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Número 381 Abril 6, 2014

Batacazo francés / Dos pasos atrás en telecomunicaciones / El imperio del caos y la estupidez / Barack Obama y la transparencia

Un escritor y un país en el laberinto de la soledad

Elegía


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CORREO del SUR

Dos pasos atrás en telecomu La iniciativa de Peña Nieto Raúl Trejo Delarbre*

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urante demasiado tiempo las telecomunicaciones y la radiodifusión han sido un problema y no un recurso de la sociedad mexicana. Abundantes concesiones en manos de unos cuantos, televisión y radio hipotecadas fundamentalmente a intereses mercantiles, servicios telefónicos acaparados por muy pocos, tarifas excesivamente caras y velocidades de transmisión o indicadores de servicio injustificablemente bajos, han constituido un panorama de ineficiencias y atropellos que los mexicanos hemos padecido pero a los que nunca nos hemos resignado. Por eso fue tan bien recibida la reforma constitucional para las telecomunicaciones y la radiodifusión. A diferencia del modelo comercial que había dominado en tales sectores, a esas actividades se les consideró como servicios públicos. El Estado, en consecuencia, se obliga a garantizarlos y a propiciar que sean ofrecidos en condiciones de calidad. Para ello se auspician la competencia y la diversidad y por tanto la regulación para que tales condiciones sean posibles. La que se promulgó el 11 de junio de 2013 fue una reforma constitucional que puso en el centro el interés de la sociedad. Lamentablemente, muy lamentablemente, la iniciativa del presidente de la República para crear una nueva Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión propone retroceder respecto de esas garantías en por lo menos tres sentidos. Esa iniciativa, en primer lugar, pretende la restauración del presidencialismo autoritario en el manejo de los medios de comunicación. El gobierno se adjudica la supervisión de contenidos en la radio y la televisión, llevándonos de regreso a épocas que considerábamos superadas por el desarrollo político del país. Peor aún: las reglas para la supervisión de contenidos y no solamente su aplicación serían establecidas por la Secretaría de Gobernación, suplantando facultades del Poder Legislativo. El talante autoritario de la iniciativa se manifiesta además en la obligación que impone a los operadores de telefonía para interceptar llamadas y localizar personas sin que para ello hiciera falta orden judicial. Y, en otro de sus apartados máss preocupantes, a los proveedores de servicios de Internet les asigna el deber de bloquear contenidos a petición de cualquier autoridad prescindiendo, también en esos casos, de orden judicial. La iniciativa presidencial implica, en segundo lugar, restricciones severas a derechos cardinales de la sociedad. No sólo se posterga la reglamentación del derecho de réplica. Además derechos como los que todos tenemos a recibir de los medios de comunicación mensajes que no sean engañosos, a la integridad de los contenidos audiovisuales, a que las frecuencias de televisión y radio no queden abrumadas por mensajes comerciales o a que se garantice la privacidad de las personas, son inexistentes en esa propuesta. Al mismo tiempo se margina a los medios comunitarios e indígenas y se incumplen las disposiciones constitucionales para que tengamos medios públicos autónomos, robustos y capaces de ofrecerle a la sociedad la programación diferente que no encuentra en la televisión y la radio comerciales. Las omisiones acerca de los medios públicos constituyen una de los insuficiencias más graves en la iniciativa presidencial. No se reglamentan las garantías de independencia editorial, autonomía de gestión financiera, participación ciudadana ni de opciones de financiamiento que, entre otras, les asigna la reforma constitucional a los medios de carácter público. Y al nuevo organismo para difundir radiodifusión pública en todo el país se le despoja de la autonomía que la confiere la Constitución. La iniciativa presidencial sujeta a ese organismo a la jurisdicción de la Secretaría de Gobernación y a una junta de gobierno que estaría controlada por el presidente de la República. El Consejo Ciudadano de ese organismo, que en la reforma

constitucional tiene tanta relevancia que su integración queda a cargo del Senado de la República, en la iniciativa queda reducido a una instancia de consulta sin injerencia directa en la política editorial. Tampoco se precisa que el organismo de radiodifusión pública tendrá a su cargo al menos un canal de televisión y una cadena radiofónica, ambos de cobertura nacional. El menosprecio de esa iniciativa por los medios públicos es tan palmario que al nuevo sistema, igual que al resto de los medios públicos, se le prohibe tener ingresos por la venta de espacios comerciales y se le confina a la venta de patrocinios. Peor aún, la Ley propuesta para ese Sistema Público de Radiodifusión establece que los patrocinios ¡no podrán tener una duración mayor de cinco segundos! Imaginemos qué se puede decir en ese lapso. Por ejemplo: “Este programa cultural es patrocinado por el Senado de la Rep…” y nada más. Como es difícil creer que disposiciones como esa se deban a tontería de sus redactores y promotores, tenemos que suponer que entre los rasgos cardinales de la propuesta presidencial se encuentra un profundo desprecio por los medios públicos y un consumado desinterés por la construcción de contrapesos y nuevas opciones a la social y culturalmente costosa hegemonía de las corporaciones de radiodifusión privada, especialmente las empresas Televisa y Televisión Azteca. Allí se encuentra precisamente el tercer rasgo que define el perfil antisocial de la propuesta del presidente de la República. Se trata de una iniciativa diseñada, o acaso reconfigurada, de acuerdo con el interés de

