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gerardo gonzález

guarda gujas enero 2012, n° 43

http://lja.mx/guardagujas

cuatro poetas jóvenes de aguascalientes + rodolfo jm • eduardo sabugal • sofía ramírez • alejandro espinoza • carlos bustos


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cuatro poetas jóvenes de aguascalientes Mónica Ávalos Valladares

María Guadalupe García Martínez

Christhian García Mirafuentes

Sonido fragmentario

Asfálticas alfombras

Amanecemos sol Maya…

Indagué con el nombre los pantanos: Marejada de ojos palpitantes, tu doloroso aullido devoró la noche.

Hombres manejados por palancas de máquinas monstruosas, hurgando la tierra, lastimándole su alma.

Amanecemos sol Maya pintado en los códices.

Kilos de concreto triturando sus entrañas, brazos de frío hierro arañándole la piel.

El jaguar manchado (Dios que ha muerto) camina, rumbo al río de los cráneos destrozados… por el olvido.

Gota a gota, Entre piedras vagaron los silencios, como pájaros de austral verano entre la multitud. Ahí, donde se fragmentó el sonido, en completa tempestad, en la insolencia,

Seres robóticos, hidráulicos cerebros, creadores de arterias, asfálticas alfombras.

apagaste la vigilia, la oscuridad se descubrió.

Galopen paseantes de hieráticos vestidos. Por las falsas venas de su ciudad.

Punto y aparte Isla infinita, poliédrica, nunca un hombro fue luz dispersa en diamante. Te retraes con ojos de tormenta, Envenenas, vuelves evasiva y sinuosa. No mentiste hasta hoy gota del desierto en brama. Tu sombra vertida entre los musgos, derivaste tu silencio hasta la pulcritud. Sí, olvidé que tu dulzura es punto y aparte.

Roberto Lora

Reflejo ¿Qué dirán las aves? ese trinar métrico… el aire, el sol, los ojos que se topan sin mirarse, que rehuyen su reflejo de alma atormentada. Hojas sucias, colección de telarañas, polvo que al mojarse va rumbo al caudal de la ciénega dorada.

Soneto XI Tú de los cielos rey, luz vigilante, tú que abrazando cubres de oropel, ¿por qué no déjasme abrazarme a él si el abrazarte durará un instante, y en cambio el tuyo un abrazar constante. ¡O para pagarte, cuál arancel te debo, por un roce de su piel? ¡Oh de verdades sabedor radiante!

[

Decidme cómo hacerle para una beso, certera flecha arrojarle a los labios, y entre mis brazos tendido ya tieso

Como en el agua nos miramos en ellos.

El oído del venado juega con el viento para sonar un caracol los niños indígenas lo hacen para ser poetas. Pequeños peces ven su propio reflejo en el códice. Su infancia es como un grano maduro de café, (cae) en las manos de sus abuelos. ¿Qué cantarán los astros en el firmamento? En el silencio las estrellas se fermentarán . Lluvias que cuidarán a las ruinas humanas. El sol se desplomará como un templo de aves muy antiguo.

de la sorpresa y vista de los sabios tenido habrele ya, entre brazos preso, a costa de mayores los agravios.

]

Entre septiembre y diciembre de 2011, entre los talleres que ofreció el CIELA-Fraguas hubo uno de poesía en el que participaron cuatro jóvenes radicados en Aguascalientes. Esta breve muestra de su trabajo reúne textos producidos durante ese periodo, en los cuales, además de sus diferencias como creadores, se deja ver que los talleres literarios siguen siendo una alternativa para reunir a los escritores, independientemente de sus intereses intelectuales, su formación profesional, su grado de desarrollo y el reconocimiento que han tenido como poetas. Enterados de la importancia de difundir su obra, los presentamos a los lectores de este importante suplemento. Ricardo Esquer


