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¿No te parece extraño cómo llamaron los seres del universo artificial a la superficie

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mayo 2011, n° 26

alexandro roque

de su planeta?

el augur

H

oy sólo son curiosidades, pero en los parques de mi infancia los pájaros adivinadores eran parte del paisaje. Casi siempre se trataba de canarios, aunque se podía ver uno que otro gorrión. Estaban encerrados en pequeñas jaulas de carrizo custodiadas por el pajarero, si acaso ese era el nombre de tal oficio y no el de entrenador. Este personaje dejaba salir al pájaro de la jaula para que realizara actos inauditos como empujar una carreola diminuta o colocar un biberón de plástico sobre un bebé del mismo material. El pajarero declamaba las órdenes y las razones del actuar del pajarillo, siempre con un tono agorero. Al final, el acto culminaba cuando el pájaro sacaba de una caja, con el pico, un papel doblado: ahí se leía la suerte que nos estaba deparada. No logro recordar ningún escrito, pero sí la sensación de maravilla que me provocaba ver al ave realizando todos esos prodigios al tiempo que mi emoción crecía porque se acercaba el momento del papelito. Ahora imagino que todos los augurios en la historia de la humanidad eran un poco de esto: de los ojos que atesoraban aves varias, sus cantos, sus vuelos, su hambre y su sed. En parte todos los que aguardaban el augurio eran como niños que buscan

maravillarse, o bien sólo como niños que buscan olvidarse del espanto. La adivinación fue, es y será un bastión ante la incertidumbre de todo aquello que nos rodea. Nos impele la urgencia de buscar certezas; de alguna forma buscamos minimizar la única que poseemos y que es la de sabernos mortales. Pareciera que sólo queda llenar el espacio entre el nacimiento y la muerte con el mayor número de certezas posibles, como si así pudiéramos frenar nuestra carrera hacia el fin último, como si así pudiéramos amortiguar el golpe. El hombre ha buscado respuestas en la cabellera de los cometas, en las aberraciones, en los fenómenos climáticos y hasta en los huevos. Ha encontrado designios en la superficie del agua, en la sangre de las vísceras, en la línea de la palma de la mano y en las llamas. Ha venerado a los profetas y ha maldecido a los que son falsos. Y en las más hermosas narraciones, ha dejado testimonio de su conversación con los muertos, con los dioses y con otros emisarios fantásticos. En la mántica está implícita la idea de dios, de lo sobrenatural y de una existencia más allá de nuestra

vida terrena. Todo acto de adivinación busca apropiarse de lo que pertenece a los dioses. Entonces se me ocurre que los canarios de mi infancia eran un acto de arrogancia disfrazado, como el hecho de que ahora tire arcanos mayores y menores sobre la mesa. Saco el Rey de Pentáculos, le hago un guiño a la carta y ambiciono su trono. Nadie debe despreciar los pentáculos, que simbolizan la “magia” de la creación ordinaria. Temo escribir esta columna bajo un título inmenso y dual, Métodos de adivinación, pero pronto reconozco que la “de” pareciera reconciliar a la ciencia con la creencia popular. Al final acepto todo aquello que de alguna forma me otorga certezas. Lo admito, así me sostengo de pie ante lo inexorable. Imagino que un pájaro me da un papel, lo abro y leo que todo lo anterior no es cierto, y que sólo es una celebración de la palabra escrita. Pero elijo creer que tomo otro papel, por mí misma, en donde leo que en este espacio la cledonomancia se agazapa. Entonces exclamo, con voz contundente, “lector”, en espera de que el sino de quien esto lee se transforme y que quizá avizore una certeza.


Mundo gemelo obtuvo el segundo lugar en el concurso de ciencia ficción “Las cuatro esquinas del Universo”, convocado por el Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México en el marco de la celebración del Año Internacional de la Astronomía. La convocatoria establecía que además de la calidad literaria, los cuentos deberían contar con el mejor fundamento científico para que la ciencia no fuera un mero pretexto para la historia, sino una parte importante del argumento. Los ocho cuentos ganadores fueron incluidos en el libro “Las cuatro esquinas del Universo”, publicado por la UNAM. Agradecemos a los organizadores del concurso su autorización para la publicación de este texto, así como la ilustración especialmente elaborada para acompañar el cuento, del ilustrador Dorian Ortiz Plascencia

