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Edición No. 01 Diciembre - Enero 2008 Publicación Independiente

Calle 4 No. 9 – 31 Barrio San Antonio Teléfono: (57) (2) 893 85 04 buzon@codigoargot.com www.codigoargot.com Cali - Colombia Dirección General John Ever Ortiz jortiz@codigoargot.com Diana M. Quintero Rosales dquintero@codigoargot.com Coordinador Editorial Jorge Luis Aparicio Erazo japaricio@codigoargot.com Colaboradores Alexander Amézquita Pizo Edgar Cruz Pablo Gómez Miguel González María Mercedes Tello Dino Ventolini Zuluaga

ArtÍculo 13. Derecho a la Igualdad Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica. El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados (…).

Concepto, diseño y diagramación John Ever Ortiz Diana M. Quintero Rosales Diseño Multimedial Paola Andrea Quijano pquijano@codigoargot.com Fotografía Carlos Arias carias@codigoargot.com Agradecimientos Instituto Departamental de Bellas Artes Museo de Arte Religioso de Cali Distribución Santa Fe de Bogotá Santiago de Cali Medellín Derechos de autor 2008 – 9879 Los artículos publicados en Código argot son total responsabilidad de sus autores.


Editorial Apreciados lectores y lectoras: Después de un tiempo de reflexión en torno a las necesidades expresivas de la sociedad lésbica, gay, bisexual y trans del país, decidimos hacer realidad un sueño: el de contar nuestras historias en un nuevo medio de comunicación al que llamamos: “Código argot”. Esta revista es fruto de un largo y sostenido proceso de exploración para llegar a ser el medio de expresión que nos detallará, facilitando una percepción real y respetuosa de nosotros, ante toda la sociedad. Nuestro nombre y eslogan expresan el principal objetivo de la publicación: convertirnos en una revista alternativa con un lenguaje propio que cobije las expresiones de este vasto, heterogéneo y complejo universo que es la Diversidad de Género. El estilo, la calidad y la personalidad de nuestros

contenidos y de la propuesta visual harán de Código argot una revista inconfundible para nuestros lectores y anunciantes, y aportará un granito de arena para compartir experiencias y estrategias de acción participativa que visibilicen un panorama solidario y equitativo. Queremos estar al tanto de la movida LGBT de la ciudad y ofrecer una información completa, dinámica y atractiva. Por ello, es importante que las personas y los espacios relacionados al sector nos enteren de todas sus actividades, tales como presentaciones, actividades lúdicas y deportivas, ferias, exposiciones de cultura, fiestas y eventos, entre muchas otras más. Deseamos desde ya te ‘enganches’ con Código argot, que entre tú y la revista exista un ambiente de confianza y compromiso. Eres parte fundamental para que seamos una publicación duradera, abierta y crítica. Por eso, te invitamos a que nos compartas con tus padres, hermanos, amigos o vecinos, ¡tú decides!

Esperamos tus mensajes, inquietudes, sugerencias y críticas que contribuirán a mejorar nuestra propuesta: buzon@codigoargot.com Al final, creemos que todos y todas apetecemos lo mismo: sentirnos dignos de nuestra diversidad sexual y de género, disfrutar de nuestro ambiente, conocer a quienes trabajan por el sector y lograr una sociedad más democrática. Agradecemos a quienes han creído en Código argot y en sus gestores, y a todos los que han querido colaborar para que este proyecto salga adelante. Este es sólo un primer paso para abrir un nuevo camino, pero sabemos que con este paso ganaremos grandes territorios.

Bienvenido al mundo Código argot, tu nuevo código de comunicación.


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El Aroma de la Oscuridad

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jorge luis aparicio erazo

alexander amézquita pizo

Azarosa

maría mercedes tello

Pablo gómez

Ilustración

Dino ventolini zuluaga

Natasha quiere bailar sola

Edgar cruz

El Cine que Queer-emos

miguel González

La Visita del Ángel

redacción código argot

Locas Remembranzas

redacción código argot

Glosario de la diversidad

Derechos & Reveses

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c o n t e n i d o


Seguramente ha escuchado muchas veces del término LGTBI y no sabe a ciencia cierta qué significa. A continuación se le definirá qué es que en el universo de la diversidad sexual y de género, agregándole además algunas letras a la sigla tradicional.

Glosario de diversidad

la

Las siguientes definiciones son una compilación de enunciaciones manejadas a escala nacional por la Corporación Colombia Diversa, una organización no gubernamental que trabaja por el reconocimiento de los derechos de las personas LGBT. Las definiciones sobre los estados intersexuales son tomadas de la Asociación Colombiana de Estados Intersexuales. Organizaciones como la ILGA (Asociación Internacional de Gays y Lesbianas, por su sigla en inglés) y Red Lactrans (Red de Latinoamérica y el Caribe de Personas Trans) optan por el término Trans en vez de Transgeneristas. códi ar t / 6


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Es un gel acuoso totalmente soluble en agua, que deuelve la humectación y la lubricación natural de la zona íntima. Es de fácil aplicación, no mancha, no es grasosa, no deja residuos y no afecta el látex de los preservativos. Puede usarse antes o durante la relación sexual.


Esta categoría tiene que ver con la identidad sexual y de género más que con la orientación sexual (hetero, homo o bisexual). Aquí se encuentran personas que transitan por su identidad de género, con o sin intervención quirúrgica. Las personas trans pueden tener una orientación sexual homosexual, heterosexual o bisexual.

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BISEXUAL

GAY

LESBIANAS

Mujeres que se reconocen como tales, que se sienten permanentemente atraídas de forma erótico/ afectiva hacia otras mujeres y que viven su sexualidad en ese sentido.

TRANS

LGBT Hombres que se reconocen como tales y que sienten atracción erótico/afectiva hacia otros hombres y desarrollan su vida sexual en esta dirección.

Hombres y mujeres cuyas emociones, afecto y atracción sexual y erótica son fuertes tanto hacia personas del mismo sexo como hacia personas del sexo opuesto. Esta condición no significa que sea necesario que los bisexuales tengan experiencia sexual con ambos sexos al mismo tiempo o momento.

TRANSFORMISTAS Personas que expresan su identidad de género de manera ocasional a través de la utilización de prendas de vestir y actitudes del sexo opuesto, casi siempre ligados a espectáculos.


Personas que expresan su identidad de género de manera permanente o transitoria, a través de la utilización de prendas de vestir y actitudes del sexo opuesto. No hacen cambio de sexo biológico, como los transexuales.

Persona, no necesariamente gay o lesbiana, puede ser heterosexual, que se viste con prendas femeninas bajo una perspectiva teatral y sarcástica. Su esencia es la ironía y la sátira. Se caracteriza por la exageración de la feminidad, que se hace evidente en el maquillaje, el vestuario y el humor.

QUEEN

TRAVESTIS

Persona, no necesariamente gay o lesbiana, puede ser heterosexual, que se viste con prendas femeninas bajo una perspectiva teatral y sarcástica. Su esencia es la ironía y la sátira. Se caracteriza por la exageración de la feminidad, que se hace evidente en el maquillaje, el vestuario y el humor.

KING

Personas que se siente y se concibe a sí misma como perteneciente al sexo opuesto y que opta por una intervención médica, hormonal o quirúrgica, para adecuar su apariencia física y biológica a su realidad psíquica, espiritual y social. Estas personas pueden tener una orientación sexual homosexual, bisexual o heterosexual.

DRAG

INTERSEXUAL

TRANSEXUALES

HETEROSEXUAL

TIDH Categoría con la que nombran a las personas que muestran caracteres sexuales de ambos sexos.

Persona que dirige sus emociones, su afecto y la atracción sexual y erótica hacia personas del sexo opuesto.


