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CRÍTICA/60 ANIVERSARIO DEL VOTO DE LA MUJER / HOMENAJE A PALOMA MÜLLER La Jornada Aguascalientes/Aguascalientes,Mé xico OCTUBRE 2010/

La Jornada Aguascalientes/ Aguascalientes, México OCTUBRE 2013/ Año Añ o4 2No. N o.8820

Un grito por la equidad de género en el arte y en la democracia… Enrique Luján Salazar No somos vivientes, sino murientes. San Agustín. cuando ya estamos determinados por un mundo globalizado

entre hombres y mujeres. Por otro lado, los ciudadanos debemos

donde caen las fronteras, las leyes se supeditan al capital y los

seguir impulsando y creando la idea y su realización de que la

límites e identidad de las naciones desaparecen. Sin embargo,

capacidad de ser representantes en los asuntos públicos compete

la necesidad de construir la democracia sigue ahí, la atención a

no sólo a los hombres, sino también a las mujeres.

las cuestiones públicas demanda cada vez mayor especialización

La tarea consiste en constituir una ciudadanía plena

y capacidad de crear acuerdos, la necesidad de satisfacer las

que se sostenga no solamente en las condiciones sociales y po-

expectativas y remediar las carencias sociales es cada vez más

líticas que garanticen una participación justa y equitativa, sino

urgente. Reconocer que esto es responsabilidad de la ciudadanía

también que se eliminen los criterios lineales y autoritarios que

es una tarea prioritaria, no sólo es un compromiso de educación

continúan reafirmando la existencia de “una sociedad patriarcal

cívica sino un compromiso ético, sin este compromiso no se

en la vida cotidiana de muchas mujeres a pesar de que muchos

puede vivir moralmente en la polis, es decir en el conjunto de

y muchas afirmen que ya vivimos tiempos distintos y que el

relaciones sociales en donde la ciudadanía se desarrolla y logra llegar a ser lo que es. Paloma Müller, Sin título.

ste número de nuestro suplemento es muy especial para todos sus colaboradores y los que formamos parte del Consejo Local del Instituto Federal Electoral de Aguascalientes. Dos acontecimientos han cimbrado nuestros devenires

En nuestra cultura política es necesario fortalecer el proceso democrático del país, para que vaya más allá de la “fase de transición” y procure una participación más equitativa de hombres y mujeres. Todavía pesa una cultura marcada por la desigualdad en varios sentidos y niveles. Tenemos un panorama nacional en el que factores sociales, culturales, institucionales e individuales obstaculizan el desarrollo ciudadano de las mujeres y

históricos y vitales: la lucha continua por la equidad de género,

mientras estos factores sigan permeando sus vidas y decisiones,

simbolizada en la conmemoración del 60 Aniversario del voto

no podremos afirmar que en nuestro país existe la democracia.

de la mujer en México y la exposición artística presentada tanto

La ciudadanía consiste en una continua construcción de la de-

en Zacatecas como en Aguascalientes –en la conmemoración

mocracia misma.

machismo es cosa del pasado” (Marcela Lagarde). La memoria, mi memoria, guardará con especial afecto los momentos en que conviví con Paloma Müller en la Universidad de las Artes, su palabra fresca e inteligente, su mirada escrutadora y su trabajo incansable. Es una coincidencia feliz que la conmemoración del voto de la mujer coincida con este homenaje que rendimos a la obra y a la vida de la artista que nos ha mostrado el valor de la mujer mexicana, la sensibilidad artística para ver lo nunca visto y sea testimonio de que cuando se aúnan inteligencia y voluntad las mujeres pueden saberse, sentirse y asumirse como ciudadanas, en una ciudadanía plena, tanto en su actividad cotidiana como en los distintos niveles

