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XII

L

o sintió primero en la piel, que se le erizó advirtiéndole que había alguien allí. El viento agitó los matorrales del bosque a su espalda; exhalando cortas bocanadas que no lo delataran, Tik tuvo el impulso repentino de girarse a enfrentar al que lo estuviera acechando, y lo hizo en un movimiento brusco, pues los músculos parecían habérsele entumecido. -Demasiado tarde. Tik lanzó una exclamación al ver aparecer a Nye frente a sus ojos, sigilosamente, surgiendo de entre los matorrales, que se abrían como unas contraventanas empujadas por manos silenciosas e invisibles. Cualquiera podría haber jurado que un segundo atrás no estaba ahí. -¡Deja de darme esos sustos!-le espetó Tik. -Practico el lenguaje del bosque, deberías estar acostumbrado-Nye se llevó el índice a los labios donde pendía una sonrisa juguetona-Si no hubiera sido yo, si hubiera sido un varan, ¿qué habría pasado? -Le habría clavado esto que llevo al cinturón-Tik alzó el filo de una espada. -Entonces el o los otros habrían contado con unas probabilidades del cincuenta por ciento o más. En cambio, si atendieras a los sonidos del bosque el que contaría con la ventaja serías tú. -Ya hablas igual que mi padre. Y estás casi tan alto como él-apreció Tik. Después de tres años, el pequeño Nye había dado un estirón considerable y medía alrededor de un cuarto de tian. Tik tampoco se había quedado atrás y superaba a su hermano adoptivo por un dedo, si bien era tan delgado que los del pueblo habían acabado apodándolo Tik el junco. -El camino está despejado hoy-Nye señaló el tramo que les restaba-Han de estar en Parmon. Hoy era la entrega de la cosecha de los campesinos. -O los habrán reclutado en la deforestación de los bosques libres-el rostro de Tik adquirió un mohín de odio-Cuando fuiste a tus tierras yo hice un alto en las nuestras. Talaron muchos de los árboles de los aledaños de la cabaña, preparan campos de cultivos, hay esclavos copando cada rincón. -Lo sé. Es la razón de que me ofreciera a esta expedición-reconoció Nye-No les bastó con arrasar los reinos usando su fuego inextinguible, asimismo van a esquilmar el bosque si necesitan leña o barcos nuevos para la flota insigne que se está construyendo la reina Rhyonn. -Y no olvides sus gustos caros-puntualizó mordaz Tik-Los que sostienen esta ciudad de mercaderes, usureros y artesanos. Ya estaban frente a las puertas de la empalizada de la ciudad, que había mejorado desde unas altas picas a reforzadas murallas de troncos gruesos que la aislaban de los caminos. La situación era tan próspera que abundaban los edificios de piedra; incluso poseían vallas levadizas en los cuatro puntos cardinales que guiaban a las cuatro viejos reinos, una guardia propia y una renta considerablemente alta. 101


Tan pronto tomó el poder en representación de su hermano, Rhyonn decretó que los hombres y mujeres supervivientes debían trabajar en la semiesclavitud atendiendo a las necesidades del vasto Imperio. Aven, Parmon y las tierras en medio se volvieron el gran jardín de Varan, que floreció en refinamiento como capital del Imperio. Los aldeanos de Wyn fueron empleados en construir los barcos y galeras que reforzaran la flota de Idrish del otro lado del mundo, aunque las malas lenguas rumoreaban que en realidad Rhyonn las mandaba hacer y llenar de tesoros por si llegaba el momento de escapar o de luchar directamente en una batalla marina contra Idrish. En cambio, la Ciudad sin Rey, como la habían apodado, se había salvado de ser desangrada de habitantes únicamente porque en ella vivía la concentración de artesanos y comerciantes más grande del territorio, a los que Rhyonn permitía cierta independencia en retribución de costosos bienes. Era un sitio de privilegiados, pero ese privilegio se pagaba con la sumisión a la reina, quien resultó ser más