástica. Las tendencias y querencias estaban claras.

La política

En el año 1960 a mi padre le ofrecen la oportunidad de ir a trabajar a Estados Unidos. Para aquel entonces mi hermano mayor, trabajador y voluntarioso, acababa de terminar todos los cursos de la Escuela Superior de Música, y obtuvo una extensa beca para continuar sus estudios, durante ocho años, en el Conservatorio de Praga. Con esto se iniciaba la diáspora familiar. A mí me empaquetaron a Roma con la vana intención de que continuase los estudios de Arquitectura. No querían dejarme solo (o con parientes) en México pues además de ser un mal estudiante andaba metién-

dome en política, cosa que tenía preocupados a mis progenitores. Recuerdo una advertencia de mi padre temiendo cualquier sorpresa desagradable debida a mi inocencia: «tú eres libre de hacer lo que se te dé la gana, pero te advierto que el enemigo es mucho más bestia de lo que jamás te podrías imaginar...» (Estaban en curso numerosas huelgas y protestas sindicales) Nunca lo olvidé. Yo había ingresado al Partido Comunista Mexicano junto con otros amigos, hijos de otros españoles refugiados entre ellas gente entrañable para mí y para toda la vida… Teníamos un grupo que vino a dirigir un colombiano que se llamaba Gustavo Londoño y que después fue sustituido por Sergio Pitol que era mayor que nosotros. Conocí a Sergio en casa de mi amigo Max Rojas que era donde hacíamos las reuniones de célula… (Ahora vive en Xalapa, tiene una casa preciosa con las paredes llenas de libros y cuadros. Es un tío muy entrañable al que me alegro de haber conocido)

La revista S.nob

…Trabajo en la editorial La Familia, propiedad de Gustavo Alatriste, a la sazón productor de varias películas de Luis Buñuel y marido de Silvia Pinal (Viridiana, El Ángel

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exterminador, Simón del desierto...).Paralelamente estoy empleado en una agencia de publicidad (Publicidad Pani). En la edito­rial de Alatriste me dedico a la diagramación y maquetación de una revista curiosa y divertida que se titula S.NOB. Por allí circulan muchos personajes de la joven cultura vanguar­dista de México, como Juan Vicente Meló, José de la Colína, Jorge Ibargüengoitia, Alejandro Jodorowskv, Tomás Segovia, Álvaro Mutis, José Luis Cuevas y tantos otros, así como gente no tan joven: Luis Buñuel o la hermosa y singular pintora surrealista Leonora Carrington, compañera de dulzuras y tormentos de Max Ernst. La revista la dirige un triunvirato: el poeta Salvador Elizondo, el novelista Juan García Ponce y el crítico cinematográfico Emilio García Riera. En palabras de su inventor. Salvador Elizondo, esta publicación fue un «cóc­tel compuesto de cultura y mala leche». Curiosamente, en otro departamento de la misma editorial colabora un joven, entonces desconocido, escritor y periodista colombiano de nombre Gabriel García Márquez (alias Gabo), que andaba arriba y abajo escribiendo un novelón. Una vez más, como me ha ocurrido en varias ocasiones, la vida me coloca en un espacio encantado, poblado de figuras singulares que yo no consigo descifrar completamente por inexperto, por igno­rante o, sencillamente, por incapaz.


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A 20 años del TLC: de la Rolando Cordera Campos einte años pueden ser vistos por el historiador o el tanguista como si fueran nada. Y tendrían sus razones. Sin embargo, los últimos dos decenios, en realidad la treintena, en nuestro caso constituyen un periodo significativo: más de una generación de mexicanos ha nacido y crecido bajo el influjo de las transformaciones decididas entonces. Además, nuestra evolución política y económica ha registrado mudanzas y contradicciones que, en principio, deben atribuirse a dichas decisiones. Tiene razón Antonio Gazol cuando nos advierte sobre el error analítico y, agrego, el peligro político, de ver en el TLCAN la fuente de todos nuestros males o, por el contrario, la panacea para el salto cuántico hacia la modernidad y la prosperidad que sus promotores prometían y, en algunos casos, insisten en prometer. Como lo postula en su excelente texto “Sobre las ‘culpas’ del TLCAN”, publicado recientemente en el suplemento de La Jornada de Morelos “El Correo del Sur”, el Tratado debe ser visto como una parte de “una política económica derivada de una concepción de la sociedad y de la economía identificada como neoliberalismo”. La adopción de este enfoque doctrinario, sobre cuyas implicaciones Carlos Tello y yo advertimos con anticipación en La Disputa por la Nación, tuvo lugar antes de que el gobierno del presidente Salinas decidiera hacer

