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Nº 0101 Año

That’s The Answer

Not To Be ·

LETRICIDIO

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DE MUERTE LENTA · 03 ·

La Morgue

Por Morir

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en el ATAÚD

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TIEMPO MUERTO

] 10 ^ Necrofilioteca

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LETRICIDIO

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Queridos deudos, Desde mi sarcófago, siendo carcomido por gusanos y oliendo a mierda excreto lo siguiente: la gente viva es la que tiene jodido al mundo. Mientras digo este póstumo manifiesto las moscas penetran por mi nariz y por el hueco que me atraviesa el seco cuero de mi intestino siento una rata gorda saboreándome. ¡Qué porquería de ataúd! Se supone que era a prueba de bichos, una Hummer entre los ataúdes de marca. Alguna vez en mi fatídica vida odie todo lo que tenía que ver con letras, muerte y basura de ese estilo. Pero, por desgracia, me enterraron con un micrófono, como si fuera un super star, para estar condenado al excremento, a la pocilga, a la escritura de mi albañal discurso. La verdad es que lloraría, pero un gusano se acaba de comer el último pedazo que quedaba de mi glándula lacrimal. Y ese cuento de que el alma iba a subir es bull shit, aquí ni hay ascensor ni hay angelitos y hace un calor de mierda. He llegado a pensar que, ante el aburrimiento que estoy pasando, sería entretenido ir a buscar mortales pa’ que se mueran de una vez y me acompañen. Primero tengo que salir de este fétido hueco, pero los desgraciados coño e’ madres de los sepultureros compactaron la tierra, estripándome el pecho y dejándome en una posición bastante incomoda y poco considerada para un muerto recién fallecido, para un pobre cadáver que acaba de morir. Me veo obligado a mover el esqueleto para abrir un hueco, con el muñon, y a fuerza de cúbito, voy horadando, hurgando el terreno poco a poco. Pero no quiero emerger para respirar –porque los muertos no respiran, gran ventaja–. Ya casi alcanzo la superficie y veo a unas señoras estúpidas llorando por algún otro idiota al que, como a mí, se le ocurrió morirse. ¡Bah! Pero no me importa porque cada muerto debe buscar su mortal. Pero la cagada es que casi ni veo porque un escarabajo carroñero se está terminando de engullir el único ojo que me quedaba; así con el poco nervio óptico colgante que me queda y cuya sensibilidad, asombrosamente aun me permite ver y elegir desenfocadamente a una víctima. He decidido, debido a que no puedo casi caminar, que es mejor maldecir a alguien de una vez; el que lea estas líneas, producto del nefasto registro del que he sido objeto, ha de sufrir una muerte vil, obsena y necrofaga. El que lea estas letras será el elegido y, sin saberlo, una pestilencia lo envolvera; seré yo, que me lo estaré llevando a las tinieblas. Almas vulgares, ¡tengo sed de muerte! ¡De mueeeeerteeeeeeee! ¡Entreguenme su alma, coñoooo, que estoy apurado! ¿Qué quieren, que me termine de volver polvo?

Letricida surgió de la unión de las letras con el ácido sulfúrico, por aquello de que es dañino. Es la comunión entre el Ph cero y la literatura barroca, entre el amor de madre y ser apuñalado. Letricida es como pegarle a la mamá, pero no con dolor, sino con arrechera; como un parricidio. Sí, Letricida es una unión rara. Una vez, debajo de una mata de mango, sí, de mango, no de manzana –Newton era un sifrino– pensamos “¿por qué no hacemos una revista?” y surgió Letricida; sí, de la nada, debajo de una mata de mango. Porque todas las buenas cosas se piensan debajo de un árbol, sino ¿para qué el Samán de Güere? Entonces a alguien se le ocurrió pensar. De qué carrizo va a tratar la revista. Y la respuesta fue fácil, sencilla: la muerte. ¿Que por qué? Pues, obvio: está de moda. Basta salir del edificio para ver cualquier carajito de quince años vestido de negro con el pelo de lado y con la palabra muerte con letras rojas simulando sangre escrita en inglés en cualquier parte de su ropa. La moda, la música, las líneas del metro y los periódicos de este país se han contagiado de este fenómeno. ¿Ha leído usted algún periódico venezolano donde no se hablen de muertos en los últimos años? Pues, no, ¿verdad? ¿Lo ven? Es pura moda. Por eso Letricida decidió matar gente, o matarse a sí mismo. Pero como somos todos unos carajitos universitarios no tenemos las agallas –ni las ganas, en realidad–, por eso decidimos hablar de la muerte en la literatura, que nos es más cercana y tan cliché

como el helado derretido en Maracaibo o como un perro caliente jumbo con todo, pero sin cebolla en Sabana Grande. No, mejor con cebolla para que pique en los ojos. Porque Letricida pica en el alma, pero no mata a nadie –¡así que no se asuste!–. Ahora sí, vamos serios: (…) (1 + 1 = 2) (…) (2 + 2 =4) (Pi = 3,141592654…) Los de Letricida no decimos nada serio, sólo nuestros articulistas; así que si usted quiere dejar de leer esta pedantería estúpida y anacrónica mejor pase la página porque en este primer editorial no encontrará nada más que palabras sin sentido y dirección cuyo único propósito es, en realidad, llenar esta página que nadie quiere llenar, pero por nuestro afán dadaísta, mortal y amoral –¿quién ha dicho una amoralidad en el párrafo anterior? [!?])– tuvimos que escribir. Así que si usted ha seguido leyendo puede empezar a doblar sus dedos para coger la página siguiente. ¡No, guácala! No te llenes el dedo con saliva, cochino. Eso, eso; pásala suavecito. ¿Ya lo hiciste?, ¿ya pasaste la página? No te escucho… ¿seguiste leyendo o lees el primer artículo? Respóndemeeee… –Letricida es como un chicle ácido. Al minuto en la boca no se siente más que dulzura–.

