Page 1

junio 2012, n° 53

http://issuu.com/guardagujas

filipo contra los persas víctor cabrera eros díler nazul aramayo

+ erika mergruen.sofía ramírez.cecilia eudave

fotografía: ariel arias


http://lja.mx/guardagujas

eros díler

Publicada por Jus, Eros díler es la primera novela del escritor coahuilense Nazul Aramaryo, de la cual publicamos un fragmento con su autorización.

nazul aramayo

aquí no existen tristezas todo se puede arreglar con el ritmo y su compás en La Laguna Tropicalísimo Apache En La Laguna

1

Era el año cuando el Santos Laguna ganó su tercer campeonato. Yo quería un poco de la buena, quería una ciudad donde la droga me cayera del cielo sin temerle al ejército, la policía y los narcos. Quería cocaína y la quería pura. En Torreón eso era imposible. Decidí huir. Tenía dinero, ganas y nariz cachonda. El sol ardía colgado en el cielo azul como los ojos heroicos o enfermos de Kurt Cobain, las porras levantaban polvo afuera del estadio Corona, los coches pitaban henchidos de gloria, Torreón, la Comarca Lagunera se alzaba con el trofeo del Torneo de Clausura del futbol mexicano. Yoselyn y yo corrimos y gritamos como locos. Teníamos tres años de pareja, habíamos pasado por tantas cosas y ahora celebrábamos en la calle, toda la raza fuera de sí, en un frenesí verdiblanco, rolados hasta la madre de mota, gritando, bailando, echando desmadre como Dios manda, en medio del estruendo, la locura y el pisto desbordándose por todos los rincones polvorientos de La Laguna: Torreón, Gómez Palacio, Lerdo, Matamoros, San Pedro y demás municipios; todos en las calles, bajo el solazo, cubiertos apenas con serpentinas y banderas santistas, el futbol era nuestra gloria como si nos dieran un pedazo de nalga de Selena o Cristo y nosotros, convertidos en devotos tex mex judeocristianos, oficiáramos la celebración de la segunda llegada de nuestra puta madre. Pero era el tercer campeonato. Mi chica y yo manejábamos un vocho verde, dueños de nuestro destino lo estrellamos contra un Chevy, reímos, metimos reversa y huimos por entre las calles de la colonia Aviación. Pitamos victoriosos y nos lanzamos por más cheve quemando llanta. Fuimos de una miscelánea a otra. Nada. Las nubes desfallecían sin aliviar el calor, los perros se refugiaban bajo carros desvielados. Nada. La cerveza en toda La Laguna se había acabado. El lecho seco del río Nazas brillaba como una mesa de disección, cuerpos descabezados esperaban ser descubiertos entre los matorrales, polvo como bruma luminosa y tóxica encendía aureolas en nuestras cabezas, éramos Santos, santisas, futboleros; la sequía nos la venía guanga, éramos campeones. Y sin embargo, la cerveza se había acabado.

2

Yoselyn, me despertó en la mañana con el periódico en la mano. Sonreía dorada por la luz que se metía por la ventana, las cortinas suspendidas, inmóviles, el aire afónico apenas entraba al pequeño cuarto de paredes cacarizas. Vi el periódico y me levanté de la cama de inmediato. Embarré mi sudor nocturno al abrazar a Yoselyn.

—Ya no tendremos problemas, nena, somos ricos. Había ganado una beca con mi poemario Me levanté con el condón puesto, poesía cachonda para morritas de barrio, mis preferidas. Yoselyn se hinchó de gusto, su cabello cayó sobre mi cara, nubes de chanates volaron atravesando el cielo, un beso fresco, sabroso. Sujeté a Yoselyn por las nalgas, no traía calzones, le apreté el culo y le metí el dedo en la vagina ardiente y jugosa. —Cógeme. —Jajaja. —¿De qué te ríes? Ándale, métemela, cógeme. Le aticé una cachetada marranera mientras, con la otra mano, desenfundaba la verga y se la metía. Sus ojos se pusieron en blanco. Sus labios se abrieron como una flor bajo la lluvia; brillantes, lúbricos, gozosos hicimos el amor sin condón. Le eché un chorro de semen en su jeta abierta, todavía colorada por el putazo con el que la callé. —Deja voy por unas caguamas y yerba, mi amor, hay que celebrarlo machín. Me vestí. Ella se acostó nuevamente. Vi su boca abierta con un hilo de baba colgando, su vagina una pequeña laguna sexual y primitiva. Besé su frente y salí. Subí al vocho y me lancé hacia la Pancho Villa, a menos de diez minutos de camino. Así que ahora era un poeta reconocido por el Estado. Un joven creador mantenido por el gobierno. Un poeta que se metería yerba, soda y caguamas heladas mientras hacía el amor con su morra, encerrados en el cuarto, protegidos del calor, un pequeño cielo azul y cacarizo de droga y sexo, frescura y sabor. El paraíso. Llegué a la esquina donde los morros despachaban, unos parados, otros pichoneando con la morrita, fumando yerba o esnifando soda, cada quien en su pedo. Me detuve frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe, una pintura aparecida para indicar los puntos de vendimia de droga en las co-

