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MIRADA A UNA HISTORIA DE LA HUMANIDAD El clarividente Edgar Cayce dijo en 1940 que Poseidia, (mejor conocida como la primera porción de la Atlantida) se descubriría entre 1968 y 1969. J. Manson Valentine descubriría en el año 1969, un gigantesco “camino o muro” formado por bloques o lajas de piedra a 6m de profundidad cerca de las islas Bimini al norte de las Bahamas. J. M. Valentine lo describiría como un enigma arqueológico." (Fuente-Internet). Nos confirman que en 1968 ya se descubrió esta pirámide por un doctor naturópata, Ray Brown de Mesa, Arizona... Caice parece haber tenido razón.

Por otro lado, en Humano_Omega leemos que es “interesante contar aquí una versión de la Historia de la humanidad obtenida por varios clarividentes, entre ellos un vidente llamado Fabre D’Ólivet (siglo XIX), en sus investigaciones del plano astral. Comienza su versión hablando de las razas occidentales, resaltando a la raza roja como en la cima de la civilización, establecidas en bellas colonias en lo que ahora es Gran Bretaña, en Bretaña, en el País Vasco y en Italia, donde los etruscos eran otra colonia de la raza roja, al igual que los atlantes (que eran descendientes de esa raza) y los habitantes del área que es el actual Egipto. Tras la gran catástrofe que abatió al planeta completo, sobre todo la parte septentrional y la Atlántida, gran parte de la raza roja desapareció sobreviviendo aquellos que habitaban los lugares con cotas más elevadas y en las cimas de las montañas de América. Acerca del cataclismo atlante, destacar que en sus efectos sólo había un origen o causa principal: el ávido deseo de poder. Para comprender esto, hay que remontarse a la historia atlante, vista en rasgos generales. Procedían de Lemuria, un civilización anterior que se caracterizó por su color de piel rojizo oscuro, por su gran variedad de especímenes y 1


porque no disponían de una mente tal como la conocemos hoy. Los cuerpos eran algo deformes (la naturaleza no se esforzó en dar belleza a estos seres) y muchos de ellos evolucionaron en las formas homínidas que aún hoy existen, mientras que otros sucumbían por carecer de las facultades necesarias. Fue una época dura de pruebas biológicas en la que los juegos genéticos de la Naturaleza fueron más agresivos que nunca; favoreció a esta circunstancia que los seres no eran tan materiales como lo somos ahora, lo cual impedía desarrollar en ellos a la especie capaz de enfrentarse al desafío de la Naturaleza. La raza Lemúrica abarcaba lo que ahora es el océano Pacífico, entre Japón y Hawái, y que entonces eran un continente inmenso, convulsionado por los volcanes, llamado Mu o Lemuria, que ha desaparecido para escindirse en parte de Asia oriental y Australia, incluso parte de la América del Oeste. El principal problema de la evolución de los lemures era la fusión entre materia y vida, por lo que los lemures eran manifestaciones de vida muy desamparadas, donde no acababa de fundamentarse un organismo biológico capaz de adaptarse a la Tierra. Morían con gran facilidad y no soportaban con demasiada fortaleza el entorno. No obstante eran muy inocentes y no había ningún asomo de agresividad o maldad en sus actos. Se dedicaron a ser gentiles con los demás seres y con la Naturaleza, con una gran sencillez en su modo de vida y un gran respecto por la Naturaleza. Eran tan inocentes que carecían de la noción de la muerte y no llegaron a aceptar nunca la materialidad incipiente de sus cuerpos. Es como si su parte espiritual o vital estuviera tan conectada al Cosmos que les impedía poner el pie definitivamente en el planeta Tierra. Eran seres hermafroditas (en su origen) y de gran tamaño, de hecho eran Titanes. En el ocaso de esta raza experimental, donde la humanidad jugaba a ser un organismo más completo, más material, se produjeron varias escisiones importantes (no hermafroditas) entre los herederos de aquella incipiente especie humana. El resto sucumbió o permaneció con una mente tan escasa que no pasaron del umbral de animal irracional. De entre aquellas escisiones, dos destacaron porque sus genes portaban la semilla del desarrollo humano que podemos conocer hoy en día. El grupo de los ignorantes y gentiles se extendieron por lo que ahora es Asia, y su fruto más representativo lo vemos en las ideologías hindúes, tibetanas y centro asiáticas, donde lo material sigue siendo algo inaceptable para ellos, mientras que su vida interior es muy importante, aunque ya no poseen esa conexión cósmica que entonces tuvieron, sino sólo una 2