Y cómo esta es una revista anárquica no existen editores, directores ni ninguna de esas guarandingas; aquí todo el mundo está en el mismo nivel del subsuelo: ¡Comunismo pa’ to’ el mundo, pues! Sus compiladores y traductores son tres –como los mejores combos: Los tres chifllados, Full house, los paquetitos pequeños de Pirulín y… No, no, no nos dieron real para poner esto–. Estos tres dioses, hacedores y creadores de un mundo oscuro se codean con Hades, Persefone y hasta con el mismo Diablox cuando anda de buenas y no pinchando traseros. Sin más, nos dispondremos a revelar el secreto. Estos tres insuperables son: Moisés Lárez, mejor conocido como el conejo verde, por ser un viejo verde, qué digo, un joven de ojos verdes. Manuela Moore, también llamada conejo anaranjado, por tener el cabello medio castañorubio-dorado-rojizo-ANARANJADO y combinar muy bien con el conejo verde. María Milagros Pérez, el candelabro, por no ser un conejo.


La pulga John Donne El símbolo es esta pulga, el símbolo de esto, Que tan pequeña como tu rechazo hacia mí es; Primero me picó a mí, ahora te pica a ti, Así, en esta pulga, nuestras dos sangres se juntan; Bien sabido es que esto no puede ser llamado Pecado, vergüenza, o pérdida de la virtud. Y aun este insecto disfruta, sin cortejo, y es consentido, Pues se atiborra de una sangre hecha de dos. Y esto, ¡ay!, es más de lo que tú y yo haríamos. Detente, tres vidas salvas perdonando a esta pulga, Donde nosotros casi, sí, más que casados somos. En ella estamos tú y yo, y ella es Nuestro lecho nupcial, y el templo de nuestra boda; Por mucho que gruñan tus padres, y tú, nos encontramos Y consumamos dentro de estas vivientes paredes nuestra unión. Y aunque la razón te presente apropiado matarme, No añadas suicidio a ese crimen, Ni sacrilegio, pues tres pecados hay en asesinar a tres. Cruel y repentina, ¿te has amoratado la uña con sangre inocente? ¿De que puede ser culpable esta pulga Excepto de esa gota que sustrajo de ti? A ella sobreviviste, aunque ahora digas que Tú y yo más débiles estamos. Y es eso cierto. Aprende entonces cuán falsos son tus miedos; Si te rindes ante mí tanto honor perderás Como vida con la picada de la pulga perdiste.

El Ángel William Blake ¡Un sueño he soñado! ¿Cuál podrá ser su significado? Yo era una doncella con un reinado Resguardada por un buen ángel: ¡Tonto pesar era a nadie seducir! Y yo lloré ambos noche y día, Y él mis lágrimas recogía; Y yo lloré ambos día y noche, Y escondí de él el goce de mi corazón. Así que él tomó sus alas, y huyó; Entonces la mañana se ruborizó, rosada y rojiza. Sequé mis lágrimas, protegí mis miedos Con diez mil escudos y lanzas. Pronto mi Ángel vino de nuevo; Yo estaba armada, él vino en vano; Del tiempo de la juventud había escapado, Y grises cabellos había en mi cabeza encontrado.

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LaA

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Asesinato y romance Sobre Muerte, fraude y algún Jazz suave Una novela de Claudia Mair Burney

El último lanzamiento de Claudia Mair Burney Muerte, fraude y algún Jazz suave continúa las crónicas de la treintona y aún soltera doctora Amanda Bell Brown. Los lectores han conocido a Bell por el libro anterior Asesinato, mutilación y un hombre fino. La última vez que nos tropezamos con Bell, estaba recuperándose de una experiencia horrible y traumatizante: ser secuestrada por el líder de un culto de psicópatas mientras usaba sus conocimientos de psicología forense para resolver el misterio de un asesinato que envolvía al culto. A través de la investigación Bell conoce y se enamora del Teniente de Homicidios de Detroit: el guapetón Jazz Brown. No obstante, hay dificultades. Jazz es divorciado y no está seguro si su fe y conciencia cristiana pueda permitirle empezar otra relación. Así, a pesar de la conexión intensa entre ambos, deciden avanzar por caminos distintos. Ocurre un adelanto rápido. Los meses pasan y Bell se lamenta de sus treinta y cinco siendo soltera: escucha en su mente el sonido de su reloj biológico. Su única esperanza de encontrar la felicidad se ha ido; su único consuelo es su mascota. Pero en una noche cualquiera el Teniente Jazz Brown toca la puerta de Bell. Él está en problemas y necesita ayuda. Ella se entera por una llamada mientras atiende una escena del crimen en la parte alta del Centro de Detroit.

MorgueA

Ahí hay una mujer desnuda tendida sobre una cama, está muerta: asesinada. Hay dos cosas absolutamente malas de todo este misterio. La asesinada es la ex esposa del teniente Jazz Brown y el único sospechoso del crimen es él mismo. Los instintos de Bell le dicen que algo huele mal y averigua si hay un montaje. Sin embargo se pregunta ¿A quién querría engañar a Jazz? ¿Por qué la ex de Jazz se encontraba en el desván antes? ¿Será que el hombre del que Bell se enamoró no es el que pensó que era? En cualquier caso, ella tiene un misterio en sus manos. Como en la novela anterior, la fuerza de atracción y deseo que Bell y Jazz se tienen mutuamente es explosiva. Pero por medio de un gran esfuerzo y autocontrol, los dos niegan cediendo la pasión que se tienen. La fe y el amor a Dios de Bell y Jazz los cuida de cruzar la frontera y tener sexo. Los personajes de Claudia Mair Burney son humanamente humanos. Los santos no aparecen en Muerte, fraude y algún Jazz suave. Bell y Jazz se mueven entre la necesidad de estar juntos y de permanecer castos. Ellos expresan la agonía que sienten de manera muy realista. El lector puede sentir empatía con el torrente de emociones que navegan a través de Bell y Jazz y cómo esto se conecta con las pistas de un asesinato. Muerte, fraude y algún Jazz suave es una gran secuela. El reparto de los personajes son fieles a las novelas anteriores y los nuevos personajes están introducidos desde el mundo de Bell. Están bien desarrollados y son independientes en sí mismos. Muerte, fraude y algún Jazz suave es una novela de lectura obligada.


