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Número 383 Abril 20, 2014

¡Adiós Gabo!


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CORREO del SUR

Ucrania y la guerra del Naomi Klein

¿P

or qué se relamen con Ucrania las empresas norteamericanas de fracturación hidráulica? La manera de vencer a Vladimir Putin consiste en inundar el mercado europeo de gas natural norteamericano procedente de la fracturación hidráulica, o eso es lo que el sector quería hacernos creer. Como parte del recrudecimiento de la histeria antirrusa, se han presentado dos proyectos de ley en el Congreso norteamericano – uno en la Cámara de Representantes (H.R. 6), otro en el Senado (S. 2083) – que intentan acelerar las exportaciones de gas natural licuado (GNL), todo en nombre de la ayuda a Europa para que se destete de los combustibles fósiles de Putin y se acreciente la seguridad nacional norteamericana. Según Cory Gardner, el congresista republicano que introdujo el proyecto de ley en la Cámara, “oponerse a esta legislación es como colgar una llamada de emergencia de nuestros amigos y aliados”. Y eso podría ser cierto, siempre y cuando tus amigos y aliados trabajen en Chevron y Shell, y la urgencia consista en la necesidad de mantener los beneficios al alza en medio de un menguante suministro de petróleo y gas convencionales. Para que funcione este ardid, es importante no fijarse demasiado en los detalles. Lo mismo que en el hecho de que buena parte del gas no llegará a Europa, pues lo que el proyecto de ley permite es que el gas se venda en el mercado mundial a cualquier país que pertenezca a la Organización Mundial del Comercio. O el hecho de que durante años el sector ha estado vendiendo el mensaje de que los norteamericanos deben aceptar los riesgos para su tierra, agua y aire que se derivan de la fracturación hidráulica con el fin de ayudar a que su país consiga la “independencia energética”. Y ahora, repentina y solapadamente, la finalidad se ha desplazado a la “seguridad energética”, lo que aparentemente significamente una sobreabundancia de gas de fracturación en el mercado mundial, creando así formas de dependencia energética en el exterior. Y por encima de todo, es importante no darse cuenta de que levantar la infraestructura necesaria para exportar gas a esta escala llevaría muchos años para conseguir los permisos y la construcción: una sola terminal de GNL puede llevar una etiqueta con un precio de 7.000 millones de dólares, se ha de alimentar con una malla ingente y entrelazada de tuberías y estaciones de compresión, y exige su propia central energética sólo para poder generar la energía suficiente a fin de licuar el gas por medio de subenfriamiento. Para cuando estos enormes proyectos industriales estén listos para su funcionamiento, puede que Alemania y Rusia se hayan hecho rápidamente amigas. Pero para entonces pocos recordarán que la crisis de Crimea fue la excusa a la que recurrió el sector del

gas para hacer realidad sus sueños de exportación de toda la vida, sin que importaran las consecuencias que conllevase para las comunidades que sufren la fracturación o que se ase el planeta. A este truco de explotar la crisis en favor del beneficio privado lo llamo la doctrina del “shock”, y no muestra signos de remitir. Todos sabemos cómo funciona la doctrina del “shock”: en los tiempos de crisis, sea

debatir? ¡Es una emergencia! ¡Una llamada al teléfono de urgencias! Primero que se aprueben las leyes, y luego ya hablaremos. Hay muchos sectores que saben jugar bien a esta estratagema, pero ninguno más versado en ello que el sector global del gas cuando se trata de explotar las propiedades de la crisis a la hora de bloquear la racionalidad. En los últimos cuatro años, el grupo

Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. Y eso en un periodo de cien años, con el poder del metano menguando con el tiempo. Bastante más pertinente, arguye Robert Howart, bioquímico de la Universidad de Cornell, uno de los mayores especialistas en emisiones de metano, resulta examinar las repercusiones en un lapso de 15 a 20 años, cuando el metano tenga

verdadera o fabricada, nuestras élites son capaces de meter a presión medidas políticas impopulares en detrimento de la mayoría so capa de emergencia. Cierto que hay objeciones, de los científicos del clima que avisan de la potente capacidad de calentamiento del metano, o las comunidades locales que no quieren estos puertos de exportación de alto riesgo en sus amadas costas. Pero, ¿quién tiene tiempo para