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.- El edificio se encuentra justo en la esquina de Lucerna y Bucareli. El portón es de madera gruesa, flanqueado por una amplia accesoría donde se venden refacciones para auto. Quien me abre es una mujer en sus cuarenta, vestida sólo con un conjunto de encaje rojo. Guapa a pesar del sobrepeso. Es Paty. Me invita a pasar y me pide que me siente en un sofá doble. Le entrego los trescientos pesos de mi aduana y recibo a cambio una bolsa negra en la cual debo guardar mi ropa y el resto de mis pertenencias. A la bolsa, una vez cerrada, le pegan una etiqueta con un número. Mi contraseña. Cuando al fin me he quedado sólo con los zapatos y los calzones puestos, Paty me dice que puedo pasar. La cortina negra que divide aquella improvisada recepción del resto de la casa se corre para mí: puedo ver a un grupo de veinte o veinticinco personas, todas, al igual que yo, en ropa interior. Las que se encuentran sentadas, la mayoría parejas y mujeres solas, platican entre sí. En el centro de la sala, con el volumen apagado, un televisor proyecta una película pornográfica de temática bisexual. Hay también una pequeña grabadora con reproductor de CD, tocando una selección de canciones de Olvido García, mejor conocida como Alaska. Los que están de pie son hombres solos, representan el setenta por ciento de los asistentes y sólo uno o dos aparentan tener menos de treinta años. Evitan el contacto visual con los otros hombres y se refugian tras un vaso de vodka, tequila o ron, las bebidas que hay disponibles en un mueble junto a la cocina y de las que puedes servirte a discreción. Son las diez cincuenta y cuatro de la noche. Los juegos, según el programa, inician a las once de la noche. A esa hora se cierra la puerta y se deja de recibir gente. No importa, para esa hora ya hay poco más de cincuenta personas en la casa. Un cálculo inexacto me permite suponer que esas cincuenta personas representan un ingreso de entre diez y quince mil pesos por noche. Entonces aparece Rodrigo, nuestro anfitrión, y, en una parodia involuntaria de El club de la pelea, nos da la bienvenida y nos repite las reglas, aunque la más importante de ellas no es precisamente la discreción (la primera regla del club de la pelea es que no se habla del club de la pelea). La primera, y la más importante de las reglas de Orbi es: respetar el no de los demás. 5.- Según la leyenda, a las fiestas de Rodrigo acuden algunas celebridades menores, como cierta actriz de la televisora del Ajusco. Al menos eso es lo que se lee en las reseñas que hace Rodrigo. Reseñas que publica en su grupo de discusión en Internet. Aunque en ellas nunca dice si la celebridad participa activamente del gang bang, o si sólo acude en plan voyeur. Si quieres saber de quién se trata, y lo que hace, dice Rodrigo en las reseñas, tendrás

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gang bang

ciudad de méxico/2 que asistir a una fiesta. También, de cuando en cuando, acuden algunas de las celebridades del “ambiente” de la ciudad de México. Travestis, bailarines, físicoculturistas y scorts. Hay una pareja preciosa, me cuenta Rodrigo, parecen Ken y Barbie. Nomás cogen entre ellos, pero les gusta que los vean. Cuando vienen es todo un éxito. Esta noche no hay visitas especiales. Allá están los veteranos, el núcleo duro de las reuniones: tres parejas y tres mujeres solas, todos mayores de cuarenta. Rodrigo me ha contado un poco sobre ellos. Margarita, por ejemplo, va a todas las reuniones, la lleva su esposo en una camioneta Honda y, siempre puntual, regresa por ella a las dos de la mañana. Pedro y Paty tienen dos hijos, dieciséis y catorce años, me dicen que Rodrigo, de treinta y tres, es como un hijo también para ellos. En aquella otra esquina están los travestis, casi todos, lo confiesan, de clóset. Acuden a las fiestas para salir al balcón cuando menos unas horas a la semana. Curiosamente todos visten conjuntos de ropa interior negra. Dentro del grupo de hombres solos destacan los militares, su corte de cabello y su manera de moverse, envarada y sigilosa, los delata. Junto a ellos está otro grupo de hombres, uno que parece saber muy bien a lo que va. Son los asiduos, y al igual que los militares no discriminan mujer o travesti. Siguen los turistas y los exploradores, aunque son pocos y un aura indefinible los delata. Los turistas resaltan como mosca en una taza de leche, suelen estar fuera de sitio en cualquier lugar. Los exploradores –entre quienes me cuento– nos mimetizamos y hacemos lo posible por pasar desapercibidos. Por último ahí están un par de borrachos, ambos en sus cincuenta, que en determinado momento le piden a Rodrigo les devuelva su dinero porque “no hay viejas para coger”. Esto no es del todo cierto, hay un total de ocho mujeres. Lo cierto es que están ocupadas con los más jóvenes, tres de ellas “demasiado” ocupadas. Rodrigo les dice a los borrachines que no están en un putero, y enérgico los invita a retirarse. 6.- La güera tiene cuarenta y ocho años, o al menos eso es lo que me dice. No hay que olvidar que todos los que llegan aquí lo hacen bajo una identidad secreta, no son las mismas personas que suelen ser durante el día. De hecho, tienen otros nombres y otras historias. Yo mismo, cuando la güera me pregunta cómo me llamo le digo que Jaime.

