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Una síntesis sobre cómo ni entender ni resolver nada

CLASES MAGISTRALES

Chascomús PARA PENSAR BIEN

LAS SIEMPRE TAN DICOTOMICAS PREOCUPACIONES Y/O SOLUCIONES ARGENTINAS” (EN TORNO A LA SEGURIDAD) “

POR NIKITA DEBACLE

Las siempre tan dicotómicas preocupaciones y/o soluciones argentinas por Nikita Debacle “Ein Gespenst geht um in Argentina - das Gespenst des Berretismus...” habría sido la frase original que inaugurara el histórico documento, pero hoy se rumora que fue cambiado para no ofender las exacerbadas sensibilidades involucradas en la acusación1. Asumiendo el riesgo, y con el fervor y la intolerancia de siempre, se rinde homenaje al histórico presagio marxista con un análisis sobre la tendencia dialéctica del entendimiento de nuestros conciudadanos sobre el “reciente aumento de la inseguridad”, las posibles causas y las imposibles soluciones. Arremetamos contra la espiral dialéctica del ser-argentino-en-sí.

La Dialéctica tiene más vueltas que la calesita de la esquina de mi casa, pero no

es totalmente inaprensible. Para empezar por algún punto que suene serio, una dialetheia2 es una oración tal que tanto ella -”Riquelme es un pecho frío”, ponelecomo su negación -”Riquelme no es un pecho frío”- son verdaderas. Esto -”Riquelme es y no es un pecho frío”- que parece una locura, a mucha gente le parece recontra piola y válido. Y así como algunas personas afirman que existen dialetheias por todos lados y en todos los campos del conocimiento humano, también hay mucha gente que suscribe a lo que Aristóteles llamó en su Metafísica el “más cierto de todos los principios” - firmissimum omnium principiorum en palabras de los medievales-: el Principio de No Contradicción (PNC). La versión light del PNC es que ninguna proposición puede ser verdadera y falsa a la

1 Guiño al Manifiesto Comunista (ese que escribieron Engels y Marx), que en mi versión diría algo así como “Un fantasma recorre Argentina – el fantasma del Berretismo...”. 2 Palabra griega con mucha facha.


vez. Se dice que esta es la base de la filosofía occidental, de las ciencias, del sanguche de milanesa y de la formación ganadora para el Gran DT. Como sea, es natural que todos estemos muy tentados de aceptar el PNC, al fin y al cabo tiene sentido. Entonces, si repasamos con un poco de atención, parece que aceptar dialetheias y aceptar el PNC implica entrar en contradicción. Bueno, esto es y no es así. Podemos hacer como decía Platón, y aceptar las dialetheias simplemente como un procedimiento de indagación, un camino o un método para el conocimiento. Ahora bien, esta fórmula -que puede repetirse hasta el infinito- no logra reflejar del todo la polisemia del sentir de la sociedad argentina. Si de algo podemos “estar orgullosos” es de decir cosas, muchas cosas. Qué cosas, qué calidad de cosas, con qué seriedad o cuidado...bueno, ese es otro tema, pues a veces pareciera que somos presas de un brote de psicosis dialéctica. Pero nadie puede decir que nos falten voceros. Como si con el ultra fascismo de los taxistas no alcanzara, ahora Susana Giménez (y su nefasto hermano Patricio3) se suman a las filas de Tinelli, Pando y Baby Etchecopar para ayudar a dar cuenta de las preocupaciones y propuestas del pueblo. Haciendo abuso del añejo método de la dialéctica se puede ilustrar de un modo didáctico y entretenido los clamores y contestaciones de los distintos bandos en pugna. Así que, ¡A por ellos, atribulados ciudadanos!