de presión del gas ha recurrido a la crisis económica en Europa para decirle a países como Grecia que la forma de salir de la deuda y la desesperación es abrir sus hermosos y frágiles mares a la perforación. Y ha empleado argumentos semejantes para racionalizar la fracturación en América del Norte y el Reino Unido. Ahora la crisis du jour es el conflicto de Ucrania, que se usa como ariete para derribar sensatas restricciones a las exportaciones de gas natural y hacer presión mediante un controvertido acuerdo de libre comercio con Europa. Es todo un acuerdo: más economías contaminantes de grandes empresas de libre comercio y más gases de los que retienen calor contaminando la atmósfera, todo como respuesta a una crisis energética que es en buena medida pura fabricación. Con este telón de fondo, vale la pena recordar – ironía de ironías – que la crisis que el sector del gas natural ha sido más experto en explotar es el cambio climático mismo. No importa que la singular solución del sector a la crisis del clima consista en ampliar espectacularmente un proceso de extracción de fracturación hidráulica que libere a la atmósfera cantidades masivas de un metano que desestabilice el clima. El metano es uno de los gases de invernadero más potentes, 34 veces más poderoso a la hora de retener calor que el dióxido de carbono, de acuerdo con las últimas estimaciones del

un potencial de calentamiento global que será asombrosamente de 86 a 100 veces mayor que el del dióxido de carbono. “En esta franja de tiempo es cuando nos arriesgamos a quedar encerrados en un calentamiento muy rápido”, afirmó el miércoles. Y recordemos: no se construyen infraestructuras de miles de millones de dólares a menos que se planee utilizarlas durante al menos 40 años. Así que estamos respondiendo a la crisis de un planeta como el nuestro que se calienta construyendo una red de hornos atmosféricos ultrapoderosos. ¿Es que estamos locos? Ahora que sabemos cuánto metano se libera en realidad a causa de la perforación y la fracturación hidráulica y toda su tecnología auxiliar. Aun cuando el sector del gas natural se jacta de sus emisiones de dióxido de carbono “¡más bajas que las del carbón!”, nunca ha medido de manera sistemática sus fugas de metano, que se lleva el aire en cada etapa de extracción, procesamiento y distribución del gas, del entubado de los pozos y las válvulas del condensador a las tuberías agrietadas bajo los vecindarios de Harlem. La misma industria del gas salió en 1981 con el ingenioso cuento de que el gas natural suponía un “puente” a un futuro energético limpio. De eso hace 33 años. Un puente largo. Y cuya otra orilla está todavía por ver. Ya en 1988 – el año en que el climatólogo James Hansen alertó al Congreso, prestando un testimonio histórico, sobre el pro-


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gas blema urgente del calentamiento global – la American Gas Association comenzó a encuadrar explícitamente su producción como respuesta al “efecto invernadero”. No perdió tiempo, dicho de otro modo, en venderse como solución a la crisis global que había ayudado a crear. La utilización de la crisis de Ucrania por parte del sector para ampliar su mercado global so capa de la “seguridad energética” debe contemplarse en el contexto de este oportunismo de la crisis. Sólo que esta vez muchos de nosotros sabemos dónde reside la verdadera seguridad energética. Gracias a la labor de investigadores de primera como Mark Jacobson y su equipo de Stanford, sabemos que el mundo puede alimentarse enteramente con renovables. Y gracias a los últimos y alarmantes informes del IPCC, sabemos que obrar así es hoy un imperativo existencial. Esta es la infraestructura que tenemos que apresurarnos a levantar, y no proyectos industriales masivos que nos encerrarán en una dependencia aun mayor de peligrosos combustibles fósiles durante decenios futuros. Sí, estos combustibles se necesitan todavía durante la transición, pero hay energías convencionales más que suficientes a mano para que podemos recorrerela: sucísimos métodos de extracción como las arenas alquitranadas y la fractura hidráulica simplemente no son necesarios. Tal como dijo Jacobson en una entrevista de esta misma semana: “No nos hacen falta combustibles anticonvencionales para producir la

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La desigualdad y la teoría del derrame infraestructura con la que reconvertir a energía renovable eólica, hidráulica y solar a todos los efectos. Podemos atenernos a la infraestructura existente, además de la nueva infraestructura [de generación renovable] para que proporcione la energía precisa para producir el resto de la infraestructura limpia que nos hará falta... El petróleo y el gas convencionales son mucho más que suficientes”. Teniendo esto en cuenta, les toca a los europeos convertir su deseo de emancipación del gas ruso en una exigencia de transición acelerada a las renovables. Esa transición – a la que los países europeos se han comprometido de acuerdo con el protocolo de Kyoto – puede quedar fácilmente saboteada si el mercado se ve invadido de combustibles fósiles baratos producto de la fracturación del lecho de roca norteamericano. Y desde luego, Americans Against Fracking, que dirige la embestida contra la aceleración de las exportaciones de GNL, trabaja estrechamente con sus colegas europeos para impedir que esto suceda. Responder a la amenaza de un calentamiento catastrófico es nuestro más apremiante imperativo energético. Y es que, básicamente, no podemos permitirnos que nos distraiga la última estratagema de mercadotecnia del sector del gas natural impulsada por la crisis. The Guardian, 10 de abril de 2014 Naomi Klein es autora de La doctrina del shock y No Logo, está trabajando en un libro y una película sobre el poder revolucionario del cambio climático.