E

s temprano, la luz entra por la ventana, casi imperceptiblemente toca los pies de Karani, sube generosamente por las piernas, el vientre, el pecho, el cuello. El gran día se aproxima y la transparencia de la ventana comienza a aumentar gradualmente con la finalidad de darle un despertar suave, 25%, 50%, 75%, 100%... Karani entreabre los ojos. —¡Demonios! ¡Qué resaca! —Karani trata de apartar con la mano la luz convertida en dolor, mientras cierra los ojos con fuerza e intenta alejar ese estímulo molesto. Los sensores de reconocimiento de expresiones evalúan en un instante su reacción a la luz e instantáneamente disminuyen el porcentaje de transparencia de las ventanas hasta que la expresión de Karani alcanza el rango de normalidad. Cuando la luz aminora, Karani tantea sobre la superficie de la cama y se lleva a la boca un e-cigarrillo que se enciende de manera automática después de evaluar su estado de ánimo, extrapolando la presión, rapidez y la forma como lo toma entre los dedos y calculando el mejor aroma para ese momento en particular. Aspira. —¡Ah! — Olor de yerbas aromáticas recién cortadas. Se levanta, aún inseguro, sobre sus pasos. Va al cuarto de usos múltiples que, por el momento, ha tomado la forma de un área de selección y consumo de alimentos. Se sitúa enfrente de la máquina preparadora de alimentos. —Agua… no. Cancela. Mejor prepárame una bebida energética. -La preparadora le entrega la bebida y éste la toma en un trago largo. Otro más y comienza a hacer efecto. La resaca disminuye a medida que su cerebro sale del estupor. La computadora en su muñeca vibra. La observa- ¡Demonios…! ¡Hoy es el día! Karani regresa al lugar donde durmió que ahora ha adoptado la forma de una ducha; se despoja de su ropa y la deposita en el reciclador; entra y el agua rodea todo su cuerpo; la temperatura es un poco más elevada que la suya, en otra situación, habría sido ideal, pero hoy no. Desliza la mano por el control de temperatura y dirección inhibiendo el automático, lo coloca en la posición sólo la cabeza, fría. Se siente bien, piensa. La computadora en su muñeca vibra, esta vez, al notar que Karani no la mira, una dulce voz pregunta ¿qué le gustaría de desayuno? —Lo habitual. No. Mejor, prepárame dos raciones de proteína con muchas especias. —Le recuerdo que en la última revisión… —¡Demonios, yo soy el del cerebro biológico aquí, sólo haz lo que te digo! La ducha se detiene, se drena y surge una corriente de aire caliente que lo seca casi al instante. Se abre una puerta y Karani se encuentra de frente con su ropa. Se viste apresuradamente. Entra al área de consumo de alimentos donde lo espera una charola que despide un olor exquisito, también hay una píldora. Se sienta, música de fondo suave acompaña la melodía de sabores que tiene sobre la mesa, traga la pastilla para la resaca y siente cómo se disipa con rapidez y placenteramente. Toma su desayuno con glotonería mientras repasa en la mente todo lo que hay que hacer. Sale de su casa; camina hacia las bandas transportadoras que comienzan a moverse cada vez más rápido. La computa-