lejana mitología cargada de distorsión por la falta de una mente adecuada que pudiera hacer trascender su historia real a lo largo de los milenios. El otro grupo escindido de la raza consiguió desarrollar cierta curiosidad interesada, cierta ligera agresividad, y algunas capacidades que les permitieron encajar mejor su vitalidad dentro del cuerpo material: lograron una comunión certera entre espíritu y materia. No era un estado perfecto, pero servía como semilla para mejorar su desarrollo. De ellos quedó el nacimiento de los primeros deseos, las primeras luchas por conseguir logros, el primer uso de la mente para obtener beneficios, y todo ello les proporcionó placer, amor por pertenecer a este planeta, y facilitó aún más su asentamiento material. El portal espiritual comenzaba a cerrarse en el ser, para dar paso al ser racional. No contentos con conocer espacios cercanos se volvieron nómadas y buscaron tierras más bellas y hospitalarias con las que saciar sus inquietudes. El camino fue largo y ciertamente provechoso, pues conquistaron todas las tierras y aprendieron a gobernar sobre todo lo que les rodeaba: el ser humano empezaba a saborear su triunfo sobre la Naturaleza.

De este grupo, cuyos asentamientos más lejanos llegaron hasta la actual América, surgiría la raza atlante. Las colonias más fructíferas se formaron en la zona que hoy se conoce como Centroamérica, Cuba, las Bahamas, el golfo de Florida y hasta más al norte. Se formaron cuatro grandes núcleos, ciudades florecientes sobre una tierra que ellos llamaban Atl, nombre que expresaba su deseo interior de una nueva vida. Su lenguaje era muy sencillo y armonioso, parecido a un canto formado solo con vocales, pues se comunicaban entre ellos más sentimientos que ideas, y no había duda del significado en cada de sus expresiones, sinceras y cargadas de energía interior. De las cuatro metrópolis principales una se ubicaba en lo que ahora es el golfo de México (dentro de lo que ahora es mar), otra en las cercanía de la actual ciudad de México (la mayor de las cuatro), otra cerca del sur de Atlanta (en los actuales EE.UU.), y la última (cronológicamente y por tamaño) se llamó Hamas y ocupaba la zona donde ahora se encuentran las islas Bahamas. Toda esta área formó un núcleo verdaderamente avanzado, no en tecnología ni en 3


