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Número 385 Mayo 4, 2014

Elena Poniatowska recibe el Premio Cervantes Raúl Roa, marxismo y democracia en Cuba

La infancia del futbol Fútbol: el plátano y el racismo Una caminata por Antonio Machado

El desarrollo ayer y hoy: idea y utopía / Rolando Cordera


CORREO del SUR

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XIII CÁTEDRA RAÚL PREBISCH

El desarrollo ayer y hoy: idea y utopía[1][1]

Rolando Cordera C ampos

Crisis, democracia, desigualdad: volver a lo básico Con la crisis actual se puso en entredicho la gran celebración que endulzó las durezas de la globalización del mundo que se aceleró a fin de siglo XX. Si se está o no en los albores de más profundos cambios en un orden mundial que no pudo constituirse como tal al final de la Guerra Fría; si se pueden o no restaurar sus tejidos y resortes fundamentales en torno al libre comercio o la movilidad de los capitales; si las economías políticas nacionales son capaces de absorber positiva y productivamente el gran tema de la migración; son algunos de los dilemas que rodean la añeja tensión entre la economía y la política, la democracia, el mercado y el desarrollo. El conflicto social, agudizado por la crisis, se despliega sobre las posibilidades de recuperación económica y, al acentuarse la desigualdad, amenaza con

Rolando Cordera, profesor Emérito de la UNAM, dictó la XIII Cátedra Raúl Prebisch en la sede de la CEPAL, organismo de las Naciones Unidas ubicado en Santiago de Chile, compartiendo así la distinción que antes recibieron pensadores como Celso Furtado, Joseph Stiglitz, Fernando Henrique Cardoso, Rubens Ricupero, Dani Rodrik, Enrique Iglesias, Tulio Halperín-Donghi, Fernando Savater, Aldo Ferrer, José Antonio Ocampo, Danilo Astori y Luiz Gonzaga Belluzzo. Publicamos aquí un adelanto de la importante conferencia del economista mexicano. CDS desembocar no sólo en un nuevo malestar en la cultura, en este caso en la democracia, sino en lo que el

PNUD advertía hace unos años para América Latina: un desencuentro entre la economía y la política acen-

Prebisch y el método Estructura y ciencias sociales como método para comprender la realidad El método histórico-estructural pone de relieve la importancia del contexto histórico para entender el funcionamiento de la economía y la sociedad. En ese marco se plantea que si bien la ciencia económica y social debe aspirar a establecer leyes generales, también es preciso reconocer que una teoría general encuentra grandes impedimentos para explicar circunstancias históricas en continuo cambio. Por ser la ciencia

económica una ciencia social y tan variables las estructuras económicas y sociales, las posibilidades de idear teorías válidas para todo tiempo y lugar son reducidas. Por otra parte, el método considera un enfoque cercano a lo que se podría identificar como la economía política clásica, contexto en el que los aspectos sociales y políticos desempeñan un papel determinante para el funcionamiento de la economía, lo que conduce a enfoques que hoy se llamarían interdisciplinarios. Más aún, el mé-

todo histórico-estructural parte de la idea de que los propios investigadores son sujetos sociales que abordan el análisis de su realidad con su subjetividad a cuestas, lo que demanda un esfuerzo particular de análisis crítico. Estructura en el sistema económico mundial: jerarquías e interdependencias El método histórico-estructural resalta, por otra parte, la relevancia de las estructuras económicas y sociales y la existencia de sistemas económicos y

sociales con jerarquías y funciones diferenciadas. También se señala que el proceso de desarrollo económico y social consiste en un conjunto de transformaciones estructurales y que se puede bloquear si no se puede transformar las estructuras, aun cuando exista un proceso de acumulación de factores productivos. Prebisch y la CEPAL abordaron un tipo privilegiado de estructura, el de la economía internacional, caracterizada por las relaciones entre centro y periferia, con distintos papeles,


CORREO del SUR tuado por la agudización de la cuestión social que se despliegue como un malestar no sólo en sino con la democracia apenas restaurada o implantada en la región.[2][2] Requerimos, por lo dicho, entender que la relación democracia-desigualdad refiere a una dimensión que trasciende la esfera económica y se asienta, por peso propio, en el campo de lo que podríamos llamar “política de Estado”. Esta política, al desplegarse o apenas proponerse, nos lleva a su vez a preguntarnos por las capacidades organizativas, institucionales y fiscales, políticas e ideológicas de los Estados que vivieron las traumáticas mudanzas del cambio neoliberal y ahora pugnan por reconvertirse en Estados democráticos propiamente dichos. La reforma del Estado adquiere aquí una impronta estructural que no puede abordarse con expedientes reduccionistas, como el de la minimización del Estado, pero tampoco de engrosamiento sin más de los aparatos públicos. Lo que urge es repensar la centralidad estatal como conjunto institucional, interfaz con el resto del sistema transnacional de Estados y como relación compleja de la sociedad con el poder y sus maneras de constitución y ejercicio. La cuestión de las jerarquías y de la constitución, ejercicio y renovación del poder, es inseparable de las otras dos vertientes primordiales de toda economía política: la división del trabajo y la distribución de los frutos del esfuerzo social empeñado en la producción. La coordinación social depende al

