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PREGÓN DEL ROCÍO HERMANDAD DE LA PALMA DEL CONDADO

23 DE MAYO DE 2014 (TEATRO ESPAÑA) JAIME OLIVEROS CAMACHO 1


Pregón del Rocío de La Palma

… y muy alta dádiva me concede esta real, muy antigua, ilustre fervorosa y humilde hermandad, del Rocío de la Palma, al nombrarme pregonero de su cuarenta y dos edición.

Vallan mis saludos respetuosos de pregonero a esa que tiene el sol en lo alto, la mar océana de la marisma en el fondo y la luna bajo sus pies. ¡Salve María del Rocío! En tu viejo Pendón de camino, que tiene para este pueblo singulares brillos de damasco carmesí.

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Es Mayo florido de María y Pascua de la Resurrección, cuando entre la hermosura de los trigales, en la exacta geometría del olivar y el monte bajo de las tierras de Doñana, aparece la evangélica y efímera jara, portadora de ese inmenso amor por su libertad. Nadie conoce su olor, sólo conocen en este tiempo lo poéticamente correcto: el lirio, el romero o el azahar. Pero yo oigo vuestra blanca blancura, oigo a esa compañera desconocida de campos, perros y escopetas. Oigo el delicado silencio, tan evocador de ésa que es moza vegetal, que nunca encontró un pregonero que le hiciera, como el Marqués de Santillana o Quevedo, una Serranilla. 3


SERRANILLA Yo me echaba, Madre, al camino a andar. Y no me fijaba en la jara al pasar.

Miraba los lirios, el romero verde. El junco y las flores de cada ladera húmeda y silvestre, de mi caminar.

Más la jara, nunca. Yo nunca miraba la jara al pasar. Esa jara verde que crece en Doñana, soñando ser blanca espuma en su mar. 4


Esa jara verde cuya flor es blanca, tu traje de Reina debiera adornar. Tu traje de Reina Madre Marismeña. Tu traje de Reina Madre Celestial.

Le falta a tu traje, manojos de jara. De Jara Real.

Es, la más humilde. Ni se ve al pasar. Pero es nuestro origen. Si queréis, la tierra, lo ha de rubricar.

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Y por eso, Madre, debiera de estar: cuál una medalla colgada en tu pecho. Cuál una caricia.

Cuál un beso grande que sea identidad, de los Palmerinos y los Almonteños, Madre Universal. Mírame, Rocío, y mira la jara. Ella es, de entre todas, la que lleva escrita siempre en su humildad: “Llévame, Rocío, Contigo al pasar”

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A

GRADECIMIENTOS

Permitidme que, antes de comenzar, agradezca de todo corazón las justas palabras de este paisano, que, como pórtico, ha puesto a esta solemnidad. Don Juan Ignacio Pérez Díaz. Dictadas, como habéis podido comprobar, más por el afecto y amistad que por una realidad feliz de pregonero; y aunque ha dicho San Francisco de Sales que la mejor prueba de amistad del hombre es no hablar nunca ni en pro ni en contra de sí mismo, séame lícito, sin embargo, en agradecimiento a su persona que lo dé a conocer, aunque en el año 2001 pronunció el pregón de la Semana Santa en este pueblo. Hombre cofrade, no tonto de capirote. Licenciado en geografía e historia, por la especialidad de historia del arte. Significa en su género la persona de la rígida medida, el canon y la mesura a la vez; cualidades muy apreciadas frente a un sembrado donde crece con profusión la cizaña de la mediocridad. Su manera de analizar las tendencias artísticas, lo llevó siempre a la contemplación de la belleza con funciones cultas y catequéticas. No es, 7


por tanto, Juan Ignacio, un antropocéntrico, como esos adoradores de la medida engañosamente eterna que no son más que un incierto puñado de siglos recogidos en muy pocos papeles y de dudosa veracidad. Para este hombre no tienen sus análisis, sobre arte u otras manifestaciones religiosas, una tendencia idólatra, tan consustancial al ser humano, sino un respeto si es falso, o una devoción tradicionalista si es auténtico; descartando pretensiones con altas dosis de mimetismo y figureo. Querido Juan Ignacio, gracias. Como gracias por la presencia de Don Manuel García Félix. Cumplí con el compromiso que adquirí con usted, aceptando, porque sabía que esto no sería una alcaicería de baratijas, sino el enfrentarse a esta ciudad que todo lo analiza con constructiva precisión, y mucho más, cuando un acto como este se proclame con la ambiciosa temática del Rocío. Gracias también a don Juan Luis Márquez, porque fue su ayuda, enlace y conexión: Los Márquez. La historia entre Bollullos y La Palma se repite. Estoy esta noche en un pueblo que se asienta en esa llanura riente y luminosa, besada desde muy cerca por las rojizas aguas del Tinto, flanqueado de jarales y escoltada por la curiosidad admirativa, pero

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recelosa, de los alcores del Condado, que ven en la Palma la más bella e indescifrable paradoja de la comarca. Hoy por tanto, me veo revuelto, enredado entre filacterias coloreadas, como esos querubes del grabado de Santiago Martínez, que magistralmente retrató en esa orla que realizara en 1919. Optaré, no obstante, por ordenar mis ideas, para que no sea un pregón prodigado de rimas y músicas, sino una equilibrada reflexión que haga frente a los tiempos de secularización, hedonismo y relativismo que vivimos; sin olvidar, que el Rocío para estos habitantes significa una discreta evocación a la vida, sin olvidar ni lo atávico de la Fiesta ni la enigmática mirada de la Virgen.

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OLORES DE LA PALMA La Palma huele. Huele hoy la Palma. Cayeron al suelo los botones mustios de su azahar. Huele su luz; huele como el Juanramoniano milagro poético de la sinestesia (huele a otra cosa de la que parece) porque el gozo de los sentidos se nos trastocan por la emoción de manera alterada. Huele a Romería, y oler a Romería del Rocío significa en la Palma, que huele a plata luminosa, salpicada con matices de una acuarela silvestre de celestes lirios peregrinos; bravíos, con todo el olor de los recuerdos dentro. Huele a plata limpia, limpia con gasolina, que se esfuma etéreamente verde. Luz a chorros. Luz panteísta que se derramará por calles, arenas y pinares. Desprendiéndose, un halo de misterio, de ese trono de gusto y sabiduría al que yo dedico, con licencia de poeta, este pregón.

