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Agradecimientos Al Staff Excomulgado: Nelly Vanessa por la Traducción, a Angiee por la Corrección de la Traducción, a AnaE, Puchunga, Taratup y Zaphira por la Corrección, De nuevo a AnaE por la Diagramación y a Kiti08 por la Lectura Final de este Libro para El Club De Las Excomulgadas… A las Chicas del Club de Las Excomulgadas, que nos acompañaron en cada capítulo, y a Nuestras Lectoras que nos acompañaron y nos acompañan siempre. A Todas…. Gracias!!!


Argumento La agente deportiva Liz Darnell hará cualquier cosa para conservar a su cliente número uno, el beisbolista profesional Gavin Riley. Y Gavin está más que preparado, especialmente cuando Liz se ofrece a sí misma como parte del trato. Pero cuando el amor inesperadamente entra en el campo de juego, ni Liz ni Gavin están listos para el mayor cambio de todos en el juego.


Capítulo Uno Gavin Riley sabía que Elizabeth Darnell había estado evitándolo durante los últimos meses. Y sabía por qué. Tenía miedo de que la despidiera al igual que su hermano, Mick, lo había hecho. Oh, claro, Mick jugaba en la NFL y Gavin jugaba en las Ligas Mayores de Béisbol, por lo que eran similares en un montón de cosas. Y debido a que Mick era el hermano mayor de Gavin, mucha gente pensaba que Gavin seguía su ejemplo, especialmente en materia de negocios. Después de todo, Mick había contratado primero a Elizabeth, y Gavin había seguido su ejemplo. Sin embargo, la gente suponía mal. Gavin tomaba sus propias decisiones sobre los negocios, y no imitaba todo lo que su hermano hacía. Incluso si Liz se hubiera metido en la vida personal de Mick, haciéndole daño a la novia de Mick y a su hijo, y hubiera hecho casi todo lo humanamente posible para enfadar a su hermano. Ella pido disculpas y tratado de arreglar las cosas con Mick, Tara y su hijo, Nathan, pero había sido uno de esos casos de demasiado poco y demasiado tarde. Había cosas que un agente deportivo hacía que eran valiosas para la carrera de un atleta. Pero meterse con la vida amorosa de un atleta, podía ser el beso de la muerte para agente. Liz nunca había tocado la vida amorosa de Gavin. De hecho, le arrojaba mujeres como si fuera una proxeneta. Mujeres hermosas. Actrices, modelos, el tipo de mujer que hacía a Gavin lucir bien. Él no tenía ninguna queja. De hecho, Liz había hecho lo mismo para Mick hasta que Mick se había enamorado de Tara Lincoln y puso fin a los intentos de emparejamiento que Liz trataba de hacerle con la última y mejor actriz, en la portada de cualquier revista, con el fin de obtener una mayor exposición. Pero Liz trató de sacar a Tara y a su hijo de la vida de Mick, lo que había dado lugar a que fuera despedida.


Y era por eso que había estado evitando a Gavin, sin duda temiendo que él hubiera tomado partido por Mick y estuviera dispuesto a hacer lo mismo, lo que Gavin encontraba bastante malditamente divertido. Elizabeth vigilaba a sus clientes como un halcón, y el hecho de que mantuviera un silencio total era como si se hubiera dado por vencida y dejado que los buitres se hicieran cargo de sus mejores clientes. No era que Gavin fuera el mejor jugador de todos, pero ella había estado a su lado desde que habían firmado, sin dejar que algún otro agente consiguiera estar a distancia suficiente para hablar, o firmar, con él. Tal vez tenía algo que ver con la noche que Mick la había despedido. Mick había salido de los vestidores, dejando a Elizabeth a solas con Gavin. Liz se había acercado a él con los ojos húmedos por las lágrimas y luciendo vulnerable, dos cosas que eran totalmente impropias de ella. Entonces ella lo había besado. Y luego se fue. No era que él hubiera pensado en ese beso en los últimos meses. No mucho. Excepto después, que ella desapareciera. No lo había llamado, ni le había enviado correos electrónicos, ni lo había buscado, o lo había acechado de ninguna forma, algo poco característico en ella. Así que ¿Fue el beso lo que lo que la llevó a la clandestinidad o sería el miedo de que la despidiera cuando la viera? ¿De verdad creía que no podría cazarla si quisiera cortar los lazos con ella? Ya era hora de que saliera y diera cara. No podía evitarlo para siempre, especialmente en este banquete de deportes, donde tenía varios clientes, incluido él, a pesar de que había estado haciendo su mejor esfuerzo por mantenerse alejada.


Había pasado desapercibido durante la mayor parte de la noche, dejándola revolotear a su alrededor y centrarse en algunos de sus pares en el béisbol. Siempre disfrutaba viéndola interactuar en una sala llena de deportistas de primera línea. Elizabeth llamaba la atención. No importaba si la habitación estuviera llena de las mujeres más bellas del mundo, un tipo tendría que ser impotente o estar muerto, para no notarla. Con el cabello del color de su coche deportivo rojo favorito, increíbles ojos azules, una suave piel cremosa, y largas piernas, que un hombre sólo podía esperar tener envueltas a su alrededor algún día. Y ella lo mostraba todo con practicada precisión. Era una bomba sexual andante con un cerebro perverso. Una combinación letal. Gavin estaría mintiendo si no admitiera haber sido tentado por Liz. Pero nunca mezclaba los negocios con el placer, y tenía sus oportunidades en otros lugares. Liz había sido una gran agente, lo había firmado a cal y canto con el Equipo de Ligas Mayores de los Rivers de Saint Louis al salir de la universidad, y había trabajado duro para hacerlo rico, para conseguirle anunciar productos, y mantenerlo en su posición de primera base. Él nunca habría querido hacer algo que cambiara eso. Además, dudaba que Elizabeth fuera su tipo. Gavin era muy particular sobre las mujeres que elegía. Y, ¿Causarse dolor en los testículos por una mujer como Elizabeth? Definitivamente no era su tipo. Pero necesitaban aclarar un par de cosas, y ella no lo podía evitar por más tiempo. El banquete estaba finalizando, y casi todo el mundo estaba saliendo del salón. Liz estaba con Radell James y su esposa, caminando hacia las puertas del salón de baile principal. Gavin salió por una puerta lateral y se quedó atrás, sin ser visto, mientras ella se despedía. Se veía bien esta noche, en uno de sus trajes habituales de negocios. Era negro, el cual parecía ser uno de sus colores favoritos, y se adaptaba a cada pulgada de su cuerpo. La falda que llegaba justo por encima de sus rodillas, y esos zapatos que llevaba, enfatizaban sus tonificadas pantorrillas. Ella caminó hacia el exterior a través de la puerta principal del hotel con Radell y su esposa.


Gavin salió también, sin ser notado, mientras Liz hablaba con Radell. Se quedó de pie en el fondo y observó, hasta que el taxi de Radell y Teesha llegó. Cuando se fueron, Liz se apoyó contra la pared de ladrillo y cerró los ojos. Se veía cansada. O derrotada. Con la guardia baja. Era tiempo de que Gavin hiciera su movimiento. Se situó frente de ella. "Me has estado evitando, Elizabeth". Sus párpados se abrieron de golpe, y sus ojos

revelaron sorpresa. Empezó a

separarse de la pared, pero él la inmovilizó, colocando su mano en la pared, sobre su hombro. Había una planta del otro lado, por lo que no tenía a adónde ir. "Gavin. ¿Qué estás haciendo aquí?" "Es el banquete deportivo. Sabías que estaba aquí. De hecho, diría que esta noche diste vueltas alrededor de las mesas, haciendo tu mejor esfuerzo para no encontrarte conmigo." Ella parpadeó. Su dulce boca pintada se abrió, pero nada salió de ella durante unos segundos. No creía haberla visto sin palabras antes. Su mirada se dirigió de lado a lado, como un animal acorralado en busca de escape. Finalmente, se relajó y la vieja Elizabeth estuvo de vuelta, con su cara de negocios. Pasó el dedo por la solapa de su chaqueta. "No estaba evitándote, cariño. Tengo un nuevo cliente, por lo que tuve que cuidarlo un poco y presentarlo a toda la gente de los medios adecuada. Luego llegó Radell, y teníamos que discutir algunas cosas importantes. Siento mucho que no hayamos tenido la oportunidad de ponernos al día. ¿Me necesitabas para algo?" "Sí. Tenemos que hablar". En un instante, su calidez desapareció. Sus ojos se estrecharon. "¿Sobre qué?" "Sobre tú y yo".


Algo brilló en sus ojos, algo caliente que nunca antes había visto. O tal vez nunca antes lo había notado. Tan pronto como llegó, se fue. Tal vez sólo lo había imaginado. Pero Gavin no imaginaba cosas, y lo que había visto había causado un endurecimiento en sus pelotas. Había sido como el beso de aquella noche, tomándolo desprevenido, y haciéndolo dudar de todo lo que pensaba sobre ella. Siempre había mantenido su distancia con Liz, ya que tenían una relación profesional. Además, ella no le prestaba mucha atención, excepto de manera

profesional. Nunca lo adulaba de la misma forma en que hacía con

muchos de sus otros clientes. Él pensaba que no tenía un interés personal en él, lo que le sentaba muy bien debido a que no tenía problemas para encontrar mujeres, y las mujeres no tenían problema para encontrarlo a él. Pero lo que acababa de ver en sus ojos había sido. . . interesante. "¿Sobre tú y yo? ¿Qué pasa contigo y conmigo?", Preguntó ella. "¿Has terminado todos tus asuntos con tus otros clientes?" Ella asintió. "Vamos a alguna parte a. . ." Él bajó la mirada por su cuerpo, deteniéndose en el sitio en el que su blusa de seda descansaba contra sus pechos. Regresó la mirada hacia su rostro, buscando alguna reacción. Ella tragó, y los músculos de su garganta se movieron por el esfuerzo.

Elizabeth estaba nerviosa. Gavin no creía haberla visto nerviosa antes. Esto era perfecto. "Hablar". "¿Hablar?"


"Sí". Él se separó de la pared y le hizo señas al valet, le dio su boleto, y tomó la mano de Elizabeth, llevándola con él a la acera mientras esperaba que el valet trajera su coche. Afortunadamente, el banquete deportivo había sido en la ciudad donde los Rivers de Saint Louis hacían los entrenamientos de primavera. Malditamente conveniente y sin la necesidad de viajar alterara sus planes. Viajaba lo suficiente durante la temporada, y tener que añadir más eventos donde tuviera que subirse a un avión habría sido un lastre. Le dio la propina al valet cuando trajo el coche. Él y Elizabeth subieron, y se dirigió hacia la autopista. "¿A dónde vamos?" "A mi casa". Ella arqueó una ceja. "¿Tienes una casa? ¿Por qué no te quedas en un hotel?" "Me alojo en suficientes hoteles durante la temporada. Quiero un lugar para mí mismo durante la pretemporada." Hicieron el camino en silencio. Gavin giró hacia el norte, hacia la playa. "¿Una casa en la playa?" "Sí. Está aislada y puedo correr por las mañanas." Ella se volvió parcialmente en su asiento. "Maldita sea, Gavin. ¿Vas a despedirme? Porque si es así, prefiero que lo hagas de inmediato. No me arrastrares hasta tu casa, y después esperes a que tome un taxi de vuelta al hotel." Gavin reprimió la risa. "Hablaremos cuando estemos allí." "Mierda", susurró ella, luego cruzó los brazos y apoyó la cabeza contra la ventana el resto del camino.


Él salió de la autopista y tomó el camino frente a la playa, entrando en el garaje. Elizabeth salió del coche y lo siguió al interior, con el aspecto de un prisionero en su camino a la ejecución. Él encendió las luces y abrió la puerta corrediza que daba al porche trasero. "Bonito lugar." Él se encogió de hombros. "Está bien por ahora. ¿Quieres una cerveza o algo de vino?" "¿Por qué? ¿Estás tratando de suavizar el golpe?" Él metió las manos en los bolsillos de sus pantalones. Haciendo caso omiso a su pregunta, le preguntó una vez más, "¿Vino, cerveza, otra cosa?" Ella inhaló y exhaló un audible suspiro. "Una copa de vino estaría bien, supongo." Él abrió una botella de vino, sirvió una copa para ella y después tomó una cerveza de la nevera. "Vayamos afuera." La casa tenía un patio trasero grande, aunque él suponía que aquí se llamaba terraza, balcón o algo así. Infiernos, no sabía cómo se llamaba, sólo que daba al mar y le gustaba sentarse aquí en la noche, para escuchar las olas romperse contra la playa. Había un largo columpio acolchado para dos y un par de sillas. Liz se sentó en una silla, y Gavin en la otra. Tomó la copa que él le ofreció y la llevó a sus labios, dando varios tragos profundos. "¿Había alguna razón en particular, para que me trajeras aquí, a tu paraíso en la playa, en vez de decirme lo que querías en el hotel?" Sí. Quería hacerla perder el equilibrio. Liz estaba siempre en control. Además, no quería que se zafara o encontrara alguna excusa para irse.


Y. . . diablos, realmente no sabía por qué la había traído, además de querer saber por qué no la había visto en meses. Ella lo seguía de cerca, constantemente, hasta que ocurrió lo de su hermano. Desde entonces, casi se había perdido de la faz de la tierra. "Por lo general me llamas dos veces por semana, y te veo por lo menos una vez al mes." Ella se encogió de hombros. "Estabas ocupado con el final de la temporada. Y también yo estuve muy ocupada. Luego llegaron las fiestas." "Siempre te esfuerzas para estar donde quiera que yo esté, para que podamos cenar juntos. Y, ¿Cuándo fue la última vez que te perdiste las fiestas con mi familia?" Ella soltó un bufido. "Tu hermano me despidió. Su prometida me odia. No creo que hubiera sido apropiado pasar las fiestas con tu familia." "A mi madre no le habría importado. Ella te quiere y piensa en ti como parte de la familia. Lo personal es una cosa, los negocios otra". "Para mí no lo es. Y estoy segura de que tampoco lo es para Mick, ni para Tara. No he querido interferir en las celebraciones de tu familia. Sé que ya no soy bienvenida allí." Ella desvió la mirada, pero no antes de que él viera el dolor en sus ojos. Este era una nueva faceta suya. Gavin la miró más de cerca, sospechaba que debería estar llena de mierda debido a que sabía que no tenía sentimientos. Sólo se sentía amargada por haber perdido a Mick como cliente. "Podrías haber arreglado verme lejos de las reuniones familiares." Ella estudió sus uñas. "Mi agenda ha estado llena". "Tonterías. Te escondiste después de que Mick te despidiera".


Ella levantó la cabeza. "No me estoy ocultando. La pérdida de Mick fue un gigante golpe financiero. Tuve que luchar por firmar a más clientes para disminuir las preocupaciones". Gavin se echó a reír. "Has hecho un montón de dinero con Mick, conmigo y con los otros chicos. No creo que te haya hecho ningún daño". "Bien". Ella dejó su copa de vino y se levantó, moviéndose hacia la baranda para observar el océano. "Puedes creer lo que quieras, ya que has fijado esa idea en tu mente. Y si me vas a despedir, acaba de una vez para que pueda salir de aquí." Gavin se levantó y se acercó a ella. "¿Crees que te traje aquí para despedirte?" Ella lo miró. "¿No es así?" Lo impresionó la vulnerabilidad en su rostro. Nunca la había visto antes. Elizabeth siempre tenía un borde duro en ella, una confianza que la hacía destacar como una estrella. En ese momento no estaba allí. Estaba vulnerable, herida, y tenía miedo. Tal vez no estuviera actuando después de todo. Había estado convencido de que no era capaz de tener emociones reales. Al parecer, era capaz de sentirse herida, y él no sabía qué diablos hacer con eso. La luz de la luna bailaba a través de su pelo, dándole el aspecto de una diosa, iluminada por fuego plateado. Por segunda vez esa noche, Gavin se dio cuenta de que Elizabeth era una mujer hermosa y deseable. Siempre había pensado en ella como un tiburón vicioso, el cual era un gran lugar para archivarla en su mente, porque ella estaba en el lado de los negocios de su vida. Oh, claro, siempre era una hermosa vista, y tenía que admitir que había admirado su cuerpo más de un par de veces, pero nunca había pensado en ella como en alguien que tuviera. . . sentimientos o emociones. Pero a medida que la luz jugaba con sus ojos, le pareció ver lágrimas en ellos. Y algo más iluminó sus ojos cuando lo miró, algo que había visto antes, en muchos ojos femeninos. Deseo. Necesidad. Hambre.


No podía ser. Liz era fría. La había visto tumbar a un delantero de trescientas libras con su lengua afilada, tomar al desalmado propietario de un equipo por la corbata, y sacarle millones sin siquiera parpadear. Liz era implacable y no tenía alma. Te podría sacar el corazón, antes de demostrarte que era vulnerable. Había visto lo que le había hecho a Tara y a su hijo, Nathan, y no había pensado acerca de cómo los afectaría. Había querido sacarlos de la vida de Mick. La emoción y cómo se sentirían no había entrado en la foto. Eran un inconveniente y tenían que ser eliminados. Cualquiera que fuera la actuación que ahora estaba representando para él, era eso…una actuación, una forma de ganarse su simpatía o de distraerlo para que no la echara. Perder clientes era malo para el negocio. Y Liz era todo negocios, todo el tiempo. Hasta donde sabía, no tenía vida personal. Comía, respiraba y dormía en sus negocios, las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Así que… sí. ¿Elizabeth vulnerable? Era una maldita broma. Esas lágrimas eran fabricadas, y no se lo creería. ¿Y la idea de que ella lo deseara? De ninguna forma. Por lo general había sido directa con él, por lo que no entendía a lo que estaba tratando de jugar ahora. "Liz, ¿qué estás haciendo?" Ella frunció el ceño. "¿Disculpa?" "¿Qué estás tratando de hacer?" Ella puso los ojos en blanco. "No tengo idea de lo que estás hablando, Gavin. Tú me trajiste aquí, ¿recuerdas?" Apuró su copa de vino y se la ofreció. "O bien, me dices la razón por la que me trajiste hasta aquí, o llenas de nuevo mi copa. Me estás volviendo loca". Ídem. Él tomó la copa y se la llevó a la cocina, terminando su cerveza en el camino. Cuando salió de nuevo, se encontró con que ella se había quitado los zapatos y la chaqueta. El viento azotaba mechones sueltos de su perfecto cabello. Éstos volaban con el viento, salvajes e indomables.


A él le gustaría ver a Liz salvaje e indómita, pero apostaría a que también era de las que daban órdenes en la cama,. Nunca había pensado en Elizabeth y en el sexo en la misma oración, prefería mantener los dos temas separados. Entonces ¿por qué ahora? ¿Era debido a la mirada que le había dado antes? Maldita sea. No quería pensar en ella de esa forma. Ella se estremeció y se frotó los brazos. "¿Quieres tu chaqueta? "No. Tengo frío por naturaleza." Él podría hacer un comentario sobre aquello, pero decidió no hacerlo, le entregó el vino, y se sirvió un whisky de la botella que había llevado consigo al salir. La cerveza no había sido suficiente. Ya era hora de ir al grano, y decirle por qué la había llevado ahí esa noche. "Cometí un error con Mick", dijo ella observando al mar, y no a él. "Pensé que podía controlarlo, que sabía lo que era mejor para él. Resulta que no tenía idea. No lo escuché cuando me dijo que amaba a Tara. Pensé que era una aventura. Pero estaba enamorado de ella, y yo no quería que se enamorara." Esto era nuevo. ¿Liz abriéndose a él? Ellos hablaban de negocios y, a veces tomaban un par de copas y reían cuando estaban juntos, pero hablaban sobre todo de deportes. No de cosas personales. Nunca. "¿Por qué no querías que se enamorara de ella?" "Porque si lo hacía, las cosas cambiarían". "¿Qué cosas?"


"Mick era tan fácil de llevar. Podía arreglarle una cita con alguna actriz o modelo para promocionarlo, y él aceptaba mis sugerencias. Su rostro aparecería en las portadas de muchas revistas, y su nombre estaba en todas partes. Lo hice famoso." Él se movió para ubicarse a su lado. "Su brazo lo hizo famoso, Liz." Sus labios se curvaron en una sonrisa nostálgica. "Eso era parte de ello. Ustedes chicos, no entienden sobre Relaciones Públicas en lo absoluto. Creen que todo lo que se tiene que hacer es lo que hacen en la cancha, cuando hay mucho más que eso." Vació su copa de nuevo, y después la dejó en la mesa. "Ser bueno en su deporte es sólo una pequeña parte de lo que se necesita para hacerlos íconos. Las revistas de chismes, los medios de comunicación, su imagen, y su acuerdos de patrocinio. . . todo lo demás es lo que lo hace realidad." Ella se volvió hacia él. "Podrías ser el maldito mejor primera base en toda la historia del béisbol, pero si no consigo los contratos para que anuncies desodorantes o máquinas de afeitar o ropa interior, si el público no se entera de quién eres, si no ve tu cara ocho veces al día en comerciales, en medios impresos y en internet durante la temporada, a nadie le importarías, Gavin. A nadie le importaría que tengas un promedio de bateo de 338 con cuarenta y un jonrones, que ganaras tu sexto Guante de Oro consecutivo, y que seas el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional. A nadie le importaría. Les importa porque los medios les dicen que debe importarles. Y a los medios les importa porque yo les digo que pongan atención.” "Todo lo que ustedes quieren hacer es jugar sus deportes, tener sus fiestas con mujeres, comprar coches caros, y asegurarse de verse bien. Quieren que esos contratos para anunciar productos, los respalden para estar financieramente seguros, pero no se dan cuenta de cuan feroz es la competencia allí afuera, de lo difícil que es conseguir esos acuerdos. Porque por cada uno de ustedes, hay otros cuarenta chicos clamando por el mismo lugar. Eso es para lo que me pagan. No sólo para negociar sus contratos, sino para lograr todos esos acuerdos para ustedes, poner sus caras en la portada de Sports Illustrated1 y para asegurarse de terminar

1

Sports Illustrated es una revista semanal dedicada al deporte, propiedad del gigante de los medios de comunicación Time Warner. Tiene aproximadamente 3 millones de suscriptores y es leída por unos 23 millones de personas cada semana, siendo el 80% hombres, lo que representa el 20% de los hombres de Estados Unidos.


apareciendo en la revista People2. Eso es para lo que me pagan. Es por eso que me necesitan". Ella se apartó de la barandilla y entró en la cocina dando traspiés. Infiernos. No tenía idea de que se trataba todo eso. Él sabía malditamente bien lo que ella hacía por él. Estaba enrollada, ¿Verdad? Pero a él le gustaba la Elizabeth luchadora mucho más que la Elizabeth vulnerable y triste. Dejaría que siguiera su curso y vería a dónde se dirigía. ***** Rayos. Liz se apoyó en el mostrador y tomó un largo trago de vino, deseando nunca haber accedido a venir aquí con Gavin. Derramar las entrañas de esa manera había sido estúpido. Nunca había hablado con Gavin así. Todo con él siempre era superficial. Ella le decía lo grandioso que era, o le arreglaba una sesión de fotos. Y renegociaba su contrato, consiguiéndole las mejores condiciones. Eso era todo. Eso era todo lo que siempre habían discutido. Siempre había mantenido la distancia con él, por lo general se reunían donde había mucha gente y en eventos públicos, donde ella estaría a salvo. Y tenía muy buenas razones para esto. Uno, ella era cuatro años mayor que él. Y no salía con chicos más jóvenes. Nunca. Dos, estaba enamorada de él y lo había estado durante años. Tres, él era total, completa y absolutamente ajeno a eso, y ella tenía la intención de que siguiera siendo así.

2

People es una revista estadounidense de carácter semanal, que trata acerca de las celebridades e historias de interés general, publicada por Time Inc. En 2006, tenía una tirada de 3.750.000 ejemplares e ingresos aproximados de 1.500 millones de dólares. Fue nombrada «Revista del Año» por Advertising Age en octubre de 2005, por su excelencia en editorial, circulación y publicidad. People se ubica en el puesto 6 del anuario de Advertising Age «A-List» y en el puesto número 3 en la lista de Adweek «Brand Blazers» en octubre de 2006.


Oh, claro, coqueteaba con él, al igual que lo hacía con todos sus clientes. Cosas superficiales, nada más que bromas. Nunca había querido que Gavin pensara que lo trataba de manera diferente a sus otros clientes. Y en su mayoría él no tenía idea, porque le prestaba muy poca atención, salvo cuando se trataba de negocios, gracias a Dios. Pero sí lo trataba de manera diferente, porque se sentía diferente respecto a él. Se mantenía a distancia, debido a cómo la hacía sentir. Cuándo había sucedido, no podía decirlo. Dios sabía que había tratado de evitar que ocurriera. Pero había algo en él. Tal vez era su oscura buena apariencia, sus fascinantes ojos verdes, la forma en que su cabello castaño oscuro caía sobre su frente, o la sensualidad de su barba de candado. Tal vez era su cuerpo delgado, que perfeccionaba y mantenía en forma con entrenamientos diarios en el gimnasio y con la práctica de deportes no competitivos fuera del béisbol. Tal vez era la forma en que atendía a los niños en el campo de juego, siempre tomándose el tiempo para firmar autógrafos o para detenerse y hablar con ellos. Era un gran atleta y valía millones, pero nunca había desarrollado un ego gigante como muchos de sus clientes lo habían hecho. Era un verdadero buen chico. Pero lo que realmente le encantaba de él era su sonrisa. Había algo perversamente diabólico en la sonrisa de Gavin. Era una especie de sonrisa madura que escondía un secreto, el tipo de sonrisa que hacía que una mujer quisiera saber lo que él estuviera pensando. Ella había sentido curiosidad por su sonrisa cuando lo había conocido y él la había mirado de la forma en que un hombre mira a una mujer. Pero tan pronto como lo había firmado, había sido el fin. Él nunca la había mirado de esa forma otra vez. Oh, lo había visto dedicar esa sonrisa a otras mujeres, y de muchas formas había lamentado haberlo tomado como cliente, aun así, le había dado el 100 por ciento de sí misma como agente. Pero lamentaba, de manera nostálgica y deplorable, que él no dedicara esa sonrisa perversa.


Hasta esta noche. Esta noche, fuera del hotel, la había mirado de esa forma, por primera vez desde que se había convertido en su cliente. La había mirado como un hombre mira a una mujer con la que le interesa tener sexo. Le había cortado la respiración y por un breve momento se había preguntado. . . "¿Te escondes aquí?" Se volvió para enfrentar a Gavin, con los dedos apretados alrededor de la copa de vino vacía. "Llenando de nuevo mi copa de vino." Su mirada se movió. "La copa está vacía". "Así es." Ella levantó la botella de vino. "Y la botella también." Gavin se dirigió a la nevera de vinos y sacó otra botella, tomó el sacacorchos y tiró del corcho. Sus dedos tibios se deslizaron sobre los dedos fríos de ella, mientras mantenía la copa inmóvil para llenarla, su mirada nunca dejó la de ella. "Tus dedos todavía están fríos." Ahí estaba esa mirada de nuevo, esa sonrisa que le había dado afuera del hotel, esa misma noche, más temprano, la que nunca le había dejado ver antes. Su vientre dio una voltereta, y, oh, Dios, sus pezones se endurecieron. Se preguntó si Gavin podría velos a través de su endeble sujetador y su blusa de seda. "Estoy bien". "Está bien" Él sostuvo su mano, y ella se mordió el labio inferior. "Vas a tener que pasar la noche aquí." Ella tragó. "¿Qué?" "He bebido mucho alcohol como para poder llevarte de regreso en el coche esta noche. No voy a conducir. Tendrás que quedarte aquí". "Oh. Uh. . . Podría llamar un taxi."


Él sonrió. "Podrías hacerlo. Pero no quieres, ¿verdad?" ¿Qué? ¿De qué demonios estaba hablando? ¿Le estaba coqueteando? Oh, no. Oh, diablos no. Fue por su cartera y sacó su teléfono celular. "Llamaré un taxi." Él le agarró la muñeca y se inclinó hacia ella. "No hemos terminado de hablar, Liz." Él no se refería a tener una conversación. Ella lo sabía, y él también. "¿Por qué ahora, Gavin? ¿Por qué, después de todos estos años, estás haciendo esto ahora?" "¿Por qué tenemos que analizarlo?" Su corazón latía tan fuerte que se preguntó si Gavin podría escucharlo. Él llevó su teléfono hacia el mostrador, alejando sus dedos de este. Llama un taxi. Vuelve a casa. Sal de aquí ahora, antes de que hagas algo increíblemente estúpido, Elizabeth. "No tengo sexo con mis clientes, Gavin". Sus labios se torcieron. "¿Quieres que te despida para poder follar contigo?" Su cuerpo estaba en llamas. ¿Por qué le hacía esto? "No particularmente." "¿Quieres que te folle?" Ella no podía respirar. ¿Cómo se suponía que debía responder a eso? Miente, idiota, como le has estado mintiendo durante los últimos cinco años.


Él se movió a la isla central como un depredador, enjaulándola entre ésta y su cuerpo, al poner sus manos a ambos lados de sus caderas. "Estás jadeando, Liz. ¿Me tienes miedo?" "No." Él se inclinó más cerca, con sus caderas acariciando las de ella. Y luego, sintió el borde duro de su polla, y hasta la última gota de sentido común se alejó de ella. Él se inclinó y apretó los labios contra su cuello, con su pelo acariciando su mejilla. Ella inhaló, respirando su aroma, dándose cuenta de que esto era lo más cerca que nunca había estado de él. Olía a jabón fresco y a todo lo que siempre había soñado. Ella apretó el mostrador de granito tan fuerte, que los dedos le dolieron Intentó tragar de nuevo, pero se había quedado seca. Al menos su garganta se había secado. Por debajo de la cintura estaba mojada, preparada y lista para que él se deslizara dentro de ella y le diera todo con lo que había fantaseado durante los últimos cinco años. Su coño palpitaba con anticipación, sus pechos estaban calientes e hinchados. Su clítoris hormigueaba, y si él se frotaba contra ella sólo un poquito, podría correrse sólo de pensar en cuán bueno podría ser entre ellos. "Gavin", chilló ella. "Tócame, Elizabeth", murmuró él, deslizando la lengua a lo largo de su cuello. "Pon tus manos sobre mí, y dime que esto es lo que deseas." Maldito fuera. Maldita sea, maldita sea, maldita sea. ¿Cómo podría no darle lo que pedía? ¿Cómo podría dejar de tomar lo que ella deseaba? Pero esto cambiaría todo entre ellos. E indudablemente, le costaría dejar de tener a Gavin como cliente. Gavin empujó sus caderas contra las de ella, y ella se derritió. Deslizó los brazos hacia arriba y sus dedos se enredaron en su cabello. Tiró de éste para llevar su rostro hacia arriba, y la necesidad salvaje que vio en sus ojos igualaba la suya.


La boca de Gavin estuvo sobre la suya en cuestión de segundos, encendiendo el fuego que había guardado durante todos esos años. Éste explotó cuando su lengua se deslizó entre sus dientes. Ella había soñado con sus labios, con el sabor de él. Sabía cómo el whisky y la promesa de sexo caliente. Él le lamió el labio inferior y lo mordisqueó. Sus dedos se perdieron en el suave grosor de su pelo, lo único suave en él, mientras su boca hacía estragos en ella. Sabía que no habría nada tranquilo en Gavin. Él era dureza y dolor, y ella se deleitó con eso cuando él dirigió su lengua dentro de su boca y la enredó con la suya, chupando su lengua con rudeza, hasta que las lágrimas brotaron de sus ojos. Ella dejó escapar un gemido desigual. Gavin agarró sus caderas y la levantó sobre el mostrador, acomodándose entre sus piernas, tomando su trasero para llevar su centro caliente hacia él. Sacó la blusa de la cintura de la falda, subiéndola sobre su cabeza, con un movimiento brusco. Él pasó la mano por su cuello y entre sus pechos. Elizabeth se inclinó hacia atrás y lo observó pasar su curtida y oscura mano, a través de la copa de su sujetador. "Eres sexy, Elizabeth." Él elevó su mirada hacia la suya, y luego miró de nuevo hacia el sujetador mientras hacía la copa a un lado, revelando su pezón, que estaba duro y arrugado. "Con un pezón muy hermoso, también." Ella contuvo la respiración cuando él se inclinó y asentó los labios sobre su pezón. Al momento que sintió la succión caliente, jadeó, sus dedos se dirigieron de nuevo hacia su pelo. No podía creer que esto estuviera sucediendo. Todas las fantasías calientes que había acumulado, de ella y Gavin juntos, estaban convirtiéndose en realidad. Nunca había creído que sus sueños pudieran hacerse realidad. Quizá estaba un poco borracha esta noche, y sabía que él también lo estaba, y esto probablemente nunca volvería a suceder, por lo que estaba atesorando cada momento en su memoria para nunca olvidarlo. La fuerza de sus labios sobre el capullo apretado de su pezón, la vista de su oscura cabeza contra su pálido seno, el olor de él mientras


ella respiraba profundamente, y simplemente la manera como se sentía… totalmente consumida por él. Todas y cada una de sus fantasías, eran sobre ser tomada por él. Había sabido que sería así. Y nunca, jamás le diría lo mucho que significaba para ella. Debía mantenerse bajo control, no quería que él supiera cuánto poder ejercía sobre ella. Nunca le des a un hombre poder sobre ti, o te destruirá. Ella vivía bajo ese dogma, y sin embargo ahora se encontraba en un lánguido esplendor. Retomaría el control posteriormente. Ahora lo dejó ir de buena gana, mientras Gavin bajaba la copa del sujetador del otro lado y prodigaba atención a su otro pezón, y utilizaba los dedos en el pezón que había humedecido con su boca. Y cuando la miró, sus ojos ahora estaban llenos de una oscuridad que la derritió sobre la encimera, ondeando la bandera blanca en señal de rendición. Él empujó la falda hacia arriba, sobre sus caderas, y ubicó la palma de la mano de sobre su sexo, sonriéndole de la forma que siempre había querido que lo hiciera… con esa sonrisa secreta que siempre había reservados para otras mujeres, pero nunca para ella. "Tienes una ropa interior muy sexy, Elizabeth. ¿Siempre te vistes de esta forma, o te pusiste estas, esta noche, con la intención de seducir a alguien?" Ella luchó para encontrar su propia voz. "Siempre me visto de esta forma." "¿Cuándo fue la última vez que follaste con alguien?" Sus ojos se estrecharon. "No es asunto tuyo." Él arrastró la mano a través de su sexo, y ella jadeó. "Respóndeme". "No."


El placer la atravesó mientras sus dedos jugaban con ella, y entonces se detuvo. "¿Cuándo fue la última vez que follaste con un hombre, Elizabeth?" Ella sabía que no podía darle ese tipo de control. Ya había cedido demasiado. "¿Cuándo fue la última vez que follaste con una mujer, Gavin?" Él deslizó los dedos por el borde de sus bragas, y ella juró que si llegaba a alguna parte cerca de su clítoris, se correría. "Quieres que te lama el coño, ¿no? Quieres que te haga correrte, ¿no?" Su sexo palpitaba, su mente estaba inundada con imágenes de su cabeza hundida entre sus piernas, con su suave lengua azotando su coño hasta que ella gritara su orgasmo. "Sí. Haz que me corra, Gavin." "Entonces respóndeme." "¿Por qué quieres saberlo?" Él se encogió de hombros, sus dedos jugaban ligeramente con el material satinado de sus bragas. Era un soplo, un susurro de contacto a través de su sexo. Suficiente para que lo sintiera, y sin embargo. . . no era suficiente. "Quiero saberlo. Dímelo. ¿Cuánto tiempo ha pasado?" "Dos años". Él frunció el ceño. "¿Es esa la verdad?" "Sí". "Maldita sea, Liz. Mírame." Ella arrastró su mirada hacia la suya. Él tomó las pequeñas porciones de material de sus caderas y los rasgó. Ella jadeó. Él sonrió, y luego retiró los restos de su muy costosa ropa interior. Su trasero desnudo golpeó el mostrador de granito, y ella se estremeció. "¿Tienes frío?"


"Un poco". Él deslizó la mano por debajo de su trasero y la levantó, entonces plantó la boca en su sexo. Oh, Dios. Oh, Dios. Oh, Dios. Era tan bueno. Ella se elevó, mirándolo, mientras deslizaba la lengua en un amplio arco alrededor de su clítoris, y luego la arrastraba hacia abajo por los labios de su coño, empujando dentro de ella. "Gavin", murmuró ella, temblando ante las sensaciones de su lengua, rodando a lo largo de su carne. Había pasado tanto tiempo desde que un hombre la había tocado. Y no lo había permitido por muchas razones. El sexo era tan complicado, y a menudo ella sacaba tan poco de éste. Los pensamientos se evaporaron de su mente, cuando se dio por vencida y se permitió a sí misma sentir, experimentar la magia mientras él succionaba su clítoris, pasando la lengua hacia arriba y abajo por su coño, lamiéndola hasta que respiró entrecortadamente. Él le tomó sus muñecas y la sostuvo, con sus dedos hundiéndose en su piel, el dolor sólo intensificaba las sensaciones, mientras la llevaba al borde del control. Y vergonzosamente, ella no iba a durar. Quería hacerlo porque este era el más dulce placer que había sentido alguna vez. Era mágico, y sólo lo tendría una vez. Pero la marea de su orgasmo no se contendría, y ella se elevó, gritó, y se corrió. Su clímax fue una onda de choque de sensaciones, que golpearon sus terminaciones nerviosas con un placer insoportable. Gavin apretó su agarre sobre ella, mientras lamía todo lo que tenía para dar. Sus músculos se estremecieron, y él la ayudó a sentarse, con su rostro húmedo por ella. La mano de ella estaba temblorosa, y utilizó su pulgar para pasarlo a lo largo de su mentón. Él le agarró el dedo y lo chupó, su mirada aún era oscura, por su deseo no saciado. Le entregó la copa de vino, y ella dio un par de tragos largos, para saciar la cruda sed de su garganta, pero eso no apagó su sed por él.


Temía que le tomaría un largo tiempo saciar esa sed. La levantó en sus brazos y la colocó sobre sus pies. Todo lo que ella llevaba era la falda y el sujetador, que no estaba bien colocado. Él aún estaba completamente vestido, su polla endurecida era visible contra sus pantalones oscuros. La tomó de la mano. "Vamos". La condujo por el pasillo, sus pies descalzos amortiguaban sus pasos a lo largo del piso de madera hacia el dormitorio principal, que era de colores burdeos y crema, con amplios ventanales con vista al océano. Ella deseó que fuera de día para poder ver el exterior, pero había unas puertas francesas abiertas que conducían a la terraza, con una suave brisa soplaba en el interior, un ventilador daba perezosos círculos sobre la. . . Oh, Dios mío. Una cama en la que podrían dormir por lo menos seis personas. Ahora entendía el atractivo de esta casa para Gavin. Era la cama. Tenía que ser la cama. Se preguntó cuántas personas habría tenido en la cama a la vez. "¿Habías alquilado esta casa antes?" "Soy el dueño de esta casa, Elizabeth". Sí, definitivamente tenía sentido. "¿Planeas muchas orgías?", le preguntó ella, mientras deambulaba por la habitación y se detenía al pie del enorme dosel. Él frunció el ceño. "¿Eh?" "Esa cama no está hecha para que una, o dos personas duerman en ella."


Él continuó mirándola confundido, luego miró la cama y de nuevo a ella. "Oh. Duermo extendido en la cama. Me gusta una cama grande." "Gavin, eso va más allá de una cama grande. Es el tipo de cama que un polígamo desearía." "No tengo orgías, Elizabeth." Él tomó el control remoto de una de las mesitas de noche, apretó un botón y las cortinas comenzaron a cerrarse. "Oh, por favor, no las cierres. Me gusta abierto y con brisa. No es que tengas vecinos espiando o algo". Él apretó el botón y volvió a abrirlas. "Gracias". Arrojó el control remoto hacia la mesa. "Desnúdate". Ella se puso las manos en las caderas. "Te gusta dar órdenes". Él se colocó delante de la cama y casualmente se apoyó en el banco para pies. "No me hagas repetirlo." Ella inclinó la cabeza hacia atrás y rió. "¿O qué? ¿Me darás nalgadas? Si quieres que me quite la ropa, Gavin, trae tu trasero aquí y desnúdame". Sus ojos se oscurecieron, y, oh Dios. Allí estaba. Esa media sonrisa, la que gritaba secretos. Excepto que su sonrisa se desvaneció, y él la miró, con el calor arremolinándose en sus ojos. Y luego avanzó hacia ella. Por un segundo, se estremeció. Y ella nunca se estremecía. Si era por emoción o deseo primario, no lo sabía, pero él estuvo sobre ella en segundos, arrancándole el sujetador y tirándolo al suelo. Le agarró la falda, y ella sintió la fuerza de sus manos en la cremallera.


"Espera. Está bien, lo haré." Él se detuvo y dio un paso atrás, con una sonrisa en su rostro, mientras ella bajaba la cremallera de la falda y la dejaba caer al suelo. "Idiota", dijo, mientras sacaba los pies de la falda. "Esa ropa interior costó una fortuna." Él no se disculpó, en su lugar recorrió con la mirada su cuerpo desnudo, y cualquier ira que ella pudiera sentir, se desvaneció ante la expresión caliente y hambrienta de su rostro. Él se desabrochó la camisa, se la quitó y la tiró sobre la falda, y luego desabrochó el botón de su pantalón y tiró de la cremallera. Se quitó los zapatos y dejó caer sus pantalones junto con sus calzoncillos bóxers. Su erección se balanceó, haciéndola lamer sus labios y anhelar la sensación de su polla en sus manos y boca. Él era magnífico, y todo lo que podría haber imaginado. Delgado, con abdominales musculosos y bíceps gruesos, bronceado y sexy, y cuando tiró de ella hacia sus brazos, no pudo pensar en ningún lugar en que prefiriera estar, aunque sabía que habían mil razones por las que no deberían estar haciendo esto. Y un millón de razones por las que deseaba hacerlo.


Capítulo Dos El aliento de Elizabeth se entrecortó cuando Gavin la llevó hacia él, le dio la vuelta para que su espalda quedara apretada contra su pecho. Su corazón latía con fuerza, su cuerpo estaba en llamas, la necesidad y el deseo eran tan feroces, que casi la hicieron caer de rodillas. "¿Estás segura de esto? No te lo preguntaré de nuevo." Ella estaba temblando, la tensión en el cuarto era tan espesa, que sentía que podría extender la mano y tocarla. "Estoy segura". En realidad, no estaba segura de nada. Nunca cedas el control, Elizabeth. Parpadeó varias veces, bloqueando la advertencia. El aliento cálido de Gavin, ondeaba sobre su cuello, haciéndola temblar. Él extendió la mano hacia su cabello, le quitó el broche y cuidadosamente retiró las pinzas que lo mantenían en su lugar, y después enredó los dedos en este, alisándolo sobre sus hombros. "Tu cabello es hermoso." presionó la nariz contra las hebras. "Huele tan bien. Siempre lo llevas recogido. Deberías llevarlo suelto más a menudo." Pasó las manos sobre sus hombros y brazos, y luego de nuevo hacia arriba. Se le erizó la piel, pero no tenía frío. Se había calentado tanto internamente que ahora estaba en llamas. "Date la vuelta, Elizabeth". Ella se volvió, y el calor en los ojos de Gavin era una ráfaga llameante de necesidad. Nunca había sido mirada de la manera, como él lo hacía en este momento, como si tuviera tanta hambre de ella que no pudiera esperar. Era cruda, primitiva, y la hizo temblar de anticipación.


Él le rozó los nudillos a lo largo de su mejilla, la acción fue tan tierna que sintió débiles las rodillas. Colocó la palma de la mano en su cuello, y luego la deslizó hacia abajo hasta su clavícula y hasta sus pechos, tomando uno con su mano. "Tu cuerpo es perfecto. Suave." Pasó el pulgar por encima de su pezón, y ella se quedó sin aliento. "Hecho para ser tocado. ¿Por qué no has permitido que nadie lo toque en tanto tiempo?" Rodó su pezón entre el pulgar y el índice, y las sensaciones de dispararon hacia su coño, haciéndola cobrar vida por la necesidad y el deseo. Ella extendió las manos y se aferró a sus brazos. Sus piernas temblaban, y tenía miedo de caer. Pero Gavin la envolvió en sus brazos para sostenerla, se inclinó y dirigió la boca hacia su pecho, tomando un pezón entre sus labios para succionarlo. "Oh, Dios, sí", exclamó ella, necesitando ese dolor para satisfacer su placer. Enredó sus dedos en su pelo, el deseo de tocarlo se amplificaba por la sensación de sus labios y dientes en ella. Él rozó su pecho, succionando su piel. Cuando la soltó, ella jadeaba y estaba mareada por la necesidad. Él la levantó y la llevó hasta esa cama gigantesca y la acostó el borde, con las piernas colgando. Buscó en un cajón y sacó un condón, se lo puso y se inclinó sobre ella. "Mírame, Elizabeth". Ella lo hizo y él era todo lo que podría haber imaginado: su cuerpo bronceado y musculoso, sus bíceps sobresaliendo mientras sostenían la parte inferior de su cuerpo suspendida en sus brazos. "Te voy a follar, duro. Voy a usar tu cuerpo hasta correrme dentro de ti. Y luego jugaremos. Toda la noche." Ella esperó, con su coño húmedo por la necesidad. Él posicionó su polla en la entrada de su coño y se condujo a su interior.


Ella había esperado que la usara, que se empujara en su interior. No había esperado esta ternura de su parte, y fue casi más de lo que pudo soportar. Él puso sus manos a cada lado de ella y la tomó con calma hasta que estuvo asentado completamente dentro y luego se quedó inmóvil, esperando que su cuerpo se acostumbrara a él. Había pasado tanto tiempo desde que había tenido un hombre en ella, desde que había sentido este tipo de calor y grosor tumefacto en su interior. Los ojos de él se cerraron brevemente, y ella vio la tensión en el fruncimiento de su frente, cuando su coño se estremeció y se apretó alrededor de su polla. Ella deslizó las manos a lo largo de sus musculosos antebrazos, sintiendo el brillo del sudor sobre ellos. Entonces él comenzó a moverse lentamente, retirándose hasta la mitad, y entrando de nuevo. Ella levantó las piernas y plantó sus pies sobre la cama, elevándose para empujarlo más, dentro de ella. Él levantó su cuerpo, para mirar su coño mientras la follaba. "Tienes un bonito, apretado y caliente coño, Elizabeth", dijo. "Me gusta follarte. He pensado mucho en follarte a lo largo de los años. No quería, pero lo hice." La forma en que la miraba rasgó el velo de secretos que había tratado tan duramente de esconder de él. "¿Alguna vez pensaste en follar conmigo?" "Sí. Muchísimas veces." Él sonrió, observando el sitio donde sus cuerpos estaban conectados. "Nunca supe que sería así de bueno." Levantó la mirada hacia la de ella. "Y ahora eres mía. ¿Entiendes eso? No le darás este coño a nadie más mientras estemos jugando. Eres mía." Oh, Dios. Él estaba dentro de ella, diciéndole que le pertenecía, que no podía follar con nadie más. Si algún otro hombre le dijera eso, ella le diría que se fuera al infierno.


Pero deseaba a Gavin. Siempre había deseado a Gavin. Nunca había querido a nadie más que a él. Sus oscuras y deliciosas palabras la emocionaban. Y estaba tan cerca de correrse que tuvo que apretar los dientes y echarse hacia atrás, para evitar que ocurriera. Mirar la forma en que él la follaba era como algo mágico, una fantasía hecha realidad. Y saber que había tomado posesión de ella de este modo era algo que nunca podría haber imaginado. Él dejó caer sus piernas y se inclinó sobre ella. "¿Quieres correrte, no?" "Sí". Él se introdujo profundamente en ella, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Ella estaba tan cerca. Tan condenadamente cerca que quería dejarse ir, pero esperó. "Se sentiría muy bien que tú y yo nos corriéramos juntos, ¿no?" "Sí. Maldita sea, Gavin, sí. " "¿Quieres correrte conmigo, Elizabeth?" "Sí. Dios, Gavin, sí. Por favor, deja que me corra." Él hundió sus dedos en sus caderas y bombeó duro, haciendo rodar sus caderas sobre las de ella, mientras se hundía en ella. Su clímax la devastó, liberando la tensión que había crecido hasta que estalló. Ella gritó cuando se corrió. Gavin se empujó a través de las contracciones de su coño con golpes feroces, luego se adosó a ella y gruñó con su propio orgasmo, mientras ella giraba fuera de control. Se inclinó sobre ella y la besó, durante un orgasmo, que parecía no tener fin. Continuó moviéndose dentro de ella hasta que el clímax estremecedor redujo a suaves contracciones. Se retiró, y la dejó por un momento, luego volvió y la volteó sobre su estómago, deslizando las manos sobre sus nalgas. Besó cada una, antes de deslizar sus manos por sus piernas.


"Tienes un lindo culo, Elizabeth. Y esas piernas tuyas son increíbles. Siempre me ha gustado mirar tus piernas." Se subió a la cama y se arrodilló frente a ella. "Levántate sobre tus manos y rodillas." Ella adoraba su poder y su presencia imponente en el dormitorio. Ella tomaba el control en todos los demás aspectos de su vida. Era divertido darle el control a él aquí, eso la excitaba y le hacía sentir un cosquilleo de anticipación. "Succiona mi polla y ponla dura otra vez." Ella se lamió los labios y abrió la boca, tomó su polla con la mano y lo tomó entre sus labios. Su coño aún palpitaba por haberlo tenido dentro, todavía temblaba por los efectos secundarios de su orgasmo. Deslizó su lengua alrededor de la cresta de su eje, y luego lo llevó al interior con la succión de su boca. Gavin se aferró a la parte posterior de su cabeza, y deslizó la polla profundamente en su boca. "Eso es bueno. Cristo, tu boca es caliente. Tómala profundamente, Elizabeth. Succiónala con fuerza." Ella deslizó la lengua sobre su eje, luego movió la cabeza hacia arriba y abajo sobre él. Gavin se movió hacia un lado para aferrar sus muñecas. "Sí, así. Maldita sea, se siente bien. Chúpame, Elizabeth. Ponme muy duro y húmedo. Entonces te follaré y haré que te corras otra vez. Eso deseas, ¿no?" Estaba estirando sus brazos, manteniéndolos sobre su espalda, haciendo que trabajara su polla sólo con su boca. Y todo en lo que podía pensar, era en su glorioso eje en su coño, follándola hasta que se corriera de nuevo. Ella ansiaba el orgasmo, no podía pensar en nada más que en él introduciéndose más en su interior. Él alargó las manos hacia sus pechos, haciendo rodar los pezones, apretadamente entre sus dedos. El ligero dolor la obligó a succionarlo con más fuerza.


"Sí. Succióname más duro, así. Ahora trágalo." Él se empujó en su garganta, y ella tomó todo lo que le dio. Él pareció saber exactamente cuánto podía tomar, porque dio marcha atrás, luego deslizó su eje a lo largo de su lengua, para empujarse al fondo de su boca otra vez. "Lame mis pelotas", le ordenó, y sacó la polla de su boca, la levantó para quitarla de su camino, y pudiera tener acceso a su escroto. Ella deslizó su lengua hacia abajo, para lamer sus pelotas, deseaba tener libertad para halarlas hacia su boca, pero estaba limitada por la posición en la que la mantenía. Y a pesar de todo, él continuó apretando y retorciendo sus pezones, y el dolor era delicioso. Había extrañado que un hombre la tocara, la lamiera y la follara. Había echado mucho de menos el sexo. Y Gavin era un condenado maestro en esto. Ella deslizó la lengua por sus testículos, moviéndolos, jugando con ellos, lamiéndolos. "Sí, oh, sí, me gusta tu lengua." Él soltó sus brazos y la colocó sobre sus rodillas, tirando de ella hacia él. Su boca encontró la de ella en un ardiente beso, que hizo que sus pezones hormiguearan, su lengua se hundió en su interior para tomar posesión. "Ahora, acuéstate sobre tu vientre." Lanzó una almohada en el centro de la cama, y ella se acomodó sobre esta. "Extiende las piernas." Ella abrió más las piernas, y él se puso un condón, luego se arrodilló entre sus muslos. Ella sintió que su cuerpo rozaba el suyo, y entonces estuvo dentro de ella, e igual que antes, su coño se estremeció. Se aferró a las sábanas mientras él comenzaba a moverse lentamente dentro de ella, retirándose para luego empujarse otra vez.


Le apartó el pelo hacia un lado, para besar y acariciar con los labios su nuca. "No te corras todavía, Elizabeth. Sabes que será bueno si esperas." Ella hizo puños sobre las sábanas y se contuvo, sabiendo que podría correrse en ese instante. Succionar su polla había hecho crecer su anticipación, estaba preparada y caliente. Las sábanas frotaban su clítoris, aumentando la fricción, por lo que estaba lista. Él se levantó y agarró sus caderas, empujando más fuerte, más rápido. "Haces que mi polla se ponga dura. Tu coño es tan estrecho. Levanta más tu culo". Ella lo levantó, y él se introdujo con potencia en su interior, con un empuje fuerte que la llevó hacia el colchón. Su clítoris se frotó contra la almohada, y ella estuvo tan cerca de llegar al orgasmo que tuvo que luchar para no correrse. Quería que Gavin se corriera con ella. Él hundió los dedos en sus caderas mientras sus empujes se volvían implacables. "¿Estás lista, Elizabeth?" Las sensaciones la golpearon. Ella estaba dispuesta a romper las sábanas si no se podía correr pronto. "Sí, Gavin. Sí". Él extendió la mano por debajo de su cuerpo y encontró su clítoris, frotó el nudo que estallaba por el placer. "Vamos. Córrete conmigo." Con su siguiente empuje, ella estalló, enterrando el rostro contra el edredón, mientras gritaba por la intensidad de su clímax. Gavin pegó su cuerpo a su trasero y se meció contra ella, estremeciéndose cuando se corrió. Cuando finalmente cayó laxa sobre la cama, él estaba allí para quitar el pelo de su cara. La tumbó de lado y retiró la almohada. La dejó sólo el tiempo necesario para ir por algo de beber para ellos, y luego la tomó en sus brazos y tiró de ella contra su pecho, acariciando su espalda y hombros. Todo estaba en silencio. Ninguno de los dos dijo nada. Gavin apagó las luces y colocó las mantas sobre ellos.


Elizabeth observó por la ventana la luz de la luna, ondulando hacia el interior, y escuchó el sonido arrullador y tranquilo de las olas. Esa noche había sido una revelación. Todavía estaba un poco inestable por todo lo ocurrido. Había pensado que la había llevado allí para despedirla. En su lugar, la había follado, y había sido mágico, más de lo que podría haber pedido alguna vez. La pregunta era. . . ¿Y ahora qué?


Capítulo Tres ¿Y ahora qué? Gavin se sentó en exterior, y vio a las gaviotas en picada hacia abajo buscando en la orilla del agua por su desayuno, mientras tenía en la mano una taza de café y reflexionaba sobre la pelirroja desnuda dormida en su cama. No cualquier pelirroja desnuda, tampoco, sino su agente, Elizabeth. Qué sorpresa había sido ella la noche anterior. En más de un sentido. Nunca hubiera esperado que Elizabeth fuera su igual en el dormitorio. Lo había excitado en formas que nunca hubiera imaginado. Claro, había bebido un poco la noche anterior, y follarla no había estado en su mente. Sólo había sucedido. Pero ¡Dios!, había sido muy bueno. Y quería más. Pero era una mala idea en todo sentido. Primero, porque ella era su agente, y tenían que mantener su relación estrictamente de negocios. Segundo, ella le había hecho daño a su hermano, y él aún no se sentía bien al respecto. Tercero, ella no era su tipo en absoluto. A él le gustaba que sus mujeres fueran suaves y de trato fácil. Y de ‘trato fácil’ y Elizabeth no pertenecían a la misma frase. Aun así, todavía quería más de ella. Podría pasar un buen rato con ella. Bueno, tener un montón de diversión con ella. No era como si fuera a tener citas. Él no tenía citas con las mujeres. Sólo las follaba. Se iban de parranda, se divertían juntos, y eso era todo. Él tenía una carrera en el béisbol, un alto nivel de vida, y a las mujeres les gustaba eso. Querían ser vistas con él, y entendían cuál era la situación. Aunque siempre había quienes pensaban que podían ser la siguiente Señora de Gavin Riley.


Él no estaba buscando una esposa, no en ese momento. Estaba demasiado ocupado divirtiéndose. "Buenos días." Se volvió para ver a Elizabeth apoyada contra la puerta. Se había puesto una de sus camisetas, y ¡que Dios lo ayudara!, se veía tan condenadamente diferente. Ella por lo general estaba vestida a la perfección, con ropa de diseñador y zapatos de tacón alto, y llevaba el pelo recogido. Esta. . . esta mujer era espectacular. La camiseta se veía grande en ella, llegándole por encima de sus rodillas. Era gris y desgastada, y se abrazaba a sus curvas. Su cabello se derramaba alrededor de sus hombros, estaba todo revuelto y de punta en ciertos lugares, y tenía una mirada soñolienta en la cara, marcas de la almohada en su mejilla izquierda, y sus labios estaban hinchados. Maldita sea, ella hacía que su polla se pusiera dura. "Buenos días." "Tomé una de tus camisetas. Y me serví una taza de café. Espero que no te importe", dijo ella, levantando la taza para mostrársela. "No me importa. Ven aquí y siéntate." Ella se sentó en el columpio esta vez y tomó un sorbo de café, subiendo las piernas sobre el asiento. Inhaló y cerró los ojos. "Puedo ver por qué te gusta estar aquí en la playa, Gavin. Qué hermosa manera de despertar en las mañanas. Es tan relajante tan sólo sentarse y mirar las olas del mar y los pájaros. No tienes ese tipo de vista en Saint Louis. No es que esté en la oficina o en mi apartamento muy a menudo, de todos modos." ¿Quién era esta persona? Había sabido más sobre Elizabeth en las últimas doce horas que en los siete años que la había conocido. "Viajas mucho. Yo también. Es una mierda. Vengo mucho aquí durante la temporada baja para de pesca, más que todo para escapar del invierno."


Ella se apartó el pelo de la cara. "Es comprensible. Es bueno tener un lugar como este." "Estoy seguro de que podrías comprar un lugar aquí. Puedes permitírtelo." "Mmm", fue todo lo que dijo, después llevó la taza a sus labios. "Debo vestirme e irme. ¿Te importa si antes uso la ducha?" "¿Hay algún lugar al que tengas que ir?" Ella dirigió la mirada hacia la suya. "En realidad no." "¿Entonces por qué la prisa?" "Mis cosas están en el hotel. Tengo entregar la habitación hoy." "¿A dónde vas?" "Vuelvo a casa". Sus labios se torcieron en una mueca. "Es febrero. Hace frío en Saint Louis." "Sí, así es." "Podrías quedarte aquí por un tiempo, tomar el sol." Ella apoyó la taza en su regazo. "¿Me estás invitando a quedarme?" ¿Lo estaba haciendo? No tenía idea de qué demonios estaba haciendo. Todo lo que sabía era que se había divertido con Elizabeth la noche anterior, y su polla quería más de ella. Eso era todo lo que deseaba. "No vas a negar que tuvimos un sexo buenísimo anoche." Ella lo miró fijamente. "Fue realmente bueno, Gavin". "Entonces, pasa algo de tiempo conmigo aquí. Tendremos más de eso." "Así que no me vas a despedir."


Sus labios se curvaron. "Todavía no." "Pendejo". Ella se empujó del columpio y entró en la casa. El entró también para volver a llenar su taza de café. Elizabeth estaba en la cocina haciendo lo mismo. "Así que, ¿Te quedarás?" "Ahora mismo tomaré una ducha. Tengo que ir a buscar mi equipaje y entregar la habitación." "Llamaré al hotel. Ellos pueden encargarse de eso, y haré que tus cosas sean traídas aquí." Ella se apoyó en el mostrador, con la taza en la mano. "¿Estás pensando en tenerme prisionera, durante el próximo mes?" Él apoyó la cadera contra el mostrador. "No lo sé. ¿Crees que tienes lo necesario para mantenerme interesado durante ese tiempo?" A ella le brillaron los ojos. "Eso suena como un desafío, Gavin". Él bebió un sorbo de café. "¿Sabes cocinar?" "Para nada. ¿Sabes tú?" "No creces en mi casa sin aprender a defenderte por ti mismo. Mi madre no quería que sus hijos se lanzaran al mundo como seres humanos inútiles." "Así que, ¿Ahora me llamas inútil?" "¿Cuántos años tienes Elizabeth… treinta y cuatro o algo así? Uno creería que para este momento ya habrías aprendido a cocinar." "Tengo treinta y dos, y tú eres un tarado." Él se echó a reír. "No es la primera vez que me llaman así." "No estoy en casa lo suficiente como para cocinar, y, ¿Para quién cocinaría? ¿Para mí misma?"


"Aww, pobre Elizabeth. Soltera y sola. ¿Se supone que debo sentir pena por ti ahora?" "Me estás provocando, estás tratando que pierda los estribos." "¿No deberías ser tú la que tratara de hacerme perder los estribos?" Ella dejó que su mirada recorriera su cuerpo y permaneciera en su entrepierna, y luego lo miró a la cara nuevamente. "¿Por qué? ¿Qué gano yo con eso?" "Poner mi polla dura, y tú ganas un orgasmo con eso. Después de una sequía de dos años, me imagino que querrás correrte tanto como puedas mientras estás aquí." Ella soltó un bufido. "¿Crees que eres muy bueno, eh?" Él dejó su taza de café y saltó sobre ella, arrancó la taza de su mano y la colocó sobre el mostrador. Envolvió un brazo alrededor de su cintura, le levantó la camiseta, y apoyó la mano sobre su sexo desnudo. Ya estaba húmeda, sus ojos eran amplias piscinas verdes, cuando él deslizó un dedo dentro de ella, y sacudió la mano contra su sexo, luego tomó su boca en un beso duro. Ella se derritió contra él, deslizando su lengua contra la suya, mientras su coño recubría sus dedos con su dulce crema. Él esparció sus jugos sobre su clítoris y masajeó el botón. Ella gimió contra él, y él fue implacable, frotando su palma contra su sexo, deslizando los dedos en su interior para follar su coño. Ella se elevó sobre los dedos de sus pies, buscando su liberación. Y él se la dio, con su boca sobre la de ella, su brazo a su alrededor para mantenerla firme, mientras ella gritaba y se aferraba a su camisa. Su cuerpo se estremeció contra el de él, y luego la apoyó sobre sus pies, lentamente, y retiró los dedos, gustoso por la forma en que ella lo miraba, con un poco de sorpresa e incredulidad.


La hizo girar y la inclinó sobre el mostrador de la cocina, levantando de un tirón la camiseta sobre su espalda, incapaz de resistirse a acariciar la piel desnuda de su espalda y trasero. Su piel era la más suave de las sedas, y entre sus piernas había una dulce miel. Deslizó la mano entre sus piernas de nuevo, y ella se elevó, extendiendo las piernas, con sus palmas sobre el mostrador, y emitiendo un suave gemido. Ella estaba mojada por su orgasmo, y su polla palpitó por la necesidad de estar dentro de ella. Se puso el preservativo que tenía en su bolsillo, bajó sus pantalones cortos y los pateó para quitarlos del camino, se acomodó entre sus piernas y se empujó a su interior, envolviendo su brazo alrededor de ella como una barrera para evitar que su vientre golpeara el granito, porque necesitaba dar fuertes estocadas en su interior. Sus pelotas se apretaron cuando su dulce coño lo apretó como un ceñido torno de insoportable placer, y él supo que no podría mantener el control por mucho tiempo. Nada así de bueno podía durar tanto. Ella estaba estrecha y caliente, y él se iba a correr. Deslizó las manos bajo la camiseta y tomó sus pechos, llenando sus palmas con sus pezones y apretando su carne. "Gavin", exclamó ella, separándose del mostrador, con su pelo derramándose sobre sus brazos. "Córrete alrededor de mi polla, Elizabeth. Llega por ti misma". La mano de ella se deslizó entre sus piernas, y se frotó el coño, sus dedos rozaron sus pelotas, jugando con él mientras lo hacía consigo misma. Él hizo rodar sus pezones entre los dedos, convirtiéndolos en puntos apretados. Ella gimió. "Me corro, Gavin. Me corro." Él se aferró a ella y se empujó profundamente mientras se corría, lanzando ráfagas profundas de semen, cuando su orgasmo se disparó a través de él, dejándolo jadeando y con respiraciones entrecortadas.


Cuando se retiró, le dio la vuelta y la besó, asegurándose de que ella entendiera, sin lugar a dudas, lo que él era capaz de hacer. La dejó con la boca húmeda, después de lamer sus labios, y una mirada de incertidumbre en sus ojos, mientras rozaba labio inferior con el pulgar. "Cariño, soy así bueno. Sé lo que deseas, y puedo proporcionártelo. En cualquier momento que lo desees. Cada vez yo lo desee. Esa es la razón por la que quieres quedarte aquí conmigo." El levantó la taza, y la volvió a llenar de café. "La ducha es toda tuya. Llamaré al hotel y haré que traigan tus cosas". Él se alejó sintiéndose condenadamente bien, acerca de la manera en que las cosas se estaban desarrollando entre ellos. ****** Elizabeth no estaba, en lo absoluto, segura de haber tomado la decisión correcta. Retiró el vapor del espejo del baño y miró a esa mujer desconocida. ¿Qué demonios la había poseído la noche anterior? ¿Y esa mañana? Había tenido sexo con Gavin Riley. Había roto cada una de sus malditas reglas, cuidadosamente construidas, sobre no involucrarse personalmente con ninguno de sus clientes. Y sobre todo, con Gavin. Y ahora su ropa y su ordenador portátil serían traídos aquí, y, ¿Se quedaría con él? ¡Por Dios! Toda esta pesadilla, tenía escrito el épico “fracaso” por todas partes, y los treinta minutos que había pasado en la opulenta ducha de Gavin no le habían proporcionado claridad alguna. La mujer con el cabello mojado que le devolvía la mirada desde el espejo, era una idiota de primer grado. Debería tomar su equipaje y correr como si el infierno la persiguiera. Eso terminaría en un desastre.


"¿Elizabeth?" Gavin golpeó dos veces. "¿Sí?" "Tus cosas están aquí, pero al verlas me di cuenta de que, probablemente, no habías tenido la intención de permanecer aquí por más de una noche, ¿verdad?" "Es cierto". "No tienes nada que ponerte, ¿verdad?" "En realidad no." "Está bien. Vístete, y te llevaré de compras para que consigas algo de ropa." Ella se quedó mirando la puerta. ¿Compras? ¿Él la llevaría de compras? Qué. Coño. Estaba. Pasando. Se sentía como Alicia en el País de las Maravillas, y sin duda acababa de caer por el agujero del conejo. Por ser tan curiosa, de eso no había duda. Salió del cuarto de baño con una toalla envuelta a su alrededor. "Puse la maleta en mi habitación." Ella arqueó una ceja. Lo mismo hizo Gavin. "No crees que te he invitado a venir para alojarte en una de las habitaciones de huéspedes, ¿verdad?" "No, supongo que no." Entró en el dormitorio de Gavin, donde éste había dejado su equipaje, sobre la cama. Lo abrió y tomó su bolsa de maquillaje y algo de ropa. Después de secarse el pelo y recogerlo en un rodete, se aplicó maquillaje y se puso un par de jeans y una camiseta, agradecida de empacar siempre al menos una vestimenta casual, para utilizarla en caso de quedar varada en alguna parte. Se puso


los zapatos de tacón alto y fue en busca de Gavin, que estaba afuera, en la terraza. Sus hermosos hombros y brazos eran exhibidos, por la camisa de algodón sin mangas que llevaba. Se había puesto pantalones cortos, zapatos deportivos, y una gorra de béisbol de los Rivers de Saint Lois. Muy casual. "Estoy lista". Él se volvió y miró sus pies, luego frunció el ceño. "¿Tacones? Estamos en la Florida. Necesitas sandalias." Ella le dirigió un pfft desdeñoso. "Cariño, yo vivo en zapatos de tacón". "No en la playa." "Pruébame". Él se encogió de hombros. "Lo que tú quieras." La llevó a uno de los bonitos centros comerciales de Palm Beach. Todo estaba en el exterior, el sol brillaba, y altas palmeras se alineaban en la acera. Ahora estaba en su elemento… de compras. Entró y salió de varias tiendas, escogiendo algunos pares de pantalones Capri, zapatos, ropa interior y vestidos de verano. Gavin la seguía de manera despreocupada y sostenía las bolsas, mientras ella se movía de prisa. Ella se conocía, sabía lo que le gustaba y lo que se veía bien en ella. En realidad no tenía mucha ropa casual, ya que nunca tenía mucho tiempo libre. Todas estas eran cosas nuevas para ella. Él había prestado especial atención en la tienda de lencería de lujo, por supuesto, sus ojos brillaron cuando ella señaló varios pares de sujetadores y bragas, sexys y pecaminosos. Armada con varios elementos, se paró frente a él en el mostrador.


