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El cielo extendía sus largas alas azules y

Abundio

un sol de una luz

Vientos del sur, inconmensurables vientos que a girones me arrebatan las indomables hojas de tu recuerdo. JS

Siempre que almuerzo soledades me da cierta picazón por pensar en ti; es como un hilo adiposo pegado en la parte más sensible de la epidermis. En realidad, esos hilos

penetran

y

perforan

toda

la

superficie de mi piel. Pareciera que entre más se enrolla el caracol de los años en mi vida, más testarudos se vuelven los recuerdos. Y yo que pensé que había dejado de pensarte, que ya no podía poseerte ni en sueños. Pero la hebra de la vida a veces te traiciona, te juega mal si jugaste mal, es como una jugada de póker, si no pudiste descifrarla al inicio, mucho menos para que la puedas descifrar al final. Y peor si has sido un mal jugador. Pero en ésta relación me consideró que siempre jugué bien, pero a veces tuve más de dos cartas en la mano que no sabía cuál poner en la mesa y por ahí empecé a perder el juego. Pero el verdadero juego lo perdí cuando me dijiste

en

aquel

parque

de

bancas

huérfanas, con palabras milimétricas, que entre nosotros todo se había terminado.

vaporosa se revolcaba con las únicas hilachas de viento que merodeaban el parque. Es extraño, yo siempre te pienso en los días que cae una mansa lluvia y toda la tarde se tiñe de un blanco intenso y compacto como la nieve. Y cuando todo escampa, queda el horizonte manchado de blanco como un largo bigote que se tiende sobre la montaña. Pero también te pienso en esos días disecados de sol, donde el calor trepa por la espalda y se instala en la cabeza como un inmenso hormiguero que nos sofoca. Es ese calor que incinera las mismas semillas del viento que recorren esos largos días se Semana Santa, tantos días que pasamos juntos,

tantas

eucaristías

de

amor

disfrutadas bajo esa luna con plenilunio. Podría decir que tu recuerdo es bipolar, a veces se intensifica por las noches y pierde fuerzas por la mañana. Pero a veces también pienso que tu recuerdo es autista, pues me llena de imágenes repetitivas e incontroladas. En todo caso, me vale un comino si tu recuerdo es bipolar o autista. Por las noches tu recuerdo

asciende

a

la

copa

más


glamurosa de deseo, yo lo veo desde la

ese viernes santo en una fiesta del

posición panóptica de mi cama, es como

corazón:

una mariposa tierna y solitaria que busca

desenfrenada hasta que la noche fue

donde posarse para calmar la ansiedad de

apagando una por una las estrellas y en

su deseo. ¿Pero, por qué abunda tanto tu

esa maleta gris el viento echo unas

recuerdo en la noche? A veces pienso

nubes parvularias. Todo fue exacto y sutil

que las barreas del silencio y del sonido

como la niebla y todo quedo exhausto,

son devoradas por el largo manto de la

hasta la misma luna fue convertida en un

noche y todo se queda en astral hasta el

amasijo de escombros que a penas a lo

mismo universo. Con tanta oscuridad, el

lejos se distinguía. Que tiempos aquellos

silencio y el sonido se quedan quietecitos

que

esperando solo el retazo del amanecer.

memoria azotada ya por el fuego de los

Me atrevo a pensar que el silencio y el

años, por la calvicie de un tiempo que se

sonido no pueden con la noche, se

va desmoronando de manera irreversible

acobardan y terminan postrados en más

y no hay nada que

de alguna de esas esquinas vacías y duras

frenarlo. Ahora se aproxima otra Semana

de soledad. Un viernes de Semana Santa

Santa y estoy tan lejos que solo puedo

sufriendo la congoja más cruel cuando la

pensarte.

se

nos

amamos

vuelven

con

indelebles

locura

es

esta

pueda hacer para

relación se rompe, te vi con mis ojos purgados de llanto y silencio, cruzabas casi en puntillas el parque central; y te fuiste confundiendo entre esa multitud también confundida de fe y no sé de qué otras cosas más. Una luna, también de una luz confundida se dejaba arrastrar por una noche conspicua y de una oscuridad insana. Como una mariposa de aleteo breve y profundo, pensé en aquel inmortal verso de Neruda “es tan corto el amor

y

es

están

largo

el

olvido”

Curiosamente un año antes convertimos

Providencia, Santiago, abril, 2014, cielo quemado por el fuego de Valparaíso.

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