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DEDICATORIA A esos argénteos andares majestuosos, inconfundiblemente palmerinos, que marcaron el cómo se mueve una referente Hermandad. Lo dedico a esa filigrana de Joaquín Castilla, portadora de vuestra particular y reconocida devoción, que encierra una fe purísima de muchos quilates.

Pongo sobre la mesa licencias de poeta las letras Rocío de tu nombre, cuando un enjambre de aromas parece en mi boca brisa de palomas con dulzor de cardinales frambuesas. Yo orfebre amante, sin ti perdido anacoreta, sin tu ritmo perdido caminante. Licencia de poeta, debilidad de hombre, tu nombre, qué envidia hasta las ruedas que tienen tu carreta. 11


¿Y ese arcángel que corona la tumbilla?, ese arcángel va entablando a su paso un dialogo con la ciudad, un diálogo que sin pretensiones, hace a La Palma, incardinalmente eterna. Va, como rasgando los cielos que perdimos, los olores y los sentimientos que perdimos y que marcaron nuestra infancia. Tiene ese arcángel nuestro tiempo dentro. Un tiempo para nacer y un tiempo para morir. Sus ropajes, que vuelan al viento, van proclamando las glorias de La Palma: las glorias de sus Cristos, de sus dolorosas, la de sus Cruces y la de sus hijos más preclaros. Pero que esta carreta, a la que dedico mi pregón, envuelta en esa riqueza intrínseca del patrimonio de La Palma y, con la belleza de su contemplación, no nos destruya por orgullo, la función catequética que quiere propagar. Dentro va la Virgen, con el realismo simbólico de la mar océana detrás… el mar, la grandeza, la inmensidad de Dios su Pastor, que Ella lleva oferente en los brazos para proclamar en la Marisma, junto con todas sus hermandades filiales, el momento cimero de nuestra devoción: la venida del Espíritu Santo. Ese que la piedad católica hace iconografía, ante nuestros ojos materiales, en forma de una Paloma Blanca. Es tiempo de Pentecostés. 12


No obstante el Rocío no se puede vivir con hondura extrema, hay que vivirlo y más pregonarlo, sujetos a un tiempo que nos obliga a contar con él. El Rocío es la fiesta de los sentidos, arrastra; porque su propia naturaleza es generosa, magnánime y tolerante con todos. El Rocío es una gran diversidad. En estos tiempos de las grandes memorias, aunque la historia se falsea y manipula al antojo de algunos, La Palma no tiene nada que falsear de la suya. Por eso… Huele la placita del Rocío con ese rancio provincianismo, huele por los patios del convento de las Hermanas de La Cruz, camaristas de honor del Simpecado. Esas que con altruismo y cariño cuidan a viejecitos todos los días del año, para que sobre el azul azogue de los cielos de La Palma lleguen los vencejos, que trinando en zigzag, llevan la velocidad de la luz: por los cipreses del convento, por la calle Real, San Sebastián, Mauricio Morales; revolotean los vencejos, para que las leyendas de este pueblo sigan siendo verdaderas. Tenéis que venir pajaritos del aire, como escribió Muñoz y Pavón, para picotear las jaras, para revolotear la torre y para quitar las espinas a vuestro Cristo Nazareno. Templad ¡oh pájaros! la luz con vuestra presencia, porque esta ciudad os espera para saber que es ella misma.

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Pero a la Virgen del Rocío, Durante tantos pregones se le dijo de todo, de todo, a esta rosa gentil de majestad augusta y efigie primorosa. La cultura y la devoción de tantos años, siglos, inspiraron canoras musas, que más bien la emparentaban a Ella y a su Romería, “con un hito de ambiente pagano levemente cristianizado por la presencia de la Señora.” Así lo describía en 1974 Don José María Pemán, quién sabiamente, analizó una especie de mariolatría que conjugaban: cobijo, refugio, espacio, sonido, naturaleza y color de un tiempo lejano, con deidades ancestrales que rendían culto a la belleza, a esa Diosa Blanca, con una andaluza actitud ante la vida. Así, a esta mujer de divino rostro, le dijeron otras generaciones: pocito inagotable, fuente de vida, camisa sagrada, rostrillo divino, corona de estrellas, manto de plegarias, antorcha luminosa, inspiradora de delirios alocados, conductora de carros, receptora de brillantes honores… vengadora divinidad de amor. Siendo estos piropos para ellos la verdadera razón ritual de la romería.

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Pero se fue contaminando el género literario de los pregones, los esquemas, los repetitivos tópicos y la falta de compromiso religioso que dejaban los mensajes exentos de la auténtica grandeza del Rocío. Señoras y señores, procuraré ser honesto y breve, porque creo que me avala ser un rociero de cierta edad; un rociero que se acuerda y, que hoy lo puede contar. Le pediré a esta medalla de La Palma que guarda mi pecho y mi cabecera (junto a la de Bollullos), que Ella guíe con el discreto encanto de su mirada estas páginas inspiradas por ese valor mariano que mis padres me inculcaron.

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La vieja historia No es de extrañar que un fenómeno socio-religioso con la riqueza cultural e histórica a la devoción a Nuestra Señora del Rocío, haya logrado reunir, a través de pregoneros y expertos en el tema, un variado corpus de cantos y descripciones, cuya notoria diversidad de perspectivas, dan una idea de la complejidad de las mismas. El género del pregón, muy enraizado en las Hermandades y sus hermanos, no puede, ni el perfil de algunos pregoneros lo permite, basarse en datos científicos o fuentes archivísticas; ni tampoco ser ese teólogo que tenga a mano siempre la llave del Antiguo Testamento. El auditorio se aburriría. Este pregonero vuestro quiere construir un relato intimista, que apunte directamente al corazón de su auditorio; teniendo además, la lógica alegría, nostalgia, tipismo, formación y religiosidad, como símbolo de las experiencias vividas. Por eso, esta noche el pregonero se sitúa con brevedad entre el año 1400 y 1602, donde comienza el movimiento mariano de la comarca. Sería una época de ambiente político y señorial, donde predominaban los símbolos de los calderos y las quinas de Portugal. Se celebraba por aquellos tiempos la romería de Morañina en el Convento franciscano de Bollullos. 16