Actualmente las llamadas “rumbas de ambiente” gozan de cierta popularidad en Colombia. Incluso han dejado de ser exclusivas para el sector: muchos heterosexuales ahora también disfrutan de este tipo de fiestas. Pero no siempre fue así. Hace cuarenta años eran espacios totalmente clandestinos, a los cuales se llegaba con gabardina y sombrero y de los que no se podía hablar en público. Breve recorrido por los caminos trazados por la historia de estos sitios en el país. códi ar t / 10


Redacción Código Argot Usualmente Lisímaco Núñez iba los sábados, día en que los colegiales no tenían clases y sentían que sus cuerpos, desbordados de libertad, les pedían a gritos diversión. Todo lo hacía con sigilo, pues sus familiares no se podían enterar que él asistía a esos lugares. Siempre le habían dicho que eran sitios “ilegales”, de “mala muerte”, llenos de “pecado” y “actos inmorales”, a los que sólo iban personas “extrañas” e “indecentes”. Pero eso a él poco le importaba, ya que sabía que no estaba haciendo nada malo. Se citaba con un grupo de amigos cerca del centro de la ciudad y de ahí partían hacia el antiguo “Bajo Paris”, como se llamaba a la zona en Cali donde se ubicaban los cines XXX, los lupanares y los bares. Pero el destino de Lisímaco no era ninguno de esos sitios, sino Fantastic, uno de los primeros bares de “ambiente” que existieron en la ciudad. Corría la década de los 60 y mientras en Nueva York el famoso y legendario Studio 54 imponía todo un estilo de rumba gay, en las principales ciudades de Colombia empezaban a surgir con timidez las primeras discotecas de este estilo. “Estos sitios los conocíamos por medio del ‘correo de las brujas’: alguien los visitaba y después nos contaba sobre ellos”, manifiesta Núñez. Concurrir a ese tipo de lugares no podía ser más riesgoso: para ese entonces la homosexualidad masculina se contemplaba como un delito en

el Código Penal. Si alguno de los asistentes era agarrado “con las manos en la masa” podía pasar la noche tras las rejas. También se corría el peligro de que alguien conocido “los pillara” y los delatara. Por eso Lisímaco y sus amigos se comunicaban a través de conversaciones cifradas y contraseñas, se encontraban en parajes secretos en la noche y muchas veces iban con gabardina y sombrero. “Eran sitios donde se rumbeaba con miedo, pues éramos perseguidos por los policías. Allí los hombres podían estar con hombres y las mujeres con mujeres, pero cuando la autoridad llegaba tocaba cambiarse de mesa y de pareja para que no nos llevaran a la cárcel”, recuerda Núñez, quien confiesa además que frecuentó esos bares siendo menor de edad. Estos sitios, pioneros en el país, invitaron no sólo a la fiesta, sino que permitieron la creación de redes de amigos que compartían la misma orientación sexual, las mismas inquietudes, miedos y sueños. Se convirtieron en espacios de resistencia permanente para las posibilidades eróticas y de festejo que se salían de lo normativo, de lo aceptado por los demás. “Por eso los bares de esa época permanecían siempre llenos, porque era un espacio donde podíamos reunirnos y compartir como en familia. Era un ambiente más sano. Hoy en día es de más cuidado” dice otro de los rumberos de aquella época.


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Mientras en el país se empezaban a dibujar los primeros trazos del Movimiento por la Liberación Homosexual, también se abrieron nuevos sitios de encuentro y rumba. En Bogotá se dio paso al bar La Tasca Santamaría, ubicado en un pasaje entre la calle 22 y las carreras 5 y 4. A su lado había un bar principalmente frecuentado por personas transgeneristas y diagonal estaba ubicado El Fígaro, que aun continúa vigente. Por otro lado, en Medellín dieron mucho de que hablar sitios como El Machete en la calle Babacohas y La Ruana en Envigado, ésta última tristemente famosa por un homicidio ordenado por organizaciones delictivas que llevó a su cierre. Y en Cali, sitios como Calorías, Pine Manor, Trompetas de Oro, Llamarada, El socavón y El Prado fueron los más

conocidos de la época. Según se acuerdan algunos entrevistados, la mayoría de veces la entrada era gratuita y cuando había que pagar sólo eran unos 500 pesos. En la memoria de Lisímaco las imágenes de estos los sitios se mueven con toda la propiedad, como si aquellas épocas de festejo furtivo hubiesen sido ayer. “Eran sitios fantásticos y muy elegantes – recuerda- Algunos incluso exigían ir de traje y tenían cierto aire intelectual”. La música americana, tan difícil de escuchar en aquella época, emocionó a la comunidad Gay y Lésbica de aquellos tiempos. Mientras las bolas de vidrio esparcían luces por todo el lugar, las canciones de Polanka, Elvis Presley y los éxitos tropicales del momento

ponían a bailar a los amantes de esta rumba. Manuel Bermúdez es otro que de los ha inmortalizado aquellas épocas. Dice que en Medellín, a la par de los sitios más o menos conocidos, “estaba la ‘zona rosadita’, con espacios aún vigentes como La Isla, donde se podía tomar cerveza desde el medio día, El bramadero, la gran discoteca de la época y Barú, un bar de música americana para las personas “play” del momento, y al lado el bajo mundo de las chicas Trans o locas menos “play”, como Casa Dorada”. En estos sitios era fácil escuchar música salsa, cumbias, porros, música de carrilera y las inolvidables rancheras de Yolanda del Rió Helenita Vargas.


A la par con la llegada del copete de Alf y los pantalones “bota tubo”, las conductas homosexuales dejaron de considerarse una actividad ilegal. La comunidad LGBT transforma sus gustos y empieza a demandar más y mejores lugares para rumbear. Buscan discotecas y bares donde ofrezcan mejor calidad en sus servicios y mayor variedad en sus propuestas. Es ahí donde la tecnología entra en la escena de las discotecas de ambiente: el humo artificial, los destellos láser y las grandes pantallas excitan la imaginación de sus visitantes.

En Bogotá abrieron sus puertas discotecas como Studio 100 y El Escondite (que más tarde paso a llamarse La Pantera), famosas por situarse en sótanos. En la capital antioqueña, ubicados en el Bulevar de San Juan, aparecen sitios como La Misión, Toque de Queda y La Petrolera, todos con tinte de grandes discotecas internacionales. En Cali, Studio 14-65, Valentino´s, La Nota y El Castillo irrumpieron con fuerza en la escena gay de la época. códi ar t / 14


De la mano de una apertura aun mayor hacia la sexualidad, la década de los 90 trae una andanada de sonidos pegajosos y movidos que marcan el inicio de rumbas de ambiente más descomplicadas. Es el período de las célebres fiestas temáticas y los sitios con grandes espacios. Empieza a aparecer la arquitectura que marcará el modelo que hasta hoy se mantiene: lugares fríos, la marcada presencia de lo metálico, los balcones y las tarimas. Un sitio que marca un hito en la historia LGBT del país es Zona Franca, en 1994, pues es el primero que se construye para su fin. “Se desmanteló una casa y con la ayuda de un arquitecto gay se diseñó la discoteca. El concepto era muy industrial, estar allí era como estar en una fábrica. Incluso nuestros empleados utilizaban cascos amarillos y botas”, recuerda Edison Ramírez, quien fuese el propietario de Zona Franca. Sin embargo y pese a cualquier pronóstico, esta discoteca cerró sus puertas posteriormente.

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En la capital también florecieron sitios como Enjalma, Jinetes Club, Chase y Franquicia. En la Sucursal del Cielo surgen sitios como Splash, Zanzíbar, Baltimore, Luxor, Ozono y Rastros. En Medellín, la Zona de San Diego y los llamados puentes de la Oriental empiezan a vivir la proliferación de sitios gay, como Labios. Una constante de los sitios de rumba “de ambiente” en Colombia ha sido la fugacidad de su permanencia. La mayoría son sitios que gozan de cierto auge y luego se clausuran quedando en los recuerdos de quienes tuvieron la oportunidad de conocerlos. Desde luego, existen las cápsulas en el tiempo: lugares que han resistido el paso de las diferentes épocas y casi que no han sufrido mayores modificaciones. Es el caso de El Machete y Ceres en Medellín; Golden, Manhattan y Madonna en Cali y Blues y el Bar Francés en Bogotá. La ubicación de estos lugares también resulta


significativa: la mayoría se han situado en el centro de las ciudades y sólo hasta entrado el siglo XX han experimentado la desconcentración geográfica. Esta distribución responde a muchas razones, como la cercanía a espacios donde se desarrollan cierto tipo de actividades comerciales muy del gusto de los rumberos o los intereses de quienes buscan diversión. Si bien el anonimato continúa siendo persistente para muchos de los que asisten a las discotecas del sector LGTB, en los últimos años se ha evidenciado un cambio en la manera en que se perciben estos lugares dedicados la fiesta y la sociabilidad. Hoy en día, mientras los sitios “de ambiente” en Colombia adquieren más estatus, se hacen más reconocidos por la sociedad y experimentan transformaciones radicales en sus propuestas, en la memoria inquebrantable de personas como Lisímaco Núñez y Manuel Bermúdez quedan las remembranzas de aquellos años en que asistir a esos lugares era toda una locura.