"No pagaré una fortuna en ropa interior nueva, si vas a arruinarla, desgarrándola al quitármela." La vendedora detrás de la caja registradora los miró fijamente. A Elizabeth no le importó. Gavin tomó la ropa interior de sus manos, la puso sobre el mostrador, y sacó su tarjeta de crédito. "No hay garantías de eso. Te verás muy caliente llevando esas cosas. Si la arruinamos toda, sólo tendremos que volver por más." Ella se encogió de hombros. "Es tu dinero." La vendedora tendría un montón de cosas para cotillear, después que se fueran. La temperatura en la tienda se levantó unos pocos grados, y Elizabeth dio un paso atrás, irritada por el endurecimiento de sus traidores pezones. La joven vendedora miró a Gavin con pura lujuria, pero él mantuvo su mirada, fija en Elizabeth. Muy bien. Gavin acababa de marcar un punto. "¿Necesitas algo sexy para cuando salgamos por la noche?" "¿Saldremos por la noche? ¿A dónde?" Él se encogió de hombros. "No lo sé todavía. Tal vez te lleve a bailar." Ella ignoró la diminuta sensación de emoción, ante la idea de estar en los brazos de Gavin mientras este giraba con ella en una pista de baile. "Pensé que sólo querías follar conmigo". Él se detuvo y deslizó un dedo por su mejilla. "Lo deseo. Y lo haré. Pero tendremos que ir por aire y salir de la casa. Quieres divertirte un poco fuera del dormitorio, ¿no?" Algo aleteó en su vientre, algo que se parecía muchísimo a los inicios de una emoción. "Gavin, ¿por qué estás haciendo esto?" "¿Haciendo qué?"


"Esto. Manteniéndome aquí contigo. Saliendo de compras conmigo. Hablando de salir a algunos lugares. No lo entiendo." Él la dirigió hacia una tienda. "Deja de hacer preguntas." Hizo un gesto a una de las vendedoras. "A ella le gusta el negro. Así que cualquier color, excepto negro." Elizabeth puso los ojos en blanco. "Definitivamente, un montón de cosas de color negro para mí." Seleccionó varios vestidos negros de coctel, pero, para el momento que entró al vestidor, todos se habían ido, reemplazados por un vestido rojo, uno color champán, y otro en un suave color burdeos. "Estos no son los vestidos correctos", Le dijo a la vendedora. "El caballero los seleccionó. Dijo que cediera y se los probara." Ella puso los ojos en blanco, pero los vestidos eran hermosos, por lo que se puso uno. El rojo primero, y lo desfiló para él. Él sacudió la cabeza, por lo que se probó el Borgoña a continuación. "Bonito, pero no lo suficiente." Ella se puso las manos en las caderas. "Es por eso que prefiero los vestidos negros. Siempre funcionan." Él le sonrió. "Pruébate el último." Ella salió volando hacia el vestidor, decidida a demostrarle que estaba equivocado. El vestido champán era ajustado, tenía tirantes finos, y abrazaba todas y cada una de sus curvas. Se miró en el espejo y se sorprendió de la manera como el color, acentuaba su cabello y su tono de piel. Nunca hubiera pensado en escoger un color como ese. Salió del vestidor, y los ojos de Gavin se dispararon hacia ella.


Se levantó, se acercó a ella, y la hizo girar para que quedara frente al espejo. Sus dedos rozaron sus hombros. "Eres hermosa, Elizabeth. Ese vestido hace que tu cabello se vea como el fuego." Le habían dicho que era guapa con anterioridad, pero habían sido sólo cumplidos superficiales. Gavin le hablaba con los ojos, por la forma en que la miraba, no sólo su cuerpo, sino su pelo, su cara. Sus ojos se encontraron. El calor que vio allí. . . Era completamente producto de su imaginación. "Gracias. Supongo que está bien." "Está más que bien. Te da un aire de dulce inocencia, en lugar del borde duro que siempre demuestras cuando usas el negro. Te compraré ese vestido." Le hizo una señal a la vendedora. "Este". "Sí, señor." Los hombres no le compraban ropa. Ella era independiente, tenía dinero más que suficiente para comprar sus propias cosas. Cualquier cosa que quisiera. Era por eso que había trabajado tan condenadamente duro durante los últimos diez años, para poder ser independiente. Nunca dependería de alguien de nuevo. Se acercó a Gavin en el mostrador. "Puedo comprarme el vestido." Él se volvió hacia ella. "Sí, puedes. Pero lo elegí porque te quiero ver con él, así que lo compraré para ti. ¿Está bien?" "Sí, supongo." "Y mientras lo compro, ¿por qué no te cambias y te pones ese vestido de tirantes con flores amarillas que compraste? Hace calor, y debes estar muriéndote en esos jeans." "Buena idea".


Ella se cambió de ropa, sacudiendo la cabeza mientras lo hacía. ****** Terminaron sus compras y dejaron el Centro Comercial. Gavin la llevó a un restaurant de parrilla junto al mar, donde había fantásticos cócteles junto con exquisitos mariscos. "Así que, ¿Eres un buen cocinero de mariscos?", Le preguntó, dándole un bocado a la deliciosa ensalada de langosta. "Soy un excelente cocinero de frutos de mar. ¿Qué te gustaría que cocinara para ti?" "Me encantan los mariscos. Cualquier cosa que cocines, me la comeré". "Tendré que llevarte de pesca, y veremos que capturamos." Ella lo estudió por encima de su martini de granada. "Yo no pesco." Él le devolvió la mirada por su encima de su vaso de whisky. "¿Lo intentaste antes y lo odiaste?". "No exactamente." "Nunca has pescado". "Nunca he pescado." "Así que tendré que enseñarte. Te va a encantar." Un desafío. Una vez más. "Si quieres que vaya en un barco contigo, muy bien. Tomaré el sol. Tú pescarás. ¿Y no tienes que jugar béisbol o algo así?" Él sonrió. "Todavía tengo tiempo libre y usaré cada minuto de él." "Una vez que comiencen los entrenamientos de pretemporada, tendrás juegos casi todos los días."


"No todos los días. Y los juegos no me ocupan todo el día. Por qué, ¿estás tratando de zafarte de nuestro acuerdo?" "Te dije que me quedaría, ¿no?" "Bien. Puedes venir a mis juegos. O hacer el trabajo que tengas que hacer. Sondear a algunos clientes. Firmar con nuevos. Un montón de equipos juegan por aquí. Haz lo que haces mejor, siempre y cuando estés en mi cama todas las noches." Su cuerpo se estremeció. Había querido estar con Gavin desde el primer momento que puso los ojos en él, cuando él tenía veintidós años y ella casi veintiséis. Se había sentido como una sucia anciana en ese entonces. Ahora él tenía veintinueve y ella tenía casi treinta y tres. "Soy mayor que tú, ya lo sabes." Él se echó a reír. "¿De dónde salió eso?" "Es sólo no entiendo tu súbita atracción. Nunca me has prestado ninguna atención antes." "Oh, te había notado desde antes." "Sin embargo, no tenemos nada en común. Pescar, por ejemplo. Además de la diferencia de edades." "Sé la edad que tienes, Elizabeth, que no es importante. ¿Crees que no te puedo manejar? ¿Quieres que te lo demuestre otra vez?" Ella se rió y tomó un sorbo de su bebida. "No, gracias". Él se reclinó en su silla. "¿Ya estás aburrida de mí?" Ella respiró de manera entrecortada. "Todavía no. Todavía tienes algo de dibujo en tus neumáticos." Su mirada se oscureció. "Sí, te mostraré un poco de la marca de mis neumáticos. Ve al baño y quítate las bragas".


"¿Disculpa?" "Ya me ha oído." "No." "¿Quieres que te las quite aquí afuera?" "No lo harías." "¿No?" Terminó su whisky y deslizó la mano debajo de la mesa, levantando su vestido. Ella le golpeó la mano para alejarla, y luego se dio cuenta. Él le había pedido que se cambiara de ropa. "Planeaste esto." Sus labios se curvaron. "Tal vez". Ella miró a su alrededor por el restaurante, bastante lleno de gente. Por supuesto, nadie los miraba. Tenían una cabina semicircular, lo que significaba que podrían deslizarse juntos y. . . No, ella no se atrevería. "Hazlo, Elizabeth. Ya estás húmeda de sólo pensarlo, ¿no es así?" Su mirada se dirigió hacia Gavin, sus pensamientos gravitaron sobre cómo lo haría. ¿Y si los atrapaban? ¿Cómo podría quedarse inmóvil? El aspecto del peligro la emocionaba. Lo deseaba, deseaba que él introdujera sus dedos dentro de ella y la hiciera correrse. Ahora. "Sí". "Ve a quitarte las bragas y deja que te haga correrte." Ella tomó su bolso y se apuró hacia el baño de mujeres, precipitándose hacia una caseta y quitándose las bragas, guardándolas en su bolso. Se miró en el espejo


mientras salía. Su rostro estaba enrojecido, sus pupilas dilatadas por la excitación. Estuvo de vuelta en la mesa en poco tiempo, con la vagina palpitando, y los pezones duros contra la suave tela de su vestido. Él se deslizó junto a él, y tomó su bebida, dándole un largo trago para saciar su sed. Gavin se inclinó y le susurró al oído, mientras levantaba el vestido hasta los muslos. "El mantel es largo y cubrirá todo lo que estoy haciendo. Coloca la servilleta sobre tu regazo, y pon un poco de esas bolsas de compras contra ti, en tu otro lado." Ella colocó las bolsas a su lado, y efectivamente, bloquearon la vista de cualquier persona. "Ahora separa las piernas para mí, nena, y déjame tocar tu coño". Ella extendió las piernas y sus dedos se movieron por la parte interna de su muslo, deslizándose sobre su sexo. Ella se inclinó hacia atrás, necesitando que él frotara su clítoris, follara su coño, que la llevara hasta el borde, y le diera el orgasmo que ya podía sentir creciendo en su interior. "Ponte cómoda. Así. Pon tu codo contra la parte de atrás del asiento. Gira y mírame como si estuvieras escuchando mi conversación. Mírame todo el tiempo, Elizabeth, porque quiero ver tus ojos cuando te corras." Sus dedos se deslizaron entre su capullo endurecido y hacia los labios de su coño, dando giros de ida y de vuelta. Estaba jugando con ella. Ella apoyó la cabeza en su mano, luciendo como si estuviera relajada y disfrutando de la conversación con Gavin, pero en realidad, estaba preparada y tensa. "Gavin, por favor." "¿Sí, nena? Dime lo que deseas." "¿Desean otra copa?" Ella se sacudió con sorpresa, pero Gavin parecía fresco y relajado, mientras volvía la cabeza para sonreírle a su camarera.


"Creo que estamos bien, Amanda". Elizabeth se estremeció y dejó escapar un suspiro. "Mírame, Liz." Lo hizo, y él utilizó sus dedos, deslizándolos a lo largo de su coño. Ella estaba húmeda, necesitada, y deseaba tomar su mano y empujar sus dedos en su interior. "Dime lo que deseas." "Quiero tus dedos dentro de mí, que me folles con ellos." Deslizó la punta de un dedo a lo largo de la superficie de su coño, cubriéndolo con su humedad, y luego lo movió de nuevo hacia su clítoris. "Deja de jugar conmigo. Fóllame. Haz que me corra." "Jugar contigo es la mejor parte, Elizabeth. ¿Sabes cuán dura está mi polla en este momento? ¿Sabes lo mucho que deseo estar dentro de ti o con tu boca envuelta alrededor de mí? Las pelotas me duelen. Y cuando nos vayamos de aquí, harás que me corra. Pero en este momento, todo es acerca de ti y tu bonito coño, y conseguir que te corras". Ella se lamió los labios, imaginándose poniendo su boca sobre él y sintiéndolo golpear su garganta, o empujando su polla dentro de ella, hasta hacerla gritar con su orgasmo. Pero en este momento, él introdujo dos dedos dentro de ella, y ella levantó su trasero del asiento y se empujó contra su mano. "Tranquila, nena. Tómalo con calma." Deslizó la almohadilla de su pulgar sobre su clítoris, manteniendo los dedos en movimiento dentro de ella. Su boca se abrió, e inhaló, perdiendo la conciencia de donde estaba. Apretó su brazo y le clavó las uñas, mientras él movía los dedos en su interior. Sus movimientos eran enloquecedoramente lentos, llevándola directamente hasta el borde, donde ella se contuvo, mirando su rostro, notando que él sabía en qué punto estaba.


"Me voy a correr, Gavin". Él se movió más despacio. "Tranquila, Elizabeth. Recuerda que nadie puede saberlo. Tú controlas esto". Ella respiró hondo y asintió. "Ahora córrete para mí. Déjame verlo." Rozó su clítoris con el pulgar, con experta precisión, y movió los dedos en su interior. Ella abrió ampliamente los ojos cuando se corrió, con un torrente de sensaciones. Quería presionarse contra su mano, dejarse ir con un fuerte grito. En cambio, le clavó las uñas en el antebrazo y las mantuvo allí, mientras la oleada de placer la llevaba al éxtasis. Gavin sonrió y se aferró a ella mientras remontaba la ola. La protegió durante todo el tiempo, echando miradas subrepticias a todo el restaurante, hasta que la salvaje cresta de su clímax se disolvió. Retiró los dedos y bajó el vestido sobre sus piernas. Se inclinó y rozó los labios con los suyos. "Tu rostro está enrojecido." Ella le sonrió. "No puedo respirar." Todavía sentía su corazón embistiendo contra sus costillas. Esa había sido la experiencia más excitante que jamás había experimentado. "¿Gustan algo más?" La camarera le sonrió a Elizabeth. "Oh, creo que ya he terminado", dijo, y Amanda tomó su plato. Fue entonces cuando Elizabeth se reorientó en tiempo y lugar. Había perdido completamente su sentido del ser, se había olvidado que había otras personas en el restaurante, que sin duda, habían estado pasando por ahí. Había estado tan en sintonía con Gavin y su tacto, tan enfocada, que había perdido sus sentidos. Gavin era un hombre muy peligroso.


"¿Estás lista para irnos?", Le preguntó, entregándole a la camarera su tarjeta de crédito. Elizabeth estaba lista para irse, también. Lista para volverse loca por jugar este juego con él.


Capítulo Cuatro Gavin estaba de pie en el área, preparándose para la pelota, estudiando la postura del pitcher, tratando de averiguar que tiraría. El lanzador se movió, lanzó, y Gavin abrió el bate. La madera conectó y la pelota se elevó por los jardines. Se sentía bien batear de nuevo, sentir el poder. Le gustaba ver la pelota desaparecer en la profundidad del jardín central. Era sólo una práctica, pero mientras hacía unos pocos movimientos más con el bate, y aflojaba sus músculos bajo el calor y la humedad de Florida, sintió la expectativa típica de la siguiente temporada. En octubre estaría muerto de cansancio, agotado, y desesperado por un descanso. En febrero estaría ansioso por que todo comenzara de nuevo, listo para jugar. Cada temporada era igual. Le encantaba el béisbol. Había estado en su sangre desde que tenía cinco años y su padre le había puesto un bate en la mano y le había lanzado su primera pelota. Algo sobre, ver esa pelota pasar por la tierra y entre las piernas de Mick, o sobre la cabeza de Jenna, lo había hecho tener una sensación de logro que no podía conseguir de ninguna otra manera. Y, durante todo el tiempo, a través del beisbol introductorio para niños, y las Pequeñas Ligas, en la escuela secundaria y en la universidad, supo que eso era lo que quería hacer con su vida. Jugar béisbol. Porque era condenadamente bueno en eso. Después de su turno en el plato, tomó el guante y se dirigió hacia su posición en primera base, para atrapar pelotas y trabajar en su fildeo. Hoy tenían un partido de práctica con Tampa Bay. Los calentamientos terminaron y los bateadores de Tampa Bay tenían turno primero, por lo que Gavin se quedó en la primera base. No era ni siquiera un partido de pre-temporada oficial, pero era un juego, y maldito fuera si no estaba listo.


Mientras el pitcher calentaba, miró hacia las gradas y vio a Elizabeth sentada en la segunda fila de la línea de primera base. Gafas de sol cubrían sus ojos. Llevaba el pelo recogido, como de costumbre, pero por lo menos usaba una blusa sin mangas y esas cosas como pantalones que se llegaban a sus pantorrillas. Pantalones Capri. Así los había llamado cuando se había vestido esa mañana. Y tacones altos. Él sacudió la cabeza. Estaba al teléfono hablando con alguien, y su rostro estaba enterrado en su computadora portátil, escribiendo algo. En otras palabras, no estaba prestando atención. Ni siquiera cuando el locutor llamó al bateador y la multitud aplaudió. Bien podría haberse quedado en la casa, por la atención que ponía al juego. Gavin centró su atención el bateador, quien se ponchó. Gavin enderezó los hombros y se puso en posición, doblando el cuerpo, preparándose para lo que pudiera suceder. El segundo bateador lanzó una pelota tocando el terreno, hacia la primera base. Gavin la levantó, y tocó la base antes de que el corredor estuviera a la mitad de la línea. Dos outs. El tercero al bate hizo saltar la pelota hacia el jardín derecho. Era el momento de batear del equipo de Gavin. Gavin esperó la banca, ya que era el tercero en la alineación. José bateaba primero ya que tenía un buen promedio, era rápido, y podría robar bases. Pegó un roletazo en corto justo después del shortstop y llegó a la base. Dave fracasó, por lo que José tuvo que mantenerse en la primera base, y fue el turno de Gavin al bate. Se puso de pie en home e hizo su primer lanzamiento, demasiado alto. El segundo lanzamiento fue bajo y por dentro, pero el árbitro lo llamó un strike. El tercer lanzamiento le llegó directo por centro por el centro y Gavin bateó. Cayó frente al jardinero izquierdo, y Gavin corrió por la primera base. José, un rápido hijo de puta, terminó en la tercera.


Gavin dio una rápida mirada hacia los asientos. Elizabeth todavía tenía la cabeza enterrada en su ordenador portátil, sin prestar atención al juego. Estaba irritado por lo mucho que eso lo enojaba. Así que no estaba prestando atención. ¿Y qué con eso? Ella era su agente y estaban follando. No era como si a él le importara ella ni nada. Centrándose de nuevo en el juego, se puso en posición de correr y dio un paso afuera de la base cuando Dedrick llegó a batear. Como el cuarto al bate, Dedrick era un bateador de potencia y manía el promedio de cuadrangulares del equipo. Gavin se inclinó hacia la derecha. El primer lanzamiento fue un strike. El segundo se fue a tierra, pero el receptor lo contuvo, ahorrándoles una carrera. Dedrick obtuvo un buen tercer lanzamiento, pero lo envió tras él, a las gradas, una falta. Conectó en el cuarto lanzamiento y lo dejó volar hacia la pared del jardín izquierdo, para un jonrón. ¡Diablos sí! Todo lo que Gavin tuvo que fue dar una caminata lenta por las bases. Mientras Gavin se dirigía a home, a pesar de los vítores salvajes de los fans, Elizabeth no miró ni una vez hacia arriba. Maldita sea. Ganaron el partido de práctica siete a dos. Gavin se duchó, habló con la prensa, y firmó unos cuantos autógrafos. Elizabeth se reunió con él en el banquillo cuando terminó. "La próxima tendré que traer un sombrero. El sol está caliente", dijo ella, mientras se dirigían a su coche. "¿Te gustó el juego?" "Sí. Fue genial." Como si tuviera alguna idea. "¿Cuál fue el resultado final?"


Ella inclinó las gafas de sol hacia abajo, sobre la nariz. "Siete a dos. Ganaste y marcaste dos carreras. Aunque te estás parando muy cerca del home, sin embargo. Es necesario que des un paso atrás, o alguien te golpeará en la cabeza." Eh. Así que tal vez había estado prestando atención. Él abrió la puerta para ella y ella se deslizó dentro del coche. Arrojó su equipo en el maletero, sintiéndose estúpido por haberse enojado. Cerró el maletero, y se metió en el coche, lo encendió y se dirigió hacia la casa. Cuando entraron, Elizabeth fue a la cocina. "¿Quieres algo de beber?" "Una cerveza estaría bien." Fue hacia el exterior y se sentó en la terraza. Ella llevó dos botellas de cerveza. Gavin giró la parte superior de ambas, y le entregó una. "Realmente no te veo como una bebedora de cerveza", dijo cuando ella tomó asiento en el columpio. Ella tomó un largo trago. "No sabes mucho sobre mí, Gavin". "Es cierto. ¿Por qué no me dices cosas sobre ti?" "Realmente no estoy aquí para que puedas hurgar en mi pasado, ¿o sí? Estoy aquí porque quieres follarme. Así que, dejémoslo así." Había tocado una fibra sensible. Algo que no quería que supiera. Pero tenía razón. No sabía mucho sobre ella, además de que había empezado a trabajar para una de las agencias deportivas de élite al salir de la universidad, había sido aprendiz de uno de los mejores agentes, y había logrado conseguir sus propios clientes para cuando tenía veintitrés. De buenas a primeras, había firmado unas figuras bastante impresionantes. Desde entonces, había logrado recopilar un portafolio con algunos de los mejores que el mundo del deporte tenía para ofrecer, en una amplia variedad de deportes… atletas de fútbol, béisbol, hockey, baloncesto, tenis y NASCAR. Era conocida como agente y como una maga de las relaciones públicas, y era muy solicitada. Los atletas llegaban a ella, no al contrario.


Pero perder a alguien de tan alto perfil como Mick le había hecho daño, había afectado su credibilidad. Se preguntó cuánto. En realidad, él se preguntaba muchas cosas sobre ella, se dio cuenta de que no sabía nada de su vida personal. Nunca se había molestado en preguntarle. "¿Dónde te criaste, Elizabeth?" Ella no respondió de inmediato, en vez de eso, tomó un largo trago de cerveza. "En Arkansas". Sus cejas se levantaron. "¿En serio? Por alguna razón, pensé que habías crecido en el Este." "Pues, pensaste mal." Se sentó en la silla frente al columpio y se llevó la cerveza a los labios. "¿En qué parte de Arkansas?" "En una pequeño pueblo. Ni siquiera reconocerías el nombre si te lo dijera." "¿Eres una chica de pueblo? Nunca lo hubiera creído. Tienes ‘gran ciudad’ escrito por todas partes." "Las personas pueden cambiar quiénes son, reinventarse a sí mismas." "¿Es eso lo que hiciste?" Ella levantó la mirada hacia él. "Sí". "¿Por qué?" "Porque quería alejarme de la chica que creció en Arkansas y convertirme en alguien más." "¿Quién eras en ese entonces que era tan malo ser?" "No quiero hablar de eso, Gavin".


Ella arremolinó su dedo pulgar sobre la parte superior de la botella. Era obvio que se sentía incómoda al hablar sobre su pasado. Pero algo lo hizo presionarla. "¿Por qué no? Todo lo que somos hoy se debe en parte a lo que éramos en ese entonces. Quiero saber cosas sobre ti." "¿Por qué? ¿Por qué te importa? Sólo estamos follando. No tienes que conocerme." "No sólo estamos follando. Estamos hablando. Estamos pasando tiempo juntos." Ella dejó la botella y se acercó a él, inclinándose contra su cuerpo y pasando la mano por su brazo. "Yo preferiría que sólo folláramos." Él podría presionarla hasta que respondiera sus preguntas. Ella cedería finalmente. Pero su olor era caliente y sexy, y sus pechos se apretaban contra su pecho… y bueno, solo estaban follando. No sabía por qué tenía curiosidad sobre su pasado. Ahora mismo tenía curiosidad de cuán lejos estaba dispuesta a llegar para hacerle olvidar las preguntas que quería que ella le contestara. Ella acarició con las manos sus brazos y pecho. "Me encanta tocarte, Gavin, tu aroma." Se levantó y apretó los labios contra su cuello, para poder mover la lengua por su garganta. El pulso de Gavin se aceleró. A él le gustaba su boca y no era un tipo pasivo, por lo que deslizó la mano detrás de su cabeza y la besó, sintiendo el sabor de la cerveza y menta. El sol de la tarde caía sobre su espalda. El sudor se reunía y deslizaba por su columna vertebral, pero de ningún modo se movería, no cuando tenía a una hermosa y sexy mujer deslizando la mano en sus pantalones cortos y envolviendo los dedos alrededor de su dura polla. Todavía era de día, pero había bastante privacidad en la terraza, sobre todo porque había bajado las persianas de los lados, dejando visible sólo la parte frontal. Y con él escudando a Elizabeth y la playa a unos cien metros de distancia, alguien tendría que llegar hasta el porche para poder ver lo que estaba ocurriendo.


No era que a él le importara mucho, al tener ella el dominio absoluto sobre su polla, acariciándola con intención deliberada. "¿Estás tratando de matarme?", preguntó él, con la mirada clavada en los movimientos de su mano. "No, no de matarte." Ella lo acarició y apretó, y necesitó toda la fuerza que tenía para poder permanecer de pie. "De hacerte mi esclavo, tal vez." Estaba funcionando. En este momento, haría cualquier cosa por ella. Era tiempo de igualar la situación. Le desabrochó la blusa y la hizo a un lado, revelando un sujetador color rosa claro, con encaje en la parte superior. Trazó el encaje con la punta de su dedo, lentamente, mirando sus pechos elevarse cuando se quedó sin aliento. "Ahora ¿Quién está tratando de matar a quién?", Preguntó ella. Deslizó los pulgares sobre sus pezones, el material de seda era incapaz de ocultar los duros brotes de la exploración de sus dedos. Pero lo que él realmente quería, era sentir la suavidad de su carne bajo sus manos. Desabrochó rápidamente le broche de su sujetador, y las copas se liberaron, para que finalmente pudiera llenarse las manos con sus pechos. Ella empujó los pechos contra él, sus pezones estaban duros mientras los frotaba contra sus manos. Él deslizó los pulgares sobre sus pezones, y ella se alejó, sin aliento, para después arrastrar las manos bajo su camisa, y rozar con los dedos sobre su vientre y pecho. Él se aferró a la barandilla de la terraza y la miró, con la blusa flotando en el viento. No parecía importarle que sus pechos estuvieran expuestos. Y a él, estaba condenadamente seguro que no le importaba; de hecho, le encantaba la vista de sus duros pezones rosados y sus turgentes pechos redondos. Ella le quitó la camisa y la arrojó sobre la silla, inclinándose para lamer alrededor de uno de sus pezones. Él contuvo el aliento mientras su polla se contraía, por lo que ella deslizó la lengua sobre el otro y la movió por su pezón, hasta que estuvo duro y fue una tarea condenadamente ardua para él, el no retorcerse. Ella parecía


saber exactamente cómo llegar a él. No era que se quejara, porque le gustaba su boca sobre su cuerpo. Y cuando ella bajó a una posición en cuclillas, llevando con ella sus pantalones cortos, en su camino hacia abajo, él respiró profundamente. Dio una rápida mirada detrás de él. Podía ver personas jugando en el agua, a la distancia, pero nadie parecía prestar atención a lo que estaba sucediendo en su terraza. Eso era bueno, porque Elizabeth cayó de rodillas, tomó su polla con la mano, y movió la lengua por la cabeza hinchada. Ansiaba su boca, esperaba deseoso el momento en el que pondría sus labios a su alrededor, pero le gustaba ver su lengua rosada lamiendo alrededor de la cabeza de su polla. Ella arrastró la lengua a lo largo de la parte inferior de su eje, y luego envolvió la mano a su alrededor y lo acarició, levantando la polla para lamer sus pelotas. ¡Dios!, le gustaba verla jugar con él, especialmente cuando movía la lengua por su eje de proa a popa, y ponía los labios alrededor de la cabeza de su polla, la levantaba y la tomaba en su interior. El calor de su boca era intenso, y cuando presionó hacia abajo, apretando la cabeza de su polla entre la lengua y el techo de su boca, pensó que iba a estallar en ese mismo momento. Ella sacudió la lengua sobre su cresta, y luego la arrastró a lo largo de la parte inferior de su eje, dejándolo sentir el momento en el que, lentamente, cada centímetro era llevado más profundo dentro de su boca. Ese juego lento hizo que el sudor bajara por su espalda. Deseó tener una cámara para poder tomar un video de su boca en su polla, su lengua lanzándose en círculos sobre la cabeza de su polla, antes de tragárselo entero otra vez. Gavin apretó con fuerza la barandilla de la terraza, empujando las caderas hacia delante para empujar más de su polla entre sus labios. Ella alargó la mano, tomó la base de su eje y lo sostuvo, apretándolo, bombeando su polla entre sus labios y succionándolo con fuerza, hasta que sintió el inicio de su orgasmo. Él se contuvo, con gotas de sudor bajando por su frente. Quería prolongar la sensación. Pero


cuando ella arremolinó las manos sobre su polla, luego la bombeó dentro de su puño, empujó su polla profundamente dentro de su boca, y lo tomó todo el camino hasta el fondo de su garganta, no pudo contenerse. Extendió la mano hacia abajo y tomó su cabello, haciéndola inclinar la cabeza hacia atrás. "Me voy a correr en tu boca, Elizabeth". Ella soltó su polla de entre sus labios y le sonrió, lamiendo la amplia cresta de la cabeza de su polla, para luego deslizar su eje en el interior de su boca de nuevo. Cristo, era hermosa, con los labios hinchados por succionarlo, con sus ojos nublados por la pasión. Asió la parte posterior de su cabeza y se empujó dentro de su boca, haciendo que lo tomara por completo, cuando su orgasmo lo atravesó como una ráfaga. Ella se movió para mirarlo a los ojos y apretó los labios a su alrededor, deglutiendo, mientras a él se le escapaba un gemido y entraba en erupción. Apretó el agarre de su pelo y la mantuvo allí, mientras vaciaba en ella todo lo que tenía, con sus piernas temblando durante todo el tiempo. Elizabeth lamió la cabeza de su polla y lo soltó. El subió de sus pantalones cortos, la ayudó a ponerse de pie, y la atrajo hacia él, sus senos desnudos se pegaron a su sudoroso pecho. Él la abrazó y la besó, degustándose a sí mismo en sus labios y lengua. La hizo girar, colocándola contra la barandilla, movió los dedos entre sus pechos, y miró sus pezones arrugarse. La respiración de ella se aceleró, cuando él y capturó capullo entre sus labios, succionándolo entre sus dientes para mordisquearlo. Ella enredó los dedos en su pelo, sus suaves gemidos hicieron que succionara con más fuerza, apretando un pezón entre sus dedos, mientras lamía el otro. Ella se aferró a la barandilla, mientras él se dejaba caer de rodillas en la terraza, desabrochándole los pantalones y bajándolos hasta los tobillos, dejando al descubierto una diminuta prenda de seda rosa, que hacía juego con su sujetador. Se tomó su tiempo para mirarla, encantado con su apariencia a medio vestir, y la brisa moviendo mechones de su cabello a través de sus mejillas.


Acarició sus piernas, deslizando los dedos bajo la seda húmeda de sus bragas. Movió el pulgar sobre el duro capullo de su clítoris, sintiendo sus piernas temblar mientras empujaba su coño hacia él. "Estás caliente aquí. Húmeda". Ella lo miró. "Tú me pusiste así. Succionarte me excita". Su polla empujó contra sus pantalones cortos, ya dura de nuevo, deseosa de deslizarse entre sus piernas y follarla hasta que ambos se corrieran. Pero se contuvo, porque lo que realmente quería era degustarla, deslizar la lengua entre los suaves pliegues de su sexo y sentir su cuerpo abrirse para él. Se elevó, tiró las bragas hacia un lado, y apretó la boca contra su coño. "Ohhh". Elizabeth se levantó contra él, apretando su sexo contra su boca, alimentándolo con su suavidad. Tenía el sabor de la tarta de miel, dulce y caliente. Los sonidos que emitía mientras él hacía un lento recorrido con su lengua, sólo aumentaron su necesidad de hacerlo bueno para ella… tan bueno como ella lo había hecho para él. Empujó la lengua dentro de su coño, la folló con esta y sintió sus piernas temblar. Oh, sí. "¡Gavin!", gritó ella, y él inclinó la cabeza hacia atrás, mirando a su diosa pelirroja, con el cabello salvaje al viento, con su blusa moviéndose sobre ella y sus pechos expuestos ante su vista. Sus piernas estaban extendidas, y su coño brillaba por su boca y su propio deseo. Era hermosa se abría para él de esa forma, dándole todo, sin restricciones. Deslizó un dedo dentro de su coño y movió la lengua sobre su sexo, haciendo énfasis en su clítoris.


"Oh", dijo ella, inclinando la cabeza hacia abajo para mirarlo. "Sí. Fóllame con los dedos, Gavin. Haz que me corra." Le encantaba verla dejarse ir, verla tan excitada y cerca del borde, cuando le decía exactamente lo que necesitaba. Sus ojos estaban vidriosos, oscurecidos por la pasión, y supo que lo único en su mente era llegar al clímax. Allí era exactamente donde él la quería… equilibrándose sobre el borde y lista para volar. Dio la vuelta al capullo con su lengua, luego presionó los labios sobre su clítoris, introdujo dos dedos dentro de su coño, y empezó a bombear con velocidad, observando su rostro mientras se corría. Era hermosa cuando tenía su orgasmo, con una expresión en su rostro casi de dolor, mientras mecía su coño contra él y se estremecía, con sus pechos subiendo y bajando mientras jadeaba y extendía la mano para enredarla en su pelo, para mantenerlo inmóvil, mientras las olas rodaban sobre ella. Cuando finalmente se calmó, él se levantó y tomó su boca, buscando en su bolsillo un preservativo y envainándose en este, para luego introducirse en ella. Ella gritó mientras se conducía en su interior, sintió que se apretaba a su alrededor mientras lo envolvía con sus brazos y lo besaba profundamente. Él sujetó su cabello y la sostuvo, mientras bombeaba duro y rápido. Ella todavía tenía espasmos por su orgasmo, sus convulsiones apretaban su polla como si la dominara. Su lengua dio vueltas alrededor de la suya y él la succionó, necesitando correrse dentro de ella, deseando que ella se corriera otra vez. Cuando la oyó gemir, supo que estaba lista de nuevo, y se introdujo en su interior con más fuerza y se mantuvo ahí, después se sacudió contra ella hasta que estalló. Se dejó ir con ella esta vez, perdiéndose a sí mismo dentro de su calor, besándola mientras se corría hasta que los dos temblaron, quedando sin aliento y húmedos por sudor tras sus esfuerzos. "Hace calor aquí", dijo él cuando se retiró. "¿Quieres ir a nadar?" Ella se rió, tirando de sus pantalones hacia arriba. "Me parece bien."


Se pusieron sus trajes de baño y corrieron hacia el océano, lo que se sintió muy bien después del ardiente incendio que acababan de atravesar. Y aún más, ella lo sorprendió. No le importaba mojarse el pelo, no le preocupó que su maquillaje corriera en ríos por su rostro. De hecho, cuando él lo mencionó, no se volvió para arreglar el desorden bajo sus ojos. En vez de eso, se rió y aventó agua contra él. No había esperado eso de ella. Siempre estaba bien vestida, con su cabello impecable… siempre perfecta. En el mar, su pelo caía sobre sus ojos, y parecía una rata ahogada. Y a ella no parecía importarle en absoluto. Había mucho sobre Elizabeth, que era totalmente impredecible. Y le había dado una mamada condenadamente maravillosa, para evitar que conociera más cosas sobre ella. Se preguntó qué estaría ocultando. Era tiempo de subir las apuestas en este juego que estaban jugando, y ver si podía obtener algo de verdad, de parte de ella.


Capítulo Cinco Irían bailar esa noche. Gavin no había estado bromeando cuando le había dicho que quería que tuviera vestidos para poder llevarla a bailar. Qué terriblemente extraño. Sabía que su madre había sido profesora de baile alguna vez, pero no veía a Gavin como un bailarín. Era tosco, el tipo de hombre que tomaba un trago de whisky y pasaba un rato en el bar. Un hombre que hacía cosas de hombres. No del tipo que hace el tipo de cosas que les gustan a las mujeres. Pero bueno, si él quería vestirse bien e ir a un club, ¿Quién era ella para decir que no? Tenía un montón de amigos con los que salía a clubes, aunque todos eran gays y por lo general iba con los chicos y sus novios. Y la pasaba maravillosamente. No había nada romántico en ello, por supuesto, al menos no para ella, pero se divertía muchísimo saliendo a los clubes con sus amigos. Amigos. Tenía un montón de amigos… hombres. ¿Amigas? No, no muchas. Bueno, ninguna. No era el tipo de mujer que hacía amigas. No estaba segura de por qué. Tal vez era porque estaba en un negocio de hombres. Todos sus clientes eran hombres. No tenía amistad con sus esposas o novias, al menos no a nivel social. Era los suficientemente amistosa, como para que las mujeres supieran que no iría detrás de sus hombres… sólo detrás de las carreras. Pero, ¿Una amiga? No. Nunca. Sabía que hacer alrededor de los hombres, estaba a gusto con ellos. Las mujeres eran extrañas y maliciosas, y no sabían cómo relacionarse con ellas en lo absoluto. Incluso en la universidad había gravitado hacia los chicos, siempre había tenido más amigos que amigas. ¿Qué decía eso de ella? No tenía ni idea. Tal vez se había perdido de algo al no tener amigas en quien confiar en todos esos años. Por otra parte, no revelaba sus secretos de todos modos, por lo que no se perdía de una maldita cosa que no fueran aburridas y tediosas sesiones de cotilleo que durarían toda la noche, y mucho drama para el que no tenía tiempo. Los hombres


no hacían dramas, que era probablemente la razón por la que siempre le habían gustado más. Había pasado el día en asuntos pendientes del trabajo, ya que Gavin tuvo juego y entrevistas después éste. Saldrían tarde por la noche. Terminó de vestirse y salió del dormitorio. Gavin llevaba pantalones negros, camisa blanca, chaqueta y corbata. "Te ves muy bien", dijo ella. Él se volvió, escaneándola de pies a cabeza con admiración, y sonrió. "El vestido se ve increíble en ti." Ella levantó la cabeza un poco más, y dio la vuelta para que la inspeccionara. Tenía que admitir que él tenía un ojo decente para la ropa, lo que la sorprendía muchísimo. Nunca habría elegido este vestido para sí misma. Por otra parte, en la mayor parte de tiempo se vestía de negro. Ese vestido color champán, en verdad acentuaba el color de su piel y hacía que el rojo de su pelo se destacara. Odiaba cuando alguien más estaba en lo cierto. Se dirigieron hacia un restaurante muy lujoso en Palm Beach, donde Elizabeth se sorprendió al ver que se reunirían con otras dos parejas, chicos con los que Gavin jugaba en los Rivers y sus esposas. "Supuse que no te importaría si nos encontrábamos con un par de amigos y sus esposas, y compartíamos la cena con ellos." Ella esbozó una sonrisa apretujada. "No, en absoluto." A ella le importaba, principalmente que no lo dijera. Y… está bien, había pensado que pasarían la noche solos. Estrechó la mano con Dedrick Coleman y su esposa, Shawnelle, y conTommy Maloney y su esposa, Haley.


Shawnelle era preciosa, al igual que su marido. Tenía una hermosa piel oscura, y los ojos color whisky más inusuales que Elizabeth viera alguna vez, una sexy afromoderna, con un cuerpo curvilíneo con pechos que, sin duda, harían que los ojos de Gavin saltaran de su cabeza toda la noche. Por otra parte, Dedrick medía seis pies con tres pulgadas, con unos deliciosos ojos dulces. Así que tal vez, si Gavin iba a admirarla toda la noche, Liz también tendría a quien mirar. Haley era una pequeña rubia de ojos azules que parecía tener unos dieciséis años. Elizabeth sólo podía esperar que tuviera la mayor de edad. Tommy era uno de los jugadores más jóvenes de los Rivers, eso explicaba por qué Haley parecía una adolescente. Ella probablemente era así de joven. Qué bien. Eso significaba que los chicos hablarían de béisbol durante toda la noche, y esperarían que ella tuviera una conversación de –ugh– chicas, con las mujeres. Llegaron a la mesa y ordenaron sus bebidas, y como había sospechado, los hombres juntaron sus cabezas y comenzaron una discusión sobre el juego de hoy y la próxima temporada. Elizabeth esperó a ser convocada por las damas. Lo que no tomó mucho tiempo. "Elizabeth, ¿cuánto tiempo han estado saliendo tú y Gavin?" preguntó Shawnelle. Oh, no estamos saliendo. Sólo estamos follando sin sentido, hasta que uno de nosotros se canse del otro. Probablemente ese no era un buen comentario para romper el hielo. Se obligó poner en su rostro su sonrisa más dulce. "Oh, no estamos saliendo. Soy la agente de Gavin y estoy en la ciudad por algunos negocios, así que me invitó a cenar." Gavin se retiró de su conversación con los chicos. "Miente. Se está quedando conmigo en mi casa durante la pretemporada". "Interesante", dijo Shawnelle, con sus ojos color ámbar estudiándolos a ambos.


Si las miradas mataran, la que Elizabeth disparó a Gavin, lo hubiera dejado muerto instantáneamente donde estaba sentado. Gavin levantó su mano y le dio un beso en los nudillos. "Bueno, estoy confundida. Entonces ¿Están saliendo o no?", preguntó Haley. "¿Saliendo? Oh, claro que no. Sólo estamos teniendo relaciones sexuales, cariño" Dijo Elizabeth, profundamente agradecida cuando llegó su martini. "Oh", dijo Haley con su diminuta voz. Shawnelle sólo rió, dio un largo trago a su cóctel, y dijo: "Disfrútalo mientras sea bueno, chica." Elizabeth se reclinó en su silla, decidiendo desconectarse de Gavin y pasar un buen rato. "Definitivamente es bueno". La mirada de Shawnelle recorrió a Gavin, mientras agitaba su bebida. "Mmmmhmmmm, imagino que con él, lo es." Volvió su mirada hacia Elizabeth. "Qué pasa con estos chicos y su deseo sexual. Juro por Dios que Dedrick casi me agota todas las noches" Haley parecía atónita, como si no pudiera creer que estuvieran hablando de sexo en medio de un restaurante. La chica necesitaba un poco de educación. Era demasiado ingenua. Esto podría ser entretenido. "No tengo idea. Uno podría pensar que estarían agotados después de todos los entrenamientos y los juegos. Pero no. Podrían hacerlo durante toda la noche, durante toda la tarde." "Y en la mañana, también", agregó Shawnelle. "Sí. Se despiertan duros y permanecen así." Shawnelle rió y palmeó la mano de Elizabeth. "Y nos gustan de esa forma." Elizabeth observó cómo por casualidad a Haley.


Sí. Allí estaba la mirada del ciervo ante las luces de los faros. Probablemente estaba horrorizada. La pobre niña. Gavin se inclinó y rozó su hombro contra el de ella. "¿De qué están hablando ustedes tres?" "De sexo. Estamos horrorizando a Haley". Gavin sacudió la cabeza. "Tommy, es mejor que rescates a tu novia. Creo que Elizabeth y Shawnelle la están corrompiendo." Tommy se rió y frotó los hombros de Haley. "¿Te están corrompiendo, cariño?" Ella sacudió la cabeza. "No. Estoy aprendiendo un par de cosas, sin embargo." Agitó la mano hacia Tommy. "¿Por qué no siguen conversando entre ustedes y nos dejan a las señoras solas? Hay algunas cosas que tengo que aprender." Elizabeth tomó un sorbo de su martini. Así que, tal vez Haley no estaba tan repugnada como había pensado. O tan ingenua. Resultó que hablar con las mujeres no fue tan malo como Elizabeth había pensado que sería. A lo largo de la cena Elizabeth se enteró de que Shawnelle era muy divertida, con un indecente sentido del humor. Ella y Dedrick habían estado casados durante siete años. Shawnelle era abogada, trabajaba para el fiscal de distrito de Saint Louis. Y Haley, aunque apenas tenía veintiuno, no era ingenua en absoluto. Tenía una curiosidad natural, era abierta y honesta, y quería aprender. . . todo. Incluyendo todo lo relacionado con el sexo. Ella y Tommy sólo habían estado casados por seis meses, pero la joven señorita Haley adoraba el sexo. Había tenido una vida protegida en Mississippi, y amaba a Tommy con cada aliento que respiraba. Casarse con Tommy había sido su boleto para salir de su pequeño pueblo represivo, y no quería regresar. Pero Tommy, como Elizabeth se enteró, era un poco inexperto en el departamento de las relaciones sexuales, por lo que Haley quería aprender un poco sobre el arte de la seducción y conseguir que su hombre se abriera un poco.


Shawnelle y Elizabeth se miraron entre sí, asintieron, y decidieron que definitivamente podrían ayudar a Haley. El club de baile estaba lejos de la playa y era privado. Gavin había conseguido una invitación ya que el propietario era fan de los Rivers. El ambiente era oscuro, discreto y poco ostentoso, a diferencia de las los ruidosos bares con láser, como los que se encontraban en la playa, que rompían los tímpanos. Elizabeth estaba profundamente agradecida. Le encantaba bailar y la música era caliente, de ritmo rápido, pero también quería poder tener una conversación sin gritos y no quedarse ronca. Era demasiado vieja para esas tonterías. Los guiaron hacia una mesa VIP contra la pared. Privada, con una atenta camarera. Tal y como a Elizabeth le gustaba. Ordenaron las bebidas y se pusieron cómodos en sus asientos. "¿Disfrutaste la cena?", preguntó Gavin. "Lo hice". "Lo siento, estuve ocupado con Dedrick y Tommy. Realmente no te traje para abandonarte con Shawnelle y Haley." "Soy una chica grande, Gavin. Esto puede ser una sorpresa para ti, pero puedo cuidar de mí misma." "Estoy seguro de que puedes. Probablemente naciste sin necesitar de nadie". Sus bebidas llegaron antes de que pudiera disparar una réplica a su comentario de sabihondo. Tan pronto como empezó la música, Shawnelle estuvo lista para bailar. Dedrick no, por lo que Shawnelle se puso de pie, se alisó el vestido, y miró a Elizabeth y Haley. "Vamos, chicas. Vayamos a hacer temblar la pista de baile." "Oh, no lo creo." Elizabeth sacudió la cabeza.


Haley sonrió. "Por supuesto. Yo me apunto." Shawnelle puso las manos en sus caderas y miró a Elizabeth. "Tú. Arriba. A la pista de baile. Ahora. Sin excusas". Elizabeth estuvo a punto de objetar, pero la mirada de acero en los ojos de Shawnelle y el hecho de que la música fuera bastante buena, la hizo encogerse de hombros. "Bueno, está bien. Vamos a bailar". "¡Sííí!" Shawnelle tomó su mano y arrastró a Elizabeth fuera de la silla y hacia la pista de baile. No pasó mucho tiempo para que la música la hiciera moverse. Además, Shawnelle y Haley, tenía que admitirlo, eran muy divertidas y eso se contagiaba. Era obvio que Shawnelle estaba cómoda con su cuerpo y no le importaba agitarlo. Haley simplemente estaba enamorada de su nueva vida y disfrutaba de la libertad que tenía ahora, así que las dos bailaron alrededor de Elizabeth mientras ella movía sus caderas de lado a lado. Cuando hizo un giro, se encontró con tres pares de ojos masculinos, mirándolas con interés. Lo que le dio una idea. Volteó y se dirigió hacia Shawnelle. "Creo que podemos ayudar a Haley con su vida sexual mientras estamos aquí en la pista de baile." "¿En verdad? ¿Cómo?" Elizabeth hizo un gesto hacia la mesa VIP, y no le tomó Shawnelle más que unos segundos, hacer la conexión. "Puedo ver tu punto. Haley, cariño, ponte entre Elizabeth y yo, y hagamos un poco de baile sucio." Los ojos de Haley se agrandaron. "¿Qué?" Elizabeth se acercó más hacia Haley. "Quieres que tu hombre te deseé, ¿verdad?"


"Sí". "Entonces tienes que excitarlo", dijo Shawnelle. "Los hombres adoran ver mujeres juntas", explicó Elizabeth. Haley la miró. "¿Lo hacen? ¿Por qué?" Elizabeth se encogió de hombros y golpeó la cadera contra la de Haley. "No tengo idea. Algo sobre la fantasía de la acción de chica con chica, hace que sus motores se pongan en marcha." "Lo que significa que tú, yo y Elizabeth le daremos a tu esposo algo para fantasear. Y cuando vayas a la cama con él esta noche, le preguntarás qué tan caliente le pareció." Shawnelle deslizó el brazo por la cintura de Haley, y Elizabeth hizo lo mismo. "¿Qué debo hacer?", Preguntó Haley. "Míranos como si quisieras comernos para el desayuno" Dijo Elizabeth. "Y mueve el cuerpo como lo haces cuando estás en la cama" añadió Shawnelle. "La imaginación de Tommy se encargará del resto." "Oh, está bien. Puedo hacer eso." Haley era una estudiante rápida. Aunque era pequeña, sabía mover las caderas. Inclinó la cabeza hacia atrás, encendió su encanto, y miró a Elizabeth y a Shawnelle como si fueran diosas y ella quisiera todo lo que le estaban ofreciendo. Las tres ondularon una contra las otras, al ritmo lento y sexy de la canción; serpentearon con las manos, hacia arriba y hacia abajo, sobre sus cajas torácicas, cinturas y caderas; sacudieron las entrepiernas contra los traseros, y dieron un gran espectáculo para los chicos. Para el momento que la canción terminó, y Elizabeth se dirigió a la mesa, era evidente que Tommy no era el único hombre excitado en la Mesa VIP. La mirada oscura de Gavin se aferró a la de ella. Se puso de pie y le


tendió la mano. Ella vio la cresta reveladora de su erección. Tomó un par de sorbos de su bebida y comenzó a sentarse. "Todavía no. Vamos a bailar". "De acuerdo". La llevó a la pista de baile y tiró de ella hacia sus brazos. Como sospechaba, era un bailarín muy preparado. "Nunca antes habíamos bailado juntos", dijo ella, mientras él la dirigía hacia el centro de la pista. "¿No lo hemos hecho?" "No." Había ido con él a fiestas, a eventos donde había habido baile. O bien, él ya había tenido una compañera, o ella había evitado estar tan cerca de él. "Creo que nunca lo había notado". Ella se encogió de hombros. "No hay razón para que tú y yo hubiéramos bailado, ¿verdad?" Él la examinó con una mirada. "Supongo que no." Shawnelle y Haley estaban bailando con sus maridos. Elizabeth se sintió muy orgullosa al ver las manos de Tommy en el trasero de Haley. Haley parecía haber alcanzado el nirvana. Sus ojos estaban cerrados, y apoyaba la cabeza en el pecho de Tommy. Elizabeth no se sorprendería si Haley tenía sexo dinamita esa noche. "¿Disfrutaste el espectáculo que dieron?", Le preguntó Gavin. Ella volvió su atención hacia Gavin. "Inmensamente. ¿Lo hiciste tú?" Él deslizó la mano por la parte baja de su espalda, hacia la parte superior de su trasero y presionó, asegurándose de que ella pudiera sentir su erección. "Muchísimo. Supongo que has desarrollado un vínculo con Shawnelle y Haley". Ella sonrió. "Se podría decir eso."


"No tenía idea de que te gustaran las mujeres." Ella inclinó la cabeza hacia atrás y rió. "No me gustan. Eso fue por Haley." Él frunció el ceño. "No lo entiendo." Ella se apretó contra él para susurrarle al oído. "Está tratando de incitar a su esposo hacia el sexo, un poco más. Las cosas en el dormitorio no han sido exactamente grandiosas para ellos. Sólo la estábamos ayudando." Gavin se echó hacia atrás. "Oh. Bueno, su actuación en la pista de baile, debe hacerlo." Ella deslizó sus dedos sobre su barba de candado. "Funcionó para ti, ¿verdad?" "¿Estás diciendo que debo mejorar mi actuación sexual?" Ella apretó el muslo entre sus piernas, frotándose contra su erección. "Cariño, más determinación de tu parte y me matarás." Él rozó los labios contra los suyos. "Me alegro de poder satisfacerte". Mariposas bailaron en su vientre. Gavin era peligroso para ella de muchas maneras. Debió darse la vuelta y correr de regreso a Saint Louis, como si el demonio la persiguiera, cuando le había pedido que se quedara con él. Pero era sólo sexo. Al menos para él. No tenía idea de lo que ella sentía por él. Siempre y cuando se acordara de eso, podría sobrevivir a esto.


Capítulo Seis Gavin bebía un whisky en la terraza, escuchando el sonido de las olas. Esta era siempre su parte favorita de la noche. A veces se sentaba allí durante horas, sólo para escuchar el sonido del océano. Pero esta noche estaba tramando algo. Elizabeth podía haberlo distraído antes con un sexo increíble, pero él todavía quería respuestas. Por qué le importaba quién fue ella anteriormente, no tenía idea. En realidad, eso no tenía lugar en lo que tenían en ese momento, pero por alguna razón, quería saberlo. Y por alguna razón ella no quería que él lo supiera. Y él era el mejor en una competencia, para ganar. Ella estaba en el baño cambiándose, quitándose el maquillaje, soltando su cabello. Era hora de hacer su movimiento. Dejó el vaso en el mostrador de la cocina y se dirigió al dormitorio. Ella estaba de pie en el baño cepillándose el cabello, y sólo llevaba un sujetador sin tirantes color crema y bragas a juego. Él fue a su cajón y sacó cuatro corbatas, agradecido por las ocasionales entrevistas con los medios que tenía que dar y que requerían que las usara. Lanzó las corbatas al asiento y al pie de la cama y luego fue al baño a darle un beso en la suave piel entre el cuello y el hombro. Ella le sonrió en el espejo y la suavidad de sus ojos verdes lo dejó fascinado. Vio algo en ellos. Una vulnerabilidad u otra cosa que no pudo entender, y que lo golpeó como un puñetazo en el estómago, tan fuerte que casi lo derribó poniéndolo de rodillas. ¿Cómo sería ver a una mujer como Elizabeth en su cuarto de baño todas las noches, tener a alguien por quien volver a casa, en lugar de a una casa vacía? Él nunca había querido a una mujer en su vida antes, nunca había anhelado la compañía de alguien. Le gustaba su vida tal y como era, le gustaba poder viajar, ir y venir según sus deseos, sin tener que rendirle cuentas a nadie. No tenía vínculos ni obligaciones.


Su vida era perfecta y no tenía planes de cambiarla. Pero le gustaba tener aquí a Elizabeth, le gustaba ver sus cosas femeninas en el mostrador de su cuarto de baño, le encantaba verla vestida sólo con su sujetador y bragas, lo complacía mirar su piel cremosa, sentirla a su lado, en la cama en las noches. Diablos, le gustaba despertar a su lado. ¡Detente ahí! Gavin no era del tipo doméstico. Y Elizabeth, era condenadamente seguro, que tampoco lo era. Y si él estuviera buscando establecerse, casarse y empezar a tener niños, ella era la última mujer sobre la tierra que elegiría para hacerlo. No lo haría con un tiburón frío, sin alma. Pero, ¿Era ella fría y sin alma? ¿O era sólo un papel que representaba en los negocios? ¿Qué sabía realmente acerca de Elizabeth Darnell? Era tiempo de averiguarlo. Ella se volvió hacia él, envolviendo la mano alrededor de la parte posterior de su cuello. "¿Listo para ir a la cama?" "Se podría decir eso." Tomó sus manos y la llevó a un lado de la cama, la rodeó con los brazos y le desabrochó el sujetador, luego se inclinó y tiró de sus bragas hacia abajo. Él se desnudó, alegrándose de deshacerse de su ropa, para que ambos estuvieran desnudos. Elizabeth se acercó y movió los dedos sobre su pecho. "Mmmm, me gusta hacia dónde va esto". "¿De verdad? Ya lo veremos. Qué tal si te acuestas en el centro de la cama. Voy a atarte y a hacer lo que quiera contigo, como tú lo hiciste conmigo esta tarde".


Sus ojos brillaron con deseo. "Tú no estabas atado esta tarde." "¿Confías en mí, Elizabeth?" Ella arqueó una ceja. "Esa es una pregunta capciosa, Gavin". "Entonces confía en mí lo suficiente como para saber que no te haré daño. Porque no te lo haré. Nunca lo haría." Ella contuvo el aliento. "Está bien. Pero sabes que no puedo extender mis extremidades tan amplias como tu gigante cama de orgías". Él se echó a reír. "Lo sé. Yo me ocuparé de eso. Ve y extiéndete en el medio de la cama." Ella se movió sobre sus manos y rodillas sobre la cama, con su dulce culo y coño expuestos para él mientras lo hacía. Su polla se apretó y endureció cuando ella dio la vuelta sobre su espalda, y luego levantó los brazos por encima de su cabeza y separó las piernas. Él no pudo evitar palmear su eje y pelotas, y darles un apretón. Sólo mirarla extendida de esa manera en su cama, le daba un montón de ideas. Primero tenía que asegurarla. Tomó las cuerdas que había sacado de la cochera, midió la longitud que necesitaría desde los postes a cada extremo, hasta sus piernas y tobillos, para aumentar la longitud de las corbatas, y a continuación cortó cuatro tiras. Ató los extremos de la cuerda al de cada corbata, y luego aseguró sus tobillos y muñecas, dejándole espacio suficiente como para moverse cómodamente, pero no lo suficiente como para rodar y escapar. Ella lo observó todo el tiempo sin decir una palabra, con los pezones duros y la humedad reuniéndose en la entrada de su coño. Él movió el dedo a lo largo de la hendidura de su sexo, para luego llevarlo a su boca y succionarlo. "¿Esto hace que te pongas húmeda?", Le preguntó, colocándose sobre sus rodillas, entre sus piernas extendidas. "Sí". "¿Por qué?"


"Porque me pregunto qué harás conmigo." Él tomó sus tobillos por encima de las ataduras y acarició sus piernas. Su piel era suave como la seda. Tenerla bajo su control de esta manera era tentador, hacía que su polla se endureciera tanto que era doloroso. Deseaba deslizarse dentro de ella en ese momento y follarla hasta correrse. Pero eso arruinaría la diversión y la anticipación para ambos. "La respuesta es fácil. Voy a darte placer. Haré que te corras. Y tú harás que yo me corra". Sus pechos subieron mientras ella daba una respiración profunda. Él puso las manos en sus caderas y acarició su vientre con los dedos. Ella se estremeció, metiendo su estómago. Él se inclinó y besó su ombligo, y luego arrastró su lengua hacia el sur. La escuchó contener el aliento y sonrió. Ella no pensaría que irá directo al Santo Grial, ¿verdad? Se detuvo en su monte de Venus, llevando la lengua hasta su ombligo de nuevo, sumergiendo la punta en este. "Maldita sea, Gavin". Oh, él sólo estaba comenzando. Si ya pensaba que la estaba torturando. . . Movió las manos sobre su caja torácica, se elevó y se sentó a horcajadas sobre ella, dejando descansar su polla contra su coño, mientras tomaba sus pechos en sus manos, llenándolas con los globos mientras frotaba su polla contra la suavidad de su sexo. Ella levantó su trasero, moviéndose contra su polla. Él le sonrió, pero no la dejó tenerlo. "Todavía no estamos cerca de follar, Elizabeth". "Bastardo", dijo ella, sus ojos verdes eran rendijas de frustración y deseo.


Hizo rodar los pulgares sobre sus pezones, luego se inclinó y tomó uno en su boca, manteniendo el otro apretado entre sus dedos. Sus gritos de placer hicieron temblar sus pelotas. Tomó sus pechos con las manos e hizo rodar la lengua por ambos, succionándolos y lamiéndolos, hasta que Elizabeth comenzó a tirar de los lazos de sus muñecas. "Fóllame Gavin. Lame mi coño. Haz algo para que me corra". Ahora la tenía. Se inclinó sobre ella y rozó los labios contra los de ella. Ella levantó la cabeza, y su lengua se encontró con la suya en un beso hambriento. Enredó los dedos en su pelo suelto, adorando la suave naturaleza salvaje del mismo. Lo extendió sobre la almohada debajo de su cabeza, y luego besó su mandíbula y cuello. Movió la lengua por un lado de su cuello, su hombro y su clavícula, antes de regresar lentamente a sus pechos y vientre. "Me estás volviendo loca". Ella estaba perdiendo la paciencia. Bien. La quería dispuesta a hacer lo que fuera. Movió la lengua hasta la parte superior de su sexo, haciéndola rodar cerca de su clítoris. Inhaló el dulce aroma de su sexo, el penetrante olor de su excitación, y luego levantó la cabeza para verla mirándolo con hambre y demanda. Oh, sí. Con la mirada todavía enfocada en ella, arrastró la lengua a lo largo del pliegue de la cara interna de su muslo, y por los húmedos labios de su coño, evitando su clítoris, lamió a su alrededor, llevándola tan cerca, que pudo ver los músculos de sus bíceps abultarse al tirar de sus ataduras. "¡Gavin!" Y aun así, no le lamió todavía el punto principal. Dio vueltas alrededor del capullo con su lengua, la movió sobre los labios de su coño y la sumergió en su interior para tomar sus jugos, aferrando sus caderas y piernas cuando ella empezó a balancearse contra él. "Maldita sea, Gavin, esto no es divertido."


Oh, sí, lo era. Porque, cuando arrastró la lengua, hacia arriba, por su coño, y la presionó justo en su clítoris, ella emitió un gemido largo y bajo, que hizo que su polla se hinchara, y rodara la pelvis contra el colchón, deseando introducirse en su interior. Y entonces se detuvo, y se levantó sobre sus rodillas. Ella elevó la cabeza. "Tienes que estar bromeando. No te detengas." "Háblame de Arkansas, Elizabeth". Sus ojos se abrieron ampliamente. "¿Estás completamente loco? Baja la cabeza entre mis piernas y lame mi coño. No voy a hablar sobre Arkansas. No ahora, ni nunca". Él colocó la mano sobre su sexo, deslizó los dedos en su interior, y bombeó una, dos veces, sintiéndola estremecer, y su coño apretarse alrededor de sus dedos. "Vete al diablo, Gavin. Desátame." Él retiró sus dedos, tomó toda su cremosa humedad y pintó sobre su clítoris con esta, jugando con su núcleo hasta que se endureció y floreció bajo su dedo. Ella dejó caer la cabeza y gimió, con las caderas balanceándose bajo su mano. Y entonces él se detuvo. "Háblame de Arkansas, Elizabeth." "Jódete. Esto se supone es para divertirnos." "Me estoy divirtiendo". Ella se quedó mirando el techo. "Yo no." "¿No?" Movió los dedos a lo largo de la hendidura de su coño nuevamente, haciendo círculos alrededor de su clítoris, hasta que sus labios se cerraron con fuerza y apretó la mandíbula. "¿Quieres correrte, Elizabeth? Yo sé lo bien que se


siente." Deslizó dos dedos dentro de ella y comenzó a moverlos. "Quieres que te folle, que te haga correrte. Yo quiero correrme dentro de ti, sentir tu coño apretarme hasta dispararme dentro de ti." Ella se negó a mirarlo. "Entonces empuja tu polla dentro de mí y fóllame". "Quiero conocerte, saber todo sobre ti. Quiero saber de dónde vienes, quién eras antes." Ella levantó la cabeza y las lágrimas llenaron sus ojos. "No, no lo deseas. No quieres saber nada de eso, Gavin. Por favor". Él retiró los dedos de ella, y se inclinó sobre ella. "¿Qué te lastima de eso? Dímelo." "Maldito seas. No puedo. No me hagas hablar de eso. Esto no es un juego para mí." ¿Estaba manipulándolo, o sería la verdad? Con Elizabeth, nunca se estaba seguro. ¿Y qué quería decir con que no era un juego? ¿Ser atada, hablar sobre Arkansas, o algo más? Él acarició su cabello, haciendo que lo mirara. "Habla conmigo". "Libérame, Gavin. Sólo libérame." La besó. Ella gimió contra sus labios, luchando contra él al principio, pero luego cedió. Gavin desató las restricciones de sus muñecas, y ella envolvió los brazos a su alrededor, apretadamente. Él deslizó el brazo alrededor de su espalda, y algo elemental pasó entre ellos, algo feroz y primitivo, mientras su polla se posicionaba en la entrada de su coño y se introducía en ella. Elizabeth se elevó, y Gavin extendió la mano debajo de ella para sostener su trasero, acercándola más a él, mientras se cimentaba contra ella, sin dejar de besarla, con su lengua lamiendo la suya, mientras se encontraban en una caliente fusión de pasión que lo tomó por sorpresa. Tal vez él se sentía mal por pedirle más de lo que estaba dispuesta a darle, pero la culpa fue dejada de lado cuando el deseo tomó el mando y la folló con empujes profundos.


Elizabeth arrastró las uñas por sus hombros y gimió contra sus labios. Era como si ninguno de los dos quisiera romper el contacto. Él deseaba desatar sus piernas, pero no quería romper su roce, mientras hacía rodar sus caderas contra ella, dándole el contacto que necesitaba contra su clítoris. Ella mordió su labio, y hundió los dedos en las esferas de su trasero, empujando la pelvis hacia arriba para llevarlo más profundamente en su interior. Su coño lo apretó, cuando sintió las primeras oleadas de su orgasmo apretándose alrededor de su polla. Ella gritó y él se tragó sus gritos con sus propios altos gemidos, cuando su orgasmo se estrelló contra él y lo dejó abrazando a Elizabeth con fuerza. No fue sino hasta que se retiró y se dirigió a desatarla, cuando se dio cuenta de que la había follado sin condón. Sus manos temblaban mientras la liberaba de las ataduras y le frotaba las piernas, preguntándose cómo coño había perdido el control de esa forma. Él nunca, nunca perdía el control. Se deslizó hacia ella sobre la cama y la abrazó. "Dios, Elizabeth, lo siento." "Está bien". "No, quiero decir que no usé preservativo. Nunca me había ocurrido antes. Siempre me he protegido". Ella levantó la cabeza y lo miró. "Gavin, tomo pastillas anticonceptivas. Y no he tenido relaciones sexuales en dos años. Ya te lo había dicho. No tienes qué preocuparte. Estoy sana." Jesús. Pensó. . . Jesús. Él se pasó los dedos por el pelo. "Cariño, ya estoy preocupado por hacerte daño, no al contrario. Pero me hacen pruebas con regularidad. Tengo mi certificado de buena salud. Y nunca, nunca he tenido relaciones sexuales sin condón. Hasta esta noche. No sé lo que me pasó."


Ella bajó la cabeza de nuevo. "No te preocupes por eso. No apareceré embarazada de repente para tratar de atraparte." Eso no era en absoluto, por lo que él estaba preocupado. "¿Y por hacerte preguntas?" Ella se quedó inmóvil. "Olvídalo, ¿de acuerdo?" "De acuerdo". Pero él no lo iba a olvidarlo.


Capitulo Siete Elizabeth lo estaba esperando en las afuera de los vestidores después del partido al día siguiente. "Pensé que íbamos a cenar en ese nuevo restaurante italiano en West Palm Beach." Ella lo había apartado la noche anterior, no había dicho nada más al respecto. Gavin quería hablarle, pero cada vez que trataba de traerlo a colación ella cambiaba de tema. Podría no ser tan Inteligente, pero captaba la indirecta. "Italiano será". Agarró su bolso, colocó un brazo a su alrededor, y la empujó a través de las puertas del estacionamiento. Se detuvo en seco cuando vio a su hermano apoyado en un coche. La sonrisa de Mick murió instantáneamente cuando vio a Gavin con brazo alrededor de Elizabeth. Mick se alejó del coche y se acercó a ellos. "Oh, mierda", Susurró Elizabeth alejándose de él. "Hey", dijo Gavin mientras Mick se acercaba. "No sabía que estabas en la ciudad." Mick lo abrazó, pero no sonrió. "Sí. Tuve una reunión en Nueva York, así que pensé en tomar un vuelo rápido aquí y pescarte en uno de tus juegos." Asintió a Elizabeth. "Liz". "Hola, Mick". "Entonces, ¿Qué ha pasado?" Gavin se encogió de hombros. "Cosas de la pretemporada. Lo de siempre." "Eso no es lo que quise decir y lo sabes. ¿Qué está pasando contigo y con Elizabeth?" Elizabeth se volvió a Gavin. "Volveré a la casa. Dejaré que te pongas al día con tu hermano, ¿de acuerdo?"


