Page 1

5

GALERÍA DE ARTE FACULTAD DE LIBRE EXPRESIÓN


información

3

DEL 29 DE MAYO AL 4 DE JUNIO DE 2015

OPINIÓN |

REFLEXIÓN DEL CONSEJO DE HERMANDADES

 GALERÍA DE ARTE

Hasta el fin del mundo

La ceguera del oído

¿

Y por qué nosotros nos sentimos solos? Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad y, como Madre, nos regala la comunidad. Cristo nos dijo que está con nosotros, y él no se contradice. ¿No será que nos faltan unos ojos nuevos para verlo vivo y resucitado en nuestra vida?. Un lugar donde puedes palpar su presencia viva es en un monasterio de clausura, en una comunidad de vida contemplativa. Y precisamente hoy la Iglesia propone orar especialmente por todos los monjes y monjas: es la Jornada Pro Orantibus, la jornada de oración por las personas que se entregan totalmente a Cristo. Nada les justifica: "sólo Dios basta". Ellos están en continuo contacto con lo divino para después poder mostrar al mundo la riqueza de este Dios que se encarna para que tú tengas vida, para ser un reflejo de su Amor. Con la fiesta de la Santísima Trinidad, la Iglesia hace algo que nosotros repetimos muchas veces cuando oramos, y es terminar este ciclo de grandes fiestas litúrgicas con un “Gloria” solemne al Dios Uno y Trino. Primero vino la Navidad; después, la Pasión, Muerte y Resurrección; finalmente, el regalo del Espíritu Santo. Ante esto, la Iglesia entera responde: "Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo." Cuando se habla de la Trinidad, estamos demasiado acostumbrados a que lo que más se subraye sea el hecho de que es un misterio, es decir, incomprensible. Y eso hace que nos desentendamos: ¡si no se puede entender, mejor no pensar en ello! Sin embargo, ¡no es así! El Papa Benedicto XVI en una de sus catequesis nos explicó que, cuando la Iglesia dice «misterio», no quiere decir "algo oscuro y difícil", sino "realidad luminosa y bella, aunque inabarcable". Nuestra propia vida, nuestras relaciones, son misteriosas, en el mismo sentido en el que Dios es misterioso. Desde que el hombre existe sobre la tierra ha estado abierto a lo divino, a lo sagrado, a lo misterioso. Cuando la razón da un paso mayor en la Historia de los hombres, estos se empiezan a dar cuenta de que Dios tiene que ser alguien que sea capaz de explicar todas las cosas y, por lo tanto, no puede haber muchos dioses. Dios tiene que ser un 'primer principio' que explique realmente todo. Pero hay algo que el que el 'primer principio' deja sin explicar: el amor humano. Deja sin explicar la paternidad, la maternidad o el amor esponsal. Sirve para explicar cómo nace el mundo físico, pero no sirve para explicar el amor. Descubrir que Dios es una comunión de Personas tiene dos consecuencias enormes para la vida humana. La primera: Dios ya no es un ser solitario, Dios es un desbordar de Amor; y la Creación no es para cubrir ningún vacío de Dios, sino para comunicarse. Y la segunda: que Dios es Amor hace entender que la vida y el ideal de la vida humana es donación. Y que la persona humana es, ante todo, relación. El ideal de una sociedad constituida como una comunidad de personas que se aman sólo puede construirse sobre la Trinidad. El rostro de Dios que nos ha revelado Jesucristo es que Dios es Amor, comunión de vida y de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y el Dios que es Amor no vive para sí: ha querido hacer partícipe de su misma vida de amor al hombre, al que crea a su imagen y semejanza. Así pues, el ser humano no es fruto del azar, sino que es creado por amor y para el amor, que tiene su fuente y su meta en el Dios Uno y Trino. Hemos de recuperar este sentido de Dios Trinidad en nuestras vidas. Porque lo importante, lo decisivo, la única y verdadera realidad es Dios y la vida en Dios, que es el Amor. Esto es lo fundamental para el cristiano, esto es lo nuclear para la Humanidad. Puede parecer un ideal irrealizable, pero, una vez más, el Señor ha dado el primer paso. En la Eucaristía está todo el amor de Dios Trinitario que se derrama sobre cada uno y que, a su vez, nosotros debemos comunicar a los demás. Es ahí, en la cruz, donde se debe definir qué es el amor para descubrir que son inseparables el amor de Dios y el amor a los hombres. "No se trata ya, dijo Benedicto XVI, de un 'mandamiento' externo que nos impone lo imposible, sino de una experiencia de amor nacida desde dentro, un amor que por su propia naturaleza ha de ser ulteriormente comunicado a otros. El amor crece a través del amor". Somos distintos, venimos de procedencias diversas, con nuestra particular manera de pensar, atravesando situaciones diferentes; y, sin embargo, todos estamos unidos en una unidad en torno al Señor, presente, real, con su cuerpo y alma, con su divinidad entera, en el Pan de la Eucaristía. Cristo nos atrae a sí, nos hace salir de nosotros mismos para hacer de todos nosotros uno con Él. Dios Padre, a través del Hijo y de quienes Él ha llamado a su seguimiento, inicia una nueva Humanidad con un diluvio de amor y de bondad. Todos los cristianos, llamados a hacer camino con el Hijo, escucharán y verán; creerán y dudarán, pero Él les dirá: "Id, convertid a todos los pueblos, enseñándoles todo lo que habéis aprendido de mí. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". En este día de oración por la vida contemplativa recordamos nuestros monasterios, donde las hermanas se ganan el pan de cada día trabajando con sus manos. El tañido de su campana nos recuerda que ahí existe siempre el regalo de una sonrisa amiga, limpia y transparente, susurros de Dios, bocanadas de aire fresco, reflejos del amor gratuito e incondicional del Señor. Su vida fraterna quiere ser, aunque pobre y humildemente, profecía y anticipo de la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo hacia la que nos encaminamos.

