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CRÍTICA/CONOCIMIENTO E INCERTIDUMBRE La Jornada Aguascalientes/Aguascalientes,Mé xico OCTUBRE 2010/

La Jornada Aguascalientes/ Aguascalientes, México AGOSTO 2013/ Año Añ4o No. 2 N 85 o. 20

Conocimiento e innovación

José de Lira Bautista

E

n el prefacio a la edición inglesa de La lógica de la investigación científica, en 1959, Karl R. Popper sostenía que el problema

central de la filosofía es el problema cosmológico de entender el mundo, incluyéndonos a nosotros mismos y a nuestro conocimiento como parte de ese mundo. Agregaba, además,

que el problema de la epistemología es y seguirá siendo el problema del crecimiento del conocimiento. Estas dos cuestiones, considero personalmente, siguen siendo vigentes en nuestro tiempo debido principalmente a que el conocimiento se ha convertido en algo cuyo valor es incalculable. Las grandes corporaciones invierten grandes cantidades de dinero en investigación tecnocientífica para mantenerse competitivas en su ramo. Conocer y conocimiento son términos difíciles de definir. Parafraseando al Obispo de Hipona, puedo decir que, si me preguntan qué es el conocimiento, no sé qué sea; pero si no me lo preguntan, sí lo sé. En el intento por definir estos términos podemos recurrir a otros nombres. Así, podemos sostener que conocer es entender o saber qué son las cosas, pero esto sólo traslada el problema a buscar una definición de entender o saber. Lo que interesa ahora, en el mundo de la acción y de la solución de problemas, es la generación de conocimientos que nos permitan entender o saber qué son las cosas, cuáles son los mecanismos que rigen sus procesos y cómo podemos actuar sobre ellos para obtener algún provecho. Más allá de esto, se trata no sólo saber qué son las cosas, sino qué cosas necesitamos para algo y, junto con ese conocimiento, crear esas cosas. El mundo no es estático, ni en su estructura ni en sus procesos. El mundo es una continua generación de momentos novedosos que luchan por romper un orden para establecer otro. Conocer ese mundo implica introducirse en esa dinámica para tratar de desentrañarla y poder adecuarla al nivel de comprensión y deseo humano. Popper, nuevamente, en el texto men-

cionado, dice que para estudiar el problema del aumento del conocimiento hay que enfocarse en el mejor de nuestros conocimientos, esto es, en el conocimiento científico. La ciencia pasa a ocupar, entonces, el lugar de honor en el ámbito cognoscitivo. Actualmente se habla más de tecnociencia (aunque este término no ha ganado una aceptación y uso generalizado) para denotar que la ciencia no sólo es conocimiento puro, sino también conocimiento aplicado, es decir, tecnología. Pero no de manera aislada o yuxtapuesta, sino conformando un núcleo unitario teórico-práctico que al mismo tiempo que nos permite entender el mundo, hace posible su transformación. De hecho, podemos sostener que conocer las cosas es ya transformarlas, pues las traemos al mundo humano, las hacemos humanas. La cuestión ahora es, siguiendo la ruta popperiana, el crecimiento o aumento del conocimiento: cómo se da ese crecimiento, cuál es el propósito del crecimiento del conocimiento. Sobre el propósito, Popper decía que consiste en alcanzar la verdad. El objetivo es tener conocimientos cada vez más verdaderos aunque no podamos llegar a la verdad absoluta. En nuestros días creo que es posible mantener el ideal de verdad, pero se busca más la eficiencia, lo cual no niega la verdad, pues más bien la optimiza: la investigación que se hace actualmente no sólo trata de establecer conocimientos verdaderos, sino también conocimientos útiles para transformar el mundo, para mejorar las condiciones de vida humanas, para solucionar problemas, para ser más productivos, etc. El crecimiento del conocimiento sólo es posible a través de la investigación no sólo científica en un sentido tradicional, sino tecnocientífica en un sentido más actual. Para generar conocimiento verdadero y eficiente de calidad es necesario tener condiciones adecuadas. En este sentido, el

modelo de la triple hélice (universidad, empresa, gobierno) ofrece posibilidades explicativas acerca de la generación de conocimiento, pues señala cómo participan estos tres elementos en la investigación.