mundo gemelo josé arturo axael hernández aguilar

dora en su muñeca se comunica con el sistema de transporte para hacer el viaje más eficiente y agradable, el sistema acelera y desacelera de manera que las curvas son casi imperceptibles. Llega rápidamente a las instalaciones del Centro de Investigación Aplicada. La cinta transportadora se detiene gradual, casi elegantemente y Karani baja en la entrada principal. Siempre le ha gustado el centro de investigación, aunque han sido varios en los que ha trabajado en los últimos años, la arquitectura de éste, en particular, le sorprende. Se nota cómo ha crecido con el tiempo. Los nuevos edificios difieren en el estilo, de sus predecesores. Disfruta caminar desde la entrada principal a su laboratorio, es relajante observar las construcciones, es como transitar del pasado al futuro, pues reflejan la evolución de los estilos arquitectónicos. Al final se encuentra uno de los más nuevos, lo llaman El Hangar. Recargado en la puerta trasera, lo espera un amigo y colaborador, está fumando un e-cigarro. —Hola Karani— le pasa un e-cigarrillo que toma automáticamente. Al llevarlo a sus labios, la punta se enciende y desprende un aroma dulzón y amargo a la vez, un aroma que incrementa la concentración en Karani. —¿Todo listo, Van? ¿Revisaron ya todo? ¿Tuvieron algún problema? ¿Cuánto falta para la alineación? —Todo listo y revisado, no tenemos ningún inconveniente, estamos alineados. Sólo esperamos que pulses el botón. —Perfecto, vamos. Karani tira el e-cigarro a un contenedor de reciclados y se encaminan a la puerta principal. Cuando llegan, hay un marcado contraste entre la apacible entrada trasera y la bulliciosa entrada principal. Dentro del hangar, Karani se dirige al centro de la estancia circular donde hay un pedestal luminoso de cristal opaco y, sobre él, varias máquinas que se mueven describiendo arcos rítmicamente, alrededor de una esfera no visible. Es como si estuvieran dando forma a una vasija esférica, el movimiento es tranquilizador, orgánico, hipnótico. Se acerca a la máquina de bebidas aromáticas, no corre prisa. El tiempo está de mi lado, piensa y dibuja una sonrisa en su rostro. Recapitula lo que ocurrirá cuando oprima el brillante y regordete botón rojo: Es muy simple, sólo tomamos una región espacio-temporal oscura, le metemos una región blanca y las estabilizamos, entonces tenemos una esfera indestructible e impermeable a todo, inclusive al tiempo. Luego, por medio de un túnel espacio-temporal, sacamos toda la materia y cuando tengamos un vacío perfecto, le introducimos rápidamente materia, aprovechando otro túnel espacio-temporal, hasta que creemos una singularidad gravitatoria y una explosión en consecuencia, y listo, un nuevo universo que se equipare con el nuestro, con la diferencia de que este será artificial. Gracias a las máquinas de modificación espacio-temporal, ahora podemos comprimir objetos de cualquier tamaño, de forma que un planeta de la masa del nuestro quedaría como una pequeña esfera, y 20 de esas esferas podrían ponerse en la palma de la mano. Obviamente, la masa, al comprimirse, aumenta la atracción hacia los demás cuerpos. Un efecto de ello es que la velocidad de escape de un cuerpo que quisiera fugarse, aumenta de tal manera, que cuando la velocidad de escape es igual a la velocidad de la luz, el tiempo se detiene para el objeto en fuga; en ese instante ninguna partícula, incluyendo la luz, puede escapar de la atracción de esta región espacio-temporal, que en consecuencia, es oscura. Por medio de la compresión formamos la primera capa de nuestra esfera, sólo que no tomamos un planeta, sino una estrella que tiene mil veces el tamaño de nuestro mundo y no llevamos el proceso hasta sus últimas consecuencias, lo detenemos un instante antes de colapsarlo por completo para estabilizarlo


dorian ortiz plascencia

introduciendo una región espacio-temporal que es la antítesis de este cuerpo oscuro y que es el punto de escape de esta región negra, una región espacio-temporal blanca que irradia materia y energía, que son captadas por la región negra, que a su vez la trasmite a la blanca y se crea así, un círculo de absorción-emisión en equilibrio perfecto. Esto forma una esfera sin intercambio de material, energía o tiempo, aislando las dos regiones espacio-temporales por completo: el universo donde estamos nosotros y el espacio interno. A pesar de la sencillez del procedimiento, le seguía pareciendo riesgoso. Todo el proceso se realiza en el espacio exterior, eligiendo una estrella próxima que no tenga perturbaciones en nuestro sistema estelar. Una vez que este objeto espacio-temporal sintético es creado, lo traemos precisamente aquí, al pedestal de cristal, por medio de un túnel espacio-temporal construido con material singular o materia cuya energía sea negativa, lo que le da estabilidad a la región espacio-temporal y mantiene el túnel estable para transportar lo que queramos, en este caso nuestro pequeño contenedor de universos. Ahora sólo resta la explosión. Ya sobre el pedestal y en perfecto equilibrio, extraemos toda la materia, energía, inclusive cualquier resquicio de tiempo por medio de otro túnel espacio-temporal y luego en un sólo instante tomamos la materia de miles de estrellas y las superponemos en el interior de esta esfera en un sólo punto. Aumentamos a tal velocidad la densidad, que creamos una singularidad gravitatoria y causamos una explosión capaz de crear un universo completo dentro de nuestra esfera, cuyas dimensiones serán tan grandes como las del nuestro y donde lo único controlable es ya la velocidad del transcurso del tiempo. Podemos acelerarla o desacelerarla pero no detenerla, pues este universo tiene sus propias leyes y nosotros no podemos romperlas, sólo torcerlas un poco. Y todo esto para estudiar la verdadera pasión de Karani ¡la evolución de la inteligencia! Ahora podían obtenerse esos datos que se escapaban a los estudios por ser imperdurables en el tiempo, ésta era la parte medular del proyecto y la culminación de años de esfuerzo. Karani suspira y presiona el botón firmemente que reacciona al reconocer la huella genética y ordena al procesador que comience el programa. Nada parece ocurrir, únicamente aumenta el murmullo de los potentes procesadores que analizan y almacenan los datos para futuras investigaciones. Sobre el espacio del pedestal de cristal no se ve realmente nada. Las máquinas giran alrededor de la esfera, con movimientos orgánicos; apenas se aprecia una distorsión óptica si se observa a través de la esfera, ya que a fin de cuentas es una región espacio-temporal y curva un poco el tiempo y el espacio, como en cualquier máquina similar. Suelta el botón y le invade el sentimiento de estarse haciendo un poco más viejo; tantos años de investigación han culminado en la creación de este nuevo y burbujeante universo; hoy podrá iniciar a investigar la tan ansiada evolución de la inteligencia hasta llegar a verdaderos or-

