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UNA EPISTOLA Y LA MÚSICA. Hijo querido: Me siento muy feliz y te felicito de todo corazón por tu nueva conquista en aquella búsqueda de lo bello y de lo perfecto y de que ese "cisne salvaje" tuyo vaya plácidamente siendo domeñado por la constancia y el sacrificio interior. El cisne es y será el símbolo místico de los iniciados verdaderos y se hace vívido cuando el ego superior se enseñorea sobre la tosca materia y vuela en cielos etéreos hacia el infinito desde precisamente, las tres dimensiones corpóreas. Sobre ello, te comparto una reflexión que un amigo mío de Madrid, hace sobre la obra Lohengrin de Richard Wagner y sobre el significado esotérico del cisne blanco. “El cisne -ya lo vimos en Parsifal al comprobar la desolación de los caballeros cuando el joven recién llegado mata con su flecha a uno


de los que nadan en el lago donde Amfortas toma diariamente su baño reconfortante- es un símbolo unido siempre a los Caballeros del Grial. ¿Por qué? Porque el cisne es un animal que tiene la particularidad de que puede volar por los aires, puede caminar sobre la tierra, puede nadar en el agua y puede bucear en su interior. Es decir, es un ser capaz de actuar conscientemente en distintos mundos. Por eso se le ha utilizado siempre como símbolo del Iniciado, capaz, mediante su cuerpo alma, de viajar por los planos superiores, capaz, mediante su cuerpo físico, de actuar en la tierra como un hombre más y capaz, como Auxiliar Invisible, de atravesar inmune el fuego, el agua, el aire y la tierra. Ésta es la primera lección que ha de aprender el Auxiliar Invisible: Que ninguno de los cuatro elementos tiene poder sobre él, de modo que puede atravesar las paredes, puede sumergirse en el agua, puede volar y puede atravesar el fuego sin recibir daño alguno. Por eso los Auxiliares Invisibles actúan continuamente en incendios, naufragios, cataclismos geológicos, etc., ayudando a quienes piden ayuda o la necesitan.” Lo que afirma el autor sobre los llamados Auxiliares Invisibles no es, de ninguna manera una metáfora o alegoría. Es una plausible realidad y en el mundo hay una legión de seres humanos desarrollados que son capaces de realizar dichas hazañas, siempre en favor de terceros y sin ningún apego material o personal. Para tu mejor comprensión del tema, me permito adjuntarte su estudio completo sobre la obra musical del iluminado Wagner. El Mundo del Pensamiento Concreto es el hogar del espíritu (los cristianos místicos le llaman el Segundo Cielo) y allí reina la música en su más sublime expresión. Es allí donde la “música de las esferas” pitagórica y la Lira de Apolo se hacen patentes y la Palabra invocada por Juan adquiere la cósmica dimensión como alfa y omega de todas las cosas. Allí aprendemos mediante el sonido a crear nuestros arquetipos de nuestros futuros cuerpos. Y es que el Hombre es más allá de la materia densa y es un ente séptuplo trascendente e infinito, con potencialidades igualmente infinitas. Tres cuerpos, tres espíritus y la mente como eslabón entre ellos. Quiero ahondar más en este tema de singular importancia y que estoy seguro habrás tocado en tus estudios profundos de la teoría musical algún rato y porque estás inmerso en la más sublime de las


