Page 1

CRÍTICA/ALFONSO REYES LaLaJornada 2011/ 2010/ Año 3Añ No. JornadaAguascalientes/ Aguascalientes/Aguascalientes, Aguascalientes,México Mé xicoMAYO OCTUBRE o 230No. 20

El último poeta, la última flor

Alfonso Reyes y la búsqueda del alma nacional

Raquel Mercado Salas

Alfonso Reyes y la literatura

Ramón López Rodríguez

Claudia García Parada

El último poeta, la última flor Raquel Mercado Salas

Lo ideal es no tener abismos en el alma, pero, quien los tenga, conviene que sepa salir, todas las mañanas -buzo de sí-, desde el fondo del mar, sin siquiera una alga marina enredada en los confusos cabellos Alfonso Reyes, El suicida

C

uando en alguna ocasión intenté acercarme a la obra de Alfonso Reyes me vi sobrepasada. Vi una cascada de temas, sensibilidad, propuestas, discusiones políticas, notas de diarios, diálogos filosóficos… poco a poco me repuse y comencé a degustar las letras del ensayista mexicano. De pronto La caída, Visión de Anáhuac, El suicida, Ifigenia cruel, Palinodia del polvo y otros tantos textos comenzaron a revelarme algo más que la escritura. Los abismos del alma se vislumbran en los del blanco y el negro. <<No puedo diferenciar las lágrimas de la música>> (Nietzsche) Quien no comprende esto instantáneamente, no ha vivido nunca la intimidad de la música. Toda verdadera música procede del llanto, puesto que ha nacido de la nostalgia del paraíso1 Hoy no vamos a hablar de un pensamiento edificante sino todo lo contrario, vamos a hablar de la tristeza, del dolor y de la muerte. No para decir qué son sino para rodearlos de palabras cuando son algo más que palabras. Visión de Anáhuac es una geografía, una forma de historiar algo perdido, una poética, un pensamiento de la existencia finita. Nos da la bienvenida a la región más transparente del aire y poco a poco sopesando la paciencia del lector nos detiene en la puerta para acallar los afanes y prejuicios que traemos, incluyendo el ansia de información literaria. Entonces, se abre la aldaba a un paisaje perdido: una luz resplandeciente que hace brillar la cara de los cielos2, así, el viaje comienza con una purificación en dos lagunas gemelas, una salada, otra dulce. Las voces de los cronistas comienzan a mezclarse con un Anáhuac transitado por la palabra de Reyes. Pasan piernas musculosas que llevan aros, la gente se 1 Cioran, E.M., De lágrimas y de santos, tr. Rafael Panizo, TusQuets, Barcelona, 2002, p. 27.

2 Reyes, Alfonso, Antología, FCE, México, 2009, p. 7. La referencia es de Fray Manuel de Navarrete ante el nuevo paisaje que la región de Anáhuac le muestra.

• PÉNDULO 21/UNO/MAYO 2011•

dirige al mercado mientras los cronistas van traduciendo al europeo lo que viven: los pañizuelos le recuerdan la alcaicería de Granada3. Y ahí, en medio de todo la flor. El adorno de los dioses y de los hombres, triunfando solamente con su olor: Flor era uno de los veinte signos de los días; la flor es también el signo de lo noble y lo precioso; y, asimismo, representa los perfumes y las bebidas. También surge de la sangre del sacrificio, y corona el signo jeroglífico de la oratoria. Las guirnaldas, el árbol, el maguey y el maíz alternan en los jeroglíficos de lugares4 Anáhuac reposa entera en la embriaguez de las flores. Lo más alto a lo que se puede aspirar –la cultura, todas las culturas- no está hecho sino en el tiempo. El poeta náhuatl arranca las flores para entregárselas a los hombres por sólo un momento. El viaje al que nos invitó Reyes se torna inquietante y terrible de un momento a otro. El encanto se vuelve miseria y seguimos embriagados de flores. En vano nacemos y como en la huida de Quetzalcóatl nos pregunta ¿Sabes lo que significa estar hecho de tiempo?,Tú de igual modo tendrás qué marcharte5. ¿Dónde está la casa de los hombres? Aquí sólo la tristeza de ser un momento, insignificante y a veces tan ruin. Embriágate, resuena la voz de un viejo poeta, quizás es la voz de todos los poetas. No hay casa aún para el que se sienta seguro de que dos más dos es igual a cuatro. No hay casa señor Descartes. No hay casa para los amantes que duermen tomados de la mano. Sólo el frío de vivir siendo tiempo. Afortunados aquellos que pueden morir como poetas ante la última flor. Cerré el libro de Reyes y como nunca antes me encontré fuera de mí. 3 Ibidem, p. 13.