La Visita del Ángel

Uno de los más legendarios críticos y curadores de arte del país nos presenta los retratos hablados de Antonio Barrera, Lorenzo Jaramillo, Luis Fernando Zapata y Luis Caballero. Un texto que en realidad es un ejercicio contra el olvido en torno a la importancia de estos cuatro artistas colombianos cuyas obras están cargadas de dolor, erotismo y misterio.

Luis Caballero / Sin título / 1983 Carboncillo sobre papel / 72 X 105 cm códi ar t / 18


www.bellasartes.edu.co


Lorenzo Jaramillo Gaieté Parisienne / 1984 Litografía / 45 X 105 cm

Miguel González La comunidad artística colombiana también se vio diezmada por el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida en las últimas décadas del siglo XX. Ya la humanidad había sido avisada cuando Rock Hudson fue diagnosticado, seguramente la primera gran celebridad mundial a la que se publicitó ampliamente. El caso del famoso fotógrafo norteamericano Robert Mapplethorpe también fue muy sonado y apareció luego su saga artística y sexual consignada en un libro escrito por Patricia Morrisroe. Algo similar aconteció con el bailarín más famoso de los últimos tiempos Rudolf Nureyev, quien padeció la enfermedad muriendo a consecuencia de ella y cuya apasionante existencia ha sido motivo de una muy completa biografía debida a Peter Watson, quien además de señalar la historia de la danza en el período donde él era protagonista indispensable, enmarca las ideas de la guerra fría que el bailarín padece al convertirse en exiliado y también narra con bastante erudición la aparición del sida en la sociedad occidental. códi ar t / 20


Luego falleció Lorenzo Jaramillo (Hamburgo, 1955 - Bogotá, 1992), un creador con muchos intereses en las artes escénicas, la ilustración, el grabado y la pintura, con un especial espíritu cosmopolita. Fue a vivir igualmente en la ciudad de Proust pero a raíz de su enfermedad vino a morir a Bogotá. Él fue del grupo de creadores neo-figurativos que optaron por una expresión simbólica, emocional y autobiográfica. Dejó un notable legado de versiones desgarradas sobre la condición humana y entre ellas una serie de grabados en metal que mostraban escenas de saunas a todo vapor.

De la considerable lista de artistas colombianos recuerdo especialmente a Antonio Barrera (Bogotá, 1948 - París, 1990), un paisajista que había fijado su residencia en la capital de Francia e hizo parte desde la década de los setenta de los realistas colombianos. Su temática recreó árboles y montañas, la luz de los amaneceres y el clima de los páramos y valles. Pintó la luz y sobre todo las neblinas.

Lorenzo Jaramillo Gaieté Parisienne / 1984 Litografía / 45 X 105 cm


El tercero de esta lista es Luis Fernando Zapata (Girardota, 1951-Bogotá, 1994) cuya obra se concentró en la pulpa de papel con la cual hizo varias series, la última de las cuales tenía el premonitorio título de Sarcófagos. También estaba residenciado en la ciudad luz, pero retornó a Colombia para su etapa final. El cuarteto lo completo con Luis Caballero (Bogotá, 1942-1995), el célebre dibujante y pintor de los años sesenta que también residió en la ciudad de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Él retornó a su lugar de nacimiento para morir. Como sabemos, Luis Caballero fue el primer artista que declaró públicamente su homosexualidad no solamente en reportajes sino a través de su obra explícita de pasión, misticismo y sexualidad. Su trabajo estuvo inspirado en la arrebatadora literatura de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, así como también en el arte del Renacimiento, Barroco y Romanticismo del cual adquirió los gestos y la emoción que trasmiten sus mejores obras. “París era una fiesta” seguramente también para ellos, solamente que a esa “Orgía perpetua” estaba esta vez invitado el ángel exterminador con su implacable guadaña.

Luis Caballero Sin título 1978 Carboncillo sobre papel 160 X 120 cm códi ar t / 22


www.eledenradio.net


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En este artículo, el director del cortometraje “En el bus” intenta responder una delicada pregunta: ¿Por qué a los homosexuales nos gustan tanto las películas de homosexuales? códi ar t / 24


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Edgar Cruz Era el año de 1993 y en las salas de cine comercial estrenaban dos películas Latinoamericanas con nombres similares: la mejicana “Como agua para chocolate” y la cubana “Fresa y Chocolate”. Debido a que mi madre no ve películas en idiomas extranjeros, por la dificultad que tiene para leer los subtítulos, me pareció una buena oportunidad para llevarla a cine. Preparado para ver una película con fantasía, mucha comida, y mucho romance, ambientada en el Méjico de comienzos del siglo pasado, me senté con mi madre en la oscuridad del extinto teatro El Cid. De pronto aparece en pantalla La Habana y más tarde Jorge Perugoría, interpretando a un homosexual muy amanerado. ¡Trágame tierra! Fue lo primero que pensé. Si bien mi madre ya conocía mi gusto por los de mi mismo sexo, no estaba preparado para sostener una discusión con ella sobre el tema. Al terminar la película no pude dejar de lanzar la pregunta de rigor “¿Cómo te pareció?”… -Me gustó, sobre todo el hecho de que el muchacho no haya cedido a las presiones del otro- dijo ella poniendo fin a una conversación sobre la película o sobre la situación sociopolítica de Cuba. Pero algo quedó en mí a partir de esa tarde, era la primera película con personajes abiertamente gay que veía. Por un momento y guardando las proporciones, me sentí, después del comentario de mi señora madre, identificado con el personaje de la película; preso en una sociedad donde ser homosexual es un códi ar t / 26

delito, donde la felicidad viene acompañada del sufrimiento y de la negación, y donde encontrar el amor de otro se convierte en utopía. Crecí y mientras más títulos de películas llenaban mi cabeza, más lados fueron sumados a la imagen del homosexual representado y con el que encontraba cosas en común, complicidades y acuerdos. Quizás por eso a los homosexuales nos gustan tanto las películas de homosexuales, por la representación que se hace de nosotros mismos y de nuestras realidades en la pantalla, más allá de si la película es buena o mala (en el sentido estético del juicio) nos encanta vernos o ver como viven y actúan otros que son como nosotros mismos. Lastimosamente en esos años el acceso y conocimiento sobre las películas que podía ver era limitado. Me conformaba con ver la versión editada de Longtime Companion que pasaron por una cadena nacional, o Torch song Trilogy, que brillaba entre las películas de genero “comedia” exhibidas en la videotienda de la esquina. ¿Estas eran las únicas películas con personajes homosexuales?...nunca le hice esa pregunta a don Carlos, el dueño de la videotienda, pero me imaginaba como eran las cosas antes.


Con la censura a cuestas muy pocas películas se hacían en Hollywood sobre el tema, las pocas que veían a la luz, salvo algunas excepciones, presentaban a personajes perturbados sicológicamente o asesinos, tal como ocurrió con los afroamericanos, que tardaron mucho en aparecer en pantallas y que cuando lo hicieron eran los malandros, las prostitutas o los encargados del servicio. Pero como dice un amigo, estamos en todas partes y la industria cinematográfica no podía ser la excepción: directores, guionistas y productores gay, empezaron a apostarle a contar estas otras historias. Hoy gracias a la globalización y al Internet, gracias también a las luchas por los derechos de los y las personas LGBT en todo el mundo, a las leyes a favor de la libertad de expresión, y al VIH-Sida es posible ver y encontrar más películas con temática de este tipo. Estos y otros factores han dado como nunca la posibilidad a un sector poblacional de contarse y verse reflejado en las pantallas.