existencia del otro. En general -si nos agarramos de Hobbes ponele- tampoco es nada sospechoso que uno no se sienta seguro rodeado de gente. Pero no nos pongamos tan serios, que aunque esto pueda ser interesante el punto ahora es otro: la inseguridad no es un quiste que se elimina de cuajo con un buen cirujano y la cobertura Osde 510. La inseguridad no se suprime de un día para el otro y por completo. Esta idea utópica sólo alimenta la insatisfacción de una porción muy impaciente de la sociedad, que enceguecida por promesas incumplibles compra cualquier remera con consigna musical y marcha solemne y dignificada con tal de sentir que participa en “lo que está pasando, acá y ahora, y que nos afecta a todos” (sic alumna ditelliana, tercer año de Economía Empresarial). Honestamente, tengo que darle la derecha a Blanchar cuando dice que el silencio debería ser la cualidad de aquellos a quienes faltan todas las demás. Sigamos pliiiisss... “El problema no es la inseguridad, insensible! Es la...Pobreza” (“pobreza” en Argentina se pronuncia lento y con gran afectación, enfatizando la mayúscula inicial y sosteniendo la mirada del interlocutor ni bien se termina la palabra, como desafiándolo a decir algo más humano)

Basta también con la contra-consigna de cotillón. ¿”La pobreza”? Esta respuesta

con la inseguridad...Basta de la cabeza (la cabezaaa)/ así no salen a robar a matar (a mataaaaarrrr)..." propone Pato consignas pelotudas hermano. La inseguridad yGiménez en su última cumbia pop-melódica. está, es, existe, acá y en todos los países que Dice que "está esperando que le devuelvan no son Suiza (y aledaños, o similares, aunque unos llamados" para producir su disco ya volveremos a Suiza). El no sentirse seguro titulado "Muerto el perro se acabó la rabia". es casi casi garantía de que una persona está conciente de su ambiente y de quienes lo rodean, es una muestra palpable de asumir la alteridad, reconocer la

es insuficiente y propia de un ignorante. El problema no es sólo la pobreza. Hay muchos países muy pobres -más pobres que la Argentinadonde la gente no se mata por un celular o un Fiat Uno, hay países más pobres donde la gente ni se roba una manzana. Afganistán, por ejemplo. En Afganistán hay un índice de robos que tiende a cero. ¿Por qué? Porque si alguien se roba algo le cortan la mano, así de sencillo. ¿Acaso es esto una oda a la mano dura? No tonto, no. Es una muestra de Afganistán, el paraíso de que aún en países pobres (muy pobres) hay elementos mano dura que algunos culturales que sostienen el orden, que contienen impulsos porteños sugieren usar como modelo para el nuevo plan de que quizás podrían llamarse primarios en el género humano4. Pero nada es gratuito. Sí, elementos culturales, seguridad. la ley del "ojo por ojo", tabule, hummus, petróleo, arena y hash para todos, pero ¡Cuánto más que viene en ese paquete! Yo no quiero vivir en

3 ¿Alguien sabía de la existencia de este tipo hasta hoy? Dicen los amigos de MinutoUno.com que “sigue probando suerte en la música”.

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"¡Hay que terminar con la inseguridad!” (Exclamar con el ceño fruncido y los puños cerrados de indignación, un poco de escupitajo y resoplidos al final estarían muy bien también)

Terminar

"Repartamos paco hasta que se les queme

Esto no va a discutirse acá, no jodan. Vayan a estudiar Antropología, hippies!


Afganistán, aunque haya menos robos. Sospecho que pocos argentinos querrían vivir en Afganistán. Me atrevo a decir que Susana Giménez no sería una persona muy feliz en un burka, por ejemplo. "Se murieron cinco policías es un mes, esto no puede ser"/ “Más policía en la calle!” (Estas dos suelen ir de la mano)

