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CRÍTICA/AVATARES DE LA POLÍTICA Y LA DEMOCRACIA LaLa Jornada Aguascalientes/ Aguascalientes, México DICIEMBRE 2011/ Año Jornada Aguascalientes/ Aguascalientes , Mé xico OCTUBRE 2010/ Añ o32No. N o.43 20

México y los huérfanos de Jezabel Raquel Mercado Salas

La sociedad moderna y desarrollada alimenta permanentemente

una serie de contradicciones sintomáticas que configuran

lo que se puede llamar el síndrome de Jezabel. Este síndrome

se caracteriza por la creación, la provocación, la estimulación y la represión

constantes de áreas sociales marginales, compuestas por

las manifestaciones de enervamiento extremo de las clases dominadas, y de algunas fracciones de la clase dominante.

Roger Bartra, Las redes imaginarias del poder político.

CONTENIDO

México y los huérfanos de Jezabel Raquel Mercado Salas

Los desafíos de la democracia. El cambio democrático y sus limitaciones José Woldenberg

Macro y micro climas del pensamiento político en México Ignacio Ruelas Olvera

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éxico es un país de voyeristas, aunque no es un caso aislado del resto del mundo, un país en donde se puede consumir la información más polarizada, a la vez ridícula, a la vez cruel. En más de una ocasión Jean Baudrillard analizó las condiciones de la voluntad de espectáculo en los discursos de los mass media de la actualidad; el ejemplo que usó fue el de la guerra del Golfo Pérsico, una guerra que no tuvo lugar, o al menos no esa guerra presentada por vez primera en vivo y en directo a través de los lentes; una situación bélica manipulada de una manera tal que los rehenes de ese simulacro fuimos todos los espectadores bombardeados día y noche hasta el hartazgo. Y, sin embargo, nada sabemos de los sótanos reales del Golfo. Así sucede en México, el espectáculo está a la orden del día, entre las marcas de publicidad de las grandes corporaciones nos anuncian la suma de los cuerpos mancillados cada jornada a lo largo del territorio. Vemos a una población sensible e insensible a la vez, llantos y gritos frente al espectáculo de la liguilla y de los realities shows, y millones de gestos de indiferencia ante las matanzas masivas, frente a la impotencia de los que buscan a los suyos sin encontrarlos. Y, de nuevo, a pesar de tanta exposición a la podredumbre no alcanzamos a ver los sótanos del México contemporáneo. Roger Bartra, teniendo la lucidez del análisis político que le caracteriza, ha llevado las tesis de Foucault y Baudrillard, entre otros, más allá de una comprensión académica, las ha puesto

a dialogar con una realidad social muy compleja y llena de matices. Él mismo nos dice: “Jean Baudrillard ve en el teatro guerrillero alemán la manera en que el espectáculo del terrorismo impone el terrorismo del espectáculo. Es decir, en el teatro de la crueldad que es la guerra entre el crimen terrorista y la represión gubernamental hay dos grandes polos: el desafío de la subversión simbólica y el espectáculo de la represión”1. Es claro, que estas inversiones no sólo se dan en el contexto citado sino en una variedad de espacios contemporáneos, pero todos ellos tienen un ingrediente común: el terrorismo como una forma de peligro anónimo. Y justamente es en su anonimato en el que se permiten una serie de acciones que someten a una sociedad a los abusos que van y vienen de todas las direcciones posibles. Bartra rescata siete puntos en los que se caracteriza a ese enemigo anónimo, pero me gustaría centrarme solamente en tres de ellos: 3. El poder dominante, firmemente anclado en la realidad, desarrolla el espectáculo de una estrategia de simulación que lo conduce a la victoria objetiva, la liquidación de los terroristas, y provoca una cohesión social en torno al gobierno “amenazado” por ellos. 4. El modelo de simulación implica que el aparato estatal se introduce en una espiral de represión que se confunde completamente con la naturaleza imprevisible del te1Bartra, Roger, Las redes imaginarias del poder político, Ed. El Océano, México, 2007, p. 51.