lonias, la virgen y la luna bajo sus pies, veladoras de marihuana y piedra siempre prendidas para proteger a los morros del ejército y los federales. Virgen santa, qué buenas piernas las de la morra malviajada en el suelo, cubiertas de polvo negro y cochambre, sus nalgas abultadas en su punto de ebullición parecían reventar el short de mezclilla. Se acercó un vato. Playera y pantalón exageradamente holgados, tumbados, cachucha con el signo de dólar bien brillosote. Ojos vidriosos, boca seca, labios partidos, piel morena, una lagartija apenas erguida sobre el pavimento: —¿Cuánto quieres, pareja? —Un tostón de yerba y un pase. —Cámara. El vato caminó al interior de la colonia. Los ojos de la virgen me miraban, risas ancladas en la esquina. Atrás de mi vocho esperaban dos autos. No había tráfico. Calma, tranquilidad de láminas calientes y radiantes. Pasó una patrulla de la policía municipal. Ni nos voltearon a ver. El morro regresó con las bolsitas ziploc de yerba y soda. —¿Qué pedo? ¿Es todo? Apenas me va a alcanzar pa forjarme dos o tres churros. —Si te estoy dando más, pareja, qué pasó. —Antes daban más. ¿Ya no venden a granel? —Nel, puras bolsitas. Hacía meses que no compraba mota. Cómo habían cambiado las cosas. —Al menos espero que esté buena la soda. —Puro veneno, pareja. Metí las bolsas en la guantera. Encendí el motor. —Ahí le encargo pa mi chesco, ¿no? Le di cinco varos y me largué quemando llanta. De regreso compré las guamas. Yoselyn seguía dormida echada en la cama, desnuda y sudada; olor a semen y jugos vaginales apagaron el olor exótico de la marihuana. Vacié la soda sobre la mesa y forjé unas líneas. Me metí dos de inmediato. Puro pinche veneno, sí, pero para ratas. Empiné la caguama y le di un trago profundo para apagar el ardor de la soda cortada. Comencé a sudar como puerco. ¿Esto era lo que un poeta merecía? En Torreón, sí. Alguna vez con el Espanto Jr. probé soda colombiana casi sin cortar, casi pura, casi el paraíso. Una chulada. Tenía un sabor dulce y un aspecto cremoso, una vitalidad explosiva, lucidez infernal. Desperté a Yoselyn una vez armado el churro. Sin abrir los ojos le dio un trago profundo a la caguama, luego, un toque. Ésa era mi nena. —Ven y abrázame. Me desvestí y la abracé, acostados, chiclosos, bebiendo y fumando, la tarde se desvanecía en ceniza. Nos levantamos y bailamos cumbión entre el humo de mota y el compás acelerado de nuestro barrio. Yoselyn flotaba, se deslizaba por el piso como el rocío por la piel verde de una hoja dulce y tropical. La noche se consumió en un cenicero. Era fin de semana. Domingo de buenas noticias.