final de cuentas de cómo se aborda dinámicamente el despliegue de este triángulo maestro de sociedades, mercados y Estados. Se trata de una relación siempre en tensión, al borde de la inestabilidad, que se ha agudizado con el avance de los procesos de la globalización del mundo y la economía. Por lo pronto, habrá que decir que nos quedan la política y los pactos que mediante ella puedan erigirse, para buscar formas y mecanismos que eviten que tales tensiones se vuelvan contradicciones insolubles y las formaciones nacionales se disuelvan en el torbellino global. Desde esta apelación a la política, podemos añadir que una vinculada expresamente con la igualdad tiene que cimentarse en una cultura cívica y una ética pública congruentes con sus fines y motivaciones, para aspirar a ser estable y duradera en el tiempo. La crisis de la igualdad es un hecho social total y no sólo de ingresos, accesos u oportunidades. ¿Cómo, entonces, construir sociedades más democráticas, igualitarias y solidarias? ¿Puede durar la democracia en condiciones de aguda desigualdad y pobreza? ¿Hasta dónde es posible hablar de democracia con el mantenimiento y reproducción de la inequidad económica y social? ¿Cómo lograr cambios sustanciales que contribuyan a reducir los niveles de desigualdad y exclusión y a garantizar el acceso y el ejercicio universal de derechos sociales? Los anteriores cuestionamientos no son meros ejercicios intelectuales. Son preguntas que embargan el pensamiento social y político latinoamericano, des-

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pués de años de recuperación democrática y de más de dos décadas de crecimiento económico insuficiente en un principio, luego relativamente alto, en algunos casos sostenidos, aunque sin cambios de significación en la distribución del ingreso.[3][3] Pero los problemas que la desigualdad le plantea a la democracia siguen soslayándose. Podría decirse que la desigualdad se convierte en una cultura, no de la pobreza que estudiaron los antropólogos, sino de la riqueza concentrada, de la satisfacción diría Galbraith, que aparte de estorbar los diseños políticos modernos, constituye un desafío frontal a las normas y formas éticas y políticas que deberían derivar del desarrollo democrático.[4][4] De lo anterior podríamos extraer una primera respuesta a nuestras preguntas: la cohesión social es fruto del desarrollo democrático de las sociedades, pero a la vez se ha vuelto una condición para que los gobiernos renueven su legitimidad y la democracia concite la participación y el apoyo de la ciudadanía. Condición primordial para una promisoria inserción en la globalidad, la cohesión se ve de pronto sometida al fuego cruzado del reclamo democrático de redistribución y de exigencia de equilibrios e incentivos para la acumulación y las competitividades dinámicas para mantenerse y avanzar en el mercado global. De estas tensiones se pasa sin previo aviso a someter a la soberanía a nuevos y desmedidos requisitos en apariencia inapelables. De ahí la necesidad de entender la relación entre democracia y desigualdad como una ecuación que debe resolverse en positivo, en favor de la igualdad; como un requisito para que la política produzca gobernanza basada en la legitimidad. Por ello es que en las sociedades modernas, o en aquellas que quieren serlo, la conversación entre desarrollo y la igualdad deja de ser un producto del azar o de leyes naturales y pasa a ser una cuestión política. El imperativo categórico de la democracia, de la que hablara Fernando Henrique Cardoso, encuentra aquí una dura prueba de ácido. Frente a estos dilemas, la economía tiene que evolucionar a una economía política del desarrollo inspirada en el equivalente actual, moderno y global, de los sentimientos morales de Adam Smith. [1][1] Cátedra Raúl Prebisch, abril 2014. [2][2] “América Latina presenta actualmente una extraordinaria paradoja (...) la región puede mostrar con gran orgullo más de dos décadas de gobiernos democráticos. Por otro, enfrenta una creciente crisis social. Se mantienen profundas desigualdades, existen serios niveles de pobreza, el crecimiento económico ha sido insuficiente y ha aumentado la insatisfacción ciudadana con esas democracias (...)” PNUD, “La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanos y ciudadanas”, 2004. http://www.uaq.mx/contraloriasocial/diplomado/ biliografia-modulo3/Informe_La_Democracia_en_ America_Latina_Nuevo.pdf [3][3] De ahí que nuestra región, como insistentemente lo ha señalado la CEPAL, sigan siendo la más desigual del mundo. [4][4] Galbraith sitúa el surgimiento de la cultura de la satisfacción en la década de los 60 en los Estados Unidos de América. Cfr., John Kenneth Galbraith, La cultura de la satisfacción, España, Ariel, 2011.