desarrollo tal como hoy los conceptuamos. Su verdadero avance se producía en su mejora del conocimiento de las energías y su uso, sobre todo la procedente del Sol, que era para ellos un surtidor de vida y de esplendor tanto físico como espiritual. El uso de tales energías conllevó a un aprovechamiento de recursos naturales más eficaz que lo que nunca ha conocido el ser humano, cosa que además les permitía dedicarse por completo al estudio de las energías, al estudio de la vida y el modo de manifestarse esta, pero no con ánimos de manipulación, sino para gozar del conocimiento y su trascendencia. Hay que resaltar que no existían guerreros entre estos atlantes, pues su dominio de las energías y su pacífico carácter no les solicitaban guerras entre ellos. La urbe localizada sobre la zona de las Bahamas, de nombre Hamas, fue sede de los más prestigiosos y avanzados sabios en lo concerniente al conocimiento y dominio de las energías, pero se trasladó dicha sede a un quinto lugar destacado, en la zona conocida hoy como Cuba, pues allí se construyeron palacios o templos donde se reunían para realizar sus investigaciones lejos de las otras urbes. Les llamaron los templos de Tien (pues Tien era entonces el nombre de la actual Cuba) y en ellos experimentaron las canalizaciones de las energías a través de multitud de tipos de cristales y estructuras, destacando las de construcción piramidal, de las cuales podemos ver los vestigios de copias que quedan lejos de ser lo que fueron las originales. Obtuvieron resultados muy sobresalientes, sobre todo en la prolongación de la vida, y esto generó cierto recelo en uno de los dirigentes, llamado Aurah Tihmmun, de la ciudad situada cerca de la actual Ciudad de México. Poseedor de un gran poder y apoyado por las otras urbes decidió hacer uso de los elevados poderes sobre las energías que habían obtenido en los templos de Tien. Los sabios poseedores de los secretos dudaron en entregar tanto dominio a Aurah Tihmmun y este no dudó en sacrificar a los seguidores de los templos y someter a grandes torturas mentales a los reaccionarios sabios. Aurah Tihmmun fue considerado como una bestia, pero no era más que un representante del deseo de vivir eternamente, a costa de lo que fuera, y ese deseo era capaz de sentirlo cualquier atlante, aunque tal vez no tan desmedidamente. Fue tan grande la presión que ejerció la crueldad del invasor, que los sabios no les quedó más remedio que ceder a los deseos del dirigente exaltado, a cambio de un compromiso en que el uso de las energías nunca sería en contra del bien del planeta y sus habitantes, compromiso que fue aceptado pero no cumplido, y comenzó un reinado descontrolado donde las energías fueron empleadas para satisfacer a una decadente sociedad en sus vicios y en sus intereses más oscuros. Los grandes sabios no pudieron controlar su ira y, tras muchos años de salvajes torturas sobre sus almas, volcaron su poder contra el déspota y el choque de energías fue tan colosal que el eje de la Tierra se trasladó de su posición estable, el medio ambiente se alteró completamente devorado por grandes cataclismos que modificaron la 4


distribución de los continentes y el núcleo atlante se sumergió bajo las aguas del océano en una sola noche. La catástrofe no quedó ahí, pues sus efectos crearon un almacén de energías activas descontroladas que se trasladan desde entonces por el núcleo del planeta y que afectan a la Luna de un modo notable, aunque no desestabilizante para el satélite. Y esas energías siguen buscando su expresión física hoy en día, siendo las causantes de los enormes cataclismos que sobresalen de entre las simples tormentas o movimientos sísmicos naturales. La raza atlante murió dejando una huella indeleble en el planeta.

Con los supervivientes se produjo una peregrinación hacia todos los lugares habitables del planeta, sobre todo las áreas ocupadas hoy por África y Asia. En África se asentaron, junto al cauce conocido hoy como Nilo, algunos buenos atlantes, sabios y equilibrados usuarios de las energías, donde se aislaron del resto de las culturas. En Asia ellos fueron la semilla, junto con los descendientes lemures que allí habitaban, de la corriente semítica del Asia occidental. La leyenda de Noé escenifica este origen del semitismo en Asia. En las cercanías del Polo Norte se alojaron algunos otros supervivientes que, con el transcurso de siglos constituirían la raza blanca, débil y salvaje, sin leyes y sin arte, sin tradiciones ni recuerdos. Este cataclismo permitió que la supremacía de la civilización se trasladara a las razas negras que dominaban la zona ecuatorial, y que se esparcían por la zona austral del planeta; por ser también muy antigua, sus individuos poseían sabiduría y sus colonias ocupaban grandes extensiones: África, Asia y probablemente Australia. En Asia la raza negra usaba como esclavos a la casi extinta raza amarilla, anterior dominadora del hemisferio oriental, como la raza roja lo fue del occidental. Así se situaban los dominios de cada raza.

La raza blanca comienza su expansión, desconocedora de que existen otros habitantes, desplazándose en gran número hacia mejores climas, en el Sur, a través de los bosques de la Tierra de los Caballos (Ross-land, Rusia actual) por donde alcanzaron a las tierras superiores (Poll-land, actual Polonia) y desde allí a las tierras más altas (Teuts-land, Deutschland que es Alemania) ya en Europa central, limitadas al Norte por lo que llamaron el confín de las almas (D’Ahn Mark, la Dinamarca actual) y al Oeste por las tierras bajas (Holl-land y Gholl-land, Holanda y la Galia), lugar donde se produjo el choque entre la exploradora raza blanca y la dominadora raza negra. Los nómadas de la raza blanca fueron sometidos en masa, débiles y sin armas ni estrategias, como esclavos en los trabajos más duros: minería y construcciones. La esclavitud les permitió aprender de sus amos toda clase de artes, incluido el arte de guerrear. 5