Según los bollulleros Don Juan Ignacio Pérez Díaz y Don Francisco Javier Diáñez Asuero, en una rica publicación dedicada a la historia de la Virgen de las Mercedes, y apoyados por los testimonios del manuscrito de Juan de Ledesma, aseguran que ya La Palma acudía en peregrinación a Morañina, que era el Rocío de entonces. En el libro de regla de esta Hermandad, el 14 de mayo de 1885, aparece su fundación como Hermandad del Rocío, coincidiendo con la disolución de la romería de Morañina; hecho que cambiaría el panorama de la devoción mariana de toda la comarca. Es por tanto, desde aproximadamente el siglo 17 cuando La Palma forma parte de la romería del Rocío, 400 años. Luego, más tarde, una serie de acontecimiento e inquietudes de divulgación, que nos llevarían al siglo 19, cuando “el Rocío se sevillaniza,” con procesos sociales y religiosos, donde La Palma y sus hombres tuvieron mucho que ver. Empiezan a perfilarse las inquietudes por la iconografía de la Virgen; en los años 20 el palmerino don Pedro Alonso Morgado, ya emite un exhaustivo estudio sobre Ella. En 1949 Don Santiago Martínez emite otro informe sobre su estado de conservación, asegurando que es de un gótico perfecto. Pero es en 1980, cuando Don Juan Miguel González, Catedrático de Historia Moderna de Andalucía, llega a interesantes conclusiones sobre los 17


rasgos y tipologías de la antigua imagen de la Virgen; magníficamente desglosados aquí, en La Palma, con motivo de una conferencia y una publicación sobre todos los Simpecados. Por los años 50, esta Hermandad propone para el Niño de la Virgen una nueva indumentaria que regaló, y que representó ese azulejo de manantial rebaño y tradición; haciendo este pueblo con esa nueva iconografía que el Niño pasase de Rey a Palmerino Pastor. Ahora es tiempo de la palabra Rocío. De Biblia y Rocío en los Libros Sagrados, donde hay un código moral religioso y formativo. Treinta y ocho textos bíblicos donde aparece la palabra Rocío. Lo cita el profeta Isaías, el Génesis, el Éxodo, el Levítico y hasta en el libro de los Números; ofreciéndose esta palabra: Rocío, con sentido mesiánico y representativo del Señor como Cristo Jesus, dándonos además, la proyección eucarística que tienen las grandes enseñanzas que Dios derramó sobre su pueblo elegido; siendo la Blanca Paloma, que los rocieros celebramos, la figura y grandeza de la Iglesia Naciente; Esa que tan pronto entramos en el Santuario nos está ofreciendo el Rocío, su Hijo, mientras dice: “este es el Rocío que nos vino del cielo, escuchadle” por eso el Domingo en la misa del Real, todos los simpecados, estandartes y banderas, presentarán armas, como un ejército en posición de batalla, 18


para que Ella, Esposa del Espíritu Santo, siga siendo para los romeros una esperanza fecundadora.

Grandezas del Rocío Grandezas del Rocío, como grandes son tus ojos Rocío, tus ojos como dos salvajes palomas, como un negro pozo lirón. Resueltos en bellos blasones de recatada hidalguía. ¡Rocío, mírame!, mitiga el drama de mi vida, de nuestras vidas. Tu mirada Rocío, tu mirada, esa que fue siempre una urgente petición que todos te reclamamos desde el alma. Dijeron aquellas sevillanas populares, que también invocaban su mirada: SEVILLANAS Cuantas maravillas vi al cruzar por el Rocío. Los luceros de tus ojos y el bronce de tu perfil y en medio de aquel gentío me encontré con la mirada de la Virgen del Rocío.

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Apurando mi tormento y perseverando en mi intento, ¡mírame Rocío!, para que gozosamente me regaléis el momento. SONETO Ojos que no me miráis Aunque yo sin tregua os miro, Suspiro que no suspiro por el gozo de que me oigáis; ¿porque el alba me negáis y en noche eterna deliro? Me quitáis luz y día ¿porque no queréis mirarme? ¿qué os hice para no darme ni un momento de alegría? ¿por qué sois esa porfía permanente de ignorarme?

ya que sois mi sombra y cruz, sedme eclipse que no dura, y, tras noche de negrura, regálame Rocío tu luz. 20


Grandezas de la Palma Grandezas de la Palma, sí grandezas y glorias. Lo digo con el firme convencimiento de su antigua devoción a la Blanca Paloma y el reconocimiento a sus grandes hombres. Te tengo que piropear, pueblo de la Palma, no porque no sería un buen pregonero, sino porque aquí se reafirmó parte de la historia de la Virgen y parte de la historia de la Romería, que hoy como tal disfrutamos; sin citar otras efemérides importantes como fue la Coronación en 1919; porque ya glosaron sobre estos acontecimientos otros pregoneros, en menor o mayor amplitud. Pero por lo que sí cabe halagos, es porque en la Palma cristalizó, como en ninguna otra población del Condado, el fructífero encuentro entre la fe y la cultura secular a la Madre de Dios del Rocío; en infinidad de ricas e interesante facetas: artísticas, populares y lingüísticas, que ofrecían a los nuevos aspirantes del condado, una tipología variada de erección de Hermandad, envuelta en un romanticismo de herencia decimonónica y en un contexto cultural diferente al de hoy. Aun así, en estas tierras del Condado, hoy, un solo nombre bastará para convocarnos a todos en el mismo lugar: El Rocío. 21


Aquellos seis portentosos pilares: Villamanrique, Pilas, La Palma, Moguer y Triana, dejaron con frenético entusiasmo, una estela de morfológicas emotividades y bellezas, que la Palma supo prolongar hasta nuestros días; con el encanto, sencillez e ingenuidad del pueblo fiel que la sigue llamando, desde los roleos y las filacterias de su simpecado: “Templo de sabiduría, madre del verbo encarnado. María del Rocío sabiduría increada”. Y esa sabiduría, si la Virgen se la tuvo que otorgar a alguien fue a la Hermandad de La Palma: por historia, por devoción, por gusto, por razonamientos territoriales y por glorias. Siempre encontramos aquí, las glorias vinculadas a la Virgen.