manzanas

acarás fotografías de tus pies en una tarde de aburrimiento, comprarás libros en un aeropuerto, tendrás dolores de parto y de bienvenidas, te pondrás un piercing. Te sentarás ahí, en esa banca, sin mí. Dormirás ovillada entre tu ropa sucia, viajarás en tren, mirarás los peines de Chillida, otras fuentes de la inopia en otras ciudades, harás muecas cómicas en un espejo en un hotel barroco, perderás peso. Perderás anillos, y un lente entre las sábanas. Mirarás por la ventana empañada desde lo alto de un edificio, comerás ciruelas lentamente apoyada en un barandal de piedra, dibujarás gatos en una servilleta, me habrás olvidado, lo sé. Adquirirás nuevos hábitos, te dejará de gustar el flamenco, tendrás tu nueva laptop Apple. Dirás apodos cariñosos a otro hombre, y comerás pan horneado y tomarás vino con él. Lo esperarás en el aeropuerto de Huejotzingo, se tomarán de las manos, inventarán cosas cursis para comunicarse. Aquí, en este búnker de piel y dendritas, ya sólo queda una última estrategia. Sólo queda mirar, como en este instante, esta gasolinera desierta, sin nada y sin nadie, sintiendo el frío en la espalda como una enfermedad. Mirar el Oxxo, el logotipo de PEMEX, las bombas de gasolina, la luz verdosa iluminando el piso manchado de aceite, escenario contemporáneo a fuerza de mirarlo y mirarlo. El olor a gasolina es penetrante, como tu última mirada, un cerillo bien puesto pondría todo en llamas. Recuerdo aquello del chispazo y la pradera, viejos tiempos incendiarios. Ahora, aquí, sólo quedan estas canas en el espejo, y dejarse ir. Mirar este asfalto, pensar en la cama destendida en el motel, el canal porno en la TV, las manzanas mordisqueadas sobre el buró y la alfombra. Las últimas instantáneas de algo bello. Postales que tú ya no verás. La estrategia del envenenamiento a partir de la memoria, recordarte milimétricamente, recordar lugares precisos, el color de las puertas, los pasos que había entre la cama y el baño, la textura de las cortinas, de un pantalón. Reconstruir escenas de sexo y de rabia, de amor y redención. Tus ojos, tu sonrisa, tus aretes de plata, una hamaca, una taza de té, los movimientos mecánicos, el espejo, los nombres, las canciones. Recordarlo todo como quien ingiere veneno para ratas. Rastrearte, verte con él, saberte con él, poco a poco. Mi memoria será una especie de mitridatismo con sabor a manzana. El frío aquí afuera