ganismos complejos. Ahora tiene todo un universo para jugar y le gusta jugar en serio. Al día siguiente, Karani analiza los datos: Tal y como esperaba, confirma que la singularidad gravitatoria es la chispa. Efectivamente, no se requiere de cantidades infinitas de materia, sólo hay que comprimirla lo suficientemente rápido en un vacío y la singularidad gravitatoria hará el resto. Inmediatamente después de la explosión las fuerzas son indiferenciadas y conforme el nuevo universo se expande y se enfría, se separan y la materia se vuelve cada vez más compleja, más pesada y se agrupa hasta formar estrellas, planetas, galaxias, vida, inteligencia. Karani revisa la ejecución del programa; el procesador trabaja con la precisión esperada y sus decisiones son excelentes. En ese momento el tiempo dentro del Nuevo Universo transcurría lentamente, la expansión era controlable y estable, más adelante se formaron innumerables galaxias con sus sistemas estelares y su planetas, la materia llegó a ser suficientemente madura y el universo tuvo la experiencia necesaria para crear la vida y con ella, la inteligencia. El procesador seleccionó el planeta adecuado para el estudio, el más parecido al nuestro, uno en órbita elíptica alrededor de una estrella compacta amarilla cuya masa era 98,6% de su sistema estelar. Era el tercero de nueve planetas, con uno de los sesenta y seis satélites, y su volumen era más de un millón de veces menor que la Estrella Central; su masa, nueve veces mayor que la de su satélite y estaba cubierto por agua en estado líquido en 71 % de la superficie; su centro aún estaba fundido y sus placas en movimiento. Tenía las condiciones óptimas para el surgimiento de la vida. El procesador programó las coordenadas espacio-temporales para colocar en su órbita pequeñas ventanas construidas

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con túneles espacio-temporales, entre el planeta y las máquinas de Karani, a fin de que pueda espiar a su antojo. El procesador pronosticó que se necesitaría un día a la máxima velocidad de expansión para obtener todos los datos necesarios, había que optimizar la expansión para ahorrar recursos. Al día siguiente, regresa al hangar. Revisa de manera general los datos almacenados y corrobora que la evolución de la vida hacia la inteligencia es muy similar a las de nuestro planeta. Comienza con la formación de cristales en chimeneas marinas; el surgimiento de los microorganismos extremófilos, la modificación de las proporciones de los compuestos de la atmósfera gracias a los microorganismos que incorporan la luz para sus procesos bioquímicos; posteriormente la aparición de los primeros organismos multicelulares en el agua, su evolución explosiva en cientos de especies, la aparición de una columna, extremidades. Después la conquista de los territorios secos, del aire, extinciones masivas y repoblaciones…. Finalmente el uso de herramientas, el domino del fuego, el lenguaje y su dominio sobre este planeta, el uso del vapor, la energía atómica, guerras, los viajes a las estrellas cercanas…. Tal como Karani lo esperaba. Van estaba ensimismado en el ordenador, ya había revisado la ejecución del programa y todo parecía marchar de maravilla. El experimento había terminado y la información esperaba para ser analizada. En 120 segundos se iniciaría la secuencia de implosión del universo artificial y los trabajos de desmantelamiento de los aparatos. Karani caminó hacia la máquina expendedora de bebidas aromáticas. Tomó dos, una para él y otra para Van. Empezó a disfrutarla mientras se regodeaba pensando en las publicaciones que realizaría con los datos almacenados. —Van, ¿cuánto falta para la implosión? —15 segundos. —¿No te parece extraño cómo llamaron los seres del universo artificial a la superficie de su planeta? Tres segundos... Sí, es curioso. Dos segundos... Me gusta el sonido. Un segundo... Tierra.