3

Llegué temprano al trabajo. El centro de la ciudad se levantaba de su resaca de futbol: papeles verdes y blancos por los suelos, latas de cerveza vacías atoradas en los desagües, carros con los vidrios pintados con porras al Santos, el sol lagañoso no terminaba por levantarse de los cerros pelones, cama de púas y pañales cagados. La calle olía a orines, vagabundos, viejas tarahumaras con sus hijos amarrados en la espalda, , niños y viejos naufragaban en las esquinas y en los aparadores de los negocios. Mi jefe y yo abrimos a las diez y ya teníamos a un par de jóvenes esperando a que les vendiéramos sábanas para forjarse unos churros mañaneros.


guardagujas@lajornadaaguascalientes.com.mx

Los atendí con gusto. Veinticinco varos. —Subió un chingo. ¿Y los más baras, jefe? No era lo único que había subido. El precio, la vejez, los impuestos, la comida, la medicina, la cocaína, el colesterol, el transporte, las muertes, la marihuana, las inundaciones de aguas negras; mierda flotaba en la superficie. Barrí, limpié vitrinas, acomodé playeras y me paré en el umbral a mirar a las nenas que pasaban por la calle. Trabajaba en una tienda de playeras rockeras y accesorios juveniles, papeles para la mota, pipas para la piedra y dosificadores para la soda. Ahí le caía toda la raza. Un par de morras entraron. Se les veía hasta los huesos, la muerte asomaba por su pecho, escotes mortuorios liberaban tatuajes de la Santa Muerte incrustada entre sus pellejos morenos, sonreían al vacío con un par de dientes plateados, pelos retorcidos salían de sus respectivas narices cocainómanas. Querían biblias para la yesca y una pipa de vidrio para la piedra. Les ofrecí lo mejor. Sostuvieron los artículos entre sus manos huesudas adornadas con anillos de calaveras con brillos rojos en los oclayos promisorios. Un carro pasó pitando, el aire, atropellado, lanzó una ráfaga de frescura alborotando los cabellos güeros de mis chicas de inframundo. Pagaron y se despidieron de mí. De nuevo fui al umbral y las divisé. Huesos y pelos de la muerte se elevaron con el resplandor del sol, un par de zopilotes danzando y desapareciendo en el poniente donde algún día nació Torreón. Mi jefe me pidió que fuera a comprarle unos lonches de adobada con aguacate. Caminé por la Juárez hasta la esquina de la Acuña. Por los aparadores vi a las mamacitas despachando al cliente, empleadas de los negocios enchuladas en mezclilla y blusas sin mangas, cuando no atendían al cliente escuchaban música en su celular, entreabriendo la boca y mirando el techo o el horizonte. Alguna vez Yoselyn fue una despachadora. El estanquillo estaba repleto. Había cola larga y hambrienta. Esperé media hora por cuatro lonches. El día transcurrió en la misma tonada. Playeras, sábanas, piercings, pulseras, colguijes, pipas, inciensos para la Santa Muerte, oraciones a la Virgen de Guadalupe, canciones de Nirvana y Pink Floyd, a lo lejos la música de Chicos de Barrio y los Primeritos de Colombia. Regresé a casa. Yoselyn seguía en la universidad. Estudiaba sociología en la UAC. El calor latía entre las sombras, abrí el refri y saqué una caguama helada. Bebí un trago profundo, animal, aplaqué la sed, me desplomé sobre el sillón. La caguama sudaba bajo la luz lánguida que se colaba por la ventana sin cortinas ni mosquitero. Pensé en lo que haría cuando recibiera la beca, los poemas que escribiría, las nenas que pedirían una dedicación, un agasaje, un churro conmigo, las publicaciones, las cervezas que me invitarían, las meseras que conquistaría con unos versos matones en la servilleta, conquistaría putas, besaría sus labios cachondos, sudorosos, rodeados de pequeñas arrugas y bigotes espolvoreados con maquillaje y cocaína. Llegó Yoselyn. Cerró la puerta y quedamos los dos juntos abrasados por las sombras hirvientes. Platicamos un rato. No teníamos mucho ánimo de estar juntos pero éramos nuestro último consuelo, el último rincón del mundo donde podíamos refugiarnos; juntos, pegaditos, nuestra piel sudorosa latiendo fresca al separarse uno del otro.

filipo contra los persas y otros cuantos epigramas*

víctor cabrera

Filipo contra los persas

Envalentonado con el vino del elogio que le dan sus lambiscones, el César apocado la ha emprendido en contra de los persas, del opio traficantes. Los persas, no muy dados a la risa, están que se mean a carcajadas.

Las drogas destruyen

Tienen razón tus cónsules y generales cuando dicen que el hashish corrompe y mata el opio: Ya hace tiempo que ellos fueron corrompidos y hoy contamos nuestros muertos por millares.

