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Número 372 Febrero 2, 2014

Martin Scorsese, entrevista / ¿Quiénes forman las nuevas clases medias? / Escalas de Elsa Cross / Murió Pete Seeger

José Emilio Pacheco 1939-2014


2 Domingo 2 de febrero de 2014

CORREO del SUR

Martin Scorsese Los pequeños truhanes de Mean Streets, una de sus primeras películas, han dejado paso a los rufianes de las finanzas de El lobo de Wall Street [The Wolf of Wall Street]. Para Scorsese, más pesimista que nunca, esos son los verdaderos delincuentes. Lo entrevista François Forestier para el semanario parisino Le Nouvel Observateur.

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stá dispuesto a devorar el mundo entero, incluyendo acciones, obligaciones, fondos alternativos y productos derivados. Como un carnívoro suelto por la Bolsa, el héroe de la última película de Martin Scorsese, El lobo de Wall Street, es un adicto al éxito: lo tendrá todo, yate, criaturas de ensueño, helicóptero a domicilio y montañas de cocaína sobre la mesa, antes de terminar en la cárcel como “Bernie” Madoff o Walter Forbes. [1] Grandeza, podredumbre y decadencia: Scorsese filma esta enloquecida saga de los 80 (una historia auténtica) con la energía de la desesperación. ¿Se ha erradicado a la mafia para dejar paso a esta raza de buitres? Ayer, los truhanes robaban y mataban; hoy en día, los agentes de cambio despluman a todo el mundo y, como dice uno de ellos en la película, se masturban dos veces al día de pura satisfacción. Scorsese describe una sociedad sin valores espirituales y, desde ahora, sin redención posible. Todo se vende: la felicidad tiene su tarifa, las almas pagan IVA, el paraíso es forzosamente fiscal. Hace cuarenta años, Scorsese estrenaba Mean Streets, en la que declaraba que “pagas por tus pecados en la calle, no en la iglesia”. Hoy en día, cualquiera que sea el lugar, se paga, eso es todo. Dios cuenta sus dólares y el infierno, sin duda, son los otros (los que no tienen ni cinco). Le Nouvel Observateur – Así pues, Wall Street ¿es el equivalente moderno de la mafia? Martin Scorsese – Exactamente. El héroe de El lobo de Wall Street, Jordan Belfort, es hermano de Henry Hill, el personaje de Uno de los nuestros [Goodfellas] Este último llegaba a tenerlo todo, dinero, mujeres, cocaína, mientras iba ascendiendo en la jerarquía de la mafia. En Wall Street cambia el decorado y, en apariencia, la moralidad es más refinada, pero es la misma cosa. Socialmente, no es aceptable ser un gángster. Por el contrario, está bien hacer dinero gracias al sistema, sean cuales sean los medios. ¿Dónde está la línea divisoria? Me lo pregunto. Cuando era pequeño, observaba a la gente en mi barrio italiano: era algo muy contrastado. Estaban quienes tenían un aura de responsabilidad y estaban quienes no lo tenían. Yo sabía que entre los excluidos había gente correcta, pero a la que trataban como a rufianes. Era todo una cuestión de imagen. ¿Qué es lo que ha hecho cristalizar, en su opinión, esta visión de la sociedad? Es que vi La ópera de cuatro cuartos en mi adolescencia y me estremeció. La obra la ponían en el Greenwich Village y nunca se me ha olvidado el final. Cuando van a colgar a Mackie el Navaja, pide la palabra. Cuenta lo que ha hecho y es exactamente lo mismo que Chaplin en Monsieur Verdoux: vuelve sus propias infamias contra sus acusadores: “¿Qué es robar un banco? Fundar un banco, ¿no es lo mismo?”, pregunta. Para él es igual la moral de los dos. Su héroe se comporta como un lobo, como indica el título de la película… Sí, el mundo de las finanzas se ha vuelto más brutal y reina la violencia. Entre La ópera de cuatro cuartos y El lobo de Wall Street, hay una distancia galáctica, pero a peor. He intentado dar cuenta de este extraordinario desbocamiento. Cuanto más nos hundimos en este sistema, más aumenta el peligro en torno a nosotros. Por lo general, sus personajes experimentan un ascenso, un paraíso momentáneo, una caída y luego una redención. Pero aquí no hay redención. ¿Ya no cree en ella? Mucho me temo que no haya redención posible para los lobos. Llevar a cabo ventas, cerrar compras, ganar, ¡qué gozada! Eso no se puede olvidar ni borrar. Por tanto, no hay redención posible. ¿Le falta entonces su fe católica? Me desespera lo que veo a mi alrededor. ¿Dónde está el Scorsese de Toro salvaje [Raging Bull]? Desapareció con los valores de la época, que han cam-

