Page 1

Miércoles 15.08.12 LA VERDAD

OPINIÓN EDITORIALES

Mamá, no quiero ser funcionario

El alivio de los 400 euros

Soy un ‘servidor público’. Que sea funcionario ha sido una anécdota que me ha convertido en enemigo y parásito

La protección a los menos favorecidos ha de extenderse hasta donde sea posible

IGNACIO DEL OLMO FERNÁNDEZ COMISARIO DE LA POLICÍA NACIONAL

El presidente del Gobierno, que rectificó acertadamente su inicial intención de no hacer declaraciones tras su despacho con el Rey en Marivent, anunció ayer que el Ejecutivo prorrogará la ayuda de 400 euros a los 200.000 parados beneficiarios del Plan Prepara. La prórroga de la subvención, que dura seis meses y que con sus rotaciones podría alcanzar a 600.000 personas, se aprobará en el próximo Consejo de Ministros. Rajoy ha explicado que, aunque el Plan se concibió como un medio para lograr la inserción laboral y ha tenido poco efecto en este menester –si al crearse el plan, en agosto de 2009, se conseguía una inserción del 20%, en los últimos tiempos esta cifra había caído al 6%–, «mantener esta pequeña ayuda tiene todo su sentido en un momento tan difícil como este». Efectivamente, la ayuda, que técnicamente es una subvención, se concede a parados de larga duración que hayan agotado todos los subsidios y no perciban rentas superiores a tres cuartas partes del salario mínimo. Es, pues, un auxilio de última instancia, que en la mayoría de los casos salva a sus beneficiarios de decaer en una situación de verdadera indigencia. En momentos de grave dificultad como los actuales, el Estado tiene la obligación de conciliar los sacrificios que se piden a la ciudadanía con un cuidado especial en impedir que nadie caiga por debajo de determinado umbral de renta y bienestar. Más allá de los sistemas de previsión convencionales –el seguro de desempleo, principalmente– hay que preservar las demás prestaciones existentes no contributivas, los 400 euros y el llamado salario social o de inserción que conceden las comunidades autónomas a quienes no tienen otros ingresos. Más allá de todo esto está la beneficencia, ejercida por las muy necesarias ONG, pero la protección pública de los menos afortunados debe extenderse hasta donde sea posible. El PSOE, que había presionado junto a los sindicatos en favor del mantenimiento de los 400 euros, ha atribuido la decisión del gobierno a esa presión. Nunca sabremos si es o no cierta esta pretensión, pero sí es seguro que la medida ha agradado a los líderes populares en Galicia y el País Vasco, Núñez Feijóo y Basagoiti, respectivamente, que tendrán pronto que someterse a sendos procesos electorales en sus autonomías.

Latbus: atropello a la vista La insolvencia económica que sufre (está en concurso de acreedores) no es razón suficiente para justificar el atropello a los usuarios del transporte público en Murcia que la empresa concesionaria, Latbus, se dispone a realizar hoy. Suprimir de un plumazo los bonos e incrementar las tarifas de las líneas de pedanías hasta en un 60%, y hacerlo además un 15 de agosto y contra la advertencia expresa de la Empresa Pública del Transporte –organismo al que corresponde fijar los precios–, no puede entenderse sino como un abuso que, de llevarse finalmente a cabo, pagarán, una vez más, quienes menos culpa tienen. Hacen bien la ComunidadAutónoma y elAyuntamiento de Murcia en preparar a sus inspectores para tomar nota de lo que suceda a partir de esta mañana a bordo de unos autobuses que, dicho sea de paso, dejan mucho que desear en el servicio que prestan. Con la que está cayendo sobre las economías familiares, sería intolerable que los usuarios del transporte público se convirtieran en las víctimas de los problemas económicos de la empresa concesionaria, o –peor aún– en rehenes del pleito que ésta mantiene con la Administración.