Augusto Klappenbach / Filósofo y escritor

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l informe de Oxfam recientemente publicado aporta cifras para demostrar lo que todos sabíamos: que la desigualdad en el mundo ha aumentado significativamente en los últimos años y que sigue aumentando, con algunas excepciones como América Latina, que pese a todo sigue siendo uno de los continentes más desiguales. El 1% de la población posee casi la mitad de la riqueza mundial. Siete de cada diez personas viven en países donde la desigualdad económica ha aumentado en los últimos 30 años. Y en nuestro país el número de ricos ha crecido durante la crisis. Muchos analistas no ven nada negativo en este proceso. Según ellos, el crecimiento de los ingresos de los más ricos es una condición necesaria para que los más pobres mejoren su calidad de vida. Lo que importa a los pobres no es la distribución de los ingresos sino la mejora de sus condiciones materiales, y el aumento de la riqueza en la sociedad por medio del enriquecimiento de sus clases altas ayuda a mejorar las condiciones de vida de todos los habitantes. Decir lo contrario, según ellos, proviene de un odio a los ricos fruto de una malsana envidia. Es la teoría del derrame: al llenarse el recipiente de los ricos, el sobrante se derrama de modo que los pobres pueden aprovecharse de él. La realidad es más compleja. Abundantes estudios afirman que ese proceso produce consecuencias económicas perversas, como retrasar el crecimiento, dificultar la reducción de la pobreza relativa a largo plazo, imposibilitar la progresividad fiscal, controlar los medios de comunicación y fomentar la corrupción. Todo ello sin entrar en el tema, que requiere tratamiento aparte, del impacto de la desigualdad en las relaciones internacionales. Pero como los estudios económicos exceden las posibilidades de quien escribe, me limitaré a comentar sus efectos políticos y culturales. Es ya un lugar común afirmar que la actual etapa del capitalismo financiero es incompatible con la democracia. Si bien la democracia entendida etimológicamente como “gobierno del pueblo” no ha sido realizada plenamente en ningún país del mundo, también es cierto que la participación popular en los asuntos públicos ha avanzado considerablemente desde los tiempos de las monarquías absolutas. Imperfecto como es, el régimen democrático obliga a los gobernantes a contar en alguna medida con la opinión pública en la toma de decisiones. Sin embargo, esa voluntad popular está cada vez más mediatizada por grupos de poder que tienen en sus manos los medios de los cuales dependen que sea posible llevar a la práctica las medidas que el pueblo ha votado. La reciente crisis constituye la mejor demostración: el progresivo desmantelamiento que se está haciendo de nuestro precario estado de bienestar no ha sido decidido por los ciudadanos sino por gobiernos que han respondido a los dictados de gestores financieros capaces de imponer sus condiciones. En la medida en que aumenta la desigualdad aumenta también el poder de decisión de esos grupos y el consiguiente retroceso de la democracia. No es un secreto para na-