Entre el error, la vida y la belleza Sobre La vida preciosa de Che Parker Empecemos. Hay una nueva y emocionante autora en la escena que está garantizada para entretener, conmocionar, y cambiar por completo su punto de vista de una historia. Su nombre es Che Parker. Che llegó al mundo literario en 2007 con el fuertísimo y súper provocativo libro El error trágico. Si no lo han leído, deberían hacerlo después de terminar de leer La vida preciosa. Partiendo detrás de puertas cerradas con las peleas de un desastroso matrimonio, Che Parker introduce a Joshua y Katherine, dos personas que estando juntos y separados han sufrido complejas y trágicas experiencias que en cualquier pareja hubiera provocado el acercamiento entre ambos. No es así entre Joshua y Katherine. Joshua, quien para los demás parece ser un hombre adulto bien adaptado a las circunstancias, porta un profundo resentimiento hacia su esposa que incrementa su odio hasta hacerlo explotar. Katherine, sobreviviente de los ataques terroristas del 9-11 en El Pentágono, sufre un síndrome de desorden postraumático debido a esto mezclado con la falta de cariño y apoyo de su marido. Esto es lo que la impulsa a tomar un camino que la conduce a resultados desastrosos. La vida preciosa descubre la verdad acerca de un matrimonio al borde de la destrucción. Che Parker pinta una pintura realista de lo que pasa detrás de muchos corazones rotos y complicados titulares de noticias. Che es capaz de rebanar la psique humana y exponer las terminaciones nerviosas al más mínimo detalle. Después de experimentar el sorprendente final de La vida preciosa, deberían correr y conseguir lo más pronto posible la fantástica novela del de Che Parker: El trágico error.

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Historias en conserva Sobre The Children’s Book de A. S. Byatt Por Pamela Norris La nueva novela de A. S. Byatt comienza en 1895 con dos muchachos persiguiendo a un tercero a su escondrijo en las entrañas del Museo de South Kensington –ahora conocido como el Victoria y Albert–. Y termina casi veinticinco años más tarde con el regreso de un querido hijo de la Primera Guerra Mundial. Esto remonta la historia de varias familias y sus amigos –un grupo de escritores que habían perdido el contacto, artistas, economistas y pensadores–. La acción ocurre en parte en Londres, en parte en Kent y en el Pantano Romney –área de Inglaterra del sur–, con incursiones en Francia, Alemania, Italia y, finalmente, los campos de batalla de Europa. Como en las ficciones anteriores de Byatt, la novela pone la historia personal de personajes imaginados dentro de un retrato minuciosamente investigado de una era histórica. También característicamente, esta es una novela obsesionada con la acción de visualizar. Con sus descripciones pródigas de ropa, materiales gráficos, interiores y escenario, combina el realismo pictórico de El Día de Derby o la Estación de ferrocarril, del artista del siglo diecinueve William Powell Frith, con la fantasía y la extrañeza de la contradicción de Richard Dadd en Oberón y Titania. –Verdaderamente, la fascinación victoriana por las desgracias humanas y las transformaciones mágicas de Sueño de una noche de verano son temas importante en el libro–. El arte y la invención son adornos centrales. Un maestro alfarero, Benedict Fludd, vive con su intimidada esposa e hijas en la semi-pobreza en el campo, cerca de Dungeness, donde hace recipientes con vidriados sutiles y excrecencias tortuosas con forma de pescado. Fludd es el arquetípico genio loco, igualmente capaz de la creación y de la destrucción. Su talentoso aprendiz, Philip Warren, ha escapado de la servidumbre y quiere estar en los centros de alfarería porque muere de ganas de hacer recipientes con sus propios diseños. Otra escapada de los horrores de la Inglaterra industrial es Olive Wellwood, ahora una autora acertada de cuentos de hadas para niños. –Como en su premio Booker para la novela de posesión, donde a las mil maravillas escribió imitaciones de la poesía de Robert Browning y Emily Dickinson, Byatt incluye algunos cuentos espeluznantes de Olive y Tom Underground, evocando el organizado barrio residencial de Londres de su fantasía–. Olive, su marido Humphry y su

montón de niños viven en una finca con gusto modernizado Kentish, donde Olive escribe mientras su hermana Violet actúa como la ama de casa, la niñera y, germinando poco a poco, la amante clandestina de Humphry. Lo que Olive comparte con Fludd es el error de diferenciar la relación artística y la personal. Mientras la explotación de Fludd hacia su esposa e hijas es sin lugar a dudas repugnante, el uso público que Olive le da a Tom Underground es una historia escrita por muchos años para el disfrute privado de su hijo favorito, al principio aparentemente inofensiva, sino un poco indiscreta. Pero para Tom esta es una traición imperdonable. La comedia humana de Byatt incluye a las familias de Basil, el hermano banquero de Humphry –cuya esposa alemana más tarde se encontrará condenada al

destierro– y a las del Comandante Prosper Caín, encargado especial de los metales preciosos del Museo de South Kensington, así como la de la Fabians Society –teósofos, librepensadores, vegetarianos, nudistas, anarquistas y sacerdotes en contacto con el círculo de Wellwood–. Esto le permite explorar a muchas personalidades distintas y destinos, aunque el empuje principal de la novela sea rastrear a los diversos niños de lo que Byatt llama “la edad de oro”, para estudiar su crecimiento durante el fin del siglo a través de la “edad de hierro”, llena de armas y matanza. Hay muchos niños, cuyas luchas para encontrar su camino en una sociedad cambiante son simpáticamente descritas. El sexo y la identidad se muestran en particular problemáticos. Hombres dignos se alimentan de mujeres crédulas, y muchos de los niños están bastante inseguros de

