Page 1

CRÍTICA/EL INDIGENISMO Y EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA La Jornada Jornada Aguascalientes/ Aguascalientes/Aguascalientes Aguascalientes, México OCTUBRE2010/ 2011/ Añ Año No. 39 La , Mé xico OCTUBRE o 23 N o. 20

Indigenismo e ideología en el pensamiento de Luis Villoro Walkiria Torres Soto

E

n 1950 Luis Villoro publica Los grandes momentos del indigenismo1. En esta obra, el pensador mexicano encuentra en las circunstancias peculiares de nuestro país una nueva categoría conceptual para reflexionar sobre el encuentro intercultural y, al mismo tiempo, enfrentar filosóficamente un problema que concierne a los mexicanos de manera íntima: el conflicto del mestizo frente al indígena. Usualmente, los estudios sobre el indígena se realizaban a partir de su realidad inmediata, en cambio, Villoro se propuso indagar cómo concebían al indoamericano los que no lo eran “a través de una genealogía de los modos en que esta alteridad ha sido negada y reconstruida a lo largo de 1 Villoro, Luis, Los grandes momentos del indigenismo, 3ª ed., México, FCE, 1996.

la historia de nuestro país”2. Si hacemos un análisis cuidadoso de nuestra historia podemos dar cuenta de que nuestro contacto más inmediato con la alteridad ha sido el indígena, ante él, se han configurado distintas concepciones que han servido para justificar la conquista de su territorio, su sometimiento, negar su cultura y condenarlos a la miseria y marginación. El indigenismo es una vía negativa para la interacción entre culturas, pero a la par podemos señalar que el indigenismo es una ideología porque los episodios del indigenismo arrojan como resultado una configuración conceptual para someter al otro. Según Villoro, las creencias ideológicas dentro de 2 Ramírez, Mario Teodoro, “Estadios de la otredad en la reflexión filosófica de Luis Villoro”, en Diánoia , LII (58), 2007, p. 154)

una sociedad son aquellas que: “1) no están suficientemente justificadas; es decir, el conjunto de enunciados que las expresan no se fundan en razones objetivamente suficientes. 2) cumplen la función de promover el poder político de un grupo; es decir, la aceptación de los enunciados en que se expresan esas creencias favorece el logro o la conservación del poder de ese grupo”3. La validez de las creencias ideológicas depende de un proceso de mitificación que consiste en deformar en la práctica una creencia, es decir, encubrir el beneficio de un grupo social bajo el supuesto de realizar acciones a favor de un bien común. De acuerdo con estas condiciones, no todas las creencias falsas son ideológicas porque 3 Villoro, Luis, El concepto de ideología y otros ensayos, México, FCE, 1985, p. 29.

es preciso que éstas cumplan una función de dominio y que se presenten justificadas a través de un proceso de ocultación o mitificación. Para mostrar la relación entre indigenismo e ideología se expondrá el por qué las distintas formas de indigenismo son creencias falsas y de qué manera han encubierto una situación de dominio. El indigenismo es el conjunto de concepciones que se han usado para designar a lo largo del tiempo a un sujeto problemático y establecer una posible solución. El indoamericano es un ser anómalo porque en la estructura de la sociedad que se ha instaurado después de

• PÉNDULO 21/UNO/OCTUBRE 2011•

CONTENIDO Indigenismo e ideología en el pensamiento de Luis Villoro Walkiria Torres Soto

¿Conquista? Jorge Terrones Gilberto Guadalajara Vázquez

Recuerdo de

Edmundo O'Gorman Segunda parte Alberto Dallal


la conquista no hay un lugar para su cultura. A partir de la independencia, se ha intentado integrar al indígena al sistema social vigente, de manera que desaparezca la distinción entre éste y el resto de la sociedad. Por lo que, en el fondo de cada una de las formas de indigenismo subyace el supuesto de que la cultura occidental es superior a las demás y de ahí que sea necesario imponerla a la realidad mexicana. La consecuencia no puede ser otra que la extinción de la civilización indoamericana, el progreso de la nación y del indio mismo está en su propia desaparición. Sin ahondar demasiado en las características de la racionalidad de occidente es posible establecer que, dentro de los marcos de comprensión europeo, la evolución de la civilización humana tiene sus raíces en la antigua Grecia y en el cristianismo.