que recupera las pautas constitucionales para regular a las telecomunicaciones. No se trata de igualar esas normas a la baja, retirando disposiciones que acotan el crecimiento y atajan algunos de los excesos de Telmex y Telcel. Lo pertinente es atender a las disposiciones constitucionales en toda la regulación, sin beneficiar a las televisoras con intencionales y acaso interesados olvidos como los que abundan en la propuesta presidencial. Las televisoras de todos modos no están conformes con el régimen preferencial que les asigna la propuesta del Presidente. Algunos de sus voceros presentan objeciones ante derechos de la sociedad como el derecho de los suscriptores de televisión de paga a recibir en tales servicios las señales de la televisión abierta. Argumentan las empresas televisoras que al proporcionar sin pago esas señales son afectados los derechos de autor de compositores, músicos o guionistas, entre otros creadores. Ojalá que esas corporaciones mediáticas fueran realmente respetuosas del derecho de autor porque no lo han sido en numerosos casos plenamente documentados. Pero cuando la televisión abierta transmite contenidos lo hace utilizando espectro radioeléctrico que es propiedad de la nación y cuyo empleo, si bien concesionado, no se ejerce al antojo del concesionario. Por lo demás, las empresas de televisión restringida también podrían reclamar a la televisión abierta que les pagaran por difundir sus contenidos con todo y anuncios comerciales. Si la televisión abierta compartiera así sus ganancias publicitarias (o si las compartiera

esas televisoras. En esa iniciativa se reduce a la reforma constitucional cuando se establece que para declarar preponderante a una empresa en el campo de la radiodifusión se tomará en cuenta únicamente a la audiencia y no elementos como el tráfico en sus redes o la capacidad utilizada de instalaciones como indican las enmiendas promulgadas en junio pasado. RTD en Foro Senado 2 abr 14 A contracorriente de aquella reforma, la propuesta del presidente Enrique Peña Nieto mide con una vara magnánima a las televisoras aun-

proporcionalmente con los músicos, guionistas y actores a los que dice defender) estaría en condición de exigir. De otra forma, se trata de mera palabrería respaldada en la noble causa del derecho de autor. Me he detenido en esas secuelas de la disputa por el must carry y el must offer porque describen el comportamiento que las televisoras comerciales han tenido durante décadas respecto de la sociedad mexicana y del servicio que le ofrecen. Esas empresas a menudo consideran que el espectro radioeléctrico es propiedad


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unicaciones. El imperio del caos suya. Por eso han boicoteado la llegada de nuevas televisoras, acaparan la televisión restringida, rechazan a los medios públicos, abominan de los comunitarios y promueven legislaciones a modo con tales prejuicios e intereses. Están en su derecho para hacerlo. Pero lo que resulta verdaderamente inaceptable es que el gobierno federal se mimetice con tales posturas, consagrándolas en su iniciativa de ley. Con el respaldo a la reforma constitucional del año pasado, los partidos y el gobierno dieron un muy importante paso adelante. Ahora el gobierno –ojalá que con el rechazo de los partidos— da dos pasos atrás respecto de esa reforma. No estamos ante un comportamiento leninista sino, por las implicaciones que tiene en el reforzamiento del presidencialismo autoritario, ante una iniciativa de ley tendencialmente estalinista. Señoras y señores senadores: agradezco la invitación que me dirigieron para participar en este foro. Los puntos de vista que he presentado coinciden con los que están difundiendo diversas organizaciones académicas, profesionales y especializadas en el derecho a la comunicación. La iniciativa del presidente Enrique Peña Nieto ha tenido la infrecuente capacidad de concitar un rechazo significativamente amplio. Nadie la respalda, a excepción de consorcios que se benefician con ella o de puntos de vista que solamente toman en cuenta las implicaciones de esta propuesta en un campo específico de las telecomunicaciones. Me parece, señoras y señores senadores, que junto con argumentos como los aquí presentados tendría que resultarles significativo ese extenso consenso en contra de la propuesta del presidente de la República. Quizá ese consenso no se manifiesta del todo en este foro, en donde de acuerdo con el programa que se ha conocido son mayoría las voces del campo empresarial. En todo caso estoy seguro de que, entre ustedes, habrá quienes reconozcan que para enmendar con toda responsabilidad esta iniciativa no hacen falta opiniones numerosas sino argumentos puntuales. Eso es lo que he venido a ofrecerles. La iniciativa presidencial se contrapone abierta y reiteradamente con la Constitución. Si fuese aprobada sin reformas significativas sería candidata a muy promisorias demandas de

inconstitucionalidad. Así que háganle a la sociedad, a los usuarios de servicios telefónicos, a los televidentes y radioescuchas, al Poder Judicial, al propio Legislativo, hágannos el servicio de enmendar con toda seriedad esta iniciativa para evitar que de nuevo involucionemos al pantano de las contradicciones e insuficiencias jurídicas que tanto daño han hecho a la radiodifusión y a las telecomunicaciones en nuestro país. *Participación en el Foro “Análisis de las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones y radiodifusión”. Senado de la República, 2 de abril de 2014.

