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floreciente sector turístico y de una industria armamentística que producía principalmente armas ligeras para exportación. Pero tras tener que pagar rápidamente 14 mil millones de dólares en deudas al extranjero, no le quedó gran cosa. En ese mismo tiempo, desapareció el turismo y la producción de armas fue destinada principalmente a la guerra. El gobierno servio se beneficia, además, del botín de guerra de las zonas conquistadas, pero no basta para hacer frente a las actuales necesidades del país. Por regla general, las entrega de armas y petróleo ruso se hacen contra pago al contado. En el mercado negro, los precios del petróleo occidental, como el de la Mobil-Oil-Raffinerie en Tessalonica, Grecia, subieron hasta un 400% de su precio habitual. El origen del dinero debe buscarse en Belgrado, que juega un papel en el tráfico de droga a través de los Balcanes, lo que le da acceso al sistema internacional de blanqueo de dinero. Las crecientes actividades de la mafia serbia en Europa occidental, dirigida por Belgrado son, seguramente, una de las fuentes de dinero. En Belgrado existe una escuela de robos con fractura que goza de la protección manifiesta de los servicios secretos: sus antiguos alumnos son enviados a toda Europa, donde distribuyen los objetos robados a redes de encubridores bien organizadas. A pesar de eso, es difícil concebir que esos recursos sean suficientes para cubrir los costes de la guerra serbia, aun cuando la mafia serbia tenga cada vez más importancia en el mercado occidental de la droga. Comentaristas inocentes compararon muchas veces las estratagemas del Jugoskandic y de su más importante centro de competencia, el Dafiment Bank, con operaciones sospechosas de ciertas empresas de inversión, que utilizaron el dinero de sus clientes, proponiéndoles que recibirían regularmente intereses elevados gracias a la colocación en inmuebles o en otras inversiones. En realidad, lo que ocurre es muy diferente. No es la pequeña Serbia la que se ha apoderado del capital de los grandes jugadores en los mercados financieros “calientes” internacionales. Son las mismas potencias quiénes dieron luz verde a Serbia para desencadenar la guerra y que la financiaron. No es Serbia quién regula esa oleada de dinero, ella sólo es la beneficiaria. Entre otros, hay acuerdos por los que algunos bancos de Belgrado o filiales extranjeras sirven para blanquear mensualmente una parte de las ganancias líquidas obtenidas en el mercado internacional de la droga, contra pago de las correspondientes comisiones Belgrado no salía perdiendo. Los intereses habituales para el blanqueo de dinero se sitúan entre un 3% y un 7%, pero considerando las enormes ganancias obtenidas en el mercado mundial de estupefacientes, los traficantes se pueden pagar hasta un 30% sin problemas.

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