Tampoco se puede prescindir de los grandes propósitos recogidos en su preámbulo a los que Gazol hace precisa referencia en su ensayo. En suma apresurada, podríamos decir que el éxito exportador logrado contrasta con el escaso grado de integración nacional alcanzado por esas exportaciones, y que lo mismo ocurre con los incrementos notables registrados en los flujos de IED frente a los reducidos índices de crecimiento económico y del empleo formal que marcan la época. Además, como bien lo expone Gazol, el Tratado no reconoce explícitamente la “evidente asimetría entre las partes… (ni) prevé mecanismo alguno para reducirla o, al menos, no acrecentarla”. Este reconocimiento debería haber sido el punto de partida para hacer del tratado un auténtico vehículo para el desarrollo, de México desde luego, pero de la región en su conjunto, para convertirse en una región propiamente dicha…lo que no se ha conseguido hasta la fecha. El Tratado implicó también la renuncia expresa al uso de las compras del sector público como instrumento para promover el crecimiento y la industrialización diversificada, como lo requiere un proceso de desarrollo propiamente dicho. Como sabemos, la anterior decisión acompaña otra renuncia, en este caso a condicionar la IED conforme a ciertos objetivos de desempeño, a pesar de que esta capacidad estatal de orientación y modulación de los flujos

del Tratado el propósito estelar de su estrategia de cambio estructural y, desde luego, de que éste se firmara en 1994. Antes, no lo olvidemos, tuvieron lugar cambios institucionales de indudable profundidad y alcance, como la reforma del art. 27 constitucional y la reprivatización de la banca que se había nacionalizado en 1982; modificaciones en las leyes del petróleo y la energía eléctrica; privatización casi frenética de empresas públicas; prédica sin descanso sobre la magia del mercado, como sinónimo de modernidad, etcétera. Con todo, el TLC pronto se convirtió en la figura emblemática de la mencionada estrategia, así como uno de los instrumentos por excelencia para apoyar la vasta operación de “agit prop” desplegada por el gobierno en su empeño por construir no sólo una trayectoria de crecimiento distinta a la que se había seguido, sino una hegemonía que efectivamente pudiera relevar, desplazar dirían no pocos, a la heredada de la Revolución mexicana y su fase desarrollista industrializadora dirigida por el Estado. La evaluación del Tratado no puede hacerse por separado, salvo en una primera aproximación analítica.

externos, atraídos por la ampliación del mercado norteamericano, se ha probado fundamental en otras estrategias de apertura externa con fines de desarrollo interno, como lo muestran la experiencia china y coreana. En estos aspectos, el Tratado introdujo de manera expresa tales limitaciones; sin embargo, hay que señalar en que este peculiar modo de asumirlas no viene, al menos no directamente, ni de las “mejores prácticas” del comercio libre o administrado, ni de los propios teoremas que supuesta o realmente las inspiran. En lo sustancial derivan de una convicción, o de una reconversión si se quiere, de las elites dirigentes del Estado y de los negocios: el cambio institucional, postulaban, debería reflejar y contribuir a reproducir un cambio cultural, ideológico y hasta político (aunque en esto último privó hasta el final el dogma autoritario del Estado posrevolucionario), y que el entonces secretario de Programación y Presupuesto, Ernesto Zedillo, resumió en una sumaria condena de la política industrial. Esta sentencia fue popularizada por su compañero de gabinete, el doctor Serra Puche, con el dicho de que “la mejor política industrial es la que no hay”. Sin duda, cambio estructural hubo y con él profun-