Uno de los componentes fundamen-

tales sobre el aumento del conocimiento es la innovación. Actualmente, este componente ha pasado a ocupar un lugar central en la agenda tecnocientífica. Innovar no sólo quiere decir inventar cosas o ideas nuevas, sino en ser capaces de ver lo mismo de otra manera. Empresa, universidad y gobierno ponen mucha atención en este aspecto, pues en gran medida es el motor que mueve la generación de conocimiento. Estamos acostumbrados a pensar y a hacer las cosas de una forma determinada, pero si somos capaces de innovar, de romper con la tradición, como escribió alguna vez Thomas S. Kuhn, podemos transformar nuestra concepción del mundo y hasta el mismo mundo.

Estas discusiones sobre cómo y para

qué aumentar nuestro conocimiento constituyen en la actualidad verdaderos retos que requieren de un gran espíritu de innovación. En un tiempo pensamos, cuando fuimos estudiantes, que al terminar la carrera ya no habría nada que investigar, que la filosofía estaba siendo vencida por la ciencia, que la ciencia estaba por concluir un conocimiento de todo, que el mundo ya estaba construido y que nuestra misión como profesionistas sería la de cuidar que eso no se resquebrajara. La realidad es otra: siempre hay un mundo por construir o reconstruir, siempre se pueden construir nuevos conocimientos, incluso los existentes pueden ser criticados y cambiados por otros, en suma, podemos ser siempre los mismos y distintos, pero siempre podemos ser mejores.

CONTENIDO: •CONOCIMIENTO E INNOVACIÓN. José de Lira Bautista • UN ACERCAMIENTO AL CONCEPTO DE TECNOCIENCIA. Nelson Rúa Ceballos • CONOCIMIENTO: LA PORTENTOSA HISTORIA DE UNA INCERTEZA. Ramón López Rodríguez • INCERTIDUMBRE. Esther Charabati • PÉNDULO21/UNO/AGOSTO 2013 •


E

l estudio de la historia de la humanidad da cuenta de tres revoluciones industriales: la primera revolución

posguerra, lo que hace que el concepto de

erige como el motor de un cambio social

so formalismo: la informática. Por ello se

tecnociencia, que luego referenciaremos,

y económico más profundo, la revolución

dice, entonces, que la tecnología está más

esté asociado al surgimiento de dicho país

informacional. Así como la ciencia fue vital

vinculada a la sociedad informacional que

sucedió en Inglaterra y permitió el paso

como una gran potencia, y se convierte

para la sociedad industrial, la tecnociencia

a la sociedad industrial (que también es

en un requisito para el logro de victorias

lo es para la sociedad informacional.

tecnología).

de una sociedad feudal a una industrial, con la máquina de vapor; la segunda, fue la revolución de la ciencia, la tecnología

militares. En general, podríamos afirmar

La tecnociencia se caracteriza

A diferencia del conocimiento

que a lo largo del siglo xx se produce una

ante todo por la emergencia, consolida-

científico, que usualmente se expresa en

ción y desarrollo estable de un sistema

términos de enunciados, leyes o fórmulas

científico-tecnológico que da lugar a un

matemáticas, el diseño de los artefactos

“nuevo modo de producción de conoci-

técnicos se hace mediante imágenes y len-

miento”. Uno de los factores característicos

guajes simbólicos específicos. Las represen-

de la tecnociencia es la instrumentalización

taciones tecnológicas no son lingüísticas

del conocimiento científico-tecnológico,

sino ideográficas. Ahí radica la importancia

con lo cual el avance de la ciencia deja de

de la informática para el surgimiento de la

ser un fin en sí mismo para convertirse en

tecnociencia: los computadores no solo

un medio para otros fines. Hemos venido

representan los enunciados, las leyes y las

hablando de conocimiento tecnocientífico,

fórmulas sino también las imágenes, los

o simplemente de tecnociencia, y no de

esquemas y los diagramas. Se evidencia,

conocimiento científico y tecnológico, o

entonces, que la síntesis del conocimiento

simplemente de ciencia y tecnología, por

científico se produce ante todo mediante

considerarlo más apropiado. Al respecto,

lenguajes informáticos que no sólo usan

conviene hacer una aproximación más for-

bits sino también pixeles. Es por ello que se

mal a la noción de tecnociencia, por lo cual

afirma que la tecnociencia tiene su forma-

traemos a colación a Quintanilla (1981)