ENTREVISTA

biado. Hoy en día, todo lo que se enseña a los jóvenes es la idea de que hay que hacerse rico. ¿Es usted pesimista? Soy un pesimista…que tiene esperanza. ¿Se ha convertido usted entonces en Woody Allen? ¡Ja, ja, ja¡ (ríe a carcajadas)…No es cosa de rendirse, hay que seguir luchando. Siempre me siento decepcionado, pero vuelvo a empezar de cero. Vuelvo a leer a menudo a un hombre que considero un viejo amigo, Albert Camus. Acabo de releer La peste, y es una filosofía que me gusta: estamos en el absurdo, pero seguimos creyendo en el hombre. Tendrían que excomulgarle Es lo que me dice a veces mi mentor, el padre Francis Principe. Tiene 86 años y me llevaba de la mano cuando yo tenía 11. Celebramos hace unas semanas los 60 años de su ordenación. ¡Me hizo leer a Graham Greene y a Camus! Él es quien me hizo pensar que tal vez no existiera el pecado original… ¡Herejía! ¡A la hoguera! (Ríe a carcajadas)…Soy un católico fallido, eso seguro, lo cual me permite hacer películas, trabajar en la industria del espectáculo. Si no, no haría ninguna concesión. Rezaría constantemente. Hacer películas significa tener una agarrada con el mundo exterior, enfrentarse a él. Hace usted una película cada dos años. ¿Por qué ese ritmo? Soy consciente de que pasa el tiempo. No me quedan muchos días por delante. ¡Y hay todavía tantas películas que

como un verdadero caballero. Pero mi objetivo último era en el fondo La última tentación de Cristo [The Last Temptation of Christ]: cuando rodé esta película, supe que había sobrevivido. Tomé ejemplo de John Cassavetes, de quien admiro su entusiasmo. Adoro Faces… Ha filmado usted en digital una buena parte de El lobo de Wall Street… Sí…Ya había hecho intentos con Hugo [La invención de Hugo], pero ya no hay manera de hacerlo de otro modo. Prefiero la película química, pero es algo acabado, es una batalla perdida. Lo que echo de menos es el negativo. Hay algo en la calidad de un rostro en el celuloide que no se encuentra en digital. El grano, la respiración, no sé…Lo digital cambia totalmente nuestra forma de ver. ¿De qué manera? Cuando veo una película antigua, Casablanca, por ejemplo, en restauración digital, percibo cosas que antes no veía. Afecta a toda la película. Hay obras que no puedo volver a ver en celuloide, son demasiado imperfectas. El digital nos da una precisión quirúrgica. No queda sitio para la imprecisión, la duda. Ya no se soporta. De golpe, puede que cambie toda la historia del cine. Por lo menos, nuestra visión de ella. Tal vez nos acercamos a la calidad de la película de nitrato de la época del cine mudo. También se redescubren de golpe ciertas películas Sí. En mi adolescencia vi por primera vez Ciudadano Kane [Citizen Kane] y El tercer hombre [The Third Man] en la pantalla televisiva. Cuando volví a verlas en la gran pantalla, me quedé sin aliento. Vuelvo a verlas en digital y me quedo sin aliento. ¡Hasta en una tableta resultan geniales! El alma de estas películas ha sobrevivido, no importa el soporte que sea.

hacer! Tengo pánico. He malgastado un periodo de mi vida. ¿En los años 70, cuando estaba usted enganchado a la cocaína? Sí. Yo era como Leonardo di Caprio en El lobo de Wall Street: quería ir hasta el límite. Estuve a punto de morir. El día en que pude mirarme a mí mismo, vi a un hombre que era un fraude. Confieso que hay ciertos elementos en el personaje de Leonardo DiCaprio que son autobiográficos. Viví una temporada chalado. Acababa de rodar El último vals [The Last Waltz], que había sido el tope de la locura, y había empezado a trabajar en Toro salvaje. Todo cambió. Yo no soy como Mackie el Navaja, que no fabrica nada, no produce nada. Yo creo. ¡Y eso supone toda una puñetera diferencia! ¿El cine le salvó? Justamente. Yo quería hacer cosas, contar historias, dirigir películas. Estaba rabioso. Con la coca era imposible. Era un callejón sin salida. ¿Qué es lo que le guía en su amor por el cine? El corazón. Cuando hago una película, quiero encontrar el corazón que late en la historia que cuento. Es una cosa que tuve que perder en El color del dinero [The Color of Money]: no lamento haber hecho esta película, pero la realicé como una forma de terapia. Me hacía falta volver a levantarme. Paul Newman me ofreció esta oportunidad

¿Qué es lo que orienta sus elecciones a la hora de rodar? Los personajes. No la historia. Me fascina el comportamiento de los personajes. Hoy día vivimos en la dictadura del storytelling: hace falta que haya peripecias, aventuras, sucesos. Cuando Fellini hacía La dolce vita, no contaba una historia de la A a la Z: dejaba avanzar a los personajes en situaciones que no eran necesarias, los seguía, los observaba y la película se construía sobre esto. Los actos de los personajes les daban una profundidad, una existencia, una verdad. Con Leonardo DiCaprio, estamos completamente de acuerdo en esto. A menudo me preguntan por qué trabajo con él: ya son cinco las veces que hemos colaborado. Y yo respondo: ¿por qué no? Compartimos la misma ambición. Revelar algo… ¿Y es, entonces? …Algo de la naturaleza humana. No hay otra cosa que interese. El arte es eso, ¡nada más que eso! [1] Walter Forbes, ejecutivo jefe de CUC International y Cendant Corporation fue condenado en 2007 a 12 años de cárcel por fraude y condenado a pagar indemnizaciones por valor de 3.280 millones de dólares. Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón Le Nouvel Observateur, 19 de diciembre 2013-1 de enero de 2014


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¿Quiénes forman en el mundo las nuevas clases medias? Sorpresa, sorpresa Paul Mason