terrible que el propio Idrish, si bien no menos astuta. Saludaron a los guardias, dos corpulentos muchachos de la edad de Tik que eran hijos de los vecinos, gastándose bromas. Vadearon la calle principal, llena de tiendas en los bajos de las casas de los vendedores, casas recias de piedra, roble y bronce tan hermosas como las que el fuego había arrasado en Aven. La superpoblación no era un problema, las puertas permanecían cerradas a cualquiera que no hubiera formado parte del censo de hacía tres años, o no fuera lo suficientemente rico, o no estuviera más que de paso. Igualmente, los brutales mercenarios de varan ya se ocupaban de que no escapara ningún labrador en busca de mejores oportunidades. Si habías sido apresado en los alrededores de cualquiera de los viejos reinos, condados o marcas, tu destino estaba ligado a los caprichos de Rhyonn. Nye y Tik estaban a punto de evadirse del tumulto de gente rica pujando en sus compras cuando unos gritos les llamaron la atención. Nye se entremezcló en el gentío sorteando personas ágilmente como un gato entre las piernas; Tik encontró algunos problemas al seguirlo, pisó el pie de una señora rolliza que se indignó todavía más al reparar en el aspecto sucio del chico y debió esquivar el golpe que le quiso propinar el escolta, un antiguo mercenario de Varan que no había sido favorecido con la gracia de Rhyonn otorgándole tierras, a juzgar por la profesión que ejercía. Nye notó que había un hombre de unos veinte años o tal vez más sobre un cajón de verduras declamando palabras que se llevaba el viento. Era de contextura fuerte y habría sido confundido con un guerrero de no vestir el sayo azul de los monjes. Había algo en su aspecto que le resultaba familiar, como si fuera alguien a quien debiera conocer. Sin embargo, nunca había tratado a un monje de Numal, a su padre no le gustaban demasiado debido, seguramente, a algún motivo intelectual -¡Escuchadme, superad el materialismo unos minutos y escuchadme!-se obstinaba el monje, hablando del Bien Supremo y de las Nueve Bondades del Alma-Esto os compete a todos, ¿por qué sois tan insensatos?-apretó los puños adquiriendo una apariencia feroz que tampoco ayudó a convencer a nadie. -Aquí no interesan los monjes, señor-se dirigió a él Nye y el otro se volvió rápidamente componiendo un gesto de pocos amigos-El Bien Supremo no medra donde los Varan han matado a quien se ha interpuesto. Y ahora que los Varan aseguran la holgura de sus bolsillos, menos les interesan los discursos que les granjeen su enemistad-abarcó los abarrotados tenderetes rodeados de nobles de nuevo cuño, otrora gente de Varan o

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traidores de baja estofa-¿Acaso no sabéis que está prohibido adorar a quien no sea la reina Rhyonn? Me temo que vuestras creencias y las mías no hallarán cabida. -¿Vuestras creencias? ¿Cuáles son esas, si se me permite preguntaros?-Algernon bajó de un salto del cajón metiéndose las manos en las mangas del sayo. Le dedicó una reverencia. -El que vistamos como señores no nos convierte en personas de noble cuna-rio Nye ante el trato dispensado, obviando intencionadamente sus verdaderos orígenes. “Yo ya no soy un príncipe, y dudo mucho de que en algún momento haya demostrado el talante requerido. Mi padre fue el primero en percibirlo, nunca me obligó a seguir sus pasos. No hacía falta, Niah era la perfecta heredera. Debiera haber perecido yo en su lugar”. -Los monjes hemos de mostrarnos humildes ante cualquier mortal, no nos atañen los títulos-arrugó el entrecejo Algernon. -Ah, madre mía, la gorda-se desahogó Tik llegando hasta ellos sudado de la carrera-Si no os molesta proseguir la charla en el callejón-empujó a los jóvenes a la oscuridad del espacio entre dos edificios, viendo cómo el varan pasaba de largo rastreando al ofensor de su ama. -Este es Tik-lo presentó