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GALERÍA DE ARTE FACULTAD DE LIBRE EXPRESIÓN


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DEL 30 DE ABRIL AL 7 DE MAYO DE 2015

OPINIÓN |

REFLEXIÓN DEL CONSEJO DE HERMANDADES

 GALERÍA DE ARTE

Glorificar al Hijo del Hombre

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esde que se inició el tiempo cuaresmal, y de la mano de la pedagogía de las lecturas del ciclo B, hemos sido conducidos por diversos escenarios emparentados con lugares especialmente significativos para la fe bíblica. Todo comenzó en el desierto, lugar de la prueba y de la tentación. A continuación fuimos conducidos al monte de la Transfiguración para vivir una experiencia anticipada de la Pascua. El tercer domingo nos ubicó en el espacio espiritual de Israel sostenido por la Ley y por el Templo. El cuarto domingo centró la atención en la fiesta de la Pascua. Allí nos sitúa también este quinto domingo, subrayando así, mucho más nítidamente, la cercanía de nuestra propia celebración pascual de 2015.Visto así, estos escenarios bíblicos (Desierto, Monte, Ley, Templo y Pascua) son hitos que dan qué pensar a los que ajustan su paso al ritmo de la liturgia cuaresmal dominical. Una clave se vislumbra en esta didáctica. Una clave que hace suya la palabra de Dios en este quinto domingo y que, además, sirve también para interpretar la Escritura: Desierto, Monte, Ley, Templo y Pascua se han de leer a la luz de Jesucristo. Dicho de manera comprensible y aplicada a los textos de este V Domingo: la Alianza y la misma Pascua adquieren en Jesús un significado nuevo; en Él se cumplen de una manera única y significativa; se trata, claro, del sentido cristiano que, como Iglesia, celebramos los seguidores de Jesús en este tiempo cuaresmal que ya está llegando a su término. El Evangelio de Juan de este domingo (12, 20-33) ubica su narración en la celebración de la Fiesta de Pascua. La Pascua de los judíos, claro. Celebración que actualizaba la acción salvadora de Dios a favor de Israel. Se nos informa que mucha gente acude a participar en ella. Lo más interesante de esta información es que no sólo se hacen presentes judíos, también van a la misma “algunos gentiles” (o, quizás, “temerosos de Dios”). Este detalle es altamente significativo. Por tanto, la Pascua, la fiesta por excelencia del Pueblo de Israel, posee un valor desbordante. Se trata de una celebración trascendente que rompe fronteras. Su valor se universaliza. La salvación que en ella se celebra y se anuncia adquiere una dimensión más amplia, más ancha. Con todo, para ser veraces, hemos de advertir que, en el texto, esta perspectiva universal, en verdad, guarda relación directa con Jesús. Son los gentiles quienes, en el contexto pascual, quieren ver al hijo de María. La presencia de éstos en la pascua parece decantarse por el Maestro de Nazaret. La fiesta pascual, así, conduce hacia él de modo natural. De este modo, desde un contexto Pascual amplio se dibuja otro de mayor tamaño. Jesús es quien explica este fenómeno. Él es la nueva Pascua. Nuestro texto lo anuncia de forma velada hacia el final: “y cuando yo sea elevado atraeré a todos hacia mí”. Esta universalidad de la Pascua cristiana, no lo olvidemos, se emparenta con su sentido salvífico o soteriológico. Si la Pascua judía era ya expresión del amor de Dios que salva, la Pascua de Jesús es su expresión máxima. Jesús es la nueva Pascua. Él aporta a la misma un valor salvífico universal. Con todo, las lecturas de este domingo, además, detallan con cierto detenimiento la manera, el modo, el camino por el que la Pascua de Jesús ofrece tal perspectiva. Lo hallamos, por ejemplo, cuando el evangelio nos habla de la “hora” de la glorificación de Jesús. Esta hora glorificadora se identifica con la pasión muerte y resurrección de Jesús (su singular Pascua). Pero en las lecturas de este domingo tiene unos matices muy concretos. La comparación con el grano de trigo es muy ilustrativa. Para dar vida, para que la vida sea verdaderamente fecunda, se ha de morir; hay que darlo todo por amor. Por eso, “el que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guarda para la vida eterna”. Todo encaja desde esta óptica. No extrañe que Juan refiera en este momento la oración de Jesús en Getsemaní (“Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora”) con respuesta del Padre incluida. La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, insiste en este momento clave (5, 7-9). No se ha de olvidar que, desde el bautismo de Jesús, tal y como las tentaciones del Primer Domingo de Cuaresma recuerdan, el Hijo de Dios y el Mesías va a vivir su identidad, lo que es, ajustándose a la senda del Siervo de Yahveh. ¿Es posible hallar a Dios y su salvación en el camino del servicio, del desprendimiento más radical? En este domingo, una vez más, la cuaresma nos recuerda que el secreto del itinerario que conduce a la vida es la entrega, la donación generosa de uno mismo. Jesús así lo ha vivido y enseñado.

