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DOMINGO, 10 DE MARZO DE 2013 | Levante EL MERCANTIL VALENCIANO

EMV OPINIÓN

El «tsunami» de nuestro desconcierto «Puede no estar lejano el día en que todos los que nos ocupamos de la gobernación del Estado seamos considerados como una clase aparte, señalada por su inferioridad en los principios de la moral», señaló un brillante político español hace años, adelantándose a una crisis institucional en la que cada vez se abre una brecha más grande entre los políticos y los ciudadanos. Tribuna

Jordi Palafox

«Un elemento que puede ayudar a explicar qué esucede es destacar la apropiación de la representación ciudadana por parte de las organizaciones políticas»

Catedrático de Historia e Instituciones Económicas en la UV.

o parece arriesgado afirmar que para los valencianos, como para los españoles, hoy se ha hecho realidad el temor expresado hace muchos años por un brillante político español. Según éste «puede no estar lejano el día en que todos los que nos ocupamos de la gobernación del Estado lleguemos a formar una especie inferior de la sociedad (…) y seamos considerados por la mayoría de la nación como una clase aparte, señalada por su inferioridad en los principios de la moral». Porque si cierto es que las instituciones políticas no gozan de elevado prestigio en casi ningún país, dentro de la UE la posición de las españolas resulta menos que envidiable. En el último eurobarómetro elaborado en noviembre. (SEB 78 diciembre 2012) el porcentaje de ciudadanos que no tiene confían en partidos políticos, parlamento, gobierno y gobierno regional y local se sitúa entre los más elevados de entre los 27 países, junto a Grecia, Letonia, Chequia o Italia. Y en el caso del Parlamento a la cabeza del desprestigio con solo un 9% de los españoles respondiendo que les inspira más bien confianza cuando la proporción está próxima al 70% en los países escandinavos o al 50% en Alemania.

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El origen de esta crisis institucional que está erosionando gravemente el capital social acumulado en las últimas décadas y que amenazan con llevarse por delante gran parte de lo conseguido no es fácil de determinar. Evidentemente, el esperpento conformado por la acción cotidiana de nuestros representantes públicos es conocido. Pero la identificación de los ciudadanos de lo más escandaloso de ésta con su totalidad, o el sistemático desinterés en la opinión publicada, y posiblemente en la pública, por los aspectos positivos de la realidad, que los hay, invitan a no simplificar lo que está ocurriendo en este tsunami de desconcierto que nos domina. España no es Grecia, ni es Portugal ni siquiera es Italia, en donde la falta de transparencia, sino la misma corrupción en cuanto incumplimiento de las normas y discrecionalidad, anida en la misma estructura de la organización de un Estado surgido de un mal resuelto proceso de unificación. Lo reflejan muchos indicadores entre los que no es el menos relevante el índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas en donde España, aun habiendo perdido vigor su mejora a partir de 1995, sigue por delante (ligeramente) de la república alpina. Y más aún cuando se tiene en cuenta la desigualdad. Un elemento que puede ayudar a ex-

plicar qué está sucediendo es destacar la apropiación de la representación ciudadana por parte de las organizaciones políticas, en especial los dos partidos mayoritarios a través del establecimiento de barreras a la entrada en ser opción de gobierno tan elevadas que han conducido a la desafección de los ciudadanos. Me refiero, por supuesto a la ley electoral, pero me refiero sobre todo a cómo se articulan muy diversas subvenciones en función de la representatividad pasada que, de esta forma, condiciona fuertemente la futura. De ser cierto lo anterior, la tan repetida afirmación de que tenemos los políticos que nos merecemos sería una falacia. Cuando la entrada en el mercado político no es en modo alguno libre, de competencia perfecta simplificamos los economistas, sino que de hecho está casi bloqueada por la tupida maraña de obstáculos pactados en la Transición en aras de la estabilidad, a los ciudadanos sólo le queda optar por la protesta y la desafección. Lo cual a su vez a los políticos profesionales, les importa bien poco en tanto que cualquier porcentaje de electores, 0,1 % del censo en su límite, permite cubrir la totalidad de los puestos de representación a ocupar. Y tal vez otro elemento útil para entender la parálisis de las dos organizaciones mayoritarias ante la revolución de frustraciones ascendentes de los ciudadanos, como lo expresara el clásico, y las demandas de éstos para modificar las formas de representación e interrelación es considerarlas meras instituciones endógenas al servicio de los po-

Las multinacionales de la evasión 360 grados

Joaquín Rábago

on multinacionales de distintos sectores y tienen en común su origen estadounidense. Pero sobre todo los trucos a los que todas ellas recurren para pagar el mínimo de impuestos allí donde operan por sus multimillonarias ganancias. Hablamos de Amazon, de Google, de Apple, de Microsoft, entre otras. La próxima vez que encargue un libro o un DVD a través de internet, como hacen millones de personas en todo el mundo, sepa que ha firmado un contrato con una empresa con sede en Luxemburgo, Amazon EU Sarl (en francés: sociedad de responsabilidad limitada).El Gran Ducado tiene el mayor PIB per cápita del mundo después de Qatar gracias a su sector financiero, su condición de