Nye- Es mi hermano. Yo soy Nye. -Algernon-asintió el monje-Vuestro nombre es aikano, es de la Antigua Estirpeapreció-O sois el hijo de un rey o vuestros padres pretendían que os erigierais en unobromeó. -Ah… -se percató tardíamente el chico-Es que aquí me llaman Dip y os agradecería que vos no fuerais la excepción. -Has metido la pata-Tik le propinó un coscorrón mientras caminaban amparados en las sombras rumbo a la casa taller de Norm y su familia-Va vestido de monje, habla igual que un monje, pero no hay que confiarse. ¿Y si fuera un espía de los Varan? -No, no habéis de preocuparos-la voz de Algernon se tornó dura-si necesitáis credenciales haré la magia que me pidáis. Además, ellos mataron a mi hermano, nunca estaría de su parte-mintió, pues poco recordaba a su hermano, poco le atañían los asuntos de su casa y, en tercer lugar, la madre de esos cuatro hermanos a los que odiaban había sido su mentora. -Como la mayoría, hemos perdido a muchos a manos de esos déspotas-también se endureció el tono de Nye. “Mi hermana, mi padre… amigos y conocidos. Mi vida entera” -¿Me diréis, entonces, cuáles son vuestros credos? Siento curiosidad, pues no tenía entendido que hubiera otros aparte del que sirvo. -Es muy anticuado, un jirón de Historia me atrevería a afirmar. Está en el susurro de la brisa, en las raíces de los árboles o en el paseo de las nubes. Es el lenguaje del planeta, de la naturaleza. -Los Originarios…-balbuceó Algernon-La religión de los verdaderos pobladores de este mundo. -Antes de que los de la Antigua Estirpe nos conquistaran a fuerza de fuego y magia, antes de que se los denominara “los malditos”-recitó Nye-¿Comprendéis por qué no me entusiasma mi nombre aikano? Algernon no acotó nada que pudiera haber brotado de su impulsiva boca. En esta ocasión acataba que sus convicciones bien no habían de ser las de los demás.

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-¿Adónde me lleváis?-se percató de que iban separándose de los tenderetes de la ciudadela. -A casa. Si os ven os harán picadillo, y estoy convencido de que no sabéis pelearsonrió Nye-Yo tampoco sabía hace unos años, me tocó aprender a pesar de que no es de mi agrado. -No sé pelear, es cierto. De hecho, busco a quienes no teman acompañarme. ¿Acaso vos y vuestro hermano…? -Los dilemas de Numal no nos competen a los simples hombres y mujeres libresrenegó Tik dedicándole una mirada apreciativa. La casa de dos plantas emergió al final de la calle cerrada, sola, encajada entre los muros de unos enormes palacios que la aislaban a derecha e izquierda. Las luces provenientes de la cocina iluminaban el exterior dibujando cuadrados en las aceras y las sombras de Mim y Vina se afanaban colocando platos en la mesa. Tik empujó la hoja de roble en una salutación lacónica. Los recibió una estancia muy amplia y en orden en la que una mesa larga que ocupaba el centro congregaba a los otros tres hijos varones del matrimonio. Las pesadas botas de Norm rechinaban en la escalera a medida que él subía del sótano en el que había establecido su carpintería. -¡Hola, Tik; hola, Nye!-saltó Vina arrojando el pan en la mesa, allegándose alegremente a los muchachos; sin embargo, en cuanto el alto Algernon traspasó el umbral emergiendo de la noche, la sonrisa de la chica se esfumó dando lugar al recelo. En ese mismo instante, Norm salvó el último peldaño y observó de frente al visitante. -Un monje-dijo Hal dejando la boca abierta, que enseñaba un trozo de pan. Mim apartó el cucharón de la cazuela, Jan tosió, Normy cruzó las manos. Pronto los habitantes de la casa miraban fijamente al desconocido con rostros inexpresivos y Algernon intuyó que allí no era tan bienvenido como había supuesto a partir de la invitación de Nye. -Vina, pon otro par de cubiertos en la mesa-ordenó Norm en gesto ceñudo. La niña se demoró en cumplir su pedido, en el trayecto