lismo, y este es la informática o, dicho de

cuando plantea que “una realización (o

otra manera, la informática es el soporte

aplicación) tecnológica es un sistema de

estructural de la tecnociencia. Si la ciencia

acciones regladas, industriales y vinculadas

moderna se apoyó en las matemáticas, su

a la ciencia, llevadas a cabo por agentes,

formalismo estructural, la tecnociencia, por

con ayuda de instrumentos, e intencio-

su parte, requiere un formalismo adicional,

nalmente orientada a la transformación

la informática, la cual permite representar

de otros sistemas con el fin de conseguir

y simular diferentes tipos de acciones y

resultados valiosos, evitando consecuencias

lo hace de una manera recursiva. Con la

y riesgos desfavorables”, a diferencia del

ciencia y la tecnociencia hemos observado

conocimiento científico, que usualmente

el tránsito de una representación apoyada

se expresa mediante enunciados, leyes o

en las matemáticas a una representación

fórmulas matemáticas

basada en herramientas informáticas.

Un acercamiento al concepto de tecnociencia Nelson Rúa Ceballos

La mediación de la informática es El conocimiento tecnocientífico, su produc-

uno de los principales requerimientos del

ción, su representación y su relación con la

surgimiento de la tecnociencia. De hecho,

informática

en la actualidad, la gran mayoría de las tecnociencias dentro del concepto de plura-

La globalización económica ha sido posible

lidad de la tecnociencia que maneja Echeve-

gracias a la revolución informacional, la cual

rría (tecnomatemáticas, tecnoastronomía,

a su vez tiene como base la tecnociencia.

tecnofísica, tecnoquímica, tecnomedicina,

Ahora se hace necesario conocer un poco

tecnobiología, tecnogeología, tecnociencias

acerca de la producción del conocimiento

sociales etc.) están informatizadas. En la

tecnocientífico, la manera como se repre-

transición de la ciencia a la tecnociencia no

senta y su relaciona con la informática.

sólo cambia el tamaño sino la forma, y no

Retomando, de nuevo a Quintanilla un

sólo la forma de representar el conocimien-

ingeniero, un inventor, un innovador y un

to sino especialmente la forma de accionar

y militar, y esta podría ser una razón por

diseñador, frente a un problema imaginan

científicamente. Intentado sintetizar toda

la cual los países más poderosos son los

una solución (tecnocientífica) y conci-

esta noción relativa a la tecnociencia, di-

nesis de la revolución informacional se da

que exhiben altos estándares de desarrollo

ben previamente lo que quieren hacer y

gamos que ésta se caracteriza porque las

hacia principios de los años ochenta, pero

tecnocientífico e informacional. En otras

lo representan antes de llevarlo a cabo.

acciones científicas, en muchas ocasiones,

su fundamento se da con la que denomi-

épocas, la curiosidad y la búsqueda de co-

Dicha representación puede ser mental,

dan lugar a acciones tecnológicas al que-

naremos revolución tecnocientífica, que

nocimiento estaban en la base de la ciencia

por escrito, materialmente, gráficamente,

dar enmarcadas dentro de un sistema de

hace su aparición en los años cincuenta del

moderna, pero hoy en la lucha por el poder,

o de cualquier otro tipo. El surgimiento de

ciencia y tecnología, el cual constituye una

siglo pasado, con los EE UU como su mejor

la tecnociencia se constituye en su motor.

la tecnociencia ha sido posibilitado gra-

de las principales tecnologías sociales de

exponente, a partir del terreno militar de la

Es decir, la revolución tecnocientífica se

cias a la aparición de un nuevo y podero-

nuestra época.