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María Auxiliadora, otra Gloria de la Palma Como otra sabiduría increada es mañana, día 24 de Mayo. Día de la Virgen de los tiempos difíciles. Mañana será el día de la gran familia Salesiana. El pregonero no puede pasar por alto un santoral con más de 100 años de existencias, que significa para La Palma, otra férrea devoción mariana; desde que en 1905 una familia de confiteros de Moguer la entronizara en este pueblo. Hasta el palmerino Don Manuel Siurot se enamoró de Ella, inculcándole ese hálito de apasionada admiración por el sistema preventivo, que en educación, aplicara Don Bosco; y que la Palma acrisoló en los niños, en los jóvenes, en las mujeres, en los pobres y sobre todo en las familias, que supieron cultivar su propia experiencia espiritual de gente creyente. La Palma confió. Don Paulino Chávez en 1949 ya le celebraba en su parroquia cultos y sabatinas; mezclándose las oraciones con las dulces recetas de obrador que regentaba el bisabuelo de vuestro presidente del Rocío: Don Enrique Martín Cera. Todos confiaron en aquella sierva del Señor que nunca abandonaba a los pequeños y a los débiles. Igual que Siurot, Ese palmerino de la riqueza humana y religiosa, manifestando su condición de cristiano en su capacidad empática con la gente sencilla de la que se sentía orgulloso en 23


pertenecer; Llamándolo su fina sensibilidad, a sentir como propias las experiencias ajenas, en los gozos y las tristezas de los demás. Hoy tiene don Manuel Siurot timbre de honor para La Palma; porque desde la segunda década del siglo XX, universalizó la romería, dando un gran testimonio de rociero, sobre todo por su pluma de brillante realismo costumbrista.

Hoy, no sería posible tanta entrega a favor de los demás, pero esta Hermandad del Rocío da testimonio constante en un momento sociocultural marcado por un fuerte laicismo, que intenta quitar a Dios y a su Madre de en medio. Un movimiento alentado por determinadas corrientes: grupos políticos, intereses económicos, colectivos sociales; y todo, en un momento de una gran debilidad eclesial: campaña de desprestigio, crisis de vocaciones, fe muy frágil en los católicos. Pero La Palma con ese aire delicado del largo ciclo señorial y espiritual que la antecede, inmortalizó a sus mecenas, a sus grandes hombres, a los que hicieron de ella en la memoria, un todo que enamora, dejando al conjuro de sus nombres esa huella fascinante e imborrable.

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Huella lacrada y sellada en sus mármoles, en sus cerámicas, en los alféizares de sus ventanas y en los almagras de sus bodegas; en sus inconfundibles campanas, en la azul y blanca inmaculada del pórtico de su parroquia de soberbia traza; la que resistió a todo embate de violentos, siendo el origen y germen de las glorias marianas de este pueblo. Resistió a los Dominicos que no creyeron en Ella. La defendió el ingenioso hidalgo Don Quijote. Sobrevivió y sobrevive, esta pequeña imagen de la Inmaculada, pura y limpia, flanqueada por dos evangelistas, presidiendo gozos de cruces, rumores de fuentes y vaivenes de palmeras. Los radicales de la República le prendieron fuego… pero resistió. La sencillez de tus brillos cerámicos, me hizo componerte, Inmaculada, catorce versos de un soneto.

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SONETO Soneto de tus manos que rescatan nubes blancas del poniente, diadema de estrellas por tu frente y versos de mi estrofa enamorada.

Tus purísimos ojos me desatan de mi culpa, ¡oh Reina escogida! soñando con tu amor eternamente ondeando la bandera azul en la sonata.

¡La Palma por tu Dogma Inmaculada! juntó a la noche y la alborada ¡se rindió el corazón a tus noblezas!

Rima de versos por tu cara, por si un día de amarte yo dejara moriría en la luz de tu pureza.

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Pureza de María y Glorias de La Palma. Don Ignacio de Cepeda y Soldán, quien en 1923 impulsara la primera crónica de la coronación de la Virgen del Rocío. Don Pedro Alonso Morgado, hombre cristiano que escribió con acento modernista Juanrramoniano, aquellos artículos sobre el Rocío en el Correo de Andalucía; dando al Rocío una repercusión mediática, nada antes conocida. En 1922 el presbítero Don Alfonso Cepeda, componiendo polifonías de coplas, que eran verdaderas joyas literarias El Obispo Don Andrés del Barco. Don Paulino Chávez, párroco de La Palma. Los literatos hermanos Cuevas. El amante de la historia Don Pedro Rodríguez Bueno. El pintor Don Juan Manuel Núñez. El periodista Don Juan Teba… y también Gloria de La Palma el pintor y poeta Don Pedro Pérez Flores. Recuerdo, como no, en este momento, a don Pedro Pérez Flores, que en gloria esté. Con aquellos poemas a la Virgen del Rocío que tenían el añejo porte de la justa palabra, el quiebro preciso, la filigrana de una rima imprevista y salada.

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SEVILLANAS La Palma presume airosa de su fiebre rociera demostrando en toa las cosas lo puro de su solera. Su hidalguía y paladar, su prestancia y gallardía y ese buen “saber estar” que imparte en la romería. Hay quien dice de La Palma que es flamenca y señora, que es marquesona y gitana y yo digo que es la rosa más pura de la mañana. Pedro Pérez Flores

Esto sí, que eran unas sevillanas. ¡Cantadla señores!, ¡cantadla mujeres y romeros! Y no las de hoy. Compuestas al amparo lírico de los modernos poetas del mester de progresía. Si Muñoz y Pavón levantara la cabeza… creo que su punzante pluma de oro, que regalara a la Macarena, se la pondrían a todos por montera. ¡Falta les hacen!

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Grandezas de La Palma: sí, sus bodegas. Mascarón de proa de una realidad forjada con el paso de los siglos. Tiempos de un pueblo, pasado y presente; aquellos Septiembres de miel y mosto, cal y sombras de un horizonte que se perdió entre recuerdos, deseos y frustaciones. Pasa La Palma hoy la vida. Se vive hacia adelante pero se comprende hacia atrás. Por eso no se puede entender hoy a La Palma sin la historia de sus bodegas y bodegueros: santo y seña, orgullo y símbolo, de una ciudad que se despojó de sus ataduras, curándose su vieja cicatriz de sanbenitos, para estar más cerca de una moderna sociedad. Desaparecieron casi todos. Aunque todavía Espinosa, Teba, Genovés y Millán, Rubio e Infante, sacan historia y sabiduría de aquellas viejas vinagreras y soleras, para ofrecer al mundo los mejores brandys de España. Grandezas de la ciudad vinculadas a la Romería del Rocío. Como glorias o grandezas también, aquellos hombres humildes, no registrados en ninguna memoria local, pero que con muy poco costo iban al Rocío. Poco costo y mucha devoción, expresando con coplillas romanceras su postura bohemia ante la vida; despreciando el lujo y el boato, pero considerando a la vez, que su garrafa de mosto significaba la

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libertad, estando en aquellos soberaos, de tejados vegetales, de carrihuelas y brezos de la aldea, los mejores tres días de sus vidas.

