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CRÍTICA/LA ESPERANZA Jornada Aguascalientes/ Aguascalientes/Aguascalientes Aguascalientes, México ENERO 2012/ AñoAñ3 oNo. La Jornada , Mé xico OCTUBRE 2010/ 2 N45 o. 20

Pandora y la puerta del infierno Jorge Alfonso Chávez Gallo

CONTENIDO

Pandora y la puerta del infierno Jorge Alfonso Chávez Gallo

Y aún queda algo de esperanza... Enrique Luján Salazar

Cambia, todo cambia José de Lira Bautista

Una vuelta sobre el tiempo Ramón López Rodríguez

Pues lo que los dioses han hilado para

los míseros mortales es vivir entre congojas, mientras ellos están exentos de cuitas. Homero, Ilíada, XXIV, 525.

E

n la Ilíada, el mítico Homero dice, por boca del pélida Aquiles, que Zeus, el que amontona las nubes, posee dos ánforas de las que extrae los bienes o los males que depara a los mortales. Según lo considere, puede destinar a un mortal o bien una muerte súbita, atroz, o bien un tanto de belleza o alguna idea genial, y aquél, como señala Hesíodo, no tendría manera de escapar a la voluntad de Zeus, que se complace en el rayo. Este pareciera ser el origen de la ambigüedad con que se presenta el célebre mito de Pandora. Según Hesíodo, el ánfora que Zeus Olímpico le obsequia como regalo por su matrimonio con Epimeteo, hermano de Prometeo, es la que contiene los males [kakoi]. El propio dios arregla este matrimonio con la intención de desquitarse de haber sido engañado por Prometeo. Según otros autores clásicos, como Teognis y Esopo, el obsequio es el ánfora que contiene los bienes [dôroi]. En ambas versiones, la primera mujer (que, como su nombre lo indica, posee todos los dones divinos –los deseables tanto como los indeseables), destapa el ánfora y deja a la humanidad, sobre la clara tierra, a la disposición de todos los males que desde entonces le hacen la existencia amarga (ése fue el precio que hubo que pagar por el fuego y, por supuesto, la carne asada). Ahora bien, algo se queda en el ánfora (Zeus le habría dicho a la deiforme Pandora que colocara rápidamente la tapa de nuevo), a saber, la esperanza [Elpis], cuyo estatuto resulta consiguientemente ambiguo: ¿es la esperanza un bien o un mal? La diferencia que ha de ser subrayada aquí es la siguiente: en la primera versión del mito los espíritus o demonios malignos escapan volando para dedicarse a hostigar a los mortales, mientras que en la segunda versión los espíritus o demonios benignos huyen al Olimpo, dejando a la humanidad desamparada. Esto es, en un caso el mal es positivo y en el otro es negativo. Esto concuerda, de una manera que resulta ser iluminadora, con las concepciones opuestas del mal que tienen Baruch Spinoza, por un lado, y Arthur Schopenhauer por otro. En el primer caso la perfección coincide con el ser, de forma que toda imperfección resulta de una falta de ser, de ser menos que algo más, por lo que será también siempre relativa. Pero como todas las cosas son nada más que una cierta modificación, bajo un determinado aspecto, de una única cosa (la sustancia o Dios, y por ejemplo, todo lo que piensa de alguna forma es <una modificación de la sustancia bajo el aspecto