Vale la pena describir a la güera: bajita, delgada, de piel bronceada y con el pelo teñido de rubio cenizo, peinado como Bonnie Tyler en Total eclipse of the heart. Viste un conjunto de encaje negro adornado con pequeñas calaveritas blancas colocadas estratégicamente a la altura de los pezones y el pubis. Me cuenta que es originaria de Puerto Vallarta, donde tiene su agencia de viajes y su Harley, pero que de momento está de vacaciones en la ciudad de México. Me pregunta en qué trabajo y si estoy casado o tengo novia. Me pregunta si ya he asistido antes a un club de sexo: ¿ni si quiera has ido a uno swinger? Ante mi ignorancia decide contarme su experiencia en clubes swinger y la diferencia de estos con Orbi: —Yo no sabía de qué se trataba este club, pensé que era swinger la primera vez que vine. Porque a mí me gustan los tríos. ¿Pero sabes de qué se trata? Vienen a buscar hombres. Fíjate allá –me dice señalando con un gesto de cabeza a la esposa de un hombrecito silencioso y calvo–, se está poniendo de acuerdo con el chavo. Le pregunta si se la quiere coger y cuando el chavo le dice que sí, ella le dice que con una condición, que se debe coger al esposo también. Según me dice la güera, y a diferencia de lo que cuenta Rodrigo, hay noches en que sólo llegan diez o quince personas. En contraste, hoy es una buena noche. A veces para atraer gente, continúa la güera, Rodrigo contrata a alguna prostituta joven para que venga de incógnito. Luego en las reseñas escribe que llegó a la fiesta una chica joven y sola que hizo esto y aquello con fulano y zutano. El resultado, por lo general, es que a la siguiente fiesta llegan muchos “nuevos”, ilusionados con la joven ninfómana desconocida. Es la una de la mañana y yo tengo que retirarme. A esas alturas la historia que le he contado a la güera acerca de mí se ha ampliado bastante. Le he dicho que soy contador público, casado, y que mi esposa y yo queremos experimentar en este tipo de clubes, pero que como nunca lo hemos hecho y nos da miedo llegar así sin saber nada, decidimos que primero debía ir yo solo y valorar distintos clubes hasta encontrar el que fuera más de acuerdo con nuestra personalidad y gustos. La güera festeja nuestra decisión y me dice que mientras nos decidimos podríamos ir, mi esposa y yo, a tomar una copa con ella, en su departamento. A ver que pasa, añade. Anota su teléfono en una servilleta y antes de que me vaya me pide que la llame para ponernos de acuerdo. Busco a Rodrigo, le doy mi contraseña y recibo a cambio la bolsa negra con mi ropa dentro. Me visto en la misma sala donde Paty me recibió y regreso a las calles de la ciudad. Antes de subir a mi coche observo una vez más el edificio del que he salido. Quién lo dijera: parece dormir.

es criminal. Hay que pagar, subirse a la cabina del camión, salir de la gasolinera, regresar al motel. Circulo por carreteras que no conozco, a miles de kilómetros de ti. No encuentro como activar la calefacción del camión, debe estar descompuesta. Enciendo la radio. Hablan de un asalto en la glorieta que está en el tramo de la Puerta del Tiempo. Un camión cargado con 24 toneladas de manzana. Subo el volumen. La voz que sale de la radio da las señas del camión, un Keenworth rojo, placas 977 VMC. Los asaltantes esperaron a que el conductor bajara la velocidad en la glorieta para encañonarlo y obligarlo a bajar. Qué estupidez, piensan que fuimos varios, piensan que estoy armado. Pienso que el tipo de la gasolinera me puede denunciar, en el motel también me han visto. El empleado del Oxxo me preguntó si quería matar ratas o ratones, miró curioso el bote de veneno. Es imposible no ser visto con un camión así y 24 toneladas del fruto prohibido, arrastrándose ruidosamente sobre el asfalto. A estas horas, todos en Parral deben de saber del dichoso asalto. Llego al cuarto, la televisión se quedó encendida, escucho gemidos falsos de una actriz porno, piso los restos de una manzana, que se hace puré contra la alfombra, me tumbo en la cama, saco una pequeña libreta negra de mi pantalón, comienzo a escribir, no sé muy bien para qué, pues sé que ya estoy donado al olvido. Te imagino diciéndome te entrego al olvido, te entrego el olvido. Escribo que no tengo arma, que estoy solo, que abrí la puerta del camión sin problemas, trepado en el estribo, que amenacé con un desarmador al chofer, que sólo me comí una pequeña parte del cargamento. ¿Cuánto tiempo pasará para que alguien lea esto que escribo? ¿Es mejor ir a la cárcel por robar un camión con toneladas de fruta que morir aquí, recordando? Quizá alguien, por ejemplo tú, comprenda esto en el 2050. Sé que llegarán aquí, verán el camión rojo estacionado junto al letrero del motel, romperán la chapa de la puerta, entrarán al cuarto y me encontrarán desnudo como una rata, mientras tanto seguiré comiendo las manzanas, como si fueran de tu cosecha, y miraré este cuento incompleto como yo, esta hoja en la libreta negra, destendida igual que la cama. Sentiré ardor en los párpados, todo será este saber que uno se muere en el otro, nos morimos.