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fines egoístas, alcanzará el triunfo total. Si usan este don acorde con las leyes cósmicas, serán invencibles. Otros de los atributos del 10, son alta iniciativa, optimismo, progreso, sabiduría, karma y ciclos. Simboliza el coraje real. Bien aprovechado este número es alCARLOS JORKARELI tamente afortunado puesto que encierra el mensaje "aquello que des por hecho en tu mente es ya tuyo". Podríamos seguir citando estudios relacionados con no nunca sabe bien a qué son debidos ciertos la psique y capacidades referidas a las personas incluicaprichos que, de forma espontánea, se pre- das en este número, pero no es nuestra intención hasentan sin llamar a la puerta y se instalan en el cer un tratado; antes bien es una toma de conciencia habitual desarrollo de los acontecimientos, he- personal de una casualidad que queremos convertir en causalidad. chos o simplemente rutinas de nuestra cotidianidad. No hay efecto sin causa, ni causa sin efecto. Y puesPodría parecer extraño; pero a este uno, que no es muy dado a cónclaves, ocultismos o nigromancias que tos a entrar en terrenos de acceso inusual, encerrados pudieran traspasar leyes más allá de la terapéutica de en éste ´bypass´ numerológico, ponemos voluntad y lo inconsciente, no deja de llamarle la atención que aplicamos, por voluntad propia, el significado más innos hayamos quedado anclados, fijados, determina- mediato que se nos antoja de la suma de aquellos núdos en un número cuya suma, de por sí, es significati- meros individuales del titular y su significado en los días que corren. va. Permítanme la siguiente ecuación basándonos en Según el Tarot, la carta número diez simboliza "La Rueda de la Fortuna" y, por tanto, la evolución, ya que la fecha: 24 – 05 – 2015. Sumemos individualmente los enteros que la componen, es decir, 2+4-5+2+1+5; obcada giro representa una nueva oportunidad. El Tarot es la práctica adivinatoria del futuro que usa tendremos como resultado = 19. Si sumamos, también una baraja de 78 naipes formados en dos bloques, uno individualmente las cifras que componen el resultado numerados y otro con figuras simbólicas que coloca- (1+9) obtendremos otro resultado que, coincidentedos de diferentes modos sobre una superficie y una vez mente es 10 (DIEZ). Curiosamente y con esta fórmula aparece otra vez el interpretadas, responden a consultas, constituyendo número que, por su excelencia, propone evolución. una suerte de cartomancia o arte de la adivinación. Pero si nos declarábamos escépticos a ciertas prác- ¿Habrá que poner interés en esta caprichosa suma y su ticas que pudieran ser manejadas por desaprensivas vo- significado? Esta vez queremos hacer el pronóstico, queremos luntades cuya finalidad más atendiera a un interés personal que a la verdad, no dejamos de valorar ciertos he- servir de ´médium´ interpretativo y apelar a nuestra inchos constitutivos de atención en cuanto a que, sin vo- tuición en lo que podría significar numerológicamenluntad expresa, se han venido instalando en nosotros te una gran fecha. Una suma extraordinaria de significantes y significados que diera lugar a la esperanza. Un y determinan extensiones y contenidos. Si queremos llamar la atención sobre este número día, cuyo número, coincidiendo con el beneplácito de que hoy es título de nuestro humilde discurrir – 1045 los astros y la conjura del Olimpo, pudiéramos llegar a – es, porque son exactamente las palabras que han ve- concluir que las voluntades se aúnan, las distancias se nido componiendo hasta ahora todos y cada uno de acortan y los poderes suman en una suerte de colabolos artículos de opinión que este medio ha tenido a ración creativa hacia aquella evolución que auguraba el número diez como ente de garantías: LAS ELECbien publicar hasta el momento. Casi sin quererlo y en un ejercicio mínimo de com- CIONES MUNICIPALES. Convirtamos el número de la excelencia en línea asposición, necesario por otro lado para la inserción de artículos en prensa, nos dimos cuenta que la extensión cendente de colaboración, en cauce de coincidencia en palabras al empezar a escribir podría perfectamen- y foro de honorable discusión. Ahora que se está preparando, puedo conocer qué te corresponder con dicha extensión. A partir de ahí, decidimos que sería ésa y no otra, la cantidad de pala- sentido tiene la pasión que encierra una fecha tan significativa, cuantas sonrisas almacenadas, cuanta ilusión bras que compondrían los futuros artículos. Así ha sido y sigue siendo. No es necesario que las concentrada y sobre todo cuanta humildad en aire frescuenten, pero el presente también está formado en ex- co anida en quienes, quizá sin saberlo, son portadores tensión por mil cuarenta y cinco partes del dicciona- de la virtud que encierra una suma y el privilegio de servir con ella. rio. Mil cuarenta y cinY aquí estamos, resco son las palabras, pondiendo una vez más “Esta vez queremos hacer el pronóstico, una vez más, que a ese impulso vital de expresión que intenta, queremos servir de ´médium´ interpretativo y componen esta prosa. Diez es su suma. como decíamos en el pri- apelar a nuestra intuición en lo que podría Miles son las voluntamer artículo, “compla- significar numerológicamente una gran des – estoy seguro - y cer más que ahuyentar, un millón las gracias discernir más que juzgar fecha. Una suma extraordinaria de que concede la Dioy alimentar más que co- significantes y significados que diera lugar a sa Fortuna a quienes mer”. la esperanza” ponen en valor servir Pero ya que entramos a los demás y su iluen una suerte de numerología abstracta y casi involuntaria en la exposición, sión en un mundo mejor. ¿Será verdad que los números tienen su efecto en nos quedamos. Queremos compartir también la extrañeza que nos supone esta mera coincidencia y atender nuestras vidas? Será verdad que somos capaces de adoptar la evolubrevemente el sentido de los números, que también ción y dignificar nuestra existencia? lo tienen. Anticipamos el discurso. Apelamos a la cordura e inHablábamos del ´10´ atendiendo a la suma de los números individuales del título: 1+0+4+5=10. ¿Querrá vitamos a que este supuesto numerológico venga a resumir un deseo compartido en el que la libertad de extambién decir algo esta suma? Aparte del Tarot, el número diez ha sido interpreta- presión, conciencia participativa y ágora de encuendo en diferentes disciplinas de muy variadas maneras. tro, sea capaz de sostener el verdadero poder: El poder Así, referido al carácter, la persona 10 es dueña de oculto de los números cuyo significado se pierde en la un poder personal sumamente considerable, puede noche de los tiempos. Seguirán siendo mil cuarenta y cinco palabras y, como hacer todo cuanto se proponga y, si actúa con sencillez, sin rendirse ante la tentación de usar este poder para hasta ahora, una sola voluntad.