¿No quieren que se mueran policías? Novedad: los policías se mueren, ahora y

siempre. Ahora agarrate de algo para no caerte: no sólo pasa acá, pasa EN TODO EL MUNDO (sí, en Finlandia también chiquito). Es parte del trabajo. En California la tierra del sol en un país del 'primer mundo'- el año pasado murieron 12 oficiales en seis meses. No está bueno, no es deseable, es un horror, es una tragedia para ellos y para sus familias, para la sociedad y para el género humano; pero es así. ¿Qué se puede hacer con eso? Poco pero algo: pagarles bien, equiparlos muy bien, capacitarlos mejor, garantizar que sus familias van a estar más que bien cuidadas en caso de que pierdan la vida. Estos tipos ponen el cuerpo en la calle todos los días para cuidar el orden y la seguridad (digamos, siendo idealistas); lo mínimo que puede hacer la sociedad es cuidarlos a ellos y a su familia. Ah...¿No quieren que les aumenten los impuestos para aumentar el presupuesto de la policía? Ok. Vale, también es cierto que mayor presupuesto no garantiza mayor eficiencia: en Mexico -uno de los países con mayor presupuesto en seguridad en América- el total destinado a seguridad aumentó un 560% en menos de diez años y el crimen viene aumentando a una tasa de casi el 9% anual. Sí, en la policía siempre habrá mafias (básicamente la tríada loca: prostitución, drogas y juego), la evidencia es apabullante. Y al fin y al cabo, ¿Quién confía en la Policía? Se pone complicado el tema, ¿No? Sí, se llama “gobernar”. "Maldita policía"

Entonces menos policía, ¿"Maldita policía"? Listo. Organizate el

próximo recital de los Stones, el próximo Velez-Chicago, sin policía. A ver cómo te va. "Uh...se mataron, se dieron masa de lo lindo...tremendo" o bien "No! Me destruyeron el almacén, me rompieron el auto” o “Yo sólo quería ir al quiosco, me crucé con la

hinchada de Chaca y me fajaron...". O ponele el 5 de octubre, ese día nefasto en que Pando y su séquito se reúnen en Plaza San Martín a reclamar por las “víctimas de la subversión”5. Ese día se encuentran en Plaza San Martín el grupito de Pando y las organizaciones de izquierda. ¿Preferís que no haya policía? Quizás. Si podés vivir con eso entonces ok, maldita policía. Ah no, tampoco, te gusta un poco de orden. Habría que encontrar un modo de ser prolijo, ordenado y eficiente. Sí, eso pero sin perder la veta progre. "Ay...si fuéramos Suiza..."

Esta es otra consigna pelotuda. Suiza, así de linda como la ven y envidian, tiene

lo suyo. Suiza, país tradicionalista, ordenado, prolijo, sólido y con gran reputación es el cenit de la corrupción. Suiza es un Estado que se consolidó gracias a un truquito de marketing que -debemos reconocer- es puro ingenio: se llama Secreto Bancario. En Suiza vos vas con tu dinero (unos mangos, o miles de millones) y nadie pregunta de dónde viene. En Suiza se depositaron las multimillonarias fortunas de las masacres y salvajismos perpetrados en África, en Suiza se depositaron las riquezas expropiadas a los judíos víctimas de la persecución nazi, en Suiza se asiste y protege hace años a los grandes criminales de la historia de la humanidad. Eso es Suiza. Ahí está la robustez y la confiabilidad suiza. Yo no quiero ser Suiza, me niego a tomar como modelo un país cuya ética de engrandecimiento es ser cómplice de todo declarando no saber nada ni querer saberlo. Es criminal. Ahora sí, probablemente haya menos robos. Sí, los chicos deben jugar más en la calle. Pero cada uno sabrá el precio que está dispuesto a 5

Ahora salen a la calle a pedir justicia, pero cuando estaba la violencia y la injusticia en serio (de esa jodida, que te secuestraban, te torturaban, te mataban, te desaparecían) estaban bien apaciguados en sus casas.


pagar... El análisis de un erudito y el fiasco del mal diagnóstico “Ojo que la gente no se la va a bancar”/”La gente sólo se aparta de lo que escucha cuando no se le dice lo que necesita oír”