CARLOS JORKARELI

C

aemos en el tópico si decimos ´no hay peor ciego que el que no quiere ver´. Pero, aplicado a la cotidianidad que nos envuelve, la frase tiene más que un punto de razón. A veces la realidad nos deslumbra y, en el mismo reflejo que produce, lo que debería ser luz se convierte en destello de incredulidad. Así nos suele pasar a los seres humanos cuando nos encontramos con realidades que, lejos de la normalidad, se nos presentan evidentes, clarificadoras, expeditas de una forma de hacer las cosas a la que no estamos acostumbrados. Nos suele pasar en todas las áreas de la vida. El grado de contrariedad, desencanto, dificultad o frustración alcanza ciertos niveles, al punto que no somos capaces ya de discernir entre el bien y el mal, pensando que todo camina por los mismos sombríos derroteros. En ocasiones nos asiste la sabiduría, tanto de forma individual como colectiva y es esa sabiduría la que viene a poner las cosas en su sitio. Sin embargo, esto suele ser más difícil cuando las circunstancias, por adversas, no suelen dejarnos ver más allá del árbol frente al extenso bosque que se extiende a nuestro alrededor. En una sociedad y los colectivos que la conforman, el bosque viene a ser la extensa área, casi selvática, de maneras de agruparse en torno a las variantes que se producen respecto a las formas de afrontar los conflictos e intereses, convergentes en ocasiones y divergentes en otras. Pero por encima de enfoques y maneras de concebir el camino, existen realidades objetivas de las cuales no podemos desprendernos, ya que ello nos llevaría a una ceguera voluntaria más grave aún, a la que ciertamente somos proclives a diario. Hacer oídos sordos, también suele ser un for-

“Pero por encima de enfoques y maneras de concebir el camino, existen realidades objetivas de las cuales no podemos desprendernos, ya que ello nos llevaría a una ceguera voluntaria más grave aún, a la que ciertamente somos proclives a diario. ma de ceguera. Hay voces que se levantan de entre las aceras por donde caminamos, recordándonos que nuestros pies descalzos están a salvo, que no hay restos de cristales en ellas y que la limpieza garantiza nuestra salubridad. Hay voces que se alzan desde las farolas que alumbran nuestras noches, recordándonos que es su luz blanca o amarilla quien dirige nuestros pies a casa después de una jornada de trabajo o unas horas de asueto en la temporada estival. Otras voces nos hablan del aire que respiramos, distendido, cordial, cercano, del pueblo, al que se le ha querido dotar de todos los servicios comunes posibles, haciendo más oxigenado nuestro día a día en un impulso de embelleciendo de los parques, jardines, rotondas y zonas de servicio común, donde casi sin querer transitamos parte importante de nuestros días. Son muchas las voces que se levantan desde la

jorkareli@gmail.com

seguridad y limpieza en nuestros centros educativos, participativos y acción social, prescribiendo las fórmulas en que se asienta la colectividad. Son más aún aquellas voces que quisieron confiar y obtuvieron lo que solicitaron como recurso final ante una situación insostenible. Pero, como a veces sucede, esa cercanía voluntaria, casi familiar, a veces calculada y no siempre valorada, ha venido a poner el colofón al asombro. Un asombro implícito en cada trazo, en cada pensamiento, en cada actitud e ilusión que tenía como objetivo rejuvenecer aquel aire y mentalidad que, históricamente anclada, sujeta, subyuga y no deja avanzar. La revitalización de los pueblos pasa por nuevos aires donde no interfiere la edad, sino la capacidad creativa de impulsar hacia adelante a la colectividad que, de forma indudable, antes o después está destinada a la evolución. O lo que es lo mismo: el imparable sentido de las agujas del reloj. Pero esta evolución, cual manzana en flor, no hay que mirarla desde lejos. Se trabaja a diario, sabiendo que las fronteras son más amplias que nuestra vista, ya de por sí sectaria y limitada. No somos el centro del mundo. Sin embargó si podemos atraer hacia el centro aquellos extremos que deambulan sin órbita aparente, ejerciendo por méritos propios la atracción natural que ofrece una fuente de luz, una estrella. Quizá la prosa poética no tenga la explicitud de nombres y apellidos. Quizá sus imágenes no consigan evocar más allá de los significados. Pero lo que no cabe duda es que no podemos quedarnos en la grosera e incalificable forma de decir las cosas, donde aquellos nombres, apellidos e incluso imágenes, proyectan la parte más nebulosa de lo que somos. El respeto a las personas habla de nuestra condición, tanto a nivel personal como colectivo. Es la vara de medir de una sociedad. Es la cata de salud cuyo índice lo expresa todo. En definitiva, el respeto a la equidad puede liberarnos de la peor de las prisiones.


