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tié. La gran sacerdotisa Akossuà nos dijo que en pocos días los espíritus del bosque entregarían a su otro discípulo, Kanga, el fetiche que le acompañaría durante toda su vida. Después viajarían a su lejano pueblo natal, para la ceremonia de entronización como nuevo gran komián. Una noche nos dijo que su discípulo se había internado en el bosque y aún no había regresado. A la mañana siguiente, en el patio del santuario, los percusionistas atacaban un ritmo frenético y la komián Akossuà entró en trance. Los espíritus le comunicaron que su discípulo estaba al llegar. Efectivamente, no pasaron diez minutos cuando del bosque surgió Kanga en estado de trance portando su fetiche en la cabeza. Un recipiente de cobre con un amasijo de piedras, pelos de animal y elementos extraños y negruzcos. –He estado en el lugar del que no se regresa pero yo he regresado –dijo. Los percusionistas, con su ritmo endiablado, le conminaban a que girara sobre sí mismo con el fetiche en la cabeza. De pronto la música paró en seco y el iniciado habló de nuevo: –Anduve perdido durante horas en el bosque. Veía el fetiche, pero cada vez que intentaba atraparlo, perdía el trance y desaparecía. Ya de día, los espíritus se apiadaron y me permitieron coger el fetiche. Aquí me tenéis. Todos estallaron en júbilo y los percusionistas redoblaron los tambores con mayor energía. Enton-

ces sacrificaron un gallo que no cayó patas arriba, como se esperaba. El sacrificio no fue aceptado. Akossuà, preocupada por lo sucedido, llamó a dos oficiantes togoleses. Tras una ceremonia de adivinación que no dio el resultado esperado, sacrificaron a otro gallo que de nuevo fue rechazado por los espíritus. A pesar de que los presagios no eran favorables, Akossuà decidió continuar con la entronización y alquiló un pequeño autobús para viajar con los iniciados y los percusionistas a Arrah, el pueblo de Kanga. Nosotros decidimos partir antes en una camioneta, para filmar la llegada. Yéo temía por nues-

Al día siguiente, fuimos al bosque sagrado de Arrah, donde se iba a desarrollar la ceremonia al pie de una gigantesca ceiba. Kanga estaba preocupado, los augurios no eran favorables y durante casi diez horas los espíritus se negaron a entronizarlo. Permitan que no desvele aquí los acontecimientos, pero sucedieron hechos que nos sorprendieron y fue precisa la invocación del espíritu del león para que finalmente pudiera continuar la ceremonia. De día, en la plaza pública de Arrah, los komián más importantes de la región, dirigidos por Akossuà, su madre iniciadora, vistieron

Cuando los hombres desoyen la llamada de la Tierra y sus espíritus, se vuelven locos; por eso hay tanta gente desquiciada por las calles tra seguridad en aquellas pistas solitarias. Y tenía razón. Akossuà y su séquito se retrasaron y salieron de Bettié cuando oscurecía. Fueron asaltados por unos bandidos que habían colocado unos troncos en la pista para detener el tráfico. Se lanzaron con machetes para herir al chófer y le asestaron un machetazo que por suerte fue a dar contra el borde de la ventanilla y apenas le provocó una herida. Al ver a los komián pintados de caolín y a los iniciados en estado de trance, los ladrones quedaron aterrorizados, temiendo quizá su venganza, y huyeron hacia el interior del bosque olvidando los machetes en la carretera.

ritualmente a Kanga con los atributos propios de gran sacerdote animista: falda de flecos, amuletos, gorra roja con cauris y la pya o lanza sagrada. Tras una danza que podía recordar los giros de los derviches, fue entronizado como nuevo gran komián. Nos despedimos de Akossuà, de Kanga y de todo el séquito y, antes de visitar la tumba de su mentor espiritual, Yéo se sometió a un ritual de purificación para que se desprendiera de cualquier fuerza negativa que pudiera perjudicar la libación. Llegados ante la tumba, sentimos una gran emoción. Yéo se postró y le invocó tres veces para pedirle fuerzas para continuar

su legado y que no se perdiera la tradición animista. Cuando nadie del equipo me observaba, me incliné también ante la tumba de aquel gran hombre para decirle que a pesar del avance de las sectas cristianas y de que los propios africanos estaban dando la espalda a sus creencias ancestrales, no todo estaba perdido. Aunque en Abiyán y en otras ciudades de Costa de Marfil apenas se escucharan ya las voces de los espíritus, en el corazón del país todavía quedaban jóvenes como Kanga que seguían su voluntad. Y a medida que nos internábamos de nuevo en el bosque, recordé las palabras de Addiafi, el gran intelectual africano: “Mientras quede una única ceiba en pie y mientras quede un solo percusionista que se acuerde del ritmo apropiado, los espíritus estarán siempre dispuestos a acudir a la llamada”. Ya de regreso, durante más de un año, he trabajado con las imágenes y músicas que grabamos, mientras Costa de Marfil se abocaba al caos. He permanecido en contacto con Yéo Douley, con los komián y con sus iniciados. Sirva la película y el disco con la música de trance que hemos grabado de homenaje a todos ellos. La grave situación por la que pasa el país africano nos impide estrenar el filme esta primavera en Abiyán, tal como estaba previsto, pero sí en Barcelona en el cine Maldà el 29 de abril del 2011. De algún modo, todos ellos, y sus espíritus del bosque, estarán presentes. |

Arriba, a la izquierda, el sagrado río Comoé. A la derecha, komián N'Gouandi antes de entrar en trance

Cultiras La Vanguardia Retorno al país de las almas  

Articulo de Jordi Esteva

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