y la estupidez

Rafael Poch Cómo la aventura occidental en Ucrania contribuye a una nueva bipolaridad crania confirma que entramos de lleno en la fase de los “imperios combatientes”, fase superior de la estupidez humana en el siglo XXI. En Occidente, el “Imperio del caos”, con Estados Unidos en primer lugar (ahí están sus obras a la vista; Irak, Afganistán, Libia y Siria), continúa dispuesto a seguir afirmándose militarmente. En Europa, la Unión Europea se confirma como su fiel compañero y pese a la crisis que merma sus presupuestos militares, busca ampliar su presencia en África y Europa Oriental, mientras Alemania sale del armario reivindicando abiertamente el control militar de recursos globales y una “política exterior más activa”. El único programa que este “Imperio del caos” ofrece a los imperios emergentes de Oriente, los BRICS como Rusia y China, es la “completa sumisión”, explica Samir Amin, pero ni Rusia ni China aceptan ese programa. En Ucrania Rusia ha dicho basta. Estaba dispuesta a convivir con una Ucrania neutral, pero no con un protectorado occidental enfocado contra ella, algo que rompe a ese país por la mitad y le empuja al conflicto interno. Vía la anunciada privatización del sector energético ucraniano, los grifos de las venas por las que fluye el grueso de la exportación energética rusa quedarán en manos de Estados Unidos (empresas como Chevron están en ello), y la inequívoca perspectiva de ingreso en la OTAN convierte el cerco militar en tierra ancestral rusa en un agravio insoportable. La rebelión de Rusia supone un vuelco en la conducta de ese país durante más de veinte años, siempre cediendo tras la violación de líneas rojas permanentemente marcadas por Moscú y traspasadas sin ceremonias por Euroatlántida. Ese vuelco es visto como un desafío intolerable que hay que castigar ejemplarmente, pero para Moscú no tiene vuelta atrás, sin arriesgarse a un desmoronamiento del régimen de Putin. “Lo importante no es Ucrania en sí, sino el desafío que el vuelco supone”, dice Fedor Lukianov. La revisión de los “resultados” de la guerra fría es inadmisible en Occidente. Aquel resultado que Gorbachov imaginó como un acuerdo entre caballeros con miras a construir una seguridad continental integrada en Europa (Carta de París, noviembre de 1990), fue convertido por Euroatlántida en una fullera y arrolladora ofensiva sobre el terreno liberado por uno de los dos gángsteres en beneficio del otro. Los dirigentes rusos estaban entonces demasiado entretenidos en llenarse los bolsillos con la privatización y saqueo del patrimonio soviético. Una mezcla de ingenuidad, desbarajuste, choriceo y espíritu matón. Occidente considera ahora inadmisible revisar aquel excepcional conglomerado y quiere escarmentar a Rusia. Pero ¿cómo hacerlo sin empujarla en brazos de China? Lo de Ucrania apenas está empezando y China ya asoma como ganadora. Su presidente Xi Jinping se pasea esta semana por Europa, inspeccionando el panorama del subimperio occidental; Holanda, Francia, Berlín, Bruselas, un rosario de viejas capitales coloniales unidas, en una orquesta cada vez más desafinada, alrededor del propósito de contrarrestar a los viejos y nuevos imperios emergentes. Los intentos de que China condene a Rusia por Crimea han sido vanos. Pekín se ha abstenido en la poco entusiasta condena de Rusia en la ONU y ha expresado cierta prudente comprensión hacia la actitud de Moscú. “China no tiene intereses privados en la cuestión de Ucrania”, ha dicho Xi en Berlín. La crisis de ese país, “deriva de una historia muy compleja y de reali-

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dades actuales”, ha matizado. Hay similitudes. Si la Rusia de Putin no es la de Yeltsin y Gorbachov, tampoco la actual China de Xi Jinping es la de Deng Xiaoping. La doctrina china, explicó Xi en un acto celebrado el jueves en la Körber Stiftung de Berlín, sigue siendo el rechazo a convertirse en potencia hegemónica. China no quiere tratar a los demás de la forma en que ella misma fue tratada por las potencias occidentales y Japón hasta Mao. Pero Pekín –y esa es la novedad- también está marcando líneas rojas en el Mar de la China y advierte contra el cerco del que ella misma es objeto, mientras el Imperio del Caos pregona el traslado del grueso de sus armadas hacia Oriente. “No queremos ser hegemónicos, pero tampoco nos dejaremos colonizar ni arrollar por otras potencias como ocurrió en el pasado”, respondió Xi el jueves a una pregunta sobre su incrementado presupuesto militar. Como a Rusia, Estados Unidos acecha a China en sus propias barbas. El regreso al conflicto y la tensión en Europa no le viene mal a Pekín. Resta energía al escenario asiático. Aunque Europa no puede pasarse sin el gas ruso, la mera insinuación de represalias contra Moscú en el frente energético, empuja a Rusia hacia China. Las relaciones de Moscú y Pekín son de enorme desconfianza, pero en los últimos años las presiones y agravios euroatlánticos sobre Rusia ya lograron desbloquear y mejorar largos pleitos ruso-chinos sobre el precio y las infraestructuras del gas que China necesita. Hace tiempo que Moscú, crecientemente desengañado de Europa y embarcado en un planteamiento ideológico neocón-eslavo-ortodoxo, mira más hacia Oriente. Pero esa mirada va más allá de China e incluye a adversarios de Pekín en la región, en primer lugar Japón y Corea del Sur, socios y aliados militares de Washington. Moscú tienta con ofertas y proyectos energéticos a Tokio y Seúl, pero Washington presiona para que eso no prospere. El problema es que al disuadir a Japón y Corea del Sur de cualquier negocio energético con Moscú, Estados Unidos aún estrecha más la alianza entre Rusia y China: Convierte lo que podía ser una difusa deriva rusa hacia Oriente, estratégicamente diversificada, en una unilateral y concreta deriva hacia China, es decir algo que consolida un bloque. El cálculo de Pekín es 2020: el pulso con Estados Unidos ya será para entonces militar. Seguramente en Pekín se considera que el Imperio del Caos no les dejará en paz sin mediar una crisis militar. El recurso militar de China –el potencial en el que está invirtiendo su defensa- es cegar a la armada del Imperio del Caos atacando todo el sistema espacial de satélites sin los cuales el principal ejército del mundo ya no puede vencer en una de esas guerras de ordenador con centenares de miles de víctimas en el adversario y cero víctimas en el propio campo a las que está acostumbrado. Para cuando eso llegue, el suministro energético, que hoy le llega a China por vulnerables vías marítimas controladas por el adversario, estará garantizado continentalmente vía Rusia. A la Unión Europea y a Alemania todo esto le viene grande. Bruselas quiere anunciar en junio una estrategia para “disminuir su dependencia energética de Rusia”. Con ello contribuirá a lo mismo: a crear una especie de nuevo mundo bipolar, Euroatlantida contra Eurasia. Ese no es el escenario de Rusia, ni de China, ni de los BRICS en general, pero, por lo visto, es el único programa que maneja el Imperio del Caos. Teniendo en cuenta los retos del siglo; el pico petrolero y demográfico, las enormes incertidumbres que anuncian la desigualdad y el calentamiento global, un verdadero premio Nobel de la estupidez. La Vanguardia, Barcelona, 29/03/2014.


