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Foto: Ricardo


Capital Mundial de la Guitarra Veinticinco años y seis cuerdas

Veinticinco años de Festival de la Guitarra en Córdoba no son sólo unas bodas de plata, es toda una generación nacida y crecida a los sones de las seis cuerdas tañidas desde la Tierra que más sabe de ellas. Una generación heredera de sus antecesoras y madre, a su vez, de las del futuro más cercano, ése que se hace día a día, año tras año. Nuestra memoria de cordobesas y cordobeses, hijos de esta Tierra llena de música y de arte, se detiene ahora a principios de la década de los 80. Muchas cosas cambiaban en este país y en sus gentes. Soplos de aire renovado se respiraban en la adolescencia de nuestras instituciones democráticas, en su gestión, en su cercanía a los ciudadanos y en el respeto a sus demandas y sus inquietudes culturales. La sociedad, su riqueza y sus manifestaciones no son sólo más que la suma de la energía de sus individuos, de su gente. Precisamente de esa manera nace el que ahora conocemos como Festival Córdoba Guitarra. Tenemos ahora que recordar a un maestro de las seis cuerdas, cordobés y universal, que aunque tuviera su residencia fijada por motivos profesionales lejos de esta ciudad (las fronteras de Córdoba están en el corazón de sus gentes), tuvo a bien convocar a sus prestigiosos músicos amigos a unos «encuentros flamencos» en torno a la guitarra y entre los muros de las calles y plazas de esta Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Era y es Paco Peña. A él hay que reconocerle el embrión de esta cita musical, señera en el calendario de todo músico o melómano que se precie. Gracias siempre, maestro. Los hijos crecen, y veinticinco años después, nuestro Festival es sin duda la apuesta más consolidada y madura del programa de espectáculos de élite que se organiza en Córdoba, firme candidata a convertirse en Capital Europea de la Cultura en 2016. Sin olvidar que sigue sustentándose en su prestigioso programa formativo por el que pasan –y repiten curso tras curso- alumnos de todo el mundo para compartir el magisterio de los grandes del flamenco, el baile, la música clásica, el jazz o el rock, el Festival ha dejado en los oídos y retinas de las aficionadas y aficionados actuaciones memorables. No podré, ni es mi intención, citarlos a todos, pero hemos crecido escuchando en los escenarios de Córdoba a figuras del inexcusable y hondo calado de Paco de Lucía, Víctor Monge, Sanlúcar o Paco Cepero; el virtuosismo de John MacLaughing, Al di Meola o Pat Metheny; los sonidos negros de B.B. King, el blues blanco de John Mayall, el gran Dylan, la voz hermana de América con Toquinho, Djavan, La Vieja Trova o Inti-Illimani; la poesía en los labios de Silvio, Pablo, Serrat, Moustaki… Desde Ibn Zaydun, la guitarra ha tomado forma de laúd, mandolina, berimbau, balalaika, teorba, bandurria, ukelele, contrabajo, kora… cuerdas todas que trenzan la combinación de tiempo y sonido, también silencio, con la que se expresan los pueblos. Y todos ellos, todas esas manifestaciones que nos hacen reir, llorar, saltar, en definitiva, comunicarnos, convergen aquí, en Córdoba, Ciudad de la Guitarra, donde la música se formula multiplicando seis cuerdas por veinticinco años, desde esta Ciudad para todo el Mundo. Rosa Aguilar Rivero Alcaldesa de Córdoba

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Primera etapa del Festival

Son las dos de la noche... y hace calor. El calor normal de Córdoba en julio Paco Peña Guitarrista. Creador del Festival.

El Festival de Córdoba comenzó de forma sencilla entre amigos locales y amigos visitantes, en la Plaza del Potro, convocados por el Centro Flamenco que se había fundado específicamente para tal fin. Paco Peña en la Posada del Potro

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l grupo variopinto de unas quince o veinte personas, sentados como podemos en la gradilla, o sobre el suelo mismo de la Plaza del Portro, o en improvisados asientos de cualquier tipo, goza de un ambiente alegre, tranquilo, cálido y relajado; un ambiente que deja entrever en no pocos de los presentes algo de cansancio y al mismo tiempo satisfacción por el trabajo realizado ese día. Se trata en su mayoría de muchachos y muchachas de distintos países que han venido a Córdoba con objeto de participar en los cursos intensivos de guitarra que estamos realizando en la Posada del Potro, a los que se unen algunos cordobeses amigos, algunos familiares míos y vecinos de la plaza que se han ido agregando, atraídos por las guitarras, las canciones y también, quizás, el vino que nunca se acaba, de la bodega abierta de par en par de mi amigo Enrique Santos.

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El Festival de Córdoba, que ahora es uno de los eventos fundamentales en el mundo de la guitarra, comenzó así, de forma sencilla entre amigos locales y amigos visitantes, en la Plaza del Potro, convocados por el Centro Flamenco que se había fundado específicamente para tal fin. El Ayuntamiento había accedido a mi petición de cedernos la Posada del Potro para celebrar tanto los cursos internacionales de guitarra, como los conciertos que le ofrecíamos a alumnos, vecinos y ciudadanos de Córdoba, de forma gratuita. Los conciertos, si bien modestos, ya que no existía ningún presupuesto para costearlos, eran presentados con la máxima dignidad y la mejor calidad posible, en su gran mayoría por artistas cordobeses. Y después de los conciertos eran las reuniones en la plaza, que se había convertido en el centro de encuentro, de tertulia y de intercambio de ideas musicales. Allí, la guitarra tocaba flamenco pero también aparecía música de otras culturas distintas y sorprendentes: el checo que utilizaba la guitarra como si fuera un piano, sacándole más notas de las que pareciera que puediera tener; el norteamericano que había


