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TÍTULO II DIOS Y CRISTO ELABORARON EL PLAN DE REDENCIÓN

CAPÍTULO I PLAN PREPARADO ANTES DE LA CREACIÓN Muchos enseñan que el pecado de Adán no había sido previsto en los designios de Dios, pero la revelación sobre el particular lo desmiente. “Dios y Cristo sabían desde el principio en cuanto a la apostasía de Satanás y a la caída de Adán por el poder engañador del apóstata” (1 MS: 293). Existen declaraciones, que antes de la creación, elaboraron el Plan de la salvación del hombre, pero que entró en vigencia, desde la caída de Adán. Consecuentemente: “El Plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, formulada después de la caída de Adán. Fue una revelación “del misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio. Fue una manifestación de los principios que desde edades eternas habían sido el fundamento del trono de Dios (DTG: 13)”. Dice el apóstol Pablo, era “la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos” (Ro. 16: 25). Ahora pregunto ¿Qué es un plan? Si bien, cualquiera puede dar una definición de plan, el que más se acerca al concepto que estamos tratando es definido por el Diccionario Enciclopédico Océano, que un plan es la “Determinación de algunos objetivos precisos y de los medios que deben emplearse para alcanzarlo en un plazo dado”. Este concepto, nos da una idea muy humana por cierto, del Plan de Redención que trazó Dios y Cristo para salvar al hombre, después de la caída. Aquí podemos comprender que todo plan necesariamente debe tener mínimo tres componentes, a saber el objetivo específico, los medios para alcanzarlo y el plazo determinado. Si falta uno de estos componentes, deja de ser un plan y se torna en una fantasía, una ilusión. En el Plan de Redención del hombre se dan estos tres componentes, que Dios ha revelado en la Biblia y que está aclarado por el Espíritu de Profecía. Así tenemos que, el objetivo preciso era “efectuar la unión de la raza caída con la Divinidad”. Esto está descubierto y es de conocimiento de toda la cristiandad. En cuanto, el medio que Dios emplea para alcanzarlo, también es conocido, se trata del sacrificio de Cristo - su Hijo - que es puesto en comunión con “la humanidad”, para alcanzar la salvación individual y no en grupo. El plazo dado por Dios para buscar la redención, aceptando el sacrificio que Cristo hizo en la cruz, tiene una duración de 6000 años. Porque, “La obra de la redención es poner a la humanidad en comunión con Cristo, efectuar la unión de la raza caída con la Divinidad” (1 MS: 294), dentro de un especifico tiempo de gracia. Sobre la elaboración del Plan de Redención, el Espíritu de Profecía expresa: “Dios no ordenó que el pecado existiese, sino que previó su existencia e hizo provisión para hacer frente a tan terrible emergencia” (DTG: 14). La provisión era Cristo, el Unigénito Hijo de Dios, el “Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Ap. 13:8). Resulta incomprensible el amor de Dios, que a su Hijo, el “unigénito del Padre” (Jn. 1:14), designó como nuestro mediador y sustituto desde su creación, antes de todas las cosas. Cristo debía morir en reemplazo del pecador, para que por medio de su sacrificio, encontremos ante Dios la salvación. Así está escrito:


“Cristo fue designado como Mediador desde la creación de Dios, designado desde la eternidad para ser nuestro sustituto y garantía.” Antes de que fuera hecho el mundo” (1 MS: 293). Acerca de este punto, la Biblia consiga la creencia de los apóstoles, de cómo ellos percibieron las cosas. La enseñanza del apóstol Pablo revela: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y, estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Fil. 2: 8-9). Esta verdad bíblica acredita, que Jesús: “No vino a nuestro mundo para obedecer como un Dios menor a un Dios mayor, sino como un hombre para obedecer la santa ley de Dios, y por eso es nuestro ejemplo” (EGW.Com: 941). Como dice el apóstol Pablo: “aquel Jesús que es hecho un poco menor que los ángeles, para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos” (He. 2:9). Está revelado: “El propósito del Plan de Salvación era redimir a la raza caída, darle otra oportunidad” (1 MS: 293). La oportunidad seria su gracia, en un tiempo de 6,000 años. “Se les iba a conceder un tiempo de gracia durante el cual, por la fe en el poder que tiene Cristo para salvar, podrían volver a ser hijos de Dios” (PR: 502). Sin embargo, la profecía anuncia: “solo unos pocos aprovecharían la salvación ofrecida por medio de un sacrificio tan extraordinario. La mayor parte no cumpliría las condiciones requeridas para ser participantes de la gran salvación de Dios” (HR: 50). Aquella salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, se producirá al fin de los 6,000 años, de la historia de esta tierra. Tiempo que corre desde la caída de Adán, hasta cuando se escuche la voz de Dios diciendo “Hecho está” (Ap. 16:17) y, anuncie el día y la hora de la venida de Jesús. 