die que la riqueza es una fuente de poder. Y no solo por la posibilidad de corrupción de la clase política –que también- sino sobre todo porque esos pocos ricos tienen en sus manos los recursos necesarios para financiar las necesidades privadas y públicas, y a ellos hay que acudir para tener acceso a esos recursos. (Lo mismo que les sucedió a los reyes renacentistas para financiar sus guerras). Y cuando ese poder se concentra en pocas manos, la capacidad de decisión de las mayorías populares disminuye en la misma proporción. Es falso que se produzca un derrame proporcional del “cuenco” de los más ricos a la población en general: en un sistema en el cual el derecho de propiedad prima por sobre los intereses comunes, ese grupo cada vez más reducido tiene la posibilidad de invertir su dinero en lo que prefiera, y con mucha frecuencia esa inversión se dirige antes a una especulación improductiva que a financiar las necesidades reales de la sociedad. Pero, además, la desigualdad provoca efectos perversos en la cohesión social. Cuando un trabajador constata que el presidente del Banco en el que cobra su salario gana decenas de veces más que él por un trabajo no más valioso que el suyo, o un jubilado se entera de que los directivos de una entidad se retiran con una indemnización de varios millones después de trabajar menos tiempo que él, será inútil pedirles “esfuerzos solidarios”, como hacen a menudo nuestros gobernantes. Los ciudadanos perciben que las desigualdades no guardan ninguna proporción con el valor del trabajo realizado ni con la capacidad de cada uno: innumerables parásitos dedicados a la especulación viven mucho mejor que un buen fontanero o un médico de urgencias. El mito neoliberal de que el libre mercado asegura el reparto de los recursos según la valía e iniciativa de cada agente económico resulta cada vez más falso, en la medida en que la riqueza se concentra en las actividades especulativas, muchas de ellas perjudiciales para los intereses comunes, y menos en la economía productiva. Y todavía menos en las necesidades básicas de los ciudadanos, como la sanidad, la educación y la atención a la discapacidad, que no cesan de sufrir recortes. Si este panorama continúa extendiéndose, la conflictividad social está asegurada. La progresividad fiscal, por ejemplo, es impensable cuando la riqueza –que, hay que recordar, ha sido producida por el trabajo de todos- se concentra en un sector cada vez más pequeño de los habitantes, lo cual permite amenazar con buscar lugares más acogedores para su capital en caso de que se pretenda gravar sus fortunas, cosa que sería más difícil si esos recursos estuvieran más distribuidos. La eterna promesa nunca cumplida que hicieron varios dirigentes de la Unión Europea de gravar las transacciones financieras –lo que se ha llamado la tasa Tobin- demuestra la asimetría de las obligaciones fiscales: se paga un impuesto al comprar una barra de pan pero la especulación financiera está exenta de cargas impositivas. Además, Sin contar con la presión que el poder económico tiene sobre los gestores políticos, tan viejo como el mundo, y que aumenta en la medida en que la riqueza se concentra en pocas manos.Público, 12 abril, 2014.


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¡Adiós Gabo! Dedicamos con pesar ésta entrega a rendirle tributo a Gabriel García Márquez, colombiano y mexicano. Nada será lo mismo sabiendo que ya no está en la ciudad aquél joven que llegó a éstas tierras sin más equipaje que su talento prodigioso y el paisaje de su pueblo inscrito en la memoria. Se hizo uno más entre todos y, luego, nos asombró con sus obras. Pudo apoltronarse en el Mito, pero se resistió a no ser más el afable conversador atrapado en esa historia seca, intemporal y “mágica”, aprendida a golpes de buen periodismo, solidaridad fraternal e imaginación que se nutre y recrea de la palabra escrita. A la hora de los homenajes (los que en vida eludió sin que fueran injustos) Gabriel, el Premio Nobel, es Gabo, el hombre humilde que se hizo querer incluso por los no lectores. De sus novelas, cuentos y grandes crónicas la opinión general es inmejorable: Gabo está a la altura de los clásicos, pero la unanimidad titubea cuando se trata de las amistades políticas, por no hablar de las ideas e ideales que mantuvo en las buenas y en las malas durante una larga vida plena de vivencias, asumidas con coherencia, sentido del humor y sensatez. De la relación entre el novelista y Fidel Castro se han destilado toda suerte de comentarios que no escapan al azoro o al franco desprecio, apenas oculto por la rendición obligada ante el oráculo literario, como si las razones de García Márquez resultaran impropias o indiferentes. Los críticos, a veces cargados de ínfulas, olvidan al hombre, al ser humano y sus motivos. Por eso conviene recordar aquí el retrato honesto de Fidel Castro que aun sacude algunas buenas conciencias. Recogemos también un magnifico texto de Carlos Fuentes, amigo entrañable de Gabo, en el que da cuenta de esa larga trayectoria común. Con su acostumbrada brillantez, Fuentes recrea momentos extraordinarios que muestran al Gabo cercano y personal en el que habitaba el gran escritor. Publicado en distintos medios, hemos tomado esta versión de la red donde el diálogo entre ambos se mantiene y multiplica. Sirva esta edición como expresión de dolor y reconocimiento. ASR.


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El Fidel que creo conocer Gabriel García Márquez: C

uando habla con la gente de la calle, la conversación recobra la expresividad y la franqueza cruda de los afectos reales. Lo llaman: Fidel. Lo rodean sin riesgos, lo tutean, le discuten, lo contradicen, le reclaman, con un canal de trasmisión inmediata por donde circula la verdad a borbotones. Es entonces que se descubre al ser humano insólito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. • Su devoción por la palabra. • Su poder de seducción. le • Va a buscar los problemas donde estén. • Los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo. • Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos. • Dejó de fumar para tener la autoridad moral para combatir el tabaquismo. • Le gusta preparar las recetas de cocina con una especie de fervor científico. • Se mantiene en excelentes condiciones físicas con varias horas de gimnasia diaria y de natación frecuente. • Paciencia invencible. • Disciplina férrea. • La fuerza de la imaginación lo arrastra a los imprevistos. • Tan importante como aprender a trabajar es aprender a descansar. Fatigado de conversar, descansa conversando. • Escribe bien y le gusta hacerlo. • El mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo. • La tribuna de improvisador parece ser su medio eco-