De onomástica1

La sabiduría del emperador

Filipo, la Historia se repite: el Hado, no menos veleidoso, ha nombrado Emperador a un asno aficionado a los caballos.

Igual que él, tú nos desprecias, pero no renunciarás hasta ver a todos muertos.

De onomástica II

Filipo –conocido también por Cicerone– les muestra a los turistas extranjeros el esplendor patinado del Imperio. De espaldas al osario de sus guerras, desde la cima del monte Palatino, abarca con un gesto amplio de su mano la vastedad de la Ciudad Eterna, y explica con orgullo a nuestros visitantes: “Amigas y amigos, estas ruinas que ven las culminé en sólo cinco años”.

Filipo, conoces bien la historia del César que en su infinita necedad nombró cónsul de Bitinia a su caballo.

Si por capricho del Hado fuiste César y Filipo por tus dotes de jinete, por convertir a Roma de nuevo en un campo de cenizas te llamaré Nerón II.

Filipo el Grande

Le viene bien el uniforme militar a nuestro César, pues todo en él se ensancha y engrandece: el broncíneo pectoral que le tapa más abajo de la panza; las grebas que le trepan arriba de los muslos; la espada que en su mano quintuplica su tamaño; el yelmo que le ciega la mirada. Todo Filipo lo vuelve, pues, enorme: así él es de pequeño.

La cvltvra persa

Para mostrarnos que son cultos a su modo, los persas vinieron a dejar treinta muertos afuera del Liceo. Nos dejaron también este mensaje: “Poetas del bacío oradores de la nada filósofos del caos: Estos que beis cadaberes romanos trivuto son para Ahrimán nuestro patrono. Para que aprendan a respetar nuestra cvltvra”.

Vía Apia

Por demostrar que no temen al Imperio, los persas regaron de cadáveres la Vía Apia. Fue, por cierto, un espectáculo grotesco... Igual que el del procónsul que quiso serenarnos declarando que de los muertos ninguno era romano.

Eres, Filipo, más sabio que Sila, quien tanto despreciaba a los romanos que prefirió abdicar a gobernarlos.

El turismo en Roma

Control natal

Oponiéndose al legado de precursores que él más venerables, el Emperador ha decretado severas penas contra doncellas, esclavas y libertas, señoras y plebeyas que interrumpan su preñez por propia voluntad y medios ajenos a Natura. Defiende así la vida, desde la concepción, de los muertos futuros de sus guerras.

Filipo el justo

Son tontos los que dicen que César es crüel y vengativo, y mienten todos ellos cuando al verlo le gritan asesino. Son necios, pero él sabrá dar a todos su castigo.

Los funerales de un poeta

Orador en las exequias de Virgilio, el César declaró que ha muerto el ínclito poeta para hacerse amar así por todos los romanos. ¿De mí quieres un consejo, oh, dulce Emperador? Tú también haz que te ame Roma entera.

Estos epigramas están inspirados en la figura de Marco Julio Filipo o Filipo el Árabe (c. 204-249), *emperador romano (244-249) quien, como militar, se distinguió en la campaña contra los persas.

1 La voz griega Φίλιππος [Filipos], de φίλος [filos] “amigo”, e ϊππος, [ipos] “caballo” designa, literal-

mente, a un “aficionado a los caballos”; de ella provienen también las variantes castellanas Felipe, Filipe y Filipo; la francesa Philippe; la inglesa Philip; y la italiana Filippo. [Fuente: Gutierre Tibón, Diccionario etimológico comparado de nombres propios de persona, Fondo de Cultura Económica, México, 1986].