información

3

DEL 5 AL 11 DE JUNIO DE 2015

OPINIÓN |

REFLEXIÓN DEL CONSEJO DE HERMANDADES

 GALERÍA DE ARTE

Haced esto en conmemoración mía

Suma de factores

E

ste día ni exaltamos un rito, ni nos podemos quedar con unos signos. Exaltamos sobre todo la vida de Jesús, que celebramos con los signos del pan y del vino con unas significaciones muy profundas. Cuentan que Leonardo da Vinci, cuando pintó el cuadro de la última cena, quiso que el centro de todas las miradas fuera Jesús, pero pintó un cáliz precioso encima de la mesa, que llamaba tanto la atención que atraía la vista de los visitantes. Cuando se enteró él, dio un brochazo de pintura sobre el cáliz y lo hizo desaparecer. En la celebración de la Eucaristía el foco tiene que estar en lo sustancial, que es Jesús. ¿Dónde quieres que te preparemos la Pascua?, le preguntaron los discípulos a Jesús. Pensaban en la pascua judía, en el rito de la conmemoración de la liberación de la esclavitud de Egipto, pero Jesús les dice: seguid al hombre del cántaro….. Se trataba de la celebración de una pascua distinta, algo importante iba a suceder en su vida. Un hombre con un cántaro, indicaba el lugar de la celebración. La samaritana, cuando le dio Jesús de beber, encontró el verdadero amor, dejó el cántaro, ya no tendría necesidad de utilizarlo, no le iba a hacer falta y corrió al pueblo a anunciarlo, (Jn 4, 28). A la Eucaristía acudimos con nuestros cántaros, pero mejor dejarlos para que no nos impidan correr para anunciar lo que se nos da. Quizás, hoy, debiéramos pensar nosotros en las rutinas de nuestras viejas eucaristías, pensadas y preparadas para cumplir. ¿Podemos seguir celebrando la Eucaristía, solo para proteger el rito actual y quedarnos tranquilos? Cuando Jesús nos manda: Haced esto en conmemoración mía, … ¿es lo que nosotros celebramos: su memoria salvadora en nuestra vida? ¿Nuestras eucaristías son alimento atractivo, que nos da fuerza y valentía para servir al proyecto del reino del Padre?. El hombre era orgulloso de su nación nativa. Dijo que allá la sacudida de la mano era suficiente para sellar un acuerdo. No había necesidad de documentos escritos, mucho menos de abogados. En las lecturas hoy escuchamos de otros tipos de sellos para los acuerdos. En la primera lectura del libro de Éxodo Dios está consumando un acuerdo formal con Israel. Es una alianza en que Dios promete a proteger al pueblo en cambio del acatamiento de Israel a su voluntad. Se sella el pacto con la sangre de novillos primero derramada sobre el altar y entonces rociada sobre la gente. El simbolismo es dramático. La sangre significa la vida del hombre. Echada sobre el altar, que simboliza Dios, y sobre el pueblo la sangre indica que los dos ya están unidos para siempre. En el evangelio Jesús hace una alianza nueva entre Dios y los hombres. No limita el número de los participantes ni a sus discípulos ni a Israel sino incluye al mundo entero. Tampoco usa símbolos para sellar el pacto. Más bien, ocupa su propio cuerpo en forma del pan y su propia sangre en forma del vino. Entregados a nosotros, estos elementos se hacen en nutrición para fortalecernos desde el interior. Ya tenemos la mera vida de Jesús para movernos a cumplir la voluntad de Dios Padre. El próximo día el cuerpo de Jesús será desgarrado y su sangre derramada como compruebas de la realidad de su don. La segunda lectura explica más el sacrificio de Jesús y la alianza nueva que hizo. Dice que su sacrificio vale más que la sangre y las cenizas de los animales esparcidas sobre la gente. Pues, donde el sacrificio de los animales sólo puede lograr un perdón del pecado, el sacrificio de Jesús transforma la conciencia para que dirija actos de verdadera adoración. Esta transformación configura la nueva alianza entre Dios y nosotros. Dios nos ha hecho en sus propios hijos e hijas con un destino eterno. Ya por nuestros actos de bondad hacia los demás hacemos los sacrificios que le agradan. La alianza nueva nos hace posible ser fieles a los otros compromisos que hemos hecho. Por ser hijos e hijas de Dios, ustedes no quieren decepcionarlo por engañar a sus esposos o esposas. Conscientes del destino eterno, todos queremos cumplir nuestras tareas en la vida diaria, sea en el trabajo, en la esquela, o en la casa. Relacionados con los otros miembros de la alianza, apoyamos a uno y otro cuando nos pongamos desconsolados. Así nos conformamos cada vez más a Jesús, nuestro hermano mayor. Todavía existe la costumbre de hacer la procesión del Cuerpo y Sangre de Cristo en las calles. La idea es que no sólo la gente dentro de los templos sino toda la comunidad tenga la oportunidad para considerar la alianza nueva que hizo Jesús. Es una muestra de buena voluntad que simboliza el sacrificio de Jesús por el mundo entero. Ahora celebramos el sacrificio de Jesús por el mundo.

CARLOS JORKARELI

A

nticipábamos en nuestro número 13 del 30 de abril, bajo el título de ´1045´ el sentido de los números. Se nos antojaba que las palabras utilizadas, de forma inicialmente aleatoria y luego fijada para la extensión de los artículos de esta publicación, coincidieran en número cuando sólo de texto se tratara. Igualmente se nos antojaba en la suma de las unidades del número en cuestión, otro número cuyo resultado y sentido adquiría, dentro de la numerología, un estatus relevante en su interpretación desde diferentes puntos de vista. Aludíamos igualmente a una fecha que marcaría el rumbo de estos cuatro próximos años y que coincidía con el día de las últimas elecciones municipales. Capricho o intuición, no podremos saberlo y menos aseverarlo con certeza. Existen hadas, cuyos vaticinios se escapan a la más estricta matemática y a correspondencias de rigor científico. Sin embargo suelen producirse hechos que, enunciados en ciertos confines de la mente, vienen a ser realidad y determinantes en nuestras vidas. Lo cierto es que la suma de aquellos factores, daban como resultado lo que veníamos a denominar ´rueda de la fortuna´ y no era otro que el número DIEZ. Ahora, una vez cumplida aquella fecha, aparece dicho número en una suerte de determinismo inmediato, a través del que se conjugan voluntades y fuerzas de distingo signo y, según los enunciados, una voluntad común: velar por el desarrollo de un pueblo. La suerte parece echada. La voluntad expresada. Descifrar con ponderación en qué medida ha existido correspondencia entre lo realizado y su resultado, a veces presenta sus dificultades. Sobre todo cuando no parece existir correlación entre la intención, el trabajo, la gestión y aquél, cuyo definitorio significado más allá de la numerología, nos indica que algo no ha funcionado. En este caso, la suma de los factores también suele ser determinante. Máxime en la situación actual, cuya realidad viene a superar la ficción en una sociedad ampliamente vapuleada por las sombras que atenazan el desarrollo laboral y social de las personas. Es difícil expresar desde una columna opinión el sentimiento que en ocasiones produce la guerra de siglas. Pudiera parecer que, más que ello, lo que viene a

