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M MANDELA WASHINGTON

M S I E C D H A ELLE D U I C

Número 366 Diciembre 22, 2013

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2 Domingo 22 de DICIEMBRE de 2013

Mercedes López San Miguel

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esde Santiago. Los símbolos enseñan el momento que vive Chile. Michelle Bachelet, hija de un general leal a Allende, le ganó de forma arrolladora, con el 62,16 por ciento de los votos, a Evelyn Matthei, hija de un general pinochetista, quien obtuvo el 37,83 por ciento de los sufragios. Ocurrió a 40 años del golpe militar contra el líder socialista. Ante sus seguidores, reunidos frente a un hotel del centro de Santiago, Bachelet prometió realizar las reformas necesarias para hacer de Chile un país más justo. “Hoy abrimos una nueva etapa. Es un privilegio encabezar la patria en un momento histórico, en el que el país se miró las heridas y ve las tareas pendientes. Gracias a los jóvenes que reclamaron un modelo de educación sin lucro. Porque los sueños no son un bien de mercado.” Desde el escenario que compartía con su equipo de campaña de la coalición Nueva Mayoría y junto su madre, Angela Jeria, la líder socialista hizo hincapié en el proyecto que encabezará a partir del 11 de marzo. “Triunfan quienes anhelan una educación de calidad para sus hijos y nietos y quienes buscan combatir la desigualdad.” Y continuó: “Tendremos una nueva Constitución, nacida de la democracia”, palabras que motivaron el aplauso estruendoso de los presentes. “Creo en ella. La Michelle propone además una jubilación estatal, para salirse del sistema de previsión que impuso Pinochet”, dijo a los gritos y los aplausos José Ríos, 57 años, conserje. La médica socialista, que obtuvo una ventaja inédita sobre su rival, se refirió a la alta abstención del electorado, en torno del 58 por ciento. “Espero que sea la última vez que un compatriota no pueda votar por estar lejos de su patria. Quiero saludar a los que no votaron. Aquellos que sienten que el Estado no los protege. Nos damos una gran tarea para que los chilenos vuelvan a creer en la democracia, que crean en la fuerza del voto, en la justicia de las leyes.” “Se siente, se siente, Michelle presidente” coreaba el estudiante de trabajo Social José Piña, de 24 años. Militante del Partido Socialista, se mostró convencido de que la coalición de centroizquierda liderada por la ex mandataria de 62 años podrá realizar las promesas de campaña. “Bachelet es la persona que va a cambiar la constitución y va a realizar reformas profundas en la salud y la educación.” Sucede que la ex Concertación sumó en sus filas al Partido Comunista y sus aliados, ampliándose e incorporando a su agenda temas clave que surgieron en las protestas callejeras de 2011, como la educación, la reforma tributaria y el cambio constitucional. Además, consiguió una mayoría relativa en el Congreso, con la que espera sacar adelante su programa de gobierno, en algunos casos en soledad y en otros, por consenso con la oposición. Bachelet agradeció la visita de su rival, Evelyn Ma-

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Chile volvió a elegir presidenta a Bachelet tthei, lo que motivó chiflidos entre sus seguidores y gritos de: “¡Asesinos, asesinos!”. Es que momentos antes la candidata de la Alianza (Renovación Nacional-UDI) había reconocido entre llantos el triunfo de su contendiente. Frente a sus simpatizantes en la sede de su campaña, Matthei dijo que no fue capaz de remontar la elección a pesar del esfuerzo. “El tiempo y la historia demostrarán que los principios que defendemos trascenderán: el valor de la vida, el principio de la libertad, que heredamos de nuestros padres y abuelos”. Y dijo más: “Ni una nueva Constitución ni una Asamblea Constituyente son lo fundamental. El ‘sí se puede’, no termina hoy.” Para el sociólogo Manuel Antonio Garretón, profesor de la Universidad de Chile, existen varios elementos que contribuyeron a que la población eligiera un nuevo proyecto de país. “El centroizquierda se rearticuló tras la derrota del 2010, incorporando al Partido Comunista y capitalizando los reclamos sociales del 2011. Así se convirtió en una coalición transformadora. Ya no se trata de corregir y democratizar el modelo económico neoliberal, sino que se trata de sustituirlo. En general, los países vecinos lo hicieron al término de sus dictaduras.” De alguna manera, es el final de un largo duelo que atravesó buena parte del país. Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, compañeras de juegos de la infancia, dos mujeres que vivieron el pasado más doloroso de Chile desde distintas trincheras; una perdió a su padre a causa de las torturas; la otra tuvo un progenitor que formó parte de la junta militar. Alberto Bachelet y Fernando Matthei tuvieron una historia de amistad que quedó trunca. Algunos analistas, como Garretón, no dudan de que se abre un nuevo capítulo en el país. “Si el proyecto de Bachelet moviliza al país, los sectores de la derecha van a tener que pensar alternativas por fuera del esquema de la dictadura, entonces podrían romper sus vínculos con Pinochet. Esa sería la refundación de la derecha. De lo contrario, seguirá su debacle en las próximas contiendas electorales”, afirmó el sociólogo. A diferencia de Piñera, Matthei votó por el Sí a la continuidad de la dictadura, y defendió al represor cuando fue detenido en Londres en 1998. El actual mandatario siempre se distanció de los acalorados defensores de la obra de Pinochet y eso en parte explica el fracaso de la alianza de la derecha. Matthei, representante del ala más ultra, la