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Elegía A un compañero muerto en el frente de Aragón

I Has muerto, camarada, en el ardiente amanecer del mundo. Y brotan de tu muerte, tu mirada, tu traje azul, tu rostro sorprendido entre la pólvora, tus manos sin violines ni fusiles, desnudamente quietas. Has muerto. Irremediablemente has muerto. Parada está tu voz, tu sangre en tierra. Has muerto, no lo olvido. ¿Qué tierra crecerá que no te alce? ¿Qué sangre correrá que no te nombre? ¿Qué voz madurará de nuestros labios

que no diga tu muerte, tu silencio, el callado dolor de no tenerte? Y alzándote, llorándote, nombrándote, dando voz a tu cuerpo desgarrado, sangre a tus venas rotas, labios y libertad a tu silencio, crecen dentro de mí, me lloran y me nombran, furiosamente me alzan, otros cuerpos y venas, otros ojos de tierra sorprendida, otros ojos de árbol que pregunta, otros negros, anónimos silencios.

II Yo recuerdo tu voz. La luz del Valle nos tocaba las sienes, hiriéndonos espadas resplandores, trcando en luces sombras, paso en danza, quietud en escultura y la violencia tímida del aire en cabelleras, nubes, torsos, nada. Olas de luz, clarísimas, vacías, que nuestra sed quemaban como vidrio, hundiéndonos, sin voces, fuego puro, en lentos torbellinos resonantes. Yo recuerdo tu voz, tu duro gesto, el ademán severo de tus manos; yo recuerdo tu voz adversaria, tu palabra enemiga, tu pura voz de odio, tu tierno, fértil odio, tu frente generosa como un sol y tu amistad abierta como plaza de cipreses severos y agua joven. Tu corazón, tu voz, tu puño vivo, detenidos y rotos por la muerte.

como blanda presunción del agua, prisionera de rocas y negrura.

III Has muerto, camarada, en el ardiente amanecer del mundo. Has muerto cuando apenas tu mundo, nuestro mundo, amanecía. Llevabas en los ojos, en el pecho, tras el gesto implacable de la boca, un claro sonreír, un alba pura. Te imagino cercado por las balas, por la rabia y el odio pantanoso, como tenso relámpago caído,

Te imagino tirado en lodazales, caído para siempre, sin máscara, sonriente, tocando, ya sin tacto, las manos de otros muertos, las manos camaradas que soñabas. Has muerto entre los tuyos, por los tuyos. A la orilla del mundo. 1937

Octavio P


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Un escritor y un país en el laberinto de la soledad Polémico y controversial, el autor de Libertad bajo palabra sigue siendo objeto de disputa y de análisis cruzados. Más allá de su talento literario, su posición política fue la de un individuo convencido de que “el espíritu crítico es la gran conquista de la edad moderna”.

