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MISIÓN Y CARISMA EN SAN JUAN EUDES INTRODUCCIÓN Hemos repetido varias veces a lo largo de la primera reflexión que la Iglesia y cada uno de nosotros continuamos la misión de Jesús que El ha recibido del Padre. En la lógica de estos días, me parece absolutamente necesario que veamos la que ha significado "la misión" para Juan Eudes, discípulo de Bérulle. Lo haremos mirando en un primer momento el vocabulario de la misión hoy día y en el siglo XVII. Miraremos también a la teología de la Misión según Vaticano II y en el tiempo de Juan Eudes. Para terminar, nos detendremos un poco más para ver cómo Juan Eudes realizó la Misión en lo concreto de la vida. 1. VOCABULARIO 1.1 A lo largo de los quince primeros siglos de la Historia de la Iglesia, la actividad de los cristianos encargados de la difusión de la fe más allá de los fronteras de la "antigua cristiandad" se desarrolla prácticamente sin organización específica y no hay un término técnico particular para referirse a ella. Se usa la palabra "misión" en su sentido básico, i.e. para hablar del envío del Hijo por el Padre, del don del Espíritu por el Padre y el Hijo, de la misión de la Iglesia. Hay que esperar el siglo XVI para ver que el término "misión" significa una actividad de "evangelización" reservada además a unos especialistas. Designa: a. sea la tarea de misioneros que dejan su tierra para ir a "plantar la Iglesia" en tierras lejanas. Es en este tiempo que se crea el dicasterio romano llamado de "la Propaganda de la fe". Los Paúles y más tarde los Padres Blancos y les Hermanas Blancas (siglo XIX) saldrán para África. b. sea las actividades regionales o parroquiales destinadas a despertar la fe de los cristianos. Se trata de una "re-evangelización" del "interior". Este movimiento nace en el siglo XVII, gracias a las misiones del Oratorio de Bérulle, a la Congregación de la Misión creada por san Vicente de Paul (Paúles) que se dedicarán a la evangelización del campo y, por lo que atañe a nosotros, las misiones de Juan Eudes, particularmente en Normandía. Al principio del siglo XX, el impulso misionero sigue con mucha fuerza en las dos dimensiones arriba mencionadas.


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Con el Vaticano II, se tratará, si se puede decir así, de una especie de síntesis entre las dos corrientes. Se puede resumir esto diciendo que el Concilio Vaticano II nos invita a pasar "de las misiones a la misión". Nos presenta un concepto más teologal y más eclesial de la misión. Relaciona directamente la actividad misionera de la Iglesia con la misión de Dios. "La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre."(Ad Gentes 2). De todo esto, se desprende que la misión no es únicamente y sobre todo un hacer sino un don que hay que recibir. Antes de ser "nuestra" obra, la misión es obra de Dios. Antes de ser una proclamación, es ante todo conversión. Antes de ser un proyecto, es testimonio. Antes de ser una tarea que hay que realizar, es un amor que hay que acoger. 1 La responsabilidad del anuncio del Evangelio ya no es asunto de especialistas sino una tarea colectiva donde todos los cristianos y cristianas están implicados. ¡Es toda la Iglesia la que es enviada! "No hay, pues, miembro alguno que no tenga su cometido en la misión de todo el Cuerpo, sino que cada uno debe glorificar a Jesús en su corazón y dar testimonio de Él con espíritu de profecía (Presbyterorum Ordininis Nº2). La misión es constitutiva de la vocación de cualquier bautizado. 1.2. Para entender mejor esto, es útil que analicemos el uso de los tres términos siguientes: APOSTOLADO- EVANGELIZACIÓN- MISIÓN. 1.2.1 Apostolado: “La Iglesia ha nacido con el fin de que, por la propagación del Reino de Cristo en toda la tierra, para gloria de Dios Padre, todos los hombres sean partícipes de la redención salvadora, y por su medio se ordene realmente todo el mundo hacia Cristo. (Apostolicam Actuositatem Nº 2 tomado del cap.I: vocación de los seglares al apostolado). Hoy en día, este término tiende a desaparecer- no como adjetivo sino como sustantivo, dejando el puesto a los otros dos términos. 1.2.2 Evangelización: Tiene por finalidad directa el anuncio de Cristo. Se sitúa al interior del apostolado, como su fuerza principal pero no se identifica con él. Es así que la preparación para el Evangelio y la impregnación de la vida terrenal por el Evangelio, no son, propiamente dicho, una evangelización aunque sean ciertamente un apostolado. Sin embargo, desde Evangelii Nuntiandi (Pablo VI 1975) el sentido del término evangelización se ha ampliado: Es el anuncio explicito de la Palabra, el testimonio de vida y finalmente todas las formas de servicio del Evangelio. Por consiguiente, equivale a la 1 TRIGAL J. Le courage de la mission. Cerf, Paris 1986, p.15