4 Ibidem, p. 22.

5 Nezahualcóyotl, Poesía, estudio, versión y notas de Miguel LeónPortilla, Biblioteca Nezahualcóyotl, México, 2010.


L

a acusación de ser un hombre desvinculado de México, un tránsfuga de la cultura y las letras mexicanas, sólo en contadas ocasiones mereció una respuesta pulcra y elocuente de Alfonso Reyes. Entre ellas, la que hace a la interpelación del político y periodista mexicano Héctor Pérez Moreno ― aparecida el 7 de mayo de 1932 en el diario El Nacional Revolucionario― por su aparente desinterés en la literatura nacional, respuesta publicada también en 1932 bajo el título A vuelta de correo, tiene algo de entrañable para el propio Reyes. Primero, por la mera acusación de lejanía que él cree inmerecida para un hombre que, aún en su aparente autoexilio de dos décadas en España, Francia, Argentina y Brasil, ha hecho toda clase de acrobacias administrativas para allegarse oportunamente obras publicadas en México por mexicanos. Segundo, porque Pérez Moreno le ha dado demasiada importancia a su modesta estatura y obra intelectuales, tanta como para hacer creer que alguien como él sólo pudiera contribuir al progreso de la política, las ciencias y las artes nacionales desde dentro del país. Reyes entiende que esto último es sólo una apariencia y por eso no se desgañita en auto justificaciones sobre sus actos. Pero tampoco pide a sus lectores que sigan al pie de la letra los consejos de la filosofía platónica que recomiendan desdeñar las apariencias, porque su buen juicio le ha prescrito que toda apariencia es un buen indicio de algo, y aunque detrás de ésta se oculte un posible engaño, “confiar en las aparien-

cias, sumergirse en ellas e interrogarlas es el único camino del conocimiento religioso, filosófico, ético, artístico o científico”1. Aparentemente, Reyes está demasiado lejos de su país. Aparentemente está más influenciado por las letras clásicas, griegas y latinas, que por su propia lengua. Aparentemente está más interesado en la salvaguarda y transmisión de herencias que no le pertenecen, que no son suyas. Y, sin embargo, en el reconocimiento de esas apariencias, su creación literaria comienza a revelar las pistas que nos ayudan, aún ahora, a discutir apasionadamente sobre lo que el mismo Alfonso Reyes llamaba la búsqueda del alma nacional, tema fundamental de su pensamiento y que las acusaciones contra su postura intelectual y política muchas veces parecen obviar. Pero es al contrario: hay un interés genuino de su parte sobre el entendimiento de lo que el mexicano es (o debería ser), motivo de sus disertaciones e inseparable de su persona, de su carne, de su alma, de su “ser mexicano” como él lo definía. Por ejemplo, podemos encontrar en dos de sus textos aquellas preocupaciones e ideas que nos permitirían con mayor claridad 1 Reyes, Alfonso, Cartilla moral/ La x en la frente / Nuestra lengua, Asociación Nacional de Libreros, México, 1982, p. 111.

entender, desde las apariencias, esta mexicaneidad en proceso de consolidación. Me refiero a La x en la frente (algunas páginas sobre México), composición de ensayos escritos durante parte su travesía fuera de México entre 1923 a 1937, y a la Cartilla Moral de 1944, un opúsculo pedagógico sugerido a Reyes por Jaime Torres Bodet como itinerario de la formación moral de la niñez y juventud mexicanas. Hay que pensar a Alfonso Reyes como un hombre que, efectivamente, transitó por diversas tradiciones culturales del mundo, lo que en “apariencia” condujo a su pensamiento a la misma encrucijada que enfrentó el propio concepto de cultura entre los siglos XVIII y XIX, que no era otra sino la que se abría entre una forma de pensar universalista y una forma de pensar particularista2. Reyes, sin abandonar en ningún sentido los discursos sobre la patria, la familia, la sociedad, la ley, la naturaleza, etc., parece jugar con formas de pensar que en apariencia se antojan divergentes, pues por una parte defiende la enseñanza de aquellos ideales universales ilustrados que hacían un llamamiento por la incorporación de las prácticas individuales en el caudal del progreso 2 Cuche, Denys, La noción de cultura en las ciencias sociales, tr. Paula Mahler, Nueva Visión, Buenos Aires, 2002, 160 p.