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das mudanzas institucionales, constitucionales y no. También podemos registrar mutaciones en los modos de ser y hacer negocios, consumir y tomar decisiones de ahorrar e invertir. Junto con lo anterior, la economía hubo de inscribirse en otro formato político, cada día más distante del que impuso el cambio estructural y llevó al país a una pauta de relación con el exterior cada día más lejana de la que acompañó la era industrialista de México, en la que los criterios de soberanía eran explícitamente asumidos como componentes centrales del Estado nacional y su evolución. Ahora, el campo político recoge y reproduce una pluralidad política indudable, aunque su productividad en términos de gobierno o bienestar social sea cuestionada una y otra vez. La o las maneras cómo el nuevo sistema político se ha acomodado, prácticamente sin chistar, a los criterios de evaluación y el estrecho abanico de opciones o alternativas para el desarrollo que dejan el Tratado y las interpretaciones que de él se hacen dentro y fuera del país, constituyen indicadores poderosos, aunque no necesariamente mesurables, de la manera como el cambio institucional caló en la estructura del

poder que también cambiaba desde entonces, así como en el propio carácter de la sociedad que lo recibió y de los actores políticos a los que, en palabras de Rafael Segovia, les fue “otorgada” la democracia representativa. Hasta la fecha, la política democrática se ha desplegado con disciplina notable dentro del marco de restricciones explícitas e implícitas consignadas por el Tratado, pero sobre todo por el conjunto de la estrategia económica adoptada al calor de las crisis de los años ochenta. Se ha tratado de un peculiar “sentido de pertenencia” de las fuerzas políticas a los parámetros y restricciones que la mudanza económica trajo consigo. Los resultados de los procesos referidos, junto con otros que quedan fuera de este ensayo, marcaron la época y condicionan el presente y sus posibilidades: Las exportaciones se multiplicaron por diez y su composición cambió a favor de las


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adopción a la adaptación manufacturas y en contra de las petroleras; otro tanto ocurrió con las importaciones. Las regiones del centro norte y la frontera con Estados Unidos vieron crecer logarítmicamente su población y experimentaron una industrialización acelerada, sobre todo con base en la maquila. Pero, por otro lado, el crecimiento del PIB se redujo y trazó una trayectoria de largo plazo inferior a la de los treinta años previos. Entre 1933 y 1981, la economía creció al 6.13% anual en promedio; entre 1994 y 1999, 2.24% y entre 2000 y 2008 2.24%. La formación de capital se redujo de coeficientes por encima del 25% en los setentas, a niveles apenas superiores al 20%: la retracción de la inversión pública decidida desde 1982 y mantenida a todo lo largo del periodo, no fue compensada, mucho menos sustituida, por la inversión privada mexicana y foránea que se esperaba vendría gracias al cambio

estructural y el TLCAN. El traído y llevado “bono demográfico”, con el predominio de los jóvenes y los adultos jóvenes en la pirámide y la dinámica poblacionales, se ha diluido en la informalidad laboral, la emigración al norte y la inocupación juvenil que frecuentemente los lleva a la más cruel de las informalidades: la opción por el crimen organizado. La vulnerabilidad social se ha vuelto costumbre y la pobreza afecta a prácticamente la mitad de la población, sin conmoverse mayormente ante los programas dirigidos a su superación. Entre 2000 y 2010, la fuerza de trabajo aumentó en diez millones de personas. De estos, sólo 3 millones obtuvieron empleos

formales, 4.3 millones se alojaron en la informalidad y el resto cayó en el desempleo. Sociedad de trabajadores, cuyas relaciones pasan casi en su totalidad por el mercado y el dinero, México no ha podido crear las condiciones mejorar dentro de estos parámetros. En 2001, sólo el 10.30% de la población ocupada obtenía ingresos equivalentes a cinco o más salarios mínimos. En 2013, apenas el 8.4% tenía ese nivel de ingresos. Este último año, el 65 % de los ocupados recibía ingresos iguales o menores a tres salarios mínimos. Este cuadro, retrata un lento y “mediocre” crecimiento que configura una divorcio letal con el otro, fundamental, gran cambio de la época: el demográfico que nos convierte de país de niños a país de jóvenes y adultos jóvenes que encarnan no el bono demográfico, sino su desperdicio en el desempleo, la informalidad, la mala educación, la emigración y la opción por la criminalidad. Tanto los resultados como el desempeño económico y social de México a lo largo de estos “treinta dolorosos”, ejemplifican con claridad un cambio institucional drástico pero que no dio los frutos prometidos ni los que el país requiere para mantenerse como Estado nacional en medio de la globalización. En estos años, no ha habido desarrollo porque el crecimiento ha sido insuficiente y la redistribución social y de ingresos quedó al margen de la estrategia y sus políticas, pero también de los movimientos