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palabra "apostolado", lo que es una manera nueva de explicar la razón por la cual éste lo ha suplantado. 1.2.3 Misión : Hay que afirmar que el vocabulario de “misión” es muy rico y el más empleado desde Vaticano II. El término “misión” (en singular) abarca, en un sentido más amplio que la palabra evangelización, todas las tareas misioneras de la Iglesia, desde la confesión de la fe, la vida sacramental hasta las transformaciones del mundo según el Evangelio. Es posible que encontremos todavía ciertas personas que siguen reduciendo esta noción al solo anuncio directo de la Buena Noticia. Pero esto está en contradicción con la enseñanza explicita de los Documentos del Vaticano II: "Sectores de la humanidad que se transforman: para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio en zonas geográficas cada vez más vastas o poblaciones cada vez más numerosas, sino “de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación." (EN 19) "Por tanto, la misión de la Iglesia no es sólo anunciar el mensaje de Cristo y su gracia a los hombres, sino también el impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el espíritu evangélico. " (Apost.Actuositatem Nº 5). He aquí algo muy claro, al menos al nivel de los términos.

1.3. Vocabulario para la Escuela Beruliana y para Juan Eudes. La Palabra "misión" conoce en el siglo XVII un significado muy rico, particularmente donde Bérulle y sus discípulos. El término está casi siempre relacionado a la Misión del Verbo Encarnado, un poco como lo hemos visto en nuestra reflexión sobre la Misión en el Nuevo Testamento. Es también este sentido que encontramos en Juan Eudes al menos que se refiera directamente a "las misiones", y también, éstas son una expresión de la misión de Cristo, su continuación como lo repite a menudo. Veamos unos textos: 1. En “El Predicador Apostólico” (OC IV, 24), Juan Eudes dice lo siguiente: "Siendo la predicación evangélica una continuación de la predicación del Hijo de Dios, y ocupando el predicador cristiano su lugar y representando en esta función a su misma persona, está en el deber de imitarle en lo que de él se dijo que: «hizo y enseñó desde su principio» (Hechos 1,1)) y que era «poderoso en obras y en palabras» Lucas 24,19).


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No desear ni buscar los púlpitos de fama y celebridad, antes predicar de mejor gana en los humildes que en los grandes y renombrados, en los campos que en las ciudades, a los pobres más bien que a los ricos, a fin de seguir las huellas de nuestro Maestro que dijo: El Espíritu del Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres (Lucas 4,18), y que alega esto mismo como prueba de su misión: Se anuncia el evangelio a los pobres (Mateo 11,5)." 2.En la exhortación a los Misioneros (OC XII, 186- 189 ): Recordemos, hermanos míos, de la misión del Hijo de Dios, nuestro amable Salvador, y la temporada que él ha escogido para comenzar esta gran experiencia misionera que nos ha resultado tan provechosa. ¿Qué sería de nosotros sin ella, y si la hubieran hecho fracasar las incomodidades que allí encontramos? ¿No debería avergonzarnos que pongamos tanta dificultad en imitarlo en tan poca cosa? (XII,189) 3. A un Superior de Misioneros. Acerca de la conducta que hay que tener en las Misiones. (Carta XCIV - OC X- 479 no fechada) " Lo que debe consolarles y animarles, es que Nuestro Señor está en medio de Ustedes (en sus misiones), de una manera muy particular, según su promesa: << Ecce ego vobiscum sum omnibus diebus>> (Mateo 28,20). No solamente está con Uds sino que está en Ustedes para continuar la misma obra de la redención de las almas que El ha empezado... Recuerden que predicar, es hacer hablar a Dios y por consiguiente, el que predica debe anonadarse para que Dios esté plenamente en él. Por esta razón, cuiden de anonadarse a los pies de Nuestro Señor... y que reine en Ustedes para que sea El mismo quien habla ya que solo él puede anunciar la Palabra de su Padre...." 3. A los encargados del Colegio de Lisieux. Consejo sobre su trabajo y su conducta (Caen,15 de Octubre 1657.)(OC X, 409- 413) Jesús, el Santísimo Corazón de María, sea su corazón, su espíritu y su fuerza en el trabajo que están emprendiendo, y en la obra que están comenzando por amor de Él en la Diócesis de Lisieux. Trabajo muy importante. Es la obra de Dios y de Jesucristo ya que es asunto de la salvación de las almas! Es la obra de la Madre de Dios, de los apóstoles y de los santos más renombrados. Es una misión de gran consecuencia a la cual les envía el Hijo de Dios, Soberano Misionero y les dice: Sicut misit me Pater, et ego mitto vos (Juan 20,21). Esta misión la realizarán para unos jóvenes en los cuales Ustedes han de sembrar los fundamentos del Reino de Dios y donde hay mucho menos obstáculos, de ordinario, a las gracias divinas, que en las personas de más edad. Es a unos jóvenes que lo son en Dios por el bautismo, que han costado el precio de la sangre del Hijo de Dios y que están creados para