ROMANCE Con un quinqué medio roto a oscuras y casi apagao y una garrafa de mosto vámonos pa el soberao, verás la juerga flamenca que habemos organizao.

Allí seremos felices de toa la gente envidiao, y si alguno nos critica eso nos trae sin cuidao, con tal de que tú me quieras Rocío, siempre a tu lao.

Estos viejos versos rescatados, nos llevan a volver los ojos a la mejor tradición romancera de la poesía popular andaluza. 30


Mis recuerdos que incluyo en mi pregón, para toda esa gente rociera de La Palma que, este año, tampoco van a la romería. Por culpa de ese dolor social que simboliza el paro. Quiera la Virgen del Rocío escuchar sus plegarias, plegarias que suavicen su pena y su impotencia.

LOS RECUERDOS QUE EMOCIONAN El Rocío de entonces tenía sus vísperas, donde se aguardaba expectante el gozo por venir… ¡Pero ahora…! Hoy estamos perdiendo el gozo ilusionado del día que salen las carretas: tanta peregrinación previa durante el año, tanto camino simulado cada mes, cada domingo; tanta pizarra en los bares con cuantos días falta; las sevillanas cantadas entre cervezas y alguna que otra salve por la noche, con tamboril y apagón incluido, volviéndose loco nuestro reloj neurológico. Me gustaba el tiempo aquel, donde aparecía en cada pueblo,

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aquel tamborilero venido de Paterna, la vieja rifa del bizcocho y el primer tronar de cohetes que anunciaban los triduos y novenas. Allí en el altar aparecía Ella, en un Simpecado de frágiles pinceladas, con unas manos que reafirmaban una cierta supremacía legendaria, hacia la eternidad insondable, del que pide entre siseos de oraciones calladas, un trocito de ilusión para sus vidas. Me gustaba la algarabía de preparos en las casas donde había un potente matriarcado: se guisaba, se cosía, se preparaban costos y viandas, porque se acercaba la romería. Eran los comportamientos de la gente sencilla, que llevaban por el camino hasta los niños y las abuelas… había una sinfonía de luces de atardecer en cualquiera de los rincones de los hogares: avíos, chismes, jaulas con conejos, colchones, arreos, carburos y toda clase de porsiacasos; detalles que se olvidaban anotados en una rayada libreta. Todos, en este pasaje, recordaréis a vuestras madres. Mis recuerdos para aquella viejecita que me empavonaba los estribos con tomate y limón, porque se lo había aconsejado su amiga “Mirita”.

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ROMANCE No era dama de abolengo ni señora de blasón, ni tenía más caudales que su noble corazón.

Igual que en el evangelio iba por donde pasaba repartiendo su alegría con la gente que encontraba.

Dijo cuando se moría, no me vayáis a llorar, que la Virgen del Rocío con Ella me va a llevar.

Que no me lo va a negar que se lo tengo “pedio” y con Ella quiero estar para siempre en el Rocío.

Esa viejecita era mi madre, y con Ella está, tras una lápida del cementerio que tiene esculpida una Blanca Paloma. ¡Que Ella me la guarde!. 33


Virgen Coronada Pero es, en ese cofre-capilla, viejo castillo mudéjar, flanqueado por naranjos, por piruetas de sombra y sol a gorgoritos; donde descansa la alta dignidad de una ciudad poderosa y gloriosamente decadente; donde residen unas majestades en una penumbra de silencio. Entro con frecuencia, porque es una Iglesia viva que esta siempre abierta. Receptiva iglesia para el momento exacto de la petición a tres gracias: la que se hace a la Virgen del Valle, la que se hace al Simpecado del Rocío y la que se hace a Padre Jesús Nazareno. La moviola del tiempo me recuerda el viejo agosto solitario de cortinas de esparto y jazmines en los platitos con agua… El olor. 34


Todo resiste en la ciudad, con la alegría del nardo y las campanas. A tus pies se postra la Palma. A tus pies Reina de agosto. Valle sin tarde, sin mediodía ni anochecer. Sólo madrugada Doce. La de aquellos cohetes que se escuchaban en el silencio de la noche fenecida, desde toda la comarca. ¡Es el rosario doce, niño!... me decía mi madre, cuando me despertaba asustado en la madrugada. Yo entonces imaginaba lánguidas capas pluviales, mujeres vestidas de limpias cretonas, de hombres con chaquetas de crudo lino… en el ambiente el azogue de la caló de siempre. Caló de aquellos quinces de agostos, donde la gente se volvía a la patria verdadera de los recuerdos. Vivas, vítores y campanilleros. Las viñas se tornaban bravas, escondiéndose tras un burladero de viejos olivares. Gente y más gente a su lado que le rendían devoción y pleitesía. En La Palma, ROCIO Y VALLE, dos soles que se miran con embeleso y mutuamente se realzan; dos abismos insondables, pero que se comunican entre sí; dos luces potentes que se alumbran, dos Glorias que se completan; una por profundidad y hondura de amor; la otra por sublimidad y grandeza. Valle por lo que es, y Rocío por lo que representa.

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EL CAMPO El campo este día se deja querer, permitiendo tanto como se le pida. Porque el campo es generoso esta mañana de romeros. Por los vallados de Mayo florece el rezagado cardo malva que no quiso ser pasión. Flores y más flores. Campo vivo pidiendo ser Dios; olivares y veredas, pinares dormidos. Todo en flor. Es la Primavera, una cosecha de esplendores que no puede dejarse en el campo sin recolectar, sin aprovechar de ella, hasta la última espiga. Pero el campo pone su parte, lo demás corre por nuestra cuenta. Pondremos el amor, la paz, la alegría y el hosanna íntimo de la mañana;

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mañana que La Palma sale para el Rocío, siendo este camino hasta la Aldea una exégesis olfativa de fragancias cautivadoras. La Domus Aurea de ese Simpecado vuestro se echa a caminar. Lo cobijó anoche el pórtico barroco de la parroquia, junto con las palmeras, la torre y el caserío de la plaza de España. La vigilaron los rocieros de guardia que se fueron para siempre. Pero como en una nebulosa retrospectiva de la memoria, no puedo olvidar aquel añejo aspecto de este día de salida por los años 50. Yo era un niño. Entonces, en los balcones colgaban los ajuares celosamente guardados en alcanfor: sábanas bordadas, colchas lagarteranas y flecudos mantoncillos de crespón. FANDANGO La Virgen del Rocío tiene en medio de su corona tres aguilitas reales, el Padre Santo de Roma Obispos y Cardenales. 37