artes. Me refiero a una abstracción del místico Max Heindel, mi mentor espiritual sobre el particular. El dice que cuando Pitágoras hablaba de la música de las esferas, no empleaba esta expresión como una alusión poética, como arguyen tantos amigos materialistas de este siglo 21 y de épocas precedentes, pues esa armonía existe. San Juan nos dice que en el principio fue el Verbo...y que sin él nada se hizo de cuanto se ha hecho. Ese fue el Fíat creador que trajo al mundo a existencia. El conocido experimento de poner arenilla sobre una placa de vidrio y producir figuras geométricas pasando un arco de violín por un canto de la misma ilustra el poder creador del sonido. De igual manera hemos oído hablar de la música celestial, porque, desde el punto de vista del Mundo Celeste, todo se crea mediante el sonido, que modela la materia concreta convirtiéndola en infinidad de formas diversas que vemos en torno nuestro. Dentro de la esfera de la visión del ocultista todo el sistema solar no es más que un vasto instrumento musical, del que suele hablarse en la mitología griega antigua con el nombre de "la lira de siete cuerdas de Apolo," el radiante Dios Solar. Así como sabemos que hay doce semitonos en la escala cromática, así también tenemos en el cielo los doce signos del Zodíaco, y así como tenemos las siete teclas blancas y tonos completos del piano, tenemos también siete planetas. Los signos del Zodíaco son, por así decirlo, la caja resonante del arpa cósmica y los siete planetas son las cuerdas, los que emiten diferentes sonidos conforme pasan a través de los diversos signos, influenciando así a la humanidad de diversa manera. Si se rompiera esta armonía por un solo instante, si se produjera el más mínimo desacorde en esa banda celestial, todo el universo temblaría. Porque la música puede destruir tanto como crear. Esto lo han probado concluyentemente los grandes músicos. Por ejemplo, el nieto del inmortal Félix Mendelssohn estuvo, durante largos años, experimentando el poder del sonido en esa dirección. Y llegó a la conclusión de que una vez encontrada la nota-clave de un edificio, puente o cualquier otra cosa, podemos destruirla con solo tocar dicha nota con suficiente persistencia y sonoridad. Recordamos un hecho que viene precisamente al caso: Hace muchos años, una banda de música estaba ensayando cerca de una antigua ruina en las proximidades de la ciudad de Heidelberg (en la amada Alemania). En cierto punto de sus ejercicios tocaron una nota extremadamente aguda y sostenida, y conforme esta nota sonaba el edificio ruinoso se vino al suelo con


un tremendo estrépito. Habían tocado la nota-clave de aquellos muros y estos cayeron. En vista de estos hechos, nuestras burlonas sonrisas de los tiempos bíblicos arcanos al oír hablar de la historia de Josué y de los muros de Jericó están fuera de lugar. El sonido del cuerno de carnero indudablemente emitió la nota-clave de aquellos muros, los que, por otra parte, habían sido muy sensibilizados por el paso rítmico del ejército que se preparaba para el asalto final. La marcha rítmica de muchos pies puede destruir un puente, por cuyo motivo se hace que los soldados rompan el paso cuando atraviesan una construcción de esa índole. Por consiguiente, cada planeta produce cierta nota-clave que no es más que la suma total de todos los sonidos que en él se producen, armonizados por el Espíritu Planetario que en él subyace. Este sonido puede ser oído por el oído espiritual. Según dice Goethe: "El Sol entona su antigua canción En medio del canto de sus esferas hermanas. Y sigue la ruta prescrita Sonoramente, en el decurso de los años" – Esto está tomado de la primera parte del Fausto, del prólogo en el cielo. En la segunda parte de la obra los espíritus del aire saludan al Sol naciente con las siguientes palabras: "El sonido que el oído espiritual percibe proclama la llegada del nuevo día; las puertas pétreas chirrían; las ruedas de Febo giran y cantan. ¡Qué son tan intenso trae la luz!" Aquí el primer despertar trae al espíritu el sonido de "la música de las esferas." En nuestra vida terrestre estamos tan abstraídos en los pequeños ruidos y sonidos de nuestro restringido alrededor, que somos incapaces de oír la música de las esferas en marcha, pero el ocultista la oye. Sabe que los doce signos del Zodiaco y los siete planetas forman la caja y las cuerdas de la lira de Apolo que ya te mencioné arriba. Y sabe también que un solo desacorde de esa armonía celestial ocasionada por ese Gran Instrumento produciría "una explosión de la materia y una colisión de mundos." Y eso ocurre en el Universo cambiante. El poder de vibración rítmica es bien conocido de todos los que como nosotros hayamos dedicado al asunto el más ligero estudio. Cuando se habla de que este es el mundo del sonido no debe creerse por ello que no hay color. Muchos sabemos que hay una