C

uando un millón de personas se echó a las calles de Brasil en junio pasado, hubo consenso en que la protesta era un fenómeno de la “nueva clase media”, estrujada por la corrupción y el deterioro de las infraestructuras. A las protestas tailandesas, que aún continúan, también se les pone la etiqueta de clase media: oficinistas con las camisas planchadas y limpias, que escenifican acciones por sorpresa. Pero, ¿qué significa clase media en el mundo en desarrollo? Cerca de 3.000 millones de personas ganan menos de dos dólares al día, pero las cifras del resto son vagas. Ahora, una nueva investigación de economistas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) muestra con detalle lo que ha ido sucediendo con la mano de obra del sur global a lo largo de 25 años de globalización: se está volviendo más estratificada, con un rápido crecimiento de lo que denominan la “clase media en desarrollo”, un grupo entre los 4 y los 13 dólares al día. Este grupo ha crecido, pasando de 600 a 1.400 millones; si se incluye a cerca de 300 millones por encima de los 13 dólares, es hoy el 41% de la mano de obra, y va directa a convertirse en más del 50% para 2017. Pero en términos mundiales, la verdad es que no es en absoluto clase media. Ese límite superior de los 13 dólares diarios corresponde grosso modo a la línea de pobreza de los EE. UU. del año 2005. Así pues, ¿qué es lo que está sucediendo? Los investigadores de la OIT extrajeron datos de 61 encuestas sobre hogares en todo el mundo para concluir estas cifras. En ese proceso, adoptaron una definición aproximada de la forma de vida del grupo de los que ganan menos de 13 dólares. Los indicadores clave eran: las familias podían

recurrir a ahorros y seguros, era probable que tuvieran televisión en casa y vivieran en unidades familiares más pequeñas (de cuatro personas). De forma característica, gastan un 2% de sus ingresos en diversiones, y además tienen mejor acceso al agua, instalaciones sanitarias y electricidad. Son estos, pues, los “ganadores” de la globalización: un grupo cada vez más amplio para el que el crecimiento global ha supuesto un serio aumento de los ingresos reales, un año tras otro, comparado con el reciente semiestancamiento de la renta de las familias de clase trabajadora o media baja en diversas partes del mundo desarrollado. Se podría suponer que la “clase media en desarrollo” la componen principalmente trabajadores fabriles, pero no es el caso. Uno de los resultados más sorprendentes del estudio de la OIT es que más de la mitad de la “clase media en desarrollo” trabaja en el sector servicios. Los trabajadores fabriles forman entre el 15% y el 20% de cada grupo de renta: van de los indigentes al grupo que está por encima de los 13 dólares. Esto refleja, según los investigadores, el hecho de que el sector industrial del sur global ofrece hoy tanto trabajo de alto valor, cualificado, como trabajo a destajo. Cuando Richard Freeman, economista de Harvard, calculó “la gran duplicación” de la mano de obra mundial – como resultado del desarrollo global y de la entrada de los antiguos estados comunistas en el mercado – se conjeturaba que esto reproduciría otro “proletariado” en la periferia del capitalismo. Así fue, pero los cálculos de la OIT constituyen la prueba más contundente hasta la fecha de que se está moviendo incesantemente hacia la estratificación y a un trabajo más orientado a los servicios, lo mismo que sus equivalentes del mundo rico en las décadas de 1960 y 1970. Si vamos a la rea-

lidad de lo que es la “nueva clase media” en Brasil, Marruecos o Indonesia, no es la palabra “confortable” lo que se le viene a uno a la cabeza. Quiere decir con frecuencia vivir en una megalópolis caótica, codo con codo con una abyecta pobreza y delincuencia, apiñarse en improvisados sistemas de transporte y ver como tus ingresos acaban en los bolsillos de toda clase de funcionarios corruptos, intermediarios y gente del mercado negro. Esto ha configurado a su vez aquello por lo que la gente protesta. Sigue habiendo, por supuesto, luchas obreras de un perfil muy pronunciado: en Argentina hay más de 180 fábricas ocupadas. Y la ciudad algodonera de El-Mahalla el Kubra en Egipto sigue siendo la clase de lugar que puede desencadenar una total interrupción del trabajo y, como en diciembre de 2012, declarar su “autonomía” del gobierno. Pero la tendencia de la OIT sugiere que, para el segundo cuarto de este siglo, la dinámica social típica de un país de desarrollo medio será una mezcla de conflictos “en el lugar de trabajo” con aquellos otros interconectados, esporádicos y volátiles que vimos en Turquía y Brasil el año pasado. La izquierda occidental ha vivido décadas angustiada por el declive del trabajo manual y su ideología de resistencia, a veces con el alivio de la esperanza de que se reprodujera en algún otro lugar. El estudio de la OIT sugiere que no. Lo que era impensable hace 20 años se está volviendo hoy tangible: que los ingresos reales de los trabajadores cualificados, trabajadores del conocimiento y gestores de los “países en desarrollo” empiezan a solaparse con los que están en la parte baja de la escala de las sociedades occidentales. Pero esta perspectiva que antaño se entendía que pronosticaba estabilidad, ya no. Como ha mostrado Branko Milanovic,