Diríamos que lo complicado hoy es encontrar un punto de vista innovador desde el cual contar una historia. Ya hemos visto a lesbianas callejeras y de elite, a homosexuales que van a morir de Sida o de cáncer, niños y ancianos trans, homosexuales chinos en argentina, travestis judíos, lesbianas hindúes, gay musulmanes, zombis o vampiros. Lo que nos hace olvidar que hasta hace muy poco las cosas no eran así y que tristemente muchas de esas historias nos siguen contando que en el mundo, a pesar de la apertura, sigue siendo muy difícil para muchos y muchas vivir con una orientación sexual o expresión de género diferente.


Reportaje narrado a dos tiempos en el que se cuenta la historia de Natasha, una persona que bailando ha encontrado una manera no solo de expresarse sino también de buscar el respeto que algún día espera encontrar. Sus inquebrantables sueños son tan sólidos como su talento. códi ar t / 28


Dino Ventolini Zuluaga -Miren miren, ahí va Natasha con su tumbao- grita un joven en tono burlesco. -¡Una miradita mami!- insiste al no recibir respuesta alguna de ella, como otros días cuando va enojada y le devuelve un insulto. -Esa gente no tiene oficio, son una manada de desocupados que se la pasan todo el día bebiendo y criticando a la gente- dice Natasha, mientras baja por las empinadas y solitarias calles del barrio Nápoles, al sur oriente de la ciudad de Cali. Son las cinco de la tarde, el sol empieza a descender luego de una tarde calurosa y ella camina a un paso lento y estilizado hacia la avenida donde esperará el bus que la llevara al Distrito de Aguablanca. Mientras camina cruza levemente cada pie con pequeñas zancadas que descubren sus esculturales piernas. Sus manos no las puede mantener quietas: con una enrula los cortos crespos rojizos que cuelgan por su nuca y con la otra dirige el movimiento del bombón que lleva en su boca. Las facciones de su rostro son severas y la expresión de sus ojos, adornados por unas finas cejas depiladas, tiene un cierto aire felino. códi ar t / 30

Son quince minutos de recorrido que repite cada día, en el que son inevitables las miradas y rumores de corrillo, pero eso para ella ya no importan. Lleva varios años soportando todo tipo de comentarios e insultos que hoy, a sus 18 años, le han creado una especie de inmunidad de la que goza orgullosamente. Hasta los 13 años Natasha se sintió Víctor Hugo Quiñónez. Un niño tranquilo y delicado que adoraba la danza. Pasaba tardes enteras frente al radio de su madre bailando al ritmo de cualquier canción de forma sensual y provocadora, inspirándose con la música y sintiéndose en un gran escenario siendo consumido por miles de miradas y aplausos. A las 6 y 30 de la tarde, Natasha llega a Casa Juvenil y de Cultura del barrio Mojica, en uno de los sectores más peligrosos de Cali. Sin embargo, a Natasha este lugar le parece libre cualquier cifra de violencia y sangre: por sus estrechas y polvorientas calles ella ya habitó una vez, aquí hizo algunos amigos y aquí tiene lugar una de las

actividades que más disfruta: el baile. Desde pequeño, Víctor Hugo se sentía extraño y disconforme con la forma en que lo trataban. Él era conciente de que era diferente, que no le atraían las mujeres sino los hombres. Marta, su madre, fue testigo de la situación, sin embargo nunca estuvo muy pendiente, pues siempre salía a trabajar temprano y volvía tarde en la noche a dormir y a agradecerle a su vecina por haber cuidado a su hijo. La única compañía que tenía Víctor Hugo eran las amigas de la cuadra, con quienes podía esparcirse sin cohibiciones de ningún tipo. Cada martes y jueves, ella se reúne a practicar en el grupo de baile del que hace parte. El nombre, que avergüenza un poco a Natasha, es Bad Boys. Está conformado por quince personas, ocho mujeres y siete hombres. No todos son gays, pero todos comparten su pasión por el movimiento y los escenarios.


-A mí me toca bailar como hombre- dice Natasha un poco cabizbaja -, pero me gusta también practicar los pasos de las mujeres, me siento mejor. Una vez tuvimos problemas en el grupo porque decían que como yo era el gay entonces las personas iban a creer que en el grupo todos eran así. Pero todo se solucionó hablando. Víctor Hugo franqueó por muchas escuelas y colegios y vivió en diversos sectores de la ciudad. Dado que a su madre se le dificultó su manutención, el pequeño Víctor Hugo pasó a cuidados de su abuela, quien lo crió hasta los 12 años. A esa edad él decidió confesar su orientación sexual y afectiva a sus familiares. Al no encontrar el apoyo que esperaba, Víctor Hugo abandonó la secundaria y viajó con un amigo a Tumaco, donde trabajó por dos años. Natasha saluda a sus compañeros, hablan un poco de cualquier cosa y luego encienden una vieja grabadora a la que por milagro aun le funciona el dispositivo de disco compacto. Play. Apenas escucha una canción de Beyoncé, el grupo

se convierte en una dínamo de fuerza …Baby boy you stay on my mind / fulfill my fantasies /I think about you all the time / I see you in my dreams… Sus coreografías son un derroche fulgurante de energía. Al ritmo de Ragga, R&B y Dancehall mueven sus cuerpos sin parar un segundo. Los pasos son coordinados y sensuales todo el tiempo. Meneos de cadera exagerados, giros de la cabeza y caricias de sus manos por todo el cuerpo son lo más importante. Y en ese instante Natasha se transforma en la improvisada pista. -Para mí el baile es una forma de desestresarme y olvidarme del mundo. Cuando bailo me siento en la gloria, pues siento que es lo mejor que sé hacer- comenta con una seguridad apabullante. Regresó de Tumaco a la sazón de 15 años. Se estableció en la casa de unos tíos y se hizo amigo de varios muchachos que compartían su inclinación sexual. Pero el rechazo y las frases hirientes de sus familiares continuaban rondando por la casa. Un año más tarde resolvió marcharse a vivir en compañía de sus amigos.


Tres de los integrantes de Bad Boys son muy amigos de ella y fueron quienes la llevaron a conocer el grupo hace dos años: uno de ellos, Freddy, ha sido su pareja desde los 15 años, y los otros dos hacen parte del sector homosexual que se reúne eventualmente los viernes en la noche en el Parque de Loma de la Cruz, donde se conocieron. El grupo ha sido para Natasha una válvula de escape de la rutina y de los malos ratos que le hace pasar la vida. Allá encuentra un espacio cómodo y tranquilo con personas que la respetan y aceptan como es. Con Bad Boys han visitado varias ciudades del país. Los han invitado a hacer presentaciones en varios municipios del Valle del Cauca y han estado en ciudades como Popayán, Pasto y Pereira. En ocasiones les pagan por presentación, pero la mayoría de veces van simplemente a compartir sus bailes voluntariamente en eventos como ferias, fiestas, conciertos o festivales. Natasha no vive del baile. códi ar t / 32

Víctor Hugo ahora se reconoce y quiere que los demás lo reconozcan como Natasha. Actualmente vive con Freddy, su pareja desde hace tres años. Él le ayuda a sostenerse emocional y económicamente y la impulsa a seguir adelante con su sueño de ser bailarina. Se ha convertido en una suerte de ángel guardián que la protege. -Siempre he soñado con ser una gran bailarina famosa y vivir de eso- afirma con la mirada hacia arriba como queriendo trasportarse al futuro y soñar lo que dice-. Me gustaría ser bailarina de artistas como Beyoncé, Michael Jackson y Don Omar. Quiero ganarme un respeto bailando como hombre, que la gente me conozca así, para cuando sea famoso poderme cambiar el cuerpo y que las personas me respeten igual- dice con cierta resignación.

