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Regalar No significa pecar ‘‘Jamás me arrepentí de dar a mis hijos. Fue por su bien, no por el mío ’’

Los Antihéroes


‘‘No estuvo bien veces me arrepiento

sigue y sé que agradecerán

Estefania Nestor Lili


lo que hice, a

.Pero la vida ellos me lo

algún día.’’


Socorro es s贸lo una de las madres que no contaba con la educaci贸n, econom铆a y estabilidad emocional al momento que trajo al mundo a cuatro hijos.


E

s cierto que no soy la mejor madre del mundo, también es cierto que mis hijos nunca podrán decir eso de mí. Para ser sincera nunca he querido tal reconocimiento; ni el título de madre. Mi vida es sencilla y así me gusta. Las cosas complicadas nunca se me han dado bien. Y fue así como empezó todo. Soy adicta al sexo, es lo único que puedo decir. La masturbación no forma parte de mi vocabulario. Es menos riesgoso pero, ¿a quién no le gusta sentir el calor de otro cuerpo?, es emocionante y excitante. Tuve cuatro hijos de los cuales ni uno está conmigo. Mi madre me puso como nombre Socorro, vengo de una familia de ocho hermanos, los cuales ni uno tiene estudios y la mayoría se dedica a cosas ilícitas. Algunos ya están muertos.

No tuvimos una educación como se supone que debería ser. Pero no me quejo, no fue tan malo. Yo empecé a tener relaciones sexuales a los 13 años y mi primer embarazo lo tuve a los 14. En ese tiempo no sabía que hacer pero sabía que abortar estaba mal, porque bien o mal yo creía en Dios y sabía que me podría castigar. Sin embargo, mi mamá no lo veía de esa manera, ella me regañó hasta que se le acabaron las groserías -y por supuesto se sabía mil, hasta las que no se han inventado-, me dijo que ella tenía que alimentar otra boca porque yo era una inútil, ni lavar mis calazones podía.


Y fue cuando me dijo: -aborta. Nunca creí que mi madre podría decirme eso. Nos íbamos a quemar en el infierno por eso. Después crecí y me di cuenta que el infierno estaba en esta mismita tierra, y que tal vez en mi otra vida había cometido algo peor, y que por esa razón tenía que pagar de esta manera; regalando a mis hijos. Mi familia se enteró de la decisión que mi madre había tomado y una tía le dijo que podría ser un problema para mi edad, porque era muy pequeña y me podían lastimar. Así, mi tía Carmen le sugirió a mi mamá que el bebé se lo diera a ella y le prometía cuidarlo como si fuera propio. Yo no tenía ni voz ni voto, yo había cometido un error por no saber sobre el sexo. Debo decir que la experiencia fue genial y que por supuesto quería repetirlo. Y sí, tuve sexo mientras estaba embarazada y pues como ya no podía pasar algo, pues no me cuidé. Nueve meses después ahí estaba yo, en la sala de mi casa, con una partera y llena de sudor, con unos dolores que me partían el ser en mil cachitos. Pero al fin, salió la criatura. No me dejaron verlo y de inmediato se lo dieron a mi tía. Ella se fue a vivir a Nuevo León y nunca conocí a mi hijo hasta hace como cuatro años que se enteró de la verdad. Socorro no es la única persona que ha cometido acciones como estas. Según investigaciones de Reuters hoy en día se están creando nuevas tendencias. No sólo basta regalar a un hijo para que tenga una vida mejor o una vida que los padres no pueden ofrecer, sino tener un beneficio de ellos (monetario en la mayoría de los casos). Esta práctica se llama reubicación privada, donde personas adoptan niños y después los regalan por medio de Internet. En un análisis de Estados Unidos de América menciona que, de 5 mil 029 mensajes publicados durante un periodo de cinco años en Facebook; una vez a la semana se ofrece a un niño.


