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CUALQUIERA TIEMPO PASADO ¿FUE MEJOR? Los derechos humanos, entre ellos los de la niñez, que a diario se conculcan pero que también se reclaman y se ejercen, se han apalancado lentamente en la sociedad contemporánea democrática y su espíritu está presente en las Cartas Fundamentales de una buena parte de los denominados países civilizados del orbe, empero solamente en estos dos últimos siglos, por obra y gracia del progreso que gran parte de la humanidad ha ido conquistando. Poco a poco, esta aspiración se ha convertido en un estilo de vida, por medio de un proceso muy complejo, fragoso y bastante anárquico, en virtud de la aplicación de ideas o ideologías casi siempre contrapuestas que la dinámica de los mismos hechos históricos y geopolíticos y fundamentalmente los de carácter económico han creado y por la poderosa influencia y sólida contribución de la ciencia y su hija, la tecnología, a favor del bienestar presente de los pueblos, lo que ha otorgado a las colectividades un nivel de vida y confort nunca antes gozados, todo lo cual hace que el presente sea considerado por muchos como el tiempo luminoso de la humanidad y por tanto que, en términos comparativos y pragmáticos, sea la mejor época que ha vivido el hombre en la historia conocida. Esta aseveración que sorprenderá a algunos, originará en dichas personas una cimbreante urticaria intelectual y talvez acarreará un categórico rechazo, pues es usual cantar a la par del poeta, anodinamente, que cualquiera tiempo pasado fue mejor. Sin embargo, si analizamos el por qué de su antinomia, seguramente no nos parecerá tan descabellada. Pruebas al canto: es innegable que todavía arrecian los conflictos armados en el mundo contemporáneo y que la paz y la abundancia permanentes siguen siendo un sueño todavía del país de Jauja o Cocaña, que el hambre, la escasez y la miseria rondan también en una buena porción de la geografía terrestre y que cada tres segundos muere un niño por inanición, ambientes malsanos o endemias previsibles y por lo tanto controlables. La inequidad social, la insalubridad y una impropia y mal orientada educación en un gran segmento de la población infantil y adolescente, la violencia individual y colectiva, el crimen organizado o individual siguen sentando sus reales en una buena porción del tejido social y por cierto que los empleos dignos escasean. Es indudable que el feroz crimen del narcotráfico y el fanatismo maniático convertido en terrorismo, son factores detestables altamente distorsionantes en el anhelado desarrollo y evolución digna de los pueblos en desarrollo.


Muchos líderes y gobernantes siguen conceptuando la política nada más como una trama de relaciones mutuamente convenientes y eso hace que la corruptela se afinque en los estados y que los intereses personales o de grupo sean los causantes de las mayores tragedias de los pueblos. Como colofón se celebran tras bastidores “arreglos” muy favorables en las más altas esferas económicas y de dominio global o las denominadas cínicamente Sociedad de Amigos, como aquel reciente derivado con motivo del enorme descalabro financiero de la mayor economía del mundo producido hace un par de años por los grandes fondos de inversión, la poderosa bancocracia y las transnacionales responsables del derrumbamiento del sistema financiero; despiadados “trusts” oligopólicos o carteles bancarios han manejado perversa y especulativamente la economía mundial, luego favorecidos estos mismos grupos con este desfalco billonario mediante el esquema Ponzi o estrategia piramidal, timo tan conocido en nuestros países latinoamericanos. Todo esto ha quedado al descubierto mediante documentos desclasificados recientemente por el mismo Banco Central o Reserva Federal estadounidense, FED por sus siglas en inglés, implicado en estos acuerdos, gestores de los despojos monetarios demenciales tristemente cimentados según los principios del libre mercado. La libertad de expresión sigue siendo gravemente vulnerada en muchos países y otros valores éticos han sido reinterpretados convenientemente. Y el inefable ser humano, razón y motivo de lo que se crea y se destruye o se transforma, ¡vaya que ya es otro ente social del que ahora hablamos!, pues su actitud existencial se ha metamorfoseado en sus fundamentos ontológicos, que también lo propio en sus intereses privados. Éste es el siglo de la cinemática moral y del reinado del cosmopolita no comprometido, “descomplicado”, profano y muy a tono con estos tiempos modernos desacralizados, individuo “light” que, según E. Rojas se fundamenta en “una bulimia de novedades en tanto que se desea una inmersión exploratoria en variedades y mudanzas, buscando no se sabe exactamente qué, zambulléndose en un juego calidoscópico de impresiones fugaces que no dejan prácticamente ninguna huella.” Y este autor prosigue y se lamenta, a propósito del acceso presente casi ilimitado al conocimiento, que este hombre contemporáneo tiene, por la abrumadora avalancha de información suministrada e intercambiada por la “web” y medios de comunicación digitales: “Por debajo de este oleaje discurre una actitud de dispersión: muchas imágenes y poca consistencia, exceso de información y escasa posibilidad de hacer síntesis de lo que llega