UDI, sostuvo esos vínculos con el pasado. Hasta llegó a decir, durante el recordatorio de los 40 años del golpe, que ella no tenía que pedir perdón porque era una jovencita de 20 años. De ahora en adelante, los sectores de la derecha chilena tendrán el reto de refundar sus bases. En esa línea de renovación, Eugenio Tironi, en el libro ¿Por qué no me quieren? Del Piñera way a la rebelión de los estudiantes señaló que los jóvenes que jaquearon el gobierno actual reclamando una enseñanza educativa gratuita de calidad y un cambio profundo del modelo heredado del pinochetismo “no conocen otra cosa que la democracia. Esto los separa radicalmente de la experiencia de sus abuelos y padres, que vivieron el autoritarismo y la transición. Hay otra diferencia sustancial entre la actual generación y las precedentes: la forma de evaluar el pasado, en particular lo más lacerante: la violación a los derechos humanos en el período 19731990. No temen saber, preguntar, hurgar”. Durante el día, a pasos del palacio de La Moneda, en el Instituto Superior de Comercio, donde votaba Pinochet en la mesa N° 1, el ir y venir de personas no arrojaba ningún indicio sobre lo que sería la alta abstención. Un señor salía con su hijo pequeño, que gritó: “¡Votamos a la Evelyn!”, y el padre, contrariado, dijo “No es cierto”. A su lado, caminó con paso firme un hombre grande, que fue carabinero hasta el año ’75. “Voté por Bachelet porque nunca he votado por la derecha, porque sé lo que hicieron –dijo Nicolás Cortés–. Los abusos no corren conmigo.” El ex carabinero dijo que el gobierno actual le parece malo. “Es un supermercado con propaganda, oferta y nada más.” Costaba encontrar una mujer entre los electores, dado que solía ser un colegio en el que votaban solo hombres. Vestido de traje, Pelayo Correa, 82 años, dijo que “jamás votaría por la derecha”. “Mi familia elige por tradición a la derecha. Pero yo tengo una visión más abierta, libre, jesuita.” Correa trabajó en las empresas de su familia hasta jubilarse. Su aspecto recuerda a los caceroleros de Recoleta. El votó por Bachelet. “Estoy de acuerdo con las propuestas, pero no tanto con la Asamblea Constituyente. No sé hasta dónde la van a instalar, no lo veo posible.” La historia está llena de símbolos. En un colegio donde votaba Pinochet y todo su gabinete en pleno, ayer era difícil dar con un votante de Evelyn Matthei. mercelopez@pagina12.com.ar


CORREO del SUR Álvaro Cuadra

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ás allá de las diferencias y tensiones que pudiera generar el triunfo más que previsible de Michelle Bachelet, lo cierto es que su candidatura y su futuro mandato concitan un amplio consenso dentro y fuera de Chile. Desde sectores empresariales nacionales e internacionales, hasta la izquierda tradicional, incluidos los comunistas, se ha respaldado un programa de gobierno que apunta a reformas de mediana intensidad en el ámbito educacional, tributario y constitucional. En esta segundo vuelta electoral, la triunfadora es Michelle Bachelet, su figura y su programa. Casi como en una profecía auto cumplida, la ex mandataria fue reafirmando su liderazgo en amplios sectores de la ciudadanía, seducidos por sus “cualidades blandas” que contrastan con el talante tecnocrático de la candidata de la derecha, la ex ministra señora Evelyn Matthei. Triunfó la simpatía de Bachelet, fuera de toda duda, pero también triunfó la promesa de reformas democráticas que el país anhela. Pero las movilizaciones sociales de los últimos años están marcando un nuevo tiempo político en Chile que reclaman más que empatía ciudadana. El triunfo de Michelle Bachelet no ha sorprendido a nadie, más bien se ha confirmado lo que muchos esperaban. Su regreso a la Moneda plantea una serie de preguntas en el medio político en torno a la profundidad de las reformas prometidas. Tales reformas son vistas como amenazas por los sectores más conservadores, mientras que a la izquierda de Nueva Mayoría se las concibe como claramente insuficientes. Uno de los desafíos del futuro gobierno de Bachelet será, precisamente, mantener los equilibrios políticos para avanzar en su propuesta de programa, manteniendo al mismo tiempo un dialogo con los movimientos sociales. En el plano internacional, Michelle Bachelet tampoco lo tiene fácil. El clima económico a nivel global presenta algunos nubarrones que auguran una disminución del crecimiento económico durante el próximo año. A esto se agrega el inminente fallo del Tribunal de la Haya sobre los límites marítimos con el vecino Perú y una demanda en curso planteada por el gobierno de Evo Morales. Su presencia en el gobierno es un signo alentador para mejorar los nexos con los vecinos y revitalizar lazos más fuertes con algunos gobiernos regionales como Ecuador, Brasil y la Venezuela de Maduro. No olvidemos que la señora Bachelet viene ahora nimbada por un prestigio mundial tras

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esde Santiago. Chile, con sus 16,5 millones de habitantes, suele ser elogiado por el FMI por su estabilidad económica, desarrollo y sólidas instituciones. El país trasandino forma parte de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico), que agrupa a los países más ricos. Ese es un lado de la moneda. El otro pudo verse sin maquillaje a través de las cámaras de televisión tras el terremoto de 2010: la desigualdad en términos de ingreso y acceso a educación, salud y jubilación. En el país se redujeron drásticamente los niveles de pobreza en los últimos 23 años (de un 45 por ciento de la población en 1990 a un 14,4 por ciento en 2011). Sin embargo, en el último período esta disminución ha sido mucho menor, por lo que se habla de una “pobreza dura”, la que además es mucho más dramática en las zonas suburbanas o rurales que en las grandes ciudades. La enorme brecha que separa ricos de pobres ubica al país como uno de los más desiguales del continente. Según la Universidad de Chile, el ingreso per cápita del 10 por ciento más pobre de la población es 78 veces menor que el del 10 por ciento más rico. Las políticas impuestas bajo la dictadura de Augusto Pinochet, de corte neoliberal, que veinte años de gobierno democrático del centroizquierda de la Concertación no cambiaron (menos aún el último gobierno, conservador, de Sebastián Piñera), ac-

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El triunfo de Michelle Bachelet

ocupar el más alto cargo en ONU Mujeres. En esta hora de triunfos para Michelle Bachelet, una mayoría de chilenos ha confiado en ella para dirigir el país los próximos cuatro años, otorgándole de paso una mayoría parlamentaria a su coalición hace pocas semanas. Después de cuatro años de un gobierno pragmático de derechas que no logró seducir a las mayorías, hay un giro

