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CRÍTICA/IDENTIDAD Y PATRIMONIO CULTURAL La Aguascalientes,, Mé México La Jornada JornadaAguascalientes/ Aguascalientes/Aguascalientes xico MARZO OCTUBRE2013/ 2010/Año Añ3oNo. 2 N74 o. 20

CONTENIDO: DIVERSAS IDENTIDADES, UNA MISMA HUMANIDAD. Walkiria Torres Soto • LA IDENTIDAD OFICIAL, EL PATRIMONIO Y LAS VOCES SUBALTERNAS. Carlos Guerrero Velázquez • PARA HABLAR DE IDENTIDAD, LA VISTA PUESTA EN LO LOCAL. Gabriela Itzagueri Mendoza Sánchez

Diversas identidades, una misma humanidad

Walkiria Torres Soto

exterior también se convierte en ideológica y violenta

Escuchen mi palabra del corazón (…)

porque a nombre de la unidad nacional se fomenta la

En este mundo, digo, iguales son

xenofobia e incluso las diferencias y las disidencias al

los cuerpos hermanos somos todos

interior se aniquilan.

de una humanidad.

La vida de un pueblo es dinámica porque los indivi-

Hay blancos y morenos

duos que la conforman hacen una historia colectiva que

bambaras, chinos, indios hermanos

necesariamente parte de la tradición, mas se actualiza

somos todos de una humanidad.

y se transforma. Para el filósofo mexicano Luis Villoro

Poema tojolabal

la identidad cultural tiene cuatro condiciones: “1) comunidad de cultura; 2) conciencia de pertenencia; 3) proyecto común; 4) relación con un territorio.”1 Veamos estas condiciones con detenimiento:

E

Una comunidad de cultura es una forma de vida compartida por un conjunto de personas (maneras de

l mundo contemporáneo es un mundo global, basta con encender el televisor, entrar a la red, hojear alguna revista para reconocer que vivimos en un

desmentir que una cultura planetaria es aquella que

mundo en el que las distancias geográficas y culturales

mercado y acorde con los estilos de vida occidental. La

ya no son un impedimento para conocer (aunque sea

primera postura busca preservar los rasgos primigenios

superficialmente) lugares, costumbres y rasgos de otras

de una nación aferrándose a su pasado; la segunda,

En cada identidad colectiva existen ciertas creencias

naciones. En la era global es posible que en cualquier

pretende eliminar la singularidad de formas de vida

básicas que conforman un marco para comprender el

parte del mundo se pueda degustar comida china, ser

colectiva para que se sumen a un modelo hegemónico.

mundo, en el que cabe incluso las oposiciones a ciertas

un seguidor del cine italiano o practicar capoeira. Así

Ambas resultan insostenibles porque son unilaterales,

creencias morales.

los gustos, costumbres y actividades que distinguían

no hay conciliación, se preserva la diferencia cultural o

a las personas que componían a una nación parecen

se renuncia a ella.

uniforma la diversidad cultural a los estándares del

ver, sentir y actuar en el mundo). Aunque las naciones no son entidades aisladas y las demarcaciones entre una y otra pueden ser imprecisas hay rasgos que hacen posible distinguir una comunidad de cultura de otra.

La segunda condición, sentido de pertenencia, significa ser parte de una nación; se adquiere inicial-

diluirse ante un mundo en el que las identidades co-

La pertenencia a una cultura concreta no se opo-

mente a través de los lazos de sangre, pero no es una

lectivas cerradas se difuminan. ¿Bajo este contexto es

ne a la conformación de una identidad universal que

pertenencia definitiva o auténtica porque ser parte de

aún posible hablar de identidad cultural?, o ¿será que

incluya a toda la humanidad. No obstante, lo universal

una nación es identificarse con una historia colectiva

estamos frente al surgimiento de una cultura planetaria?

no debe estar centrado en una cultura particular que

y asumir una forma de vida, lo cual no depende de

Yo me inclino a pensar que ambas, la identidad cultural

pretenda ser la portadora de los valores, creencias y

los lazos consanguíneos, ni del lugar de nacimiento o

y la planetaria, van de la mano.