La Plaza del Potro

descubierto en el flamenco una pasión más fuerte que la que le había aportado la música de blues con la que se había criado; la chica holandesa que, ya bien de madrugada, saca de no sé donde una quena andina e inunda la plaza con la melancolía india de aquellos pueblos. Y ya casi de mañana, el recogedor de basura, que deja momentáneamente su coche y su trabajo y nos canta una seguiriya escalofriante… La Plaza era el corazón del joven festival. Un festival que nació porque, a lo largo de los años, yo había participado en gran número de festivales de todo el mundo; y al mismo tiempo, durante mis conciertos siempre encontraba muchos aficionados que querían saber dónde se les podía enseñar; querían saber cómo se podía avanzar en la guitarra y en el flamenco. Siempre me halagó ese hecho de que el flamenco, que se aparta bastante de la cultura musical occidental tradicional, pueda generar tanta afición, atraer a tantas personas de todas partes y, en definitiva, gozar de gran reconocimiento a todos los niveles, como yo ya había venido observando mucho tiempo. El hacer algo en Córdoba era «impepinable»; ya había sido Córdoba, aunque en tiempos muy remotos, un foco universal de cultura; el hecho de que ahora, en el julio de los tiempos presentes, se percibiera algo muy cercano a una laguna cultural, no impedía que algún artista romántico se enamorase de la idea de restaurar el eslabón roto de la cadena y tratar, modestamente, de ayudar a restablecer en mi querida Córdoba una actividad cultural que, en mi opinión, la ciudad estaba pidiendo a voces. Y así pues, nos lanzamos, y lo demás es historia por todos conocida. El Festival siguió adelante y ha ido creciendo casi cada día. Sus principios no hubieran sido posibles sin la dedicación total y sin ningún interés personal de mis allegados, familiares y amigos.

Mirando también a los 25 años que han pasado confieso que hay algunos momentos y hechos que han contribuído fundamentalmente a dar al festival una categoría ciertamente internacional, de los cuales (muchos) me permito citar dos que realmente me enorgullecen y me emocionan: se trata, por una parte, de haber traído prácticamente del exilio en Estados Unidos al gran maestro (mi maestro) Sabicas; y por otra parte, el haber contado con la inestimable ayuda del más reconocido guitarrista clásico en el mundo, John Williams, quien con su sola presencia colocó a Córdoba y a su Festival en el mapa internacional de los eventos, no sólo guitarrísticos, sino musicales en general, tal es su estatura artística. Pero también, llegado este 25 aniversario, es necesario reconocer que, si siempre fue indispensable contar con la colaboración de las fuerzas vivas de Córdoba, y si bien yo llamé a todas las puertas en su momento solicitando apoyo a una idea que para mí siempre fue obviamente positiva, clara y sana, desde el principio ha sido el Ayuntamiento (quizás también «impepinablemente») quien realmente ha invertido en la idea (y no digo sólo de forma económica), demostrando así su fe en ella y el reconocimiento al valor que siempre tuvo. Un reconocimiento que, a mi modo de ver, es más que merecido pero que, no obstante, aquí declaro que agradezco y que me honra.

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Primera etapa del Festival

Clamor de guitarras abiertas Agustín Gómez Flamencólogo.

Aquellas eran jornadas de veinticuatro horas, con ligeras intermitencias de sueño. A las doce de la noche, terminadas las clases, los repasos, las recuperaciones, las tertulias calientes, los recitales y conciertos, pasábamos al trasnoche con improvisada barra y restaurante de ocasión para los necesitados.

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ndersen no escuchó ninguna guitarra a su paso por las calles de Córdoba. Debió ser por el mes de agosto a las cuatro de la tarde, cuando aún no sonaba el carrillón de Las Tendillas y Paco Peña no había roto la siesta con sus guitarras abiertas por el compás de San Francisco y la Plaza del Potro, y sus ecos llegaban hasta la Judería. Su Primer Encuentro Flamenco (Julio-Agosto, 1981) se anunció por su propia virtud en las revistas Guitar, de Londres; Jaleo, de Estados Unidos; Gitarre und Laute de Alemania, etc. A la llamada, acudieron sesenta y ocho estudiantes de quince países: Holanda, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, España, Yugoslavia, Suiza, Singapur, Estados Unidos, Chile, Irlanda, Finlandia, Japón y Canadá. Es verdad que Castres (Sur de Francia) se nos adelanta con su Festival Internacional de Guitarra dirigido por Roberto Vidal, que ya había contado con nuestro guitarrista con sede en Londres como profesor de los cursos de flamenco.