relación muy íntima entre el color y el sonido (siete notas y colores musicales bases) y que cuando se toca cierta nota aparece simultáneamente el color correspondiente. Así es también en el mundo celeste. El color y el sonido están presenten a la vez, pero el sonido es el que origina el color. Por lo tanto se dice que este es especialmente el mundo del sonido, y este sonido es el que construye todas formas del Mundo Físico. El músico muchísimas veces puede oír ciertos sonidos en diferentes partes de la naturaleza, tales como el viento en el bosque, el rumor del océano y el canto de las aguas. Aquello de seguro te ocurre a ti. Estos sonidos combinados forman un todo que es la nota tónica de la Tierra, su "tono." Así como dijimos se forman figuras geométricas pasando un arco de violín sobre el borde de un cristal plano cubierto de arena fina, así también, las formas que vemos en torno nuestro son las figuras cristalizadas de los sonidos de las fuerzas arquetípicas que obran en los arquetipos en el Mundo Celeste y el hombre aprende a modelar su cuerpo denso próximo a usarse. El trabajo que realiza el hombre en el Mundo Celeste es múltiple. No es una existencia inactiva, soñadora o ilusoria la que lleva, sino que, por el contrario, es de la más intensa e importante actividad, preparándose para la próxima vida, así como el sueño es una preparación activa para el trabajo de día siguiente. Aquí se absorbe la quintaesencia de los tres cuerpos en el triple espíritu. Tanto como haya sido trabajado por el hombre durante su vida el cuerpo de deseos, purificándolo de sus pasiones y emociones, será lo que absorba el Espíritu Humano como beneficio, proporcionando así al hombre una mente mejorada para el futuro. Tanto como haya sido trabajado el cuerpo vital por el Espíritu de Vida, transformándolo y espiritualizándolo, salvándolo así del decaimiento a que está sujeto el cuerpo vital, se amalgamará con el Espíritu de Vida para asegurarle un cuerpo vital y un temperamento mejor en las vidas subsiguientes. Tanto el cuerpo denso haya sido trabajado por el Espíritu Divino mediante la rectitud en el obrar, se reabsorberá en él y proporcionará un ambiente mejor y mejores oportunidades en el futuro. La espiritualización del vehículo se realiza por medio del cultivo y desarrollo de las facultades de observación, discernimiento, devoción a los elevados ideales, concentración, perseverancia y


justo empleo de las fuerzas vitales. Este tema, el del uso inadecuado o no de la energía sexual es un rollo de gran importancia que podemos desmenuzar en otra oportunidad, pues es fundamental para la creación artística. Aquí viene lo más importante sobre el sonido, pues en tiempo, es el verdadero hogar del ser evolucionante y de fundamental importancia para su futura reencarnación y el medio ambiente que le circundará. Nos dice Heindel que “El segundo cielo es el verdadero hogar del hombre, el Ego, el pensador. Aquí permanece durante siglos enteros, asimilando el fruto de su última vida terrestre y preparando las condiciones terrestres más apropiadas para su próximo paso de progreso.” El sonido que compenetra esta región y que se hace aparente por doquier como color, es su instrumento, por decirlo así. Esa vibración armoniosa y sonora es la que, cual elixir de vida, disuelve en el triple espíritu la quintaesencia del triple cuerpo de quien depende su crecimiento. La vida en el segundo cielo es una vida extraordinariamente activa, variada en numerosos sentidos. El Ego asimila los frutos de su última vida terrestre y prepara el ambiente que lo rodeará en una nueva existencia física. No basta con indicar que las nuevas condiciones estarán determinadas por la conducta y los actos de la última vida. Es necesario que los frutos del pasado sean trabajados y realizados en el mundo que será el próximo campo de actividad, mientras que el Ego está adquiriendo nuevas experiencias físicas frescas y obteniendo nuevos frutos. Por lo tanto todos los habitantes del mundo celeste trabajan sobre los modelos de la Tierra, los que se encuentran en la Región del Pensamiento Concreto. Son ellos los que alteran las formas físicas de la Tierra y producen los cambios graduales que varían su aspecto, de manera que en cada nueva venida a la vida física se han preparado un nuevo ambiente en el cual podrán adquirir nuevas experiencias. El clima, la flora y la fauna son alterados por el hombre bajo la dirección de elevados Seres de enorme evolución y luminosidad. Así que, querido hijo, el Mundo es exactamente lo que nosotros mismos, individual y colectivamente, le hemos hecho y será lo que lo hagamos; así de trascendente es esto. El ocultista ve en todo cuanto ocurre, una causa de naturaleza espiritual manifestándose, sin omitir el alarmante aumento de las perturbaciones sísmicas, producidas por el pensamiento materialista de la ciencia moderna. Observa por doquier el doloroso escenario mundial presente. Es cierto que causas puramente físicas pueden producir perturbaciones, pero, ¿es ésa la última palabra sobre el asunto?