histórico-estructural desarrollos relativos, configuraciones sociales, económicas y culturales. No se trata solamente de captar las diferencias entre dos tipos de economías, sino de verlas como parte de un conjunto interdependiente que tiene su propia dinámica. El énfasis en las estructuras internacionales no descuida el estudio y consideración de las estructuras nacionales. Por lo tanto, la estructura agraria, la composición del entramado productivo interno, las particulares formas de los mercados de factores y de bienes,

las capacidades del Estado y su burocracia, las estructuras demográficas, entre muchos otros aspectos, han sido analizados por Prebisch y la CEPAL. Aplicación del método histórico-estructural en la actualidad Al considerar la propia vida y las ideas de Prebisch es preciso ser fiel a ese mismo método. Sus ideas y acciones deben ser situadas en su contexto e interesa comprender tanto los componentes más persistentes de sus enfoques

como los cambios que experimentaron. Estos pueden verse como reflejos de las transformaciones del contexto, pero también como una expresión más intrínsecamente científica, fruto de un proceso de acumulación de conocimiento y de aprendizaje. En todo caso, sin embargo, se debe pensar en Prebisch como un actor, con sus intenciones, sus prejuicios, sus ambiciones, sus valoraciones y sus sentimientos. Nada mejor para entender claramente estos aspectos que considerar sus complejas

relaciones con la política de su querida y sufrida Argentina. Por consiguiente, al abordar la vida y obra de Prebisch, lejos de intentar dogmatizar y normalizar su pensamiento y estereotipar su persona, hay que intentar capturar toda la riqueza conceptual, histórica y personal de uno de los principales protagonistas del siglo XX latinoamericano y de uno de los latinoamericanos que más influyeron en su contemporaneidad. Página de la CEPAL.


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CORREO del SUR

La infancia del futbol Luis Barjau

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l futbol es un juego. No es un juego individual. Juego en que se avecina un grupo sobre un solo objeto, la pelota. Se forman dos equipos de adversarios que se arrebatan la pelota hasta llevarla a la portería defendida por un portero, del enemigo, para infiltrarla allí. A más infiltraciones, uno de los equipos gana. En la infancia había muchos juegos de la misma naturaleza. Las canicas. El trompo. Diversas pelotas. Tamaladas. Corre-corre. Agarra-agarra. Tángano. Boliches. Aros. Los niños pasaban horas concentrados en esos juegos. Ahora éstos son visuales y manipulables con los dedos, en una pantalla. Pantalla que en otros canales informa al mismo tiempo acerca del fenómeno moderno de niños obesos. El futbol parece un resabio de la infancia. Pero ahora con dueños, reglamentos y objeto de increibles ganancias. Además del fenómeno de la concentración de los jugadores en el partido —jóvenes recién salidos de la infancia—, dicha concentración se extiende hacia otros, mayores y aún a los viejos, que los observan sentados; participan también las mujeres que jugaron de niñas no sólo con muñecas e influidas por sus novios y en fin por la cultura del espectáculo. Pero no las mujeres viejas. El ser humano siempre busca concentrarse en algo: el escritor en su escritura, el zapatero a sus zapatos, el biomédico al microscopio donde puede pasar toda su vida observando microorganismos diversos, su comportamiento y sus reacciones a estímulos distintos. El biólogo a la búsqueda de nuevos descubrimientos científicos, tiene que molestar y torturar roedores, hamsters, monos, y otros animales. El asunto es pues que la concentración es necesaria en la división del trabajo, y metafísicamente, para poder interesarnos en una sola cosa y apartarnos por horas del mundo. El futbol también requiere de una concentración. De los jugadores. De los técnicos. Del público. Este último, como observara Elias Canetti, sentado en círculos concéntricos, da la espalda al mundo concentrado en el juego de la pelota, que en esos momentos y en ese espacio es la cosa más importante del propio mundo, más que el trabajo, más que la familia, más que la política, más que la guerra, más que la enfermedad y la muerte. Más importante que el mundo, y siendo el mismo partido, por voluntad y pasión de los aficionados, mundo. Cuando un jugador infiltra la pelota en la portería enemiga, una parte del público grita: “goool”. El narrador por la radio, del partido, puede alargar la “o” de “gol” por varios minutos, voz que se escucha en la soledad de las calles vacías del domingo. El jugador que metió el gol, se separa del grupo corriendo, como el personaje de “El grito” —cuadro de Eduard Münch—, y grita también “gol”, se pone una mano en la frente, la furiosa expresión triunfal de su rostro clama algo como el desmoronamiento del mundo, grita y hace un gesto viril con el brazo, baila, hace una machincuepa, culmina su carrera deslizándose de rodillas, y los demás jugadores lo apabullan montándose sobre de él. Como recordándole que no se debe engolosinar con el triunfo. Entre el público y entre los que apostaron al perdedor hay algunos que lloran. Los contrarios tocan chirimías y hacen girar matracas. Muchos tienen pintados el rostro con los colores de la bandera nacional o de las camisetas de sus equipos, están emplumados como indios, tocan tambores, gritan de triunfo y maldicen. A veces llegan a golpearse hasta matarse, arrojan botellas al aire y beben cerveza. Entonan graves himnos varoniles y monumentales que inundan el estadio. Abajo, en el rectángulo verde de la cancha, los equipos reanudan el juego. Ha habido grupos de jóvenes ingleses que terminando el partido, ataviados con cortes de pelo exóticos como cascos de guerreros antiguos, corren por las calles y rompen los vidrios de las Por un lamentable error en el Correo del Sur #384, de la semana pasada, el título del libro en la nota sobre Laclau apareció “razona” y debió ser: “La razón pura”. Ofrecemos disculpas a nuestros lectores.