del 100 Aniversario del nacimiento de Guadalupe Posada– en

Cuando hablamos de ciudadanía hablamos de sujetos

de participación social y política. Ser ciudadana significa que

la que destaca la obra fotográfica de nuestra querida y bella

constituidos por derechos y con la posibilidad de ejercer estos

cada mujer pueda asumirse plena de derechos en su hogar, al

Paloma Müller. Las voces que corren en las tintas de este número

derechos al vivir... Ciudadanía plena es juntar la norma, pacto

enfrentar conflictos familiares y de salud, sabiendo que cuenta

quieren ser un tributo tanto al aniversario del sufragio femenino

jurídico o ley con la experiencia vivida. Por esto, para las mujeres,

con una serie de estructuras públicas, jurídicas y sociales que

como a la obra y testimonio que nos ha dejado Paloma de que las

hoy, es muy importante reivindicar una ciudadanía que no sólo

le garantizan el reconocimiento a sus derechos y la protección

mujeres son necesarias y valiosas en todos los ámbitos –político,

esté consagrada en normas, acuerdos y leyes sino que sea una

que de ellos se deriva. No es posible que la mujer se sienta ciu-

artístico, económico y educativo– en el desarrollo de un país

ciudadanía vivida, una ciudadanía práctica.

dadana sin considerarse ni ciudadana ni humana; ni dejar que

más equitativo y justo.

Me parece que un organismo como el Instituto Federal

otro determine qué puede y qué no puede hacer.

La participación en política y en la construcción de un

Electoral puede asumir una autocrítica en este y en muchos

Los siglos de inequidad reclaman que nos sumemos

marco legal donde se pueda convivir con los demás, satisfacer

otros aspectos que le permita abrir espacios y oportunidades en

a las voces de mujeres milenarias y centenarias presentes en la

las necesidades sociales y dirimir las diferencias parece ser inútil

sus distintas estructuras de acuerdo a las demandas de equidad

afirmación: “no más sin nosotras; no más sin las mujeres”.

CONTENIDO: • UN GRITO POR LA EQUIDAD DE GÉNERO EN EL ARTE Y EN LA DEMOCRACIA. Enrique Luján Salazar • DEMOCRACIA, MUJER Y DISCAPACIDAD. Clara Müller Maldonado • MUJERES, DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA. Claudia Alonso González • LAS INVITADAS (Y NO) A LA DEMOCRACIA EN MÉXICO. Ramón López Rodríguez • MÉXICO Y SUS MUJERES. Adriana Damián Olvera • PÉNDULO21/UNO/OCTUBRE 2013 •


Paloma Müller, Libertad.

Democracia, mujer y discapacidad Clara Müller Maldonado

a mujer fue protagonista fundamental de la Revolución Mexicana, lo

1970 por cada mujer trabajando en la PEA había tres hombres, esto sopor-

mismo como precursora e intelectual, como en el caso de Carmen

tado por el prejuicio popular de que “el lugar de la mujer estaba en la casa”.

Serdán, que como humilde soldadera durante los años de mayor

La crisis económica de los años ochenta detonó un proceso de

violencia, marchó al lado de su “Juan” en las filas revolucionarias; pese a

incorporación de la mujer a la PEA, sustrato económico de lo que se conoció

estos antecedentes, se impuso una visión más conservadora al no ampliar

como “liberación femenina” pues sólo en la medida en la que la mujer fuera

el derecho al voto al género femenino, dado que “podrían ser objeto de

capaz de ganarse la vida, iría consiguiendo un lugar en el resto de espacios

manipulación”. Haciendo una retrospectiva del siglo XX, periodo funda-

existenciales. Aunque sin soporte empírico, considero que la mujer económi-

mental en la construcción del México moderno y democrático, fueron más

camente activa es a la vez políticamente activa, sin embargo, en ocasiones

los años en que las mujeres vieron denegado el más elemental derecho

la mujer que no genera ingresos sufre en mayor medida la problemática de la

democrático, su derecho a votar; por este motivo estamos recordando los

violencia y discriminación de género

60 años de su instauración.