jorkareli@gmail.com

producirse es una competición de esferas, cuyos idearios quedaran suplantados por aquellas, en pugna con quienes las encabezan. Es difícil mantener la unanimidad colectiva a través el trato individualizado, así como es difícil contentar al individuo a través de decisiones cuyo fin es la colectividad. Hemos llegado a personalizar tanto el trato, que la orientación política parece depender de nuestro particular interés, lejos del bien común. Sin embargo, abrir las puertas en un intento de acercamiento, en diálogo constante, es una de las pautas de primer orden entre quienes ahora se asoman a las nuevas formaciones que completan el espectro político. Partidos de nueva generación donde la transparencia juega un papel importante en su relación con el ciudadano. Pero no hay que confundir transparencia con prudencia. Y todos somos conscientes del papel que juegan los actuales medios de comunicación y redes sociales, desvirtuando en ocasiones, desinformando en otras y en el peor de los casos atentando contra los inviolables derechos de las personas. En el juego de palabras que determina una negociación, lejos de grabaciones, ha de existir la honorabilidad, fundamentada en el decálogo de buenas prácticas, así como el asiduamente afirmado, enunciado, casi jurado bien común que toda política que se precie ha de inspirar. Para ello no hace falta taquígrafos, sino confianza. Aquella confianza depositada por el representado, en quien con nombre y apellidos, tiene su voz y voto. Si, como decíamos, han sido distintos los factores determinantes en el resultado numerológico a nivel local, no podemos despreciar los colectivos representados a nivel parcial. Tanto que las matemáticas, en un hábil ejercicio de cálculo, pudieran variar en forma y contenido el resultado final y maneras de orientar el futuro inmediato. No obstante hay una reflexión que hacer. Profunda, exhaustiva y concluyente respecto a la regeneración de un pasado no siempre acertado. Al fin y al cabo es mucho lo que se abarca y quizá requiere de una reorganización, distribución y conjunción de funciones a través de la que la versatilidad y funcionalidad haga más eficiente el objetivo final. Mientras perviva la honradez, la función pública podrá salvarse, girar en torno a su regeneración y reconducir el sentimiento generalizado hacia lo que siempre debió ser. Sólo la suma de factores bien reglados podrá concluir en éxito.


información

3

DEL 12 AL 18 DE JUNIO DE 2015

OPINIÓN |

REFLEXIÓN DEL CONSEJO DE HERMANDADES

 GALERÍA DE ARTE

Sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece

El Muro

R

S

einiciamos hoy los domingos del Tiempo Ordinario. Las tres lecturas se centran en el compromiso de Dios con los hombres. La primera nos recuerda la antigua alianza de Dios con el pueblo de Israel. Ezequiel, en una etapa de desorientación y pesimismo del pueblo elegido, después del cautiverio de Babilonia, anuncia un renacer espectacular con la promesa de la restauración de Jerusalén y del Templo. El Evangelio, se centra en la presentación de Jesús como el Mesías anunciado por los profetas, garantía de una nueva Alianza de Dios con la humanidad. No es casual que Marcos, al principio de su evangelio, anuncie “la buena noticia de Jesús”, el Hijo de Dios, destacando su función mesiánica. Esta es la Novedad de la Alianza, el anuncio del Reino de los Cielos o Reinado de Dios. En este pasaje evangélico, Jesús resalta la acción de Dios en el mundo comparándola con una semilla que aún siendo algo, insignificante lleva en sí, como un embrión, una potencia misteriosa capaz de trasformar la relación de Dios con el hombre. El interrogante para los que escuchan su Palabra va a ser preguntarse cuál es el papel del hombre, como acoger el mensaje del Reino. Así se inicia en la humanidad un tiempo de gracia a través de la confianza y la fidelidad al mensaje recibido a través de Jesús hecho hombre. Jesús aparece en un momento histórico de máxima expectativa en el pueblo judío que espera un Mesías triunfante que lo libere del dominio romano y se establezca, definitivamente, en Israel el Reino prometido por Dios. Esta idea mesiánica era defendida por la clase social más elevada, más culta e influyente, pero estaba también presente en la mente del pueblo sencillo y pobre que soportaba la presión social de la clase dominante y además tenía que pagar a los romanos unos impuestos muy superiores a sus posibilidades. En este ambiente Jesús inicia su vida pública presentándose como el Mesías enviado por Dios y empieza hablando del Reino de los cielos o Reinado de Dios. Pero al explicar lo que es el Reinado de Dios lo expresa de una manera desacostumbrada para la mentalidad del momento ya que el reino no vendrá de una forma espectacular, tampoco a través de un triunfo político que acabe con el dominio de Roma, en una palabra rompe los esquemas de sus paisanos que lo escuchan. Empieza diciéndoles que el Reino ya está ahí, que ya ha comenzado, y que además está dentro de ellos mismos… No niega que él sea el Mesías prometido, pero es ante todo un servidor que viene a liberar a los oprimidos. Les habla de un Dios cercano, que es padre. Es el Dios de Israel, pero de otra forma, no es el Dios del Sinaí sino un padre es cercano, ama y se preocupa por sus hijos. Es tan cercano que podemos dirigirnos a él, como hacen los niños, llamándole Abba. Por eso lo compara con un padre bueno que abraza a un hijo perdido, que ha vivido al margen de toda norma moral y le perdona sus pecados. Pero sigue la novedad, Jesús con su actuar les hace ver que el Reino ya está presente en medio del pueblo, porque se compadece de las carencias

“Les habla de un Dios cercano, que es padre. Es el Dios de Israel, pero de otra forma, no es el Dios del Sinaí sino un padre es cercano, ama y se preocupa por sus hijos. Es tan cercano que podemos dirigirnos a él, como hacen los niños, llamándole Abba” y necesidades de aquellos que son sus hijos y viene a liberar de la culpa pero también de sus agobios y carencias, de ahí que junto al anuncio del reino surjan los milagros, que son una señal de la llegada de los tiempos mesiánicos que está indicando la novedad del Reino de Dios. En esta línea están las dos parábolas que hoy comentamos. La semilla y el grano de mostaza aparentemente son insignificantes pero llevan en sí unas posibilidades de crecimiento y de trasformación insospechadas. También en ellas hay una novedad, el Reinado de Dios tiene en sí una virtud, una fuerza misteriosa, este es el mensaje más importante de la parábola. La semilla parece que ha desaparecido en el seno de la tierra, se “pudre”, pero sigue viva; primero echa raíces, después vendrá el tallo y finalmente la espiga. Es la fuerza de Dios, que actúa por sí misma, sin que nosotros sepamos cómo, es una vida nueva que se nos da gratuitamente, sin merito alguno por nuestra parte. Como se ve Jesús en su predicación da un vuelco a las cosas y a las ideas preestablecidas, incluyendo nuestros prejuicios, que tienden a sobrevalorar nuestras posibilidades y las circunstancias humanas, olvidando la intervención de un Dios siempre cercano, que está ahí, que no es ajeno a nuestros problemas...