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rrorismo, que usa métodos violentos semejantes, sumergidos en un mundo opaco semisecreto. 5. El modelo de simulación es una trampa: mantiene en secreto una serie de acontecimientos (suicidios que parecen asesinatos o viceversa, extrañas desapariciones, agentes dobles), pero astutamente deja cabos sueltos que permiten entrever una “verdad oculta” que ha de ser descubierta. A la "opinión pública” le queda la tarea de buscar o producir la verdad, los hechos, lo real, bloqueándose así toda posible solidaridad con la virulencia simbólica e imaginaria del terrorista2. Esta serie de reflexiones, anteriores a la guerra contra el narcotráfico, señalan algunas formas de lectura de la realidad caótica en la que vivimos. Una realidad violenta y de desconfianza en el otro y, por lo tanto, una desconfianza en las formas institucionales que generarían una forma comunitaria de trabajo. Vivimos en un país que alimenta el resentimiento generacional de una manera preocupante. Aún no hemos sufrido la fuerza de ese rencor inmanente a toda forma de relación con los otros. Este aislamiento que vamos viviendo provoca un sentimiento generalizado de frustración y éste se incuba en todas direcciones. De pronto, México se torna huérfano de Jezabel, quien con sus entrañas muertas expulsa una cantidad de criaturas indeseables gritando en medio de la noche y del día, ya no importa la hora, la deshumanización de su gente. 2 Ibidem, p. 52.


Los desafíos de la democracia. El cambio democrático y sus limitaciones José Woldenberg

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éxico logró, contra muchos pronósticos, que la diversidad política coexistiera en las instituciones estatales. Después de largos años de monopartidismo fáctico, y gracias a movilizaciones y conflictos recurrentes, se llevaron a cabo las reformas normativas e institucionales que permiten hoy la presencia del pluralismo político tanto en las esferas de gobierno como en los espacios legislativos. Se trató de un proceso tenso, complicado, pero venturoso porque sintonizó de mejor manera a los circuitos estatales con una sociedad abigarrada y diversa. Cualquiera que compare el mundo de la política de hoy con el de hace veinte años notará las diferencias. Asentamiento de la diversidad, mayores grados de libertad, contrapesos en las instituciones estatales, coexistencia de la pluralidad, ejecutivo acotado, federalismo primitivo, mayor rendición de cuentas.

No obstante, este proceso democratizador se encuentra erosionado, desgastado, porque en muchos otros terrenos de la vida social las realidades son más negras. El tránsito democratizador ha sido acompañado por un crecimiento deficiente de la economía, por una persistente desigualdad social y los fenómenos de exclusión aunados a ella, por el incremento notorio de la delincuencia, por la reproducción de mundos paralelos que escinden a los ciudadanos, por un frágil y contrahecho Estado de derecho (como nos lo recuerda el PNUD), por una vida pública estridente e ininteligible, y en suma (como insiste la CEPAL) por una escasa cohesión social. Nada de lo anterior es una novedad. Pero si deseamos que la incipiente democracia no acabe por deteriorarse más, es necesario subrayar que sólo podrá reproducirse medianamente si salimos al paso a estas realidades que la carcomen y le restan el aprecio de franjas importantes de ciudadanos. Organismos internacionales, gobiernos, partidos, académicos, ponen el acento en la posibilidad de que lo que fue motivo de esperanza se convierta en fórmula de desencanto. Luego de trágicas dictaduras militares y de la persistencia de gobiernos autoritarios (como el nuestro), el horizonte democrático en América Latina pareció concitar las más amplias adhesiones.

Izquierdas y derechas convergieron en esa apuesta y millones de ciudadanos se sumaron a esos esfuerzos. No obstante, concluido aquel primer ciclo, el entusiasmo por la democracia parece enfriarse. Cierto que no existe un modelo alternativo que cuente con suficiente apoyo social, pero el desencanto con la democracia (sería mejor decir con sus instrumentos: los partidos, los políticos, los parlamentos), aparece en todos los ámbitos: en las escuelas y los centros de trabajo, en los medios y en las mesas de los amigos, y por supuesto es recogido por las encuestas. Una y otra vez la gran ilusión aparece defraudada. Esto tiene que ver con la sobreventa de expectativas que se desataron durante los períodos transicionales, pero éste es un débil consuelo analítico. Lo cierto es que no sólo se ofertó que la democracia permite la convivencia de la diversidad política, que construye candados para acotar a los poderes constitucionales y que potencia los márgenes de libertad, sino se la pensó como una terminal de ferrocarril en la que al arribar se encontraría una sociedad reconciliada consigo misma. El problema de fondo es que el desaliento no sólo es fruto de las perspectivas desbordadas sino de las realidades existentes. Ésta es la