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Con ésta y otras experiencias, Paco Peña se plantó en la Plaza del Potro, en cuya fuente chapoteó de niño, pidió prestada la Posada y fundó el primer festival de guitarra en España con carácter de encuentros, cursos, recitales y convivencia de guitarristas consagrados e incipientes, al tiempo que creaba el Centro Flamenco «Paco Peña» y adquiría la casa del frontal donde Reyes tenía su taller de guitarras. En 1984 eran ya treinta y dos países representados por más de doscientos alumnos. Hasta 1983, Paco Peña había estado solo con una carga económica a sus espaldas. En ese tercer festival apareció el Ayuntamiento con un tímido patrocinio que fue más decidido al año siguiente. Gracias exclusivamente a su sentido de la amistad, de compañerismo y de su fuerza moral, Paco Peña traía a Córdoba por vez primera a John Williams, Sabicas, Mario Escudero, David Russell, Benjamín Verdery, James Tyler, Barry Mason, Adrian Lynch, Eduardo Falú, IntiIllimani, Rie Schmidt y, también a Paco de Lucía, Víctor


Mario Escudero, Paco Peña y Sabicas

Monge «Serranito», Mario Maya, El Pele; Concha Calero, Inmaculada Aguilar, Loli Flores, El Sordera, Manuel Cano, Enrique Montoya, Chano Lobato, El Chaparro, Manuel de Palma, Moraíto Chico, Pepe Morales, El Churumbaque, el Quinteto «Reginaldo Barberá». En la quinta edición se sumaban a los permanentes Williams, Peña y otros ya mencionados, Margarita y Faiquillo de Córdoba, Talegón, Carmen Cortés y Gerardo Núñez, Enrique de Melchor, Manolo Franco y Enrique Morente... También Mustafá Bennís, Antonio Chainho con Elsa Coimbra, Rafael Puyana, Roberto Aussel... Así podríamos continuar en sucesivas ediciones -hasta ¿seis o siete más?- con nombres de absoluta novedad en Córdoba y en España. Paco tenía una lista interminable de amigos con los que se entendía a la perfección. Aquello era el festival total, de intercambios de las más variadas calidades técnicas y expresivas en torno a la guittarra. Eran jornadas vividas las veinticuatro horas, con ligeras intermitencias de sueño. A las doce de la noche, terminadas las clases, los repasos, las recuperaciones, las tertulias calientes, los

recitales y conciertos en los patios de la Posá del Potro, del Ayuntamiento en Pedro López y de Los Naranjos, Teatro Municipal al Aire Libre (de la Axerquía) y en la misma Mezquita-Catedral, pasábamos al trasnoche en el improvisado patio de la nueva casa de Paco Peña en las mismas ancas del Potro, al calor del brasero junto a la Chiquita Piconera, con improvisada barra y restaurante de ocasión para los necesitados. Todos nos veíamos allí codo con codo en una piña de amistad e intercambio generoso de conocimientos, experiencias e ilusiones. Entre todos, Sabicas, Williams, Falú, los de Inti-Illimani; Verdery, Serranito... De allí no se iba nadie, nadie tenía prisa; todos hablaban con todos. ¡Algo que ya es imposible! Así fue por unos años el sueño hecho realidad de Paco Peña, su Centro Flamenco del mundo de la guitarra en Córdoba.

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Primera etapa del Festival

Paco Peña y su Centro Flamenco Juan Pérez Cubillo Flamencólogo.

Su apuesta en 1981 de crear una organización estable tiene dos vertientes; era la principal crear unos cursos impartidos desde el Centro Flamenco que lleva su nombre para que el alumnado proveniente de diversos lugares de Europa y después también de otros continentes, difundiera este arte singular en sus lugares de origen.

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aco Peña ha marcado con su quehacer e impronta el público conocimiento de las virtualidades de la guitarra flamenca dentro y fuera de nuestras fronteras, pues une a una probada calidad interpretativa la cualidad de crear las condiciones para que se difundiese lo que la guitarra flamenca ha supuesto en Córdoba. Su apuesta en 1981 de crear una organización estable tiene dos vertientes; era la principal crear unos cursos impartidos desde el Centro Flamenco que lleva su nombre para que el alumnado proveniente de diversos lugares de Europa y después también de otros continentes, difundiera este arte singular en sus lugares de origen. Se unió a esta expresión plástica posteriormente el baile; el desideratum está claro en el surgimiento mismo de la idea, por más que confiese un año después el propio Paco Peña que se sentía en la más absoluta de las soledades; sin embargo, no es desdeñable la segunda faceta, la muestra de intérpretes de calidad que había por

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entonces unida a una prometedora juventud. Los emblemáticos nombres de Tomate, Merengue y el de Fernando Carranza, que hubo de marchar de su ciudad natal a otros lugares, fueron cediendo el testigo a una inagotable cantera que dejaba muy claro el porqué de una afirmación en el inicio mismo de lo que sería el germen del Festival Internacional de la Guitarra: « Dan comienzo los Cursos Internacionales de Guitarra que, bajo la denominación de Encuentro Flamenco, ya había realizado en otros países europeos y deseaba trasladar a su ciudad natal. La cuna de la guitarra para él ». Los nombres de Manuel de Palma, Manuel Silveria, José Antonio Rodríguez, Paco Serrano y Vicente Amigo dichos al azar sin afán clasificatorio- son el exponente claro de que ya desde el principio de la idea había buenos mimbres para el cesto, por más que el desánimo parcial hiciera pensar en que todo había de disolverse por la falta del aunamiento de voluntades tan característica de la ciudad, desde la