CARLOS JORKARELI e iniciaban los años ochenta. Era el último de los setenta, cuando el genio de uno de los grupos musicales más importantes del siglo XX ofrecía al mundo una pieza que dejaba una huella indeleble hasta nuestros días. El grupo, Pink Floyd. La pieza musical, El Muro. Esta obra, compuesta por Roger Waters, hablaba de la incomunicación y de la soledad, expresados a través de la metáfora de un muro construido entre la banda y el público, parafraseando de forma singular la separación que se produce en muchas ocasiones entre la intención y contenido del arte y el espectador. Dos décadas antes se construía otro muro bien distinto. Fue llamado El Muro de la Vergüenza, separando familias, formas de pensamiento y sociedades delimitadas esta vez por políticas de ideologías enfrentadas que, sin embardo, estarían destinadas a reencontrarse casi treinta años después. Nos referimos al muro de Berlín. Hoy día siguen vigentes otros muros que separan, circunscriben o delimitan territorios, personas y culturas, como lo es la barrera israelí con Cisjordania o la valla de Melilla, mostrando una vez más el afán secesionista de ciertas sociedades o colectivos ante una sola realidad. Existe el Muro como colección de novelas cortas de Jean Paul Sartre, el muro o pájara que se produce por falta de glucógeno en el hígado o músculos, el muro de contención o el Muro de las Lamentaciones como resto del principal templo hebreo de Jerusalén. Por existir existe una banda de heavy metal con el nombre de Muro. Muchos, quizá demasiados, son los muros que se levantan todavía. Muros de incomunicación, edad, clase social, cultura, idiosincrasia, pertenencia o no a grupos, religiones, países, razas, políticas, sexo… Muros de ignorancia. Lejos de calificar formas de libre pensamiento, resulta manifiesto cómo las diferencias que nos convierten en seres unipersonales, asegurando la diversidad del colectivo y enriqueciendo el espectro humano que representamos, en ocasiones se convierte en el peor de nuestros enemigos. Las sociedades avanzan cuando son capaces de aglutinar, en su variedad, todas las formas de pensamiento, libertad de acción y expresión. Máxime dentro del respeto al otro. Ya existe un karma personal sobre el acier-

jorkareli@gmail.com

to o equívoco de las decisiones a tomar que la vida nos plantea, como para asumir responsabilidades del infundio del de al lado. Sin embargo, el muro persiste. Un muro que, como aquel de Berlín, produce vergüenza ajena cuando, mirando a nuestro alrededor, nos damos cuenta de la importancia que toma la ´vida de los otros´ - como el título de la película también alemana (2006) - no tanto en su aspecto positivo, sino todo lo contrario, como objeto de comentario, burla, crítica o inclusión dentro del ´libro negro´ de lo comúnmente llamado buen proceder. Son demasiadas las encrucijadas que presenta la vida a nivel personal, demasiadas las dificultades que por diferentes razones enredan el hilo de lo que debería ser una existencia feliz, para aún en un acto de inconsciente descalabro, ser tejedores de tramas urdidas por el propio miedo a la existencia. O lo que es lo mismo, el miedo a nuestra responsabilidad. El miedo a la libertad como título literario, responde a la obra que escribiera Erich Fromm en 1941. Psicoanalista y psicólogo social, ya planteaba en dicho volumen la resistencia de la sociedad a la aceptación del individuo como entre primordial en la colectividad, así como el propio rechazo o miedo del individuo a abrirse camino en contra de los vientos y mareas del momento. Abrirse camino en el entramado de la vida no siempre es fácil. Menos para quienes no gozan del favor de la Fortuna. Menos aún para los que consideran saber cuál es ´eje del mal´ o ´la cara oculta de la luna´, quienes por desgracia son, en muchas ocasiones, los que toman decisiones y acaban determinando aquellas vidas de los otros. La tolerancia suele ser una receta apropiada en estos casos; mucho más reticente entre quienes falsamente alentados por la cruz de la verdad, convierten en cruzadas ciertas actitudes sociales y personales destinadas a elaborar aquellas otras recetas carentes de toda garantía. Hacer desaparecer la pantalla de lo supuestamente correcto, en la mayoría de los casos impuesta por los hombres, nos dejaría ver cuál es la proyección de la esencia. Todo lo contrario pasa en aquellos credos, religiones, teorías sociales y dogmas, cuyos postulados humanos, lejos de lo divino, pretenden confundir la velocidad con el tocino. Derribar ese último muro sería el objeto. El sujeto: el ser individual.