La deuda pendiente es la desigualdad Mercedes López San Miguel

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túan como corset para aplicar reformas sociales y fomentan la exclusión de muchos. Consuelo Silva, investigadora de la Universidad Arcis, señaló a esta enviada que la desigualdad es un fenómeno inherente al llamado milagro chileno. “En el actual modelo económico imperante en el país, no ha existido una política de redistribución del ingreso, porque se asume que el mercado es el mecanismo que distribuye los ingresos de manera eficiente y óptima. Esta ha sido la postura de todos los gobiernos en los últimos cuarenta años, aunque con algunos matices de diferencia. Por ejemplo, el primer gobierno de la Concertación (1990-1994), encabezado por Patricio Aylwin, planteó la idea de un ‘crecimiento con equidad’, la cual se abandonó rápidamente.” Silva señaló que la solución a este flagelo sólo se consigue con cambios de fondo. “En lugar de las políticas redistributivas, se han implementado programas que buscan reducir los niveles de pobreza, los cuales son focalizados y temporales. Por tanto, quien tenga como propósito provocar una real redistribución del ingreso debería llevar a cabo una serie de reformas en áreas claves de la economía y de la sociedad, como es el caso del mercado laboral, en el ámbito de la educación y en los regímenes tributarios.” Las masivas protestas que protagonizaron los universitarios en 2011, reclamando el fin del lucro en la educación, mostraron al mundo que el modelo de enseñanza en el vecino país se rige bajo las reglas del mercado. Es que la Ley General de Universidades, sancionada en 1981, deli-

hacia la centro izquierda. Una nueva coalición de gobierno, Nueva Mayoría, quiere dejar atrás el recuerdo de la llamada Concertación, un recuerdo agridulce de veinte años de reformas débiles, demasiado débiles y de un clima de corruptelas escandaloso, demasiado escandaloso. - Álvaro Cuadra es investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS

neó la privatización del financiamiento de la enseñanza superior y hoy los universitarios no pueden estudiar gratis y se endeudan para pagar sus carreras. A nivel secundario, sólo el 40 por ciento accede a colegios públicos gratuitos (municipales); el resto asiste a particulares privados (que reciben subvención del Estado) y el diez por ciento más rico de Chile paga colegios privados exclusivamente, que suelen ser los de mejor calidad. La lógica de que quien gana más accede a un mejor servicio se reproduce con el sistema de salud. La gran mayoría de los chilenos pueden optar por la derivación del 7 por ciento del salario para las privadas Isapres (Institución de Salud Previsional) y el estatal Fondo Nacional de Salud (Fonasa), de acuerdo con un modelo vigente desde 1981. Aquellos que por tipo de sueldo no pueden acceder a un plan básico son derivados al Fonasa. De hecho, un 82 por ciento de la población aporta a esta última cobertura, y es recurrente la queja de los pacientes que entran en listas de espera para recibir un tratamiento u operarse. Además de que deben pagar aparte algunas prestaciones de salud. Un dato no menor es que dos tercios de los médicos trabajan en clínicas privadas. Las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones) fueron creadas por el ministro de Trabajo de Pinochet, José Piñera, hermano del actual mandatario, y son el único sistema previsional en Chile. Vendido en los años ’80 como la gran solución privada, o el sistema de capitalización individual o ahorro forzoso, carece del derecho individual a elegir entre ahorrar con el Estado o con una empresa privada. La primera generación pura del sistema privado ha demostrado que las jubilaciones promedio –que bordean los 600 dólares– están muy lejos de superar a las del antiguo sistema de reparto. Si en los próximos cuatro años Bachelet no cumple con su promesa de llevar adelante reformas sustanciales en educación, salud y jubilación, la líder socialista habrá desaprovechado la segunda oportunidad que le dio una mayoría de la población para hacer de Chile una sociedad más justa.


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Estampas de Washi Víctor Orozco “No hacer pequeños planes…” as capitales de los viejos imperios y de los nuevos se parecen, pero guardan sus distancias. En Europa, es fácil advertir el origen de la magnificencia de Viena, Paris, Madrid, Roma, Londres, Moscú. Durante centurias succionaron la riqueza de mundos completos y se pudieron proporcionar palacios, iglesias, colecciones de arte, con dimensiones colosales y belleza excelsa. Aún cuando las antiguas dominaciones, han desaparecido y ya no son metrópolis, estas señoriales ciudades siguen recibiendo flujos de energías provenientes de mil sitios en el orbe. De hecho, su pasado fastuoso les sigue prestando buena porción de sus medios de vida. Cada una exhibe con orgullo sus glorias, alcanzadas gracias al talento de constructores, arquitectos, artistas, sí, pero también gracias a los sufrimientos infligidos a millones de hombres y mujeres esclavizados o sometidos a condiciones serviles. Esta es la vieja Europa, donde las fechas remontan muchos siglos y aún milenios. La capital de los americanos (gentilicio hurtado al resto de los habitantes del continente) no va a la zaga de sus contrapartes europeas por cuanto hace a las ambiciones de grandeza. De hecho, sus constructores se propusieron emularla. No en balde el Federal Triangle que agrupa