porque su condición le implica una

Aunque no se puede afirmar que antes de conseguir este dere-

participación de menor nivel.

cho no había participación de la mujer dentro del sistema democrático; ya que, por ejemplo, al interior de los sindicatos, las mujeres sí participaban

La discapacidad

en condiciones casi de paridad, aunque con excepciones, como en el caso

En un principio, la prioridad en la

de las costureras, quienes tenían por dirigentes a hombres. Con todo esto,

atención a las personas discapa-

el derecho al voto inició una nueva etapa en la vida pública del país, en la

citadas refiere a todo lo que hace

que también se ganó la posibilidad de ser votadas, aunque fuera en el muy

a su tratamiento, rehabilitación y

limitado esquema de participación de lo que fue el viejo sistema político

facilitación de la vida cotidiana, por

mexicano de “partido único”.

lo que quienes la sufren, concentran

A la hora de hacer balance, la visión “vaso medio lleno / vaso

sus atenciones en el acceso a los

medio vacío”, este acontecimiento ofrece una perspectiva contradictoria,

servicios de salud y rehabilitación

pues por una parte no hemos llegado a una real paridad en lo que hace a

adecuados y suficientes. Para que

los cargos de elección popular, dado que en estos momentos no hay una

estos servicios se brinden hoy en

gobernadora en el país; aunque por la otra, la actual legislatura federal

día, previamente existieron conside-

(diputados y senadores) cuenta con el mayor porcentaje de legisladoras

raciones y decisiones en la esfera de

de nuestra historia (arriba del 30%).

la política, desde las modificaciones

Para evaluar los resultados de la presencia de las mujeres en

a la ley para el reconocimiento de la

cargos de elección popular, debemos tomar en consideración todo lo que

discapacidad, hasta la asignación de

implica el proceso de participación política. Si consideramos como primer

recursos para constituir una política

punto la inscripción en el Listado Nominal, encontramos que hay un ligero

pública de atención a la misma, pues

predominio femenino, con un 51.7% que corresponde a 42.5 millones con-

como se sabe una prioridad a la que

tra 39.7 millones de hombres, 48.3%; ahora, en el nivel censal, de acuerdo

no se le asignan recursos no es considerada una prioridad.

con los datos del 2010, el predominio femenino es ligeramente menor con

Personalmente, no soy partidaria de la incorporación de personas

un 51.1%, es decir 57.4 millones de mujeres, lo cual indicaría que hay una

con discapacidad como cuotas en los partidos políticos, pues si bien como

mayor tendencia de las mujeres a inscribirse al Padrón Electoral que la de

ciudadanos guardan este derecho, no puede ser la discapacidad su forma

los hombres. Si las mujeres tienden a registrase más en el Padrón para votar

de identidad particular, así como no votaría por una mujer sólo por su

e incluso acuden a las urnas en mayor proporción que los hombres: ¿Por

género, no votaría por un candidato solamente por ser discapacitado. En

qué esto no se refleja en una mayor presencia en los encargos de elección

este sentido, considero que un intermediario de la participación democrá-

popular?

tica pueden ser las organizaciones de la sociedad civil, como una opción

En este punto considero que hay un factor que aún no se ha analizado exhaustivamente y que puede contribuir a explicar esta aparente

para gestionar y cohesionar una agenda colectiva entre las personas con discapacidad y los organismos políticos, manteniendo su independencia.

contradicción: la participación femenina en la “Población Económicamente

Sigo pensando en el coloquial decir: en este país lo peor es ser

Activa”. La PEA es aquella población que trabaja o busca emplearse en alguna

mujer, ser indígena, ser vieja y tener una discapacidad… falta pues mucha

actividad que le genere remuneración económica, sector que por tradición

tarea por hacer para que las mujeres podamos incidir en los temas de la

ha sido un terreno predominantemente masculino, pues por ejemplo en

inclusión y acceso pleno en la participación política.

• PÉNDULO21/DOS/OCTUBRE 2013 •

Paloma Müller, Introspección.