quiénes son sus verdaderos padres. Un libertino sin escrúpulos es el escritor y el orador Herbert Methley, con su hipocresía sobre la libertad sexual y la mujer del futuro. Otro es Humphry Wellwood, que justifica el intento cometido en su borrachera de acostarse con su hija Dorothy alegando que él no es su verdadero padre. Esto la envía a Schwabing en busca del maestro de marionetas Anselm Stern –un viejo amante de su madre–, donde ella encuentra el liberalismo europeo y descubre la metafísica de los títeres. La técnica de Byatt le permite a cada individuo o grupo estar bajo un breve foco y luego seguir adelante, recogiendo sus historias tal vez muchas páginas más tarde. Esto le da a la novela un apasionante paso y ritmo. Lo malo es que parte importante de la trama y acontecimientos pueden perder el impacto. Como la muerte repentina de Fludd, por ejemplo, que cae sorprendentemente de su apartamento. La historia de Tom, de enorme interés en las tempranas etapas de la novela, más bien se decolora –como el interés de su familia en sus problemas– hasta el drama final de su viaje de noche a pie desde un teatro de Londres hasta la costa del mar en Dungeness. Este es un maravilloso fragmento, un viaje de fuerza narrativa que abraza la historia y la envuelve grandiosamente en el campo inglés. Casi tan dominante como las historias humanas es el panorama del cambio político y social con el cual los protagonistas de Byatt se comprometen enérgicamente. Su investigación es fenomenal, intenta hacer que el lector comparta con precisión –palabra que usa repetidamente– el mundo que sus personajes habitan. Un tema importante es el conflicto entre el temprano Modernismo y las piedades Victorianas, personificadas, en una mano, por el espectáculo de la “gigantesca” y “exorbitante” Exposición Universelle en París, que muchos del círculo Wellwood visitan en 1900 y, en la otra mano, la larga batalla de décadas en el museo de Prosper Caín sobre el edificio de obras y la presentación de la colección. Y, mientras el tiovivo da vueltas alrededor del arte y las finanzas, la política y los giros sexuales, una guerra terrible y sangrienta surge en el horizonte. En su locuacidad magnífica, The Children’s Book llama la atención al debate iniciado por los victorianos en cuanto al valor de la decoración. Las historias humanas agarran a menudo profundamente la afectación, pero se sumergen bajo una ola gigante de acontecimientos y comentarios. Prodigiosas como el efecto son las descripciones de A. S. Byatt de la exposición parisiense, pues sacian al lector con una superfluidad de maravillas.

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La primera mujer negra escritora de ciencia ficción

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Octavia Butler (22 de junio de 1947- 24 de febrero 2006) es mejor conocida como la autora de Patternist una serie de novelas de ciencia ficción en la que ella explora temas como la identidad sexual y el conflicto racial. Las heroínas de Butler son mujeres negras que son mental y físicamente poderosas. Butler creció en un vecindario racialmente mixto en Pasadena, California. Su padre murió cuando ella era muy joven, y su mamá tuvo que trabajar como sirvienta para mantenerla. Butler escribió historias de los sacrificios de su madre: cuando tenía diez años ella le compró una máquina de escribir a un comerciante avaro a un alto precio para que su hija pudiera escribir. Más tarde, en su adolescencia, participó en talleres de escritura como el Writers Guild of America y en el taller de ciencia ficción de Clarion. A partir de entonces Butler empezó a vender sus historias. Este temprano comienzo la puso en contacto con importantes escritores del género entre ellos Joanna Russ y Harlan Ellison, quien se convirtió en su mentora. Cuatro de sus seis novelas giran en torno a Patternists. Éste es un grupo de seres superiores que están conectados unos con otros telepáticamente. Son descendientes de Doro. Un nubian de cuatro mil años de edad que ha seleccionado humanos a lo largo del tiempo con la intención de criarlos y establecer una raza de súper humanos. Él prolongó su vida matando a otros, incluyendo a los miembros de su familia, y habitando sus cuerpos. El origen de la Patternists es resumido en Wild Seed, la que comienza en África en el siglo diecisiete y trascurre a través de dos siglos. La novela relata la tensa alianza de Doro con Anyanwu, la madre tierra, cuyos ricos poderes Doro codicia. La relación entre ambos progresa cuando luchan por el poder, pero la tiranía de Doro se acaba cuando uno de sus hijos, la heroína de la novela Mind of my Mind, lo destruye e imbuye el Patternists de cuidado y compasión. Patternmaster y Survivor también forma parte de la serie de libros Patternists. El primero se sitúa en el futuro y trata sobre dos hermanos que rivalizan por la herencia que quedó tras la muerte de su padre. Sin embargo el personaje principal es Ámbar, una de las princi-