1. LAS PARTES DEL PLAN DE REDENCIÓN Los ritos del “tabernáculo” (Ex. 26:1) terrenal, que celebraba el Israel antiguo, son lecciones proféticas. Tanto su diseño, construcción y materiales que se utilizó, así como la actividad que los sacerdotes allí realizaban. “Todas las ceremonias de la ley judaica eran proféticas simbolizan misterios del Plan de Redención” (EGW: Com: 1095). El tabernáculo tenía dos departamentos: El Lugar Santo y el Lugar Santísimo (Ex. 26:33) y el “atrio alrededor del tabernáculo” (Ex. 40:33), construido conforme al diseño que Dios mostró a Moisés: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis” (Ex. 25:8,9).


De esto entendemos, que el original del tabernáculo se encuentra en el cielo, el apóstol Juan dice: “Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se vía en el templo” (Ap. 11:19). “Las verdades importantes acerca del Santuario Celestial y de la gran obra que allí se efectúa a favor del hombre debían enseñarse mediante el santuario terrenal y sus servicios” (PP: 371). Teniendo presente estas verdades y mirando las partes del diseño del tabernáculo terrenal, en donde se realizaba el ritual simbólico judío, podemos ver las partes del Plan de Redención. En cuanto a las partes del santuario terrenal, se puede notar que tiene cuatro partes y no tres, estas son: el atrio exterior, el Lugar Santo y el Lugar santísimo, de Santuario terrenal, además un espacio pequeño, llamado en este estudio, el atrio posterior. El servicio del santuario terrenal consistía en dos partes: un servicio diario y otro anual. El servicio diario, el sacerdote lo efectuaba en el atrio exterior (altar del holocausto) y, en el lugar santo del santuario terrenal. En cambio, el servicio anual lo realizaba en el lugar santísimo del santuario terrenal, el día diez del séptimo mes judío. Pero en el atrio posterior al santuario terrenal (que era un pequeño espacio) en éste, no había ninguna actividad del sacerdote. El conocimiento del “plan de salvación fueron impartidos a Adán y Eva por Cristo mismo. Ellos atesoraron cuidadosamente la importante lección y la transmitieron verbalmente a sus hijos y a los hijos de sus hijos” (1 MS: 271). “Mientras Moisés estuvo aislado en el monte con Dios, el plan de salvación, que data de la caída de Adán, le fue revelado en una forma impresionante”. Hoy, a nosotros llega este conocimiento que: “El plan de redención es abarcante, sin embargo sus partes son pocas y cada parte depende de las otras; pero todas obran juntas con máxima sencillez y completa armonía.” (EGW Com: 1053). Son cuatro partes específicas y con un tiempo específico, en cada una de ellas. Todas estas partes están representadas en el diseño del santuario terrenal. Tal es así, la actividad que realizaba el sacerdote en el lugar santo y el sumo sacerdote en el Lugar santísimo del santuario judío, representaba la actividad que Cristo empezó a realizar cuando ascendió a los cielos, sujeto a un tiempo y lugar en el Santuario Celestial. El “ministerio de Cristo iba a consistir en dos grandes divisiones ocupando cada una un periodo de tiempo y teniendo un sitio distinto en el santuario celestial” (PP: 371). Esto nos enseña que, en cada parte del Plan de Redención, está la presencia de Cristo, nuestro Señor. Así tenemos, la parte del atrio exterior, o de Cristo como ofrenda de sacrifico. La parte del lugar santo, o de Cristo como Sacerdote en el Santuario Celestial. La parte del lugar santísimo, o de Cristo como Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial. La parte del atrio posterior, o de Cristo como el Esposo y Rey. (Véase el diagrama de la página 63). 2. TIEMPO DE EJECUCIÓN DEL PLAN DE REDENCIÓN En Gn 1:1-31, encontramos escrito que los días de la creación fueron siete días literales, seis días de trabajo de Dios y un día de su descanso. Aquí está profetizado el tiempo del Plan de Redención. Dios dijo: “Seis días trabajarás y harás toda tu obra más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios no hagas en el obra alguna, tu ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Ex. 20: 9 - 11).