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DEL 8 AL 14 DE MAYO DE 2015

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Está claro que Dios no hace distinciones

Estética, camino de la ética

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urante los domingos anteriores, Jesús ha persuadido a sus amigos de que él había muerto y resucitado. Les aseguró que no era un fantasma, que tenía carne y huesos. Les mostró sus llagas, comió con ellos. Poco a poco los apóstoles fueron creyendo, fiándose de Jesús y confiándose a él, y se alegraban de verle. No les resultó fácil creerle resucitado. Tomás, el mellizo, se arriesgó a verificar si era verdad o no que había resucitado; finalmente tocó a Jesús y exclamó dócilmente:“Señor mío y Dios mío”. Hoy, la primera lectura nos cuenta un enojoso “problema pastoral” de la Iglesia primitiva. Pedro, el primer Papa, debía resolverlo. Cornelio, un pagano, ciudadano romano, capitán del batallón destacado en Cesarea, hombre de oración y caritativo, se sentía seducido por el Resucitado; deseaba bautizarse e ingresar en la comunidad de los cristianos. ¿Era esto posible? Pedro dijo: ¿“Puede alguien impedir que se bauticen con agua los que han recibido el Espíritu santo igual que nosotros?”. Finalmente, movidos por el Espíritu, bautizaron a Cornelio. Más tarde, Pedro, debió informar de su decisión en Jerusalén. Y allí dijo: “Si Dios les concedió el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para estorbar a Dios? (Hch 11, 17). La decisión de Pedro, animada por el Espíritu de Pentecostés, inaugura una Iglesia pascual, abierta; una Iglesia en salida, un pueblo para todos, como le gusta decir al Papa Francisco. Vivimos en un mundo fragmentado, roto por nuestras violentas distinciones. Tales rupturas ocurren en todos los ámbitos que frecuentamos: el político, el religioso y eclesial, el familiar… Las guerras, las escandalosas marginaciones, los desencuentros culturales, el difícil diálogo interreligioso, la salvaje exclusión de los emigrantes, son muestras de nuestras severas distinciones. Hasta el mundo lo hemos dividido desde hace mucho tiempo en tres mundos. Y nuestras ciudades tienen barrios muy diferenciados: los lujosos, los de la clase media y los que ocultamos y escondemos por pudor o por vergüenza. Vale la pena insistir en las rupturas de de nuestro mundo roto a causa de nuestras arbitrarias y violentas distinciones que rompen el paisaje pascual. Dios no tiene acepción de personas pero se desvive por quienes padecen cualquier tipo de marginación: los pobres, los excluidos que el Papa llama “sobrantes”, las personas sin rostro, las gentes que viven a la orilla de casi todo. Jesús nos habla en el Evangelio del mandamiento nuevo, su testamento final: “Esto os mando que os améis unos a otros”. El Amor que Dios es y que nos tiene hace posible por una parte, no hacer dis-

“El Amor que Dios es y que nos tiene hace posible por una parte, no hacer distinciones que menoscaben la dignidad del otro y que fragmentan el mundo; y por otra, posibilita la aceptación gozosa y gratuita de lo diferente creando y fecundando la comunión de lo diverso, en la que lo distinto no es rival sino un don para la propia existencia” tinciones que menoscaben la dignidad del otro y que fragmentan el mundo; y por otra, posibilita la aceptación gozosa y gratuita de lo diferente creando y fecundando la comunión de lo diverso, en la que lo distinto no es rival sino un don para la propia existencia. Vale, pues, la pena profundizar en la homilía en la fuerza del amor del que Jesús nos habla y encomienda: un amor semejante al que el Padre le tiene a él; que nosotros vivimos si guardamos su Palabra; que es fecundo; que se hace misericordia. Este es mi mandamiento; que os améis unos a otros porque yo os he amado primero. La escuela joánica ha logrado la síntesis más apretada, más completa y más armónica de las actitudes éticas del creyente centrando todos los mandamientos en este. Este es mi mandamiento, mi propio mandamiento, el "nuevo" mandamiento que os va a caracterizar en medio del mundo. Este amor mutuo es la señal de la amistad con Jesús. El hombre entra en el círculo de los amigos de Jesús, alejándose del círculo de esclavo, porque participa de la intimidad de Jesús al compartir los secretos que ha recibido del Padre. Y no hay amor más grande que el que la vida por los amigos. Sólo en este círculo de enseñanza y de experiencia se entiende la formulación ofrecida por el evangelista (recogiendo el sentido de su experiencia con Jesús). Se trata de un amor mutuo, interpersonal, creativo. Todas las personas son valoradas con otros baremos. Por eso son invitados a participar de esta experiencia todos los creyentes sin excepción. Y si el hombre actual necesita volver a las raíces de la alegría profunda y verdadera, necesita aún con más urgencia el compromiso ético de una relación interpersonal que supere todas las barreras que la impiden.