El pensamiento moderno hace emerger la razón “universal” que es una y es la misma en todos los seres humanos, así que todo aquello ajeno a occidente tiene su valor como estadios de evolución hacia esa cultura superior. Si a esta idea le sumamos el desarrollo científico y tecnológico es indudable que los europeos hayan supuesto su preeminencia. Sin embargo, la racionalidad europea no es la única, pues cada pueblo ha establecido diversas formas de interactuar con su entorno y circunstancias adversas para sobrevivir; lo que sin duda responde a esquemas de racionalidad, en lo que no subyace inferioridad, pues la superioridad que establece

occidente se mide en su capacidad instrumental, es decir, la posibilidad de apropiación, dominio y explotación, pero si se juzga bajo otros parámetros de valoración el resultado no puede ser el mismo. Por ejemplo, en muchos pueblos indios subyace un pensamiento más propenso a preservar el hábitat y la fortaleza de lazos sociales, por lo que, su racionalidad se enfoca más hacia el mantenimiento y el cuidado, en este sentido su racionalidad puede resultar superior. Con ello, no se quiere establecer que una cultura sea mejor que otra sino exponer que la aparente superioridad depende de la jerarquía de valores que se establezca. De tal forma que la inferioridad del indígena no es una creencia suficientemente justificada porque las razones en las que se funda carecen de una verdadera objetividad, dado que

el marco de referencia es occidental. Bajo esta supuesta inferioridad las manifestaciones del indigenismo han encubierto a lo largo de la historia su sometimiento y la explotación de su territorio; también, ha sido un recurso que se dirige a los no indios y que bajo el aparente bienestar del indio y la nación se justifican guerras, se coloca un grupo en el poder, se imponen leyes o acciones políticas que mantienen los privilegios de unos cuantos. El indigenismo se vuelve ideológico en tanto que cada noción acerca del indio es un discurso que legitima la opresión sobre él, suprime la libertad de ejercer su cultura y mantiene el poder de un grupo o de un sistema po-

• PÉNDULO 21/DOS/OCTUBRE 2011 •

lítico. Al mismo tiempo, es una forma negativa de interacción con la alteridad cultural debido a que es un proceso unilateral en el que una cultura determina quién es el otro, cuál es su valor y destino e incide en la realidad sociopolítica para su dominación. Del trabajo filosófico que desarrolla Villoro sobre el indigenismo podemos concluir que el indigenismo es una vía negativa porque a través de este sendero nos encontramos con el rechazo a la diversidad a través de un discurso ideológico que oculta la exclusión o el abuso de poder hacia un grupo social o una cultura. El rechazo es producto de una falsa conciencia de certidumbre, el que excluye pretende erigirse como parámetro de civilización. Los argumentos de quienes niegan al otro son: el bien común, el progreso, mantener el orden, evitar la degeneración. Todas estas respuestas invitan a la realización de valores como la igualdad, la libertad, el progreso, etc. Sin embargo, este camino que niega la pluralidad usualmente se justifica en una mitificación que apela a un sentido de justicia, pero que en realidad legítima una ideología. Asimismo, en el análisis que hace el filósofo mexicano acerca de las representaciones ideales que se han tejido durante la historia sobre el indoamericano podemos descubrir que: 1) existen dificultades para reconocer legitimidad de otra cultura porque los marcos referenciales bajo los cuales se juzga niegan esta posibilidad; 2) la existencia de un constante proceso de encubrimiento ideológico que justifica la subordinación a los otros; 3) la acción sociopolítica y el amor hacia el otro son los medios que pueden coadyuvar las diferencias y posibilitar el encuentro con la alteridad y 4) establece la imposibilidad de la determinación abstracta de un ser humano, pues la dimensión humana es inaprensible.


¿Conquista? Gilberto Guadalajara Vázquez

D

esde el comienzo de nuestra educación hemos escuchado frecuentemente la frase canónica de la historia oficial: “La conquista de México”, con cuya enunciación se pierde el significado crítico de la misma. Podríamos decir que implica la destrucción del pueblo azteca y de muchos otros que existieron en el territorio que hoy llamamos América. Aunque algunos, ven la conquista como algo justo ya sea por sus creencias religiosas o simplemente porque la sangre española o europea que se lleva en las venas asume al mundo occidental como el único civilizado, no quiere decir que así sea.