vitrinas comerciales, roban botellas de alcohol y beben. En las casas de los domingos, los apasionados que no acudieron al estadio, invitaron a sus amigos a mirar el partido por la televisión. Comen palomitas, hot-dogs, beben cervezas, tequilas y cubas. Desde un sofá frontal a la televisión alzan los brazos y gritan al gol de sus equipos. Esta imagen misma es vendida también por las televisoras. Las mamás y los niños, también vestidos con el uniforme de sus favoritos, hacen lo mismo a los lados y atrás del sofá. Muchos hombres pasan varios días deprimidos si pierden sus equipos. Se llegan a enfermar. Los técnicos de los equipos tienen diferentes aspectos pero comparten la misma expresión facial. Acuden al par-

tido vestidos de traje oscuro y corbata, como si fueran elegantes, funcionarios, políticos u oficinistas, pero no deportistas. Ante el gol enemigo se ponen de pie, se mesan los cabellos con ambas manos, lamentan con un brazo alzado y honda preocupación, el “error.” Sólo en ese instante cambian su expresión facial de niños culpables que conservan en cambio para las fotografías y las entrevistas de televisión, donde juntos con otros discuten con la misma enteresa de unos sabios frente a un enigma. El resto culpable (o cínico) de sus expresiones, es por estar discutiendo de esa forma grave, sobre un juego. Que no es esencialmente distinto al de los niños y por saber que sus sueldos son altísimos y que en buena medida dependen de la pasión colectiva,


CORREO del SUR podría decirse que hasta de “la cultura” del futbol. Sueldos altísimos en países donde la mitad de la población vive en pobreza extrema, y situación que los presidentes olvidan acudiendo ellos mismos a los partidos. Los jóvenes jugadores también reciben ingresos económicos desproporcionados. Estos jóvenes están tan asombrados de sus altísimos ingresos prematuros, que no les mortifica el hecho de que los dueños de los equipos los puedan vender a ellos mismos, como si fueran mercancía, a otros más y de otros países. Sus mamás dicen: se sacrifican pero luego serán felices. De haber surgido muchos, de barrios bajos, al asombro de sus ingresos suman el de su participación en “el gran mundo”, donde adquieren novias que son hermosas actrices, modelos y hasta “aristócratas”. Éstas a su vez, redoblan fama, dinero y adquieren cuerpos musculosos como maridos pasajeros. Los dueños de los equipos, son industriales, financieros, políticos, comunicólogos, que ganan fortunas cada vez que la pasión popular colma los estadios. Hay algunos de ellos que personal y secretamente aborrecen los partidos, no tanto como para que puedan excluirlos de

sus negocios. El dinero llega a modular gustos privados. Aunque sepan que nada hay más detestable que el gesto desaforado del rostro de un aficionado en el instante del gol de su partido. Porque el triunfo vertido en ese rostro no deja de ser una simulación; simplemente: ¿qué fue lo que ganó a la entrada del gol? Supongamos que el futbol se parezca a la guerra, ¿dónde quedaron los muertos? ¿qué consiguió, realmente, el vencedor? Cuando un país es el campeón mundial de un torneo, ¿que es lo que ganó? ¿Fama? ¿Dinero? ¿Quiénes? ¿Convicción universal de ser el más fuerte? ¿El mejor nutrido? ¿El más sano? ¿El más hábil? De todas estas simulaciones se encarga la realidad del día siguiente. Hay imágenes terribles de instantes del estadio. Las han captado los fotógrafos. Las han pintado los pintores. Están de pie los asistentes. Ondulan las “olas humanas” entre los escaños, brillan los rostros felices. Restallan las banderas. Y una potente exclamación inunda el círculo. Parece que allí, en ese momento el ser ha triunfado definitivamente y es con euforia, feliz. Para siempre. Afuera del estadio, la realidad continúa intacta.