El ensayo acaba a las 9: 00 de la noche. Natasha se despide uno a uno de sus amigos diciendo algún comentario pícaro con su voz gruesa y débil. Los gestos delicados y amanerados que emanan de su cuerpo de ébano quizás le ayudan a disimular los rasgos masculinos que aún mantiene y que algún día aspira cambiar. Desde hace seis meses Natasha está decidida a transformarse. Con ayuda de inyecciones mensuales que neutralizan la testosterona y frenan la pubertad masculina, y tomando diariamente pastillas que contienen estrógeno, está empezando a darle curvas femeninas a su cuerpo. Todo ha sido recomendación de un médico que le sugirió un amigo. Ella está confiada de que el tratamiento será exitoso.


Lleva trabajando un año en una peluquería cerca de su casa. Esto le permite mantener su tratamiento, disfrutar de su propio dinero y así procurar cualquier independencia. Su plan ahora es seguir bailado en los ratos libres hasta lograr ser la diva que tanto ansía. Saliendo por las calles de Mojica Natasha vuelve a la rutina, se enfrenta otra vez a sus quehaceres habituales. Igual que en su barrio, comienzan las salpicaduras de frases toscas y los silbidos burlones a los que ya está acostumbrada. Su carácter se mantiene. En plena avenida, estira su brazo derecho y detiene el bus que la llevara a su casa. Se sienta tatareando la última canción que escuchó y por un instante se siente la mujer más feliz del mundo.


Ilustracci贸n

Pablo G贸mez c贸di ar t / 34


Centro comunitario LGBT Teléfonos: (571) 210 09 99 / 249 0049 E-mail: todasytodos@unal.esu.co Calle 66 No. 9A - 28 / Bogotá - Colombia

En Colombia se reconocen los derechos a la sustitución pensional, a la afiliación en salud y a los derechos patrimoniales de las parejas del mismo sexo. La periodista especializada en temas de género y directora del Programa Todas y Todos de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia, da cuenta de las últimas conquistas legales del sector LGBT. códi ar t / 36


María Mercedes Tello

Hasta el año 2007, Susana no podía heredar la mitad de los bienes adquiridos con Patricia, su compañera permanente. Llevan cuatro años conviviendo y ella quiere saber qué trámites debe llevar a cabo para hacer uso del derecho patrimonial otorgado a parejas del mismo sexo. No está pensando en separarse y ninguna de las dos está enferma con peligro de muerte, sólo quiere sentirse igual a una persona heterosexual. Cuando la Constitución del 91 estableció la diversidad en todos los sentidos, incluyendo la diversidad sexual, quedó obsoleta la ley 54 de 1990, la cual exigía una pareja conformada por un hombre y una mujer para poder acceder a derechos patrimoniales.

La Corte Constitucional respondiendo a una demanda por dicha inconsistencia, reconoció a las parejas del mismo sexo, que convivan por más de dos años por mutuo acuerdo, el derecho a tener los mismos beneficios de las parejas heterosexuales. Teniendo en cuenta la Constitución Política de 1991 “que consagró una importante carta de derechos, entre ellos el derecho a la igualdad, el principio constitucional del pluralismo y el derecho al libre desarrollo de la personalidad”, las parejas del mismo sexo han empezado a labrar un camino de reconocimiento y protección a sus derechos ciudadanos. En febrero del año pasado, mediante la Sentencia

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C-075 la Corte Constitucional reconoció los derechos patrimoniales de las parejas del mismo sexo en los mismos términos y condiciones de las parejas heterosexuales. ¿Qué quiere decir esto? Luego de convivir durante dos años con una persona del mismo sexo empiezan a existir derechos patrimoniales, es decir, que en igualdad de condiciones, los bienes conseguidos durante la relación de pareja pertenecen a cada quien por mitad. Susana está preocupada porque ella no devenga salario y permanece en el hogar dedicada a su mantenimiento, mientras Patricia trabaja en la Universidad. La Sentencia C-075/07 es muy clara

y señala que ella tiene el mismo derecho de una persona que convive en unión libre. ¿Qué había antes de la Sentencia? Sólo las parejas heterosexuales tenían el derecho a la mitad de los bienes adquiridos durante la convivencia mientras que el sobreviviente de una relación del mismo sexo perdía el patrimonio construido con su pareja y los bienes pasaban a los herederos, quedando la pareja sobreviviente sin nada. ¿Qué beneficios trae la Sentencia C-075/07 a las parejas permanentes del mismo sexo? El derecho al 50 por ciento de lo que se adquirió durante la convivencia de la pareja. Esta Sentencia también protege a las parejas cuando se

separan, evento que le puede suceder a Susana y a Patricia, pero Patricia no podrá dejar sin patrimonio a Susana porque la Sentencia explica que independientemente del aporte económico se respeta el trabajo invisible de la persona que está en la casa y se respeta el 50 por ciento que le corresponde. ¿Qué hay que hacer?, se pregunta Susana. Primero, Susana debe formalizar la unión que tiene con Patricia, llevan más de dos años conviviendo juntas y existen personas cercanas a la pareja que lo pueden atestiguar. Susana y Patricia pueden ir a una Notaría y hacer una escritura pública donde se formalice la unión o ir a un Centro de Conciliación y en una audiencia firman un acta de conciliación.


Es importante aclararles a Susana y a Patricia que esto no es un matrimonio; para las parejas del mismo sexo no hay matrimonio en Colombia, lo que existe es la formalización de la sociedad de hecho conocida comúnmente como unión libre. La formalización de la unión de una pareja del mismo sexo no tiene los mismos alcances jurídicos de un matrimonio, por ejemplo, si una persona está casada y a la vez tiene una unión con una persona del mismo sexo, el matrimonio como figura jurídica prima ante la ley frente a las uniones de hecho en casi todos los casos, excepto en las pensiones. El matrimonio tiene efectos patrimoniales desde el mismo día en que se da y lo que se consiga a partir de él va en partes iguales; por el contrario, en la unión de hecho el tiempo de convivencia es importante. La Corte Constitucional resolvió con Sentencia C-811, en noviembre del año 2007, permitir la afiliación de la pareja del mismo sexo como beneficiaria en los contratos de salud que se tengan con las EPS, en los mismos términos y condiciones de las parejas heterosexuales. códi ar t / 40

¿Cómo puede Patricia afiliar a Susana si aún no han formalizado su unión? Patricia debe llevar una declaración extrajuicio tramitada en cualquier Notaría, en donde dice que es pareja de Susana. Ahora, si Susana consigue trabajo le toca afiliarse nuevamente como trabajadora y saldría del núcleo beneficiario de Patricia. Es importante aclarar que para acceder a este derecho no hay necesidad de haber convivido dos años. Si la EPS no acepta a Susana como beneficiaria de Patricia, pueden presentar una tutela porque se está violando el derecho fundamental a la salud. ¿Qué pasaba antes de la Sentencia C-811/07? Patricia no podía afiliar en salud a Susana porque ese derecho, para las parejas del mismo sexo, no existía. Este año, por medio de sentencia C-336/08, las parejas homosexuales pueden conseguir la pensión de sobrevivientes. La Corte Constitucional reconoció el derecho a sustitución pensional a las parejas del mismo sexo en los mismos términos y condiciones de las parejas heterosexuales.


¿Cuáles son los requisitos para solicitar esta pensión de sobreviviente? Haber convivido por lo menos los últimos cinco años de vida con la pareja. Si Susana formalizó su unión con Patricia, presenta la escritura pública; si nunca lo hizo, debe buscar una persona que testifique que fueron pareja y que convivieron bajo el mismo techo durante los últimos cinco años. Similar a las parejas heterosexuales, si una persona estaba casada pero no se divorció ni se separó de hecho y vive sus últimos cinco años con otra del mismo sexo, o convivía y tenía su matrimonio al tiempo, entonces es probable que la pensión sea compartida entre la esposa o esposo y la compañera o compañero permanente.