costumbres que deben ser asumidos por el resto de las

preferencia sobre un sistema político. Pertenecer a una

Es necesario desmitificar ciertas creencias que

naciones. Este falso universalismo lleva a la expansión

cultura es integrarse a una identidad cultural de forma

suponen que las identidades culturales deben corres-

colonialista, a la imposición violenta e ideológica de un

libre y genuina.

ponder exclusivamente a sus manifestaciones internas,

pueblo sobre otros. Y a la inversa, la vida de un pueblo

es decir, continuar y preservar la tradición. Pero también

que busca mantener su integridad negándose al contagio

1 Cfr. Villoro, Luis, Estado plural, pluralidad de culturas, México, UNAM- Paidós, 1998, p. 13.

• PÉNDULO21/UNO/MARZO 2013 •


El tercer rasgo, proyecto común, es

le proporciona un mundo con sentido, un lenguaje, una continuidad

una elección de fines y valores que dan sentido y unidad a una identidad colectiva. Aunque una nación se conforme de una historia y una tradición es necesaria la emergencia de una proyección dinámica hacia el porvenir. El cuarto rasgo hace referencia a la pertenecía a un territorio, pues si una nación es la continuidad en el tiempo, lo es también con respecto al espacio. El lugar no tiene que estar delimitado geográficamente o estar ocupado por el pueblo en cuestión, más bien, es un lugar de referencia e incluso simbólico. La identidad cultural es una constante renovación que corre a cargo de sus miembros. Todo ser humano nace ya dentro de una comunidad humana, ésta

histórica y un referente territorial. Este legado queda en manos de los integrantes de esa comunidad que viven en el presente, pueden reafirmar su pasado, apoyarse en él o transformarse a partir de otras influencias distintas a esa realidad que los recibió al nacer. En cambio la pérdida de la identidad se da cuando se asume acríticamente esa tradición, se ignora o se rechaza porque pesa más la mirada ajena que ha señalado que esa cultura es inferior o atrasada. La conciencia de pertenencia es un componente de la identidad porque significa congruencia, cada miembro de un pueblo se sabe parte de una comunidad y dentro de ella ejerce su plan de vida y contribuye a la realización de un proyecto colectivo. Por lo que no significa homogeneidad sino el ejercicio de la libertad y de la autodeterminación. Hoy las distintas culturas humanas enfrentan un mundo global, pero no nos engañemos la identidad de un pueblo no significa que el encuentro con otras sea una pérdida. La falsa identidad se da cuando se niega la pluralidad o se asume una postura acrítica e irreflexiva con nuestra tradición o con las expresiones de otros pueblos. El encuentro libre entre las distintas naciones en la era global puede enriquecer la vida individual y de las distintas colectividades. Pero esto sólo es posible si estamos dispuestos a asumir que la humanidad se expresa en su diversidad y que la identidad para ser auténtica conlleva una constante trasformación.

La identidad oficial, el patrimonio y las voces subalternas Carlos Guerrero Velázquez A Paula Guisao, de cuya investigación e inspiración se nutre por completo este pequeño texto

E

n el departamento de Antioquia, Colombia, se celebra cada año un evento de gran importancia a nivel regional y nacional llamado La Feria de las Flores. El acontecimiento principal de esta fiesta es el Desfile de silleteros, en el que artesanos del sector de la región de Santa Elena caminan por la principales avenidas de la colindante ciudad de Medellín, capital del departamento, llevando a cuestas armazones que cargan sobre la espalda llamados “silletas”. En éstas han dibujado previamente con una gran variedad de flores toda suerte de imágenes con diversos motivos, como advocaciones religiosas, paisajes o frases que denotan valores morales de la región. La parada es sumamente aplaudida por la multitud que observa complacida un espectáculo que destaca no sólo por su belleza, sino por el contraste que hace su colorida parafernalia con la pobreza y la violencia de una ciudad que continúa siendo una de las más peligrosas del mundo. El Desfile de silleteros ha sido elevado a la categoría de patrimonio nacional en Colombia, país que desde hace más de 50 años enfrenta un estado de conflicto armado constante, con la guerrilla más antigua de Latinoamérica que aún se encuentra activa, altas tasas de delincuencia común y el estigma de haber tenido la ciudad más peligrosa del mundo durante los años ochenta del siglo pasado. Las bombas de Pablo Escobar, uno de los capos más grandes de la mafia de la cocaína, dejaron en la ciudad Medellín