información

3

DEL 19 AL 25 DE JUNIO DE 2015

OPINIÓN |

REFLEXIÓN DEL CONSEJO DE HERMANDADES

 GALERÍA DE ARTE

¿Quiénesestequehastael La traza vientoyelmarleobedecen? CARLOS JORKARELI

¿

Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen? El Evangelio de hoy (Mc 4, 35-41) nos recuerda el milagro de la tempestad calmada. No sabemos si Jesús estaba o parecía dormido; lo cierto era el miedo de los discípulos en medio de la tormenta. Con gusto se proclama este evangelio en las circunstancias actuales del mundo y de la Iglesia, pues las olas están embravecidas, y parece que Jesús está ausente o dormido, mientras nosotros estamos en medio del peligro y alguno pudiera pensar que ya no hay remedio. Con todo, no nos perdamos en medio del oleaje en el que nos debatimos, olvidando que el verdadero problema que aparece en toda la escena es la poca fe de los discípulos y la solución auténtica es poder exclamar: ¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen? Es tiempo de ejercitar nuestra fe en Jesucristo, pues sabemos que Él puede, también hoy, calmar la tempestad y nosotros volver a gozar de paz. La segunda lectura (2 Co 5, 14-17) nos da la posibilidad de ser y vivir en Cristo, algo más atrayente que el mero cumplimiento de los mandamientos; ésta es la prueba luminosa del amor de Cristo, que ha muerto por todos nosotros, de modo que muertos con Cristo al pecado, vivamos ya, no para nosotros, sino para quien ha muerto y resucitado por todos. Al ser nuevas criaturas en Cristo podemos hacer un acto de fe y de amor también en nuestro tiempo, que es el que nos corresponde vivir, y es el tiempo que Dios nos ha dado para salvarnos. No olvidemos que la fe no se vive con ideas sino con la propia vida. Un gran peligro en las últimas cinco décadas es que algunos parecen conformarse, al parecer, con palabras en la vida de la Iglesia; pero estos acostumbran siempre a tener una doble vida. La primera lectura (Job 38, 1. 8-11) nos presenta en medio del mar, símbolo de la potencia del mal, la omnipotencia divina manifestada en la creación, que fundamenta nuestra confianza en la inmensa bondad omnipotente de Dios, no obstante lo que ven nuestros ojos y llena de preocupación a nuestros corazones. La esperanza emerge siempre en la vida del cristiano, pues el Señor es la fuerza de su pueblo y Cristo es el refugio de nuestra salvación. Considerando la situación en la que se encuentran hoy tantos hombres, pudiéramos pensar que Jesús está dormido, pero somos nosotros los que estamos un poco adormilados. El problema de la Iglesia es la falta de discernimiento, perder tiempo y fuerzas en hacer lo que no produce frutos de vida eterna. Hoy se hacen muchas cosas en la Iglesia, en las parroquias, en las comunidades, pero los frutos parece que no son muchos. Actuamos mucho nosotros y dejamos poco a actuar al Espíritu Santo; la secularización paraliza a la Iglesia y la hace infecunda. Es evidente que las vocaciones son muy pocas, y es un punto muy sensible de la vida de la Iglesia. Y entre los que hay algunos están cansados y otros han perdido el entusiasmo. Es necesario preguntarnos qué es lo que hemos hecho mal y no perder más el tiempo en lo que no edifica la Iglesia. Sin embargo, sin humildad no es fácil hacerse tal pregunta y sin fe no se puede volver a mirar de verdad a Cristo. La Iglesia concreta vive en la historia, vive en el mundo y, por tanto, en medio de este combate tremendo entre el bien y el mal, entre los siervos de Dios y los siervos de Satanás. Y es preciso entrar en este combate en contra del mal; pero mirando con más atención, vemos que los siervos de Satanás son víctimas, llamadas también a la salvación. Por eso, nuestra lucha no es contra los malos, sino en contra del mal, del pecado, que es el único mal verdadero del cristiano. Con todo, hoy día es difícil para algunos individuar el mal y da la impresión que algunos piensan que todo el monte es orégano y así van las cosas, pues no es conveniente dialogar con el diablo. Necesitamos, pues, individuar con urgencia las causas del mal, de manera que podamos oponernos al mal, llamando a todos a la conversión. El discernimiento es uno de los dones más escasos en las últimas cinco décadas. La Iglesia sigue remando en medio de la constante tempestad de este mundo y está obligada a discernir entre las tentaciones del mundo y los consuelos de Dios. Cuando uno está en combate es necesario determinar con mucha precisión dónde está la debilidad del enemigo y también donde está su fortaleza para poder actuar con sabiduría y eficacia. Además, en la batalla o vences o eres vencido; no caben los términos medios. Con respecto al mal, no caben componendas, pues sabemos que es la fe en Cristo la que vence al mundo. Además, los hechos son tozudos; no engañan nunca, aunque las palabras sean bonitas, los hechos son siempre evidentes. En consecuencia, Dios nos está invitando a entrar en la verdadera vida espiritual cristiana, siguiendo la escuela, por ejemplo, de Santa Teresa de Jesús o de Santa Catalina de Sena. ¿Qué es rezar sino tratar a solas mucho tiempo con quien sabemos nos ama?, enseña S. Teresa. ¿Qué es la vida espiritual sino entrar en la celda del conocimiento de Dios y del conocimiento de nosotros mismos?, enseña S. Catalina de Sena. Vivimos en comunidades que nos enseñan de verdad quién es Dios y quiénes somos nosotros o vivimos en comunidades que llevan ya tiempo muertas a Dios y acomodadas al mundo y, por tanto, no sirven para nada.

C

uando se dibuja suele comenzarse por la traza o boceto de lo que luego viene a ser la delimitaciónformal o plano sobre papel o sobre el terreno. Dibujamos las características esenciales de un proyecto a través del trazado inicial, ligero a manera de apunte, como idea que luego decanta en la conclusión de lo que ya ´apuntaba´ inicialmente. Esa manera de apuntar, despuntar, aparecer, asomar, florecer…, es lo que suele llamarse dar traza de algo. Es decir apuntar maneras, aspecto o apariencia. Así, por ejemplo, si decimos tienes traza de monaguillo, venimos a indicar que bien por el aspecto, la vestimenta, la actitud o el gesto, nos asemejamos en alguna de las formas o maneras al personaje comparado. A pesar de no ser una expresión muy utilizada, dar trazas de algo, suele indicarnos a través de sus señales cual es el camino o dirección que toma un objeto o sujeto en forma o actitud y cuyo resultado acaba siendo una continuación y final de lo inicialmente presupuestado, trazado, abocetado. Solemos bocetar nuestra personalidad, actitud y carácter a través de pequeñas señales que, en la mayoría de los casos, pasan desapercibidas y sin embargo suelen ser sintomáticas de aquellas conclusiones que acaban invitándonos a utilizar la más empleada expresión de ´lo veía venir´. No cabe duda que la experiencia es un punto. Cuántas veces habremos utilizado la figura de ´el libro de la vida´ donde uno dice aprender aquellas cosas que no suelen estar escritas en ningún sitio, aquellas repeticiones, reverberaciones de vivencias ya conocidas que avocan a esos resultados que parecen abocetarse en la hoja invisible, allá donde nadie quiere anotar y donde nadie guarda traza porque ya fue realizada anteriormente. Sin embargo esas trazas, señales, vivencias repetidas en algunos casos hasta la saciedad, no suelen dejarnos huella. No les prestamos la suficiente atención como para que ese libro de la vida surta el efecto deseado, ofrezca la sabiduría adecuada, nos dé las indicaciones apropiadas hacia conclusiones más definitorias y acertadas, evitando, como también dice el dicho, ´ser humanos o únicos animales que tropiezan dos veces en la misma piedra´.