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ver el rostro de Dios, poseerlo y bendecirlo eternamente; a unos jóvenes que son tan queridos por su Padre Celestial... Midan seriamente todas estas verdades, amadísimos hermanos; les llevarán a dar gracias a Dios por la gracia tan excelente que les ha hecho al emplearles en tan santa misión..." El Adjetivo : Apostólico Paralelamente al vocabulario de la misión, se le da en el siglo XVII una importancia poco común al adjetivo "apostólico ". Unas expresiones vuelven continuamente en los labios de los espirituales misioneros" hombre apostólico"-gracia apostólica". Juan Eudes escribe “El Predicador Apostólico”... Esta palabra no designa únicamente lo que tiene que ver con los apóstoles o un estilo de vida semejante al de los apóstoles y de los primeros cristianos, aun el celo para el servicio del Evangelio. La palabra, para nuestros "místicos misioneros", contiene todas estas ideas pero las concentra alrededor del Espíritu mismo de Jesucristo. Unos textos: Condren : "Reconozco, me parece, y honro de cierta manera en él, algo de la gracia apostólica a la cual suplico a Nuestro Señor de darnos alguna parte." M. Olier : "Les conjuro a pedir fuertemente y a menudo para mí el espíritu apostólico...Tantas cosas buenas podremos hacer con este Espíritu! Hace falta emplear todas nuestras fuerzas para lograr este don. Si se encontrarán tres hombres apostólicos en un seminario, llenos de todas las virtudes evangélicas... bastarían para la santificación de toda una Diócesis." San Juan Bautista de La Salle. Sus meditaciones para el tiempo del Retiro insisten sobre el hecho " que sus hermanos han sucedido a los Apóstoles en su obra de instruir y de dar la catequesis a los pobres..." Francisco de Sales y otros: Estos, hablando a unas religiosas, habían hablado de " apôtresses" (apóstolas) por el hecho que, sea por la oración, sea por la educación, estas religiosas continuaban y actualizaban el ministerio de los Apóstoles. S.Juan Eudes: 1.Finalmente, ya que el carácter de la Congregación es totalmente apostólico, ya que sus ejercicios y funciones son semejantes a los de los Apóstoles, sus hijos se esforzarán en marchar por el camino que ellos trazan y por consiguiente, se alejarán de todo lo que es contrario a la humildad, sencillez, pobreza y desprendimiento, grabando en su espíritu las divinas palabras del Maestro de los Apóstoles: “Cualquiera de ustedes


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que no deje todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo" Luc.14,33). (IX, 273). 2. En la oración de la mañana, en el Manual ( OC III,273) que está toda orientada sobre las disposiciones que hay que tomar para llevar bien el día, uno se da en primer lugar al Espíritu de Jesús y se pide para sí mismo y para todo el clero, el verdadero espíritu apostólico para realizar bien las funciones sacerdotales, Se ora así: Excita, quaesumus, Domine Jesu, in Ecclesia tua Spiritum quo beati Apostoli et sancti Sacerdotes servierunt; ut nos eodem repleti, studeamus amare quod amaverunt, et opere exercere quod docuerunt». 3. Con ocasión de la fiesta de la Presentación, Juan Eudes nos invita a orar así (OC III,445): Oh todos los Santos Apóstoles, Oh todos les santos Sacerdotes y Levitas, me ofrezco a Ustedes, ofrézcanme a Jesús el Soberano Sacerdote; denle gracias por mí por sus beneficios infinitos; pídanle perdón por mis fallas, y suplan mis defectos; oren, para que como ha querido comunicarme su divino sacerdocio, me haga también participe del espíritu y de las disposiciones con las cuales ejerció las funciones; y que, como me ha asociado con Ustedes en su santo Orden, me haga parte del amor, la caridad, el celo, la humildad, la paciencia, la mansedumbre, la sumisión y la obediencia, la recta intención y las demás virtudes de las cuales están revestidos. 4.Uno de los textos que me parece genial y que cito a menudo, es el siguiente texto que Juan Eudes nos invitaba a meditar el 8 de Octubre (OC III, 427-431). Les comparto nada más que unas partes... "Hemos de recordar que el tiempo desde la Octava del Santísimo Sacramento hasta el tiempo del Adviento está consagrado entre nosotros a honrar la Vida conversadora (conversante) de nuestro Salvador... Hablaremos primero de las razones que deben llevarnos a honrar este misterio, o más bien este estado de vida del Hijo de Dios, que abarca todo el tiempo que aconteció desde su salida del desierto hasta su muerte... Razones que nos obligan a honrar particularmente la vida conversadora (conversante) del Hijo de Dios con los seres humanos que cada quien puede leer en su particular. Una infinitud de razones obligan a todos los cristianos a tener una devoción particular al estado de la Vida conversadora (conversante) de nuestro Salvador con los hombres, durante los tres primeros años y los tres últimos meses que precedieron su resurrección: entre los cuales encuentro unas veinte que me parecen principales, tomadas de las veinte grandes cosas que están contenidas en estos últimos tres años y tres meses de la vida sufriente y mortal de nuestro Redentor.