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fuente fundamental de los abatidos humores públicos, del coraje contra la política, del desprecio masivo a todo aquello que huela a partidos y órganos de representación. No son buenas noticias por supuesto. Pero preocupan más por la inercia auto referencial en la que se reproduce la política nacional. Como si de nuevo los puentes entre representados y representantes pudieran ser dinamitados sin consecuencias graves para unos y otros. El nuevo horizonte de la política no puede desentenderse de los fenómenos que carcomen la convivencia en común. Frente a la crisis que ya es presente y un futuro inmediato de decrecimiento que supone más trabajo informal y menos oportunidades laborales en el universo de la formalidad, y en conjunto más pobreza en un mundo marcado por la ancestral desigualdad, los comicios del 2009 se realizaron en un ambiente cargado de preocupaciones. Este “rasgo estructural” de la sociedad


mexicana es el que se tiene que empezar a remontar si es que se aspira a vivir en un hábitat incluyente, equilibrado y justo. Es un tema de ayer (de siempre), pero que hoy, quizá por primera vez en nuestra historia, tiene que ser asumido en un contexto de coexistencia de la pluralidad en el entramado estatal. Porque el reto mayor de la naciente democracia mexicana es que tiene que reproducirse en un ambiente adverso, cargado de malos presagios y pésimos humores. Y para hacerla sustentable se requiere de un piso común, de un horizonte compartido, que no puede (debe) ser otro que el de la forja de una ciudadanía digna de tal nombre (capaz de apropiarse y ejercer sus derechos), para lo cual un piso básico de condiciones materiales de vida y de satisfactores culturales (uno de los más importantes la educación) parece imprescindible. Si la democratización del país fue posible —queriendo o a regañadientes— gracias a los esfuerzos conjuntos de gobiernos y oposiciones, y en el que coadyuvaron organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación, académicos e intelectuales, etc.; hoy se requiere un esfuerzo similar para edificar una casa común que logre trascender el archipiélago de clases, grupos, tribus y pandillas en el que se está convirtiendo el país. Desde esta perspectiva, quiero poner a su consideración el tema de la precaria cohesión social de nuestra sociedad, sobre la que alerta la CEPAL, como uno de los problemas que afectan la vida democrática y a su consolidación. Acudo a la CEPAL para ilustrar mi preocupación, porque hace un ejercicio ambicioso sobre un problema fundamental que incide ya no sólo en la reproducción de la democracia sino en el conjunto de la convivencia: la “cohesión social”1. La cohesión social alude a un sentido de pertenencia, “es parte de la solidaridad social necesaria para que los miembros de la sociedad sigan vinculados a ella con una fuerza análoga a la de la solidaridad mecánica premoderna”, se trata de los lazos que crean obligaciones en los individuos y que los hacen sentirse incluidos en un proyecto común. El empleo, la educación, la titularidad de derechos, las políticas de fomento a la equidad, el bienestar, la pro1 CEPAL, Cohesión social. Inclusión y sentido de pertenencia en América Latina y el Caribe, Chile, 2007.

tección social, son mecanismos que, cuando funcionan, fomentan la cohesión social. Y de su eficacia dependen las valoraciones y los comportamientos de los individuos que podrán asumir un sentido de pertenencia, una evaluación positiva de las instituciones, una aceptación de las normas que regulan la convivencia o por el contrario, sentirse no vinculados con ellos. La CEPAL alerta que existen condiciones que ponen en jaque o dificultan la pretendida cohesión social: 1. Bajos niveles de crecimiento económico e inequidad. La región ha crecido de manera insuficiente lo que acarrea muy bajos niveles de creación de empleo formal, “lo que (a su vez) reduce el mecanismo privilegiado de integración social y superación de la pobreza”. Todo esto merma la legitimidad de la democracia y exacerba los conflictos sociales. 2. Trabajo e informalidad. Al no generarse empleo formal suficiente, crece el desempleo, la informalidad. Recordemos, como si hiciera falta, que el trabajo formal en la vida moderna es el “eje de la integración social”, y que sin él los resortes de la cohesión social se ven enmohecidos. 3. Activos materiales y simbólicos. Mientras se multiplica el acceso a la escuela y a las redes de comunicación, lo que supone la apropiación de conocimiento, “imágenes… estimulación de aspiraciones”, el acceso a los bienes materiales se vuelve más difícil, generando una brecha entre ellos y los bienes simbólicos. Dice la CEPAL: “hay más educación pero menos empleo; hay más expectativas de autonomía pero menos opciones productivas para materializarlas… hay una mayor difusión de los derechos civiles y políticos… que no se traduce en una mayor titularidad efectiva de derechos económicos y sociales”. 4. La negación del otro. Se trata de un fardo monumental: “la negación de plenos derechos a grupos marcados por la diferencia racial, étnica, cultural”. América Latina es una región pluriétnica y pluricultural en donde persisten muy distintas formas de discriminación y exclusión que también erosionan los vínculos sociales y desvirtúan el sentido de pertenencia. 5. Individualismo. Se abre paso la autonomía individual pero se reblandece el resorte solidario. Existe una especie de ensimismamiento que debilita el “pegamento” que construye la noción de “nosotros”. “Los cambios culturales fomentan un ma-