En esos tiempos, las mujeres de cierta casta de la raza blanca, las druidesas, tenía cierta influencia sobre las tribus y sus inspiraciones divinas (en estado de éxtasis) eran solicitadas por los jefes para decidir sobre asuntos importantes. Un caso de enfrentamiento entre dos tribus de raza blanca, que se encontraban cercanas a empezar una guerra entre ellas, fue detenido tras una visión de las druidesas en la que se anunciaba que uno de los ejércitos de la raza negra estaba cerca y al acecho, a la espera de que la lucha fratricida ocurriera para aparecer después sobre los supervivientes y destruirlos. Ello provocó que ambos jefes se unieran y exterminaran al ejército enemigo, que realmente se encontraba expectante. Varios aciertos importantes dieron mayor poder a la casta de las druidesas dentro de la raza, llegando a obtener una gran autoridad y veneración de tipo sagrado. Pero con el transcurso de las generaciones fueron perdiendo sus habilidades de la profecía, y para mantener su distinguida posición, usaron los sacrificios humanos y la religión del terror, que alejaba a los cautos y sacrificaba a los incautos. Pero la raza blanca tenía otros enemigos naturales. La lepra, contraída mediante las relaciones con la raza negra, se extendió peligrosamente sobre la raza blanca, a pesar de la multitud de sacrificios humanos ofrecidos por las druidesas al dios Thor y la diosa Freya. De este modo, con el transcurso de los años, se derrocó el poder de las druidesas y se provocó la terrible reacción que ha privado durante mucho tiempo a la mujer de libertad, calificándola de demonio y llegando a ser considerada como un animal. De todo ello queda un recuerdo sintetizado en el símbolo del pentagrama o Pantáculo, la estrella de cinco puntas construida con cinco líneas rectas, que simboliza el poder femenino tal como lo representaban los cultos del paganismo (religión ancestral surgida del culto a la Naturaleza y sus Fuerzas, fruto del folklore de pueblos de más de diez mil años). En un mundo divido por lo femenino y lo masculino, los dioses y las diosas son Fuerzas nombradas por los paganos, y coexisten en equilibrio por la armonía de la Naturaleza. El pentagrama representa la divinidad femenina de todas las cosas, y Venus, Astarté e Ishtar son la misma diosa, responsable del amor sexual y de la belleza. Es curioso que Venus, el planeta que representa a esta diosa sensual, trace en el firmamento 6


una trayectoria en forma de pantáculo, en un ciclo que dura 8 años...motivo para la celebración de las olimpiadas griegas cada 8 años. Cuando las druidesas fueron arrancadas de su predominante trono, se las recordó con el pentagrama vuelto al revés, asemejando a una terrorífica cabeza de carnero... al mismo demonio, recordando así por milenios el despotismo de la feminidad al ser usada por mentes perversas. No obstante, el símbolo del pentagrama que recuerda la divinidad femenina y su capacidad de dar vida fue recuperado más tarde, mucho más tarde, por los esenios y principalmente por uno de sus herederos... el Cristo. Huyendo del despotismo de las druidesas se segregó una gran parte de una tribu de la raza blanca, los celtas. Se establecieron hacia el 10.000 a.C. en regiones ocupadas por la raza negra, en el lugar que ahora es Arabia, mezclando su sangre y resultando una descendencia que formó la tribu de los bodhones, de los que una parte y tras innumerables vicisitudes se constituyó el pueblo hebreo. Desde ese punto procede el origen de la inferioridad de la mujer entre los judíos y su negativa a que la mujer recupere su posición natural junto al hombre. En pleno apogeo de la plaga de leprosos, recupera poder la casta druídica, esta vez con un hombre de genio: Ram el druida. Contrario a los métodos de las druidesas y abatido por las circunstancias, sufrió una visión procedente del plano astral en la que vio el alma colectiva de su raza (a la que llamaban el gran Herrmann) quien le revela cómo el muérdago de la encina, preparado de un modo determinado, era el remedio contra la lepra. Ram anunció al jefe de su casta la visión y su puesta en práctica devolvió el prestigio perdido a la comunidad de druidas. El secreto de la pócima sólo se comunicaba entre druidas durante la época de la renovación de las fuerzas de la Tierra (final de Diciembre, por Navidad) en una ceremonia conmemorativa, que por cierto el cristianismo ha hecho suya transformándola en el simbolismo equivocado del nacimiento de Cristo. La decadente casta de las druidesas, tratando de recuperar el poder que estaban perdiendo, eligieron a Ram como sacrificio para sus dioses, pero él no estaba de acuerdo y se vio obligado a huir para evitar una guerra civil. Se dirigió hacia el Mar Caspio, unos 6700 años a.C., con varios millares de celtas que le secundaron, y se unió al pie de los Montes Urales con otras tribus blancas establecidas en anteriores emigraciones. Allí organizó sus fuerzas y estableció un campamento entre el Mar Caspio y el Mar Aral, con el fin de conquistar la India, bajo el dominio de la raza negra, los etíopes de las riberas del Ganges. 7