Gavin asintió. "Seguro". La vio alejarse. Se veía miserable. "Dame un segundo, Mick". Alcanzó a Elizabeth. "Hey. Lo siento. No sabía que él estaba en la ciudad." Ella levantó la cabeza. Había lágrimas contenidas en sus ojos, pero ocultó su descontento con una amplia sonrisa. "No es gran cosa. Ponte al día con tu hermano. Te veré más tarde." Indiferente a si su hermano lo veía o no, Gavin tomó sus mejillas y le dio un suave beso en los labios. "No me tomará mucho tiempo." Elizabeth se aferró sus brazos. "Tómate tu tiempo y disfruta poniéndote al día con Mick. Tengo hacer algunas cosas de trabajo de todos modos." Él esperó a que ella se metiera en su coche y se marchara. Cuando se dio la vuelta y caminó hacia a Mick, con una mirada furibunda en su rostro. "¿Quieres ir a comer algo?", Le preguntó Gavin. "¿Qué mierda está pasando?" "Mira. Tengo hambre. Vamos a comer y luego hablaremos. Sígueme". Era una excusa cobarde, pero Gavin necesitaba unos cuantos minutos a solas en su coche para calmarse antes de enfrentarse a su hermano mayor. Fueron a un restaurante a varias millas del estadio donde podrían conseguir unas hamburguesas y dónde Gavin donde podría obtener una cerveza. Ya que, Mick fue un alcohólico, pidió solo un refresco. Una vez que la camarera tomó sus pedidos de comida y trajo sus bebidas, Mick se ladeó más cerca. "¿Qué mierda, Gavin? ¿Elizabeth? ¿Estás loco?" Gavin levantó la barbilla irritado, aferrando su mano estrechamente en su vaso. "¿Qué pasa con Elizabeth?" "Sabes lo que le hizo a Tara y a Nathan. Su traición les hizo daño. Me lastimó".


"Y ella lo sabe. Se disculpó y lo arregló. Y la despediste. ¿Qué diablos quieres de ella, hombre? ¿Sangre? ¿Un miembro, tal vez?" "No puedo creer que estés viéndola. ¿Desde hace cuánto tiempo han estado saliendo?" Los labios de Gavin se ladearon. "Ahora hablas como mamá". "No es gracioso. Lo digo en serio. O tal vez debería preguntarte si la estás tomando en serio. ¿Sólo la estás follando? O tal vez sólo estás jodiendo con ella. Seguro que no te importa. ¿Tienes alguna idea de lo jodido que es esto?" Una vez más todo fue sobre Mick. ¿Cuántas veces la vida de Gavin había girado en torno al mundo de su hermano? Primero fue el fútbol, después su alcoholismo. La familia siempre se había unido en torno a Mick. Gavin suponía que ser el más viejo debía tener sus ventajas. Tienes que hacer el primero en todo. Mick siempre había sido el claro ejemplo que Gavin debía seguir. Y luego, cuando Mick cayó en desagracias por su alcoholismo, se había recuperado por su propio esfuerzo y les había demostrado a todos lo que era ser un héroe y se había convertido en la estrella de la NFL. Ah, claro, Gavin tenía su propio éxito en el béisbol, pero realmente, después de todo lo que Mick había pasado, el éxito de Gavin en las Grandes Ligas era casi una ocurrencia. Y ahora, con Elizabeth, la agente que Mick había despedido. Así que ¿Se suponía que Gavin no debía salir con Elizabeth porque había molestado a la novia de Mick? ¿Hasta su chica era lo suficientemente buena para Mick? Al diablo con todo. La camarera les llevó sus hamburguesas, y la conversación quedó temporalmente en suspenso mientras se devoraban sus alimentos. Por desgracia, el voraz apetito de Gavin había disminuido por la actitud de Mick hacia Elizabeth y la reacción de Elizabeth al ver a Mick allí.


"Entonces, ¿Me dirás lo que está pasando?" Mick le preguntó, tan pronto como Gavin apartó su plato. "No sé lo que quieres tratar de pescar Mick." "Tú y Liz. ¿Cuál es el problema?" "Aléjate de mi vida personal, Mick. ¿No deberías estar concentrándote en la tuya?" Mick se estrechó la mirada. "No la acerque a la familia." "Mamá ama a Elizabeth". "No por ahora, no." "¿Te lo dijo ella?" "No tiene por qué hacerlo. Sabe todo lo que pasó con Tara y Nathan." "Y ella te dijo. . . ¿Qué exactamente?" Mick tiró la servilleta sobre la mesa. "Sabes que no le gusta que la gente interfiera en la vida de otras personas. Y que no le gusta la gente le haga daño a sus chicos". Lo que significaba que mamá no había dicho nada directamente negativo sobre Elizabeth. "Sólo estás inventando todo que lo dices. Mira, Mick, entiendo que estés defendiendo a Tara. Si fuera mi mujer, yo haría lo mismo. Y entiendo que estés todavía enojado con Liz por su forma de manipularlos a todos. Pero mi relación con ella no es la misma, y no me puedes juzgarme. . . o ella. . . por esto. Necesitas al margen." Mick sacudió la cabeza. "Lo siento, pero eres mi hermano, y no siempre has tomado decisiones inteligentes en lo que a mujeres se refiere." "Oh, así que ahora estás diciendo que soy estúpido." "No he dicho eso. Pero conoces a Liz. O al menos pensaba que lo hacía. ¿No ves lo que está haciendo?"


"Ella no está haciendo nada. Estamos teniendo solo un poco de diversión y eso es todo. No tienes nada que ver con eso. Déjalo como está." Mick lo observó largo y tendido. Gavin recordó cuando eran niños y peleaban por un juguete. Pero Elizabeth no era un juguete. Y esta vez Mick quería que Gavin la dejara. "Creo que estás cometiendo un error. Ella sólo está contigo porque está tratando de mantenerte como cliente." "No soy tan estúpido Mick". Mick se echó hacia atrás y bebió su refresco, se lo terminó y le pidió la cuenta a la camarera. Sacó dinero en efectivo y se lo entregó con una sonrisa. Después de que la camarera se fuera, la sonrisa de Mick murió mientras redirigía su atención a Gavin. "Sólo aclara tu mente y trata de no pensar con tu pene. Ella está jugando contigo." "Gracias por pensar tan bien de mí." "Me preocupo por ti, Gavin. No quiero ver que te haga daño de la misma forma en la que nos lastimó a Tara y a mí". "Creo que necesitas trabajar en tu rencor contra ella y seguir adelante con tu vida. Planea tu boda con Tara. Olvídate de lo que hizo Elizabeth." Salieron a la calle por sus coches. "Gracias por venir aquí a verme jugar". Mick sonrió por primera vez. "Estuviste muy bien". "Gracias". Se abrazaron. "Por lo menos piensa en lo que te he dicho." "Dale mis saludos a Tara. Y, también a mamá y a papá. Volveré pronto a casa." Mick inhaló y exhalo un aliento. "Este no es un juego, Gavin".


Gavin no se había sentido así antes. Así que ¿por qué de repente sentía que lo fuera? Que era un juego entre Gavin y su hermano, y Elizabeth estaba justo, en el medio.


Capítulo Ocho "¡Estás fuera!" Gavin arrojó el bate al suelo y se dirigió a la caseta, maldiciendo mentalmente al árbitro, que le había contado los strikes. Esa última bola había sido baja y hacia adentro, y había estado fuera de la zona de strike. "Esa última bola estaba tu zona de bateo, Riley." Gavin levantó la mirada hacia el entrenador de los Rivers, el corpulento y canoso Manny Magee. "Sí, sí. Iré por ellas la próxima vez, Manny." Gavin se sentó en la banca. "En el primer partido les pegaste como si un niño de ocho años te hubiera estado lanzando pelotas de tenis. En los últimos cinco juegos no has bateado una mierda. ¿Qué carajo, Riley?" Elizabeth se había ido por cinco días. Y en los últimos cinco partidos él había apestado en el juego. No era que ambos hechos estuvieran relacionados. En absoluto. Gavin no creía en las mujeres y en su ‘magia’ con los jugadores, buena o mala. "Trabajaré en mi bateo Manny." "Ten por seguro que trabajarás en tu bateo. Tengo que verte batear unas buenas bolas, Riley, y pronto. Porque en este momento apestas." Grandioso. Como si necesitara derrumbarse en su bateo en la pretemporada. Para nada. "¿Dónde está tu amuleto de la suerte?"


"¿Eh?" Gavin se volvió hacia Dedrick. "¿Cuál amuleto de la suerte?" "Elizabeth. Cuando estaba aquí, jugabas bien. Shawnelle dijo que no la ha visto en los últimos juegos, y tú has jugado como la mierda. Lo que la hace tu amuleto de la suerte". "Oh. Tuvo que salir de la ciudad por unos días, por los negocios. Y no es mi amuleto de la suerte. He estado jugando béisbol durante cinco años sin su ayuda, Deed." Dedrick escupió al suelo las cáscaras de semillas de girasol. "Yuh-huh. Eso fue antes de que empezaras a acostarte con ella. Ahora es tu amuleto de la suerte". Gavin puso los ojos en blanco, alegrándose de que el juego estuviera en la novena entrada, para poder alejarse de las miradas conocedoras de Dedrick. Se duchó, hizo su parte con los medios de comunicación, y salió de allí como si lo persiguiera el demonio, buscando la tranquilidad de su casa. No había correlación entre la ida de Elizabeth y su racha de mierda en el bateo. Sólo había estado un poco preocupado desde que se había ido la otra mañana, porque pensaba que era por su culpa. Y que no regresaría. Sabía que no debió haberla presionado con lo de Arkansas. A la mañana siguiente había empacado sus cosas y le había dicho que tenía un cliente que iba a ser reclutado por la NFL el próximo mes y que había un problema del que debía encargarse. Le dijo que estaría de vuelta tan pronto como se hubiera ocupado de eso. Sabía que era más que eso. Peor aún, la echaba de menos, lo que lo hacía sentir como un estúpido, porque no se suponía que la extrañaría. Sólo habían estado juntos por algunos días. No había sido gran cosa, ¿verdad? Entonces ¿Por qué le extrañaba? Tenía juegos casi todos los días, seguidos por reuniones y prácticas, y la mierda con los medios de comunicación, para mantenerse ocupado.


Pero en las noches que pasaba en la terraza con vista al mar, se sentía solo. Como esa noche. Se apoyó en la baranda y escuchó la ida y venida del mar, en la oscuridad. Esto solía llenarlo de paz. Ahora era un sonido solitario. Y maldita sea, nunca se había sentido solo antes. En un par de días se había acostumbrado a tener a Elizabeth a su alrededor. Era hora de superar eso. Lo que tenía que hacer era encontrar a una mujer, ir a tomar unas copas y pasar un buen rato. Se olvidaría de ella tan pronto como deslizara su polla en alguna fémina bien dispuesta. Y probablemente su bateo también mejoraría. Entró, dejó la copa en el mostrador y tomó su teléfono, lo miró durante unos minutos, y luego lo puso de nuevo en el mostrador. Mierda. No quería salir con una chica aburrida que no lo desafiara. Elizabeth era un dolor en el trasero. Tenía una gran boca. Tenía opiniones. Era obstinada. Pero lo desafiaba. Su teléfono sonó y lo tomó del mostrador. Elizabeth. "¡Hola!", dijo él, tan pronto como pulsó el botón. "Hola Gavin. ¿Estás en casa?" "Sí". "Bien. Estaré estacionándome en tu camino de entrada en alrededor de diez minutos". Colgó e ignoró las ganas de precipitarse hacia la entrada. Así que, estaba de vuelta. Volvería a él, a su casa, tal y como dijo que lo haría.


Amigo, debes tener cuidado. ¿No era este su juego? ¿No lo dirigía él? Porque seguro que parecía como si ella lo manejara. ¿Había salido corriendo porque él se había acercado demasiado, porque quería demasiada información? Se sirvió otra copa y arregló el lugar, ya que, prácticamente, había estado tirando su ropa por todas partes, durante los últimos cinco días. Para cuando Elizabeth llegó a la puerta, la casa se veía casi presentable. Él salió y tomó su maleta del maletero del auto. Ella le sonrió. "Yo podría haberla llevado". Él hizo rodar la maleta, y habló con ella mientras caminaban hacia la puerta principal. "Entonces, ¿para qué estaría yo?" Ella le sonrió. "Puedo pensar en otras maneras en que puedes ser útil". Él sonrió a su vez. "¿Cómo estuvo el viaje?" Ella se quitó la chaqueta y la dobló sobre el respaldo del sofá. "Agotador. Estimulante.

Las

negociaciones

son

divertidas,

pero

nunca

tranquilas,

especialmente porque es el tiempo de Selección de los equipos. Realmente no sabes si un equipo va a comprometerse con un jugador o no, así que todo lo que se discute tiene que ser redactado con mucho cuidado para no arruinarlo." Él le entregó una copa de vino y se sentó junto a ella en el sofá. "¿Quién era el cliente?" Ella arqueó una ceja. "Blane McReynolds. Un jugador de línea ofensiva de Indiana. Tiene un futuro prometedor y un gran talento. Estamos bastante seguros de que Tampa Bay lo escogerá en la Selección. ¿Por qué?" "Sólo tengo curiosidad acerca de con qué joven promesa firmaste." Ella se quitó los zapatos altos y apoyó los pies en la mesa frente al sofá. "Cariño, siempre firmo a una o a dos promesas. Tengo que mantener la sangre joven entrando, para cuando los viejos ya no me sirvan." "Sientes tanta devoción por tus clientes."


Ella movió las pestañas. "Siempre. De todos modos, estamos bastante seguros de Tampa Bay, y ellos serán los segundos en escoger en la Selección. Su línea ofensiva es una mierda, y necesitan re-construirla con un talento dinámico, especialmente el tackle ofensivo, lo que significa que están mirando con atención a Blane. Él está bastante emocionado al respecto, pero nunca se sabe. Los equipos cambian de opinión. Nada es seguro. El pobre chico es un caso perdido. Ha trabajado toda su vida por esto." Se volvió hacia él. "Recuerdas cómo es." "Sí, lo recuerdo. Y tú hiciste un gran trabajo para mí." Las comisuras de sus labios se elevaron. "Gracias. Era prácticamente una novata en ese entonces." "A mí no me pareció así. Fuiste con todo lo que tenías y no aceptaste un no por respuesta." Ella se rió. "En ese entonces, ni siquiera sabía lo que me faltaba aprender. Contigo o con Mick. Dios, fui intrépida." "Todavía lo eres." Ella sostuvo su mirada en la suya. "Gracias, Gavin. Una pequeña inyección de confianza siempre es bienvenida. Lo necesitaba." Así que tal vez se había ido por una razón. Y tal vez no estaba jugando con él. "¿Tienes un equipo de respaldo para ese chico?" Ella sonrió, y él pudo escuchar la emoción en su voz. "Sí. Dos, de hecho, están interesados en Blane. Ambos con selecciones de primera ronda, pero ellos también podrían ir en otra dirección." Ella encogió los hombros, y luego tomó un largo trago de vino. "Esto hace que me duela la cabeza." "Date la vuelta". "¿Por qué?" "Te daré un masaje para aliviar la tensión."


Ella le sonrió maliciosamente. "Eso sí suena bien." Se dio la vuelta y se posicionó de espaldas a él. Él comenzó un masaje ligero, con sus pulgares sobre sus músculos, que estaban definitivamente duros como una roca. Sus dedos se deslizaron sobre su blusa de seda. "Quítate la blusa para que pueda llegar a tu piel." Ella sacó la blusa de la cintura de la falda, y después sacó por la cabeza. Gavin se echó hacia atrás y admiró los músculos de su espalda mientras ella se movía, la forma en que los vellos de la parte de atrás de su cuello se erizaban. Se inclinó y la besó allí. "Mmmm, eso podría ser más relajante que un masaje de hombros." "Dices eso ahora, porque realmente no he comenzado a masajearte los hombros todavía. Soy un maestro en ello." Ella lo miró por encima del hombro. "Eres muy experimentado en eso, ¿verdad?" Él le rozó los labios con los suyos, y luego le hizo girar la cabeza para que mirara hacia adelante. "Soy muy bueno. Sólo relájate, deja caer la cabeza hacia adelante y déjame hacer mi magia." Ella se rió, pero bajó la cabeza hacia su pecho, y Gavin se puso a trabajar, suavemente al principio, luego, cuando su cuerpo se hizo más flexible, comenzó a presionar en sus músculos. Elizabeth gimió, y él sintió sus músculos relajándose bajo sus dedos. "Oh, Dios, eres bueno. Debes tener mujeres derritiéndose a tus pies." Él se echó a reír. "No creo que le haya un masaje a una mujer antes". Ella levantó la cabeza y se volvió a medias. "¿En serio? Estás mintiendo". "No. Sólo le prestó atención a los entrenadores y a lo que me hacen cuando mis músculos están tensos. Pensé que funcionaría igual para ti."


"Huh. Me sorprendes, Gavin". "¿Sí? ¿De qué forma?" Ella se volvió de espaldas a él, nuevamente, y se encogió de hombros. "De muchas formas". "¿Quieres darme una lista?" "No. Tu ego ya está lo suficientemente inflado". Él apretó sus músculos de nuevo, deslizando los pulgares por su nuca. "Ahora has herido mis sentimientos". "No, no lo hice." "Tienes razón. No lo hiciste." Ella se rió, y luego se quedó en silencio mientras él deslizaba sus dedos hacia su cabello, retirando el broche y las horquillas, para luego agitarlo al soltarlo. "¿Por qué no lo usas suelto?" "Se interpone en mi camino. Recogido es más profesional". Él pasó la mano por la suavidad de su pelo, levantando los mechones y llevándolos a su nariz. Olía a flores. "Llevarlo suelto es sexy". "No hace falta ser sexy para negociar un contrato." "Tampoco haría ningún daño." Ella rió. "Tienen que tomarme en serio, Gavin". "Oh, vamos, Elizabeth. Usas tu sexualidad como un punto de negociación." Ella se volvió para mirarlo de frente. "¿Estás bromeando? ¿Es eso lo que piensas?" "Sí".


Ella entrecerró los ojos y retrocedió. Él asió su brazo y la atrajo hacia él. "No te ofendas. No quiero decir que comercias con favores sexuales o cualquier otra cosa. Lo que quiero decir es que eres una mujer hermosa. Vistes profesionalmente, pero no puedes ocultar tu sexualidad. Solo está. . . allí. Pero no, no te muestras como una bomba sexual o nada parecido." "No tengo idea de lo que quieres decir, entonces. No ofrezco favores sexuales para ganarme a un cliente o para conseguirle a un cliente una buena oferta." "Yo no dije eso. Pero regalas esas vibraciones sexuales. Coquetear es algo natural en ti. Y no puedes negar que eres una de las pocas mujeres en tu campo. Utilizas el ser una hermosa mujer como una ventaja. Atrapas la atención de los hombres con tu belleza y tu presencia. No hay nada malo en ello. Nunca quise decir que utilizabas el sexo". "Oh. Veo lo que quieres decir. Bueno, por supuesto que lo uso para mi ventaja. Es una herramienta de marketing, y especialmente al principio, necesitaba cualquier ventaja que pudiera utilizar para facilitar mi camino en este negocio. Ahora, mi reputación lo hace, porque soy condenadamente buena en lo que hago. Y si tu hermano no se dio cuenta de eso, entonces es su pérdida." Gavin levantó las manos. "Whoa. ¿Cómo es que el tema llegó hasta Mick?" Ella se levantó, tomando su blusa. "No lo sé. Estoy cansada. Han sido unos días difíciles. Tomaré una ducha." Se dirigió hacia el dormitorio. Gavin tomó su copa y bebió un largo trago. Bueno, su masaje en la espalda, obviamente, no había funcionado en ella. Se preguntaba qué diablos había salido mal los últimos cinco días para hacerla enfadar tanto. ****** Elizabeth dejó que el rocío de agua caliente cayera sobre su cabeza, esperando que borrara de su memoria los últimos cinco días.


El contrato de Blane iba bien, pero eso había sido lo único positivo del viaje. Steve Lincoln la había despedido. Un jugador profesional del calibre de la Super Bowl y un agente libre, acababa de firmar con la Agencia Davis, uno de sus principales competidores. Steve Lincoln también era muy buen amigo de Mick, y era un hecho conocido que Mick quería que Lincoln, un defensa estrella, jugara para San Francisco, en su equipo. Y también se sabía que Mick había despedido a Elizabeth. Y de repente Steve había despedido a Elizabeth. Era bastante fácil sumar dos y dos e imaginar quién estaba detrás del repentino cambio de agente de Steve. Mick quería arruinarla. Ella no dejaría que eso sucediera. Y no dejaría que Gavin lo supiera. A menos que Gavin ya lo supiera. ¿Era esa la razón de que la invitara a quedarse con él, para poder mantenerla vigilada, mientras Mick le hacía daño a sus espaldas? Tal vez Gavin estaba hablando de ella con sus clientes del béisbol, también. Él sabía quiénes eran todos sus clientes. Tal vez era un esfuerzo de equipo entre los dos, y Gavin la estaba follando hasta quedar sin sentido para mantenerla fuera de equilibrio. ¿Demasiado paranoica, Liz? Era una idea ridícula. Por otra parte, se negaba a descartar nada. Este era su medio de vida, y haría lo que fuera para salvarlo. Había trabajado condenadamente duro para construir su negocio, para hacerse de un nombre. Haciendo a un lado sus sentimientos personales por Gavin, no dejaría que nadie la arruinara. Ella podría haber invertido su corazón en Gavin, pero destrozaría hasta su propio corazón para salvar su negocio.


Tomó el gel de baño y se frotó hasta que su piel se volvió rosa, luego se enjuagó el cabello y salió de la ducha, se secó y se puso un vestido de algodón, se peinó y decidió que no se molestaría en secárselo. Estaba agotada. Se puso un par de sandalias y salió en busca de Gavin. Él estaba en la terraza. La brisa fresca que llegaba desde el agua, junto con su pelo mojado, le hicieron sentir escalofríos en la piel. "Hey." Gavin se levantó de la silla cuando ella salió. "Tu cabello está mojado". "Estoy demasiado cansada para secarlo". "Ya regreso." Entró en la casa. Ella se encogió de hombros y se sentó en el columpio, puso los pies en el asiento y miró la oscuridad. Gavin regresó un minuto después con una manta. Apagó las luces del interior, lo que oscureció aún más el exterior. No había luna esta noche, así que no había luminosidad que se reflejara en el agua. Sólo el sonido del océano y sus propios negros pensamientos. Gavin colocó la suave manta sobre ella, y se sentó a su lado en el columpio. "Gracias". "Hace frío aquí afuera y tu pelo está mojado. ¿Quieres entrar?" "No. Me gusta estar aquí". "A mí también." Puso su brazo a su alrededor, y se sentaron allí, meciéndose y escuchando el océano, ambos en silencio. "¿Algo te preocupa?" La atrajo más cerca de él. Ella no quería estar cerca de él. Debió haber regresado a Saint Louis, pero algo la había traído de vuelta aquí. No tenía idea de lo que era.


Sabes exactamente lo que te trajo de vuelta aquí, idiota. Estás enamorada de él, y él probablemente te está utilizando. No, él definitivamente te está utilizando. Y probablemente te está tendiendo una trampa, también. Ella suspiró, sintiéndose estúpida. No se había sentido estúpida en mucho tiempo. Se había prometido que ningún hombre la haría sentirse de esa forma. Así que, ¿por qué estaba dejando que Gavin lo hiciera? "Simplemente han sido unos días muy largos." "¿Quieres hablar de ello?" "No realmente." Él jugó con las puntas de su cabello. "Elizabeth, si vamos a tener algún tipo de relación, tendrás que empezar a abrirte a mí." Ella se quedó inmóvil, y contuvo la respiración, temerosa de moverse. Él está jugando contigo. No confíes en él. "¿Es eso lo que estamos haciendo, Gavin? ¿Teniendo una relación?" "No lo sé. Te extrañé cuando no estabas. Así que tal vez la tengamos. Tal vez es lo que deseo". ¿La había extrañado? El gigantesco agujero en su corazón se llenó de anhelo y necesidad. Parte de ella quería acurrucarse al lado de él, abrazarlo, y decirle que lo amaba, que había estado enamorada de él durante años. La otra parte quería cerrar su corazón y correr como si la persiguiera el demonio. "No digas cosas que no quieres decir. Esto es sólo sexo". Él le acarició el brazo, dejando que sus dedos hicieran un sendero hasta su cuello. "No digo cosas que no quiero decir. No sobre esto, de todos modos. Realmente no sé qué es lo que hay entre nosotros. No tengo relaciones serias con las mujeres, pero en verdad te extrañé, así que estoy bastante seguro, de lo que sea que haya entre nosotros, se ha convertido en más que sexo. Pensé que te habías ido para siempre."


Sonaba tan sincero. Ella se echó hacia atrás y estudió su rostro, deseando que no estuvieran rodeados por la oscuridad total, para poder verlo mejor. "¿En serio?" "Sí. Pensé que te habías enfadado al haberte atado, y al pedirte que hablaras de tu pasado". "Oh. Eso. No. El sexo fue realmente bueno." Él se echó a reír. "Sí, el sexo entre nosotros es realmente bueno. Pero tiene que haber más." Ella miró hacia el agua, apenas notando las olas espumosas llegando hacia la orilla. "¿Más sexo?" Él hizo un gruñido con su garganta. "Estás tratando de matarme. No, no más sexo. Si vamos a llevar esto más lejos, entonces tiene que haber algo más que sexo." Ella arrugó la nariz. "Más conversación." "Sí". "Hablar está sobrevalorado". "Hablas como un hombre." "Es por eso que te gusto". "¿Porque eres un hombre?" Ella se rió. "No, porque no soy como el promedio de las mujeres". "No eres en absoluto como una mujer promedio, Elizabeth. No eres como ninguna otra mujer que haya conocido. Es por eso que me gustas. Eres complicada. Un enorme dolor en mi trasero la mayor parte del tiempo. Me frustras como el infierno. Y me gusta eso de ti. Pero no sé nada de ti, y eso sólo no funciona para mí." Ella movió los dedos por su barba de candado. "Ser misteriosa es sexy, ya sabes."


Él tomó su mentón entre los dedos y rozó sus labios con los suyos. Todo dentro de ella se apretó, mientras él tomaba su boca en un beso más profundo, que duró el tiempo suficiente para que ella pensara que quizá Gavin podría olvidarse de la conversación. Se inclinó hacia él, apoyando la palma de su mano en su pecho, y sintió su ritmo cardíaco acelerarse. Pero luego él se retiró. "Sí, ser misteriosa es sexy si se trata de una sola noche. Esta no es una aventura de una noche. Eres alguien a quien quiero llegar a conocer. Lo que significa que tendrás que comenzar a abrirte y empezar a decirme cosas." Una vez más, él se dirigía hacia un camino que ella no quería seguir. "Ya me conoces, Gavin. No es como si fuéramos extraños. Te di un paquete entero de información sobre mí cuando firmaste conmigo." Él la miró como si acabara de darle de comer mierda. Lo que en verdad había hecho. "¿Estás hablando en serio? ¿Tan tonto me veo?" "¿Qué?" "¿Se supone que saber tu portafolio de negocios es igual a conocerte? No estoy hablando de tu biografía, Elizabeth. Sé en qué universidad te graduaste y dónde hiciste tus prácticas profesionales. Sé en qué agencia de deportes estuviste en tus inicios. Pero no comenzaste a existir en la universidad. Quiero saber quién eras antes de esa fecha. Y si no confías en mí lo suficiente como para decírmelo…" "Está bien." Ella tiró de la manta sobre sus hombros, envolviéndola alrededor de sí misma, y puso su pelo en una cola de caballo improvisada. El viento se había levantado, pero el ambiente caprichoso, igualaba el suyo propio. "¿Qué quieres saber?" Él la acercó a su cuerpo y tiró de la manta sobre sus piernas. "Podrías comenzar por el principio. Quiero saber todo acerca de ti. Tú lo sabes todo sobre mí." Ella, en verdad, sabía todo sobre él. Su familia se había convertido su familia, durante los últimos cinco años, debido a que no tenía familia propia.


"Bien, veamos. Nací y crecí en Harrison, Arkansas. No tengo

hermanos ni

hermanas. Mi papá trabajaba como albañil, por lo que estaba entre trabajos. Mi mamá era secretaria, por lo que tenía un trabajo de tiempo completo. Siempre estaba trabajando. Yo fui a la escuela, saqué buenas notas. Tuve mucha suerte al conseguir una beca en Brown…" "Espera. ¿Ya estamos en la universidad? Te saltaste todo". "Mi infancia es bastante aburrida, Gavin. Fui a la escuela. No hay mucho que contar." "¿Tuviste amigos?" "Sí". "Cuéntame acerca de ellos." "Tenía un par de amigas. Vivían en la misma cuadra que yo. No se me permitía salir con ellas hasta el fin de semana, así que no llegué a…" "¿Por qué no?" "¿Qué?" "¿Por qué no las podías ver hasta los fines de semana?" "Oh. Mi padre no me lo permitía. Tenía quehaceres después de la escuela y era mi obligación hacer la cena. Luego tenía que hacer mi tarea escolar, por la noche." Él frunció el ceño. "Pero en el verano. . ." "En el verano tenía quehaceres durante el día. Y me envían mucho a la granja de mis abuelos, para que mis padres no tuvieran que preguntarse lo que hacía cuando mi papá estaba trabajando." "A una granja, ¿eh?" "Sí".


"Apuesto a que fue muy divertido." Sus labios se curvaron hacia arriba, al recordar aquellos tiempos en la granja, algunos de los mejores recuerdos, los únicos buenos, de su infancia. "Lo fue, en realidad. Mi abuelo me enseñó a conducir el tractor, y tenían caballos. Mi abuela me enseñó a hornear pasteles de…'" Él se enderezó y se volvió hacia ella, para mirarla. "¡Ajá! Sabes cocinar." Ella se rió. "Eso fue hace mucho tiempo, Gavin. No me acuerdo." "Eso dices. Apuesto a que podrías recordar. ¿Cuántos veranos pasaste en la granja de tus abuelos?" Ella inclinó la cabeza hacia atrás, tratando de recordar. "La primera vez que recuerdo haber ido allí fue cuando tenía más o menos cinco años. La última vez que fui tenía dieciséis." "Así que once años. Esos son un montón de años de hacer pasteles". Sus labios se elevaron. "Dieciséis fue hace mucho tiempo." Él se inclinó hacia atrás de nuevo, acercándose a ella para poder acariciar su cuello. "¿Me harías un pastel, Elizabeth?" Ella le dio un codazo en el hombro. "Estás loco. No se cocinar. Se supone que tienes que cocinar para mí, ¿recuerdas?" "Yo haré la cena si tú horneas un pastel." "Yo no cocino para nadie". "Pero vas a cocinar para mí, ¿verdad?" A veces era como un niño. Exasperante. Pero era una de las cosas que más le gustaban de él. "Hablaremos al respecto". "No, lo arreglaremos ahora mismo. Eres la gran negociadora. Tú me enseñaste eso. Sellamos el trato mientras está sobre la mesa."


"Bastardo. Y yo que pensaba que nunca me prestabas atención. Muy bien. Te haré un pastel. O trataré de recordar cómo se hace. Sin garantías. Podría terminar envenenándote." "Me arriesgaré. Bien, de regreso a tu niñez. Tenías que ver a tus amigas los fines de semana, ¿verdad?" "Sí. Tenía dos mejores amigas, Lindsey y Denise. Nadábamos en la piscina de Lindsey en el verano." "Parece divertido". "Lo era. Solíamos hacer todo juntas. A veces me quedaba dormir en sus casas, pero no muy a menudo." "¿Por qué no?" "Mi padre no me dejaba. Decía que mi lugar estaba en casa con mi familia." "¿Tu padre era estricto?" Ella soltó un bufido. "Eso es un eufemismo. Gobernaba nuestra casa con mano de hierro. Mi madre tenía que reportarle cada segundo de su vida. A dónde iba, lo que hacía, a quién veía. Dios no quisiera que no estuviera en su escritorio si a él se le ocurría llamar a su oficina. Tenían discusiones por aquello". "¿Por qué?" "Él tenía que estar en control. Toda su vida fue sobre controlar a la gente. La controlaba a ella, me controlaba a mí. El mundo dejaría de girar si no sabía lo que estábamos haciendo en cada momento del día. Es por eso que no trabajaba mucho. ¿Cómo podría trabajar y controlarnos al mismo tiempo?" Gavin no dijo nada. Maldita sea, ¿por qué le había ofrecido tanta información? Sólo había tenido la intención de hablarle de Lindsey y Denise, y de la diversión que habían tenido. Había querido mantener una conversación ligera. Pero, oh, no, había tenido que hablar de su padre.


"Siento lo de tu papá. Eso debió ser muy duro para ti". "Lo evitaba, lo desafiaba cuando podía." "¿Y tu madre?" Ella apretó los labios, decidida a no hablar al respecto. "¿Elizabeth? ¿Qué pasa con tu mamá?" "Ella hacía lo que él le decía, como el buen robot. Él le decía que debía estar en casa a una hora determinada, y lo hacía. Los productos enlatados debían estar organizados de una forma determinada en el gabinete, y lo estaban. Las toallas tenían que estar dobladas correctamente, o tenía que hacerlo una y otra vez, hasta que lo estuvieran. Ella no tenía amigos, porque, ¿Para qué los necesitaría cuando tenía que cuidar de él?, y Dios sabe que él era un trabajo a tiempo completo. Se suponía que debía pasar todo su tiempo con él." Él metió la mano bajo la manta y tomó su mano en la suya. "Lo siento. Esa no es vida para una niña. Debió haber habido mucha tensión en la casa." Ella se encogió de hombros, trató de alejar su mano, pero él no la soltó. "No fue tan malo. Me las arreglé bastante bien." "Suena como si hubiera sido una pesadilla." Ella no quería responder, pero algo la obligó. "Fue un infierno." "Pero sobreviviste. Y sabiendo quién eres ahora, apuesto a que él no pudo controlarte." Ella rió. "No, no pudo. No se lo permití. Él lo intentó, y lo logró cuando fui más joven, pero en el momento en que entré a la secundaria, estaba demasiado ocupado controlando cada segundo de la vida de mi madre y tuvo que elegir entre ella o yo." "Y la eligió a ella." "Sí". Suspiró. "Qué suerte la suya".


"¿Los ves alguna vez?" "Oh, claro que no. No volvería allí. Una vez que me fui a la universidad, eso fue todo. No volvería allí de nuevo." "¿No te preguntas al menos cómo estará tu madre?" Sus hombros cayeron. "Lo intenté, Gavin. Traté de alejarla de él, traté de conseguir que viniera a visitarme, porque desde luego yo no volvería allí. Ella se negó, dijo que papá la necesitaba y que no podía venir." "Así que lo eligió sobre ti." Acarició su cabello. "Lo siento, cariño." Ella reprimió las lágrimas que amenazaban con desbordarse. Habían pasado demasiados años desde que había llorado por lo que no podía cambiar. Nunca más. "Ella hizo su elección al quedarse con él y sus demandas. Ahora tiene que vivir con eso. Lo que no significa que yo tenga que hacerlo." "Así que, ¿Nunca regresaste después de irte a la universidad?" "No. Nunca. Era libre y no iba a volver. Tenía una beca completa, y trabajé durante mis años escolares. No tenía ninguna razón para regresar." "¿Y ellos no fueron a verte ni una sola vez?" "No. Estoy segura de que mi padre tenía miedo de que si mi madre saliera del Estado, se escapara de alguna forma y él la perdería. Estaba feliz de mantenerla en ese pequeño pueblo, y, obviamente, ella hacía lo que él le decía." "¿Nunca te ha llamado o escrito?" "Sí, claro. Me llamaba y me pedía que volviera a casa en las vacaciones o durante el verano. Lo que papá quería que me dijera. Después de que le dije no las veces suficientes, dejó de llamarme."


Él no habló durante un rato. Ella sabía lo que estaba pensando. "¿Crees que soy una puta sin corazón, porque abandoné a mi madre?" "Eso no es lo que estoy pensando en absoluto, Elizabeth. No se supone que fueras responsable de ella. Tus padres eran los responsables de ti." "Lo fueron. Me dieron de comer y pusieron un techo sobre mi cabeza. Recibí una educación decente y no fui víctima de abusos." Oyó su risa suave, e inclinó la cabeza para mirarlo. "¿Qué?" "Vamos. Eres inteligente, sin duda lo sabes." "¿Saber qué?" "Elizabeth, tu padre era un abusador". Ella sacudió la cabeza. "No, era un idiota y un controlador. Pero nunca nos pegó, ni a mi madre ni a mí." Gavin giró en el columpio para mirarla de frente. "Cariño, un abusador no siempre golpea. El abuso también es emocional. ¿No crees que eso fue lo que hizo tu padre al controlar a tu madre, y obligarla a vivir en lo que era, esencialmente, una prisión?" Hablar de eso la obligaba a volver a vivirlo, y no quería regresar allí nunca más, había jurado que no lo haría, ni siquiera mentalmente. Y esta noche, ya había pasado más tiempo allí del que nunca hubiera querido. Se quitó la manta y saltó del columpio. "Estoy cansada, Gavin. Tuve un largo día y un vuelo aún más largo, y realmente me muero por ir a la cama". Ella se alejó, sin mirar atrás para ver si él la seguía, sólo se dirigió hacia el dormitorio, se quitó el vestido, y se metió en la cama sin encender la luz. Tenía que cerrarse a todo exterior, para olvidar, para empujar el pasado al lugar que le correspondía, para que no pudiera volver y perseguirla otra vez.


A los pocos minutos Gavin se unió a ella, con su cuerpo helado por el aire frío del exterior. Envolvió los brazos alrededor a su alrededor y la apretó contra él. Ella se resistió al principio, pero él no la soltó hasta que relajó su cuerpo contra el suyo. Él no le pidió nada, no le dijo nada, sólo le acarició el cabello. El silencio y su respiración, finalmente la calmaron, y pudo cerrar los ojos. Pero no podía alejar los recuerdos. Nunca sería capaz de hacerlos desaparecer.


Capítulo Nueve Lluvia y viento golpeaban la terraza y las ventanas, con tanta fuerza que Gavin ni siquiera podía ver las sillas. La lluvia los mantendría encerrados. Lo que era malo. No habría juego hoy. Sin sol, no había nada que hacer, excepto permanecer en el interior. Eso podría ser bueno. Mientras Elizabeth dormía durante la mañana, Gavin fue a la tienda y compró comida. Tenía la intención de cocinar para ella, sintiéndose mal por haberla hecho hablar de un pasado que, obviamente, había sido doloroso para ella. Había tenido una infancia difícil. Una infancia muy dura con un padre que había abusado de ella y de su madre. Y aun así, había logrado escapar y convertirse en una mujer fuerte e independiente, lo que decía mucho de su fuerza y carácter. Él quería hablar más sobre aquello, pero estaba claro que ella no estaba lista todavía. Tal vez nunca lo estaría, y era su derecho decidir eso. Pero él la admiraba más por lo que ahora sabía sobre ella. Había facetas de Elizabeth, que él nunca había conocido, cosas sobre ella que lo hacían apreciar a la mujer en la que se había convertido. Había hecho todo por sí misma. A pesar de que el juego había sido suspendido por lluvia, aún tenía trabajo que hacer. Ejercicios con el entrenador y práctica de bateo bajo techo, con el entrenador de bateo. Dejó una nota para Elizabeth diciéndole dónde estaría, con la esperanza de que todavía estuviera allí cuando él volviera. Se fue la mayor parte del día. Había pasado horas y horas en entrenamiento físico, y después en la práctica de bateo, tratando de averiguar qué demonios le pasaba a su swing. El veredicto fue que no había nada malo con su swing. Como pensaba, era mental. Los aspectos prácticos estaban en su lugar, sólo tenía que conectar el bate con la bola. Y lo haría, tan pronto como la lluvia cesara y él tuviera la oportunidad de estar en la base y dar un swing con el bate de nuevo.


Tuvo que hacer unas cuantas entrevistas con los medios al final de la tarde, y puso fin a su día de trabajo y fue de regreso a su casa en la playa. No estaba seguro de por qué se sorprendió al encontrar el coche de Elizabeth en la entrada, pero estaba contento de que todavía estuviera allí. Al entrar, la encontró acurrucada en el sofá, con una humeante taza de algo en la mesa frente a ella, con las piernas entrecruzadas una sobre la otra y con su ordenador portátil en su regazo. Llevaba un vestido de tirantes y un suéter, tenía el pelo recogido en una cola de caballo, y no llevaba maquillaje. Se veía tan joven, casi como una adolescente, cuando levantó la cabeza y le sonrió. ¡Dios!, era hermosa. "Hola, cariño. ¿Cómo estuvo tu día?" Él sonrió y se dejó caer en el sofá junto a ella. "Grandioso. ¿Cómo estuvo el tuyo?" "Productivo, en realidad. No hay nada como un día de lluvia para ayudar a una a ponerse al día con el papeleo y las llamadas telefónicas. Trabajé bastante. ¿Y tú?" "Ejercicios, prácticas de bateo y algunas entrevistas. Estuve tratando de averiguar por qué no he estado bien en los últimos juegos." Ella frunció el ceño. "¿En serio? ¿Por qué?" Él se encogió de hombros. "No tengo idea. Mi swing está muy bien. Un bloqueo mental creo". Ella se inclinó y lo besó. "Demasiado sexo te debilita." "No he tenido sexo. Tú no estabas. Probablemente, ese sea el problema". Ella lo miró boquiabierta. "Oh. No sabía que éramos exclusivos". "Creo que ya había mencionado eso la primera noche tuvimos sexo." El arqueó una ceja. "Dime que no anduviste por ahí follando cualquier cosa con una polla, mientras estuviste fuera de la ciudad."


Ella rió. "Soy la de la sequía de dos años, ¿Recuerdas?" Puso la mano sobre su corazón. "Te he sido totalmente fiel." "Igual yo". Él movió la mano hacia la parte posterior de su cuello y acercó su boca para darle un beso abrasador, que hizo que su polla se pusiera dura en un instante. Dios, la había extrañado, había extrañado follarla la noche anterior. Pero anoche había necesitado que la abrazara, no que la follara. Ahora, sin embargo, mientras subía a su regazo y sus pechos se apretaban contra su pecho, Gavin sintió su calor y aspiró su olor, y no quiso esperar. La necesitaba. Ella era fuego en su sangre y estaba constantemente en su mente. Hacía que sus bolas se agitaran, y en todo lo que podía pensar era en hundirse en su interior. La movió, posicionándola debajo de su cuerpo, extendiéndolos a ambos en el sofá, para quedar sobre ella. Extendió sus piernas y colocó su polla contra su sexo, sintiendo la caliente humedad a través de su ropa interior y sus jeans. "Cinco días sin sexo, ¿eh?", Le preguntó ella, elevándose contra él, con una sonrisa maliciosa. "Ahora son seis. Me está matando". Ella movió los dedos por su barba de candado, y luego deslizó su mano por su pecho y entre ellos, tomando su dura erección. "Pobre bebé. Cómo debe estar sufriendo. Debemos ocuparnos de eso de inmediato". "Sí, debemos hacerlo. ¿Qué tal justo aquí?" Ella le dio a su pene un suave apretón. "Estoy acostada aquí, esperando que pongas esto dentro de mí. Estoy lista, Gavin. Estoy húmeda y mi vagina palpita. Fóllame". Él respiró profundo, se separó de ella sólo el tiempo suficiente como para levantar su vestido y quitarle las bragas y desabrochar y remover sus jeans, para luego regresar entre sus piernas, cayendo en sus acogedores brazos.


Su boca se encontró con la suya, al mismo tiempo que su pene se deslizaba en su interior. Al estar no llevar preservativo, la sintió, caliente y resbaladiza, apretándose a su alrededor, mientras él empujaba dentro de ella. Arremolinó la lengua en torno a la de ella, y ella envolvió la mano alrededor de su cuello, con los dedos hundiéndose en su pelo. Levantó sus caderas y apretó las piernas a su alrededor. Nunca había sentido algo parecido a las sensaciones que lo bombardearon al unísono. Su boca sobre la de ella, su polla dentro de ella, y todo su cuerpo apretado contra el de ella. Asió su vestido, tirando hacia abajo uno de los tirantes, para revelar su pecho. No llevaba sujetador. Eso le gustaba. Se inclinó y tomó el pezón en su boca, sintiendo que se endurecía contra su lengua, mientras lo chupaba. "Gavin", susurró ella, arqueando la espalda y empujando su pezón hacia su boca, todavía aferrando la parte trasera de su cabeza para mantenerlo allí. Su cuerpo era un movimiento fluido, mientras se movía contra él, y él se vio envuelto en una bola de tensión, listo para dispararse con un orgasmo que había aguantado todos esos días. Todo lo que había hecho era pensar en ella, en su aspecto, en cómo olía, en lo suave que era su piel. Sacó el pezón de su boca con un sonido húmedo, y lo miró, luego arrastró la lengua hasta su cuello y rozó su garganta con los dientes, observando su piel erizarse. Olía a vainilla, como galletas de azúcar, y le encantaba su sabor. Ella era como su caramelo favorito, duro en el exterior, pero con una sorpresa suave en el interior. Ella era su Elizabeth, y no creía que nadie la conociera como él. No creía que, alguna vez, dejara que alguien la conociera como él la conocía. Y eso la hacía un tesoro. Su tesoro. Se levantó apoyándose en ambos brazos y la miró. Ella era dolorosamente hermosa sin su maquillaje, con el cabello suelto de su cola de caballo, todo desordenado y perfecto. Se elevó y la penetró, mirando sus ojos mientras giraba sus caderas sobre ella, para frotar su clítoris.


Ella podría guardar secretos de las partes dolorosas de su vida, pero allí, cuando estaban conectados, no había secretos. Estaba completamente abierta a él y le dejaba ver su placer, lo mucho que disfrutaba del sexo, lo mucho que disfrutaba lo que él le hacía. Ella envolvió los brazos alrededor de su cuello. Él la atrajo hacia arriba. Sus piernas todavía estaban envueltas alrededor de sus caderas, mientras encontraba su ritmo, moviéndose contra él, montando su polla mientras equilibraba los pies en el borde del sofá, aferrada a él, y meciéndose contra él, llevándolo hasta el borde tan rápido, que tuvo que retroceder para no alcanzar el clímax. Pero ella no lo soltó. Apretó su agarre sobre su cuello y montó su polla, haciendo rodar su coño sobre él, frotando su culo contra sus bolas, hasta que el sudor corrió por su rostro. Él se aferró a su trasero entonces, asiéndola con fuerza para levantarla y hacerla descender a su alrededor. "Sí, así," dijo ella, manteniendo su mirada en sus ojos, mientras los de ella se tornaban de color verde oscuro. "Hazme correrme contigo, Gavin". Él hundió los dedos en las mejillas de su culo y la levantó, más y más rápido, subiendo y bajando sobre su polla. "Sí. Córrete, nena, córrete sobre mí." Cuando ella se apretó a su alrededor y vio su mandíbula caer, se dejó ir, empujándose dentro de ella con la fuerza de su orgasmo. Ella gritó y se corrió, y las convulsiones alrededor de su polla se intensificaron, enviándolo a una espiral fuera de control. Envolvió sus brazos alrededor de ella y dejó que su orgasmo rasgara a través de él. Ambos se estremecieron, el uno contra el otro, mientras él vertía todo lo que tenía en ella, hasta que sus miembros temblaron y quedó sin aliento y agotado. Acarició su espalda, le besó el cuello, y la abrazó, sin querer dejarla ir. "Me muero de hambre", dijo ella sobre su pecho. Él se echó a reír. "Menos mal que fui a la tienda de abarrotes esta mañana."


Se separaron, se limpiaron y vistieron, y Elizabeth levantó la taza de la mesa de café, haciendo una mueca. "Está frío ahora. Supongo ya no beberé café. ¿Qué tal un cóctel? ¿O quieres que nos vistamos y salgamos a comer?" "Te haré la cena esta noche. Compré vino blanco. Irá bien con la cena." Ella se detuvo en su camino a la cocina y se volteó, arqueando una ceja. "¿En serio? ¿Significa eso que tengo que hacer un pastel?" "No. Estaba bromeando sobre eso." Ella le dirigió una mirada dudosa. "De acuerdo". Lo miraba como si no le creyera, pero él entró en la cocina para preparar la cena. Elizabeth sirvió las copas de vino y se sentó ante el mostrador, observándolo sacar sartenes e ingredientes. "¿Qué cocinarás?" "Salmón a la sartén, con salsa de crema y espinacas con pasta”. Ella se rió. "No, en serio. ¿Qué vas a cocinar?" Él le redirigió una mirada. "Eso es realmente lo que haré." "Estoy sorprendida. Y estaré muy impresionada si no me envenenas." Él se echó a reír. "Te prometo que no lo haré". Puso agua a hervir, después vertió mantequilla en una sartén y añadió un trozo de salmón. Mientras se cocinaba, sacó la espinaca, la lavó, y ralló la cáscara de un limón. "Parece que sabes lo que estás haciendo". Él le sonrió y tomó un sorbo de vino. "Ya te he dicho que sé cocinar."


"Lo hiciste, ¿cierto?" Una vez que el salmón estuvo hecho, lo dejó a un lado, colocó más mantequilla en la sartén y arrojó la espinaca. Una vez que las espinacas se ablandaron, añadió la ralladura de limón y un poco de crema, y lo agitó con una mano mientras bebía su vino con la otra. Elizabeth inhaló. "Gavin, eso huele muy bien. ¿Qué puedo hacer para ayudar?" "¿Estás segura de que quieres ayudar? No quiero que arruines tu prohibición de No cocinar." "Ja, ja. ¿Qué necesitas que haga?" Le dio las instrucciones para el pan con ajo, por lo que ella se ocupó de cortar el pan y prepararlo. Puso la mesa mientras él metía el pan en el horno. Para entonces, ya era hora de desmenuzar el salmón y añadirlo a la sartén con las espinacas y la crema. Él ya había añadido la pasta al agua hirviendo. Todo se movía a un ritmo acelerado, tal y como a él le gustaba. Elizabeth se acercó por detrás de él y envolvió los brazos a su alrededor. "Un hombre que cocina. Nunca podré dejarte ir. ¿Te alquilas para fiestas?" Él dejó la cuchara en la cocina, se dio la vuelta, y la besó a fondo, asegurándose de que entendiera lo mucho que aún la deseaba. "Depende del plan de pagos." Sus mejillas tenían un color rosa brillante, y él no creía que tuviera nada que ver con la estufa caliente. "Oh, creo que definitivamente podré satisfacer tus demandas de pagos." Él le dio una palmada en el trasero, y ella se quitó de su camino, mientras vaciaba la pasta y añadía perejil al salmón y las espinacas en la sartén. Mientras se calentaba, sacó el pan del horno, puso un poco de pasta en los platos, y colocó la crema, las espinacas y el salmón sobre la pasta, terminando con un poco de perejil fresco. Llevó los platos a la mesa donde Elizabeth ya había servido el vino.


Esperó a que ella diera el primer bocado. Sus ojos se cerraron y los sonidos de aprobación que murmuró lo hicieron sonreír. "Santa mierda, Gavin. ¿Estás seguro de que no preferirías ser chef? Esto es fantástico." "Gracias. Me gusta comer, pero no siempre me gusta comer afuera. Te dije que mamá es una buena cocinera e insistió en que aprendiéramos a valernos por nosotros mismos." Ella se llevó otro bocado a la boca. Hizo más sonidos placenteros. Eso le gustaba. "Valerte por sí mismo es tirar un bistec o una hamburguesa en la parrilla. Esto es cocinar. Los hombres no cocinan de esta forma." Él tomó un bocado, disfrutando de haberla complacido con su cocina. "Este hombre lo hace." Ella agitó su tenedor hacia él. "Eres de una raza extraña, Gavin Riley. No le digas tus secretos a muchas mujeres, o estarán alineadas en masa para casarse contigo." "¿Tú crees?" "Diablos, sí. Eres guapo, jugas en las Ligas Mayores de Béisbol, lo que significa que eres un atleta, eres millonario, y ¿También, puedes cocinar? Las mujeres se desmayarían. Debería conseguir que algunos medios de comunicación difundieran fotos tuyas en la cocina." Él comió, mirando las ruedas en su cabeza girar. Sus ojos se ampliaron, y él supo que los engranajes habían hecho clic en su lugar. Mierda. "Oh, Dios mío, la publicidad sería fantástica. Podríamos explotar el ángulo de la cocina, tal vez conseguir que aparezcas en algunos de los programas de cocina, y en algunos de los programas matutinos, porque ellos explotarían eso. ‘El atleta que sabe cocinar’". Ella tomó un bocado más y se lo comió.


"¿Qué más sabes cocinar?" Él arqueó una ceja. "¿Por qué?" "Bueno, ¿Son más cosas de lujo como ésta?" "Esta no es una comida de lujo, Elizabeth. No me llevó mucho tiempo cocinarla." "No importa. Se ve elegante y sabe increíble. Así que dime qué otra cosa puedes hacer." Él no le hizo caso. Tenía hambre, así que terminó su comida, bebió su vino, y comió pan de ajo, luego se sirvió una segunda porción. Mientras tanto, Elizabeth tomó su laptop y comió al mismo tiempo que escribía notas. "Dime otra vez, ¿cuál es el nombre de este plato?" "Salmón a la sartén en salsa de crema y espinacas, con pasta". Ella escribió, y luego lo miró, por encima de su computadora portátil. "Ahora dime qué más puedes hacer." Él suspiró, empujando su plato a un lado. "Pasta a la carbonara, Pollo al limón con salsa de mango, Fajitas de filete con arroz a la española, Pollo a la parmesana. Puedo hacer un montón de cosas, Elizabeth. Ni siquiera recuerdo la mitad de ellas." Ella lo miraba con los ojos muy abiertos. "¿En serio? Eso es grandioso. Podríamos hacer un libro de cocina. O incluso un programa de cocina." "No." "¿Qué? Sí". "No. Yo no cocino para ganarme la vida. Juego béisbol". "Puedes hacer ambas cosas. ¿Estás bromeando? Las mujeres se volverán locas por ti. Esto vendería entradas como nada más lo haría. Te haré famoso".


"Que yo cocine no venderá boletos de béisbol. Eso no tiene sentido". "Por supuesto que sí. ¿Ves?, es por eso que yo estoy a cargo de tus relaciones públicas y no tú. Simplemente no captas la conexión." "Porque no hay conexión. Y no, no seré tu jugador de béisbol que cocina." "Pero…" "No, Elizabeth." "Gavin. . ." "No." Ella inhaló, y luego exhaló un enorme suspiro dramático. "Bien". Cerró la computadora y llevó su plato al fregadero. Gavin se echó hacia atrás y terminó su copa de vino, observándola volcar sus frustraciones sobre las ollas y sartenes. Era linda cuando no se salía con la suya. La dejó despotricar en la cocina por un rato, y luego fue hacia ella con su plato y la ayudó a terminar de lavarlos. Ella no le habló o lo miró, lo que significaba que o bien, estaba enojada, o preparándose para la segunda ronda. "¿Qué haces durante la temporada baja?" La segunda ronda. "Vengo aquí a pescar, paso el rato en casa. Voy a ver a mis padres. Veo algunos de los juegos de Mick. Me relajo". Ella tomó la toalla y se secó las manos. "¿Cocinas?" Sus labios se elevaron. "Sí. Cocino". "¿Solo o con tu mamá?"


Él soltó un bufido. "Ya no necesito cocinar con mi mamá, Elizabeth. Soy un chico grande y puedo manejar la estufa por mí mismo." "Eso no es lo que quise decir. ¿Pruebas nuevas recetas junto a tu mamá? ¿Ella te ayuda, o haces nuevos platos por tu cuenta?" "Paso solo una buena parte de la temporada baja, así que sí, cocino solo. ¿Por qué?" Ella dobló la toalla y la colgó en el tendedero. "No hay una razón". Por supuesto que había una razón. Pero no iba a preguntarle más, porque no quería alentar su estúpida idea hacer algo promocional con él u su cocina. No iba a suceder. "¿Lizzie?" Ella se volvió hacia él. "¿Sí?" "Deja esa idea. Lo digo en serio." Ella levantó un hombro. "Está bien. Seguro. Si eso es lo que quieres." "Es lo que quiero. Cocino porque es divertido y me relaja. No quiero explotarlo." Ella asintió. "Entendido, Gavin". Por algún motivo, no creía que realmente lo entendiera. Elizabeth con una idea era como un perro con un hueso de carne. Una vez que se aferraba a ella, nada haría que la soltara. Y eso le preocupaba.


Capítulo Diez El sol salió de nuevo y los juegos de béisbol se reanudaron. Elizabeth se alegró de poder salir de la casa. Siempre había odiado estar encerrada. Incluso en Saint Louis, salía bajo la lluvia o la nieve, si tenía que hacerlo. Ahora que la pretemporada estaba en pleno desarrollo, en realidad disfrutaba de la multitud y de la atmósfera de los juegos. En los últimos días, los Rivers habían jugado en otras ciudades, lo que significaba que Elizabeth se había quedado en la casa de la playa, mientras Gavin viajaba. Eso le había dado tiempo para recobrar el aliento y hacer algo de trabajo. Hoy era el primer día de los Rivers, de regreso en su estadio. Gavin había llegado a casa tarde la noche anterior. Ella había estado dormida. La había despertado al meterse en la cama para hacer el amor con ella. A no le había importado en absoluto. De hecho, despertar con sus cálidas manos y su boca sobre ella, llevándola al orgasmo antes de estar totalmente despierta, había sido una sorpresa increíble. Él se había deslizado en su interior mientras ella aún estaba en su clímax, y la había follado con un ritmo lento y perezoso, besándole el cuello, susurrándole que la había extrañado, hasta que ambos se corrieron, y se quedaron dormidos envueltos en los brazos del otro. Ella podría acostumbrarse a tenerlo a su alrededor. Era un pensamiento peligroso. Se sentó con Shawnelle y Haley, y vio el partido. Bueno, tenía su computadora portátil encendida y la cara enterrada en esta. Pero en realidad, le prestaba mucha atención a cada aspecto del juego. Gavin no sabía eso. No tenía sentido darle más impulso a su ya saludable ego. Él ya tenía su corazón. No quería darle su alma. "Es bueno verte de regreso", dijo Shawnelle. "Gavin ha estado jugando mucho mejor ahora que su amuleto de la suerte está de nuevo a dónde pertenece."


Elizabeth apartó la mirada de las declaraciones de pérdidas y ganancias y la posición de Gavin en la primera base, y la dirigió hacia Shawnelle, frunciendo el ceño. "¿De qué estás hablando?" "Oh, todo el mundo sabe que eres el amuleto de buena suerte de Gavin" Dijo Haley, inclinándose desde el lado izquierdo de Shawnelle. "Él estuvo jugando terriblemente cuando te fuiste esos pocos días, la semana pasada. Regresas y ¡puf!, de repente su bateo mejora." Elizabeth se echó a reír. "No creo que mi presencia tenga mucho que ver con su promedio de bateo". "Ajá." Shawnelle deslizó las gafas de sol por su nariz y miró a Elizabeth. "Cariño, tienes todo que ver con la manera en la que ese chico juega a la pelota. No estamos ciegas. Vemos cómo levanta la mirada para ver si estás prestando atención o no. Así que saca la cabeza esa computadora y míralo. Hazle saber que lo estás apoyando." "Oh, lo estoy apoyando. Y definitivamente estoy prestando atención. Solo que no quiero que él lo sepa." "¿Cómo?", La expresión confundida de Haley le dijo a Elizabeth que la chica no sabía nada de juegos de poder. "Si él me ve completamente pendiente de cada una de sus jugadas, entonces pensará que es mi dueño. Ya es bastante malo que haya accedido a quedarme aquí durante la pretemporada. No puedo darle todo." Shawnelle arqueó una ceja. "Me parece que ya los has hecho, ¿no? Estás enamorada de él, ¿verdad?" Elizabeth miró a su alrededor, contenta de que nadie más estuviera sentado cerca de ellas. "No". "Mentirosa. Hasta yo puedo verlo, y no soy la chica más inteligente del mundo", dijo Haley.


Elizabeth suspiró. "No eres para nada tonta, Haley. Y, Shawnelle, tú eres un dolor en el trasero." Shawnelle sonrió. "No es la primera vez que me lo han dicho. Estoy en lo cierto, ¿no?" "Sí." Ella bajó la mirada hacia su computadora portátil. "¿Durante cuánto tiempo?" "Cinco años." Levantó la mirada hacia Shawnelle y Haley. "Él no lo sabe". "Por supuesto que no. Los hombres son obtusos. Tienes que golpearlos en la cabeza con una sartén para conseguir que se den cuenta de las cosas". "Yo le propuse matrimonio a Tommy porque él era demasiado tímido para pedírmelo, aunque sabía que me amaba y quería casarse conmigo. Es tan tonto como una vaca." Elizabeth resopló una carcajada. "¿Qué dijo él?" "Dijo que estaba pensando cómo pedírmelo." Haley hizo rodar los ojos. "Imaginé que para cuando que me lo propusiera, ya estaría muy vieja para tener relaciones sexuales. Fue bueno que tomara las cosas en mis propias manos." "Menos mal", dijo Shawnelle. "Y hablando de eso, ¿Cómo están. . . las cosas entre ustedes?" Los ojos de Haley se abrieron ampliamente, y sus labios se extendieron en una diabólica sonrisa. "Genial. Después de esa noche en la pista de baile, tuvimos algo de sexo caliente. Luego hablamos, y él realmente se abrió sobre lo que le gusta y me preguntó qué me gustaba, y bueno. . . solo digamos que la presa cayó y todo ha sido muy caliente desde entonces." "Eso es excelente", dijo Elizabeth, muy feliz por Haley. "Tienes que mantener encendidos esos fuegos de lujuria".


"Lo haré". Haley abanicó su cara con el programa del juego. "Y en lo que respecta a ti y Gavin, cariño, si lo deseas, tienes que ser honesta con él. Dile lo que sientes." "No creo que eso funcione para mí." "¿Por qué no?", Preguntó Shawnelle. "Nuestra situación es complicada". "Tonterías. Solo tienes miedo." Ella se rió. "Eso también. Pero lo voy a pensar. Puede ser que sólo tome un poco de tiempo". Centró su atención en el juego, y eso hizo que Shawnelle y a Haley dejaran de hablar acerca de Gavin. Comprobó sus estadísticas, y su promedio de bateo en verdad se había desplomado hasta el sótano, durante los pocos días en que había estado fuera de la ciudad. Tan pronto como estuvo de regreso, había bateado casi todas las bolas que le lanzaban. Interesante. Dudaba seriamente de que hubiera alguna correlación, sin embargo. Elizabeth no creía en la suerte. Los jugadores que manejaba, tenían éxito en sus respectivos campos, porque eran buenos en lo que hacían. La suerte no tenía nada que ver en ello. Si Gavin había jugado mal, debió ser por algún problema técnico con su bateo. Si había comenzado a jugar mejor cuando ella regresó de Saint Louis, había sido pura coincidencia, porque ella no era el amuleto de la suerte de nadie. "Vamos a hacernos las uñas después del partido. ¿Quieres venir?", Le preguntó Shawnelle. ¿Cosas de chicas? ¿Con ellas? No era algo que Elizabeth hiciera. Pero, le gustaban estas mujeres, y era la primera vez para ella. No tenía amigas, no podía relacionarse con las mujeres para nada. Pero había algo en Shawnelle y Haley que la hacía sentir cómoda.


"Por supuesto. Yo invito el almuerzo." “Así se habla, cariño. Dejaremos tirados a los hombres y tendremos una tarde de chicas". Shawnelle sacó su teléfono celular. "Le enviaré un mensaje a Dedrick, y él puede avisarle a Tommy y a Gavin." "Conozco un gran spa", dijo Haley. "Llamaré y haré una cita para las tres." Elizabeth sonrió. "Suena absolutamente perfecto." Le envió un mensaje de texto a Gavin y le dijo lo que haría, a pesar de que Shawnelle le había dicho que Dedrick se lo comentaría. Era sólo que se sentía mejor al decírselo ella misma. Para el momento que llegaron al spa, él le había respondido el mensaje, diciéndole que pasara un buen rato. Ella tenía la intención de hacer exactamente eso. El spa era celestial, privado y deliciosamente decorado en cremas y beiges. Fueron atendidas y mimadas por sus propios asistentes personales. Las sentaron en sillas contiguas durante sus pedicuras y manicuras, y Haley las hizo reír histéricamente con historias de su vida en su pueblo, de su niñez y de las chicas con las que había ido a la escuela, que pensaban que lo mejor que podían hacer era quedar embarazadas antes de graduarse de la secundaria. "Se los digo, era como un concurso entre esas chicas, para ver quién se embarazaba en primer lugar. Los pobres chicos no sabían ni qué los había golpeado. Los más inteligentes dejaban a las chicas tan pronto como les era posible y le ofrecían su apoyo al niño. Los tontos se casaban con ellas." Elizabeth estaba consternada. "¿Esos eran sus planes a largo plazo? ¿Bebés y matrimonio?" Haley asintió. "Así es. Y enloquecieron cuando les dije que eso no era lo que yo quería. En ese entonces, ya estaba saliendo con Tommy, y él era mayor que yo. Pensaban que debía quedar embarazada para que se casara conmigo. Él me amaba y quería casarse conmigo, pero no queríamos que quedara embarazada. Fui a Planificación Familiar y conseguí algunos métodos anticonceptivos. No habrá


bebés para mí por un largo tiempo. Primero quiero un título universitario, y quiero ser autosuficiente. No quiero tener bebés en este momento." "Sabía que había una razón para que me gustaras, Haley" Dijo Shawnelle. "Tienes cerebro. Así es como yo lo hice. Fui a la universidad, me enamoré, me casé, tuve una carrera, después tuve a mis bebés. Y todavía tengo una carrera." "No sé cómo te las arreglas para hacerlo todo", Le dijo Elizabeth a Shawnelle. "Eres abogada. Tu esposo juega Béisbol de Ligas Mayores, y aquí estás apoyándolo, además de tener dos hijos menores de seis años." Shawnelle sonrió. "Tengo una familia maravillosa, que me apoya. Ambos la tenemos. Su madre está cuidando a los niños ahora, para que yo pueda estar aquí por un par de semanas y disfrutar de unas pequeñas vacaciones. Cuando regrese a Saint Louis, será hora de volver al trabajo. Y cuando Dedrick viaja y yo tengo que trabajar, mi mamá, su mamá y mi tía nos ayudan con los niños. No podría hacerlo sin ellas. Tenemos mucha suerte de que él fuera seleccionado en la ciudad donde viven nuestras familias." "Eres muy afortunada de tener esa maravillosa familia." "Créeme, lo sé. Ellos me han permitido tenerlo todo. Un hombre, los niños, y una carrera." "La familia de Tommy es grandiosa", dijo Haley. "Mi familia es horrible. No estoy segura de lo que haremos cuando tengamos niños. Sé que la madre de Tommy moverá cielo y tierra para estar donde estemos, para poder estar cerca de nuestros hijos, por lo que sé ella estará allí para ayudarnos. Pero para eso falta mucho tiempo, así todavía no voy a pensar en ello." "¿Y tú, Elizabeth?", Le preguntó Shawnelle. "¿Piensas en el matrimonio y los hijos?" Elizabeth bajó la mirada hacia las uñas de sus pies, que estaban siendo pintados de un hermoso color rosa. "Wow, miren nuestra uñas. ¿No son bonitas?" "Evasora".