economista jefe del Banco Mundial, cuando se trata de lo que provoca la desigualdad, se invierten las repercusiones de clase y ubicación: “En torno a 1870, la clase explicaba más de dos tercios de la desigualdad global. ¿Y ahora? Las proporciones se han dado la vuelta: más de dos tercios de la desigualdad se deben a la ubicación “. Milanovic llama a esto “el mundo no marxiano”, en el que la lucha de clases pierde utilidad como estrategia y lo lógico es emigrar: “O bien los países pobres irán haciéndose ricos o la gente emigrará a los países ricos”. Creo, por el contrario, que el significativo aumento de la agitación es un síntoma de que la nueva clase media, pobre, en ascenso – que no puede emigrar en masa – ha decidido obligar a los países pobres a hacerse más ricos en democracia, sostenibilidad, infraestructura urbana, atención sanitaria. Están escogiendo cuestiones sintomáticas – corrupción, transporte, espacios verdes como en el caso de la ocupación del parque Gezi [la plaza Taksim] de Estambul –, pero en todo el mundo queda patente su determinación de hacer menos arbitraria y más segura la vida con 13 dólares al día. Paul Mason es editor de la sección cultural y digital de las noticias del Canal 4 británico (Channel 4 News) y fue responsable de la sección de Economía del noticiario Newsnight de la BBC2. Profesor visitante de la Universidad de Wolverhampton, entre sus libros se cuenta Live Working or Die Fighting: How the Working Class Went Global (Londres, Harvill Secker, 2007), Meltdown - The End of the Age of Greed (Londres, Verso, 2009) o Why It’s Kicking Off Everywhere: The New Global Revolutions. Londres, Verso, 2012). Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón


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José Emilio 1939 Algunos poemas Meditación del autobiógrafo

Y hace de cada acto una lección ética.

2. Aduana

¿Con cuál ficción me quedo para no ver lo que soy? ¿Qué otra mentira invento para justificar mi vacío?

Aquí nunca enterramos a los muertos. Los dejamos pudrirse en la plaza pública. Para que esta final humillación Nos obligue a mirarnos como somos.

“¿Qué traes?”, pregunta, con arrogancia de todopoderosa, la Muerte. Y le respondo humilde: “No traigo nada. Dejo atrás lo que tuve, Como usted ordena”.

La cena de las cenizas

3. Bajo este invierno

1. De las guerras pérdidas

Bajo este invierno me he encontrado por fin Al anciano que iba a ser yo. Me esperaba desde hace siglos. Aguardé su llegada desde temprano Pero fue una sorpresa vernos.

No importan los testigos ni sus reproches: La falsificación de mi pasado Me saldrá tan absurda que acabaré por creérmela.

Alta traición

Poco a poco y sin pausa

No amo mi patria. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos, cierta gente, puertos, bosques de pinos, fortalezas, una ciudad deshecha, gris, monstruosa, varias figuras de su historia, montañas -y tres o cuatro ríos.

En las fotos de entonces nos van cercando los muertos. Indetenibles avanzan Contra la minoría oprimida De los sobrevivientes (¿Por cuánto tiempo?) Cada vez son más Y ahora nos miran como a extraños, Reprochan el olvido y la ingratitud, son para siempre jóvenes. Se burlan De la a caricatura que ya somos, Sienten alivio porque se salvaron De todos los horrores que han pasado en su ausencia. Para quienes seguimos todavía aquí

Moralidades Nuestro pueblo practica la moral

No hay esperanza: Ellos siempre ganan la guerra.

No hay más remedio: Le cedo mi lugar o lo toma a fuerza. De hoy en adelante él será yo. Mi antiguo ser ahora ya es su fantasma.

4. Mis tristes capitanes One by one they appear in the darkness; afew friends, and a few with historical names. Thom Gunn, “My sad captains” Desde su antiguo brillo todos se fueron apagando. Los conocí en su altiva plenitud.


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Pacheco 2014 Más tarde sin quererlo comprobé Cuan terrible se vuelve sin excepción El final lento o rápido de todos. Contra esto no hay ni puede haber resistencia. Antes me preocupaba por la muerte. Ahora sólo me importa cómo voy a morir.

5. La hora de todos “Hija mía”, Le dice a la Vejez su cruel madrastra la Vida: “Sírveme otro platito de esta carne Que has macerado con arte. Vamos a disfrutarla antes que venga Mi rival a quitármela”.

6. En la estación final En la estación final todas las cosas muestran Su virtud de cambiar, no de permanecer. Todo se viene abajo y se despide. Nos dice el mundo: “Ya no eres de aquí, No te reconocemos como nuestro. Lo que creíste tuyo era sólo un préstamo. Ahora mismo Tienes que devolverlo”. Tomados de De cómo la lluvia Ediciones Era, Poemas/2001-2008

José Emilio Pacheco en Biblioteca Era Poesía completa Los elementos de la noche (1958-1962) El reposo del fuego (1963-1964)

El Cantar de los Cantares Una aproximación La edad de las tinieblas Cincuenta poemas en prosa Como la lluvia (2001-2009) Aproximaciones

No me preguntes cómo pasa el tiempo (1964-1968)

Narrativa

Irás y no volverás (1969-1972)

El viento distante (Cuentos)

Islas a la deriva (1973-1975)

Las batallas en el desierto (Novela)

Desde entonces (1975-1978)

La sangre de Medusa y otros cuentos marginales (Cuentos)

Los trabajos del mar (1979-1983)

El principio del placer (Cuentos)

Miro la tierra (1984-1986)

Morirás lejos (Novela)

Ciudad de la memoria (1986-3989)

Antologías

El silencio de la luna (1985-1996) La arena errante (1992-1998) Siglo pasado (Desenlace) (1999-2000)

Álbum de zoología Ilustraciones de Francisco Toledo Gota de lluvia y otros poemas para niños y jóveaec Selección y prólogo de Julio Trujillo La fábula del tiempo. Antología Selección y prólogo de Jorge Fernández Granados


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La voz cervantina de José Emilio Pacheco. 2009 1