permanentemente; fuga, huida, carencia de un centro de gravedad personal que dirija toda la conducta. Esta diseminación apunta al tono vaporoso y caótico de lo que practica” (Enrique Rojas: “El hombre light”). ¿Verdad que esta descripción se nos hace muy familiar o es un referente bastante acertado para muchos congéneres en nuestro contexto social? Y entonces, ¿qué hace que estos tiempos sean los más brillantes que el ser humano ha vivido? Pues están por dondequiera las pruebas, al cerciorarnos que no hace algunas decenas de años era imposible o muy escaso disponer, por ejemplo, de agua corriente y limpia que fluya de un atanor situado apropiadamente en cada hogar y el hombre tenía que buscarla en pozos artesianos o acarrearla de acequias o fuentes lejanas. La luz artificial y la energía se las conseguía o creaba de maneras harto rudimentarias, sucias y no renovables, dificultosas y no permanentes, la comunicación lejana era privilegio de pocos mediante el telégrafo o correo postal únicamente y privativo de ciertas clases favorecidas; la telefonía era inexistente o abundantemente escasa -indulgencia por el oxímoron-, localizada y privilegiada para pocos, el video, la televisión, la telefonía móvil, los ordenadores y adminículos afines, la nanotecnología, robótica y la conquista espacial, eran cosa de ciencia ficción; las distancias eran vencidas por medios de locomoción generalmente primarios, incómodos y peligrosos, la transportación individual era lenta y prerrogativa de pocos, las vías eran escasas, artesanales y precarias. En la actualidad el ser humano ha dominado y ha puesto a su servicio, en gran medida, las energías y los elementos de la naturaleza, en cierta concordancia con sus leyes inmutables. Se argumentará que hemos hecho mucho daño a la madre Gaia so pretexto de usar los recursos naturales, pero ese es el precio de usar nuestra capacidad creadora y el dominio de los elementos es nuestro destino. En forma sostenida aprenderemos a usar y transformar la materia y las fuerzas de la naturaleza sin devastar el hábitat. Hoy en día sabemos -y no está de más recordar- que el hombre corriente tiene pronto acceso a muchísimos recursos tecnológicos mejorados y pulidos cada vez más y más en forma casi ilimitada, el conocimiento científico y médico se va agigantando exponencialmente, sus beneficios se han globalizado y sus aplicaciones repartidas y permeadas a todos los niveles sociales, lo cual constituía una quimera en fechas pretéritas; la pobreza ha disminuido sustancialmente en términos universales, la nutrición es mucho más equilibrada, la producción humana es mucho más


eficiente, las cosechas más productivas, y se entiende mejor la raíz física de los males y se practica en muchos centros el tratamiento y curación honesta de las enfermedades. Por tanto se han vencido muchas pandemias y la ciencia biológica y genética hace avances gigantescos en el entendimiento y manejo de la vida. El desarrollo urbano ha hecho más digno el convivir social, pues la arquitectura y la ingeniería han alcanzado excelsitudes y cumbres antes inimaginables aunque el ecosistema ha sido afectado duramente como contraparte del progreso. La informática ha transformado el modo de ver y vivir la existencia y nuestro legado al universo concreto es la información digital y la comunicación globalizada casi instantánea. Las actividades del alma y del intelecto, como la creación artística y la literatura son formidables y el avance y perfeccionamiento en la formación deportiva es irrefrenable. El prójimo tiene más tiempo para el ocio y las actividades lúdicas, entre ellas la práctica sexual recreacional, dicen ahora muy sueltos de huesos, como producto, entre otras causas, de la igualdad de género conquistada y validada en el mundo moderno, con lo que se ha cohonestado la lascivia. Como contraparte, el hombre se ha convertido en un ente de consumo ególatra e individualista y la familia y sus tan manidos beneficios de antaño son casi artículos de colección. Esta época es el nadir de la materia y el momento cumbre del utilitarismo, probablemente ambos necesarios para el siguiente gran paso que le espera a la raza humana. Por otro lado, la adoración y práctica de lo que ahora llaman mitos religiosos son para el convivir coetáneo cosas del pasado, un tema ritual algo arcaico e innecesario, poco utilitario y que casi estorba, por lo pronto, y la búsqueda del placer y la acumulación de riquezas mundanas son el alfa y omega, el objeto supremo de la existencia, aunque periódicamente la sabia madre naturaleza se encarga de recordarnos lo pequeños e insignificantes que todavía somos y que todo es una enorme vanidad. Japón acaba de ser testigo de aquello. Ya lo fue antes Haití, y sus dolientes habitantes, cuán poco han aprendido desafortunadamente. Ante las catástrofes, irónicamente, sólo entonces los ojos se tornan al cielo, reclaman delirantes e impotentes la compasión celestial y buscan conniventes y culpables la protección divina. El hombre, sin embargo, irá en camino del reconocimiento y de la obsecuencia con los valores que implican una libertad responsable y participativa y ya en los lugares más postergados del orbe brotan las protestas y manifestaciones en contra de la opresión y la