L a carne es débil Al poco tiempo conocí a otro hombre en un bar en el que trabajaba. Él tenía como 40 años y yo 15. Una noche me invitó unas copas y terminamos en un motel. Al día siguiente conocí a otro hombre y terminamos en su carro, puedo decir que me convertí en prostituta por convicción y por el mismísimo placer. Aunque la persona no fuera tan agraciada, tampoco soy un monumento de mujer, pero tengo lo que quiero siempre. A los 16 me embaracé de nuevo. Sabía lo que me esperaba en mi casa y ya no podía regresar a trabajar al bar. Así que me fui de mi casa, le llamé a mi mamá y le dije que había encontrado un empleo del que no me podía perder la oportunidad. Llegué con una prima a otro estado y conocí a su amigo. Él me ayudó en todo, pero supuesto tenía que deshacerme de mi hijo sí quería estar con él. Esas fueron las condiciones. Le dije que al nacer lo regalaría. Nació mi hija y se la quería dar a mi prima, ella no la quiso y la dejé así como pasa en las novelas en una canasta y toqué en una puerta (en un lugar muy alejado de donde estábamos, por supuesto). Nunca la volví a ver. Teníamos que comer y ni él ni yo teníamos dinero. Así que tenía que trabajar de algo. Nos iba bien, pero él se ponía celoso, empezó a pegarme y no era lo que yo esperaba. Me escapé una vez más, pero no me había dado cuenta que estaba embarazada. Creo que tenía la peor de las suertes. No tenía a dónde ir, así que regresé a mi casa. Sabía lo que me iba a pasar y estaba consciente que era el único lugar donde podía estar “bien”. Mi mamá lo primero que me dijo fue: - ¿Qué vas a hacer con el niño? Mi primera reacción al observar la casa y saber que nada había cambiado, que el sillón en el que parí por primera vez ahora estaba más roto que antes, que las paredes estaban llenas de crayola y muchas manchas más. A pesar de todo eso se sentía como casa. Estadísticas del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) indica que cada año recibe 50 solicitudes para trámites de adopción, de las cuales sólo un 10% culmina con un resultado favorable. “Sólo uno o dos de los solicitantes desiste de continuar con la petición” afirma Adriana Luna, encargada de la Dirección General Jurídica y de Enlace Institucional del DI


Sólo una oportunidad -Me lo quedo. Le dije a mi mamá. Ella comenzó a reírse: -No seas tonta, no vas a poder. Ya le conseguiremos una casa. Y así fue. La historia se repitió, se lo dio a una señora que nunca había podido tener hijos. Creo que fue la única acción buena que pude haber hecho en toda mi vida. Me quedé en mi casa y la vida no era fácil pero entré a trabajar en el área de limpieza en una empresa muy importante. Yo seguía obsesionada con la sensación del sexo y nunca pude quitarme esa alegría y el placer que me da.

Así que conocí a una persona que pudo ser mi esposo, me embaracé al poco tiempo a pesar de mi edad. Esta vez sí quería quedarme con mi hijo, pero el destino sólo jugaba conmigo. Al bebé le detectaron una enfermedad y murió al séptimo mes en mi vientre. Tal vez fue Karma, castigo divino o precio por el que tenía que pagar por mis otros hijos. Para entonces ya tenía 45 años. Así que me enteré que podía quitarme la matriz y no tener hijos.


Lo hice sin pensarlo. Ahora disfruto aún del sexo “seguro” y mi cuerpo sin remordimiento. Dicen que si no sientes culpa no hay pecado. Así que supongo que no tendré un lugar en el cielo, aunque tampoco me iré al infierno. Ya pagué por lo que hice y no me arrepiento de nada. A veces me hubiera gustado nacer en otra familia y tener una educación respecto al sexo.

Tal vez que eso vale más que toda la vida y la muerte. Tal vez por eso tuve que llamarme Socorro. Para ayudar a los demás aunque no me pueda ayudar ni a mí misma. El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) indica que en el 2010 en la República Mexicana existen 30 mil niños que viven en albergues, casas hogar y orfanatos públicos o privados.



regalar no significa pecar.