del pensamiento), entonces todo participa de la perfección suma de ese sumo ser. En el caso de Schopenhauer, por el contrario, todo mal es positivo (sólo sentimos el dolor, mientras que el placer es la mera ausencia de dolor). Ahora bien, como el mundo mismo es voluntad, impulso, afán y, por ende, insatisfacción constante, entonces el mundo mismo no es sino dolor, y ninguna felicidad que no sea una absoluta insensibilidad, es concebible. Parecerá claro que no se necesita tener esperanza si todo ha estado siempre bien y no hay razones para temer que no seguirá siendo así, es decir, si se concibe el mundo como lo hace Spinoza. Por otro lado, tampoco cabe la esperanza si todo ha estado siempre mal, y no hay razones para, precisamente, esperar que no seguirá siendo así, o sea, si se concibe el mundo como lo hace Schopenhauer. Para ambos, la esperanza nace de un conocimiento confuso de la realidad y va siempre de la mano del temor, puesto que aquello en que se cifran esperanzas no es seguro, y se teme por ello. Ahora bien, la diferencia fundamental entre ambos autores, respecto del tema que nos ocupa, es que para Spinoza la esperanza sólo puede considerarse un bien en tanto que viene siempre acompañada del temor (una forma de tristeza o, en términos schopenhauerianos, de dolor), dado que el placer en exceso es malo, y el temor lo limita. En cambio para Schopenhauer la esperanza será siempre un mal, pero tampoco por sí sola, sino en tanto que constituye una forma de ilusión que nos mantiene atados a la vida (al círculo vicioso en el que consiste, a la oscilación constante entre el deseo y el dolor). Esquilo pensaba de forma similar, pero contraria, cuando hace decir a su Prometeo que, además del fuego, ha dado a los hombres una medicina (es decir, un bien) que evita que se atormenten anticipadamente con el pensamiento de la muerte, a saber, «ciegas esperanzas», pero una medicina puede ser siempre también un veneno. Esta última observación habrá de conducirnos a una conclusión. Los dioses están exentos de cuitas, ex-

• PÉNDULO 21/UNO/ENERO 2012 •

clama Aquiles. Acaso ello sea así debido fundamentalmente al hecho de ser inmortales. Eso no los exime de contratiempos, pero sí de atormentarse por ellos. También por eso la esperanza, ese analgésico enceguecedor, les resulta del todo innecesaria y pueden gastar bromas a los hombres teniéndola por mediadora. Los dioses están eternamente alegres, para acabar pronto. A los ojos de un mortal eso parecerá simplemente locura. Pero, ¿pueden los miserables hombres vivir esa alegría sin necesidad de medicarse, o es la esperanza su única manera de alegrarse? Sobre la entrada al infierno cristiano, nos hace saber el Poeta de Dante, se lee una inscripción que termina con estas palabras: «Dejad toda esperanza, vosotros que entráis» [Lasciate ogni speranza, voi ch’intrate]. Así, el infierno, pleno de sollozos y gemidos, de congojas eternas, lo sería justo en tanto ahí la esperanza no sería posible. Para el cristiano, para decirlo en palabras de Kierkegaard, la desesperación (la falta de esperanza) es la enfermedad mortal propiamente dicha: la que padece aquél que ni siquiera puede esperar morir. Esto permite replantear nuestra última pregunta de la siguiente manera: ¿es posible vivir en el infierno y sonreír? Schopenhauer señala que Dante describe con mayor detalle el infierno que el paraíso, puesto que no hay nada en el mundo que nos permita imaginar éste último, a no ser como una reconfortante nada. Los griegos por su parte describieron vivamente el mundo de los inmortales, y Platón nos deja claro que pudieron hacerlo (esto es, que sus poetas poetizaron) en la medida en que fueron convidados de la locura de sus dioses. Digamos en conclusión que la esperanza por sí sola no es ni un bien ni un mal, sino que esto depende de la dosis en que se tome, así como de lo enfermo que uno se encuentre. Así, para hacer alusión a Friedrich Nietzsche, en tanto que para los griegos lo peor era la muerte, i.d. tener que dejar este mundo, para el cristiano lo peor es tener que vivir eternamente en un mundo como éste.


Y aún queda algo de esperanza... Enrique Luján Salazar

Con afecto para mi familia, mis amigos, mis compañeros y mis estudiantes en este nuevo año.