947 es una fecha tan lejana como 1547. Ambas se han hundido en la sombra eterna y son irrecuperables. Tal vez la memoria inventa lo que evoca y la imaginación ilumina la densa cotidianeidad. Sin embargo, del mismo modo que para nosotros serán siempre gigantes los molinos de viento que acababan de instalarse en 1585 y eran la modernidad anterior a la invención de esta palabra, en algún plano es real otra experiencia: la de un niño que una mañana de Ciudad de México va con toda su escuela al Palacio de Bellas Artes y asiste asombrado a una representación del Quijote convertido en espectáculo. Salvador Novo adapta y dirige la obra con música de un mexicano, Carlos Chávez, y un español, Jesús Bal y Gal. Novo pertenece al Grupo de Contemporáneos, equivalente exacto del Grupo de 1927 en España. Mucho tiempo después sabré que Novo había conseguido que en julio de 1936 su amigo Federico García Lorca estuviera precisamente en ese Palacio de Bellas Artes para presenciar el estreno mexicano de Bodas de Sangre interpretada por Margarita Xirgu. A telón cerrado aparece el historiador árabe Cide Hamete Benengeli a quién Cervantes atribuye la novela. Cide Hamete Benengeli ha decidido abreviar la historia para que los niños de México puedan conocerla. La cortina se abre. De la oscuridad surge la venta que es un castillo para Don Quijote. Quiere ser armado caballero a fin de que pueda ofrecer sus hazañas a la sin par Dulcinea del Toboso, la mujer más bella del mundo. Dos horas después termina la obra. Desciende de los aires Clavileño que en esta representación es un pegaso. Don Quijote y Sancho montan en él y se elevan aunque no desaparecen. El Caballero de la Triste Figura se despide: “No he muerto ni moriré nunca… Mi brazo fuerte está y estará siempre dispuesto a defender a los débiles y a socorrer a los necesitados”. En aquella mañana tan remota descubro que hay otra realidad llamada ficción. Me es revelado también que mi habla de todos los días, la lengua en que nací y constituye mi única riqueza, puede ser para quien sepa emplearla algo semejante a la música del espectáculo, los colores de la ropa y de las casas que iluminan el escenario. La historia del Quijote tiene el don de volar como aquel Clavileño. He entrado sin saberlo en lo que Carlos Fuentes define como el territorio de La Mancha. Ya nunca voy a abandonarlo. Leo más tarde versiones infantiles del gran libro y encuentro que los demás leen otra historia. Para mí el Quijote no es cosa de risa. Me parece muy triste cuanto le sucede. Nadie puede sacarme de esta visión doliente. En la mínima historia inconclusa de mi trato con la novela admirable hay a lo largo de tantos años muchos episodios que no describiré. Adolescente, me frustra no poder seguir de corrido la fascinación del relato: se opone lo que George Steiner designó como el aparato ortopédico de las notas. Me duele que las obras eternas no lo sean tanto porque el idioma cambia todos los días y con él se alteran los sentidos de las palabras. También me asombra que necesiten nota al pie términos familiares en el español de México, al menos en el México de aquellos años remotos: “de bulto” como las estatuillas de los santos que teníamos en casa: “el Malo”, el demonio”; “pelillos a la mar”, olvido de las ofensas; “curioso”, inteligente. Y tantas otras: “escarmenar”, “bastimento”, “cada y cuando”. Ignoro si podría demostrase que el primer ejemplar del Quijote llegó a México en el equipaje de Mateo Alemán y en el mismo 1606 de su publicación. El autor del Guzmán de Alfarache había nacido en 1547 como Cervantes y estuvo en aquella Nueva España que don Miguel nunca alcanzó.

Tal vez el gran cervantista mexicano de hace un siglo, Francisco A. de Icaza, hubiera rechazado como una más de las Supercherías y errores cervantinos esta atribución que me seduce. Por lo pronto me permite evocar en este recinto sagrado a Icaza, el mexicano de España y el español de México, a quien no se recuerda en ninguna de sus dos patrias. En todo caso sobrevive en el poema que le dedicó su amigo Antonio Machado: “No es profesor de energía/ Francisco A. De Icaza, sino de melancolía”. Y en la inscripción que leen todos los visitantes de la Alhambra. Otra leyenda atribuye su inspiración al mismo mendigo de quien habló también Ángel Ganivet: “Dale limosna, mujer/ pues no hay en la vida nada/como la pena de ser/ciego en Granada”. Como todo, Internet es al mismo tiempo la cámara de los horrores y el Retablo de las Maravillas. No me dejará mentir la Red si les digo que el 30 de noviembre de 2009, en una rueda de prensa en la Feria de Guadalajara me preguntaron, con motivo del Premio Reina Sofía, si con él yo estaba en camino del Premio Cervantes. “Para nada”, contesté. “Lo veo muy lejano. Nunca lo voy a ganar”. Al amanecer del lunes 30 la voz de la Señora Ministra de Cultura, Doña Ángeles González Sinde, me dio la noticia y me hundió en una irrealidad quijotesca de la que aún no despierto. Por aturdimiento, no por ingratitud, apenas en este día doy gracias al jurado por su generosidad al privilegiarme cuando apenas soy uno más entre los escritores de este idioma y hay tantas y tantos dignos con mucha mayor justificación que yo de estar ahora ante ustedes. Para volver al plano de la realidad irreal o de la irrealidad real en que los personajes del Quijote pueden ser al mismo tiempo lectores del Quijote, me gustaría que el Premio Cervantes hubiera sido para Cervantes. Cómo hubiera aliviado sus últimos años el recibirlo. Se sabe que el inmenso éxito de su libro en poco o nada remedió su penuria. Cuánto nos duele verlo o ver a su rival Lope de Vega humillándose ante los duques, condes y marqueses. La situación sólo ha cambiado de nombres. Casi todos los escritores somos, a querer o no, miembros de una orden mendicante. No es culpa de nuestra vileza esencial sino de un acontecimiento ya bimilenario que tiende a agudizarse en la era electrónica. En la Roma de Augusto quedó establecido el mercado del libro. A cada uno de sus integrantes -- proveedores de tablillas de cera, papiros, pergaminos; copistas, editores, libreros--le fue asignado un pago o un medio de obtener ganancias. El único excluido fue el autor sin el cual nada de los demás existiría. Cervantes resultó la víctima ejemplar de este orden injusto. No hay en la literatura española una vida más llena de humillaciones y fracasos. Se dirá que gracias a esto hizo su obra maestra. El Quijote es muchas cosas pero es también la venganza contra todo lo que Cervantes sufrió hasta el último día de su existencia. Si recurrimos a las comparaciones con la historia que vivió y padeció Cervantes, diremos que primero tuvo su derrota de la Armada Invencible y después, extracronológicamente, su gran victoria de Lepanto: El Quijote es la más alta ocasión que han visto los siglos de la lengua española. Nada de lo que ocurre en este cruel 2010 --de los terremotos a la nube de ceniza, de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta a países como México-- era previsible al comenzar el año. Todo cambia día a día, todo se corrompe, todo se destruye. Sin embargo en medio de la catástrofe, al centro del horror que nos cerca por todas partes, siguen en pie, y hoy como nunca son capaces de darnos respuestas, el misterio y la gloria del Quijote. Al recibir el Premio Cervantes de Literatura.