• PÉNDULO 21/DOS/MAYO 2011 •

humano, así como por la transmisión y el estudio crítico de las centurias que este progreso supone; mientras que por la otra, defiende con denuedo la relevancia de las culturas regionales, así como de toda pequeña diferencia local que encumbre a lo autóctono como la pieza fundante del alma nacional, en pos del abandono de las influencias exóticas que nunca se aclimatan al carácter particular de un pueblo como el mexicano. Piensa ―retomando una frase que escuchó en boca de José Vasconcelos― que ciertamente esa alma requiere Alfabeto y jabón, entendiéndose por éstos a las mutaciones culturales y biológicas que son indispensables para el proliferación de razas humanas mejores, pero se obstina en incorporar a estos dos elementos disposicionales otro, un tercero de carácter situacional: el pan, o sea, la satisfacción corporal que la naturaleza provee para sustento de un pueblo en cada momento y según circunstancias. Este elemento ambiental, olvidado por la doctrina vasconceliana, a Reyes le resulta inseparable del crecimiento del alma de una nación. Se pregunta él: ¿Qué dará de sí nuestra gente cuando haya resuelto y edificado la base de su sustentación? Nótese que no está hablando aquí de


Buenos Aires, 20 de noviembre de 1944 Sr. Don Alfonso Reyes México. Maestro:

evolución orgánica o transición cultural, sino de la manutención necesaria del cuerpo material en el que esa alma nacional se asienta. Reyes reitera en diversas ocasiones que aquel viejo proverbio del poeta latino Décimo Junio Juvenal, expresando mens sana in corpore sano3 aún es válido. En la actualidad, parece que sobre el mexicano individual y colectivamente pesa todavía una condena que lo hace retornar, una y otra vez, a la vieja pregunta sobre la identidad propia, precipitando cruzadas que se dan de tiempo en tiempo para descubrir cómo se puede ser genuinamente mexicano. ¿Deberá para ello buscarse lo que hay de resabio universal en la propia cultura, es decir, el legado histórico de los griegos, romanos, germánicos, etc., que conecte lo mexicano con lo global, con la humanidad misma, con la especie? ¿O acaso deberá sumergirse en la herencia local, en ese pasado histórico único, peculiar y, por supuesto, particular, para erigir la identidad mexicana sobre las cicatrices de las luchas libradas en la cercanía del terruño? Reyes nos devuelve al verdadero problema y, quizás, a la solución posible: no es la una o la otra, sino la una y la otra. Sólo si la pregunta se plantea indagando sobre lo que hay de universal en lo particular y de particular en lo universal, sin que una respuesta suprima a la otra y encarando, además, las apariencias que resulten sin desdeñarlas diremos, como lo hace Alfonso Reyes ―sin lanzar anticipadamente las campanas al vuelo―, que “entonces, y sólo entonces, sabremos lo que da de sí nuestro pueblo”.4 3 Se debe orar a los dioses que nos concedan una mente sana en un cuerpo sano./ Pedir un alma fuerte que carezca de miedo a la muerte./ Que considere el espacio de vida restante entre los regalos de la naturaleza./ Que pueda soportar cualquier clase de esfuerzos/ Que no sepa de ira, y esté libre de deseos/ Y crea que las adversidades y los terribles trabajos de Hércules son mejores que las satisfacciones, la fastuosa cena y la placentera cama de plumas de Sardanápalo (…). Te muestro lo que tú mismo puedes darte, con certeza que la virtud es la única senda para una vida tranquila. Décimo Julio Juvenal, Décima Sátira (últimos versos). Nota del editor. 4 Alfonso Reyes, op. cit., p. 107.

Acabo de leer por segunda vez El Deslinde, obra que encuentro plena de cosas que me han admirado por su hondura y genialidad. Por provenir de una persona que como yo tiene un lugar tan insignificante en las letras, no creo que esta admiración tenga alguna importancia para usted. A pesar de todo, se la he querido expresar, porque he sentido que era un deber ante mi mismo hacerlo. Desearía escribir algo sobre esta obra, pero se me ocurre que sería un atrevimiento y una petulancia. Reciba, maestro, la expresión de mi más alta estima intelectual.