E

n esta época de fin de año se acostumbra en nuestra sociedad desear lo mejor para quienes queremos y, también, hacer un balance de los acontecimientos que nos ha tocado vivir. Es también época de nostalgias y remembranzas y, por contraposición, una época para avizorar lo que nos depara el futuro. Sin embargo, en este año en particular se respira en el aire, en los sentimientos y en las palabras negatividad y escepticismo respecto a las posibilidades que los seres humanos podamos alcanzar. La realidad se ha endurecido y se ha vuelto más violenta. Las capacidades humanas se orientan más a la destrucción que a la solución de los diferentes y complejos problemas que enfrentamos. O simplemente se opta por la filosofía del avestruz, el dejarse llevar, el no ocuparse, el rendirse antes de haber comenzado. En este ambiente, que en la mayoría de las ocasiones se aborda de una manera cruel, parcial y mórbida, es necesario que retomemos la orientación reflexiva y tratemos de comprender qué es lo que verdaderamente acontece y qué podemos esperar para el futuro. Para iniciar nuestro camino, tomaremos a dos autores de la máxima relevancia en el pensamiento contemporáneo: el marxista heterodoxo, Ernst Bloch y el hermeneuta y analítico, Paul Ricoeur. Para el primero, la condición humana es finita, frágil, efímera, fluctuante, imperfecta…Pero aún así, aún desde los campos de concentración en los que le tocó ver la miseria humana, recordó, al igual que el mito clásico de la Caja de

Pandora, que todo se puede ir pero algo queda: la esperanza. Muestra de su interés en el tema, nos dejó tres tomos plenos de reflexión teórica y práctica sobre lo que denominó Principio de esperanza. El abordaje lo hizo desde diferentes perspectivas entre las que destacan la antropológica, la ética y la social. Bloch vincula la esperanza con la utopía. Si algo caracteriza al ser humano es su deseo de tener una vida más plena. Sin embargo, se muestra crítico frente a las posibilidades del socialismo y el comunismo que imperaban en su sociedad. Acepta que no somos ni estamos solos… vivimos en sociedad y somos seres históricos, que si bien estamos determinados por un pasado se tienen posibilidades reales de transformar el presente…No todo está determinado, La condición humana se caracteriza por sus posibilidades creativas no sólo de cambiar la circunstancia presente sino que tenemos la posibilidad de trascender. Para el marxista alemán, la vida continúa después de la muerte, por lo que debemos esforzarnos no sólo por realizar nuestra mejor labor en el presente, sino porque nuestros actos serán los que posibiliten trascender e poder transitar a otra vida. Para Paul Ricoeur, la cuestión de la esperanza radica en preguntarse: ¿cómo pensar y construir el futuro de nuestra propia historia humana? El futuro es posible como proyecto: lo que hay que hacer. Es cierto que las posibilidades son finitas y, en ocasiones, se muestran escasas, por esto es necesario pensar el proyecto humano de manera pragmática: como algo que continuamente está cambiando; como un proyecto relativo y • PÉNDULO 21/DOS/ENERO 2012 •

provisional y como algo que se hace actuando. No se trata sólo de planear y calcular nuestras posibilidades, se requiere de compromiso y responsabilidad, es decir, de una renovación ética en la que actuemos decididamente en la co-responsabilidades de hacernos humanos. Este proyecto y este compromiso de hacer el futuro los comprendemos como vida en el tiempo y como relato, los comprendemos como una dialéctica entre pasado presente y futuro. No podemos dejar abrumarnos con el mundo como una carga, sino que es posible recuperarlo como espacio de experiencia, como un estar con otros: obrando y padeciendo. En este espacio converge el pasado, como algo abierto que se puede revisitar y reinterpretar, con el presente, como el poder hacer — sentido del hacer — que requiere distinguir las metas que perseguimos, teniendo siempre presente a los otros, en particular, a los seres humanos que sufren de alguna carencia o son sujetos de injusticia. Esta vida en el tiempo, tiene sentido y se conjunta con el horizonte de espera: que no debe diluirse con falsas esperanzas y sí comprometerse con metas: determinadas, finitas y realizables. La promesa mantenida es la que da la fuerza a la duración de nuestro actuar Aún queda algo de esperanza si los humanos nos decidimos a conjuntar ética, historia y política: es decir, luchar por una vida humana que anude verdad y justicia en el momento preciso y en el espacio en el que transcurre nuestra existencia.