Diagrama Nยบ 01


Al Israel antiguo le dijo: “Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su cosecha; más el séptimo año la dejarás libre” (Ex. 23: 10-12). Todo esto, evidencia que los seis días literales de trabajo de Dios, más el día literal de su descanso, es la profecía, que representan el tiempo del Plan de Redención de la humanidad. Los seis días de trabajo en la creación, simbolizan los 6,000 años de trabajo de Dios y de su Hijo, en la ejecución del Plan de salvación, desde la caída de Adán, hasta la segunda venida de Jesús. Toda vez que el Salvador dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Jn. 5: 17). El profeta Isaías profetizó: “acontecerá que después que el Señor haya acabado toda su obra en el monte de Sión y en Jerusalén castigará el fruto de la soberbia” (Is. 10: 12). A los fieles que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, les ofrece entrar en su reposo, porque “las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo” (He. 4: 3). Aquel reposo es el sétimo día, que simboliza 1,000 años de redención de los que serán salvados y arrebatados al cielo, en la segunda venida de Cristo Jesús. Al respecto Pablo declaró: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (He. 4: 9-11). Aquí, el día de reposo representa 1,000 años, porque es tiempo de Dios y, no es tiempo del hombre. Para el hombre un día es como un año y un año es como un día. Así está escrito “día por año, día por año te lo he dado”, “un año por cada día” (Ez. 4: 6, Nm. 14: 34). En cambio, para Dios “un día es como mil años” y “mil años es como un día”. Dice el apóstol Pedro: “Mas oh amados no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años y mil años es como un día” (2 Pe. 3:8). La palabra “como” es un adverbio de modo que “En sentido comparativo denota idea de equivalencia, semejanza o igualdad”, según los diccionarios modernos. Razón por el cual, para Dios un día es equivalente a mil años y, mil años equivalentes a un día. 2.1 DESDE LA CAÍDA DE ADÁN HASTA LA MUERTE DE CRISTO COMO HOMBRE. “La historia que el GRAN YO SOY ha trazado en su Palabra, al unir los eslabones de la cadena profética desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura, nos dice dónde estamos hoy en el transcurso de los siglos y que es lo que se puede esperar del futuro” (Ed: 178). Por revelación del Espíritu de Profecía, en la actualidad se conoce, que el “plan de salvación…data de la caída de Adán” (1 MS: 272). Es decir, desde la caída de Adán comienza a ejecutarse el plan, porque antes estaba oculto en los designios de Dios. También dice: “En el año 31 de J.C., tres años y medio después de su bautismo, nuestro Señor fue crucificado. Con el gran sacrificio ofrecido en el calvario terminó aquel sistema de ofrendas que durante cuatro mil años había prefigurado al Cordero de Dios” (CS: 375). Esta revelación acredita entonces, que cuando Cristo murió en la cruz, “En el año 31 de J. C.”, se cumplió “cuatro mil años” de existencia de la “historia de este mundo”. Por consiguiente, estas “cosas secretas” que pertenecían a Dios, ahora al estar reveladas nos pertenecen. Así dice la Biblia “las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos” (Dt. 29: 29). De ahí, que la “historia profética” (2 JT: 323), nos enseña que 4,000 años han transcurrido desde la caída de Adán, hasta la muerte de Cristo. Así mismo, proyecta hasta donde llegan los 2000 años restantes, para completar los 6,000 años de ejecución del Plan de Redención. 2.2 DESDE LA MUERTE DE CRISTO HASTA SU SEGUNDA VENIDA COMO DIOS El Señor Jesús, un día jueves del año 31 d.C., horas antes de ser detenido y sentenciado a muerte, hizo la siguiente oración: “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros” (Jn. 17:11).