¿Podemos explicarnos ampliamente las cosas con solo registrar lo que aparece en su superficie? Con seguridad, ¡No! Max Heindel hace una comparación sobre este asunto muy interesante que nos da luz sobre este argumento: “Vemos dos hombres discutiendo en la calle y súbitamente uno golpea al otro, haciéndolo caer. Un observador podrá deducir que un pensamiento de odio fue la causa original del golpe. En cambio, otro puede sostener que él vio el brazo tendido, contraídos los músculos hasta ponerse en contacto con la víctima. Esto es también cierto, pero es obvio añadir que si no hubiera habido un pensamiento de odio de por medio, el bofetón no se habría producido. De parecida manera, dice el ocultista, que si no fuera por el materialismo, las convulsiones sísmicas no se producirían.” La obra del hombre en el mundo celeste no está confinada únicamente a la alteración de la superficie de la Tierra, que será el campo de acción de sus futuras luchas para dominar el Mundo Físico. Está también ocupado muy activamente en aprender a construir un cuerpo que sea un medio mejor de expresión. El destino del hombre es convertirse en una Inteligencia Creadora y está haciendo su aprendizaje para conseguirlo durante todo este tiempo. Durante su vida celeste está aprendiendo a construir toda clase de cuerpos, el humano inclusive y ya ahora está dando pasos sólidos por medio de los descubrimientos del ADN, el mapa del genoma humano y los códigos genéticos. De tal suerte que, paradójicamente, aquellos que llamamos muertos son los que nos ayudan a vivir. Ellos, a su vez, son ayudados por los llamados "espíritus de la Naturaleza", a quienes mandan. El hombre es dirigido en su trabajo por Instructores de las más elevadas jerarquías creadoras, los que le ayudan a construir sus vehículos antes de que alcance la conciencia de sí mismo, de la misma manera que él construye actualmente sus vehículos durante el sueño. En el transcurso de su vida celeste ellos le ayudan conscientemente. Y te menciono esto, para que comiences a entender tu estructura física y mental, que no deviene de casualidades aparecidas al azar, sino de un largo y profundo proceso de millones de años y que tus dotes son el resultado de precisamente el mérito de vidas y aprendizajes pasados.


Al pintor por ejemplo, se le indica como construir un ojo sutil, capaz de tomar perspectivas perfectas y de distinguir los colores y las sombras hasta un grado inconcebible para los que no se interesan en el color y en la luz. El matemático tiene que tratar sobre el espacio, y la facultad para la percepción de este espacio está relacionada con el delicado ajuste de los tres canales semicirculares que están situados dentro del oído, apuntando cada uno a una de las tres dimensiones del espacio. La lógica y la habilidad matemática están en proporción directa al ajuste de esos canales semicirculares. Pero, nuevamente, veamos lo que dice Heindel sobre los músicos como tú: “La habilidad y virtudes musicales dependen también del mismo factor, pero además de la necesidad del debido ajuste de dichos canales semicirculares, el músico precisa que las "Fibras de Corti" sean extremadamente delicadas y de las cuales hay cerca de diez mil en el oído humano y son capaces de interpretar cada una alrededor de veinticinco gradaciones de tonalidad. En los oídos de la mayoría de los hombres esas fibras no responden más que de tres a diez de las gradaciones posibles. Entre los músicos ordinarios, el mayor grado de eficiencia es alrededor de quince sonidos por cada fibra; pero el maestro de música que puede atraer e interpretar la música del mundo celeste requiere un mayor grado de eficiencia para poder distinguir entre las diferentes notas y percibir la más ligera disonancia en las más complicadas melodías. Las personas que requieren órganos de tan extremada delicadeza para la expresión de sus facultades deben prestarles el mayor cuidado, como lo requiere su elevado grado de desarrollo. Y ´escucha´ esto: “Ningún otro artista es tan elevado como el músico, lo que es muy razonable si consideramos que mientras el pintor atrae fácilmente la inspiración del mundo del color -el más próximo al Mundo del Deseo-, el músico evoca y nos ofrece la atmósfera de nuestro hogar celeste, al que como espíritus pertenecemos, y nos la traduce en sonidos de nuestra vida terrestre. Su misión es la más elevada, porque como medio de expresión del alma viviente, la música es reina suprema. El que la música sea diferente y más elevada que las otras artes se comprende si consideramos que una estatua o un cuadro, una vez creado, es permanente. Estos son