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De igual manera la pensión será compartida con los hijos de la persona que fallece hasta que cumplan 25 años, siempre y cuando estén estudiando; si cumplen 18 años y no están estudiando pierden el derecho a la pensión.; es más, si hay un hijo con una discapacidad que le impida trabajar, la pareja sobreviviente debe compartir la pensión hasta su muerte. Para que se le otorgue la pensión de sobreviviente durante toda la vida es necesario tener más de 30 años de edad y haber convivido con la pareja los últimos cinco años de vida. Si el compañero que sobrevive es menor de 30 y ha convivido por más de cinco años, se la dan sólo por 20 años. Esta medida hace parte de la ley 797 de 2003, Artículo 13, que trata de evitar fraudes con las

pensiones de personas ancianas a las que se unían otras más jóvenes para quedarse con la pensión. Resumiendo, las personas compañeras permanentes del mismo sexo pueden gozar hoy el derecho patrimonial como pareja, del derecho a afiliar a la pareja a la EPS como beneficiaria y del derecho a la pensión de sobrevivencia, gracias a demandas de inconstitucionalidad resueltas por la Corte Constitucional.

declarar contra el compañero en un juicio, a ser beneficiario como compañero permanente cuando la pareja es víctima de crímenes atroces, a no hacer contratos con el compañero permanente del mismo sexo en el régimen público, derechos para la naturalización de las personas que son extranjeras y tienen su pareja del mismo sexo en Colombia, etc.

Actualmente cursa una demanda presentada por Colombia Diversa y el Grupo de Derecho Público de la Universidad de los Andes, en la que se demandan derechos, entre otros, a los subsidios familiares, atención en violencia intrafamiliar, a no

La comunidad LGBT espera que la Corte Constitucional siga con la línea de aplicación y respeto por los derechos de las personas del mismo sexo para que la demanda sea resuelta el próximo año.


Un cuento de Alexander Amézquita Pizo

El capuchón le llega hasta las rodillas, es viejo y de poca pompa. Lleva zapatos de hule, color rosa Barbie. Las medias se recogen a la altura de los tobillos, derrotadas por el agua. Indecisa continúa su camino, pero un estruendoso pito la vuelve hacía atrás, casi hasta caer en el césped inundado. A este paso no voy a llegar a ninguna mierda, piensa mientras mira la hora en su reloj de mano. Clava sus ojos en el semáforo, con suplica, con cierta devoción. Otra vez. En esta ocasión es más precavida, agarra con firmeza el bolso que cuelga de su brazo izquierdo, toma un largo aliento y salta el primer charco, corriendo como ratoncito de restaurante. Se detiene en el sardinel. Respira códi ar t / 44


AZAROSA con afán, intentando abrir más los pulmones. La lluvia se detiene con cierta parsimonia. Ella camina por el centro de la avenida hasta encontrar el anillo vial intermunicipal. Detiene su pequeño cuerpo, de apenas uno sesenta y tres de altura, ojos grandes, dientes uniformes y cabellos ensortijados. Vuelve a su reloj, es un poco más de la media noche. La lluvia largaba desde la tarde, estropeando largas horas de trabajo. Echa un vistazo por todas partes, no se detiene en nada. Muerde sus labios hasta comerse el rojo de su colorete preferido, rasgando trozos de piel reseca que afloran en ellos.

De pie, bajo una señal de máxima velocidad, se quita el viejo capuchón y deja ver un vestido enterizo, silueteando su cuerpo, que termina diez centímetros bajando desde la cadera. Coge del bolso sus zapatos tacón de aguja. Veintidós centímetros. Color negro. Guarda sus inocentes mocasines. Escote pronunciado en la espalda, exuberantes pestañas y lápiz de labios que refulge en su boca con un rojo pasión. Cada vez caen gotas más pequeñas de agua, el cielo se despeja. Los carros pasan como bólidos, no diferencian entre rojo y verde. Dos pastillas de chicle sabor a menta. Perfume

dulzón entre las tetas. Largas uñas con las que juguetea, chasqueando entre sus dientes, para no perder los estribos. Voz cadenciosa. Ventanillas eléctricas. El sonido del motor que se impone en el silencio de la noche. Ella muerde el chicle moviendo su quijada con decisión, histrionismo callejero, actuación en el asfalto. Se acerca a la ventanilla. Sube sus cejas. El tipo se extasía con su pequeñez y delicadeza. Cinco por la mamada, diez si querés por detrás y si la tenés más grande que la mía te hago una rebaja - dijo ella - ¿entonces qué?. FIN


Cuando cae la tarde, las ciudades empiezan a maquillar su rostro. Las luces de neón se encienden, los sitios de rumba abren sus puertas y los delincuentes empiezan a merodear. Las personas y los espacios se transforman para poder vivir al máximo lo que les depara un tiempo lleno de sombras. Código Argot presenta una crónica que indaga en la vida de dos de estos personajes nictálopes: el dueño de la discoteca gay más grande de Colombia y uno de los transformistas más populares de Cali. Cada uno vive la noche a su manera y cada uno está convencido de que bajo la complicidad de la luna todo es posible. códi ar t / 46


Jorge Luis Aparicio Erazo Cali Sábado, 9:05 p.m. Edward desliza suavemente la espumilla repleta de base por su mejilla…por séptima vez. Aún no ha logrado ver reflejada en el enorme espejo la mujer que él quiere. Ha visto trocitos de ella, partes mínimas de esa misteriosa fémina. Sabe que aún le falta mucha transformación cosmética, pero no puede ocultar la ansiedad y la emoción que siente cuando empieza a percibirla al frente. Lleva más de treinta minutos maquillándose y todavía le faltan varios retoques para que “Stephania Layton” haga su aparición.

Pasa el cremoso labial carmesí por sus finos labios. Se detiene, toma una bocanada de aire. Me dice entonces que su incursión en el mundo de los shows transformistas empezó hace unos tres lustros, cuando tenía 18 años. “Recuerdo que una vez, en la discoteca Romanos, vi una presentación de Isis Baker, una de las primeras transformistas de la ciudad y quedé impactado –dice utilizando la voz de Edward, quien paulatinamente va desapareciendo en el reflejo-. Ella fue mi inspiración para luego meterme en este cuento”. Edward es un hombre delgado, de mediana estatura, piel blanca, cejas pobladas y mirada meditabunda. Es un popular estilista del barrio Salomia, al norte de Cali. Su cotidianidad es un guion de hierro: cortar, alisar y tinturar cabellos. “Querido, pásame ese brillo que esta ahí” me dice señalándome una maleta negra repleta de labiales, polvos y marbellinas. Se la paso obedientemente. Maquillarse para cualquier transformista es un ritual y una inversión costosa. Según cuenta Edward, en la valija hay más de 200.000 pesos en cosméticos, entre “finos y chichipatos”. Se detiene por un instante, pregunta la hora, se estresa. Parado frente al espejo, como esclavo de la mujer que está surgiendo en frente, observo como se difumina el hombre que minutos antes tenía delante de mí. A su lado están otros tres

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Mientras pega cuidadosamente unas pestañas falsas de color azul, confiesa que los ojos son la parte más importante a la hora de retocarse, pues “deben decirlo todo”. Ella, por su parte, busca que los suyos reflejen ternura y sensualidad a la vez. “Quizás lo que estas viendo es un deseo reprimido, una manera de superar la frustración de querer ser una gran estrella. Sin embargo, yo le doy vida a Stephania para que ella me dé de comer a mí”, expresa. Lo dice en serio, pues los espectáculos transformistas en los que Stephania es la protagonista, le agregan unas monedas extras a su bolsillo. Por un show como el que presentará más tarde cobra 80.000 pesos. En otros ocasiones es un poco menos, en otras es un poco más. Todo depende del tipo de eventos a los que sea invitada. Una noche puede ser una cantante, una bailarina o la presentadora oficial de un reiando de belleza. Sin embargo, es enfática al afirmar que no hace esto por dinero con una lapidaria muletilla: “Esto es un arte”.

amigos que también se dedican al transformismo, que participan alegremente de esta fiesta de la mutación. Adentro de la peluquería todo parece un caos. “¿Dónde esta mi pestañina?” pregunta uno de ellos; “¿Alguien vio mis uñas postizas?” cuestiona otro; “¡Locas, nos va coger la noche apurémosle!” afana otro. Edward, a quien sus amigos apodan “La Madre”, ha obtenido varias coronas en múltiples concursos y reinados transformistas en Cali y Ecuador, ha ayudado a otros tantos a ganar certámenes y permanentemente está maquilando a muchas jóvenes promesas del fastuoso mundo del transformismo. Es una consecuencia lógica de vivir en un país sin monarquía donde todos sueñan con ser reyes, reinas e incluso se conforman con ser príncipes.