“La oración de Cristo no es solo a favor de los que ahora son sus discípulos, sino de todos los que crean en Jesús por medio de la palabra de sus discípulos, hasta el fin del mundo. Jesús estaba por entregar su vida para sacar a la luz la vida y la inmortalidad”. “Cristo, en medio de sus sufrimientos y del rechazo de que es objeto todos los días por parte de los hombres, observa a través de dos mil años a su iglesia que existirá en los días finales, antes del fin de la historia de la tierra” (3 MS: 18). Jesús fue detenido en la noche, “El día 14 del primer mes de los judíos, el mismo día y el mismo mes en que quince largos siglos antes el cordero pascual había sido inmolado, Cristo, después de haber comido la pascua con sus discípulos, estableció la institución que debía conmemorar su propia muerte como “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. En aquella misma noche fue aprehendido por manos impías, para ser crucificado e inmolado” (CS: 450). El primer mes de los judíos es Nisán y en la era cristiana viene a ser el día 21 de marzo del año 31 d.C. En ese día, en la noche, Cristo fue detenido y horas antes de su detención al orar a su Padre, observa a través de 2,000 años a su “su iglesia que existirá en los días finales, antes del fin de la historia de la tierra”. El día siguiente, un 22 de marzo del año 31 d.C., como a la “hora nona”, o la “hora novena” (3 p.m. - 6 pm), del día viernes: “Cristo estuvo clavado en la cruz entre la hora tercera y la hora sexta, es decir, entre las nueve y doce. Murió en la tarde. Esta era la hora del sacrificio vespertino” (EGW.Com: 1083), ”Era el día de preparación para el sábado, que estaba a punto de comenzar. Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea siguieron a José para ver el sepulcro y como colocaban el cuerpo. Luego volvieron a casa y prepararon especias aromáticas y perfumes. Entonces descansaron el sábado, conforme al mandamiento” (Lc. 23:54-56). Un 22 de marzo, “En la primavera del año 31 de nuestra era, Cristo, el verdadero sacrificio, fue ofrecido en el Calvario” (PR: 515). Partiendo de esta fecha registrada en la “historia profética”, los 2,000 años que su iglesia “existirá en los días finales, antes del fin de la historia de la tierra”, llega hasta un 22 de marzo, en la primavera del año 2031 de nuestra era. Por otro lado, la profecía enseña: “Hay un día que Dios ha designado para la conclusión de la historia de este mundo” (EUD: 16). Si esto es verdad, como que lo es, ese día, sin lugar a dudas es el 22 de marzo del año 2031 d.C., el fin de los 6,000 años, o el “fin de la historia de la tierra”. Razón por la cual, nosotros que vivimos en estos últimos años, podemos decir: “La gran controversia entre Cristo y Satanás, sostenida desde hace cerca de seis mil años, está por terminar” (CS: 572). Cuando todo termine, “El gran plan de la redención dará resultado el completo restablecimiento del favor del Dios para el mundo. No solo el hombre, sino también la tierra, será redimida, para que sea la morada eterna de los obedientes. Durante seis mil años Satanás luchó por mantener la posesión de la tierra. Pero se cumplirá el propósito original de Dios al crearla. “Tomarán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, y hasta el siglo de los siglos (Dn. 7:18)” (PP: 355).