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1. La misión que él recibió de su Padre, para venir a ejercer en la tierra las funciones del Soberano Pastor, de divino Doctor y de Redentor universal de todos los seres humanos. 4. La vocación de sus apóstoles al estado muy sublime de la vida apóstolica. 5. Los grandes milagros que El realizó en los cuerpos y almas. 6. Las predicaciones maravillosas que El ha hecho. 8. Sus trabajos incansables en los ejercicios de su misión, caminando siempre a pié, de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, por los campos y desiertos, en el frio y el calor, aguantando sed y hambre, dedicando todos los días a la instrucción de los pueblos y pasando las noches en oración... Oh como todos los corazones de los cristianos han de ser inflamados de un deseo ardentísimo de ver a la Iglesia poblada de un gran número de obreros apostólicos, que trabajen en la salvación de tantas almas... y que todos deben tener un celo particular para cumplir el mandamiento que Nuestro Señor ha dejado a todos, con estas palabras: La mies es mucha y los obreros pocos; oren al Dueño de la mies para que envíe obreros a su mies. Han de tener también una devoción singular a este estado de la vida conversadora (conversante) del Salvador...en la cual Él consagró los primeros apóstoles, después de haberles formado e introducido en la vida apostólica, con su ejemplo y sus palabras, para hacerlos dignos de cooperar con El en esta gran obra de la redención del mundo. Pero sobre todo, los Eclesiásticos y los que, siendo llamados por Dios a trabajar en la salvación de las almas.. han de contemplar y honrar la vida conversadora (conversante) de Jesús como la fuente de la gracia y del espíritu apostólico..." El uso de todo este vocabulario refleja una visión muy teológica de la misión: es la misma misión de Jesús continuada por los apóstoles y no puede llenarse sino del espíritu apostólico. 2. Teología de la Misión 2.1 Resumamos rápidamente la teología de la misión que se puede destacar de lo que hemos visto hasta el momento: 2.1.1 Recordamos que la palabra “misión” no es bíblica. En el Nuevo Testamento, el término empleado es "enviar" (αποστελλω) y “enviado” (απεσταλμενος). 2.1.2 Jesús es el enviado del Padre para realizar su Obra: andar por todos los lugares, predicando y enseñando para que, por medio de la Palabra y las señales, el Reino se haga presente. Para realizar esta Obra, El debe ser ungido por el Espíritu, poder de Dios. 2.1.3 Jesús quiere que su misión sea continuada en la historia por un grupo de amigos,(Juan 15,14) que constituye la comunidad de la Nueva


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Alianza.(Lucas 22, 14-20). Confía a este grupo su propia misión (Juan 17.18; Marcos 3,13ss; Mateo 10,1ss) Les llama <apóstoles>. 2.1.4 Para continuar la misión de Jesús, el Padre y el Hijo envían sobre la comunidad Iglesia, el Espíritu Santo (Juan 14,26; 15,26; 19,30). El Espíritu unge a la Iglesia (I Juan 2.27) y la capacita para realizar en el mundo, la misma obra que Jesús. (Juan 14,12) 2.1.5 Cada Iglesia local (diócesis, parroquia, congregación, comunidad provincial, comunidad local) ha de ser, en su ambiente, la presencia viva de la Iglesia (I Cor. 1,2) y sentirse responsable de la misma misión de Jesús. 2.6 La misión de Juan Eudes (misión eudista) ha de ser la misma misión de la Iglesia. 2.2 Teología de los carismas y de los ministerios. 2.2.1 La unción del Espíritu en la Iglesia se manifiesta por medio de los carismas (χαρισμα). Estos carismas se dan a cada comunidad y a cada uno en la comunidad para edificación del Cuerpo de Cristo y para realizar la misión de Jesús en el mundo (I Corintios 12, 7; Hechos 1,8; Efesios 4, 113). 2.2.2 La organización de los carismas en la Iglesia constituye los ministerios (διακονια) 2.2..3 Los ministerios en la Iglesia se concretizan en unas acciones, unas obras de servicio (ενεργημα). 2.2.4 Para Pablo, este proceso- carisma-ministerio-obra en una comunidad eclesial tiene un fundamento trinitario (I Corintios 12, 1-6). La Iglesia es sacramento de la comunidad de Dios en el mundo. 2.3 De la “Misión eudista” hacia el “carisma eudista”. 2.3.1 El principio bíblico que nos debe orientar es I Pedro 4,10 2.3.2 Creo que el carisma que ha recibido Juan Eudes del Espíritu Fue: + ser “misionero” (itinerante) del Reino de Jesús + ser un luchador inagotable de la renovación del Espíritu de Cristo en los Pastores. 2.3.3 Para realizar este carisma, Juan Eudes instituye la CJM y le confiere el ministerio: servir a Cristo y a su Iglesia corde magno et animo volenti (IIMac 1,3; O.C. IX, 144) 2.3.4 El Vaticano II, los documentos posteriores, las Asambleas generales nos urgen a continuar la misión de la Iglesia, siendo a la vez fieles al carisma de nuestro fundador. 2.4. Una teología y una espiritualidad de la misión: El aporte de la Escuela beruliana. "Todos estos hombres y todas estas mujeres del siglo XVII, tan comprometidos en el esfuerzo apostólico y misionero de su época, eran