eduardo sabugal


editores: edilberto aldán / joel grijalva

Ú

ltimamente me ha dado por recordar. No lo tengo planeado ni mucho menos programado pero así pasa con los recuerdos, llegan de repente cuando menos lo esperas y se quedan ahí, para degustarlos, desmenuzarlos, incluso disfrutarlos. Luego, sin ninguna intervención externa comienzan a aparecer otros recuerdos, encadenados entre sí, y el tiempo pasa, invertido en la memoria. Cuando esto sucede, me pierdo un poco y no suelo compartir el recuerdo en turno, aunque a veces sea necesario. Creo que algo tendrá qué ver la “crisis de los cuarenta”: hace veinte años, como buen cliché,

¿Q

los recuerdos y la realidad

parece ayer, y sí, tengo acumulada mi historia y son muchos años. Identifico rostros, lugares, situaciones, emociones, anécdotas, y siempre una me lleva a otra y a otra, y me siento acorralada. Me gusta recordar, pero me asusto cuando el recuerdo es de otro y cuando hago el recuento de las experiencias que no tuve y descubro que la no experiencia es otra manera de crecer. Puedo confundir mi historia con la de alguien más y me sorprende descubrir que ciertos detalles de vida no los viví y ahora ya no es tiempo. No me duelen, no los sufro, sólo me confunden. Observar en la calle a los chicos con mochilas después de un examen, mis hijos rompiendo una piñata o abriendo sus regalos, entonces

la emocionante mañana después de Navidad cuando eres niño, las convicciones que nos guiaban en la universidad, el inevitable primer amor, todo aparece como un discreto guiño –suspiro–: el pasado. Regreso también de repente y recapitulo: “gracias a lo que fui, ahora soy”, frase de calendario barato, pero en mi caso es real y sonrío: sigo disfrutando de la Navidad, mejor opción haberse alejado de ciertas posturas universitarias, el único examen que me asusta ahora es el médico, tengo dinero para darme de vez en cuando un gusto, mis verdaderos amigos de entonces son los de ahora –hay gente de la que no te puedes deshacer–, y lo mejor: desde que tengo memoria estoy enamorada de la misma persona. Los recuerdos y la realidad, finalmente son los recursos indispensables para contar mentiras.

ué quiero hacer, qué quiero tener, qué quiero ser este 2012? Quiero todo. Lo imposible, lo inasible, lo descarado. Quiero ser el incorregible soñador que olvidó que ser genuino es ser ingenuo. Quiero fabricar dioramas que representen los episodios más emblemáticos de mi vida, para colocarse en un museo construido ex profeso en las afueras de la ciudad. Quiero tener una alberca rellena de gelatina. Quiero tatuarme un calendario azteca en toda la espalda. Quiero una cobra. Quiero escribir una novela a la semana, cada capítulo una cuartilla exacta. Quiero ser ese futuro escritor, el que imagino cuando estoy solo y me pienso a mí mismo encerrado en un cuartucho lleno de papeles y fotografías tomadas con polaroid, postales y calcomanías de países visitados, en la última etapa de mi vida, escribiendo cartas a amigos y enemigos (usando el medio que esté en boga en ese entonces), por siempre exiliado pero, a pesar de la misantropía, lleno de amor y arrugas de tanto sonreír. Por otro lado, quiero dibujar, en un cuadernillo cosido con hilo dental, los rostros de todos y cada uno de los seres humanos que habitan el planeta, nacidos en 1970. Quiero hacer una exhibición de arte conceptual, que consista en la recolección de los doce indigentes más queridos en mi ciudad. Los quiero en un panel de discusión, quiero que escriban ponencias y que asuman cargos públicos, de manera que contribuyan a enriquecer el modo como habitamos nuestras ciudades. (Simplemente porque pienso que cualquier persona que haya dormido en