CAPÍTULO II CRISTO, OFRENDA DE SACRIFICIO EN EL SANTUARIO TERRENAL La primera parte del Plan de Redención, se realizó por un plazo de 4,000 años, desde la caída de Adán hasta el sacrificio de Cristo, en la cruz. En el culto simbólico judío, está representado por el servicio diario que el sacerdote efectuaba en el altar del holocausto en el atrio y en lugar santo, del santuario terrenal. Esto hoy se sabe porque: “El Evangelio de Cristo arroja luz sobre la economía judía y da significado a la ley ceremonial” (PP: 384). Del estudio de la ley ceremonial, es de verse: “La obra de Dios es la misma en todos los tiempos, aunque hay distintos grados de desarrollo y diferentes manifestaciones de su poder para suplir las necesidades de los hombres en los diferentes siglos” (PP: 390). Desde que cayó Adán por la tentación de Satanás, el evangelio que conocía y que debía vivir para encontrar salvación, era un “Evangelio en símbolos” de ofrendas y sacrificios, que anunciaban la muerte de Cristo, “El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:29).La adoración por medio de sacrificios de animales señalaban la venida de un “Libertador para librar a hombres y mujeres de la servidumbre del pecado y del sepulcro” (PR: 502). “La primera insinuación de una esperanza tal fue hecha a Adán y Eva en la sentencia pronunciada contra la serpiente en el Edén, cuando el Señor declaró a Satanás en oídos de ellos: “Enemistad pondré entre ti y la mujer y entre tu simiente y la simiente suya: ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gn 3:15). “Al escuchar estas palabras la pareja culpable, le inspiraron esperanza; porque en la profecía concerniente al quebrantamiento del poder de Satanás discernió una promesa de liberación de la ruina obrada por la transgresión. Aunque le iba a tocar sufrir por causa del poder de su adversario en vista que había caído bajo su influencia seductora y había decidido desobedecer a la clara orden de Jehová, no necesitaba ceder a la desesperación absoluta. El hijo de Dios se ofrecía para expiar su transgresión con su propia sangre. Se le iba a conceder un tiempo de gracia durante el cual, por la fe en el poder que tiene Cristo para salvar, podrían volver a ser hijos de Dios” (PR: 502). “Mediante Adán, Set, Enoc, Matusalén, Noé, Sem, Abrahán, Isaac, Jacob y otros notables, el Señor conservó las preciosas revelaciones de su voluntad, y fue así como a los hijos de Israel, al pueblo escogido por medio del cual iba a darse al mundo el Mesías prometido, Dios hizo conocer los requerimientos de su ley y la salvación que se obtendría mediante el sacrificio expiatorio de su amado Hijo” (PR: 503). 1. ADAN Y SUS DESCENDIENTES “Cuando Adán, de acuerdo con las indicaciones especiales de Dios, presentó una ofrenda por el pecado, fue para él una ceremonia sumamente penosa. Tuvo que levantar la mano para tomar una vida que solo Dios podía dar, para presentar su ofrenda por el pecado. Por primera vez estuvo en presencia de la muerte. Al contemplar la victima sangrante en medio de las contorsiones de su agonía, se lo indujo a observar por fe al Hijo de Dios, a quien esa victima prefiguraba y que moriría como sacrificio a favor del hombre” (HR: 51). Desde el principio, a la humanidad caída, Dios le enseñó cómo debe acercarse a su presencia, para adorarle y como presentar sus ofrendas. Cuando la ofrenda de adoración se hacía de