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paraíso fiscal y a un tratamiento extraordinariamente benévolo para los beneficios de las empresas, sobre todo si son del sector de propiedad intelectual ya que en este caso es de sólo un 5.7 por ciento. Y Amazon ha reunido los derechos de marcas y patentes en un holding con sede en ese minúsculo país centroeuropeo, que le ofrece un tratamiento fiscal mucho más favorable que en el Estado norteamericano de Nevada, holding al que su otra filial luxemburguesa, Amazon Sarl, paga una tarifa por la licencia de la tecnología que emplea en sus ventas por internet. Amazon ha conseguido así acumular allí beneficios del orden de los 2.000 millones de dólares, en buena parte libres de impuestos. Los perjudicados han sido los erarios públicos de varios países europeos, pero también los propios Estados Unidos, cuyas autoridades reclaman ahora a la compañía el equivalente de 1.500 millones de euros en concepto de impuestos adicionales. Amazon no está sola en su afán por reducir su exposición al fisco allí donde

hace sus negocios. Así, por ejemplo, Microsoft se las arregló para pagar en 2011 en torno a sólo un 4 por ciento de impuestos sobre sus ganancias gracias a sus filiales en Rico, Irlanda y Singapur. Aún menos – un 3,2 por ciento- pagó ese año en impuestos Google, aprovechando una estructura que se conoce en la jerga como «un irlandés doble con un sándwich holandés» por el papel que desempeñan dos sociedades radicadas en Irlanda y un holding basado en Holanda. A los que se suman las filiales que además tiene en el paraíso fiscal de Bermudas. En 2011, a través de ese sofisticado mecanismo, el gigante de internet Google transfirió a la isla caribeña un 80 por ciento de sus ganancias mundiales antes de impuestos.Pero también empresas de un tipo muy distinto, como Starbucks,

«Microsoft se las arregló para pagar en 2011 en torno a sólo un 4 por ciento de impuestos sobre sus ganancias gracias a sus filiales en Rico, Irlanda y Singapur»

líticos que las dirigen, ambiciosos buscadores del cargo público como señaló Aldrich. Esta aproximación no supone considerar a las elites de ambos partidos sólo como egoístas interesados en su futuro, y aislados del deseo de mejorar la situación de los electores. Esta dimensión es compatible con la defensa de ideas o valores diferenciados y con la consideración de que los partidos son una pieza fundamental del sistema democrático. Pero el aspecto a destacar ahora y aquí, es que dentro de una función de objetivos múltiples, el decisivo para los dirigentes políticos (y los beneficiados de su victoria como asesores, liberados, cargos de libre designación, etc.) es llegar a gobernar y mantenerse en el gobierno. O en una hipótesis más laxa, pero más perjudicial para la salud democrática, mantenerse dentro del presupuesto público sea en el poder o en la oposición. Si estos elementos son relevantes para entender qué está ocurriendo, el pronóstico sobre la solución de nuestros problemas no es bueno; es más bien muy desfavorable. Nuestro bienestar, por tanto, está en juego en tanto que éste depende en buena medida de los incentivos que fijen las políticas públicas en terrenos tan amplios que abarcan desde el fomento del capital social a evitar el azar moral, pasando por un principio tan obvio pero tan ignorado hoy en España, por familias, empresas y administraciones, de que antes que gastar hay que ahorrar (o recaudar) o que junto a los derechos existen las obligaciones. Pero si quienes que tienen que adoptar las medidas que nos pueden sacar del desconcierto van a ser los principales perjudicados por ellas, ¿cómo esperar otro Harakiri como aquel excepcional de las Cortes franquista inducido por el menos excepcional Adolfo Suarez? han aprendido rápidamente la manera de minimizar los impuestos que pagan. En Gran Bretaña suscitó indignación popular el hecho de que la cadena norteamericana de cafeterías no hubiese pagado ni 9 millones de libras de impuestos en los últimos 14 años cuando en todo ese tiempo ganó más de 3.000 millones en la misma moneda. El asunto ha tomado entretanto tal cariz que varios políticos europeos, desde el primer ministro británico, David Cameron, hasta la canciller alemana, Angela Merkel, han optado por denunciar públicamente las prácticas cada vez más agresivas a las que se libran esas multinacionales para burlar al fisco de los países donde operan. Prácticas muy habituales sobre todo en los sectores tecnológico y farmacéutico y que consisten en la compraventa de bienes y servicios entre las diversas filiales de una misma compañía radicadas en diferentes lugares de modo que al final los beneficios de la compañía matriz se declaren en el de más baja imposición y, a ser posible, en un paraíso fiscal. Dicen que el tema preocupa tanto a los gobiernos que se tratará en la próxima cumbre del G-8, que tendrá lugar el próximo mes de junio en Londres. Veremos lo que sale.


El Tsunami de nuestro desconcierto