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habitados por unas convicciones muy fuertes. Eran marcados en lo más profundo de sí mismos por la grandeza y la santidad de Dios, y al mismo tiempo, por la "lejanía enorme de Dios" que vivía su época. Tenían el Evangelio constantemente abierto delante de ellos y contemplaban a Jesús, y al mismo tiempo tenían una conciencia aguda de las miserias de su tiempo. La mayoría de ellos tenían un buen conocimiento de la Biblia y de los Padres de la Iglesia." En pos de Bérulle, Condren, Olier, Juan Eudes y otros nos han dejado unos testimonios impresionantes sobre EL SENTIDO TEOLOGICO Y ESPIRITUAL QUE ELLOS DESCUBRIAN EN LA MISIÓN. Claro está que este aspecto podría ser tema de un estudio muy amplio pero para nosotros, pensemos en dos aspectos principales: 1. Jesús primer enviado del Padre está al origen de cualquier misión, de cualquier anuncio del Evangelio. Es un tema recurrente en las obras de Bérulle, especialmente en "El discurso sobre la Misión de los Pastores" y Juan Eudes no deja de contemplar a Jesús como el enviado del Padre que envía a sus apóstoles. 2. El celo de los apóstoles de hoy, su espíritu apostólico no es sino el mismo Espíritu de Jesús al cual estamos unidos. Los misioneros, los hombres apostólicos imitan y continúan a Jesús. Son a la vez portadores de Jesucristo y llevados por su Espíritu. He aquí unos textos: (OC II p.380- Catéchisme de la Mission) «Mes très chers Frères, le dessein et la fin de la Mission et des Missionnaires est de ressusciter les morts, c'est-à-dire de rétablir la grâce, l'esprit et la vie du christianisme, qui est éteinte aujourd'hui dans la plus grande partie des chrétiens.» «Vous êtes tous Missionnaires, envoyés de Dieu pour la même fin pour laquelle le souverain Missionnaire, Notre-Seigneur Jésus-Christ, a été envoyé en la terre par son Père éternel; c'est-à-dire pour illuminer le monde de la lumière de vie, et pour allumer le feu du divin Amour, et de la haine du péché...» (OC IV , p.154- Le Buen Confesor ) "Pero además de esto, tenéis una sociedad y una alianza completamente especial con el soberano sacerdote Jesucristo que es el Fundador, el Jefe y el Superior de vuestro santo Orden. Este adorable Salvador no sólo os ha asociado a Él en las mayores cosas que en este mundo El realizó, y que aún ahora realiza en el cielo y en la tierra; sino que os hace participantes de las más altas perfecciones y de las más nobles cualidades que su Padre le dio cuando le envió a este mundo, entre las cuales hago notar nueve principales y muy considerables: La primera es su cualidad de Misionero: porque es el primero y soberano misionero enviado por su