Alumnos del Festival en 1981 (Encuentro Flamenco)

constancia de la propia soledad de Paco Peña. Y es que con el tiempo hubo de gozar de excelente salud, sin que las divergencias dieran al traste con la idea; pues puede decirse que veinticinco años es la prueba fehaciente de que la organización es estable; sería de visionarios pensar que no hubieron de plantearse visiones divergentes en un sistema que tiene en el contraste de opiniones su natural asiento, mas ello es una muestra de enriquecimiento. Paco Peña ha puesto una pica cerca de Flandes -en Rotterdam- con la creación de las enseñanzas de guitarra flamenca, hasta el punto de que, ¡eironeia!, hubiese de buscar allí el que aspirase a dar clases en el Conservatorio de nuestra ciudad el refrendo académico para poder ejercer en la enseñanza oficial. Es un logro, pues, el del guitarrista cordobés difícil de igualar, sin que por ello pierda de vista sus orígenes, como lo muestra su faceta como intérprete que vuelve a la ciudad cíclicamente. Y es que en este veinticinco aniversario del Festival podrá ser presenciado en Córdoba el espectáculo «Requiem flamenco», una

propuesta que muestra la gran versatilidad de Paco Peña para permitir la confluencia en un mismo norte del canto coral (Coral Sant Jordi y Coro Infantil de Córdoba), dos guitarristas, cuatro cantaores y dos percusionistas. El antecedente de la «Misa flamenca» es demostrativo de la calidad del intérprete. El «Requiem» ha sido ya estrenado en Salisbury, y ha podido ser presenciado en el Festival de Oporto, pero es Córdoba la que tiene el privilegio de gozar del estreno español absoluto en la Capilla de Villaviciosa de la Catedral. Culmina esta obra con un canto final de esperanza por la regeneración de la Tierra, violada en sus entrañas. Greenpeace ha llegado a reconocer la calidad de su aportación, que abre la vía de futuras colaboraciones, lo cual es un signo inequívoco de que el maestro va mucho más allá de los gestos y palabras grandilocuentes. Queda esperar el reconocimiento público a su labor en la medida que lo merece.

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Segunda etapa del Festival

Una idea, un festival, una ciudad Francisco López Gutiérrez Director del Teatro Villamarta de Jerez Director del Festival 1987-1995

Aquellos encuentros y cursos originarios de tan feliz nacencia pasaron a ser el Festival de Córdoba, Guitarra, un acontecimiento anual con objetivos claros y perfiles precisos que hacía de la ciudad entera su escenario irrepetible. Una de las tertulias del Festival (a la derecha el cantaor Juan Valderrama)

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a idea embrionaria fue de Paco Peña: sencilla, precisa: se trataba de organizar unos encuentros anuales en Córdoba dirigidos fundamentalmente a un público foráneo, donde la guitarra y el flamenco serían los protagonistas absolutos, en una doble vertiente: la concertística y la formativa. La fórmula echó a andar en 1981 como exitoso proyecto privado auspiciado por el Ayuntamiento; pero, en el transcurso de apenas cinco años, sus promotores pudieron constatar tanto la satisfactoria realidad de sus aciertos como la necesidad perentoria de buscar un soporte organizativo y de financiación de titularidad pública que permitiese y garantizase el desarrollo íntegro de la propuesta. Por aquel entonces –escribo de memoria: debió ser en 1987—, yo dirigía el Área de Cultura municipal. En mi calidad de tal y tras los pertinentes acuerdos con el Centro Flamenco Paco Peña, me cupo el honor de ser el receptor y responsable, desde aquel momento, de una iniciativa que

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estaba llamada a convertirse en la más importante cita mundial de periodicidad anual en torno a la guitarra: como así ocurrió. Durante los nueve años que estuve al frente del proyecto – desde el Área de Cultura, primero; desde el Gran Teatro, después— y gracias al trabajo incansable y entusiasta del maravilloso equipo de gestión, producción y comunicación con el que tuve la suerte de colaborar; así como al impagable aval que supuso para nosotros el apoyo incondicional de un buen número de prestigiosos artistas –con Leo Brouwer y Manolo Sanlúcar a la cabeza—; aquellos encuentros y cursos originarios de tan feliz nacencia pasaron a ser el Festival de Córdoba, Guitarra, un acontecimiento anual con objetivos claros y perfiles precisos que hacía de la ciudad entera su escenario irrepetible, de la captación del turismo cultural su meta prioritaria y de su programación –que conjugaba las sinergias de la difusión (espectáculos y conciertos), la formación presencial y las actividades complementarias


Público asistente a un concierto en la Plaza de Capuchinos

(apoyo a la creación; relación con otras artes escénicas, plásticas y visuales; actividades profesionales)— un escaparate de calidad de general reconocimiento y aprecio. Hoy, Córdoba necesita más que nunca de su Festival. La cada día más nítida definición de Córdoba como ciudad de servicios y su candidatura a la capitalidad cultural europea en el 2016 demandan abordar con el máximo rigor este proyecto que nació hace veinticinco años. Desde la necesaria revisión y renovación de sus estrategias y contenidos que el tiempo y la experiencia acumulada le exigen, debe conservar las señas

de identidad que le dan sentido único; diferenciar sus propuestas como acontecimiento mundial de aquellas otras dirigidas al consumo interno y a la animación estival; posibilitar su condición de banderín de enganche del turismo cultural; potenciar su dimensión de factor de desarrollo económico. Seguramente, se está en ello. Y se conseguirá. Felicidades. Y larga vida para el Festival de Córdoba.

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Tercera etapa del Festival

Guitarra Manuel Ángel Jiménez Director del Festival 1996-1999

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órdoba. Guitarra. Festival... cúmulo de recuerdos, emociones y vivencias... luces cegadoras y refrescantes sombras nocturnas, a la luz de un cielo pintado por estrellas como una acuarela de Toquinho: sonidos en el viento inmóvil del verano captados por una instantánea... en blanco y negro. Conservo aún ese estuche, como un baúl de sonoros y emblemáticos recuerdos que golpean la memoria cada año por julio, cuando hombres y mujeres con guitarra inundan las calles de la judería cordobesa, en este maratón que ha permanecido reluciente durante 25 años, incansable en su organización y como el primer día en su celebración.