yor individualismo, pero no es claro cómo recrean los vínculos sociales”. 6. Complejidad y fragmentación de los actores sociales. A los viejos agrupamientos sociales (sindicatos, organizaciones empresariales, etc.) hay que sumarle ahora un rosario de organizaciones emergentes (mujeres, ecologistas, derechos humanos, etc.). Esto que es un signo de vitalidad social y de ansia participativa, es también un resorte de la fragmentación que dificulta la construcción de proyectos comunes. Se forma así una especie de archipiélago con escasos puentes de comunicación. 7. Deterioro del orden simbólico. La corrupción pública y privada, la falta de transparencia en las decisiones, la fuerza de los poderes fácticos, el acceso discriminatorio a la justicia, etc. que inundan el espacio de la opinión pública, “corroen el orden simbólico, vale decir, la clara adhesión ciudadana a un marco normativo de reciprocidad y respeto a la legalidad”. 8. La brecha entre el de iure y el de facto. “La igualdad es una norma jurídica”, una aspiración, un valor, una guía, pero no es un hecho, una realidad. Así, tenemos que entre igualdad jurídica y desigualdad social, entre la primera y el acceso diferenciado a la justicia, “entre titularidad formal de derechos y la ineficacia del sistema judicial”, se genera tal cúmulo de tensiones que acaban socavando la confianza en el sistema de justicia y por supuesto la cohesión social. En suma, la cohesión social y el sentido de pertenencia no se decretan, se construyen. Y dada la deficiente cohesión social, la democracia tiende a ser débil y aparentemente improductiva por la existencia de un déficit de ciudadanía y un malestar sordo en relación a la misma. La persistencia de un “nosotros” frágil y endeble vuelve inconsistente el sentido de las instituciones políticas y del sistema democrático. La sociedad se fragmenta, se escinde, y las fidelidades son grupales y enfrentadas. En suma, poner en el foco de nuestra atención el déficit de cohesión social que mal ordena nuestro país y comprender las dificultades intrínsecas que la democracia tiene para su reproducción puede ayudarnos a pensar de mejor manera cómo fortalecer a un régimen de gobierno que apenas da sus primeros pasos entre nosotros.

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Macro y micro climas del pensamiento político en México Ignacio Ruelas Olvera

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eforma, Independencia y Revolución son telares para hilvanar el pensamiento político. Revisemos los referentes del siglo XX. Ciencia. Max Planck, bases de teoría cuántica; planeta con atmósfera fuera del sistema solar; suicidio de células cancerosas en próstata y seno; penicilina; tabaco, causa principal del cáncer de pulmón; trasplante exitoso de órganos (riñón); estructura del ADN; vacuna efectiva contra la polio; bebé de probeta; Dolly, oveja clonada. Comunicación inalámbrica; transmisiones radiales; comienzo de la aviación; tríodo, revolución electrónica; industrialización del automóvil; quimioterapia; estructura atómica; Teoría de la relatividad general; plasma, 5º estado de la materia; radar; energía nuclear; ordenadores lógicos; aerosol; diagnóstico prenatal; inmunoterapia; láser; robot industrial, chalecos anti-balas; Concorde; Psicoinmunología; computadores personales; energía solar; calentamiento global; microscopio electrónico… Economía. Los conceptos, producción, distribución y mercado, sede del intercambio de mercancías escenografía de la vida cotidiana, David Ricardo le llamó “calculo económico”; revolución tecnológica: producción a gran escala; Economía ciencia independiente; Microeconómica; Sistema keynesiano; Estado de bienestar es trascendido por liberalismo económico. En el porfiriato, se dieron cambios importantes en aspectos industriales, eléctricos, ferroviarios y de liberalismo económico. La Constitución Mexicana (artículo 123) hace referencia a las relaciones laborales y la creación de los sindicatos y con ellos se ven grandes cambios en los procesos administrativos en consecuencia de Derecho… Política. La Guerra del Golfo; Guerra civil en Ruanda, África; dialogan Juan Pablo II y Mijail Gorbachov; La caída del Muro de Berlín; De Klerk apertura a la integración racial; Harvard confirma agujero negro en la galaxia (Sagitario A); Ciudad de México conurbada, la más grande de América; Haití elige a Jean Bernard Aristide, depuesto por