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a un numeroso conjunto de edificios de gobierno, erigidos siguiendo las líneas clásicas de las arquitecturas griega y romana, responde a una concepción claramente expuesta por el arquitecto Daniel Burnham, autor del rediseño urbano de Washington en los inicios del siglo pasado: “No hacer pequeños planes. Éstos no tienen la magia de agitar la sangre de los hombres y probablemente ellos mismos ni siquiera se darán cuenta. Hay que hacer grandes planes”. En el curso de las siguientes décadas, sobre todo y paradójicamente en los treintas, la época de la crisis económica, se alzaron la mayor parte de estos gigantes que comparten el dominio de la fisonomía urbana con los emblemas nacionales: el Capitolio, la Casa Blanca, el Memorial de Abraham Lincoln, el Obelisco de Jorge Washington, los museos del Smithsonian…De seguro esta idea de los magnos designios comprendió también a los parques y espacios verdes que se abren por miles de metros y dan la impresión de una campiña salpicada por alcázares y palacios. Un detalle, para nada insignificante: en uno de los árboles que extienden el ramaje hacia la banqueta, se posa un espléndido ejemplar de un halcón peregrino que se deja retratar por los turistas aglomerados unos cuantos metros abajo de su imponente figura. Displicente, apenas si vuelve la cabeza ante la vista del grupo y el ruido de sus gritos provocados por la admiración y la sorpresa. Acaso su dieta se la proveen

los innumerables ardillones (chimorises, les decimos en Chihuahua) que cruzan los prados. Es domingo y el Lincoln Memorial está lleno de visitantes. Llego acompañado de Amirah y Ariana, mis dos hijas adolescentes norteamericanas. La primera, de 16 años, es fan del presidente abolicionista y en el camino me pregunta si al menos podrá tocar la estatua. Imposible, el hombre colosal aparece sentado en una silla que se alza varios metros encima del piso. No está al alcance de la mano. Así que debe conformarse con las fotos, uno de cuyo fondos es el texto, labrado en el mármol, del famoso discurso de Gettysburg, al cual los norteamericanos –y muchos otros- tienen como la mejor pieza de oratoria política jamás dicha, no obstante su brevedad, o quizá por ella. Desde estas escalinatas pronunció Martín Luther King su memorable discurso “Tengo un sueño” en el momento culminante de la lucha por los derechos civiles, -la marcha del millón-, el 27 de agosto de 1963, quizá la otra arenga de mayor nombradía en la historia de los Estados Unidos. Preservar la historia Uno de los edificios del Federal Triangle, concluido en 1935, es el que ocupan los archivos nacionales. (National Archives y Record Administration, su nombre oficial). Su concepción arquitectónica es la de un templo griego, dedicado a la musa de la historia, con estatuas clásicas en su entorno. En el basamento de una de ellas, esculpida por Robert Aitken y denominada Futuro fue gravada la frase de Shakespeare, tan gustada en Estados Unidos: “El pasado es prólogo”. Se usa en debates electorales, en obras de teatro, en series televisivas. En 2003 trabajé en estos acervos. Regreso ahora con la credencial que entonces me expidieron. Diez años después, me la renuevan en un procedimiento que no lleva ni tres minutos. A pesar de sus enormes dimensiones y capacidad para albergar documentos, el viejo inmueble ahora apenas contiene una porción ínfima del total. El grueso se encuentra en el que se presume es el mayor edificio del mundo construido para archivos históricos y ubicado en un predio boscoso facilitado por la vecina Universidad de Maryland a una hora de distancia del centro de Washington. Todo el día circula un camioncito que traslada gratuitamente a los usuarios de los archivos de una localidad a otra, servicio que de verdad se agradece, pues de otra suerte, se agravarían las dos carencias a las cuales ha de hacer frente todo investigador: la de tiempo y la de dinero. Como las ciudades imperiales, los papeles juntados por sus gobiernos, se corresponden también con sus dominios. Pocos lugares hay en los cuales los soldados, viajeros, mercaderes, misioneros o funcionarios ingleses, españoles o franceses no pusieran su pié en las pasadas centurias. Y no se diga de los clérigos, sobre todo los de la iglesia católica. De la misma manera sucede con los norteamericanos a partir de la mitad de la decimonónica. Esta es la sencilla razón por la cual existen noticias de casi todos los países del mundo en sus colecciones documentales. Nos damos una idea de este hecho si sabemos por ejemplo que el gobierno norteamericano tenía cónsules acreditados, generalmente comerciantes, en una gran cantidad de ciudades de México desde los primeros años de la independencia. Espulgando los informes de estos improvisados diplomáticos a sus jefes del Departamento de Estado, nos enteramos de ciertos hechos y acontecimientos en la vida de Tampico, Chihuahua, Monterrey, Mazatlán, Guaymas o Paso del Norte a lo largo del siglo XIX. Tengo en la memoria los despachos de Reuben Creel, el cónsul acreditado en la ciudad de Chihuahua durante el tiempo de la estancia en ella del gabinete republicano presidido por Benito Juárez. Constituyen materiales de primera importancia sobre la personalidad del Benemérito, la actitud política de los chihuahuenses, entre otros temas. No se crea, sin embargo, que puede encontrarse el alma de la historia de un pueblo en los informes de diplomáticos y agentes extranjeros. Complementan visiones, ayudan a construir el rompecabezas, pero es ilusorio y a la vez ingenuo esperar que estos documentos nos revelen algo más que los intereses de sus naciones y gobiernos, así como impresiones de sucesos y personas.