Mujeres, democracia y participación política Claudia Alonso González

Las personas y los grupos sociales tienen derecho a ser iguales cuando la diferencia los inferioriza, y el derecho a ser diferentes cuando la igualdad los descaracteriza. Boaventura de Sousa Santos. Paloma Müller, Somos murientes.

a democracia es definida como una forma de gobierno en la que todos los miembros de una determinada comunidad son considerados como iguales en el derecho a la participación política. Esta igualdad implica no sólo el derecho a votar y a ocupar cargos públicos, sino el derecho a participar en la elaboración de las directrices políticas. Cada cabeza es un voto, lo cual presupone que las opiniones y las orientaciones políticas de todos los individuos considerados, tienen igual importancia. Sin embargo, las democracias liberales, al tener como supuesto fundante el principio de igualdad política, tienen dificultades para enfrentar los distintos grados de diferenciación, estratificación y desigualdad en los que las y los ciudadanos están insertos. Se invisibilizan o subestiman las diferencias que nos han convertido en desiguales en función de características étnicas, de pertenencia rural/urbana, de posición socioeconómica, de acceso a la educación y a la información, entre otras. La relación entre los géneros constituye uno de estos terrenos de diferenciación que se traduce en relaciones de desigualdad entre las personas. A pesar de que este año estamos cumpliendo 60 años de reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres en México, la presencia femenina en los espacios políticos de decisión y de representación sigue siendo minoritaria. Basta revisar las cifras para observar que la constante es más bien el monopolio masculino de estos espacios, no sólo en el ámbito municipal sino también en el estatal y federal. En México, entre el 2007 y el 2012, el porcentaje promedio de espacios parlamentarios ocupados por mujeres fue del 28% en la cámara federal de diputados, y del 23% en la de senadores. La distribución de las diputaciones en los Congresos locales fue todavía menor: entre el 2007 y el 2011, sólo el 21% de los/as diputados/as locales en los 32 estados fueron mujeres. La sub representación femenina también la encontramos en los indicadores que dan cuenta de la participación política a nivel municipal. Entre 1995 y 2013 menos del 5% de los municipios del país fueron gobernados por mujeres, cifra que repite la tendencia que se muestra en toda América Latina. Estos datos expresan la dificultad de la democracia liberal para tomar en cuenta las condiciones desiguales desde las cuales los hombres y las mujeres se insertan y participan en las instituciones políticas. Al partir de una supuesta igualdad, se homogeniza a los sujetos y se elimina la posibilidad de pensar en el género como un factor político relevante. Sin embargo el dilema que surge es: ¿Cómo conciliar la tensión entre el respeto a la igualdad política y el reconocimiento

de la desigualdad de género? ¿En qué medida tratar a los desiguales, si el principio fundante de la democracia es la igualdad? ¿Un gobierno democrático debe dar derechos diferenciales a los desiguales a fin de disminuir las desventajas? La respuesta es sí. Un primer problema que podemos observar a partir de las cifras citadas anteriormente es la injusticia numérica en la participación de las mujeres, es decir, que la mitad de la población tiene una representación política insuficiente. Al respecto una alternativa son las políticas compensatorias que tienen su forma más conocida en los sistemas de cuotas, las cuales ayudarían a disminuir la sub representación numérica que tienen las mujeres en los órganos parlamentarios. Un segundo problema tiene que ver con la ausencia o insuficiente representación a partir de una perspectiva femenina. 1 En este sentido, Iris Young (2009) utiliza la idea de perspectiva para referirse al conjunto de experiencias y presupuestos a partir de los cuales se hace un razonamiento. Para Young los grupos se colocan y definen sus posturas a partir de esta perspectiva que los caracteriza como grupo identitario, por lo que propone incluir diferentes perspectivas en los espacios parlamentarios. Sobre este punto hay que agregar que también debemos reconocer las diferencias al interior del mismo género, aquellas que como mujeres nos hacen diversas. Observamos la necesidad de garantizar espacios para representantes que legislen desde el enfoque de género, es decir, que coloquen en la mesa de debate las necesidades y demandas de las mujeres no como sujetos neutros o asexuados, sino como personas cuya diferencia sexual se ha convertido históricamente en motivo de discriminación, exclusión y expropiación. En este sentido es indispensable legislar en temas como la violencia doméstica; el acoso sexual en el ámbito laboral; el incremento de feminicidios; la trata de mujeres; el acceso a la salud sexual y reproductiva; la conciliación entre la vida laboral y la doméstica; el diseño de ciudades seguras para las mujeres y sus hijos/ as; entre tantas otras temáticas que hay considerar desde un enfoque de género feminista. Puesto que un porcentaje de mujeres dentro de las instituciones democráticas no necesariamente garantiza el principio de justicia de género, es necesario considerar una serie de alternativas para avanzar en la resolución de este problema. Una de ellas es generar presión desde afuera del campo político partidista, promoviendo la convivencia entre una democracia representativa y una democracia participativa. Esta participación Ferguson Ann and Mechthild Nagel, Dancing with Iris.The Philosophy of Iris Marion Young, Oxford University Press, NY, 2009.