lógico perfecto. Empieza siempre con voz casi inaudible, con un rumbo incierto, pero aprovecha cualquier destello para ir ganando terreno, palmo a palmo, hasta que da una especie de gran zarpazo y se apodera de la audiencia. Es la inspiración: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que sólo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo. • Es el antidogmático por excelencia. • José Martí es su autor de cabecera y ha tenido el talento de incorporar su ideario al torrente sanguíneo de una revolución marxista. • La esencia de su propio pensamiento podría estar en la certidumbre de que hacer trabajo de masas es fundamentalmente ocuparse de los individuos. Esto podría explicar su confianza absoluta en el contacto directo. • Tiene un idioma para cada ocasión y un modo distinto de persuasión según los distintos interlocutores. Sabe situarse en el nivel de cada uno y dispone de una información vasta y variada que le permite moverse con facilidad en cualquier medio. • Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para ganar. • Su actitud ante la derrota, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria. • Nadie puede ser más obsesivo que él cuando se ha propuesto llegar a fondo a cualquier cosa.

• No hay un proyecto colosal o milimétrico, en el que no se empeñe con una pasión encarnizada. Y en especial si tiene que enfrentarse a la adversidad. Nunca como entonces parece de mejor talante, de mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: Las cosas deben andar muy mal, porque usted está rozagante. • Las reiteraciones son uno de sus modos de trabajar. Ej.: El tema de la deuda externa de América Latina, había aparecido por primera vez en sus conversaciones desde hacía unos dos años, y había ido evolucionando, ramificándose, profundizándose. Lo primero que dijo, como una simple conclusión aritmética , era que la deuda era impagable. D espués aparecieron los hallazgos escalonados: las repercusiones de la deuda en la economía de los países, su impacto político y social, su influencia decisiva en las relaciones internacionales, su importancia providencial para una política unitaria de América Latina... hasta lograr una visión totalizadora, la que expuso en una reunión internacional convocada al efecto y que el tiempo se ha encargado de demostrar. • Su más rara virtud de político es esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas...pero esa facultad no la ejerce por iluminación, sino como resultado de un raciocinio arduo y tenaz. Su auxiliar supremo es la memoria y la usa hasta el abuso para sustentar discursos o charlas privadas con raA PÁGINA 6


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ciocinios abrumadores y operaciones aritméticas de una rapidez increíble. Requiere el auxilio de una información incesante, bien masticada y digerida. • Su tarea de acumulación informativa principia desde que despierta. Desayuna con no menos de 200 páginas de noticias del mundo entero. Durante el día le hacen llegar informaciones urgentes donde esté, calcula que cada día tiene que leer unos 50 documentos, a eso hay que agregar los informes de los servicios oficiales y de sus visitantes y todo cuanto pueda interesar a su curiosidad infinita. • Las respuestas tienen que ser exactas, pues es capaz de descubrir la mínima contradicción de una frase casual. • Otra fuente de vital información son los libros. Es un lector voraz. Nadie se explica cómo le alcanza el tiempo ni de qué método se sirve para leer tanto y con tanta rapidez, aunque él insiste en que no tiene ninguno en especial. Muchas veces se ha llevado un libro en la madrugada y a la mañana siguiente lo comenta. Lee el inglés pero no lo habla. Prefiere leer en castellano y a cualquier hora está dispuesto a leer un papel con letra que le caiga en las manos. • Es lector habitual de temas económicos e históricos. Es un buen lector de literatura y la sigue con atención. • Tiene la costumbre de los interrogatorios rápidos. Preguntas sucesivas que él hace en ráfagas instantáneas hasta descubrir el por qué del por qué del por qué final. • Cuando un visitante de América Latina le dio un dato apresurado sobre el consumo de arroz de sus compatriotas, él hizo sus cálculos mentales y dijo: Qué raro, que cada uno se come cuatro libras de arroz al día.