evocados del Mundo del Deseo y por lo tanto se cristalizan más fácilmente, mientras que la música, siendo del mundo celeste, es más evasiva y debe reproducirse cada vez que la queremos oír. No puede ser aprisionada, como lo demuestran las tentativas infructuosas, para hacerlo parcialmente por medio de mecanismos tales como el fonógrafo y los autopianos. La música así reproducida pierde mucho de la dulzura y grandeza que posee cuando viene fresca de su propio mundo, trayéndole añoranzas de su verdadera patria y hablándole en un lenguaje de bellezas tal, que ningún mármol ni ningún cuadro pueden expresar. (Esto fue escrito en 1909 pero esa apreciación esta indudablemente vigente. Nada se compara a una recepción en vivo de una obra musical) El instrumento por el cual siente el hombre la música es el más perfecto sentido del cuerpo humano. El ojo no es, en manera alguna, verdadero, pero el oído es perfecto en el sentido de cualquier sonido que oye lo oye sin deformarlo, mientras que el ojo tergiversa muy a menudo lo que ve. Además del oído musical, el músico debe también aprender a construir una mano fina y delicada, con dedos ágiles y sensitivos nervios, pues en caso contrario no podría reproducir las melodías que oye. Es una ley de la naturaleza el que nadie pueda habitar un cuerpo más eficiente que el que sea capaz de construir. Se aprende primeramente a construir en cierto grado el cuerpo y después se aprende a vivir en él. De esta manera se descubren los defectos y se le enseña a corregirlos. Todos los hombres trabajan inconscientemente en la construcción de sus cuerpos durante la vida antenatal hasta llegar el momento en el que la quintaesencia de sus cuerpos anteriores - esencia que han conservado- debe ser edificada o encarnada. Entonces trabajan ya conscientemente. Se comprende, pues, que cuanto más avanza el hombre y más trabaja sobre sus vehículos, haciéndolos así inmortales, más poder tiene para la construcción de una nueva vida. Esto es extraordinario: El discípulo desarrollado en una escuela ocultista algunas veces comienza a construir él mismo tan pronto como se ha realizado el trabajo de las tres primeras semanas, que pertenece exclusivamente a la madre. Cuando ha pasado el período de construcción inconsciente, se le presenta al hombre una oportunidad para ejecutar su naciente poder creador, y entonces comienza el verdadero proceso creativo original: Epigénesis.


Vemos, pues, que el hombre aprende a construir sus vehículos en el Mundo Celeste, y a usarlos en el Mundo Físico. La naturaleza suministra toda clase de experiencias de manera tan maravillosa y con tan consumada sabiduría, que cuanto más profundamente penetramos en sus secretos, vamos siendo cada vez más impresionados por nuestra insignificancia, creciendo nuestra reverencia hacia Dios, de Quien la Naturaleza es su símbolo visible. Cuanto más sabemos de sus maravillas, más comprendemos que este sistema mundial no es la vasta y perpetua máquina en movimiento, mecánica, que el materialismo nos ha hecho creer. Sería enteramente tan lógico como pensar que si arrojamos al aire una caja de tipos, los caracteres se arreglarían por si mismos formando un hermoso poema cuando llegaran al suelo. Cuanto más grande es la complejidad del plan, más poderoso es el argumento en favor de la teoría de un Autor Divino Inteligente. Un tierno y cálido abrazo, amado hijo. J. Mejia Quito, 16 de agosto de 2008


Una epistola y la música1