e industria y permitió la transición a una sociedad científico-industrial; la tercera es la revolución informacional, que puede ubicarse en los finales del siglo xx y principios del

XXI,

y ha permitido la puesta

en escena de la denominada sociedad del conocimiento y de la información. La gé-

gran revolución en la ciencia y la tecnología, una revolución tecnocientífica. La tecnociencia es una condición necesaria para permitir el poder económico

• PÉNDULO21/DOS/AGOSTO 2013 •


Conocimiento: la portentosa historia de una incerteza Ramón López Rodríguez

Giorgio de Chirico .The Archaeologists

U

na definición única e incontrovertible del “conocimiento”, de su naturaleza y finalidad, o de la relación que éste guarda con los diversos sistemas de creencias que parecen ser su puntal o

experiencia bastarán, por sí solos, para producir conocimiento. O más

su cimiento cognitivo, aún no existe, por más que el espíritu humano

lo empírico –el concepto y la experiencia, la forma y el contenido, la

precisamente: que la sensibilidad sin el entendimiento es ciega y que el entendimiento sin la sensibilidad es vacío. Luego lo intelectivo y

se haya empeñado en esta ilustre tarea. Tampoco hay una línea com-

teoría y la praxis– deberán mantener un diálogo creativo y fértil sobre

pletamente clara para distinguir el conocimiento de la doxa, es decir,

las condiciones de gestación de todo conocimiento posible, tanto del

la opinión, aunque la existencia de esta línea haya sido el baluarte de

mundo material como del mundo humano.

la ciencia moderna, obsesionada por la búsqueda del “gran método”

Sabemos que obras como las de René Descartes, Gottfried

capaz de conducir a verdades irrefutables y sempiternas, tanto del

Leibniz o Giambattista Vico, entre muchos otros autores, provocaron

mundo físico (res extensa) como del mundo mental (res cogitans). Esta

que algunos círculos del pensamiento moderno occidental optaran por

ambición metodológica de la modernidad acompañó a racionalistas y a

escindir el conocimiento entre aquel que se derivaba de la inspección de

empiristas por igual entre los siglos XVI y XVIII que, al compás del recha-

la naturaleza y aquel que se derivaba del estudio de las obras humanas.

zo unánime a toda forma de opinión conducente al error –los ídolos,

Así, conocer el mundo natural, regido por sus leyes necesarias –del mo-

como los llamaba Francis Bacon– y la crítica al pensamiento escolásti-

vimiento, del calor, de la evolución, etcétera– y operando en la carencia

co medieval, se enfrascaron en ríspidos debates sobre qué facultades

absoluta de conciencia, parecía una empresa del todo distinta a la de

humanas concretamente participaban en la conquista de la scientia: la

conocer el mundo social que habitaban los hombres y en el que quedaban

intelección y la conceptualización, sugerirá el racionalismo; la memoria

regidas sus acciones por los dictados de la libertad, el interés o el deseo.

y la imaginación, aludirá en respuesta el empirismo.

Al igual que en el mundo natural, en el mundo social también

En su obra Lecciones preliminares de filosofía, Manuel García

se alude a la materia y la energía, al espacio y al tiempo: pero además se

Morente parafrasea la encrucijada que enfrentaron racionalistas y em-

presuponen en él grados monumentales de subjetividad, plasmadas en

piristas en aquellos lejanos siglos, lanzándonos ahora la pregunta: ¿quién

historias, mitos, ideologías, identidades, sociedades, culturas, mercados,

conoce realmente la ciudad de París? ¿Aquel que sin estar en ahí sabe

naciones, constituciones, gobiernos y estados, cuya existencia –dicho

innumerables cosas sobre París, por ejemplo, su situación geográfica,

a la manera del filósofo John Searle– parece depender de la capacidad

su composición urbana, el nombre de sus calles, su historia? ¿O aquel

para creer en ellas. Esos peculiares objetos de estudio, diferentes de

que, estando en París, recorriendo sus espacios de principio a fin, es-

los cuerpos celestes, de los elementos atómicos o de las formaciones

cuchando sus sonidos, olfateando sus aromas, probando sus sabores,

geológicas, reclamaban la aparición de disciplinas que pudieran transitar

desprecia olímpicamente cualquier dato geográfico o estadístico que

entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo material y lo simbólico. A lo largo

haga significativa su estancia en dicha ciudad? En otras palabras: ¿cuál es

del siglo XIX, nacieron o se consolidaron los corpus epistémicos que hoy

la fuente de la que surge el conocimiento: el intelecto o la experiencia?