golpe militar; USA pone fin al régimen de Manuel Antonio Noriega. Entre los años 80 y 90 en México la crisis afectó la economía, se vivió “terrorismo fiscal”; se vendieron empresas; se renegoció la deuda externa; se reestructuró la red carretera; Programa Nacional de Solidaridad; Tratado de Libre Comercio; Levantamiento armado indígena; Diplomacia con el Estado Vaticano; estrepitosa caída del peso; se inventó el Instituto Federal Electoral, buen parto del pensamiento político, reglas del juego para un encuentro civilizado de las diferentes posiciones. Cultura. El siglo xx es agua que viene de alberca. Una robusta tradición cultural, la experiencia del modernismo y el positivismo dieron paso a sus acontecimientos, realizaciones y posibilidades. El enfrentamiento entre el impulso modernista del porfiriato y la rebeldía de los jóvenes del Ateneo lograron una transformación radical y nuevo impulso, riguroso, crítico, de la vida cultural. Henríquez Ureña al centro del Ateneo: Antonio Caso, consagrado a la filosofía, abrió horizontes universales a la conciencia nacional; Vasconcelos, protagonista de prolongada actividad educativa y política; Alfonso Reyes, sabio y humanista por excelencia, escritor fecundo. Generación 1915: Gómez Morín, inventor de instituciones; Vázquez del Mercado, extraordinario ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Castro Leal, literato, experto en lenguas inglesas y literatura mexicana; Lombardo Toledano, ágil dialéctico; Alfonso Caso, lógico e investigador; Olea y Leyva, excelente ministro de la Corte, Moreno Baca: Los Siete Sabios, fundadores de la Sociedad de Conferencias y Conciertos a la que pertenecieron: Bassols, Erro, Cosío Villegas, Juvencio Ibarra, Palacios Macedo y Manuel Toussaint. Arcilla apropiada para esculpir un pensamiento coherente, sensato, culto. La cosecha: Pellicer, Gorostiza, Torres Bodet, Villaurrutia, Azuela, Luis Guzmán, Magdaleno, Revueltas, Henestrosa, Pérez Martínez, Pozas, Yáñez, Novo, Cuesta, Owen, Paz, Rulfo, Arreola, Fuentes, Tario, López Páez, Garro, Castellanos, Garibay, Elizondo, García Ponce, Emilio Pacheco, Leñero, Pitol, del Paso, José Agustín, Lizalde, Sabines, Deniz, Mastretta, Woldenberg, Córdova, Murayama, Salazar… más los que no mencioné. • PÉNDULO 21/CUATRO/DICIEMBRE 2011 •

Paradoja: no hay democracia de calidad. Axiologías y diálogos epistémicos, estéticos, políticos, les pasa lo que a la luz ante la falta de gravedad, se pierden en oscuridad: el pensamiento político está en un agujero negro. Sin pedagogía de virtudes, la academia va por caminos de híperracionalidad que aísla la realidad; la política por veredas del poder desmedido y olvido del colectivo; la sociedad civil por avenidas de híperrealidad, pornográfico de lo cotidiano y alergia exponencial de la virtualidad. El pensamiento político no logra diseño ni construcción del Estado social, padece contradicción entre objetivo y método. El poder público aplica decisiones dentro de un Alcázar blindado contra el pueblo, pero a expensas de él; la sociedad civil sin éxito, no fragua la construcción ciudadana. En la cultura política del pueblo no hay mínimos de educación que permitan el debate civilizado. Es en el ámbito de las comunicaciones cotidianas donde se forman los valores políticos y culturales, sin embargo no se comparten significados. No hay cualidad de pensamiento político, no hay influencia efectiva en la sociedad, la opinión pública autónoma no exige moralización del debate de los temas públicos, tampoco exige autolimitación de los partidos políticos. Padecemos una enfermedad grave: pensamiento estreñido y diarrea de palabra.

La Jornada Aguascalientes PÉNDULO 21 Publicación Quincenal Diciembre 2011. Año 3, No. 43 EDITOR Enrique Luján Salazar DISEÑO Claudia Macías Guerra COMITÉ EDITORIAL Ignacio Ruelas Olvera José de Lira Bautista Raquel Mercado Salas Ramón López Rodríguez COLABORACIONES José Woldenberg

pendulo2143  

SUPLEMENTO DE LA JORNADA AGUASCALIENTES

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