CORREO del SUR • Su táctica maestra es preguntar sobre cosas que sabe, para confirmar sus datos. Y en algunos casos para medir el calibre de su interlocutor, y tratarlo en consecuencia. No pierde ocasión de informarse. • Durante la guerra de Angola describió una batalla con tal minuciosidad en una recepción oficial , que costó trabajo convencer a un diplomático europeo de que Fidel Castro no había participado en ella. El relato que hizo de la captura y asesinato del Che, el que hizo del asalto de la Moneda y de la muerte de Salvador Allende o el que hizo de los estragos del ciclón Flora, eran grandes reportajes hablados. • Su visión de América Latina en el porvenir, es la misma de Bolívar y Martí, una comunidad integral y autónoma, capaz de mover el destino del mundo. • El país del cual sabe más después de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo. • En una entrevista de varias horas, se detiene en cada tema, se aventura por sus vericuetos menos pensados sin descuidar jamás la precisión, consciente de que una sola palabra mal usada, puede causar estragos irreparables. Jamás ha rehusado contestar ninguna pregunta, por provocadora que sea, ni ha perdido nunca la paciencia . • Sobre los que le escamotean la verdad por no causarle más preocupaciones de las que tiene: Él lo sabe. A un funcionario que lo hizo le dijo: Me ocultan verdades por no inquietarme, pero cuando por fin las descubra me moriré por la impresión de enfrentarme a tantas verdades que han dejado de decirme. Las más graves, sin embargo, son

las verdades que se le ocultan para encubrir deficiencias, pues al lado de los enormes logros que sustentan la Revolución -los logros políticos, científicos, deportivos, culturales- hay una incompetencia burocrática colosal que afecta a casi todos los órdenes de la vida diaria, y en especial a la felicidad doméstica. • Cuando habla con la gente de la calle, la conversación recobra la expresividad y la franqueza cruda de los afectos reales. Lo llaman: Fidel. Lo rodean sin riesgos, lo tutean, le discuten, lo contradicen, le reclaman, con un canal de trasmisión inmediata por donde circula la verdad a borbotones. Es entonces que se descubre al ser humano insólito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer: Un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal. Sueña con que sus científicos encuentren la medicina final contra el cáncer y ha creado una política exterior de potencia mundial, en una isla 84 veces más pequeña que su enemigo principal. • Tiene la convicción de que el logro mayor del ser humano es la buena formación de su conciencia y que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el mundo y empujar la historia. • Lo he oído en sus escasas horas de añoranza a la vida, evocar las cosas que hubiera podido hacer de otro modo para ganarle más tiempo a la vida. Al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunté qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, y me contestó de inmediato: pararme en una esquina. En: http://fidelcastro.cubasi.cu/testimonios.asp


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Gabo: amigos de los amigos Carlos Fuentes

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migos de los amigos. Digo en mi libro En esto creo: “Lo que no tenemos lo encontramos en el amigo”. Gabo y yo compartimos muchas amistades y algunas enemistades. En la política, son inevitables las diferencias de opinión y la prueba de la amistad es que lo que podría separarnos nos une aún más: el respeto. Dejo de lado a nuestra conflictiva latinoamericanidad, pensando a veces que la América Latina sólo se concibe a sí misma, política y económicamente, como un problema que obliga al mundo a fijarse en nosotros y, una y otra vez, rescatarnos de nuestra propia incompetencia.  A Gabo le fascina el fenómeno del poder y El otoño del patriarca no sólo da fe, sino que encarna en todas las direcciones la picaresca y la tragedia del poder. Desde mi punto de vista, en nuestra relación con hombres de poder, destacaría tres. Con Francois Mitterrand, un demonio de inteligencia, cultura literaria y maquiave-

lismo político. En sus memorias, La paja y el grano, Mitterrand recuerda que fue otro queridísimo amigo común, Pablo Neruda, quien le dijo: “Lea inmediatamente Cien años de soledad. Es la más bella novela producida por la América Latina desde la pasada guerra”. Mitterrand conoce a García Márquez y escribe: “Es un hombre idéntico a su obra. Cuadrado, sólido, risueño y silencioso”. Con William Styron, Arthur Miller y García Márquez, asistí a la rumbosa inauguración del Presidente Mitterrand en mayo de 1981. Durante el almuerzo de Estado en el Elíseo, el nuevo presidente nos pidió que lo acompañáramos a su despacho a fin de atestiguar su primer acto de gobierno: firmar sendos decretos otorgándoles la nacionalidad francesa a Milan Kundera y a Julio Cortázar, ambos exiliados por las dictaduras, comunista la de Praga, fascista la de Buenos Aires. La cultura literaria de un presidente francés nunca sorprende. Neruda me contó que sus reuniones con el presidente Pompidou, siendo Pablo embajador de Chile en Francia, tenían como