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Fútbol: el plátano y el racismo

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e “gesto osado” calificó la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, a la reacción de Dani Alves durante el partido del Barcelona del domingo ante Villarreal. Y el hecho de comer una banana, como hizo el lateral brasileño, se convirtió en un nuevo símbolo antirracista, tendencia en Brasil y de muchísimas figuras del fútbol mundial en apoyo al defensor del conjunto catalán. En tanto, Villarreal identificó al agresor y determinó su expulsión como socio de por vida y no podrá ingresar más al Madrigal, el estadio del club amarillo. La banana arrojada al terreno de juego forma parte del repertorio de ofensas de los hinchas racistas contra jugadores negros o mestizos. En Europa, es bastante habitual en estadios de España e Italia. Antes de lanzar un tiro de esquina, Dani Alves tomó una banana del césped, la peló y le dio un mordisco. “Llevo en España 11 años y 11 años igual. Hay que reírse de estos retrasados”, afirmó el jugador tras el duelo. “No vamos a cambiar esto, hay que tomárselo casi en broma y reírse de ellos”, agregó. Comiendo la fruta, el brasileño envió un mensaje, pero también tomó energía... Dos centros que llevaron a goles del Barcelona, que venció 3-2 al Villarreal. Ayer, Dani Alves la siguió en las redes sociales, recordando una frase de su padre: “Hijo mío, coma plátano para evitar calambres, jajá. ¿Cómo adivinaron?”. Hasta Rousseff apoyó el gesto de Alves. “El jugador Dani Alves dio una respuesta osada y fuerte al racismo en el deporte”, lanzó la mandataria. “Delante una actitud que lamentablemente se ha tornado común en los estadios, Alves tuvo actitud”, agregó en su cuenta de Twitter. Además, Rousseff apoyó la campaña “#somos todosmacacos” lanzada por Neymar: el joven astro de la selección brasileña y compañero de Alves en el Barça publicó una foto comiendo una banana junto a su hijo, que sostiene un peluche de banana. Y se convirtió rápidamente en moda: miles de personas siguieron el ejemplo y emitieron mensajes en las redes sociales en apoyo al lateral derecho... muchas veces acompañados de fotos con plátanos. Muchos son anónimos, otros grandes personalidades. Tres jugadores del Chelsea, por ejemplo, publicaron un video en Internet. David Luiz dice “somos felices y todos somos...”. Ahí, Oscar y Willian completan en coro: “¡macacos!”. Por su parte, Sergio Agüero se tomó una foto con Marta, la estrella del equipo femenino de Brasil, cada uno con una banana, y la publicó en la red social. Otros que se unieron a la protesta fueron el cantante Michel Teló –autor del popular tema “Ai se eu te pego”– y el ex piloto de Fórmula 1 Rubens Barrichello. El presidente de la FIFA, Joseph Blatter, calificó el hecho como “una barbaridad” y prometió “tolerancia cero” con cualquier forma de discriminación durante la Copa del Mundo, que se llevará a cabo en 45 días en Brasil. En tanto, Romario, ex goleador del Scratch y hoy diputado federal, estimó que “el racismo no desapareció, pero fue derrotado” por Alves. El delantero Fred, sin banana, se adhirió de otra manera la protesta: de contraataque. En una foto publicada en su perfil de Facebook, el jugador del Fluminense realiza un “corte de mangas”. No casualmente, en portugués, a ese gesto se lo llama “dar un plátano”. “Un plátano al racismo. Lamentablemente no es un problema que se limita a España. Es un problema que mancha al deporte y a la sociedad en general en todo el mundo”, escribió el delantero de la selección brasileña. Lo cierto es que el gesto de Dani Alves y la banana se convirtió en pocas horas en un símbolo de la lucha contra el racismo.


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Raúl Roa marxismo y democracia en Cuba

Julio César Guanche*

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o son muy numerosos los autores que han reivindicado, en Cuba, a Raúl Roa (1907-1982) como marxista en el período previo a 1959. Generalmente, los ungidos con ese término son los que militaron en las filas del primer Partido Comunista de Cuba, como Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena, o, después, como Juan Marinello o Carlos Rafael Rodríguez. Sin embargo, esa identificación entre marxistas y militantes de ese partido ignora la presencia de una izquierda marxista —no partidaria— que cuenta con Raúl Roa, pero también con Pablo de la Torriente Brau, Gabriel Barceló Gomila, Leonardo Fernández Sánchez y Aureliano Sánchez Arango entre sus integrantes. El saber de Roa provenía de una lectura abierta de la historia de las doctrinas sociales. La regimentación de las fuentes del marxismo soviético —que calificaba a todo lo que estuviese fuera de sus márgenes como «filosofías burguesas»— es contraria al tipo de erudición y, sobre todo, de enfoque ante la cultura que representa Roa. Si este admiraba el magisterio de José Ingenieros, «hombre excelso», y celebraba la profundidad de su análisis sobre el imperialismo en Nuestra América y veía en Benedetto Croce «un filósofo de la libertad (que) por ella padeció y pugnó con el coraje de Sócrates y el denuedo de Spinoza», también celebraba el papel desempeñado por los anarquistas en defensa de la República española. En Roa aparece la complejidad de la formación histó-