“La Conquista la hicieron los mismos nativos de América1” nos dice Miguel León-Portilla, pues ellos, hartos de ser servidores de los mexicas, optaron por aliarse con los españoles, con tal de librarse del yugo azteca, modificando también así los resultados de la guerra. Parte de nuestra paupérrima idea de historia, cae en la ignorancia de la otra historia, la que escribieron los naturales de estas tierras e inclusive la contada por algunos de los españoles venidos a estas latitudes. Lamentablemente, únicamente hemos escuchado la historia de los vencedores y no la otra, la versión de los caídos, de los oprimidos. Pero esto ¿de dónde viene? es decir, ¿quién ha elegido escribir o darnos a conocer esta historia? Me parece injusto contar sólo con una parte, pues si leemos, la Visión de los vencidos editada por León-Portilla, encontraremos muchos hechos relatados por los nativos de estos pueblos y su encuentro con los invasores. Al ir leyendo detenidamente este relato, se cae en la cuenta de eventos tan aberrantes que provocaron estos hombres de Dios, al no comprender un mundo nuevo humano. Otro ejemplo lo tenemos con el cronista Bernal Díaz Del Castillo, quien nos cuenta las aventuras que vivieron al mando de Pedro de Alvarado a quien pinta como una persona poco inteligente y muy agresiva; también escribe sobre Don Hernando Cortez, quien estaba ansioso de obtener oro a como diera lugar, y aunque lo considera “buena gente” es malo con los indígenas. Señalo esto como una muestra sobre lo que escriben los mismos españoles acerca de sus capitanes. Nos damos cuenta del concepto de lo humano tan restringido que sostienen. Aquellos que condenaban la crueldad de los sacrificios, pero que utilizaron la crueldad para conseguir riquezas y mujeres: ¿acaso quemarle las plantas de los pies a los papas, como ellos llamaban a los sacerdotes oriundos, era algo humano? ¿Así se evangelizaba en Europa? Y qué decir de los azotes que se les daban a los que no querían ser parte de esa campaña evangelizadora bajo la espada y la cruz. Esta memoria de la Conquista debe cuestionarnos sobre lo que pueblos enteros han sufrido por milenios bajo la violencia de unos y la indiferencia de otros. Para ser veraces, es cierto que los aztecas eran un pueblo que realizaba sacrificios humanos, pero no porque eran bárbaros sino porque existía otra lectura de lo sagrado. Se tenía la creencia de que los dioses habían dado su sangre para la creación de los macehuales (los seres humanos) y ellos debían regresar un poco de 1 Observación que el investigador del pensamiento prehispánico le hace al cineasta Nicolás Echeverría a propósito de la serie “La Conquista”.

su sangre a la tierra, a fin de cuentas, esto tenía una significación religiosa. De la misma forma Europa no es sólo la Santa Inquisición. Lo que ocurrió fue que los españoles no tuvieron la capacidad de cuestionarse esto, porque era cuestionarse a sí mismos y a toda la cultura que habían bebido. Otro ejemplo, lo encontramos en Díaz del Castillo quien relata la llegada de los españoles a Yucatán. Los indios les dieron confianza y los hospedaron en diferentes casas. Ya alojados, los españoles saquearon inmediatamente las figuras que ahí estaban, sobre todo las de oro, nos preguntamos ¿cómo querían que no los atacaran, si lo que hacían era saquear y destruir a sus dioses? Y ¿qué podremos decir sobre la matanza que organizó el general Pedro de Alvarado en el Templo Mayor? Esto no lo leí en la secundaria o nunca me lo contaron mis maestros de nivel básico o medio superior, yo tuve que investigarlo, ninguno me contó sobre el encuentro de los sabios ante los doce sacerdotes europeos2. A esto me refiero con saber la historia, a conocer otra versión. ¿Por esto hay que estar orgullosos de la conquista? o ¿cuál es el significado de tener una fecha como el día de la raza en el calendario de fechas conmemorativas? ¿cómo hay que ver a aquellos que ante su imposibilidad de comprender otro lenguaje y una pensamiento complejo, queman los códices sagrados de otra cultura, destruyen templos para construir otros que quizá ni ellos mismos comprendían por completo el mensaje de sus dioses? ¿Dónde encontramos la grandeza europea al ver estos actos? Se me pedirá moderación, pero yo quiero ser la voz de denuncia este día. Para finalizar, podemos también revisar la pequeña relación de la destrucción de la Nueva España, escrita por Bernardino de Sahagún, fraile franciscano que pasó mucho tiempo estudiando la filosofía de los nahuas y de los mayas, quien los defendió, quien comprendió su lengua; él fue quien puso por encima de Platón y Aristóteles a los sabios nahuas. No quiero decir o señalar quién sea mejor, pero sí quiero que se conquiste una memoria más justa del pasado que nos pertenece como herederos de los pueblos originarios de la región del Anáhuac. 2 Lo podemos encontrar como Coloquio de los Doce.

• PÉNDULO 21/TRES/OCTUBRE 2011•


Recuerdo de Edmundo O’Gorman Segunda parte Alberto Dallal

L

a historia la llevaba O’Gorman, como puede apreciarse, a flor de piel: la llevaba por dentro y, sí, afloraba a cada instante, a veces inesperadamente, como ocurre diariamente en nuestro país.