un hombre, una mujer, un puerco una historia de amor

F

ue mi cumpleaños y recibí un libro de poesía. Esto no es un hecho sorprendente, pues con frecuencia recibo regalos de este tipo y me agrada bastante, considerando que no siempre puedo costearlos. Lo que sí me sorprendió fue leer en la portada el nombre del autor: Francisco Hinojosa. Sí, el mismo Francisco Hinojosa de los libros para niños La peor señora del mundo, Aníbal y Melquíades, Ana, ¿verdad?, Amadís de anís, Amadís de codorniz, La fórmula del doctor Funes, Joaquín y Maclovia se quieren casar. Más me sorprendió encontrarme que este libro “de poesía” estaba editado por Almadía en su colección Mar Abierto de narrativa contemporánea. Alto. Es un libro de poesía escrito en poesía pero en una colección de narrativa. Confuso. Entonces la lectura con más inquietud y curiosidad. Poesía eras tú es una novela, sí, una novela que relata la historia de amor de un poeta y una diputada, propietarios de una porqueriza o marranera, es decir, de un criadero de puer-

quitos. En este contexto se van desarrollando anécdotas, situaciones y acontecimientos de la pareja: viajes, borracheras, crudas, clases de inglés, ligues, trabajo, tapas de champú, relaciones, adicciones, recuerdos, historia, medallas al mérito –en la cría de marranos, obviamente-, enfermedades, marchas activistas, muerte y poesía. Asimismo, se exponen las emociones y sentimientos del narradorprotagonista y de su musa o “amasia” –como él mismo la llama-, ése “tú” al que tantos y tantos poetas se han dirigido. Poesía eras tú es una novela de amor que desenmaraña la relación entre una legisladora y un poeta-marranero, cuya forma poética permite que el autor navegue tanto por el verso libre como por el haikú y el corrido, hasta hacernos recordar poemas consagrados a través de la historia de la literatura, reinterpretados muy peculiarmente por el autor. Y en el propio libro se justifica el hecho de estar escrito en poesía: “Descubrí que en vez de hablar contigo/

escribirte poemas/ ayudaría a que dejáramos de reñir/ ¿has notado cuánto han bajado los golpes?/ ¿te has dado cuenta de que me rasguñas menos?/ ¿has visto que ya no lloras en el desayuno/ ni tiras contra la pared mi celular?”. Poesía eras tú es una novela-anecdotariolibro de poemas amorosos-recetario-epistolario sin respuesta y un ejemplo contundente de cómo romper las reglas. Es una novela cruel, por lo que juega con la ironía, el humor negro, la ridiculización; revela con gran maestría la cotidianidad de un universo tangible, concreto, tan cercano que asusta. Su autor, Francisco Hinojosa es ingenioso, pero lo que siempre le agradezco es la posibilidad de hacerme reír.

Fue mi cumpleaños, recibí un libro de poesía y otro libro también de poesía, entonces fue necesario analizar la situación: hay en el mundo muchos poetas pero poca poesía, porque poesía, poesía,lo que se dice poesía... poesía eras tú.