acuerdo a la voluntad divina, encontraba aprobación, pero cuando era al contrario, Dios desaprobaba tal ofrenda, como fue el caso de los dos primeros hijos de Adán. “Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas y de su grosura. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; Mas no miró propicio a Caín y a la ofrenda suya” (Gn. 4:3-5). De esto se puede ver, los que ofrecían “ofrenda a Jehová” de acuerdo a su voluntad, como hizo Adán, Abel, los patriarcas de la antigüedad y el Israel antiguo, eran el pueblo de Dios y su religión era verdadera. Los que ofrecieron ofrenda de adoración a Dios, como hizo Caín, de acuerdo a su manera y su propia voluntad, era una adoración pervertida. “El sistema de sacrificios confiado a Adán fue también pervertido por su descendientes” (PP: 380) , porque modificaron las instrucciones que Dios había dado. 2. EL ISRAEL ANTIGUO. El pueblo hebreo, que en los años de 1445 a 1050 a. C, salió de Egipto por el éxodo, era la iglesia verdadera de Dios, en relación con los otros pueblos paganos. “Los que alegan que Cristo vino para abrogar la ley de Dios y eliminar el Antiguo Testamento, hablan de la era judaica como de un tiempo de tinieblas, y representan la religión de los hebreos como una serie de meras formas y ceremonias. Pero éste es un error. A través de todas las páginas de la historia sagrada, donde está registrada la relación de Dios con su pueblo escogido, hay huellas vivas del GRAN YO SOY”. En todo el sistema de sacrificios, que los hijos de Dios realizaron desde la antigüedad hasta los que realizaba el pueblo judío, en el tabernáculo terrenal, “la gloria de Dios se manifestó por medio de Cristo. No solo cuando vino el Salvador, sino a través de todos los siglos después de la caída del hombre y de la promesa de la redención” Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a si” (2 Cor. 5: 19). Cristo era el fundamento y el centro del sistema de sacrificios, tanto en la era patriarcal como en la judía. Desde que pecaron nuestros primeros padres, no ha habido comunicación directa entre Dios y el hombre. El Padre puso el mundo en manos de Cristo para que por su obra mediadora redimiera al hombre y vindicara la autoridad y santidad de la ley divina.” (PP: 381,382). “El sistema ceremonial se componía de símbolos que señalaban a Cristo su sacrificio y su sacerdocio. Esta ley ritual, con sus sacrificios y ordenanzas debían los hebreos seguirla hasta que el símbolo se cumpliera en la realidad de la muerte de Cristo, Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Entonces debían cesar todas las ofrendas de sacrificio. Tal es la ley que Cristo quitó de en medio y clavó en la cruz (Col 2:14). Pero acerca de la ley de los diez mandamientos el salmista declara “Para siempre, oh Jehová permanece tu palabra en los cielos” (Sal. 119:89). “Sin embargo, cuando Cristo vino, no reconocieron a Aquel a quien señalaban todos los símbolos. Tenían la Palabra de Dios en su poder; pero las tradiciones que habían pasado de una generación a otra y la interpretación humana de las Escrituras, escondieron de su vista la verdad tal cual es en Jesús. La significación espiritual de los Sagrados Escritos se perdió. El lugar donde estaba atesorado todo el conocimiento les estaba abierto, pero no lo sabían” (PVGM: 76). No sabían que la muerte del “Mesías”, iba a “cesar el sacrificio y la ofrenda” (Dn. 10: 27). Por lo que, habiendo ellos crucificado a Cristo, siguieron practicando su adoración por ofrendas de sacrificio. Sin darse cuenta que con la muerte del Mesías, el 22 de marzo del año 31 d.C., la gloria y presencia de Dios se retiró de ese pueblo. Desde entonces, dejó de ser la iglesia del Señor y otros – la iglesia apostólica - ocupó su lugar.