Cambia, todo cambia José de Lira Bautista Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo… De una canción de Mercedes Sosa

I

ndudablemente los tiempos que corren actualmente son tiempos de crisis. Somos testigos, como en ninguna

planetas o consultar el orácu-

cir la gente cuando enfren-

probabilidades,

esperamos

sin más, pues la esperanza

lo o preguntarle al sociólogo,

ta nuevas situaciones en su

que el país mejore a pesar de

es esperar aportando los ele-

al politólogo, al economista,

vida, cuando las costumbres

las decisiones políticas equi-

al físico, al vidente, etc. pero

e inercias se ven sacudidas

vocadas, esperamos que se

mentos necesarios para que

estoy casi seguro que nadie

desde sus cimientos. La es-

detenga y revierta el proceso

otra época de la historia de

tendrá una respuesta defini-

peranza es eso, creer que lo

del calentamiento global, es-

la humanidad, de transfor-

tiva.

que vendrá posteriormente

peramos aprobar los exáme-

siste en sentarse con los bra-

lo que se quiere que acontezca se haga factible. No con-

maciones tan vertiginosas en

Una cosa es saber cómo

será más bien positivo que

nes finales, esperamos que el

zos cruzados a esperar, sino

todos los ámbitos de la vida

será el futuro y otra querer

negativo. Es una actitud op-

próximo año sea mejor que

actuar de tal manera que

humana, que no podemos

que sea de tal o cual manera.

timista para enfrentar las

éste, etc.

percibir con claridad el ori-

En el plano del conocimiento

situaciones que se avecinan.

La esperanza no es pre-

haya al menos una oportuni-

gen de la situación actual lo

la mayor parte de los cami-

Muchas veces la esperanza

dicción ni profecía. Predecir

mismo que su destino. El mis-

nos están cerrados. Podemos

va en contra de la racionali-

o profetizar consiste en decir

mo tiempo presente se diluye

predecir racionalmente al-

dad misma ante los aconte-

qué es lo que va a ocurrir. La

tener una carrera universi-

en el torbellino de aconteci-

gunos fenómenos, pero no la

cimientos: esperamos poder

esperanza, en cambio, es la

taria si no me inscribo en la

mientos cuya novedad ya no

totalidad de los mismos. En el

sanar de una enfermedad

es sorprendente. Entonces

firme convicción de que algo

universidad, o ganar en la

plano de la opinión y de la ac-

grave, esperamos que nues-

sobreviene la crisis, el rompi-

bueno ocurrirá; es caminar

ción, surge la esperanza.

tro equipo remonte el mar-

lotería si no juego. Por eso,

en la delgada frontera entre

miento violento con lo viejo

La esperanza se manifies-

cador aún cuando tenga todo

para dar paso a lo nuevo y

lo posible y lo imposible. Pero

ta de muchas formas. Todo

en contra, esperamos ganar

la consecuente necesidad de

no es tan irracional como

cambio es bueno, suele de-

el melate aún sopesando las

para esperar que algo ocurra

adaptación o resistencia a las

esperados. No puedo esperar

la esperanza requiere acción, compromiso, trabajo, con el único propósito de hacer que lo que uno quiere suceda.

situaciones generadas en las transformaciones

dad de obtener los resultados

Ahora estamos iniciando

sucesivas.

un nuevo año. Estamos cam-

Podemos saber las cosas pa-

biando. Estamos en crisis. Es

sadas y las que estamos viviendo en el presente, pero

tiempo de pensar en lo que

el futuro no. En parte, las cri-

queremos que ocurra este

sis surgen de la incertidum-

año, de renovar nuestra espe-

bre de lo que vendrá, pues no

ranza. Es tiempo de analizar

podemos saber qué sucederá

lo que hemos hecho duran-

en el futuro. ¿Cuáles serán

te el año que termina y, en

las consecuencias de lo que hacemos ahora? ¿Cuál será el

general, sobre los años que

resultado de las transforma-

hemos vivido, para ponernos

ciones que estamos viviendo

a trabajar y proyectarnos al

ahora? ¿Cómo serán el mun-

futuro, siempre optimistas,

do, la sociedad, nosotros mis-

siempre con esperanza de

mos, en el futuro? Podemos

que nuestra vida sea mejor.