pales heroínas de Butler, cuya relación no convencional con uno de sus hermanos es a menudo interpretada en contextos feministas. En Survivor, situada en un planeta extraterrestre, Butler examina las actitudes humanas hacia las diferencias raciales y étnicas en dos criaturas alienígenas. Alanna, la protagonista humana, triunfa sobre los prejuicios raciales y la esclavitud mediante la enseñanza a sus captores exóticos de la tolerancia y el respeto de la individualidad. Kindred, una novela apartada de la serie Patternists, aún mantiene los temas raciales y las relaciones entre hombres y mujeres. La protagonista, Dana, es una escritora contemporánea quien es telepáticamente trasportada a la época anterior a la Guerra Civil Norteamericana y es víctima de la trata de esclavos de esa época. Clay’s Ark (1984) refleja el interés del Butler por las características psicológicas de los hombres y las mujeres; es la historia de un virus que llegó del espacio que amenaza a la población de la tierra con una enfermedad que provoca una mutación genética. En una entrevista comentó cómo la visión que tenía el presidente Ronald Reagan acerca de ganar una guerra nuclear la influenció mucho a escribir distopías1. Este cambio de enfoque es mucho más evidente en Parable of the Sower (1994) una novela que describe un cambio hacia un rumbo religioso, en el marco de una lucha en el centro de la ciudad en 2025. A esta novela la sigue una secuela, Parable of the Talents, que son crónicas de la destrucción de la misma ciudad por el aumento de las fuerzas del fundamentalismo cristiano. Los críticos han aplaudido a Butler por la falta de sentimentalismo y han respondido favorablemente a su tratamiento directo de temas no tratados previamente en ciencia ficción como la sexualidad, relaciones hombre-mujer, desigualdad racial y política contemporánea. Frances Smith Foster ha comentado: “Octavia Butler no es sólo otra mujer escritora de ciencia ficción. Sus personajes principales son mujeres de color y a través de sus caracteres basados en un orden social imaginado, Butler explora conscientemente el impacto de la raza y el sexo en las sociedades futuras”. Inquieta con la ingeniería genética, los poderes mentales, extraterrestres con inteligencia avanzada, la naturaleza y el buen uso del poder, la ciencia ficción de Octavia E. Butler presenta estos temas en términos de conciencia racial y sexual. “Conscientemente Butler explora el impacto de la raza

y el sexo en la sociedad el futuro”, explica Frances Smith Foster. Como uno de los pocos escritores negros en el campo de la ciencia ficción, y única mujer negra, la perspectiva racial y sexual de Butler es única. Esta perspectiva, por otra parte, no limita su ficción ni la convierte en mera propaganda. Sherley Anne Williams escribe: “sus historias no son abrumadas por la política, ni sus personajes por el racismo o el sexismo”. Hablando de cómo las primeras novelas de Butler tratan de cuestiones raciales, en particular, John R. Pfeiffer de Fantasy Review mantiene que “Sin embargo y más notablemente, éste es el carácter de las novelas que muchos críticos quieren encontrar en la ciencia ficción, que sigue siendo tan rara”. Finalmente, hay en sus novelas historias de amor que son míticas, extrañas, exóticas, heroicas y llenas de fatalidad y trascendencia. Entre las fortalezas de Butler como escritora, según algunos críticos, está su cantidad de verosimilitud y la independencia de los personajes femeninos. Explica Foster que Butler a través de sus personajes busca explorar la posibilidad de una sociedad con igualdad sexual absoluta. En la sociedad de los personajes femeninos de Butler “no se necesita depender del erotismo para conseguir sus propósitos y ellas son útiles y potentes en sí mismas”. Williams también cree que Butler postula “una sociedad multirracial con mujeres de caracteres fuertes”. Además de esto, los críticos la alaban por su estilo de prosa económica. Elizabeth A. Lynn escribió en el Washington Post exaltando a la prosa de la autora como “segura e incluso en momentos de gran tensión nunca pierde el control de su ritmo ni del sentido de la historia. Tiene una buena mano fina y mantiene el ritmo de la historia”. Las historias de Butler fueron bien recibidas por los fans de ciencia ficción. En 1985 ganó tres de los mayores honores en su campo –el Nebula Award, Hugo Award y el Locus Award– por su novela Bloodchild: la historia de hombres de otro planeta que tienen hijos de una raza alienígena. Williams explica que Bloodchild “explora las paradojas del poder y la desigualdad, y retrata claramente la experiencia de una clase que, al igual que la mayoría de las mujeres a lo largo de la historia, son valoradas principalmente por su capacidad reproductiva.

1Una distopía es una utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. El término fue acuñado como antónimo de utopía y se usa principalmente para hacer referencia a una sociedad ficticia (frecuentemente emplazada en el futuro cercano) en donde las tendencias sociales se llevan a extremos apocalípticos.


Henry Miller La perspectiva de Valentine Miller

Su hija, Valentine

EN EL ATAÚD

Henry V. Miller nació el 26 de diciembre de 1891 en Yorkville, Nueva York, y murió el 7 de junio de 1980. Sus padres eran de Alemania, su madre del norte, su padre de Baviera. Vivió en Brooklyn mientras estaba en el colegio. Probó trabajando en la sastrería de su padre, allí desarrollo su amor por la ropa de alta costura. Tuvo siempre un armario pulcro. Escribió sus memorias a través de sus libros y de sus colegas autores. Pienso que su vida fue valiosa por muchas cosas. Tuvo que pelear con la mediocridad y la pobreza trabajando en muchos empleos frívolos. Empezó a escribir a los treinta, tarde para un escritor. Cuando descubrió Europa, particularmente Paris, se hizo amigo de escritores como Anais Nin, Alfred Perles, Lawrence Durrell. En los años 30’ escribió y publicó Trópico de Cáncer, La primavera negra, Nueva York ida y vuelta y Trópico de Capricornio. Las puertas estaban abiertas, era un escritor… Papá vivió en Francia, Grecia, Nueva York, Beverly Glen, Big Sur y Pacific Palisades. Era un escritor prolífico, disciplinado y llevado a crear. Pintar acuarelas era su manera de relajarse, no se consideraba a sí mismo un “pintor”, pero amaba pintar. Hizo miles de pinturas, de las cuales regaló la mayor parte. También aprendió cómo hacer grabados y a hacer serigrafías. Las monjas de The Immaculate Heart School vinieron a la casa de Los Ángeles y le enseñaron cómo hacer esta última técnica. Papá equilibraba lo intelectual con lo físico. Amaba andar en bicicleta, recorrió Coney Island en ella e incluso compitió en carreras en el Velodromo. Todavía montaba a caballo a los setenta años en Palisades. Era un gran caminante, caminaba por toda Nueva York y por los maravillosos distritos de Paris. En el Gran Sur hacía un viaje largo y difícil para buscar el correo y comestibles, arrastrando todo en marcha atrás por la colina. Mi hermano y yo corríamos a su estudio por las tardes, papá siempre estaba feliz de llevarnos a subir colinas para tener largos paseos. A veces nos contaba cuentos, me acuerdo de uno sobre una niña rica que vivía en la ciudad, una fantasía que nos fascinaba, siendo niños de campo. Yo sólo conocí a mi papá durante treinta y cinco

