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La Firma Paola Tobalina

La redada policial denominada Operación Crucero, puso de patitas en la cárcel al expresidente de la CEOE Gerardo Díaz Ferrán. Conocido como “el liquidador” por su dedicación a comprar empresas con problemas y liquidarlas para obtener beneficios. Sorprende que un hombre que con doce años cobraba el billete de viaje de autobús que su padre conducía de su modesto negocio de transportes haya mancillado todo el honor de sus orígenes. Llegó a hacerse responsable de Viajes Marsans, empresa que fue declarada en quiebra dejando de pagar a sus acreedores, clientes y empleados mientras la codicia ocultaba en su casa 150.000 euros y un kilo de oro, también la propiedad de dos pisos de lujo en Nueva York sin contar con todas las pertenencias que le salían por las orejas, llámese yate, finca de lujo, pisos y apartamentos en Madrid, Marbella, Menorca, gasolineras, coches de alta gama etcétera, etcétera, etcétera. Otro asunto flagrante es el de Rato imputado por el caso “Bankia” y la evidente muestra de falta de escrúpulos de nuestras élites al volver a contratarlo; noticia esta que cae como una “bomba demoledora para la


moral pública”. Una muestra más de que la política y las finanzas van de la mano sin preocuparles lo más mínimo la crisis ética que generan. Y bombas de estas ni te cuento las que hay: el caso de los ERE, el caso Nóos, el caso Bárcenas, los devaneos sindicales, las escandalosas facturas de móvil de la concejal de festejos de Tarifa, la polémica venta de la arena de la duna, la vergonzosa quiebra de las empresas municipales de Los Barrios, etcétera, etcétera, etcétera. Y es que no hay estamento que se salve: ni monárquico, ni nacional, ni autonómico, ni provincial, ni local, ni sindicatos, ni patronales, ni políticos ni financieros. Y es una triste guasa que todo el peso de este desbarajuste que desestabiliza al sistema, recaiga sobre el indefenso contribuyente, pagando, nunca mejor dicho, los platos rotos de tantos y tantos individuos sin escrúpulos y un mínimo de moral. Dice Manuel Vicent en su última columna: “¿Dime que haces, imbécil de ti, procurando comportarte como un ciudadano honrado al declarar la reforma de la cocina o del cuarto de baño para cumplir meticulosamente con el fisco? Sin duda, lo peor de la corrupción es el efecto degradante que proyecta sobre toda la sociedad como una niebla corrosiva y que tal vez despierta el virus dormido de la corrupción que cada individuo lleva dentro. La corrupción de los políticos, en el fondo, sirve de coartada moral a cualquier contribuyente corrupto”.


La firma Paola Tobalina