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Psicoterapeuta y Tanatólogo: Jorge Gilberto Bonavidez palacios Febrero 2011. Una visión del padre nuestro más humanista y focalizada en el ser humano. Padre-madre creador (padre nuestro): Constituye el fundamento esencial de nuestra búsqueda interna, pues somos imagen y semejanza de Nuestro Dios, siendo su hijo e imagen encarnada. Este es entonces el Dios de nuestro ser, el que habita y anima nuestro cuerpo, ser anímico que está en busca de retornar a su esencia divina y espiritual. Por tanto debemos reconocer que al amarnos, respetarnos y perdonarnos a nosotros mismos en primera instancia, lo que estamos haciendo es venerar al Dios interno que anima nuestro ser. Que estas así en el cielo como en la tierra: esta oración nos indica que la divinidad se hace presente en todo nuestro entorno y en particular en nuestro Cristo interior, que es donde florece y se anida nuestra verdad esencial y que nos conduce a buscar nuestra iluminación personal (sentido de vida personal) y con ello el transformarnos en seres de amor capaces de expresar la equidad, la igualdad, la aceptación positiva incondicional de sí mismo y de los otros y a través de esto efectuar acciones de trascendencia útiles a nosotros mismos y a nuestros contemporáneos. Santificado sea en tu nombre, santificado sea en mi nombre y en el nombre de mis hermanos: esto nos permite comprender que es a través de nuestro nombre como nos identificamos con nosotros mismos y por medio del cual reconocemos al Dios interno que anima nuestro ser y que pasara de ser el digno hijo del hombre para constituirse en el digno hijo de Dios y con ello llegar a ser uno con la creación. Así al decir santificado sea, estoy santificando mi propio templo (mi cuerpo), donde se aloja mi Dios interno y desde donde venero y respeto a la energía universal y al creador. Y desde el cual por intermediación de mi yo emocional contribuyo a generar y modificar la realidad dentro de la cual vivo. Venga a nosotros tu reino: lo cual quiere decir que nosotros somos los soberanos de nuestro reino y por tanto somos los creadores de los eventos que se suceden en nuestra vida, ello conlleva la necesidad de que trates de que tus pensamientos sean constructivos, positivos y creativos pues ello sinérgica tu entorno y auxiliara a que los acontecimientos te sean más llevaderos y más positivos para ti. En esta oración cobra relevancia las recomendaciones realizadas por Buda y Jesús. Buda decía “ten mucho cuidado con tus palabras, tus decretos y tus pensamientos, ya que puede que se te cumplan. Por tanto recuerda que en la medida que más nos reiteremos estos, más energía les imprimimos y con ello más se nos se nos manifiestan. Jesús decía “no te enferma ni te causa mal lo que a tu boca llevas, sino lo que de ella sale”. Por ello es importante que reconozcas que al ser