años, el último tercio de su vida. Pero soy afortunada de tener la herencia que él creó. En mi casa estoy rodeada por sus maravillosas pinturas, que son un placer para mirar. Sus libros son una inagotable fuente de conocimiento y placer para el descubrimiento personal. Uno puede abrir cualquier página y encontrar alguna frase o pasaje verosímil. Incluso sus títulos son inspiradores, definitivamente hablaba claro –Inmóvil como el colibrí, El diablo anda suelto, Recordar para recordar, La sabiduría del corazón, La pesadilla del aire acondicionado, La sonrisa al pie de la escalera–. Las conversaciones de la cena eran siempre muy animadas. Había un raudal constante de amigos y admiradores, también de mujeres que iban a la casa de Ocampo y preparaban comidas especiales para papá. Me gustaba cuando sólo nosotros dos podíamos hablar, papá recomendaba a los últimos autores que se estaba leyendo, o a los escritores que pensaba que me podrían gustar. Su gusto en literatura era ecléctico, iba desde la oscura Marie Corelli hasta Knut Hamsun, Hermann Hesse y a H. Rider Haggard. Me dio la colección de la Biblioteca Moderna de autores 9 que admiraba, Sherwood Anderson, Theodore Dreiser, Carson McCuller… Amaba a Walt Whitman, a Nostradamus, a Marcel Proust, a Rimbaud, a Balzac, a Stendhal… Tenía muy buena memoria y podía sacar sus pasajes favoritos de la nada. Su Los libros en mi vida es una buena lectura y fuente de novelas y autores. La admiración, el respeto y el amor que tengo por mi padre crecen con el pasar de los años.


TIEMPO MUERTO

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La muerte y el morir en la literatura Una perspectiva psiquiátrica Por John Skelton La muerte en la literatura es un asunto variado, justo como es la muerte en la sociedad. Es también un destino ineludible para cada uno de nosotros como individuos y, por esta razón, siempre ha impregnado nuestros pensamientos en todos los niveles, desde el sentido inmediato de devastación que la pérdida personal nos da hasta los caminos mediante los cuales manejamos el hecho de la muerte, empujándolo en la superficie, tan comúnmente y cómodamente escalofriante como las muertes en las películas de horror de Hammer. Uno de los usos de la literatura en las profesiones de salud es ayudar a la gente a que haga más claros sus intereses y preocupaciones: ayudarles a “hablar de sus sentimientos”. A menudo se dice que la lectura de la literatura puede ayudar también a profesionales de la salud, quizás en particular cuando son jóvenes y carecen de experiencia; o quizás cuando son más viejos y están encostrados en el cinismo de la experiencia. Estas son funciones valiosas, desde luego, pero tienden a separarnos del verdadero sentido de lo que es la literatura y pueden ser valiosas si realmente las reembolsamos con el estudio y la repetida lectura. El hecho es que esa literatura es difícil y si erramos en su entendimiento puede ser porque sabemos muy poco sobre las culturas que la han creado o no podemos reconocer o apreciar las técnicas con las que fue realizada, más que porque carezcamos de los sentimientos más finos. El seguimiento desde acá del papel de la literatura como parte del movimiento creciente en “las humanidades médicas” puede ser interpretado muy pobremente. La literatura, si confiamos en su fuerza y aceptamos que para hacerse su estudiante debemos emprender algo siempre rico y a menudo difícil, es una manera de entender qué es ser humano. Un regalo esencial que puede darle a aquellos con una educación científica consiste en que, por no ser reductiva, puede traer a casa el hecho de que hay modos de entendimiento que no pueden ser probado por un MCQ. Es rol de la literatura el observar que el mundo como lo experimentamos es el irreductiblemente complejo. Un abstraccionismo de un periódico científico es una cosa; un abstraccionismo de Hamlet es completamente otro, y seguramente no es Hamlet.


Günter Grass: Último premio Nobel del siglo XX

En Letricida celebramos el cercano anuncio del ganador del premio nobel de literatura 2009 y por eso queremos rendir homenaje a este premio. Para ello decidimos hacerle un merecido homenaje al alemán Günter Grass por los diez años de la entrega de su premio Nobel. Aquí las palabras del Dr. Horace Engdahl, miembro de la academia sueca. «Sus Majestades, Su Alteza Real, Señoras y Señores, En estos días, a menudo oímos hablar de la disminución de la importancia de la literatura. Se nos dice que se ha reducido a un entretenimiento o pasatiempo de élite aislada. Pero así como un filósofo de la Grecia antigua, con el deseo de rechazar la teoría de que Movimiento Eleático era imposible, simplemente caminó delante del lugar de encuentro de los Eleáticos en la sala de pilares, así como contar con