al centro, te encuentras una mora dentro de una la calle tiene una noción más clara sobre los ritmos cereza dentro de un dátil dentro de un chabacano. y pulsos de una ciudad.) Quiero volver a escribir Tiempo de preparación: 12 horas (sin incluir la a mano, quiero ser ese otro que no molesta, pero búsqueda, persecución y caza de todos los animaque tampoco resulta anodino, prescindible, prole. les implicados). Quiero ganar dos loterías. Quiero Quiero ser todos los días que el resto de la gente nadar en esa alberca rellena de gelatina. Quiero ignora, como un martes cualquiera. Quiero ocu- coger hasta quedar temporalmente ciego, quiero ir par espacios, manifestarme en silencio, dejar que a otro país y platicar con un extranjero sin tener la la escritura me ayude a explicar que otro mundo menor idea de lo que me está diciendo (el truco es es posible, que estamos envueltos (perdón si el dis- sonreír y asentir con la cabeza), quiero inventar un curso se torna como el de un gurú) en la reimagina- aparato que permita tocar seis guitarras acústicas ción de nuestra realidad. Por eso quiero todo esto. al mismo tiempo, quiero paz, quiero que el tiempo Quiero ser de esas personas que piensan que el se detenga por unos momentos. Quiero convencer, mundo obedece a las apetencias del alma, siempre persuadir, seducir con la palabra al mundo entero. y cuando el alma esté dispuesta a jugar, y a correr Quiero ser aquél del que se hable en 2012. Quiero ir a los que entorpecen el juego pateando la pelota, a la tumba de Charlie Chaplin. Quiero pensar que sacándola de la cancha, cometiendo fouls intencio- las cosas serán distintas en mi país, quiero que nos nales, confabulando con otros para desviar el rum- pensemos como en medio de una pesadilla, que bo de las cosas. Nomás porque sí. Quiero recoger pronto nos despertarán nuestras respectivas mafrutos, cocinar platillos insólitos, pensemos en un dres y nos dirán “ya, ya pasó, fue sólo un sueño, un rollo hecho con capas y capas de carnes, una capa terrible, nefasto, triste y exasperante sueño”. Mientras tanto, mientras se construyen estas de armadillo, otra capa de venado otra de pato, otra apetencias del alma, yo me encuentro sentado en de cisne, otra de un pollo severamente tratado con mi escritorio, envuelto en mí mismo, el mundo hormonas (de tal manera que la pechuga sea del tasólo una posibilidad, absorto por esa impotencia maño de un recién nacido), otra de res (pecho, prehumana que reconoce que su contundencia no es ferentemente), tres capas de quesos distintos, uno mayor que la de un árbol que muda sus hojas. cada vez más añejo que el otro, y, conforme llegas

razia es una joven rolliza de 120 kilos y 1.65 de estatura que intenta ser escritora. Ha escrito varias novelas que no están nada mal y cada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se reúne con los editores visitantes para promoverlas. Al final, todos terminan rechazándolas y dándole un consejo: “Escriba sobre lo que mejor sabe”. Sin embargo, Grazia detecta algo en su mirada, una impaciencia por despedirla, una hosquedad disfrazada de llevo prisa que no le pasa desapercibida. Incluso, ha detectado que desde el primer contacto visual, aquellos hombres de sacos y corbatas que no combinan, ya han dado su veredicto: quién querría a una gorda somnífera para ser la protagonista de su nuevo lanzamiento editorial. Grazia intuye que si su talle fuera más pequeño o sus piernas más torneadas, se molestarían al menos en leer su obra. Sus compañeros de curso le han asegurado que las editoriales necesitan promover Gente Bonita, o al menos interesante. Grazia hace una lista mental de los escritores que le parecen sobresalientes: Pérez Reverte es barbón, alto, con porte aristocrático; Germán Dehesa, se parecía al tierno Tontín, uno de los enanos de Blancanieves, aunque era un maravilloso cronista; García Márquez, uno de sus