CARLOS JORKARELI

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ablar de estética en Arte es propio y hasta imprescindible por ser parte esencial de la expresión en las diferentes materias artísticas y sus modalidades. Diríamos que es un elemento consustancial a toda creación. Hablar de estética en la vida y sus diferentes manifestaciones suele ser menos habitual, al menos en términos cotidianos, donde lo coloquial y hasta las modas varían su significado o, por el contrario, en un ejercicio de despreocupación, nos aleja del concepto y valor del mismo. No cabe duda, somos cuanto somos. Sí, así de redundante. Pero queremos especificar para entrar en detalle, añadiendo al ´somos´ toda una serie de señales que hablan de nosotros. Cómo caminamos, nos sentamos, hablamos y en qué tono, cómo nos dirigimos a los demás, sonreímos, reímos y, en definitiva, cualquier otra señal que desde nuestro ser (cuerpo y alma) se manifiesta al exterior, forma cual espejo, una imagen de nosotros mismos frente a los demás. Sería demasiado extenso asociar el término estética a cada una de las variantes vitales de nuestra vida. Por el contrario, generalizando, sí podríamos acordar que su presencia avala un camino bien diferenciado, tanto en cualidad como en interpretación de los mensajes que, de forma individual – relativo al individuo – o colectiva – relativo a la colectividad – solemos enviar día a día desde nuestro despertar hasta las horas de recogimiento. Es decir, nuestra actividad como muestra de nuestra personalidad. Quizá sea la estética una palabra poco usada, poco pensada, poco valorada en términos objetivos. Quizá esta palabra, no haya sido enseñada desde que éramos pequeños en su extenso valor y determinante para nuestro devenir diario y futuro. Sin embargo, contiene el germen de otra palabra que sí reconocemos más fácilmente y con la que solemos reconciliarnos a menudo, siendo su significado paradigma de la honorabilidad y el buen hacer: la Ética. Si la estética es la manifestación, la ética es su esencia. Y al igual que el manantial brota incólume en salubridad y se manifiesta en fuente cristalina invitando a beber, así la estética invita a profundizar en su significado, en quien la ostenta. Existen valores que por correlacionados perviven gracias al otro. Su sustancia se ve mezclada en una suerte de simbiosis que les sitúa en la misma escala de valores. En este caso, los más altos dentro de las cualidades humanas. Eso pasa entre la estética y la ética. Su correlación, unión y función se entremezclan, complementan y aúnan a través de aquella línea de comportamiento, esa manifestación humana que identifica lo mejor de las personas. En cualquier acción personal, prescindir de la estética podría suponer una dejación infranqueable. Al contrario, ella suele ser la línea en nuestras páginas, los renglones de nuestra escritura y, como no, el vértice por donde se destila lo que en realidad somos. Pero no debemos confundirnos. A la vuelta de la esquina podríamos quedar atrapados en el amaneramiento de fórmulas, modas obsoletas o etiquetas convencionales de baja estopa que preconizarían cualquier otra cosa que la sensible y siempre versátil cualidad de la palabra. En términos de atracción, es la estética la que

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interpela al exterior. Bien es verdad que no todo vale y que para el buen observador la paja y el trigo pueden diferenciarse con facilidad. No. Estamos hablando de otra cosa; no de ese teatro – mal teatro – al que muchos en ocasiones recurrimos, cual actores denostados, pretendiendo vender un sainete por un Shakespeare. Hablamos de educación, autoeducación y cuando más de aspiración a la belleza, no solo externa. Los modos y maneras provenientes de una atenta introspección, declaran un grado de sensibilidad propio de quienes, como seres humanos, aspiran a su realización. Si ello, como venimos comentando, avoca a un comportamiento determinado en lo individual y en el día a día, mucho más señalado es conservar la estética en los modos y maneras al tratar temas públicos. Venimos observando reiteradamente desde las plataformas sociales, una vasta carencia de estética a la hora de emitir opiniones, realizar comentarios, o calificar actuaciones. Máxime si se trata del ´contrario´, el otro, el que no tiene nuestro beneplácito o aprobación. Suele pasar muy a menudo en ámbitos políticos que la estética, como sustancia de la palabra y el comportamiento, deja mucho que desear respecto a lo que entendemos, debe ser y venimos expresando. Es así que a veces nos asalta la vergüenza ajena al escuchar tertulias de confrontación social, donde los tertulianos, liberados de cualquier pudor, rozan el escarnio tanto personal como colectivo, invitando a la audiencia a la descalificación inmediata de la materia tratada, sin duda esencial en su verdadero contexto. Es así que nos produce vergüenza igualmente, cotejar una y otra vez, la falta de estética en nuestros representantes cuando creen encontrar en la basta naturalidad, la fuente de comunicación ideal, sin darse cuenta que la vibración propia de las palabras y actitudes manan a su alrededor, pero, en este caso, no como fuente cristalina. Es así que venimos comprobando como esa estética malsana, viene, al fin y al cabo, a ratificarse en actos cuyo calado se sustentan en el engaño y la escapada frente a lo que, contrariamente, debería ser una justa correspondencia. Entrelazados estos dos términos, no podemos encontrar servicio gratificante en una presumida ética que no es asistida a su vez por la estética correspondiente. Es como si quisiéramos hacer vela del papel. Nos faltaría la cera. Como si una llevara a la otra indefectiblemente, a modo de hermanas con gen común, no podemos sino afirmar que el camino se allana y limpia de barbecho en la adecuada presentación de su identidad. Como si de mensajera se tratara, la estética abre camino, deja huella y cala de inmediato en las sensaciones, dibujando la impronta de lo que viene después. No hay escuela para la estética más allá de la metafísica. Pero ésta, la más próxima, se prevé autodidacta. No es necesario master ni licenciatura. No es religiosa ni atea. Simplemente es adquirida por voluntad propia y responsabilidad para con uno mismo y los demás. Lo restante surge. Es así que nos inclinamos a optar, en la correlación establecida, por el camino que nos lleva a través de lo delicadamente bello, a esa ética satisfactoria del comportamiento, agradable para la función personal y social.

