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EL PROBLEMA DEL MAL (Planteado por Ricardo Cob en la página Sabiduría Eterna de FB.)

*/Todos hemos sido sometidos a religiones exotéricas que separan al cielo y al infierno, a Dios y al Diablo. Tenemos que conocer, y no solo intelectualmente sino también emocional y subconscientemente, como un modelo de pensamiento y acción, que no hay sino Un Creador, que crea todas las apariencias de maldad tanto como el así llamado bien. Cualquier mal, cualquier oscuridad, que disociemos del UNO en nuestras acciones, palabras o pensamientos, muestra que no hemos desenvuelto aún la capacidad para responder correctamente al problema del mal. - ANN DAVIES

*/"Si no estaba en los planes de Dios el que el ser humano sufriese tanto en su viaje por la materia ¿Por qué se permitió la involucración de los seres Luciferes? Si el tiempo no existe ¿Por qué acelerar la evolución a cambio de tanto dolor?".- JUAN MARIN

*/”Yo creo en Dios, el Dios de la Biblia, El creador, El todo poder, El infinito amor del Padre. Eso no resuelve el problema del mal, lo hace aun peor. Quizás Dios se convierta en parte de la solución, pero empieza siendo parte del problema porque cómo es posible que, infinitamente amoroso todo poderoso, Dios permite que bebes inocentes sufran con enfermedades como el cáncer? Ese es el problema no simplemente el sufrimiento pero el escándalo de sufrir en un Universo creado y gobernado por Dios. (Filosofo y Teologo) Peter Keeft”.- CESAR LEYVA


Aunque duro y pesaroso, el sufrimiento y el dolor son parte de las lecciones que el hombre debe atravesar en su retorno al Padre, al menos en esta etapa de desenvolvimiento. Sin embargo, hay que entender que los destinos que vivimos son forjados por nosotros mismos, inclusive los de inocentes niños que desde muy pequeños tienen que equilibrar fuerza distorsionadas por acciones pretéritas y padecen enfermedades malignas que muchas veces les conduce a la muerte y genera en sus allegados indecible sufrimiento. La muerte es un concepto aterrador para muchos, pero es también una puerta reparadora y liberadora del espíritu anhelante, cuando los vehículos o instrumentos de los que éste se vale para evolucionar, ya no son útiles, o cuando las circunstancia kármicas a sí lo determinan.

Es entendible el pesar y lamentos de hermanos como César y su rabia contenida de protesta, que reflejan esa especie de rebeldía e impotencia ante la muerte y el odiado mal. Ciertamente, es un asunto de larga y permanente data. Y los criterios vertidos son válidos y esclarecedores. Nos enseñan algunas de las aristas o caras del gran problema filosófico del mal. Aquí, en este misma página, este servidor había colgado un ensayo sobre el dolor y el hombre, escrito que me atrevo a esperar que haya irradiado alguna claridad a tan intricado asunto. Para abundar en lo que ya se ha escrito, no puedo abstraer el problema del mal sin tocar el problema de la muerte, por las correlaciones que el inconsciente teje entre los dos conceptos, este de la Muerte con el Mal y sus aparentes antípodas: la Vida con el Bien, preceptos pares ontológicos que no obstante, son parte del Plan Divino. Hay un aforismo oculto que abre las llaves al conocimiento y que está entre las verdades herméticas: es la ley de correspondencia: como es arriba es abajo y viceversa. Se menciona por lo regular en los círculos ocultistas que siempre que hay un Plan Divino y eso es evidente por sí mismo para la gran mayoría de personas. La palabra “plan” tiene su origen etimológico en el latín. Así, podemos saber que emana del


vocablo latino “planus” que puede traducirse como “plano”. Un plan se puede traducir como una intención o ir más allá y conceptuarlo como un proyecto. Se trata de un esquema sistemático, ordenado o no, que se elabora antes de realizar una acción, con el objetivo de dirigirla y encauzarla. A mayor orden, seguramente mejores resultados. En este sentido, un plan también es un escrito que precisa los detalles necesarios para realizar una obra. Y oh, sí, que hay un plan dinámico en todo lo que se va construyendo continuamente, desde la más microscópica manifestación elemental vital física, el virus, hasta las constelaciones estelares, todo ello manifestación de la Gran Obra del Arquitecto del Universo. Y el mal es parte de este Plan u ‘OPUS’ omnisciente, omnipresente y eterno... El paso por la muerte es un modo de recordar a la humanidad que el plan cósmico va más allá de las dimensiones que conocemos, dentro del plan divino, con el que debemos colaborar tanto como nuestros vehículos y circunstancias nos permitan. Cada humano se convierte en aquello en lo que fija su mente, llevando consigo su propio cielo o infierno, siendo su modo de vivir y ver la vida un resultado de los estados mentales y emocionales que genera con su propia actitud, partiendo de unos límites genéticos y de desarrollo del ser. Este tema ya fue enfocado antes en el tratado Omega _Humano, más a o menos de de la siguiente manera: Construimos castillos de arena para erigirnos en reyes de nuestras propias creaciones mentales. También la muerte es resultado de nuestra actitud frente a la experiencia de la vida. Damos prioridad a la actividad externa de nuestra inconsciencia y con ello oscurecemos nuestra corriente vital, hasta hacerla desaparecer para dar paso a la muerte. Nuestra actual manera de entender la vida nos cierra la puerta hacia la perfección, lo cual nos obliga a repetir experiencias en continuas reencarnaciones, porque no queremos entender CUÁL ES EL VERDADERO PROPÓSITO DE LA VIDA. Ícaro construyó sus alas para satisfacer sus deseos, y el Cosmos, por medio del Sol, le devolvió a su sitio en tierra firme para mostrarle que no era eso lo que se esperaba de él. El objetivo principal de cada humano es conectar con su Esencia y ser el perfecto vehículo para que esta se desarrolle. Eso se consigue, en parte,


