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Aun muchos principiantes cono­ cen el eslogan», «no ataque donde usted está débil o de lo contrario sufrirá perjuicios». A fin de llevar adelante una ataque con esperanza de éxito necesitamos, o una coloca­ ción más activa de nuestras piezas, o mayor ventaja de espacia, o mayor movilidad de los peones, o que el enemigo presente alguna debilidad en su posición. Necesitamos, en otras palabras, que exista una perturba­ ción del equilibrio. Esta regla tiene una excepción, que ocurre en posi­ ciones del tipo mostrado en el dia­ grama 6. Allí el juego es igual, pero cada jugador tiene ventaja de espacio en diferente sector del tablero. Cual­ quiera de los dos puede lanzar un ataque partiendo de su región donde tiene superioridad, pero debe con­ tar con un posible contraataque por parte de su adversario en el flanco opuesto. Ahora consideremos las conse­ cuencias de una perturbación del equilibrio causada por el modo inexacto de jugar del adversario. Una serie de perturbaciones del equilibrio puede conducir a un juego objetivamente ganado : por ejemplo, cuando entraña la pérdida de mate­ rial sin adecuada compensación, la cuestión de convertir o realizar una ventaja es, por lo general, cuestión de técnica ; y cuando la posición de los reyes ha sido seriamente debili­ tada, un irresistible ataque puede, a menudo, dar el resultado buscado. Pero en la mayoría de los casos la perturbación del equilibrio no con­ duce en seguida a un juego objetiva­ mente ganado ; ni cualquier ventaja puede ser utilizada para conquistar la victoria. Un estudio del final de partida

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produce pos1c1ones en las que aún una amplia ventaja material no pue­ de convertirse en valor positivo ; por ejemplo, un alfil y un peón de torre contra rey solitario no puede ganarse si la esquina de promoción es del color contrario al alfil y está controlada por el rey defensor. El resultado de una perturb�ción del equilibrio, más bien sitúa a uno de los bandos en disposición de llevar a efecto su plan estratégico bajo con­ diciones más favorables, cuya eje­ cución dejará huella en el resto de la partida. Asimismo, el oponente está forzado a evitar amenazas tác­ ticas y estratégicas ya que tiene po­ ca oportunidad de desplegar, por su parte, un plan activo. El procedimiento de imponer un plan propio (marcar el paso) se llama iniciativa, y es el resultado natural de una perturbación del equilibrio. La iniciativa no sólo puede adop­ tar distintas formas sino que puede ser también de distintos grados. Al­ gunas veces es decisiva y conduce a la victoria aun contra el mejor jue­ go. A veces no está claro que la ventaja adquirida sea ganadora, aunque el oponente se vea forzado a adoptar una actitud defensiva du­ rante largo tiempo sin desarrollar algunos de sus planes ; en este caso hablamos de ventajas duraderas. Por último, tenemos el caso en que un jugador está obligado du­ rante cierto tiempo a contrarrestar las amenazas del enemigo ; pero lle­ ga un momento en que está en condiciones para restablecer el equi­ librio. He aquí una cuestión de ini­ ciativa transitoria o temporal, de lo cual es un ejemplo la iniciativa que las blancas consiguen al principiar el juego por tener la ventaja de realizar el primer movimiento.

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Estrategia moderna en ajedrez  

Volumen nº 9 de la colección Escaques. Si un jugador de ajedrez ha rebasado felizmente los escollos de las aperturas, se ve colocado ante nu...

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