Estos

argumentos son más graves. Suelen ser esgrimidos por pseudo intelectuales y politólogos de cuarta, preocupados por cosas como la “integridad institucional”, la “credibilidad pública”, “la moderación expresiva” o “las inquietudes de la ciudadanía”. También acompañan estos ítems cosas como “calles más limpias” y “feriados móviles para poder irme el finde”, quizás un ocasional “recitales gratis en Palermo”. Esta concepción de la política como un centro de atención al cliente, donde uno se presenta a demandar prestaciones y servicios es nefasta en un país como el nuestro. La esencia trágica de la situación es, creo, que existen los recursos disponibles, pero es insuperable la obstinación de una parte importante de la población (importante porque de hecho posee esos recursos) que se resiste a formar parte de un pacto social que garantice la equidad, la paz, el desarrollo y el bienestar, para todos. El problema señores no es la pobreza, sino la desigualdad. La desigualdad es intolerable para cualquiera en cualquier lugar. Acordémonos donde estamos, ¿No? 30% del país bajo la línea de pobreza. Esto significa que el 30% de la población del país no llega a cubrir la canasta básica. Averigüen cuánto vale la canasta básica (les ahorro el trabajo, está -datos de febrero de 2009- en $320 por adulto por mes6). Ahora calculen cuánto gastan por semana. Los ayudo: 1/4 de cuota mensual de Di Tella = $2300/4 = $575, almuerzo cinco días (baratito) = $10x5 = $50, colectivo o tren (ni calculo la nafta de los que están en auto, ni el seguro ni el garage, ni nada) mínimo por semana = $20, alguna salida cada semana = $40, apuntes-puchos-chicles = $40. ¿Total? $725. Semanales (y muy discreto eh) por persona. La desigualdad es un hecho matemático, lo muestro para satisfacer los ditellianos paladares. Reitero: $320 mensuales contra $725 semanales. Entonces, ni la inseguridad, ni la mano dura, ni la pobreza, ni más policía, ni menos, ni copiar modelitos foráneos. La DE-SI-GUAL-DAD.

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Según el INDEC, tómalo o déjalo.

La pregunta que me parece interesante formular es porqué nadie habla de esto.

Porqué todo el mundo se llena la boca hablando de inseguridad, pena de muerte, incumplimiento de los políticos, mano dura, bajar la edad de imputabilidad, y nadie habla de la desigualdad. Ni vale la pena que ensaye una respuesta que resulta auto evidente a esta altura de las circunstancias, ¿No? Basta del pelotudo feliz pero indignado, que quiere volver a pasear el perro tranquilo y que sus chicos jueguen en la vereda como antes, que no quiere que se mueran policías, pero que clama a gritos por una fuerza policial más presente y eficaz para que no le dé miedo entrar el auto. Esto es lo que tiene para decir la ciudadanía porteña, en líneas generales: una sumatoria de demandas cuyo cumplimiento es impracticable, y ferviente inflexibilidad al momento de la reflexión y la renuncia. Dice Santiago Kovadloff en una nota Profesor/politólogo/analista/intelectual estereotípico posa para la foto en reemplazo de Kovadloff, quien se excusó para La Nación del 13 de marzo que el de la sesión de fotos por falta de referencias serias sobre problema de Argentina es de carácter nuestra Revista. discursivo. Denuncia las maniobras políticas de manipulación enumerando estrategias recurrentes para controlar al electorado: la descalificación del adversario es una, lo que llama un “internismo asfixiante” es otra; hasta aquí nada nuevo se ha dicho. Lo que pasa es que acá Kovadloff ve algo que le molesta, sostiene que “La concepción del ciudadano implícita en cualquiera de estos procedimientos lo retrata como alguien que nada parece requerir más allá de lo que se le ofrece”, pará. Pará. Releé la frase. Resulta que ahora es negativo ser una persona que no exije más que lo que hay para repartir...¡Entre todos! No está mal ser ambicioso, pero que una ciudadanía se proponga ser inconformista es destructivo, en todo sentido. Sigue Kovadloff, porque está preocupado por lo que llama “la desesperanza cívica” que es producto de esta suerte de incompetencia esencial de los políticos por satisfacer los voraces ánimos de los ciudadanos, pero rescata el rol de las figuras


públicas no partidarias. Dice: “Muy buena parte de la opinión pública tiende a expresar su adhesión a figuras extrapartidarias, pero muy comprometidas con ideales éticos y cívicos capaces de suscitar entusiasmo, promover la emoción comunitaria y devolver credibilidad a la palabra. Son auténticos referentes sociales en los que la comunidad, huérfana de convicciones partidarias, busca realimentar su identidad.” ¿De quiénes habla, Kovadloff? ¿De Susana? ¿De Tinelli? ¿De Cacho Castaña? Estos son los referentes y portavoces éticos de los argentinos. No lo digo yo, lo confirman todos, haciendo eco de lo que esta gente espeta en cualquier medio que se preste para promocionar el tétrico espectáculo de la degradación del debate intelectual, político y social de una sociedad que no se asume enferma. “Justos antes que generosos, humanos antes que justos”