(A Manuel Rodríguez)


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DEL 15 AL 21 DE MAYO DE 2015

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Seréis mis testigos

Razón en tiempos revueltos

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a cincuentena pascual nos permite centrar la atención en el Misterio de la Muerte y Resurrección de Jesús rompiendo con la visión cronológica (cuarenta y cincuenta días), para fijarnos en la Unidad del Misterio de la Pascua como acontecimiento indivisible, que supera las categorías temporales y nos sitúa en una dimensión nueva. No estamos realmente ante un calendario festivo, sino ante un acontecimiento que revela tres aspectos de la Pascua, ocurridos el mismo día, como expresa Juan en su Evangelio: Jesús resucitado sube al Padre y derrama el Espíritu sobre los suyos. Así lo había anunciado y cumple su promesa. Hoy celebramos el segundo aspecto del misterio pascual: la Ascensión. Parece que conviene no romper el sentido unitario de la Pascua aunque por pedagogía separemos los aspectos, la intención es ahondar más y mejor en el Misterio de la Muerte y Resurrección De este modo podremos descubrir mejor cómo se llena de sentido nuestra vida y cómo somos unidos a la Misión de Jesús a favor de toda la humanidad. Conviene no separar el sentido de la cincuentena pascual y puesto que el domingo de Pascua el evangelio de Juan nos sitúa en el comienzo del acontecimiento y se cierra la celebración pascual con el texto de la efusión del Espíritu al anochecer del primer día de la semana, con lo cual la unidad del mismo se pone de relieve. Lucas nos señala algo muy importante en el diálogo que se establece una vez que comían juntos. Ellos preguntan por la realización del Reino y Jesús les plantea el reto de ser sus testigos. Lo esencial es ser testigo de lo que ha ocurrido a partir de la Resurrección. Llamados a ser testigos del Resucitado. ¿En dónde? No hay limitación de espacio y tiempo: en toda circunstancia; en todos los ambientes; en todas las relaciones que se puedan entablar, la condición de testigo es fundamental. No se trata de hablar de lo que oí, de lo que me han contado, sino de lo que he experimentado. No es fruto de una especulación, sino de lo que ha ocurrido en mí porque El, Jesús resucitado, lo ha hecho posible. Algo absolutamente nuevo que se va descubriendo progresivamente, adquiriendo certeza interior y que tiene sus consecuencias en todos los ambientes en que el bautizado se desenvuelve. Pablo experimenta la novedad de la salvación. Le desborda, va más allá de lo que, como judío esperaba, está absolutamente sorprendido. Por eso sólo puede dar gracias al Padre y suplicar. El contenido de esa súplica está en función de la percepción y la comprensión del Misterio Pascual. Necesitamos la luz de lo alto y la sabiduría que viene de arriba para poner nuestra confianza, sin fisuras, en el señorío de Jesús como Mesías. No se trata sólo de percibir este señorío, sino de darnos cuenta que somos incorporados a Jesús, el cual es nuestra

“Necesitamos la luz de lo alto y la sabiduría que viene de arriba para poner nuestra confianza, sin fisuras, en el señorío de Jesús como Mesías” Cabeza y la Iglesia-nosotros, su Cuerpo. Esta unidad deviene del Misterio de la Pascua y naturalmente, conforme nos dice Juan en su Evangelio, iremos progresando en el conocimiento de esta realidad temporalmente hasta llegar a la plenitud al final de nuestra existencia temporal. El relato de Marcos, con la sencillez que le caracteriza, vincula la ascensión a una aparición del Resucitado de la cual se desprende la misión: id al mundo entero y proclamad el Evangelio. La misión, que como en el caso del evangelio de Juan, ocurre en una aparición, tiene como finalidad la continuación de la obra de Jesús: reconciliar, unir, restablecer la comunión entre todos mediante la invitación a acoger el Evangelio. La fe es la respuesta que se verá confirmada por medio de las señales que realizan. La descripción de las obras que llevarán a cabo, deberán estar relacionadas con la actividad realizada por el mismo Jesús, con lo que se resalta que la actividad del discípulo no es separable de la de Jesús. No sólo hay sintonía, sino que son las mismas obras. Y cuando esto ocurre se verán confirmadas con signos. No son sólo palabras, sino una vida que refleja la del mismo Jesús. La presencia temporal de Jesús con sus discípulos concluyó con su muerte. Ahora resucitado está presente de un modo nuevo que tendrá que ser descubierto por cada discípulo y a partir de ahí, asumir responsablemente la misión de comunicar con alegría que es verdad que el Señor ha resucitado y hace posible la comunión entre los hermanos y el crecimiento hasta la plenitud de la vida que se manifestará al final de nuestra existencia temporal.