1

• PÉNDULO21/TRES/OCTUBRE 2013 •

debe gestarse desde el interior de la sociedad civil y ser completamente independiente del campo político, de manera que los intereses y las voluntades se constituyan desde un espacio libre. Es a partir de allí que será posible establecer una relación con el campo de la política, lo cual puede ocurrir mediante la creación de grupos de presión en ámbitos parlamentarios para la inclusión en las agendas legislativas de proyectos de ley a favor de las mujeres (o de cualquier otro grupo excluido). La segunda alternativa es impulsar desde la sociedad civil a mujeres líderes para ocupar espacios de participación 2 parlamentarios. Al respecto Jardim Pinto (2004) considera que si bien es probable que las mujeres en los parlamentos no representen una perspectiva de género, es muy poco probable, por el contrario, que la presencia de mujeres como diputadas o senadoras surgidas del interior del espacio participativo, no esté íntimamente relacionada con los intereses de las mujeres. Esta alternativa tiene la ventaja de que la sociedad civil que impulsó a una determinada candidata (o candidato) ejercerá un contrapeso demandando permanentemente rendición de cuentas y al mismo tiempo funcionará como una red de apoyo que podrá movilizarse para promover desde afuera sus causas. En relación a las dificultades que tienen las mujeres para participar políticamente es necesario considerar que así como el problema de la disparidad política responde a múltiples razones socio-culturales e históricas, también las estrategias de solución deben ser amplias e integrales. Reconocer las desigualdades de género no implica abandonar la defensa de un criterio de igualdad política ante la ley. Las democracias deben enfrentarse con una doble tarea: garantizar el estatuto legal de la igualdad formal, ocupándose al mismo tiempo de disminuir las desigualdades de facto, tanto de las desigualdades de género como de las enormes desigualdades económicas y sociales que limitan el pleno ejercicio de los derechos humanos. Además, es indispensable incorporar el principio de equidad, lo cual significa no sólo promover una nivelación en las condiciones en que ocurre la participación, sino también incentivar procesos de ajuste genérico que reparen las desigualdades históricas entre hombres y mujeres. A más de medio siglo de haber adquirido el estatus de ciudadanas, las mujeres y la sociedad toda, seguimos teniendo estos desafíos pendientes. 2

�ardi� Pinto, ��cil �egina, ��l o��etivo de una �ers�ectiva de g�ne� ro”, en AAVV, La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos. El debate conceptual sobre la democracia, PNUD, 2004.


México y sus mujeres Adriana Damián Olvera La esfera de la mujer está en todas partes, porque la mujer representa más de la mitad del género humano, y su vida está íntimamente ligada a la de la otra mitad. Los intereses de las mujeres y de los hombres no pueden separarse. Hermila Galindo

A Paloma Müller mujer mexicana, que nos ofrece otra mirada de la vida.