aprendiendo a usar y transformar energías de orden superior, para aportarlas al cosmos y contribuir con ello a su evolución. En el libro Humano_ Omega se nos dice: “Para contactar con nuestra Esencia hay que librarse de un lastre llamado Karma. El merecido Karma nos acompañará en cada reencarnación: es el equipaje del que no hemos sido capaces de desprendernos antes de emprender cada nuevo viaje. El cosmos no acepta que se disgreguen en su seno aquellas radiaciones que no pertenecen a su objetivo evolutivo, POR TANTO AQUELLAS ACCIONES FUERA DEL PLAN DIVINO QUE HAYAMOS PRODUCIDO QUEDARÁN CRISTALIZADAS EN NUESTROS CUERPOS SUTILES, Y NOS ACOMPAÑARÁN HASTA QUE POR ESFUERZO PROPIO LAS HAYAMOS PURGADO, CONVERTIDO LAS CRISTALIZACIONES EN ENERGÍA COMPATIBLE CON LAS RADIACIONES CÓSMICAS... y eso sólo ocurre tras muchas experiencias de consciencia enfocada en purificar nuestro equipaje antes del viaje multidimensional a planos superiores.” Lo que leemos está en completa oposición al denominado principio antrópico de Brandon Carter (muy de agrado de Stephen Awking, el cual afirmaba que el universo está adaptado al hombre, como si hubiese sido expresamente diseñado para que él lo habitase. Sin embargo, preclaras mentes como el de Fred Hoyle, al reflexionar reverentes sobre las resonancias nucleares que tuvieron lugar al sintetizarse los núcleos atómicos en el interior de las estrellas –y sin las cuales la vida en el planeta hubiera sido infinitamente menos probable–, afirman que: “Una interpretación razonable de los hechos es que una inteligencia superior ha jugado con la física, con la química y con la biología, y que no existen fuerzas ciegas en la naturaleza”. Por otro lado, y abonando al concepto de la unidad de la vida y la muerte como dos facetas de la evolución, el que algunos han dado por denominar el eterno ahora, que es la materia de lo que está compuesto el Espíritu Universal, decimos que…“existe otro tipo de muerte que no afecta al ser físico como ente material, pero que puede liberar al espíritu hasta un grado que permita a su vehículo entrar en las dimensiones divinas sin abandonar la existencia material. Es la muerte que se produce cuando un humano se da realmente cuenta de


que no es nada por sí mismo, sino que todo lo que es, desde lo más externo hasta sus pensamientos más íntimos pertenecen al mecanicismo de las cuatro dimensiones. Es la muerte mental, la de la renuncia al Yo, a la falsa individualidad y a la falsa determinación. Para alcanzar esta muerte liberadora es necesario ser capaz de despertar, aunque sea por breves momentos, del sueño que nos hipnotiza en nuestra existencia cotidiana. Cuando nuestra imaginación nos hace creer que somos héroes, felices, fracasados o triunfadores, la energía Kundalini es la que controla nuestros pensamientos y los centros intelectual, emocional y motor, haciendo que estos se satisfagan con lo imaginario en lugar de con lo real. Esta fuerza interior de la imaginación nos ayuda a soportar nuestro estado, pero si fuéramos capaces de salir de su hipnosis no dejaríamos de buscar una salida. Citamos de la misma fuente: “Mirra Alfassa (compañera de Sri Aurobindo) pudo contar, antes de morir, su propia experiencia de la que deducía que el mal funcionamiento del organismo que conduce a la muerte no es consecuencia de caer en la enfermedad, sino de ser consciente de que la enfermedad está presente. Es como una sicosis, un terror muy arcaico que llevamos arraigado en lo más profundo de nuestro ser. Como si la consciencia fuera atrapada en un estado que hace de la enfermedad presente un enemigo mortal del organismo, y esa concienciación le da poder a la enfermedad para apoderarse poco a poco del cuerpo. Por ello la vida y la muerte son lo mismo, pero la consciencia construye un velo entre ambos estados, y se decanta hacia un lado u otro del velo según la actitud que adopte frente a la enfermedad. Para Mirra la muerte no es lo contrario de la vida, sino un cambio en la organización de las células. Las células están viciadas al hábito de la derrota y la muerte, pero si se les enseña a cambiar de hábito, el ciclo vida-muerte se libera de las falsas dimensiones habituales para convertir a las células en una nueva especie que, con cuerpo material o sin él, será la nueva humanidad. Probablemente sea necesario primero desprenderse de la carga material del organismo para poder liberar a las células del hábito de la derrota.” En resumen, el sueño nos entrena para la muerte, y esta no es más


que un cambio de vehículo para el verdadero ser que llevamos dentro. Es necesario vivir sin miedo para abrazar a la muerte como lo que es: un renacimiento a una vida superior. Esos son los planes.

Quizás la finita mente y conciencia de los hombres se abran poco a poco a otra menos restrictiva y adquiramos una mayor consciencia de estos propósitos, que en efecto son atemporales y adimensionales, pero que se los vive y percibe en cada latido y respiración, en cada molécula, en cada raíz, en cada hoja y florecita que adorna el sendero... que inspira y anima el alma, como el mensaje de la inspirada poesía de Tennyson:

Flor de la pared agrietada, te arranco de las grietas y te tengo en la mano. Raíz y todo. ¡Pequeña flor! Si pudiera comprender que eres tú, raíz y todo, y todo en todo, sabría entonces qué es Dios y qué es el hombre. ________________________________________

José Mejía. 2013


El problema del mal