Se cantaban estas reliquias de fandangos, acompañadas de fervorosos vivas. Caramillos de caña y tamboriles abrían marcha de salida triunfal. Banderas y estandartes en ondeante despliegue, varas alzadas, relinchantes los caballos y mugientes los bueyes. La carreta centelleaba reflejos palmerinos; despidiéndose de la flamante arquitectura: torres, almenas, linternas y espadañas. Ahora mis recuerdos para aquellos fotógrafos que nos dejaron aquellas bellas instantáneas de desvaído color: Bellido y el Mudito, por los que a través de su legado, esta Hermandad puedo poner en valor sus ilustraciones históricas más recientes. Recuerdo que me escapaba en bicicleta con los chiquillos ese día, camino de la combada curva de lo alto la Mesa, que era mi triunfo infantil. Mis padres, un día antes marchaban al Rocío… más yo, era un niño asustadizo que me quedaba. No iba al Rocío. Me asustaban lo cohetes, los cuernos de los bueyes y los altos matagallos de colores que usaban los almonteños en sus sombreros de paja, para llamar la atención de las señoritas. Eran mis días de travesura y libertad; llegábamos hasta la curva de la bodega Toro y allí, me volvía a dar miedo aquel negrucio inocente, que 38


con sus muñones hacía palmas al paso de la Virgen. Más tarde supe que aquel inocente se llamaba “Lolicaca”. Los caballistas sacaban vino de sus alforjas bandoleras, a juego con sus guarniciones, las yeguas color perla, algún que otro caballo pio. Recuerdo aquellos guardias civiles, en traje de campo, enlonados los tricornios, dando escolta al Simpecado símbolo litúrgico de aquella comitiva airosamente rociera. Entonces yo de soslayo, miraba aquellos bueyes parsimoniosos, con frontiles de esparto, recamados de oro y espejos. Fueron aquellos recuerdos míos imborrables, donde intuí que esta Hermandad no dejaría indiferente nunca a nadie. Pero lo siento palmerinos. Habéis perdido la estampa. No me gusta hoy, porque habéis perdido la estampa del hermano mayor, del cura y el presidente a caballo: el estilismo de los jinetes, las mujeres de amazonas, toda la comitiva a caballo. Todo se ha perdido, quedando sólo un adocenamiento de nuevo cuño, que se llevó para siempre la categoría y el misterio, de la vieja estampa de La Palma. Hoy ciento doce hermandades. ¡Basta ya! Cuando cito a vuestro director espiritual, que nos dice:

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“No podemos permitir que las culturas imperantes nos vean como simples asociaciones filantrópicas, sino deben vernos como un conjunto de hermanos que queremos vivir el evangelio.”

Hoy soy un rociero saborío Lo soy. Soy un rociero saborío; que ni canto ni bailo, ni se llevar varas presidenciales, ni se decir vivas, ni cuando fui hermano mayor. Me da una cierta vergüenza, aunque no soy vasco, abanderar los tópicos y tipismo de Andalucía y sus manifestaciones populares. Siempre me pasó, me pasó desde los tiempos de mi juventud; pero sí soy, el que está preparado para los impactos del alma, siendo cada momento de la romería los que guardo emocionado en el corazón. 40


Es un momento para mi indescriptible, ese sábado sobre las doce treinta del mediodía, cuando aparece la carreta de La Palma entre la esquina de los Martín y la casa de los Nogueras. Las frescas jacarandas y madroñales envuelven a esa carreta con jubilosa expectación. Huele a romero y miel silvestre. Algo parecido y, permítanmelo, a lo que siento esa madrugada infinita cuando aparece el palio de la Macarena, entre las jacarandas de la plaza del Duque. ¡Valiente momento de belleza y emoción! El rociero que no sea sensible a este cuadro inacabado, ¡que no venga! A este momento se rinde la Canaliega, esa fontana según unos y un canal griego según otros, que llegó a unir unos de los brazos del delta del Guadalquivir. Se le rinden las aguas del Guadalquivir, que ya entraban a “La Madre” por los barandales de Sanlucar, desde que el mariano rey Alfonso XI de Castilla, cazara puercos por estos parajes, con venablos toledanos. Momento este, de que nada de lo que veo y siento me es ajeno, por eso, nada ni nadie podrá quitarme nunca, el amor por esta tierra marismeña y por este momento cumbre de la romeria. Sigue el sol cayendo victorioso sobre el Real. Las campanas suenan con arrebato vocinglero a pascuas y aleluyas ¡La Palma esta desfilando! presentándose ante la Blanca Paloma. En cita a Manolito Félix: “Clavando

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la bandera mariana en sus arenas, para aportar sapiencia, estilo y cariño.”

Nos recuerda La Palma, con su sencilla gallardía de Hermandad, que fue una importante lanzadera para la difusión del Rocío a partir del siglo diecinueve, en medio de grandes revoluciones liberales, donde se fue forjando una literatura y otras manifestaciones costumbristas y románticas, que hicieron una casi leyenda, de este pueblo místico y alegre. Alegre y señero; como esa cruz de guía de espejitos, que va 42


irradiando los destellos más íntimos de su tradición crucera, al bello y rancio modo de sus fiestas de Mayo. Atrás quedo su vieja Hermandad del Pastorcito, que fundada en 1949, se reserva hasta el verano para ir con los jóvenes al Rocío. Hoy La Palma, con su denso cuerpo de desfile, entra en el Rocío poniendo en valor su patrimonio humano y sus conceptos estéticos y religiosos, como el palmerino modo determina, en contraste con otras cosas, que en el Rocío rozan el cubismo y la abstracción; donde veremos algunas clases sin clase que se erigen en dioses de sus propias mentiras y vanidades. Hay de todo en el Rocío, mis respetos. A contraste, siempre en este momento de la romería, me acuerdo de ese señor, y lo vuelvo a repetir por su grandeza; de Almonte afincado en La Palma, que por 1920 hizo posible que para sucesivas generaciones se le recordara su gusto, su riqueza estética y patrimonial: el Vizconde de La Palma, don Ignacio de Cepeda y Soldán, el que perfiló un auténtico mecenazgo en todos los órdenes de la romería. También me viene a la memoria el coetáneo de este señor. Era Muñoz y Pavón, ese hombre de gran perfil rociero cuyos versos por sevillanas,