Ella sonrió hacia Shawnelle. "Soy una experta en eso, de hecho". Después del spa, Elizabeth las llevó a un bar - restaurante de moda. Se había hecho tarde, y todas estaban sedientas y tenían hambre. Ordenaron comida y margaritas, aunque las margaritas resultaron ser mucho más divertidas que la comida. Para el momento que su almuerzo, a pesar de que estaban más cerca de la hora de la cena, llegó, ya iban por su segunda ronda de margaritas, y Elizabeth sentía cada una de ellas. Su piel hormigueaba, tenía los labios entumecidos, y se reía de todo lo que las mujeres decían. Pero su burrito sabía a cielo, y se las arregló para darle algunos bocados, aun cuando había perdido su apetito, ya que ahora se estaba bebiendo el almuerzo. O la cena. La camarera les trajo otra jarra de margaritas, y Elizabeth se volvió hacia Haley. "Está bien, háblanos sobre el sexo, Haley". Los ojos de Haley se ampliaron y sonrió. "Es tan maravilloso, ahora que estamos hablando de ello. ¿Quién hubiera imaginado que todo lo que teníamos que hacer era decirnos el uno al otro nuestros gustos y deseos? Tommy pensaba que yo era tímida, y yo pensaba que él era ignorante sobre el sexo. Una vez que rompimos el hielo, resultó ser un animal sexual en la cama, y les aseguro que no tengo ningún problema en decirle cómo lo quiero. Y él no tiene ningún problema en darme exactamente lo que le pido." "¡Woo-hoo!", Dijo Shawnelle, levantando su copa. "Un brindis por el sexo grandioso y un hombre que sabe qué hacer con su polla." Elizabeth se rió y levantó su copa. "Voy a brindar por eso." "Así que háblanos de tu vida sexual, Elizabeth. Normalmente eres muy cerrada en lo que se refiere a Gavin." Tomó un largo trago de su margarita, volviendo a llenar el vaso. "Mmmm. Es bueno. Realmente bueno. Tiene unas manos maravillosas. Una lengua con mucho talento. Y una polla condenadamente impresionante. Su resistencia está fuera de este mundo. No estoy segura de saber qué haré conmigo misma cuando ya no


estemos juntos. Estuve en una sequía sexual durante tanto tiempo, que es como si no pudiera tener suficiente ahora. He caído tan fácilmente en este patrón de compartir la casa en la playa con él, de dormir con él, de follar con él." Haley apoyó el mentón en las manos y parpadeó, con una expresión soñadora en el rostro. "Suena hermoso". "¿Por qué se tiene que terminar?", preguntó Shawnelle. Elizabeth se encogió de hombros y levantó su copa. "Porque tiene que hacerlo. Sólo estamos jugando a la casita, ¿saben? No es serio." "¿No lo es? ¿Quién lo dice?" "Nosotros. Yo. No lo sé. Simplemente no lo es." "Es algo serio para ti, muñeca, ¿no es cierto? Y lo ha sido por años." Elizabeth rió y tomó un trago. "Bueno, sí, pero él no lo sabe. Y nunca lo hará." Haley arrugó la nariz y levantó su copa vacía. Elizabeth trató de concentrarse en llenarla, a pesar de que parecía haber dos copas delante de ella. Era muy posible que estuviera borracha. "Creo que deberías decirle lo que sientes por él", Dijo Haley. "Oh, no. Eso sería malo. Si le dijera lo que siento, tendría poder sobre mí. No puedo darle el poder." "Tonterías". Dijo Shawnelle, señalando con el dedo a Elizabeth. "¿Ves?, ese es el problema con los hombres, las mujeres y las relaciones. Mierda. Reacciones. Maldita sea. Con las relaciones. Ahí, ya lo pude decir. Mentiras, juegos y poder. Deberías tratar de ser honesta. De comunicarte con él". Inclinó la cabeza hacia Haley. "Mira lo bien que le fue a Haley con la comunicación. Ahora tiene relaciones sexuales muy buenas." "Yo ya estoy teniendo buen sexo."


Shawnelle resopló. "Sabes lo que quiero decir, señorita. No trates de evadir el punto. Soy una abogada". "Sí, pero eres una abogada borracha." "Es cierto." Shawnelle vació su copa y la volvió a llenar. Elizabeth le pidió a la camarera otra ronda, después sacó su teléfono para llamar a Gavin. Él respondió al primer timbrazo. "Hola. ¿Divirtiéndote?" "Así es. Estoy muy borracha, sin embargo. ¿Crees que puedas pasar por Bernards y recoger a tres mujeres en apuros y llevarnos a casa?" Él se echó a reír. "Estoy en camino. No conduzcan." Ella hizo un saludó al teléfono. "Sí, señor." "Lo digo en serio. Estaré allí en unos veinte minutos." "Gracias, Gavin. Te amo." Cerró el teléfono y levantó la mirada hacia Shawnelle y Haley. "Llamé a Gavin. Él nos llevará a todas a casa. Estamos borrachas, ¿sabéis?" Los ojos de Haley se abrieron como platos. "¿Lo estamos?" Elizabeth asintió. "Totalmente". Haley se cubrió la boca con las manos. "Eso es tan divertido". "Hey, chica borracha", dijo Shawnelle, palmeando suavemente la mano de Elizabeth. "¿Qué?" "Le acabas de decir a Gavin que lo amas, por teléfono." Ella frunció el ceño. "No lo hice".


"Sí. Lo hiciste. Te escuché", dijo Haley. "¿Lo hice?" Shawnelle asintió. "Lo hiciste." Elizabeth soltó un bufido. "Eso es condenadamente divertido. Te apuesto que se desmayó de la impresión. Menos mal que la camarera está trayendo otra ronda. La persona que viene por nosotras podría retrasarse". "¿No estás preocupada?", preguntó Haley. "¿Sobre qué?" "Por decirle a Gavin que lo amas." Ella agitó la mano. "Cariño, estoy borracha. Cualquier cosa que dices cuando estás borracho es una mierda y no significa nada. Él no creerá nada de eso." Shawnelle le dio una mirada de reojo. "Ajá". Elizabeth sonrió cuando la camarera llegó, tan condenadamente feliz de estar borracha, para poder olvidarse de lo que le había dicho a Gavin. "Oh, miren, señoras, ¡Margaritas!"


Capítulo Once Borrachas era una subestimación. Gavin pensó que el gerente de Bernards lo besaría cuando saliera con Elizabeth, Shawnelle, y Haley. De hecho, oyó sus voces, tan pronto como atravesó la puerta. Se reían. En voz alta. Estaban haciendo todo con voces altas y agudas. Hablar. Gritar. Cantar. Maldecir. Se preguntó si él y sus amigos serían tan molestos cuando estaban borrachos. Probablemente. Elizabeth chilló y echó los brazos a su alrededor cuando lo vio, y luego le dio besos por toda su cara. Definitivamente estaba borracha. Lo que probablemente explicaba el “Te amo" que le había dicho por teléfono. Las declaraciones ebrias de amor no contaban, por lo que les había restado importancia por estar carentes de sentido. Se desprendió de lo que parecían ser ocho brazos a su alrededor, metió a las mujeres en su coche, ayudándolas, y llevó a Shawnelle y a Haley primero a su casa. Ya les había dado a Tommy y a Dedrick, un aviso de antemano, por lo que lo estaban esperando afuera cuando se detuvo frente al hotel donde ambos se alojaban. "Mujer, no tienes sentido común", dijo Deed con una sonrisa y sacudió la cabeza. "No, pero me amas de todos modos.", Shawnelle rió, mientras Dedrick la sacaba del coche. Tommy sólo recogió a Haley y la llevó en brazos, ya que se había quedado dormida durante el trayecto. "Gracias hombre", dijo Dedrick, por encima del hombro. "No hay problema."


Subió al coche y se dirigió a la casa de la playa, obligado a escuchar el tono desentonado de Elizabeth, cantando con la radio encendida, durante todo el camino. Él bajó el volumen, decidiendo que hablar era una mejor opción. "Así que, ¿Se divirtieron?" Ella sonrió. "Nos divertimos muchísimo. Nos bebimos algunas copas, ya sabes". Sí, lo sabía. El olor a tequila llenaba su coche. "En serio. ¿Sólo unas pocas?" Ella se rió y se quitó los zapatos. "Está bien, muchas". Comenzó a cantar de nuevo, inclinándose para aumentar el volumen de la radio. Era algo bueno que Elizabeth le gustara tanto, porque no podía cantar una mierda. Se estacionó en la entrada, pero antes de que pudiera quitarse el cinturón de seguridad, ella ya había abierto la puerta y saltado afuera, dejando sus zapatos y bolso olvidados. Caminó por un lado de la casa y desapareció en la oscuridad. Dios mío. Él tomó su bolso y los zapatos, entró por la puerta principal, dejó las cosas, se dirigió a la parte de atrás. Ella estaba en la terraza, despojándose de su ropa. Sólo tenía puestos el sujetador y las bragas, y verla así en su terraza, estaba haciendo que su polla se endureciera. Enfocó su atención en su cara. "¿Qué estás haciendo, cariño?" "Desnudándome." "Ya lo veo. ¿Por qué?" Ella se volvió hacia él y le sonrió de manera perversa. "Quiero bañarme desnuda en el mar."


Él no pudo evitar sonreír. Era realmente linda cuando estaba ebria. Tonta y sin sentido, pero linda. "No creo que nadar borracha en el océano sea una buena idea." "Sola, por supuesto que no. Pero tú estarás conmigo para evitar que me ahogue." Se desabrochó el sostén y lo agitó hacia él, después lo dejó caer al suelo. Tenía un buen punto. Lo mismo que sus pezones. "¿Y? ¿Vas a desnudarte y bañarte desnudo conmigo?" "¿Sabes lo frío que está el mar en la noche?" "No seas cobarde. Yo calentaré tu polla y testículos cuando regresemos al interior. Después me podrás follar." Se quitó las bragas y se quedó desnuda delante de él, con las manos en las caderas. Él suspiró, se quitó la camisa y dejó caer sus pantalones cortos. La mirada de Elizabeth se dirigió a su polla, ya semi erecta ante la idea de llevarla a la cama más tarde. Debería estar avergonzado de sí mismo, pensando en tomar ventaja de ella en su estado de embriaguez. Por otra parte, el agua fría la pondría un poco sobria. Ella rió y se volvió, haciendo una línea recta hacia el agua. Él corrió tras ella, adelantándola con facilidad. Llegó al agua antes que ella y se zambulló. Ella saltó para entrar al agua, con las olas golpeando su cuerpo y derribándola. Gavin estaba allí para levantarla, y ella se mantuvo a flote salpicando agua y riendo. "Mierda, esta fría." "Te lo dije."


Ella lo salpicó con agua, y luego se aferró a él, cuando otra ola se precipitó sobre ellos. Sus piernas se envolvieron alrededor de las suyas, y él se hundió en la arena del fondo para mantenerlos estables mientras el agua los golpeaba. Ella rió, mientras se mantenían allí, con el agua hasta la cintura, recibiendo los embates de las olas. "¿Crees que esto es divertido? Hace mucho frío aquí. Mis pelotas están del tamaño de una nuez". Ella lo besó. "Ya te dije que las haré entrar en calor cuando regresemos al interior. Esto es vivir, Gavin". "Esto es congelarse, Elizabeth. Tus pezones están congelados y puyando mi pecho". Ella los frotó contra él, inclinando la cabeza hacia atrás, y arrastrando su pelo contra el agua. "Se siente muy bien." "Estás entumecida y no siente nada. Te haré pagar por esto." "Ja. No lo harás." Se empujó lejos de él y flotó sobre las olas. Obviamente estaba disfrutando, riendo y actuando como una niña. Le gustaba verla así, con la guardia baja y libre, aunque se hubieran necesitado varias jarras de margaritas para conseguir que se relajara. Y estaba obviamente acalorada por el tequila. Él no. Se estaba congelando y ya había tenido suficiente. La tomó en sus brazos. "Está bien, sirena del océano, es tiempo de darnos una ducha caliente antes de que mi polla se congele y se caiga." Ella levantó la cabeza y centró sus ojos, un poco nublados, en él. "Si insistes." Él la sacó del agua y la llevó hacia la casa, donde depositó su cuerpo, mojado y goteando sobre el piso de su cuarto de baño. Abrió la ducha y trató de no temblar mientras el agua se calentaba, y luego la metió al interior y la siguió.


El agua caliente nunca se había sentido tan bien. Su cuerpo estaba helado, pero ella se apoyó contra la pared y sonrió, mientras él le lavaba la sal del mar de su pelo, lo enjuagaba, y le ponía acondicionador. Luego enjabonó su cuerpo. Ella al menos era dócil, girando de cualquier forma que él le decía que lo hiciera. "¿Estás lista para salir? ¿Crees que puedas secarte y llegar a la cama mientras me lavo?" En vez de eso, ella tomó el jabón de sus manos y levantó su mirada a la suya. "No estoy lista para irme todavía. Date la vuelta y deja que te lave". Él no iba a discutir. Le dio la espalda, y ella le frotó el jabón. Había algo en sentir sus manos sobre su cuerpo, incluso si era sólo sobre su espalda, que lo ponía duro. Tal vez era la cercanía de estar en la ducha juntos, o el calor y el vapor del agua, o el hecho de que sus dientes ya no estaban entrechocando. Y tal vez era sólo Elizabeth, quien reemplazó sus manos sobre su espalda con sus pechos, mientras se movía contra él y ponía los brazos a su alrededor para frotar el jabón sobre su pecho y estómago, con sus pechos enjabonándole la espalda, mientras ella se deslizaba hacia atrás y hacia adelante. Cuando sus manos serpentearon más hacia abajo, él descendió la mirada para ver los ríos de jabón llegando a su muy duro pene. "Date la vuelta, Gavin". Él tomó el jabón de sus manos, lo puso en el estante, y dejó que el rociador de la ducha lo limpiara. Luego se volvió y tomó la boquilla, separándola de la base para quitar todo el jabón de sus pechos, usando sus manos para eliminar las burbujas de sus pezones. Ella se rió. "Eso hace cosquillas". Él dirigió el rocío sobre su vientre y entre sus piernas. Ella levantó la mirada hacia él. "Eso no hace cosquillas. Se siente bien". "¿Te masturbas con el rociador de la ducha?"


Ella asintió. "Es un orgasmo fácil. Rápido y fuerte cuando tengo prisa." Su polla se movió. Volvió a colocar el rociador en su lugar, luego se volvió y deslizó la mano entre sus piernas. Ella jadeó. "Rápido y duro, ¿eh? ¿Es así como te gusta?" Ella gimió y se aferró a sus hombros, mientras él frotaba su coño. "A veces, cuando realmente necesito correrme". Él puso su otro brazo alrededor de ella, luego deslizó dos dedos dentro de su coño, sin dejar de frotar su clítoris con la mano. "Y en este momento, ¿realmente necesitas correrte, Elizabeth?" "Es en todo lo que he pensado desde que llegamos, desde que pude tocarte." Él sacó los dedos y la empujó contra la pared, cayó sobre sus rodillas y levantó una de sus piernas, colocándola por encima de su hombro, para extenderla ampliamente para él. Ella tenía el coño más hermoso que jamás había visto. Hinchado, con labios jugosos y un lindo mechón de vello rojo cubriendo su sexo. Estaba brillante por la humedad, y él no podía esperar a degustarla. Tomó su trasero con las manos y la atrajo hacia su boca, deslizando la lengua por los labios de su coño. "Oh, Dios, Gavin. Sí, eso se siente tan bien". Él le lamió el clítoris, poniendo su boca sobre ella, y chupó su capullo, haciendo rodar la lengua sobre éste. Ella empujó la pelvis contra él, pidiéndole más, sin emitir palabra. Él movió su lengua, desde su clítoris hasta su vagina, lamiéndola toda. El agua caía en cascada por su vientre y sobre su sexo, lavando su boca mientras la devoraba. Él se preguntó si eso aumentaba las sensaciones. Esperaba que así fuera, porque quería hacerla enloquecer, mientras la hacía correrse. Deslizó un dedo dentro de ella, bombeando adentro y afuera, arremolinó la lengua sobre su clítoris, y sintió su coño apretar su dedo. Añadió otro y otro, y cada vez su coño se apretaba más, sus gemidos se hicieron más fuertes y golpeó la pared con sus manos.


"Maldita sea, Gavin", exclamó. Él mantuvo el enfoque de su lengua alrededor de su clítoris, lamiéndola con golpes incesantes, mientras follaba su coño con los dedos, cada vez con más fuerza. "Oh, Dios, voy a correrme. Chupa mi clítoris." Él se aferró a su clítoris y lo succionó fuertemente, mientras su coño se constreñía alrededor de su dedo, y ella se estremeció por la fuerza de su orgasmo. Gritó, con sus dedos hundiéndose en su cabello, mientras se recuperaba. Él se levantó, levantó su pierna sobre su cadera, y se introdujo en su interior, mientras ella aún estaba experimentando su clímax. Ella gritó, y él la besó, bebiéndose sus gritos mientras bombeaba en su coño, que todavía convulsionaba. Dios, ella estaba estrecha, aun corriéndose, cuando él la llevó a otro clímax. Sus ojos se abrieron, y clavó las uñas en sus hombros y le mordió el labio, gimiendo al correrse. Mierda. Mierda. Era tan bueno sentirla apretar su polla mientras se corría nuevamente. Sintió su propio orgasmo llegando hasta él, y se aferró a su culo, meciéndose contra ella, mientras explotaba en su interior. La besó profundamente, con su lengua sobre la de ella, sus gemidos mezclándose con los de ella, cuando su clímax lo golpeó con una fuerza devastadora que casi lo dobló, y lo dejó sudando y jadeando. Apoyó la frente contra la fría pared de azulejos de la ducha. Elizabeth estaba laxa contra él cuando se retiró y los enjuagó, y luego cerró el chorro de agua. La guió para salir de la ducha y le secó el pelo y el cuerpo. Ella estaba agotada, sus ojos no eran más que rendijas. Él la levantó y la llevó a la cama, metiéndola bajo las sábanas. Se acostó a su lado, los cubrió con las mantas, y se deslizó detrás de ella. Ella movió su trasero contra su entrepierna y masculló algunas palabras de felicidad. Así era exactamente cómo él se sentía.


Feliz. Con Elizabeth. 多Y no eran esas se単ales de peligro, sonando en su cabeza?


Capítulo Doce Elizabeth tenía en la mano una taza de café y el vaso de jugo de naranja más grande que jamás hubiera visto. ¿De quién había sido la brillante idea de tomar tantas margaritas? Suya, probablemente. Ugh. Este era un buen momento para un auto-recordatorio de los males del alcohol y por qué muy pocas veces se sobrepasaba. ¿No se suponía que las amigas deberían cuidarte e impedirte hacer estupideces como ésta? Por lo que recordaba, Shawnelle y Haley, sus socias en el crimen, habían ido con ella en este viaje. Al menos, la consolaba el hecho de que probablemente estaban sufriendo tanto como ella esta mañana. Sacó su teléfono para comprobar si tenía mensajes. Había uno de texto de Gavin. El juego es temprano hoy. No quise despertarte. No te preocupes por estar allí. Entenderé si la sirena tiene resaca. Hice que te llevaran el coche, también, en caso de que lo necesites. Nos vemos más tarde. G. ¿Sirena? Frunció el ceño, tratando de recordar. . . Oh. La inmersión en el mar la noche anterior. Sonrió, recordando cómo había consentido en su estúpida idea de ir a bañarse desnudos. Apostaba a que su polla y testículos no habían apreciado el frío chapuzón. Por otra parte, no tenía ningún problema en absoluto, para recordar su caliente coito en la ducha, así que, obviamente, él no había sufrido los efectos perjudiciales de nadar en el océano helado. Leyó su mensaje de texto de nuevo. Y otra vez. Entonces se dio cuenta de que estaba suspirando por su mensaje como si se tratara de una carta de amor. Parecía una estúpida niña de secundaria. Disgustada, lanzó el teléfono sobre la mesa y tomó el vaso de jugo de naranja, tomando varios tentativos sorbos.


Su estómago, aunque un poco revuelto, decididamente aceptaría el jugo de naranja, por lo que bebió más, luego tomó su taza de café y dio varios tragos de cafeína. Fue a la cocina y se hizo un par de huevos y unas tostadas. Después de comer se sintió inmensamente mejor, aunque se veía terrible. Haberse ido a la cama con el cabello mojado y sin peinarse había tenido resultados desastrosos. Tomó otra ducha, se arregló el cabello y se puso algo de maquillaje. Bebió otra taza de café y abrió su laptop para hacer algo de trabajo. Hizo algunas llamadas y perdió la noción del tiempo. Su teléfono sonó mientras estaba escribiendo una carta. Era Shawnelle. "Hey, ¿por qué no estás aquí?", Preguntó Shawnelle. "¿Dónde es aquí?" "En el juego, tonta." "Oh. Hoy estoy trabajando." "Tonterías. Tienes resaca y Haley y yo estamos aquí sufriendo solas, en este calor." "No, en realidad me siento bien. Estaba trabajando y perdí la noción del tiempo." "Bueno, a tu chico no le va tan bien hoy. Necesita a su amuleto de la suerte. Mueve el trasero y ven para acá." Elizabeth se echó a reír. "No soy su amuleto de la suerte. Puede jugar muy bien sin mí." "No, no puede. Están al final de la cuarta, y él no ha anotado. Además, necesito compasión. Me siento como el infierno." Ella puso los ojos en blanco. "Está bien. Estaré allí en media hora." Se vistió y se dirigió al campo de juego, encontró a Shawnelle y a Haley escondidas debajo de sombreros flexibles y oscuras gafas de sol.


"¿Se siente bien hoy?", preguntó, mientras se sentaba en el lugar que habían hecho entre ellas. "Tú deberías saberlo", se quejó Haley. "Todo es culpa tuya." "No me culpes. No te puse la copa en la mano. Ni me bebí sola esas tres jarras." Shawnelle gimió y apoyó la cabeza en sus manos. "No me lo recuerdes." "Entonces, ¿cómo van?", Preguntó Elizabeth. "Están abajo por dos carreras en la sexta", dijo Haley. "Pensamos que quizá tu presencia podría iluminar a Gavin, que está bateando como una mierda hoy." Elizabeth soltó un bufido. "Probablemente porque estuvo levantado hasta tarde atendiendo a su ebria compañera de casa." "A su novia", dijo Shawnelle. "¿Qué?" "Eres su novia. No una compañera de casa. Ni una compañera de habitación. Novia". "No soy su novia." "¿En serio? Entonces, ¿qué eres?" "Su agente". Haley resopló. "Estás durmiendo con él. ¿Haces eso con todos tus clientes?" "Por supuesto que no." "Entonces no eres solamente su agente, ¿verdad?" "Ustedes Hacen que me duela la cabeza. Denme un descanso, ¿sí? Gavin y yo solo estamos pasando un buen rato juntos. Nada más."


"Puede que lleve gafas oscuras, pero confía en mí, mis ojos están rodando hasta la parte de atrás de mi cabeza " dijo Shawnelle. "¿Irás realmente tan lejos en la negación?" "Sí. Ahora veamos el partido, porque eso es lo que vine a hacer aquí." De hecho, en su prisa por salir, había olvidado de traer con ella su computadora portátil, así que estaría obligada a prestar toda su atención al juego. Maldita sea. Los Rivers estaban al bate, y Gavin se puso en el círculo de la base, a la espera de su turno. Abanicó el bate unas pocas veces para calentar, y luego buscó en la multitud, la vio, y sus labios se levantaron en una sonrisa. Y su cuerpo se calentó. Le devolvió la sonrisa. Estás colada por él, Elizabeth. Era realmente patético cuan feliz era estar junto a Gavin. Y lo mucho que iba a dolerle cuando decidiera que se había aburrido de ella y le diera de patadas hasta la acera. Era el turno de Gavin al bate. Había dos corredores en las bases, con un out. Elizabeth juntó las manos y se inclinó hacia adelante, cuando el primer lanzamiento fue ejecutado y el árbitro lo cantó como bola. Elizabeth contuvo el aliento durante el segundo lanzamiento. Gavin bateó y lanzó una falta hacia la derecha. Una bola, un strike. Ella tragó, deseando haberse comprado una bebida fría antes de sentarse. El tercer lanzamiento fue alto, también fue bola. Gavin bateó el siguiente lanzamiento, en corto hacia el jardín central. Elizabeth se levantó y gritó. Gavin corrió y llegó a la primera base. El corredor en segunda base anotó, y el corredor en la primera base tuvo que quedarse en segunda. Pero Gavin había empujado una carrera. Elizabeth, Shawnelle, y Haley se abrazaron y chillaron, mientras Gavin tomaba una buena distancia de la primera base y parecía que podría escapar del lanzador. Dedrick tenía el turno al bate.


"Oh, Dios, van a intentar un doble robo, ¿verdad?" "Probablemente", dijo Shawnelle. "Dedrick hará un strike, si eso significa que Gavin y José pueden avanzar". "O Dedrick podía batear un jonrón y poner tres carreras más en el marcador." Shawnelle sonrió. "Bueno, sí, eso estaría bien. Pero me voy por el doble robo, y luego mi bebé puede hacerlos anotar esas dos carreras. Cualquiera de las dos formas funcionan para mí." "Para mí también". El lanzador mantenía su atención en Gavin, enviando unos cuantos lanzamientos a la primera base para evitar que Gavin se alejara mucho de la base. Gavin era rápido, sin embargo, y regresaba a la base sin ningún problema. Tan pronto como el lanzador se dio vuelta con su atención puesta en Dedrick, concentrándose en su lanzamiento, Gavin y José corrieron, hundiéndose en la tierra y corriendo como el infierno. El lanzador se volvió y disparó la bola hacia la segunda base. Elizabeth contuvo la respiración durante los noventa pies de distancia restantes. José se deslizó hacia la tercera base, y Gavin llegó a la segunda. Ambos estaban a salvo y la multitud estalló en aplausos. Elizabeth, Shawnelle, y Haley gritaron, saltando arriba y abajo, y se abrazaron otra vez. Ella quería llorar y no creía haber estado alguna vez, más emocionada al ver un partido de béisbol de pretemporada. Esto iba a arruinar su reputación como una fría y controlada agente. Y cuando Dedrick conectó una línea hacia la esquina del jardín izquierdo y ambas carreras llegaron a home, estuvo segura de que no tendría voz al final del juego, porque gritó sin parar hasta que Dedrick llegó a la segunda base, con una amplia sonrisa en su rostro.


Ahora estaban tres a dos a favor de los Rivers, y para el momento que la entrada terminó, dos carreras más se habían anotado. Los Rivers terminaron ganando seis a tres. Elizabeth estaba agotada por el sol, los gritos, y su resaca. Sabía que Gavin estaría ocupado, así que se fue a la casa de playa para terminar sus asuntos de trabajo. Desafortunadamente, una vez que se posó sobre el sofá, se quedó profundamente dormida. Cuando se despertó, la casa estaba oscura. Desorientada, encendió la lámpara de la mesa al lado del sofá, y tomó su teléfono para comprobar la hora. Eran las 8 de la noche. Había dormido tres horas. Se pasó los dedos por el pelo, se levantó, y fue a la cocina para servirse un vaso de té helado. Llevó el vaso a la terraza, esperando encontrar a Gavin sentado allí. No estaba. Sorprendida, se dirigió al dormitorio y al baño, pensando que podría estar dormido o duchándose, pero no estaba allí, tampoco. Ah. Tal vez había salido con los chicos después del partido. Se encogió de hombros y volvió a salir a la terraza para tomarse su té. Miró el teléfono, pero no había ningún mensaje de Gavin. Bueno, él no le debía nada. No tenía que estarse reportando con ella. No eran una pareja. ¿No le había estado diciendo eso a todo el mundo? Sin embargo, él siempre le dejaba mensajes haciéndole saber a dónde iba y donde iba a estar. Entonces, ¿por qué nada ahora? Ella esperaba que volviera a casa después del juego. Bueno, realmente no esperaba eso de él, pero podría haberle avisado si se iba a otro lugar, sólo para que no se preocupara por él. Volvió a entrar y tomó su ordenador portátil para hacer algo de trabajo, pero se quedó mirando el teléfono, disgustada consigo misma por su propia debilidad. Maldita sea. Había sabido que eso sucedería, que llegaría a esto sí dejaba que su corazón se inmiscuyera con Gavin. Ahora revisaba su teléfono cada cinco minutos, con la esperanza que le lanzara alguna migaja de pan.


Iba a pasar demasiado tiempo pendiente de Gavin y no dejaría casi nada para sí misma, que era lo que normalmente hacía. Su carrera era vital para su felicidad. No algún hombre. Sabía lo que centrarse en un hombre, amarlo, podía hacerle a una mujer. Podía hacer que una mujer perdiera todo el sentido de sí misma, podía cambiar su carrera, su enfoque y la inclinación de sus prioridades. Había llegado el momento de alterar su trayectoria, y dejar de preocuparse por Gavin de otra forma más que como uno de sus clientes. Necesitaba pensar en lo que era mejor para su carrera, porque eso sería lo mejor para la carrera de ella. Y lo que era mejor para su carrera, definitivamente no era ella. Ya todo el mundo pensaba en ella como su novia, lo que arruinaría su imagen una vez que comenzara la temporada. Gavin Riley fuera del mercado era una sentencia de muerte para sus relaciones públicas. Gavin tenía una reputación como una figura de primera base y como un sexy, chico soltero, que promocionaba varios productos, y salía con muchas chicas. No había salido con varias chicas en los últimos tiempos. Había estado saliendo con ella. Sólo con ella. Con nadie más que con ella. Ella no era buena para su imagen. Un montón de sexys y jóvenes mujeres lanzándose sobre él eran muy buenas para su imagen. La diversión y los juegos se habían terminado. Ya era hora de volver a los negocios. A su negocio. Lo que ella más quería y necesitaba tener como prioridad en su vida. Su trabajo nunca le haría daño. Y como se estaban desarrollando las cosas al perder a Mick y ahora a Steve Lincoln, jugar a la casita con Gavin era lo último que debería estar haciendo. Dedicar tiempo a sus clientes debía ser una prioridad. Conseguir que Blane McReynolds firmara con Tampa Bay en la primera ronda de la Selección debería ser una prioridad. No se había centrado en su trabajo, porque había estado demasiado ocupada jugando con Gavin.


Eso tenía que acabar. Ahora. Buscó en Internet las líneas aéreas y encontró un vuelo de regreso a Saint Louis temprano a la mañana siguiente. Podría conducir hasta Miami, quedarse en uno de los hoteles del aeropuerto, y estar lista para su vuelo por la mañana. Lo que significaba que tendría que hacer las maletas y salir de ahí de prisa, sólo en caso de que Gavin estuviera en camino de regreso a la casa. No quería enfrentarse a él, no quería tener una conversación con él acerca de su partida. Empacó, se cambió de ropa, y arrojó las maletas en el coche. Mientras merodeaba cerca de la puerta, decidió en el último segundo, dejar una nota para él. No un mensaje de texto debido a que era demasiado inmediato. Cuando llegara a casa, vería la nota. Apretó la cerradura de la puerta y tiró de esta para cerrarla, subió a su auto y apretó el volante entre sus manos. "Estás haciendo lo correcto. Primero tu carrera. Siempre lo primero." Nunca dejes que un hombre tenga poder sobre ti, Elizabeth. "Maldita sea, mamá", dijo mientras retrocedía por el camino de entrada. Era una lástima que su madre nunca tuviera la fuerza para tomar su propio consejo.

****** Gavin, Tengo que regresar a la oficina. La Selección de Fútbol tendrá lugar pronto y necesito centrarme en algunos acuerdos. Además, es tiempo de que vuelva al trabajo. Ha sido divertido. E. ¿Divertido? ¿Eso era todo? ¿Qué diablos era esta mierda de nota?


Gavin arrugó la nota de Elizabeth y la lanzó a través de la habitación, enojado consigo mismo por estar enfadado porque ella se hubiera ido. No tenía idea de qué demonios la había hecho huir esta vez, pero estaba cansado de preguntárselo. O de que le importara. Ella estaba en lo cierto. Había sido divertido. Eso era todo lo que había sido. Se dirigió a la nevera y tomó una cerveza, irritado con el dueño del equipo por haberlos obligado a todos a quedarse para una maldita reunión de tres horas, inmediatamente después del juego, que lo había absorbido toda la noche. Y había dejado su teléfono en su casillero, por lo que no había podido llamar a Elizabeth o enviarle un mensaje de texto para decírselo, ya que era un estúpido esclavo de la tecnología y no se sabía de memoria el número de teléfono de ninguna persona, excepto el de sus padres, y sólo porque habían tenido el mismo número de teléfono por cuarenta años. Obviamente, eso no habría importado, ya que ella decidió abandonarlo. Una vez más. Muy bien. No la necesitaba en su vida. La temporada regular estaba a punto de comenzar, y tenía que estar preparado para ella. El béisbol era en todo lo que tenía que pensar en ese momento. Era momento de centrarse en el juego. No en Elizabeth.


Capítulo Trece Elizabeth observó el casco central de la ciudad de Saint Louis, desde su oficina en el piso veintisiete. El sol brillaba sobre el río Mississippi. Los remolcadores navegaban por el fangoso río, y el sol se reflejaba en el acero del Gateway Arch3, casi cegándola. Ya era hora de que el condenado sol saliera, después de dos semanas de lluvia constante. Justo a tiempo para la semana de apertura de la temporada de béisbol, también. Al menos eso haría felices a algunas personas. No a ella. Pero si a algunas personas. Luminoso y soleado en el exterior. Oscuro y de mal humor en el interior. Con un suspiro, se alejó de la ventana y caminó por su oficina, mirando el reloj de su portátil a la espera de la llamada de un cliente potencial, el jugador profesional de la NFL Jamarcus Daniels. Los rumores decían que el agente de Jamarcus estaba en caída libre, financieramente hablando, y Jamarcus estaba listo para liberarse de él, lo que significaba que todos los agentes deportivos, habían estado cortejando a Jamarcus durante la pasada semana, incluyendo a Elizabeth. Había volado a Cleveland para reunirse con él y su esposa, los había llevado a cenar, tomaron vino, hablaron de sus términos, y se había ofrecido a representarlo. Tenía un muy buen presentimiento sobre ese chico. Parecía sincero y genuino, y su esposa era muy dulce. Elizabeth había puesto todos sus argumentos sobre la mesa, le dijo lo que podría hacer por su carrera y le aconsejó que no esperara demasiado tiempo antes de hacer el cambio. Rod Franklin, su agente actual, estaba en muy graves problemas financieros, debido a algunas arriesgadas estrategias de inversión. Estaba perdiendo clientes muy rápidamente, y los tiburones estaban nadando alrededor. Elizabeth debía saberlo, porque ella era uno de los tiburones esperando tomar algunos de los clientes de Rod. 3

El Gateway Arch o Gateway to the West, es el monumento más conocido en St. Louis, en el Estado de Missouri. Es el monumento hecho por el hombre, más alto de los Estados Unidos.


Mostrar debilidad podría destruir a un agente deportivo, y Rod estaba sangrando considerablemente. Su tiempo en la industria había terminado, y él lo sabía. Lo mejor que podía esperar, era ser capaz de pagar sus impuestos a tiempo el próximo año, porque ya era seguro que perdería a cada uno de sus clientes. No era su problema. Los negocios eran los negocios, y sólo los fuertes sobrevivían. Se sentó en su escritorio y comprobó su correo electrónico, emocionada al ver un email de Jamarcus. "Hijo de puta." Le daba las gracias por haberse reunido con él, decía un montón de cosas bonitas sobre ella, y luego le decía que había firmado con la Agencia Davis. ¡Mierda! Empujó su ordenador portátil y se puso de pie, pateó la silla a través de la habitación, se cruzó de brazos y miró de nuevo por la ventana. Otra pérdida suya que se sumaba a la Agencia Davis. ¿Qué demonios era lo que Don Davis les ofrecía a esos chicos, como incentivo para que firmaran con él de todos modos? Ya eran dos los clientes que había perdido por él. Tres si contaba a Mick, quien también estaba con Davis ahora. Mick. Se preguntaba si Mick tendría algo que ver con todo esto. Tan enojado como había estado con ella, por el asunto de Tara, no descartaría que tratara de sabotear su agencia. Mick era un nombre muy importante, ya establecido, y una gran cantidad de atletas lo seguían, dejándose influir por quién era su agente. Las estrellas deportivas de éxito, recibían grandes ofertas debido a quienes los representaban, y los jugadores inteligentes sabían quiénes eran esos agentes. Elizabeth tenía muchos nombres importantes en su lista de clientes, pero no había duda de que el despido de Mick le había hecho daño, todavía lo hacía, lo que se evidenciaba por la pérdida de Steve y Jamarcus, por la Agencia Davis.


Maldita sea. Odiaba sospechar de Mick, pero sus sospechas la habían mantenido en la cima del juego durante los últimos diez años. No había alcanzado el éxito siendo ciega. Estaba casi segura de que Mick y Don Davis estaban trabajando juntos a sus espaldas. Tomó el teléfono y pulsó el botón de su asistente, Colleen. “¿Sí?" "Consígueme la lista de clientes de la agencia Davis, Colleen." "Sin problema." Se dio la vuelta y miró por la ventana, extrañando Florida y la diversión que había tenido allí. Echaba de menos a Gavin, también. Por otra parte, así era como siempre había sido en el pasado, por lo que estaba acostumbrada. Se había mantenido a distancia de Gavin para proteger su corazón, y luego había bajado la guardia, se había permitido acercarse a él, y se había acostumbrado a tenerlo a su alrededor. Un gran error, y no volvería a ocurrir. Era mejor mantener su relación con Gavin en el plano profesional. No había oído ni una palabra de su parte, desde que le dejara aquella nota. No es que ella lo hubiera esperado. Probablemente ya se había cansado de que estuviera allí con él y no había podido encontrar la forma de pedirle que se fuera. Era bueno que ella fuera inteligente y perspicaz, y supiera cuándo era el momento de empacar sus cosas e irse. Inhaló, suspiró y volvió a su escritorio y a su papeleo, enterrándose en su trabajo para no tener que pensar. Su asistente llamó aproximadamente una hora más tarde. "Tyler Anderson está al teléfono", dijo Colleen.


Las cejas de Elizabeth se elevaron. Tyler Anderson era un jugador premier de hockey sobre hielo de los Ice de Saint Louis. Y no era uno de sus clientes. "Gracias, Colleen." Tomó el teléfono. "Habla Elizabeth Darnell." "Srta. Darnell, soy Tyler Anderson. Juego con el equipo de hockey sobre hielo de los Ice de Saint Louis." "Sé quién eres, Tyler. ¿Qué puedo hacer por ti?" "En primer lugar, puedes llamarme Ty. En segundo lugar, mi agente es un idiota". Elizabeth sonrió, la adrenalina corrió a través de su sistema, mientras se sentaba en su escritorio y revisaba las estadísticas y biografía de Ty Anderson. "¿Supongo entonces que estás interesado en cambiar de agente y trabajar conmigo?" "Sí. Eddie Wolkowski dijo que eras una buena agente y que deberíamos hablar". Hizo una nota mental para enviarle a Eddie, uno de sus clientes y otro jugador de hockey sobre de los Ice, una botella de su whisky favorito. "Es muy amable de su parte decirlo." "¿Podemos organizar una reunión?" Abrió su calendario. "A tu conveniencia." "Quiero hacer esto pronto. Ya mandé a volar a mi agente". Hizo los arreglos para reunirse con Ty, luego colgó y giró en su silla. Finalmente, las cosas estaban empezando a mejorar. Ty era un jugador estrella, y aún mejor, según descubrió cuando Colleen le llevó la lista de clientes de la agencia Davis, Ty Anderson estaba con la Agencia Davis. Sería buenísimo robárselo a Don Davis, debido a que Davis había estado haciendo su mejor condenado esfuerzo para hacerla sangrar hasta dejarla seca, durante los últimos seis meses. Ya era hora de que comenzara a recibir alguna retribución.


****** La semana de apertura de la temporada, nunca dejaba de hacer que Gavin se sintiera como un niño. Sin importar cuántos años llevara jugando al béisbol, todavía tenía seis años, y las imágenes, sonidos y olores del estadio de su equipo, todavía lo llenaban con la emoción que había sentido cuando su padre lo había llevado a ver jugar a los Rivers por primera vez. Había tenido los ojos muy abiertos para observarlo todo, desde la magnitud del estadio, hasta el olor de los perritos calientes y de las palomitas de maíz, y los gritos ensordecedores de los aficionados. Se había enamorado del béisbol ese primer día, y la emoción nunca lo había abandonado. No importaba si estaba sentado en los asientos viendo un partido, o de pie en la primera base, listo para fildear una pelota. El amor por el juego estaba en su sangre, y nunca se cansaría de él. Ponerse el uniforme era un honor, uno que no se lo tomaba a la ligera. Sabía cuan duro trabajaban los jugadores para llegar a las Grandes Ligas, sabía que pocos lo lograban y cuán fácil podía perderse ese privilegio, por lo que saboreaba cada minuto que se le permitía jugar, ya que todo podía desaparecer con una lesión importante o una pérdida de habilidad. Hasta aquí todo iba bien, sin embargo. La pretemporada había terminado bastante bien para los Rivers, a pesar de que Gavin no había bateado tan bien como había pensado que debía hacerlo. Su juego no había sido consistente. Había perdido la concentración en algún momento en la mitad de la pre-temporada, y esperaba recuperarla ahora que la temporada había comenzado. "¿Vas a mirar tu casillero durante toda la noche, o crees que puedas mover el trasero y jugar algo de béisbol?" Gavin levantó la mirada hacia Dedrick. "Estoy canalizando mi energía". Dedrick se apoyó contra los casilleros, con el guante bajo el brazo. "Tal vez tu energía está en algún lugar de tu trasero, y es por eso que no la encuentras." Gavin resopló. "Es probable".


"O tal vez tu bonita novia pelirroja, se la llevó, cuando dejó de asistir a los partidos de la pretemporada". Gavin no quería pensar en Elizabeth. "Ninguna mujer ha influido en mi juego." Tomó su protector. "Tengo toda la energía que necesito justo aquí." Dedrick se echó a reír. "Sí, eso es lo que todos decimos, hasta que una mujer nos pone de rodillas." "El hecho de que te haya ocurrido, no quiere decir que me ocurra a mí, hermano." Gavin se levantó y siguió a Dedrick por el largo pasillo, hacia la caseta. "¿Estás listo?" Dedrick tocó con su guante el de Gavin. "Claro. Listo para que esta temporada se ponga en marcha. ¿Y tú?" "Ya lo sabes." "Entonces vayamos a jugar a la pelota y patear el trasero de Milwaukee." ****** "Entonces, Gavin Riley es uno de tus clientes, ¿verdad?" Elizabeth se sentó en la platea del propietario con Ty, su nuevo cliente. Él quería ver el partido, y ella quería impresionarlo, por lo que había conseguido asientos en la platea del dueño del equipo, ya que Clyde Ross y ella, el propietario de los Rivers, eran cercanos. Era importante para ella estar en términos amistosos con los dueños de los equipos. No demasiado cercanos, sino lo suficiente para que las negociaciones siguieran su camino y sus clientes obtuvieran buenos contratos. Los propietarios confiaban en ella, porque sabían que no los perjudicaría. Ella no les llevaría jugadores llenos de drogas o esteroides, o los que solo estaban interesados en convertirse en la siguiente estrella de acción del cine. Ella representaba jugadores que se tomaban su deporte muy en serio.


Razón por la cual había pasado varios días en reuniones a puerta cerrada con Ty Anderson, antes de firmar con él. Había revisado sus antecedentes y su historial de juego, quería asegurarse que no hubiera esqueletos en su armario, y luego lo había golpeado con algunas preguntas difíciles y le había hecho saber que no toleraría tonterías. Tenía que ser serio acerca de jugar al hockey y permanecer en el deporte. El dinero era grandioso, pero como le decía a todos sus clientes, no era sólo por el dinero. Tenían que amar su deporte. Luego de pasar varios días con Ty, estaba convencida de que vivía, respiraba, y comía hockey, que era justo lo que le gustaba en un cliente. Habían firmado los papeles el día anterior. "Sí, Gavin es uno de mis clientes." "Es condenadamente bueno en la primera base. Yo jugaba en primera base cuando era niño. También jugué fútbol. Mi posición era Tight End." Elizabeth levantó su copa de vino y tomó un sorbo, estudiando a Ty. "Eres un poco esquizofrénico sobrelos deportes, ¿no?" Ty se rió, con un sonido profundo y resonante, que coincidía con el hombre. "Hey, tenía que jugarlos todos antes de decidir lo que quería hacer. El Hockey era el adecuado para mí. Probablemente porque siempre estaba peleándome". "Puedo ver esa parte de ti." Iba a hacer una fortuna con él, por medio de las promociones de productos. Don Davis podría ser capaz de firmar los contratos de los jugadores con los equipos, pero no sabía una mierda sobre la promoción de un jugador a través de los medios de comunicación. Las lenguas de las mujeres se arrastrarían por el suelo cuando descubrieran a Ty. Elizabeth tendría que conseguirle algún anuncio de colonia o de algún desodorante. Algo que lo pusiera en los medios impresos. Él tenía unos ojos de acero, gris azulados, que simplemente te penetraban cuando te miraban, una mandíbula cuadrada, el tipo de barba de varios días, que hacía que una mujer quisiera que su cara se frotara contra las partes delicadas de su piel, y era alto, con la complexión de un hombre de verdad.


Era duro en el exterior, y poco sofisticado, pero no grosero. Era el tipo de hombre que sabía que era un hombre y no se disculpaba por eso. Si Elizabeth no estuviera estúpidamente colgada de Gavin, podría fácilmente babear por Ty. Pero a pesar de apreciar su total masculinidad y su fabulosa buena apariencia, el hombre no la excitaba en lo más mínimo. Tenía la intención de que muchas mujeres se enamoraran locamente de Ty. Pero ella no sería una de ellas. "Elizabeth. Me alegró recibir tu llamada hoy." Se levantó para saludar a Clyde, quien la besó en la mejilla y le dio un abrazo. A sus sesenta y cuatro años, Clyde era robusto y un ávido jugador de golf. Ella jugaba algunas rondas con él cuando había buen tiempo y tenía un día libre en su calendario. "Hola, Clyde. Gracias por permitirnos estar en la platea con ustedes esta noche. Sé que el día de apertura atrae a una multitud." "Tonterías", dijo él, con sus ojos marrones brillantes de emoción. "Siempre hay lugar para ti aquí." Elizabeth los presentó y Clyde sonrió. "Eres el central del equipo de los Ice. Voy a muchos de tus juegos." "Gracias, señor Ross. Es un honor conocerlo. Vengo a tantos de los partidos de los Rivers como puedo. Tiene una gran equipo". Ty era un besador de traseros impresionante. Un punto a su favor. "Me aseguraré de que tengas boletos para la temporada y buenos asientos, entonces. Trae a algunos amigos contigo y hablaremos." "Sí, señor."


Clyde y Ty se pusieron a conversar acerca de sus respectivos deportes, lo que dejó a Elizabeth libre para saludar a algunas de las otras personas en la platea, incluyendo a la esposa de Clyde, Helen, que había llegado tarde con su hija Aubry. Aubry era una bonita y pequeña rubia, con un cerebro que coincidía con su belleza. Estaba en la escuela de medicina de la Universidad de Washington y no solía tener tiempo para ver los partidos. "¿Cómo va la escuela de medicina?", preguntó Elizabeth. Aubry puso los ojos en blanco. "Es una tortura. Un verdadero infierno. Me encanta." Elizabeth se echó a reír. "Por supuesto que sí. Has nacido para ser médico. Todo habrá valido la pena cuando termines." Aubry dejó escapar un suspiro y se empujó las gafas hacia arriba, por el puente de la nariz. "En este momento no veo la luz al final del túnel, pero sé que algún día habrá acabado y ayudaré a los bebés a llegar a este mundo." Elizabeth sonrió. Siempre había estimado a Aubry, podía recordar cuando la había conocido, cuando aún estaba en la escuela secundaria. Lo que la hacía sentir vieja, como si el tiempo hubiera pasado y tal vez por eso se hubiera perdido casarse y tener una familia. No era que jamás hubiera querido eso. No se podía tener todo, ¿Verdad? Elizabeth había decidido mucho tiempo atrás, que su carrera sería la prioridad número uno en la vida y que nada se interpondría en ese camino. Ni los hombres, ni el matrimonio, ni los hijos. Tendría que hacer sacrificios, ya que no podía tenerlo todo. Nadie podía. Pero últimamente. . . Bueno, no tenía sentido pensar en eso. Había hecho su elección: tenía una carrera exitosa, y era feliz. En su mayor parte.


Volvió su atención al partido, viendo a Gavin en la primera base. Se veía bien. Más que bien, en realidad. Bronceado y musculoso, con su espectacular trasero exhibido por su uniforme, al inclinarse para recoger una bola baja y correr para tocar la base, antes de que el corredor llegara. Lanzó la pelota, y sus musculosos antebrazos brillaron a la luz del sol menguante. Ella inhaló, dejó escapar un pequeño suspiro y se sentó, arrobada, durante el resto del juego. Desde que había conocido a Shawnelle y a Haley, le prestaba especial atención a Dedrick y a Tommy. Dedrick jugaba en la tercera base, y Tommy era lanzador de relevo, ahora listo para lanzar en las entradas medias, si fuera necesario. No llegaba a ver un montón de acción. Sin embargo, Haley les había dicho que estaban entrenando a Tommy para ser titular. Gavin se había ido por una de cuatro esa la noche, lo que no era lo mejor que podía hacer, pero había anotado una carrera. Comenzó a morderse las uñas en la novena, cuando las bases estaban llenas y Dedrick estaba al bate. El juego estaba empatado, por lo que si no anotaban, irían a extra innings. Elizabeth se inclinó hacia adelante en su asiento, con los dedos apretados, mientras Dedrick miraba al lanzador de Milwaukee. Dedrick clavó los pies en la tierra, se inclinó, y abanicó. La pelota se deslizó hacia la línea de tercera base, y Elizabeth contuvo el aliento, segura de que iba a deslizarse fuera de la línea foul. No lo hizo. Se quedó en juego, y los corredores salieron de la primera y segunda. Ella saltó de su silla y gritó de alegría, cuando José salió disparado de la tercera base hacia home, mientras que el jardinero derecho corría para atrapar la pelota. Tan pronto como José tocó home, el juego terminó. Sólo necesitaban esa carrera para ganar el juego. El estadio estalló en caos. Los Rivers habían ganado. "Fue un gran partido", dijo Ty, volviéndose hacia ella con una sonrisa. "Lo fue, ¿verdad?" "Gracias por traerme. Soy nuevo en la ciudad y no he tenido mucho tiempo para salir y conocer gente. Después de mudarme a los Estados Unidos, al firmar el


contrato con los Ice, he estado ocupado buscando un lugar para vivir y jugando hockey. Y después el cambio de agentes, por supuesto. Es agradable salir y hacer algo para variar." "¿Pero te gustó cambiar de equipo?" "Por supuesto. Yo era quien quería el cambio. Davis se resistía." Elizabeth se apoyó contra la pared y se cruzó de brazos. "¿Por qué?" Ty se encogió de hombros. "No tengo idea. Sólo me dijo que debería quedarme con Toronto, que el cambio nunca era bueno". Elizabeth se echó a reír. "Tus estadísticas fueron pésimas con Toronto. Luego del cambio, has estado pateando trasero en el hielo. Y con los Ice. A veces cambiar de equipo es exactamente lo que un jugador necesita". "Eso es lo que yo pensaba, también. Pero bueno, es por eso que te tengo a ti y no a él. Él y yo nunca vimos mi carrera con los mismos ojos. Tú y yo encajamos". Ella sonrió. "Sí, lo hacemos. Y me alegro de que estés feliz. Ahora puedes relajarse, jugar al hockey de manera excelente, y disfrutar de la vida en Saint Louis. Los chicos en tu equipo son grandiosos. Deberías hacer amistad con ellos." "Lo he hecho. Unos pocos de nosotros, estamos haciendo planes para salir este fin de semana." "Instálate y haz de este lugar tu hogar. Por lo que he escuchado del dueño del equipo, estarás aquí por largo tiempo. Le gustas como persona y tu estilo de juego." "Hey, Ty, ¿Deseas un recorrido por nuestras instalaciones?" Ty se animó con la sugerencia de Clyde. "Me encantaría. Vamos Elizabeth". Ella sacudió la cabeza, no quería ir a ninguna parte cerca de los vestidores. "Ya he visto el lugar, pero vayan ustedes."


"Ven con nosotros, Elizabeth. Posteriormente, Ty y tú, pueden venir con Helen, Aubry y conmigo. Los invito a cenar." Mierda. Cotillear con el dueño estaba en la parte superior de su lista de cosas por hacer, y ella nunca rechazaba la oportunidad de pasar un rato con él. "Gracias por la invitación. Nos encantaría, ¿cierto, Ty?" "Lo considero un honor. Gracias." Clyde los llevó por un tour estándar del estadio, a las oficinas ejecutivas y todo el camino hasta los vestidores de los jugadores. Elizabeth optó por esperar afuera con Helen y Aubry, mientras los chicos entraban, ya que estaba segura de que a Ty le gustaría conocer a algunos de los jugadores. Elizabeth prefería no ver a Gavin. De hecho, esperaba ansiosamente poder evitarlo. "Ese chico es magnífico", dijo Aubry. "¿Qué chico? Oh, ¿Ty?" "Sí. Me gustaría tener un nanosegundo de tiempo libre para tener una cita. Solo ando por ahí con los otros estudiantes de medicina." "Bueno, tienes mucho en común con ellos." "Es cierto. Mi madre dice que estoy destinada a casarme con uno de ellos. Probablemente tenga razón". "O con un jugador de béisbol." Ella puso los ojos en blanco. "La última persona con la que me casaría sería con un jugador de béisbol. He estado rodeada por ellos durante toda mi vida. Creo que me quedo con los médicos. Los jugadores de béisbol tienen demasiado ego". Elizabeth se echó a reír. "¿Y los médicos no?" "Está bien. Buen punto. Pero creo que correré el riesgo con los médicos. Puedo manejar sus egos. ¿Los jugadores de béisbol? Ugh."


"Tienes razón en eso, Aubry. Somos horribles." Los ojos de Aubry se abrieron como platos. "Gavin. Sabes que no hablaba de ti". Mierda. Elizabeth se dio la vuelta. Gavin estaba afuera de la puerta de los vestidores con Ty. Gavin le sonrió a Aubry, a ella ni siquiera la miró. "Sólo me burlaba de ti, Bree." Se inclinó y la besó en la mejilla. Aubry dejó escapar un suspiro. "Me has asustado, maldita sea. Sabes que algunos de esos chicos realmente tienen opiniones exageradas sobre sí mismos. Podría lastimar algunos sentimientos." Gavin la abrazó. "No los míos. Yo no tengo sentimientos." Ella se rió y lo mismo hizo Helen. "Gavin, jugaste bien esta noche." Gavin se encogió de hombros. "No tan bien como me hubiera gustado, pero gracias Helen. Clyde me dijo que les dijera que saldrá en un minuto. Está dando un discurso inspirador." Helen puso los ojos en blanco. "Oh, Señor. Me muero de hambre. Podríamos estar aquí, esperándolo por una hora. Ve y tráelo, Gavin". "Sí, señora." Gavin regresó al interior del vestuario y cinco minutos después, Clyde salió. Con Gavin. Maldita sea. Elizabeth había tenido la esperanza de que no saliera de nuevo. "Al fin", dijo Helen. "Estaba a punto de desmayarme. Gavin, ¿vienes a cenar con nosotros?" "Al parecer. Clyde insistió." "Excelente. Vamos, entonces. La limusina está afuera."


Bueno, que grupo tan grande y feliz. Gavin lanzó una mirada en su dirección cuando Ty la tomó por el brazo y la escoltó hacia la limo. Se preguntó si Gavin pensaba que Ty era su cita esa noche. No parecía contento por eso. Elizabeth, por otra parte, estaba completamente satisfecha, ante la idea de que Gavin pareciera tener un poco menos de su habitual exceso de confianza. Comieron en un restaurante elegante del centro, que ofrecía privacidad y una magnífica vista de la orilla del río. Clyde ordenó champán y brindó por la nueva temporada de los Rivers. "Gavin, ¿estuvo tu familia en el juego esta noche?" "No esta noche. Sabes que mi familia tiene un bar en el sur de Saint Louis, por lo que reciben a una multitud la noche de la apertura." Clyde sonrió y asintió. "Bien hecho. Me gustan tus padres. Espero verlos en nuestro picnic de apertura." "Lo harás. Mick también debe estar en la ciudad para entonces." "Excelente. Estoy seguro de que está en las nubes, después de haber ganado la Súper Bowl". Gavin sonrió. "Sí, estaba bastante feliz por haberlo ganado, pero creo que está más entusiasmado por la planificación de su boda con Tara". Elizabeth mantuvo la mirada apartada, sin querer escuchar o participar, cuando la conversación se trataba de Mick. "Ahora, Ty, háblame de ti. ¿Ya estás instalado?" "Sí, señor. Tengo una casa temporal, donde me estoy alojando en este momento. Estoy esperando a que termine la temporada este mes, para buscar casa." "Te pondré en contacto con una excelente agente de bienes raíces que conocemos", dijo Helen. "Estará encantada de ayudarte."


Ty asintió. "Gracias. Eso me gustaría. Elizabeth me ha ayudado mucho. Es obvio que conoce la zona." Ella sonrió. "Tengo algunos clientes aquí." Ty le sonrió. "Y ahora tienes uno más". Gavin tosió. Elizabeth lo ignoró, contenta de que estuviera sentado en el otro extremo de la mesa, entretenido con Aubry, quien estaba lanzando interesantes miradas hacia Ty. Toda la cena hubiera sido cómica, si Elizabeth no hubiera sido consciente de la mirada de Gavin sobre ella, en todo momento. Y bueno, tal vez había estado coqueteando descaradamente con Ty, quien le lanzaba sonrisas conocedoras, como si supiera exactamente lo que ella estaba haciendo, ya que lo había tratado de manera completamente profesional desde el primer momento. Hasta esta noche. Así que estaba siendo obvia, y Ty no era del tipo despistado. Malditos hombres. Ty se inclinó y le susurró al oído. "¿Qué tanto deseas a este tipo?" Ella volvió la cara hacia él. "No tengo idea de lo que hablas." "Quiero decir, ¿quieres que te bese, o será suficiente sólo sostener tu mano?" "Ninguna de las dos cosas. No estoy jugando, Ty". "Oh, creo que definitivamente estás jugando, Elizabeth". Movió el dedo por su brazo desnudo. "Y no mires, pero creo que el pez está mordiendo". Ella no miró, pero sintió la mirada de Gavin sobre ella. En su lugar, levantó la mirada hacia Ty. "Deja de hacer eso." "Tú no quieres que me detenga. Quiere que él mire. Quieres que le den celos." "No, no lo hago. Gavin es un cliente". "¿Y?"


"Y yo mantengo separadas mi vida profesional y mi vida privada." Los generosos labios de Ty se elevaron en una sonrisa cuando levantó su copa y tomó su bebida. "Aparentemente no." "Eres un engreído hijo de puta, ¿lo sabías?" "Así me han dicho. Sin embargo, a tu novio no le importa que sea presumido, sólo que tenga mi atención centrada en ti." "No es mi…" Ella puso los ojos en blanco y se dio por vencida, feliz cuando la comida llegó y su discusión con Ty terminó. No era que eso le impidiera hablar con ella, lo que hizo de manera casi incesante, a lo largo de la cena. Y debido que lo había encontrado más bien callado durante sus reuniones anteriores, lo atribuyó a que estaba tratando de irritar a Gavin. La naturaleza competitiva de los hombres y su relación con las mujeres, era algo que nunca sería capaz de entender. Añade hombres deportistas a la ecuación, y la competitividad se cuadruplica. Ty hizo de todo, excepto sentarla en su regazo, y sólo porque debía arreglárselas para tomarse un tiempo de su descarado coqueteo, para comer su carne. Gavin, por otra parte, parecía contento haciéndole compañía a Aubry. La hacía reír y participaba en la conversación, así que tal vez Ty estaba totalmente fuera de lugar, porque Elizabeth no vio a Gavin mirando en su dirección, ni una sola vez. "Ni siquiera mira hacia mí." "No, cuando tú lo miras a él", explicó Ty. "Pero en cuanto te das la vuelta, te mira de inmediato. Confía en mí. Tengo todo bajo control. Sé cuándo aumentar el calor. Y sabes que no me importa si quieres usarme para poner celoso a tu chico." ¿Confiar en él? ¡Ja!. En ese punto, le gustaría darle una patada con sus puntiagudos zapatos. De alguna forma logró soportar la cena y el regreso en limusina de vuelta al estadio, dio las gracias a Clyde y Helen cuando la dejaron en su coche, y declinó el ofrecimiento de Ty de acompañarla a su casa, para asegurarse de que llegara a


salvo. Ella abrió la puerta del coche, se deslizó en él, y apoyó la cabeza contra el volante. Qué épico desastre. Cuando llevó a Ty al juego, no había esperado encontrarse con Gavin. Era un estadio condenadamente grande. Había pensado que llevar a Ty a la platea del dueño sería sencillísimo. Verían el partido, saldrían de allí, y Gavin nunca sabría que ella estuvo allí. Excepto que su camioneta rodaba hacia ella en ese momento. No. Ella no tenía nada que decirle. Encendió su coche y lo puso en marcha, giró a la derecha, y se dirigió a la salida del estadio, con las luces de Gavin detrás de ella. Salió del estacionamiento, consciente de que él la seguía, cuando entró en la autopista. Bueno, sabía que él tomaría la misma autopista para volver a casa. No era gran cosa, ¿verdad? Pero él se quedó justo detrás de ella todo el tiempo. Seguramente, no tenía la intención de seguirla, ¿o sí? ¿Qué era lo que posiblemente podrían decirse el uno al otro? ¿A menos que estuviera tratando de averiguar si tenía una cita con Ty? ¿Una cita? Se rió en voz alta. Claro, estás viendo demasiada televisión, Elizabeth. Estaba siendo ridícula. Si Gavin estuviera interesado en lo que hacía o con quién se citaba, la hubiera llamado después de su precipitada partida de su casa de la playa, hacía unas pocas semanas. No lo había hecho. Lo que significaba que no estaba interesado. Ellos habían terminado. Ignorando el dolor, tomó la salida de la autopista. Él también. Mariposas revolotearon en su estómago y se quedaron allí, mientras llegaba a su camino de entrada.


Gavin no entró, en su lugar, pasó la entrada del condominio. Ella esperó, preguntándose si llegaría hasta la puerta de seguridad. No lo hizo. Lo vio llegar al final de la calle y tomar el camino de regreso a la autopista, en dirección a su casa. Qué hijo de puta.


Capítulo Catorce Elizabeth vio el coche de Gavin desaparecer. ¿De qué demonios se había tratado todo eso? ¿Estaba tratando de molestarla, de asustarla? Entró, miró su correo, después lo arrojó sobre la mesa de la cocina. Caminó de un lado a otro, frente a la ventana de la sala, con la seguridad de que en cualquier momento vería a Gavin aparecer. No lo hizo. Maldita sea. Tomó las llaves, se metió en su coche y se dirigió a la autopista. Cuando llegó a la calle oscura donde Gavin vivía, cambió de opinión. ¿Qué diablos estaba haciendo? ¿Cuál era su plan? ¿Llamar a su puerta y preguntarle por qué la había seguido? Podría haberlo llamado. Bueno, ya estaba allí, moviéndose por el largo camino de entrada hacia el Castillo Grayskull4 La gigantesca construcción de dos pisos, de ladrillo oscuro, estaba escondida detrás de gruesos e imponentes árboles, que no parecían en absoluto darle la bienvenida. Parecía extraña y aterradora con viñedos trepando por el frente y a los lados, en el exterior. Se estremeció, odiando la casa y su aislamiento. No tenía idea de por qué a Gavin le gustaba ese lugar. Era un mausoleo. Cuando la había comprado hacía varios años y se la había mostrado, ella había dicho que era la casa de un vampiro y nunca había regresado. Él se había reído de ella. Probablemente se reiría de nuevo esta noche, cuando llamara a su puerta, ofendida porque la hubiera seguido. Aun así, tenían un par de cosas que arreglar.

4

El Castillo Grayskull es una fortaleza localizada en el planeta ficticio de Eternia. Aparece en la serie animada He-man.


Mientras se estacionaba al frente de la casa y apagaba el motor, casi decidió dar la vuelta y regresar a su casa. Con un suspiro de resignación y la justa indignación para pasar por esto, salió del coche, se alisó la falda, y se dirigió a la puerta principal. Levantó la horrible aldaba de gárgola y golpeó tres veces. No la sorprendería escuchar gritos proviniendo desde el otro lado, ya que esa casa había salido de una película de terror. La puerta se abrió, con un chirrido nada menos, y Gavin apareció, con una expresión de sorpresa en su rostro. No pudo evitar examinar el resto de él, ya que no llevaba camisa y usaba sólo un par de pantalones cortos, y estaba descalzo. Todo lo femenino que había en ella se puso a toda marcha, y tuvo que resistir el impulso de saltar a sus brazos y lamerlo hasta perder la conciencia. "Liz, ¿qué estás haciendo aquí?" "Te seguí, al igual que tú me seguiste." Él se encogió de hombros y abrió más la puerta. "Entra, ya que estás aquí. " Ella entró, había sombras agitándose amenazadoras desde los apliques de la pared, en la entrada. Hacía frío en este lugar. Tomó su chaqueta y la apretó a su alrededor, mientras seguía a Gavin a la sala de estar. La pintura oscura color burdeos de las paredes, se sumaba a la opresiva atmósfera. "Aún está muy sombrío este lugar." Sus labios se curvaron. "Me gusta esta casa." "Te queda." "¿Quieres algo de beber?" "Tomaré lo que tú estás bebiendo." Miró hacia su vaso. Él se dirigió al bar, en un rincón de la sala de estar, y le sirvió un whisky, añadiendo un par de cubitos de hielo, y volvió a llenar su propia bebida.


"¿Vas a sentarse o simplemente me mirarás?" Ella se dejó caer en el sofá. Él le entregó el whisky y se sentó en la silla al lado del sofá. Ella tomó un sorbo del whisky, haciendo una mueca. No era su bebida preferida, pero a medida que quemaba su camino hacia su estómago, al menos la ayudaba a calentarse un poco. "Hace mucho frío aquí." "Quejas, Quejas, Quejas." Tomó un mando a distancia de la mesa frente a él y presionó un botón. La chimenea rugió a la vida, el calor aumentó, proporcionándole calidez al instante. "Gracias". "Ya no estamos en Florida, ¿verdad?" ¡Claro!, él tenía que mencionar la Florida, ¿cierto? "Para nada. El clima estuvo muy mal mientras estabas allá. Llovió durante semanas." "Sí, vi que estaban teniendo mal tiempo." Estaban hablando sobre el clima. ¿Era eso a lo que su relación se había reducido? Solían sentirse cómodos el uno con el otro antes de que el sexo se metiera en el camino. "¿Por qué viniste, Liz?" "¿Por qué me seguiste a mi apartamento?" "Sólo quería asegurarme de que llegaras de manera segura, ya que era tarde." Ella tomó un gigante trago de whisky. "Soy una chica grande, Gavin. He viajado por todos lados sola, sin un guardaespaldas y todo el tiempo llego a casa sin escoltas." "Estoy seguro de que lo haces. Pero si estás algún lugar conmigo, me aseguraré de que regreses bien a casa."


"No estaba ‘contigo’ esta noche." "Eso es semántica. Te dirigías a tu casa sola, y tu apartamento está de camino a mi casa de todos modos, por lo que sólo di un par de giros adicionales para estar seguro de que llegaras bien." "¿Por qué?" Él se encogió de hombros. "No lo sé. Supongo que esa es la naturaleza de nuestra relación. Me siento responsable de ti." "No tenemos una relación, Gavin, por lo que no tienes que sentirte responsable de mí." Él deslizó los dedos por sus cabellos. Ella quiso enredar sus dedos a través de los gruesos y oscuros mechones, recordando la suavidad de su pelo, y odió que estuviera fuera de sus límites. Él levantó la mirada hacia ella. "¿Por qué no tenemos una relación, Elizabeth? ¿Qué pasó en Florida? ¿Por qué te fuiste?" Ella se encogió de hombros. "Me pareció que ya era hora." "¿La hora para qué? ¿Para qué me escribieras una nota de mierda y huyeras como si el demonio te persiguiera?" "No me llamaste". "¿Qué?" Ella lo había con voz tan baja que sabía que él no la había escuchado. "Nada". Él se acercó y se sentó en el sofá junto a ella. "Dime lo que dijiste." Ella sacudió la cabeza. Esto había sido un error. "Nada". "Elizabeth". Él tomó su barbilla y la obligó a mirarlo. "Háblame".