hasta el aparador y de vuelta a la mesa no le quitó ojo de encima a Algernon-Mi nombre es Norm, estos son mis hijos y mi esposa-los presentó uno a uno. -Algernon-correspondió el visitante agregando un cabeceo-Vuestros hijos me han ofrecido su hospitalidad, y se los agradezco. Si mi presencia os causa resquemores, me retiraré. -No-Norm respondió en un ademán vago de la mano señalándole una de las sillas vacías que antes ocupaban Ann, su esposo y su hijo mayor, que desde el nacimiento del segundo vástago habían alquilado su propia casa. Se sentaron saboreando alborozados el guiso de Mim y las carnes asadas que había preparado Vina. -Entiendo que sois del culto de los Originarios…-comenzó Algernon-, y quizás no estáis acostumbrados a recibir a un monje en vuestro salón. No obstante, albergo buenos motivos que me han conducido hasta aquí. Es probable que hasta el viento esté al corriente de la noticia-le sonrió buscando su complicidad. Al no obtenerla, reveló:-Los Altos me han enviado a comunicar el regreso de la magia, que vencerá a los Varan y restaurará el equilibrio. Silencio. Los cubiertos se aplacaron, las gargantas tragaron y los ojos se detuvieron en el padre.

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-Estábamos mejor sin magia-sentenció Norm, cuyo tono adquirió impaciencia-La magia trae guerras, desolación, ansias de poder. Cada uno debería trabajar y contentarse, no hay por qué molestar al vecino. -Nuestro sexto credo es la humildad-estuvo de acuerdo el invitado-Eso significa que el fin de la magia es estar al servicio de las personas, no es para su sometimientoconvino degustando el guiso de Mim, que se le figuró exquisito y reconfortante. -Dicen que no hay que confundir a numalos y aikanos-suspiró Norm. -¿Y qué pretendéis en esta ciudad? Aquí no van a escucharos-puntualizó Jan-Desde que la reina Rhyonn compra la mayoría de lo que producimos la gente ya no habla de ellos en las calles, ya no se alza la voz contra los Varan, y quien se atreve corre directo hacia la horca. Si queréis azuzar al pueblo, id a levantar a los campesinos esclavos, esos sí os harán caso. -Aquí no hay policía-admitió Algernon en un súbito enrojecimiento de las facciones-Y debo reclutar a guerreros que no teman desafiar a los Varan. -Los últimos caballeros libres se unieron a la guardia de la ciudad. No darán ningún paso que atente contra la bonanza de las arcas-acotó Hal, que había forjado sus armas. -Y aun así…-intervino Nye desplegando una sonrisa enigmática-soñamos con un día en el que al despertar ellos ya no existan. -Están talando los árboles centenarios-informó Tik a Norm, que ocultó la mirada acuosa. -Lo he sentido en mi corazón-su voz se quebró-El bosque mengua y con él su sabiduría. Así ya no habrá oposición; antes los que conocíamos su idioma éramos bastantes y podríamos haberles hecho frente, pero… ahora me encuentro atado de pies y manos, porque a los que tienen la fortaleza para luchar no están interesados. A veces incluso me pregunto si a mí me importa. Predico en el aire tal como vos-se dirigió al monje. -Estoy seguro de que si nos aliáramos…-comenzó Algernon. -Eso sería digno de ver-chasqueó la lengua Jan engullendo su cena. -Quedaos a dormir esta noche, Vina os enseñará vuestro cuarto, monje-ofreció Mim, dando por concluida la charla, intuyendo hacia dónde conducirían esas ideasEmpero, al despuntar el alba habréis de abandonar esta casa. No queremos problemas, la gente de la ciudad nos acogió en la necesidad. -Muchas gracias por vuestra hospitalidad-correspondió Algernon cortésmente, aunque Nye vio en sus ojos de humo la desesperanza. Tan pronto la cena concluyó, y al contrario que cada noche, ninguno de los hermanos mayores permaneció demasiado en la sala, sino que subieron a sus habitaciones alegando el cansancio de la jornada. “Pero antes ni un día entero al sol del estío los