jorkareli@gmail.com

Cómo pueden cambiar las cosas de la noche a la mañana. Solo hace falta ponerle fecha a un cambio de gobierno, cambiar de legislatura, cambiar de personas, signos, siglas y conceptos para que todo deje de funcionar hasta que se entre de nuevo en calor. La limpieza de las calles, la recogida de basura, el mantenimiento de las infraestructuras, el funcionamiento de los servicios públicos, en definitiva, todo aquellos que forma parte de la calidad de vida y primeras necesidades de la ciudad y ciudadano, ha de estar garantizado por la institución sea del signo que sea e independientemente de entradas y salidas, idas y venidas, constituyendo de esa manera lo que podría denominarse cuerpo de gestión institucional, de funcionamiento fijo y permanente capaz de priorizar lo que de un color u otro ha de mantenerse por estricta necesidad. Sería responsabilidad del saliente, hacer que este cuerpo de gestión garantizara los servicios en el tránsito. Sería responsabilidad del entrante, que aquellos servicios y gestiones ya realizadas con solidez no fueran moneda de cambio por el cambio en sí. Pero ya sabemos lo hedonistas que tendemos a ser. Pretendemos ser artistas sin saber dibujar, o ser meros emuladores de aquellas referencias presuntamente exitosas, sin darnos cuenta del ejercicio que supone gobernarse a sí mismo, ser creador e intentar trazar una más imaginativa realidad, cuya certera conclusión pasa por saber leer en el libro de la vida. En el arte pasa algo parecido. Tendemos a despreciar lo tipificado como clásico para lanzarnos directamente a aquellos trazos innovadores, cuyo cuerpo de gestión lejos de apuntar una continuidad y evolución plausible de lo aprendido, suele presentarse como ruptura abrupta, síntoma de incapacidad o falta de una mínima observación y reflexión acerca de lo ya construido. Hay trazas, señales de cambio en la política nacional y local. Seguramente existen deseos honorables en la gestión pública. Hay signos que evidencian un ánimo de renovación conceptual y por supuesto existirá mucha ilusión en quienes pisan por primera vez el tablero del mal llamado ajedrez político. No se trata de ganar. En ese tablero político, más bien se trataría de aprender. Aprender definitivamente que aquello bien gestionado cuya estructura muestra la solidez en sus resultados, ha de permanecer como base de innovación hacia lo que puede suponer, en un ejercicio de imaginativa creación, aquel otro ejercicio: la política.


información

3

DEL 26 DE JUNIO AL 2 DE JULIO DE 2015

OPINIÓN |

REFLEXIÓN DEL CONSEJO DE HERMANDADES

 GALERÍA DE ARTE

Dios todo lo creó para que subsistiera

La mordaza

E

n este domingo la liturgia nos habla del Dios de la vida, que todo lo hizo para comunicar a los demás seres lo que él mismo es. Todo le pareció bueno (Gén 1) y no quiso la muerte para nadie. El ser humano salió de sus manos como un reflejo de su propio ser inmortal. Si la muerte existe, es porque la envidia del demonio la provocó (Sab 2, 23) al inducir al hombre a pecar. Sin embargo, las cosas no quedaron así. Cuando llegó el momento previsto por él, Dios envió a su Hijo para restablecer el proyecto original que tuvo sobre el mundo. Jesús manifestó su compenetración con el Dios de la vida realizando muchos signos de dominio sobre el mal y la muerte (Mc 5), y culminando con su propia resurrección la misión que el Padre le había encomendado. Ese Dios, que se hizo humano y frágil para elevar al hombre a la participación de su propia vida divina, se despojó también de su riqueza inagotable, asumiendo la pobreza humana para enriquecer al hombre desde su propia condición de criatura indigente. Con ello nos enseñó también a compartir la pobreza de aquellos hermanos que la padecen en el mundo, ayudándoles a superarla (2 Cor 8). La vida es un maravilloso don de Dios, que nunca agradeceremos bastante, aunque no siempre podamos disfrutarlo de manera placentera. Sabemos que, en muchas ocasiones, esa vida se nos hace penosa, se convierte en una carga pesada, difícil de soportar. Incluso hay quien, en tales circunstancias, no desea ya vivir. En realidad, somos el fruto de un amor de predilección. Dios nos creó por amor, y a las demás criaturas por amor nuestro. Todas ellas están asociadas a nuestro destino de inmortalidad (cf. Rom 8, 19-21). La mirada de Dios sobre todos nosotros ha sido y sigue siendo de complacencia. Las penalidades innegables de este mundo no podrán oscurecer nunca del todo este designio de amor y de vida sobre cuanto existe. Y, no obstante, el sufrimiento y la muerte son una realidad insoslayable. Unos la "viven" con resignación, otros con rebeldía. Un cristiano la acepta como algo inherente a su frágil condición humana, herida además por el pecado. Esta situación penosa trastorna también nuestra relación con las demás cosas. Pero, por encima de todo, para el creyente la muerte nos abre definitivamente a la vida dichosa que Dios quiso para nosotros. En el fondo, la cuestión decisiva no es nuestra muerte física, vivir más o menos tiempo en la tierra. Si nuestro corazón está puesto en los bienes definitivos, "en las cosas de allá arriba", como dice san Pablo, nuestra aspiración más profunda es vivir para siempre, y no de cualquier manera, sino siendo plenamente felices. El pecado nos sometía a la muerte, a la "muerte espiritual" (es decir, al alejamiento de Dios), de la cual la muerte física es su eco más tangible. Pero Cristo nos ha liberado del pecado y, en consecuencia, de la muerte, de esa muerte que consiste en vivir sin él aquí y allá, en nuestra etapa histórica y en nuestra consumación escatológica (= a la hora de nuestro fin mundanal). De esa liberación que vino a procurarnos nos dio diversas señales a lo largo de su vida: el evangelio de hoy nos habla de dos. "Tu fe te ha curado", "basta que tengas fe"; la fe es el requisito fundamental a través del cual Jesús libera del pecado y sus consecuencias: el mal, el sufrimiento, la muerte. La curación de la mujer que padecía flujos de sangre o la resurrección de la hija de Jairo son sólo indicios -pero son ya un anticipo- de la salud definitiva, de la vida eterna, que Jesús nos promete y que él mismo inauguró con su resurrección. "Esto no es vida", dicen aquellos que, aun pudiendo todavía respirar, moverse y relacionarse, llevan una existencia tan precaria que les impide disfrutar mínimamente de ese maravilloso don de Dios. La vida biológica no proporciona en sí misma suficiente aliciente para sentirse verdaderamente vivo. Es necesario, por ejemplo, poder disponer de unos recursos que permitan una vida digna. Es lo que Pablo deja entrever en su discreta recomendación a los cristianos de Corinto: los hermanos de la comunidad de Jerusalén están pasando necesidad, debéis ayudarles. Y les da tres razones. La principal: Jesucristo se despojó de su riqueza eterna para enriqueceros a vosotros, con unos bienes que no podíais siquiera sospechar. Además, la situación en que ellos se encuentran puede ser la vuestra algún día. Y por último: la Escritura habla de igualdad, por encima de la escasez o la acumulación. En consecuencia, para que la vida definitiva sea deseada por todos, es necesario que estemos dispuestos a hacer deseable a todos la vida presente. No podemos desear vivir para siempre si la vida que ahora tenemos no nos merece en absoluto la pena. ¿Por qué habríamos de apetecer una vida más allá de la muerte, si la única que conocemos no nos permite vislumbrar en modo alguno su atractivo?