CARLOS JORKARELI

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esconfiamos de las personas que te saludan calurosamente para, a la vuelta de esquina, hacerlo a hurtadillas, al bies, como si pasaran de largo. Desconfiamos de quienes te dan la razón cuando más les interesa, calculando matemáticas de provecho personal y sobándote el hombro en función del viento que sopla. Confiamos, por el contrario, en quien mira a los ojos y habla con rectitud, educación y mesura, en desacuerdo frontal con tus premisas, pero dispuesto al diálogo. Confiamos en quien alarmado por el desorden político en el que nos encontramos, mantiene la equidad propia de quien ostenta templado carácter en el análisis particular de cada alarma diaria. Confío definitivamente en que la sinrazón que nos envuelve de paso a una nueva época de equidad y equilibrio propiciando la conjunción de fuerzas y no la segregación de ideas y tendencias de pensamiento. No son pocos los autores que en ensayos y tratados vienen vaticinando que la verdadera revolución nace desde el interior, desde uno mismo. Es comprensible entender este punto de vista. Máxime si aceptamos la premisa de que, quien no tiene, no puede ofrecer. Y esto sería aplicable a todos los campos y actividades que desarrollamos diariamente; en nuestro oficio, facultad, escuela, profesión, arte..., de manera que no es posible ofertar sin tener y no se tiene sin antes haber adquirido. Podríamos decir que corren tiempos revueltos, no tanto por la proximidad de las fechas electorales, sino por el panorama político cargado de diversidad – cosa positiva – pero también de enrarecido y tenso vituperio. Parece que son fechas propias de descalificados y mentideros, de oprobios y curiosidades, de tirar de la manta al final de la faena o de poner petardos a la ruedas a ver si descarrila el tren en el que el contrario mira por la ventanilla, pensando en qué va a hacer cuando llegue a su estación. Tiempo revueltos como el cólera en su cénit, pero no menos susceptibles de enmienda y rectificación en un necesario ejercicio de voluntad hacia la estética de la que ya hablamos y que tan propiciadora de ética se presenta: la razón. Si existen profesiones cuyas pautas generan directamente una influencia decisiva en el sujeto pasivo, éstas

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habrán de someterse a un juramento de fidelidad a las más altas instancias de la razón y la conciencia primero y la justicia y equidad lo segundo, sobre todo si atañen al interés general. En el juramento hipocrático se indica: “Guardaré silencio sobre todo aquello que en mi profesión, o fuera de ella, escuche o vea en la vida de los hombres que no tenga que hacerse público, manteniendo estas cosas de manera que no se pueda hablar de ellas”. Siendo ésta una medida aplicada a la medicina, podría hacerse valer en cualquier otra materia, profesión e incluso relación interpersonal. Lejos de ello, somos proclives a todo lo contrario. Así, la palabra pierde su valor y con ella se desfigura nuestra imagen. Si es cierto que la revolución verdadera nace a través la propia educación y manera de afrontar las cosas, no podemos sino prestar suma atención a cuanto de forma pública o privada manifestamos de y hacia los demás. El respeto es biunívoco en su correspondencia. De tal manera que aquél que ofrecemos es el que nos corresponde. No se trata de alertar sobre las maniobras en defensa de las ideas propias, que deben de existir. Se trata de considerar la falsedad como modo poco honroso de establecer correspondencia en las relaciones humanas, sean del carácter que sean y aunque vengan precedidas de los equívocos o fallos naturales de cualquier actividad. No es nuestra intención dramatizar. No somos proclives a este género de cine. Más bien y en tono medio alto, preferimos referirnos a los tiempos que, aunque revueltos, quieren ofrecer una nueva forma de hacer, de estar presente en la vida diaria, en el servicio a los demás y, sobre todo, en dar el justo valor que ha de tener la palabra como antesala del acto. Es así como la confianza se genera en un imprescindible ejercicio de revitalización de la actividad pública. Aplicar la razón, no exenta de franco sentimiento, suele tener efectos balsámicos sobre el veneno en que se suelen guardar los tesoros ficticios. Aplicar la sinrazón que constituye la obtención del poder, del primer puesto, pisando el pie del contrario, vaticina sin duda una equivocada carrera de trofeo incierto. FE DE ERRATAS: En el último artículo de Galería de arte, publicado con fecha 8 de los corrientes con el título ´Estética, camino de ética´, en su última línea y a modo de dedicatoria decía: (A Manuel Rodríguez). Debió decir: A Miguel Rodríguez. Amigo y compañero. (El autor)


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DEL 22 AL 28 DE MAYO DE 2015