privaba de la música o las cartas”, se dijo Nye. Sin duda, los cuatro muchachos recelaban de las artes que pudiera emplear el monje para convencerlos de dejarse la piel en una pelea estúpida contra los poderosos Varan. -Señor-se acercó comedida Vina hasta Algernon-Si me acompañaís os enseñaré vuestro cuarto. Algernon se irguió en un santiamén y se retiró agradeciendo de nuevo él alojamiento. Norm asintió parcamente y Mim se sentó a su lado después de lavar los platos y los jarros de latón. El único que se mantenía en un taburete junto a la ventana de la calle, era Nye, pendiente de la llegada de algún soplón de la guardia que quisiera agenciarse unas monedas por espiar al monje. 105


-¿En qué estarán pensando los numalos? ¿Enviar a un joven solo? ¿Quién se animaría a secundarlo? Un brujo enfrentando a un ejército-meneó la cabeza Norm-Si le damos alas a sus planes creerá que cuenta con una posibilidad, lo matarán y a los que colaboren-miró elocuentemente a Nye, que le sostuvo la mirada. -Su lucha no es la mía. Soy de la opinión de que la magia no debería existir. Mi padre la consideraba un cuento fantástico del que las mentes ilustradas harían bien en alejarse-terció. -No comprenden lo que la naturaleza les ha otorgado, usan sus arcanos como si les pertenecieran-Norm meneó la cabeza-Cuando interviene la ambición de los hombres es cuando todo se tuerce. -Ya basta-Mim le puso una mano en el grueso antebrazo-Estás abatido a causa de lo que le hacen al bosque, querido. La amargura no detendrá las hachas. -Le tememos a una sombra-declaró Nye fijando la vista en las vigas del techo-Hace tres años que Idrish partió a las tierras ultramarinas y todavía nos amedrenta la mención del fuego índigo. -¿Qué nos pasa? ¿Qué nos aplaca, qué nos llena de apatía? ¿Tanto nos aterrorizamos de recibir una paliza o de que quemen nuestras casas? Las heridas se curan, los edificios se vuelven a erigir. Si no me sintiera así de viejo…-Norm se frenó mirándose las callosas manos. -Creo que yo también me voy a la cama-anunció Nye imaginando lo que vendría a continuación. Se levantó de su asiento y dio las buenas noches al matrimonio, pero Norm lo cogió de un brazo. -¿Qué vamos a hacer con el miedo?-le preguntó entornando sus ojos del color del musgo. Otro silencio. Esa era una noche de silencios incómodos. -Supongo que aprender de él-contestó Nye encaminándose a la escalera de la segunda planta. Su habitación era la última de la segunda planta, por lo que al pasar delante de la de Algernon escuchó las risas de Vina, que lo instaron a desandar el camino y averiguar qué originaba su diversión. La puerta estaba abierta y vio cómo la chica se extasiaba reventando las figuras de agua que el monje creaba en la jofaina que había al costado del lecho. Los observó un buen rato envuelto en las tinieblas, quedo como un gato, repasando las últimas palabras de Norm. ¿Cuándo la gente aparcaría sus miedos dándose cuenta de su propio potencial? ¿Cuándo sentirían que habían rebasado sus límites, cuándo la dignidad estaba lo suficientemente pisoteada para no tener nada que perder en la búsqueda del resarcimiento? Era imposible saberlo. Él ya casi se había olvidado de recuperar su trono, de hecho era una preocupación menor. Le gustaba la libertad de ser un simple campesino en el que nadie reparaba cuando recorría las calles, le gustaba ser parte del bosque y que el bosque le hablara en su corazón. Todo eso como señor, como rey, lo perdería. No obstante, de lo que no se olvidaba era de su padre, de su hermana y de sus súbditos, de lo que les debía. Y no había día o noche en la que no cavilara en la forma de conseguirlo. -¿Cómo funciona la magia?-preguntó Vina a Algernon y éste demoró la respuesta. -Hay personas que nacen con el don del Bien Supremo. Esas personas están en comunicación con él y entienden sus arcanos. -¿Qué es el Bien supremo?