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¡Ah, la prepotencia cuando se puede!. “Hará usted saber al gobierno mexicano que debe poner fin a las ofensas contra nuestros ciudadanos, de lo contrario, los Estados Unidos no dudarán en intervenir y obtener justicia..”. Así reza uno de estos documentos, fechado el 23 de junio de 1858. Son los ecos del pasado, que escucho de nuevo, cuando pienso en las futuras inversiones extranjeras en los yacimientos y ductos estratégicos del petróleo mexicano. Pero…las lecciones se olvidan. La otra cara ¿Cuál es el verdadero rostro de Washington?. Como todas las capitales tiene varios, aparte del bello mostrado en sus inigualables avenidas y museos. En el metro, se miran las caras de hombres y mujeres presurosos o cansados. La mayor parte de sus ocupantes son de faces negras o morenas. Ésta no es una urbe industrial, así que no se ven obreros ni en el metro ni en los camiones. Por la indumentaria y los objetos portados, se advierte que casi todos son oficinistas, empleados del comercio o los servicios, profesionistas y técnicos. También trabajadoras domésticas. A veces se escuchan diálogos telefónicos en español, en sus diversas variantes: la del puertorriqueño que convierte la “r” en “l” como los chinos, o la del cubano salteándose letras, la de una indígena oaxaqueña, que habla con alguien sobre su tierra lejana. El metro es eficaz, para cambiar de un tren a otro no se tienen que caminar las grandes distancias como ocurre en el de la ciudad de México, tan sólo pasar de un nivel al otro. Su precio oscila, según las horas, entre 2 y 3 dólares. Desde las ventanillas del camión que se interna en zonas habitacionales, se advierten las diferencias entre riqueza y bienestar. Hay barrios derrotados por la incuria y el abandono. Hileras y cuadras de minúsculas casas de tres pisos que hace muchos años no reciben una capa de pintura, escaleras exteriores de madera chuecas y ventanas sucias. Varias de ellas tienen pequeñísimos negocios en su planta baja, como peluquerías, talleres o lavanderías. En alguna esquina se planta un grupito de jóvenes y no tan jóvenes, que -luego me prevendrá el chofer puertorriqueño del camioncito de los archivos-, se dedican a traficar con drogas y a cometer toda clase de delitos. El grueso de ellos son afroamericanos o hispanos en menor número. En los suburbios más alejados viven las clases medias altas y altas. Las casas no son ostentosas, pero tienen grandes patios y generalmente están ubicadas en colinas donde crece un bosque hermoso, con árboles gigantescos. Nada que ver con los fraccionamientos y grupos de departamentos cercanos al centro. ¿Y la religión? En Italia, España o Latinoamérica, es imposible encontrar una ciudad que no tenga cómo signos distintivos a sus bellas, majestuosas e innumerables iglesias. No sucede lo mismo en Washington donde son significativas, pero escasas en comparación. Tampoco vi ninguna de dimensiones colosales, incluyendo a las católicas. Puede sorprender por cierto, que una de este credo sea la mas antigua de la capital, erigida en 1792. En alguna ocasión, presenciando la catedral de Cuenca, o la consagrada al Sagrado Corazón de Jesús en Quito, construidas en la segunda mitad del siglo XIX, contrastaba la cantidad de fuerzas productivas organizadas para edificar tan portentosos edificios, con las ocupadas por los norteamericanos en esos mismos tiempos. Las mentalidades eran diferentes: allá vencían el espíritu religioso y la institución eclesiástica sobrepuesta al mismo gobierno, aquí ganaban el afán pragmático y el espíritu público. Ambos impulsaban los bríos para levantar monumentales sedes de los poderes políticos, estaciones de trenes o universidades. Los norteamericanos estaban empeñados en solidificar su Estado, al tiempo que tomaban posesión de un continente. Los latinoamericanos siempre estuvimos divididos entre las lealtades a las flamantes repúblicas o a las monarquías española y del Vaticano. Los conquistadores, misioneros y sus descendientes se pusieron a destruir Cuzco y Tenochtitlán, donde resplandeció la arquitectura en el mismo grado que en Roma o París y luego se dedicaron a edificar

por millares nuevos templos para quedar bien con dios y con la iglesia. Los sucesores de los cuáqueros y puritanos, mas las legiones que se les reunieron, le guardaron fidelidad a un dios inmaterial, menos exigente en sus cultos y ninguna a poderes extranjeros. Pronto se hicieron de un estado nacional, sin que ningún otro poder le disputara la primacía. Ello les permitió doblegar a España para quedarse con la Florida y luego ganar la guerra a México, en donde teníamos apenas una especie de estado en ciernes, compitiendo con el clero y el ejército. Cuando visité el museo de historia natural por primera vez, habían colocado un discreto letrero en el que de manera vergonzante se advertía que la evolución de las especies, todavía admitía otras explicaciones, aludiendo a las religiosas. Eran los tiempos del gobierno del segundo Bush y los fundamentalistas cristianos a quienes les debía muchos votos, estaban aferrados a imponer la fábula de la creación en donde pudieran. Busqué el letrerito ahora y no lo pude encontrar. Algún sensato administrador le hizo caso a los científicos y lo retiró, terminando así con una aberración, pues ¿Cómo mostrar esta enorme cantidad de evidencias sobre el origen y desarrollo de los seres vivos y al mismo tiempo hacer concesiones a los mitos?. El racismo Washington es una ciudad con mayoría de población afroamericana. Y en ella reside el primer presidente brotado de esta minoría étnica. Así que se advierte en el ambiente una voluntad de borrar las huellas del racismo bárbaro que envenenó a la sociedad norteamericana durante siglos. Y que no ha desaparecido del todo. Han destinado uno de los más bellos museos a la exposición de la cultura y el arte africanos. En el cine, en el reconocimiento a los héroes de la lucha por los derechos civiles, en las escuelas, se busca diluir la ponzoña. Llamó mi atención que entre

las estatuas de los padres fundadores y demás grandes figuras de la historia política, puestas en un fastuoso salón del capitolio, se encuentre muy sentada en su asiento del camión Rosa Parker, la costurera de Alabama que al decir de Barak Obama cambió con un gesto a su país. Fuimos a un pequeño cine a ver “Doce años de esclavo” la película de reciente estreno basada en la historia de Salomón Northum quien fue secuestrado y vendido en el infame mercado de Nueva Orleáns en 1841. Le fue recomendada como material de estudio a una de mis hijas en la High School. Es impactante y entre las náuseas que causan las escenas de crueldad y la moral torcida de los amos, uno se pregunta cómo es que la esclavitud formó parte de la estructura mental y cultural de las sociedades occidentales. Justificada y sancionada por leyes, credos religiosos sin excepción, sobrevivió en el continente americano hasta las postrimerías del siglo XIX. Estados Unidos tiene las marcas más profundas de esta herencia, pero no es el único ni mucho menos, están Cuba y Brasil entre los de mayor connotación, por ser los últimos en emancipar a los esclavos, hasta la penúltima década del siglo antepasado. A Northum, le fueron arrebatados doce años de su vida, durante los cuáles no hizo otra cosa que trabajar, recibiendo sufrimientos y humillaciones sin fin. Si multiplicamos su caso por millones y la docena de años por cien, tendremos frente a nosotros la mayor tragedia ocurrida en la historia, por cuanto a naciones y pueblos enteros se les arrebataron sus vidas, sus culturas, sus potencialidades. Y claro, entre los altos exponentes de las bellas artes o de la ciencia, no hay durante las pasadas centurias, africanos o descendientes de ellos. Estos hombres y mujeres deben correr para alcanzar su lugar en la cultura universal. La emancipación de la raza negra es por ello la mayor de las revoluciones y hace de Nelson Mandela un héroe del orbe entero.