una memoria oscura que se entrelaza peligrosamente con la adoración que muchos tienen aún por este ex congresista de la república, a causa del dinero, las dádivas y las casas que repartió en los sectores más desprotegidos de la sociedad, a cambio de protección, complicidad y trabajos sucios. Escobar construyó más de un barrio para personas de escasos recursos; pero el legado del capo no está hecho sólo de ladrillo y cemento: la fama de sus sicarios, sus excentricidades y su poder, aún son recordados en todo tipo de manifestaciones culturales. Pocos héroes de este país y de cualquier otro, pueden presumir de tener corridos y ballenatos hechos en su memoria, haber sido plasmados por el pintor Fernando Botero, o ser inspiración y personaje principal de una exitosa telenovela, además de un gran número de libros y documentales. Escobar es sólo un hilo de la gran telaraña de procesos que se conocen bajo el nombre de “conflicto colombiano”, pero es también una cara de la moneda que se oculta mientras esplende la reluciente faz de La Feria de las Flores, atrayendo la • PÉNDULO21/DOS/MARZO 2013 •

atención de locales y extranjeros para que no eleven su vista a la pobreza de las comunas (barrios) o la corrupción de sus gobernantes al fuego incesante de la selva. El Desfile de silleteros juega un papel muy importante como atracción turística, no sólo por la exuberancia de su exhibición, sino por el discurso que permea al evento, reflejo y escuela de esta región, famosa por su orgullo de pertenencia.


La Muñeca investigadora asegura que el silletero es, más que un individuo, un personaje que encarna los valores que se ha adjudicado el departamento de Antioquia y que juegan un papel muy importante en la narración identitaria de una gran parte de sus habitantes. En un video de la gobernación de Antioquia se sostiene que “cuando pasa un silletero, es Antioquia la que pasa”. A pesar de que no todos se identifican con el epíteto, una gran parte de los antioqueños se autodefinen como “paisas”, concibiéndose a sí mismos como una población diferenciada del resto del país (afirman tener ascendencia casi exclusivamente blanca y europea, refiriéndose a sí mismos en ocasiones como una “raza”), altamente trabajadora, profundamente católica, con grandes habilidades para el comercio y avispados, cuyos orígenes se remontan a la “colonización antioqueña”, una especie de gesta heroica en la que los ascendientes ocuparon los terrenos fértiles y poblados de vegetación nativa y comunidades indígenas del área, para convertirla a fuerza de hacha en el terreno de explotación agraria exhaustiva, cría ganadera y monocultivo que es hoy. Este discurso, ampliamente difundido por el gobierno afincado en Medellín, desconoce una multiplicidad de rasgos que poseen otros habitantes de la periferia del departamento, quienes no se identifican con la “cultura paisa”, fomentando así el orgullo que ha desembocado en el regionalismo y el racismo propio de muchos de los habitantes de esta parte del país. Tampoco concuerda mucho con el clima de violencia y pobreza que abunda en la región, aunque si bien es cierto que el catolicismo sigue imperando, al menos en cifras que esta iglesia proporciona. El caso colombiano es solamente un ejemplo del uso que les dan a las manifestaciones culturales los organismos oficiales para legitimar y destacar ciertos rasgos característicos en detrimento de otros al momento de configurar un discurso identitario. El Desfile de los silleteros pretende mostrar una idea de región y proyectar así un pasado que merece ser recordado, una leyenda mítica de personajes que concuerdan con los valores morales y religiosos con los cuales pueda ser identificado. Pero es también un intento por alejar la vista de otras características, otros pasados y otras realidades. El espectáculo se muestra para hacer invisible aquello de lo que se quiere desviar la atención. Paul Ricoeur exploró las profundidades del concepto de identidad desde las nociones de mismidad e ipseidad, conceptos claves en su pensamiento. Ambas pretenden explicar la percepción que tenemos de nosotros mismos y de otros. Existe una parte que entendemos como permanente: nombre, cuerpo, conciencia; pero también una porción que se reconfigura constantemente, haciéndonos diferentes cada día y, sin embargo, los mismos. Mientras que mismidad se adhiere a lo estable, lo idéntico, lo inmutable; la ipseidad abre el sentido de la palabra identidad a la idea de algo no acabado. Uno está siempre preso en esta dialéctica entre lo que le es propio y extraño a sí mismo. En el papel de lo propio se inserta la historia de vida y el sentido histórico de pertenencia a un relato global o comunitario, lo que supone que nuestra identidad se sostenga tanto de la forma en