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Sudorosas camisetas y en el alma de cada una de estas «verónicas», seis cuerdas – vibrantes, con vida - ... encantadas a la luz de la luna. En cenital, mientras la mano del artista tensa las cuerdas un cierto aire de ingravidez, señala que todo está preparado para arrancar de nuevo, como Sísifo, la máquina estará engrasada y la función comenzará un año más. Felicidades a todos en esta conmemoración y larga vida para este festival de festivales.


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Tercera etapa del Festival

Muchas guitarras Ramón López López Director del Festival 2000-2005

Es momento este, de expresar mi admiración a toda esa gran nómina de profesores y artistas. Creadores e intérpretes exquisitos… Guitarreros y guitarristas que envolvieron el ambiente de sonidos eternos. A los cientos de alumnos de tantas lenguas diferentes, ávidos de enseñanza compartida, de reencuentros… 74

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uántas cuerdas han vibrado en estos 25 años de Festival? ¿Cuántos artistas las han manejado con maravillosa maestría en este tiempo? Nombres míticos. Músicos extraordinarios de los cinco continentes. Corazones, voces, manos, pasiones. ¿Cuántas maderas acariciadas? ¿Cuántos sonidos derramados con gusto infinito? Notas prodigiosas. Músicas encantadas. Oídos, silencios, manos, sentimientos. ¿Cuántas mañanas han visto pasear las guitarras? ¿Cuántos sueños de jóvenes deseosos? ¡Cuántos ojos alumbrando y cuántas manos revoloteando a la vez por el cielo de la ciudad! Ciertamente es admirable que una actividad cultural perdure, crezca y se mantenga con vigor y rigor a lo largo de un cuarto de siglo. Que seduzca y atraiga a profesionales y aficionados, a artistas y público a esa convocatoria festiva a la que todos


La Plaza del Potro es desde los orígenes del Festival uno de sus lugares emblemáticos

nos sentimos invitados cada verano del mes de julio. Es extraordinario que se produzca ese encuentro vivo en torno a la música, que surja esa sensibilidad especial alrededor de la guitarra. Es momento este, de expresar mi admiración a toda esa gran nómina de profesores y artistas. Creadores e intérpretes exquisitos… Guitarreros y guitarristas que envolvieron el ambiente de sonidos eternos. A los cientos de alumnos de tantas lenguas diferentes, ávidos de enseñanza compartida, de reencuentros… Al auditorio, miles y miles que dejaron erizar sus vellos ante tanta sensibilidad, ternura o dolor… ese entusiasmo de conciertos memorables! Ya fuera en el Potro, la Axerquía, el Alcázar, o el Gran Teatro. Pero mi reconocimiento y gratitud, en este año de coincidencia en la celebración, tiene que ir destinada, -permítanme esa pequeña licencia- no tanto a esos nombres célebres y fabulosos que indiscutiblemente han dado y darán luz y prestigio a este Festival o a los que disfrutaron plenamente de «noches de embrujo», sino a

los hombres y mujeres que han echo posible esta realidad incuestionable. Los que prendieron la llama y los que mantuvieron la combustión limpia y constante. Protagonistas anónimos en circunstancias muchas veces adversas. Esa historia, aquí brevemente esbozada en estas páginas, está escrita por el hombre que levantó el escenario, el que puso el foco y el micrófono, el que diseñó el cartel y el que acomodó al espectador. Esta historia atañe por completo a la mujer que distribuyó las entradas, a la que convocó a los medios de comunicación y a la encargada de toda la producción. A la que redactó una carta y a la que recibió a los que llegaron. También a los que permitieron que algunos pudiéramos sentir esta vivencia imborrable y maravillosa. A todos esos Hombres y Mujeres que en 25 años pensaron e idearon el mejor festival posible, que pusieron trabajo e ilusión, ganas y entusiasmo porque la música que desprende una guitarra se colara por todos los rincones de esa Córdoba milenaria, y desde Córdoba a muchos lugares del mundo.

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El Área Formativa del Festival

Unos recuerdos entrañables Eusebio Rioja Coordinador del Área Formativa del Festival 1989-2000

El Área Formativa se estructuraba en tres grandes bloques: Cursos, Seminarios y Jornadas de Estudio sobre Historia de la Guitarra, cuyas conferencias se publicaban en libros que formaron la colección «La Guitarra en la Historia». Tanto unos como otros, serían impartidos por profesores de singular cualificación. El guitarrista Pepe Romero (izquierda) con Eusebio Rioja

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esde su creación y como tantos otros festivales, el de Córdoba basó su estructura en una sólida área formativa. Los cursos de John Williams, de Paco Peña y de Inmaculada Aguilar, como más significativos, se convirtieron pronto en unos clásicos de la oferta formativa brindada por los festivales veraniegos. En 1989, cuando se cuajó la colaboración del Ayuntamiento en la organización del Festival, el Área Formativa cobró un espectacular impulso. Paco López, director entonces del Área de Cultura municipal, solicitó mi participación y creé las Jornadas de Estudio sobre Historia de la Guitarra. Eran cuatro conferencias dictadas por cuatro máximos especialistas en distintos aspectos de la historia de la guitarra, durante cuatro días consecutivos, con otra jornada complementaria, donde se celebraron mesas redondas, homenajes, presentaciones de publicaciones, de