"Me asusté, ¿de acuerdo? No llegaste a casa y no me llamaste esa noche. No tenía idea de dónde estabas ni lo que estabas haciendo. Y empecé a pensar en el hecho de estar en una relación con un chico. Nunca lo he hecho antes. Todas esas expectativas. Dios, odio las expectativas. No quiero ser esa mujer". Se levantó, fue hacia la gran ventana, y miró las ramas de los árboles moviéndose con el viento, extendiéndose hacia la ventana, al parecer burlándose de ella, riéndose de ella. Oyó a Gavin acercarse. Él puso sus manos sobre ella, y ella inhaló, respirando su olor, tan fresco, como la naturaleza al aire libre golpeando en la ventana. Una tormenta estaba apareciendo. "¿Qué expectativas? No quieres ser… ¿qué mujer? No lo entiendo." Ella se cruzó de brazos, odiando estar ahí, teniendo esa conversación con él. "Sé que no lo entiendes, Gavin. Debido a que no tiene ningún sentido. Yo no tengo sentido. Esto no tiene sentido. Tengo que irme." Se volvió para marcharse, pero él la asió por los brazos. "No te vayas. Quiero hablar contigo acerca de esa noche. Después del juego me quedé atascado en una reunión y dejé el teléfono en mi casillero. Y como soy un idiota, no me sé tu teléfono porque está programado en mi celular, y no pude llamarte. Cuando regresé, ya te habías ido. Intenté llamarte después de la reunión para decirte que estaba en mi camino de regreso. Pero no contestaste." "Lo sé." "¿Por qué?" Porque había estado lastimada y se había sentido como una estúpida por haberse quedado todo el tiempo que lo hizo. Porque le había dado el poder de hacerle daño y era vulnerable al preocuparse por él. Porque ya lo amaba y estaba devastada. Había pasado años cuidando su corazón de él, y eso había funcionado muy bien. Abrir su corazón en torno a él había sido peligroso. Había tenido que huir.


"Las cosas no van a funcionar entre nosotros, Gavin. Ya lo sabes." Él arqueó una ceja. "No, no lo sé. Pensé que estábamos teniendo muy buenos momentos juntos. Sólo te enfadaste porque no te llamé para decirte que llegaría tarde para la cena." Sus labios temblaron. Maldita sea. Ella no quería hurgar en eso. Quería permanecer firme y distante. Pero sus pícaros ojos verdes y su pelo cayendo sobre su frente la derretían, por no hablar de la calidez de sus manos apretando sus hombros. Lo había extrañado en las últimas semanas, más de lo que quería admitir. Su cuerpo había extrañado su contacto. Había extrañado mirarlo y dormir junto a él. Y a pesar de su determinación para empujarlo de vuelta a la esquina de "sólo cliente", ellos ya habían cruzado el puente hacia ser algo más, y ella no era capaz de llevarlo de regreso a donde había estado antes. Mierda. "Puede que reaccionara de forma exagerada". "Sólo un poco. Y yo también. Lo acepto, estaba enojado cuando volví a la casa y vi que te habías ido. Debí haberte llamado de nuevo. Y de nuevo. En su lugar, dejé que el silencio continuara porque me lastimaste cuando me dejaste." "¿En serio?" "Diablos ¡sí! Me gustó tenerte conmigo en Florida. ¿Un cálido cuerpo para compartir mi cama por la noche, una mujer sexy e independiente que tiene su propia carrera y no espera que yo vea por cada una de sus necesidades? Es el sueño de todo hombre." Su corazón dio un vuelco. "Difícilmente califico como el sueño de todo hombre, Gavin. Tú mismo lo dijiste. Soy un grano en el trasero." "Sí, lo eres. Pero por alguna razón me gustas, Lizzie. A pesar de tus intentos por molestarme."


Él retiró la chaqueta de sus hombros. Ya la habitación estaba tibia, y ella se sintió cómoda al llevar sólo su top sin mangas. El movió las manos por sus brazos, y la atrajo hacia él. "Eché de menos abrazarte." "Estoy segura de que no has estado solo, durante el tiempo que has pasado sin mí." Él se detuvo y la hizo retroceder. "No ha habido nadie desde que estuve contigo. Créelo. Todo lo que hice después de que te fueras, fue jugar a la pelota y deprimirme". Ella lo miró fijamente, incapaz de creer que el chico malo del béisbol hubiera podido estar casi un mes sin una mujer. Quería creerle, pero los hombres de su vida nunca habían sido honestos con ella. Gavin, sin embargo, nunca le había mentido. ¿Por qué iba a hacerlo ahora? "La parte de deprimirte definitivamente la puedo creer." Él sonrió y le acarició la mejilla con sus nudillos, luego se inclinó y le rozó los labios con los suyos. "Hey, he estado muy ocupado. No es que salga a recoger mujeres al azar". Ella anhelaba más de su boca sobre la suya. "Yo tampoco" Él sonrió. "¿No recoges mujeres al azar?" Ella se rió. "No. Eso no es lo que quise decir. No escojo hombres al azar." "¿Ni siquiera a Ty Anderson?" Ella posó la palma de la mano sobre su pecho desnudo, adorando la sensación de su piel. "Es un nuevo cliente y nada más. Quería ver un partido esta noche." "Parecía querer ver más de ti." Ella levantó la mirada hacia él. "¿Estás celoso?"


Su mirada se estrechó. "Diablos, sí." Cuando la besó en esta ocasión, sus labios fueron firmes y posesivos. Envolvió los brazos alrededor de ella y la apretó contra él. Su lengua se deslizó dentro de su boca y succionó la de ella, pidiéndole rendirse. No había problema en eso. Lo había echado muchísimo de menos. Estar en sus brazos todavía se sentía como un sueño para ella. Estar con Gavin se sentía prohibido, como si fuera algo que no se suponía que hiciese. Y sin importar cuántas cosas dulces le dijera acerca de cuánto la había echado de menos y lo correcto que se sentía estar con ella, sabía que lo tenían siempre sería de carácter temporal, por razones muy diferentes. Así que cada momento que pasaban juntos, se sentía como uno robado, y ella disfrutaría cada segundo. El movió los brazos por su espalda y tomó su trasero, llevándola más cerca de su erección. Ella gimió, necesitándolo en su interior en ese mismo momento, sintiendo una primitiva ráfaga de hambre y la desesperada necesidad de ser satisfecha. Él la llevó contra la pared, al lado de las ventanas, y le arrancó el top de la cintura de la falda. Ella pateó, quitándose los zapatos y levantó los brazos mientras él pasaba la blusa sobre su cabeza. Un rayo cayó en el exterior, y ella sintió la electricidad en el interior, también, cuando Gavin deslizó las manos sobre la piel desnuda de su vientre, y luego a su alrededor, para llegar a su espalda, abrir la cremallera de su falda, y empujarla al suelo. Ella hizo a un lado la falda, y extendió las manos para alcanzar sus pantalones cortos, empujándolos hacia abajo por sus caderas. Él salió de ellos, y ella no pudo evitar mirar hacia abajo para admirar el poder de su cuerpo. Sus ojos estaban cargados con pasión, lo que alimentaba su propia necesidad. Ella introdujo los dedos en su pelo y tiró de él hacia ella, para un beso que ardió tan caliente y furioso como creciente tormenta en el exterior. Los truenos retumbaban con fuerza, y la lluvia azotaba las ventanas. Un rayo iluminó la sala de estar, como si hubiera sido la luz del día, y la electricidad parpadeó.


Gavin se hizo atrás, sólo lo suficiente para mover la mano por encima de sus pechos, cubiertos por el sujetador, mientras la luz de un rayo la iluminaba. Elizabeth se tomó algunos minutos para recobrar el aliento, para mirar el rostro de Gavin mientras el relámpago lo bañaba en sombras. Jadeó cuando él soltó el broche del sujetador y tiró de las copas para llevarla hacia él, luego se inclinó y succionó un tenso brote entre sus labios. El poder de la tormenta en el exterior aumentaba su excitación, la hizo asir su cabello para acercarlo más a sus pechos. El verlo lamer, succionar y morder sus pezones, hizo que su clítoris y coño hormiguearan, quería sentirlo en su interior, empujando con fuerza. Dios, realmente necesitaba que la follara, quería correrse, tanto que podría tocarse a sí misma y venirse como el rayo que hacía arcos en el oscuro cielo. "Gavin, fóllame". Él levantó la cabeza y se inclinó para quitarle las bragas, deslizando lentamente las manos por sus caderas, sus muslos, y sus pantorrillas. Ella se estremeció al sentir el contacto de sus dedos sobre su piel. Y cuando besó su camino hacia arriba, por sus piernas, ella las separó, sabiendo hacia dónde se dirigía y deseándolo allí desesperadamente. "Apóyate contra la pared, Elizabeth". Ella se echó hacia atrás y abrió las piernas. Gavin le besó los muslos, tomó su trasero en sus manos, y puso la boca donde ella la necesitaba, directamente en su coño. Ver sus labios en su clítoris la hizo estremecer. Sentir su lengua rodando sobre su capullo hizo que sus piernas se debilitaran. Ella colocó las palmas sobre la pared para conseguir mayor estabilidad, cerró los ojos y dejó que las sensaciones la recorrieran. Había pasado tanto tiempo desde que había tenido un orgasmo, que se corrió en una carrera salvaje y sorprendente, dejando escapar un grito y apretando su asimiento sobre el cabello de Gavin. Él se levantó y deslizó su polla dentro de ella, mientras aún se estaba corriendo, intensificando su ya de por sí, loco orgasmo.


Elizabeth colocó las manos sobre sus hombros y clavó los dedos en su piel, centrando su mirada en sus ojos. Ni siquiera pudo bajar de lo más alto de su clímax, porque él la penetró, haciendo rodar sus caderas sobre su ya sensibilizado sexo y llevándola de regreso a un estado febril. Ella hundió los dedos alrededor de su nuca y acercó sus labios a los suyos. Él la besó, y el trueno retumbó afuera, haciendo temblar los cimientos y las paredes, volviéndola loca cuando la tormenta se intensificó en su interior una vez más. Gavin no se detuvo, sólo continuó empujándose en su interior de manera lenta y constante, deslizando su eje dentro y fuera de ella. Era la más dulce tortura, y la forma en que la besaba era enloquecedora, quitándole el aliento con sus labios y su lengua, mordiéndola, lamiéndola, ordenándole que le diera todo lo que tenía. Era un bombardeo total de su cuerpo, de sus sentidos, de su corazón, y ella sacudió la cabeza, retirando finalmente sus labios de los de él, a medida que la penetraba más allá de la razón, con su pecho raspando sus pezones, con su pelvis balanceándose contra su clítoris, y su boca acariciando su cuello. "Gavin". Él no respondió, simplemente arrastró la lengua desde su cuello hasta su hombro y la mordió allí. Ella se estremeció, sintiendo la tormenta creciente de otro clímax originándose en su interior, sintió su coño apretarse alrededor de su polla. Él se quedó inmóvil, y ella lo sintió engrosarse increíblemente dentro de ella. Sabía que él estaba listo para correrse en su interior. Y cuando apretó su trasero y la levantó, envolvió sus piernas alrededor de él y se dejó ir. Él dejó escapar un grito gutural y la estrelló contra la pared, encontró su boca y la llenó con su lengua. Ella gimió en su boca cuando llegó al clímax, bebiendo sus gemidos mientras se corría con ella. Cayeron al suelo, juntos, con Gavin aferrándola con sus manos y tirando de ella para colocarla sobre él. La abrazó, acarició su espalda, y le retiró el pelo de la cara, pero no la dejó ir, aunque estaba segura de que tenía que sentirse pesada. Después


de un rato, ella levantó la cabeza, temiendo que se hubiera quedado dormido. Su mirada clara se disparó hacia la suya. "Pensé que estabas dormido", dijo ella. "No. Simplemente disfrutaba la sensación de tu piel." "¿Vamos a quedarnos aquí el resto de la noche?" "Pensé en eso. Me gusta escuchar a la tormenta." Ella sacudió la cabeza y se empujó hasta sentarse sobre él. "A mí me gusta aún más esta vista." Él la tomó por las caderas y levantó las suyas, meciéndose contra ella. Ella rió, lo empujó y se levantó. "Tengo que irme". Él se sentó y la miró mientras se vestía. "¿Por qué?" Ella levantó sus bragas y sujetador. "¿Por qué, que?" "¿Por qué tienes que irte?" "Porque tengo mi propia casa." "Ya lo sé. Pero ¿por qué no puedes dormir aquí conmigo?" Ella se puso las bragas. "¿En la mazmorra?" "Ja, ja. En serio". Ella se encogió de hombros. "No lo sé. Pienso que deberíamos mantener las cosas ligeras y sin complicaciones." Él se puso de pie, y ella encontró completa y deliciosamente desconcertante, el verlo cómodo al estar allí desnudo. "Así que, lo que deseas es que nos juntemos y follemos de vez en cuando, y luego sigamos caminos separados."


Ella se abrochó el sujetador y levantó la mirada hacia la de él. "Algo así. Es menos complicado de esa forma." Él se acercó y tiró de ella hacia sus brazos. "Podrías contratar a un prostituto para que te folle. O encontrar un sinnúmero de chicos dispuestos". Ella se rió. "Contrariamente a lo que puedas pensar, no hay un grupo de hombres en fila, esperando para follarme". Sus labios se curvaron en una sonrisa de suficiencia. "Así que. . . ¿Sólo estoy yo?" "Solo tú". "Quédate conmigo. Duerme conmigo". Ella se estremeció cuando su mano se movió sobre su espalda, y descansó justo encima de su trasero. "No puedo". "No quieres. Tienes miedo." Ella arqueó una ceja. "No tengo miedo, Gavin. Ya he dormido contigo antes". "Y después huiste mí. Tienes miedo de acercarte a mí". Ella se rió. "¿Estás hablando en serio? Acabamos de estar bastante cerca." "Eso no es lo que quise decir y lo sabes." Ella tomó la falda y se la puso. "Esto es ridículo. No voy a tener esta conversación contigo." Y él todavía estaba de pie allí, desnudo. Discutiendo con ella. Desnudo. Maldito fuera. Tomó su blusa y la pasó por su cabeza, luego deslizó los pies en sus zapatillas y buscó su bolso y las llaves. "¿Te das cuenta de que no dejaré que conduzcas bajo la lluvia?" Ella puso los ojos en blanco. "No eres mi padre. No me controlas."


"No estoy tratando de controlarte, Elizabeth. Pero hay una condenada tormenta ahí afuera. Si sacaras la cabeza de tu trasero y pensaras con lógica, te darías cuenta de que no deberías conducir en esas condiciones." Haciendo caso omiso de los truenos y los rayos que trataban de probar su punto, hurgó en su bolso para buscar sus llaves. "He conducido bajo la lluvia antes. He vivido en esta ciudad desde hace algún tiempo. Puedo manejarlo." Él no dijo nada, así que ella abrió la puerta y retrocedió de inmediato por un viento fuerte y frío, y la lluvia empapándola. Temblando, dio un paso hacia el exterior y trató de cerrar la puerta, pero el viento la golpeaba, evitando que lo lograra. "Maldita sea, Gavin, ¿me ayudarías aquí?" "Seguro". Él llegó, la tomó por un brazo y tiró de ella hacia el interior, y luego cerró la puerta y le puso llave. "Has demostrado tu punto. No seas una idiota." Ella dejó caer su bolso y las llaves, y retiró el empapado pelo de sus ojos. "Había olvidado mi chaqueta de todos modos." Él sonrió. "Sí, eso habría ayudado mucho." Tomó su mano. "Vamos, cariño. Subamos y démonos una ducha de agua caliente." Él la llevó escaleras arriba y abrió la ducha. Y… bien, a pesar de que el Castillo Grayskull era un gigante mausoleo medieval, el baño era moderno y espacioso y, ¡oh, gracias a Dios!, tenía un calentador y una amplia ducha con múltiples chorros. Gavin la despojó de su ropa mojada y la empujó con suavidad hacia la ducha, le enjabonó con ese grandioso jabón con olor a miel, e incluso le lavó el cabello. Después, mientras ella se secaba y se arreglaba el cabello con el secador, él fue al piso inferior y le preparó un chocolate caliente con verdadera crema batida. Ella se deslizó en la suave y esponjosa bata de baño que había dejado para ella, y se acostaron en su cama. Él había encendido la chimenea de su dormitorio y el ambiente ya estaba tibio, por lo que sus últimos escalofríos se disiparon. Se sentó con las piernas cruzadas en el centro de la cama bebiendo chocolate caliente, y sintiéndose ridícula por su rabieta infantil de antes.


"¿Por qué sigues aguantándome, Gavin?" Él se encogió de hombros y tomó la taza de sus manos, tomando un trago del chocolate caliente. "Eres un reto, Lizzie. Me gustan los retos". "Soy un inmenso problema para ti." Le devolvió la taza. "Sí". Ella dejó la taza sobre la mesita de noche, se quitó la bata, y se deslizó bajo las sábanas con él. Él pagó las luces y abrió las cortinas. La tormenta ya se había calmado, y lo único que quedaba eran los truenos bajos y relámpagos ocasionales. La lluvia se había convertido en sólo un golpeteo contra las puertas francesas del balcón. Él la atrajo hacia él, y ella apoyó la cabeza en su pecho y miró al exterior. "Creo que vale la pena luchar por ti, Elizabeth. Incluso si tengo que luchar contra ti para conseguirte." Ella no supo qué decir a eso. Nadie había luchado por ella antes. No creía merecerlo.


Capítulo Quince "Ese fue un gran jonrón en Atlanta la otra noche, hijo. El bar entero estalló en aplausos. Vendimos mucha cerveza después de que hicieras ese Grand Slam." Gavin sonrió mientras ayudaba a su padre a aflojar algunas tuercas de la cortadora de césped. "Gracias, papá. Fue un gran acierto." Había venido después de su largo viaje por carretera durante una semana, para ayudar a su padre con algunas reparaciones. Su padre estaba sudando, tratando de quitarle las ruedas a la cortadora de césped. "Papá, déjame hacer eso". "Ya lo tengo. Sólo quita ése de atrás, y luego le podremos sacarle las ruedas a esta cosa". Gavin se inclinó y le dio vuelta a la llave inglesa, murmurando una letanía de maldiciones en su cabeza, cuando la oxidada hija de puta no se movió. Finalmente cedió, y puso la tuerca en movimiento. Limpiándose el sudor de la frente, dijo: "Papá, ¿por qué no te compras una cortadora nueva? Esta bestia tiene que tener más edad que yo." "Hey, no me salgas con la misma mierda de siempre. Aún funciona. Sólo necesita un ajuste." "Necesita un entierro. Podrías buscar un tractor cortacésped. O uno de los que son autopropulsados." El rostro de su padre se volvió casi púrpura mientras empujaba la llave inglesa. Gavin contuvo el aliento, esperando a que su padre colapsara allí mismo, tratando de conseguir que la oxidada tuerca hija de puta cediera. "Maldita sea, esta cosa vieja necesita un poco de aceite lubricante." "Hay que enviarla al depósito de chatarra."


Su padre se levantó lentamente de su lugar en el suelo y comenzó a hurgar en el garaje. "Ustedes los chicos sólo quieren echar todo a la basura, tan pronto como ya no funciona. Sólo necesita que le den una mano amorosa." "No, Jimmy. Lo que tú necesitas es saber cuándo algo ya ha entregado todo lo que tenía para dar, y debe ser cambiado por un nuevo modelo". Gavin miró a su madre con agradecimiento. "Amén por eso, Mamá. Dile que debería comprar una nueva cortadora de césped." Su madre puso los ojos en blanco. "Como si yo pudiera decirle algo. En los asuntos del exterior y del garaje, él es el rey del mundo". "Condenadamente cierto." Su padre miró a Gavin. "Voy a hacerla funcionar". Gavin lanzó una mirada suplicante a su madre. Ella rió. "Gavin, entra y trae un poco del té helado que hice. Parece que a ti y a tu padre les vendría bien una bebida." Él podría besar a su madre en ese mismo momento. "Por supuesto. Vuelvo enseguida Papá". Su padre le hizo un gesto para que se fuera. Gavin siguió a su madre y tomó asiento en la mesa de la cocina. "¿Qué le sucede?" Ella se encogió de hombros. "No tengo idea. Siempre ha sido aficionado a arreglar las cosas, pero últimamente se le ha metido en la cabeza repotenciar la cortadora de césped y la desmalezadora, e incluso encontró en el ático un viejo aire acondicionado de ventana, y ha estado batallando con eso, aunque no tengo idea de por qué". "Ustedes tienen aire acondicionado central." "Exactamente". Ella levantó las manos al aire. "A lo mejor planea poner aire acondicionado en el garaje. No tengo idea."


Él tomó el té de su madre que su madre le ofreció. "Está aburrido. Tiene que ser eso." "Si está aburrido, tengo toda una lista de proyectos que necesitan hacerse por aquí, comenzando con una nueva valla. Pero él los ignora y se entretiene con cosas estúpidas." "Bueno, esos proyectos no son divertidos, mamá". Ella se rió. "Eso supongo. No sé cómo puede estar aburrido. Ahí está el bar." "Jenna probablemente maneja el bar con una sola mano en estos días. Y tenemos muy buenos cocineros y camareras. Papá probablemente siente que ya no es necesario allí." "Hmmm. ¿Sabes?, puede que estés en lo cierto. No sé qué hacer al respecto, sin embargo." "Sólo dile a Jenna que le dé más trabajo en el bar. Cualquier cosa para evitar que descomponga todas las cosas de aquí. O encuentra algo aquí que le interese." Ella inhaló, y luego suspiró. "Supongo que sí." Le dio un sorbo a su té y lo miró fijamente. "¿Qué?" "Es bueno que estés aquí." Sabía lo que eso significaba. Tenía algo en mente. "Continúa. Suéltalo de una vez." Ella se sentó ante la mesa. "Mick vino y dijo que te encontró con Elizabeth." De alguna forma sabía que esto iba a salir en la conversación. "¿Y?" "Podrías haberme dicho que Elizabeth y tú eran novios." "¿Alguna vez he hablado contigo sobre las mujeres con las que salgo?"


"Elizabeth no es sólo una de las muchas mujeres que han desfilado dentro y fuera de tu vida, Gavin. Ella es. . . Elizabeth. Es prácticamente de la familia." "Todavía no se realmente lo que está ocurriendo entre Liz y yo, por lo que no tenía sentido mencionarlo. Mick dijo estabas enojada con ella." Ella entrecerró los ojos. "Eso dijo ¿Eh?" "Sí". "¿Por lo que ocurrió con Tara y Nathan?" "Sí". "¿Elizabeth se disculpó?" "Sí." "Mick dijo había corregido su error." "Sí, lo hizo." "Entonces ¿por qué iba yo a estar enojada con ella? Cometió un error. Todos cometemos errores. Michael la despidió por ello. Yo pensaría que perder a un cliente importante como Michael le enseñaría a no manipular a un cliente de nuevo". "Creo que ella aprendió una valiosa lección de todo eso." "Michael debería ser el último en tirarle piedras." Gavin se encogió de hombros. "Él le guarda rencor, y está protegiendo a Tara y Nathan." "Es comprensible. Pero Elizabeth hizo cosas muy buenas cosas por él y por su carrera. Tiene que superarlo." "Sí, se lo dije. Se metió en mi relación con Liz y me dijo que debería dejarla."


Los ojos de su madre se ampliaron. "No pudo atreverse a eso." "No con tantas palabras, pero dejó en claro sus sentimientos." Ella suspiró. "No sé por qué ustedes dos siempre llegan a ese punto. Ni porqué son tan competitivos todo el tiempo. Hablaré con él." Él puso su mano sobre la suya. "Gracias, mamá, pero no necesito que pelees mis batallas. Es como tú los has dicho. Tendrá que superarlo. Veré a Elizabeth durante el tiempo que dure nuestra relación. Si a Mick no le gusta, es una pena. Tendrá que lidiar con eso." "¿Cómo se siente Tara sobre su relación?" Gavin se encogió de hombros. "No tengo idea. No la he visto desde que regresé de Florida". "Tal vez deberías decírselo. Si Elizabeth va a estar en tu vida de una forma romántica, va a encontrarse con Tara tarde o temprano. Deberías allanar el camino y prepararla, prepararlas a ambas, para que no sea traumático cuando eso suceda." "Estoy seguro de que Mick ya le dijo a Tara que estoy viendo a Liz". Su madre se cruzó de brazos. "Y tal vez no lo ha hecho." Él asintió. "Tienes razón. Hablaré con ella." Trataría de asegurarse de que Elizabeth y Tara no se toparan la una con la otra, lo que era más fácil que tratar de explicarle a Tara por qué estaba saliendo una mujer a la que odiaba. Ambos saltaron con el sonido del metal contra el metal, proveniente de la cochera. "¿Y ahora qué?", preguntó Gavin. Ella sacudió la cabeza. "No tengo idea. ¿Te dijo tu padre si está pensando en rehacer el techo?"


Gavin puso los ojos en blanco y dejó el vaso vacío en la mesa. "Gracias por el té, mamá. Creo que saldré y averiguaré qué se trae entre manos." ****** "Así que… tengo esa cosa esta noche". Elizabeth se dio la vuelta en la cama, con sus uñas arrastrándose por su pecho y abdomen, y deslizándose bajo las sábanas para tomar su semi erecta polla. "¿Tienes una cosa? ¿Qué cosa?" Habían pasado la tarde en la cama. Era raro que él tuviera un día libre, y lo habían aprovechado al máximo. Elizabeth había ido a su casa, y se habían quitado la ropa como si estuviera en llamas, habían caído en la cama, y pasado las últimas horas allí. Él estaba totalmente agotado. No era que su polla se hubiera dado cuenta de eso, porque se puso rígido por las caricias de su mano. Era condenadamente difícil concentrarse en lo que estaba tratando de decirle, cuando ella le estaba acariciando las pelotas. "Sí. Una cosa. En casa de mis padres." "Oh." Ella soltó su polla y se sentó en la cama. "Está bien. Tomaré una ducha y saldré de aquí." Él tomó su mano. "No. Espera". El tiró de ella para que se acostara de nuevo. "Es el cumpleaños de Mick. La fiesta será en casa de mis padres. Mi mamá quiere que vayas." Ella pareció estar horrorizada, como si él le acabara de pedir que matara un pollo. "No lo creo, Gavin". "Le dije que no querrías ir. . . por obvias razones."


"Uh, sí." Él se rascó la nariz. "Ella insistió. Dijo que es tiempo de que tú y Mick entierren el hacha de guerra." Ella soltó una carcajada. "Sí, él me enterró el hacha de guerra completamente. En la espalda." Ella se puso de pie y se estiró, sus hermosos pezones se fruncieron mientras arqueaba la espalda hacia él. "Mira, Gavin, dile a tu madre que agradezco la invitación y el sentimiento detrás de ella, pero de ninguna manera voy a arruinar la fiesta de cumpleaños de tu hermano apareciendo por allí." Él se reclinó contra el respaldo y cruzó los brazos detrás de la cabeza. "¿Ni siquiera si yo te pido que vayas?" "¿Por qué harías eso? Ya sabes lo que pasará. Mick se enfadará." "No estamos seguros de eso." Ella puso los ojos en blanco. "Sí, lo estamos. Voy a vestirme, y luego iré a casa. Tienes que tomar una ducha e ir a casa de tus padres." ****** Una hora más tarde estaba de pie frente a la puerta principal de la casa de sus padres, no del todo feliz al no tener a Elizabeth con él. Había tratado de discutir con ella, e hizo todo lo posible, excepto secuestrarla y echarla en su camioneta, para hacer que fuera con él, pero se había negado. No era que él pudiera culparla. No habría sido un evento agradable para ella. Y eso le molestaba. Les gustara o no, estaba viéndose con Elizabeth, y su hermano iba a tener que empezar a lidiar con eso. Lo que significaba que él y Elizabeth eran una pareja. No sólo Elizabeth, no sólo él. Dio la vuelta para salir del porche, haciendo una mueca cuando la puerta se abrió tras él.


"Gavin". Mierda. Se volvió y sonrió hacia su futura cuñada. "Hola, Tara". "¿Te vas? Si acabas de llegar." "Sí. Me voy." Ella cerró la puerta principal y salió. Maldita sea, ella era una belleza, con su pelo rubio recogido en una larga cola de caballo, y sus ojos marrones transparentes y sin malicia. Era la mujer más dulce que había conocido. Mick no la merecía. "¿Qué ocurre, Gavin?" Él tomó sus manos entre las suyas. "Mi hermano y yo no estamos de acuerdo en este momento, y probablemente no sea una buena idea que yo entre." Ella se cruzó de brazos. "¿Qué hizo?" Gavin se echó a reír. "Él no hizo nada. Soy yo. Estoy viendo a Elizabeth." "Oh. ¿Y Mick tiene un problema con eso?" "¿Tú no?" Ella rió. "¿Te gusta ella?" "Sí, me gusta. Realmente no sé por qué, ya que pone a prueba mi paciencia, pero yo tampoco soy una persona fácil de tratar. Así que supongo que encajamos, al menos por ahora. Mamá quería que la trajera esta noche." "¿Y tú no quisiste? ¿Por Mick?". "Bueno, le pedí a Elizabeth que viniera. Ella se negó debido a. . . bien, por todo lo que pasó antes. No quería arruinar la fiesta de Mick."


Tara tamborileó con los dedos sus propios brazos. "Mick tiene que aprender a perdonar y olvidar. Lo qué pasó está en el pasado. Elizabeth lo arregló y se disculpó. Dios mío, él la despidió. ¿Qué más quiere de ella? ¿Un riñón?" Gavin se echó a reír. "Creo que me he preguntado lo mismo". "Ve por ella y tráela. Si tu mamá quiere que esté aquí, entonces debería estar aquí." "Puedo intentarlo, pero no estoy seguro de que venga". "Por lo menos inténtalo. No tendrás ninguna objeción de mi parte, Gavin". "Eres mejor persona que la mayoría de la gente que conozco, Tara". Ella le dio un beso en la mejilla. "Sólo recuérdale constantemente a tu hermano lo maravillosa que soy, ¿Está bien?" Él se echó a reír. "Eso haré." "Iré a hablar con Mick." ****** "He cambiado de opinión. No voy a entrar, Gavin. Esto tiene la palabra ‘desastre’ escrita por todas partes. ¿Por qué simplemente, no me pones delante de un pelotón de fusilamiento en su lugar?" "¿No estás siendo un poco melodramática?" "No, estoy siendo realista. Todos ellos me odian". Gavin puso los ojos en blanco y salió del coche. Habían estado sentados en el camino de entrada durante quince minutos. Estaba hambriento. Dio la vuelta hacia el lado de Elizabeth y abrió la puerta. "Sal ahora mismo. Si no, te pondré por encima de mi hombro y te llevaré adentro." Ella lo miró de manera rebelde. "No te atreverías." "¿Me estás retando? Porque sabes que lo haré."


"Maldito seas, Gavin Riley." Ella salió del coche y se quedó allí. "No puedo creer que accediera a esto." Él la tomó de la mano y arrastró su rígido cuerpo hasta la puerta. "Por lo menos trata de sonreír y fingir que estás contenta". La puerta se abrió, y su madre les dio la bienvenida. "Pensé que nunca llegarían". Tomó a Elizabeth entre sus brazos. "Lizzie. Ha pasado demasiado tiempo." La postura rígida de Elizabeth se derritió cuando la madre de Gavin la abrazó. Puso sus brazos alrededor de la madre de Gavin, como si fuera un salvavidas en un barco que se hundía. "Te he echado de menos, Kathleen". Gavin nunca se olvidaba de lo lindas que las dos pelirrojas se veían, cada vez que se abrazaban. Podrían ser madre e hija, que era probablemente la razón por la que su madre siempre había gravitado hacia Liz. Por supuesto, Liz era muy dulce cada vez que estaba alrededor de su madre, algo que Gavin nunca habría podido imaginar. Su personalidad cambiaba por completo cuando estaba con su familia. También amaba a su padre. Por supuesto, ahora que conocía su historia, se daba cuenta de que quizás simplemente le gustaba tener una cálida familia a la que regresar, ya que carecía de una propia. Su madre aferró la mano de Elizabeth, mientras caminaban hacia la casa. "Debería darte vergüenza haber estado alejada durante tanto tiempo. Te echamos de menos en las fiestas". "No pensé que sería bienvenida. Cometí un error tan feo con Mick". "Bah. Cometiste un error. ¿Quién de nosotros no lo ha hecho? Lo compensaste. Todo está perdonado". "Lo siento mucho, Kathleen. Mi carrera saca lo mejor de mí y a veces. . ." Gavin no escuchó el resto de lo que dijo Elizabeth, porque cuando entraron en la casa el nivel de ruido era ensordecedor. Había gente por todas partes. Y su la madre


se había quedado con Liz en algún lugar, por lo que Gavin fue a buscar a Mick o a su padre. Los dos estaban en la cocina, su padre con una cerveza en la mano y Mick con una botella de agua. Nathan también estaba allí, y se estaban riendo y hablando de deportes, por supuesto. "Feliz cumpleaños, viejo", Le dijo Gavin a Mick. Mick lo saludó con una sonrisa cauta. "Hola, gracias." Se estrecharon las manos. Gavin todavía estaba irritado después de su último encuentro. Su padre se dio cuenta de la falta de abrazo familiar. "Hola, Nathan, es un gusto verte de nuevo." "Hola, Gavin." Nathan le ofreció una amplia sonrisa. Parecía haber crecido un pie desde que Gavin lo viera por última vez, y había ganado un poco de masa múscular, también. "Te ves muy bien. ¿Has estado entrenando?" "Sí. El fútbol me mantiene ocupado. Y trabajar con papá. . . Mick. . . papá, me ha ayudado mucho". Gavin desvió la mirada hacia Mick, cuyos ojos se llenaban de orgullo cuando Nathan lo llamaba papá. Hijo de puta. Su hermano mayor era ahora padre de un adolescente. Las cosas habían cambiado mucho. "Estoy seguro de que lo ha hecho. Apuesto a que estás feliz porque tu mamá y Mick se vayan a casar." "Lo estoy. No podría haber pedido un mejor padre. Él es lo que siempre quise en un papá." "Y tú eres el hijo que siempre soñé tener."


El padre de Gavin se aclaró la garganta, con los ojos un poco llorosos, también. "Bueno, muchachos, antes de que todos nos desmoronemos, comencemos a sollozar y terminemos en un abrazo de grupo, volvamos a hablar sobre béisbol." "Los dejaré para que conversen sobre mí, mientras no estoy aquí", dijo Gavin. "Tengo que ir a buscar a Elizabeth. Mamá se fue con ella". "Así que realmente la has traído." Gavin se detuvo. "Sí, lo hice." "No lo puedo creer, hombre. ¿Todavía la estás viendo?" La mirada de Gavin se dirigió hacia Nathan, quien fruncía el ceño mirándolos. "No vamos a hacer esto ahora". "¿Por qué? Esto afecta a Nathan, también." "Mick. Tienes que ser amable con tu hermano ", dijo su padre. "Oh, tengo que ser cortés con Gavin. ¿Qué pasa con la forma en que él me trata? ¿Dónde está el respeto?" Correcto. Porque siempre era sobre Mick. Lo que era mejor para Mick. Ten cuidado con lo que le digas a Mick. No molestes a Mick. Mick tiene un problema, así que tenemos que ser muy buenos con Mick. Admira a Mick. Sé cómo Mick. Párate bajo la sombra de Mick. Mierda. Toda su vida había sido sobre Mick. Pero ya no más. Se volvió y salió de la cocina. "Hey, no hemos terminado." "¡Michael!"


El padre de Gavin le debió haber llamado la atención a Mick, porque no siguió a su hermano por el pasillo. Eso estaba bien para Gavin, porque en su estado de ánimo actual, no sabía lo que pasaría entre ellos. Y cumpleaños o no, había tenido suficiente de su hermano diciéndole cómo vivir su vida. Él no le había pedido consejo sobre a quién elegir para salir, y era condenadamente seguro que no tomaría los consejos no solicitados de Mick. Ahora sólo tenía que ir a buscar a Elizabeth antes de que más problemas se suscitaran. Como que se encontrara con Tara. ****** Elizabeth amaba a Kathleen. Ella era lo más cercano a una madre que tenía, y Kathleen siempre la había hecho sentir bienvenida en la casa Riley. Lo que, por supuesto, había cambiado cuando Elizabeth había metido la pata con Mick. Y él la había despedido. Perder a Kathleen y a Jimmy Riley había sido más duro para ella, que perder a Mick como cliente. Había extrañado pasar las fiestas con los Riley. En los últimos años se había convertido en un hábito para ella pasar el Día de Acción de Gracias y la Navidad en la casa Riley. El año anterior había sido brutal. Había pasado las fiestas, sola. Nunca se había sentido más solitaria, nunca se había dado cuenta de lo mucho que había llegado a pensar en la familia de Mick y Gavin como en su familia, hasta que no los tuvo. Estúpida. ¿Y qué había hecho? Comenzar a dormir con Gavin, lo que sólo terminaría en la ruptura definitiva de su relación con la familia Riley, cuando las cosas terminaran con Gavin.


Kathleen la había llevado al piso de arriba, lejos de la multitud, hacia el dormitorio principal, la había sentado en una de las dos antiguas sillas ubicadas en la esquina de la llena habitación. "Ahora que estamos sólo las dos, ¿por qué no me dices lo que está pasando?" "¿Quieres decir lo que pasó con Mick?" Kathleen hizo un gesto con la mano. "No. Creo que lo que pasó allí, está claro. Cometiste un gran error de negocios, y pagaste un precio muy alto por ello. Has perdido a Michael como cliente. Confío en que hayas sido lo suficientemente inteligente como para haber aprendido algo de eso." "Sí, señora." Kathleen tenía la capacidad de decir muy poco, pero con gran significado cuando lo decía. Elizabeth se sentía de dos pulgadas de alto en ese momento. "Siento mucho haber lastimado a Mick, Tara, y Nathan." Kathleen le tomó la mano. "Sé que es así. Pero sufriste las consecuencias de lo que hiciste, ¿no?" "Sí, lo hice. Mick no sólo era mi cliente. Era mi amigo. Y perdí, también su amistad." "Bueno, esperemos que no para siempre. Mi hijo es una mula terca, pero superará todo pronto". "Espero que sí. Tengo que hacer las paces con él. Y con Tara". Kathleen asintió. "Hazlo. Pero me refiero a lo que está pasando entre tú y Gavin" Ella tragó. "Oh. Eso." Kathleen niveló sus muy sabios ojos con los de ella. "Sí. Eso. Nunca me di cuenta de que tú y Gavin sintieran algo por el otro." Oh, Señor. "Bueno, es algo que simplemente ocurrió. Estamos saliendo de manera casual, en realidad. No es nada serio, Kathleen".


"¿En serio?". "Sí". "Así que no tienes sentimientos por él." Ella apoyó la cabeza en sus manos, luego la giró hacia un lado. "Serías un gran fiscal, ¿lo sabías? De verdad sabes cómo poner a una chica en el sitio." Kathleen rió y le acarició la mano. "Vamos. Sabes que estoy bromeando contigo. Es sólo que me tomaste por sorpresa. Eres como una hija para mí. Me sorprendí al descubrir que tú y Gavin estaban juntos." "A mí también me tomó por sorpresa." "A mí no. Lo vi la primera noche que te conocí. Sabía que estabas enamorada de Gavin." Elizabeth se dio la vuelta y vio a Tara, apoyándose contra la puerta, con la hermana de Gavin, Jenna, a su lado. "¿Qué?" "Entren, chicas. ¿Sabían que Elizabeth y Gavin son novios?" Tara se sentó en el borde de la cama. "Yo no, hasta que Gavin me lo dijo. Pero como he dicho, no me sorprende. Vi las chispas, esa noche en el bar, cuando llegué por primera vez a la ciudad y los conocí a todos." "¿Chispas? ¿Qué chispas?" Tara volvió la mirada hacia Elizabeth. Elizabeth esperaba animosidad, odio incluso. Pero lo que vio fue sólo. . . interés. "Vi la forma en que lo mirabas. Pude ver de inmediato que estabas enamorada de él." Ella recordó que Tara lo había mencionado antes, pero ella lo había descartado, pensaba que tenía que minimizarlo. Pensó que lo había escondido tan bien. "Enamorada… Oh. No, en serio. No lo estoy."


Jenna resopló. "¿Estás enamorada de Gavin?" Ella giró algunos de los muchos pendientes en su oreja y se dejó caer de vientre sobre la cama. "Ahora esto se está poniendo interesante." "No estoy enamorada de Gavin." Tara se echó a reír. "Sí, lo estás. Y apuesto a que lo has estado durante algún tiempo." "¿Es eso cierto Elizabeth?", Le preguntó Kathleen. "¿Estás enamorada de Gavin?" Ella miró de Kathleen a Jenna, luego a Tara, y por primera vez en su vida no tuvo idea de qué hacer. La habitación se cerró sobre ella, y le costó respirar. Ese era el motivo por el qué no tenía amigas. Con los chicos se podía salir con cualquier cosa. Las mujeres eran más duras. Se abalanzaban sobre ella con sus miradas de acero, y no había forma de escapar. Los mareos hicieron que su respiración se acelerara, inspiró aire más y más rápido, lo que hizo que la habitación le pareciera más caliente. "No me siento muy bien", dijo ella, levantando una mano temblorosa hacia su sudorosa frente. "Oh, mierda, mamá, está pálida", dijo Jenna. "No lo sé, pero pareciera que va a perder el conocimiento." "Que alguien le baje la cabeza. Voy a buscar un paño frío." La voz de Tara sonaba lejana, como si estuviera hablando desde un túnel. La habitación había empezado a girar, y a Elizabeth se le entumecieron los dedos. Trató de aspirar el aire más rápido porque no podía respirar. "Jenna, cierra la puerta. Elizabeth, inclínate y pon la cabeza entre las rodillas." "No puedo respirar." Envolvió los brazos alrededor de su estómago, sintiendo náuseas. "Elizabeth. Presta atención."


Ella trató de levantar la cabeza, pero en lo único en que podía pensar era en respirar. En todo lo que podía pensar era en la falta de aire. Y en que se caería de la silla. Unas manos frescas hicieron presión contra su nuca y la empujaron hacia adelante. Sintió que algo helado y húmedo en el cuello. "Respira lentamente y con tranquilidad, cariño. No tan rápido. Eso es lo que hace que te marees." La voz tranquila de Kathleen penetró en su mente. Elizabeth hizo lo que le pedía, y eso la ayudó. La sensación de agujas en sus manos y pies comenzó a disminuir, y finalmente el entumecimiento en su cara comenzó a desaparecer. "Lo estás haciendo bien. Céntrate en cada respiración. No tan rápido. Lentamente". Ella lo hizo, manteniendo los ojos cerrados para que la habitación dejara de girar. "Ahora, levanta la cabeza. ¿Crees que puedas hacerlo sin sentirte mareada?" "No tengo idea." "Trata. Sólo inténtalo. Si todavía te sientes mareada, te acostaremos en la cama." Ella abrió los ojos y miró sus pies, luego, lentamente, levantó la cabeza. Todavía estaba un poco mareada, pero no con el trayecto en montaña rusa, en el que había estado unos minutos antes. Tara retiró el cabello de la cara de Elizabeth. "¿Te sientes mejor ahora?" Elizabeth asintió. "Sí". "Aquí", dijo Kathleen, colocando un vaso de agua delante de ella. "Toma un par de tragos". Ella tomó el vaso, pero Kathleen lo sostuvo para ella, mientras tomaba un sorbo de agua. Inclinó la cabeza hacia atrás y trató de sonreír. "Gracias".


Elizabeth dirigió su mirada hacia Tara, y luego a Jenna, quien estaba arrodillada frente a ella. "Gracias a ustedes dos, también. Estoy tan avergonzada". Tara sonrió. "No hay nada como un buen ataque de pánico, ¿Cierto?" "¿Era eso? Nunca había tenido uno antes." Exhaló el aire, después inhaló de nuevo, esta vez sin hacerlo como si estuviera corriendo una carrera para respirar. "Me asusté muchísimo". "¿Así que el tema de mi hijo te lleva a tener un ataque de pánico?" Ella miró a Kathleen. "Oh. No, en absoluto. Sí. Tal vez. No lo sé. No estaba preparada para responder preguntas acerca de lo que siento por él." "Obviamente", dijo Jenna con una sonrisa. "¿Quién hubiera imaginado que mi hermano incitaba tal pánico en las mujeres?" Elizabeth logró emitir una risa. "No, en serio, no es él. Soy yo". "Lo siento", dijo Tara. "No tenía la intención de arrinconarte con lo de Gavin." Elizabeth se reclinó en la silla. "No tienes nada que lamentar. Yo soy la que debería disculparme contigo. Hasta el día en que me muera, probablemente." "Está bien, de verdad." Elizabeth no estaba segura de que alguna vez, estuviera bien con Tara de nuevo. "Realmente lo siento, Tara. Estaba tan equivocada, tan centrada en mi carrera y en la de Mick que me cegué. Te hice daño, y también a Nathan, sin pensar. Nunca usaría a un niño de esa manera. No sé en qué estaba pensando, y no hay excusa para lo que hice." Tara se inclinó y tomó sus manos. "Disculpa aceptada. Dejarlo ir, Liz. Yo ya lo he hecho. Y Nathan no guarda ningún rencor". Ella se estremeció, con un suspiro. "Gracias. Eres muy generosa y mucho más amable de lo que yo probablemente sería".


Tara se echó a reír. "Bueno, no te desmayes sobre mí cada vez que me veas. Eso sería un buen comienzo." Elizabeth esbozó una sonrisa. "Es un poco desconcertante que, durante todo este tiempo, supieras cómo me sentía." "Bueno, fuiste un poco obvia. Tus sentimientos por Gavin están escritos en todo tu rostro." Ella se llevó las palmas de las manos a sus mejillas, la llama de la vergüenza las calentó. "¿Lo están?" Tara le dio una sonrisa de simpatía. "Sí, lo están." "Así que, estás enamorada de Gavin. Wow. No lo vi", dijo Jenna. "Ustedes dos se conocen desde hace años. Dime, ¿Es algo reciente o has tenido esos sentimientos por algún tiempo?" "Durante un largo tiempo, es mi conjetura", dijo Tara. "¿Tiene ella razón?", Le preguntó Kathleen. Elizabeth asintió. "¿Lo sabe Gavin?" Elizabeth sacudió la cabeza. "No. Dios, no. Y no quiero que lo sepa." Kathleen frunció el ceño. "¿Por qué no?" Ella se miró las manos. "Es difícil de explicar." "Porque un hombre tiene que enamorarse de ti porque quiera, no por obligación." Elizabeth levantó la cabeza y asintió hacia Tara. "Sí". "Lo que significa, mamá, que tenemos que permanecer al margen y dejar que Elizabeth y Gavin manejen su relación de la forma en que crean más conveniente", dijo Jenna.


"Está bien. Pero tengo que decirte, Lizzie, que los quiero a ambos, a ti y a mi hijo. Y no quiero que ninguno de los dos salga herido". Elizabeth tomó la mano de Kathleen. "Yo también te quiero. Y no quiero hacerle daño a Gavin. No sé cómo jugaremos esto. Todavía no sé lo que somos el uno para el otro. Así que te pido que nos des algún tiempo para descubrirlo." Se volvió hacia Tara. "Y dale un poco de espacio a Mick, también. Todavía está enojado conmigo, y tiene derecho a estarlo. Y, él y Gavin están en desacuerdo sobre eso. Soy fuerte y puedo asumirlo. No quiero que se peleen por mi culpa." Tara se encogió de hombros. "Ya he decidido quedarme al margen de esa batalla." Kathleen asintió. "Probablemente, sea una buena decisión. A veces los hermanos deben encontrar sus propias soluciones a sus problemas. Y cuando una mujer, o mujeres, están implicadas, lo mejor es mantenerse alejadas. Ellos encontrarán la forma de resolver esto. Siempre lo han hecho". Elizabeth esperaba que fuera cierto. Se alejaría de Gavin antes de abrir una brecha en su relación con Mick. Sólo esperaba que la situación no llegara a ese punto


Capítulo Dieciséis Gavin buscó a Elizabeth por toda la maldita casa, preguntándose si tal vez Mick la había encontrado y metido en el maletero de un coche. Está bien, él no sería capaz de hacer eso. O al menos él no creía que su hermano llegara tan lejos. Cuando daba su tercera ronda por la casa, vio a Elizabeth bajando las escaleras con su madre, Jenna… y Tara, de todas las personas. Todas estaban sonriendo, charlando, aparentemente a gusto una con las otras. Cosa que no había esperado. “Hey, he estado buscándote por todas partes” le dijo mientras llegaba al final de la escalera. “¿Qué has estado haciendo?” “Es una sociedad secreta de mujeres. Estamos planeando la desaparición del género masculino”, dijo Jenna. “Sabelotodo.” Besó la mejilla que Jenna le presentó y luego ella se alejó. Tara se acercó a él y lo abrazó. "Charla de chicas. No tienes que monopolizar todo el tiempo a Elizabeth, ¿sabes?" Él miró a Elizabeth que parecía estar muy bien. "Creo que sí". "Entonces, supongo que puedes tenerla de regreso. Tu madre, Jenna y yo tenemos que ir a darle los toques finales al pastel de Mick. ¿Tú y tu padre asaron la carne?" "Sí," dijo, sin poder apartar los ojos de Elizabeth, queriendo asegurarse de que todo estuviera bien. "Está en el mostrador de la cocina." Elizabeth miró a la madre de Gavin. "¿Necesitan ayuda?"


"No," dijo Kathleen. "Ponte al día con Gavin. Lo tenemos todo bajo control". Se alejaron, y Gavin la llevó hacia la puerta principal para que pudieran tener algo de privacidad. "¿Qué está pasando? ¿Por qué estabas arriba con Jenna, Tara, y mamá?" Ella se encogió de hombros. "Nada. Sólo estábamos conversando." "¿Te dijo algo Tara?, ¿Te hizo pasar un mal rato?" Sus labios se torcieron. "No. Hablamos. Todo fue bien. Estamos bien ahora." Puso la mano en su brazo. "De verdad, está bien." "¿Estás segura?" "Totalmente". "De acuerdo". "Entonces, ¿podemos entrar y ayudar en lugar de merodear y evitar a todo el mundo?" Él puso un brazo alrededor de sus hombros. "Supongo que sí." Ella deslizó el brazo alrededor de su cintura. "En verdad, Gavin. Puedo cuidar de mí misma. Incluso con Mick." Quien se encontraba detrás de la puerta principal, con Tara, cuando abrieron. Elizabeth le dirigió su sonrisa más grande. "Feliz cumpleaños, Mick". Gavin supo que Tara había hablado con él, cuando respondió. "Gracias. Estoy contento de que hayas podido venir." Los labios de Elizabeth se curvaron. "No, no lo estás, pero gracias por ser civilizado al respecto. Trataré de permanecer fuera de tu camino." Soltó a Gavin. "Voy a la cocina para ayudar a tu mamá".


"Yo también." Tara se inclinó y besó a Mick. "Compórtate". "¿Cuando no me he comportado?" Tara hizo rodar los ojos, luego miró a Gavin. "Tú también". Tara se fue y Gavin se quedó con Mick. "Gracias por no saltar sobre Elizabeth." Mick se encogió de hombros. "No tengo nada que decirle siempre y cuando no se meta con mi familia. Ya ha hecho bastante de eso." Había mucho que Gavin le quería decir en respuesta, pero era el cumpleaños de Mick, y su madre probablemente lo golpearía en la cabeza si le pegaba al chico del cumpleaños. Que era probablemente la razón por la que Mick pensaba que podía salirse con la suya, diciendo lo que quisiera. El pase libre no duraría mucho. Hoy era el único día. "Creo que deberíamos ver que está haciendo papá", sugirió Gavin, tragándose su enojo. "Probablemente sea buena idea." Papá era un territorio neutral. Estaba afuera, rodeado por el humo de la barbacoa y por un puñado de los tíos de Gavin y Mick. Gavin escuchó el final de una historia sobre el Súper Bowl de ese año, acerca de una de las extraordinarias jugadas de Mick, y que en el bar, sólo había habido espacio para estar de pie, aquel domingo. Mick gimió. "Como si el tío Robert y el tío Matt no hubieran escuchado esa historia cientos de veces ya. "¿Escuchado? Diablos, ellos se encontraban en el bar esa noche. Todos estábamos ahí. Eso no significa que papá no vaya a repetirla una y otra vez." Había un puñado de vecinos rodeando a su papá, y todos habían estado en el bar esa noche, también. Al igual que Gavin, quien había visto todas las jugadas, escuchado todos los aplausos, y todavía tenía que escuchar la repetición.


No era que estuviera celoso. Ganar el Súper Bowl había sido algo condenadamente grande para su hermano. No envidiaba su gloria en absoluto. Si el zapato hubiera estado en el otro pie, Gavin estaría deleitándose en la gloria y extrayéndole todo el jugo que pudiera. "Mick, hijo mío, ven y dile a los chicos sobre tu pase del touchdown ganador". "Una vez más," murmuró Gavin. Mick puso los ojos en blanco. "Ellos no quieren oírlo." "Probablemente no, pero papá quiere que tú les hables sobre ello. Tal vez, si tienes algo de suerte, hagan una colecta para que no tener que escucharlo de nuevo." Mick soltó un bufido y se dirigió a la multitud. Gavin se quedó atrás y tomó un sorbo de cerveza, escuchando la historia que había oído muchas veces antes. "Tu temporada se ve bien hasta ahora". Gavin no había escuchado al hijo de Tara, Nathan, llegar por detrás. El chico siempre era muy tranquilo. Por supuesto, alguien de quince años en medio del bullicioso clan Riley, podía ser devorado como un pequeño pez en un tanque de tiburones. "Gracias, Nathan. ¿Tú cómo estás?" "Bastante bien." Gavin sabía que había algo de lo que Nathan le quería hablar. "¿Quieres decirme de algo?" Nathan miró hacia donde Mick estaba imitando el lanzamiento de una pelota de fútbol. "Sí, así es." "Adelante. Somos familia ahora. Dime lo que estás pensando".


Nathan hizo una pausa breve y luego dijo: "Es sobre tu novia". "Elizabeth". "Sí". "¿Estás enojado con ella?", Preguntó Gavin. "No. Pero Mick todavía lo está. Y él cree que yo debería estarlo, pero no es así". Gavin giró en los escalones para mirar de frente a Nathan. "Nadie debería decirte cómo sentirte, Nathan. Ni tu madre, ni Mick, ni yo. Si estás enojado por lo que hizo Elizabeth para manipular a los medios de comunicación ese día, estás en tu derecho. Si ya lo superaste, estás en tu derecho, también. Si Mick todavía está enojado sobre eso, ese es su problema y sólo él debe resolverlo." "Supongo que sí." "No tienes que sentir lo mismo que él siente, acerca de ninguna cosa. Él seguirá queriéndote. Es como cuando dos personas se aman, pero están en lados diferentes de la política." "¿Quieres decir cuando uno es Demócrata y el otro Republicano?". "Exactamente. No tienen que estar de acuerdo para seguir amándose, ¿entiendes? Aun cuando podrían no estar de acuerdo en algunas serias cuestiones fundamentales." "Hablamos sobre eso en mi clase de gobierno. Estamos en todo nuestro derecho a defender lo que creamos, incluso si estamos en desacuerdo con las personas más cercanas a nosotros." "Exactamente. Tus abuelos se oponen entre sí, en cuestiones políticas". Las cejas de Nathan se elevaron. "¿En serio?" "Así es. Pero se aman como nadie. Y nunca he visto a dos personas que puedan argumentar con tanta fuerza, sobre todo en época de elecciones. Quemarían tus


oídos. Pero elige a uno, y el otro lo defenderá hasta la muerte. Es algo así cuando tienes tus opiniones o sentimientos sobre algo. Sólo porque ames a Mick, no significa que tengas que estar de acuerdo con todo lo que él cree." Nathan miró a Mick, y luego asintió. "Eso tiene sentido. Gracias." "De nada". "Me gusta Elizabeth. Ella se acercó a mí hoy, nos sentamos a hablar, y me contó cómo metió la pata y cuánto lo sentía. Creo que tiene agallas." "Sí, supongo que sí." Nathan miró fijamente a Gavin. "Creo que ella está realmente tratando, Gavin". Gavin golpeó el hombro contra el de Nathan. "Yo también lo creo, Nathan. Tal vez tu padre se dará cuenta algún día cercano". ****** Elizabeth estaba drenada. Física, mental y emocionalmente agotada. Primero la crisis frente a Jenna, Kathleen, y Tara, y ¡Oh Dios!, ¿podría haber sido un momento más horrible? Y luego se había sentado y había tenido una charla de corazón a corazón con un chico de quince años, quien había manejado su disculpa con una madurez que ella no había esperado. Y para colmo había tenido que pasar el resto de la noche haciendo todo lo posible para esquivar a Mick, lo que no había sido fácil, teniendo en cuenta que había sido su fiesta de cumpleaños. Quería desnudarse, arrastrarse bajo las sábanas, y poner fin a ese día. Gavin la había traído a casa y se había ido a tomar una ducha. Había sudado en un improvisado partido de fútbol, con su hermano, su futuro sobrino, y algunos primos.


Mientras lo hacía, abrió una botella de vino y se sirvió una copa. Se dirigió hacia el piso superior, se quitó la ropa, y cayó de bruces sobre la cama. Estaba casi dormida cuando sintió dos fuertes manos deslizándose por su espalda, seguidas por labios cálidos presionados contra su nuca. "Te doy una hora para detener eso." Él no habló, sólo trasladó sus manos en un asalto muy sensual a sus hombros, masajeando para alejar la tensión de sus omóplatos, de la parte media de su espalda, la parte baja de su espalda, y persistiendo en su trasero, lo que le hizo soltar una risita. Comprimía los lugares que lo necesitaban, y usaba toques ligeros en los lugares que no estaban tan tensos. Él siguió a sus dedos con el más ligero contacto de sus labios, mientras trazaba un camino desde su trasero, pasando por sus muslos y pantorrillas, para luego levantar sus pies y masajear los arcos. Ella gimió mientras masajeaba sus pies, un punto débil debido a que pasaba todo su tiempo en zapatos altos. "Dios, eso se siente bien. Por favor, no te detengas." Él apretó el dedo pulgar sobre el arco de su pie, y la sorprendió cuando su lengua se envolvió alrededor de su dedo. Ella jadeó, con la doble sensación, de confort y sensualidad, llegando de inmediato a su coño. Llamas húmedas y calientes de excitación la recorrieron, haciéndole levantar su trasero al aire y deslizar la mano entre sus piernas para masajear el dolor que sentía en el clítoris. "Detente", dijo. "Llegaré allí en un momento." Ella rió. "No puedo esperar. Quiero correrme." "No tienes mucha paciencia, ¿verdad?", preguntó él, para luego deslizar el dedo gordo de su pie en su boca y lo succionarlo. Oh, maldita sea. Ella perdió la pista de lo que estaba a punto de hacer con sus dedos, fascinada por su talentosa lengua y boca. Y cuando deslizó la lengua por la parte inferior de su pie, ella lo alejó de pronto.


"Eso hace cosquillas". "No podemos permitirlo." Él lamió su camino sobre su tobillo, y hacia arriba por su pantorrilla, y levantó una de sus piernas, para luego bajarla a la cama, besándole la parte posterior de una rodilla, y luego la otra, separando sus piernas para arrastrarse entre ellas. Apretó sus labios contra la parte trasera de sus muslos y donde sus nalgas se encontraban con sus piernas, luego masajeó su trasero. Ella gimió de nuevo cuando él comenzó a frotar la parte baja de su espalda, especialmente el lugar que. . . "Ohhh. . ." “¿En verdad?". "Sí". "Es porque insistes en usar esos tacones de cuatro pulgadas. Son malos para tu espalda." "Sí, doctor. Lo que usted diga, doctor. Sólo manténgase frotando allí." "¿Estás segura que quieres que te frote aquí? O tal vez aquí en su lugar." Él dejó que sus dedos se deslizaran por debajo de su trasero de nuevo, y después entre sus piernas para jugar con su coño. "Está bien, eso es bueno también. Frota en ese lugar." Él lo hizo, utilizando tres dedos para separar los labios de su coño y extender sus jugos sobre su clítoris. Ella siguió su mano, levantando su trasero y frotándose contra él, como un gato deseando atención. Demonios, incluso podría estar ronroneando. Sabía que había hecho algún tipo de ruido, pero no tenía idea de lo que había sido. Se había perdido en las sensaciones, con su mente centrada sólo en su toque y en la sensación de su cuerpo mientras se movía sobre ella y deslizaba su polla en su interior, y luego extendió la mano por debajo de ella para continuar moviendo los dedos sobre su clítoris.


Se hinchó en su interior, engrosándose, extendiéndola, llevándola hasta el límite y de regreso. Ella apretó las sábanas en puños y hundió la cabeza en ellas, dejando fuera todo, excepto su respiración, mientras le susurraba palabras oscuras al oído. Ella volvió la cara hacia un lado, captando sólo un vistazo de sus tensas facciones, mientras sus labios encontraban los de él en un beso febril, cuando él empujó profundamente dentro de ella. Apretada contra el colchón, estaba impotente, dándole todo el control, mientras la llevaba a un estado febril. La tensión convirtió sus músculos en acero, mientras luchaba contra la explosión que se cernía tan cerca. Quería prolongar ese éxtasis, donde cada empuje de su polla era la felicidad y cada palabra susurrada que él pronunciaba, era el paraíso. "Déjate ir, Elizabeth. Déjame sentirte correrte." Ella sacudió la cabeza, aguantando por tan sólo unos segundos más, mientras él la llevaba cada vez más, hacia una espiral del más dulce placer imaginable. Pero cuando mordió su nuca, ella se inundó en un calor que no podría sobrevivir, y se corrió, gritando y encontrando sus labios, mientras él empujaba contra ella, con sus testículos golpeando contra su clítoris. Él gimió y se derramó dentro de ella. Estaba pegado a ella, temblando contra su cuerpo, y ella quiso que esto durara para siempre, los dos conectados de esa forma. Gavin se dejó caer sobre ella y rodó hacia un lado, llevándola con él, acariciando sus pechos mientras ella bajaba de las alturas. Ella siempre le daba tanto durante el sexo, tanto de sí misma. Se abría y le daba todo, sin guardarse nada. Nunca había sido así con otros hombres. Nunca había amado a otros hombres. Se preguntó si él se daba cuenta de lo mucho que le daba, o si pensaba que era simplemente como cualquier otra mujer con la que había estado.


Ella nunca se lo preguntaría. No quería saberlo. Sólo existía el ahora entre ellos. Nunca le diría cómo se sentía. Él ya tenía demasiado poder con las cosas como estaban. Y cada día que pasaba obtenía más. Ella suspiró y se acurrucó contra él. Él le acarició el cabello en la oscuridad, y ella permitió que una única lágrima se deslizara por su mejilla. Poco a poco se estaba perdiendo a sí misma en Gavin. Ella nunca ganaría ese juego.


Capítulo Diecisiete Si este fuera un concierto de rock en vez un partido de béisbol de un miércoles por la tarde, en Milwaukee, la chica con las enormes tetas sentada en la segunda fila, a lo largo de la línea de primera base, se estaría levantando la camiseta y mostrándole su mercancía a Gavin. En vez de eso, levantaba anuncios proclamando su amor por él, con sus senos rebotando de arriba abajo, mientras sostenía el anuncio sobre su cabeza. Le encantaban los aficionados, especialmente los de otras ciudades, debido a que, por lo general, el equipo visitante era abucheado. Pero esa mujer estaba teniendo una fiesta bragas húmedas en su asiento, por Gavin, y él estaba disfrutando cada minuto, a pesar de las burlas que estaba recibiendo por parte de sus compañeros en la caseta. "Amigo, definitivamente deberías conseguir su número." "Ha hecho todo, excepto lanzarse a la parte superior de la caseta." "Te apuesto cien dólares a que estará esperando por ti afuera, después del partido." De ninguna manera iba a tomar esa apuesta. Había visto un montón de fanáticos antes, y la rubia era una fanática de clase A. Se sentía halagado, pero sabía que no debía permitir las fantasías de los locos. Ella probablemente tenía una habitación llena de sus fotos y un pica-hielo debajo de su almohada. Después del partido, él y algunos de los chicos, se dirigieron restaurante de la planta baja del hotel para cenar y tomar algunos tragos, para consolarse después de una dura derrota. A veces era más fácil perder un juego por seis carreras, que caer en un partido cerrado. El de esta noche, había sido un final para morderse las uñas, habían tenido chicos en primera y tercera en la parte alta de la novena, pero no habían podido llegar a home. "Los bates estaban fríos hoy", dijo Dedrick. "O al menos, el mío lo estaba."


"No eras solo tú," dijo Gavin, alzando su vaso de cerveza y dando un par de largos tragos. "Yo no pude batear una mierda." Tommy tomó un trago y dejó su vaso sobre la mesa, haciendo una mueca. "El picheo no ayudó mucho, tampoco. Bailey no pudo mantener a esos dos corredores en la tercera, y yo no pude ayudarlo en la quinta. Sólo duré dos entradas. Mi relevo apesta. Debe ser la luna llena o algo así." Gavin levantó su vaso. "Por un mejor juego mañana." Chocaron los vasos. "No podría ser peor que el de hoy", murmuró Dedrick. "Bueno, sí podría", dijo Gavin. "Pero no lo será. Mañana les patearemos el trasero." Bebieron cerveza, comieron hamburguesas, y se quejaron del partido un poco más. Dedrick y Tommy dijeron por terminada la noche y regresaron a sus habitaciones. Gavin se quedó en el bar, demasiado inquieto como para caminar por los límites de su habitación de hotel. Había un juego nocturno, Atlanta contra Tampa Bay, así que se sentó en el bar y vio el partido, cambiando a un refresco después de una cerveza más. Una despampanante morena colocó un taburete al lado del suyo, ya que el bar estaba bastante lleno. Pidió una copa, sacó su teléfono, y empezó a apretar botones. Gavin juzgó que tendría alrededor de veinticinco años, y sin duda estaba en la ciudad por negocios, ya que tenía el pelo recogido al estilo de Elizabeth, y llevaba traje y zapatos de moda, como los de Elizabeth. Ella frunció el ceño ante alguna tontería que estaba sucediendo con su teléfono. "¿Problemas?" Ella levantó la mirada y le ofreció una sonrisa. Tenía unos hermosos ojos color café. "El cliente canceló nuestra reunión".


Gavin asintió. "Odio cuando eso sucede." Ella se rió. "Yo también. ¿Estás en la ciudad por negocios?" "Se podría decir eso." Ella le tendió la mano. "Judith Stafford. Soy Representante de Mercadeo de Aluminios Lincoln. ¿Y tú eres?" Él le dio la mano. "Gavin Riley." "Encantada de conocerte, Gavin. ¿Con quién trabajas?" "Con el equipo de béisbol de los Rivers de Saint Louis." Sus cejas se elevaron. "Oh. Eres jugador de béisbol. ¿No jugaron esta noche?" "No. Jugamos en Milwaukee esta tarde." Ella dejó escapar una risa suave. "Lo siento mucho. No soy una gran fan, obviamente. Probablemente debería estar babeando, o chillando, o algo, ¿no?" Le gustaba esta mujer. "No es necesario, de verdad. No todos son fans". Ella giró a medias en su asiento, lo suficiente como para mostrar un par de piernas espectaculares. "Entonces ¿Tu equipo ganó o perdió hoy?", Le preguntó. "Perdimos". "Ya veo. Así que estás en la barra ahogando tus penas." "Mis compañeros y yo estábamos haciéndolo antes. Ahora solo estoy tomando un refresco y mirando otro juego. No me gusta pasar la noche en un cuarto de hotel. Odio los juegos de día." Ella asintió. "La peor parte de viajar son las habitaciones de hotel. Yo suelo ir al centro comercial para matar el tiempo, o hago lo mismo que tú, ya sea pasar el rato en el restaurante o en el bar. Es una lástima que ya hayas cenado, o te invitaría a salir y podríamos ver la ciudad".