que nos entendemos en el tiempo como de la manera en que nos concebimos dentro de un relato histórico más grande. ¿Qué conlleva la imposición de la historia y memoria oficial en tanto selección de un relato específico? ¿Hasta dónde puede resultar positiva la selección de un pasado con el interés de proyectar una cara a sí mismo y al mundo? Es claro que todo poder procura hacer un recorte y una lectura específica del pasado para configurar la presentación que habrá de hacer de sí mismo ante los otros, pero también es necesario señalar que las otras historias, las que quedan

tenderse como parte de una colectividad, insertando

al margen, forman parte de ese rostro, aunque sea como sombras que oscurecen la sonrisa fingida con que se muestra. Normalmente nos parece lógico que ciudades como Medellín quieran sobreponerse a sus memorias trágicas para mostrarse al mundo como triunfadoras ante la adversidad, pero no olvidemos que todo maquillaje refleja una negación. ¿De qué manera esta negación repercute en la configuración de la identidad de un pueblo? Dice Eric Hobsbawm que las tradiciones inventadas aparecen en momentos en que una sociedad debilitada se transforma de forma rápida o en que destruye sus viejas estructuras dominantes, ya que sirven para legitimar el estatus de los grupos de poder, activar la cohesión social o inculcar creencias y valores relacionados con el comportamiento. Al inventar una tradición se toma o crea un fenómeno que goce de popularidad para inyectar el discurso que se debe imponer y se le dota de orígenes míticos en un pasado remoto. Tampoco es raro que este fenómeno se quiera elevar rápidamente a la categoría de patrimonial, para defenderlo y consolidarlo, a fin de que se establezca como la parte firme y estable (una mismidad comunitaria, si se me permite), volviéndose así un relato ideal en el que las personas pueden en-

en 1995, en Aguascalientes, durante una de las crisis

• PÉNDULO21/TRES/MARZO 2013 •

su relato personal dentro de la narración colectiva e identificarse con los valores que la tradición exhibe. Pero a los márgenes de esta entronización de un relato, quedan un sinnúmero de historias que componen también el tejido social y que permanecen como memorias alternativas que se transmiten por otras vías. Lo ocurrido en Medellín, Colombia, es un caso que se puede trasladar a muchas otras partes del mundo. ¿Será oportuno preguntarse por las implicaciones que tiene el Festival de las Calaveras surgiera

mexicanas más severas de la historia reciente que comenzó con la devaluación de 1994? ¿Será casual que la Feria de San Marcos naciera en un periodo en que la villa se esforzaba por consolidarse como independiente de los estados ahora vecinos, en torno a una festividad religiosa y con marcadas características regionalistas? Pero no olvidemos que hay también una serie de relatos que en el pasado y ahora, todos los días, configuran los discursos identitarios de una sociedad, y aunque no siempre son recibidos para formar parte dentro de la historia y memoria oficiales, componen un coro de voces subalternas que cada vez es más difícil canalizar dentro de un discurso único (en parte por la facilidad al acceso a las nuevas tecnologías de la información) y que le dan a la historia los matices y semitonos que necesita para no cubrirse de un color uniforme. La naturaleza dual de la identidad, estable y cambiante, recoge también esas voces, que van tomando su lugar en el concierto que conforma la siempre inestable e indefinible impronta cultural de un pueblo.