Ernesto Sábato Bonifacini 1147. Santos Lugares, Arg.

Cartas a Alfonso Reyes

Bs. As. 5.II.1933 Alfonso Reyes queridísimo: Leer verdadero castellano -y el suyo…- ¡qué delicia!... Por lo demás, brujo mexicano de mi alma, este su Tren de ondas es el más delicioso de sus libros3. En él está todo usted con sus no contadas posibilidades de travesura. ¡Mire usted que atrapar a Montaigne y pedirle epifonemas y cantos! Esto sólo se le ocurre a un auténtico demonio como su merced; y demonio de las letras para mayor perfección […] Considere usted, por las cosas que le voy diciendo, mi emoción y mi orgullo al hallarme de pronto citado, al verme en su real y efectiva compañía espiritual departiendo con usted para siempre sobre divinas quisicosas, que más áticas no las inventó, por cierto, ni Aulo Gelio en sus Noches de Atenas. En suma: que acaba de publicar usted, Alfonso Reyes un gran libro, y que se queda usted como si tal… Porque en materia de grandeza, es usted de esos […] que arrojan la piedra – la piedra preciosa y esconden la mano.

Lo quiere fraternalmente y lo admira con su mayor devoción, su muy adicto Arturo Capdevila

P.S. Trenes de onda, de casa a casa. – Vale. 3 Libro publicado en Río de Janeiro en 1932.

• PÉNDULO 21/TRES/MAYO 2011•


Alfonso Reyes y la literatura Claudia García Parada

H

oy, para muchos, Alfonso Reyes es una biografía que se considera patrimonio nacional. Su solo nombre da título a escuelas, bibliotecas, concursos o cátedras. Sin embargo, la fama que obtuvo y su lugar en el parnaso de hombres ilustres no garantizan su lectura. Por el contrario, entre los múltiples homenajes y bibliografía escrita en torno a su obra y persona, se han establecido fórmulas anquilosadas que parecen ya insuperables. El objetivo de este texto es mostrar que para Reyes la literatura se encuentra siempre unida al concepto hombre. Esta alianza responde tanto al modo en que (este mexicano) vivió como a la visión teórica que mantuvo acerca del fenómeno literario […] Un marco que le sirve a Reyes para contextualizar, aunque sea de manera fugaz, sus trabajos sobre pensamiento literario, es el de una época de desencanto […] Otra referencia de esta índole, la encontramos también en las primeras páginas de El Deslinde, donde menciona que esta obra surge como una necesidad de verter el material que había ido preparando en diversos cursos, y añade “…más ahora, que el jardín humano se ve pisoteado por la locura”2 […] El Deslinde presenta a la literatura como un lugar de reposo y salvación: “La literatura sujeta del todo al orden humano cuantos datos baña en su magia.3 […] Para Reyes el problema humano es un problema de finitud frente a la infinitud, pero es una contrariedad que la literatura puede resarcir […] Sólo se entiende el trabajo de una teoría literaria en Reyes en el marco del Ateneo de la Juventud. Es frecuente encontrar investigaciones sobre este humanismo centrados en sus obras sobre cultura griega […] Las referencias las ofrece él mismo de manera continua y clara: “Justificada la afición de Grecia como elemento ponderador de la vida, era como si hubiéramos creado una minúscula Grecia para nuestro uso: más o menos fiel al paradigma, pero Grecia siempre y siempre nuestra”4. El provecho que Reyes hace de la cultura helénica se encuentra abocado a consolidar un humanismo […] Me interesa señalar desde ahora que la respuesta al positivismo es una faceta de la propuesta intelectual de Reyes. Faceta con un doble resultado: plantear un humanismo que no pierde de vista a los griegos y recurrir a las filosofías de la intuición. La búsqueda del hombre como obra de arte y en la obra de arte, es una visión humanista que Benedetto Croce sistematiza en 1902 […]

La Jornada Aguascalientes PÉNDULO 21

• PÉNDULO 21/CUATRO/MAYO 2011 •

Publicación Quincenal Mayo 201I/ Año 3, No. 30

COMITÉ EDITORIAL José de Lira Bautista Ignacio Ruelas Olvera Raquel Mercado Salas Ramón López Rodríguez

EDITOR Enrique Luján Salazar

COLABORACIONES Claudia García Parada

DISEÑO Claudia Macías Guerra

OBRA Sergio Villarreal Sánchez

Péndulo21#30  

Péndulo21#30

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you