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 GALERÍA DE ARTE

... hasta la verdad plena

Arte y política

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ropio del ser humano es dirigir su vida de forma consciente, libre y autodeterminativa, viviendo no como una isla, sino formando comunidades de diversa índole, hasta sentirse unido a todos los hombres en una globalización solidaria. El Espíritu Santo, viene a habitar en nosotros como dador de fortaleza divina, santificador y revelador de la intimidad divina. Así nos va llevando a la adultez y consumación cristiana en la comunión con los otros cristianos y en la interrelación con todos los hombres y culturas. La “carne” en la Biblia significa a veces lo débil, lo flojo. En contraposición, el “espíritu” significa lo fuerte, lo dinámico. Así, Jesús nos enseña que “el espíritu está pronto, pero la carne es débil” (Mt 26,42). A nosotros aquí nos interesa ver la personalidad del Espíritu Santo. Es en el Nuevo Testamento donde es revelada plenamente. Pero dicha revelación fue precedida en el Antiguo por una realidad polifacética a la que denominaron ruah. Uno de los significados de esta palabra es la de viento. El viento implica muchas veces la fuerza. Así lo proclaman Moisés y los israelitas al ver el exterminio del ejército del Faraón: “Al soplo de tu nariz se amontonaron las aguas, las corrientes se alzaron como un dique, las olas se cuajaron en el mar. Sopló tu aliento y los cubrió el mar” (Ex15,8.10) . Con la fuerza del espíritu de Dios infundido en Sansón, éste “despedazó un león como se despedaza un cabrito” (Jue 14,6). En el Misterio de Pentecostés el Espíritu Santo se manifiesta en la fuerza de “un viento recio”. Los discípulos se habían recogido en el Cenáculo atemorizados, presos de miedo. Al recibir el Espíritu Santo su miedo se cambia en fortaleza que da testimonio del Señor. El mismo Señor había anunciado a los discípulos: El Espíritu que os enviaré desde el Padre “dará testimonio de mí y también vosotros daréis testimonio”, como vemos en el evangelio de hoy. Nosotros lo hemos recibido en el bautismo y, más aún, en la confirmación. La fortaleza recibida de él nos impulsa a vencer todo miedo y a dar testimonio de Jesucristo con la misma valentía de los apóstoles. Dirigiéndose a los Gálatas, san Pablo nos habla en la segunda lectura de otro efecto que produce la acogida de la acción del Espíritu en nosotros: la transformación del hombre que es llevado por la “carne” en hombre regenerado. “Carne” aquí significa el hombre que se deja dominar por los impulsos desordenados que existen en el ser humano, “caído” desde el pecado de los primeros padres. El Espíritu y la “carne” son dos realidades contrapuestas, pero no del mismo nivel: el Espíritu es superior a la “carne” y con su acción transforma al “hombre caído” en hombre regenerado, santificado, “espiritualizado”, del que brotan los frutos de la caridad, la paz, el dominio de sí. En el fondo, es la misma enseñanza que nos presenta san Juan en el diálogo de Jesús con Nicodemo: “el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu” (Jn 3.5-6). Aquí “carne” significa el simple hombre: lo que nace de un hombre es sólo hombre, no un hombre que está animado y transformado por la actuación del Espíritu. Lo mismo encontramos en la Epístola a Tito al hablarnos del “baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que (el Padre) derramó con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos, en esperanza, herederos de vida eterna (Tit 3,5-7). El Espíritu Santo, al actuar en nosotros, no se contenta con medias tintas, sino que, como leemos en el evangelio de hoy, progresivamente nos va llevando “hasta la verdad plena”, es decir, a la comprensión y vivencia perfecta del misterio de Jesucristo, encarnándolo en nuestra vida personal y en la historia del mundo, en la pluralidad de culturas de nuestro mundo. Va llevando los hombres a una comunión o compenetración que se realiza en diversos niveles. No en vano desea san Pablo a los corintios que “la comunión del Espíritu Santo” esté con todos ellos (II Cor 13,13). El Espíritu Santo consuma la vida y obra del mismo Jesucristo (= Jesús el Ungido), consuma la vida cristiana de cada uno de nosotros, sus discípulos, consuma el Misterio de la Iglesia en sí misma y en su misión evangelizadora y consuma los no cristianos que se dejan guiar por su voz, que resuena en la conciencia, la cual, como nos dice el concilio Vaticano II es “el sagrario del hombre” (GS 16), aunque éste a veces no sea consciente de ello. Respecto a los cristianos, san Pablo nos enseña que el Espíritu Santo habita en nosotros, pasando así a ser su templo (cf. I Cor 3,16; 6,19). Como Maestro Interior, toma la iniciativa en nuestras vidas, nos conduce por medio de sus “dones” y con su unción nos enseña acerca de todas las cosas (cf. I Jn 2,27), llevándonos sucesivamente “hasta la verdad plena”.