rica de una sociedad colonial. En defensa del principio de la autodeterminación nacional, asocia la nacionalización del canal de Suez, realizada por Gamal Abdel Nasser, con las nacionalizaciones del gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas. El principio de la autodeterminación resulta así la «garantía misma de la integridad y desarrollo de los pueblos débiles». Roa denunciaba las posiciones tanto de las potencias occidentales como de la Unión Soviética en torno a la causa egipcia. Con todo, está lejos de considerar a la «estructura económica» como la fuente de todos los problemas y de todas las soluciones. El autor de Quince años después argumenta sobre las necesidades políticas —en estricto sentido— de un país sometido a tal estatus: «La libertad de expresión es un imperativo biológico para las naciones subdesarrolladas o dependientes, compelidas a defender su ser y propulsar su devenir mediante el análisis crítico y la denuncia pública del origen y procedencia de sus males, vicios y deficiencias». Roa comprendió las características de la creación del capitalismo cubano y vislumbró así que el nacionalismo revolucionario —de vocación socialista y antimperialista— era la ideología de una revolución para el siglo xx en la Isla. A ello se debe también su reivindicación de José Martí y, en general, del pensamiento llamado «liberal revolucionario» cubano del siglo xix. La forma en que incorporó el marxismo a ese saber contrariaba las lecturas propias del dogma: leer la historia cubana a través del marxismo, sin pensar que fue el marxismo el que prohijó la historia cubana. La derrota de la Revolución del 30 fue la derrota del radicalismo político en la Isla. El nacionalismo reformista hegemonizó el mapa ideológico de la década de 1940 en el país. En ese contexto, el marxismo de Roa expresa una pregunta agónica: ¿dónde debe situarse la izquierda en un contexto progresista? o ¿«qué hacer» al presentarse como única opción viable o «racional» la elección del «mal menor»? Roa entendía que la actitud de la izquierda debe partir de una exégesis ideológica: no responde esa pregunta en el contexto de una coyuntura, sino en el contexto de una ideología. El problema radica en elaborar una práctica política que no esté dominada por el fanatismo de la «toma del poder» en cualquier circunstancia — como era el caso de la alianza de 1938 entre los comunistas cubanos con Fulgencio Batista—, sino basada en la preocupación por la cultura revolucionaria a través de la cual se ha de ejercer poder político. Las actitudes políticas de Roa tienen este denominador común: ejercer poder político desde el Estado solo tiene sentido si se conserva la identidad del movimiento revolucionario. No servirá alcanzar el poder político si en el camino yace tendido el cuerpo del proyecto: «Lo que no se puede es estar con Batista. Lo que no se debe es pactar con el enemigo, ni con las fuerzas que antes lo apoyaron e intentan, por trasmano, imponerlo de nuevo. Eso no se puede ni se debe hacer, aunque esa alianza entrañara la conquista misma del poder por vía electoral» —afirmaba Roa. Ese programa no puede confundirse a secas con una crítica “democrática” porque no se enfoca solo en las condiciones de ejercicio del poder político como en la intelección de su origen, de la raíz de su legitimidad, lo que la sitúa en el campo de la crítica socialista. En ella, el concepto del origen popular del poder político es el reverso simétrico de la fuente de los totalitarismos. La crítica contra la dominación, bien sea autoritaria o carismática, se hace en nombre de una política ejercida desde el canon de la soberanía del ciudadano. Roa impugna la política del hombre de excepción desde el paradigma de una praxis política socialista: los problemas del país no necesitan de mesías sino de ciudadanos, la política revolucionaria se hace para el pueblo, pero no se hace a través de adalides erigidos en su nombre, sino a través de la entera politización de la ciudadanía, pues las políticas hechas aún para el pueblo pero sin el pueblo sustraen a las clases revolucionarias de poder conferir el alcance, la extensión, la profundidad, a la Revolución. *Julio César Guanche es un jurista y filósofo político cubano, miembro del consejo editorial de SinPermiso, muy representativo de una nueva y brillante generación de intelectuales cubanos partidarios de una visión republicano-democrática del socialismo. La primera parte de este artículo puede consultarse en: http:// www.telegrafo.com.ec/cultura1/item/raul-roa-el-marxismo-y-la-democracia-ii-final.html


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El buzón del cementerio

Una caminata por Antonio Machado Toulouse, 16 de mayo – Collioure, 31 de mayo de 2014