Paz

Silvina Friera

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l poeta mexicano más universal, único Premio Nobel de Literatura de su país en 1990, ha sembrado un espiral de interrogaciones sobre “el olvidado asombro de estar vivos”. Si todo poema es circunstancial y lo perdurable está en la agudeza del discurso poético –como él mismo postulaba–, el centenario del nacimiento de Octavio Paz –que se cumple hoy– y los homenajes que se multiplicarán durante todo este año son circunstancias que suelen imponer una “versión definitiva”, si es que existe algo que pueda darse por concluido. La cuestión se complica más con la torrencial obra de Paz y los vasos comunicantes entre poesía y pensamiento, entre “objetos verbales inacabados” y ensayos; movimientos abiertos a todos los caminos, incluida la experimentación con las vanguardias, el flirteo con el surrealismo francés, la apropiación de las culturas indias y orientales y la tradición. “Oh vida por vivir y ya vivida,/ tiempo que vuelve en una marejada/ y se retira sin volver el rostro,/ lo que pasó no fue pero está siendo/ y silenciosamente desemboca/ en otro instante que se desvanece”, se lee en una estrofa del extenso poema “Piedra de sol”, una joyita compuesta por 584 versos endecasílabos que él definía como una “frase circular”, porque el poema acaba donde comienza o se inicia donde termina. Supo que su destino sería escribir en la adolescencia, mientras leía las páginas de L’amour fou, de André Breton. Paz nació en Mixcoac, México, el 31 de marzo de 1914, durante la Revolución Mexicana. El futuro homo poeticus era hijo de Octavio Paz Solórzano, escribano y abogado que trabajó para Emiliano Zapata y que estuvo involucrado en la reforma agraria que siguió a la revolución. Los contrastes ideológicos estaban en el ADN familiar. Su abuelo paterno, Ireneo Paz, fue novelista y soldado del ejército del dictador Porfirio Díaz. A los dos años llegó a Estados Unidos, donde su padre fue enviado como representante de Zapata. Volvió a México en 1920 para estudiar sucesivamente en el Colegio Williams, en el Colegio Francés Morelos y en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En 1937 viajó a España y en tiempos de la Guerra Civil participó del II Congreso Internacional de Escritores (antifascistas) en Valencia, donde se codeó con Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Vicente Huidobro, Alejo Carpentier, César Vallejo y Raúl González Tuñón, entre otros, en el que expresó su solidaridad con los republicanos. Ahí conoció a muchos poetas de la llamada “generación del ’27”. Un año después de nuevo en México sería uno de los fundadores de la revista literaria Taller, donde escribió hasta 1941. Luego, Beca Guggenheim mediante, rumbearía hacia los Estados Unidos. En 1945 empezó una carrera diplomática que pronto lo llevaría hacia Francia, donde escribió El laberinto de la soledad, un ensayo celebrado como el documento por excelencia de la “mexicanidad”, un estudio heterodoxo de la decantación del proceso histórico en el registro popular del lenguaje. La primera etapa de su poesía está reunida en Libertad bajo palabra (1935-1957). La influencia del surrealismo en Paz no se limitó al automatismo de la escritura espontánea ni a la concepción de la imagen poética como cápsula explosiva por la unión de dos realidades contrarias. Para el poeta mexicano fue decisiva “la idea de poesía como actividad subversiva” a un tiempo crítica del mundo y medio de conocimiento, destrucción de la moral y la lógica imperante y visión suprema de la realidad. En el prólogo de Los hijos del limo (1974) plantea que “un poema es un objeto hecho del lenguaje, los ritmos, las A PÁGINA 6

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creencias y las obsesiones de este o aquel poeta y de esta o aquella sociedad”. Y añade que “el sentimiento y la conciencia de la discordia entre sociedad y poesía se ha convertido, desde el romanticismo, en el tema central, muchas veces secreto, de nuestra poesía”. En este libro procura describir, desde la perspectiva de un poeta hispanoamericano, el movimiento poético moderno y sus relaciones contradictorias con lo que llamamos modernidad. Clasificar es no entender “Apenas desviamos los ojos de lo poético para fijarlos en el poema, nos asombra la multitud de formas que asume ese ser que pensábamos único. ¿Cómo asir la poesía si cada poema se ostenta como algo diferente e irreductible? La ciencia de la literatura pretende reducir a géneros la vertiginosa pluralidad del poema –plantea Paz en El arco y la lira (1956), libro por el que obtuvo el premio Xavier Villaurrutia–. Por su misma naturaleza, el intento padece una doble insuficiencia. Si reducimos la poesía a unas cuantas formas –épicas, líricas, dramáticas–, ¿qué haremos con las novelas, los poemas en prosa y esos libros extraños que se llaman Aurelia, Los cantos de Maldoror o Nadja? Si aceptamos todas las excepciones y las formas intermedias –decadentes, salvajes o proféticas– la clasificación se convierte en un catálogo infinito. Todas las actividades verbales para no abandonar el ámbito del lenguaje, son susceptibles de cambiar de signo y transformarse en poema: desde la interjección hasta el discurso lógico. No es ésta la única limitación, ni la más grave de las clasificaciones de la retórica. Clasificar no es entender. Y menos aún comprender. Como todas las clasificaciones, las nomenclaturas son útiles de trabajo. Pero son instrumentos que resultan inservibles en cuanto se les quiere emplear para tareas más sutiles que la mera ordenación externa. Gran parte de la crítica no consiste sino en esta ingenua y abusiva aplicación de las nomenclaturas tradicionales. Un reproche parecido debe hacerse a las otras disciplinas que utiliza la crítica, desde la estilística hasta el psicoanálisis. La primera pretende decirnos qué es un poema por el estudio de los hábitos verbales del poeta. El segundo, por la interpretación de sus símbolos. El método estilístico puede aplicarse lo mismo a Mallarmé que a una colección de versos de almanaque. Otro tanto sucede con las interpretaciones de los psicólogos, las biografías y demás estudios con que se intenta, y a veces se alcanza, explicarnos el por qué, el cómo y el para qué se escribió un poema. La retórica, la estilística, la sociología, la psicología y el resto de las disciplinas literarias son imprescindibles si queremos estudiar una obra, pero nada pueden decirnos acerca de su naturaleza última.” El sentido del ritmo “Mi entusiasmo, mi admiración y mi alegría frente a su obra no son actitud de novicio sino de reconocimiento –por fin– de un trabajo profundo y completo sobre algo que es con mucho uno de los fuegos centrales, si no el mismísimo fuego central del hombre”, le escribe Cortázar en una carta fechada en París, el 31 de julio de 1956, luego de leer y releer El arco y la lira. “Octavio, yo creo que usted ha mostrado en su libro lo que