preferidos, tiene aspecto de marimbero, pero qué narrador, qué pasión para acomodar las palabras; Juan Villoro, excelente orador, un cúmulo de conocimientos y simpatía; Alberto Chimal, excelente tipo, el Bela Lugosi de los escritores mexicanos; Ángeles Mastretta, una presencia imponente; Monsiváis, todo ingenio y carisma, fue gallardo como un chofer de tráiler; Carlitos Fuentes es guapo, todo un divo; Stephen King está bizco pero luce misterioso; Bradbury parece Santa Claus jubilado, sin barba y sin renos. Grazia se detiene. Es claro que ella no posee la imagen vendible de la mayoría de escritores. En un mundo en que una fachada atractiva es moneda de uso común, a Grazia sólo le quedan dos opciones: adelgazar y así someterse al capricho de los mercaderes de la publicidad, o escribir la mejor novela posible, una que alcance la excelencia y por lo mismo sea irrechazable por los editores, sin importar que la haya escrito Godzilla o el chupacabras. Pasa un año. La FIL abre sus puertas. Grazia vuelve con un nuevo escrito bajo el brazo. No está más delgada, de hecho, aumentó dos kilos que se le notan en las caderas y se tatuó un dragón chino en el brazo. Sin embargo, está más confiada. Ha trabajado mucho en su material y piensa que recibirá una respuesta positiva. Incluso sus amigos

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propósitos, deseos y provocaciones

grazia y maestros han elogiado su trabajo. Los editores, bostezando con disimulo, revisan el manuscrito como si leyeran la guía del cable en el baño. Los comentarios se dividen en “Se nota el fino trabajo que hay detrás” “Parece un material peligroso, del que le gusta leer a la gente” “Es una historia maravillosa para ser llevada al cine” “¡Le doy tres pulgares arriba!” “¡En la página seis me reí tan fuerte que casi arrojo la dentadura!”. Grazia sonríe feliz, satisfecha por su logro. Al final, todos terminan rechazándola y dándole un consejo: “No escriba sobre lo que sabe, mejor sobre lo que verdaderamente le apasiona”. Grazia abandona la FIL mentándoles la madre a aquellos hombres que no logran combinar sus sacos y corbatas, pero pueden ponerse de acuerdo para dar el mismo veredicto: quién querría a una gorda tatuada para ser la protagonista de su nuevo lanzamiento editorial.


tripulación 331 pinturas de puntitos de colores de Damien Hirst en Gagosian 331 pinturas de puntitos de colores de Damien Hirst en Gagosian. Son 331 pinturas solo 331 pinturas de puntitos de colores. Todas son de puntitos de colores, todas son de Damien Hirst; cada una de las pinturas de puntitos de colores en Gagosian, cada uno de los puntitos en las pinturas en las 331 pinturas de puntitos de colores de Damien Hirst son de Damien Hirst; cada uno de los puntitos es suyo, sólo suyo, sólo de Damien Hirst. Esto es algo que se dijeron, algo que se repitieron, una y otra vez cada uno de los asistentes de Damien Hirst en su tarea de pintar cada uno de los puntitos de colores de las 331 pinturas de puntitos de colores, todas de Damien Hirst, se dijeron, eso fue lo que se dijeron: pinto un puntito de color en una pintura de Damien Hirst. No es mi puntito de color, no lo hago yo, lo hace Damien Hirst. Lo hace a través de mí, manifestado en el color, en la textura del color, en el tamaño del puntito de color en la pintura de Damien Hirst ese puntito que me ha tocado en turno, no que me toque a mí, le toca a Damien Hirst, siempre a Damien Hirst me repito mientras pinto: es Damien Hirst el puntito de color que pinto, es él, solo él, es su mano la que pinta a través de mi mano, su mano no la mía, son sus ojos los que miran a través de los míos, los ojos de Damien Hirst es suya la pintura, es suyo el color en la pintura, es de Damien Hirst Se repite en cada una de las pinturas, en cada igual pero diferente 331 pinturas de puntitos de colores de Damien Hirst en Gagosian ¿Dónde en Gagosian?, me preguntarás y yo te diré en todo Gagosian En todo lo que puede decirse Gagosian (en la red no, ya lo chequé) Hay tres Gagosian en Nueva York tres Gagosian distintas en Nueva York Todas ellas llenas de pinturas de puntititos de colores de Demian Hirsch Hay tres Gagosian en Nueva York, hay otras ocho Gagosian en otro lugar que no sea Nueva York, en todas ellas exhibidas, grandotas y chiquitas: 331 pinturas de puntitos de colores de Damien Hirst en Gagosian. Según la noticia publicada en el NYT el 13 de enero de 2012