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-Es la energía de este mundo y de Numal, de lo que nos rodea y de nosotros mismos. -Vaya-Vina puso su rostro de concentración, un rasgo infantil que a sus trece años no había abandonado-¿Cómo sé si puedo comunicarme con él? -Eso es cosa de los monjes y las damas de los Altos, que son los que evalúan a los niños y descubren si poseen magia-Algernon redondeó su paciente explicación. -Entonces yo no…-titubeó Vina sin animarse a preguntar más, ya que su padre se enfadaría si se enteraba de que a ella le habría gustado ser una dama, viajar a Numal y conocer los secretos de la magia. “Así dominaría el fuego índigo, vencería a los Varan y ayudaría a Nye a recuperar lo suyo”. -Os diré si tenéis magia-determinó Algernon y la cara envuelta en una mata de cabello rubio rizado de Vina se iluminó como un sol-a cambio de algo. -¡Lo que sea! -Nye es un nombre aikano, significa “Prudencia”. ¿Por qué vuestro hermano prefiere que lo llamen Dip? Vina se quedó callada. Nye determinó que era hora de emerger de la penumbra a zanjar la curiosidad del numalo, pero la chica se le adelantó. -No es mi hermano. Lo hemos adoptado. Los Varan asesinaron a su familia. -Hasta ahí podía imaginármelo-murmuró Algernon-¿De qué familia proviene? Yo no hallo problemas en desvelároslo, soy un Wyn. Mis padres eran los reyes de Wyn, mi hermano Alvad los sucedió. Mas como monje no soy nada de eso. Ni siquiera siendo descendiente directo de aikanos se habrían atrevido a designarme con uno de sus apelativos, los motes de una raza maldita. Maldita y poderosa. -Lo habrán leído en algún sitio, o será de alguna canción de taberna-resolvió Nye animándose a surgir-sólo soy un huérfano igual a cualquier otro. Vina se allegó a él. -Buenas noches-saludó escueta yéndose a su cuarto. -Tal vez-Algernon se sentó en el borde de la cama-Mas si os place oírlo, os explicaré a qué viene la curiosidad. Me figuro que habréis oído acerca de las leyendas de los cinco dragones. Asentís. Pues resulta que los aikanos habían bautizado a esos cinco dragones. El dragón de Agua era Okthos, el de Fuego era Lyaw, la dragona de Aire era Elaya, el dragón de Cielo era Kaelus… y el vencedor del dragón del Cielo, el dragón de Tierra, era Nye. La prudencia vence al impulso. Tal vez quien os impuso el nombre pensaba en esta historia. Tal vez vaticinaba el futuro. Máxime si era descendiente de aikanos. Recordad: el frío venció al dragón del Cielo. Algernon espiró un soplo de aliento que al salir de sus labios se incendió en una danza azulada. -Incluso el fuego índigo puede extinguirse-las volutas de fuego se evanescieron en espirales. -No con agua, no con nieve-retrucó Nye descruzando los brazos, reintegrándose al lóbrego corredor. -Con el frío del acero-la mirada del monje se tornó tan afilada como una daga. Nye esbozó una sonrisa tensa alejándose a pasos cortos y deliberadamente lentos. Al día siguiente, Algernon preparó sus bártulos, tomó el desayuno junto al resto de la familia y atravesó el umbral, brotando a la populosa ciudad en una mañana radiante. Nye fue el último en bajar, pues pretendía evitar el momento de despedirse del monje por cuya intromisión no había conseguido pegar ojo en toda la noche, primero enfadado consigo 107