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a poesía anula el tiempo pero, en ese gesto, funda también un recuerdo absoluto. Su trabajo de verdad convoca paréntesis de porvenir, revelando pasados y presentes que la Historia no puede satisfacer. Lengua que transforma la vida y vida que a cambio la trastorna, ella es la luz de un invisible que cuenta un mundo que a fuerza de verlo no se ve. Lo real que huye de nosotros cada vez que queremos asirlo vuelve a nuestras bocas como un cuchillo y hace sangrar nuestras palabras. La poesía cuenta historias de la poesía, y la poesía es una historia que la Historia no conoce. Exploradora de las incógnitas de lo real, se convierte en la incógnita fundamental que nos constituye. A la hora en que la humanidad olvida sus poemas, el deber de la poesía tiene el deber de todas sus memorias. Así, en los caminos y paisajes de los turismos del mar, erizados antes de alambrados y torres de control, ¿quién recuerda todavía a los exiliados de una República de poetas que caminaron en nuestra historia como palabras de pie? No olvidemos. En 1939, con las tropas franquistas pisándoles los talones, quinientos mil republicanos españoles llegaron a la frontera francesa, donde a muchos de ellos les esperaba los campos de concentración, la muerte por enfermedad, y muy pronto a muchos de ellos la deportación. Entre ellos camina titubeante el poeta magnífico de las transparencias: Antonio machado. Tiene 64 años. Está extenuado. Con su madre, bajarán a Cerbère en un furgón celular. Su primera noche en tierra exiliada la pasan en un vagón olvidado, en el frío, en una vía muerta de la Historia. El miércoles 22 de febrero, a las tres y media de la tarde, muere mientras su madre agoniza en la misma habitación. La noticia de la muerte del poeta se extiende rápidamente entre los exiliados catalanes y españoles. Pero hoy muchos la han olvidado. Los funcionarios patentados de nuestra civilización del olvido organizan metódicamente la borradura de la historia. Un puñado de caminantes de la poesía se acuerda de ella sin embargo, en

sus puños y us canciones. En una época en que los poemas son arrojados al desagüe en las escuelas y a los albañales de la mercancía, la poesía debe inventar nuevas páginas para escribirse. Así es nuestra caminata. El 16 de mayo de 2014 partiré de la avenida Antonio Machado, dirección histórica de la Universidad de Toulouse Le Mirail, y

caminaré hasta el cementerio de Collioure, donde está la tumba de Antonio Machado. Un poeta también es un cartero. En mi alforja llevaré cientos de cartas escritas por niños que depositaré sobre la tumba de Machado el sábado 31 de mayo, a las 11 de la mañana. Una de las raras tumbas del mundo donde se alza un buzón. En todo ese transcurso, remontaré el

canal de Midi hasta Carcassonne y atravesaré las Corbières hasta el Mediterráneo. Mis etapas de poesía: Ramonville, Castelnaudary, el umbral de Naurouze, Bram, Carcassonne, Mayronnes, Laroque de Fa, Cucugnan, Quéribus, Tautavel, Rivesaltes, Elne, Saint Cyprien, Argelès, Perpignan... A todo lo largo de esa caminata de quince días evocaré la memoria de la poesía, así como la Odisea de los exiliados de la República española. Nos detendremos a hacer una acción de resistencia en cada uno de los campos de concentración que atestiguaron la detención de aquellos que querían realizar la esperanza. Esta caminata es también una caminata por la poesía, destrozada y sacrificada por este tiempo de asesinos. La muerte del poeta es la muerte de la poesía, que sin cesar debe renacer de sus cenizas para reinventarse. Antonio Machado no es únicamente una calle anónima en un barrio de Toulouse. La tumba de Antonio Machado es también una cuna que acoge nuestros nacimientos. Su buzón, como una boca, está ahí para testimoniar. Los cientos de cartas que me han sido confiadas son un llamado a los vivos. Evocaré así con mis pies a esos que mi amigo Rafael Alberti llamó en otro tiempo “poetas del sacrificio”: Federico García Lorca, asesinado en un barranco de Viznar (Granada), y Miguel Hernández, muerto de tuberculosis en la prisión de Alicante. Y asociaría a ellos la memoria de Walter Benjamin en Port-Bou, cuyo nombre es el del fin de un viaje, esa punta [bout] del puerto [port] en que un mar infinito nos espera. El último verso de Antonio Machado, garabateado en un pedazo [bout] de papel arrugado, y encontrado en su bolsa, decía así: «Estos días azules y este sol de la infancia». Esos días son los nuestros. Mi marcha, nuestra marcha, será la de una victoria y no la de una retirada. Antonio Machado nunca se retiró. La poesía tampoco. Tenemos pies en la boca que nunca dejan de caminar. Serge Pey, abril de 2014.