hacer conjeturas, podemos

¡Felicidades y que se nos

tomar como base el pasado,

cumplan nuestros deseos!

podemos leer las cartas o los • PÉNDULO 21/TRES/ENERO 2012 •


Una vuelta sobre el tiempo Ramón López Rodríguez

E

l filósofo Edmund Husserl advierte en sus Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo que aquellos que deseen entender la naturaleza del tiempo tendrán que considerar seriamente las reflexiones que sobre el tema realizara san Agustín en el Libro XI de sus Confesiones. Asintiendo a las palabras husserlianas, parece que la elocuencia del filósofo de Hipona ha superado la prueba de todo exigente idealista que asume el reto de leerle, pues contraria a la orientación de la física aristotélica, que define el tiempo como “el número del movimiento”, la reflexión agustiniana continúa la vieja aspiración platónica de no poner el concepto de tiempo en función del de movimiento, sino al contrario, haciendo de la medición temporal una pertenencia exclusiva del alma. “En mi espíritu, Señor, mido los tiempos”, exclama san Agustín. El filósofo francés Henri Bergson retomará muchos siglos después esta misma consigna, decretando que no se ha de poder hablar de ninguna realidad que dure, que no implique la potestad de una conciencia presente. Sin embargo, el pensador francés se encuentra en la antesala de una nueva discusión sobre la naturaleza del tiempo. Esto se debe principalmente a que su metafísica del tiempo navega a contracorriente de la nueva teoría de la física que está por sacudir el mundo: la teoría de la relatividad de Albert Einstein. Es la obstinación bergsoniana de separar un tiempo que él llama “espacializado”, que sería el ingrediente artificial de los fenómenos (aquellos que experimentamos como parte de la construcción del mundo físico), del “otro” tiempo, que Bergson considera el verdadero, y que se da como intuición de una “duración pura” en cada conciencia y de la que cada quien tiene una experiencia íntima, profunda e inexplicable, la raíz del nuevo dilema. En 1922, una pregunta flotaba en el aire: ¿cuál es el concepto primitivo para entender la naturaleza del tiempo? ¿Duración o velocidad? En ese mismo año, Bergson publica su libro Duración y simultaneidad, que expone con nuevos elementos su concepción de “duración pura”, suponiendo un “tiempo interior” separado de cualquier tiempo externo y objetivo, incluso siendo condición de este último. El libro tiene una fría recepción entre los lectores de la nueva teoría de la relatividad, y hará que Bergson suspenda, siete años después, su publicación y nuevas ediciones. El desencuentro introduce, además, un nuevo protagonista al debate Einstein-Bergson. En 1928,

Einstein sugiere al psicólogo suizo Jean Piaget que realice algunos estudios para saber si la intuición subjetiva del tiempo es algo primitivo en el niño (como piensa Bergson) o algo derivado, y qué relación habría entre esta intuición y la de velocidad? Produciendo un resultado que poco favorecería, no sólo a Bergson, sino también a Kant y a sus conceptos de espacio y tiempo como intuiciones “a priori” de la sensibilidad, Piaget concluirá que la noción interna del tiempo no es primitiva, sino un constructo resultante de la coordinación de movimientos de objetos desplazándose a velocidades distintas o, como dirá Piaget más elegantemente, el tiempo es “el espacio en movimiento”. Esto podría parecer, quizá, una vuelta lenta y dolorosa a Aristóteles. • PÉNDULO 21/CUATRO/ENERO 2012 •

La Jornada Aguascalientes PÉNDULO 21 Publicación Quincenal Enero 2012. Año 3, No. 45 EDITOR Enrique Luján Salazar DISEÑO Claudia Macías Guerra COMITÉ EDITORIAL Ignacio Ruelas Olvera José de Lira Bautista Raquel Mercado Salas Ramón López Rodríguez COLABORACIONES Jorge Alfonso Chávez Gallo


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