Consiguió rechazar a los ejércitos de la raza negra hasta la isla de Lanka (Ceilán) donde el Pha-Rawon negro fue vencido. El poema indio del Ramayana cuenta la mayor parte de estos hechos. Este fue el inicio del imperio de Ram, que estableció su sede en el Tíbet, cambiando su nombre de guerrero (Ram el carnero) por el de sacerdote (Ram el cordero), fundando el culto lámico, el rito del cordero místico, que se extendería a la Raza Aria. Por ello la procedencia de la Raza Aria no es de Asia, sino del norte occidental. El nombre de Ram se extiende entonces siendo llamado Rama en la India, Lama en el Tíbet, Fó en China, Pá en el Japón, Pa-pá, Padi-Shah al norte de Asia, Giam Shyd entre los persas e iraníes, Dionisios entre los arios. Así mismo, Ram ideó los símbolos del Zodíaco, llamando al primero de ellos Aries, el carnero (en recuerdo de su propio nombre y del despotismo de las druidesas), mezclándolos con su historia personal, al igual que hizo después Moisés. Durante 35 siglos se mantuvo el imperio de Ram, influenciando hasta a Egipto. Tras catorce dinastías de gobierno de los Pha-Rawon, con la intacta tradición atlante de la raza roja transmitida a la raza negra, Ram pudo haber influenciado provocando la primera dinastía dios-positiva (la dinastía XI). Tras 3500 años se desplazó la civilización desde la India hasta su lugar de origen en Europa. Este movimiento fue causado por los pastores yonis o palifenicios. Salieron de la India 3000 años a.C. e invadieron el Golfo Pérsico, Yemen, Arabia y casi toda el Asia Menor, dando origen a los imperios de Asiria y Fenicia, para llegar a Egipto 2700 años a.C. Los celtas bodhones que habían sido hasta entonces los nuevos dueños de Arabia no quisieron ser sometidos por los pastores y prefirieron expatriarse. Una gran parte se desplazó a Etiopía, y el resto se exiliaron en forma de pueblos nómadas errantes, llamados hebreos por esa razón. Durante la dinastía XII los pastores asiáticos amenazaron a Egipto (hacia el año 2600 a.C.), momento que aprovecharon los sacerdotes para volcar la tradición atlante sobre los Grandes Misterios, para protegerla del alcance de los invasores. Se extingue la costumbre de las ceremonias de formación al pueblo egipcio, en las enseñanzas de repetición, a las que acudía la población masivamente, en días señalados, para recordar la sabiduría ancestral. Las matanzas de egipcios a manos de los pastores invasores (a los que el historiador Manetón llama Hyksos, que significa reyes pastores en lengua sagrada) se producen hacia el año 2200 a.C., y a la vez fortalecieron sus conquistas en Arabia para protegerse de posibles represalias por parte de sus compatriotas ortodoxos de la India. Dominando el Mar Fenicio (entre Arabia y Egipto) ocuparon los hyksos o fenicios las orillas cercanas del Mediterráneo, para hacer de él su imperio, cuyo núcleo se estableció en Pallisthan (Palestina actual), y alcanzó desde el Nilo hasta el Eufrates, llamándose palifenicios. La clase jonia de los pastores o fenicios, con tradición básicamente esotérica, da como fruto a una serie de iniciados alrededor del 2700 a.C., entre ellos 8