Dijo Nietzsche que cuando se elige la dialéctica es porque no hay otro medio. Y dialéctica se usa de muchos modos. Podemos pensar en un diálogo, podemos pensar en un debate, pero en general la idea es contemplar las alternativas. Entonces, ni Afganistán ni Suiza, ni Estados Unidos ni México, y definitivamente no Argentina. Hay que empezar a ponerse serios chicos, porque las consignas pelotudas y la renuncia al análisis nos van a llevar a la ruina. Pensemos dos minutitos más, leamos un poquito más allá de los titulares, hagamos un ejercicio de reflexión, sincerémonos. La perfidia nos espera a la vuelta de la esquina, no podemos darnos el lujo de sucumbir a lo peor de la gente que nos rodea. Me niego a creer que la gente no sepa que el tema de la inseguridad o la pena de muerte no son novedades. No puede ser que todos hablen tan cándidamente sobre temas que han sido estudiados, investigados y debatidos a lo largo de décadas por comités y congresos, intelectuales, políticos, especialistas de toda disciplina. ¿Cómo pueden tener la arrogancia de creer que en una consignita de cuarta se resuma todo lo que hay para decir sobre semejantes asuntos? Preocupados por los efectos, el ocasional comentarista u opinólogo se olvida de atender a las posibles causas. Y esto redunda, obviamente, en pésimas propuestas de soluciones. Dolina lo expresó con gran capacidad de síntesis: “por un lado se reclama libertad para enriquecerse sin límites, y por otro se pide mano dura ante los resultados de una sociedad perturbada. Las grandes desigualdades son saludadas con alegría, hasta que molestan. Es ilógico.”. Si volvemos al principio, y recordamos cuán simpático nos caía el PNC, es inevitable replantearse al menos alguna que otra cosa. Tal vez finalmente le terminemos dando la razón a los aristotélicos: no se

puede partir de una contradicción y esperar llegar a algo coherente. “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto...”7 ¿Está mal repudiar el crimen? No. ¿Está mal exigir castigo cuando se infringe la ley? Tampoco. Pero recordemos que llegar al punto de implementar castigos a través de leyes es una señal ineludible de que hemos llegado tarde para resolver el problema. El endurecimiento de la ley es un parche a posteriori, no una solución a priori. Y aquí pareciera que reside el problema: seguir eligiendo programas políticos que se concentran en los efectos, que actúan con delay para dar espacio a esa ventana temporal de desigualdad que garantiza un bienestar -también temporal- a algunos. Lo mínimo que puedo demandar es consistencia y honestidad. Hay que preguntarse cuánto de estas dos reflejamos cada uno cuando pensamos, concluimos y comunicamos. En La Metamorfosis el protagonista, Gregorio, tiene una pesadilla y cuando despierta esperando el alivio descubre con horror que se ha convertido en un ser repugnante e intolerable no sólo para su familia o la sociedad, sino para sí mismo. No puede con su cuerpo, no soporta quién es y decide morir. El libro es terrible y magistral, los niveles de lectura e interpretaciones vastos y diversos, pero lo traigo a colación para ilustrar de un modo gráfico la amenaza que se cierne sobre nosotros, el fantasma que nos recorre como sociedad. ¿Quién escuchó estos días algo que suene a "justicia social"? Yo no. Pareciera que la fórmula va un poquito más por ahí. Ojo, la transformación en algo terrible nos acecha.

7 Kafka, Franz, La Metamorfosis


Clases Magistrales No. 1  

Marzo, 2009

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