CORREO del SUR me parece ser la característica más profunda del pensador, del ensayista latinoamericano –y muy en especial del mexicano y argentino–. Me refiero a esa posibilidad que nos ha sido dada (y de la que todavía hacemos poco uso) de conocer y de explorar un tema desde todos sus ángulos, sin la reducción inevitable a un modo de pensar, a una cultura dada, que es el signo fatal de los trabajadores europeos”, reflexiona el escritor argentino en esta carta incluida en el segundo tomo de Cartas (Alfaguara). “Lo que usted ha descubierto sobre el ritmo me parece magnífico. No sé si ‘descubierto’ es la expresión justa; lo es, al menos, en lo que a mí se refiere, porque después de leer miles de páginas sobre el ritmo, no encontré ja-

El arco y la lira “bastarían para hacer de esta obra el mejor ensayo sobre poética que se haya escrito en América”. No viene mal recordar que un poema de Paz aparece en el capítulo 149 de Rayuela. Se titula “Aquí”: “Mis pasos en esta calle/ Resuenan/ En otra calle/ Donde/ Oigo mis pasos/ Pasar en esta calle/ Donde/ Sólo es real la niebla”. En “Homenaje a una estrella de mar”, Cortázar subraya que a lo largo de treinta años la obra de Paz “ha sido para mí esta estrella de mar que condensa las razones de nuestra presencia en la Tierra”. Y a continuación, agrega: “Poeta ante todo, es decir, cazador de ser, Paz posee esa rara cualidad que sólo se encuentra en un Valéry o en un T. S. Eliot: el poder de hacer coexistir

más una intuición como la que usted señala y explora: la de que el ritmo es sentido de algo, y que no es medida, sino tiempo original. Y visión del mundo, e imagen del mundo. Cuando se ha entendido esto (y ahora me parece empezar a entenderlo por fin) se derrumban estrepitosamente montones de capítulos retóricos, de vagos esqueletos escolásticos que sobrevivían en nuestros días. Lo mismo le digo del capítulo sobre ‘la imagen’ que es de una riqueza por momentos vertiginosa. Eso, y toda la parte titulada ‘La otra orilla’ son para mí los momentos fundamentales de su libro, las grandes noticias que nos trae usted de las alturas y las profundidades”, agrega un Cortázar exultante que, más adelante, en la misma carta, plantea que cree que las dos primeras partes de

paralelamente y sin choques –puesto que a partir de Einstein hemos aprendido que las paralelas acaban por encontrarse– el canto poético y la reflexión analítica”. La libertad de pensar Los centenarios son campos de cultivo para presentar autores momificados y reproducir clichés como “defensor de la pluralidad política”. ¿Qué incomodidades del pensamiento político de Paz se buscan escamotear bajo la hilacha de esa supuesta pluralidad? Hay un énfasis inicial “libertario” y romántico que podría homologar al escritor mexicano con Borges. Desde muy joven el autor de poemarios como Salamandra, Blanco, La centenera y Ladera este –todos publicados a lo largo de la década del ’60– denunció

la barbarie nazi de los campos de concentración. Su simpatía inicial por la izquierda y el marxismo declinaría por el socialismo real de la Unión Soviética. Fue en la revista argentina Sur donde el escritor mexicano publicó, en 1951, un informe sobre los gulags soviéticos que le reportaría el extraño mérito de denunciar tempranamente los horrores que luego serían difundidos por la propia alta dirigencia soviética. Su posición política es la de un individuo convencido de que “el espíritu crítico es la gran conquista de la edad moderna”. “Nuestra civilización se ha fundado precisamente sobre la noción de crítica –afirma–. No hay nada sagrado o intocable para el pensamiento excepto la libertad de pensar. Un pensamiento que renuncia a la crítica, especialmente a la crítica de sí mismo, no es un pensamiento. Sin crítica, es decir, sin rigor y sin experimentación, no hay ciencia; sin ella tampoco hay arte ni literatura.” Además de embajador en París, Paz estuvo en Tokio y Nueva Delhi, destino en el que se encontraba en 1968 cuando se produjo la matanza de Tlatelolco contra el movimiento estudiantil, por orden del presidente Gustavo Díaz Ordaz. El escritor y entonces embajador mexicano en la India dimitió de su cargo por solidaridad con las víctimas. En su ensayo El ogro filantrópico (1979), Paz escribe: “El régimen nacido de la Revolución Mexicana vivió durante muchos años sin que nadie pusiera en duda su legitimidad. Los sucesos de 1968, que culminaron en la matanza de varios cientos de estudiantes, quebrantaron gravemente esa legitimidad, gastada demás por medio siglo de dominación interrumpida. A la larga, si no se malogra, la Reforma Política realizará el sueño de muchos mexicanos, sin cesar diferido desde la independencia: transformar al país en una verdadera democracia moderna”. Hay dos revistas fundamentales creadas por Paz: Plural (1971-1976) y Vuelta (1976-1998) con la idea de renovar el panorama cultural mexicano y dar cabida a la poesía, la crítica literaria, la filosofía y el ensayo. Polémico y controversial, en 1984 Paz cuestionó la Revolución Sandinista y grupos de manifestantes en México cantaron la consigna: “Reagan, rapaz, tu amigo es Octavio Paz”, en referencia a la supuesta complicidad con que el poeta allanaba el camino para una invasión norteamericana a Nicaragua. El derrumbe del mundo socialista le había permitido ver con mayor crudeza las inequidades y aberraciones ocasionadas por el capitalismo. Hacia final de su vida, dos años antes de su muerte en 1998, advierte que “la caída de la Unión Soviética nos ha hecho ver ahora con mayor claridad los vicios y defectos de las democracias liberales capitalistas”. “La crítica al sistema que nos rige ha recobrado toda su vigencia y actualidad. El mercado es el motor que mantiene a la economía pero asimismo es la aplanadora que aplasta pueblos y naciones enteras.” En un poema de 1995, “Respuesta y reconciliación”, quizá se pueda condensar el complejo legado de Paz: “Arbol de sangre, el hombre siente, piensa, florece/ y da frutos insólitos: palabras.// Se enlazan lo sentido y lo pensado,/ tocamos las ideas: son cuerpos y son números.// Y mientras digo lo que digo/ caen vertiginosos, sin descanso,/ el tiempo y el espacio. Caen en ellos mismos.// El hombre y la galaxia regresan al silencio.// ¿Importa? Sí –pero no importa:/ sabemos que ya es música el silencio/ y somos un acorde del concierto”. Página 12, Buenos Aires, República Argentina.