Elena Poniatowska recibe el Premio Cervantes S

oy la cuarta mujer en recibir el Premio Cervantes, creado en 1976. (Los hombres son treinta y cinco.) María Zambrano fue la primera y los mexicanos la consideramos nuestra porque debido a la Guerra Civil Española vivió en México y enseñó en la Universidad Nicolaíta en Morelia, Michoacán. Simone Weil, la filósofa francesa, escribió que echar raíces es quizá la necesidad más apremiante del alma humana. En María Zambrano, el exilio fue una herida sin cura, pero ella fue una exiliada de todo menos de su escritura. La más joven de todas las poetas de América Latina en la primera mitad del siglo XX, la cubana Dulce María Loynaz, segunda en recibir el Cervantes, fue amiga de García Lorca y hospedó en su finca de La Habana a Gabriela Mistral y a Juan Ramón Jiménez. Años más tarde, cuando le sugirieron que abandonara la Cuba revolucionaria respondió que cómo iba a marcharse si Cuba era invención de su familia. A Ana María Matute, la conocí en El Escorial en 2003. Hermosa y descreída, sentí afinidad con su obsesión por la infancia y su imaginario riquísimo y feroz. María, Dulce María y Ana María, las tres Marías, zarandeadas por sus circunstancias, no tuvieron santo a quién encomendarse y sin embargo, hoy por hoy, son las mujeres de Cervantes, al igual que Dulcinea del Toboso, Luscinda, Zoraida y Constanza. A diferencia de ellas, muchos dioses me han protegido porque en México hay un dios bajo cada piedra, un dios para la lluvia, otro para la fertilidad, otro para la muerte. Contamos con un dios para cada cosa y no con uno solo que de tan ocupado puede equivocarse. Del otro lado del océano, en el siglo XVII la monja jerónima Sor Juana Inés de la Cruz supo desde el primer momento que la única batalla que vale la pena es la del conocimiento. Con mucha razón José Emilio Pacheco la definió: “Sor Juana/ es la llama trémula/ en la noche de piedra del virreinato”. Su respuesta a Sor Filotea de la Cruz es una defensa liberadora, el primer alegato de una intelectual sobre quien se ejerce la censura. En la literatura no existe otra mujer que al observar el eclipse lunar del 22 de diciembre de 1684 haya ensayado una explicación del origen del uni-

muchos años antes había nacido como un hombre malo que desgració a muchas mujeres y ahora tenía que pagar sus culpas entre abrojos y espinas. ***

verso. Ella lo hizo en los 975 versos de su poema “Primero sueño”. Dante tuvo la mano de Virgilio para bajar al infierno, pero nuestra Sor Juana descendió sola y al igual que Galileo y Giordano Bruno fue castigada por amar la ciencia y reprendida por prelados que le eran harto inferiores. Sor Juana contaba con telescopios, astrolabios y compases para su búsqueda científica. También dentro de la cultura de la pobreza se atesoran bienes inesperados. Jesusa Palancares, la protagonista de mi novela- testimonio “Hasta no verte Jesús mío”, no tuvo más que su intuición para asomarse por la única apertura de su vivienda a observar el cielo nocturno como una gracia sin precio y sin explicación posible. Jesusa vivía a la orilla del precipicio, por lo tanto el cielo estrellado en su ventana era un milagro que intentaba descifrar. Quería comprender por qué había venido a la Tierra, para qué era todo eso que la rodeaba y cuál podría ser el sentido último de lo que veía. Al creer en la reencarnación estaba segura de que

CORREO del SUR Director General: León García Soler

Los mexicanos que me han precedido son cuatro: Octavio Paz en 1981, Carlos Fuentes en 1987, Sergio Pitol en 2005 y José Emilio Pacheco en 2009. Rosario Castellanos y María Luisa Puga no tuvieron la misma suerte y las invoco así como a José Revueltas. Sé que ahora los siete me acompañan, curiosos por lo que voy a decir, sobre todo Octavio Paz. Ya para terminar y porque me encuentro en España, entre amigos quisiera contarles que tuve un gran amor “platónico” por Luis Buñuel porque juntos fuimos al Palacio Negro de Lecumberri —cárcel legendaria de la ciudad de México—, a ver a nuestro amigo Álvaro Mutis, el poeta y gaviero, compañero de batallas de nuestro indispensable Gabriel García Márquez. La cárcel, con sus presos reincidentes llamados “conejos”, nos acercó a una realidad compartida: la de la vida y la muerte tras los barrotes. Ningún acontecimiento más importante en mi vida profesional que este premio que el jurado del Cervantes otorga a una Sancho Panza femenina que no es Teresa Panza ni Dulcinea del Toboso, ni Maritornes, ni la princesa Micomicona que tanto le gustaba a Carlos Fuentes, sino una escritora que no puede hablar de molinos porque ya no los hay y en cambio lo hace de los andariegos comunes y corrientes que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala, duermen a la buena ventura y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan. Niños, mujeres, ancianos, presos, dolientes y estudiantes caminan al lado de esta reportera que busca, como lo pedía María Zambrano, “ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas”. Por todas estas razones, el premio resulta más sorprendente y por lo tanto es más grande la razón para agradecerlo. *Fragmentos del discurso pronunciado en la entrega del Premio Miguel de Cervantes en la Univesidad de Alcalá de Henares, Madrid, el 23 de abril de 2014

Suplemento dominical de Director: Adolfo Sánchez Rebolledo

Diseño gráfico: Hernán Osorio


Correo Del Sur No 385