injusticia y a favor de una vida más digna y civilizada y las masas se rebelan irremisiblemente contra la violación permanente y milenaria de los derechos fundamentales y libertades elementales apenas existentes en esas geografías. Los arrogantes tiranos ya son presa del temor y muchos ven sus días contados. Las teocracias y monarquías absolutistas casi han desaparecido como sistemas de gobierno. Nótese que muchos movimientos y procesos de emancipación de los yugos serviles se suscitaron a fines del siglo XVIII en el viejo mundo y conexamente a principios del siglo XIX en aquella Amerindia mestiza y ahora estos escenarios y luces libertarios se encuentran alboreando por todo el Medio Oriente como un fresco aliento de pronto rescate libérrimo. Las protestas de los pueblos se enseñorean por la culta Europa y ahora en el mismo corazón del gigante del Norte. Los entornos socio-políticoeconómicos dibujan nuevos paisajes liberadores, proficientes y fecundos. Por lares vecinos se canalizan experimentos ideológicos calificados por algunos como mendaces y de atrabiliarios matices pseudo revolucionarios, pero los carriles de la historia se encargarán prontamente de someterlos a su juicio y quién sabe si al abandono o a su permanencia. Nuestros países americanos necesitan, evidentemente, que se afine en mayor grado la sindéresis entre lo propuesto y lo realizado y que esa coherencia se traduzca en hechos más palpables, pero solamente eso será posible alcanzar cuando los estamentos gubernamentales se pongan a tono y se sinceren proactiva, honesta y eficientemente con el espíritu que anima las leyes y normas vigentes y si los cambios y acciones se hacen n conjunto y en armonía con el crecimiento del sujeto social, el ciudadano común. En el caso tan sensible e importante de la niñez abandonada, será más eficaz y valedero que la rehabilitación integral comience por la población adulta, por los padres y maestros que deben convertirse en amigos y educadores sinérgicos con sus hijos y educandos, y de esa forma aprendan simultáneamente la auténtica sabiduría, en una aventura holística enriquecedora, pues sin esa reciprocidad no hay verdadero instructor ni alumno. Mucho han hecho algunos gobiernos en favor de la infraestructura educacional y es incuestionable que todos saben de la enorme importancia que tiene la capacitación y el verdadero conocimiento en el desarrollo integral de la niñez y por extensión en el del hombre. Desafortunadamente, la problemática de la niñez desvalida es muy compleja y tiene incontable número de facetas que van desde la insalubridad, la limitación o carencia proteica, hasta el desamparo, el desarraigo de


los hogares, si se han formado, y éstos muchas veces estructurados muy rudimentariamente; y la explotación inmisericorde a que una buena parte de nuestros niños y adolescentes son sometidos desde los más oscuros espacios que ha creado la miseria y la ambición humanas. Se produce un círculo vicioso entre el adulto ignorante, medroso, violento e inmoral y el vástago engendrado, indefenso y vulnerable, que es manipulado de la forma más vil y que a su vez se pervierte o desmorona lentamente. Pero vamos avanzando, en forma sostenida, haciendo el camino hacia mejores y más equitativas circunstancias y escenarios. En definitiva, aunque el mal siempre ha coexistido con el bien, en tiempos recientes se ha hecho más manifiesta la formación de organismos multinacionales con fines filántropos, los pueblos se han organizado y buscan la unidad según sus propósitos y metas comunes, las fronteras se hacen invisibles y abiertas con mayor frecuencia y se gesta la aparición de organizaciones humanitarias locales e internacionales de ayuda solícita e impersonal, la formación de ONG´s de carácter solidario y benéfico, otrora inexistentes en el mundo y cada vez es mayor la presencia de entidades de ayuda social y generosa y la compasión activa se va diseminando en la Tierra. Todo esto nos alienta a pensar que por lo tanto el hombre va entendiendo en forma creciente sus derechos y obligaciones y aprendiendo lentamente su verdadera tarea en el mundo, que es el destierro del egoísmo, del miedo y la violencia y la vigencia del servicio desinteresado y solidario hacia los menos favorecidos cuya dignidad y decoro deberán ser alentados con intensidad si aprenden a pescar. Hay mucho que recorrer, por cierto y los cambios socio económicos de fondo son una necesidad y es incuestionable que se debe repensar respecto de la geopolítica global y la potestad que los imperios actuales han impuesto contemporáneamente, cuyo dominio estamos viendo se va resquebrajando irremediablemente. A pesar de todo creo firmemente en el hombre y en su esencialidad, como actor fundamental de la historia y ente creador positivo y soy un entusiasta defensor de la verdadera democracia y de la verdad, de la justicia y de la equidad y veo optimista el futuro de la humanidad, pero igualmente creo, como lo afirma Goethe, que sólo merece libertad plena quien sabe conquistarla diariamente, con fe y dignidad. José Mejía R.



ACERCA DE LOS TIEMPOS