Bogotá D.C. 9:40 p.m. Me ubico en la calle 58 con carrera 13, en plena zona comercial de Chapinero, el barrio gay de Bogotá. El frío empieza a calar mis manos y mi aliento se cristaliza con el gélido aire. Los relámpagos en el cielo amenazan con humedecer la capital. En realidad muy pocas personas están ahí y la mayoría se agolpan alrededor de una señora gorda que se erige como la matrona de la zona: es la dueña de un puestito de venta de mecato y minutos a 500 pesos. Me hago al lado de un bar de raperos a esperar que abran el lugar que está en frente: Theatron, la catedral gay por antonomasia de la capital colombiana. Falta unos veinte minutos para que separen las imponentes puertas plateadas y dejen pasar a los visitantes. Sin embargo, al interior del lugar un ejército de jóvenes trabaja como hormigas para que ésta sea una noche muy por el estilo

Theatron. Cuadran las luces, prueban el sonido, se cercioran de que el trago esté en su sitio, van de aquí para allá. Una larga fila empieza a formarse para acceder a otra noche de rumba gay. La diversidad la caracteriza: si bien la mayoría son jóvenes y enérgicos hombres, también es posible advertir de hombres y mujeres mayores. Tres corpulentos guardias requisan a los asistentes e impiden la entrada de aquellos rumberos que no tienen aquella licencia simbólica para acceder al lugar. Theatron es un inmenso complejo arquitectónico que reúne en un mismo lugar siete estilos diferentes de rumba gay: Theatron que es la principal, pero le siguen Teatrino, Lotus, Luxor, Terraza, Child Out e Iris. Cada uno de estos ambientes es diferente. Cada uno tiene lo suyo.

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Cali 10:12 p.m. Edward se introduce en un pequeño rincón de la peluquería y ahí tiene lugar uno de los actos más doloroso para los transformistas: la “operación”, que es como ellos llaman al episodio de esconder su pene para que semeje una vagina. Él lleva su miembro hacia atrás, escondiéndolo entre las piernas y ayudándose con una cinta microporosa. “Esto es lo más duro del cambio y de lo que la gente no se da cuenta”, me comenta. A estas alturas de la transformación, me veo en la obligación de olvidarme de Edward. Me hago a la idea de que él se marchó y que no volverá sino hasta el otro día. Sí, sí, el estilista del barrio Salomia dejó de serlo más y se ha convertido en un personaje exuberante, una mujer majestuosa que mira a los demás con garbo y vanidad, que camina con estilo y se siente diva cada segundo. Ha desdoblado su personalidad casi de manera esquizofrénica. Por eso cuando uno de sus amigos se quiso ir de la peluquería y se despidió diciendo “Chao Edward”, ella atinó a preguntar “¿Edward?... ¿Cuál Edward? ¿Por aquí está Edward?”. Al pobre confundido no le quedo de otra que despedirse de Stephania.

Pero si bien ella parece una sola, en realidad ha sido decenas de Stephanias. Porque la Stephania de esta noche no es la misma que se presentó hace dos semanas. No señores, la de hoy es otra. “En cierta medida es triste darle vida a este personaje únicamente por unas horas y que muera cuando acabe el show y uno llegue a la casa –dice mientras se coloca unos zapatos plateados con tacón de puntilla– Pero me alegra saber que ella volverá a aparecer otro día, más encantadora y vigorizada”.


Bogotá D.C. 10:50 p.m. Entrar a Theatron es como ingresar a aquellas naves espaciales que constantemente recrean las películas de Hollywood: es un espacio amplísimo lleno de elementos metálicos, formas sinuosas, sofás modernos, música que aturde e invita al baile, pasadizos laberinticos, pisos que suben y bajan, luces enloquecidas que se esparcen por todo lado. Pero la semejanza con el galeón planetario no es simplemente por su estructura arquitectónica. La verdad es que al interior de Theatron los asistentes sienten como si estuvieran en otra galaxia. Aquí se respira una atmosfera libertaria, delirante. El ambiente es el telón de fondo para que hombres musculosos bailen cariñosamente en las pistas, mujeres gorditas se besen sin pudor, adolecentes luzcan sus ropas más sensuales y exageradas, los Drags Queens se paseen como faunos lanzando besos y coqueteando con todos. Y por supuesto, en este paraíso musical posmoderno, no podía faltar aquella mujer de ropa negra, casi como la famme fatal de una película de policías, esperando en el sofá a que aparezca otra fémina. O el hombre mayor con ropa de ejecutivo que se sienta en la barra a ver a los adolescentes que pasan a su lado y lanzan una que otra picada de ojo…aquí todo parece estar permitido con tal de que se goce la noche. códi ar t / 52

El sonido es envolvente, las luces confunden, el espacio se hace más pequeño mientras pasan las horas. No obstante, nadie se queja porque todos disfrutan de participar de estas escenas, que parecen extraídas de una serie gay gringa. Contrario a lo que muchos podrían pensar, este no es un lugar gueto exclusivo para homosexuales, donde los otros son mirados como extraños. Aquí también es común ver a muchos heterosexuales, algunos vienen con pareja y disfrutan igual –o quizás hasta más- que el resto. Theatron es un lugar vedado para la discriminación y los prejuicios. Mientras me deslumbraba con esta flamante fantasía de la rumba, no paraba de preguntarme ¿Quién pudo crear este sitio? ¿A qué mente osada y ambiciosa responde este lugar? ¿Quién es el culpable de este carnaval eufórico, de que muchas personas se desinhiban y se entreguen a la delicia de ser ellas mismas?


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Cali 11:05 p.m. Stephania, parada al lado de la calle, esconde su escultural cuerpo con un gabán oscuro que le llega a los tobillos y le bambolea con el frío viento. Su cabellera postiza está adornada con un sombrero azul de lentejuelas que se ilumina con la luces de la carretera. De repente, estira la mano para que no se le escape el taxi que pasa a esa hora por su lado. Se sube, junto a sus otras compañeras de aventura, con unas enormes maletas negras que dan la impresión de que se fuera de viaje…y en realidad esta idea no parece tan alejada de la realidad. En las valijas guarda todo el arsenal necesario para la faena nocturna: algunos vestidos, sombreros, accesorios y hasta una cámara filmadora que le permitirá tener recuerdos de esta noche. El taxista, no sin asombro, mira de reojo a esas mujeres maquilladas y prominentes que se han subido a su vehículo. “¿A dónde las llevo?” pregunta mirando por el espejo retrovisor. “Al centro, por favor” le responde una de las amigas. El viaje empieza. Stephania parece hacer un esfuerzo por ocultar la ansiedad. Mira la ciudad, le echa un vistazo a sus compañeras, respira hondo e intenta estar seria. Es consiente de que la noche es virgen. códi ar t / 54