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Barack Obama y la transparencia

Amy Goodman y Denis Moynihan

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i administración se compromete a crear un nivel de transparencia del Gobierno sin precedentes”, escribió el Presidente Barack Obama el 29 de enero de 2009, apenas días después de haber asumido la presidencia. Y agregó: “La transparencia fortalecerá nuestra democracia y promoverá la eficiencia y la eficacia del Gobierno”. Hoy, tras seis años de mandato, la “nueva era de transparencia del Gobierno” parece otra gran promesa cínicamente incumplida. Durante el “Sunshine Week”, el evento que la industria de los medios de comunicación celebra cada año para educar a la población sobre la importancia de la transparencia del Gobierno, Associated Press informó que “el año pasado, más que nunca antes en la historia, el Gobierno censuró partes de expedientes gubernamentales o directamente denegó el acceso a ellos al público en virtud de la Ley de Libertad de Información de Estados Unidos (FOIA, por sus siglas en inglés)”. El informe de AP agrega: “El año pasado fue el peor desde que Barack Obama asumió la presidencia en lo que respecta a los esfuerzos del Gobierno de ser más transparente con respecto a sus actividades”. La noticia no tomó por sorpresa a Ryan Shapiro, un estudiante de posgrado del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) que acaba de entablar una demanda a nivel federal contra el FBI, la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) para intentar obtener registros públicos sobre el papel desempeñado por Estados Unidos en el arresto de Nelson Mandela en 1962, que lo harían pasar los siguientes 27 años en prisión. Cuando sus solicitudes de información sobre Mandela, en virtud de la Ley de Libertad de Información, fueron denegadas, Ryan Shapiro decidió entablar una demanda. “Quiero encontrar estos expedientes, en primer lugar, porque me interesa saber por qué la comunidad de inteligencia de Estados Unidos considera-

ba a Mandela una amenaza a la seguridad estadounidense y qué papel desempeñó la comunidad de inteligencia de Estados Unidos en el boicot a la lucha de Mandela por la justicia racial y la democracia en Sudáfrica”. Cuando Shapiro presentó su pedido de información a la NSA para obtener detalles del arresto de Mandela hace más de 50 años, la agencia le respondió: “Con respecto a su solicitud de información de inteligencia sobre Nelson Mandela, hemos determinado que la existencia o inexistencia de los materiales que solicita es actualmente un asunto clasificado”. ¿Medio siglo más tarde? Shapiro también quiere obtener información sobre la inclusión de Mandela en la lista de sospechosos de terrorismo de Estados Unidos hasta 2008, muchos años después de que fuera el primer presidente de Sudáfrica elegido democráticamente y varios años después de haber obtenido no solamente el Premio Nobel de la Paz, sino también la Medalla de Oro del Congreso de Estados Unidos y la Medalla Presidencial de la Libertad, condecoración otorgada por el presidente de Estados Unidos. Le pregunté a Shapiro por qué quería obtener los documentos. “La respuesta está relacionada con una concepción muy estrecha de la seguridad nacional, esta concepción miope que antepone las alianzas militares y el lucro empresarial a los derechos humanos y las libertades civiles”. Por su trayectoria, Shapiro tiene un interés personal en el hecho de que el Gobierno califique a los activistas de “terroristas”. En 2002, participó en un acto de desobediencia civil cuando se infiltró en una granja donde se crían patos para la producción de foie gras: “Los animales están encerrados en jaulas tan pequeñas que no pueden estar de pie, ni moverse ni extender las alas, estas condiciones horrorosas son la regla general en los criaderos industriales. Rescaté o robé abiertamente a los animales de la granja industrial y realicé un documental al respecto. Lo hice como un acto de desobediencia civil,

pero es un delito, por el que tuve que cumplir 40 horas de servicio comunitario”. Desde entonces, buena parte de los estados del país han ido aprobando las denominadas leyes ‘Ag-Gag’ que equiparan este tipo de activismo por los derechos de los animales con actos de terrorismo y pueden implicar penas de prisión severas. Shapiro afirma que la tesis en la que está trabajando, titulada: “Cuerpos en Guerra: animales, la libertad científica y la seguridad nacional en Estados Unidos”, investiga “el uso de la retórica y el aparato de seguridad nacional para marginar a los activistas que protegen los derechos de los animales, desde el siglo XIX hasta la actualidad ”. Para encontrar la respuesta a su investigación, Shapiro necesita acceder a una gran cantidad de documentos públicos. Ha presentado 700 solicitudes ante el FBI, en virtud de la Ley de Libertad de Información, y está en busca de 350.000 documentos clasificados, lo que le ha ganado el mote del solicitante “más prolífico” del Departamento de Justicia. Por su parte, El FBI calificó parte de su tesis como una amenaza a la seguridad nacional. En 2008, cuando Barack Obama estaba en plena campaña electoral, era a menudo presentado como catedrático de derecho constitucional. Como tal, suponemos que estudió las obras de uno de los autores de la Constitución, James Madison, el cuarto Presidente de Estados Unidos, considerado el “Padre de la Declaración de Derechos”. Madison escribió en 1822: “Un gobierno popular, sin información popular ni los medios para obtenerla, no es sino el prólogo de una farsa o una tragedia, o quizá de ambas”. Tras las revelaciones de Edward Snowden acerca del amplio espionaje y vigilancia de la NSA y los pésimos antecedentes de falta de transparencia del Gobierno, el Presidente Obama ya ha sobrepasado trágicamente la farsa. © 2014 Amy Goodman Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org.