Günter Grass actualmente es suficiente para hacernos comprender que la literatura fácilmente no será empujada a los márgenes. La publicación de El tambor de hojalata significa un segundo nacimiento de la novela alemana del siglo XX. Desde Los Buddenbrooks de Thomas Mann ningún primer libro había causado tanto revuelo. Este tipo de atención tiene su precio. Al igual que Mann, Grass conoció con el reproche que, después de haber sido tan querido por los lectores y críticos, tuvo la audacia de escribir... diferente. En el caso de Thomas Mann, este reproche se presentó incluso en la citación de la Academia Sueca para recibir

el premio Nobel de 1929. Los méritos de Günter Grass no pertenecen sólo a su creación de una narrativa carnavalesca como en El tambor de hojalata, sino también el hecho de que no ha pasado su vida tratando de repetir esta hazaña. Una y otra vez, ha dejado atrás a la crítica establecida mediante su grandeza y con asombrosa libertad de aventurarse en nuevas empresas que ha establecido a sí mismo por encima de las prohibiciones y las expectativas tanto estéticas como políticas. Él sigue haciendo en sus textos más recientes lo tenga que salir de su trabajo. Se dice a menudo que, con El tambor de hojalata, Grass desempolvó un mundo desaparecido del olvido –la localidad de Danzig, tal como existía antes de la época nazi y de la guerra–. Pero los lectores experimentan un momento mágico sobre el recorrido que quizá

podría llamarse leer El gato y el ratón, el cuento en el que las amistades de la niñez se recuerdan con el entusiasmo de la pérdida y la culpa. El tambor de hojalata, sin embargo, es otra cosa. Aparece como un mundo con una enorme variedad de personajes con grandes historias. Todos son vistos desde una posición inusualmente baja: una yarda sobre suelo. El tambor de hojalata tiene un narrador en primera persona que no se parece en nada a ninguno en toda la literatura o sobre la faz de la tierra. Independientemente de todos los prestidigitadores del folclore, independientemente de los míticos infantes poseedores de la sabiduría de los ancianos, al igual que de Puck de Shakespeare y de Kleinzach de Hoffmann, Oskar Matzerath es una creación totalmente original: una inteligencia infernal en el cuerpo de un chiquillo de tres años de edad, una monstruo que victoriosamente aprovecha las bondades de humanidad con la ayuda de un tambor de hojalata, un intelectual que usa la niñez como su método de crítica. Si, como una voz en la novela lo sugiere, nuestros tiempos podría llevar el lema “El misticismo, la barbarie, oscuridad” y, a continuación, Oskar es tu enemigo jurado. Desde el dadaísmo y el otros alegres grupos de vanguardia destructivos de principios de nuestro siglo, ha heredado la irreverencia creativa, pero, a diferencia de ellos, no ha desecha razón. Otros escritores alemán –pienso en Arno Schmidt y Heinrich Böll– retrataron la caída de los valores humanos como una tragedia o apocalipsis. Grass prefirió un método literario más similar al adoptado por parodiadores anónimos que, en algún momento después de Homero, muestran el heroísmo de guerra como la batalla entre las ranas y los ratones. Grass rompió el hechizo que se tenía sobre el pasado alemán, el sabotaje del alemán sublime, el gusto por su magnificencia que había

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sido prejuiciada por la antigua destrucción. Esto fue un logro mucho más radical que todas las críticas ideológicas que hizo contra el nazismo. Las novelas de Grass muestran personajes de grandes palabras que destacan la solidez de sus carnes por lo que sus formas humanas parecen cercanas al mundo animal. Todos tenemos un lugar en su colección zoológica de gatos y ratones, perros, caracoles, ranas y espantapájaros. Los diferentes libros que siguieron –la novela febril Años de perro, es un relato diario de la época cuando el autor se dedicaba a la política partidaria, los grandes patrañas de los años setenta y ochenta y así sucesivamente– nos enseñó a leer de un modo nuevo, con nuestros oídos y estómagos tanto como con nuestros ojos y el cerebro. Günter Grass en sus expansivas frases no sólo reúne en un mismo punto a la alta y baja clase social, sino también al sujeto como una representación distorsionada de la opinión genera. Su texto no muestra la homofonía de cartas, sino la polifonía de la oralidad, como una ruidosa tinta que se eleva como una voz sin necesidad de silenciar a sus amigos y adversarios para ser escuchada. Su ironía tiene como muchos tonos, como degradados gráficos. En su muy debatida weites Ein Feld, Grass tiene la osadía de dar un paso dramático en el punto de vista de la relación entre los esbirros del totalitarismo y sus víctimas. Él pone en relación al eterno humanista frente al eterno policía informante, simpatizante de una inquisición que mantiene las viejas costumbres. Uno de los dos personajes principales dice: “Visto desde el frente, se veían muy mal acompañados, por detrás sin embargo, parecían dos piezas de un rompecabezas”. Hay algo con una tono tan burlón que es insolente, independiente y relativista que forma parte de la vida de Grass en Berlín y su experiencia en torno a la caída del Muro, que enfureció a muchos lectores de

su país de origen. ¡Günter Grass! Su sentido de la igualdad ha hecho un verdadero servicio a la humanidad. Su nuevo libro se titula Mein Jahrhundert –Mi siglo–. El hecho de que usted esté recibiendo el último Premio Nobel de Literatura del siglo XX es una confirmación de la razonabilidad de dicho título. Su cabalgata de los pasados cien años da buena prueba de su extraordinaria habilidad de imitar las voces de los pensamientos de ellos: todos hechizados por las esperanzas de la política y la tecnología, siendo estúpidos deseosos por las grandes perspectivas. El núcleo de su irreflexión es entusiasmo. He leído Mein Jahrhundert como una crítica de entusiasmo y una celebración de lo que es contrario a usted: una buena memoria. Su estilo, sus repeticiones, las especificaciones y la estratificación de las diferentes voces, nos dice que no se tiene prisa,

ya sea en relación con el pasado, o al tratar con el futuro. Usted ha demostrado que, en tanto en la literatura que lo que la gente recuerda también se apresura en olvidar, es algo que hay que tener muy en cuenta. Quiero expresar las cálidas felicitaciones de la Academia Sueca como ahora le ruego reciba el Premio Nobel de Literatura de manos de Su Majestad el Rey.»