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Padre a todos los hombres para trabajar en su salvación. Esta. es la primera cualidad que su Padre le dio, que la trajo consigo del seno paterno cuando de él salió para venir al de la Virgen." (OC III, p.11-Mémorial ) "¿A cuál, en fin, de todos los espíritus celestiales ha dicho nunca lo que dijo a los sacerdotes: «Como mi Padre me envió así os envío yo a vosotros. (3), es decir, os envío para lo mismo que mi Padre me envió; para anunciar el mismo evangelio que yo anuncié, para dispensar los mismos misterios y las mimas gracias que yo dispensé; para hacer y administrar los mismos sacramentos que yo instituí; para ofrecer a Dios el mismo sacrificio que yo le ofrecí; para disipar las tinieblas del infierno que cubren la faz de la tierra; para derramar en ella la luz del cielo, destruir la tiranía de Satanás y establecer el reino de Dios; para ejercer, en fin, en la tierra las mismas funciones sacerdotales que yo ejercité y para continuar y completar la obra de la redención del mundo, y continuar también la misma vida que yo llevé y las mismas virtudes que practiqué." (OC. III p 187-Mémorial) Consideremos que un sacerdote es un Cristo viviente en la tierra: Guardáos de tocar a mis Crístos (2). Porque ocupa el lugar de Jesucristo, representa su persona, obra en su nombre, está revestido de su autoridad: Como mi Padre me envió, así os envío también a vosotros (3), dice Nuestro Señor hablando a todos los sacerdotes, es decir, os envío para disipar las tinieblas del infierno, que cubren la faz de la tierra, para iluminar al mundo con la luz del cielo. Os envío para trabajar en la destrucción de la tiranía del pecado y en el establecimiento, del reino de Dios. Os envío pera continuar la vida que yo llevé en la tierra y practicar las obras que yo practiqué. Os envío para que continuéis el oficio que yo ejercí de mediador entre Dios y los hombres, de juez y de Salvador. A todos los misioneros (OC IV,146) Sois vosotros, mis queridísimos hermanos, los que el Hijo de Dios en su inmensa misericordia llamó para que fuerais, según la palabra de su Apóstol, Boni milites Christi Jesu (II Tim 2,3), «buenos y generosos soldados de Jesucristo», a fin de combatir con El contra su enemigo y todo su fuerte ejército que tiránicamente se ha apoderado de tantas almas que tan caro a El mismo le han costado. Vosotros sois los especialmente elegidos para ocuparos en un oficio verdaderamente apostólico, y para ser Boni dispensatores multiformis gratiae De¡ (I Pedro 4,10), «los buenos y fieles dispensadores de su gracia», de su Espíritu y de su sangre. A vosotros se os dijo: Sicut misit me Pater, et ego mitto vos (Jean 20,21), «Yo os envío», y para el mismo fin, es decir, para destruir el reino de Satanás y establecer el de Dios en los corazones. A vosotros es a quienes dirige estas sus palabras: Non vos me elegistis, sed ego elegi vos, ut eatis, et fructum afferatis, et fructus vester maneat (Jean 15,16). «No me habéis


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elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido> antes de que me conociéseis, y aun antes de que existieseis, «a fin de que vayáis por todo el mundo y hagáis fruto, y vuestro fruto sea estable y duradero». Sois, en fin, vosotros los escogidos entre millares para asociaros a Él, a sus Apóstoles y a sus mayores Santos, en la más grande de sus obras, cual es la obra de la Redención del mundo. Este texto podría ser objeto de muchos comentarios... Basta subrayar la relación que se establece entre nuestras misiones y la de Jesús. Se encuentran textos similares en casi todos los espirituales de la Escuela Beruliana. Evidencian que su compromiso apostólico se enraizaba en su fe y experiencia espiritual. De manera más precisa, la "comunión" a los estados, a las disposiciones interiores de Jesús les llevaba a alcanzar el Corazón de Cristo en la caridad y a "entregarse a su Espíritu" apostólico. 3. Juan Eudes , “Sacerdote Misionnero”... La misión que hay que realizar: En dos frentes más particularmente, Juan Eudes va a realizar la misión en Iglesia, a ellos se va entregar con celo y en se va a comprometer a fondo por más de 50 años, sin parar ni siquiera por un instante. Estos son los dos aspectos que configuran el doble carisma que él vivió. Quiero decir de su vocación fundamental de misionero y de su vocación específica de servidor de los presbíteros. Su preocupación por la mujer, su sensibilidad para con los pobres y marginados en general son tantos aspectos de su vocación específica que las Hermanas de N.S. de la Caridad, del Buen Pastor y de las Hermanitas de los Pobres y otras sociedades similares se alegran de haber recibido de su inspiración. "Jean Eudes, prêtre missionnaire" ¿Qué significa exactamente esta manera de firmar? ¿Qué valor otorgarle hoy día? Para contestar estas preguntas, hace falta hacer un poco de historia y tratar de irnos, aunque sea muy rápidamente, al descubrimiento de las misiones interiores en la Francia del signo XVII. ¿Qué pasó en Francia, en el siglo XVII para que "las misiones" hayan involucrado tantas personas y con tanto vigor? ¿Cúal es el porqué de estas misiones? ¿Cómo se realizaban? ¿Qué opinión hacerse de ellas y cuáles las lecciones que podríamos sacar para nosotros hoy día? ¿ El por qué de las Misiones? Cuando envían a Juan Eudes en misiones en 1632, (OC XII,108) tiene 31 años y es todavía miembro del Oratorio de Francia. No inventa el estilo “misión” pero se inscribe en una herencia ya muy larga. Si es verdad que empieza la época de las misiones lejanas (Canadá...) en el siglo XVI y XVII, es también verdadero que el final del siglo XVI y el