Jorge Castañeda adelanta una respuesta: “A pesar de los resultados decepcionantes del tratado, tal vez México necesita más TLC y no menos” (Revista nexos, núm. 433, enero 2014, p.32). Más allá de centrar la discusión en si más o menos Tratado, estoy cierto que lo que a México le urge es un nuevo curso de desarrollo; ser capaces de interiorizar las ganancias del comercio exterior que trajeron la apertura y la extensión parcial, pero eficaz, del “capitalismo asociado” inaugurado en los años sesenta, con la energía, la maquila y la automotriz. Nuestro desafío radica en nacionalizar la globalización para administrar sus “trilemas”, como los ha llamado Dani Rodrik. De aquí la importancia crucial de la soberanía y la democracia. Si hubiera que decirlo en una nuez, habría que afirmar que pecamos de omisión en dos aspectos fundamentales: 1) Que para un país en desarrollo, las exportaciones no son un fin en sí mismo, sino que deben servir para incrementar su capacidad para importar; y 2) Que estas importaciones sólo podrán rendir su servicio al desarrollo si se inscriben en un proyecto nacional de industrialización. En fin, que como dijera Romano Prodi: no hay éxito exportador que dure sin un mercado interno robusto, y no puede haber mercado interno alguno sin política industrial. Entre los temas de la agenda de este nuevo curso es-

y reclamos de la sociedad. La “Gran Transformación” mexicana, para recordar a Polanyi, aterrizó en un estancamiento histórico relativo y no en la dinamización económica y el reforzamiento de la cohesión social fruto de la democracia y el bienestar. Pero las creaturas simbólicas y culturales, junto con las nuevas configuraciones del poder que la pluralidad y la internacionalización de nuestra economía política han prohijado, están aquí y ahora. Condicionan y determinan nuestras perspectivas. Si como dice Antonio Gazol, para bien o para mal el Tratado ya ha dado lo que tenía que dar, pero los miles de kilómetros de frontera seguirán ahí y, también, la intensa y, en ocasiones tensa, relación con Estados Unidos. Por tanto, las preguntas a contestar hoy son: esa relación, ¿Será gobernada por la inercia? ¿Por las fuerzas del mercado? ¿Por quién? ¿Cómo? ¿Hacia dónde? o ¿No será gobernada?

tán, por mencionar algunos, la relación entre la política industrial y la apertura; qué Estado fiscal para un nuevo desarrollismo; para la equidad y el crecimiento para la igualdad. Liberar la imaginación de la política macroeconómica para hacer que la apertura nos favorezca, como recientemente planteó Juan Carlos Moreno. Revisar nuestras pautas mentales y económicas de integración al mundo, adoptada a fin de siglo con activismo y audacia pero sin reflexión estratégica. Ser capaces de conjugar creativamente la igualdad con la democracia, como el faro de un nuevo cambio estructural y del proceso mismo de integración de México a los nuevos mundos globalizantes después de la crisis: he aquí algunos renglones para la agenda que debe venir…pronto. (Presentada en la Conferencia Internacional A 20 años del TLCAN. Viejos problemas, nuevos desafíos. 23 y 24 de enero, Facultad de Economía, UNAM)