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¿Ciudades inteligentes Jordi Borja

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ubo alguna vez ciudades tontas? ¿Habrían sobrevivido las ciudades, la construcción humana más compleja, si no hubiera habida mucha inteligencia colectiva? Solamente la distribución de las aguas blancas y negras, la iluminación y la energía, la eliminación de residuos, la construcción en altura, el abast ecimiento de alimentos, la organización del transporte, etc. suponen tecnologías y modos de gestión de inteligencia acumulada y de capacidad de innovación permanente. Ahora la moda es descubrir que las ciudades pueden ser inteligentes. Si no lo fueran no existirían. En realidad se trata de un reclamo publicitario. ¿De las ciudades? Aparentemente si, pero la fama dura poco. Ha habido tantas ciudades adjetivadas para llamar la atención que ninguna ha arraigado. Por la sencilla razón de que todas más o menos se pueden aplicar el adjetivo prometedor. Y además el dicho adjetivo casi nunca es el calificativo más definidor de la ciudad.¿Ciudades patrimonio de la humanidad? La Unesco ha encontrado un nicho bastante lucrativo, se hace pagar el título. En todas partes encuentras dicho patrimonio. ¿Ciudades globales? Saskia Sassen primero seleccionó tres ciudades globales, pero otras grandes ciudades protestaron. Amplió la lista pero entonces tuvo que establecer categorías. Casi nadie quedó contento. Además si muchas eran globales se perdía el valor de la distinción. Al final ella, como ya había hecho Castells, acabaron reconociendo que todas las ciudades, unas más o menos, tenían una dimensión o unos elementos globalizados. Otras ciudades se apoyan en rankings diversos que los favorecen. Ciudades de negocios, atractivas para las inversiones, con zonas de prestigio para la localización de entidades financieras y sedes de grandes empresas. Otras ciudades venden su calidad de vida, su oferta cultural o de ocio, su imagen, su potencial innovador, o se autoproclaman “ecológicas” o “sostenibles”. O sencillamente se legitiman por su historia. Otras ofrecen su posición que favorece los intercambios, las conexiones globales, su inserción en una macroregión económica. En fin todas las ciudades acaban vendiendo los mismos atributos, todas poseen sus atractivos, todas se visten de seda y se ponen en venta. Como decía Coco Chanel,”no hay mujeres feas, hay mujeres que no se saben vestir”. Pero si los modelos exclusivos se convierten en “prêt porter” se pierde el encanto de la diferencia. Solución: vender slogans y legitimar obras o comprar servicios que razonablemente no se podrían justificar como de interés general. Algo que les atribuya un plus de distinción, algo etéreo que les proporcione un aura que añada algo tan especial que les haga diferentes. Después de mitificar la economía postindustrial y de embobarse con la filosofía postmodernista emergieron nuevos conceptos-productos urbanos entre banales y confusos: la ciudad informacional, la ciudad competitiva, la ciudad del conocimiento, las ciudades creativas y ahora la moda es la ciudad inteligente. ¿La ciudad informacional? Seguramente la propuesta conceptual más seria y

en consecuencia la menos exitosa en el mercado de valores urbanos dominantes. Proponía un modo de producción novedoso basado en las redes propiciadas por Internet. La ciudad aglomerada ya no era resultado de las economías de aglomeración. Internet rompía las barreras del espacio y del tiempo. Todo era posible “just on time”. Pero tenía dos puntos débiles. Separaba el modo de producción de las

relaciones de producción y por lo tanto prescindía de las contradicciones sociales. El modo de producción no depende de la tecnología, es más bien al revés. La aparición y masificación del teléfono o del auto por ejemplo han generado transformaciones sociales pero no han dado lugar a un modo de producción. El otro punto discutible es que legitimaba la dispersión urbana con sus efectos segregadores y

excluyentes y sus costos ambientales que afectaban a amplios sectores de la población. Los proletarios actuales son los que trabajan con las computadoras pero tienden a perder su calidad de ciudadanos. El concepto optimista de ciudad informacional que maximiza las libertades de los individuos no es humo, es una cortina de humo que enmascara las relativamente nuevas formas de explotación.


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o cursilería interesada?

La ciudad competitiva es probablemente la más tramposa. En primer lugar es un concepto absurdo, el territorio no es competitivo. Una ciudad puede ser más o menos atractiva para los turistas, los congresistas, los emigrantes o las mafias. Su gobierno o sus elites pueden competir

para organizar un evento o ser sede de un organismo internacional. Pero nadie es propietario del territorio o de la ciudad, lo son en todo caso las generaciones pasadas, presentes y futuras. Pero este absurdo teórico es un concepto práctico que sirve para legitimar las operaciones