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siglo XVII están muy marcados por el desarrollo de las misiones “interiores”. J.C.Petitfils dice que” ya desde 1611, el Cardenal de Berulle fundaba la Congregación del Oratorio... que un poco más tarde, uno de sus discípulos, Juan Eudes predicaba misiones en Normandía, en Bretaña y en Borgoña y aún en la corte”2 ¿La razón de este desarrollo? Se vive en una época donde la no-religión, aun el ateismo siguen siendo el hecho de una minoría. Pero se está aún después del Concilio de Trento y después de la Escisión de la Reforma. Por consiguiente, se trata ante todo de ir a la misión “para convertir los protestantes”, Es el tiempo de unas misiones “reales” que subvencionadas y a menudo confiadas a los Jesuitas y Capuchinos. Juan Eudes recuerda este objetivo: Alude en dos ocasiones al menos, a la conversión de los Hugonotes en el Memorial de los beneficios de Dios ( OC XII, 109.132) 3. Al principio del siglo XVII, este objetivo vinculado a la ContraReforma católica, se dobla de otro: no solamente hay que convertir los protestantes, hace falta ante todo instruir, enseñar a los católicos. Para que los protestantes vuelvan a la fe verdadera, hace falta hacer que los católicos sean auténticos cristianos. Instruirles, i.e. presentarles las bellezas y las exigencias de su vocación. Juan Eudes formado por Berulle y que es ante todo “presbítero misionero del Oratorio”, hereda este objetivo. P.Milcent afirma: Era consciente de una misión: hacer redescubrir a sus contemporáneos la gran dignidad del sacramento del bautismo, “cuyo conocimiento e importancia es casi completamente apagada, hoy día” (OC III,76)4. Al fundar en 1643 la Congregación de Jesús y María, Juan Eudes persigue una doble finalidad: - formar buenos obreros del Evangelio por medio del ejercicio de los seminarios, - trabajar en la renovación del espíritu del cristianismo en los fieles por medio del ejercicio de las misiones.” (1652). En la mente de Juan Eudes, estos dos ejercicios se complementan uno a otro. Nada duradero sin un clero bien formado, santo y competente; nada profundo sin una predicación explícita del Evangelio a todos los bautizados que ignoran la grandeza y las exigencias de su estado, de su vocación de bautizados. Estos dos ejercicios son tan complementarios que son los mismos presbíteros eudistas que en invierno, se dedican a los ejercicios de los seminarios, los que se preparan a la ordenación y que, en primavera y a lo largo del verano van por las ciudades y campos para dar unas misiones. 2 . Louis XIV Perrin, Paris 1995, p.26 3 cf PETITFILS J.C., o.cit. a un chapitre remarquable : “le drame huguenot”p.458-487 . 4 MILCENT P. Le baptême. Col. Foi Vivante. Cerf, Paris 1991, p.15 (reeditado en 2011).


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“Renovar el espíritu del cristianismo” en los fieles (cf OC II, 380; IX,369).Para Juan Eudes y sus contemporáneos, no se vive bien el Evangelio por la sencilla razón que es desconocido. Era ”una acción radical que él llevaba. Trabajaba en “evangelizar por primera vez unas regiones rurales que, por cierto, habían sido iniciadas en los ritos de la religión cristiana y las practicaban más o menos bien, pero estas no habían recibido de verdad el anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo”. Buscaba ante todo una conversión profunda de cada uno, de cada una de los participantes a la misión y para que eso fuera posible, el ministerio de la Palabra, los sacramentos y la oración tenían que ser los actos importantes de los misioneros. La importancia de las misiones para Juan Eudes. Para darse cuenta de lo que ha podido significar en la vida de Juan Eudes, este ministerio, se calcula que participó en 117 misiones de las cuales ha dirigido él mismo, 103, por un período de 44 años de su vida, o sea desde 1632 hasta 1676. Nos cuesta imaginar y entender todo el esfuerzo apostólico que estas misiones podían significar. Y lo que más me emociona es que cuando habla o menciona una de estas misiones, es siempre con un gran entusiasmo que lo hace, He aquí lo que dice: Cuando acababa de predicar una misión en Rennes ( Adviento 1669- Quasimodo 1670: 134 días) Juan Eudes decía: “ En esta misión,Dios me ha dado tanto vigor que he predicado casi todos los días durante doce semanas, a gran auditorio en la Catedral, con tanto brio como a la edad de treinta años. Por eso estoy decidido a emplear el resto de mi vida en este trabajo. Luego de las misiones de verano, nos hemos comprometido a hacer una en Clermonten-Auvergne, en la Fiesta de Todos los Santos. (OC XI, 100) “Nunca he gozado de consuelos más sensibles que los que experimento aquí.Veo una multidud prodigiosa de gente que viene a la predicación y que asedia nuestros confesionarios. Ah! Si los Abades y los presbíteros que pierden su tiempo y entierran sus talentos hubieran disfrutado una migaja de estas dulzuras y de estos consuelos, estoy seguro de que se apresurarían a trabajar en las misiones y vendrían a ayudarnos” (OC X,433) “Qué bien inmenso son las misiones! ¡Cuán necesarias son! ¡Qué mal tan grande es oponerse a ellas! Si los que nos han impedido hacer algunasesto a que realizáramos varias de ellas en esta diócesis (Coutances) supieran el mal tan grande que han hecho! <<Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen>>. “Oremos, mi queridísimo Hermano, al dueño de la mies que envíe a ella obreros y digámosle a menudo de todo corazón: «Señor de la mies», envía obreros a tu mies. ¿Qué hacen en París tantos doctores, y tantos bachilleres, mientras las almas perecen a millares por falta de personas