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dejaban ver la sencillez del hombre en su libertad campesina, capaz de acercarse a lo humano buscando lo divino. Pero vuelve la comitiva a su Hermandad, por el camino más corto, que bien corto es; vuelven a esa casa de situación privilegiada y sencilla arquitectura regionalista. Gracias a esos dos palmerinos. Por un lado don José Zúñiga, quien 1956 gestiona su ubicación, siendo posterior la culminación de las obras que realizara don José Domínguez Gómez. Para La Palma cuando entra, mi buen amigo Feliciano Pérez Vera de Hinojos y poeta de estas tierras, compuso estos versos de Aniversario:

SEVILLANA Tu eres palma de Victoria... y eres Reina de La Palma, y eres La Palma de Gloria con que Dios corona el alma, y a la sombra de tu Palma yo quiero vivir mi historia. 44


EL SIMPECADO Merece este suntuoso Simpecado un apartado especial en mi pregón. Es tan elegante y sutil que yo lo catalogaría (con perdón de historiadores) como el de las sorpresas de esquinas, allá por el caluroso real, donde la aldea se abre a la cegadora luz de las Rocinas. De virtuosa técnica, es el más equilibrado artísticamente por sus áureas y argénteas tonalidades, que entra en la romería. El laureado pintor Santiago Martínez en 1937 estuvo influido por los gustos y modelos impuestos por los estilos regionalistas de comienzos del siglo veinte, utilizando un lenguaje ornamental basado en roleos y elementos vegetales, donde de forma refulgente aparece la palabra María. Sabido es, que este original ejemplar de estilo manierista sustituyó al que fue destruido en 27 de julio de 1936, siendo donado a la Hermandad por don Lorenzo Casado García y su esposa doña María del Rosario de Cepeda

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y Soldán. Fue bendecido en la ermita del valle en 1937, año que no se celebró la romería en la aldea del Rocío. Ni que decir tiene, la devoción que profesa el pueblo de La Palma a este Simpecado de Santa María del Rocío patrona de Almonte. Por eso, me sumo como pregonero a la admiración de esta singular insignia mariana; haciendo de humilde querubín, servidor de la divinidad, para proclamar sus excelencias por las gloriosas espadañas de la aldea, por el palmeral del Real del Rocío y hasta por sus siniestros callejones; donde caen en cascada trepando, las buganvillas de sus patios y enramás; poniendo color carmesí de viejo pendón a todas las noblezas de La Palma.

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LAS BUGANVILLAS DE LA ALDEA Humildes buganvillas de la calle Bellavista, de la calle de la Sabina y la del Sacrificio; las que caen por las chozas de la calle Sanlúcar. La que crece en los diminutos jardincillos de la calle Ajolí. Aparecéis por mayo colgando, como si fuerais atributos de la curia cardenalicia, sumándose así, a los magnos esplendores Pontificios celebrados en el Rocío. Aprendisteis a vivir en el Rocío. Sois unas panzurrinas que vivís adheridas toda el año a la cal viva de un corral; recreando con belleza, ese multicolor desafío de colores: fucsia, cardenal, rojas, amarillas y hasta blancas como una moña de jazmines. Benditos colores de las viejas flores del Rocío. Quizás sea lo único que nos queda de la infancia: la memoria de un color en el color de la memoria. Yo te las ofrezco Sinpecado. Te ofrezco un chorreón de Buganvillas clandestinamente cortadas, como humilde ofrenda de mis sueños. Un ramo de ti, claridad sin celosía que clausura mi alma en su retiro. Más, veome libre, si en tus pétalos me inspiro porque me hace poeta tu compañía.

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Granate nació tu mañana como enfadao alazán, entrelazando un afán por las tapias cercanas, mientras en la albina lejana hay chorreón de olores, que enciende yescas de amores por ver tu imagen bonita de marismeña señorita tallo y estrella de todas las flores.

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UNA HERMANDAD NO ES UNA PLATEA PARA SER VISTOS Una Hermandad, y da igual que sea la de una cofradía o la de una de gloria, es la asociación voluntaria de hombres y mujeres, unidos por acuerdo mutuo con el objeto de rendir culto únicamente a Dios y a su Madre. Libres sí, pero necesariamente sometidas a normas y a leyes que han de observar sus miembros, si no quieren caer disueltas en pedazos o enfrentadas, no dando más que una imagen distorsionada de nuestras corporaciones. Aquí no valen las coartadas de la religiosidad popular. La Iglesia, las Parroquias dictan unas normas que tenemos que cumplir, por lo tanto es un fundamento normativo que tenemos que acatar; no valiendo, por coherencia, aquí está la Iglesia, allí las Hermandades. ¡No vale eso! Pero el mundo de las Hermandades no es ajeno a la sociedad en la que vive. La crisis afecta, no sólo a la iglesia, sino al mundo político, intelectual, económico, a todos y cada uno de nosotros. Faltan en las hermandades líderes honrados y creíbles, personas cuya intencionalidad no sea servirse 49


del cargo, si no servirlo; por lo tanto es necesario que sus actuaciones busquen el bien común por encima de sus propios intereses. Hoy nadie se quiere comprometer. Por eso pide el Papa, que se cuiden puras las hermandades, para que siga siendo esa viva herramienta de evangelización que sirva a la iglesia para propagar la fe. Muy importante en los últimos tiempos para las hermandades del Rocío fue el arraigo familiar en el seno de una hermandad. Y palpable además la labor de integración que realizan las juntas de gobierno con las juntas jóvenes, compuesta por chicos y chicas con valores cristianos. Por eso, sería necesaria la formación en las Hermandades, para dar respuesta a las necesidades de la feligresía, para que esta Hermandad siga siendo una leyenda de compromiso social. Esta hermandad debe seguir emitiendo señales de caridad como lo viene magistralmente haciendo, sin ambages ni postureos, sin resonancias públicas; para luchar en silencio, contra ese panorama de desesperación que asusta a nuestra sociedad. ¡Seamos coherentes! Escuchemos a los prelados que junto con el Papa nos manda constantemente mensajes de carácter moral: la doctrina sobre el

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aborto, sobre la pobreza, sobre la injusticia, que las grandes crisis respeten los derechos humanos, sobre la libertad religiosa, sobre la objeción de conciencia… pero sobre todo, sobre el derecho a la vida. ¡Seamos coherentes!