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discos, de instrumentos, etc. y se entregaba a los alumnos el correspondiente certificado de asistencia. Además, los textos de las conferencias eran publicados en libros que formaron la colección La Guitarra en la Historia, con doce volúmenes editados. Desde su creación, las Jornadas se convirtieron en la joya de la corona del Área Formativa del Festival. A lo largo de doce años de vida, pasaron por su estrado 48 especialistas de internacional reconocimiento, que disertaron sobre sus temas de estudio, y dejaron impresos 48 valiosos escritos, que ante la falta de una historia de la guitarra española, editada en España y en español, forman una imprescindible base de conocimientos para quienes se interesan sobre dicha materia. El prestigio alcanzado por las Jornadas y por la colección bibliográfica La Guitarra en la Historia, fue apreciado y ponderado ampliamente, hasta el punto de ser recomendadas por el BOJA en las convocatorias de las oposiciones para profesores de guitarra de los Conservatorios andaluces. Aún hoy, aquellos libros son buscados con avidez.


El Área Formativa del Festival

También en 1989, instalé en la Sala de Mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos, la exposición La guitarra malagueña. Cinco siglos de historia. La exposición se componía de 32 guitarras construidas en Málaga, desde 1790 hasta 1989. Guitarras de alto valor histórico unas, y organológico todas. El evento se complementó con la edición de un catálogo que contiene un ensayo histórico sobre la guitarra y los guitarreros malagueños, desde 1487, fecha de la primera noticia conocida sobre su existencia. La exposición, que poseía carácter itinerante, había sido exhibida en el Teatro Municipal Miguel de Cervantes, de Málaga, como entorno del I Curso Superior de Guitarra Celedonio Romero, y de los actos de celebración del quinto centenario de la constitución del Concejo Municipal malagueño. Al año siguiente, en 1990 y en la misma sede, instalé la exposición Homenaje a la guitarra cordobesa, con 18 instrumentos labrados por guitarreros de Córdoba, y con la edición de un catálogo que contiene otro estudio histórico, sobre los guitarreros cordobeses. Pero el impulso definitivo obtenido por el Festival y por su Área Formativa, vino dado en 1992. El incremento presupuestario que supuso la vinculación del Festival a los actos de la Exposición Universal de ese año, procuraría una programación de extensión y calidad nunca superada. Si el Festival de Córdoba poseía un largo y ancho prestigio, en 1992 se colocó indiscutiblemente a la cabeza de los festivales análogos de entonces. Desde el inicio de mi trabajo como coordinador, la configuración que adopté para el Área, se estructuraba en tres grandes bloques o sub-áreas: cursos, seminarios y las referidas Jornadas de Estudio sobre Historia de la Guitarra. Los cursos serían de amplia duración, no inferior a las 20 horas, en su mayoría, y de carácter práctico. Los seminarios poseerían un carácter más teórico que práctico, y contarían con menor duración que los cursos. Tanto unos como otros, serían impartidos por profesores de singular cualificación. A lo largo de aquellos años, entre otros profesores, recuerdo que ejercieron la docencia en construcción de guitarras: José Luis Romanillos y Francisco Santiago Marín; en guitarra clásica: Pepe Romero, Eliot Fisk, Manuel Barrueco, Serge y Odair Assad, David Russell, Álvaro Pierri, Sharon Isbin, Joaquín Clerch, Roland Dyens, Jorge Cardoso, María Esther Guzmán, Eugenio Tobalina, José María Gallardo y Manuel Abellán; en guitarra flamenca: Manolo Sanlúcar, Enrique de Melchor, Rafael Riqueni, Paco Peña, Manolo Franco, Rafael Merengue, José Antonio Rodríguez, Paco Serrano, Manolo de Palma y Felipe Maya; en bajo eléctrico: Carles Benavent; en guitarra antigua y vihuela: John Griffiths, Gerardo Arriaga y Paul

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El Área Formativa del Festival

O’Dette; en guitarra de jazz: Sabas de Hoces; en composición musical para guitarra: Leo Brower y Angelo Gilardino; en teoría musical: Ana Vega Toscano; en baile flamenco: Blanca del Rey, Teresa Martínez de la Peña, Inmaculada Aguilar, Javier Latorre y Antonio Canales. Que perdonen mi corta memoria los no mencionados. Como complemento, solicité del Centro de Documentación Musical de Andalucía (Granada), que destacase sus fondos guitarrísticos –libros, partituras, discos, videos, etc.- y los pusiese a disposición de los alumnos y profesores del Área Formativa, para su consulta. Igualmente, solicité de Librería Sánchez (Córdoba), que colocase un punto de venta en la sede del Área. Y como actividad novedosa, inicié una línea editorial de música contemporánea para guitarra: la colección Corazón sonoro. El Área concluía con el acto de entrega a los alumnos de sus correspondientes certificados de asistencia -acto celebrado solemnemente-, y con un concierto ofrecido por los alumnos, concierto que sería incluido en el programa oficial del Festival. En consecuencia y como es de suponer, las solicitudes de matrículas en el Área, resultaron sensiblemente altas, a pesar de que su convocatoria no fuera siempre realizada con la anticipación debida, y de que la difusión de su programa no fuera lo extensa e intensa que requería. Es éste un pecado todavía sin purgar. Aún así, muy cortas devinieron las suspensiones de actividades por escasa demanda. Fueron doce años de trabajo denodado, de esfuerzos constantes, de labor comprometida. Pero al éxito docente y artístico, añado el espléndido valor de la inmensa humanidad que se vivía y se disfrutaba en el Área. Era un ambiente de colaboración, comunicación, ilusión y alegría, que hicieron muy grato el desarrollo del Área Formativa de aquellos Festivales. Tanto alumnos, como profesores y colaboradores participaron abierta y decididamente de ese espíritu. Las felicitaciones que registré, fueron masivas y efusivas. En muchas ocasiones, vi brillos acuosos y lágrimas desbordadas, en los ojos de quienes se despedían. Y mi memoria está llena de emotivos recuerdos. Muchos fueron los amigos conquistados, muchas las satisfacciones recibidas y muchos e intensos los buenos ratos compartidos.