Paloma Müller, Mira. 2010

fundadora del semanario político y literario Mujer Moderna, muy joven se integró al equipo de Venustiano Carranza, proponiendo modificaciones a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, mismos que no fueron aceptados. Viajó a diferentes países llevando su pensamiento de igualdad de derechos para hombres y mujeres. Más tarde, fue candidata a Diputada Federal por el V Distrito Electoral de la Capital de la República, en donde obtuvo mayoría de votos, pero el Colegio Electoral, rechazó el triunfo. Su afán no menguó y continúa su lucha política incansable día a día, fue en el año 1952 que logra convertirse en la primera mujer integrante del Congreso Federal, y poco tiempo después, en 1963, el Congreso Federal y el Presidente de la República, acogen la propuesta de Galindo, con ello consigue la modificación al Artículo 34 de la Constitución, que otorga ciudadanía a mexicanos que cumplen ciertos requisitos de nacionalidad, edad, entre otros; al incluir en su redacción -y mujeres-, una breve palabra, pero que representa una nueva dinámica, y conforma el inicio de una lucha constante, una nueva mirada de la mujer mexicana.

60 años de distancia del reconocimiento a la mujer del derecho de manifestar su voluntad a través del voto, fue que en nuestro país inició un proceso democrático participativo, y con ello una nueva organización social, que confirió una nueva legitimidad a sus representantes, y una nueva Mirada a un México que decide y comparte responsabilidad de su camino, hoy vemos cómo mujeres y hombres conviven de manera diferente. Para lograr estos cambios, le antecedieron grandes intentos que resultaron infructuosos en su momento, pero que iniciaron el trayecto a la transformación, en donde el tesón y el afán de personalidades férreas y convencidas que la lucha por obtener el voto de las mujeres no se detuviera, tal es el caso de Hermilda Galindo, quien con su visión referente a la participación femenina en los comicios electorales, abre el crédito a diferentes áreas de desempeño, laboral, social, familiar y democrático por supuesto. Hermila Galindo, poseedora de un pensamiento y expresión sólidos, conformaron un pensamiento teórico a través de sus luchas a favor del sufragio femenino, a lo largo de sus participaciones aguerridas, fue

Las invitadas (y no) a la democracia en México Ramón López Rodríguez ¡Confórmate mujer! Hemos venido a este valle de lágrimas que abate, tú como paloma para el nido, y yo, como león, para el combate. Salvador Díaz Mirón, 1884

n este polémico epígrafe –transcripción de la última estrofa del poema A Gloria–, el poeta y político veracruzano hace resonar palabras sentenciosas sobre una inercia cultural y social de marginación, cuya dureza se tornará quebradiza sólo a lo largo de las siete décadas posteriores a su redacción. El 17 de octubre de 1953, las mujeres obtendrán por fin el derecho constitucional al voto en México, en buena medida, bajo la iniciativa del entonces presidente Adolfo Ruiz Cortines de reformar los artículos 34 y 115 constitucionales, concediéndole a las mujeres un estatus de ciudadanía del que habían carecido legalmente. En realidad, ya el presidente Miguel Alemán había contribuido en parte a este logro, con reformas que permitían el derecho al voto femenino, aunque sólo en contiendas municipales. Por otra parte, los casos de mujeres que habían participado exitosamente en justas electorales existían ya desde 1923, como los de Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche y Raquel Dzib –primeras diputadas locales electas– o Rosa Torres –primera regidora electa de Mérida–, todas del Estado de Yucatán. También desde las décadas de 1910 y 1920, algunas representantes del feminismo en México, como la entusiasta carrancista, Hermila Galindo, o la vasconcelista, Antonieta Rivas Mercado, se habían pronunciado fuertemente al respecto de permitir el voto para la mujer. No obstante, el otorgamiento de este derecho fundamental resultó ser difícil y contar con taimadas resistencias. Si bien el voto femenino había sido una de las tantas cuestiones discutidas al redactarse la Constitución de 1917, la negativa del Congreso Constituyente a considerarlo fue unánime en base a una triple justificación: 1) que el desinterés que, por lo general, demostraban las mujeres sobre los asuntos políticos les incapacitaba para una emisión razonada de su sufragio, 2) que la falta de preparación política del sector femenino, salvo por algunas “mujeres excepcionales, evidenciaba dotes mínimos para contribuir propositivamente a la vida pública del país y 3)