LA VERDAD DIARIO DE LA MAÑANA FUNDADO EN 1903 EDITA: LA VERDAD MULTIMEDIA S.A. DEPÓSITO LEGAL MU 3-1958

Director

Alberto Aguirre de Cárcer

Subdirector Joaquín García Cruz Jefe de edición Pachi Larrosa Sancho Jefes de área LOCAL. Manuel Buitrago Bernal y Ricardo Fernández Jiménez CULTURAS. Miguel Ángel Ruiz Parra y Paz Gómez Martín DEPORTES. Francisco Lastra Lorca FIN DE SEMANA. Julián Mollejo Jefe de arte Iker Barinagarrementeria Jefe de fotografía Enrique Martínez Bueso

Editor jefe de laverdad.es Víctor Rodríguez Ríos Responsable de contenidos audiovisuales Noelia Arroyo Hernández Delegados José Fidel López Zornoza (Albacete) Pedro López García (Alicante) Gregorio Mármol (Cartagena) Pilar Wals Rúa (Lorca)

Director General

Daniel Gidrón Sánchez Director de marketing José Manuel Jiménez Romera Directora de control de gestión María del Carmen Valentín Asta Director de difusión Ricardo Villar Muñoz Publicidad CMLevante MURCIA Tel. 968 27 23 19 ALICANTE Tel. 965 92 22 82 ALBACETE: Tel. 967 21 00 00

19

N

o quiero ser funcionario. Pero lo soy. Funcionario de Policía. Policías, guardias civiles, militares, médicos, bomberos… Somos conceptualizados y tratados como el sempiterno «funcionario» de Forges, venal, vago redomado, parásito, lector impenitente de prensa, maltratador sádico del ciudadano bajo su jurisdicción. ¿Somos «esos funcionarios»? Cubrimos las veinticuatro horas todos los días del año. Un régimen disciplinario cualificado aplicado con rigor inquisitorial. Con responsabilidad personal por nuestras acciones, con un sistema jerarquizado de trabajo. Bajo presión de medios de comunicación en medio de las crisis, de uniforme, siempre visibles. A menudo no queremos pero somos noticia. Soportamos incomprensiones y calumnias de los que reclaman airadamente nuestros servicios y se quejan por supuestas tardanzas en prestarlo. Plena y totalmente identificados, somos transparentes para los jueces y por supuesto para Hacienda. Viviendo constantemente en un difícil equilibrio entre prestar seguridad en manifestaciones y sumarnos a ellas porque nos lo piden nuestros sentimientos y nuestros intereses. ¿Se tienen en cuenta nuestras especificidades? Con horarios desestructuradores para nuestras familias, vamos trampeando como podemos. Sin comprensión ni apoyo en nuestro trabajo, soportamos mala educación, mal humor y un pretendido ejercicio de «derechos» que lleva a que se considere un derecho el interferir en la labor de un policía con vejaciones y vilipendios. Utilizados por políticos, bajo sospecha de jueces y fiscales. No tenemos los sueldos de otras policías. Y no me refiero a las de policías extranjeras, sino dependientes de comunidades autónomas o ayuntamientos. Ni derecho a huelga, y no tenemos quien nos representa válidamente porque no podemos militar en sindicatos de clase y va a llegar un momento que no tengamos a quien quejarnos, porque en las manifestaciones estamos al otro lado de la pancarta. Se nos trata como al resto de los funcionarios. En lo malo, porque ¿qué me reportó de bueno ser funcionario? Por otro lado, ¿quién ha traído el desprestigio a los funcionarios? ¿Quién los incrementó irresponsablemente como subterfugio para mejorar el paro? ¿Quién ha superpuesto una caterva de arribistas, pelotas, enchufados y mamandurrias conocidos como «asesores»? Un panorama tan habitual que ya ni extraña. Forma parte del escenario de la tragicomedia cotidiana… Pero ha cambiado el guión: ahora somos una rémora más, responsables de la crisis económica, ejemplo de lo vago y ramplón. Parásitos sociales que han aprobado una oposición y «a vegetar». Al agravio del recorte se añade la injuria de tildarnos de poltrones y casposos. ¿Elegí esa condición o la impusieron? Se cambiaron las reglas para todos los Cuerpos «especiales» y se nos incluyó en el lecho de Procusto de la Función pública. Los británicos no tienen «funcionarios». Son morigerados en gastar y prima la idea del ‘Servicio público’. Los ‘civil servants’ (servidores públicos) son contratados para incrementar el bienestar público. Toda sociedad bien construida se basa en el consenso y confianza de que lo público se usa con equidad y eficacia y nadie se va a llenar los bolsillos como decía Quevedo con «manos puercas», utilizando lo