chilango perdido

E

l chilango que deja su guarida en la capital y se exilia a otra parte del país es, posiblemente, una de las historias más versátiles del mundo. Lo sé porque soy uno de esos. Vivo en un estado de la República que no es el Distrito Federal. Generalmente cuando conozco a alguien me pregunta de dónde soy, porque mi acento es ligeramente chilango. A partir de mi respuesta se forma, entonces, la relación que tendré con esa persona de ahora en adelante. A veces pueden decir bromeando, o mortalmente en serio, que ojalá que no les robe su chamba y sus mujeres. No, respondo y me río, porque ya aprendí a reírme. Qué bueno, me responden, y no vaya a traerse más chilangos, nos gusta esto como es. Cuando no hay un enfrentamiento verbal, ligeramente chistoso porque los mexicanos somos así de llevados (“¿saben cómo?”), entonces hay miradas... miradas que pueden ir de la desconfianza, el rechazo, la curiosidad, el aplomo, una sincera indiferencia (las pocas, pero muy agradecidas) y la reprobación irredenta. Pinches chilangos, no habré escuchado varias veces justo después de confesarme chilango, creen que se las saben toda. A veces me preguntan porque estoy ahí, qué hice y por qué huí de la ciudad y justo cuando pienso responderles, mi interlocutor lo hace por mí-. Fue por una vieja, dicen, fue por una chamba, dicen otros, ya le hartó el smog, dicen otros más, porque ya se están matando a pedradas, porque ya no caben, porque lo asaltaron joven, porque el temblor tiró su casa, por una vieja... otra vez, o por varias. Si no estoy acompañado por mi esposa, entonces invento una historia que mejor le agrade a mi interlocutor y así me convierto en una especie de pequeño Shakespeare que ha desarrollado todas las historias posibles de cómo escapó del Distrito Federal. Si mi esposa me acompaña, entonces prefiero que ella les cuente la historia. Su origen tabasqueño la hace más amigable y nada mentirosa a los ojos de otros. El chilango es la mentira hecha carne, y por lo que acabo de escribir, parece que tienen razón. No siempre es tan jocoso o tan escandaloso. Otras veces, en vez de preguntarme por mi historia, me cuentan la suya. Me platican de la Ciudad de México con un poco de nostalgia. Hablan de San Juan de Letrán (que ahora es el Eje Central), de paseos en la Alameda, de cines que ya cerraron y que no formaban parte de una cadena. Se podía pasear por Chapultepec y el lago era más bonito. Me hablan de sus familiares y las colonias donde viven. Me hacen un listado de lo qué hay por ahí como si yo pudiera reconocerlo. A veces tengo la suerte de reconocer el lugar y a veces no. Cuando no la tengo,

agustín fest siempre me disculpo diciendo... es que el D.F. es tan grande, ya con la seguridad de que no me tratarán como un imbécil, presumiendo su ciudad cual si fuera un pene. De verdad es grande, me responden a veces o se quedan callados, como intuyendo que una colonia apenas es un inicio. Entonces yo, chilango, hago un listado personal y discreto, sólo en mi cabeza, de todas aquellas colonias que conozco y cómo las identifico. El barrio de Tacuba, por ejemplo, me acuerdo de sus calles angostas, su pequeño cine pornográfico y su vecindario. En una fiesta que se hizo en un departamento por ahí, y que se salió de control, de repente los vecinos decidieron salir con palos y cadenas para ahuyentar a los mocosos. Recuerdo que caminé las calles angostas de Tacuba, tomando la mano de la niña que me gustaba, hasta que llegamos a una avenida de las grandes que nos regresó a los ríos de concreto neutrales del D.F. Me acuerdo de la colonia Balbuena, porque crecí en ella, y me acuerdo de que estaba llena de casas grandes y parejas de viejos que habían ido ahí a envejecer. Me acuerdo que de la Balbuena, me dijo mi abuela-. No camines por la Moctezuma porque algo te pasa -recuerdo que desobedecí y también me caminé la Moctezuma. Ahora de vez en cuando, que paso por la Balbuena, la miro como si fuera un fantasma, como si ya no existiera, y tomo nota de las enormes rejas que separan la Balbuena de la Moctezuma, y de la Cecilio Robledo. Viene la colonia Guerrero, la famosa Warrior, que está llena de verdaderos guerreros, de la sangre combativa que aún tiene el país y que trata de sobrevivir a toda costa. En Tepito miré como una niña golpeaba a una mujer, sólo porque la mujer insultó a la niña cuando la golpeó con su diablito. Me acuerdo de la Narvarte y sus ganas de divorciarse de la Buenos Aires, nomás porque la segunda tiene cara de vecindad y la primera ya se está acostumbrando a los rasgos argentinos, brasileños, colombianos que vienen a dar aquí por accidente. Ahora que vivo lejos, en un lugar donde las tardes de domingo son tan bonitas como las escribió López Velarde, entiendo porqué desconfían del chilango perdido. Un chilango perdido, uno que ha viajado y vivido su ciudad, puede contar todas las historias de todos los lugares como si fueran suyas. Historias para todos los microcosmos. Esta ciudad sucia, repleta, demasiado abundante y desperdiciada, como quiera, les da la bienvenida a todos y a todos les permite vivir su propia historia. No me molesta que desconfíen de mí. Es justo.

GUARDAGUJAS26  

SUPLEMENTO DE LA JORNADA AGUASCALIENTES

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