Alfredo Cabildo

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n su libro de poemas titulado Escalas publicado por el Instituto de Cultura de Morelos en septiembre de 2012, la poeta Elsa Cross dibuja un plan de vuelo, traza unas coordenadas que llevan al lector en un ligero movimiento a través de espacios y momentos escogidos para brindar una experiencia de lectura que se convierte en una aventura de la mirada. La primera escala a la que la autora nos conduce es a la imponente Grecia. Esta isla ha sido motivo de inspiración recurrente para Elsa Cross desde su primer libro de poemas Naxos (Ollin, 1966), a partir del cual la tradición griega recorre toda su obra a través de distintos poemarios como Cantáridas (Juan Pablos Editor-Ediciones Sin Nombre, 1999), Cuaderno de Amorgós (Aldus, 2007) y El vino de las cosas. Ditirambos (ERA / Conaculta, 2004), entre otros. Los misterios de la religión griega han sido el centro de buena parte de la labor académica en la UNAM y de la reflexión filosófica de Elsa Cross. En Escalas, la poeta utiliza múltiples referencias a lugares y obras de arte importantes de la cultura helénica, pero más allá del despliegue erudito, está también presente una búsqueda en el lenguaje y las imágenes. Estas referencias funcionan porque sitúan al lector frente a espacios y a obras griegas, de manera que puede presenciarlos y sentirlos y, de esta manera, acceder al tiempo mítico del viaje. En un poema como “Rebético”, es evidente la conexión que la poeta establece con esa honda expresión del alma que se trasluce en las canciones griegas, un sentimiento pesaroso que se representa en el poema como “un domingo nublado”. Otro texto en el que se muestra el aspecto musical es en el poema “Campanada”, en el que vuelve transparente el sonido mediante una agudización en la escucha, que descompone cada átomo de su vibración. Después, volamos hasta un poema en partes dedicado a “Baco”, en el que se leen diversas características relacionadas con esta divinidad; el poema se carga de sensualidad, de erotismo, de embriaguez, la presencia del dios se muestra a través de estas ígneas manifestaciones que arden en un estallido sensorial. El nombre del dios invocado lo vuelve presencia a través de un lenguaje que se vuelve cada vez más extático. La de Elsa Cross es una voz que dialoga con las obras en las que escoge posarse hasta el punto de llegar a confundirse con el arte del que emana y con el que se comunica, a través de una tonalidad que dice solamente lo necesario para que podamos ver directamente a través de una límpida mirada. Una voz que surge como un acto de suprema concentración, como una forma de sentir y transmitir el mundo hasta en sus más ínfimos latidos. Otra escala se abre con la parte del libro titulada “El baño de la serpiente”, que encabeza una serie de poemas sobre lugares y arte europeos. Vuelve a escucharse el sonido de las campanadas como fondo, desde el título del poema en “Las campanas de Schlagenbad”. En este caso, la serpiente despierta con el sonido y muerde a quien la ve a través del sueño. El oído atento de la poeta descubre y distingue los sonidos propios de los lugares de los que habla, sabemos cómo suenan porque nos lo transmite en sus versos, como en “Tarde en Riga”, en donde escuchamos la vida de esta ciudad italiana en su movimiento cotidiano, que logra ser captado y transmitido


