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Sada,18 de junio de 2013

Desconozco al autor de la foto original (bebes idénticos y sin bigote). Me gustaría citar su nombre si alguien es tan amable de indicármelo. La encontré en forma de postal en Londres, cuando preparaba Entrapment: Human Species. He querido redefinir su contenido emocional cambiando físicamente dos componentes: a) La sutil variación de su aspecto físico, dejando entrever personalidades diferentes. b) La incorporación de la inefable marca del Führer, abriendo la puerta a un mañana inquietante. He transmutado el inmaculado candor de los niños, en doloroso recuerdo de futuro. Sepultando su inmaculada inocencia, obligamos a nuestras entrañas a regurgitar tan dolorosa página de la historia. Esta interpretación, nos habla del frente moral al que muy pronto nos vamos a tener que enfrentar. ¿¡Cómo expresar la turbadora idea de inherente dualidad que hay entre el bien y el mal!? He sentido la necesidad de desdramatizar el aciago futuro que pronostica el retrato, simbiotizándolo con humor ácido con el símbolo de un ilustre icono de nuestra cultura: el bigote de Charles Chaplin. En concreto, el mismo que usó en la película “El gran dictador”. Categorizar lo perverso en un elemento, de por sí, tan simple e inocuo, sólo pretende descontextualizar la esencia misma de las cosas. Incorporar al espíritu puro de los bebes, el auténtico mostacho de Adolf Hitler, se me antojaba demasiado evidente. Hoy, la clonación terapéutica está permitida. Mañana, la clonación humana, de una u otra forma, será realidad. Será entonces, cuando Adolfito nos muestre su verdadero semblante. No sabemos bien qué va a pasar. Lo que si podemos tener muy claro, es que nuestra insaciable hambre de conocimiento y ansias de superación, irremisiblemente nos lleve al tercer salto evolutivo de la humanidad: la singularidad tecnológica. En apenas cuatro décadas, probablemente hayamos puesto en jaque la raza humana. Tal vez entonces, cobre verdadero sentido clonar seres intachables y valientes que nos saquen del atolladero. Mientras tanto… sólo nos queda temblar.


Intervención adolfito