pretexto discutir la política económica del Club de París, pero en realidad eran largas pláticas sobre la poesía de Baudelaire. Lo que sorprende es que un presidente de los Estados Unidos lea libros. Cosa que descubrimos Gabo y yo una noche en Martha’s Vineyard, escuchando a Bill Clinton recitar de memoria pasajes enteros de Faulkner, demostrar que él sí había leído el Quijote y por qué Marco Aurelio era su autor de cabecera. Pregunta innecesaria: ¿Qué habrá leído Bush? Y para cerrar el capítulo político, otro lector-estadista: Felipe González, un hombre que habla como un libro porque piensa como un libro porque ha leído todos los libros y sin embargo -oh Mallarmé- no está triste. Digo que amigos y enemigos literarios Gabo y yo hemos tenido -no siempre compartido- muchos. Pero mirando nuestra vida de capítulos intercambiables, creo que hay un amigo escritor o mejor dicho un escritor amigo de ambos al que Gabo y yo colocamos por encima de todos. Es Julio Cortázar y creo que ni Gabo ni yo seríamos lo que somos o lo que aun quisiéramos ser sin la radiante amistad del Gran Cronopio. En Cortázar se daban cita el genio literario y la modestia personal, la cultura universal y el coraje local (“Las Malvinas son argentinas -solía decir-. Los desaparecidos también”). Lo había leído todo, visto todo, sólo para compartirlo todo. Una de las noches inolvidables de nuestra amistad ocurrió en el tren París-Praga en diciembre de 1968. Íbamos invitados por Kundera a mantener la ficción -es decir, la esperanza- de una cultura checa independiente en un país rodeado de tanques soviéticos. Cortázar fue hilvanando temas como un cuentista árabe de la plaza de Marrakech. Recordó todas las novelas que sucedían en trenes, enseguida las películas en trenes y por último, a partir del swing de Glenn Miller, el ritmo de locomotora del jazz y, en particular, una memoria asombrosa de la relación entre el jazz y el piano... Cuando llegamos de madrugada a Praga, nos esperaba en la estación Kundera, nos llevó a Gabo y a mí a un sauna y cuando pedimos una ducha para quitarnos el calor, Milan nos condujo al río Ultava y nos empujó, encuerados como lombrices, al agua congelada. Recuerdo el comentario de Gabo cuando salimos morados del río: “Por un instante, Carlos, creí que íbamos a morir juntos en la tierra de Kafka”. Vida y muerte. Cuando murió Cortázar, llamé a García Márquez, conmovido por la desaparición de nuestro incomparable amigo. Gabo me contestó, memorablemente: -No creas todo lo que lees en los periódicos. Es cierto: no hay mortalidad en la literatura. Oír a Gabo hablar de libros y autores es oírle hablar de lo más vivo, lo más próximo, lo más entrañable. Gabriel posee una memoria poética fabulosa, hecho que -entre otros- le envidio como se lo envidio a Carlos Monsiváis (capaz de pasar una tarde con Neruda haciendo conversación sin otras palabras que citas de la poesía de Neruda); a Chema Pérez Gay (que además cita a Holderlin, Goethe y Rilke en alemán); o a Antonia Fraser, que memoriza un poema cada noche. Gabo se sabe de memoria la poesía de Garcilaso (“Escrito está en mi alma vuestro gesto/ y cuanto escribir de vos deseo/ vos sola lo escribisteis, yo lo leo/ tan solo, que aun de voz me

guardo en esto”). A veces, García Márquez deja entrever la literatura que se guarda. Es Kafka y La Metamorfosis la lectura que lo precipitó angustiado y anhelante en la escritura. Es Faulkner y la convicción de que el presente empezó hace diez mil años. Es Rulfo y el clamor de los silencios. Y es, sorpresivamente, Dumas y El Conde de Montecristo como fábula de fábulas que encierra el enigma del enigma: ¿cómo escapar de la prisión del Castillo de If? Que el lector se ponga a pensar y verá cómo las combinaciones posibles son infinitas, tan infinitas como la lectura. Gabriel García Márquez y Alejandro Dumas y Franz Kafka: cómo entrar al Castillo, cómo salir del Castillo. La llave se llama la literatura. Pero ella también está escondida. Está en la isla del tesoro. No la de Stevenson, sino la de Defoe, autor preferido de García Márquez no tanto por el Robinson sino por El diario del año de la cólera. El título lo dice todo. El Robinson de Gabo es el del muy admirado Coetzee: una noticia falsa que alguien le cuenta a Defoe. Mi Robinson es el de Buñuel: el solitario gritando desde la cumbre de la montaña para escuchar el eco de su voz y sentirse acompañado. Sitios de la memoria. La Barcelona de la Gauche Divine, Carlos Barral y los Goytisolo, “Rosa Regás, Qué buena estás” y nuestros tres monstruólogos, Cecilia, Rodrigo y Gonzalo, rondando los cines de Sarriá a los diez años en busca de películas de Frankenstein y Drácula, como si intuyeran algo que los demás explicábamos con demasiada lógica: La España de Franco. La ciudad de México, donde Gabo y yo nos hacemos cruces tratando de entender rebeliones, asesinatos, brujas, entierros, tapados, destapados hasta que García Márquez, salutariamente, va al Museo de Antropología, se para diez minutos frente a la mole de la Diosa Madre Coatlicue con su falda de serpientes y se retira diciendo: “Ya entendí”. ¿Qué entendimos? En los cafés de París, en los bares de Venecia, entre tapas de Madrid y caminatas en Oviedo, que la realidad es siempre más novelesca que la ficción. De allí que la ficción deba superar, no a la realidad, sino a la ficción de la realidad. Dura, dolorosa realidad de la patria colombiana, tan orgullosa de Gabo, donde en las calles de su adorada Cartagena le saludan: “Adiós, Don Nobel”. Una patria secuestrada, acribillada, prostituida, extenuada, engañada. Con razón Gabo encuentra en México una segunda patria que para él es todo lo que no es para muchos mexicanos: un remanso, un acierto, una seguridad. Tal es su voluntad mexicana y yo, mexicano, su amigo, no tengo más remedio que respetarla. Porque al fin y al cabo, junto con nuestras esposas y nuestros hijos, nuestros amigos y nuestra Mamá Grande, Papisa y Regazo de Todo Mal, Carmen Balcells, nuestra memoria es nuestro respeto y nuestro respeto eso que los latinos llamaban verecundia, el honor debido a quienes queremos. O como diría Bob Hope, “gracias por la memoria”. Así es: Vivir para contar. Y saber que hoy Colombia, gobernada por nuestro común amigo Juan Manuel Santos, se encamina a la paz y México, en año electoral (2012), va rumbo a una renovación colectiva que supera a partidos y a candidatos. Vivir para contar.