Todos los números de

guardagujas http://issuu.com/jornadags

Christhian García Mirafuentes (México, D. F, 1980). Obtuvo el primer lugar en los Juegos Florales de la Revolución en Pabellón de Arteaga, Ags en 2001 y 2002, mención honorífica en el concurso Desiderio Macías Silva en 2004; en la categoría de poesía y en el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 2010. María Guadalupe García Martínez “Pi”. Egresó de la licenciatura de Artes Escénicas y Audiovisuales, de la Universidad La Concordia. Colabora con el grupo Comunidad de Artistas Independientes Arte y Contracultura (CAIAC), que desde hace un año lleva eventos artísticos y culturales, así como talleres de arte, a los vecinos del fraccionamiento Santa Anita IV sección. Asimismo, promueve la lectura en un taller fijo dentro del mismo fraccionamiento, conformado mayoritariamente por niños. Roberto Lora (San Luis Potosí, 1986). Realizó estudios literarios en el CEMA de Cuernavaca, Morelos. Ha publicado el poemario titulado In xóchitl in cuicatl, id est nomen mihi. Mónica Ávalos Valladares. Licenciada en psicología. Ha impartido clases de inglés en jardines de niños. Actualmente labora en la UAA como correctora de estilo. Rodolfo JM (Ciudad de México, 1973). Egresado del Instituto Politécnico Nacional) en Ingeniería Industrial. Cursó el Diplomado de literatura en la SOGEM. Ganó el premio Julio Torri 2008 por su libro de cuentos Todo esto sucede bajo el agua, editado por Tierra Adentro. En 2011 ganó el Premio Nacional de Cuento Fantastico y de Ciencia Ficcion. Eduardo Sabugal Torres. Es escritor de cuento, ensayo, guión y teatro. Es maestro en Lengua y Literatura Hispanoamericana, por la UDLA Puebla. Padece insomnio y desde hace siete años produce y conduce en PUEBLA FM, el programa “Perifonía” (primer revista radiofónica en Puebla, especializada en cine. Es catedrático universitario. En el 2010 publicó su primer libro de cuentos Involuciones. Sofía Ramírez (Aguascalientes, 1971). Estudió letras hispánicas en la Universidad Autónoma de Aguascalientes y una maestría en literatura mexicana. Actualmente es la directora de Casa Terán. Es autora de La sonrisa de un condenado a muerte y La casa callada. Su libro más reciente: La edad vulnerable, Ramón López Velarde en Aguascalientes. Alejandro Espinoza (Mexicali, Baja California, 1970). Narrador, ensayista, traductor. Entre sus obras se encuentran las colecciones de cuentos Las Visitas, La ciudad y sus silencios, la novela La Saga: una noveleta filosófica la colección de viñetas, ensayos y artículos apócrifos titulada Las Biondas no tienen corazón (CRUNCH editores, 2004). Profesor de Estética y Nuevas Tendencias por la Escuela de Artes de la UABC. Carlos Bustos (Guadalajara, Jalisco, 1968). Editor y antólogo. Ha publicado cuento y novela. Entre su obra destaca Ladrones del crepúsculo, El ilusionista y el ojo del unicornio. Con el libro Fantásmica obtuvo el Premio nacional de cuento Gilberto Owen. Ricardo Pohlenz (Puebla, 1965). Escritor y poeta. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana. Se ha dedicado a la crítica literaria, de arte y cine. En 2006 formó Los Ositos Arrítmicos de Lemuria junto con el músico Fernando Díaz Corona (exintegrante de Los Amantes de Lola) espectáculo de vodevil posmo (recitación y música). Es autor de la plaquete Oración para gato y dama en desgracia (1991) publicada en los Cuadernos de Malinalco y del volumen de relatos Lounge (2010) publicado por Magenta.

La fotografía de portada es de Gerardo González. Para viajeros improbables privilegia la imaginación, marca el ritmo con hechos extraordinarios que se insertan en el universo de Eudave con la naturalidad propia de lo cotidiano, del diario acontecer fantástico con las voces de sus personajes: desde asistir a una ponencia sobre la inexistencia de los dragones, los chismes mitológicos, el canto silencioso de las sirenas —al que es imposible hacer oídos sordos— o la habitual realidad del juego onírico del que Cecilia nos hace partícipes en su epílogo. Lee un fragmento aquí: http://tiny.cc/2f4h6

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