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IN T ER V EN C IÓ N Intervención, en Arte, es un término polisémico; según el contexto tiene significados diferentes. Mi trayectoria artística está plagada de acciones de muy diferente idiosincrasia. Las que más me motivan, son las de compromiso social. Abro este capítulo, dedicado a esta peculiar forma de entender el Arte, con unas fotos en color en las que estoy reflexionando en mi Estudio del bosque. Recuerdo, cuando era niño y mi madre me llamaba: “¿qué estás haciendo Juan José?” Muy a menudo, mi contestación era: “estoy pensando mamá”. El resto de intervenciones, están en B/N aviejado para que nada distraiga al mensaje. La filosofía que hay detrás de todas ellas, es muy elemental. Por mucho que el ser humano se devane los sesos, al final, todo se resume en dos simples conceptos: el Bien y el Mal. Pienso, que ser como soy, apenas tiene mérito: he tenido la inmensa fortuna de haber sido educado en una familia con una envidiable escala de valores; vivo en un entorno rural con gente honrada y trabajadora; estudié en un colegio de Padres Agustinos. Sinceramente, creo que por sí solo, mi ácido desoxirribonucleico no hubiera tenido agallas de forjarme en solitario. Quede entonces claro, que si hay algo bueno en mi obra, se lo debo al compendio de estos factores. Mis intervenciones, solo pretenden ser auténticas. Ser buena persona, probablemente, sea la mejor obra de Arte a la que podamos aspirar. Por este motivo, la inmensa mayoría de mis gestos artísticos no están documentados. Me he pegado toda la vida haciendo buenas obras a los demás sin abrigar nunca la necesidad de atraparlas en imágenes y divulgarlas por ahí. Pero, no por aquello de que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha; rotundamente no. Respeto a los que creen en su trasfondo, aunque, para mí, lo esencial es ser fiel contigo mismo. Por lo tanto, si eres de los que hace el bien y no se entera tu mano derecha, pues genial. Pero, exijo igual respeto que el que yo doy, para los que hacemos cosas buenas y, con pasmosa naturalidad, lo proclamamos a los cuatro vientos. ¡No seamos hipócritas! Al que se está muriendo de asco, hambre y pena, le importa un comino de quién y cómo le venga la ayuda. Lo único que le importa, es sobrevivir un día más. Detesto a la peña que critica a los Michael Jackson por donar públicamente su dinero. Resulta, que luego ellos, son incapaces de donar nada -ni en público ni en privado-. ¡¡Repugnante hipocresía!! Pienso, que es vital dar buen ejemplo. Muchos de esos que se erigen en jueces, no quieren saber que también los tipos podridos de dinero tienen corazón. Buffet, Melinda y Bill Gates, han ideado la mayor operación filantrópica: 50 millonarios donarán la mitad de su fortuna. Y, esto, sólo es el germen. Mi ruego, es que dejemos de ser mezquinos. No hay calaña más fecunda, que la de esos beatos de mano al pecho veedores de la paja en el ojo ajeno incapaces de ver la viga en el propio. Ocupémonos de nuestra honradez, oigamos el dictado de nuestro corazón y actuemos en consecuencia. Todo lo demás, es para vomitar de vergüenza. Por esta razón, muchas veces no me considero humano; siento auténtica desolación ante lo miserables que somos. Para cambiar el mundo, primero debemos cambiar nosotros. Demos dar buen ejemplo. Cuando nos hacen una putada, lo fácil es montar en cólera y vengarse; lo realmente difícil, es perdonar y actuar con bondad. Aunque esto, a más de uno le parecerá una gilipollez, creo de verdad, que es lo que nos hace crecer. A mi modo de ver, esa es la llave a la esperanza: sentir empatía hacia los demás. No hay peor soberbia que la falsa modestia. Es algo que aborrezco intensamente. Conforme he ido evolucionando, he comprendido que una parte esencial de la magia del Arte es comunicar/impregnar/contaminar a los demás con tu virus. Esa es la esencia de mi mensaje. Mis intervenciones, son simples gestos de ayuda desinteresada. Ese es mi Arte. Esa es mi semilla. Mi sueño: infectar a todo el mundo para que, algún día, todos podamos recoger su fruto. Tal vez, el nacimiento de un líder íntegro y valiente capaz de luchar a muerte por los desahuciados de hogar y espíritu. Alguien que ose cambiar las reglas del juego. Que imponga una Ley justa e igualitaria para todos, sin distinciones de raza, credo o dinero. El día en el que la maldad y la corrupción tengan que pagar un altísimo precio, estaremos abriendo la puerta a un mundo en el que poder vivir en paz y armonía. ¡Ese día, seremos felices!


Intervención