A la derecha, Curso de Construcción de Guitarra a cargo de José L. Romanillos

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El Área Formativa del Festival

El Programa Formativo llega al siglo XXI Luis Medina Coordinador del Área Formativa del Festival desde 2001

Paralelo al crecimiento del Festival como referencia de actividad musical en la ciudad y del mundo de la guitarra en general a nivel internacional, el Programa Formativo ha querido ir abriendo las puertas a una mayor diversidad de alumnos, personas interesadas por la guitarra en cualquiera de sus ámbitos y estilos. Curso de baile de Javier Latorre

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a última etapa del Programa formativo, la de los últimos cinco años, ha venido a coincidir, a formar parte, del momento más álgido del Festival de la Guitarra de Córdoba en su Historia. Nos encontramos que paralelamente a las mejores cifras de asistencia de público o a algunos de los espectáculos más celebrados de los últimos años, los Cursos del festival han alcanzado en esta etapa su mayor oferta y sus mejores registros de matriculación. Todo ello, con una diversificación de estilos y de alumnado. La consolidación histórica de este Programa, no sólo era un hecho, sino que ha encontrado su evolución y desarrollo lógicos en una faceta que no ha dejado de mirar al futuro sin descuidar ni las raíces del instrumento, ni su entorno geográfico y social.

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Así, el mundo flamenco sigue ocupando un espacio propio de capital importancia dentro de la formación. Este espacio se ha desarrollado con «Naturaleza y forma de la guitarra flamenca», que es desde hace varias ediciones la apuesta formativa del Festival en este ámbito. El curso, estructurado y dirigido por Manolo Sanlúcar, comprende un modelo intensivo de organización académica aplicada a la Guitarra Flamenca, donde se combina técnica, acompañamiento y armonía desde una misma filosofía, base de una metodología especialmente diseñada para estructurar el conocimiento de la guitarra flamenca y hacer óptimo el aprovechamiento de su tiempo de aprendizaje. Para todo ello, Manolo Sanlúcar cuenta con la colaboración de prestigiosos guitarristas como José Antonio Rodríguez, Manolo Franco y Paco Serrano. El curso permite el desarrollo académico de un mismo alumno en sucesivas ediciones y


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El Área Formativa del Festival responde con coherencia a una perspectiva formativa del flamenco que combina rigor y respeto por las raíces, perfeccionamiento técnico y apertura a la creatividad y sensibilidad de cada músico.

Curso de Manolo Sanlúcar

Curso de José A. Rodríguez

Curso de Manolo Franco

Pero el mundo flamenco ha sido atendido igualmente desde otros puntos de vista. Así, y en línea con la tradición del programa formativo, el baile sigue presente, introduciendo cursos dedicados a tendencias actuales y tratamientos específicos de algunos bailes y algunos elementos, como la bata de cola. Más novedosa aún resulta la introducción en el Programa del cante flamenco y su técnica vocal, de la mano de Calixto Sánchez, o la coordinación de dos cursos en uno, combinando baile y acompañamiento de guitarra al baile. La guitarra clásica ha mantenido la fidelidad de un alumnado de altísimo nivel, lo que ha llevado a aumentar el número de cursos que se le dedican y combinando extraordinarios profesores ya habituales en la década anterior del festival, como Manuel Barrueco, David Russell o Pepe Romero, con la decisiva influencia de Leo Brouwer, y la introducción de revolucionarias novedades como Roland Dyens o Pavel Steidl. Costas Cotsiolis se ha hecho igualmente un clásico de esta etapa. En los cursos de composición, se ha prestado atención a corrientes e influencias diversas, como en los casos de Ralph Towner o la de la edición del 25º aniversario, con Egberto Gismonti, amén de las extraordinarias ediciones con Leo Brouwer. Paralelo al crecimiento del Festival como referencia de actividad musical en la ciudad y del mundo de la guitarra en general a nivel internacional, el Programa Formativo ha querido ir abriendo las puertas a una mayor diversidad de alumnos, personas interesadas por la guitarra en cualquiera de sus ámbitos y estilos. Así, una característica de estos últimos años ha sido la aparición de otros estilos y perfiles de alumnado. Dentro de estas novedades, se ha consolidado en corto espacio de tiempo la oferta de cursos de jazz. Los nombres responsables de estos cursos, de primera línea mundial, abarcan a Larry Coryell, Jim Hall, Stanley Jordan y el anteriormente mencionado Ralph Towner. El éxito de asistentes y personas interesadas no se hecho esperar, y las listas de solicitudes no han parado de crecer. Enmarcado igualmente en la línea de apertura a otros estilos, el Programa ha hecho incursiones en el blues (Raimundo Amador) o la Canción de Autor (Amancio Prada). La música antigua ha contado con cursos sorprendentes como el impartido por Rolf Lislevand, y la construcción de guitarra ha estado presente en tres de las cinco últimas ediciones.