CARLOS JORKARELI

E

legimos un título cuyo significado no pasa desapercibido, siendo un toque de atención y alerta en sí mismo. Como alarma encendida, semáforo en rojo o señal vial de desprendimiento, la palabra mordaza nos obliga, de forma inmediata, a conducir con un ojo en la carretera y otro en el terraplén, atentos a la posible emergencia de ver rodar piedras que podrían sepultarnos. Son muchas las mordazas que podríamos citar, reales unas, figuradas otras; todas ellas efectivas, privativas, algunas denostadas, las más vigentes y sobre todo sujetas a un único fin: tapar, callar, ocultar, cercenar, privar,… Relacionar mordaza con la privación de libertades, viene a ser como relacionar agua con río, manantial, mar, lluvia. No podemos hablar de este elemento sin tener presente los diferentes aspectos en los que se presenta. De igual manera no podemos hablar de mordaza sin tener presente su fin. En definitiva, un sustantivo que determina de forma inmediata a qué nos estamos refiriendo. La recientemente aprobada Ley de Seguridad Ciudadana conocida como ´ley mordaza´ y reforma del Código Penal que entrará próximamente en vigor, ha sido y sigue siendo ampliamente comentada, criticada y hasta recurrida, cuando no llamada a capítulo por organizaciones internacionales (ONU) preocupadas por la merma de derechos y libertades fundamentales de los individuos. Un capítulo más de aquella ´España negra´ presuntamente en el olvido que revive gracias a los miedos de unos pocos, la acomodaticia displicencia de otros y un afán de poder y control de los más, que aún siguen pensando en una sociedad como cortijo al servicio del poder. No cabe duda de que algo se mueve. Se viene moviendo desde hace años y no solo es la crisis, sino la conciencia social que ésta genera junto a la necesidad de revitalizar de forma efectiva conceptos y realidades dentro del conjunto de normas, leyes y principios que gobiernan una sociedad. Afortunadamente la sociedad está viva. Por miles se han contado las manifestaciones de los ciudadanos en estos últimos cuatro años. Quizá una cantidad nunca vista en nuestra historia más reciente, cuya

jorkareli@gmail.com

disidencia anunciaba el desacuerdo frontal con las imposiciones que día a día, mes a mes, han venido recortando libertades y derechos históricamente adquiridos por el conjunto de los ciudadanos. Quizá no sólo se trata de pragmatismos, sino de ideas, sensaciones y conceptos que revitalizan los aspectos más recalcitrantes de una forma de gobernar preñada – nunca mejor empleado el adjetivo – de trabas, recortes, impedimentos y, en una palabra, mordazas tendentes a reducir derechos y libertades, haciendo que esa forma de gobierno no fuera para el ciudadano, sino más bien que éste se sometiera a esa forma de gobierno cuyos intereses aletean en esferas ignotas de oscuros orígenes. Aquella preñez dará a luz en este mes de julio esa nueva Ley que ha contado con la oposición de toda la oposición en las Cortes Generales. Un texto suficientemente publicado y comentado para no ser repetido en este artículo y al cual, gracias a las nuevas tecnologías, se tiene acceso fácilmente en amplia documentación, detracción y crítica en diferentes medios escritos. Una Ley que, como colofón, parece querer poner sello a esa forma de gobierno destinada, no ya al silencio, sino al mutismo de los corderos. Cuando el panorama electoral derivado del 24M anticipa un cambio de rumbo en las generales y cuando todas las fuerzas políticas se empeñan en poner oropeles en el altar del diálogo como medio de reencuentro y gobernabilidad posible, el lastre de lo iniciado por el partido en el gobierno, irónicamente, viene a ser efectivo a través de una Ley contraria a todo lo que la sociedad ha expresado. Existen sabios, sí. Pertenecen a esos círculos de sabios que auditan y redactan a medida. Una medida por encargo, avalada por el dinero y destinada a un fin específico: el corte perfecto del traje para quien lo viste. Esos sabios, cual Einstein, conocedores de fórmulas matemáticas, giros, expresiones y significados ambivalentes de las palabras, ponen sobre la mesa sus conocimientos con la conciencia clara de a quien sirven y con la certeza de que el átomo puede ser utilizado de forma edificante o destructiva. La nueva Ley de Seguridad Ciudadana no parece ser demasiado edificante. La mordaza nunca es edificante, y será obligación de esta regeneración anticipada que puede tener su colofón en estos cuatro nuevos años de legislatura nacional, hacer una revisión completa de la Ley con sabios más sabios aún.


JUNIO 2015 Galería de arte ©Carlos Jorkareli 2015

Galería de arte. Volumen - 5  
Galería de arte. Volumen - 5  

Autor: Carlos JORKARELI - Junio 2015

Advertisement