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SALVADOR HIGUERA (La firma 06-11-13)

El pasado 21 de septiembre falleció en Algeciras Salvador Higuera Corta. Para mucha gente este nombre no les dirá nada, pero para otras personas que han oído este nombre les habrá dado un vuelco el corazón, porque seguro que lo llevarán en su corazón siempre. Salvador Higuera era un santanderino que un día, allá por los años 70 siendo muy joven, recaló en Algeciras para trabajar como buzo profesional en la ampliación del puerto de Algeciras, contratado por la empresa SATO, para la que trabajaba. Era muy conocido por este apelativo del buzo, como también a él mismo le gustaba definirse. Su integración en esta Algeciras a la que se vio obligado a llegar por cuestiones laborales fue total y absoluta, aquí echó raíces y ya con 38 años fundó su propia empresa dedicada a los trabajos submarinos, Salvador Higuera Corta, S.L., que fue creciendo hasta llegar a ofertar trabajos en toda España, pero siempre teniendo su sede central en nuestra ciudad, para lo que se rodeó de un gran equipo, donde no solo integró a sus hijos, sino que dio empleo a mucha gente. Este nivel


de implicación con la ciudad le llevó hasta el punto de formar parte de aquella junta directiva del equipo histórico de balonmano Ciudad de Algeciras que militó en la liga Asobal. Cuando finalizó la liga y viendo que había jugadores que se retiraban, montó el bar-restaurante Lizarrán en Algeciras, entre otras cosas para dar empleo a algunos de estos jugadores que llegaban al final de su carrera deportiva. Pero Salvador Higuera tenía una particularidad menos conocida por la gente que lo trataba, pero muy conocida y muy agradecida por otra mucha gente para la que actuó como benefactor. La palabra benefactor se utiliza para definir a personas que ayudan a los demás de forma desinteresada y esa era la principal virtud de Salvador Higuera. En muchísimas ocasiones ha ayudado a mucha gente, con la condición impuesta por él mismo de que nadie supiera que le había ayudado, a veces ni el propio beneficiado, era una tranquilidad de conciencia para él, una forma de vivir feliz consigo mismo cuando hacía algún gesto que pudiera beneficiar a otra persona, la felicidad de esta persona al ver solucionado su grave problema, provocaba al mismo tiempo una especie de simbiosis en la persona de su benefactor, en este caso Salvador Higuera, que poca gente puede presumir de tener este don, esta virtud tan escasa, pero tan necesitada en la sociedad. Me cuentan que en cierta ocasión, cuando se dirigía a su casa después de una agotadora jornada laboral, iba escuchando la radio y había una señora de La Línea pidiendo ayuda para someter a un hijo a una delicada operación muy costosa en un hospital especializado. En ese momento Salvador, que ya se encontraba cerca de su casa, puso rumbo a La Línea y buscó a la señora en cuestión, hizo acto de presencia en su casa y le extendió un cheque por el importe que necesitaba para llevar a cabo la operación, pero solo le puso una condición, le dijo literalmente: “señora vd. a mi no me conoce de nada ni me ha visto en su vida”. La señora lógicamente pensó que se le había aparecido un ángel.


Jamás quiso ningún reconocimiento por sus actos, este artículo no sería posible si todavía viviera, pero creo que ahora que ha fallecido, es justo que se reconozca la figura de un hombre que vivió entre los algecireños, sintiéndose un algecireño más y que no estaría demás que se le reconociera por parte de las autoridades municipales. Salvador murió joven, solo contaba con 67 años de edad, pero hay una explicación para la pérdida tan temprana de una persona con tanta calidad humana, y es que Salvador Higuera Corta, el buzo, no era de este mundo.

Salvador Higuera Corta con su escafandra de submarinista hace muchos años.


Firma Juan Barreno 061113