100 de las grandes compañías registradas por “Fortune” también reciben los mayores privilegios Aaron Cantu*

a poderosas corporaciones en forma de exenciones impositivas, subvenciones, uchos de nosotros somos cons- préstamos y subsidios—que algunos han cientes de que el gobierno da llamado “bienestar corporativo”. Sin emmontañas de dinero en efectivo bargo, poco ha sido revelado acerca de cómo tanto dinero es desviado por Washington para mega negocios. Hasta ahora. Una nueva iniciativa llamada “Open the Books”, con sede en Illinois, ha sido fundada con la misión de dar transparencia sobre como se gasta el presupuesto federal.

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CORREO del SUR Director General: León García Soler

Y lo que han encontrado es escandaloso. Entre 2000 y 2012, las 100 más grandes empresas de la lista Fortune recibieron $ 12 mil billones del gobierno. Esto no incluye todos los miles de millones de dólares repartidos para negocios en viviendas, autos y banca en 2008-2009 ni incluye los subsidios al etanol para los agronegocios, ni las exenciones impositivas para los fabricantes de turbinas de viento. Lo que revela el próximo informe de “Open the Book” es que los más onerosos contratos entre el gobierno y las firmas privadas fueron los contratos de adquisiciones militares, incluyendo Lockheed Martin ($392 miles de millones), General Dynamics ($170 miles de millones), y United Technologies ($73 miles de millones). Después de los contratos militares, $21,8 miles de millones fueron concedidos a receptores corporativos en forma de subsidios directos, literalmente transferidos

en metálico desde los bolsillos de los contribuyentes a las más grandes corporaciones. El mayor receptor fue General Electric (GE)($380 miles de millones), seguido de General Motors (GM) ($370 miles de millones), Boeing (BA) ($264 miles de millones), ADM ($ 174 miles de millones) y United Technologies ($160 miles de millones). $ 8,5 miles de millones de subsidios federales fueron también entregados a los gigantes petroleros Chevron y Exxon Mobile y $ mil millones fueron directamente a Archer Daniels Midland, un agronegocio gigante. Por supuesto los bancos también consiguieron su trozo del pastel: $ 10 mil millones en seguros federales fueron a Bank of America, Citigroup, Wells Fargo, JPMorgan Chase, sin incluir ninguno de los auxilios financieros del 2008. Walmart disfrutó también su parte de los seguros federales a la banca. Gracias a “Open the Books” el telón ha sido levantado y todo el país puede ahora ser testigo de la gran exacción de las corporaciones americanas. Como el fundador de “Open the Books” Adam Andrzejewski dijo: Mitt Romney estaba equivocado: “cuando llegas a los 100 de Fortune, hay un 99% no un 47% de que recibas alguna forma de dinero fácil del gobierno”. *Aaron Cantu es un periodista independiente que reside en Brooklyn.

Suplemento dominical de Director: Adolfo Sánchez Rebolledo

Diseño gráfico: Hernán Osorio


Correo Del Sur No 383