conocemos como la ciencia económica, la ciencia política, la sociología,

Ni racionalistas ni empiristas pudieron responder satisfactoriamente a

la antropología, la etnografía, la psiquiatría o la psicología experimental.

la cuestión.

Y ni hablar de las llamadas “ciencias duras” –física, química, biología,

Será Immanuel Kant quien proveerá una síntesis de ambas corrientes epistemológicas al asegurar que ni el entendimiento ni la

etcétera– que continuarían fortaleciendo sus métodos y anticipando el enorme desarrollo que experimentarían a lo largo del siglo XX.

• PÉNDULO21/TRES/AGOSTO 2013 •


Sin embargo, la división entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del espíritu –y en medio de ellas,

e idiográficas), tal como lo reclamaba el llamado dualismo

XX, donde personajes, como Jean Piaget, asocian la filosofía

metodológico?

con formas ilusorias de sabiduría.

las nacientes ciencias sociales– no sólo cambió la estructura

En tiempos recientes, algunos teóricos de la

¿Pueden ser los aforismos, las metáforas o las ale-

y función de las universidades decimonónicas donde estas

ciencia –como Mario Bunge– hicieron hasta lo imposible

gorías medios lingüísticos confiables para la distribución del

ciencias se enseñaban, tal como lo ha consignado el sociólogo

por interpretar la producción del conocimiento como una

conocimiento? ¿Son los saberes tradicionalmente, acuñados

Immanuel Wallerstein, sino la radicalidad de sus criterios

cuestión emparentada más con la ciencia que con el arte,

por culturas originarias o por sociedades no occidentales

de descubrimiento o de justificación: se supondrá que las ciencias de la naturaleza deberán dar “explicaciones” sobre las causas de los fenómenos; las del espíritu, en cambio, tendrán la misión de proveer de “comprensión” a las acciones humanas, sobre todo en cuestión de intenciones y motivos. Por otra parte, el fuerte influjo de posturas epistémicas como el positivismo, el neopositivismo, el utilitarismo, el instrumentalismo o el pragmatismo dentro de las ciencias humanas y sociales, reabrieron una y otra vez la discusión

la filosofía o la religión. Según Bunge, al conocimiento científico lo caracteriza su racionalidad, sistematicidad, objetividad y cuantificabilidad, rasgos que muchos desearían extender al conocimiento “en general”. La razón de este expansionismo estaría en la creencia –por demás endeble– de que el verdadero conocimiento es científico (racional, sistemático, objetivo, etc.) o no es para nada conocimiento, sino charlatanería; de que por definición éste debe alejarse del mito, la intuición o la serendipia;

dignos de ser llamados productos del “conocimiento”? ¿Resultan claras las fronteras que demarcan el dominio epistémico de una ciencia con respecto a otra? En las condiciones actuales, ninguna de las preguntas anteriores puede responderse con aspiraciones serias de unanimidad. También suena a perogrullada querer argumentar las bondades inherentes en no confundir el conocimiento con la “información” o con la “opinión”, o de lo riesgoso que

y de que sólo puede encontrar su más pura expresión a

resulta asumir posiciones dogmáticas en el conocimiento

sobre el estatus metodológico de estas ciencias: ¿deberían

través de lenguajes declarativos y públicos, eslabonados

o de abandonarse al relativismo o al escepticismo.

seguir el camino de las ciencias naturales y abrazar un

lógicamente, potencialmente verificables y transmisibles

Muchas cosas se dicen sobre el conocimiento y

posicionamiento nomotético –cuasicientífico– o, bien,

para los demás individuos. La crítica que el ensayista Michel

otras tantas aún faltan por decirse. Lo cierto es que su pro-

tendría que radicalizarse la distinción entre las ciencias del

de Montaigne hiciera a la filosofía en el siglo XVI al llamarla

ducción no deja de ser, con todo y su historia portentosa, un

explicar y las del comprender (entre ciencias nomotéticas

una “poesía presuntuosa”, atraviesa los siglos y llega hasta el

verdadero dolor de cabeza para el hombre contemporáneo.

