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Gestionamos el lado humano del cambio.

Artículo + Opinión

¿Quejarse o cambiar? Los obstáculos para el cambio.

El cambio no es un “plato de fácil digestión”, el aspecto emocional es tanto o más importante que la ejecución de cualquiera de las fases de un proyecto que hayamos podido prever de manera racional. La transformación es necesaria e inevitable, ante ello se puede reaccionar percibiendo el cambio como una oportunidad enriquecedora o como un caprichoso e injusto castigo. Estamos constantemente sometidos a presiones que nos obligan a cambiar, tanto en lo personal como en lo social, como individuos o como empresas. La transformación es necesaria e inevitable, ante ello se puede reaccionar percibiendo el cambio como una oportunidad enriquecedora o como un caprichoso e injusto castigo. Así como en el cuerpo hay sistemas que conservan la temperatura, el PH, y el nivel de diversas hormonas, la mente tiene dispositivos que mantienen convicciones, opiniones y conductas. Este “sistema inmunológico” se encarga de prevenir el cambio, intentando por todos los medios conservar el equilibrio, aún cuando ese equilibrio cause sufrimiento. Los seres humanos actuamos automáticamente (inconscientemente) para mantener ciertas constantes en nuestras vidas. El problema ocurre cuando “el termostato” queda fijado a una temperatura incómoda, o cuando el modelo mental queda fijado en una conducta improductiva. En esa situación los mecanismos equilibradores nos juegan en contra. Alguien atascado en comportamientos autodestructivos (quejas, sufrimiento, insatisfacciones, posiciones victimizadas, etc.) se encuentra en una paradoja: por un lado quiere salir, por otro lado se siente cómodo donde está o más cómodo de lo que cree que se sentirá si saliera. Pareciera contradictorio, pero esto es un reflejo de la complejidad de la mente humana que permite mantener posiciones opuestas en forma simultánea. Hay muchas situaciones que podemos llamar de “dolor” ya que generan insatisfacción y deseo de cambio. Generalmente este dolor se expresa como queja, y también como “lamento colectivo”, el problema es que esto solo genera impotencia y resentimiento. El precio de la queja es altísimo: una vida de víctima. La queja no cambia nada, solo aplaca temporalmente la frustración y la tensión emocional, carece del mínimo poder generativo o transformador. Debajo de nuestras quejas existen nuestros intereses, preocupaciones y valores, por eso ignorarlas es poco efectivo. Cuando recibimos una queja de alguien o nos estamos quejando, lo fundamental es reconocer lo que está molestando, y tener la fortaleza de hacernos cargo de ello, accionando. La paradoja del cambio es que los comportamientos que declaramos que queremos cambiar, son los mismos que tenemos aprendidos e internalizados, por lo tanto, los sentimos como parte nuestra, como un aspecto de nuestro ser. Mónica Cavallé sostiene que: “aunque nos parezca increíble, no cambiamos, entre otras cosas, porque en el fondo sentimos que en cada cambio peligra nuestra identidad. Es por esto que a menudo preferimos equivocarnos reiteradamente, antes que abandonar algún supuesto esencial de nuestra vida, aunque el resultado sea insatisfactorio por lo menos sabemos quiénes somos”. Todos poseemos ideas y supuestos de cómo son las cosas, de cómo opera el mundo y quienes somos nosotros en él. Estamos tan arraigados a esta particular forma de interpretar y dar sentido a las cosas que acontecen, que no solo caemos en el “espejismo” de creer que esta manera de observar la realidad es la realidad misma, sino que a su vez nos identificamos con estos supuestos y los vivenciamos como si nosotros fuéramos ellos. La forma en que vemos un problema, del cual nos quejamos, es parte del problema. Es por esto que la interpretación que tengamos sobre una situación y la emocionalidad que la misma nos genera son los aspectos esenciales para abordar y accionar con efectividad. Al transformar nuestro modo de observar, al modificar nuestra interpretación, la situación ya no se nos presenta como problemática y nos permite ver posibilidades, oportunidades que hasta el momento nos resultaban inexistentes. Para enfrentarse con garantía de éxito al cambio, es necesario entonces efectuar una nueva "lectura" de la realidad. Es imprescindible aprender a mirar la realidad circundante con nuevos ojos. Pero ¿Qué entendemos por realidad? La realidad es el resultado de lo que interpretamos a partir de lo que percibimos. La realidad es una construcción mental, subjetiva, es una "foto fija" cargada de nuestras emociones, pensamientos, valores, experiencias vividas, creencias de cómo es la vida y el mundo... es “nuestra realidad” y no LA realidad.

Un primer paso: desafiar ciertas convicciones o creencias sobre "Quién y Cómo soy", poner en duda verdades absolutas, juicios limitantes sobre sí mismo, los otros y las situaciones con las que convivimos, interpretaciones anquilosadas muchas veces sin base racional que las sustenten o, incluso, verdades que alguna vez fueron útiles y eficaces y que ahora no tienen sentido. Con responsabilidad: no se trata de tener “la culpa de…” sino de observar-nos cómo nos posicionamos frente a las cosas que nos acontecen y elegir las respuestas a ellas desde una posición de protagonista, de ser parte contribuyente al resultado que estoy obteniendo en la vida. El primer obstáculo para la transformación lo llevamos dentro, tanto las personas como las Organizaciones.

Susana de la Iglesia Consultor en Jolías Consultores Psicóloga - Coach

info@joliasconsultores.com.ar www.joliasconsultores.com.ar


¿Quejarse o cambiar? Los obstáculos para el cambio.