el intelectual Fo-Hi en China, Krishna en la India, el primer Zoroastro (mago y naturalista) en Irán, Sanchoniatón en Tyro. (1) Moisés fue un egipcio sobresaliente, lo cual le llevó a ser iniciado en los velados Misterios tras haber sido educado en la corte del faraón. Pero cometió un crimen y hubo de expatriarse a Etiopía, donde le es mostrada la ancestral tradición atlante, conviviendo con los pueblos árabes (mezcla de celtas y atlantes) autoexiliados por la invasión de los pastores (a los que los exiliados llamaban filisteos) en el Yemen. Jethro, sacerdote árabe expatriado y perteneciente a la comunidad hebrea, le desposa con su hija Zéfora, y le ocupa con sus rebaños, mientras le alecciona sobre sus tradiciones, las generaciones de Adán, las profecías. Desde el desierto le viene la visión inspiradora de la zarza ardiente que no se consume, y le habla la voz del dios de sus ancestros, Iheveh, "Seré el que Seré", y dio forma a una doctrina que mezclaba leyendas muy antiguas con la historia de su propia vida; el Sepher, doctrina que atribuyó a un decreto de la sabiduría divina. Se ocupó de mantener al legado de Ram y la raza roja dentro de la unidad divina de los atlantes. Sanchoniatón generó el germen de unas jerarquías de FuerzasPrincipios, en apariencia en contra de la unidad divina. Orfeo retomó sus ideas y las extendió entre los tracios, tras haber sido iniciado igual que Moisés, y haber sido educado en el mismo templo de Osiris. Estas ideas se abrirán un gran camino en Grecia, creando la belleza de sus mitos y el politeísmo, pero no conoció al autor el fruto de sus semillas, pues Orfeo fue asesinado por iniciados de las druidesas. Aunque nueve siglos más tarde seguían siendo bellos mitos, Pitágoras era de los pocos hombres que conocían el secreto de su mensaje oculto, lo que hacía de la ignorante clase sacerdotal una farsa, en esa posterior época. Con sus conocimientos hizo escuela, dando una base indestructible a las ciencias, de modo que ha llegado hasta nuestros días pese a haber atravesado las épocas más oscuras.

De nuevo una oleada de inspirados se hace sentir, ya en el siglo quinto a.C. Desde Persia el último Zoroastro, que lega el Zend Avesta a sus seguidores. Confucio y Lao-Tse desde China, y en Japón destaca Son-Mu, mientras en la India se ilumina el cuarto Budha, sucesor de Sakyamuni, y las misiones budistas llegan hasta la escuela de Alejandría y las escuelas esenias. Los judíos encuentran a Esdras, restaurador del Sepher 9