especulativas, los costes sociales debido a la reducción del salario directo (monetario) e indirecto (los bienes y servicios que proporciona la ciudad a sus habitantes). La ciudad competitiva, a su vez “sobrelegitimada” por la perversión de la cultura estratégica es hoy un instrumento urbanicida pues sirve para generar enclaves en la ciudad aglomerada y marginaciones en las zonas urbanizadas sin ciudad. La ciudad del conocimiento es paradójicamente el concepto más tonto de todos. Como su hermano, la economía del conocimiento. No hay ciudad sin conocimiento, es el capital social e intelectual de sus habitantes, su organización política y urbana, sus actividades y sus pautas de convivencia. La economía del conocimiento es un concepto vacuo, su uso solo se explica por aquel adagio “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Ciertamente la “teoría económica” dominante no proporciona un conocimiento de la realidad social pero si que legitima la disolución de la ciudad a favor de la especulación urbana. Lamentablemente los expertos más representativos de la cultura urbana promocionada por los grandes medios legitiman el urbanicidio actual. En el Smart City Expo World Congreso celebrado recientemente en Barcelona (19-21 de noviembre 2013) fueron invitados 4 conferenciantes de gran prestigio y cuantiosos emolumentos. Uno de ellos trabaja para las grandes empresas (como Coca Cola, Ford, etc.) para mejorar su imagen ambiental. Otro investiga modelos de automóvil que ocupen menos espacio (“plegables” por ejemplo) para que cada persona tenga su vehículo. Y un tercero es un experto del Banco Mundial, organismo que en su Informe de finales del año 2009, cuando la crisis financiera-inmobiliaria había explotado dos años antes, consideraban los kilometros cuadrados urbanizados en las dispersas periferias como indicador de desarrollo económico. El resulta yo lo conocíamos, bancos insolventes, millones de desahuciados, viviendas vacías y urbanización sin ciudad. La tecnología viene sobredeterminada por las relaciones de poder en la sociedad. Las ciudades creativas es un concepto cuya principal “virtud” es haber enriquecido al cuarto conferenciante presentado como gran figura en el congreso de las Smart Cities ya citado. Me refiero al señor Richard Florida, un embaucador, un vendedor de humo cuya aportación más conocida es considerar como indicador de “creatividad” el porcentaje de gays en la ciudad. Es cierto que la ciudad es un ámbito proclive a la creatividad. Es algo muy conocido y la prueba es que las religiones monoteístas y los poderes políticos autoritarios han sido siempre enemigos de la ciudad. Es el espacio que contiene el tiempo, que acumula memorias colectivas y conocimientos diversos, es donde se mezclan de personas y actividades, donde se producen los intercambios múltiples, programados o no programados, donde aparecen las oportunidades generadas por el azar. Personas más serias y discretas lo han explicado antes, mucho mejor y de forma más concisa. Fue el líder del Distrito de la City de Londres que dijo en un acto público en Buenos Aires (1997) que el mejor equipamiento económico de la ciudad

era el “pub”, dónde gente distinta habla de todo con todos. O las inteligentes reflexiones de Ascher sobre la “serendipity” que ofrece la ciudad compacta y plural y su importancia para la innovación. Y finalmente hemos llegado a la culminación de estos disparatados e interesados conceptos con la moda de las Smart cities. Una operación publicitaria para que empresas o grupos empresariales vendan sus “tecnologías” al papanatismo de gobiernos nacionales y locales, mientras se pretende convencer a la ciudadanía de vivir en “ciudades verdaderamente inteligentes”. La inteligencia urbana no es comprar los últimos productos de la tecnología sino aquéllos que se combinan con las habilidades y comportamientos de la población, el buen uso de los recursos y las prioridades sociales y las características morfológicas y el funcionamiento del territorio. Jorge Hardoy me comentaba hace muchos años que visitando la ciudad argentina de Salta, en zona subtropical, los responsables locales le mostraron orgullosos dos fantásticas máquinas de sacar la nieve gracias a un programa de cooperación con los países nórdicos europeos. El problema es que en Salta no ha nevado nunca. Después del terremoto que afectó a Ciudad de México en 1985 participé en un seminario organizado por el Gobierno de la Nación en el que tres expertos norteamericanos y uno japonés pretendían vender cada uno un sistema para prever la llegada de un terremoto. El japonés, el más agresivo y cuyo sistema era el más costoso tuvo que explicar que solo se podía garantizar que la información llegara a la costa de México dos o tres minutos antes de que el terremoto afectara a una gran parte del país. Mi Universidad ocupa tres plantas de un edificio que se presenta como ejemplo de modelo más avanzado de arquitectura ecológica gracias a las más modernas tecnologías. Se denomina Mediatic y ha sido exaltado por la prensa más boba o debidamente pagada. ¿Sostenible consumir energía en un clima mediterráneo con 300 días de sol al año debido a que no se permite ninguna apertura, el sol entra a penas y el aire nunca? Se instaló un sistema muy costoso para que el aire caliente o frío se adaptara automáticamete a la temperatura que nunca ha funcionado, para ser por el elevado coste de mantenimiento. Las incomodidades son numerosas. Incluso para ir de una planta a otra, que es constante, hay que tomar necesariamente el ascensor que te hace esperar y debe subir y bajar varias plantas que hace gastar tiempo y energía. El concepto de “ciudades inteligentes” es simplemente una cursilería ridícula propia solo de publicitarios desvergonzados al servicio de empresas poco escrupulosas y que se encuentran con clientes pasmados ante la “tecnología” novedosa. Las ciudades no se merecen estos calificativos interesados que oscurecen la visión de la realidad, facilitan negocios a las empresas que presumen de tecnología y justifican operaciones costosas de los responsables políticos. Mejor sería de ocuparse de las ciudades y los sistemas de ciudades y no la urbanización ciega y desregulada, reducir las desigualdades sociales y garantizar la calidad de vida de las poblaciones urbanas y recuperar conceptos más claros como el derecho a la ciudad y el gobierno democrático del territorio.


a l y a l e d n a e M d d a t r e b i l s e r b i l r se Amy Goodman, Democracy Now