editores: edilberto aldán / joel grijalva

L

o dicho: somos adictos a las certezas y proclives a sentir miedo ante aquello que no podemos ver. Me ha parecido atinado elegir la numerología para mi entrega número trece en este suplemento. El trece: el número de los encuentros y los desencuentros, de gatos negros y calamidades, de regalos caídos del cielo, de viernes, de martes. Y como lo dictan ciertas tradiciones, el trece es un buen ejemplo de esto: “El número es el señuelo del misterio”. A través de la historia, los números no sólo han servido para contar sino para expresar ideas. Es sabido que la interpretación de los números fue practicada por Platón. Pero no me dedicaré a las anécdotas de esta mancia, puesto que a mi treceava entrega se suman otros números. Ojala que la mayoría de los lectores el 132 les diga algo, o por lo menos conozcan la noticia de los universitarios de este país que decidieron expresar lo que muchas generaciones anteriores callaron ya por desidia, ya por miedo, ya por coacción. Según los cánones de la numerología, tendría que realizar la suma 1+3+2=6 para conocer el número “verdadero” que este movimiento representa. Y entonces debería decir que es un 6 y, como tal, resulta ser el número que representa la oposición entre la criatura y el creador en un equilibrio indefinido. Agregaría que el 6 es el número de las ambivalencias: puede inclinarse hacia el bien o hacia el mal. Y no ocultaría que el 6 ha sido asociado con el apo-

—¿P

métodos de adivinación

erika mergruen la numerología al movimiento Yo Soy 132

calipsis y con la mismísima bestia. Pero antes que nuestro instinto milenarista nos lleve a persignarnos, exclamaría que también 6 fueron los días de la creación. Terminaría mi pronóstico con el augurar la llegada de un séptimo día de descanso, o quizá de un sexenio de cambios y esperanza. Pero mejor diré que el 6 es el número de la perfección, y no es de extrañar que simbolice el cielo en la tradición de oriente. Suele representarse con el hexágono estrellado, que es la conjunción de dos triángulos invertidos, la conjunción de dos opuestos. Simboliza el equilibrio entre el fuego y el agua, el inconsciente y el consciente: lo que en el tarot se representa como La Templanza. Pero se debe tener presente que este equilibrio es precario, por ende el lado oscuro del número seis es inmenso. Lo sé, el seis es el blanco y el negro, pero lleva implícita la posibilidad de la escala de grises. Vivimos

or qué tienes ese libro? ¿De dónde lo sacaste?-me preguntó el asistente del artista plástico que presentábamos en la rueda de prensa para promover su exposición. —Me lo consiguió un amigo –respondí desconcertada y un poco a la defensiva– es una edición reciente. ¿Por? –sí, definitivamente debía preguntarle al desconocido, no fue agradable cómo me abordó. —No, por nada, es que yo lo conozco –me dijo señalando el nombre del autor–, pero está desaparecido; una amiga mía le procuraba comida y algún dinero, cuando él rondaba por su casa, pero hace un par de años que no sabe nada de él... –Hizo una pausa, más para sí mismo, como recordando–. Nadie sabe nada de él, desapareció, dicen que anda por ahí, como perdido. —Pues esta publicación es reciente, reúne sus tres libros, Nadar sabe mi llama, Tequila con calavera y Palomanegra Productions –le comenté un poco nerviosa: me emocionaba saber que estaba frente a alguien que conocía a Samuel Noyola–. Es algo así como un rescate, o más aún: es la necesidad de dejar constancia de un gran poeta por parte de sus amigos, creo. —Sí, es un gran poeta, lástima… –Así, sin más, cada cual tomó su sitio correspondiente y no volvimos a hablar, a fin de cuentas la poesía no era lo que nos convocaba. Pero yo tengo un problema: a mí regularmente me convoca la poesía. Entonces es cuando la invoco y siempre aparece. Está de más comentar que le di vueltas y vueltas al asunto todo ese día y los que siguieron. Estoy conven-

N

o sé si es buena idea conjurar al insomnio para dejar de tenerlo. No sé si es acertado pensar que el insomnio ayuda a crear bajo el efecto de una somnolencia semejante, desde mi punto de vista, a un transito casi fantasmal entre el tiempo y el espacio. Quiero decir con ello que deambulamos por donde mismo, haciendo lo de siempre, sin tener conciencia plena de hacerlo o de estar. No somos vivos, ni estamos muertos. No somos ánimas, parecemos, vagando silenciosos, enmudecidos, como si nuestros ruidos insultaran el sueño del otro, la razón del otro o el triste deber de ausentarse una horas de la modesta vida. Quizá ellos no entienden, no en ese momento, que su finísima sombra —y aquí tomo prestadas las palabras de Borges— “ha sellado los espejos que copian la ficción de las cosas”, y sin nada que las represente con certeza, vamos cayendo en la duda de todo, incluso de si estoy soñando mi insomnio. Las divagaciones son parte de este estado melancólico, cuidado si se prolonga, puede llevarnos habitar entre intersticios, asomándonos a medias entre la vigila caprichosa y la dureza diurna.