Autora de misterio en posadas C&D

La escritora de misterio Jean Hager, como su contemporánea María Deheim, es una fan de las posadas de cama y desayunos. Después de escribir varias novelas centradas en la cultura indígena Cherokee, quiso hacer una serie de libros aficionados con este tema. ¿Cuánto tiempo has estado escribiendo? Treinta años. Mi primer libro se llama The wispering house, un relato de misterio para chicos de 8 a 12 años de edad. Se sitúa en una fascinante casa en Kansas (construida por un inglés en a comienzos del año 1900 y que ahora es propiedad de mi cuñada). El libro fue publicado en 1970 por una editorial regional, Steck-Vaughn, y ha estado durante mucho tiempo fuera de las imprentas. ¿Qué hacías para ganarte la vida antes de escribir novelas? Yo enseñé inglés en escuelas secundarias durante muchos años antes de convertirme en escritora a tiempo completo. ¿Qué la atrajo al género de misterio? He leído este género y lo he amado desde que tengo 9 ó 10 años. Empecé con Nancy Drew. Cuando el mercado apuntaba a el romance escribí una cantidad de textos así, pero incluso de esta manera prefiero escribir sobre misterio. Lo hice simplemente porque el mercado de romance es muy abierto, mientras que el de misterio es muy cerrado, es muy difícil de romper; esto fue antes del auge del género de misterio de los últimos años. ¿Por qué decidió escribir sobre misterio en posadas de cama y desayunos? Yo quería escribir de manera aficionada algo relacionado con la serie Sleuth, y desde que mi marido y yo nos quedamos en un par de C&D en Eureka Springs, Arkansas, nos enamoramos de esa experiencia. Yo decidí, entonces, crear mi posada cama y desayuno ideal –Iris House– y con un pueblo parecido a Eureka Springs: Victoria Springs en Missouri. También escribió un par de series basadas en la cultura indígena Cherokee. ¿Cuál es su conexión con esta cultura? Soy dieciseisava parte Cherokee. Mi mamá y mi abuelo estuvieron establecidos en el Condado Cherokee, Oklahoma, cerca de Tahlequah, la capital del condado. Quedé fascinada con sus costumbres que empecé a comprar todos los libros que pude de esta cultura y, finalmente, decidí establecer mi primer libro de misterios –The grandfather medicine– con un trasfondo Cherokee. ¿Prefiere escribir secuelas? No realmente. Yo disfruto cambiar entre un libro sobre la cultura Cherokee y otro sobre Iris House y empezar de nuevo. Creo que escribir distintos tipos de libros me ayuda a mantener mi estilo. ¿Con qué frecuencia se aloja en una C&D? ¡Con poca frecuencia! La gran mayoría de mis viajes son a conferencias, en las que me quedo en hoteles porque las conferencias se dan allí.

Es mucho más fácil. Sin embargo prefiero las posadas C&D y tengo justo ahora en mi lista dos C&D en Oklahoma a los que iré cuando tenga un chance. ¿Recuerda su primera C&D? Muy claramente. Fue en Eureka Springs, Arkansas, y se llama Red Bud Manor. Nuestra habitación estaba decorada con antigüedades, y la anfitriona sirve el desayuno cada mañana en el porche. Ella se viste con un estilo antiguo, con un vestido largo hasta el piso y un delantal para servir a sus invitados. ¡Los desayunos son deliciosos! ¿Cuál es su C&D favorita? Como dije antes, no he estado suficiente tiempo en ellas, pero tengo que decir que aún tengo bueno recuerdo de Red Bud Manor y me gustaría regresar. ¿Qué es lo que más le gusta de las C&D en general? La temática es mucho más parecida al hogar que en los hoteles, el ambiente es informal y tranquilo y, desde mi limitada experiencia, los desayunos son mejores también. ¿Qué tan bien ha sido recibida por los lectores la serie de Iris House? Sorprendentemente bien. Muchos lectores dicen que tuvieron un deseo porque Iris House existiera de verdad para que ellos se pudieran quedar ahí. Parece que disfrutan la descripción de Iris House tanto como el misterio. El último libro de la serio, The last Noel, fue número uno en el Mistery Scene Paperback List. Esa fue una grata sorpresa e indica que los lectores de la serie están creciendo. Hay dos libros más en la serie de Iris House, Sew Deadly (la quinta parte, diciembre de 1998) y Weigh Dead (el sexto de finales de 1999). ¿Tienes planes para continuar la serie después de ellos? Sí, tengo un contrato para la séptima parte y la esperanza de continuar por muchos libros después de eso. ¿Tiene un autor de misterio “clásico” favorito? Sí, Agatha Christie. Ella fue una maestra en el arte de extraviar. ¿Dónde creciste? En Tulsa, Oklahoma, hasta que tuve quince, luego nos mudamos a Pawnee, Oklahoma, un pequeño pueblo donde yo me gradué de secundaria. Conocí a mi marido en la Universidad Oklahoma State, y hemos vividos en varios pueblos del estado (él era director de hospitales). Nosotros hemos vivido en Tulsa por quince años, mi esposo ahora está jubilado y planeamos quedarnos aquí.

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Necrofilioteca

Sobre la muerte en la literatura La muerte es considerada desde muchos puntos de vista dstintos en la literatura del mundo entero. Afrontamos la muerte, lidiamos con la muerte de un amado, hablamos de la importancia religiosa o filosófica de muerte, y lamentamos las tragedias y triunfos en el proceso del morir –y vivir más allá de las muertes de otros–. Lea más sobre la muerte en la literatura: ] Muerte, no te enorgullezcas ^ John Donne ] El lamento de una madre por la muerte de su hijo ^ Robert Burns ] Una muerte en el desierto ^ Willa Cather ] La muerte es un diálogo ^ Emily Dickinson ] La muerte del General Grant ^ Walt Whitman

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] La muerte de Jean ^ Mark Twain ] Después de la muerte ^ Christina Georgina Rossetti ] Vida y muerte ^ Walt Whitman ] Un pensamiento de muerte ^ Anna Laetitia Aikin ] Un rezo en la víspera de muerte ^ Robert Burns

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