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con nitidez en todo su dinamismo, como podemos ver en estos versos: “Un taladro en la plaza/ alterna con las relojerías de una iglesia…” (p.26) Estampas en las que los sentidos se conjugan y conforman momentos en que se ve, se oye y se piensa, pero, sobre todo, se disfruta del arte y el ingenio con que la poeta resuelve los poemas, mediante tenues pinceladas, con palabras elegidas y exactas; como en los versos de “El muelle de Puerto Colombia” que dicen: “A tramos alumbran los faroles/ la caricia momentánea/ entre el brillo y la ola”. En estos poemas se mezcla admirablemente lo cotidiano con lo legendario, como esa cafetería en “La muerte de Lúcidor”, donde Elsa Cross encuentra retratado al emblemático poeta sueco y su trágico destino, o la grandiosidad de un lugar como Alexandría, con su aura ancestral, plasmada en los versos de la poeta mexicana mediante una variedad de colores combinados y como si estuviera sumergido en una ensoñación: Alexandría es un verde azul muriente en el ojo de la tarde, brillos que alcanzan el litoral y se derraman o huyen como sierpes aladas.(p.39) En otra parte del libro la poeta enfoca algunas obras de arte que para ella son representativas; los personajes de los cuadros aparecen en los poemas con intenciones y acciones que, por me-

Escalas de Elsa Cross: Una travesía de los sentidos

dio del juego entre las posiciones y las miradas, los dotan de una insospechada profundidad. O bien, inventa situaciones con personajes conocidos, como el aduanero Rousseau, quien con su mirada encantada y encantadora, recorre el Jardin des plantes como si se encontrara en alguna selva africana. O en otro poema rinde un homenaje al poeta Gerard de Nerval, al pie de su tumba, observando cómo llueve y la lluvia deshace la flor que le ha llevado como ofrenda. En la parte del libro titulada “Retablo”, volamos hacia la catedral de Zacatecas, en donde las formas desarrolladas por el artista Javier Marín, se relacionan a través de una multiplicidad de maneras con la espiritualidad y la religión. El drama de la divinidad se expresa por medio de las líneas, los vértices y la materia, el silencio y la furia, el fuego y la pureza. También aquí el sonido juega un papel importante, la música del órgano contribuye a sacralizar la obra. La materia parece luchar por encontrar un rostro y una gestualidad como parte de la teatralidad que requiere la ceremonia, esa necesidad que tiene la fe de representarse a través de

la materialidad más concreta: “Cada figura emerge del silencio, /de la quietud geométrica, / para encarnar las formas de la fe”. (p.46) Un orden superior que se sirve de las palabras para materializarse: “Y en el fondo las líneas verticales. / Son el plano infinito, / el fondo primordial / que en las formas finitas se desdobla, / los hilos de la trama / que da orden y fin al universo.” (p.47) En el siguiente vuelo Elsa Cross lleva al lector a París a mirar la escultura de “Polifemo en la fuente de Medicis”, bajo distintas luces y en diferentes estaciones del año. La escultura representa el mito de Polifemo enfurecido por el amor entre Acis y Galatea, la enorme figura del cíclope acecha a los jóvenes amantes en la fuente de la que habla este largo poema en partes. Cross nos entrega fugaces momentos de observación: la luz tenue, los paseantes apenas dibujados, la graciosa Galatea y las palomas que “…resbalan entre sus senos, /tocan su vientre y beben”. La poeta logra transmitir esta visión como si se tratara de una serie de pinturas o fotografías de la fuente, en un juego constante

de intercambio con las otras artes que se realiza todo el tiempo en este libro. En “Visible y no”, una más de las escalas, la poeta dialoga otra vez con las artes plásticas, en este caso con la pintura de Tomás Sánchez. En este poema en veinte partes, Cross interpreta la obra del pintor cubano interiorizando en sus versos toda la cauda de ideas que le transmiten sus obras pictóricas. Reflexiona sobre el paisaje y la manera de observarlo a través de la meditación, esa honda mirada interior de la que proviene esta poesía: La figura al fondo de su propia visión fragmento apenas, se fuga por un hueco entre el follaje. (p.68) En el último poema del libro, “Ce seul objet”, presenciamos una implosión de la experiencia en la que la poesía pareciera ser devorada por un agujero negro en el que las palabras, el sentido y el espacio ceden lugar a un silencio des-

nudo, una especie de antimateria o anti-lenguaje que suspende el mundo en un instante de eternidad abierto por la poesía: “El centro se aniquila / y deja la conciencia / a la deriva”. (p.85) Por último, quisiera comentar la edición de Escalas llevada a cabo por el Instituto de Cultura de Morelos en su colección “Voces vivas”, cuyo diseño editorial se debe a la laboriosidad del poeta Alfonso D´Aquino. Es una grata sorpresa encontrar un libro de una poeta consagrada como Elsa Cross -que ha dado a conocer sus más recientes títulos en editorial Era y de quien el F.C.E publicó también en 2012 su Poesía Completa, compuesta de 29 poemarios- publicado por una editorial estatal, de manera atractiva, elegante y accesible para el público lector. Con la portada de este libro que es un fragmento de un cuadro de la artista plástica Susana Sierra titulado Símbolos VII, el diseño hace eco de ese juego de espejos que recorre Escalas, en el que las artes a través de los vasos comunicantes que las unen se reflejan y conjugan. Elsa Cross, Escalas, Instituto de Cultura de Morelos, 2012, 87 pp.