Para hablar de identidad, la vista puesta en lo local Gabriela Itzagueri Mendoza Sánchez

T

ratar de hablar de identidad cultural en la actualidad conlleva la dificultad de pensar la globalidad, por esto,

cios e instalaciones vinculados con su pasado

los medios con sus espectáculos nos otorgan,

industrial porque también finca su identidad

tal como lo señala Néstor García Canclini en

en esta clase de patrimonio. Como éstos,

Consumidores y ciudadanos;1 si bien, como el

como ancla para intentar acercarnos al con-

existen otros modelos y ejemplos afortuna-

mismo autor advierte “La identidad es teatro

cepto de identidad como aquel que nos da

dos que se pueden seguir y que se deben res-

y es política, es actuación y acción”, no olvi-

cohesión, nos sirve la relación que tiene con

guardar y gestionar.

demos entonces el derecho que tenemos a

la idea de bienes culturales, anteriormente

En contraste, tenemos sucesos ines-

dirigir nuestras representaciones, a exigir la

denominados patrimonio histórico. De ma-

perados, mas no de índole natural, que no

restauración, el mantenimiento y el acceso

nera particular abordemos el problema de los

sólo deterioran sino que acaban con parte de

a los sitios que conforman nuestra herencia

bienes culturales tangibles, como son nues-

este patrimonio histórico con el que conta-

cultural.

tros edificios históricos, y a partir de aquí pre-

mos; sucesos que tienen causas específicas y

guntarnos ¿qué tanto nos identificamos con

responsables.

ellos?, ¿nos hemos hecho lo suficientemente cómplices de su conservación?

Nuestro país cuenta con instituciones y legislaciones que señalan la obligación de

Esta ciudad de Aguascalientes ha tra-

los estados hacia la conservación y el resguar-

bajado en la preservación y restauración de

do de dichos bienes, sin embargo hemos sido

sus edificios históricos e incluso les ha dado

testigos de cómo puede suceder lo contrario

un nuevo sentido, acorde a las necesidades y

y caer en olvidos y negligencias cuando las so-

exigencias de la sociedad contemporánea, tal

luciones no llegan. Ahora, más allá de la muy

como el caso de la Universidad de las Artes

cuestionable respuesta de las instituciones,

del Instituto Cultural y su Biblioteca Central

la pregunta la dirigimos hacia la indiferencia

Bicentenario. Al igual que en otros estados

de la ciudadanía respecto a la necesidad de

del país se hacen esfuerzos para la recons-

señalar y reclamar el cuidado y restauración

trucción de complejos conventuales y capi-

de tales bienes, será que estamos tan afecta-

llas, como en Oaxaca, quizá porque en aquel

dos por los conflictos sociales que dejamos de

lugar ante tal diversidad de grupos étnicos lo

lado el deseo de construir con base en nues-

que los une son los encuentros de carácter

tra realidad sociohistórica y nuestra existen-

religioso; en Nuevo León, de diferentes edifi-

cia se reduce a seguir la puesta en escena que La Jornada Aguascalientes PÉNDULO 21

EDITOR Enrique Luján Salazar

Publicación Quincenal Marzo 2013. Año 3, No. 74

DISEÑO Claudia Macías Guerra

• PÉNDULO21/CUATRO/MARZO 2013 •

Rompamos con esa sentencia que hiciera Claude Levi-Strauss en su primer viaje a México en 1955: “Aquí todo parece que aún está en construcción y ya es ruina”, frase que a la fecha se cita en la pluma de diferentes críticos europeos2 y que nos sitúa todavía como una colonia. México tiene identidad y bienes propios, requiere la contundencia de ver sus proyectos terminados en función de las necesidades que hoy se nos presentan y en consecuencia a lo heredado, a los bienes culturales heredados. Y entonces se cumpla el anhelo: ¡Que pronto en la localidad dejen de parecer ruinas lo que apenas se construye y nos hagan el teatro de reconstruir lo que los accidentes en estado gaseoso se llevaron! Vid. Néstor García Canclini, “Las identidades como espectáculo multimedia” en Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización, Debolsillo/Random House Mondadori, México, 2009, p.p. 123-132. 1

COMITÉ EDITORIAL Ignacio Ruelas Olvera José de Lira Bautista Raquel Mercado Salas Ramón López Rodríguez

COLABORACIONES Walkiria Torres Soto Gabriela Itzagueri Mendoza Sánchez Carlos Guerrero Velázquez


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