mismo por haberle revelado tan repentinamente su verdadero nombre, luego acuciado por sueños de una grandeza que aborrecía: él empuñando la espada de su padre, en un fondo de flamas rojas que derretían el cielo de plomo, si bien no había nadie a quien le hubiera hundido la punta del arma, no había sangre alrededor. Oyó desde arriba el adiós del monje, esperó unos minutos antes de descender la escalera. ¿Por qué estaba tan asustado? Si ya se había ido, si ya no volverían a cruzárselo, si ya no iba a escuchar su incitación a la violencia que en teoría aborrecía. Su padre no apreciaba demasiado a los monjes, pero era aikano, era comprensible. Norm tampoco los apreciaba. Y él estaba en medio, aceptando las razones de unos y de otros, sin tener las propias que lo obligaran a odiar a Algernon. -¿Qué he hecho?-suspiró tornando a detener la mirada en las vigas del techo mientras sorteaba los peldaños-¿Y si me he equivocado? ¿Debía haber intercedido? Al menos contratarle guerreros dispuestos… ¿a qué? ¿A una muerte segura? El poder de los Varan es inmedible. No es una cuestión de oro o gemas, es el terror. -Hay que ser más valientes que nunca-lo escuchó Vina, que venía detrás-Si tanta gente los desprecia, habría que convocarla, que escaparan de los varan. Si la gente no trabaja en sus campos, si no construye sus botes, si no guarda sus caminos ellos no son más que unos hermanos encerrados en su castillo. -Realmente lo consideras posible-aseveró Nye anonadado-Ambos-añadió en referencia al huésped de la noche anterior. -No capto cómo es que tú no-se encogió ella de hombros saltando hasta la cocina, dejándolo confundido. Nye tornó a meditar sobre su sueño. Se podía blandir una espada, guiar a un ejército y asediar un castillo sin derramar una gota. Se podía hacer política, o tenderles una trampa, u otras mil cosas. Se podía organizar una rebelión…Lo bueno es que lo único que necesita una rebelión es un símbolo y una buena resistencia. -¿Ya me puedo ir, mamá?-preguntó Vina con la boca llena, tragando las gachas a grandes cucharadas. -Intenta no ahogarte y regresa antes del mediodía, hay que preparar la sopa-la amonestó Mim. -De acuerdo-asintió la niña lanzándose fuera de la casa, el tazón quedó girando en la mesa. Nye echó un vistazo a lo que los demás no se habían comido; resultó que su remoloneo le supuso un magro cazo de leche y una rodaja de pan. Sin dudas iba a ser una jornada dura en la carpintería de Norm, estaba seguro de que su cabeza no cesaría de dar tumbos elaborando proyectos que jamás llevaría a cabo, ejecutando venganzas que eran más intelectuales que viscerales. Bajó al sótano y se sentó en su taburete habitual. Tik ya serraba los troncos en una cháchara sonora, Jan le retrucaba mientras les daba forma y Norm clavaba o encastraba las partes. En ese proceso, Nye se encargaba de pulir y de los acabados de tinte y barniz; luego Normy los distribuía a sus compradores. Era un taller bien aceitado en el que cada uno aportaba su labor; sin embargo, ese día la charla de Tik acerca del numalo no hacía más que ralentizar el trabajo aumentando los gruñidos de Norm. -Mira que andar buscándole las cosquillas a los Varan, el tío. Si fuera un guerrero legendario, de acuerdo, pero no es más que un puritano que aspira a que otros derramen su sangre. Se ganará que la reina lo mande colgar de la torre de su castillo.

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Índigo 12  
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