PROCESIÓN El tiempo renace y se detiene cuando la mañana busca ese misterioso perfil que es capaz de conjurar a las tinieblas: La Procesión. Se rompe el alba de pentecostés con ese clarín ascendente, con esa luz jubilosamente marismeña; ahora que la aldea se envuelve en ese cansancio, color esmeralda, que sólo le dura lo que dura un amanecer… Y siempre Su Mirada. El rociero buscará la mirada de esa mujer vestida de sol, desnuda de todo lo que no sea su belleza. Así la buscamos en el tiempo, así la buscamos en nuestros recuerdos, produciéndose ese resquemor de helado escalofrío: silencio y quietud de esa cara que quiebra la niebla, cuya mirada enciende el candil de la plegaria. Luego dolor. Dolor que sangra por tus padres que murieron, por el amigo que ya no está. Dolor por tus recuerdos infantiles, dolor porque ya tienes una edad y te quedan pocas veces que mirarla. Ella, Rocío verde del alba, 51


escuchará esa agua oculta de nuestras entrañas. Dolor de esa mujer que le cuenta su vida con miles de desengaños. Se lo dice con dolor ese viejecito que lo sacaron del asilo para que la viera por última vez. Se lo dicen los ojos asustados de los niños, tocando en volandas la saya de la Virgen. Se lo dice ese hombre que no cree; ese hombre que mira de reojo, no vaya a ser que se le note la lágrima. Con el verbo del corazón se lo dirá la jovencita que pasó toda la noche al abrigo de la corteza más rugosa de la fiesta. Se lo dirán la retina de todos los ojos que la miran; sobre todo si se va al Rocío con la ilusión de encontrarse ese lunes con la mirada de la Madre… y en ese instante hay que enmudecer, callarse; para que se produzca el sollozo más intimo del alma. Para terminar con un susurro que todo lo dice en el silencio esperanzador y transparente de la mañana. ¡Reina de las Marismas! Los Romeros vemos a la virgen del Rocío en esa amanecida: distante, elegante, añorada y presentida, rogada, querida, valorada, comprendida y suplicada; la que conforta a las enfermos, la de la leve sonrisa ante el dolor. Sólo su niño sonriente, chato y juguetón, entiende que el mundo está en sus manos; en las manos de esa Madre con la mirada perdida, recogida y melancólica, con un aura de gracia, pureza y perfección. 52


El Pastorcito Divino, ese que inunda Doñana, en sus caños, sus acuíferos y veneros; esta mañana se resisten a secarse. Él hará que siga siendo su agua manantial vivificador, que dé pálpito a todas las especies de organismos vivos, en ese incomprendido milagro de la naturaleza que Él creó. La Palma reconoció su mediación con esa cerámica, que por suscripción popular, se colocara en Mayo del 52, en la Calle Don Antonio Soldán, hoy María Auxiliadora. Rocío tu nombre será tomado siempre para carteras y hospitales, para las mesitas de noches, para corbatas de toreros, para todo aquel que se enfrenta a la muerte, para la esquina del marco del espejo, para la tienda de la esquina que vende ultramarinos, para el nombre de pila de las niñas, que cuando sean mayores… ¡Qué bonito resultará llamarlas Rocío!ç Mil gracias como la mía, Rocío. Gracias de todos aquellos que le dedicaron toda su vida a la cultura, porque la cultura es lo que, en la muerte, continua siendo la vida. A ti van esta mañana, todos los ríos de tus legítimos pueblos, los caudalosos y los más chicos: iguales todos, ante la estatura Real de tu infinita presencia. Todos cortados por las mismas tijeras, tijeras que nos igualan en lo más alto y lo más hondo de la condición humana. 53


Todos, Rocío, pendientes de las almendras de tus ojos, esos que convierten nuestro tormento en dulzura, en paz y sosiego. Para Rocío la esfera de mi reloj, y para las ruedas de calentitos de los chiringuitos de este Rocío-Feria que nos pierde de tu mirada. ¡Salve Rocío, Salve! Se me despertaron con tu nombre Rocío manantiales, volviendo mayo con sus rosales. ¡Quiéreme Rocío! ¡Quiéreme! Que yo no sea, Madre Mía, el rociero novelero que olvida. Quiero seguir siendo el torpe aprendiz de poeta que desde niño me inspiraste.

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SONETO Déjame que te incendie la mejilla. Con rezos de mi llama enamorada. Déjame que respire la alborada De tus ojos muertos y sin orilla. Déjame compartir la maravilla de esta marisma de heliotropos perfumada. Déjame que me pierda en tu mirada donde todos mis egoísmos se anillan. Déjame ser en ti gozo exultante, déjame que me pierda en tu semblante Y naufrague en la luz de tu ternura. Déjame, Rocío, amarte de tal modo Que sienta que me estoy quemando todo al maternal calor de tus blanduras. 55


La venia Mis queridos amigos rocieros, me despido de vosotros. Por eso me arrogo la autoridad, por pregonero, de daros la venia a que paséis sin miedo por esas tierras garridas del Condado, que será como decir: Bollullos. Mejor, pedidle la venía a María Salas, una honesta y buena mujer, hermana mayor aquí presente. Pedidle a ella la venia, que será como la renovación de la concordia entre pueblos vecinos y hermanos y parte indisociable del Rocío. Bien sabéis, palmerinos, que fuisteis el centro del Condado y los seguís siendo de todas las miradas. Hoy son vuestros los secretos que sólo alcanzamos a entender aquellos que, como yo, os desnudamos de tópicos, por envidia o ignorancia, con una mirada de resignación. También me despido de ti Rocío ¡salve Rocío! Se irá multiplicando tu eco. Se irá multiplicando tu luz en el revoco de las paredes encaladas y en los 56


olores de la enrramá; estando aquí resumidas toda la verdad del Rocío; que se transmitirá a otras generaciones de hermandades filiales; donde todo conduzca a una misma Madre y a un mismo Dios… Y porque hay en el aire, de este Teatro España, un zureo verde que enamora diciendo que fue y es Ella, esa Divina Paloma, en la que los hombres creen, siendo ese credo para siempre inviolable… te quedarás Sola Rocío en esa marisma de la que eres Pastora. Tienes Rocío la venia para pasar por mi corazón. Señoras y señores, ¡He dicho!

Jaime Oliveros Camacho 23 de Mayo de 2014 La Palma del Condado (Huelva) 57

Pregón del rocío de la palma 2014  

Pregón realizado por Jaime Oliveros Hermandad del Rocío de la Palma del Condado 2014