Curso de Paco Serrano

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El Área Formativa del Festival

Curso de Manuel Barrueco

Curso de Pavel Steidl

Curso de Ralph Towner

Tampoco se ha perdido la oportunidad de volver la mirada al futuro, ya realidad, de la innumerable cantidad de personas que trabajan en sus hogares con su instrumento aprovechando lo que las nuevas tecnologías nos ofrecen. En este sentido, la guitarra MIDI, y el uso de programas informáticos de aplicación al mundo de la guitarra ha sido una de las grandes apuestas del Festival en esta última etapa. Esta faceta se ha desarrollado de la mano del mayor especialista de nuestro país en la materia, Paul Martínez, y en simbiosis con una de las firmas de referencia en la construcción e investigación sobre guitarras, Guitarras Ramírez. Las exposiciones, conferencias y proyecciones de películas y documentales (se ha colaborado activamente junto a la Filmoteca de Andalucía), han sido constantes, y han denotado la vocación dinámica del Festival. En este sentido, y también como enésima novedad de estos últimos cinco años, se ha promovido desde el Festival un Concurso Internacional de Guitarra dedicado a los alumnos, y que en 2005 cumplirá su segunda edición. Durante las dos semanas que duran los cursos, se vive una experiencia única en el Palacio de Congresos, al igual que por las noches en los conciertos y en el punto de encuentro, donde los alumnos demuestran por qué son el tejido fundamental de este evento, y resultando realmente inolvidable para todo aquel que tenga la suerte o la inquietud de vivirlo desde cerca. Sus correos y cartas son fieles testigos, y resultan altamente gratificantes. Por último, destacar que en esta última etapa, se han recuperado las publicaciones, que durante algunas ediciones se habían dejado de realizar, dedicándolas a las figuras en torno a las cuales se han desarrollado las Jornadas de estudio, que tienen lugar paralelamente al Programa Formativo. Tárrega, Andrés Segovia, Paco de Lucía y Leo Brouwer, han sido los cuatro indiscutibles nombres con las que se ha retomado esta vertiente fundamental para un evento especializado y de primera calidad como es el Festival de la Guitarra de Córdoba, que le han llevado a reconocimientos diversos (el último, este mismo año con el Trujamán), y a ser el Festival más reconocido en el mundo dedicado a nuestro instrumento más característico, la guitarra. El siglo XXI sólo acaba de empezar.

Curso de David Russell

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Colecciones del Festival

Guitarra y Fotografía El Festival de Córdoba incorporaba, en su edición Guitarra-91, dos propuestas relacionadas con la creación fotográfica: el Certamen Internacional «El mundo de la Guitarra» y la invitación a varios artistas del mundo de la fotografía – bajo el epígrafe «Una aproximación visual a la Guitarra»- a que presentasen su particular visión fotográfica del tema. Que un Festival que tiene a la guitarra –a los conciertos y las actividades formativas- como protagonistas se plantease en aquel momento una «aproximación visual» desde el campo de la fotografía supuso, cuanto menos, una aportación novedosa a la concepción «clásica» de los eventos musicales y, de paso, dirigir el índice de interés creativo hacia una temática que tiene una larga y abundante trayectoria en el campo de la fotografía periodística y publicitaria, pero que apenas ha suscitado interés como sugerente objeto de proyección artística. Fotografía y Guitarra se fusionan en un delicado equilibrio artístico en el que la luz y el sonido recorren un mismo camino, delimitado por signos tan esenciales como la emoción, sentimiento, recuerdo, pasión, deseo, presencia, ambigüedad, ficción, realidad, etc.

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Fotografía del cordobés Juan Vacas

EL MUNDO DE LA GUITARRA es el resultado de la convocatoria que se hizo en aquel festival de 1991. Las fotografías que se muestran pertenecen a los ganadores del certamen, fotógrafos de todos los rincones del planeta que se destacan por su creatividad y por el hecho de expresarse artísticamente en la más absoluta libertad conceptual y formal, relacionando la guitarra y demás instrumentos afines con el erotismo, los tópicos nacionales, el paisaje rural o urbano, los caracteres antropológicos de los pueblos, la marginación, las conductas tribales, el folclore «en vivo» de las calles, etc. Agradecer, si duda, la colaboración prestada por la FIAP y por AFOCO que aseguraron la participación de artistas de todo el mundo. UNA APROXIMACIÓN VISUAL A LA GUITARRA es una colección que tiene dos características esenciales que la distinguen de las demás: su singularidad, ya que no existe otra en todo el mundo dedicada a este universal instrumento musical, y su representatividad cultural, precisamente por la presencia natural que la guitarra tiene en la cultura de la mayoría de los países de la tierra, lo que facilita su comprensión visual a un mayor número de personas. Cada dos años, son invitados cuatro fotógrafos para realizar por encargo en trabajo sobre la guitarra y con absoluta libertad. Cada uno decide finalmente las obras que han de pasar a la colección. Franco Fontana, Ciuco Gutiérrez, Toni Catani, Juan Vacas, Oswaldo Cipriani, Lucien Clergue, Antonio Covarsí, Isabel Muñoz, José Carlos Nievas, Rafael Navarro, Gabriel Cualladó y Manuel Ángel Jiménez conforman, de momento, la nómina de artistas de la misma. El Festival de Córdoba continuará en los próximos años ampliando este gran fondo visual con nuevos invitados que sin duda contribuirán, como los anteriores, a su enriquecimiento y prestigio.


Colecciones: Guitarra y FotografĂ­a


25 años de Guitarra  

25 años del Festival de la Guitarra de Córdoba

25 años de Guitarra  

25 años del Festival de la Guitarra de Córdoba

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