Murió Pete Seeger Página 12

más radical del campus. Pero se dio cuenta de que, quizá, su manera más eficaz de transmitir mensajes fuera la música. Ya en los años cuarenta fue miembro de bandas como The Almanac Singers, con la que grabó el álbum “Historias del Batallón Lincoln” en apoyo a la Segunda República española, así como canciones de apoyo a las tropas estadounidenses, o The Weavers. Volvió de la Segunda Guerra Mundial y fundó la compañía People’s Songs, dedicada a composiciones musicales de izquierda, lo que desembocó de manera inevitable en la “caza de brujas” del furibundo senador Joe McCarthy por haber pertenecido al Partido Comunista, del que se desligaría años más tarde. Fue condenado a 10 años de cárcel, aunque no llegó a ingresar en prisión. A cambio, desapareció de la escena pública pero no de la música que siguió practicando en pueblos e iglesias, para reaparecer en los sesenta como referente moral y musical de la nueva camada que inundó el Greenwich Village de Nueva York, como Bob Dylan, Don McLean o Joan Baez. Cuando en 2009 se celebró un concierto homenaje por su 90 cumpleaños, la plana mayor de la música estadounidense estuvo ahí para festejar. El año pasado quedó viudo de su esposa Toshi, justo antes de cumplir 70 años casados. Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-238658-2014-01-28.html

Había nacido en 1919 en Nueva York. Fue una figura clave entre los cantautores estadounidenses, modelo y mentor de figuras como Bob Dylan y Don McLean. Pese a haber publicado más de 100 discos, nunca se sintió una estrella. La guitarra de 12 cuerdas y el banjo eran sus instrumentos favoritos.

T

enía 94 años en un país tan joven como Estados Unidos y, a través de su música folk, representó como pocos la complejidad cultural e ideológica de una nación que hoy llora su muerte y vuelve a alabar su compromiso artístico y social. En lo musical, padre artístico de Bob Dylan y Don McLean, pasión tardía de Bruce Springsteen. En lo político, perseguido por el Comité de Actividades Antiamericanas, opositor de la Guerra de Vietnam y simpatizante de las Brigadas Internacionales. Y, en lo humano, quizá la muestra más coherente de lo que el término “folk” significa: música por y para el pueblo. En la investidura de Barack Obama cantó el himno político “This Land is Your Land” (“Esta tierra es vuestra tierra”), más de medio siglo después de haber tenido sus más y sus menos con otro simbólico presidente demócrata, Franklin Delano Roosevelt. Seeger era a su vez piedra fundacional, testigo longevo y voz de la conciencia de un país que se convertía en la primera potencia mundial. Fue coleccionista, restaurador y archivador impagable del legado folk estadounidense, género que siempre defendió y ayudó a difundir. Con las claves de un sonido profundamente estadounidense, sin ardores ni panfletos, suyas son muchas de las más célebres canciones protesta del siglo XX. “We Shall Overcome” (“Venceremos”), que tomaba los versos de una canción gospel, se convirtió gracias a él en un símbolo de la reivindicación de los derechos civiles, que pasó por Woodstock en la voz de Joan Baez y que sirvió para dar título al álbum homenaje-descubrimiento que hizo sobre él Bruce Springsteen y que acabó ganando un Grammy. Y “Where have all the Flowers Gone?” (¿Dónde han ido todas las flores?) se convirtió en un clásico antibélico. Cantó también a Sudáfrica en “Wimoweh” y a los soldados israelíes en “Tzena, Tzena, Tzena”. Seeger fue un luchador conciliador, como demuestra el hecho de que hoy el conservador New York Post alaba a un antiguo comunista como él premiado en Cuba y le dedica un artículo titulado “Las cinco maneras en las que Pete Seeger cambió Estados Unidos”, recordando cómo, por ejemplo, colaboró en la limpieza de las aguas del río Hudson, que baña la localidad donde vivió gran parte de su vida, Beacon (Nueva York). Tras su muerte, el cineasta Michael Moore escribió en Twitter. “Qué decir. Él lo dijo, lo cantó y lo vivió todo”. Y músicos tan distintos como Gilberto Gil, Brian May o Nina Hagen lamentaron su muerte tam-

Pete Seeger: por los derechos civiles

E

bién en las redes sociales. Seeger había nacido el 3 de mayo de 1919 en Nueva York en el seno de una familia de músicos, aunque sus padres se divor-

CORREO del SUR Director General: León García Soler

ciaron siendo él un niño. Empezó tocando el ukelele en su época escolar en Connecticut y cuando fue a Harvard, pues quería ser periodista, tomó las riendas del periódico

Suplemento dominical de Director: Adolfo Sánchez Rebolledo

Diseño gráfico: Hernán Osorio

l legendario cantante de música folk y activista, falleció el lunes a la edad de 94 años. Durante casi siete décadas, Seeger fue un ícono musical y político que participó de la creación del movimiento de música folk estadounidense moderna. Seeger tuvo una ilustre carrera musical. En la década de 1940 tocó en el grupo Almanac Singers con Woody Guthrie y luego formó la banda The Weavers. En la década de 1950 su nombre fue agregado a la lista negra luego de que se opusiera a la persecución política desatada por el senador Joseph McCarthy y casi lo detienen por rehusarse a responder preguntas ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses de la Cámara de Representantes. Seeger se convirtió en un destacado activista a favor de los derechos civiles y contribuyó a popularizar la canción “We Shall Overcome”. En la década de 1960 estuvo abiertamente en contra de la guerra en Vietnam e inspiró a una generación de cantantes de protesta. Más tarde estuvo en el centro de los movimientos ecologistas y anti nucleares. Con su esposa Toshi, Pete participó en la creación de Clearwater, una campaña para limpiar el río Hudson. Toshi falleció el año pasado cuando solo faltaban unas semanas para que cumplieran setenta años de casados. En 2009, Seeger y Bruce Springsteen tocaron “This land is your land” de Guthrie en las escalinatas del monumento a Lincoln en un concierto durante la ceremonia de asunción de Barack Obama.


Correo Del Sur No 372