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diferentes manifestaciones humanas, suele establecer un sello cualitativo diferenciado, propio de quienes, de manera creativa, ponen al servicio de su cometido lo mejor de sí mismos. Hacer de la política un arte o aplicar de forma efecolítica, etimológicamente, proviene del latín ´politicus´ y ésta, a su vez, del griego ´polític- tiva el arte de la política, viene a ser una manera de crear un mundo mejor. Y no es casual que tantos siskos´ que significa ´de los ciudadanos´. temas políticos como pueden enumerarse hoy día, Siguiendo el curso de significados, según las va- revistan perfiles muchas veces alejados de la bondad riantes o enunciados que se desprenden de sus raí- de la propia palabra y actividad. Pudiera parecer capricho pensar que el sustrato ces etimológicas, política también devendría de ´polis´ (ciudad) y ´ética´ (modo de hacer las cosas). Abun- que la compone es su esencia. Pero ésta no es otra dando, podríamos añadir que es el arte propio de que su fin o finalidad. Si no nos atenemos a los significados aludidos de los ciudadanos, el arte de vivir en sociedad, arte de la palabra, al hablar de política podríamos, sin lugar las cosas de Estado. Preferimos, en definitiva, quedarnos con la am- a duda, adentrarnos en fórmulas cuyos despóticos pliación de su concepto al indicar que, política es postulados nos asomen a abismos inconfesos. Pero una rama de la moral que se ocupa de la actividad a no perseguimos repetir la historia. Queremos crear. En Arte es preciso una fuerte dosis de atrevimientravés de la que, una sociedad libre, compuesta por individuos libres, resuelve los problemas que plan- to, un intenso ánimo de superación, un imprescintea su convivencia colectiva, promoviendo la partici- dible y constante sentido autocrítico y sobre todo un esfuerzo permanente por superar lo ya ejecutado, pación ciudadana orientada hacia el bien común. En el transcurso de la historia han sido muchas las creado y ofrecido al mundo como síntesis del esfueracepciones y aplicaciones prácticas que ha tenido la zo personal. Si aplicamos estas virtudes a la gestión pública, a palabra política, al punto que han generado, en el gobierno de los pueblos, grandes e irremediables de- la ´polis´, al Estado, ciertamente la convivencia, en su permanente evolución, se verá directamente emsastres. No queremos poner ejemplos en este sentido. Bas- bebida en la nobleza de sus fuentes. Ennoblecer la política significa dar credibilidad a ta con mirar atrás y ver cómo, a la vuelta de la esquina, en nuestro país, cierta actuación política supuso sus postulados en relación directa con sus destinataun escarnio de magnitud insospechada y un retraso rios, quienes a través de su ratificación, dotan a aquellos que la practican la legitimidad en su función. sin parangón en la evolución de nuestro pueblo. Nos damos perfectamente cuenta que venimos reSin redundar en este sentido, para lo que nos bastaría poner como ejemplos multitud de sectoriales lacionando dos términos que bien pudieran parecer formas de hacer política hoy día en el mundo, sí que- diametralmente opuestos. Pero creemos que llega el remos analizar su aspecto sublime que, lógicamen- momento de recolocar las cosas en su sitio, de dar te, puede llevarnos a lo que todos deseamos: el bien- una oportunidad a la esperanza y sobre todo de comestar social y calidad de vida digna que todas las per- prender que no todo está viciado. Caer en la comodidad de justificar a través de la sonas han de tener en igualdad de oportunidades. No a todos les está permitido gozar de la capaci- política la inacción social, viene a decir que no somos dad de hacer política en el generoso sentido de la protagonistas de nuestra historia. Existe una capacidad natural en todos nosotros palabra. No cabe duda que hace falta arte para poder desarrollar el programa, la gestión y la acción so- que hace posible dilucidar entre el bien o el mal, el cial adecuada orientada a alcanzar los logros que pro- interés particular, el interés general, la justicia social, el trabajo, la dedicación, las palabras y su tono, los ponemos. gestos, las caras, los coPero no todas las lores, sabores y hasta la formas de hacer po- “Contribuir al arte de hacer política va más textura en los contenilítica están orientaallá de expresar la voluntad de elección a dos de quienes asumen das, aunque lo pudiera parecer, al bien través de una opción. Quizá tenga que ver con la responsabilidad de común. Por eso exis- tener la conciencia clara del Ser Social, frente gestionar lo común. Existe otra capacidad ten los diferentes adnatural que no debejetivos que la com- al animal que proponía el filósofo. Al fin y al mos igualmente dejar a plementan. Y son cabo, la política también busca la verdad” un lado. Es aquella que multitud. Tantos nos sitúa en el lugar pricomo la propia evolución del pensamiento social ha ido añadiendo a la vilegiado desde el que los vértices de la política se hapaleta de colores o distintivos a través de los que, los cen evidentes en cuanto observador de los intermediferentes partidos políticos, vienen identificándo- dios. Aquellos plazos de los que se dispone para poner en práctica los programas, contenidos, ideales y se. Pero lejos de identificativos convertidos en siglas promesas. Por lo tanto, será nuestra responsabilidad acertar o colores, el bien raíz al que aludiera Aristóteles al decir que el ser humano es un animal político, ha de en la decisión. Una decisión que determina el hoy y materializarse en otro bien raíz, sin el cual, el senti- el mañana y la relación que se establece entre aquedo de la política deja de tener su verdadera orienta- lla ´polis´ ficticia que proponen ciertas fórmulas vestidas de armiño, frente a aquella a través de la que, ción: el arte de gobernar los Estados. No podemos comprender la política cuya finali- en relación directa con el ciudadano, el significado dad no sea el pueblo. Tampoco aquella cuya praxis de política viene a ser lo que nunca debió de dejar sea orientada a la ostentación del poder. Menos aún, de ser: el arte de vivir en sociedad. Contribuir al arte de hacer política va más allá de la que camuflada tras la aparente equidad, aún precedida de historia, el transcurso del tiempo y su des- expresar la voluntad de elección a través de una opgaste la convierte en una suerte de permanente fal- ción. Quizá tenga que ver con tener la conciencia clata de acción social directa al desvincularse con la re- ra del Ser Social, frente al animal que proponía el filósofo. Al fin y al cabo, la política también busca la alidad de los ciudadanos que gobierna. El arte como concepto, al hacerlo extensivo a las verdad.

CARLOS JORKARELI

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MAYO 2015 Galería de arte ©Carlos Jorkareli 2015

Galería de arte. Volumen - 4  
Galería de arte. Volumen - 4  

Autor: Carlos JORKARELI - Mayo 2015

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