Paloma Müller, Puerta.

que la abnegada función que históricamente había confinado a la mujer en el hogar y al cuidado de la familia, innegablemente le daba ahí –y no en otra parte– su realización más completa. En su ensayo “Los movimientos de las mujeres en pro del sufragio en México, 1917-1953”, Enriqueta Tuñón Pablos subraya, además, la minimización y el desdoro dispensados a la participación activa que había tenido la mujer en los primeros años de la Revolución Mexicana, ya sea como combatiente –desde soldadera hasta coronela–, como enfermera o, propiamente, como mujer de ideas, que rápidamente se incorporaron a los planes y proyectos revolucionarios en la dos primeras décadas del siglo XX. Todo eso se obvió en la redacción del artículo 34, realizada en clave “masculina”, negándoles a las mujeres los

La Jornada Aguascalientes PÉNDULO 21

EDITOR Enrique Luján Salazar

Publicación Quincenal Octubre 2013. Año 4, No. 88

DISEÑO Claudia Macías Guerra

• PÉNDULO21/CUATRO/OCTUBRE 2013 •

derechos que legítimamente se habían ganado en la lucha, como el de poder votar y de ser votadas electoralmente. Hoy parecen ser tiempos muy distintos. Después de ese octubre de 1953, la intervención de la mujer en asuntos políticos ha ido aumentando paulatinamente. Si lo reflexionamos sobre los datos obtenidos en los comicios federales y locales del año 2012, sorprende gratamente ver que la lista nominal de electores del IFE estuvo compuesta por casi el 52 % de mujeres. Además, producto de las reformas a diversos artículos del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) en abril del 2002, se impuso una “cuota” que decretaba que ningún género debía obtener más del 70% de las candidaturas a cargo de elección popular dentro de partido alguno. En cierto sentido, estos cambios siguieron una tendencia mundial de la que las instituciones democráticas en México no pudieron marginarse, menos debido al prestigio que se habían ganado después de las elecciones del año 2000. Pese a tan importantes logros y avances, es válido preguntar si están todas las que son y son todas las que están, hablando de la participación de la mujer al festín democrático mexicano. Pienso en el caso de las mujeres indígenas, cuya lucha por el reconocimiento y el respeto falta mucho para que termine. Es poco claro su futuro en cuanto a la conquista de sus derechos políticos: a su derecho a participar con igualdad en las decisiones del poder; a su derecho a formar parte de las asambleas y congresos, no como regalo o concesión; a su derecho a tener un estatus jurídico que les otorgue existencia plena ante los “otros”, incluyendo ante las mujeres que, con bombo y platillos, festejarán los 60 años de su derecho al voto. No se puede menos que desear a todas esas mujeres tojolabales, tzotziles, purépechas, tarahumaras, yaquis, zapotecas, tzeltales, mazahuas, nahuas, huicholes, mames, mazatecas, huastecas, mixtecas, choles, triquis, matlatzincas o coras –pidiendo disculpas por los etnias que faltan por nombrar–, que más pronto que tarde el 17 de octubre también pueda ser su día.

COMITÉ EDITORIAL Ignacio Ruelas Olvera José de Lira Bautista Raquel Mercado Salas Ramón López Rodríguez

COLABORACIONES Clara Müller Maldonado Claudia Alonso González Adriana Damián Olvera FOTOGRAFÍA: Paloma Müller


Pendulo99