seres creativos, con consciencia individualizada y libre, somos capaces de impregnar nuestro entorno con nuestros pensamientos y acciones. Con ello es necesario afirmarte que “como tú ves las cosas, las interpretas, las sientes y las percibes, nadie más es capaz de hacerlo, por tanto si tú no eres trascendente es simplemente porque así lo quisiste para ti”. Hágase señor tu voluntad, esto nos manifiesta que somos nosotros desde nuestro libre albedrio quienes determinamos nuestra vida y que es a partir de modificar nuestros pensamientos y acciones como iniciaremos nuestra transformación para llegar a ser canales de luz capaces de atraer a nuestra vida la dicha, la felicidad y el equilibrio. Cúmplase entonces en mí tu voluntad, tu plan divino y con ello yo asuma mi poder personal y mi herencia divina consistente en mi trasmutación conducente a lograr mi propósito de vida y mi iluminación individual. Y así poder afirmar “Yo soy ese yo soy trayendo para mi tus dádivas de amor y bienestar e impregnando mi entorno con esta vibración y energía”. Así en la tierra como en el cielo. Lo cual nos indica que las mismas leyes rigen tanto el mundo de la materia como el espiritual y que en ambos espacios se manifiestan los dones del principio generador de toda creación. Por ello quiero comunicarte que el infierno no existe, que esta no es más que una creación de nuestro proceso de vivir bajo el miedo y la incertidumbre de la materialidad y de darle fuerza a la enajenación que los medios nos venden. Por tanto asume tu responsabilidad y libertad individual y libérate de este proceso de esclavitud. Danos el pan nuestro de cada día, ello nos manifiesta de la forma más simple que al ser hijos del Padre-Madre creador, contenemos en nosotros los dones de la divinidad y somos acreedores a generar y asesarnos todo lo necesario para nuestro bienestar, pero ello requiere de nosotros una adecuado focalización de nuestro sentido de vida personal, de colocar en ello nuestra voluntad y confianza interior y plasmar esto en la construcción de ello a través de nuestros actos y acciones, impregnándolos con una actitud entusiasta, creativa y positiva. Ello también conlleva el generar una actitud emocional de armonía, de paz interior, de satisfacción y amor personal, así como de auto-perdón y comprensión humana por nosotros mismos. Y con ello manifestar en vida nuestras creaciones de luz. Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Yo reconozco que es el perdón uno de los procesos emocionales más dolorosos para la mayoría de las personas, en particular el perdón de sí mismo, debido a que en general estamos cargados culpa y resentimiento por los “debería de” y “tendría que” productos de nuestra domesticación social (introyectos). Dando como resultado que nos trasformemos en los jueces más duros para con nosotros mismos y como consecuencia tendamos a somatizar procesos enfermizos y a generar la cronicidad de estos, simplemente por no permitirnos expresar nuestros verdaderos sentimientos y emociones en el momento en que era justo manifestarlos y poner límite a la situación que nos incomodaba. Yo en lo personal considero que es en esta oración donde se resume el mayor mal de nuestro tiempo y por lo cual nos generamos las mayores atrocidades y condenaciones a nosotros mismos y a los otros, al no dejar partir el pasado y al no perdonarnos por nuestras acciones en ese pasado. Es en el acto del perdón donde se


encuentra la liberación del sí mismo y el principio de la ascensión en consciencia positiva y la recuperación de nuestra divinidad interior. Por tanto es importante que recuerdes que liberar a los otros de las deudas u ofensas que te han realizado, es en sí mismo un acto de liberación para ti mismo, pues con ello dejas de apegarte a tus viejas y anquilosadas heridas, para pasar a sanarlas y vivir en plenitud en tu aquí y ahora. Más no me dejes caer en la tentación, lo cual nos indica que debemos aprender a vivir en plenitud de consciencia, congruencia y coherencia, libres de toda dominación procedente de todo control socio-político y económico que tienda a transformarnos en fanáticos beligerantes de cualquier instancia que no proceda de nuestro Yo interno emocional y consecuente consigo mismo. Y líbranos de todo mal, esto quiere decir que no atraigas hacia ti la egolatría, el egoísmo y las mascaras de lo mundano y condicionado socialmente, que no pretendas nunca sentirte superior a otro ser humano, ni pretendes imponerle tu voluntad, o enajenarlo publicitariamente, o adoctrinarlo, pues al hacer esto te pierdes a ti mismo y no das oportunidad a que el otro crezca desde sí mismo. Así entonces cobra relevancia esta oración y desde mí, yo la pronunciaría así: Padre madre creador que estas así en el cielo como en la tierra. Santificado sea en tu nombre, santificado sea en mi nombre y santificado sea a través del nombre de mis hermanos. Venga a nosotros tu reino de armonía, dicha, perdón y auto-creación. Por ello dedico mi vida al descubrimiento de mi espíritu y al enaltecimiento de mi verdad interior. Hágase señor tu voluntad así en el cielo como en la tierra. Danos el pan nuestro de cada día, danos la paz interior, la benevolencia de mi propio auto perdón, la aceptación incondicional de nuestros congéneres y permite encontrarme a mí mismo. Más perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Más no me dejes caer en la tentación y líbranos señor Dios de mi ser interior de todo mal.


Una vision del Padre Nuestro bajo el enfoque existencial humanista.