Batacazo francés Rossana Rossanda

E

speremos que el solemne porrazo de los socialistas en las elecciones municipales en Francia borre las insulsas sonrisas de las facciones de Renzi y de Barroso, a las que hasta ahora no había rozado la duda de que la política de austeridad seguida por la Comisión favoreciese a las derechas. Y no a las derechas, para entendernos, a lo Monti, sino a las extremas y fascistizantes. Inútil reconocer que así es, y sin fingimientos, el húngaro Viktor Orban, al que ha correspondido durante seis meses la presidencia europea, y lo son también las fuerzas que por todas partes se imponen a los residuos bipolaristas entre una izquierda y una derecha “democráticas”. La última, clamorosa, Francia, donde el domingo [23 de marzo] se votó en 36.000 municipios y el Frente Nacional de Le Pen, antisemita, xenófobo y antieuropeo, no sólo se ha convertido – allí donde se presentaba – en el primer partido sino que ha enviado al Partido Socialista, en cabeza en las presidenciales de hace dos años, no al segundo sino al tercer puesto, mientras el Partido Comunista y el Frente de Izquierda

se deslizan con frecuencia hasta el cuarto. Era de prever, cuando el desempleo y el precariado afectan cuatro millones de franceses, algo no muy diferente de Italia. De un par de años a esta parte, – casi a diario – se deslocaliza y cierra una empresa francesa grande o mediana y el gobierno Hollande, que había ganado comprometiéndose a luchar contra las finanzas, no ha estado en disposición de defender el empleo ni, en general, las empresas, ni siquiera cuando se cerraban o deslocalizaban declarando, sin embargo, pingúes ganancias; los trabajadores salían de los talleres decididos a luchar, encontraban la solidaridad del alcalde si, como era frecuente, la empresa golpeada era también la más importante de muchos pueblos de mediana urbanización. El resultado habitual era que al cabo de tres semanas había que contentarse con negociar los llamados “planos sociales”, otros, y por lo general lejanos, empleos o indemnizaciones, con las condolencias de las centrales sindicales y de los ministerios interesados. A tres días de las elecciones municipales, la semana pasada cerró la Redoute, la más antigua y conocida empresa de confección, que cubría por si sola un enorme porcen-

CORREO del SUR Director General: León García Soler

taje del consumo de clase media, llevando a la ruina a ciudades industriales enteras, erosionando la capacidad adquisitiva de las masas obreras y pequeño burguesas. ¿Todo visible y previsible? Sí, salvo para un gobierno socialista, semejante a nuestro PD, a quien los tratados imponen no intervenir para no perturbar la libre concurrencia y que esperaba arreglárselas con empresas militares costosas y difíciles en el antiguo imperio colonial francés, en Mali y luego en África Central. Mientras tanto, el presidente y el ministro de Exteriores, Fabius, jaleaban recurrir a la mano dura contra Putin en Crimea; como si el conocido nacionalismo del Hexágono pudiese hacer olvidar las condiciones de creciente empobrecimiento. Ayer noche, ante los resultados, todo el equipo socialista caía de las nubes mientras Marine Le Pen se regodeaba en el triunfo de la ola azul que llevaba su nombre. Satisfecha también la UMP de Sarkozy, segura de que el gobierno habría invocado la unidad nacional antifascista, legitimando el voto a la derecha republicana, como ya sucedió en el momento de la caída de Jospin en las presidenciales de los años 90. ¿Reflexionará la Comisión europea? ¿Reflexionarán las ca-

bezas de la UE ante la evidencia de de que la Europa monetaria y rigorista devuelve a la vida a la extrema derecha por vez primera desde el final de la II Guerra Mundial? ¿Y que el Frente Nacional se convierte en el primer partido popular en Francia? ¿Reflexionarán los muchos que en Italia observan benévolamente a Renzi y el juego de trileros que consiste en meter (casi) en la nómina de un tramo de rentas bajas lo que recorta en servicios públicos y en impuestos locales? El PD sigue, de hecho, el mismo camino de Hollande, y su débil izquierda interna no parece en disposición de hacerle cambiar en la derrota. ¿Y qué decir de la CGIL [confederación sindical] de Susanna Camusso que arma jaleo después de haber votado poco antes un acuerdo sobre relaciones industriales excesivo hasta para nuestro maltrecho vecino? ¿Y de la FIOM [sindicato del metal] de Landini que, aislada, confía, también ella, en el Matteo nacional? En suma, no queda más que desear que el duro porrazo francés, del que difícilmente pueden recuperarse en la segunda vuelta, funcione como rigurosa lección contra los excesos de estulticia de los últimos veinte años de Europa.

Suplemento dominical de Director: Adolfo Sánchez Rebolledo

Diseño gráfico: Hernán Osorio

Correo Del Sur No 381  

Correo del Sur, suplemento dominical de La Jornada Morelos.