en una sociedad fragmentada, ignorante, fanática y tristemente clasista. El no haber llegado nunca a punto de encuentro nos hizo pagar un alto precio. Hoy, el Movimiento YoSoy132, descubrió el lugar donde ocurre la conjunción de los opuestos. Usé este lema en las redes: Niños, ya no más “fresas” de la Ibero, ya no más “nacos” de la UNAM: sólo estudiantes, sólo personas que piensan, que hacen. He aquí el principio de todo, y espero que puedan ver la repercusión que esto tiene: la unidad. No debemos depositar nuestro destino en ninguna mancia ni en un número ni en un sólo hombre. No creo en el hada madrina que agita su varita y cambia el curso de la historia. Pero sí creo en ser testigo presencial de un momento histórico y ya no sólo descubrirlo en el folio de un libro. Estoy cansada de ver decapitados, desmembrados, carbonizados, ensangrentados en este país. Estoy cansada de sentir que la palabra escrita es inútil. Estoy cansada de evitar claudicar ante tanta miseria. Pero no soy la única, ahora lo sé, hay otros: cientos, miles, dispuestos a escupir su hartazgo. Lo confieso, me molesta toda esa gente que ataca al movimiento tras esas máscaras familiares de la ambición, tal como me molesta el que señala enjuiciador desde la comodidad de su tribuna pagada por todos. Alguien debe seguir contando, con palabras, con ideas, con números. Así me quedo con esa sensación de vitalidad, aun sin guía, que nos hace recordar que todavía estamos lejos de la tumba. Sea: YoSoy132.

zoom

cida: nada es fortuito. He leído y releído a Noyola. Lo encuentro tras el naufragio, celebrando la palabra. Es delirio y destino, el extraño que cohabita en sus entrañas. Es, justo como el título de la antología, cuchillo y luna, más preciso Marco Antonio Campos “el filo cortante y la luz espléndida”. Eso es Noyola, así es su poesía. Me consuela en la desesperanza y me azota en la reflexión. La de Noyola es una poesía que duele, sus palabras /me saben a ceniza/ y no me dejan nunca/ en ningún lado, así a mí como a él en su poema Septiembre. Pero sí, la necesito. Agujas, astillas de cristal en el corazón y de ahí a la sangre: esa punzada constante que no se olvida. “Sí, es un gran poeta, lástima…”. ¿Lástima? ¿Lástima por qué? ¿Por qué no sabemos dónde está, qué fue de él? ¿Lástima porque suponemos lo que le pasó? No estoy segura: hay un legado, testamento y testimonio. No el mito, la realidad: poesía absoluta. Ya lo dijo el propio Samuel Noyola –No te vayas de aquí. Y no te escapes. Inevitablemente él permanece, lo mío es voluntario.

qué sabe nadie

cecilia eudave reflexión sobre mi insomnio

De cualquier manera es duro estar con sueños, de sueños, bajo los sueño, por los sueños, como sueños, entre sueños, sin sueños… Cada cual tiene su insomnio —como una vida— y lo lleva como puede, acostados en la cama dando vueltas a un cuerpo que tal vez ya no quiere ser tuyo. O leyendo con los ojos enrojecidos historias inventadas por las pupilas, que no pueden retener las oraciones, y engañan al cerebro con relatos que al día siguiente se desvanecerán. Es posible que todos esos falsos recuerdos sobre lecturas, de autores concretos, nunca se escribieron en realidad y se gestaron en las penumbras de algún insomnio lector. Se puede vagar por la calles, también,

sofía ramírez desaparecido

como un centinela proscrito observando al caminar otros paisajes acaso los verdaderos; beber una copa tras otra para emborracharlo, sin doblegarlo, pues sigue ahí como una puerta abierta que deja pasar a todos y a todo. Entonces, sin remedio, tomamos más conciencia de las cosas porque estamos con nosotros mismos, sin intrusos, sin rutinas, sin el reconfortante sonido de los otros. Solos, entre pensamientos diluyéndose en cavilaciones, en reflexiones obsesivas o convulsiones mentales. Recomponiendo cosas, situaciones y pasados irremediables poniendo a prueba la cordura de una vitalidad lejana. Sí, el insomnio me inquieta, como te inquieta aquel que sabe nombrarte a pesar de tus múltiples máscaras, de tus infinitos uniformes, ese que te llama y sin remedio le respondes. ¿Qué nos dice? ¿Quién lo escucha? ¿Quién desea ser nombrado para exorcizar de una vez a sus demonios? Qué sabe nadie, hoy escribo bajo los efectos de su sombra, bajo la nostalgia de un ayer donde los hombres sólo iban a dormir, sin exigirse nada más, que un sueño tranquilo disolviéndolos en la realidad de la noche.


