Issuu on Google+

Madre La misión del Arte es el conocimiento de la verdad humana. Esta obra, es un tributo a La Madre Tierra. También, una proclama de admiración ante nuestras abnegadas madres que nos han parido y cuidado. Algo tan puro y simple, debiera estremecer nuestras entrañas. Pienso, que pocas cosas ejemplifican mejor nuestra existencia, que la de sembrar esperanza. Aunque, me temo, que las preclaras mentes de nuestros mandamases están sentenciado nuestra especie. Apenas nos queda, un último aliento para preservar su continuidad. En este mundo atiborrado de espectaculares y fascinantes imágenes, el sencillo acto de plantar un árbol, probablemente, no llame la atención a nadie. Tenemos los sesos tan absorbidos por el consumismo y la inmediatez que marca la vida, que dar un respiro a la reflexión resulta inaudito. El hombre usa el Arte para catalizar su animalidad en humanidad. Su arma de ataque debiera ser: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, no, su escudo de incoherencia. Obra en mano, el artista tiene el deber de luchar contra este mundo deshumanizado. Lanzar una idea, un pensamiento, una Nueva Mirada. Tal cometido, lo debiera ejecutar cualquiera. Pero, a la hora de la verdad, son los creadores quienes se mojan cuestionando los sacrosantos poderes establecidos, con esa chispa de gracia divina, de atrevida irracionalidad. El resto, tiene demasiado miedo a perder su trabajo y el pan de sus hijos. No se imaginan arremetiendo -cual Quijote, lanza en ristre- contra los gigantes de nuestra era: Entidades desalmadas que envilecen la mismísima razón de vivir. Maquiavélicas organizaciones que adoran en su sagrado altar, la religión de nuestro tiempo: La Codicia. Con mis Intervenciones, intento adentrarme en los sombríos misterios de la conducta humana. Quiero desentrañar las claves de ese instinto primario de autodestrucción. Nuestro corazón, se atraganta de emoción vomitando grandes palabras: Paz, Amor, Libertad, Derechos Humanos... Mientras, cerramos los ojos para no ver cómo: Corporaciones manipulan políticos. Banqueros pudren mercados. Líderes religiosos violan niños. Multinacionales fabrican guerras. Firmas prestigiosas explotan menores. Papas condonan sidas. Hombres masacran mujeres. !!Somos unos malditos hipócritas!! Indeciblemente necios. No denunciamos la alienante suciedad consumista, por vil interés; por puro egoísmo. Somos un espécimen cobarde y mojigato. Cavamos nuestra propia tumba. Al final, será La Madre Tierra quien tenga la última palabra. ¡¡Por fin se hará Justicia¡¡ En estos momentos, donde la contundente realidad nos exprime la paz y armonía; donde el Sistema que hemos creado nos gobierna con despotismo y crueldad; donde las voces que asaltan la calle son radicalmente insuficientes y descontroladas: me siento profundamente indignado con los no indignados. Con los fariseos que se llenan la boca de grandilocuentes palabras despotricando contra todo, y son incapaces de evolucionar, de cambiar: no dejar correr el agua; ver menos telebasura, fútbol y películas insulsas; leer un buen libro que nos inspire; ser más solidarios, ponerse en la piel del otro; ver los Michael Moore, Inside Job, Home y tantos y tantos aterradores documentales, etc. Mientras no comprendamos, que la inmensa mayoría de nosotros, somos unas patéticas marionetas manipuladas al antojo del despiadado mercantilismo, creo, sinceramente, que ni siquiera tenemos derecho a considerarnos seres humanos. En tal tesitura, si llegáramos a los 85 años, dudo mucho que -como en la foto-, tuviésemos la gloriosa dicha de seguir creando vida. Este trabajo, pertenece a la Intervención Artística: Plantación de 1700 árboles; John Otazu 2011


Madre