Sí: observar la vida individual y social con conocimiento de causa y no dejar de lado la verdad que se ha descubierto a través de los estudios de la historia. Función fundamental del historiador se refiere también a la erradicación de los mitos. Cuando estalló la primera guerra del Golfo, le pregunté al maestro qué opinaba al respecto y me contestó: “Es un pueblo y una civilización que nos están diciendo: aquí estamos, sencillamente eso, aquí estamos”. El “nos”, por supuesto, se refería a Occidente. Y en otra ocasión, pensando en la dinámica de los hechos mundiales, le pregunté si creía que íbamos, los miembros de la especie humana, a terminar con la especie humana. Dijo tajantemente: “Sí, al menos ésa es la ruta que están tomando los acontecimientos”. Las bases teóricas de los libros de O’Gorman (las han estudiado ya profundamente Álvaro Matute y Josefina Zoraida Vázquez) son claras y contundentes. Implican una visión y una convicción panorámicas de la historia y de los conceptos fundamentales que abarcan, como una visión del mundo, una totalidad universal. Sólo así es posible ir a lo concreto que señalan los documentos y datos, los acontecimientos del pasado y los saberes que, por etapas, los seres humanos van agregando a su conocimiento del todo. Sólo así pudieron surgir libros torales como La idea del descubrimiento de América, La invención de América, Crisis y porvenir de la ciencia histórica y tantos otros. Pero esos mismos fundamentos y esa visión general podía el maestro transmitirlos, impregnarlos en la mente de sus alumnos, cercanos o lejanos, en conferencias, cátedras, conversaciones públicas, diálogos en privado. No se crea, sin embargo, que quiero detenerme aquí en insistir sobre esa obvia, evidente, fructífera armonía que en la vida, la concepción del mundo y la obra de Edmundo O’Gorman le permitió equilibrar sus tareas de intelectual, maestro, historiador, teórico y catedrático. Preferiría llamar la

atención de ustedes en torno a una cualidad, un autoconocimiento que se va perdiendo paulatinamente en todos los estratos de la sociedad mexicana, principalmente en la clase política, en la intelectualidad y en las instancias más altas de las instituciones corporativas. Yo llamaría a este valor escrúpulo histórico, la autoconciencia individual, personal, irreemplazable e ineludible, de que somos seres históricos y, como tales, debemos también responder con nuestras ideas y acciones al pleno escrutinio de la época, de la historia, al análisis que de nosotros y de nuestras ideas y acciones podrán hacer los miembros de nuestro medio, de nuestras instituciones, de nuestra comunidad. El maestro O’Gorman era de una sola pieza. Respondía con pleno conocimiento y con plenas convicciones de causa y efectos. Creo que estaba tan consciente de este escrúpulo histórico que adivinaba o sabía de cierto que a un siglo de su nacimiento, en la misma fecha, estaríamos aquí, reunidos, comentando todos los aspectos de su vida y de su obra, de sus actitudes e ideas, de sus frutos como maestro y erudito, sin menoscabo de elementos humanos y primordiales dejados en su tintero o en sus polémicas o en sus formas de actuar. El maestro O’Gorman fue todo un señor enfrentado a su época con plena autoconciencia de quién era él, de los alcances de sus obras y de los resultados de sus actos. Para finalizar quiero dejar asentado que admiré siempre, como hoy admiramos, su ser universitario. Su obra la realizó a partir de la Universidad Nacional y fue siempre un representante honorable de ella. No buscó brillar por fuera desligándose de la Máxima Casa de Estudios. Como miembro y participante de la Universidad Nacional sus incursiones, acciones fuera de ella, llevaron siempre el sello de la “Madre Pía”, como la llamó en una de las dedicatorias de sus libros. Y añadió: “con filial gratitud”. Por ello estamos aquí, hoy, suponiendo qué bueno sería para este

• PÉNDULO 21/CUATRO/OCTUBRE 2011 •

país si lo escuchara con atención, si aprendiera de él, si ponderara los acontecimientos a través de sus aportaciones, si aplicara sus enseñanzas para hacer e interpretar la historia. O si la nación comenzara a reconocer en él el conocimiento que adquirimos y seguimos adquiriendo y reconociendo nosotros. Por ello hay mucho que hacer por delante para rendirle el justo homenaje: organizar y apresurar la compilación y la publicación de sus Obras completas; idem, tal vez, ojalá, establecer en la Facultad de Filosofía y Letras la Cátedra Edmundo O’Gorman para jóvenes historiadores. Finalmente: hacer que otros historiadores e instituciones del extranjero, con los que él tuvo contacto académico, consignen la calidad y la actualidad de sus aportaciones.

La Jornada Aguascalientes PÉNDULO 21 Publicación Quincenal Octubre 2011 Año 3, No. 39 EDITOR Enrique Luján Salazar DISEÑO Claudia Macías Guerra

COMITÉ EDITORIAL José de Lira Bautista Ignacio Ruelas Olvera Raquel Mercado Salas Ramón López Rodríguez COLABORACIONES Walkiria Torres Soto Gilberto Guadalajara Vázquez Alberto Dallal

PENDULO 21  

SUPLEMENTO DE LA JORNADA AGUASCALIENTES