"No llego a ver demasiado de ninguna ciudad cuando jugamos. Por lo general solo entramos y salimos, y como ya dije, una gran cantidad de habitaciones de hotel." "Suena como mis negocios, aunque yo puedo comer en muchos restaurantes locales. Para conversar con los clientes, ya sabes." "Así que, ¿Viajas mucho?" Ella asintió. "Por todo el país. Soy directora de ventas, así que viajo probablemente las tres cuartas partes del año." "Uff. ¿Qué piensa de eso tu marido?" Ella sonrió. "Es por eso que no tengo uno, al menos no todavía. Tal vez cuando encuentre a un hombre dispuesto a soportar la locura que es mi trabajo, cortaré los viajes un poco. Por otra parte, tal vez no." "Debes casarte con un jugador de béisbol. Entendería ese calendario de viajes, además de que no tendrías que dejar a un tipo solo en casa todo el tiempo. Por lo menos hasta la temporada baja." Ella sonrió, mostrando unos dientes blancos y parejos. "¿Es esa una propuesta de matrimonio?" Él se atragantó con su bebida. "Te mueves rápido, Señorita Stafford". Ella levantó su propia bebida le dio un sorbo, y luego cruzó las piernas. Gavin había estado alrededor de suficientes mujeres, como para saber que esa era una señal de interés. Ella era hermosísima, olía bien, y estaba lanzando señales que un hombre tendría que ser ciego para no notar. Era inteligente y divertida para conversar, y si jugaba bien sus cartas, podría tener a Judith Stafford en su cama esta noche. El problema era que, cierta pelirroja luchadora, se mantenía en su mente. Ella era la única a la que quería llevarse a la cama, la única en la que quería pensar. ¿Qué coño le estaba pasando?


"¿Y que hay sobre tí, Gavin Riley? ¿Cómo se siente tu esposa de que viajes todo el tiempo?" "No tengo esposa." Sus ojos brillaron completamente ahora. "Pero hay una mujer que estoy viendo. La he estado viendo mucho durante el último par de meses, en realidad. Viaja mucho, como tú, así que entiende todo lo que implica viajar." En ese mismo momento, la luz que se había encendido en sus ojos, se apagó. Descruzó las piernas y las deslizó por debajo del taburete. Una señal que gritaba ‘manos afuera’, a pesar de que su sonrisa seguía siendo amigable. Amigable y educada, pero estaba dejando claro que su divertida conversación había terminado. "Es una mujer afortunada. Por mi parte voy a subir, me quitaré la ropa profesional, y veré un poco de televisión. Encantada de conocerte, Gavin". "Encantado de conocerte, también, Judith". Cuando se fue, Gavin terminó su refresco y pagó su cuenta de bar, y luego se dirigió a su habitación. Sacó su teléfono celular y se movió a través de los nombres, sonriendo cuando encontró el que buscaba. Tenía una repentina urgencia de hablar con Elizabeth. ****** No había nada que encendiera más el espíritu competitivo de Elizabeth, que una sala llena de otros agentes deportivos. La conferencia sobre el trabajo por medio de redes, las negociaciones y medios de comunicación social, era la apropiada para ella. Todo el mundo en su industria estaba aquí, y esta era su oportunidad para ponerse al día, llenar dos días y noches, sin pensar en nada más que lo que la había llevado allí.


Ella y sus compañeros, agentes deportivos, no se reunían muy seguido, a excepción de quizá verse unos a otros en las selecciones de jugadores y en los banquetes, y generalmente estaban demasiado ocupados con sus clientes para dar más que un breve saludo. Por supuesto, estaban sus compañeros de la agencia para la que trabajó, pero aun así, eran sus competidores. Su objetivo era estar en lo más alto de su negocio, incluso dentro de su propia compañía. Y hasta ahora había estado haciendo precisamente eso. Además, era una gran experiencia de aprendizaje. Ella estaba en la cima de los medios de comunicación social, tenía presencia en Twitter y su propia página de Facebook, donde se enumeraban las idas y venidas de todos sus clientes. Quería que sus posibles clientes supieran lo que estaba haciendo, y quiénes estaban en su lista de clientes. Los jugadores jóvenes de hoy estaban todos en línea, y si querían encontrar un agente deportivo, era allí donde buscaban. No era ninguna tonta. Sabía cómo jugar el juego. Todo era digital. Los jugadores de las universidades no iban a buscar un agente en las Páginas Amarillas. Sin embargo, había talleres valiosos a los que asistir sobre salarios topes para los novatos, mejorar las habilidades para la negociación, que rebelaba la guerra contra el arbitraje, y cómo tratar con las relaciones laborales. Había mucho más para un agente deportivo que sólo firmar y mantener grandes jugadores. A menudo, era como maniobrar en un campo de minas, y un buen agente se quedaba de pie, y se aseguraba de estar al tanto de todas las ramificaciones legales y contractuales. Por supuesto, su agencia tenía muy buenos abogados para solucionar los aspectos legales de los derechos de un jugador y de sus contratos. Pero Elizabeth quería estar lo más informada posible, por lo que esas reuniones anuales eran esenciales. "¿Sumergiéndote en todo, Elizabeth?" Ella apretó los dientes, dio media vuelta y puso una sonrisa profesional para su archi-enemigo, Don Davis. "Don. Qué bueno verte." Él mostró sus ‘dientes-oh-tan-blancos-y-sin-duda-cubiertos’, ajustando los puños de su camisa perfectamente adaptada, bajo su impecable oscuro y ostentoso traje, que iba a juego con su muy costosa corbata. Su cabello oscuro, alisado hacia atrás, la


hizo pensar en algún mafioso, amenazándola con que o pagara en tres días o la encontrarían en un callejón oscuro, sin algunos dedos. O tal vez parecía un proxeneta de clase alta. No podía decidirse. Incluso su bronceado parecía caro. Y hecho con rociador. "Me sorprende que estés aquí, Elizabeth, siendo tan filosa cómo eres. Creí que sabías todo lo que había que conocer sobre ser agente. Por supuesto, has sufrido un par de reveses recientemente, ¿no? Así que tal vez necesites un repaso". Imbécil, pensó. Cómo le gustaría hundir uno de sus tacones de aguja, profundamente en sus bolas. "Oh, tengo más que compensado todo lo que podría haber perdido, Don. Pero gracias por tu preocupación." "Siempre debes permanecer de pie. Y mirar por encima del hombro." Ella le ofreció una sonrisa de suficiencia. "Al igual que tú." Él le dirigió una sonrisa condescendiente. "No tengo nada de qué preocuparme. Mantengo felices a mis clientes." Ella le palmeó el brazo. "Sigue pensando eso, Don. Ha sido un placer conversar contigo, como siempre." Pasó junto a él, no estando interesada en jugar ese juego de rivalidad. Él ya había tomado más que suficiente de su tiempo, así como sus clientes. Podía ser tan engreído como quisiera, pero la venganza era una perra, y Elizabeth tenía una gran memoria para aquellos que le habían hecho daño. Por supuesto, Mick la había despedido, y tenía derecho a seleccionar a otro agente. Pero, ¿Tenía que irse con la persona que Elizabeth más odiaba? Mick lo había hecho a propósito. "¡Elizabeth!" Oyó su nombre y se volvió, buscó a través del abarrotado vestíbulo del hotel y saludó a Victoria Baldwin, una de las pocas agentes deportivas de sexo femenino que conocía. Saludó con la mano a Tori, y caminaron para acercarse a la otra.


"Ugh. Este lugar es una pesadilla de testosterona ", dijo Tori. "Estoy sobreviviendo con el útero intacto a duras penas." Elizabeth se echó a reír. "Sé exactamente lo que quieres decir. ¿Tienes tiempo para almorzar?" Tori sacó su teléfono y marcó un par de botones, revisó su calendario, y luego levantó la mirada hacia Elizabeth. "Sí. El próximo taller al que quiero asistir no es sino hasta la una. Me muero de hambre y mis pies me están matando." Enrolló su brazo alrededor del de Elizabeth. "Lo que no daría por asistir a esta conferencia en mi pantalón de chándal y mis pantuflas de conejo." Elizabeth arqueó una ceja. "De alguna forma, no puedo verte cambiar tus Louboutin5 por pantuflas de conejito de color rosa”. Debido a que la multitud no se había acumulado aún para el almuerzo, se sentaron de inmediato en una mesa. Tori cayó en su silla y se quitó los zapatos. "Oh, querida, te sorprenderás de lo desparpajada que soy cuando trabajo en casa. Hablaba en serio acerca de las pantuflas suaves. Tú, por otra parte, probablemente vives con tacones." Elizabeth le ofreció una sonrisa traviesa. "En verdad adoro mis zapatos de tacón alto. Probablemente porque siempre estoy a la defensiva y tengo que demostrar que soy una mujer. “Eso es muy cierto" Tori alisó mechones de su cabello marrón y los colocó por detrás de su oreja. La mujer era absolutamente preciosa. Estaba a principios de los cuarenta, y había sacrificado un marido y una familia por su carrera. Cuando había entrado en escena como una recién graduada de la universidad, Elizabeth había hecho todo lo posible por emular el empuje hacia el éxito de Victoria Baldwin. A pesar de que Tori trabajaba para una agencia de la competencia, había tomado a Elizabeth bajo

5

Referencia a Christian Louboutin, famoso diseñador francés de zapatos.


su ala y compartió con ella muchos secretos acerca de ser una mujer que trabajaba en un campo predominantemente masculino. Elizabeth la adoraba. "Dios nos libre de poder vestir cómodamente en torno a estos tiburones. Tenemos que trabajar tres veces más duro que ellos para que nos tomen con algo de seriedad. Es una selva y cada vez empeora más. Pero en el negocio de ser agente deportivo y atraer a los jóvenes y a los recién llegados, al menos los pechos son útiles." Elizabeth soltó un bufido. "Y sin duda tú cuentas con esos". Tori aceptó el vaso de té helado que el camarero le llevó. Ordenaron su almuerzo, y luego se inclinó hacia adelante. "Mira, cariño, tengo casi diez años más que tú, y la edad es sabia, por lo que tengo que utilizar todo lo que esté en mi arsenal para asegurarme el talento, ¿sabes?" "Tori, también eres una de los agentes más inteligentes que conozco. Allanaste el camino para que las mujeres entraran en este negocio. Nos mostraste la forma de intimidar, a nuestra manera, y obligar a los hombres a aceptarnos, nos demostraste que el deporte es un campo que podemos dominar y que no es propiedad de los hombres." Tori se encogió de hombros. "Gracias, Liz, pero sigue siendo una batalla. Una gran cantidad de chicos jóvenes todavía quiere firmar con un hombre." Elizabeth entrecerró los ojos. "Oh, vamos, Tori. Debes necesitar una siesta, porque esa es la mayor línea de mierda que existe, y tú eres la que me enseñó eso. Los atletas quieren firmar con el agente que les consiga el mejor contrato. Y nosotras logramos eso. Además, somos más bonitas y olemos mejor. Y… además tenemos pechos". Tori se echó a reír. "Tienes toda la razón. Estoy pasando por unos días infernales. Debería tomar un cocktail en lugar de té helado."


"Eso lo puedo arreglar." Elizabeth le hizo señas al camarero, y ordenaron martinis. "Beberemos por las agentes femeninas pateadoras de traseros. Yo también he tenido unos meses especialmente difíciles." "Escuché que ese pendejo de Don Davis tomó algunos de tus clientes". "Bueno, uno de ellos fue mi maldita culpa, porque fui ciega y estúpida. Los otros siguieron ese camino por el nombre de Mick, estoy bastante segura". "Hmmm." Tori golpeó la mesa con una larga y bien cuidada uña, aceptó el cóctel que llevó el camarero, y tomó un sorbo. "Dime. ¿Qué hiciste para joder las cosas?" "Fui demasiado codiciosa con Mick Riley, y metí la pata con su ahora prometida, que era su novia en ese momento. No pensé que ella fuera buena para él, y traté de interceder". "Oh. Mal movimiento, princesa. Nunca interfieras entre un cliente y su mujer". Elizabeth levantó su copa. "Amen a eso. Lección aprendida por las malas. Me di cuenta de que no lo sé todo. Imagínate." Tori se echó a reír. "Bueno, nuestros egos se van hasta el cielo a veces, y nos gusta pensar que podemos caminar sobre el agua, curar el cáncer, negociar el mejor contrato para nuestro cliente, y hacerlo con tacones súper altos". "¿Cuándo aprenderemos que no podemos tenerlo todo?" "¿Por qué no podemos?" Elizabeth miró fijamente a Tori. "¿Tú lo tienes? ¿De verdad tienes todo lo que alguna vez quisiste?" "Por supuesto. Tengo una carrera que adoro, muchísimo dinero, un grandioso apartamento en Nueva York, ropa increíble, amigos maravillosos, y tomo vacaciones magníficas. ¿Qué más podría desear?" "¿Así que no sientes que sacrificaste tener un marido e hijos para conseguir lo que querías?"


"No. Salgo con hombres fabulosos todo el tiempo, tengo sexo grandioso, y después los arrojo por la puerta cuando me aburro de ellos. Y no tengo ni un solo hueso maternal en mi cuerpo. Mi hermana menor tiene tres hermosos hijos que adoro y que puedo visitar en Connecticut cuando siento la necesidad de abrazar niños. Créeme, eso me cura de cualquier sentimientos que pueda tener sobre la falta de algo en mi vida. Y los hombres tienen una vida útil de seis meses en mi mundo." Elizabeth se echó a reír. "Así que estás completamente satisfecha." "Completamente. Pero parece que tú no. ¿El reloj biológico te está haciendo tictac?" "Nunca lo había pensado antes. Siempre había estado contenta con mi vida". Tori tomó un sorbo de su martini. "Eso debe significar que hay un hombre en ella, que te está haciendo pensar en un marido y bebés." "Oh, claro que no." Tori se echó a reír. "Mentirosa. Está escrito por todo tu rostro. Dios mío, Elizabeth. Estás enamorada." "No lo estoy. Es sólo lujuria." "La lujuria nunca te hace pensar en bebés, Liz. Tal vez sería mejor que reevaluaras esa relación en la que estás." "No estoy en una relación." "Una vez más. Mentirosa. Está escrito por todas partes, en ese hermoso rostro tuyo. Es tiempo de detenerte y pensar en lo que realmente quieres en la vida. Tal vez una carrera como agente deportivo no lo sea." "Dios, Tori. A veces te odio." Tori le sonrió por encima del borde de su copa. "No, no lo haces. Me quieres porque nunca te mentiría, como te mientes a ti misma."


Mierda. Iba a tener que trabajar más duro en mantener sus expresiones faciales bajo control, o lo siguiente que sabría, es que Gavin se había enterado de sus sentimientos. Y eso nunca, nunca debía suceder. ****** Elizabeth se sentía tanto pensativa como revitalizada después de su almuerzo con Tori. ¿Cómo pudo haber pensado alguna vez que no le gustaba pasar tiempo con las mujeres o que valoraría más sus relaciones con los hombres que con las mujeres? Nunca podría haber tenido una conversación con un hombre, como la que había tenido con Tori ese día. Ningún hombre podría entender el empuje, la ambición pura, y la fuerza de voluntad necesarias para llegar a la cima, como lo había hecho Tori. Tampoco entenderían los anhelos que tenía Elizabeth. Sin embargo, con una mirada a su cara, Tori lo había sabido. Podía no tener las mismas ansias que Elizabeth, pero se identificaba con ella. No había nada como un pequeño empuje femenino, para despertar chispa de la creatividad, así como para darle una fría bofetada de realidad en la cara, para hacerle entender que tal vez no podía tenerlo todo. Ella adoraba su carrera, lo había sido toda para ella desde el momento que había puesto un pie a través de las puertas de la agencia, como una novata, sin saber qué demonios estaba haciendo, pero sabiendo que eso era lo único que siempre había querido hacer con su vida. Amaba los deportes, siempre le habían encantado. Le gustaban las leyes contractuales y el marketing, y unir esos tres, siendo un agente deportivo, significaba triunfar. No podía verse a sí misma, haciendo otra cosa durante el resto de su vida. Hasta la noche que se había acostado con Gavin. Y cada noche desde entonces, había sentido un tirón en sus prioridades. Sus deseos y necesidades estaban


comenzando a cambiar, y estaba empezando a pensar en otras cosas además de su carrera. Y no estaba segura si eso era algo bueno o malo. Lo único que sabía era que había estado en esta conferencia durante tres días y extrañaba a Gavin. Él estaba de viaje también, y le había enviado mensajes de texto y la había llamado. Le gustara o no, tenían una relación, cualquiera que fuera el costo de esta, estaba empezando a sentir que esa relación valía mucho y la asustaba muchísimo, porque su mundo se estaba inclinando en su eje.


Capítulo Dieciocho Gavin tenía un ramo de flores en la mano cuando fue al apartamento de Elizabeth. Había pasado casi una semana desde que la había visto, y la había extrañado tanto que le dolía en su interior. Ahora estaba ante su puerta con flores en la mano. ¿Cuán ridículo era eso? Él no era del tipo que llevaba flores. Una botella de Jack Daniels, tal vez, especialmente si había algún tipo de fiesta involucrada. ¿Pero flores? No, a menos que fuera el Día de las Madres y fuera a ver a su mamá. Pensó en volver a su coche y tirar las flores en el asiento trasero. Ella se reiría. A la mierda. Tocó el timbre. Ella abrió a los pocos segundos, con una brillante sonrisa en su cara. Dios, se veía hermosa, con un vestido negro con pequeñas impresiones amarillas en la tela, Y tacones altos, por supuesto. Y el cabello suelto. Ella miró el ramo y su sonrisa se iluminó aún más. Levantó la mirada hacia él. "Me trajiste flores." "Sí". Ella tomó su mano libre y tiró de él al interior, cerró la puerta, envolvió la mano alrededor de su nuca y puso sus labios sobre los suyos, enviándolo a un zumbido rápido de excitación. Todo lo que había hecho durante la última semana era pensar en ella, en su olor, en su sabor, en la forma en que sus labios y su cuerpo se movían contra él. Pensó en su sonrisa, en la forma en que discutían entre sí, y en lo mucho que lo irritaba. Ella sabía a menta y a vino, y él contuvo la respiración al ser golpeado en el estómago por el reconocimiento de lo mucho que la había echado de menos. Deslizó el brazo a su alrededor y la acercó a él, con su cuerpo y su mente inundados de sensación y emoción.


Cuando ella se apartó, se humedeció los labios, tomó las flores de su mano, las puso sobre la mesa al lado de la puerta y envolvió los brazos alrededor de él. "Probablemente no debería decirte esto, pero todo lo que he hecho es pensar en ti." A él le gustó escucharlo. "¿Por qué no deberías decírmelo? Yo también he pensado mucho en ti. Creo que es probable que tengas alrededor de cincuenta mensajes de texto de mi parte." Ella se estremeció con un suspiro. "Lo sé. Los guardé todos. Me siento como una adolescente. ¿Cuán patética soy?" "Probablemente debería simplemente volcar mis pelotas en tu mano." "Debería entregar mi tarjeta de feminista, porque van a echarme del club." Él se echó a reír, la acomodó entre sus brazos, y la llevó por las escaleras hacia su dormitorio. Todavía era tan temprano, por lo que la luz del sol entraba por las cortinas de gasa de sus ventanas. Él la puso delante de ellas y admiró el halo de luz alrededor de su pelo. Dios, ahora era un poeta. Si no la follaba pronto, lloraría como una niña. "Sé que te pusiste este bonito vestido para mí, y te ves hermosa, pero te despojaré de él, y te dejaré desnuda y desaliñada”. Ella se acercó, y se retorció contra él. "Oooh. No puedo esperar". Él bajó los tirantes del vestido por sus brazos y extendió las manos por detrás de ella para abrirlo. Este flotó hasta el suelo y ella dio un paso para salir de él. Era una suerte que fuera un hombre joven, con un corazón fuerte, porque ella llevaba un sujetador negro y amarillo, con bragas a juego. Cristo, aún sus zapatos hacían juego. Ella cayó sobre la cama y extendió las piernas, dejándose puestos esos peligrosos tacones. Gavin dio un paso adelante y acarició son las manos sus pantorrillas y muslos, levantando sus piernas para echar un vistazo a sus zapatos.


"¿Ahora compras la ropa interior para que coincida con tus zapatos?" Ella se rió. "A veces". "Nunca dejas de sorprenderme, mujer". "Espero que no." Él movió la mano a lo largo de sus piernas, tan lisas y suaves, y luego las colocó sobre la cama, separándolas para poder colocarse entre ellas. Ella plantó sus tacones en la tablilla lateral de la cama y levantó sus caderas hacia él. Él deslizó el pulgar sobre la brillante seda amarilla y negra de sus bragas, y encontró su clítoris. Ella siseó cuando él movió el pulgar de atrás adelante, rozando el duro brote, y dejó escapar un suave gemido, cuando él metió los dedos bajo la seda para tocar su carne suave. Cuando él se humedeció los dedos con sus jugos e hizo círculos alrededor de su clítoris, su mano salió disparada para asir su muñeca. "Ahí. Justo ahí. No te detengas." Él frotó el capullo de atrás hacia adelante, y ella se arqueó contra él, bailando contra su dedo. "Gavin, tengo que correrme. Me he contenido toda semana esperando por ti." Había mucho poder en una mujer exigiendo ser complacida. Pero él quería degustarla, quería quitarle las bragas y hundir el rostro entre sus piernas. Así era como quería que se corriera. Retiró los dedos y ella gimió, pero cuando le sacó las bragas por las piernas, sus ojos brillaron con un fuego color esmeralda. Ella se levantó sobre sus codos y separó más las piernas para él, jadeando mientras él se abría paso entre ellas. "Sí. Lámeme. Haz que me corra." Ella tomó su cabeza y deslizó sus dedos por su pelo, tirando de él hacia su coño.


Oh, sí. Realmente lo necesitaba. Su desesperación hacía que su miembro pulsara, porque eso significaba que lo había esperado, que lo necesitaba. Su alza de deseo, lo hizo querer deslizar su polla dentro de ella, hizo que su necesidad de correrse fuera casi tan fuerte como la de ella. Pero Elizabeth se correría primero. Movió la lengua por su carne suave, inhalando el dulce aroma de su excitación, lamiendo cada pliegue secreto, mientras se abría camino hasta el duro botón que la lanzaría al clímax. Ella se puso tensa, levantó su trasero del colchón, y empujó su coño contra su cara. "Por favor", murmuró. Su espalda se arqueó, y sus nudillos se volvieron blancos por la presión. Él deslizó los brazos por debajo de sus piernas y levantó su coño, luego introdujo la lengua en su interior, follándola con largas estocadas, utilizando cada parte de su cara para frotarse contra ella. Cuando la sintió temblar, cuando supo que estaba cerca, movió la lengua a lo largo de los labios de su coño, hasta su clítoris, luego cubrió éste con sus labios y lo succionó, enviándola sobre el borde. Ella se corrió con un grito salvaje, retorciéndose contra su cara y desgarrando las sábanas. Le encantaba verla correrse, con su dulce sabor llenando su boca, y sabiendo que podía hacerla llegar a esa liberación. Y cuando ella finalmente se calmó, se arrastró hacia arriba por su cuerpo, con besos ligeros, para darle tiempo a recuperar el aliento. Él se inclinó sobre ella, y ella respiró profundamente, suspiró, luego sonrió hacia él. "Por esto, podría haber valido la pena esperar durante una semana". Él arqueó una ceja. "No hemos terminado". ****** Buen Dios. Qué regalo de bienvenida. Elizabeth estaba segura de que acababa de tener el mejor orgasmo de su vida.


Por otra parte, cada orgasmo que Gavin le daba, siempre parecía ser el mejor que había tenido. Él era lo mejor que había tenido. No había

sorpresa en eso. Tal vez estar

enamorada de alguien aumentaba la fuerza del clímax. Siempre había escuchado que el sexo era mejor con alguien que amabas. Nunca lo había creído. Ahora sí. Después del orgasmo, su pelo acarició su vientre. Ella deslizó las manos por la exuberante suavidad. Le encantaba su pelo, nunca se cansaba de mover los dedos a través de éste. Él se inclinó sobre ella y lamió sus senos, alrededor del encaje de su sujetador. "Mmm, eso se siente bien”, murmuró. Y cuando él se inclinó hacia adelante, y tomó el tirante del sujetador entre los dientes y lo arrastró por su hombro, se sintió derretir, con su deseo gritando a la vida. Esa era una condenada cosa más sexy, sobre todo cuando tomó el otro tirante del sujetador e hizo lo mismo, después extendió las manos por debajo de ella, soltó el broche como un campeón, y sacó el sostén de su cuerpo, de nuevo con los dientes. ¡Sí!. Él se movió hacia su cuello y la besó allí, después arrastró la lengua por su cuello, y por su clavícula, hasta alcanzar sus pechos. Le lamió los pezones, los succionó, tomó los pechos con sus manos y utilizó sus dedos, sus pulgares, y su boca sobre ellos, hasta que cada terminación nerviosa de su cuerpo gritaba hacia el cielo. ¡Querido Dios!, le había puesto la piel de gallina. Se sentía. . . adorada. La dejó sólo el tiempo suficiente para quitarse la ropa, y luego volvió a la cama y se sentó. Él la arrastró a una posición sentada, con su polla dura, mientras tiraba de


ella para colocarla sobre él. Ella colocó las piernas alrededor de él, y su polla naturalmente se ajustó allí… donde estaba su coño, ¿Cuán conveniente era eso? "Deslízate en mí. Fóllame", dijo él, con su voz áspera y ronca, como si se hubiera estado conteniendo y no pudiera más. A ella le gustó eso, no quería ser la única en el borde. Puso las manos sobre sus hombros y se deslizó sobre su polla, viéndola desaparecer dentro de ella, pulgada a pulgada. Siempre era en ese momento cuando ella se detenía. En ese momento cuando él estaba completamente dentro de ella, engrosándola, palpitando, justo antes de que empezara a moverse en ella. Cada terminación nerviosa estaba completamente en sintonía con él, y podría correrse ahora mismo. Pero calmó su cuerpo, lo obligó a esperar por el gran momento, porque iba a ser aún mejor si ella tenía la paciencia de esperarlo. Y entonces él comenzó a moverse, y ella también. Él se movió hacia atrás y ella se deslizó hacia adelante, con un sube y baja de empuje y retroceso. Su mano estaba en su trasero y ella se aferraba a sus hombros, mientras follaban en conjunto, con un ritmo perfecto. Ella miró hacia donde estaban conectados, inclinándose hacia atrás lo suficiente para poder ver su polla, deslizándose dentro y fuera de ella. La vista de una follada para un voyeur… ese pensamiento

sólo hacía que sus

sensaciones aumentaran. Y cuando levantó la mirada hacia él, vio las líneas de tensión en su rostro, la concentración y el hambre que igualaban los suyos, le clavó las uñas en los hombros y se sacudió hacia adelante con un empuje furioso, golpeando su cuerpo contra su polla. La mirada de él se estrechó, y empujó de nuevo contra ella, conduciéndose a sus profundidades, devolviéndole lo que ella le daba. Ella jadeó, se arqueó hacia atrás, y él la penetró de nuevo, con más fuerza esta vez. Ella hundió los tacones en sus nalgas, y después extendió la mano hacia abajo para frotar su clítoris. "Mierda", dijo él, mirando como ella misma se provocaba el orgasmo.


Ella se sintió tensarse, los pulsos que retumbaban en cada terminación nerviosa, y supo que iba a correrse. "Sí, nena, eso es todo, córrete sobre mí." "Oh, Gavin," gimió ella, y luego llegó, su orgasmo apretó su polla con olas de placer que la catapultaron sobre olas de éxtasis. Él tomó su boca mientras se conducía profundamente dentro de ella, y ella saboreó el momento de su clímax con sus labios sobre los suyos y con una profunda emoción, que la llevó a un lugar en el que nunca antes había estado, a una plenitud que nunca había sentido con otro hombre. Después, él la sujetó, los dos aún conectados, envueltos alrededor del otro como si ninguno de los dos quisiera dejar ir al otro. La besó en el hombro y el cuello, y la mordió en la oreja, lo que la hizo reír. "Tengo hambre", dijo él, finalmente. "¿Qué tal una pizza?" Él echó hacia atrás. "¿Vas a cocinarme una pizza?" "Ja. Muy improbable. Ordenaré una pizza." Se vistieron y bajaron las escaleras, pidieron una pizza y comieron. A mitad de la cena, Elizabeth recordó las flores que Gavin le había traído. Se levantó, fue a la entrada a buscarlas, y las llevó a la cocina donde estaban sentados. "Son realmente encantadoras, Gavin. Gracias." "Por nada". Ella tomó un jarrón de cristal de la parte superior de la nevera, puso las flores en agua, y luego las colocó sobre la mesa de la cocina. ******


A Gavin le gustaba ver a Elizabeth en su casa. Había estado allí un par de veces en las fiestas que ella daba para sus clientes, pero ella había estado "en su papel de mujer de

negocios" entonces. Ahora estaba relajada, porque no tenía que

entretener a ningún cliente. Terminaron la pizza y se trasladaron a la sala de estar. Ella tenía un apartamento enorme, y mientras se acomodaban en el sofá, Gavin recordó su sorpresa, la primera vez que vio su gran pantalla de televisión y varias consolas de video juegos. "¿Quieres beber algo?", Preguntó ella. "Un Whisky estaría bien." Ella se acercó a bar, en una de las paredes laterales y le sirvió la copa, volvió a llenar su vaso con un vino del bar de vinos, y luego llevó ambas bebidas, moviendo su control remoto de juegos hacia un lado. "¿Juegas al Béisbol de Grandes Ligas con tu Xbox?" Ella se encogió de hombros. "El PlayStation tiene un mejor juego, en realidad. Y me gusta ver lo que hay en el mercado, y donde están siendo exhibidos mis jugadores". Él se sentó y tomó un controlador. "Tonterías. Eres una perra competitiva y te gusta ganar." Ella se rió. "Sabes demasiado acerca de mí." Pronto estaban enfrascados en un juego, empujándose el uno al otro y gritando obscenidades, cuando uno hacía un jonrón o anotaba una carrera. Elizabeth se reía tan fuerte que la poncharon, dos veces. "Maldita sea. Estás saboteando mi juego deliberadamente". "No es mi culpa que seas pésima jugando béisbol".


Ella le dio una patada. "No soy pésima en el béisbol. Déjame decirte que mi equipo ha llegado a la Serie Mundial en tres ocasiones." "Obviamente, hiciste trampa." Ella levantó la barbilla. "Nunca hago trampa. Soy así de buena." Él arrojó el controlador en la mesa y fue tras ella. Ella gritó y trató de huir, pero él la agarró y la tiró boca abajo sobre el sofá, cubriéndola con su cuerpo. "Así de buena, ¿eh?" Ella dejó que su controlador cayera al suelo. "Mmm hmm. Así de buena". "Muéstrame cuan buena eres." "Dime lo que quieres." Su cuerpo cubría el de ella, lleno de músculos duros, pero aun así no se sentía sofocada, y sus pezones se tensaron, especialmente cuando sintió su polla comenzar a endurecerse contra su trasero. Ella era tan fácil de excitar. Su coño se humedeció al pensar en Gavin, tomándola en la posición que estaba, sobre el sofá. Justo ahora. "¿Cualquier cosa?" Oh, Dios. Sí. "Cualquier cosa". Él subió su vestido. Ella no se había molestado en ponerse las bragas de nuevo. "¿Qué pasaría si quisiera follar tu culo, Elizabeth?" Su clítoris pulsó. Ella se frotó contra el sofá. "¿Eso te excita?" "Sí". "¿Alguna vez has sido follada por el culo?"


"No." Él extendió el brazo entre ellos y separó sus nalgas, con un dedo moviéndose entre ellas. Sólo ese toque ligero la excitó. Ella le daría lo que fuera. "¿Quieres que te folle el culo?" Ella apenas podía respirar. El deseo la llenaba, la excitaba, le hacía querer frotar su clítoris en ese momento y correrse. "Sí. Fóllalo." "¿Dónde está tu lubricante?" "Arriba. En la gaveta de la mesa de noche del lado izquierdo." "Ya regreso. Ponte de rodillas en el suelo." Durante su ausencia, ella se deslizó hasta el suelo y extendió sus piernas, esperando, su corazón latía con fuerza por la anticipación. Deslizó la mano entre sus piernas y comenzó a frotar su clítoris, incapaz de resistirse a introducir dos dedos en su coño para follarse a sí misma. Dios, se excitaba tanto, solo con el pensamiento de Gavin bombeando su polla en su culo, que podría correrse en un minuto o dos. Gavin bajó las escaleras y se quedó allí, mirándola. "Dios, eres hermosa. ¿Te estás follando a ti misma?" "Sí. No pude esperar". "No te corras todavía. No hasta que esté en tu culo". "Date prisa". Él se movió detrás de ella y se bajó los pantalones. Ella mantuvo el ritmo de sus dedos sobre su clítoris, con la tensión y la excitación creciendo cada vez más.


Gavin separó sus nalgas y aplicó lubricante sobre su ano y luego frotó los dedos hacia atrás y hacia adelante sobre su agujero, jugando con ella, deslizando parcialmente un dedo dentro de ella. La presión fue intensa, excitante, y nada como lo que había esperado. Deseaba que la follara. "Gavin. Eso se siente tan bien." "Haré que te corras con fuerza esta noche, con mi polla en tu culo". Ella se estremeció y se inclinó todo lo que pudo. "Empuja tu dedo dentro de mí. Totalmente. Déjame sentirlo." Él deslizó el dedo hacia adentro, y ella se sacudió, sacando sus propios dedos de su coño. Habría sido tan fácil correrse en ese momento. La sensación de tener su dedo en su culo, y sus propios dedos en su coño, era tremenda. Doblemente follada. Ella quería ser doblemente follada. Por sus dedos y la polla de Gavin. Iba a correrse con tanta fuerza. "Hazlo. Fóllame. Ahora". Él vertió más lubricante en su trasero, y luego escuchó el desgarre de un envoltorio de condón. Gavin se inclinó sobre su espalda para susurrar en su oído. "Voy a ir lento y con cuidado. Si te duele demasiado, dímelo y me detendré. Tú controlas esto, ¿de acuerdo?" "Sí". Ella sintió la cabeza de su polla en la entrada de su ano. Él la probó, abriéndose paso entre la musculosa entrada. La quemó, pero ¡oh!, era un dulce ardor, mientras ella continuaba frotando ligeramente sus dedos sobre su clítoris. Tomó algo del lubricante que se había escurrido por su coño y movió los dedos sobre torturado capullo, llevándose hacia el borde de nuevo. Y cuando él empujó la polla dentro de ella, ella empujó los dedos en su coño una vez más.


Ella lo sintió pulsar cuando se quedó inmóvil, para que se acostumbrara a su grosor. Pero ella quería sentirlo moviéndose dentro de ella. "Gavin, fóllame". "Tu culo es tan estrecho, Elizabeth. Está apretando mi polla. ¿Sabes lo bueno que será cuando ambos nos corramos?" Ella frotó su clítoris más rápido, follando su coño con tres dedos. Estaba gimiendo, sudando, totalmente fuera de sí misma, con un hambre primitiva que la dejaba sin sentido. Nunca antes se había sentido tan llena. Su polla estaba gruesa y caliente en su culo, mientras se movía hacia adentro y afuera, empujando contra ella a un ritmo suave. Pero cuando su orgasmo se abrió paso, cada vez más cerca, ella no lo quería lento y suave. "Más fuerte. Fóllame con fuerza, Gavin. Haz que duela". "¿Estás segura de que es lo que quieres?" "¡Sí! Ahora, fóllame y córrete dentro de mí." Él se echó hacia atrás y se introdujo con fuerza su trasero. Ella gritó y empujó sus dedos profundamente en su coño, y movió la palma de la mano contra su clítoris. Cuando el pegó sus caderas pegaban contra sus nalgas, sintió llegar su clímax y se sacudió contra él. "Voy a correrme, Gavin". "Y yo voy me correré en tu culo justo… ahora". Él empujó con más potencia su polla dentro de ella, y entonces estalló, gritando por su orgasmo. Ella inclinó la cabeza hacia atrás y gritó mientras llegaba al clímax, sacudiéndose sobre su polla, mientras ambos se corrían al mismo tiempo, ambos temblando contra el otro.


Fue algo salvaje, fuera de control, casi insoportable en su intimidad, mientras él la llevaba a un lugar en el que nunca había estado, con las sensaciones atravesándola como un fuego abrasador en todas sus terminaciones nerviosas. No podía pensar, apenas podía respirar, mientras se dejaba caer en el agotamiento total. Había sido una experiencia increíble estar tan cerca de él, darle algo que nunca le había dado a otro hombre. Y él había estado allí con ella durante todo el tiempo, abrazándola, besándola, con las manos por todo su cuerpo. Y ahora que había terminado, Gavin se inclinó y le besó la espalda, se retiró, y luego la levantó como si fuera una pluma. La llevó al piso de arriba, la depositó en el baño y abrió la ducha. Era tan tierno con ella, lavándole cada centímetro de su cuerpo, para después ayudarla a secarse. Ella se puso una camiseta y bragas, y los dos se acostaron en la cama y vieron una película juntos. Cuando se despertó, era la una de la mañana, y Gavin estaba tumbado boca abajo, con un pie colgando de la cama. Ella lo deseaba en su cama todas las noches. Cada noche, para siempre. ¿Por qué no podía simplemente decírselo? ¿Por qué no podía decirle que lo amaba? Sabía por qué. Porque las cosas eran ligeras y divertidas entre ellos en ese momento. Ah, claro, él le dijo que la había extrañado, y pasaba todo su tiempo con ella. Por lo que sabía, él no estaba viendo a nadie más. Pero… ¿amor? Eso era algo completamente diferente. Y… ¿permanencia? No la veía entre ella y Gavin. Se acurrucó contra él, y él rodó hacia un costado, la atrajo hacia su cuerpo, y envolvió los brazos a su alrededor. Se pertenecían, el uno al otro. Ella lo sabía. Pero ¿Lo sabría él? Tenía demasiado miedo de preguntarle. A veces, era mejor no decir nada en absoluto.


Capítulo Diecinueve El estridente timbre de su teléfono, hizo que Gavin deseara haberlo puesto en modo de vibración. Se dio la vuelta y escondió la cabeza debajo de la almohada. Sin embargo, el sonido persistía. Maldita sea. ¿Qué hora sería? "Gavin, tu teléfono está sonando." Oyó la voz apagada de Elizabeth a su lado. "Lo estoy ignorando. Se cansarán de llamar." "Ya ha sonado tres veces. Podría ser importante." "Es probable que sea algún borracho marcando un maldito número equivocado." Estaba cansado, estaba acurrucado contra su cálida mujer, y no quería ser molestado. "O podría ser importante". Él suspiró, se quitó la almohada de la cabeza y comenzó a buscar en la oscuridad, tratando de encontrar sus cosas y tomar el maldito teléfono, finalmente, lo localizó en la mesita de noche. La mesa de noche de Elizabeth. Oh, sí. Estaba en su apartamento. Parpadeó y trató de abrir los ojos lo suficiente, como para leer el registro de llamadas perdidas. Se sacudió los restos de sueño cuando leyó el nombre. "A la mierda. Es Jenna". Elizabeth encendió la luz, mientras Gavin marcaba. Ella se colocó a su lado y le frotó la espalda.


Se veía tan preocupada como él se sentía. Se le hizo un nudo en el estómago. Algo andaba mal. "Hola." Jenna respondió al primer timbrazo. "¿Qué ocurre?" "Es papá. Piensan que tuvo un ataque al corazón." Gavin bajó las piernas por el lado de la cama, con el corazón hundiéndosele hacia su estómago. Un centenar de cosas terroríficas llenaron su cabeza. "¿Qué tan grave es?" Elizabeth estaba justo detrás de él, su cuerpo era como una cuerda de salvamento. Él se estaba ahogando. "No lo sé todavía. Está en el Hospital Barnes." Él tragó con pánico y dijo, "Voy para allá." "De acuerdo". La voz de Jenna sonaba temblorosa. "¿Has localizado a Mick?" "Sí. También está en camino." "¿Cómo está mamá?" "Hecha un desastre, pero tratando de fingir que no lo está." "Y tú… ¿estás bien?" "Estoy bien, Gavin. Sólo ven." "Estaré allí en veinte minutos." Cerró el teléfono. Elizabeth ya se había levantado de la cama, recogiendo la ropa de Gavin. Levantó la mirada hacia ella. "Piensan que papá tuvo un ataque al corazón".


Sus ojos se llenaron de lágrimas. Se acercó hacia él, se sentó en la cama y lo abrazó. "Oh, Dios, Gavin. Lo siento mucho." Él tomó unos segundos para absorber su calor, su consuelo. Luego se retiró. "¿Qué tan grave es?" "No lo saben todavía. Ya les avisaron a todos. Me encontraré allí con ellos." Se levantó y se vistió. Elizabeth se sentó en el borde de la cama, mirando sus manos entrelazadas. "Si hay algo que necesites que haga, si hay que llamar a alguien, sólo házmelo saber." "Lizzie". Ella levantó la mirada hacia él. "¿Sí?" "Te necesito. ¿Vendrías conmigo?" Lágrimas plateadas cayeron por su rostro. "Sí. Por supuesto." Dio un salto y fue a vestirse. ****** Gavin odiaba los hospitales, había visto su cuota de ellos, por lo menos la parte de la sala de emergencias, por sus lesiones a lo largo de los años. Para Gavin representaban el posible fin de su carrera. En ese momento un hospital significaba algo completamente diferente. No quería pensar en lo que podría estarle ocurriendo a su papá. Su padre era una roca, el alma de la familia Riley. James Riley había sido siempre invencible e indestructible. Era el hombre más fuerte que Gavin había conocido nunca. Nada podía derrotarlo. Sólo tenía sesenta y cinco años. Era demasiado joven para tener un ataque al corazón, ¿no? Claro, su padre había ganado un poco de peso con los años, y la cocina de su mamá no estaba exactamente del lado de las cosas bajas en grasa. Y tal vez el ejercicio no era la cosa favorita de su padre. A él le gustaba alzar sus pies y ver los deportes cuando estaba en casa. Aunque, hacía muchas cosas en el bar. Y


jugaba baloncesto con ellos cuando iban de visita. Y siempre estaba en el exterior de la casa haciendo cosas. Bueno, tal vez Jenna hacía la mayor parte del trabajo en el bar, en esos días. Papá hacía cada vez menos, se quedaba con los clientes, conversaba con ellos, haciendo gran parte del trabajo de relaciones públicas. Habían contratado a cocineros y camareros para que mamá y papá nunca más tuvieran que trabajar intensamente. Y mamá todavía enseñaba danza a tiempo parcial, por lo que siempre estaba ejercitándose y manteniéndose ocupada. Cuando estaba en el bar, supervisaba a los empleados y ayudaba en la cocina. Papá. . . Mierda. Elizabeth tomó su mano mientras salían del coche y se dirigían a través de las puertas de la sala de emergencia del hospital. Él intercambió una mirada con ella, y su sonrisa lo fortaleció. Caminar con ella a su lado lo ayudaba. No quería hacer esto solo. "Él va a estar bien. Tienes que creer eso. Si entras allí con la mirada de fatalidad que tienes en la cara ahora, no ayudarás." Él asintió. "Tienes razón". Levantó la barbilla y obligó a su temor a alejarse. Las puertas se abrieron, y el olor a desinfectante lo golpeó primero. Después, la multitud de personas con expresiones de desesperación, preocupación, y agotamiento, hizo que deseara dar la vuelta, ir a casa, y pretender que esto no estaba sucediendo. Elizabeth apretó su mano, y se dirigieron al mostrador de información. "Estamos aquí para ver a James Riley," dijo ella. La mujer escribió algo en su computadora. "Está en la Habitación 14A. Los teléfonos celulares deben estar apagados. Vayan a través de las puertas a su izquierda. Pulsen el botón a su derecha y den el nombre del paciente. Los dejarán pasar, y pueden preguntar en el mostrador que está allí, la forma de llegar a su habitación."


"Gracias", dijo ella y tiró de Gavin. Pasaron a través de la puerta de seguridad, hacia otro mostrador. ¿Qué habría hecho si Elizabeth no hubiera estado allí para llevarlo a través de ese loco laberinto de puertas y pasillos, que zigzagueaba de un lado a otro? Finalmente encontraron la habitación. Mick, Tara, Jenna y su mamá estaban de pie afuera. Elizabeth soltó su mano mientras él se acercaba a su familia. "El doctor está con él en este momento", dijo su madre, mientras él le daba un fuerte abrazo. Él asintió. "¿Ha pasado algo más?" Mick sacudió la cabeza. "Estamos esperando que el médico nos informe." Mick miró por encima del hombro de Gavin, hacia Elizabeth, frunció el ceño, y envolvió su brazo alrededor de Tara. "¿Qué está haciendo ella aquí?" La madre de Gavin miró fijamente a Mick. "No ahora, Michael. Concéntrate en tu padre." Gavin tomó la mano de Elizabeth y entrelazó los dedos con los suyos. "Puedo ir a sentarme a la sala de espera." Gavin la detuvo con su mirada. "Te necesito aquí conmigo". Ella asintió. "Estaré aquí para ti durante todo el tiempo que quieras." El doctor salió finalmente. "Vamos a hacerle algunas pruebas. Pasará algo de tiempo antes de que les pueda decir algo con seguridad." "¿Fue un ataque al corazón?" preguntó la madre de Gavin. Gavin y Mick pusieron los brazos alrededor de su madre.


El médico asintió. "Sí. Ahora vamos a examinar la magnitud de los daños. Una vez que realicemos más pruebas, lo sabremos con exactitud. Por qué no van todos a la sala de espera, y haré que alguien vaya y les avise, cuando hayamos terminado." "¿Puedo ver a mi papá antes de que se lo lleven para las pruebas? Acabo de llegar." "Está bien. Sólo durante unos segundos." Gavin empujó la puerta corrediza de vidrio, con el corazón cayendo a sus pies, cuando vio a su padre, pálido y conectado a un montón de máquinas resonantes. Tenía los ojos cerrados. Gavin, ni una sola vez en su vida, había visto a su padre tan frágil. Luchó por contener las lágrimas, y puso una sonrisa en su rostro, mientras entraba y tomaba la mano de su padre. "Hola, papá." Los ojos de su padre se abrieron. "Hola, chico. Creo que tal vez tomé más proyectos de mejoramiento del hogar de los que puedo manejar". Gavin se llenó de alivio. El sentido del humor típico de su padre estaba intacto. "Yo culpo a la cortadora de césped." Su padre se echó a reír. "Maldita cosa. Voy a vencerla." "Ese es el espíritu. Vas a estar bien". "Sí, lo estaré. No lo olvides. No los voy a dejar todavía." "Nunca pensé que lo harías." Si se desmoronaba frente a su padre, sería lo peor que podría suceder. "Mantente fuerte por tu madre. Los necesita a ti y a tu hermano ahora más que nunca." Gavin levantó la barbilla y asintió. "Dalo por hecho, papá. No te preocupes por nada."


Una enfermera entró "Tenemos que preparar a su padre ahora." Él apretó los dedos de su padre. "Anímate. Nos vemos pronto". Su padre le devolvió el apretón. "Lo haré." Gavin salió al pasillo y esperó. Cuando sacaron a su padre, su mamá le dio un beso, y después todos observaron mientras lo llevaban por el pasillo. Cuando su madre se comenzó a llorar, y cayó sobre el pecho de Mick, Tara y Jenna la consolaron. Gavin se sintió. . . perdido. Se dirigieron a una sala de espera que les había indicado un miembro del personal, una habitación con un televisor y revistas. Se sentaron en silencio, todos absortos en sus propios pensamientos. Eso se prolongó durante unos quince minutos, antes de que Gavin se levantara y comenzara a caminar por la habitación. "¿Te importaría no hacer eso delante del televisor?" le preguntó Mick. "Como el TV está en el centro de la sala, es un poco difícil hacerlo, a menos que salga de la habitación." Mick le dirigió una mirada directa. "Jódete", dijo Gavin. "Aguántalo" Mick se levantó. Lo mismo hizo su madre. "Chicos, por favor. Tengo suficiente de que preocuparme." Tara se levantó y empujó a Mick de nuevo a la silla, susurrándole algo. Se veía enfadado. A Gavin le importaba una mierda. Elizabeth se levantó y entrelazó los dedos con los de Gavin. "Me gustaría tomar una taza de café. ¿Vienes conmigo?"


Él sabía que ella estaba tratando de evitar la pelea entre Mick y él, lo que probablemente era una sabia acción. No tenía ganas de aguantar a su hermano en esos momentos. En vez de eso, giró hacia Elizabeth y asintió. "Volveremos enseguida." Nadie respondió a su comentario, así que salió con Elizabeth. Ella lo condujo a través del laberinto hasta que encontraron una máquina expendedora, donde compraron dos cafés. Encontraron una sala de espera desierta, por lo que se sentaron y tomaron sorbos de su café en silencio. "Este café es terrible", dijo ella. "Sí", respondió él, aunque no había notado el sabor del café. Era una sacudida de cafeína, así que era lo bastante bueno. No era que él necesitara la cafeína. Él estaba completamente despierto y se quedaría de esa forma el tiempo que se tardaran en. . . ¿En qué? ¿En curar a su padre? ¿Cuánto tiempo tardaría curar un ataque al corazón? ¿Existía incluso una "cura", o sólo había que cambiar de estilo de vida y seguir desde ese punto? Mierda. Había tanto que no sabía. Se inclinó y puso sus antebrazos en sus rodillas. Elizabeth le frotó la espalda. "Eso se siente bien." "Estás dándole muchas vueltas en la cabeza." "¿Cómo puedes estar segura? ¿Está mi cerebro escapándose por mis oídos?" Ella dejó escapar una risa suave. "No. Pero te quedas muy tranquilo cuando estás pensando mucho. ¿Quieres hablar de ello?" Él se enderezó y la miró. "No sé nada respecto a los ataques al corazón. ¿Qué pasará ahora? ¿Modificarán su dieta, hará más ejercicio, y luego estará bien? ¿O tendrá que someterse a una operación?"


"Me imagino que dependerá de la severidad de la obstrucción. Si no es demasiado grave, un cambio en la dieta y el ejercicio podrían ayudarlo". "¿Y si es más que eso?" "Entonces los médicos tendrán que hacer más". "¿Cómo qué?" "Una angioplastia. Tal vez una cirugía de bypass". Él se reclinó en la silla, tomó un largo trago del café con sabor tóxico, y la estudió. "¿Desde cuándo te volviste una experta en todas las cosas relacionadas con el corazón?" Ella sonrió. "No se lo digas a nadie, pero realmente me gusta ver los programas de médicos en la televisión. Sé lo suficiente como para ser peligrosa. Los diagnósticos médicos me intrigan, así que veo todos los programas médicos que puedo, cuando tengo un minuto libre." "Me estás engañando." "No, lo digo en serio." Él la miró fijamente, preguntándose qué otra cosa ignoraba sobre ella. "Hay aspectos de ti que me siguen sorprendiendo". Ella tomó un sorbo de café. "Bien. Odio ser predecible". "Eres cualquier cosa menos predecible Lizzie". Se inclinó hacia adelante y rozó sus labios contra los de ella. "Gracias por estar aquí conmigo esta noche. No podría haberlo hecho sin ti." "No hay otro lugar en el que prefiera estar, por el tiempo que me necesites." Sus palabras lo hicieron inclinarse hacia atrás, y la miró. Realmente la miró. Había algo en sus ojos. . . "Gavin".


Gavin levantó su mirada hacia Jenna. Se puso de pie y Elizabeth también. "El doctor ha vuelto. Dijo que nos reuniéramos con él en una de las habitaciones para informar a los familiares, él hablará con nosotros en unos diez minutos." Siguieron a Jenna a la sala y se sentaron. Y esperaron. Diez minutos se convirtieron en treinta. La piel de Gavin hormigueaba, y estaba listo para subirse por las paredes. Apretó la mano de Elizabeth con una de sus manos y la de su madre con la otra. Finalmente, el médico entró. "Soy el Dr. Miles Spinelli, uno de los cirujanos cardíacos del hospital. Señora Riley, su esposo tiene una obstrucción en tres arterias." Su madre apretó la mano de Gavin. Con fuerza. "¿Qué significa eso?", Preguntó ella. "Significa que va a necesitar una cirugía de triple bypass". "Oh, Dios." Las lágrimas rodaron por sus mejillas. Gavin envolvió su brazo alrededor de su madre, y Mick la abrazó también. Mick tomó la mano de Jenna, y todos se sentaron y escucharon, mientras el médico describía la cirugía de bypass y lo que supondría para su padre. Los médicos iban a extraer venas de su pierna y a utilizarlas para hacer un puente en las arterias obstruidas de su corazón. Era una cirugía complicada y peligrosa, pero el médico indicó que se hacía con frecuencia con un alto índice de éxito. Tendría que estar unos cinco días en el hospital después de la cirugía, y después sería enviado a casa con estrictas instrucciones de dieta y ejercicio. La recuperación sería lenta y requeriría algunos cambios en su estilo de vida. "Lo importante es que está vivo. Sobrevivió al ataque al corazón. Muchos no lo hacen. Ahora vamos a trasladarlo a una habitación en la unidad de cuidados


coronarios, para monitorearlo durante las próximas veinticuatro horas, y lo prepararemos para la cirugía, que se llevará a cabo el lunes". Todos se levantaron cuando el doctor salió. "Bien. Él esquivó una bala", dijo Mick. La madre de Gavin se veía pálida, su cara llena de lágrimas era más de lo que Gavin podía soportar. Si su padre siempre había sido una roca, su madre había sido el Monte Everest. Ella mantenía unida a la familia, y si se venía abajo, el resto de ellos lo harían también. En ese momento se veía tan frágil como un huevo agrietado. Jenna tomó ambas manos de su madre entre las suyas. "Está vivo mamá," dijo Jenna. "Recuerda eso. Todavía está con nosotros. Saldrá bien de esto." "Es verdad", dijo Gavin. "Papá es uno de los tipos más duros que he conocido. Luchará". Ella asintió, mirando a cada uno de ellos. "Estoy tan contenta de tenerlos a todos ustedes." Luego movió su mirada hacia Tara y Elizabeth. "Y a ustedes dos también. No sé qué haría sin todos ustedes en mi vida. Me dan tanta fuerza. Los necesitaré a todos para salir de esta, para ayudar a Jimmy a pasar por esto." "Todos estaremos aquí para ayudarte, mamá", dijo Gavin. "En cualquier cosa que necesites." Ella acarició su mejilla, y luego le dio un beso y lo abrazó. "Voy a ir a ver a tu padre, antes de que lo lleven a la habitación." Gavin exhaló, arrastrando los dedos por su pelo. Ni siquiera sabía qué hora era, a qué hora se habían ido a dormir la noche anterior, o a qué hora lo había llamado Jenna. Sentía como si tuviera una piedra atada a su cuello, arrastrándolo hacia abajo. "Alguien tiene que convencer a mamá de ir a casa y dormir un poco."


"Yo la llevaré", dijo Jenna. "Probablemente querrá estar aquí esta noche con papá, por lo que necesitará ducharse y cambiarse la ropa. Le haré algo de comer." Mick asintió. "Podemos hacer turnos, para estar aquí con ella y nunca esté sola." "No sé si permitirán que más de un familiar permanezca allí a la vez", dijo Elizabeth. "En la Unidad de Cuidados Intensivos, por lo general sólo se permite una o dos personas. En la Unidad de Cuidados Coronarios podría ser diferente. Es posible que deseen comprobarlo." Mick estrechó su mirada hacia ella. "¿Y ahora eres una experta en hospitales? Tú lo sabes todo, ¿no?" Tara colocó una mano en su brazo. "Mick. . ." Él se encogió de hombros para apartarla. "¿Qué está ella haciendo aquí de todos modos, Gavin? Sólo porque la estés follando no significa que sea parte de la familia." Cansado, tenso por el café malo, y preocupado por su padre, Gavin no necesitaba esto ahora. Pero comprendía que Mick probablemente sentía la misma tensión. "Cualquier problema que tengas con Elizabeth no tiene cabida en los pasillos de un hospital. Papá no querría eso, y mamá es condenadamente seguro que no lo necesita. Así que dejarlo ir." "Está bien. Puedo irme. No quiero ser causa de tensión familiar, cuando todos deben estar unidos en torno a tu madre". Gavin giró y la agarró del brazo, cuando ella se volvía para salir. "Estás aquí porque te pedí que vinieras conmigo. Tienes tanto derecho de estar como cualquier otro." "Gavin, de verdad, todo está bien. Tu hermano no me quiere aquí. Es mejor que me vaya." "Tonterías, Elizabeth. Yo quiero que estés aquí. Quédate".


Gavin se volvió al escuchar las palabras de su madre. Ella estaba de pie, afuera de la puerta de la habitación de su padre, viéndose pequeña y perdida, pero ojos sus ardían con fuego mientras miraba a Mick. "Michael, que esta sea la última vez que te escuche decir palabras desagradables hacia Elizabeth. ¿Está claro?" Mick asintió de manera brusca. "Los necesito a todos aquí. Necesito todo el apoyo que pueda obtener en este momento, y eso incluye a Elizabeth, a quien considero parte de la familia. En momentos como este el perdón es más importante que cualquier otra cosa. Ven aquí, Elizabeth". Elizabeth caminó lentamente hacia la madre de Gavin, quién la abrazó. "Has sido parte de la familia desde hace mucho tiempo. Recuerda la conversación que tuvimos. Siempre eres bienvenida a junto a nosotros. Gavin te necesita ahora más que nunca." Ella levantó la mirada hacia la madre de Gavin. "Haré todo lo que pueda para ayudarlos a todos." Ella besó la parte superior de la cabeza de Elizabeth. "Gracias". "Mamá, deja que te lleve a casa para que puedas tomar una ducha y ponerte ropa limpia", dijo Jenna. "Imagino que querrás quedarte con papá." Ella asintió. "Esperaré hasta que lo instalen en una habitación. La enfermera dijo que eso podría tomar varias horas, y no quiero dejarlo solo. Me puedes llevar a casa después de que lo trasladen. El resto de ustedes, vayan a casa, descansen un poco y coman algo. Cuando Jenna y yo estemos listos para irnos, los llamaré, y uno de ustedes puede venir a sentarse junto a su padre". Era duro dejar a su papá, y a su mamá, pero Elizabeth lo empujó suavemente, y se dirigieron de nuevo a su apartamento, para que pudiera recoger su camioneta. Ella tomó un cambio de ropa y lo siguió hasta su casa.


La dejó entrar, sólo deseando caer en la cama y dormir doce horas. O tal vez veinticuatro. "Te haré algo de comer." Él se pasó los dedos por el pelo, sin siquiera ser capaz de pensar. "Sólo iré a dormir". "Tienes que comer algo primero, porque si tu mamá llama, no podrás comer luego." Él se sentó en la mesa, demasiado cansado para discutir con ella. Ella puso huevos revueltos, tocino y tostadas en un plato a toda prisa. Él bajó el vaso de jugo de naranja y se zambulló sobre la comida, sin darse cuenta de lo hambriento que estaba, hasta que su plato quedó vacío. "Me moría de hambre." Ella puso lo último de sus huevos en el tenedor. "Obviamente. ¿Quieres más?" "No, fue suficiente. Gracias por cocinar para mí." "No hay de qué. No soy una cocinera gourmet como tú, pero puedo manejar lo básico." Él se inclinó y la besó. "Cocinas muy bien. Ahora deja que te ayude a lavar los platos". Ella se rió. "Soy capaz de hacer eso. Estoy segura de que deseas tomar una ducha, tal vez cambiarte de ropa." Él la atrajo hacia él. "Lo que realmente necesito es dormir. Al menos un par de horas." Ella tomó su mano y lo llevó, escaleras arriba, hasta su habitación. Gavin se sentía como en piloto automático, como si nada de esto hubiera pasado en realidad.


Se sentó en el borde de su cama, luego se quitó los zapatos y se quedó mirando a sus pies. Elizabeth se sentó junto a él, en silencio, pero allí. "No es lo suficientemente mayor para esto, Lizzie". Ella le frotó la espalda. "Lo sé." "Es tan fuerte, siempre jugando a la pelota con nosotros, o arreglando algo, o trabajando en el bar. Pensé que viviría para siempre". "Todavía está aquí, Gavin. El estará bien". Él se levantó y caminó hacia la ventana. Ya era de día. Demonios, no sabía qué hora era. Apenas registraba qué día era. ¿Domingo? Tenía un juego hoy. "Tengo que llamar el entrenador, para decirle lo que está pasando. Tengo un juego esta tarde." "Ya me ocupé de eso." Él se volvió hacia ella. "Lo llamé cuando estabas con tu papá. Todo está cubierto. El entrenador dijo que no te preocupes por nada." Él asintió. "Gracias". "Está bien desmoronarse, Gavin". Él parpadeó, mirando hacia ella. "¿Qué?" "No tienes que ser el hombre grande y fuerte. No delante de mí. Te conozco demasiado para eso". "No sé de lo que estás hablando." Ella se acercó por detrás. "Estás devastado por esto. Tu padre pudo haber muerto." El dolor era constante, pero se alegraba de que ella estuviera allí para ayudarle a atravesarlo. Envolvió su brazo alrededor de ella.


"No hay nada más aterrador que la posibilidad de perder a alguien que amas." ¿A dónde quería llegar ella con todo esto? Él frunció el ceño, mirándola. Las lágrimas brillaban en sus ojos. Ella no tenía familia, no una que contara, en todo caso. Excepto la suya. La giró para poder mirarla a la cara. "Está bien amarlos como si fueran tu propia familia, Lizzie". Su labio inferior temblaba. Su fuerte Elizabeth, que nunca demostraba debilidad ante nadie. Tenía que ser una roca para todo el mundo. ¿Y quién era la suya? "Nena, estoy bien", dijo él. "¿Estás seguro?" "Sí". Cuando la atrajo hacia él, ella soltó un hipo de sollozo, y se dio cuenta que era ella la que necesitaba sacarlo todo. "Está bien. Dejarlo ir." Ella se estremeció, después jadeó, apretando la parte de atrás de su camisa, mientras envolvía los brazos alrededor de él y comenzaba a llorar. Oh, maldita sea. Era desgarrador escuchar sus sollozos, por el dolor ante lo ocurrido a su padre. Las lágrimas pincharon sus ojos, mientras la abrazaba, durante su llanto. Le acarició el cabello, besó su cabeza, la abrazó con fuerza, y la dejó llorar. Y con cada lágrima que derramaba, él se daba cuenta de que la coraza que había mantenido en torno a ella todos esos años, no era más que una fachada para protegerse. Esta era la verdadera Elizabeth.


Tenía un corazón. Tenía sentimientos. Se preocupaba. Se preocupaba por su familia, por él. Le importaban su padre y su madre. Incluso se preocupaba por Mick, y había cometido un error, uno por el que había pagado un alto precio. Y no tenía a nadie para apoyarse cuando se caía. Ella suspiró, se echó atrás, e inclinó la cabeza para mirarlo. A pesar de su cara llena de lágrimas, se había puesto de nuevo la coraza, porque estaba sonriendo otra vez. "Creo que se supone que yo esté cuidando de ti." Él deslizó el pulgar por su mejilla, enjugándole los restos de una lágrima. "Lo hiciste." "Lo siento, Gavin. No tenía la intención de desmoronarme de esta forma." Trató de echarse atrás, pero él no la dejó, sosteniéndola allí, entre sus brazos. "Tienes derecho a preocuparte por mi padre." "Por supuesto que me importa tu padre." Estaba tratando de restarle importancia, como algo menos de lo que realmente era para ella. Él no iba a dejarla salir de ello con tanta facilidad. "A veces el mundo se cae a pedazos. A veces tu mundo se derrumba. Y está bien que dejes entrar a la gente y dejarles saber que te estás desmoronando". Ella levantó la barbilla, con sus barreras de nuevo en su lugar. "Tú no te viniste abajo." "¿No? Me has estado llevando de un lado a otro durante horas. No habría podido ser capaz de encontrar el camino hacia el hospital, por no hablar del camino hasta la habitación de mi papá, sin que me guiaras. Estaba en una bruma, Lizzie. No podría haberlo hecho sin tu ayuda." Ella parpadeó, las lágrimas se aferraban a las puntas de sus pestañas. Sus ojos eran dos amplias piscinas de color verde mar, que lo fascinaban. Sus labios se separaron, y de repente quiso ofrecerle consuelo y tal vez obtener algo para sí mismo.


Rozó sus labios contra los de ella. Sin dudarlo, ella le devolvió el beso, con sus suaves manos en su espalda, hundiéndole las uñas, mientras el tranquilo beso se volvía más exigente. La pasión estalló, y la necesidad creció. El hambre llameó entre ellos, y Gavin la empujó sobre la cama. Elizabeth se quitó el top, luego las sandalias, y se deslizó de nuevo en la cama, ya bajando sus pantalones Capri por sus caderas, mientras él se sacaba la camisa por la cabeza y alcanzaba el botón y la cremallera de sus jeans. Ya había descartado el sujetador y las bragas, para el momento que él se desnudó. Él subió a la cama y la abrazó, necesitando la sensación de su piel contra la suya. Sólo habían pasado horas desde que habían hecho el amor, pero su necesidad por Elizabeth era como un hambre, que nunca llegaba cerca del punto de ser satisfecha. Sólo ella podía darle lo que necesitaba. Necesitaba perderse dentro de ella, dejar fuera lo que había pasado, al menos por un momento, para sólo sentir el placer, nada más que su corazón latiendo contra el suyo, con su polla hinchándose dentro de ella, su calor rodeándolo. Ella extendió los brazos, y él llegó hasta ella, ya duro. Se deslizó dentro de ella y situó su boca en la suya, alejando todo menos su tacto, su sabor, su piel contra la suya. Sus gemidos y la forma en que se elevaba contra él, eran todo lo que necesitaba en ese momento. Ella envolvió las piernas alrededor de él, y él empujó contra ella, levantándose sobre sus manos para mirarla, cuando sus miradas se encontraron. Los labios de ella se separaron, sus párpados se cerraron parcialmente, mientras él se movía contra su cuerpo, asegurándose de rozar su clítoris. Él deseaba llevarla allí, hacer que se corriera a su alrededor. Ella arrastró las uñas por sus brazos y la sensación se disparó hacia sus pelotas. Él se movió y se empujó más profundamente dentro de ella, levantó una de sus piernas y la situó de manera que su rodilla empujara contra su pecho, necesitando estar más profundamente en su interior. "Bésame", susurró ella. Él se dejó caer sobre ella, deslizó una mano por debajo de ella, y apretó los labios contra los suyos. Sus pelotas se apretaron cuando sintió aproximarse la urgencia de su clímax. La lengua de ella encontró la suya, y en todo lo que pudo pensar fue en que estaba vivo. Lo único que importaba en ese


momento era estar allí con Elizabeth, ser uno con ella, perderse a sí mismo dentro de ella, mientras ella gemía contra sus labios. Su coño convulsionó a su alrededor, y luego ella se corrió, y él también. Apretó su agarre sobre ella y se dejó ir, gimiendo mientras se corría con empujes duros, enterrando la cara en su cuello y sabiendo que no había nadie con quien pudiera dejarse ir así, excepto con Elizabeth. Después, la besó en el cuello y en el lóbulo de la oreja, acarició su cabello y se levantó para mirarla. "Gracias". Ella le acarició la frente. "Por nada". En lugar de saltar de la cama para tomar una ducha y cambiarse de ropa, la apretó contra él, le acarició el pelo, y le besó la nuca. "¿Tiene que irte? ¿Tiene trabajo que hacer?", Le preguntó. "Nada que no puede esperar." Ella se volvió hacia él, levantó las sábanas para cubrirlos, y apoyó la cabeza en su pecho. "Duerme, Gavin". Y él lo hizo, tan pronto como cerró los ojos.