http://issuu.com/guardagujas Nazul Aramayo (Torreón, Coah. 1985). Becario del FECAC, 2007-2008, en el área de Jóvenes Creadores, actualmente es becario del FONCA y textos suyos han aparecido en revistas de circulación nacional. Eros díler es su primera novela.

del juego y La piel dorada y otros animalitos, así como La ventana, el recuerdo como relato con el que obtuvo el premio Autobiografías, Diarios y Testimonios de Mujeres Mexicanas, DEMAC 2001-2002.

Víctor Cabrera (Arriaga, Chiapas, 1973). Es autor de la plaquette Diez sonetos (2004), del volumen de fábulas y ficciones breves Episodios célebres (2006), y de los libros de poemas Signos de traslado (2007) y Wide Screen (2009). Es, también, compilador del volumen Una raya más. Ensayos sobre Eduardo Lizalde (FETA, 2010). Fue becario del programa Jóvenes Creadores, del Fonca, en el rubro de Poesía. Es miembro del SNCA.

La portada es de Ariel Arias Jimenez. Nació el 20 de agosto de 1966 en Marianao, Ciudad de la Habana Cuba, pasó sus años de infancia en ese barrio popular de la periferia citadina, a la edad de 7 años publica su primer poema en un diario llamado el Yumurino de la provincia Matanzas, de donde procedian sus padres, a partir de ese momento comienza a explorar el ambito literario y se convierte en un ferviente lector, influenciado por un familiar que trabajaba en una biblioteca. Durante su adolescencia y juventud temprana llega a leeer mas de 1,000 libros lo cual lo hace incursionar en las letras escribiendo pequeños relatos y poemas, se siente motivado por todo lo que destila arte, cine, fotografia, pintura y música, sin dejar de ser un apasionado lector. Despues de hacer el servicio militar, trabaja en diferentes empleos, como jardinero, peón de albañil, guardián, y se convierte en un aficionado a la fotografía dando sus primeros pasos como cazador de imágenes en 1988, lo cual se transforma en una pasión. En febrero de 1999 se entera por un periódico que impartían clases en la Escuela Internacional de Periodismo Jose Marti de fotografía y es allí que comienza a dar sus pasos artísticos que finalmente lo hacen profesional de la foto. Actualmente reside en París, Francia donde trabaja como independiente y colabora con diferentes agencias como Getty Images y es miembro de UPP(Unión de Fotógrafos Profesionales de Francia).

Cecilia Eudave (Guadalajara, Jalisco). Doctora en Lenguas Romances (Montpellier, Francia). Es autora de los libros: Técnicamente humanos, Invenciones enfermas, Registro de Imposibles, Países Inexistentes y Bestiaria vida, entre otros. Actualmente es profesora e investigadora en la Universidad de Guadalajara. Su libro más reciente es Para viajeros improbables, editado por Arlequín. Sofía Ramírez (Aguascalientes, 1971). Estudió letras hispánicas en la Universidad Autónoma de Aguascalientes y una maestría en literatura mexicana. Actualmente es la directora de Casa Terán. Es autora de La sonrisa de un condenado a muerte y La casa callada. Su libro más reciente: La edad vulnerable, Ramón López Velarde en Aguascalientes. Erika Mergruen (Ciudad de México). Ha publicado los poemarios Marverde; El Osario y El sueño de las larvas; los libros de cuento Las reglas

tripulación

Casa Terán. Rivero y Gutierrez No. 110 Col. Centro. Aguascalientes

Todo el catálogo de Nitro Press de venta en

Casa Laberinto Lados B Veintiuno Gasolina Me ves y sufres

GUARDAGUJAS53  

SUPLEMENTO DE LA JORNADA AGUASCALIENTES

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you