Incertidumbre

P

ocos sentimientos tan incómodos como la incertidumbre, es decir la imposibilidad de afirmar con seguridad, y sin

Esther Charabati

dejar lugar a dudas, que las cosas son de cierta manera. A los seres humanos nos gustan las certezas, porque son un punto de apoyo para actuar y tomar decisiones. En cambio

Existen buenas razones para esto:

la duda es incómoda. Cada vez que creemos algo, que hacemos un diagnóstico, que evaluamos una situación, nos persigue, implacable, la duda. ¿Así es o así lo veo yo? ¿Esto que digo sigue siendo válido? ¿Así es o así lo

la duda es un aguijón que nos amenaza cons-

quiero ver? ¿Qué hacer con esas verdades por

tantemente y nos obliga a revisar, desechar

costumbre o por sentimiento? Por otro lado,

y cambiar nuestros planes.

¿podríamos manejarnos sólo con verdades?

Las certezas no tienen nada que ver

Definitivamente no, porque son difíciles de

con la verdad. Son opiniones a las cuales nos

alcanzar y porque si aceptamos que coexis-

adherimos y las aceptamos como si fueran ideas verdaderas, aunque no cumplan con los requisitos de éstas: ser claras, distintas y objetivas. Cuando se busca la verdad y se

ten muchas verdades, ¿cuál será la Verdad auténtica? Tenemos que arreglárnoslas con opiniones probables que más o menos nos

formula una hipótesis, el siguiente paso es

permiten enfrentar los problemas. Y es que

encontrar todos los argumentos para refu-

en los asuntos humanos la solución a los

tarla. Cuando se tiene una certeza, se buscan

conflictos es a menudo incierta, y es sabio

argumentos que la justifiquen. Y como somos

reconocer que las cosas son problemáticas.

sinceros, creemos en ellas.

Ésta es la base de la tolerancia y la caracte-

La sociedad nos ofrece certezas a

manos llenas: la globalización es la solución a todos los problemas sociales y económicos del mundo; la única forma de recuperar los

rística de un espíritu abierto, es decir de un espíritu que siempre busca y que escucha al mundo aceptando que no sabe todo.

valores es a través de la religión; el éxito es

lo que mide a las personas; sólo la pena de

incertidumbre: nos sentimos impotentes

muerte acabará con el crimen; si se legaliza

paralizados, incapaces. El hecho de que ésta

la interrupción del embarazo aumentará el

sea un privilegio humano nos deja indiferen-

número de abortos voluntarios; sólo con la

tes. ¿Para qué lo queremos? La respuesta es

reforma energética avanzará la economía, etc. Estas afirmaciones, cuyo único fundamento suele ser la repetición incansable, acaban convenciéndonos cuando no oponemos nin-

Giorgio de Chirico . The terrible games

Aun así, es difícil convivir con la

simple: para movernos. Para alejarnos de esas verdades que se han convertido en dogmas y de pronto parecen asfixiarnos y controlar

guna resistencia, cuando estamos dispuestos

nuestra existencia. Para dar un paso más

a aceptar las verdades “hechas” porque nos

en dirección de la verdad. Para tener más

resistimos a la duda.

recursos y para ser más humanos.

La Jornada Aguascalientes PÉNDULO 21

EDITOR Enrique Luján Salazar

Publicación Quincenal Agosto 2013. Año 4, No. 85

DISEÑO Claudia Macías Guerra

• PÉNDULO21/CUATRO/AGOSTO 2013 •

COMITÉ EDITORIAL Ignacio Ruelas Olvera José de Lira Bautista Raquel Mercado Salas Ramón López Rodríguez

COLABORACIONES Nelson Rúa Ceballos Esther Charabati


Péndulo21 85