Unas florcitas silvestres Diana Bellessi

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hau, Juancito. Canta la torcaz al mediodía en el pueblo de Zavalla, canta su salmodia en voz baja, así como vos leías tus poemas, casi en un susurro, y así te oigo partir o veo la sombra fugaz de tu silueta con esa sonrisa a medias como cuando nos encontrábamos en los espacios públicos. Chau, Juancito, hasta luego, mejor decir. ¿Te acordás cuando nos conocimos, hace casi cuarenta años en un diciembre caluroso, como lo es este enero? Yo tenía mi jardinero a rayas y una boina colorada comprada por Canal Street; iba a cobrar una nota en la revista Crisis y me hiciste pasar a tu oficina, para hablar de poesía, y no me pareciste el poeta famoso que ya eras, me pareciste Juan, hablabas de la lírica, de Teresa y del otro Juancito que los dos amamos tanto, el de la cruz, antes de cargar tu cruz propia, amigo mío. Inmerso en los misterios de la poesía hasta el final, cómo me gustaba eso de vos, y que te rieras de todo lo que parecía importante, o te callaras, como el zorro que sos, mi Juan, cruzado por el alcohol y los cigarros y por aquella frase tierna desde el escenario con el teatro completo: “Mi mujer, Mara, ¿dónde está?”, dijiste en el micrófono, y te adoré porque al fin habías encontrado la horma de tu zapato, Juancito querido, inteligencia, pasión y autonomía en el perfil de una mujer. Ahora ya no me importa citar tus versos, sólo quiero citarte a vos, y a mí, de paso, como hacen los viejos amigos cuando se despiden, y pienso que nunca nos encontramos en un bar de Buenos Aires con el José Luis, que te estará esperando del otro lado para darte un abrazo o un reto cariñoso como siempre hacía él. Aunque se conozca poco al otro, es misterioso cómo se tejen los lazos de amor, o podríamos decir que al conocer sus versos sabemos tanto más o tanto menos, ¿verdad, mi viejo amigo? No tengo tus poemas aquí en Zavalla, y temo citarte de memoria por citarte mal, pero lo haré, de seguro, esperame un ratito nomás. Nos ponemos raros al volvernos

viejos, irrespetuosos quizás, hablando con un muerto, primero, y tan confianzudos además. Me acuerdo de cuando viniste a tomar unos mates a mi casa, y elogiaste el verde con el abierto cielo celeste que teníamos allá arriba, y me veo a mí, que nunca pude hablarte como lo estoy haciendo ahora, nunca tan sueltita después de haber llorado por la noche como una chica a la que se le va un amor... Este es un escrito para rodearte, Juancito mío, todavía vivo en mi corazón, qué otra cosa podría decir, qué no se ha dicho de la torsión sintáctica, del diminutivo popular transformado con gracejo, del idioma nuevo donde el poema siempre se enanca cuando es escrito por el tonto de la tribu como vos. Escribir hasta el último momento, y morir en tu cama, dos extraordinarios privilegios que te ganaste, amigo nuestro, y unas florcitas silvestres para acompañarte, de toda la gente que admiró tus poemas y que te quiso, personalmente, a vos. Te quiso por tus gestos de grandeza, gestos privados difíciles de comentar, privados y tan públicos al mismo tiempo, como la búsqueda de los restos de Marcelo y la insistencia perra por hallar a Macarena, tu nieta del amor hasta encontrarla en Uruguay. El interminable dolor vuelto instantes de dicha, de vida que no termina nunca aunque se terminen nuestras vidas. Y todos esos jóvenes ariscos lanzando mails la noche de tu muerte para encontrar a esta viejita que hable de vos, tan bello y tan ridículo, mi querido Juan, que dejo de llorar y me viene una risa de aquellas, una risa ahora compartida, en el humo galáctico del cielo de esta noche de verano, aquí en Zavalla, sólo con vos, mi judío errante, mi pariente de Baruch bajo los sonidos sordos del bandoneón. Viva la vida, amigo mío, aquellos vinos tomados en el df con ironía sonriente, aquellas enfermeras gloriosas: “¿y si Dios fuera una mujer? alguno dijo/ ¿y si Dios fuera las Seis Enfermeras Locas de Pickapoon? dijo alguno/ ¿y si Dios moviera los pechos dulcemente? dijo/ ¿y si Dios fuera una mujer?...” Publicado en Radar, Página

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Correo Del Sur No 371