CAPÍTULO III LA PRIMERA VENIDA DE CRISTO La revelación enseña: “Durante más de mil años el pueblo judío había aguardado la venida del Salvador prometido. Sus esperanzas más halagüeñas se habían basado en ese acontecimiento. Durante mil años, en cantos y profecías, en los ritos del templo y en las oraciones familiares, se había reverenciado su nombre; y sin embargo cuando vino, no le reconocieron como el Mesías a quien tanto habían esperado.” (PR: 524). Como está escrito: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Jn 1:11). El pueblo judío le rechazó porque esperaba al Mesías como cuando viene un rey o un conquistador y toma el control de su conquista. La culpa no fue del Salvador, sino de ellos: “Habían estudiado las profecías pero sin percepción espiritual. Así habían pasado por alto aquellos pasajes que señalaban la humillación de Cristo en su primer advenimiento y aplicaban mal los que hablaban de la gloria de su segunda venida” (DTG: 22). Hoy, no obstante que han transcurrido muchos siglos, podemos leer cuales fueron las profecías que predijeron el lugar del nacimiento de Jesús y el tiempo exacto de su primera venida, como hombre. 1. EL LUGAR DEL NACIMIENTO DE JESUCRISTO “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo” (Mt. 1: 18). “Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lc 2: 4-7). Este gran acontecimiento, había sido profetizado por el profeta Miquea siglos antes que esto se realizara, a fin de que hasta el lugar de su nacimiento del Mesías se llegara a conocer: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá de ti me saldrá el que será Señor en Israel, y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Mi. 5: 2). 2. EL TIEMPO DE SU PRIMER ADVENIMIENTO El tiempo exacto del primer advenimiento de Cristo, Dios comunicó al profeta Daniel, cuando en la profecía de la setena semanas, le dijo: “Sepas pues y entiende, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas, tornárase a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por si: y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá a la ciudad y santuario con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra será talada con asolamientos. Y en otra semana confirmará el pacto a muchos y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y ofrenda” (Dn. 9: 25-27).


“Al principio Dios no había revelado la fecha exacta del primer advenimiento; y aun cuando la profecía de Daniel la daba a conocer, no todos interpretaban correctamente el mensaje” (PR: 516). ”Interpretaban las profecías de acuerdo con sus deseos egoístas” (DTG: 22). “Aunque los judíos deseaban el advenimiento del Mesías, no tenían un verdadero concepto de su misión. No buscaban la redención del pecado, sino la liberación de los romanos. Esperaban que el Mesías vendría como conquistador, para quebrantar el poder del opresor, y exaltar a Israel al dominio universal. Así se iban preparando para rechazar al Salvador” (DTG: 22). Tal es así que, “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo” (Ga. 4: 4), apareció “hecho semejante a los hombres” (Fil. 2:7) y, los judíos le rechazaron. Cristo les decía: “hijo de Dios soy” (Jn 10:36), pero los judíos del Israel literal replicaban, que era hijo de un carpintero, matándole por el presunto delito de blasfemia, que siendo hombre se hacía llamar Dios. Como consecuencia, el pueblo judío fue desechado por el “Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ro 15:6). Actualmente, los judíos espirituales del Israel moderno, están repitiendo similar error del Israel antiguo, que trajo su ruina y perdición. Ellos no aceptan que Cristo, es el Hijo de Dios por creación (antes de todas las cosas), no le aceptan como “el principio de la creación de Dios” (Ap. 3:14), que nos dice: “Yo conozco tus obras, que ni eres frio ni caliente…” Los israelitas espirituales del Israel moderno, refutan la verdad que Cristo es Hijo de Dios por creación, diciendo que eso es falso. Por cuanto, el Cristo, que ellos conocen, que ha sido enseñado por sus pastores y dirigentes es un hijo, no creado, no formado y es co-eterno con el Padre. Tal es así, que dan más credibilidad a las enseñanzas de la Trinidad explicadas por sus dirigentes, que a las verdades de la Biblia, explicadas por el Espíritu de Profecía. Con la Trinidad escrita en su mente, para ellos les es difícil aceptar, que Cristo es Hijo de Dios, por creación igual al Padre, anterior a toda creación. La aceptación de la falsa doctrina de la Trinidad, que enseña Cristo es co-eterno con el Padre y que no ha sido hecho por nadie, porque Cristo es tan Dios coexistente y coigual al Padre, evidencia que ellos, se vienen preparando para rechazar la luz especial del “ otro ángel”, con su “mensaje de la cosecha”. Cuyo rechazo ocasionará la destrucción de los judíos del Israel moderno, por la ira de Dios, como fue destruido los judíos del Israel antiguo.


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