E

l fallecimiento de Nelson Mandela a los 95 años de edad, generó conmemoraciones y reflexión en todo el mundo. Un grande de la historia de la humanidad ha muerto. Mandela es recordado, con justicia, por su impresionante capacidad de reconciliarse con sus opresores y por lo que ese perdón significó políticamente para la fundación de una nueva Sudáfrica. “Ha llegado el momento de construir. Al fin hemos logrado nuestra emancipación política. Prometemos liberar a todos los pueblos del yugo de la pobreza, la privación, el sufrimiento, el sexismo y otras formas de discriminación”, dijo Mandela en su discurso de asunción de mando en Pretoria, el 10 de mayo de 1994. En el mismo discurso prometió no retroceder: “Nunca jamás volverá a suceder que esta hermosa tierra experimente de nuevo la opresión de los unos sobre los otros. El sol nunca se pondrá sobre un logro humano tan noble. Que impere la libertad. ¡Dios bendiga a África!”. Mandela nos dejó, pero dejó a las futuras generaciones su profunda convicción en el poder de los movimientos sociales para lograr cambios. En sus primeros años como miembro del Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) Mandela se dedicó a organizar las campañas de no-cooperación del movimiento. Un ejemplo de ello es la Campaña de Desobediencia Civil de 1952, cuando lo fotografiaron quemando su libreta de identificación, el temible documento de identidad sin el cual la población negra de Sudáfrica no podía desplazarse dentro de su propio país. En 1960, tras la Masacre de Sharpeville, en la que las fuerzas policiales del Gobierno liderado por los blancos mataron a al menos 69 personas que se manifestaban contra la “ley de pases” y las libretas, el Gobierno proscribió al Congreso Nacional Africano. Mandela y otros activistas pasaron a la clandestinidad y formaron el brazo armado de lANC, al que denominaron Umkhonto we Sizwe, que significa “la lanza de la nación”. El grupo realizó una campaña de sabotaje, mediante la utilización de bombas rudimentarias para romper e interferir en el funcionamiento de importantes piezas de la infraestructura de Sudáfrica, como vías de tren y centrales eléctricas. En 1962, Mandela fue identificado en un control policial disfrazado de chofer. El New York Times

informó en 1990 que fue la CIA, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, la que brindó los detalles a los servicios especiales sudafricanos acerca del paradero y la apariencia de Mandela. La nota decía además que la CIA gastó más dinero en vigilar al Congreso Nacional Africano que el propio régimen del apartheid. Mandela pasó los siguientes 27 años en prisión. Durante el juicio por sabotaje, en el que fue acusado junto a otras nueve personas, conocido como “el Proceso de Rivonia”, Mandela habló en nombre de los acusados y defendió sus actos. “He luchado contra la dominación de los negros. He acariciado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que todas las personas vivan juntas en armonía, con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que espero alcanzar. Pero, de ser ne-

cesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”. Para sorpresa de muchos, y probablemente gracias a la gran atención nacional e internacional puesta en el juicio, los activistas no fueron condenados a pena de muerte, sino a cadena perpetua en la tristemente célebre prisión de la isla Robben en Sudáfrica. Fue entonces que se inició una fuerte campaña internacional para poner fin al apartheid. Una de las principales estrategias fueron las campañas para que las empresas que tenían negocios en Sudáfrica retiraran sus inversiones del país. En 1970, Caroline Hunter y Ken Williams, dos empleados afroestadounidenses de Polaroid en Cambridge, Massachusetts, se dieron cuenta de que la empresa estaba suministrando tecnología fotográfica al Gobierno sudafricano para la emisión de las odiadas libretas. Hunter y Williams organizaron un movimiento de trabajadores de

CORREO del SUR Director General: León García Soler

Polaroid que obligó a la empresa a poner fin a sus relaciones con el gobierno de Sudáfrica. Bajo la creciente presión, el régimen del apartheid comenzó a reprimir con mayor severidad a los sudafricanos negros. Las noticias de la violencia llegaron a todo el mundo, y ello motivó a los estudiantes universitarios a tomar medidas. Se creó un movimiento mundial para presionar a las juntas directivas de las universidades a que retiraran sus inversiones de Sudáfrica. En Washington D.C., Randall Robinson, el fundador de “TransAfrica”, comenzó un movimiento de protesta frente a la embajada de Sudáfrica. Robinson dijo en el programa de noticias Democracy Now!: “Tres de nosotros fuimos arrestados, seguidos de 5.000 estadounidenses que fueron arrestados por ir a protestar frente a la embajada en los años subsiguientes…Por supuesto que eso ayudó a impulsar en el Congreso la Ley General Contra el Apartheid, aprobada en 1986. Fue así que, finalmente, las inversiones estadounidenses en Sudáfrica comenzaron a caer”. Robinson hacía referencia al proyecto de ley presentado por el congresista de California Ron Dellums, que fue aprobado con apoyo de ambos partidos. El Presidente Ronald Reagan vetó el proyecto de ley, pero, en señal de la determinación del país de luchar contra el apartheid, ambas cámaras del Congreso votaron para anular el veto de Reagan, e impusieron fuertes sanciones al régimen del apartheid en Pretoria. Robinson agregó: “Y, por supuesto, eso, junto con la presión dentro del país generó las condiciones para que el gobierno sudafricano se decidiera a negociar y, en última instancia, a liberar a Mandela ”. El Presidente Barack Obama habló en el funeral de Mandela celebrado en Soweto esta semana, y provocó una ola de críticas en Washington por haber estrechado la mano del Presidente cubano, Raúl Castro. Mandela era un gran amigo de Fidel Castro, que siempre apoyó al Congreso Nacional Africano. Estado Unidos, por su parte, retiró a Mandela de su “lista de terroristas” recién en 2008, 14 años después de que fue electo Presidente de Sudáfrica. Nelson Mandela termina su autobiografía con la siguiente reflexión: “Cuando salí de la cárcel, esa era mi misión: liberar tanto al oprimido como al opresor. …La verdad es que aún no somos libres. Apenas hemos logrado la libertad de ser libres”. 15 de diciembre de 2013.

Suplemento dominical de Director: Adolfo Sánchez Rebolledo

Diseño gráfico: Hernán Osorio


Correo Del Sur No 366