Bogotá D.C. 11:45 p.m. Sobre una sofisticada y enorme plataforma, como un dios en el altar, el Dj mueve el torna mesa y una descarga de bits hace que la gente en Theatron enloquezca sus cuerpos. Es él quien verdaderamente determina a qué ritmo bailan los asistentes. Y es en la parte posterior a este sitio, siguiendo un pasadizo casi secreto, cómo se llega al lugar del cerebro detrás de este emporio de la rumba gay: Edison Ramírez. Su oficina, de forma ovalada, diera la impresión de heredar la estética de un diseño de Lloyd Wright: luce moderna y sofisticada armonizando las paredes de madera con lo plateado del metal y el vidrio de los asientos y las mesas. Un lugar que ubicado en el corazón de la discoteca quiere escapar a la apoteosis de la misma. Edison me recibe con un apretón fuerte de manos y una invitación a sentarme. Él es un “rolo” de pura sepa, con un cierto aire de galán italiano, dueño de un cuerpo hercúleo hecho a punta de gimnasio. Su rostro es alargado y su sonrisa contagiosa y profunda. Cuando le pregunto cómo

se define, es enfático: “Soy un amante de la noche. Me encanta descubrir la gente que habita la noche. He conocido personas que son de una manera de día y cuando llega la noche cambian completamente”. Después me dice que en su adolescencia pasó por una etapa muy dura al intentar aceptar su orientación sexual. “A los 17 años viví un infierno: fue la época de la negación, de las dudas, de enfrentar los miedos, de no saber qué hacer. Pero a los 18 años asumí que era gay y enfrenté a mi familia y el mundo entero”. Pero una pregunta me carcomía el cerebro: ¿Cómo se las ingenió para crear Theatron? Sin mayor misterio me responde que la idea nació de una necesidad fisiológica: “Como yo no tomo licor, bebo muchos vasos de agua y tengo que ir al baño a cada rato. En una ocasión, estando en un conocido bar gay de Bogotá, me toco hacer una fila como de unas veinte personas para acceder a un solo orinal. Entonces yo pensaba que si se hacia un sitio con una mejor estructura, con mejor

organización, posiblemente sería un éxito”. Y Theatron ha sido desde la década de los 90 un éxito. Sin embargo, antes de éste estuvieron otros sitios también administrados por él como Zona Franca, La Calera y Franquicia. No todos corrieron con suerte, pero cada uno le dejo a Edison experiencias que le han permitido mantener a Theatron en la cima de la oferta de sitios de rumba gay en Bogotá. También le han enseñado que en este negocio nada dura para siempre: “La gente gay no le es fiel a su pareja mucho menos le es fiel a los sitios de rumba. Siempre van a llegar nuevas propuestas, nuevos conceptos. Lo importante es tratar de innovar”. Le inquiero por la razón lógica para que un lugar de unos 5000 metros cuadrados se atiborre cada sábado con 5000 personas. Él piensa y dice: “Aquí las persona son como quieren ser. Muchos de ellos llevan una doble vida durante la semana en sus trabajos o familias y aquí pueden ser ellos mismos en la noche”.


Cali 12:05 a.m. Stephania ha llegado quince minutos más tarde de lo pactado. Pero ¿qué Estrella es puntual? Ella es una de las más rutilantes de la noche gay caleña. Punto final. El tiempo es otra cosa. Si quieren verla, que esperen un rato. Junto a sus compañeras desciende unas enormes gradas rectas para sumergirse en la discoteca en la que actuará. Y en un santiamén llega al camerino del lugar. Llamar camerino a este sitio parece un derroche de magnificencia de palabras. En realidad se trata de un cuarto de uno por dos metros, iluminado exiguamente por un bombillo de tungsteno y en que máxime caben dos personas. En la pared se encuentra un espejo medido que obliga a Stephania a hacer maromas para ver la totalidad de su cuerpo. Sea como sea, en este espaciesito se mira y se remira, se retoca y se alienta a seguir. De un momento a otro, entre tanta conmoción, Stephania escucha lo inesperado: el animador de la discoteca anuncia su nombre y las personas asistentes empiezan a aclamarla con aplausos. Ya nada puede hacer, la suerte está hachada, el

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momento de deleitar al público ha comenzado. Se mira por última vez en el espejo, se hecha la bendición, se abraza con sus compañeras y sale a enfrentar su destino de artista. Afuera del camerino, los asistentes, algunos sentados en las mesas otros de pie, la aplauden apenas la ven y le dan ánimos para su show. Ella sube al escenario con una expresión en su rostro de gallardía, incluso de soberbia. Sabe que le está negada la posibilidad de defraudar a su público, de dejarlos parpadear mientras dura su espectáculo. Las luces inquietas se detienen y se dirigen hacia ella. La música se silencia y los espectadores empiezan a vociferar. Suena la pista: “Cada vez/ Cada vez que lo veo pasar/ Mi corazón se enloquece /Y me empieza a palpitar”. Y Stephania se transforma. Se convierte en una dinamo de fuerza que la propia Selena envidaría y que en realidad es la desazón de algunas transformistas que están en la discoteca. Mueve su cuerpo con la gracia propia de una bailarina de ballet. “Bidi

bidi bom bom /Bidi bidi bom bom/ Bidi bidi bom bom”. Se come el escenario, que al final es pequeño para ella. En quince minutos, tiene al auditorio en sus manos y cuando termina el espectáculo, una ola de aplausos y exclamaciones la envuelven. Stephania no tiene otra opción que hacer lo que hace todo artista en escena: ofrecer su venia a todos inclinando su delicado cuerpo. No, no. Stephania no ha decepcionado. Los ensordecedores aplausos y gritos así lo confirman. También su rostro lleno de satisfacción. Con su arte vibrante se rehúsa a abandonar el refulgente Star System de las celebridades de la noche gay de Cali. Sin embargo, ella sabe que la fama es efímera. “Llegara un momento en que Stephania muera por sí misma, en que la gente ya no la pida más, en que ya no alumbre como alumbra siempre…entonces pensaré en matarla y ella fallecerá también en un escenario…donde nació”, dice mientras su rostro dibuja una expresión de nostalgia. Luego sonríe pícaramente y dice: “Pero no por ahora… ¡hay Stephania para rato querido!”.


Bogotá D.C. 01:10 a.m. Edison, en su moderna oficina, trata de convencerme de que él es una persona normal, a pesar de ser el dueño de una de las discotecas gay más grandes de Latinoamérica. “Para mí la noche de los fines de semana son jornadas de trabajo”, afirma. Entonces me invita a darme una vueltica por el “pequeño” sitio. Y justo antes de que saliéramos de la oficina, la cual tiene tres puertas que van a diferentes partes de la discoteca, me dice: “Uy no, por aquí no, este tipo no me conoce, mejor salgamos por esta otra puerta”. ¡No podía creer lo que estaba escuchando! ¡Los porteros de su discoteca no lo conocen! Y antes de darme la oportunidad de salir del asombro, me confiesa algo aún más sorprendente: “La gente piensa que soy tomador y rumbero. La verdad me dicen ‘gusano de guayaba’: no le hago daño a nadie. No tomo licor, nunca me he emborrachado y jamás he fumado un cigarrillo… ni siquiera de azúcar porque soy hipoglcémico”.

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Salimos a la delirante discoteca, tres veces más llena de lo que estaba cuando entré. Sigo a Edison por donde él va. Con mi libreta de apuntes en la mano parezco más bien un detective privado caído en desgracia. Me sorprende que él pasa inadvertido entre la multitud, como si fuera cualquier otra persona de las que pagó por ingresar al templo de la rumba. Saluda a algunos conocidos –pocos la verdad-, charla un poco con unos amigos, se ríe, observa detenidamente cómo marcha la noche en el sitio. “No puedo negar que me causa satisfacción ver el sitio lleno, pero también es una aliciente para mejorar porque yo me pregunto constantemente cuando llegará el momento en el que este sitio esté vacio”. En Teatrino, a escasos metros de Edison y de mí, unos enormes policías de pieles bronceadas se quitan la ropa exhibiendo sus músculos producto de horas de gimnasio. Son los strippers de la noche. A su alrededor, hombres y algunas mujeres

observan expectantes cada una de las prendas que ellos se quitan y fantasean por un instante con ser llevados presos por estos agentes de la ley. Y entonces resuelvo al fin el misterio de Theatrón: esta discoteca en realidad es un pretexto para liberar las tensiones de sus asistentes, una excusa perfecta para gozar dignamente de ser diferentes al resto y vivir con dignidad la orientación sexual. Edison, una vez más, tenía razón. Entonces aprovecho el momento de cavilación y le pregunto con qué sueña. “Anhelo tener una relación de pareja buena y estable. Ahora creo que la tengo, pero fíjate, él vive en otro país...quizás eso la haga más perfecta porque se te vuelve ideal…al final hay que irle ganando al tiempo y a la vida las cosas con las que uno sueña y con las que quiere ser feliz”. Y una vez más explaya esa sonrisa contagiosa en su rostro y se pierde entre la gente.


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