público para fines particulares. Incluso si son buenos en sí mismos. Lo público es intocable. Y tiene que ser aquel mínimo imprescindible que esté sustraído a la iniciativa y gestión privadas. Los británicos levantaron el Estado del Bienestar. Su promotor fue un ‘civil servant’: William Beveridge, pero es fruto del esfuerzo colectivo de la sociedad británica durante la IIGM. Quiero ver su origen en los días oscuros del discurso de Churchill del 13 de mayo de 1940 en los Comunes. La cita más conocida está incompleta: «Solo puedo ofreceros sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas». El discurso continúa: «Tenemos ante nosotros largos meses de lucha y sufrimiento… ¿Cuál es nuestra política?... Victoria a cualquier precio porque sin victoria no hay supervivencia… Por eso me siento legitimado para reclamar la ayuda de todos y proclamar: avancemos todos juntos con nuestras fuerzas unidas». Son las palabras que uno espera escuchar de un líder. Churchill tenía una fe inquebrantable en la victoria. Confiaba en la sociedad británica en esa hora trágica. El empeño colectivo culminaba cinco años después con el éxito. Por el camino, Gran Bretaña perdió el liderazgo mundial. Nadie sueña con que lo recupere. Surgió en la sociedad una sensación de logro colectivo, de cohesión. El esfuerzo culminado debía ser recompensado. Nadie sobraba, nadie debía ser dejado atrás o fuera del bienestar que traía la Victoria. Churchill fue derrotado en las elecciones de 1945 por Clement Attlee. Llegaba el cambio, ejemplificado en un sistema de solidaridad entre las generaciones, comprometiéndose el Estado en asegurar las carencias en salud, desempleo y educación. Un pacto a largo plazo para construir el futuro… Son la Seguridad, Salud, Educación, Empleo los que articulan una sociedad. Del bienestar que generan emana del sentimiento de confianza en que el sistema, que no fallará, que no les abandonará a nadie en la adversidad y que tendrá sensibilidad y solvencia cuando lleguen las «vacas flacas». Que no cambiarán las reglas a mitad de partida. Como Beveridge, soy un ‘servidor público’. Que sea funcionario ha sido una anécdota que me ha convertido en enemigo, parásito y rémora. Durante este tiempo he seguido cumpliendo con mi deber. Adaptándome a los cambios impuestos, he ido de mi trabajo a mis asuntos como un ciudadano más, ni mejor ni peor. Porque tenía confianza en las reglas pactadas y que se iban a mantener, aunque fuera con altibajos. Confianza en la «buena gobernanza»: aquella que se preocupa del bienestar colectivo, no la que da acceso al poder o los privilegios. Confianza en una obra colectiva que abarca a todos los españoles, en la que nadie es excluido y que todos participamos en igualdad de derechos (y obligaciones). Que no importa tu terruño o los agravios históricos de tus antepasados, porque los míos también los sufrieron y no me doy tanta importancia. Merecía mi esfuerzo. No me pesa. Lo hice voluntariamente, con gusto. Era mi deber. Yo lo elegí. Quería hacerlo. Ahora me despierto sabiendo que solo soy un cornudo y apaleado funcionario. Una cita del Mío Cid para terminar: «Dios, que buen vasallo…». Dejo que el lector culmine la cita.


ARTICULO IGNACIO DEL OLMO  

MUY BUEN ARTICULO DEL COMISARIO D. IGNACIO DEL OLMO, COLABORADOR DE INOPOL.

Advertisement
Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you