de Moisés, junto al caldeo Daniel. Los filósofos y sabios griegos Platón, Sócrates y Aristóteles muestran su esfuerzo por el conocimiento y lo plasman para la posteridad. El profeta babilonio Hillel muestra la Thora como única doctrina válida junto al "No hagas a los demás lo que no quieras para ti mismo". Él y Juan Bautista preceden al Cristo y le preparan el camino. En esos tiempos, y gracias a los florecientes conceptos religiosos, la mujer ha sido redimida de su papel como demonio del pasado y empieza a ser vista de nuevo como fuente de vida, pero lejos aún de ser respetada por los hombres más allá de lo que respetan a los animales en los que basan su sustento. El Mesías de la raza blanca se hace uno de nosotros, encarnado en el Cristo de Jerusalén. Aparece como una acción directa de lo divino entre lo humano. Gran misterio que nos llega hasta hoy deformado y velado, pero abriéndose camino en nuestras conciencias por una atracción misteriosamente oculta. Jesús trató de abrir los ojos a hombres y mujeres para hacer ver que todos somos iguales ante Dios, hombres y mujeres, en un esforzado intento por devolver a la mujer y a la Naturaleza el equilibrio perdido diez mil años antes, y para él el pentagrama se convierte en símbolo del cáliz de vida que vierte su sangre para permitir que el mundo siga siendo iluminado por los hijos de Dios: la mujer, la deidad y su parte femenina olvidada, que más tarde se convertiría en el simbolismo tergiversado por la Iglesia Católica con el nombre del Santo Grial. Al mismo tiempo pero lejos de esas tierras de profetas, surge Odín o Frighe, otro iniciado de la tradición de Zoroastro, que reveló a los celtas las tradiciones caldeas y griegas, así como los misterios de Mitra. La vieja religión de los celtas vio reemplazar a su gran antepasado Teutad por un dios llamado Wôd o Goth (nombre del planeta Mercurio para los Indios) que dio nombre a la nación gótica, y el propio Odín (que tomó como nombre Wodan para acabar siendo Odín). Estos celtas, indómitos y bárbaros crean la devastación y el horror en el imperio romano, empujando a la ciencia y la intelectualidad lejos de Europa, a Constantinopla. Y de la mano de la cultura árabe vuelve a ser introducido en el Occidente la tradición egipcia y griega de la cual los cristianos tomarán su ciencia. Los nuevos cristianos, nacidos de la necesidad del emperador romano Constantino (finales s. III 10


d.JC) de aliar la antigua religión pagana con la creciente y poderosa masa de creyentes seguidores del Cristo, se crecen en multitudes tras surgir, del esfuerzo de Constantino, un nuevo dios "hijo de Dios" envuelto en los mitos de cultos ancestrales. Toman el estandarte de la verdadera religión y vuelven sobre Oriente tratando de imponer el orden de su "perfecta doctrina" en la destruida Jerusalén, irrumpiendo por la fuerza con sus ejércitos de Cruzados, buscando el secreto del Santo Grial, o tal vez debamos decir la "Sang Real" del Sagrado Cáliz, o descendencia de la estirpe de Jesús, los Merovingios, aventura a la que va unida un trasfondo económico que convierte a los caballeros Templarios y gnósticos, en guardianes de tesoros y protectores de los poderosos, aprendices de Cábala e incapaces de sobrepasar a los árabes, obstáculo insalvable en su intento de invadir Asia.

Mientras tanto, se pone en duda que los discípulos de Jesús difundieran el verdadero mensaje de su Maestro, siendo Mahoma el máximo exponente de los acusadores de una doctrina cristiana falseada y distorsionada, a pesar de que él defiende los orígenes de tal doctrina y libra de culpabilidad a Jesús, al igual que defiende la doctrina mosaica, y a ambas las tiene como inspiradas por Dios, pese a la intolerancia de sus sectarios seguidores. Cuando los árabes eran los portadores del movimiento racional del mundo civilizado, Mahoma se esfuerza por restablecer la unidad de Dios tal como los hebreos la heredaron de la tradición de los atlantes… La historia moderna entra en escena. JMR- septiembre-2012

(1) El único monumento escrito que los fenicios nos han dejado, es el fragmento atribuido á ese autor llamado Sanchoniatón que, según Filón, su traductor, fue un sacerdote de Tiro. Este nombre debe de tener un sentido, y no es en el griego ni en el caldeo donde hay que buscarlo, sino más bien en el copto antiguo que hemos empezado á conocer por los jeroglíficos, y que seguramente fue la lengua oficial y sagrada que hablaron los pueblos educados bajo la tutela de Egipto. En esta lengua, Koniath significa la morada santa, él colegio sacerdotal donde residían los sacerdotes y se custodiaban los archivos. Los de Egipto eran célebres. En el colegio de Menfis estudiaron Tales y Demócrito; Pitágoras fue á Tebas, Solón á Sais, y Platón a Heliópolis. (Fuente: Cosmogonía y Mitología)

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MIRADA A LOS ORIGENES DE LA HUMANIDAD  

Las semillas de los lemures, atlante y arios, desde otra perspectiva

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