Capítulo Veinte Elizabeth había estado soldada al costado de Gavin durante las últimas dos semanas. Le había dicho que no tenía nada tan urgente en su trabajo, que no pudiera ser aplazado o resuelto por teléfono o por computadora. Los Rivers habían entendido el dilema con lo de su padre, y ascendieron a alguien de las ligas menores para ocupar su lugar en primera base. De ninguna manera, Gavin se alejaría del lado de su padre en ese momento. La operación salió bien gracias a Dios. Ver a su padre después de eso, simplemente lo abrumó. Conectado al oxígeno, a agujas intravenosas y a máquinas resonantes, su padre, quien antes era una roca robusta, se había reducido a algo que Gavin no quería admitir. Su padre era un ser humano. Vulnerable. Podía morir. La mortalidad no era algo en lo que Gavin quisiera pensar, especialmente en lo referente a sus padres. Todavía no era el momento. No lo sería por algún tiempo. Un largo tiempo. Pasó cada segundo que pudo en el hospital, ayudando a su madre hasta que ella le dijo que se estaba convirtiendo en algo molesto, lo que estaba bien, porque él sabía cuán estresada estaba. Entre él, Mick, Tara, y Jenna, se aseguraban de que nunca estuviera sola. Uno de ellos siempre estaba con ella. Su padre dormía mucho después de la cirugía, o por lo menos trataba de hacerlo. Cuando no lo estaba haciendo, era pinchado y examinado por las enfermeras o llevado otro lugar para alguna prueba. ¿Cómo diablos se suponía que los pacientes se recuperaran en el hospital, cuando el personal nunca los dejaba dormir? Habían sacado a su padre de la cama un día después la cirugía, algo que sorprendió mucho a Gavin. Él y Mick incluso le preguntaron al personal de enfermería al respecto, y Mick fue a la caza del cirujano cardiólogo, seguro de que las enfermeras estaban locas. Pero el personal les aseguró que cuanto más pronto su padre estuviera fuera de la cama y caminara, más rápido se recuperaría.


Cuatro días después de la cirugía, su padre se paseaba por los pasillos, ya sin estar conectado a los tubos o al suero, y comía alimentos sólidos, algo por lo que su padre estaba condenadamente feliz. Había estado ansioso por volver a casa. El médico le había dicho que quizá podría hacerlo al día siguiente, si seguía siendo un dolor en el trasero y un milagro médico, y seguía progresando tan bien como lo había hecho. Su padre le había dicho que correría alrededor de la estación de enfermería, si eso era lo que tenía que hacer para ser dado de alta. Eso hizo sonreír a Gavin. ¿Su padre irritable e impaciente? Sí, eso era normal en él. Fiel a su palabra, su padre había caminado por todo el piso y le dieron de alta al día siguiente. Tal vez su madre podría dormir un poco en su hogar. Habían estado en casa durante tres días, todos entrando y saliendo durante todo el día. Jenna, Tara, y Elizabeth habían ido a la una tienda de comestibles el día que habían llevado a su padre a casa, para que su mamá no tuviera que preocuparse de no tener comida. Cómo su padre no podría subir las escaleras por un tiempo, habían acondicionado la habitación de huéspedes del piso inferior como su dormitorio principal por el momento, algo que su padre detestaba, pero tenía que lidiar con ello. Por lo menos estaba en casa, y era feliz por eso. No era que mamá lo dejaría levantar los pies en su silla favorita y quedarse allí. Lo hacía caminar dos veces al día por la casa y en el patio trasero, lo máximo que pudo hacer durante las primeras semanas. Ella era como un sargento. Tenía su horario programado, y sabía qué darle de comer, sabía que su rutina de ejercicio se reducía a una hora al día, sabía cuáles píldoras debía tomar y cuando eran las citas con sus médicos. Y por lo menos les permitía a sus hijos ayudar. Jenna había vuelto a manejar el bar, debido a que sus tías, tíos y primos se habían hecho cargo de éste, mientras habían estado en vigilia en el hospital. El bar no podía estar sin sus dueños, sin embargo, y Jenna estaba ansiosa por volver al trabajo. Gavin, no tanto.


Gavin estaba sentado en la sala de estar con su padre, Mick y Elizabeth. Tara había llevado a su mamá al supermercado, para comprar algunas cosas. Estaban viendo un partido de béisbol. Un juego de los Rivers, para ser exactos. Era un doble juego contra San Francisco. "El primera base que sacaron de las menores es bastante bueno". Gavin respondió al comentario de su padre, tratando de no prestar atención al listillo de veintiún años, atrapando una bola baja y corriendo hacia la primera base para el out. "Es pasable." Elizabeth le apretó el hombro. Estaba sentada en el borde de la silla con él. "Quizá sea tiempo de que regreses al trabajo, antes de que te reemplacen por alguien más joven." Gavin se echó a reír. "Estoy lejos del retiro a los veintinueve años, Papá. Tengo un contrato sólido. El chico está sólo temporalmente. Lo devolverán a las menores tan pronto como yo regrese." Su padre tomó su vaso de agua. "Yo estoy bien, hijo. Tienes que volver al trabajo." "Volveré al trabajo pronto. No hay prisa, papá. Y no te preocupes por mi trabajo. Está seguro. Tengo una gran agente". Le dio unas palmaditas en la mano a Lizzie y la miró. Ella le dio una media sonrisa. "¿Qué? ¿Tú también crees que debería regresar al trabajo?" "Creo que tu padre está recuperándose. Mick está fuera de temporada. Él puede quedarse aquí para cuidar de tu padre." "Sí, Elizabeth no quiere perder otra entrada para la comida." Elizabeth se puso tensa, pero no dijo nada. La mirada de Gavin se dirigió hacia Mick. "Quédate fuera de esta conversación".


Mick se encogió de hombros. "Estoy en la habitación. Es difícil mantenerse al margen de ella." "Mick. Deja de meterte en los asuntos ajenos", dijo su padre, luego volvió su atención de nuevo hacia Gavin. "Pero Elizabeth tiene razón. Y yo tengo razón. Es necesario que vuelvas a jugar béisbol." "Voy a hacerlo, papá." "¿Cuándo?" "Pronto". Los Rivers tenían el turno al bate. El chico, Chris Stallings, bateó una línea más allá del shortstop y llegó a la base. Gavin intentó no hacer una mueca. "También sabe batear. Ha estado golpeando la bola desde que llegó." "Debido a que los lanzadores no han visto lo que hace. Una vez que lo hagan, lo poncharán. Sólo tiene suerte en este momento." Mick soltó un bufido. Afortunadamente, Tara y su madre regresaron. Elizabeth se fue para ayudar con las compras, y Gavin se hundió más en la silla, cuando Stallings hizo un par de capturas y conectó un jonrón en la octava entrada, para llevar arriba a los Rivers por dos carreras, sobre San Francisco. Mierda. No era que Gavin quisiera que el chico fracasara. Su equipo necesitaba ganar. Pero, ¿Tenía que ser Stallings, tan condenadamente bueno? Gavin quería que su equipo ganara gracias a algunos de los otros jugadores. "Vamos. Es la hora de tu caminata", dijo su madre a su padre, después del partido. "Pero es un doble juego."


"Estarás de vuelta antes de que empiece el segundo juego." Ella miró a Gavin y a Mick. "Las chicas están comenzando a hacer la cena. Ustedes pueden ir encendiendo la parrilla." "Sí, señora." Él y Mick llevaron el pollo al exterior. Gavin tomó una cerveza y Mick un refresco. "Entonces, ¿Estás de acuerdo con papá? ¿Debería regresar?" Mick le dio la vuelta al pollo y luego cerró la tapa de la parrilla. "Creo que debes hacer lo que se te dé la gana." "Pero si se tratara de la temporada de fútbol, ¿qué harías?" Mick levantó su mirada hacia la de Gavin. "No es la temporada de fútbol." "Esa no es una respuesta". "Es tu carrera, hombre. Lo tenemos todo cubierto aquí, pero entiendo de qué se trata. Yo probablemente tampoco me querría ir en este momento. Lo que ocurrió con papá fue una mierda terrorífica." Gavin asintió. "Temo que si me voy, algo pase y no estaré aquí". "No puedes quedarte para siempre, sin embargo. En los deportes, tu nombre y tu presencia lo es todo." "Sabré cuando sea el momento adecuado." "Sí, lo harás." ****** Después de la cena, Elizabeth ayudó con los platos, y después fue a buscar a Gavin. Lo encontró en el patio, limpiando la parrilla. "El pollo estaba bueno."


Él le sonrió. "Sí, lo estaba." "Es impresionante como tu madre toma el control de todo. Cómo lo maneja todo…" "Lo resiste bien. Ya tiene a papá en casa, y él se va a recuperar." Ella se sentó en una de las sillas del patio. "Sí, él estará muy bien. Lo que significa que debes regresar al trabajo." Él hizo una pausa, mirando la parrilla. "Todavía no." "Gavin, tienes que trabajar." "No estoy listo todavía, Lizzie. Algunos días más, sólo para asegurarme de que estará bien." "En realidad, no estás haciendo nada aquí, Gavin, aparte de volverte loco. Tu padre se está recuperando. Mick está aquí para ayudar a tu mamá. Jenna tiene el bar bajo control. Tara vive aquí también. Tu papá tiene un montón de ayuda." Su mirada saltó hacia la suya. "Te dije que no estoy preparado todavía." "¿A qué le tienes tanto miedo?" "La pregunta es, Elizabeth, ¿A qué le tienes tanto miedo… tú? ¿De qué Gavin sea reemplazado, y pierdas más dinero?" Ella volvió la mirada hacia Mick, quien abrió la puerta y salió al exterior. Sabía que esa conversación debería haber esperado hasta que estuvieran de vuelta en casa de Gavin. Pero había estado tan tenso últimamente, y haber visto el juego de hoy casi lo había aniquilado. Tenía que volver al trabajo. No por ella. Dios, no por ella. Por sí mismo. "Mick, por favor. Dame un minuto con Gavin."


"¿Por qué? ¿Para que puedas presionarlo sobre lo importante que es para él jugar con los Rivers? Dios, Elizabeth, ¿Nunca te tomas una tregua? ¿Es el trabajo siempre lo número uno para ti?" Ella se levantó, y se limpió las manos a los lados de sus pantalones Capri. "No es así. Sólo estaba…" "Sé lo que estabas haciendo. Ibas a convencer a Gavin de que el tiempo es dinero. Que el juego es dinero. Que la imagen lo es todo, y si no sale al campo, su imagen perderá puntos. Es una posición posible en la renegociación del contrato. Sé cómo piensas." Ella sacudió la cabeza. "No, no lo sabes. Si sólo me dejaras…" "¿Podrías pensar, sólo por un minuto, en otra persona, además de ti misma, tu carrera y lo que es importante para ti? ¿Qué pasa con Gavin, mi madre y mi padre? ¿Y lo que es importante para ellos? ¿Te has detenido a pensar tan sólo por un momento, en que tal vez mi mamá necesite que Gavin esté aquí, para darle apoyo emocional?" "Lo hice. Pensé…" "No, no pensaste en nada de eso. En todo lo que piensas es en regresar a Gavin al campo de juego, para que millones de personas puedan verlo jugar. Dios no permita, que esté ahí afuera, en el frente y al centro, en la televisión, en los medios de comunicación. Conozco el juego, Liz. Conozco tu juego. Y esta vez no dejaré que uses a Gavin para jugarlo." Su mirada saltó hacia Gavin, quien no había dicho una palabra. ¿No lo sabía? ¿Acaso no entendía lo que estaba tratando de hacer? No lo hacía. Creía cada palabra que Mick había dicho. Pensaba que era por el dinero y por las relaciones públicas. No por lo que era mejor para Gavin… la persona, lo que era mejor para él, en su interior. Las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos, y de ninguna manera lloraría delante de ellos.


"Lo siento". Pasó junto a Mick y abrió la puerta, caminó junto a Tara y la madre de Gavin. "Elizabeth. ¿Qué ocurre?" "Lo siento. Tengo que irme." Las lágrimas la cegaban, mientras tomaba su bolso y se dirigía con rapidez hacia la puerta principal. La abrió y corrió hacia su coche, salió del camino de entrada y tomó la calle. Esperaba que Gavin viniera tras ella. Él no lo haría. Ella ya sabía que no lo haría. Gavin le había creído a Mick. Las palabras de Mick habían penetrado en su interior, habían tenido sentido para él. De otro modo, habría hablado, habría dicho algo, habría evitado que Mick dijera esas cosas horribles. Pero no había sido así. En el fondo, Gavin creía que Elizabeth era tan mala como Mick pensaba que era. Tendría que haberlo visto, debió haberlo sabido. Por lo menos ahora lo hacía. Todo había terminado. ****** Gavin era un idiota. Se había quedado allí y escuchado a Mick hacer aquellas acusaciones en contra de Elizabeth y no había dicho una maldita palabra. Tan jodidamente típico, ¿no? Mick, el hermano mayor, que siempre sabía lo que era mejor, ¿verdad? Sólo que, quizás, esta vez tenía razón. Gavin todavía no estaba listo para volver a jugar. Su mamá lo necesitaba. También lo hacía su padre. Y Elizabeth estaba probablemente preocupada porque Gavin faltara a demasiados partidos. Tenía sus intereses profesionales en mente, no sus intereses personales. ¿Cierto? Mick se había quedado allí, mirándolo, después de que Elizabeth corriera hacia adentro y luego dijo: "Sabes que estoy en lo cierto acerca de esto. Abre los ojos y mírala por quien realmente es antes de que te lastime."


Luego se había ido al interior, dejando a Gavin solo con sus pensamientos. Todos sus pensamientos. Sólo que no estaba seguro de cuáles de sus pensamientos eran los correctos. "Gavin, ¿qué pasó?" Su madre salió con un paño de cocina en la mano. Gavin inclinó la cabeza sobre la parrilla y la restregó. "Nada". "Elizabeth salió corriendo de aquí, y estoy bastante segura de que estaba llorando. No parece ‘nada’". Él se encogió de hombros. "Me encargaré de eso después." "¿Le dijo algo Michael?" "Probablemente nada que no fuera cierto." Ella se sentó en la silla. "Explícame eso". "Quiere que regrese a jugar." "¿Y?" "Mick la acusó de tener intereses egoístas. Dijo que ella sólo está preocupada de que sea reemplazado". "Y tú, ¿qué dijiste respecto a eso?" Él levantó la mirada hacia su madre. "No dije nada." "Así que básicamente, permitiste que tu hermano insultara a la mujer que amas, y no dijiste ni una palabra." Él frunció el ceño. "No la amo." "¿Es eso cierto?" "Sí".


"¿Estás seguro de eso? Porque, por lo que he visto de ustedes dos juntos, me parece que la amas." "No me digas cómo me siento, mamá. Nos hemos divertido juntos. Eso es todo." Su madre inclinó la cabeza y le dio su mirada típica de ‘tonterías’. "Eres tan bueno en negar lo que sientes." Él no respondió. "Pero ella es también tu agente. Es su trabajo vigilar tu carrera". "Es cierto". "¿Y hacerlo debe aguantar ser fustigada por tu hermano, porque él le guarda rencor?" "Ese es problema de él, debe superarlo solo." "¿Y tú lo dejas seguir con eso?, ¿con una mujer a la que has estado viendo y que al menos debería importarte lo suficiente como para defenderla? Yo te crié para ser un mejor hombre, Gavin". Él hizo una respiración profunda, cerró la parrilla, y deslizó los dedos a través de su pelo. "No lo sé. Todo es tan complicado. No se suponía que fuera complicado". Él se sentó en la silla junto a la de ella. Ella le sonrió y tomó su mano. "Las relaciones son siempre complicadas, Gavin." "No es lo que me propuse tener con Lizzie. Se suponía que sería algo divertido." "¿Has estado teniendo diversión con ella?" "Sí". "¿Y qué pasó, entonces?" "No tengo idea. Supongo que en algún momento algo ocurrió." "Algo así como. . . ¿Enamorarte?"


Él nunca había querido que eso entrara en la imagen. No con Elizabeth. Pero tal vez había sucedido y él no se había dado cuenta. Estaba condenadamente seguro que no quería hablar de ello con su madre. "No lo sé, mamá. Sinceramente, no lo sé. Siento algo por ella. Pero no sé lo que es." "Tal vez sea hora de dejar de huir de ello y averiguarlo." "No sé si quiero hacerlo. Elizabeth no es fácil." Ella se rió. "Tampoco, mi niño querido, lo eres tú." ****** El segundo juego ya estaba adelantado, cuando Gavin se unió a su padre en la sala de estar. Se sentaron en silencio y lo vieron por un rato. Mick y Tara se habían ido a casa, y Jenna estaba en el bar. Los Rivers estaban atrás por una carrera en la séptima entrada. Los bateadores de mitad de entrada tenían el turno. "Tu reemplazo ha acertado dos de tres en lo que va de este juego. Se robó una base en la tercera y anotó una carrera en la quinta." "Eso es bueno. Esperemos que podamos ganar". Más silencio, un jugador bateó una bola baja hacia tercera por el primer out, y el segundo bateador falló con una elevada al jardín derecho. Stallings era el siguiente. Gavin se inclinó hacia adelante para estudiar al chico. Su posición de bateo era decente, no tenía miedo de que le lanzaran una curva o una bola rápida. No se dejaba engañar fácilmente y llevaba dos bolas y un strike. Cuando un tiro salió hacia la base, lo lanzó sobre la cerca del jardín izquierdo, para un jonrón. Mierda. El chico era bueno. "Es una pena que no hubiera nadie en las bases," dijo su padre. "Sí. Es una lástima." Gavin se echó hacia atrás.


"Vi a Elizabeth salir huyendo de aquí antes. ¿La hiciste enojar?" "No. Mick lo hizo." "¿Acerca de qué?" "No te preocupes por eso, papá. Tú sólo tienes que descansar." Su padre se inclinó hacia adelante. "Deja de tratarme como a un inválido. Nunca tuve la presión arterial alta, así que no voy a explotar". Gavin miró a su madre, quien estaba sentada en su silla, cosiendo algo a mano. No se veía preocupada, ni le envió una mirada de advertencia. De hecho, no los miraba en lo absoluto. "¿Y bien?" "Elizabeth me sugirió que volviera a jugar. Mick la acusó de tratar de manipularme para su propio beneficio personal". Su padre resopló. "Tu hermano no está pensando con claridad en lo que a Elizabeth se refiere, y ya es la maldita hora de que lo supere. Y, ¿no te dije lo mismo? Ese chico está luciendo muy bien en la primera base. Apuesto a que gana mucho menos que tú, también". Gavin se hundió en la silla y no dijo nada. Los Rivers estaban fuera cuando el siguiente bateador falló en un buen lanzamiento. "Entonces, ¿qué dijiste cuando Mick le estaba leyendo la cartilla a Elizabeth?" "Nada". "Estás saliendo con ella, y ¿no la defendiste?" Gavin se sentía como de ocho años otra vez. Obtener un regaño de su padre, no le había gustado entonces, y no le gustaba ahora. "No." "¿Porque, crees que te está manipulando, que sólo se preocupa por tu carrera y no por ti?"


"No sé qué pensar". "Y yo que pensaba que había criado chicos inteligentes. Ahora mismo estoy pensando que ambos son más tontos que el polvo". En ese momento, así se sentía Gavin también.


Capítulo Veintiuno Si Elizabeth hubiera tenido su ingenio habitual, podría haberse puesto mano a mano con Mick. Nunca permitía que los atletas le ganaran en una discusión. Si querían una confrontación, ella les respondía. Así que, ¿por qué había dejado que Mick la tratara así? Tendría que haberse enfrentado a él, y decirle exactamente cuan equivocado estaba, sobre su forma de pensar. Y luego decirle que se metiera sus opiniones sobre ella en el trasero de una vez por todas, porque estaba cansada de oírlas. Maldita sea. Era por Gavin. Bueno, y también porque no quería causar la III Guerra Mundial en la casa de sus padres. No con su padre recuperándose. Ella nunca haría nada para alterarlo. Se detuvo en el estacionamiento del bar Riley, sin estar segura de qué demonios estaba haciendo allí. ¿No había tenido suficiente de los Riley por algún tiempo? ¿Necesitaba que otra de ellos le pateara el trasero? Tal vez era masoquista. Después de todo, Jenna no le había leído la cartilla todavía. Tal vez podría dejarla tener su turno. Era la mitad de la semana, así que era una noche tranquila. Encontró a Jenna en la barra, atendiendo a algunos clientes que parecían ser habituales. Jenna, vestida con una camiseta negra sin mangas y jeans, estaba hablando con sus clientes, por lo que Elizabeth se sentó al final de la barra. Jenna se dirigió hacia ella cuando la vio. "¿Alguien pateó a tu perrito?" "Tus hermanos apestan". Ella soltó un bufido. "Dime algo que no sepa. ¿Qué quieres tomar?" "Una copa de algún vino aceptable. El que elijas."


"No hay problema." Jenna sirvió una copa de vino tinto y la puso delante de Elizabeth. "Bueno, te puedo dar una larga lista de por qué creo que mis hermanos son idiotas, pero esta no es mi fiesta. Dime porqué lo piensas tú." Ella tomó un sorbo de vino. "Esto está excelente." "Por supuesto que sí. Es lo que hago. Ahora escupe". "¿Estás segura que no quieres estar de su parte?" Jenna se apoyó contra la barra y le sonrió. "Rara vez". "Gavin ha estado inquieto desde la cirugía de su padre. Viendo el partido de hoy, me di cuenta que ver a ese primera base que colocaron en su lugar, le molestaba. El chico tiene talento, y sé que Gavin se siente amenazado. Como tu papá se está recuperando tan bien, le dije que tal vez debería volver al trabajo. Y Mick saltó sobre mí, diciendo que tengo motivos ocultos." Jenna puso los ojos en blanco. "¿Aún no ha terminado con eso?" "Al parecer no. La peor parte fue que Gavin estaba allí, y no dijo ni una palabra, mientras Mick me estaba leyendo la cartilla, diciendo que yo sólo estaba interesada en llenar mis propios bolsillos a expensas de Gavin." Jenna la miró furiosa. "Qué patán. Tienes razón. Ambos apestan". Elizabeth rió, levantó su copa, y la inclinó hacia Jenna, antes de tomar otro sorbo. "Y yo que pensaba que podría estar cometiendo un error al venir aquí y contarte esto, ya que eres su hermana." "Oye, defenderé a muerte a mis hermanos cuando estén en lo correcto. El problema es, que rara vez lo están. Son hombres, por lo tanto, tienen la desventaja de la testosterona. Lo que los estropea todo el tiempo." "Espero que no sea una marca, contra todos los de mi género".


Elizabeth giró sobre su taburete y le sonrió a Ty Anderson. "Hola, Ty. ¿Qué te trae por aquí?" "Me detuve a tomar una copa y te vi de inmediato. ¿Puedo sentarme, o se trata de una fiesta para criticar a los hombres?" Elizabeth miró a Jenna, quien se encogió de hombros. "Es tu fiesta para criticar hombres, Liz. Son sólo mis hermanos, y siempre estoy dispuesta a jugar." Elizabeth se echó a reír. "Ty, ésta es Jenna Riley, la hermana de Gavin. Jenna, este es Tyler Anderson. Juega hockey para los Ice." "Ah. Encantado de conocerte, Jenna". Jenna estudió a Ty y luego suspiró. "Otro deportista. Mi corazón está palpitando". Él sonrió. "Una fanática, ¿eh?" "Sí, ya sabes." Elizabeth se echó a reír y se volvió hacia Ty. "Creo que su bar se llena de jugadores, debido a Mick y Gavin." "Uh-hum. Así que he sido condenado antes de siquiera empezar, ¿eh?" "Me temo que sí, vaquero. ¿Qué deseas tomar?" "Una cerveza. En botella. No de las ligeras." "Cuidado, Ty", dijo Jenna mientras quitaba la tapa, y deslizaba la botella hacia él. "No querrás ganar demasiado peso, o tendrás problemas para sostener tu stick6." Él tomó la botella y la llevó a sus labios. "Hasta ahora, nunca he tenido ninguna queja sobre mis habilidades con el stick." Jenna arqueó una ceja. "¿Y estás aquí solo? ¿Con ese encanto? Increíble".

6

Palo de Hockey


Mientras Jenna iba a atender a uno de sus clientes, Ty se dirigió a Elizabeth. "¿Quién orinó en sus copos de maíz?" "Ella siempre es dura con los chicos de aquí. Tiene hermanos famosos y se defiende de todos los deportistas, además de provenir de una familia que vive para el deporte. No creo que los chicos como tú, sean su tipo." Ty tomó un largo trago de la botella, su mirada se dirigió hacia Jenna mientras trabajaba en el bar. "Me parece muy bien, ya que, tampoco no es mi tipo". "¿Es cierto eso?" Elizabeth estudió el cabello oscuro y corto de Jenna, su esbelto cuerpo, los varios tatuajes y piercings en sus orejas. A ella le parecía que Jenna era sexy y adorable. "¿Por qué no es tu tipo?" "Me gustan con tetas grandes". Elizabeth puso los ojos en blanco. Debido a que Ty, no había quitado los ojos de Jenna ni una sola vez, se imaginaba que Ty estaba lleno de mierda, y simplemente no había disfrutado el que lo hubieran rechazado. "Creo que voy a ir a probar suerte con los dardos. Nos vemos luego, Elizabeth." "Nos vemos, Ty". Elizabeth vació su copa de vino, y Jenna estuvo allí para llenarla de nuevo. "Otro atleta egocéntrico. Justo lo que este bar necesita". "¿Uh? Oh, ¿Te refieres a Ty?" "Sí". "En realidad es un tipo muy agradable una vez que le das la oportunidad". "¿Es uno de los tuyos?" "Sí". "No es mi tipo".


Agradecida de estar hablando de algo que no fuera ella y su pésima relación con Gavin, Elizabeth preguntó: "Oh, ¿De verdad? ¿Y cuál es tu tipo, Jenna?" Ella puso las palmas contra la barra. "Me gustan con cerebro. Poéticos. Inteligentes, de los que leen libros. Líricos. Musicales. E interesados en algo que no sean los deportes. Después de haber crecido con deportistas y estar rodeada de ellos en este bar, prefiero estar con un hombre cuya atención se centre en todo lo contrario." "Puedo entender eso. Así que te gusta el tipo de hombre de oficina, o un maestro. O tal vez abogado." "No me importa lo que haga para ganarse la vida, mientras no hablemos de deportes cuando estemos juntos." Pero la mirada de Jenna se desviaba hacia Ty, mientras limpiaba la superficie de la barra. Elizabeth se volvió y miró a Ty, ahora involucrado en un juego de billar con algunos otros chicos. Sus jeans se extendían por su hermoso trasero, mientras se apoyaba en la mesa para dar un tiro. Su camiseta ceñida mostraba sus abultados bíceps, y Jenna tendría que estar muerta para no notarlo. Cuando Elizabeth se volvió hacia la barra, estuvo claro que Jenna ya lo había notado. "Ty no es tu tipo, ¿eh?" Jenna se encogió de hombros. "Tiene un gran trasero y esa mirada de chico malo que hace que mi ropa interior se moje. He tenido un período de sequía. Soy humana. Pero, aun así, no salgo con deportistas. Es una pena, porque definitivamente podría tomar a alguien como para dar una vuelta." "Estoy segura que él aceptaría tu oferta, también. Te estaba echando un ojo cuando no estabas mirando." Jenna le dio otro vistazo, y luego suspiró. "¿Por qué este lugar atrae a tantos chicos como él? Tal vez deberíamos hacer algún tipo de promoción para atraer a los hombres con los que quiero salir, en lugar de los chicos con los que no quiero."


"Es una buena idea. Deberás pensar en algo". "Sí", dijo Jenna, sonriendo. "En mi tiempo libre." "Yo podría ayudarte. Soy buena con las cosas promocionales". Jenna se inclinó sobre la barra. "Es cierto. Esa es tu área. Sin embargo, probablemente estás muy ocupada." "No tan ocupada. Me encantaría ayudarte." "Estás tratando de evitar todo lo relacionado con Gavin." "Tienes razón. Lo hago." Levantó su copa y bebió un trago. "Entonces, ¿cómo vas a resolver ese problema en particular?" "No tengo idea de qué hacer. No creo que él confíe en mí. Y honestamente no sé lo que siente por mí. Ser su agente y estar enamorada de él, lo está arruinando todo, tanto profesional como personalmente." "Explícame eso." "Como su agente, debería estar pateando su trasero, para mandarlo de nuevo a jugar. Ha estado fuera demasiado tiempo. Como la mujer que lo ama, entiendo cómo se siente. Siento empatía por su preocupación acerca de su padre y su necesidad de estar ahí". "Papá se está recuperando muy bien, está cada vez más fuerte. Todo este asunto nos asustó muchísimo, por lo que, naturalmente, queremos estar con él todo el tiempo." "Eso es de esperarse, creo. A mí también me asustó. Amo a tus padres". Jenna sonrió y le tomó la mano. "Sé que lo haces. Has sido parte de la familia durante mucho tiempo." "Pero él se está recuperando bien, y todos están cuidando de él. Y Gavin está inquieto. Puedo verlo, puedo sentir la tensión en él. Ve los partidos y sabe que


necesita regresar, pero algo lo detiene. Un sentido de responsabilidad, junto con temor de que si se va, algo malo ocurra." "Entonces, ponte el sombrero de agente y dale una patada en el trasero para que regrese al trabajo. Tienes que darte cuenta que a veces no puedes ser ambas cosas, la novia y la agente. A veces, sólo tienes que ser su agente y hacerle ver que es el momento de hacer su trabajo". Ella suspiró. "O puede ser que descubra que no puedo ser ambas cosas, que tendré que elegir una. O él elegirá una por mí". Jenna la miró a los ojos. "Sí, eso podría ocurrir. Si te ama, no importará." "Y si no me ama, podría importar muchísimo". "¿Tienes miedo a averiguarlo?" "Creo que esa es la pregunta del millón de dólares".


Capítulo Veintidós Gavin y Mick estaban limpiando las canaletas, cuando Gavin vio el coche de Elizabeth estacionarse en el camino de entrada. Una punzada de culpa… y algo más, tiró de sus entrañas. Su padre estaba sentado en el patio trasero, mirándolos. Era un día perfecto. El sol había salido, una agradable brisa soplaba... Mamá y Tara habían ido de compras. "Ya sabes por qué está aquí." "Cállate, Mick". Su padre se levantó, cuando Elizabeth atravesó la puerta trasera. "La puerta de entrada estaba abierta." "Hola, Lizzie". Ella le dio un abrazo a su padre y se sentó con él, ni siquiera miró hacia Gavin y Mick. "Ella está jugando contigo, hombre. Al igual que me manipuló a mí. Y a Tara y a Nathan." Gavin miró a Mick. "Esto no es acerca de ti. No todo es acerca de ti." Mick se encogió de hombros y dirigió la manguera hacia la canaleta, mientras Gavin sacaba un montón de hojas secas de otra sección. Mick se bajó de la escalera para moverla, y Gavin avanzó por el techo, tratando de no mirar hacia Elizabeth y su papá, quienes estaban conversando y riendo juntos. "Oigan, muchachos, Lizzie me va a llevar a dar una caminata corta. Volveré pronto." "Yo puedo hacer eso, papá", dijo Gavin. "Creo que ella puede manejarlo. Sólo limpien las canaletas. Estaremos bien".


Gavin miró a Mick, quien frunció el ceño, pero continuaron con su tarea, y para el momento que Gavin bajó por la escalera y fue en busca de su papá, éste estaba en la sala de estar, tomando un vaso de agua, con los pies apoyados en la otomana. Elizabeth estaba en una de las sillas, junto a él. Maldita sea, se veía hermosa con su traje color crema, y una blusa de seda, azul pálido, debajo de éste. Sus zapatos altos, mostraban sus piernas larguísimas, y quería comérsela de arriba a abajo. De repente, quería estar a solas con ella, hablar con ella, superar esa distancia entre ellos, averiguar lo que había ido mal. Pero, simplemente. . . no podía. Había cosas que no entendía. Ella lo miró y le ofreció una sonrisa, pero no era el tipo de sonrisa que quería ver de ella. Se estaba conteniendo, justo como él lo hacía. "Tu papá está recuperándose muy bien. Caminó todo el camino hasta la esquina y de regreso." Su padre sonrió. "Voy a estar pateando sus traseros en un juego de baloncesto en muy poco tiempo, sobre todo con esa horrible dieta de pollo, pavo y pescado que tu madre me está haciendo comer." Gavin sonrió. "Es buena para ti, papá". "Sí, lo que sea. Echo de menos las patatas fritas". "Lo superarás", dijo Gavin. "Y así perderás ese vientre de cervecero." "Echo de menos la cerveza, también." "También superarás eso", dijo Mick. "Yo lo hice". "¿Terminaron con las canaletas?" "Sí," dijo Gavin. "Todas están limpias." "Bien. Mick, ¿Qué te parece si vamos a por un sandwich de pavo? Tengo hambre". "Lo que tú quieras, papá".


Su padre se levantó y siguió a Mick a la cocina. Gavin se sentó en el sofá, frente al asiento de Liz. "Él se ve bien", dijo ella. "Sí, lo hace." "Ha estado en casa durante una semana y media, Gavin. Tu padre está progresando muy bien." "Sí, así es". "Ya es tiempo de que regreses a jugar. Ya has perdido demasiado". Su sonrisa se desvaneció y se levantó. "No me digas qué hacer." Ella se puso de pie también. "Soy tu agente. Es mi trabajo decirte qué hacer. No querrás perderte demasiados juegos. Tu equipo cuenta contigo. Te pagan para que juegues, en caso de que lo hayas olvidado." "No he olvidado nada. Los Rivers me dijeron que podía tomar todo el tiempo que necesitara. ¿Por qué me estás presionando con esto?" "Te presiono, porque ya no es necesario que estés aquí. Mick y Tara están aquí para cuidar a tu padre y ayudar a tu mamá. Jenna se está ocupando del bar. La salud de tu padre es buena. La mitad de tus juegos son locales, y puedes venir a ver a tu padre cuando estés aquí, jugando en casa. Tus tácticas dilatorias sólo perjudican tu carrera". "No estoy listo todavía." "No eres tú, quien tuvo un ataque cardíaco, ni la cirugía, Gavin. Ha llegado el momento de que regreses al campo." "Yo les haré saber, a ti y al equipo, cuando esté listo para volver al campo. Hoy no es ese día". "¿Por qué eres tan terco acerca de esto?"


"¿Por qué eres tan insistente al respecto?" "Te diré por qué. Porque te está manipulando para su propio beneficio." Gavin desvió su atención hacia Mick, quien estaba apoyado en la puerta de entrada de la sala de estar. Elizabeth también lo miró. "Tú te quedas fuera de esta discusión. Esto no es asunto tuyo." Los labios de Mick se curvaron en una mueca de desprecio. "Lo que afecta a mi hermano, se convierte en mi asunto. Y no dejaré que le hagas lo que me hiciste a mí". "No te metas, Mick. Esto no te concierne. Gavin es mi cliente, y estoy tratando de hacerle ver que necesita volver al trabajo." "Sí, claro. Como si tu única preocupación fuera Gavin. Por favor. Te conozco demasiado bien, Liz. Sé que estás muy asustada por la posibilidad de perder otra fuente de dinero, de que si no vuelve a jugar con los Rivers, podrían no contratarlo la próxima temporada, o que no quieran pagarle tanto dinero la próxima vez." Ella se volvió hacia Mick. "¿Sabes qué? Eso es exactamente correcto. ¿Y sabes a quién le va a doler? A Gavin. ¿Y sabes qué más? Si sacaras la cabeza de tu trasero y dejaras de pensar en ti mismo por un maldito minuto, verías que tu hermano se siente miserable, cada vez que Stallings levanta un bate, eso le duele muchísimo, porque quiere estar en ese campo, tanto que le duele físicamente. Pero no, eres tan feliz de estar peleando conmigo, que no puedes ver más allá de tu propia ira, y desear lo que es mejor para Gavin. Sólo quieres seguir vengándote de mí, y al hacerlo, estás saboteando la carrera de tu hermano, cuando lo que deberías estar haciendo es patear su trasero para sacarlo de esta casa y animándolo a regresar al juego al que pertenece. Me avergüenzo de ti, Mick. Pensé que amabas tu hermano." Ella se volvió a Gavin. "Mira, no sé cuál es tu problema es acerca de todo esto, pero te amo y solo quiero lo mejor para ti."


Él la miró fijamente. "¿Le dices a todos tus clientes que los amas para conseguir que hagan lo que tú quieras?" Su boca se abrió. "¿Qué?" "Ya me has oído. ¿Es ésta tu nueva forma de manipulación? ¿Una declaración de amor? ¿Con cuántos de ellos dormiste para salirte con la tuya?" Ella se puso pálida, y aun cuando las palabras salían de su boca, él no podía creer que las estaba diciendo. "Gavin, deberías conocerme mejor. Nunca antes me había acostado con un cliente. Pero sabes qué, eso fue un error. Todo acerca de nosotros ha sido un error desde el principio". Miró de nuevo a Mick. "¿Es esto lo que querías? Bien, ¿sabes qué? Ya lo conseguiste. Tú ganas. Lo admito. Dale a Don Davis saludos de mi parte, cuando firme a Gavin." Ella dirigió su mirada de nuevo hacia Gavin. "Gavin, ya no puedo representar tus intereses, ya que es obvio que deseas algo distinto de lo que yo puedo darte. Por favor, encuentra otro agente, tan pronto como te sea posible. Te haré llegar esta notificación por escrito, de manera inmediata." Se volvió y salió por la puerta, antes que él pudiera formar una respuesta coherente. ¿Qué demonios había sucedido? ¿Ella le había dicho que lo amaba, y él la había acusado de dormir con todos sus clientes? Y entonces lo había despedido. Por supuesto que lo había despedido, porque era un idiota. Cayó en la silla, y escuchó el sonido de su coche saliendo del camino de entrada.


"¿Qué demonios fue eso?" preguntó su padre, mientras volvía a entrar a la sala y tomaba asiento. Gavin no podía formar palabras para explicarle a su padre lo que acababa de hacer. "¿He escuchado correctamente?, ¿Acaba Elizabeth de despedirte?" "Has oído bien, papá", dijo Mick. "¿Y cuánto tuviste que ver en todo esto?" Su padre le preguntó a Mick. "Mucho, creo." "Michael, usualmente trato de no interferir en tu vida, y entiendo que Elizabeth cometió algunos errores contigo, con Tara y Nathan, pero ¿No crees que ya es hora de que lo superes? Nunca antes supe que guardaras tanto rencor". Mick se sentó y pasó sus manos por su pelo. "Estaba enojado. Realmente enojado. Amo a Tara y a Nathan como nunca he querido a nadie en mi vida. Y lo que hizo Elizabeth, la forma en que los manipuló, me hizo daño. Les hizo daño." "Y se disculpó y lo arregló, ¿no es cierto?" Le preguntó su padre. "Sí, lo hizo." "Pero no pudiste dejarlo pasar." "Tuve miedo cuando Gavin comenzó a verla." Gavin levantó la cabeza y se volvió hacia Mick. "¿Por qué?" "Porque temía que te lastimara." Gavin soltó una carcajada. "¿No crees que puedo cuidar de mí mismo?" Mick se encogió de hombros. "Siempre serás mi hermano menor, no importa la edad que tengamos. Estaba tratando de protegerte. Creo que te he sobreprotegido. Mierda. Jodí esto, hombre. Lo siento. Tengo que encontrar la forma de arreglarlo".


Gavin sacudió la cabeza. "No, creo que ya has hecho suficiente. Yo soy quien tiene que solucionarlo. Pero no estoy seguro de que pueda. Las cosas que le dije... Ella me dijo que me amaba y la apuñalé en el corazón." "Te das cuenta que sólo te presionaba, debido a tu amor por el juego." Gavin miró a su padre. "Ella sabe que adoras jugar. Hablamos sobre eso durante nuestra caminata. Ella ve lo que yo veo, cuánto amas el béisbol. Esto nunca ha sido por dinero para ti, desde que comenzaste a jugar. Podrías haber jugado por nada. Afortunadamente, tenías a Elizabeth de tu lado, para negociar un buen contrato, ya que habrías firmado por nada. Ella me dijo que nunca había conocido a nadie que jugara sólo por el amor a un deporte. Y verte durante el último par de semanas, le dolía mucho, al igual que a mí, porque la luz se ha apagado en tus ojos. Te quería de regreso en los partidos debido a que tu alegría se ha ido. Yo le dije que hiciera todo lo necesario para convencerte de volver a trabajar". Gavin se levantó y deslizó los dedos por su pelo, tenía una sensación de acides en la boca del estómago, tan intensa que no creía que pudiera sobrevivir. Dios, la había lastimado. Tenía tanto miedo de dejar a su padre, tanto miedo de perderlo. ¿Y si no estaba aquí y algo sucedía? Y sin embargo, su papá y Elizabeth se habían dado cuenta de la pérdida que había estado sintiendo. Extrañaba el béisbol. Tenía que regresar. Se volvió hacia su padre. "Tengo que volver." Su padre le sonrió. "Lo sé. Quiero que lo hagas. Es lo que haces. Es lo que te gusta. Estaría decepcionado si te quedaras aquí por mí." Fue hacia su padre y se arrodilló delante de él. "Tenía miedo de que algo te pasara otra vez sí me iba."


Su padre se inclinó y le tocó el hombro. "Estaré bien, muchacho. No estoy hecho de acero, pero tampoco de gelatina. Tuve mi llamada de atención. Voy a cuidar de mí mismo, y prometo no recaer. Pero no me puedes vigilar cada segundo, de cada día. Tienes que dejarlo ir." Gavin se estremeció con un suspiro y se levantó. También lo hizo su padre. Se dieron un abrazo, con Gavin cuidando de no apretar a su padre debido a la incisión. "No me voy a romper, chico." Gavin contuvo las lágrimas, luego retrocedió y asintió. "Bueno, es hora de que me vaya a trabajar." "Gavin". Se volvió hacia Mick. Su hermano lucía afligido. "Lo siento. Jodí todo esto, empeoré las cosas." "Lo hiciste. Pero eso es algo que tendrás que afrontar, y es entre tú y Elizabeth. Y yo tengo que cargar con la culpa de no haberlo detenido, cuando debí haberlo hecho. Dejé que pasara, durante demasiado tiempo." Mick sonrió con una mueca. "No puedes detenerme, cuando estoy siendo un idiota obstinado." Gavin sonrió. "Es verdad". "Yo lo arreglaré. Por lo menos mi parte. Entonces, ¿La amas?" Gavin había pensado que dudaría, cuando llegara el momento de decirlo en voz alta, pero las palabras salieron de sus labios. "Sí, la amo. Así que tendrás qué vivir con eso". Mick tomó los hombros de Gavin. "Puedo vivir con ello si ella puede aguantarme. Ahora, ve por tu chica. Y regresa tu trasero al trabajo."


Gavin salió de la casa de su padre y regresó a su propia casa. Había llamado a los Rivers y les había dicho que estaba listo para jugar. Ellos estarían de regreso en la ciudad para la gira del fin de semana, por lo que el entrenador le dijo que estuviera preparado para entonces. Mientras tanto, iría con Elizabeth para arreglar las cosas entre ellos. Él la llamó. Ella no respondió. Llamó de nuevo, dejó un mensaje de voz, y esperó. No le devolvió la llamada. La llamó de nuevo. Y otra vez. Ella no le contestó. Maldita sea. Se dirigió a su casa, y llamó a la puerta, pero no obtuvo respuesta. Tal vez había ido a su oficina, así que probó allí, pero la recepcionista le dijo que no estaba, lo que significaba que no estaba realmente allí, o que se negaba a verlo. Registró el estacionamiento y no vio su coche. Bueno, demonios, ella no iba a ponérselo fácil, ¿verdad? Por otra parte, después de lo que le había dicho, no merecía que se lo hiciera fácil. Y él, de ninguna manera iba a disculparse a través del teléfono celular o de un mensaje de texto. Eso tenía que ser hecho en persona. Volvió a su apartamento esa noche y no vio su coche aparcado en el estacionamiento, y no había luces en el interior. Esperó como un maldito acosador en su estacionamiento, durante tres horas, llamando a su celular varias veces, pero ella no respondió. Y no regresó a casa. Esperó hasta la una de la mañana antes de rendirse y regresar a su casa. Iba a ser difícil disculparse con ella si no podía encontrarla. El personal de su oficina no fue de ayuda, se negaron a decirle dónde estaba, y al día siguiente, tampoco fue al trabajo. Tenía un día más, antes de tener que reportarse con el equipo, y no podía encontrar a Elizabeth.


Pero conocía a alguien que podría ayudarlo. ****** Agradecida por el viaje fuera de la ciudad, Elizabeth miró por la ventana de su habitación de hotel en Nueva York. Los contratos y las negociaciones con un nuevo cliente potencial la habían mantenido ocupada durante los últimos dos días, y estaba condenadamente agradecida por eso, porque lo último que necesitaba era tiempo extra para pensar. Tiempo para pensar significaba tiempo para afligirse por Gavin, y ya había perdido demasiado tiempo en ese hombre. Se metió en la cama y tomó su ordenador portátil, dando los toques finales al contrato para su nuevo cliente, un prometedor jugador de la NBA, para Nueva York. No era de tan alto perfil como Gavin, pero un par más de jugadores, añadidos a su lista de clientes, compensarían lo que había perdido al despedir a Gavin. Levantaría sus antenas y encontraría un par de tipos infelices con su agente actual, y estaría en camino de equilibrar la pérdida, con algunas ganancias estelares. Primero, el jugador de baloncesto, el siguiente era un corredor ofensivo de Baltimore, con el que tenía la intención de reunirse a principios de la próxima semana. Y ese chico era una máquina de hacer dinero. Si lo podía firmar, no sólo daría un golpe maestro, sino que podría burlarse de Don Davis, su agente actual. Todo se trataba de mantener el equilibrio. Y ella mantendría el equilibrio. Su celular sonó, y ella lo tomó de la mesa, esperando que no fuera Gavin de nuevo. No era Gavin. Era su madre. Mierda. Su estómago se hundió, y ella abrió el teléfono, esperando, con ansiedad, que el padre de Gavin no hubiera tenido una recaída. "¿Hola?" "¿Elizabeth? Habla Kathleen Riley." "Hola, Kathleen. ¿Está bien Jimmy?"


"Está bien, querida, no te preocupes." Ella dejó escapar un suspiro de alivio. "Oh, Gracias a Dios. Estoy tan contenta de escuchar eso". "Estoy llamando por Gavin." "Oh." "¿De verdad lo despediste?" Esto iba a ser difícil. "Estaba volviéndose demasiado duro, Kathleen". "No tienes que morderte la lengua conmigo. Lo entiendo. ¿Fue terrible contigo?" No iba a decirle todo a su madre. "Había un conflicto de intereses que no pude negar por más tiempo. Estaba enamorada de él. No podía representarlo y lograr lo mejor para él con ese tipo de conflicto. Tuve que romper nuestra asociación." "Dice que no respondes a sus llamadas." ¿Y había hecho que su madre la llamara e intercediera por él? ¿En serio? "Estoy trabajando en este momento, por lo que he estado muy ocupada." "Dijo que no has estado en tu casa, ni en tu oficina." La estaba buscando, ¿Eh? Bien. "No, estoy en Nueva York por negocios. Lo que sea que tengamos que decirnos el uno al otro, tendrá que esperar." "Le dije que no iba a presionarte, o a pretender que esta llamada era por algo más que una misión de investigación en su nombre." Ella sonrió ante eso. "Gracias, Kathleen". "Espero que ustedes dos puedan resolver las cosas." Eso no iba a suceder. "Me alegro de que hayas llamado. Por favor, saluda a Jimmy de mi parte."


"Lo haré, cariño. Cuídate." Elizabeth puso el teléfono en la mesita de noche y miró su computadora portátil, pero el contrato había perdido su atractivo. Cerró su ordenador portátil y se hundió bajo las sábanas, tomó el control remoto y encendió la televisión, cambiando los canales al azar, con la esperanza de encontrar algo ligero qué sintonizar, hasta poder dormirse. El teléfono sonó. Ella lo levantó de la mesita de noche, y su corazón se apretó al ver que era Gavin. Lo colocó de nuevo en la mesa, miró un programa de animales en la televisión. Cuando el teléfono sonó otra vez, dejó que sus lágrimas cayeran, incapaz de contenerlas por más tiempo.


Capítulo Veintitrés Ir a Riley’s era probablemente un error, pero Elizabeth quería hablar con Jenna. No era como si tuviera un montón de amigas. Echaba de menos a Shawnelle y Haley, pero no podría salir con ellas en el futuro próximo, ahora que ella y Gavin ya no eran pareja, y ya no era su Agente. Como no representaba a ningún otro jugador de los Rivers, al menos no en ese momento, no había razón para que asistiera a alguno de sus partidos. ¿No era divertido que alguien que nunca había tenido amigas, de repente las anhelara? Tomó un asiento en la barra y esperó a Jenna, quien la vio, la saludó y atendió a algunos de sus clientes, antes de dirigirse hacia Elizabeth. "¿Qué tal, chica?" "Acabo de regresar a la ciudad, después de algunos días de viaje. ¿Y tú?" Jenna le tendió los brazos. "Otro día aquí, en el paraíso Riley. ¿Qué puedo servirte para tomar?" "Dame algo fuerte y poderoso." "¿Hablas de un hombre o de una bebida?" Elizabeth se echó a reír. "Empezaré con la bebida y progresaré a partir de ahí." Jenna llenó un vaso con hielo y whisky solo. "Fuerte y poderoso. Es el favorito de Gavin." "Ouch". "Sí, mamá me dijo que tuvieron un enfrentamiento y que lo despediste. ¿Te importaría darme los detalles?"


Elizabeth tomó un largo trago, con los ojos llenos de lágrimas, cuando el whisky quemó el fondo de su garganta y todo el camino hasta su vientre. "Whoa". Jenna se echó a reír. "Eres un peso ligero. No te metas en un concurso de bebidas conmigo, nunca." “Tomo nota". "Está bien, amiga. Dímelo. ¿Qué hizo el idiota de mi hermano para arruinar las cosas?" "No estoy segura que la culpa fuera completamente suya." "Oh, estoy segura de que lo fue. Continúa." "Lo presioné para que volviera a jugar. Es mi trabajo como su agente". "Sí, lo es." "De todos modos, tu otro hermano metió la nariz en nuestros asuntos y me acusó, una vez más, de estar manipulando a Gavin. Y yo, le dije a Gavin que lo amaba." "Wow. Ese fue un gran paso", dijo Jenna. "Sí. Pero quería que él entendiera que lo que me importaba era él, y que sólo quería lo mejor para él. Podía ver que estaba deprimido." Jenna asintió. "Todos nos dimos cuenta de eso". "Entonces, me preguntó si le decía eso a todos mis clientes con el fin de obtener lo que quería, y después me preguntó con cuántos de mis clientes me había acostado." Los ojos de Jenna se abrieron como platos, y se empujó fuera de la barra. "No puede ser. No pudo haberte dicho eso". Elizabeth levantó su vaso y lo vació, y luego lo puso de nuevo en la barra. "Me temo que sí."


Jenna volvió a llenar el vaso. "Éste va por mí cuenta. Es totalmente un jodido imbécil. No puedo creer que te haya dicho eso. ¿En qué estaba pensando?" "No tengo idea." Ella se tomó el trago de un solo trago esta vez. Jenna lo llenó de nuevo. "Lo siento, Liz. Sé que Gavin puede ser un poco denso e insensible a veces, pero eso fue demasiado injusto. Sé que le importas. ¿Dónde estaba su cabeza en ese momento?" Ella se encogió de hombros y se tomó el trago otra vez, sintiéndose tibia y mareada. "No lo sé. Ya no importa. En ese momento estaba sorprendida, enfadada, y muy decepcionada. Le dije que era obvio que ya no teníamos los mismos intereses, ni en los negocios, ni en lo personal, así que lo despedí y me largué de allí." "Bien por ti, hermana". Jenna volvió a llenar el vaso de Elizabeth, y luego sirvió otro. "Tomaré un trago contigo esta vez". Elizabeth se rió. "¿Puedes hacerlo al estar trabajando?" Jenna levantó el vaso. "Cariño, puedo hacer lo que malditamente me plazca. Soy la dueña. O al menos una de los dueños. Salud. Y los hombres apestan." Chocaron sus vasos y Elizabeth tomó el trago. Su rostro se estaba adormeciendo, pero se sentía muchísimo mejor ahora. Sabía que ir allí, era una gran idea. En muy poco tiempo se olvidaría de Gavin Riley. ****** Gavin estaba sentado en su sala de estar jugando con su Xbox, y tratando de no pensar en Elizabeth. En algún momento tenía que regresar a casa, y él dejaría de esperarla fuera de su apartamento, como un acosador. Bueno, tal vez esa noche volvería, para ver si su coche ya estaba allí. Lo intentaría alrededor de la medianoche. Ella no podía irse para siempre. En algún momento, tendría que regresar a su casa, y no le quedaría otro remedio, que darle la cara. Y él tendría que dársela a ella.


Su celular sonó. Lo levantó, y vio que Jenna lo estaba llamando. "Hola, hermanita, ¿qué ocurre?" "Hola, idiota. Necesito que vengas al bar a recoger a alguien". Él frunció el ceño. "¿A recoger? ¿A quién?" "A tu novia, o debería decir tu ex-novia, Elizabeth. Está aquí, en un estado de extrema ebriedad, y es 100 por ciento culpa tuya, imbécil." Su corazón dio un vuelco en su pecho. "¿Lizzie está ahí? ¿Por qué?" "Poniéndose apestosamente borracha porque eres un patán. ¿Vendrás, o debo llamar a alguien más que la lleve a casa?" "Estoy en camino. No la dejes irse." Jenna se echó a reír. "No pretendo hacerlo". Se lanzó hacia la puerta, agradecido porque el juego de ese día, hubiera sido temprano. Eran sólo las once, pero aun así, podría no haber estado allí para tomar la llamada de Jenna, y no quería perder la oportunidad de hablar con Elizabeth. Quince minutos más tarde, atravesó la puerta de Riley´s, y fue directamente hacia la barra, haciendo caso omiso de los gritos y saludos de los clientes, que lo llamaban. "¿Dónde está?" Jenna hizo un gesto con la cabeza. "Entreteniéndose en la mesa de billar". Él comenzó a volverse, pero Jenna lo tomó por la muñeca. "¿Qué?" "Fuiste un idiota."


Él asintió. "Lo sé. Soy un idiota. La lastimé, y mucho. Puedes regañarme más tarde, y me mereceré cada una de las palabras. Voy a solucionar este problema." Jenna asintió. "Asegúrate de hacerlo." Caray. Las mujeres y sus lazos afectivos. Estaba tan jodido. Como si su madre no le hubiera leído la cartilla sobre lo que le había hecho a Elizabeth. Su propia familia se había vuelto en contra de él. No era que no se lo mereciera. Lo hacía, con creces. Se dirigió hacia la mesa de billar, llena de gente, y se detuvo en seco al ver a Elizabeth, inclinada sobre la mesa, con alrededor de ocho pares de ojos calientes y deseosos, centrados en su trasero. Vestía pantalones Capri de color negro, un top elástico sin mangas y zapatos de lona. Su cabello estaba recogido en una coleta. Se veía caliente y sexy, y ¡Oh Dios!, no era de extrañar que estuvieran mirando su trasero, esos pantalones se ajustaban perfectamente a sus globos. Tenía un trasero magnífico, especialmente cuando se inclinaba de esa forma. Ella no podía hacer ni una sola jugada de billar cuando estaba borracha, sin embargo. Él hizo una mueca cuando su tiro rozó la tela. Raspó la mesa, dos veces seguidas. Pero no creía que a los chicos que la miraban les importaran, un comino, sus habilidades de tiro en el billar. Estaban mirando a la mujer, que se reía con ellos, coqueteaba con ellos, y se inclinaba contra ellos, probablemente porque tenía dificultades para mantenerse de pie. ¿Qué pretendía al emborracharse y pasar el rato con todos esos hombres? Se le ocurrió que no tenía derecho a preguntárselo, ya que le había arrojado su declaración de amor a la cara y básicamente, la había llamado puta. Se encogió de nuevo ante el pensamiento, como lo había hecho todos los días, desde que lanzara por la ventana lo que ella le había dicho, como si no significara nada. Ella le había dicho que lo amaba, delante de su hermano, quien ella sabía que podía lastimarla, y delante de su padre. Y él la había aplastado bajo su pié. Era un insensible, un hijo de puta bueno para nada, y no la merecía.


No era mejor que la basura. No podía culparla por no querer hablar con él de nuevo. Y, seguro como el infierno, no podía culparla por haberlo despedido como cliente. Ahora era el momento de ser un hombre y aguantar lo que fuera que ella arrojara en su dirección. Se movió dentro del círculo, que rodeaba la mesa de billar. "Perdón, muchachos, es tiempo que lleve a casa a mi mujer." Todos se alejaron, ya fuera porque lo conocían, o porque no querían entrometerse entre un chico y su novia, no lo sabía. Y no le importaba. Elizabeth alineó un tiro, aunque él sabía que lo había alineado mal. Se detuvo detrás de ella y apretó su cuerpo contra el de ella. Ella se rió. "Espero que no creas que presionar tu entrepierna contra mi trasero para ayudarme con este tiro, significa que irás a casa conmigo." No tenía idea de quién era él. Él no había dicho ni una palabra. Deslizó su brazo junto al de ella, le tomó la mano firmemente, alineó el tiro y golpeó la bola. Esta se deslizó hacia la tronera de la esquina, sin rozar la mesa. "¡Wheee!", Dijo ella, levantándose y dándose la vuelta, con una amplia sonrisa. Su sonrisa desapareció tan pronto como lo vio. "¿Qué demonios estás haciendo aquí?" "Jenna me llamó. Voy a llevarte a casa." Ella lanzó una mirada hacia la barra. Jenna la saludó con la mano. "Traidora". Él puso el taco de billar en la mesa. "Vamos, cariño, te llevaré a casa." Ella se alejó de él. "No iré a ninguna parte contigo. Me quedo aquí con mis chicos. ¿Cierto muchachos?"


Gavin miró a los hombres que rodeaban la mesa. Ninguno parecía estar listo para saltar en su defensa. Tipos inteligentes. Lo último que querían era ponerse en medio de lo que probablemente pensaban, era una disputa doméstica. "La fiesta se acabó, Elizabeth. Vámonos." Extendió la mano para tomar la de ella, pero ella la echó hacia atrás. "Déjame en paz. No me amas. Y yo te despedí". "¿Tenemos que hacer esto aquí?" Ella asintió, moviendo la cabeza hacia arriba y abajo como un maldito muñeco. "Sí. Lo haremos. Aquí y ahora." No era una buena idea. Ni siquiera podía ponerse de pie por sí misma. Estaba meciéndose hacia atrás y adelante, y parecía que caería al suelo en cualquier momento. De hecho. . . Él la atrapó antes de caer. "Está bien, aquí vamos." La tomó en sus en sus brazos. Jenna ya estaba allí con el bolso de Elizabeth, y le un beso en la mejilla. "Aquí tienes. Buena suerte." Ella sostuvo la puerta para él. "Gracias, hermanita." Elizabeth levantó la cabeza y lo miró. "No quiero que me lleves a casa. Estás despedido". "Eso me dijiste. Te llevaré a casa de todos modos. Puedes despedirme otra vez cuando lleguemos allí." "Está bien." Dejó caer la cabeza sobre su hombro, y se quedó maravillosamente tranquila durante el camino a casa. Sólo que en lugar de llevarla a su apartamento, se dirigió a su casa, donde tendría menos oportunidad de escapar cuando tratara de hablar con ella.


Ella se quedó profundamente dormida durante el trayecto, sin despertarse cuando la llevó hacia el interior de la casa, subió las escaleras y llegó a su dormitorio. Le quitó los zapatos y la cubrió, y ella no se movió. Estaba dormida. Total y absolutamente dormida. Lo que quisiera decirle, tendría que esperar hasta mañana. Mierda. Apagó la luz y cerró la puerta. Bajó las escaleras, tomó el juego de Xbox de donde lo había dejado, y pensó que estaría despierto por un tiempo esa noche, pensando en lo que le diría por la mañana. ****** Elizabeth se despertó con un sobresalto, por el sonido de una puerta que se cerraba, se sentó en la cama, y parpadeó para abrir los ojos. Ugh. Tenía algodón en la boca. Whisky. Todo esto era culpa de Jenna. En realidad no, pero siempre era mejor culpar a alguien más por tu propia estupidez. Necesitaba café, desesperadamente. Se obligó a abrir los ojos, y fue entonces cuando se dio cuenta que no estaba en su propio dormitorio. Peor aún, ese era el dormitorio de Gavin. Doble mierda. Recordaba vagamente que se había aparecido en Riley´s la noche anterior. Gracias a Dios, Jenna había evitado que manejara para ir a casa. No es que ella hubiera sido tan tonta como para hacerlo, pero los borrachos nunca tenían sentido común.


No recordaba haber conversado mucho con Gavin la noche anterior, así que quizá no habían llegado a hacerlo. Ella probablemente había estado demasiado borracha como para tener algún tipo de conversación inteligente, de todos modos. Bien. No tenía nada que decirle de todos modos. Echó un vistazo al reloj de la mesilla de noche. Rayos, eran las diez de la mañana. Realmente debería dejar el alcohol. O por lo menos los atracones de alcohol cuando estaba enojada con un hombre. Lo bueno era que no se enamoraba con frecuencia. Más bien nunca. Por lo menos no tenía la intención de volver a enamorarse. El desgaste del cuerpo, corazón y alma era demasiado grande. Ya había invertido demasiados años de su vida en Gavin, y ¿Para qué? ¿Para que la llamara puta? Debería haber escuchado a su madre. El amor no había funcionado para su madre, y era condenadamente cierto que no había funcionado para ella. Tomaría el estilo de vida de Tori en el futuro. Su carrera en primer lugar, los hombres sólo para entretenerse, y no habría tal cosa como amor. Pasó las piernas sobre el lado de la cama y se puso de pie, comprobando su estado. Un poco inestable, con algo de náusea, y desesperada por una taza de café. Aparte de eso, estaba bien. Ahora tenía que salir de allí. Encontró sus zapatos y se los puso, luego abrió la puerta. Sintió el aroma del café. Oh, Dios. No le importaba tener que verse obligada a sostener una conversación civilizada de cinco minutos con Gavin. Iba a tomar una taza de café. Se dirigió de puntillas a la planta baja, con la esperanza de que él estuviera dormido o, mejor aún, que hubiera salido. Al doblar la esquina, para entrar a la cocina, vio a Gavin apoyado en el mostrador. Él levantó la mirada del periódico para mirarla. Llevaba un par de jeans gastados y


una camiseta, y ¡Oh Dios!, se veía tan bien. Su pelo estaba desordenado, y ella quería ir hacia él, echarle los brazos alrededor, y desordenarle el cabello un poco más con sus dedos. Quería besarlo y preguntarle por qué no podía amarla tanto como ella lo amaba. Por ese motivo, era una perra sin corazón. El amor dolía condenadamente demasiado como para arriesgarse a intentarlo. Ella lo había intentado. Había fallado. Era una mierda. Entró en la habitación. "Estás despierta", dijo él, dejando el periódico en el mostrador. "Eso parece". "¿Te sientes bien?" "Viviré". "¿Quieres café?" "Estoy desesperada por tomarlo." Él tomó una taza y sirvió el café, luego se lo ofreció. "Gracias". Él no trató hacerla participar en una conversación, mientras tomaba la bebida que, además de devolverle la sobriedad, la llenaba de vida. Por lo que estuvo agradecida. Necesitaba consumir una cafetera completa, pero no aquí. No con él. Dejó la taza y buscó el teléfono en su bolso. "Llamaré un taxi para que me lleve a mi coche." "Yo te llevo". "No." Él colocó la mano sobre la de ella. "Elizabeth. . ." Ella retiró la mano. "Gavin, basta ya. No quiero escuchar lo que tengas que decir."


"No voy a dejarte ir hasta que me permitas decirlo." Ella marcó el número de la compañía de taxis, les dio la dirección de Gavin, y luego colgó. Dejó escapar un suspiro y caminó alrededor de él, hacia la cafetera, volvió a llenar su taza, y se apoyó en el mostrador. "Bien. Dilo entonces, para poder irme a casa. Dijeron que el taxi tardaría quince minutos." Él giró para mirarla de frente e intentó sonreír. Ella no le devolvió la sonrisa, por lo que él se pasó las manos por el pelo. "No me vas a facilitar esto, ¿verdad?" Ella no tuvo ninguna respuesta para él. Él inhaló, y luego soltó el aire. "Está bien. Mira, sé que te hice daño ese día. Cuando me dijiste que me amabas, no estaba pensando con claridad. Todo lo que escuché era que me decías qué hacer. Que tenía que regresar a trabajar. Ya había oído a mi papá decírmelo, y a mi mamá también. Y en el otro lado, tenía a Mick diciéndome que me estabas manipulando, que lo único que te interesaba era el dinero y tu carrera, que no te preocupabas por mí." Ella dejó escapar un pequeño bufido ante ese comentario, pero no lo dignificó con una respuesta. "Lo sé, lo sé. Debería haber evitado escuchar a mi hermano. Créeme, él tiene mucho que responder en todo esto. Pero la culpa es mía. Todo es mi culpa. Y lo siento. Tú pusiste tu corazón al descubierto, y yo lo pisoteé como si no significara nada. Supongo que me asusté un poco cuando me dijiste que me amabas." Ella esperó que continuara. No lo hizo. "¿Eso es todo? ¿Sentiste miedo?" "Sí. Ya te conocía y nos dirigíamos hacía. . . algo, en algún punto de nuestra relación. Sólo que no sabía si estaba preparado para. . . eso." Ella arqueó una ceja. "¿Eso?"


"Sí. Ya sabes. El amor". Ella puso los ojos en blanco. "Te comportas como si el amor fuera alguna especie de enfermedad transmisible, Gavin". Él sacudió la cabeza. "Eso no es lo que quise decir. Estoy echando a perder esto. Simplemente, no estaba preparado para que me dijeras que me amabas, en medio de intimidaciones para que volviera al trabajo. Quiero decir que, eres mi agente y también mi novia, o algo así. Realmente no sabía lo que éramos el uno para el otro. Y luego, de repente, me dices que me amas delante de mi hermano y de mi papá, y yo no estuve seguro de nada más. Y ya sabía que sentía algo grande por ti, pero me sentía muy mal por lo de mi papá también, y yo…“ Ella no sabía lo que había esperado de él, pero no había sido esto. Él se estaba tropezando con sus propias palabras, y tal vez ella había esperado una disculpa clara y una declaración de amor. Estúpida. Una vez más, la realidad no había cumplido sus expectativas. ¿Cuándo lo había hecho alguna vez? El sonido de una bocina fue un fragmento gigante de alivio. Todo esto era humillante. Elizabeth no estaba segura de poder soportar otro segundo de las dolorosas explicaciones de Gavin. "Mira, Gavin. Permíteme hacer esto fácil para ti. Ya no soy tu agente, y tampoco soy tu ‘lo que sea’ o ‘algo’. Estás libre de culpa. Siento haberte avergonzado delante de tu hermano y de tu padre, con mi inepta declaración de amor. Tenlo por seguro, eso no sucederá otra vez." Él frunció el ceño. "Eso no es lo que estoy tratando de…" Ella dejó la taza y tomó su bolso. "Hemos terminado. ¿Quieres saber lo que fuimos el uno para el otro? Compañeros de follada. Una aventura. Llámalo como quieras. Yo lo confundí con amor. Eso fue


mi culpa, así que no te sientas responsable. Lo superaré. Tú también deberías hacerlo." "Elizabeth, espera." Ella no iba a esperar. Ya había esperado el tiempo suficiente. Durante cinco malditos años, había estado enamorada de un hombre que nunca sería capaz de amarla. No de la forma que ella necesitaba que lo hiciera. Porque él era incapaz de amarla. Probablemente era incapaz de amar a alguien. Ella salió por la puerta y entró en el taxi, manteniendo su mirada hacia adelante. No miraría hacia atrás. Nunca más. ****** Gavin se sentó en la cocina, y observó la taza de café de Elizabeth, ya fría. Debería colocarla en el lavavajillas, pero al parecer, no podía moverse. ¿Cómo había jodido esto de manera tan colosal? Una vez más. Ahora la había lastimado dos veces. Cristo. Siempre había sido tan bueno con las mujeres, podía encantarlas, hablarles suavemente, convencerlas de lo que deseara. Y con la única mujer con la que debió haber sido suave, era como un adolescente tímido, incapaz de pronunciar una simple sílaba, y mucho menos hacerse entender. No había podido decirle lo que sentía. Había vacilado y la había perdido. ¿Qué diablos le pasaba? ¿Cuán difícil era decirle que lo sentía? ¿Cuán jodidamente difícil era decirle a una mujer que la amaba? Debería haber sido tan fácil. Había tenido las palabras en la cabeza, y había podido expresarlas. Era la conversación más importante de su vida y la había arruinado. No, no sólo la había arruinado.