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que les tiendan la mano para retirarlas de la perdición y preservarlas del fuego eterno? Ciertamente, si yo me dejará llevar de mí mismo, me iría a París a gritar en la Sorbona y en los otros colegios: Fuego! Fuego! Fuego del infierno que consume todo el universo. Vengan, señores doctores, vengan, señores bachilleres, vengan, señores abades, vengan todos, señores eclesiásticos para ayudar a apagarlo". (OC X, 431-432 cast. p.38)) En este mismo año 1671 (tiene 70 años), Monseñor el Arzobispo de Paris nos envió realizar une misión en Versailles, durante el jubileo, el Rey habiendo deseado y pagado; allá donde el Santísimo Sacramento expuesto, Dios me dío la gracia de hacer dos exhortaciones poderosas frente a la Reina, con “el Sol” en la mano, y una tercera aún más poderosa frente al Rey. (OC XII, 128-129). Tales cifras y tal dinamismo atestiguan hasta que punto Juan Eudes Juan Eudes era un hombre en medio del pueblo, un pastor auténtico, compartiendo con otros más las alegrías y penas de un verdadero ministerio apostólico. La formación de los presbíteros será para él como lo hace M.Olier, y muchos más su gran preocupación. Captó la necesidad no solamente de brindarles una formación más cónsona pero al mismo tiempo actuando así podía asegurar el fruto permanente de las misiones. “ De hecho lo que se busca, es ante todo una regeneración de toda la sociedad: renovar en todos el espíritu del cristianismo, tal es la única manera de dar una respuesta eficaz a los problemas sociales, morales, espirituales del siglo. Y una vez que la Iglesia sea reformada y reunificada, la sociedad será así mejorada a su vez, por una consecuencia inevitable”. 5 Se podría seguir desarrollando este tema. Este breve recuerdo de la historia del siglo XVII nos permite sin duda alguna afirmar que gracias a los ejercicios de las misiones, una renovación incontestable de la sociedad francesa aconteció. La renovación cristiana no ha sido algo efímero en la medida en que el trabajo misionero ha podido darse en profundidad y con medios muy significativos para la época entre 1630-1680. ¿Qué quiso realizar Juan Eudes? - Testimoniar que la conversión al Evangelio es siempre posible y aun necesaria y sobre todo en una sociedad que vive en estado de crisis permanente. - Dar a todos los cristianos que se acercaban para escuchar su predicación y aprovechar de su intensa actividad misionera, el gusto incomparable de su propio bautismo. De toda manera, este hombre no ha dejado de convertirse día tras día al Evangelio que él anunciaba sin cesar: predicador y misionero que llegó a 5 CAILLOT J. Jean Eudes, prêtre missionnaire Vie Eudiste N° 10 (Juin 92) p.35


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ser más y más sensible a las actitudes de la misericordia y de la gratitud, el P.Eudes ha podido “formar a Jesús” en sí mismo, predicar a su escuela.” 6 CONCLUSIÓN: El siglo XVII en Francia ha sido un período de un gran espíritu misionero que ha tocado todos los “couches” de la Iglesia. Por su visión de la Iglesia, del ministerio y de la misión de los presbíteros y de la vida cristiana de los discípulos de Jesús, los “espirituales” de este tiempo- hombres y mujeres- supieron vincular mística y compromiso apostólico. Juan Eudes es uno de estos. Como lo hemos visto, fue siempre un gran misionero. Se entregó corde magno et animo volenti. Nos toca ahora a cada uno de nosotros, sus herederos y herederas, “correr” a la misión y estar “bien resuelto a dedicar “lo que (nos) me reste de vida, a esta tarea”.

6 id. p.38


Misión y Carisma de Juan Eudes