Era el final de la novena entrada, con las bases llenas, y era su turno al bate. Confrontar a Elizabeth había sido más importante que la Serie Mundial. Y acababa de perder el juego. El partido más importante de su vida. Había perdido a la mujer que amaba. Y el juego se había acabado.


Capítulo Veinticuatro "¿Vas a quedarte de brazos cruzados y deprimido para siempre, o vas a hacer algo al respecto?" Gavin sabía que debió quedarse en casa hoy, en vez de ir a la de sus padres para ver a su papá. Había estado una semana fuera de la ciudad, en la que felizmente había ahogado sus penas en el béisbol y en el bar. Había jugado de manera pésima, lo que no había ayudado a su estado de ánimo para nada, y el bar no le había ofrecido ninguna respuesta, tampoco. Al igual que las mujeres que habían tratado de acercarse a él. No estaba interesado en ninguna de ellas, porque no eran hermosas pelirrojas, de ojos color verde esmeralda y actitudes desafiantes. Ahora estaba en casa, y su hogar le recordaba a Lizzie, también. Así que había ido a la casa de sus padres, pensando que podría hacer algo de trabajo, arreglando algo para su padre. Ya había visitado a su padre, quién no había dicho nada acerca de Elizabeth. Su madre, por otro lado. . . "No hay nada que hacer al respecto, mamá. Se acabó. Traté de hablar con ella y sólo conseguí arruinar las cosas de nuevo." Ella estaba de pie en la cocina cortando vegetales, pero hizo una pausa para ofrecerle

una mirada poco compasiva. "Nunca pensé que fueras un desertor,

Gavin". "Pero sólo recibes algunos strikes antes de estar fuera." Ella movió la mano con el cuchillo hacia él. "No trate de utilizar conmigo esa analogía de béisbol, señor. Elizabeth no es un bate que puedas mover, hacer tres intentos, e ir a sentarte cuando logres un buen golpe. Es la mujer que dices amar. Así que sal de aquí y sigue intentándolo, hasta que logres recuperarla." "Haces que parezca tan fácil."


"No es fácil. Es muy difícil. El amor es difícil, igual que el béisbol. ¿Crees que debería ser fácil para ti, como todas las demás mujeres en tu vida desde que te volviste famoso?" Él se echó a reír. "Apenas soy famoso, mamá". "No eres un don nadie, tampoco. Y tienes que admitir que eres muy conocido, sobre todo por aquí. No es que hayas tenido que salir a ‘pescar’ mujeres desde que te fuiste a las Grandes Ligas." Su madre había dicho: ‘salir a pescar mujeres.’ ¡Caray!. "Está bien, admito que las mujeres han estado bastante disponibles." "Ese es exactamente mi punto. Y luego sales con Elizabeth, y de repente, las cosas no son tan fáciles. Tienes que trabajar por la relación". "No, ella, definitivamente, no es fácil. De hecho, ha sido un gigantesco dolor en mi trasero desde que comenzamos a salir". Ella continuó cortando zanahorias. "Sí, y tú eres un verdadero paseo por el parque." "¡Oye!". Ella dejó el cuchillo y lo miró. "Bueno, simplemente mirémoslo desde su punto de vista. Ella es tu agente, y ha estado enamorada de ti durante años, pero, al mismo, tiempo tiene que verte del brazo de esas ‘Tontitas’, año tras año y no decir nada. Entonces, de repente, muestras interés en ella, y probablemente piensa que sólo va a ser otra muesca en la cabecera de tu cama. ¿Cómo se supone que debe reaccionar ante eso? Ser un poco más distante, imagino." Gavin frunció el ceño. "Espera. ¿Qué? ¿Ella ha estado enamorada de mí desde hace años? ¿De dónde viene eso?" Su madre puso los ojos en blanco. "Los hombres son tan tontos, a veces. Supongo que no debería decirte nada al respecto, pero sí, Gavin, Elizabeth ha estado


enamorada de ti durante muchos años. Nunca te dijo nada al respecto, debido a su relación profesional." "No lo sabía". "Por supuesto que no lo sabías, porque ella no tenía la intención de hacer algo al respecto, nunca". Hasta esa noche en Florida cuando él dio el primer paso. Y todo cambió entre ellos. Y antes de eso. Se acordó de la noche en que Mick la despidió. Ese beso que había hecho girar su mundo. Y la mirada en sus ojos que le había hecho preguntarse, qué diablos estaba pasando. No era de extrañar que hubiera estado tan renuente, y tan dispuesta a mantener las cosas ligeras y fáciles entre ellos. No quería que él lo supiera. Y había tenido miedo. "No lo sabía, mamá. ¿Por qué no me lo dijo?" "Debido a que está cuidando su corazón, ya que tú puedes lastimarla." Oh, demonios. "Y eso es exactamente lo que hice." "Sí, lo hiciste. La pregunta es, ¿Vas a renunciar ahora, o vas a luchar por ella?" ****** Elizabeth se sumergió en su trabajo. El hecho de tener dos nuevos clientes, la había ayudado. Había asuntos contractuales que resolver, y se había reunido con ellos para discutir los contratos actuales con sus equipos y sus objetivos para su carrera, lo que significó viajar más. Mientras estaba fuera, también había asistido a algunos de los juegos de sus otros clientes, para reunirse con ellos y darles un poco de atención. Salir de nuevo de la ciudad, había sido lo mejor para ella. Lo había necesitado para aclarar sus pensamientos.


Ahora que estaba de vuelta, tenía la intención de concentrarse en su cartera de clientes, y darle, a todos sus clientes, su atención. Le había dado a un cliente demasiado de su tiempo, durante demasiado tiempo. Eso había terminado. Era tiempo de concentrarse en su carrera, en lo que le encantaba hacer, en la única cosa que la llenaba y le daba alegría. Además, con su asistente de vacaciones por dos semanas, estaba inundada por completo. Perfecto. Eso le daría una oportunidad para limpiar y reorganizar su oficina, algo que necesitaba hacer desesperadamente. Estaba sentada en el suelo, con la cabeza enterrada en una caja de archivos, cuando su puerta se abrió. "Será mejor que sea el almuerzo o más cajas." "Ninguna de las dos cosas, lo siento." Ella se dio vuelta para ver a Mick, de pie en su puerta. Se levantó, se limpió las manos en la falda, sin sentirse mentalmente armada para esa batalla. "Mira, me he mantenido alejada. ¿Qué más podrías querer de mí?" "¿Puedo entrar?" De manera dudosa, ella hizo un gesto con la mano. Él entró y cerró la puerta. "Tu recepcionista me envió. Parecía tener prisa para salir a almorzar." Felicia y sus malditas dietas locas. El hambre la ponía estúpida. "Ya que estás aquí... Bien podrías sentarte. ¿Quieres un poco de agua?" "Eso estaría bien, gracias." Él estaba siendo amable. Eso era nuevo. Ella le sirvió un vaso y uno para ella misma, le dio el suyo, y luego tomó asiento detrás su escritorio. Su amplio


despacho de repente parecía demasiado pequeño, y esperó para que él dijera lo que tenía que decir. Finalmente, se cansó del suspenso. "¿Por qué estás aquí, Mick?" "Para pedirte disculpas por ser tan duro contigo. Nunca he sido bueno para guardar rencor, y por alguna razón, lo hice contigo." Se levantó, deslizando los dedos por su pelo. "Nunca antes había estado enamorado. Eso me ha vuelto un poco loco y sobreprotector con Tara y Nathan. Y lo que hiciste realmente me enfureció." "Yo…" Él levantó la mano. "Déjame terminar, por favor." "De acuerdo". "Lo que hiciste los lastimó. Y sé que te diste cuenta y lo arreglaste. Te disculpaste una y otra vez, e hiciste las paces con los dos. Eres incluso amiga con Tara ahora. Pero yo no pude dejarlo ir. Por alguna razón, simplemente no podía dejarlo ir. Seguí castigándote. Y cuando tú y Gavin comenzaron a salir, no quise que eso ocurriera. Te quería fuera de mi vida, de la vida de Tara y de Nathan, también. Ver lo feliz que Gavin era contigo, me hizo pensar que quizá nunca estarías fuera de nuestra vida. También me hizo pensar que cometí un error al despedirte". No tenía idea de qué decir ante eso, así que no dijo nada, mientras él caminaba de un lado a otro por la oficina y hablaba. Él se detuvo, volviéndose para mirarla. "Odio a Don Davis. Firmé con él porque tú lo odiabas también. Sabía que él era tu enemigo, que el objetivo número uno en su vida es quitarte clientes. Lo hice para vengarme de ti, para herirte por la forma en que habías lastimado a las personas que amo. Y tal vez eso te hizo daño, pero me hizo daño a mí, también. Él no sabe una mierda sobre promocionarme, a mí o a mi carrera, de la forma en que tú lo hacías." Wow. Sólo. . . wow.


"Quiero decir, obviamente, ya no puedes lanzar mujeres hacia mí. No con Tara en mi vida. Pero en realidad me entiendes, comprendes mis objetivos con respecto a mi carrera, y lo que es importante para mí. Y me escuchabas. Davis no me escucha. No me conoce ni a mí, ni a mi familia, ni mi vida, de la manera que tú lo haces". Se sentó en la silla y la miró a la cara. "Lo siento, Elizabeth". Ella se levantó, caminó alrededor del escritorio, y se sentó en la silla junto a la de él. "Yo también lo siento, Mick. En verdad lamento lo que les hice a Tara y Nathan. Realmente aprendo de mis errores y trato de nunca cometerlos de nuevo. He extrañado tenerte como cliente y como amigo. Perderte como cliente me hizo daño profesionalmente. Perder tu amistad me lastimó en un nivel mucho más profundo. Si quieres, te puedo recomendar a algunos agentes muy buenos, que no son tan falsos como Don Davis, personas que te escucharían y serían muy buenos para tu carrera." Él arqueó una ceja. "¿Harías eso?" "Por supuesto. Siempre he querido lo mejor para ti. Y Tara es mi amiga. Tu carrera es beneficiosa para ella, también." "¿Qué te parece si vuelvo a firmar contigo en cuanto pueda darme de baja de la Agencia Davis?" Ella se reclinó en la silla. "¿Quieres que trabajemos juntos otra vez?" "Sí". "No lo sé, Mick. Hay mucha historia entre nosotros, no toda buena". "Y, a veces, hay que dejar el pasado en el pasado. Tuvimos una gran relación de trabajo. Tú me entiendes. Y tus habilidades de negociación son las mejores que existen." Ella sonrió. "Lo son, ¿cierto?" Él se echó a reír. "Eso es lo que me gusta de ti… tu humildad."


"No se puede tener humildad en mi trabajo. No en los momentos más importantes." "Firmé con él por un año, le dije que quería probar las aguas. Cuando el contrato se tenga que renovar, tú y yo hablaremos. Si estás interesada. . ." "Sabes que lo estoy." Él se puso de pie. "Siento haber sido tan duro contigo. Y siento haberme interpuesto entre tú y Gavin." Su sonrisa desapareció. "No te habrías interpuesto entre tu hermano y yo, si él no lo hubiera permitido. Simplemente no estaba destinado a suceder. Había demasiado conflicto allí." "¿Fue eso lo que dijo Gavin, o estás tomando la decisión por él?" Ella se encogió de hombros. "En realidad no importa, ¿verdad? Tú lo escuchaste aquel día en la casa de tu papá." "Sí, lo hice. Y fui parte de ello, al instigarlo todo. No puedo disculparme lo suficiente por eso. Tienes todo el derecho a patear mi trasero durante toda la eternidad." Ella lo miró. "Creo que ya ha habido suficientes patadas en el trasero, para que nos duren toda la vida, ¿no te parece?" "Probablemente, pero aun así las merezco. Ten por seguro que Tara hizo su parte cuando se enteró. Estaba furiosa conmigo". Ella sonrió. "Bueno, ya es suficientemente, entonces. No es necesario que añadas más a eso." "Aun así, me siento mal. Debí haberme quedado al margen. Lo que hay entre tú y Gavin no es asunto mío, y nunca debió haberlo sido." Ella se volvió para mirar por la ventana. "No hay nada entre nosotros. Ya no."


"Él te ama, Liz." "No, no lo hace." Él colocó las manos sobre sus hombros y la volvió para que lo mirara a los ojos. "Sí, lo hace. Él nunca había estado enamorado antes, y amarte lo asustó tanto como el ataque al corazón de mi papá. No supo cómo manejarlo. Dale otra oportunidad". "Gracias, pero ya le di todas las oportunidades que pude. Es mejor así." "¿Quién tiene miedo ahora?" Sus ojos se abrieron ampliamente. "¿Yo? No tengo miedo. Estoy triste. Y tal vez un poco cansada. Lo di todo y no funcionó. Él no me amaba." "Esfuérzate más". "¿Qué?" "Esfuérzate más. No te esforzaste lo suficiente." Ella se rió. "Por favor. Le di todo a Gavin. Le di mi corazón, y me lo arrojó a la cara. No sé qué más podría darle." "Dale una oportunidad. En primer lugar, es un hombre. Y nunca antes había estado enamorado." "Oh, ¿Y yo sí?" "Sí, pero tú eres mujer. Es como ser una agente en este campo de los deportes, en el que estás rodeada por todos esos hombres. Tienes que trabajar el doble para ser tomada en serio. Pero también eres dos veces mejor que la mayoría de ellos." "Bueno, gracias por eso." "El amor es igual. Las mujeres son mucho mejores en ello. Mejores para comunicar lo que hay en sus corazones, mejores para demostrarle lo que sienten a la persona que aman. Así que quizá esta fuera tu primera vez también, pero es obvio que lo


asumiste mejor que Gavin. Y él la está pasando mal, jodió todo, y ahora no sabe cómo arreglarlo, pero está tratando de hacerlo. O quiere tratar. Y tiene miedo de estropearlo todo de nuevo." Ella se abrazó a sí misma. "No puedo. Yo sólo. . . no puedo." Él asintió. "Esa es tu decisión, pero espero que al menos pienses en ello. Él vale la pena, Liz. Y realmente creo que ustedes dos, son buenos el uno para el otro. Dale otra oportunidad." "Gracias, Mick. Por haber venido, por haber hablado conmigo, y por darme otra oportunidad." Él la abrazó. "Tú eres parte de la familia, Elizabeth. Lamento haberlo olvidado por un momento." Él se fue, y ella cayó en su silla, algo aturdida por el hecho de que Mick hubiera estado allí. Pensó en todo lo que había dicho acerca de ella y Gavin. Ella estaba tratando, muy duramente, de olvidarlo. Un pedido de su hermano, en su nombre, no iba a hacerla cambiar de opinión. Y no iría a él. Ya lo había hecho demasiadas veces. Sin importar lo que Mick había dicho, sin importar lo mucho que su corazón le doliera, sin importar cuánto echaba de menos a Gavin, no podía dar ese paso. No esta vez. Se lanzó de lleno a su proyecto en la oficina, hasta que su teléfono sonó. Ella lo tomó, sorprendida al escuchar a Dedrick Coleman en la línea. "Dedrick, ¿cómo estás?" "Bien Elizabeth, ¿y tú?" "Muy bien, gracias. ¿Qué puedo hacer por ti?" "Posiblemente, convertirte en mi agente, si estás interesada."


Wow. ¿Iba a ser un buen día o qué? "Definitivamente estoy interesada. ¿Ha terminado tu contrato con tu agente actual?" "Sí. El tipo es un idiota. Pasó por alto algunas cláusulas en mi último contrato, y me ató con unas cuantas cosas que me hicieron muy infeliz." "Eso no es bueno." "Le he dado su pre-aviso de treinta días, así que sabe que estoy buscando a otro. ¿Podemos hablar?" "Por supuesto. ¿Cómo está tu agenda?" "Bueno, puedes ver nuestro calendario de juegos si lo buscas. El problema, es que mis abuelos llegarán a la ciudad el sábado, para la fiesta de aniversario que estamos planeando para ellos, y quisiera resolver esta situación, de una forma u otra, tan pronto como sea posible. No quiero que esto esté en mi mente, con mis abuelos aquí y Shawnelle preocupada por ello. Ella ya está bajo suficiente stress con la planificación de la fiesta". "Lo entiendo. Mi calendario está libre en los próximos días. Sólo dime cuándo te gustaría que nos reuniéramos". "Mañana, tenemos un partido de día. ¿Puedes venir al juego? A Shawnelle le gustará verte, y podemos ir a algún lugar justo después del partido, conversar, y con un poco de suerte, dejar las cosas resueltas". "Eh, Dedrick, supongo que sabes que ya no estoy saliendo con Gavin." "Sí, créeme, todos lo sabemos. Él ha estado deprimido, quejándose en la sede del club, desde que lo dejaste." "Yo no lo dejé." "Lo que tú digas, cariño. Mira, me caes bien. Tu mierda con Gavin es entre ustedes dos. Yo sólo quiero tener un buen agente, y creo que tú eres una buena agente. Pero si piensas que hay algún conflicto porque yo y Gavin somos amigos. . ."


"Yo no he dicho eso. Puedo reunirme contigo después del partido." "Shawnelle estaría decepcionada si no te ve. No terminarás tu amistad con ella, por lo que haya ocurrido entre tú y Gavin, ¿verdad?" Ahora que lo decía, parecía una mezquindad de su parte. Y egoísta. "Por supuesto que no." "Bien. Dejaré una entrada para ti en la taquilla, y te veré mañana por la tarde, después del partido". "Eso suena perfecto, Dedrick." "Y gracias por acceder a reunirnos con tan poca anticipación." "No hay problema. Nos vemos, entonces". Colgó, dejó el teléfono sobre el escritorio, y se sentó en su silla. ¡Demonios!. Había tenido la esperanza de poder evitar a los Rivers, y ver a Gavin, al menos hasta que pudiera lograr que sus desenfrenadas emociones, estuvieran bajo control. No había tenido suerte. Iba a tener que soportarlo. De ninguna manera iba a dejar pasar la oportunidad de conseguir un nuevo cliente, por la posibilidad de ver a Gavin. Además, él estaría en el campo de juego. Ella estaría en las gradas. Era poco probable que incluso se diera cuenta que ella estaba allí. ****** Había un calor inusual en las gradas. Habría preferido estar en la platea del propietario, donde había sombra y aire acondicionado. Por otra parte, no había nada como los asientos detrás de la caseta, para tener la mejor vista del partido. Y estar con Shawnelle y Haley otra vez, fue maravilloso. Había echado de menos a sus amigas, y su entusiasmo al verla la hizo sentir cálida y sensible en su interior.


"Teníamos miedo de que nos hubieras echado de tu vida, sólo porque despediste a Gavin y rompiste con él", dijo Haley. Ah, nada como la honestidad brutal de la juventud. "Yo nunca haría eso." "No has estado por aquí", dijo Hayley. "He estado muy ocupada." "Ocupada evitándonos a nosotras, y a Gavin. No planeabas salir con nosotras nunca más", dijo Shawnelle. "Eso no es cierto." En realidad eso era exactamente lo que había planeado hacer. Ahora que estaba aquí, sin embargo, se sentía avergonzada de sí misma por haberlo siquiera pensado. ¿Y qué si ella y Gavin ya no estaban juntos? Eso no quería decir que no pudiera tener días de spa con Shawnelle y Haley, o almorzar con ellas, o incluso ir a tomar algo y cenar de vez en cuando. Había pasado toda su vida sin amigas. Y luego había encontrado unas cuantas en Shawnelle, Haley, e incluso Jenna. No tenía la intención de cerrarse a ellas, sólo porque todas esas mujeres estaban, de alguna forma, conectadas con Gavin. Tendría que lidiar con eso. Y él también. Era agradable estar de nuevo en un partido de los Rivers. Este era su equipo desde que se había mudado a Saint Louis diez años antes, y no iba a fingir lo contrario. Por supuesto, como agente, no se suponía que tuviera afinidad especial con ninguno de los equipos profesionales, porque representaba a muchos jugadores de distintos equipos. Pero nadie tenía que saber que los Rivers era su equipo favorito, ¿verdad? Se comió un perro caliente, se tomó un refresco, y disfrutó al ponerse al día con Haley y Shawnelle. "¿Dónde están los niños, Shawnelle? Pensé que estarían en el juego de hoy."


"Vinieron al juego anterior, pero hoy están en la piscina con mi mamá y mi papá, mientras los padres de Dedrick arreglan la casa para la llegada de sus abuelos. Es un gran esfuerzo coordinar todo para su aniversario de bodas número sesenta y cinco." "Awww, eso es dulce. Y es lindo de su parte darles una fiesta". "Dedrick ama a su abuelita y abuelito. Ellos jugaron un papel decisivo en su ida a la universidad, por lo que siente que les debe mucho. Y ellos están muy orgullosos de él". "Es bueno tener ese tipo de apoyo familiar, ¿verdad?" "Sí, lo es." "¿Y tú, Haley? ¿Cómo has estado?" "¡Muy bien! Me matriculé en la escuela para el semestre de verano, y estoy muy emocionada por tomar las clases." "Bien por ti. ¿Ya escogiste algún programa de grado?" Haley sonrió. "Quiero enseñar. Educación primaria." Elizabeth tomó la mano de Haley y se la apretó. "Creo que serás una maravillosa maestra. Es grandioso." Shawnelle asintió. "Ya le dije que será una gran maestra. Es increíble con mis dos hijos. Tiene más paciencia que yo." Haley se echó a reír. "Siempre es fácil cuando no son tus hijos. Y no tienes que quedártelos. Pero en verdad, me encantan los niños. Siempre lo han hecho". Shawnelle le dio un codazo. "¿Estás lista para tener uno propio?" "No. No hasta que me termine la escuela. Todavía soy muy joven. No estoy lista para establecerme y formar una familia todavía. Tengo metas."


"¿Y tal vez también quieras restregárselo a tu familia y a tu ciudad natal?", Le sugirió Elizabeth. Haley arqueó una ceja. "Quizá sólo un poco." "Ahh, no hay nada como una pequeña venganza para agitar los jugos de la motivación", dijo Shawnelle. Elizabeth se echó a reír. Ella lo sabía todo acerca de eso. Su familia podría nunca enterarse sobre todo lo que había logrado, pero ella lo sabía, y eso era todo lo que importaba. A medida que el juego se ponía en marcha y los Rivers salían al campo, la mirada de Elizabeth se clavó en Gavin. Había jurado que no le prestaría atención, pero, ¿Cómo no hacerlo cuando lo amaba? Mientras él se estiraba para atrapar pelotas de práctica en la primera base, ella suspiró. Conocía cada centímetro del cuerpo de ese hombre, y era la perfección absoluta. Su uniforme se abrazaba a sus musculosos muslos y a su estelar trasero, y sus bíceps sobresalían por debajo de su camisa, mientras sacaba la pelota de su guante y la lanzaba hacia la segunda base. Shawnelle acarició con la mano, la espalda de Elizabeth. "Lo echas de menos." Ella asintió. "Lo hago". "Entonces, lucha por él." Ella sacudió la cabeza. "Lo intenté. Pero se acabó." "¿Quién cortó, tú o él?" "Yo". "¿Ha estado tratando de contactarte?" "Sí". "Y, ¿se lo has permitido?"


"No." "Entonces eres una tonta. Si sigues sintiendo tanto por él, y sé que lo haces, porque hay lágrimas que estás tratando de contener, entonces no se ha terminado todavía. Sea lo que sea que haya hecho para arruinar las cosas, y Dios sabe que los hombres arruinan las cosas todo el tiempo, dale otra oportunidad. Si él no ha renunciado, ¿por qué lo has hecho tú? Es obvio que lo amas, cariño." Las lágrimas nublaron su visión y parpadeó, alejando las que ya habían salido. "Es complicado". Shawnelle se echó a reír. "Cariño, el amor siempre es complicado. Si fuera fácil, no habría diversión cuando se gana al final." "Lo que Shawnelle dice es verdad, Elizabeth," Hayley añadió. "A veces, hay tantas presiones en una relación. A menudo son cosas externas, que no tienen nada que ver con los dos, las que se avientan a la mezcla y pueden arruinar las cosas definitivamente. Vadéalo todo y céntrate en lo que es importante. Si lo amas y él te ama, ¿No es eso lo que es realmente importante? El resto es insignificante". Elizabeth hizo una inhalación temblorosa, sintiéndose como si estuviera balanceándose sobre una cuerda floja, sin red. Tal vez estaba siendo demasiado terca, o estaba demasiado asustada. Tal vez debería hablar con Gavin y averiguar si había algo entre los dos. Quizá él también tenía miedo. Había acudido a ella, había tratado de hablar con ella, y se había disculpado. Ella no le había dado muchas oportunidades. Había decidido que su disculpa no era lo suficientemente buena, lo había cortado y se había ido. Había sido su miedo y su rabia, lo que había evitado su comunicación. Así que tal vez ella se lo debía, les debía a ambos, darle otra oportunidad. "Gracias a las dos. Voy a pensarlo un poco." Shawnelle sonrió y le estrechó la mano. "Eso es suficiente. Ahora seca tus lágrimas, y animemos a esos chicos para que consigan la victoria".


Elizabeth hizo exactamente lo que Shawnelle le sugirió. Empujó a Gavin al fondo de su mente y se centró en Los Rivers. Para la mitad de la séptima entrada, los Rivers tenían una ventaja de tres carreras, y Elizabeth estaba relajada y metida en el juego. "Señoras y señores, tenemos un anuncio muy especial. Uno de nuestros jugadores de los Rivers nos ha pedido que en vez de cantar "Take Me Out to the Ball Game 7" durante la mitad de la séptima entrada de esta noche, se le permita tomar el micrófono y hacer una pregunta." La multitud se quedó en silencio. Elizabeth frunció el ceño, y se volvió hacia Shawnelle y Haley. "¿Qué está ocurriendo?" Shawnelle se encogió de hombros. "No tengo idea". Haley sacudió la cabeza. "¿Podría Elizabeth Darnell ponerse de pie, por favor?" Oh, mierda. Shawnelle le dio un codazo. "Levántate". Ella sacudió la cabeza. "No." "Vamos, levántate". Ella sacudió la cabeza otra vez. Con vehemencia. Shawnelle y Haley la empujaron, y entonces la gente a su alrededor comenzó a aplaudir, gritar y señalarla. No tenía otra opción. Se puso de pie, y de repente su cara fue transmitida por la pantalla gigante del estadio. Oh, Demonios.

7

Es una canción escrita en 1908, que se ha convertido en el himno no oficial del béisbol. Tradicionalmente es cantada en un descanso, a la mitad de la séptima entrada de un partido de béisbol. Se pide que los fanáticos participen y canten la canción.


Entonces, Gavin se subió a la parte superior de la caseta, para alegría de la ruidosa afición. Él hizo un gesto con las manos, y los aplausos y gritos disminuyeron. La encontró en las gradas y dirigió su atención hacia ella. "Elizabeth, sabes que la última vez que hablamos las cosas no salieron muy bien." Dios mío, tenía el micrófono en sus manos, y todo el mundo podía escuchar lo que decía. "Y eso fue mi culpa. Esta vez, espero poder ser un poco más elocuente." Él no estaba haciendo una actuación para la multitud. Estaba mirando directamente hacia ella. Él bajó de la parte superior de la caseta y Shawnelle la empujó en su dirección. Se acercó a él y lo encontró en el pasillo. Él la tomó de la mano, y cuando lo vio tragar, supo que estaba tan nervioso como ella. Eso la confortó. "Elizabeth, Te amo. Te he amado desde hace algún tiempo, pero tenía miedo de decírtelo. Tal vez tenía miedo de que no me amaras. Pero ya no tengo miedo, y necesito que lo entiendas. Así que pensé que la única forma de lograr que me creas, es decírtelo frente a cuarenta y cinco mil personas." Y luego se dobló sobre una rodilla. Oh. Mi. Dios. A Elizabeth le temblaban las piernas. "Cásate conmigo, Elizabeth". Los coros de ‘awwws’ y los gritos fueron ensordecedores. Pero ella sólo veía a Gavin, sólo estaba centrada en Gavin. Vio la verdad en sus ojos. Vio el amor. Y esta vez, lo creyó. Comenzó a llorar y se arrojó a sus brazos.


Y luego él la besó. Y ¡Oh!, qué beso. Su corazón se llenó de tanto amor, que no podía creer que era real. Su fantasía, lo que siempre había deseado. El hombre que siempre había amado. Los vítores y aplausos de los aficionados le dijeron que era real. Él terminó el beso y limpió las lágrimas de sus mejillas. "Lo siento, tendremos que esperar hasta más tarde para continuar con esto." Ella rió. "Ve y gana el juego." "¿Eso quiere decir que dijiste que sí?" Ella tomó el micrófono de su mano. "Le dije que sí." Más gritos, y Gavin subió de nuevo a la caseta. El resto del partido fue una imagen borrosa. Los Rivers ganaron. E incluso más impactante fue ver a Kathleen y Jimmy Riley, Jenna, Mick y Tara después del partido. Habían estado sólo un par de filas más arriba. Gavin les había dicho sus planes, y después que volvió a la caseta, ellos la habían sorprendido. Ella voló hacia los brazos de Kathleen para darle un abrazo. Incluso Mick la abrazó, y le dio la bienvenida a su nueva hermana a la familia. "¿Qué hubiera pasado si hubiera dicho que no?", Le preguntó a Kathleen. Kathleen le dio una mirada de complicidad. "No ibas a decir que no. Amas a mi hijo, tenía toda la confianza en que no iba a estropear esto." Ella miró a Mick. "Entonces, ¿Piensas que podremos soportarnos el uno al otro?" "Oye, si puedo aguantar a Jenna, puedo aguantarte a ti." Jenna le dio un codazo en las costillas. "Patán". Tara estaba emocionada por ella. "Hemos recorrido un largo camino, ¿cierto?"


Elizabeth la abrazó. "Eres la persona más indulgente de todas, y te estoy muy agradecida. Necesito familia y hermanas." Envolvió los brazos alrededor de Tara y Jenna. "Tendré hermanas ahora. Siempre las he deseado." Jenna le dio una sonrisa irónica. "Ten cuidado con lo que deseas." Elizabeth se echó a reír. Después de decirle adiós a la familia Riley, ella, Shawnelle y Haley se dirigieron hacia a los vestidores del equipo para esperar a sus chicos. Shawnelle le dijo que Dedrick realmente quería cambiar de agente, pero que eso podía esperar. Gavin les había dicho sobre su proposición, y fue a Dedrick a quien se le ocurrió la idea de utilizar su interés en el cambio de agentes, para lograr que Elizabeth acudiera esa noche. "Eres una perra taimada", le dijo. Shawnelle sólo movió las cejas. "Todo en el nombre del amor. Y hablando de amor. . ." La puerta se abrió y Gavin salió. El resto del mundo dejó de existir, mientras se dirigía hacia sus brazos y era recibida con un beso que sacudió su mundo. "Uh-huh. Mejor dejamos a estos dos solos, Haley. Iré a buscar a mi hombre." "Yo también", dijo Haley. "Hablamos mañana, chica", dijo Shawnelle. Elizabeth les hizo un gesto con la mano para que se fueran, con sus labios, su mente y su corazón centrados sólo en Gavin.


Capítulo Veinticinco De alguna forma, Gavin lo había hecho bien esta vez. Se las había arreglado para no poncharse, cuando había tenido el turno al bate, en el partido más importante de su vida. Ahora estaba afuera de los vestidores, con sus labios apretados contra los de la mujer que amaba. Había ganado a la chica. Elizabeth deslizó los dedos por su cabello, y apretó su cuerpo contra el suyo. Dios, sentía como si hubieran pasado meses desde que la había tocado, desde que había respirado su dulce aroma, desde que había estado en su interior. Estaban de pie en un pasillo afuera de los vestidores, en un estadio de béisbol, y él estaba teniendo una erección. Esto no era bueno. No era bueno en absoluto. Terminó el beso y la miró a los ojos, todavía sin creer que lo hubiera perdonado por todo lo que había estropeado, que había dicho que sí. Todavía sentía que tenía mucho por lo que compensarla. Tiempo. Necesitaría mucho tiempo. "Tenemos que salir de aquí. Necesito estar a solas contigo." Ella sonrió. "Esa es una muy buena idea." "¿Me sigues a casa?" Ella asintió. "Trata de no romper ningún límite de velocidad, pero date prisa." ******


Él se mantuvo en, o justo por encima, del límite de velocidad durante todo el camino a su casa, mirando por el espejo retrovisor cada pocos segundos para asegurarse que Elizabeth estaba justo detrás de él. Seguía esperando que ella lo abandonara, que tal vez hubiera soñado todo lo que había sucedido ese día. Se detuvieron juntos en el camino de entrada, salieron de sus coches, y él entrelazó sus dedos con los de ella, mientras caminaban hacia la puerta principal. Él la mantuvo abierta para ella, con el corazón latiendo con fuerza todo el tiempo. "Tus manos están sudando", dijo Elizabeth, después que entraran y él cerrara la puerta. "Estoy nervioso". Ella arqueó una ceja. "¿Por qué?" "Sigo esperando que te huyas a toda prisa. Sigo pensando que esto no es real". Ella se volvió hacia él, y le echó los brazos alrededor del cuello. "No voy a dejarte, Gavin. No ahora, ni nunca." Él puso las manos sobre sus caderas. "Metí la pata de muy mala manera. Hay tantas cosas que quería decirte hoy, hacerte entender cuánto lamento lo que dije. Pero no hay una excusa decente por haberte lastimado como lo hice". Ella presionó un dedo contra sus labios. "Y a veces sólo tienes que dejarlo ir. Podríamos revivir todo lo que nos hemos dicho el uno al otro durante nuestra relación, las cosas estúpidas que hemos dicho y hecho, pero ¿Cuál sería el punto? Cada paso que hemos dado nos ha traído hasta aquí, ¿verdad?" "Sí". "¿Me amas, Gavin?" "Lo hago". "Yo también te amo. Te he amado durante tantos años, y tenía miedo de decírtelo. Temía que si te dejaba saber lo que sentía por ti, te perdería."


"¿Por qué?" Ella dejó caer las manos y dio un paso atrás. "No lo sé. El hecho de que fuera tu agente, que soy algunos años mayor que tú, y que pasaras de una mujer a otra tan rápido como te cambiabas de ropa interior." "¡Oye!". Ella se rió. "Es verdad, ¿no?" "He jugado en el campo un poco." Ella levantó una ceja. "¿Un poco? Gavin, estabas por todas partes con mujeres, todo el tiempo. Y está bien. Fue bueno para tu imagen y bueno para tus relaciones públicas. Yo lo aproveché tanto como me fue posible". Él se acercó a ella, y acarició su cabello con la mano. "Y tú me amabas. ¿No te lastimaba?" Ella se encogió de hombros. "Un poco. Pero hice mi trabajo. Hice lo que era mejor para ti." Él inhaló, dejó salir el aire lentamente, la tomó de la mano y la llevó al sofá. Ella se sentó y él se puso de rodillas delante de ella. "Siento no haberlo sabido, no haberme dado cuenta. ¿En qué clase de hombre me convierte eso?" "Me hace a mí una agente muy buena, quien se aseguró que nunca lo supieras." Él no sonrió. Tomó su mano y la levantó. "Voy a pasar el resto de mi vida compensándote por eso." "No es necesario. Ahora te tengo. Es lo único que importa." "Realmente no te merezco." "Sí, Gavin, lo haces. Tanto como yo te merezco. Nos pertenecemos el uno al otro".


Él se levantó, y rozó sus labios contra los de ella, sintiéndose el hombre más afortunado de todos. Su corazón estaba lleno de tanto amor, que creyó que su pecho explotaría. Así se sentía el amor. Este sentimiento de alegría, de saber que nunca más estarás solo de nuevo, de nunca más sentir como si algo faltara en tu vida; la sensación de tener ahora a alguien a quien proteger, a quien mantener a salvo de cualquier daño. Ahora lo entendía, ahora entendía el comportamiento de su hermano. Él moriría para proteger a Elizabeth. Sacó una caja de su bolsillo. "Esta parte no quería hacerla en el estadio. Quería que estuviéramos sólo los dos." ****** Elizabeth miró la caja de terciopelo negro. No había esperado esto. Levantó la mano hacia su corazón, y luego miró a Gavin. "Oh." Él abrió la caja, y adentro había un diamante de corte princesa, sobre una base de platino. Y wow. El diamante era enorme, y la banda también estaba cubierta por diminutos diamantes brillantes. Era perfecto. Hermoso, todo lo que pudo haber soñado. "Oh, Gavin. Es la cosa más hermosa que he visto nunca." Él le tomó la mano. "Elizabeth Darnell, te amo. No me importa la edad que tengas o la edad que tenga yo. Quiero que seas mi esposa. Quiero tener hijos contigo, si también lo deseas. Quiero que sigas amando tu carrera tanto como yo amo la mía. Quiero que nos amemos y respetemos el uno al otro, durante toda la vida. ¿Quieres casarte conmigo?"


Esta vez, ella no trató de luchar contra las lágrimas. Las dejó fluir por sus mejillas y asintió con entusiasmo. "Sí, Gavin. Yo también te amo. Y sería un honor casarme contigo." Él deslizó el anillo en su dedo y tiró de ella fuera del sofá, y hacia sus brazos. Sobre sus rodillas, ella encontró sus labios con la misma pasión. Su peinado, cuidadosamente recogido, se deshizo en un instante, mientras él sacaba los broches de su pelo y lo sacudía, para luego hundir las manos en las hebras, mientras se acostaba sobre su espalda, y la colocaba sobre él. Dios, se sentía bien sentir su cuerpo contra el suyo de nuevo. Había extrañado su toque, la forma en que sus manos se deslizaban sobre su espalda y caderas, la forma en que hundía los dedos en su piel, como si no pudiera conseguir suficiente de ella. Había extrañado su pasión, su casi desesperada necesidad de ella, porque ella siempre lo había necesitado. ¿Sería siempre así entre ellos? Esperaba que así fuera. Se separó de él, mirándolo fijamente, le quitó el cabello de la frente, y escuchó su pesada respiración, sintió su latido golpear contra su pecho, a la distancia. Él inclinó la cabeza y le sonrió. "¿Qué?" "Me preguntaba si siempre sería así entre nosotros. Esta hambre que parecemos tener el uno por el otro." Él le acunó el rostro y lo llevó hacia abajo para que se encontrara con el suyo. "Diablos, sí." La besó con un ansia tan profunda, que ella no tuvo duda de que tenía razón. Su corazón se derritió, y también lo hicieron sus bragas, cuando él empujó contra ella, con su erección rozándose contra su sexo. Ella plantó las manos en su pecho y empujó sus caderas contra él, la necesidad de tenerlo dentro de ella era tan poderosa, que se sacudió. Él separó sus labios de los de ella, y ella se quedó sin aliento, sobre todo cuando vio la pasión en sus ojos. Elizabeth se incorporó y comenzó a desabrocharse la blusa, con dedos temblorosos. Gavin miró cómo desabrochaba cada botón, y, a pesar de


tratar con todas sus fuerzas de hacerlo de manera lenta y sexy, todo lo que pudo hacer fue estremecerse. Tal vez, tuviera algo que ver en eso, el hecho de que él estuviera acariciándose, y tentándola con su dura polla. "Me estás distrayendo." Él arqueó una ceja. "Date prisa". "Estoy tratando". Dejó que su blusa se deslizara por sus hombros. Las manos de Gavin estuvieron en sus pechos en un instante, sus pulgares se deslizaron sobre las protuberancias y luego sobre sus pezones. La seda de su sujetador no era defensa alguna, y sus pezones se endurecieron, mientras él movía los dedos sobre su sujetador. Gavin se sentó y desabrochó el broche, y Elizabeth se encogió de hombros para dejar caer el sujetador. Él la atrajo hacia delante y tomó un dolorido brote entre sus labios, succionándolo, y volviéndola loca con su lengua, dientes y labios, mientras, hacía rodar su otro pezón entre los dedos. Ella enredó sus dedos en su pelo y trató de contenerse, a través de la miríada de sensaciones que enviaban chispas de placer directamente a su centro. Esto no estaba ocurriendo lo suficientemente rápido. Ella se apartó y movió la mano por sus muslos, tratando de alcanzar el botón de sus jeans. Él se inclinó hacia atrás sobre sus palmas y dejó que los abriera, sus nudillos acariciaron su erección, haciéndolo saltar contra ella en respuesta. Sí, estaba tan preparado como ella lo estaba. Y ella lo deseaba de tantas maneras, todas a la vez. Le quitó los jeans y zapatos, y los quitó del camino, luego también le quitó el bóxer. Su polla se levantó, caliente, dura y deliciosa. Ella la rodeó con sus manos, adorando la sensación, a la vez suave y pétrea, de la misma, la manera como la piel se movía alrededor del músculo erecto, la cabeza hinchada, rogando por ser probada. Se inclinó sobre el eje y colocó los labios sobre la ancha cresta de color


púrpura y deslizó la lengua sobre ella, encantada por la forma en que Gavin se empujó contra su boca y gimió, luego tomó un puñado de su cabello, como si no pudiera controlar su reacción. Ella lo quería fuera de control, quería ver hasta dónde podía empujarlo. "No me he corrido desde la última vez que estuvimos juntos, Lizzie. Si vas a succionarme, me correré en tu boca." Ella levantó la mirada hacia él, y luego tomó su polla, completamente, en su boca. Él empujó, dándole más. Ella lo tomó, envolviendo la mano alrededor de la base de su polla, acariciándolo mientras daba estocadas con la lengua alrededor de su eje, arrastrando la lengua por la parte inferior, y lamiendo todo el camino hasta sus pelotas. Tomó sus testículos en su boca y movió la lengua sobre ellos. Gavin dejó escapar un gemido gutural. Ella deslizó la lengua hacia la parte superior de su eje una vez más, luego lo tomó entre sus labios. "Succiónala. Succiónala con fuerza." Ella presionó su polla entre la lengua y el techo de su boca, y él le dio la succión que él pedía, mientras sostenía sus pelotas en sus manos y las masajeaba. Él apretó su agarre en su pelo. "Sí. Dios, sí. Eso va a hacer que me corra, Lizzie". Ella subía y bajaba sobre su eje, con las manos en sus muslos, sintiendo sus músculos tensarse, sintiendo el revestimiento de transpiración cubrir su piel, mientras empujaba hacia arriba, dentro de su garganta. "Sí, así. Succióname. Voy a correrme." Le encantaba escucharlo, saber que podía darle este placer. Y cuando él dejó escapar un gemido salvaje, y todo su cuerpo se sacudió mientras se vaciaba en su boca, ella tragó, apretando sus muslos, y tomando todo lo que tenía para darle. El aflojó el agarre de su pelo, y ella lamió su eje, luego se movió hacia arriba para besar su vientre. Enrolló su camisa con la mano y besó su abdomen, adorando la


sensación dura de éste. Él se sentó y le permitió sacarle la camisa, luego la sorprendió al hacerla rodar sobre su espalda para darle un beso profundo y penetrante, que la dejó sin aliento. Él saqueó su boca, lamiéndola con su lengua, frotando sus labios contra los de ella, hasta que ella estuvo sin sentido y sus huesos se sentían como si fueran de mantequilla. "Ahora es mi turno", dijo él, besando su cuello y su clavícula, cuando llegó a sus pechos, lamió sus pezones, tomándose su tiempo para disfrutar de ellos, hasta que cada pico se puso duro, húmedo, y dolorido. El cuerpo de Elizabeth vibraba por su tacto y sus besos, a medida que él avanzaba por su cuerpo, arrastrando hacia abajo sus pantalones, hasta que sólo quedó con sus bragas. "Estas son bonitas", dijo él, besándole el hueso de la cadera, donde descansaba uno de los lazos de sus bragas de seda color crema. "Gracias". "Es como un regalo para mí." Desató uno de los lazos, besando el lugar junto a su sexo, luego se dirigió hacia el otro lazo y los desató, tirando del material y dejando al descubierto su sexo para él. Ella se estremeció. "Gavin, yo tampoco me he corrido desde la última vez que estuvimos juntos." Él levantó la mirada hacia ella. "Voy a arreglar eso ahora mismo." Apretó los labios contra su coño y situó la lengua en ella. "Oh," fue todo lo que pudo decir, porque él movió su lengua a través de su clítoris y cualquier pensamiento coherente desapareció. En ese momento, ella no era más que un centro de placer, sólo enfocada en lo que la lengua caliente y húmeda de Gavin le hacía, mientras se deslizaba a través de su sexo. La tensión creció a toda prisa, y cuando él deslizó un dedo dentro de ella, se estremeció y supo que no iba a durar mucho tiempo. Era increíble lo bien que conocía su cuerpo, y podía llevarla justo al borde en cuestión de minutos. Él deslizó el dedo dentro y fuera de ella, y rodeó su clítoris con la lengua, con un movimiento


lento. La sensación era como una perezosa tarde de domingo, y su reacción fue todo lo contrario. "Más duro. Más rápido. Llévame allí, Gavin". Él la escuchó, insertó otro dedo dentro de ella, aumentó el ritmo, colocó los labios alrededor de su clítoris, y succionó. "Sí. Eso es." Ella se arqueó contra él y se corrió, el torrente de sensaciones era casi insoportable, ya que era condenadamente bueno. Ella se presionó contra él, y él situó una mano sobre su vientre para mantenerla en su lugar, mientras continuaba lamiéndola y ella se corría de nuevo en su cara y en sus dedos, rodando de un orgasmo a otro, en un sinfín de pulsos, que la dejaron débil y temblorosa. Y cuando él se cernió sobre ella, sonriéndole, lo abrazó, y él la cubrió con su cuerpo y sus labios, haciéndolos rodar otra vez mientras la besaba, poniéndola sobre él, una vez más. Su polla estaba dura, y ella la deslizó dentro de su coño, aún pulsante, y luego se sentó, entrelazando sus dedos con los suyos, mientras se movía contra él, enterrándolo completamente dentro de ella. La mirada de Gavin se estrechó, y se levantó contra ella. "Cabálgame". Ella colocó las manos sobre su pecho y se inclinó hacia adelante, luego se elevó, marcando el ritmo, mientras se follaba a sí misma con su polla, enlenteciendo cada movimiento para una máxima sensación, adorando la sensación de su polla engrosándose en su interior. Gavin extendió las manos hacia arriba y tomó sus pechos, deslizando los pulgares sobre sus pezones. Ella se arqueó en sus manos, llenándolas con sus pechos. Él se sentó, y tomó de manera alterna sus pezones en su boca, succionándolos profundamente, haciéndola temblar ante la descarga de placer que se disparó directamente hacia su coño. Estar conectada a él de esta manera, era un pedazo de cielo puro. Quería que continuara así para siempre, pero mientras lo montaba, sacudiéndose contra él, y


sintiendo el despertar del orgasmo, una vez más, no pudo evitar conducirse hacia ese fin, sólo retrocediendo, alejándose y haciendo una pausa para mirarlo. Trató de memorizar su rostro, el aspecto que tenía cuando estaba sepultado en su interior. Sus músculos estaban tensos, mientras apretaba la mandíbula, su mirada de párpados pesados estaba centrada en ella con intensidad, y sin embargo, el asimiento de sus manos era suave. Sus dedos se flexionaban y suavizaban contra sus caderas, mientras ella se movía hacia delante y luego hacia atrás. Su cabello había caído sobre su frente, y ella lo apartó, y luego se inclinó para besar sus labios. Ella sólo había tenido la intención de rozar sus labios, pero, ¡oh!, cómo le gustaba su boca, y la forma en que la besaba tan profundamente, de la misma forma en que se enterraba profundamente dentro de ella, tanto física como emocionalmente. Él era parte de ella y siempre lo sería. Hacer el amor de esta manera cerraba el trato. Ella separó sus labios, dejando su rostro sólo a unos centímetros del suyo, mientras se deslizaba hacia abajo sobre su polla una vez más, tan cerca de su orgasmo que tuvo que luchar para evitar correrse. "Te amo, Gavin". Su mandíbula se apretó, le retiró el cabello del rostro y rozó su mejilla con el pulgar. La hizo rodar para que quedara sobre su espalda y se empujó en su interior. Ella gritó con su clímax, y mientras ella se corría, él la miró y le dijo: "Te amo, Elizabeth." Y cuando él se corrió, gimió y gritó su nombre, con sus dedos entrelazados fuertemente con los de ella. Los ojos de Elizabeth se llenaron de lágrimas, y se dio cuenta que nunca olvidaría este momento. Después, se quedaron con los cuerpos enredados, y las piernas entrelazadas. Ella no quería moverse, y Gavin no parecía tener ninguna prisa, tampoco. "¿Vivirás conmigo en el Castillo Grayskull?"


Ella se rió, al escucharlo llamar su casa con el nombre que ella utilizaba para ofenderlo. "Sí. ¿Me dejarás redecorarlo?" "De cualquier forma que desees". Ella colocó la barbilla en su pecho. "¿Confías en mí?" "Por supuesto que confío en ti." Frunció el ceño. "No irás a pintar de color rosa ninguna habitación, ¿verdad?" "Ugh. ¿Estás bromeando? Tal vez la habitación del bebé, si es una niña." Sus ojos se abrieron ampliamente. "¿Estás embarazada?" Ella se rió. "Todavía no, pero me imagino que con un esfuerzo conjunto, podrías dejarme de esa forma. No me estoy haciendo más joven, ¿sabes? Debemos empezar a trabajar en eso tan pronto como sea posible." Él se dio la vuelta y se situó sobre ella. "Yo estoy listo, si tú lo estás." Ella alzó la vista al hombre que amaba, y se dio cuenta que, aunque nunca había pensado que podría tener una vida perfecta, de alguna manera, había conseguido todo lo que siempre había deseado. Había trabajado tan duro para tener la carrera que siempre había querido. Y por un tiempo, eso había sido suficiente para ella. Nunca había pensado que se enamoraría. Pero se había equivocado. Había bateado un jonrón. Juntos, habían jugado El Juego Perfecto del Amor. Se rió de las metáforas del béisbol. "¿De qué te ríes?", Le preguntó él. "De que hemos ganado". Él la miró. "¿Ganado qué?" "El Juego Del Amor."


Él puso los ojos en blanco. "Eso fue terrible." "Si, ¿verdad? Vamos, levántate", dijo ella, levantándose del sofá y golpeándolo en el trasero. Él arqueó una ceja. "¿Qué? ¿Por qué?" "Tenemos que ir a la tienda de comestibles." "Una vez más, ¿por qué?" "Porque ya es hora de que te hornee un pastel." Él se rió y rodó para salir del sofá. "Eso es algo por lo que vale la pena levantarse. Vamos."


Epílogo Jenna Riley odiaba los deportes. Lo que era irónico, considerando que poseía y dirigía el bar deportivo de su familia. Doblemente irónico, teniendo en cuenta que uno de sus hermanos era mariscal de la NFL y su otro hermano un jugador de béisbol en las Ligas Mayores. Y triplemente irónico, por el hecho de que toda su familia adoraba los deportes de todo tipo. Personalmente, estaba harta de los deportes, al haber crecido siendo forzada a aceptarlos, durante toda su vida. Y ahora vivían con ellos las veinticuatro horas del día, tenía que oír hablar de ellos cada maldita noche en el trabajo. El bar estaba siempre lleno, y sólo se hablaba de deportes, fútbol, béisbol, hockey, baloncesto, carreras de autos y todos los demás. Estaba en el tipo equivocado de trabajo. Debería renunciar a su trabajo y ser una asistente para una banda de rock. Se rió de ese pensamiento. Como si alguna vez pudiera liberarse de las cadenas de la responsabilidad familiar. Desde que su padre se había semi-retirado del bar, Riley’s se había convertido en su responsabilidad, lo que significaba, le gustara o no, el deporte se había convertido en su vida. Los televisores de pantalla gigante difundían cada evento deportivo a todo volumen, con las desagradables voces excitadas de los locutores, anunciando las jugadas por detrás, adelante, y a cada lado de ella. Emocionados fanáticos llenaban el bar después de cada juego, así que no sólo tenía que escuchar los partidos por televisión, sino también tenía que escuchar los resúmenes después de los partidos. Y si eso no fuera suficientemente malo, estaban los canales de deportes, con las estadísticas de los jugadores, las selecciones para los equipos

y todas las

repeticiones de los juegos con el comentario de los analistas. Para alguien que odiaba los deportes, tenía la cabeza llena con las estadísticas de cada jugador que había jugado alguna vez, en algún deporte. Lo que significaba que cada asistente a Riley’s, la adoraba.


"Hola, Jenna". Levantó la vista de su tarea de limpieza de la barra. Steve Mahoney, uno de sus clientes habituales, le pedía otra cerveza. Ella tomó una botella, le desprendió la tapa y se la dio, luego la agregó a su cuenta. "¿Viste el partido de esta noche?" Ella sonrió y asintió. "Por supuesto". Como si hubiera tenido elección. "Dos goles de Anderson. Los Ice se anotaron a un ganador, al haberlo contratado el año pasado, ¿no?" "Sí, es genial." Dick Mayhew entró en acción, deslizándose sobre un taburete disponible que alguien había dejado vacante. Levantó un dedo y Jenna de dio una cerveza. "Él y Boudreaux hacen un gran equipo en el centro". Dijo Dick. "Creo que son inmejorables." Steve asintió. "Creo que tenemos una gran oportunidad de ganar la Copa este año. ¿Qué piensas tú, Jenna?" Jenna pensaba que le gustaría salir de esa conversación e ir a llenar de nuevo algunas de las bebidas de sus clientes al otro extremo de la barra. En cambio, hizo lo que siempre hacía cuando se hablaba de deportes. Sonrió, apoyó los codos en la barra e hizo su mejor trabajo de relaciones públicas. "Creo que tienes razón. Anderson es rápido en sus patines y hace magia con sus disparos. Es como si supiera exactamente dónde ponerlos. Nunca he visto a nadie que pudiera disparar un disco como él lo hace. Y ya sabemos que Boudreaux es un ganador seguro en el centro. Es por eso que los Ice lo han contratado durante tanto tiempo. Juntos, son un gran dúo. Sus estadísticas de goles, combinadas, son fuera de serie." "Por no hablar de los juegos de poder. Cuando uno cae, el otro recoge el relevo", dijo Steve, luego él y Dick se lanzaron a su propia conversación, lo que dejó libre a


Jenna para poder llevar unos tragos a sus otros clientes y revisar las órdenes de las camareras del bar, que servían a los clientes en las mesas. Riley’s siempre se llenaba después de un partido, lo que significaba que Jenna perdía la noción del tiempo. Había estado allí desde antes del mediodía y ya era la medianoche. Le dolían los pies, olía a comida y a alcohol, y estaba lista para ir a casa, caer en su cama y dormir durante veinticuatro horas. Lástima que tenía que estar allí al día siguiente, y comenzar todo de nuevo. Era la mitad de la semana. Tal vez la gente comenzaría a irse pronto. Después de todo, el día siguiente era un día de trabajo. Pero los sonidos de gritos estridentes la hicieron temblar. Echó un rápido vistazo hacia la puerta, y sus peores temores se materializaron, cuando vio a media docena de los jugadores de los Ice de Saint Louis, atravesar la puerta principal. Mierda. Ahora nadie se iría hasta la hora de cerrar, lo que significaba, casi tres horas más para ella y sus trabajadores. Y los jugadores probablemente tenían hambre. Se dirigió hacia la cocina. "Los jugadores acaba de entrar", le dijo a Malcolm, su cocinero principal. Malcolm, quien tenía la paciencia de un santo, y siempre tomaba las cosas con calma, se limitó a asentir. "Voy a sacar los filetes." Ella se rió, sacudió la cabeza y regresó a la barra, llenó un par de copas, y decidió dejar que sus camareras atendieran a los jugadores. Ella iría a saludarlos cuando tuviera un minuto libre. Ahora mismo estaba hasta el tope, sirviendo órdenes de tragos. Algo acerca de la llegada de los jugadores, hacía que todo el mundo se pusiera sediento. Era bueno para el negocio, sin embargo. Le gustaba que los jugadores frecuentaran Riley´s. Tendría que darle las gracias por eso a Mick, a Gavin, y a Elizabeth. "Te ves ocupada".


Ella levantó la cabeza, y miró los ojos de color gris acero de Tyler Anderson. Llevaba el cabello negro un poco largo y desordenado, tal y como a ella le gustaba. No. A ella no le gustaba este tipo. Era un atleta, un jugador de hockey, y a ella, definitivamente, no le gustaban los deportistas. Sobre todo, Ty. "Sí, Ty. Estoy un poco ocupada. ¿Qué puedo hacer por ti?" "Pensé que podrías necesitar algo de ayuda. ¿Por qué no tienes dos barman?" "Porque puedo manejarlo. ¿Está Lydia atendiendo tu mesa?" "Sí. Estamos bien. Ya ordenamos los filetes." Ella plantó las palmas contra un lado de la barra, dando una respiración rápida. "Entonces, ¿qué necesitas?" Él se acercó hacia el extremo abierto de la barra. "Nada. Vine para ayudarte." Sus ojos se abrieron ampliamente. "Fuera de aquí. No puedes estar aquí". "Claro que puedo. Necesitas ayuda." "No, no la necesito." Lo empujó, pero era como tratar de mover un coche. "Vete". La multitud creció a lo largo de la barra, tan pronto como Ty se acomodó como en su casa allí. Llenó las órdenes de bebidas, mientras Jenna se quedaba estupefacta. Quitó las tapas a las botellas de cerveza como un profesional, vertió licores, mezcló bebidas, y se movió como si supiera qué diablos estaba haciendo detrás de una barra, luego tomó el dinero de los clientes o las tarjetas de crédito y manejó la caja registradora, también. ¿Qué Demonios? Él echó un vistazo en su dirección. "Tienes clientes al otro extremo de la barra." Ella finalmente se rindió y se hizo cargo de sus clientes, mientras Ty se sumergía más en el negocio.


"Hola, Ty, tu filete está listo", le dijo Malcolm media hora más tarde. "Déjalo detrás de la barra. Lo comeré aquí". "No hay problema." Jenna puso los ojos en blanco y vio a Ty comerse el filete de pie, mientras conversaba con los chicos en la barra, y después volvió a servir bebidas. A las dos y media, ella avisó que era la última ronda y todo el mundo comenzó a irse. Jenna comenzó a limpiar, cuando sus últimos clientes se dirigieron hacia la puerta. Llamó taxis para aquellos que los necesitaban, ayudó a las camareras a acomodar las mesas, y revisó las cuentas de la caja registradora. Dejó que las camareras se fueran, cerró la puerta de entrada y se dirigió hacia la cocina, para encontrar a Malcolm y a Ty, conversando. La cocina estaba limpia, los otros cocineros y los ayudantes de camarero se habían ido, y sólo quedaba Malcolm, hablando de fútbol con Ty. "¿Por qué estás todavía aquí?", le preguntó. "Lo siento. Perdí la noción del tiempo hablando sobre la postemporada con Malcolm." "Quién ya se va," dijo Malcolm con un bostezo. "¿Quieres que te acompañe, Jenna?" "No, gracias. Tengo un par de cosas por hacer." Malcolm entrecerró sus ojos color marrón oscuro al mirarla. "Vete a casa. No te quedes aquí toda la noche haciendo el papeleo". Ella se rió. "No era mi intención hacerlo". Cerró la puerta cuando él salió, luego se volvió para decirle a Tyler que se fuera, pero no estaba en la cocina. Lo encontró en la barra sirviéndose un whisky. "Oye. La última ronda se sirvió hace una hora."


Él no parecía preocupado mientras le sonreía, llevó el vaso a sus labios y se bebió el whisky de un trago, luego puso el dinero en la parte superior de la barra. Ella tomó el dinero y lo colocó en su bolsillo. "Colocando las ganancias en tus bolsillos, ya veo." "No, idiota. Ya cerré la caja registradora. Agregaré esto en el mañana." Él sacudió la cabeza y se apoyó contra la barra. "¿Así es cómo le hablas a tus clientes?" "Dejaste de ser un cliente cuando te metiste por detrás de mí barra y comenzaste a servir bebidas." "Necesitabas ayuda." "No, no la necesitaba." Él se cruzó de brazos. "¿Siempre eres así de gruñona, o solo es conmigo?" "Sólo contigo. Ahora, saca tu trasero de aquí para que pueda terminar de cerrar". No pareció ofendido, se limitó a sonreírle en respuesta, mostrando sus dientes blancos y perfectamente rectos. ¿No se suponía que a los jugadores de hockey les faltaran un montón de dientes, debido a todas sus peleas en el hielo? ¿Por qué tenía que ser tan guapo? El maldito hombre hacía que sus bragas se mojaran y tenía la costumbre de aparecerse allí con bastante regularidad, lo que en verdad la ponía de malas, porque él presionaba todos sus botones más calientes, y ella no había tenido sexo en un tiempo muy largo. Necesitaba echar un polvo pronto. Muy pronto. Con alguien que no practicara ningún deporte. Ella apretó el interruptor de luz principal, dejando el bar en la oscuridad. "¿Le tienes miedo a la oscuridad?"


Ella dio un salto, no se había dado cuenta que él estaba justo detrás de ella, hasta que sintió su aliento cálido en la parte trasera de su cuello. Su cuerpo estaba tibio, y como ella había apagado la calefacción, ahora se estaba congelando. Se agachó para tomar su bolso y su suéter, frotando el trasero contra su entrepierna. Él se sentía sólido. Duro. Yummy. Maldita sea. Se enderezó con sus ojos adaptándose a la falta de luz. "No." "No, ¿Qué?" "No le tengo miedo a la oscuridad." Él la hizo girar para que lo mirara de frente. La luz de la luna llena lo rodeaba con una sombra grisácea. Podía ver su rostro, sin embargo, mientras él sonreía. "Es una lástima." "¿Por qué?" "Porque entonces, tendrías que aferrarte a mí, para que te proteja". Ella dio un paso atrás. "¿Por qué me estás presionando, Ty?" "Vamos, Jenna. No eres una niña. Sabes por qué. He estado viniendo al bar, muchísimo, siempre dando vueltas a tu alrededor. Me gustas". "A mí no me gustas tú." Él se echó a reír. "Mentirosa. Veo la forma en que me miras." "Estás tan lleno de ti mismo, Anderson. Ve a buscar otra chica. No estoy interesada en ti, en lo más mínimo." Lo rodeó para dirigirse a la puerta, esperando que la siguiera para poder activar la alarma. Él lo hizo, con su abrigo en la mano. Ella tenía los dedos en el teclado, lista para activar la alarma. "Espera un segundo", dijo él.


"¿Has olvidado algo?" "Sí". Tiró de ella hacia sus brazos, antes de que pudiera tomar aliento, y su boca bajó sobre la suya. Por una fracción de segundo pensó en objetar y empujarlo, pero ¡demonios!, había pasado un tiempo realmente largo desde que había sido besada. Era el mes de enero, frío como la capa de hielo polar, y los labios de Ty estaban calientes. Su cuerpo estaba caliente, y cuando la envolvió con sus brazos, sintió que su calor se filtraba en ella. Dejó caer su bolso y abrigo, y se aferró a él, dejando que sus labios reclamaran los suyos. Era justo como había imaginado que sería, y bien, había pensado mucho en ello. Su boca era firme y exigente, con un toque de whisky en los labios. No besaba como un marica, gracias a Dios, no dudó en ningún momento. Sólo tomaba el beso, deslizando la lengua dentro de su boca para envolverla con la de ella. Ella se estremeció, los dedos de sus pies se curvaron, sus bragas se mojaron, y su sexo pulsó con una necesidad rugiente de que la follara. Si él deslizaba la mano por debajo de sus pantalones, podría correrse con dos o tres caricias. El beso era así de bueno. Él subió la mano y tomó un seno, y ella gimió contra sus labios, presionando su pecho en su mano. Ella quería más, lo quería todo, y lo deseaba en ese momento. Su mente se llenó de imágenes, de él llevándola hasta el suelo en la parte trasera de la barra, o doblándola sobre la mesa de billar. Pero eso sería ir en contra de todo lo que deseaba. Y no quería hacerlo. No iba a dejar que la tomara. No este chico. Nunca este chico. Presionó las manos contra su pecho y retiró sus labios. "Detente. No podemos hacer esto". Él dio un paso atrás, con los ojos oscuros por la pasión.


"¿Por qué no?" Ella luchó por respirar, por orientarse y por conseguir algo de cordura. "Porque no quiero." Ella lamió sus labios, se inclinó, y tomó su abrigo y su bolso. Se apartó de él, y con manos temblorosas puso la alarma, caminó hacia el exterior, y cerró la puerta principal, con Ty justo detrás de ella. Comenzó a alejarse, pero él la tomó por la muñeca, quemándola con una mirada que la derritió hasta el cemento frío de la acera. Y luego le sonrió. "Buenas noches, Jenna". Ella se volvió y se dirigió a su coche, consciente que estaba allí, de pie, mirándola. Él esperó, con las manos en los bolsillos de su chaqueta, mientras ella se subía a su auto y se alejaba. Hijo de puta. Su cuerpo estaba en llamas por su beso, y tendría que ocuparse de eso por sí misma, cuando llegara a casa esta noche. Nunca dejaría que la besara de nuevo. ****** Ty esperó hasta que Jenna salió del estacionamiento, antes de subirse a su coche para regresar a su casa. Había conocido a Jenna durante casi un año, la había conocido a través de su agente, Elizabeth, y del hermano de Jenna, Gavin. Jenna no era en absoluto su tipo. Oh, era hermosa, ciertamente, pero era delgada, con pechos pequeños. A él le gustaban las mujeres plenas y exuberantes, con tetas grandes. Le gustaba que sus mujeres tuvieran el pelo largo, para poder mover los dedos través de éste. Jenna tenía su cabello negro, corto y puntiagudo, con extrañas puntas de color morado, lo que le daba un aspecto de algo salvaje y original.


Tenía múltiples piercings en su oreja izquierda, y ese diminuto diamante en la nariz. Siempre le hacía preguntarse qué otras partes de su cuerpo estarían perforadas. Y aquellos tatuajes, los cuales sólo había conseguido vislumbrar, lo intrigaban. Deseaba tiempo para explorarlos, para estudiarlos, para despojarla de sus ropas y ver en qué otros lugares, estaba tatuada. Pero sus ojos eran lo que realmente lo atraía hacia ella. Eran de un increíble color azul zafiro, tan expresivos y tan vulnerables, a pesar que a ella le gustara jugar a la chica dura. Está bien, quizá era un poco diferente. Y tal vez, él se sentía atraído por lo completamente diferente que era. Así que jugaba con ella, la irritaba y presionaba, porque sabía que podría hacerla perder los estribos. ¿Y ella no estaba interesada? Sí, claro. Ese beso le había dicho lo interesada que estaba en realidad. Habría apostado a que si hubiera introducido la mano bajo sus bragas, habría estado mojada. Sólo la idea de introducirse bajo sus bragas, hacía que su polla latiera. Aún podía degustarla en sus labios, menta y algún tipo de brillo de labios con sabor a cereza. Se lamió los labios, quería más. Sí, deseaba mucho más de Jenna. Y como en el hockey, cuando la meta estaba a la vista, nunca se rendía.

Fin


Serie Play By Play 01- El Juego Perfecto El profesional de Futbol Americano Mick Riley es toda una estrella dentro del campo y en la alcoba… Aunque una sexy, y decididamente madre soltera podría ser la única en hacerlo perder un juego... Durante años, Mick ha sabido aprovechar al máximo la vida a disposición de un deportista profesional: la fama, la fortuna, y a una chica diferente en cada ciudad. Pero cuando conoce y se aloja con la hermosa organizadora de eventos, Tara Lincoln, quiere mucho más que la típica relación de una noche. Lástima que Tara no esté interesada en conocer mejor al más notorio playboy del fútbol. Como la madre soltera de un hijo adolescente, lo último que necesita Tara es el estilo de vida del jet set de Mick Riley, a pesar de que su ardiente y apasionada aventura de una noche fue inolvidable. La vida de Tara es bastante complicada ya, como para meterse de lleno en la fama como la última adquisición de Mick. Tara jugó al juego del amor una vez y perdió mucho, y no tiene intención de vivir de nuevo la experiencia, sobre todo con un rompecorazones como Mick. Pero cuando Mick se propone ganar, nada lo detendrá. Y tiene en mente la jugada perfecta para atrapar a su seductora picara...

02- Cambiando El Juego La agente deportiva Liz Darnell hará cualquier cosa para conservar a su cliente número uno, el beisbolista profesional Gavin Riley. Y Gavin está más que preparado, especialmente cuando Liz se ofrece a sí misma como parte del trato. Pero cuando el amor inesperadamente entra en el campo de juego, ni Liz ni Gavin están listos para el mayor cambio de todos en el juego.


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02changing the game